Erreur. problème dans l'exécution de la requête : INSERT INTO _logbots (IP, useragent, action) VALUES ('54.224.233.92', 'CCBot/2.0 (http://commoncrawl.org/faq/)', 'lectureFiche')
Erreur. MySQL proteste : Duplicata du champ 'CCBot/2.0 (http://commoncrawl.org/faq/)-lectureFiche' pour la clef 'agentAction'
AFEHC : diccionario : LYNCHE Andrés : LYNCHE Andrés

Ficha n° 2539

Creada: 20 diciembre 2010
Editada: 23 diciembre 2010
Modificada: 19 febrero 2011

Estadísticas de visitas

Total de visitas hoy : 0
Total de visitas : 290 (aprox.)

Autor de la ficha:

Rodolfo HERNANDEZ MENDEZ

Editor de la ficha:

Paul LOKKEN

Información:

El campo "Fuentes" esta en acceso restringido e reservado a los colaboradores del diccionario biográfico centroamericano

Para colaborar contactar los editores

Publicado en:

ISSN 1954-3891

LYNCHE Andrés

Actividades comerciales y acumulación de bienes de un mercader irlandés y su contribución al desarrollo económico de la sociedad colonial de Guatemala.
Cargo o principal ocupación:
Mercader
Casó:

1Margarita Bermejo

Nació:
En la ciudad de Calavlia, Reino de Irlanda; fecha?
Murió:
el 23 de noviembre de 1663, Guazacapán, Guatemala
Padres:

1Juan Lynche y María de Burgos, naturales de Calavlia

Resumen:

1Para que los extranjeros no pudieran llegar a Indias, la Corona española emitió una larga lista de disposiciones legales que obstaculizaban el tráfico. Sin embargo, esta legislación no fue capaz de evitar el flujo migratorio. Existían varias posibilidades de traslado de extranjeros a Indias. Una de ellas fue la concesión de licencias especiales que emitía la Casa de Contratación; otra posibilidad fue la naturalización.

2En la última década del siglo XVI, la Corona cambió la dura actitud de expulsión inmediata de todo extranjero que no tuviera carta de naturalización o licencia especial para vivir en América. Esta modificación de la política migratoria consistía en la autorización de la permanencia, en los virreinatos del Perú y Nueva España, de todos los extranjeros que hubiesen vivido allí por lo menos diez años y que estuvieran casados en ellas, además de un pago a la Real Hacienda llamado Composición. Esta composición era en realidad una medida de corrección o pena por contravenir una orden real.

3Durante el gobierno de Felipe III (1598-1621) hubo dificultades para aplicar esta clase de composición, y se dio preferencia o tolerancia a los extranjeros que tenían “hacienda raíz”, por el beneficio de la Real Hacienda y la “República”. La serie de requisitos que se exigían a los extranjeros que deseaban trasladarse a Indias, buscaba comprobar la fidelidad del extranjero al monarca español y a la religión católica. Aunque fuera teóricamente, y de acuerdo con las autoridades españolas, estos requisitos garantizaban la estabilidad política, el funcionamiento económico y espiritual de las colonias. Se consideraban extranjeros a los franceses, genoveses, portugueses, holandeses, zelandeses, italianos, alemanes, ingleses y todos los naturales de las regiones europeas septentrionales.
En este contexto legislativo encontramos al irlandés Andrew Lynch (en la documentación de archivo se encuentra como Andrés Linche o Lynche), residente en Guazacapán. No sabemos todavía la forma cómo y cuándo llegó a Guatemala. Vivía solo, su mujer e hija radicaban en Irlanda. No era el único extranjero con ese apellido. Un tocayo era presbítero domiciliario de Chiapas, natural de la ciudad de Jaluca, Irlanda, quien en agosto de 1675 también era difunto. En el testamento de nuestro personaje, Andrés Lynch, mencionó a don Gregorio Linche, quien le debía 200 pesos. Andrés Lynch era natural de la ciudad de Calavlia, en el reino de Irlanda; hijo legítimo de Juan Lynche y de María de Burgos, naturales de la misma ciudad. Casado con Margarita Bermejo y tuvo en su matrimonio una hija llamada Catalina Lynche.

4Lynch dejó gran cantidad de bienes muebles e inmuebles. Y como no tenía una persona, ni un pariente que velara por su hacienda, después que falleció muchos bienes habían disminuido y otros se estaban deteriorando y, además, muchas personas le debían dinero y no se sabía quiénes eran, con excepción de los que mencionó en su testamento. Para saberlo, el defensor del Juzgado de Bienes de Difuntos tuvo la intención de publicar censuras generales, para que fueran leídas en las iglesias de Guazacapán, donde falleció el 23 de noviembre de 1663, y en la ciudad de Santiago, con la finalidad de descubrir algunos bienes y haciendas del difunto.

5Andrés Lynche tuvo muchos acreedores, tales como el contador Juan Pérez de Arria, Simón Frenz Porte, el maestro de campo Juan Núñez Gutiérrez, alcalde ordinario de la ciudad de Guatemala; doña María del Castillo Enríquez, viuda, por la venta de un esclavo; el capitán Luis López de Andravide, regidor y vecino de Santiago de Guatemala; el alférez Diego Sánchez Caballero; Esteban Villapol y Trelles, administrador de los bienes y hacienda de don Nicolás Justiniano Chavarri; capitán Fernando de Cuéllar Centeno, por géneros y mercaderías; la abadesa del convento de Santa Catalina Mártir, de la ciudad de Guatemala, por los corridos de un censo sobre las haciendas de Lynche. Una capellanía que fundó María Chacón y su marido, difuntos, por 2,000 tostones, que quedaron a censo sobre las haciendas y obraje que Chacón vendió a Lynche. Al capitán y alguacil mayor don Francisco Delgado de Nájera, con quien tuvo relación de negocios y había dado, por medio de Antonio de Oquendo, 8 tercios de añil a cuenta de su deuda. Al capitán Luis López de Andravide debía 3,000 pesos, y a cuenta de esa deuda había entregado al mismo Oquendo 12 tercios de añil. A Juan de Zavaleta debía 1,100 pesos, también había entregado a Oquendo 6 tercios de añil. Debía a doña María del Castillo 400 pesos, por el valor de un negro esclavo que le vendió, para lo cual había entregado a Oquendo 6 zurrones de añil. También había remitido a esta señora 6 tercios de añil para que pagase 168 pesos que debía a “un chapetón llamado Jacinto”. Asimismo, entregó al beneficiado Matías Vázquez de Figueroa 2 tercios de añil, que pesaron 394 libras netas, para que pagara a doña Catalina de Cárcamo el resto de la deuda por la venta de ganado (160 pesos), de esta cuenta todavía debía 10 pesos y 6 libras de añil. Debía a Cristóbal Rodenas y a su hijo 300 pesos. Al regidor Gregorio de la Serna, 12 pesos. También debía a Ricardo Bal, irlandés, entre 60 y 70 pesos, pero no sabía donde se encontraba. A Diego Ortiz Bocanegra, y muchos otros más…

6De igual manera, los deudores de Lynche fueron cantidad. Tenía una deuda con Nicolás de Grajeda, por 51 tostones y dos reales; Antonio de Granados, por ajuste de cuentas, 8 pesos; el alférez Diego Sánchez Caballero, 384 tostones, por ajuste de cuentas; José de Aguirre, 17 pesos; Alonso Páez de Grajeda, 143 pesos y 7 reales; Marcos Martínez, 16 pesos; Francisco de Cárcamo, 3 tostones; Juan Ordóñez Chapuli, 29 pesos, por ajuste de cuentas, doña Catalina de Gálvez se comprometió a pagarlos; Juan de Cañizal 19 pesos y cinco reales… eran aproximadamente 75 personas que le debían a Lynche. La mayor cantidad era de 295 pesos y la menor 3 tostones. Le debían españoles, “gente ladina y sirvientes”. Por los datos anteriores se deduce que fue un mercader exitoso, que logró hacer una fortuna con sus transacciones comerciales. De esto dan fe sus cuantiosas posesiones.

7Tenía los bienes siguientes: un obraje de añil en la costa, con 4 pilas de batir, con las cocinas y galeras, todo cubierto de paja. Otro obraje con 4 pilas, dos de remojo y dos de batir, que compró a María Chacón. Una estancia llamada La Ceiba. Un sitio llamado Buena Vista, del que no le habían dado escritura, y que compró a doña Magdalena de Guzmán; en este sitio y en la estancia de la Ceiba tenía gran cantidad de ganado de rodeo, alrededor de 3,000 reses. Además, era dueño de gran cantidad de bestias mulares, 400 caballos, 124 aparejos con sus lazos y reatas, así como machetes, azadones y hoces, del servicio de las haciendas. Tenía también varios esclavos: Jerónimo, mulato de 30 años; Bartolo, negro de 50 años; Nicolás de Saravia, negro de 30 años. Era dueño de varias casas. Una con techo de teja en la ciudad de Guatemala, que colindaba con el convento de San Agustín y la casa del capitán don Francisco de Aguero. Otra en el pueblo de Guazacapán, donde vivía, con techo de teja, que lindaba con dos calles reales. Otra casa con techo de paja, en Guazacapán, que compró a Ramón del Zas y de la Torre. Otras casas en Chiquimula, cubiertas de paja y cercadas de bajareque. Sus bienes muebles eran: 7 platillos de plata, 2 tembladeras (vasija ancha de forma redonda), 1 salero y 3 cucharas. Tres mil pesos en géneros de Castilla y de la tierra, los últimos en petacas y cajas. Dos escopetas, una en poder de Juan de Cárcamo y otra la tenía Miguel de Quevedo. Un juego de espada y daga. Ropa de vestir y trastos domésticos.

8En Guazacapán, en las haciendas de doña María de Fuentes y Guzmán había “cantidad de cargas de sal”, que pertenecían al difunto Lynche y que se descubrieron en diciembre de 1663. Las haciendas que poseía Lynche las compró a Lucas de la Barrera. Después de su muerte, en junio de 1664, fueron rematadas al alférez Diego Sánchez Caballero. Este remate incluía el ganado, las bestias mulares y caballares y los demás aperos; así como a dos esclavos negros, Bartolo y Bamba, inventariados por bienes del mencionado Lynche, por valor de 500 pesos. Fue una persona altruista y agradecida, rasgos de su carácter que demostró con muchas personas que hicieron negocios con él, le debían o bien estuvieron a su servicio.

9En su testamento dispuso que se le dieran a María Monzón, hija legítima de Catalina Monzón, del pueblo de Chiquimula, 4 mulas aparejadas, 6 bestias caballares, naguas, güipil y toca, por el “buen servicio que su madre me ha hecho, para ayudarle en el estado que quisiera tomar”. De sus bienes debían darse a los indios de Chiquimula de la Costa, para su comunidad, 100 tostones, “por algún servicio que me dieron en el tiempo que cobré dichos tributos, y que se ampare su comunidad.” Había dado cierta cantidad de dinero al licenciado don Francisco de Segura y Rojas, como pago de la capellanía que rezaba de las haciendas que poseía. Donó a doña Sebastiana de Ardón, hija legítima de don Alonso Páez y de doña Mariana de la Peña, 600 pesos para ayudarle en el estado que quisiera tomar; esto lo hizo en agradecimiento a los servicios de su padre, tanto en sus negocios como en sus enfermedades.

10El 22 de noviembre de 1663 presentó codicilo a su testamento que había otorgado el día anterior. Como buen católico, para satisfacción de sus obligaciones de justicia, Lynche donó a la cofradía de la Concepción del pueblo de Guazacapán y a la de Chiquimula de la Costa 25 vacas paridas a cada una. A la cofradía de Las Ánimas del pueblo de Taxisco, 50 vacas paridas. A Leonor, negra, mujer de Lucas, sus criados, 60 pesos. A los zacateros que le debían les perdonó la tercera parte de sus deudas. Al negro libre que le sirvió en dos temporadas, llamado Felipe, debía pagársele todo lo que hubiere servido a razón de 6 reales cada día. Le perdonó la deuda a Alonso Páez; la mitad a Pedro de Lorenzana y Sebastián Zuleta. Asimismo perdonó las deudas de Juan de la Cruz, José de Sierra y don Gregorio Linche. Nombró por albaceas al capitán don Francisco Delgado de Nájera, alguacil mayor de la ciudad de Guatemala; al capitán Luis López de Andravide, regidor de la ciudad de Guatemala, quien dio su poder a Francisco Domínguez, vecino de Guazacapán, para que lo representara. Nombró como heredera de lo que quedara de sus bienes a Catalina Linche, su hija, “la que la haya y quede mis bienes con la bendición de Dios y la mía; y caso que se haya muerto dejo por heredera a mi alma, a falta de herederos forzosos”. En el codicilo mencionado agregó a sus albaceas nombrados anteriormente al alférez Diego Sánchez y a Francisco Domínguez.

11Queda la duda sobre si este irlandés profesaba sinceramente el catolicismo, o fingió serlo hasta sus últimos días cuando dejó muchos bienes a varias corporaciones religiosas, tal y como se mencionó. La Corona española deseaba que todos los extranjeros, a quienes concedía licencia para vivir en las Indias, fueran emprendedores como lo fue Andrés Lynch, para que la Real Hacienda obtuviera beneficios y que con sus actividades mercantiles contribuyeran al desarrollo de la sociedad colonial.

Comentarios

Normas de uso

Esta es la opinión de los lectores de la AFEHC, no de la AFEHC No está permitido verter comentarios injuriantes. Reservado el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema. Una vez aceptado el comentario, se enviará un correo electrónico confirmando su publicación.

¿No tienes una cuenta todavía?
Puedes crear una

Como usuario registrado usted podrá publicar de forma inmediata comentarios con su nombre.