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AFEHC : articulos : Las disputas por el control del mercado laboral en los puertos del Caribe colombiano, 1850-1930 : Las disputas por el control del mercado laboral en los puertos del Caribe colombiano, 1850-1930

Ficha n° 2547

Creada: 26 diciembre 2010
Editada: 26 diciembre 2010
Modificada: 09 enero 2011

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Autor de la ficha:

Sergio Paolo SOLANO

Editor de la ficha:

Elizet PAYNE IGLESIAS

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Las disputas por el control del mercado laboral en los puertos del Caribe colombiano, 1850-1930

En este artículo estudiamos el proceso que llevó a que el conflicto por el control del mercado laboral se constituyera en el epicentro de las disputas entre los trabajadores portuarios, los empresarios y el Estado colombiano durante la primera mitad del siglo XX. Para ello analizamos las modalidades adquiridas por el trabajo no calificado en los puertos y sus formas de organización para el desempeño de los oficios. Prestamos especial atención al estudio de las fases por las que atravesaron las relaciones trabajadores-empresas, empezando por la etapa de independencia de los trabajadores, pasando por la mediación de los contratistas, hasta terminar en la vinculación a la nómina de las compañías, mediadas por el control de las organizaciones gremiales sobre la provisión de la mano de obra. Mediante la continua alusión a los casos de los trabajadores de los puertos de otros países, demostramos que antes que ser una anomalía en las relaciones obreros-patronales, el control de la oferta de la mano de obra por los gremios de trabajadores, fue algo muy común a los puertos del mundo de finales del siglo XIX y la primera mitad de la siguiente centuria.
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Palabras claves :
Trabajadores portuarios, Oferta laboral, Control del mercado de trabajo, Formas de organización laboral, Contratistas, Conflictos sociales
Autor(es):
Sergio Paolo Solano
Fecha:
Diciembre de 2010
Texto íntegral:

Presentación

1Hasta comienzos del decenio de 1980 los trabajadores de los puertos latinoamericanos y de los medios de transportes ligados a estos (vapores marítimos y fluviales, pequeñas y medianas embarcaciones movidas por fuerza eólica y humana, ferrocarriles) habían llamado la atención de los estudiosos porque sus protestas, gremios y movilizaciones abanderaron los movimientos sociales de la primera mitad del siglo XX, y porque servían para medir la influencia de las ideologías radicales1. Resumido en sus líneas gruesas el modelo de estudio suponía que la radicalidad asumidas por las luchas de estos trabajadores obedecía a su alto grado de concentración, a su importancia para unas economías agroexportadoras que dependían de los puertos y medios de comunicación modernos, a las influencias culturales extranjeras que se movilizaban por los puertos, las que aportaron ideologías radicales y a que por las dificultades del Estado para distanciarse de los mismos sus formas de acción eran violentas2.

2Desde los años 1980 a esta parte se ha incrementado la agenda de investigaciones gracias a los replanteamientos llevados a cabo en el cuerpo de ideas relativas al puerto3 y a los grupos humanos a él vinculados. En efecto, por un lado los estudios han agregado nuevos trazos a las tradicionales imágenes que se tenían sobre el puerto, concepto que usualmente evocaba tres ideas: la un sitio orillero destinado al intercambio y almacenaje de mercaderías y al tráfico humano4; la de una área que demandó la construcción de obras de ingeniería para facilitar las operaciones de las embarcaciones y para construir fortificaciones para defenderse de los ataques de los enemigos; y por último la de una especie de telón de fondo de las protestas sociales modernas.

3Por otra parte, el estudio de las protestas, organizaciones gremiales e influencias políticas de sus trabajadores portuarios, se han integrado con los análisis acerca de la diversidad y la jerarquía de las actividades desarrolladas por sus habitantes, las peculiares relaciones entre los hombres y la naturaleza (aguas, vientos, navegación), la cultura, las instituciones y las formas de vida. Ahora se presta atención a las características de los oficios, sus estratificaciones, los niveles de prestancia social que producían, los salarios, las técnicas empleadas en los trabajos, la vida cotidiana, la construcción de identidades sectoriales, las relaciones conflictivas con el Estado y los empresarios, sus gremios, las formas de contratación y de salarios, la naturaleza de sus conflictos sociales, y en muchos otros aspectos. Esa agenda de investigaciones también se viene desarrollando con los trabajadores del transporte fluvial en algunas áreas de Latinoamérica que poseían características de territorios de fronteras5.

4Y por otro lado, las investigaciones sobre el mundo del mar y fluvial también sufrieron parecidas transformaciones en ese decenio, al ampliar su agenda investigativa, pues al lado de los estudios sobre la tecnología y la guerra marítima aparecieron temas como el análisis de los marineros y los trabajadores en los docks, astilleros, bodegas, talleres y slip de tierra firme. Trabajos pioneros como los de Marcus Rediker sobre la vida de los marineros y piratas a bordo de los barcos de las colonias de Norteamérica en la primera mitad del siglo XVIII y sus conflictos con capitanes y contramaestres, introdujeron nuevas dimensiones en los estudios sobre los tripulantes de los barcos (jerarquía de los oficios, trabajo asalariado, disciplina laboral, castigos, cultura, promoción en los oficios6).

5De los tantos aspectos que se vienen investigando llama la atención el de las relaciones conflictivas entre la oferta laboral, las formas de contratación y las mediaciones de las organizaciones gremiales de los trabajadores en el control sobre la mano de obra. El tema lo planteó por vez primera Eric Hobsbawm al estudiar las restricciones a la oferta laboral establecida por los gremios de los trabajadores portuarios especializados en un ensayo sobre los sindicatos de los puertos ingleses publicado en 19647. En fechas recientes se ha introducido nuevamente gracias a una historiografía social interesada en mostrar que los conflictos en torno al trabajo también eran posibles en el ámbito del mercado, replanteándose la idea de que solo se desarrollaban en la esfera de la producción8. Se han incrementado los estudios que conciben al mercado del trabajo no calificado como un espacio de disputa entre los trabajadores y sus gremios, y los empresarios y el Estado9.

6Brasil quizá es el país latinoamericano donde más se ha avanzado en esta dirección debido a que por las dimensiones de su economía y de sus ciudades portuarias, así como, por las características de los movimientos sociales, los trabajadores portuarios han llamado la atención de los historiadores. Para el tema que nos ocupa los trabajos de María Velasco e Cruz10 y Fernando Teixeira da Silva11 sobre las relaciones entre los estibadores y los empresarios del transporte en el puerto de Santos durante la Primera República (1889-1930) y el periodo de las entreguerras mundiales (1920-1940) respectivamente. Ambos trabajos muestran el conjunto de circunstancias de la vida portuaria (intermitencia del movimiento de carga, escasa tecnología, tradiciones socio-culturales, militancia política de las direcciones gremiales) como también el despliegue de las estrategias por parte de los trabajadores para controlar la oferta laboral por medio de sus organizaciones gremiales. La expresión closed shop (tienda cerrada) indica el logro alcanzado por los trabajadores cuando sus sindicatos se convirtieron en proveedores de la manos de obra necesitada por las empresas portuarias y del transporte, lo que tenía especial significado en este puerto pues una empresa inglesa tenía el monopolio de la movilización de carga. Y fue un beneficio alcanzado en el contexto de los años 1920 cuando el puerto se vio congestionado de carga, haciendo vulnerable a los empresarios. En esos años lograron abolir a los intermediarios y sus gremios controlaran el mercado laboral. El control de los trabajadores por parte de los empresarios enfrentaba dificultades en la naturaleza del trabajo en los puertos, tales como la escasa división técnica del trabajo, la precaria mecanización de las operaciones de movilización de la carga, la informalidad y eventualidad del trabajo en los puertos cuando se le compara con el trabajo fabril, sirvieron para generar una cultura de resistencia que favoreció el desarrollo de formas de acción directa.

7En este artículo analizamos algunas características sociales y culturales de los trabajadores cargueros o braceros12 de los puertos, el sector laboral más numeroso de las actividades portuarias y del transporte. El énfasis del artículo recae en el análisis de la cuadrilla como una forma de organización laboral primaria cuya función iba más allá de la coordinación de las actividades para movilizar la carga. Lo que queremos mostrar es que entre 1850 y 1930 las relaciones de los trabajadores con las empresas atravesaron por tres fases: 1.- Autonomía de la cuadrilla con relación a la empresa; 2.- Mediación de los contratistas; 3.- Vínculo directo con las empresas pero mediado por las organizaciones gremiales constituidas en proveedoras de mano de obra, suministrada a las empresas mediante el sistema de cuadrillas. Los conflictos acaecidos durante esta última fase ayudaron a que estos trabajadores desarrollaran su identidad como grupo socio-laboral y como parte importante de la naciente clase obrera.

Organización del trabajo y regulación de la oferta laboral

8Durante el último periodo finisecular, las investigaciones sobre el mundo laboral de los puertos colombianos han tomado dos direcciones complementarias. Por un lado algunos estudios insisten en sus funciones de agentes productores y receptores de cultura y en los procesos de construcción de sus identidades sociales, en medio de las tradiciones heredadas, las innovaciones asumidas y los conflictos sociales13. Por otro lado, empieza a desarrollarse un interés de alguna forma, relacionado con lo que John Womack ha llamado la “posición estratégica” de los trabajadores dentro del espacio de trabajo14.

9Dos investigaciones se han centrado en sus relaciones con las empresas y los conflictos suscitados en esa esfera, en especial en torno a las formas de enganche laboral. En un libro que publiqué en el 2003 estudié los distintos sectores de trabajadores portuarios (capitanes, oficialidad de vapores, mecánicos, tripulantes, estibadores, artesanos de talleres de transportes) de Barranquilla, Cartagena y de otros puertos fluviales intermedios situados en el bajo curso del río Magdalena. Me ocupé de sus orígenes diversos, la naturaleza de los oficios desempeñados y la prestancia de los mismos. También me esforcé en mostrar las relaciones asimétricas de aquellos con las autoridades y las elites, las normas que regulaban algunos aspectos de los transportes modernos y las relaciones jerarquizadas en unos medios de transportes. Hice énfasis en que esas relaciones asimétricas hacían de los capitanes, contramaestres y mecánicos los representantes del Estado, y en consecuencia expliqué el por qué muchas veces se manifestaron contrarios a las protestas de otros sectores de trabajadores portuarios15.

10En el 2005 León Arredondo culminó su tesis doctoral sobre los trabajadores de Puerto Berrío (puerto del antioqueño sobre el curso medio del río Magdalena), para los años comprendidos entre 1930 y 1950. El centro de su interés es el protagonismo social y político alcanzado por los trabajadores de ese puerto, en el marco del ascenso de la República Liberal (1930-1946), como consecuencia de la transformación de los vínculos con las empresas, al pasar de “un sistema informal de la mano de obra en un sistema formalizado de trabajo controlado por su sindicato16”. Con Arredondo comparto la idea de vincular el estudio de las relaciones entre los trabajadores y las empresas con el volumen del movimiento de la carga17. Pero nos diferenciamos por la manera de concebir los orígenes y la naturaleza de esa relación laboral. Y esto es válido tanto para la época anterior a los intermediarios o contratistas, como para el periodo en que estos fueron figuras centrales en las relaciones laborales, centro de su reflexión.

11En efecto, por su cantidad, grado de concentración y continuas expresiones festivas en el mismo medio laboral, los braceros y navegantes formaron el grupo socio-laboral que más sobresalía en la vida portuaria. Desde finales del siglo XIX, la creciente demanda de trabajo no calificado atraía romerías de jóvenes de los estratos más bajos de la población de ambas ciudades, quienes se apostaban en los alrededores de los puertos, estaciones, muelles, mercado público y en el corazón de las áreas comerciales, compitiendo por conseguir la colocación momentánea en una actividad que solo exigía la suficiente capacidad física para los trabajos pesados y un mínimo grado de concentración. En estas actividades se encontraban a gusto pues estaba ausente la disciplina rigurosa y los mecanismos de control social que los empresarios empezaban a ejercer en el naciente sector fabril18.

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Mapa 1
Mapa 1

13Desde mediados del siglo XIX la afluencia estacional de trabajadores de las poblaciones de la comarca en los meses en que las labores agropecuarias entraban en receso, sumada a la continua escasez de mano de obra cuando esos trabajadores retornaban a sus faenas en el campo19, había llevado a los cargueros permanentes de los puertos a organizarse en cuadrillas y turnos laborales para desarrollar de la mejor manera el trabajo, para defender sus intereses y evitar las continuas amenazas de rebaja del jornal por parte de las empresas. Además, las autoridades habían prohijado esta organización laboral porque permitía racionalizar de mejor forma las actividades en los puertos y hasta cierto punto evitar el desorden que se traducía en enfrentamientos violentos y pérdidas de mercancías20.

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Fotografía 1
Fotografía 1

15Esta forma de organización del trabajo no calificado había surgido en la minería, la hacienda colonial y en diversos oficios urbanos, y también fue empleada durante la república en la prestación del servicio personal subsidiario y en la construcción de obras públicas21. Debió su existencia a la total ausencia de tecnología para desarrollar cierto tipo de trabajos en grandes espacios o que requerían de fuerza muscular, y a formas comunitarias de oferta laboral por parte de hombres emparentados o que provenían de una misma población, los que acorde con los ciclos de la producción agrícola se desplazaban a las áreas de demanda laboral. Actividades como la herranza, saque, embalse22 en las haciendas ganaderas del Caribe colombiano para marcar, separar el ganado y movilizarlo en concordancia con los periodos de lluvia y sequía y de crianza, como también la construcción de cercas y de desmonte, se hacía con base en las cuadrillas de trabajadores estacionales23.

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Fotografía 2
Fotografía 2

17En sus orígenes la cuadrilla portuaria era una forma de organización laboral primaria que integraba a los trabajadores simples para poder soportar las constantes amenazas de ver reducido su precario nivel de vida. Era simple en su composición e inestable por las fluctuaciones del movimiento de carga en los puertos. Se organizaba en torno de unos códigos morales elementales de solidaridades y complicidades, el que constantemente estaba sometido a prueba por las conductas violatorias de sus integrantes. Por eso, generaba un espíritu comunitario que involucraba a todas las cuadrillas al permitirles conocer al bracero “mala gente” y, como resultado, aislarlo de las zonas de trabajo más rentables24.

18Además, desempeñaron función importante en la vida de los trabajadores más allá del trabajo. Por ejemplo, a comienzos del siglo XX la organización de turnos nocturnos conllevó a que el disfrute del tiempo libre se hiciera por cuadrillas, las que podían reunirse a consumir licor en los establecimientos de diversión situados en los alrededores de los puertos. Así mismo, las protestas de 189325, 191026 y 1918, tuvieron en las cuadrillas una base de organización fundamental. Cuando la protesta se echaba a andar ponía en movimiento dispositivos para impedir la acción de los esquiroles como los piquetes de huelguistas apostados en las entradas de las empresas y puertos, ferrocarriles, aduanas, vapores y bodegas, bloqueando las vías férreas y los caños fluviales, y en ocasiones levantando porciones de las primeras27.

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Fotografía 3
Fotografía 3

20La fortaleza de la cuadrilla de braceros en relación con las otras ocupaciones radicaba en dos hechos: por un lado estaba el alto riesgo que significaba movilizar carga pesada sobre los hombros y brazos, que hacía que la vida misma y la integridad de las mercancías dependieran de la acción coordinada de sus integrantes. En otras labores la cuadrilla no estaba sometida a estas presiones. A más de ello, la intensa competencia laboral fue un factor de presión para que alcanzara algún grado de estabilidad. Pero en esta organización laboral también intervinieron las autoridades y las empresas comerciales y del transporte. Las autoridades, como ya se anotó, por la necesidad de regular y establecer controles sobre las cuadrillas de jornaleros y cargadores, obligándolas a inscribir a sus integrantes y a tener un representante, especie de “líder natural” con quien se entendía la autoridad pública28. Y las empresas, debido a que el crecimiento del volumen de la carga desde finales del siglo XIX también las obligó a intentar estabilizar algunos sectores de braceros y sus cuadrillas, previa mediación de los contratistas. Para comienzos de la siguiente centuria, este interés coincidió con el proceso de organización gremial de los trabajadores (mutuarias y sindicatos) integrando a los ocupados y eventuales para poder garantizar, mediante la organización de turnos, que no se desvertebrara el principio de solidaridad generalizada que otorgaba a las protestas de los trabajadores la eficacia para el logro de sus fines.

21Como se puede ver, por distintos motivos trabajadores, autoridades y empresarios se vieron obligados a regular la concurrencia laboral y a intentar establecer cierto orden en el espacio portuario. Estos esfuerzos continuos a lo largo del periodo que estudiamos tenían antecedentes desde la colonia, cuando el enganche de los bogas que cargaban y empujaban a los champanes y bongos por el río Magdalena usualmente se daba por cuadrillas cuya vinculación dependía directamente del patrón o práctico29 de la embarcación. Como lo he demostrado en otro ensayo, contrario al estereotipo de un personal de la boga totalmente inestable, la condición empresarial de esta forma de transporte, la condición asalariada de los bogas y la obligatoria tendencia a la racionalización del enganche laboral, se encargaron de ir seleccionando cuadrillas de estos hombres rudos, los que ofrecían sus servicios en los puertos fluviales. Muchos bogas al mismo tiempo se desempeñaban como braceros y viceversa en los puertos fluviales en concordancia con la oferta laboral30.

Reglamentación del trabajo en los puertos

22Cuando en el siglo XIX se introdujeron los barcos fluviales para hacer el tráfico por los principales ríos del país, esa frontera fluida entre bogas y/o navegantes y los braceros siguió siendo corriente. Esto se debió a que durante mucho tiempo el personal de navegantes rasos de los vapores no fue estable y dependía de la voluntad de la oficialidad de los barcos y de una cédula en la que se certificaba la conducta observada durante el viaje, de la que reposaba copia en los libros de las Intendencias Fluviales, organismos gubernamentales encargado de organizar las actividades en los puertos31. Así que el navegante que hoy viajaba, mañana podía encontrarse parado y la única opción que le quedaba era enlistarse en las cuadrillas de braceros.

23Todo esto es importante tenerlo en cuenta, porque las disposiciones oficiales que regían para los braceros eran las mismas para los navegantes, puesto que desde un comienzo el problema laboral más importante era el escaso control que se ejercía sobre los trabajadores rasos de puertos y vapores. En 1843 Esteban Márquez, empresario barranquillero de la navegación fluvial en botes y champanes, exigió al Concejo Municipal de Barranquilla intervenir y reglamentar el servicio de los bogas y cargadores. Ese año el Congreso Nacional aprobó una ley creando el cargo de Inspector de Bogas y Cargueros en Barranquilla32.

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Grabado 1
Grabado 1

25Algunos años después, en 1847, al discutir sobre los controles que debían establecerse sobre las “cuadrillas de jornaleros y cargadores que hacen presencia en el Puerto Real de esta villa [Barranquilla], pues los turnos por ellas establecidos muchas veces son violados”, el Cabildo parroquial de esa ciudad reconocía la importancia de las cuadrillas como entidades autónomas de las empresas, las que estaban reguladas por disposiciones oficiales dado que había que inscribir a sus integrantes y tener un representante (el “líder natural” con quien se entendía la autoridad pública) ante la Inspección de bogas y cargueros33. Aunque por algunos años, los Inspectores de bogas y cargueros desparecieron porque los vapores dejaron de traficar por el río Magdalena, una vez despegaron las exportaciones de tabaco y los vapores tuvieron carga para movilizar, la vida en el puerto de Barranquilla se fue incrementando y en 1853 nuevamente el Cabildo de esa ciudad lo volvió a crear. Veinte años después la Asamblea Legislativa del Estado de Bolívar expidió la Ley 46 de 1873 extendiéndolo a los puertos de Cartagena, Barranquilla, Mompox, Magangué, Lorica34 y Tolú.

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Fotografía 4
Fotografía 4

27Muchas veces, las medidas gubernamentales fracasaron por la existencia de pequeñas compañías difícil de poner de acuerdo pues cada una tenía su propio sistema de contratación y de pago de jornales. Pero cuando empezaron a fortalecerse con el despegue de las exportaciones cafeteras, la competencia ruinosa de las empresas transportadoras dio paso a compañías más sólidas como la Colombiana de Transportes del cubano-estadounidense Francisco Javier Cisneros, quien monopolizó el mayor número de barcos posibles y algunos ferrocarriles que movilizaban los productos desde las zonas de producción hasta los puertos situados en el curso principal del río Magdalena35. Producto de esta situación fue el un decreto del gobierno nacional expedido en 1881, especie de manual de funciones para los oficiales y tripulantes de los vapores, que estableció, entre otras cosas, un reglamento para el servicio de los cargueros, quienes debían inscribirse en las inspecciones fluviales y portar una cédula de buena conducta refrendada por la oficialidad de los vapores y por quienes los contrataban36.

28Con la vuelta de siglo y bajo el gobierno de Rafael Reyes (1904-1909) la tendencia a la concentración monopólica del transporte fluvial a vapor se acentuó bajo el control de la empresa de Louis Gieseken favorecida por el gobierno nacional37. El decreto No 899 de 1907 ratificó en buena medida aquellas disposiciones, pero con la peculiaridad de que con base en la ley 4a de ese mismo año, que había creado los cargos de Comisarios Inspectores adscritos a las Intendencias Fluviales, especificó las funciones policiales de estos para controlar la competencia y buena conducta de las tripulaciones y braceros.

29Con el avance del siglo XX y el incremento del comercio exterior colombiano y el fortalecimiento de las compañías navieras, los controles sobre las tripulaciones se incrementaron38. El decreto 801 de 1923 nuevamente consagró que para ser tripulante y bracero se necesitaba tener una cédula de identidad, competencia expedida por las oficinas fluviales de los puertos y presentar dos certificados de “... personas de reconocida honorabilidad, en que consten que conocen suficientemente al aspirante y lo recomiendan como persona de buena conducta, activa y hábil para desempeñar el oficio39”.

Evolución de las relaciones entre trabajadores y las empresas

30El estudio de las anteriores disposiciones gubernamentales indica que en el largo plazo la relación entre las cuadrillas, sus líderes naturales y las empresas empezaron a ser mediatizadas por otras personas y que los braceros fueron sometidos a creciente presión. Durante ese tiempo la cuadrilla de braceros atravesó por fases que guardan relación directa con el grado de desarrollo de la economía portuaria, con la tendencia a la concentración del transporte fluvial a vapor en pocas empresas, el interés del Estado por regular la vida de los puertos y con la capacidad de respuesta de los trabajadores.

31En la primera etapa, las fluctuaciones en el movimiento de carga, impedían que las empresas integraran a los braceros a su planta de personal, por lo que en la segunda mitad del siglo diecinueve, cuadrillas y empresarios aparecían como entidades con cierto grado de independencia al momento de contratar, y regulada por las autoridades.

32La segunda fase tuvo la impronta del contratista, producto del crecimiento de la economía portuaria que le delegó la responsabilidad del control sobre los trabajadores y el manejo de la carga. Tanto el significativo crecimiento de los volúmenes de carga, como el establecimiento de grandes empresas comerciales y del transporte, empezaron a demandar la subordinación de los braceros. Uno de los mecanismos que presionó este cambio fue el dispositivo de un mercado que en constante y creciente demanda de mano de obra, obligaba a la estabilización de algunos sectores de braceros y sus cuadrillas. En esta etapa, aunque la cuadrilla siguió siendo producto de la iniciativa de los jornaleros, el vínculo con la empresa empezó a depender del criterio selectivo del contratista, quien podía desarticularla a su libre arbitrio.

33El contratista, capataz o intermediario había surgido en el contexto de un grupo laboral de corte horizontal, que paulatinamente produjo su jerarquía a través del “líder natural”, reconocido como tal porque tenía la capacidad para lograr contratos gracias a su experiencia en la movilización de la carga, la responsabilidad puesta en ello, el “don de la palabra” y a su astucia. Al ser la persona con las que se contrataba y a quien se delegaba la responsabilidad del satisfactorio desplazamiento de la carga (evitar robos, desperfectos y el rápido trabajo acorde al volumen de peso a transportar), los empresarios debieron otorgar una importancia significativa a estos “líderes”, a los que les otorgaron la prerrogativa de escoger la mano de obra, y con quien contrataban el pago por el trabajo realizado. Sin tener un vínculo directo con las empresas, el contratista fue divorciándose de los braceros hasta llegar a ser un personaje odiado por estos40.

34El contratista permitió a la economía portuaria regular de mejor manera el mercado laboral, al distribuir la ocupación entre el mayor número de trabajadores para así evitar los problemas sociales que traía el desempleo absoluto. De esta forma esta economía laboral se autorregulaba al aprovechar la sobreoferta de la mano de obra con un doble propósito: mantener bajos los jornales y regular el empleo. La experiencia internacional permite afirmar que el contratista presionó por estabilizar a los braceros en las cuadrillas bajo sus órdenes, gracias a que sus intereses estaban en juego. Lo lucrativo de su negocio radicaba en la diferencia que se guardaba entre el dinero recibido de la empresa y lo que entregaba a los trabajadores41. Pero con el crecimiento de la economía portuaria el contratista independiente entró en una relación laboral semidirecta con la empresa, pues, además de suministrar la mano de obra le prestaba el servicio de ponerse al frente de la misma y responsabilizarse por la carga. Capataces y los chequeadores o listeros (que comenzaron a aparecer durante los años veinte), tenían la misión organizar la mano de obra, verificar, examinar, registrar, confrontar y anotar la carga, lo que por un lado, suponía un nivel de confianza de la empresa y por el otro, el sometimiento de los braceros a controles más exhaustivos que ahora pasaban por el “líder natural”, el contratista, el chequeador y terminaba en la cúspide del capataz. Casi todos estos personajes salieron de los contratistas, el que en 1928 fue retratado por un estudioso de la realidad nacional como:
... el lazo de unión entre el jefe y los obreros; los encargados de recibir la ciencia de aquél y traducirla a éstos en términos de ejecución; son los que informan al jefe sobre el desempeño de los obreros, y su voz respecto a remuneración de estos es decisiva. Tiene la llave que da entrada a los ascensos, a la elevación y mejora del personal… la cuadrilla de que estos intermediarios son capitanes es la única táctica de la empresa42.

35La tercera etapa, que empezó a darse desde finales del decenio de 1920, se caracterizó por la supresión del sistema de contratistas y la articulación de los trabajadores a la planta de personal de las empresas. Esta fase tuvo varias causas. Una fue el surgimiento de una legislación laboral ambigua que desde mediados de los años 1920s empezó a aceptar ciertas formas de protestas, y con la ley 83 de 1931, expedida bajo el gobierno liberal de Olaya Herrera, prohibió la subcontratación laboral y reconoció el derecho a la sindicalización y la huelga.

36Otra fue el proceso de racionalización de las empresas portuarias, iniciado desde comienzos del siglo XX, con la construcción de modernas instalaciones portuarias (patios, bodegas, muelles, ramales férreos, talleres, astilleros). Estos cambios demandaron una relación más directa entre empresas y trabajadores, para poder organizar de mejor forma a los braceros en las áreas de trabajo, las distintas funciones, los horarios y los continuos turnos43.

37Y otra fue el proceso de organización de los trabajadores y la aspiración de sus gremios para constituirse en los proveedores del personal a las empresas, lo que se empezó a gestar desde el decenio de 1910 cuando las asociaciones mutuarias de Barranquilla (Asociación de Ingenieros Mecánicos, Asociación de Empleados de Comercio, Sociedad de Braceros y otras), crearon oficinas para la colocación de personal. Para entender esta situación, que también se había vivido en algunos puertos ingleses44, téngase presente que desde su creación por los años de 1910 los gremios se habían esforzado para acoger a todas las personas que se desempeñaban en un oficio aunque fuese de manera casual. Esto les permitía evitar la acción de los rompehuelgas en momentos de conflictos, y ganar una posición de fuerza en las negociaciones con los empresarios y autoridades. Como el número de afiliados era superior a la demanda de trabajo por las empresas, los gremios organizaron a los trabajadores en cuadrillas y mediante un sistema de turnos rotativos proveyeron de mano de obra a las empresas, satisficieron a los trabajadores y mantuvieron el principio de la solidaridad.

38Ahora bien, desde el momento en que comenzó el proceso de integración de los braceros a las empresas, las disposiciones gubernamentales y empresariales encaminadas a ejercer control en los puertos presionaron fuertemente sobre para estabilizar a las cuadrillas. Por tanto, alrededor de este propósito se coligaron los intereses de todos los sectores, pues en el caso de los trabajadores la posibilidad de contratos dependía del buen desempeño de las funciones propias del oficio45.

Conflictos laborales e identidad laboral

39Durante las distintas fases por las que atravesaron las relaciones entre los braceros y las empresas portuarias, los conflictos sociolaborales fueron frecuentes. Entre 1910 y 1930, de treinta protestas con paralización de labores efectuadas por los trabajadores de las distintas ramas industriales de Barranquilla, los braceros del puerto protagonizaron doce, es decir, el 40% del total. Y de treinta y una protestas protagonizadas en Cartagena entre 1903 y 1929, trece las realizaron los braceros, el 42% del total46. En ese protagonismo en la protesta social y en las mejoras materiales que alcanzaron, desempeñaron funciones de primer orden tanto la posición estratégica de estos trabajadores en el corazón de la vida económica nacional y local, como las formas de cohesión laboral y social alcanzadas. Lo primero es un hecho aparentemente evidente en una economía agroexportadora que dependía en buena medida de la movilización de las exportaciones e importaciones. Lo segundo se ha soslayado por parte de una historiografía que cree que solo con la planificación de la protesta es que los trabajadores desplegaban unos dispositivos de organización para hacerla efectiva.

40En las disputas entre trabajadores y empresarios, se enfrentaron dos mundos cargados con valoraciones sociales y morales diametralmente opuestas en torno a las relaciones que debían existir entre la sociedad y la economía. Los empresarios eran partidarios de una sociedad entregada a los mecanismos reguladores del mercado; los trabajadores llegaron a esos conflictos apegados a la idea de que la sociedad debía intervenir y regular la economía, la que, aunque fundamentada en la vieja tradición colonial del “bien común”, se fue reelaborando desde la segunda mitad del siglo XIX con las discusiones sobre las implicaciones sociales de los modelos económicos liberal y proteccionista47. Desde esta tradición vivieron el conflicto social más fuerte de su historia, la que, valga señalarlo de paso, estaba ligada a unas experiencias y expectativas que tenían mucho que ver con lo que E. P. Thompson llamó una “economía moral”. Se trataba de un discurso organizado en torno a la experiencia colectiva de muchas generaciones cuyas valoraciones morales y las formas de acción que suscitaban, servían a los estratos populares como justificación para enfrentar los intentos de los empresarios por imponer unas relaciones con los obreros regidas por formas de contratación propias de una economía de mercado48.

41Los trabajadores pertenecían a un mundo sociocultural que calculaba el “precio justo” del salario en correspondencia con el tradicional nivel de vida −sumamente precario−, y con la situación económica de las empresas. Esto explica que estas no hubiesen podido someter el jornal a los vaivenes del mercado, viéndose impedidas para rebajarlo a pesar de que algunas veces lo intentaron y lograron triunfos momentáneos como sucedió en Barranquilla en 191149. Existía un jornal base y si se aceptaban las presiones del mercado era para solicitar su aumento. Esa mentalidad era resultado de unas experiencias y expectativas en torno a lo que se consideraba como la “justicia social”, entendida como la protección mínima de parte de toda la sociedad materializada en unas normas morales que condenaban la avaricia y la explotación desmedida y las injusticias contra los más pobres, como aparece en la prensa cuando las empresas intentaban cambiar las formas de pago, rebajar el jornal y el despido masivo.

42La huelga de 1910 se originó cuando los braceros se enteraron de que las Compañías Aliadas, de capital inglés y dirigida por la firma Pineda López y Cía , recibían por el transporte de cada tonelada $0,80 oro y pagaba a los braceros $0,60. El cese de actividades no tuvo como punto de partida el aumento del jornal sino lo que se consideraba como una “inmoralidad” por parte de los empresarios, el robo que hacían a los trabajadores, lo que al igual que en otras ocasiones desató la solidaridad de buena parte de la prensa de ambas ciudades. Esto también motivó la huelga de los paileros en 193350.

43El conjunto de experiencias que les toco vivir, permitió que los braceros fueran los primeros trabajadores asalariados que vivieron la doble experiencia de ver el trabajo de manera descarnada como una simple actividad económica y la dependencia de su estabilidad e ingresos de los ciclos económicos. Ellos medían la situación económica de las empresas gracias a la cantidad de carga y pasajeros movilizados y el número de viajes de ida y vuelta realizados por los ferrocarriles y los vapores. También conocían de los procederes ilícitos (burla de los controles técnicos, sobrecarga, buques en mal estado) de los empresarios y parte de la oficialidad de los vapores en búsqueda de mayores ganancias. De igual forma, experimentaban en carne propia los ciclos de la economía internacional que impactaban de manera inmediata y directa en la vida económica de los puertos caribeños.

44Sus protestas estaban muy arraigadas en el conocimiento de esta realidad. En este sentido, los braceros no representaban el ingenuo “buen salvaje” que por ligereza podemos imaginar, pues sabían sacar partido de los ciclos y de la situación del mercado laboral. Estudiaban el momento para decretar los ceses de actividades, como sucedió en 1893 cuando paralizaron labores en el puerto de Barranquilla-Puerto Colombia, aprovechando la escasez de brazos para solicitar aumento del jornal, mientras que durante el siglo XX lo hacían cuando los puertos estaban congestionados51. La lógica induce a pensar en la existencia de una estrategia para desatar la protesta social que tenía en cuenta las situaciones en que las empresas eran vulnerables. También parece que, aún sin contar con una organización gremial, preparaban sus protestas con días de antelación, como ocurrió en Cartagena a mediados de 1920, cuando desde antes del 28 de mayo, se sabía que los marinos de cabotaje y los braceros del muelle de La Machina venían haciendo los preparativos de una huelga para protestar por la desatención de las empresas de una petición de aumento del jornal hecha dos meses antes, la que se declaró el 1° de junio52.

45En medio de los conflictos sociolaborales y del tránsito de trabajadores suministrados a trabajadores vinculados a las empresas, desde comienzos del decenio de 1920, los braceros definieron una identidad laboral y social a partir de la ocupación. Los antecedentes de esta lucha pueden rastrearse desde la huelga de enero de 1910 cuando los cargueros de los puertos expresaron sus inconformidades por la imagen que tenía el grueso de la población sobre sus labores y sobre su condición social. En ese sentido la construcción de una imagen laboral tenía como fin salir de ese estado de indiferenciación con relación a estratos muchos más bajos de la población, lo que de por sí era una gran conquista. Ya para finales de los años veinte, los braceros han avanzado en su articulación como un sector laboral cuya identidad se ha diferenciado de otros grupos laborales más dispersos como era el caso de los jornaleros.

46Donde mejor se refleja este proceso es en el desplazamiento semántico de las denominaciones sociales con que se les identificaba como grupo y en cierta simbología que adoptó como gremio. Al igual que en el caso de los tripulantes de los vapores fluviales53, el empleo de uno u otro denominativo poseía enorme carga de discriminación o valoración social acorde con lo que se quería subrayar. Por tanto no era un simple problema de polisemia o del empleo de un lenguaje socialmente “neutral”. Desde finales del siglo XIX, el uso de denominativos corrientes como el genérico de “jornalero” y más específicamente “mozo de cordel”, “peón” y “carguero54”, fue cediendo terreno frente al empleo del adjetivo “bracero”, imagen construida desde el trabajo – y resaltando su condición humana − y en su relación específica con una industria moderna que era vital para la economía nacional. El concepto de “bracero” hacía énfasis esa condición (el brazo, la fuerza del hombre) y no en el jornal o en el objeto de trabajo, la carga.

47En condición de braceros se organizaron en Barranquilla en la sociedad mutuaria Unión General de Braceros (1915), y lo mismo hizo en Cartagena en la Sociedad de Braceros, después de la mencionada huelga de mayo de 192055. El pendón de la primera, estrenado en 1921, contenía un logotipo compuesto por una rueda metálica dentada en cuyo centro se levantaba un musculoso brazo con el puño cerrado y desafiante. La rueda dentada, uno de los íconos de la Revolución Industrial, expresaba la manera como este grupo de trabajadores, o al menos algunos de sus estratos, se representaba el contexto en el que desarrollaba su función en la sociedad: son hijos de una de las formas de la industria moderna, la del transporte mecanizado. Por tanto, lucharon por mostrarse frente al resto de la sociedad como un grupo social diferenciado de los estratos más bajos de la población, como lo demuestran las partidas de defunción en las que los deudos diferenciaban entre “bracero” y “jornalero” al informar sobre la ocupación. Por otro lado, el brazo en alto y con la mano cerrada tenía un significado polisémico, pues si por un lado representaba el trabajo rudo y viril con que los braceros contribuían al progreso material del país, también simbolizaba la disposición a la protesta cuando las empresas y las continuas inestabilidades de las economías portuarias amenazaban con deprimir sus precarios niveles de vida y cuando la arbitrariedad empresarial producía indignación. Así sucedió en 1928 cuando el despido de dos chequeadores (entre ellos el presidente de la Federación Obrera del Litoral Atlántico, Fola) de la aduana de Barranquilla desató una huelga por varios días que involucró a los braceros hasta lograr el reintegro56.

48Las vías de afirmación de esa identidad fueron variadas, acorde con las esferas sociales en que desarrollaba esa lucha. Frente a los empresarios solo tenían el recurso de la protesta y de la confrontación abierta; ahí la fuerza como colectividad se imponía como imagen. Para los empresarios eran los “buscarruidos” que tenían que soportar en medio de una creciente actitud levantisca; representaban un “mal necesario”. Ante el resto de trabajadores subrayaban la imagen de abanderado de la lucha social, resaltando su cohesión como grupo y su capacidad de respuesta frente a los atropellos de los empresarios o las situaciones críticas que amenazaran su nivel de vida. Y esta última imagen no era nada fatua, pues de 12 huelgas que se desarrollaron en Barranquilla entre 1910 y 1921 (año en que los braceros inauguraron su pendón), el 75% fueron protagonizadas por estos trabajadores, teniendo las de 1910 y 1918 gran resonancia porque se transformaron en huelgas generales, mientras que en Cartagena, de 18 huelgas desarrolladas entre 1903 y 1920, el 61% fueron ceses de actividades de los trabajadores portuarios, en especial de los braceros.

Conclusiones

49Durante el periodo que hemos estudiado la cuadrilla como forma de organización laboral de los trabajadores de los puertos, tuvo una diversidad de origen y desempeñó funciones que estuvieron más allá del transporte de carga, propia de medios laborales precarios en tecnologías, para adelantar trabajos en extensiones espaciales dilatadas o que requerían de la coordinación de los trabajadores. Fue el caso de las labores en la minería de socavón y en la de mazamorreo en los ríos en búsqueda de oro, en las haciendas ganaderas y de caña de azúcar coloniales, en los trabajos de obras públicas coloniales y el trabajo de boga en champanes y bongos que transitaban por las arterias fluviales. Luego se prolongó durante la República al permanecer inalteradas las técnicas de trabajo. También se desarrolló como una forma de oferta laboral por parte de trabajadores que desde sus poblaciones y sitios de residencia se desplazaban por las haciendas, o iban a las ciudades y sitios de construcción de obras públicas a ofrecer sus servicios en época de baja en las labores agrícolas y ganaderas.

50Por eso, la cuadrilla no puede ser vista solo como resultado de la iniciativa de los empleados y administradores de negocios que contrataban y disponían a su antojo la organización del trabajo. Su historia va de una organización autónoma en ciertos oficios a la integración en las empresas. En efecto, cuando esporádicamente se activaba la movilización de carga en los puertos los braceros de los puertos ofrecían sus servicios organizados en cuadrillas. Sobre esta realidad las autoridades portuarias regularon el movimiento de carga, y los empresarios también la acogieron para suplir la ausencia de tecnología mecánica moderna para la movilización de la carga y para racionalizar las operaciones en el puerto.

51Pero cuando la movilización de la carga se hizo creciente, y cuando aumentó la afluencia de trabajadores a los puertos en búsqueda de colocación, los empresarios y los capitanes de los vapores buscaron la forma de organizar las labores mediante la delegación de responsabilidades a ciertas personas de confianza. Fue cuando del seno de la cuadrilla salieron intermediarios con las empresas, los que con el tiempo se transformaron en contratistas. Estos pudieron desarticular y articular las cuadrillas a su antojo mediante la introducción de un principio de competencia entre los trabajadores. Pero una vez enganchados, las cuadrillas podían estabilizarse nuevamente mediante la eficiencia en la prestación de sus servicios. El precio pudo haber sido muy alto para las formas de solidaridad cotidianas, hasta que la situación por las condiciones de vida se hacía insoportable y nuevamente se reacomodaban al calor de los conflictos con los empresarios y las autoridades.

52La organización de sociedades gremiales mutuarias (Barranquilla: 1915; Cartagena: 1920) fue una respuesta a esta situación, las que se establecieron como norte terminar con el sistema de contratistas y lograr la contratación directa por parte de las empresas. En parte la incipiente legislación laboral ayudó a la organización y a colocó a los trabajadores en mejores condiciones para demandar mejoras. Los conflictos laborales de la segunda mitad de los años 1920 y el ascenso del liberalismo al poder, dieron el golpe de gracia al sistema de contratistas y llevaron a que las empresas establecieran la contratación directa. Sin embargo, esta estuvo mediada por los sindicatos los que agruparon a todo el personal ocupado o desocupado de un oficio y los organizaron en cuadrillas y así proveían alas empresas de mano de obra.

53Esta forma de organización laboral desempeñó una función clave en el desarrollo de la protesta social de los trabajadores, pues les permitió planificarla sobre la base de unas responsabilidades delegadas en grupos, lo que dio mucha efectividad a las huelgas.

54Notas de pie de página

551 Para el caso de los puertos colombianos véanse Miguel Urrutia, Historia del sindicalismo en Colombia, (Bogotá: Universidad de los Andes, 1969), págs. 79-80; Edgar Caicedo, Historia de las luchas sindicales en Colombia, (Bogotá: Ceis, 1971), págs. 59-60; Daniel Pècaut, Política y sindicalismo en Colombia, (Medellín: La Carreta, 1973), págs. 91-93; Alfredo Gómez, Anarquismo y anarcosindicalismo en América Latina, (Barcelona: Ruedo Ibérico, 1980), págs. 17-49; Beatriz Gómez y Bertha Malpica, Historia de la organización y lucha de los trabajadores del río Magdalena, (Bogotá: tesis de grado, Universidad Nacional, 1984).

562 Puesto que la historiografía es muy abundante solo remitimos a los estudios de síntesis de Michael Hall y Hobart Spalding jr., “La clase trabajadora urbana y los primeros movimientos obreros de América Latina, 1880-1930”, en Leslie Bethell (ed.), Historia de América Latina. 7. América Latina: economía y sociedad, c. 1870-1930, (Barcelona: Cambridge University Press-Crítica, 1991), págs. 281-315, e Ian Roxbororgh, “La clase trabajadora urbana y el movimiento obrero en América Latina desde 1930”, en L. Bethell, Historia de América Latina. 12. Política y sociedad desde 1930, págs. 132-192. El mencionado modelo orienta el estudio de Charles Bergquist, Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y Colombia, (Bogotá: Siglo XXI, 1988), págs. 125-188.

573 En estos cambios influyó el que los historiadores han integrado los aportes de otras disciplinas como la geografía humana y la antropología. En sus investigaciones sobre las sociedades marítimas estas disciplinas originaron una diversidad de conceptos que, como el de comunidades marítimas, permite analizar las relaciones de algunos puertos coloniales norteamericanos con sus entornos, como también las peculiaridades sociales y culturales de comunidades que viven en una relación directa con el ambiente marino, sus formas societarias e institucionales. Christine Heyrman, Commerce and culture. The maritime communities of colonial Massachusetts, 1690-1750, (New York: W. W. Norton, 1984), pág. 228. Otro concepto es el de littoral society: Michael Pearson, “Littoral Society: The concept and the problems”, in Journal of World History, 17:4 (2006), págs. 353-373; http://web.ebscohost.com/ehost/pdfviewer/pdfviewer? vid*16&hid*119&sid* 57313cf3-ae29-42c9-80cc-43fe8ad4a653%40sessionmgr112? vid*16&hid*119&sid* 57313cf3-ae29-42c9-80cc-43fe8ad4a653%40sessionmgr112 . Fernando Monge, “Los estudios sobre historia portuaria: una perspectiva crítica y metodológica”, en Hispania, vol. LVIII, 198 (1998), pág. 317; Fernando Monge y Margarita del Olmo, “Un contexto de análisis para el concepto de ciudad portuaria: las ciudades americanas en el Atlántico”, en Agustín Guimerá y Dolores Romero (eds.), Puertos y sistemas portuarios (siglos XVI-XX). Actas del coloquio internacional El Sistema Portuario Español, (Madrid: CSIC, 1998), págs. 215-233; Sergio Paolo Solano, “Un problema de escala: la configuración social del puerto en las ciudades del Caribe colombiano durante el siglo XIX”, en Jorge Elías y Antonino Vidal (eds.), Ciudades portuarias en la gran cuenca del Caribe. Visiones históricas, (Barranquilla: Universidad del Norte-Universidad del Magdalena, 2010), págs. 376-424.

584 Por razones apenas obvias, el énfasis en la historia económica de los puertos determina la primacía de esta imagen en la mayoría de los estudios compilados en fecha reciente en José Mateo y Agustín Nieto (comps.), Hablemos de puertos. La problemática portuaria desde las ciencias sociales, (Mar del Plata: Universidad Nacional de Mar del Plata, 2009), y en Jorge Elías y Antonino Vidal (eds.), Ciudades portuarias en la gran cuenca del Caribe. Visiones históricas, (Barranquilla: Universidad del Norte-Universidad del Magdalena, 2010). También véanse los ensayos que aparecen en las dos ediciones de la Revista de Estudios Marítimos y Sociales que publica la Universidad Nacional de Mar del Plata (Argentina) http://estudiosmaritimos.wordpress.com/ . Elizet Payne, “El puerto y la región: revisión historiográfica para el estudio del puerto de Truxillo (Honduras)”, en Memorias vol. 3:5 (2007). http://redalyc.uaemex.mx/pdf/855/85530509.pdf

595 Sergio Paolo Solano, “De bogas a navegantes: los tripulantes de los barcos de vapor del río Magdalena (Colombia), 1850-1930”, en Historia Caribe 3 (1998), págs. 55-70; Miguel Herrera, Bongos, bogas, vapores y marinos: historia de los “marineros” del rio San Juan, 1849-1855, (Managua: Centro Nicaragüense de Escritores, 1999), págs. 127-172 y 215-259; Vitor Neto de Oliveira, Nas águas do Prata. Os trabalhadores da rota fluvial entre Buenos Aires e Corumbá (1910-1930), (Campinas: Universidade Estadual do Campinas, 2009), págs. 87-150. María Riaño, Los bogas del río Magdalena en la literatura decimonónica. Relaciones de poder en el texto y en el contexto, (Bogotá: Trabajo para optar a la maestría en Historia-Universidad de los Andes, 2010).

606 Marcus Rediker, Between the devil and the deep sea. Merchan seamen, pirates and the Anglo-American maritime world, 1700-1750, (Cambridge: Cambridge University Press, 1987), págs. 77-152, 205-253; Laura Caruso, “De marineros y foguistas, maquinistas y capitanes… El trabajo a bordo del puerto de Buenos Aires, su organización y proceso de trabajo, 1890-1920”, en Agustín Nieto y José Mateo (eds.), Hablemos de puertos. La problemática portuaria desde las ciencias sociales, (Mar del Plata: Universidad Nacional de Mar del Plata, 2009), págs. 141-153, y “¿’Donde manda capitán no gobierna marinero?’ El trabajo marítimo en el Río de la Plata, 1890-1920”, en El Taller de la Historia No. 2, Cartagena, Universidad de Cartagena, 2010 (en prensa). También ver: Fernando Teixeira da Silva y María Caira Gitahy, “Trabajo y cultura en la ciudad portuaria de Santos (Brasil), 1890-1920”; Carlos Pereira dos Santos, “’En el muelle’. El mundo del trabajo en el puerto de Camocim-CE (Brasil). 1920-1970”; Ana María Botey, “El estibador del Muelle Grande de Puntarenas (Costa Rica), 1920-1981”; Nágila de Morais, “El vaivén de las mareas: el día a día de los trabajadores catraieiros (barqueros) en el puerto de Fortaleza, Brasil, (1903-1904)”, en El Taller de la Historia No. 2 (en prensa).

617 Eric Hobsbawm, “Los sindicatos nacionales en las zonas portuarias”, en Trabajadores. Estudios de historia de la clase obrera, (Barcelona: Crítica, 1979), págs. 215-243. Hilda Sábato y Luis Alberto Romero, Los trabajadores de Buenos Aires: la experiencia del mercado, 1850-1880, (Buenos Aires: ed. Suramericana, 1992), págs. 111-146.

628 Ricardo Falcón, La Barcelona Argentina: migrantes, obreros y militantes en Rosario, 1870-1912, (Rosario: Laborde Editor, 2005), págs. 80-81 ; Ana María Botey y Gregorio Bolaños, Trabajo, cultura e identidad de los trabajadores portuarios de Puntarenas Caldera 1940-2003, (San José: Imprenta Nacional, 2004). Carlos Pereira do Santos, Entre o porto e a estação: cotidiano e cultura dos trabalhadores urbanos de Camocim-ce. 1920-1970 , (Recife: tese de doutorado Universidade Federal de Pernambuco, 2008), págs. 173-187. http://www.ifch.unicamp.br/mundosdotrabalho/arquivos/ casantos.doc casantos.doc ; Nágila de Morais,“Todo cais é uma saudade de pedra”: repressão e morte dos trabalhadores catraieiros (1903-1904), (Fortaleza: dissertação para a obtenção do grau de Mestre em História e Culturas Universidade Estadual do Ceará, 2009), págs. 49-53-54. http://www.ifch.unicamp.br/mundosdotrabalho /arquivos/nagila.pdf /arquivos/nagila.pdf

639 Gordon Phillips y Noel Whiteside, Casual labour: the unemployment question in the port transport industry, 1880-1970, (Oxford: Clarendon Press, 1985), pág. 271.

6410 María Cecilia Velasco e Cruz, Virando o jogo: estivadores e carregadores no Rio de Janeiro da Primeira República, (Sao Paulo: tese de Doutorado Universidade de São Paulo, 1998), págs. 131-207. También ver: “Da tutela ao contrato: “homens de cor” brasileiros e o movimento operário carioca no pós-abolição”, em Topoi vol. 11:20 (2010), págs. 114-135. http://www.revistatopoi.org/numeros_anteriores/topoi20/topoi20_08artigo8.pdf

6511 Fernando Teixeira da Silva, Operários sem patrões: os trabalhadores da cidade de Santos no entreguerras, (Campinas: Ed. da Unicamp, 2003), págs. 29, 131-158, 207, 405-430. También ver: Diego Luiz Vivian, Indústria portuária sul-rio-grandense: portos, transgressões e a formação da categoria dos vigias de embarcações em Porto Alegre e rio grande (1956-1964), (Porto Alegre: dissertação apresentada para a obtenção do grau de Mestre em História-Universidade Federal do Rio Grande do Sul, 2008), págs. 129-155. http://www.ifch.unicamp.br/mundosdotrabalho/arquivos/diego.pdf ; Jairo Fleck Falcao, Coperacao, experiencia e sobrevivencia: A historia dos trabalhadores do porto de Porto Alegre (1961-1989), (Porto Alegre: tese de doutorado Universidade do Vale do Rio do Sinos, 2009), págs. 95-135. http://bdtd.unisinos.br/tde_busca/arquivo .php?codArquivo*1224 .php?codArquivo*1224

6612 “Carguero… el que está en los mercados y comercios esperando que lo empleen para transportar algo. Mozo de cordel”. Pedro María Revollo, Costeñismos colombianos, (Barranquilla: Ed. Mejoras, 1942), págs. 55, 169, 221 y 276. Adolfo Sundheim, Vocabulario costeño, (Barranquilla: Gobernación del Atlántico, 1994), págs. 371 y 681 (1ª edición: 1922). Bogas eran las personas que trabajaban en los medios de transportes de las vías fluviales (champanes y bongos construido ahuecando troncos de grandes árboles), impulsándolos con sus fuerzas y utilizando grandes pértigas que se apoyan en el lecho de las corrientes o en las laderas de las mismas. Su forma de vida llevó a que el término adquiriera un carácter peyorativo para designar a una persona de malas costumbres. David Peñas, Los bogas de Mompox. Historia de un zambaje, (Bogotá: Tercer Mundo, 1988).

6713 Mauricio Archila, Cultura e identidad obrera Colombia 1910-1945, (Bogotá: Cinep, 1991); Renán Vega, Gente muy rebelde, tomo 1, (Bogotá: Pensamiento Crítico, 2002), págs. 339-436; Sergio Paolo Solano, Puertos, sociedad y conflictos en el Caribe colombiano, 1850-1930, (Bogotá: Observatorio del Caribe Colombiano-Universidad de Cartagena-Ministerio de Cultura, 2003).

6814 John Womack jr., Posición estratégica y fuerza obrera. Hacia una nueva historia de los movimientos obreros, (México: El Colegio de México-FCE, 2007), págs. 15-77. Hasta bien entrado el siglo XX los trabajadores industriales ingleses especializados mantuvieron disputas con las administraciones por el control y las formas de trabajo en algunas áreas de las fábricas. Ver: Eric Hobsbawm, “Valores victorianos”, en Gente poco corriente, (Barcelona: Crítica, 1999), págs. 91-111.

6915 Sergio Paolo Solano, Puertos, sociedad y conflictos en el Caribe colombiano, 1850-1930.

7016 León Arredondo, Liberalism, working class formation and historical memory: dock worker in a Colombian frontier, (New York: thesis PhD City of University of New York, 2005), págs. 134-155.

7117 León Arredondo, Liberalism, working class formation and historical memory, pág. 134.

7218 E. P. Thompson, Tradición, revuelta y conciencia de clase, (Barcelona: Crítica, 1989), págs. 239-293; S. P. Solano, “Trabajo y ocio en el Caribe colombiano 1880-1930”, págs. 61-77; “Formación de los trabajadores fabriles en el Caribe colombiano”, en El Taller de la Historia , 1 (2001), págs. 79-121. Alcides Arguedas, La danza de las sombras , (Bogotá: Banco de la República, 1983), págs. 32-33; “La crónica. En el puerto”, en Archivo Histórico de Cartagena (AHC), El Demócrata, Magangué, marzo 8 de 1920. El caso de Ismael Escamilla, máximo dirigente de los trabajadores navieros durante los años 1940 es representativo: de origen campesino, en 1917 se trasladó con su familia a Barranquilla. En 1930 era albañil y después tintorero; en 1934 ingresó a trabajar en un vapor en calidad de aprendiz de ingeniero (mecánico) y en 1937 ascendió a sebero (quien aceitaba las máquinas de los vapores) y de aquí salió a dirigir las luchas del gremio. Biblioteca Nacional de Colombia (BNC), Semana, (Bogotá: junio 19 de 1948). La queja de los empresarios por la inestabilidad de los trabajadores aparece en José Vergara y Fernando Baena, Barranquilla su pasado y su presente, (Barranquilla: Banco Dugand, 1922), pág. 169; Sergio Paolo Solano, “Trabajo y ocio en el Caribe colombiano 1880-1930”, en Historia y Cultura, 4 (1996), págs. 61-77.

7319 “Barranquilla, por su comercio… atrae los brazos que en cierta época del año están ociosos en otros lugares, pero pasada esa época, apenas quedan los suficientes para el diario trajín. Qué de extraño tiene pues que los brazos trabajadores, aprovechándose de la escasez se nieguen a prestar sus servicios por la misma suma que antes?”. “La huelga”, en Biblioteca Luís Ángel Arango (BLAA), colección de prensa microfilmada, El Porvenir, Cartagena, mayo 14 de 1893. Sobre la continua escasez de mano de obra en el Caribe colombiano en el siglo XIX ver: “Informe del Gobernador de la Provincia de El Carmen”, en BLAA, Gaceta Oficial del Estado Soberano de Bolívar, Cartagena, noviembre 30 de 1862; “Informe del gobernador de la provincia de Barranquilla”, en BLAA, Gaceta de Bolívar, Cartagena agosto 28 de 1870; “Admirables vecinos”, en BLAA, El Porvenir, Cartagena, mayo 14 de 1893; Archivo Histórico del Departamento del Atlántico (AHDA), El Promotor, Barranquilla, octubre 27 de 1888, y BNC, La Industria, Bogotá, abril 26 de 1888.

7420 Archivo Concejo Municipal de Barranquilla (ACMB), Libro de 1847, minutas. Sesión del 26 de agosto de 1847; Archivo General de la Nación (Colombia), Sección República, Fondo Gobernaciones, rollo 141, folios 1024. Para finales del siglo XIX el comercio de Barranquilla financiaba una especie de policía cívica cuyo radio de operación era el área comercial y portuaria. En los libros de minutas de los años de 1840 y 1850 del Concejo Municipal de Barranquilla, aparecen extensos listados de las cuadrillas de cargueros y de los bogas.

7521 Sobre la prestación y organización del servicio personal subsidiario ver: “Ley (19 de marzo de 1834) Sobre la organización y régimen de las provincias, cantones y distritos parroquiales”, en Codificación Nacional. Leyes de 1834, (Bogotá: Imp. Nacional, 1925), y “Ley (21 de junio de 1842) Sobre la administración parroquial”, en Codificación Nacional. Leyes de 1842, (Bogotá: Imp. Nacional, 1927). En 1908 el ingeniero oficial que estaba al frente de la construcción de un carreteable entre las poblaciones de Tolú, Sincelejo y Corozal, señalaba la importancia de la cuadrilla como forma de organización de los jornaleros y la imposibilidad de adelantar los trabajos cuando los capataces intentaban desarticularla. “Informe que presenta al Ministerio de Obras Públicas el Señor Ingeniero Director de las carreteras de Tolú a Sincelejo, Sampués y Corozal”, en BNC, Diario Oficial, (Bogotá: febrero 17 de 1908).

7622 En su orden, estos términos se empleaban para designar la marca que se le colocaba al ganado con hierro candente; separación de las reses por edad; y transportes del ganado atravesando ciénagas y ríos.

7723 Oscar Arquez, “Vaqueros y corraleros en la depresión momposina”, en Boletín Historial 26 (1993), págs. 215-236; Hermes Tovar, Hacienda colonial y formación social, (Barcelona: Sendai, 1982), págs. 169-191.

7824 AHDA, La Prensa, (Barranquilla: octubre 17, 18 y 24 de 1933 y octubre 29 de 1936).

7925 La huelga” y “Editorial La huelga”, en BNC, El Anotador, (Barranquilla: mayo 2 y 4 de 1893); “La huelga”, BLAA, El Porvenir, (Cartagena: mayo 14 de 1893). “Editorial”, en BNC, Diario de la Tarde, (Barranquilla: abril 27 y mayo 1° de 1893). Miguel Goenaga, Lecturas locales, (Barranquilla: Tip. Goenaga, 1952), pág. 90.

8026 “Huelga”, en BLAA, El Porvenir, (Cartagena: febrero 17 de 1910); “La huelga de Barranquilla. Carta de Jorge N. Abello”, en BLAA, El Porvenir, (Cartagena: febrero 27 de 1910); AHDA, Rigoletto, (Barranquilla: marzo 25 de 1910). AHDA, El Pueblo, (Barranquilla: febrero 16 a 21 de 1910).

8127 Cuando los braceros del muelle de La Machina de Cartagena decretaron la huelga el marzo de 1913, “la empresa puso inmediatamente un tren expreso a Turbaco y trajo suficiente número de peones para que no se interrumpieran los trabajos”, los que solo se enganchaban si se les ofrecían jornales más altos. “Huelga de cargadores”, en BLAA, El Porvenir, (Cartagena: marzo 26 de 1913), lo que se volvió a repetir en 1920. “Sobre la huelga”, en BLAA, El Porvenir, (Cartagena: junio 2 de 1920).

8228 Sobre las quejas en Barranquilla por los incumplimientos de los bogas ver: ACMB, Libro de 1843, actas. Cabildo parroquial. (Acta de las sesiones de junio 14 de 1843). Sergio Paolo Solano, “Comercio, transporte y sociedad en Barranquilla durante la primera mitad del siglo XIX”, en Boletín Cultural y Bibliográfico 21 (1989), págs. 24-34.

8329 El patrón o práctico era la persona con conocimientos y experiencia en la conducción de las embarcaciones en un río que presentaba muchas dificultades.

8430 Sergio Paolo Solano, Puertos, sociedad y conflictos en el Caribe colombiano, 1850-1930, págs. 35-52.

8531 El código de comercio marítimo en su artículo 54 consagraba: “Son atribuciones del naviero [empresario]: 1) Nombrar persona que gobierne la nave o mandarla por sí mismo, si fuere apto para capitán. 2) Elegir los hombres del mar que deban componer la tripulación, entre los que proponga el capitán. Pero no podrá obligar a éste, a que reciba en la tripulación hombre que no sea de su elección”. “Código de Comercio”, en BNC, Diario Oficial, (Bogotá: septiembre 15 de 1870). Julio Acosta, Manual del navegante, (Barranquilla: 1945), pág. 94.

8632 ACMB, Libro de 1843, actas. Cabildo parroquia l . (Acta de las sesiones de junio 14 de 1843).

8733 ACMB, Libro de 1847, minutas. Sesión del 26 de agosto de 1847. Para finales del siglo XIX el comercio de Barranquilla financiaba una especie de policía cívica cuyo radio de operación era el área comercial y portuaria.

8834 “Ley 46 (25 de diciembre de 1873) Que crea Inspectores de bogas”, en Recopilación de leyes del Estado Soberano de Bolívar de 1857 a 1875, (Cartagena: Imp. de A. Araujo, 1876), págs.87-88. En 1875, en vista de que las continuas guerras civiles colocaron en peligro la navegación de los vapores por las arterias fluviales, el gobierno nacional tomó el control de todo lo que tenía que ver con la legislación sobre navegación fluvial, haciendo extensiva a esta la legislación sobre tráfico marítimo (Código de Comercio Marítimo expedido en 1870). “Código de Comercio”, en BNC, Diario Oficial, (Bogotá: septiembre 15 de 1870).

8935 Theodore Nichols, Tres puertos de Colombia, (Bogotá: Banco Popular, 1973), págs. 111-119; Gabriel Poveda, Vapores fluviales en Colombia, (Bogotá: Tercer Mundo-Colciencias, 1998), págs. 139-140, 151-154, 166-168; Tomás Mcausland, “Historia de la navegación por vapor en el río Magdalena desde el año de 1824”, en Antonio Martínez Aparicio y Rafael Niebles (eds.), Directorio anuario de Barranquilla, (Barranquilla: Imp. El Comercio, 1892), págs. 4-43.

9036 “Decreto Número 15 de 1881 (8 de enero) Por el cual se reglamenta la navegación por el río Magdalena”, en BLAA, Diario de Bolívar, (Cartagena: mayo 28 de 1881).

9137 Eduardo Posada, El Caribe colombiano. Una historia regional (1870-1950), (Bogotá: Banco de la República-El Áncora 1998), págs. 260-267.

9238 Enrique Naranjo, “Intendencia de la navegación del río Magdalena y sus afluentes”, en Documentos. Anexos a la memoria que presenta el Ministro de Obras Públicas, (Bogotá: Imp. Nacional, 1917), p. 565; “Decreto Número 899 de 1907”, en BLAA, Registro de Bolívar, (Cartagena: octubre 22 de 1907).

9339 “Decreto Número 801 de 1923 (mayo 26) por el cual se reglamenta la expedición de patentes de navegación para los empleados a bordo de las naves”, en BNC, Diario Oficial 19.018 (Bogotá: 1923).

9440 Sobre los capataces integrados a las empresas ver “Decreto No. 499 de 1882”, en Memoria del Secretario de Hacienda dirigida al Presidente de la Unión para el Congreso de 1883, (Bogotá: Imp. N. Torres, 1883).

9541  En 1933 los paileros del puerto de Barranquilla se lanzaron a la huelga exigiendo la abolición del sistema de contratistas. AHDA, La Prensa, (Barranquilla: octubre 17, 18 y 24 de 1933). “Pailero… En Barranquilla dan este nombre… al que arma los cascos de los buques de planchas de hierro (a modo de pailas)”. P. M. Revollo, Costeñismos colombianos, pág. 193.

9642 Alejando López, Escritos escogidos, (Bogotá: Colcultura, 1976), p. 79 y ss.; Mario Alario di Filippo, Lexicón de colombianismos, (Cartagena: Bolívar, 1964), p. 239. Un sobreviviente de la huelga de 1928 en la zona bananera del Magdalena, recordaba: “Luchábamos también contra el contrato unilateral de la United que decía que uno tenía que someterse a los contratistas. El contrato disponía que el obrero que no se sometiera al contratista no tenía derecho al trabajo, y a la vez especificaba que el contratista era un obrero de la compañía”, C. Arango, Sobrevivientes de las bananeras, págs. 35-36; Gabriel Fonnegra, Bananeras testimonio vivo de una epopeya, (Bogotá: Tercer Mundo, 1980), p. 54. Para comienzos de los años treinta los trabajadores del puerto de Barranquilla (braceros y paileros) estaban luchando por una relación contractual directa con las empresas, aspiración que se empezó a contemplar desde 1928, cuando después de varios días de huelga, los braceros de Barranquilla y Puerto Colombia alcanzaron un acuerdo que contempló el fin del sistema de contratistas y el enganche directo a las empresas, el cumplimiento de la legislación laboral sobre el descanso dominical, entre otros puntos. AHDA, La Prensa, (Barranquilla: octubre 17, 18 y 24 de 1933). “Esta mañana se declararon en huelga los obreros del ferrocarril” y “Continua sin solución la huelga del Sindicato de Paileros de Barranquilla”, en AHDA, Diario del Comercio, (Barranquilla: junio 25 de 1931) y septiembre 16 de 1934. AHDA, La Prensa, (Barranquilla: abril 7 de 1928).

9743 Quiere esto decir, como lo sugiere Gareth Stedman Jones en su estudio sobre los trabajadores portuarios de Londres en la época victoriana, que las actitudes de los empresarios, al igual que de los trabajadores, frente a las formas de contratación no pueden ser vistas de manera rígidas, pues la racionalidad de la economía empresarial puede demandar la integración de los obreros a las empresas y la abolición del sistema de los contratistas. Gareth Stedman Jones, Outcast London. A study relationship between classes in Victorian society, (Oxford: Oxford University Press, 1971).

9844 E. Hobsbawm, “Los sindicatos nacionales en las zonas portuarias”, págs. 215-243.

9945 Como consecuencia del conflicto laboral de 1933 los obreros asumieron por su parte la obligación de seleccionar al personal de sus respectivos sindicatos, en forma que los afiliados a ellos fueran personas de alta solvencia moral, AHDA, La Prensa, (Barranquilla: octubre 17, 18 y 24 de 1933). En 1936, en medio de un enfrentamiento por la representatividad sindical de este grupo laboral, el sindicato de braceros dirigido por los comunistas acusaba a otro formado por iniciativa de los liberales de estar “... compuesto casi en su totalidad por elementos expulsados por sus malas artes y por ser saqueadores de bultos. Ellos fueron los responsables, dijo, que los braceros merecieran durante mucho tiempo el calificativo de malos elementos”. AHDA, La Prensa, (Barranquilla: octubre 29 de 1936).

10046 Sergio Paolo Solano, Puertos, sociedad y conflictos en el Caribe colombiano, 1850-1930, págs. 92-95.

10147 David Sowell, “La Sociedad Democrática de Artesanos de Bogotá”, en Varios, Colombia en el siglo XIX, (Bogotá: Planeta, 1999), pp. 189-216; Jaime Jaramillo, “Las Sociedades Democráticas de Artesanos y la coyuntura política y social colombiana de 1848”, en La personalidad histórica de Colombia y otros ensayos, (Bogotá: El Ancora, 1994), págs. 191-217; Anthony McFarlane, “Desordenes civiles y protestas populares”, en Varios, Colombia en el siglo XIX, págs. 21-73; “Visión comparada de los levantamientos en Hispanoamérica a finales de la colonia”, en Historia Caribe 4 (1999), págs. 119-146. En 1912 los artesanos más prestantes de Cartagena elevaron un memorial a la Cámara de Representantes pidiendo una política proteccionista para sus producciones; ver “Los artesanos de Cartagena”, en AHC, Penitente, (Cartagena: agosto 24 de 1912). En 1929 los zapateros barranquilleros pedían el aumento del gravamen al calzado importado para evitar la competencia. “La Junta obrera de defensa de la industria nacional del calzado”, en AHDA, La Prensa, (Barranquilla: julio 15 de 1929).

10248  E. P. Thompson, Costumbres en común, (Barcelona: Crítica 1995), págs. 213-293.

10349 Por orden de Londres, los agentes de la Alianza de Transportes Fluviales despidieron a los “artesanos” de los talleres (“mecánicos, herreros, etc.”) y a los braceros los colocaron ante el despido o la rebaja del jornal en un 33%. “Niebla que aumenta”, en BLAA, El Porvenir, (Cartagena: marzo 23 de 1911).

10450 La misma idea subyace, aunque ahora expresada con un lenguaje clasista, en la huelga que en 1934 adelantaron los trabajadores de Tejidos Obregón cuyo discurso tenían como proposición básica la idea de la “inmoralidad” cometida por los propietarios de la fábrica quienes “despilfarraban” las ganancias en el extranjero, lo que se hacía sobre las privaciones de los trabajadores y a costa de lo que se consideraba una obligación moral del empresario quien debía invertir en la creación de fuentes de trabajo y el progreso nacional.

10551 “Qué de extraño tiene pues que los brazos trabajadores, aprovechándose de la escasez se nieguen a prestar sus servicios por la misma suma que antes?”. “La huelga”, en BLAA, El Porvenir, (Cartagena: mayo 14 de 1893). La idea de que el trabajo era la fuente de toda riqueza ya era moneda corriente entre los círculos intelectuales de la Costa. S. P. Solano “Trabajo y ocio en el Caribe colombiano 1880-1930”, págs. 61-76.

10652 “Paro general”, “Alrededor del paro general de mañana”, “La huelga de hoy” y “Sobre la huelga”, en BLAA, El Porvenir, (Cartagena: mayo 28 y 31, junio 1° y 2 de 1920). Sus luchas también implicaban mecanismos de información y relación con el resto de la población. En 1910 los carpinteros del muelle de La Machina publicaron hojas volantes en la que explicaban a la población los motivos del paro, y en ese mismo año en el paro general en Barranquilla los trabajadores organizaron comisiones que se desplazaron a barrios y otros establecimientos laborales para ganar solidaridad. “De todo y para todo. Los carpinteros” y “La huelga de Barranquilla. Carta de Jorge N. Abello a El Porvenir”, en BLAA, El Porvenir, (Cartagena: enero 19 y febrero 26 y 27 de 1910).

10753 Sergio Paolo Solano, “De bogas a navegantes: los tripulantes de los barcos de vapor del río Magdalena (Colombia), 1850-1930”, en Historia Caribe 3 (1998), págs. 55-70;

10854 M. A. Filippo, Lexicón de colombianismos, pág. 61. El mencionado capitán alude a esa diferenciación: “braceros y mozos de tranvía”. Con el desarrollo del transporte de carga terrestre surgió el “cotero” (“Faquín que se emplea para cargar camiones”), Filippo, Lexicón de colombianismos, pág. 82. Ya para los años veinte el adjetivo “carguero” había caído en desuso. A. Sundheim, Vocabulario costeño, pág. 157.

10955 “Directorio Obrero”, en AHDA, Rigoletto, (Barranquilla: enero 25 de 1915); “Sociedad de Braceros de Cartagena”, en BLAA, El Porvenir, (Cartagena: junio 20 de 1920).

11056 “Anoche quedó terminada la huelga…”, en AHDA, La Prensa, (Barranquilla: abril 10 de 1928).

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Para citar este artículo :

Sergio Paolo Solano, « Las disputas por el control del mercado laboral en los puertos del Caribe colombiano, 1850-1930 », Boletín AFEHC N°47, publicado el 04 diciembre 2010, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=2547

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