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AFEHC : articulos : Asociacionismo y urbanización costera: Una pesquisa en torno al litoral norte de La Habana (1920-1958) : Asociacionismo y urbanización costera: Una pesquisa en torno al litoral norte de La Habana (1920-1958)

Ficha n° 2548

Creada: 26 diciembre 2010
Editada: 26 diciembre 2010
Modificada: 18 enero 2011

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Autor de la ficha:

Maikel FARIÑAS BORREGO

Editor de la ficha:

Elizet PAYNE IGLESIAS

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Asociacionismo y urbanización costera: Una pesquisa en torno al litoral norte de La Habana (1920-1958)

Con el propósito de descubrir el origen de algunas de las actuales diferencias socio-urbanísticas de La Habana, se indaga aquí en el papel que desempañaron los clubes de recreo del tipo «yacht club» en su relación con algunas urbanizadoras. El resultado arrojó el conocimiento de cinco modelos posibles de comportamiento en la expresada interacción entre asociaciones formales y empresas urbanísticas. De tal suerte, se pudo conocer el modo en que, entre 1920 y 1958, se configuró la expresión territorial de las diferencias sociales y las vías por las que esta terminó por generar un favorable desarrollo urbano hacia el norte de la ciudad.
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Palabras claves :
Cuba, Asociacionismo, Urbanización, Yacht club, Empresas, Ocupación real del espacio
Autor(es):
Maikel Fariñas Barrego
Fecha:
Diciembre de 2010
Texto íntegral:

Introducción

1En La Habana de épocas pasadas se contaban entre los pasatiempos mejor acogidos algunos eventos en los que, El malecón [llegaba a quedar], cubierto totalmente de personas, [y] resplandecía de entusiasmo. Los automóviles, en una extensión de más tres millas, con los radiadores hacia el golfo, lo ocupaban en toda su longitud. Los peatones en interminable fila […] [invadían] la parte destinada a esta clase de pasantes. Los balcones, desde la Glorieta hasta Vista alegre, repletos también de familias, lucían hermosas colgaduras, sobresaliendo los del Unión Club, en los que pendían las banderas de los contendientes1.

2La instantánea descrita pertenece a una de las tantas regatas que tomaran por escenario el malecón habanero durante la primera mitad del siglo XX. Los acontecimientos de la náutica deportiva tenían muy buena acogida de público, que solía desbordarse frente al mar para disfrutar del espectáculo.

3De acuerdo con las bases por las que se convocaba la competencia, los contendientes eran generalmente miembros de «clubes náuticos» o «yacht clubs». Denominados de uno u otro modo, estas formas de sociabilidad formal, han sido descritas como organizaciones de propietarios de botes de placer, que usualmente mantienen muelles y una casa club para fiestas y reuniones; así como suelen patrocinar con frecuencia competencias navegación2.

4Hasta 1958, fecha en que se inscribió la última de las sociedades de este tipo, se llegaron a fundar en La Habana cerca de 40 clubes que tenían las denominaciones mencionadas3, aunque, como es de suponer, no todos persiguieron los mismos fines.

La configuración urbanística y los clubes

5Cierto es que la mayor parte de los lugares donde se ubicaron estas asociaciones en el pasado se conservan hasta hoy como privilegiados emplazamientos en los que se han obrado magníficas urbanizaciones. Se hace necesario estudiar este proceso: ¿Cuál sería la relación posible entre los «yacht club» y las compañías urbanizadoras en el trazado socio-urbanístico de la ciudad de La Habana? ¿Cómo podían algunos clubes de recreo, sin dejar de serlo, accionar mecanismos que surtieran efecto sobre el crecimiento de la ciudad en que se asentaban? ¿Acaso este proceso de colonización espacial y su vinculación con el urbanismo estaba relacionado con el tipo de actividad social específica a que se dedicaban algunas de estas sociedades?

6Los clubes sobre quienes se indaga en estas páginas, solían ubicarse en los perímetros exteriores de los centros urbanos, a los que de una u otra forma quedaban vinculados. Con razón puede decirse, si estaba entre sus primeras intenciones el “marcar distancias” respecto a la aglomeraciones humanas inherentes una ciudad −o al menos evadir sus centros más congestionados−, aunque por el carácter de sus actividades generalmente se les considerase como sociedades típicamente urbanas.

7Sin duda, la caracterización del marco espacial donde se desarrolló por estos años este tipo de sociabilidad, es trascendental para su estudio. De hecho, este análisis debe servir para comprender, desde la perspectiva de su lugar de establecimiento, qué debe entenderse por un «yacht club». A ojos vistas salta la obligatoriedad requerida en la proximidad relativa de estos clubes a espacios acuáticos, que pueden ser concentraciones marítimas, fluviales o lacustres. La peculiaridad de esta tipología asociativa es que su asentamiento idóneo requiere de un espacio ribereño para la interacción con lo que se supone sea su necesidad existencial asociativa fundamental: el ambiente náutico.

8Concluido el primer cuarto del siglo XX, el joven Alejo Carpentier al referirse a los repartos que se distinguían en la periferia de La Habana explicaba: “A pesar de todas sus magnificencias, el Vedado no es sino la antesala para penetrar en los verdaderos repartos, que se extienden más allá del río Almendares4…” Se señalaba con ello el carácter urbanístico de aquellos lugares que por preferencia solían rodear a estas formas asociativas.

9En los terrenos costeros al otro lado de la demarcación fluvial se ubicaron muchos de los clubes que adoptaban perfiles de recreo afines a la náutica5. Sobre este aspecto el historiador de la ciudad Emilio Roig indicó que en la Capital existía un tipo de edificaciones que contribuía “…a dar a La Habana su fisonomía propia…” refiriéndose a los “clubs-balnearios” que se sucedían en el litoral desde el Vedado Tennis Club hasta el Biltmore6.

10Según se trasluce más adelante, en el mencionado texto de Carpentier, entre ellos estaban algunos de los clubes de mayor jerarquía social en la época:

11Paralelamente a su vida industrial y urbana, la vida social de La Habana ha adquirido singular intensidad en estos últimos años. Como consecuencia de ello, poseemos algunas aristocráticas asociaciones y clubs, entronizadas en suntuosos palacios. Entre ellos es menester señalar en primer término al Havana [sic] Yacht Club, que tiene uno de los más bellos edificios del mundo, en su género. Cerca del nuevo puente del Almendares, se alza la lujosa mansión del Vedado Tennis Club7.

12Para estos grupos humanos, ante el aumento de las formas de participación de otros sectores sociales en la ciudad, se trataba de la necesidad de buscar nuevos barrios, que fuesen “...limpios, blancos…” y capaces de ofrecer a quienes le frecuentasen, o habitasen allí, “…todas las comodidades8…”

13Este tipo de procesos, a los que sin dudas se refiere el arquitecto cubano Mario Coyula, ha terminado por caracterizar a “…muchas ciudades [que] presentan aspectos opuestos coexistiendo en bolsones o capas superpuestas…” con la consiguiente diferenciación espacial de la urbe. Sobre esto último, el autor mencionado analiza “…las desigualdades sociales y su expresión territorial en una ciudad costera por donde se mueven los visitantes, y una ciudad del sur, [que él llama] La Habana profunda9…” Fenómeno este que se relaciona evidentemente con un proceso histórico, originado, en algunos casos, hasta casi cien años atrás. De ahí que en el presente estudio se trace el propósito de descubrir el origen de algunas de las actuales diferencias socio-urbanísticas de la ciudad de La Habana.

El furor por organizar clubes

14Por lo general la forma en que han sido enfocados estos fenómenos citadinos ha violentado el orden de los sucesos. Contrario a lo que se supone, los clubes estudiados lejos de buscar emplazamiento en lugares de privilegiada composición urbanística fueron ellos quienes generaron esos característicos “repartos” y formaron parte consustancial de los atributos que les llevaron a ser considerados como confortables, estéticamente placenteros, higiénicos e idóneos para vivir. Hasta la fecha el caso más conocido entre las instituciones con inclinaciones en este sentido fue el Country Club de La Habana pero, como se verá más adelante, no fue este el único en servir a los intereses de las urbanizadoras10.

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la fachada del Habana Yacht Club
la fachada del Habana Yacht Club

16En 1928, el Habana Yacht Club, que había sido fundado en los tiempos de la colonia, reaccionó con síntomas de querer adaptarse al inevitable avance de la ciudad, que ahora llegaba hasta sus predios. Al decir de sus asociados este Club “…no es ni puede ser ya el círculo restrictivo, adusto, severo, íntimo, aristocrático, intransigente, casi conventual, de hace veinte y cinco años; ocupamos un sitio que ya es casi un barrio de la Habana […] La urbe se nos viene encima y es imposible impedirlo. Esto es ahora un sitio de actividad, de vida, de movimiento, de acción11….”

17Alrededor de la segunda y tercera décadas del siglo xx comienza una nueva expansión de este fenómeno asociativo. “Se ha destapado tal furor por organizar clubs náuticos, que, de seguir por esa senda, vamos a resultar el ‘terror d’ os mares12’…”, así decían los contemporáneos de esas incidencias en la vida social.

18El impacto cultural de las formas de recreo que potenciaban los clubes especializados en la náutica, hizo furor en la época y provocó el surgimiento de múltiples nuevos clubes y de no pocas “dependencias náuticas” en La Habana13. Sin embargo, la nueva atracción por estas actividades ahora estaba respaldada también por el interés de ciertas empresas urbanizadoras que veían en ello un filón de oro. Con todo, es preciso señalar que la nueva moda interesó también a algunos sectores de capas populares que llegaron a fundar sus propios clubes, aunque por sus escasos recursos durasen poco o careciesen de los destellos de los grandes clubes del ramo14.

19En los Estados Unidos se desarrollaba el mismo fenómeno que ocupaba el interés de las urbanizadoras, y el asunto llamaba la atención de los verdaderos yatistas:

20Aunque recientemente se ha hablado de la organización y constitución de muchos nuevos clubs de yachting en las costas floridanas, en su mayoría han sido iniciados con objeto de darle atractivos a determinados lugares de aquellas costas por compañías o agentes dedicados a la venta de terrenos, quienes una vez conseguido su objetivo se han retirado, quedando los clubs sin organización o a medias organizados, sin casa ni flota15.

21En Cuba, el publicitado prestigio de los grandes clubes −como el Habana Yacht Club (1886), el Vedado Tennis Club (1902), o el Country Club de La Habana (1912)−, producto de la distinción social de sus asociados que eran los más prominentes miembros de la burguesía habanera, agenciaban la formación de una imagen de éxito que interesaría siempre al que adquiriese lotes de terrenos en estos repartos. Los clubes de este corte dieron inicio a una larga serie de imitadores que engarzaron su actividad societaria junto con la ocupación real del espacio y el posterior desarrollo urbanístico del enclave donde se asentaron.

22Sin embargo, debe reconocerse que los asentamientos poblacionales promovidos por las urbanizadoras en ocasiones quedaron muy estrechamente nucleados en torno a este tipo de sociabilidad. Incluso la mayor parte de las veces el club mismo llevaba el nombre de la barriada que se pretendía exaltar y desarrollar.

23Revisemos algunos casos:

24Miramar Yacht Club, 1926

25

Casa-club del Miramar Yacht Club
Casa-club del Miramar Yacht Club

26Este Club recibió el beneplácito del HYC, decano de los clubes de esta clase en Cuba, al considerarle como el único digno de crédito hasta la fecha de su fundación, 1926. “El ‘ Miramar Yacht Club ’ es una institución netamente criolla, nacida al calor de una necesidad verdaderamente sentida y organizada por distinguidos elementos de la sociedad cubana.”. De igual modo, según sus palabras en el momento, argüían lo siguiente: “el ‘_Miramar Yacht Club_’, no es una empresa, no es un negocio, no encierra especulación mercantil16”. Al parecer, era necesario aclarar esto último dado que comenzaban a surgir asociaciones que se constituían con arreglo a intereses económicos, antes que sociales.

27

 Vista aérea de la urbanización de Miramar
Vista aérea de la urbanización de Miramar

28Aunque no todos los nuevos clubes surgieron bajo “…impulsos mercantilistas sino por la gestión directa de residentes estables17…”, como ocurrió en este caso, todo parece indicar que algunas empresas supieron ganar provecho de esas iniciativas. Se trata de la Urbanizadora del Parque y Playa de Marianao que era propiedad de Carlos Miguel de Céspedes, José Manuel Cortina y Carlos Manuel de la Cruz, desde 1916. El primero de ellos era también propietario de la inmobiliaria North Havana Land Company, socio vitalicio y comodoro de este «yacht club», dueño de su buque insignia, casualmente llamado Miramar, que le había costado la friolera de $ 10, 000.0018.

29Havana Biltmore Yacht & Country Club, 1927

30“Las ciudades crecen hacia el Oeste”, así rezaba el título de un anuncio publicitario en el que se promovía la venta de terrenos en el reparto residencial Biltmore. El fundamento de tal afirmación estaba dado por el sostenido crecimiento que hacia esa dirección cardinal llevaba La Habana, al menos hasta esa fecha:

31El Habana Biltmore constituye en estos momentos una excelente oportunidad para invertir cualquier cantidad de dinero desde $ 5,000.00 en adelante (precio de un lote de 34 × 58.95 varas) y aumentarlo con toda seguridad, en poco tiempo, y hasta duplicarlo [...] El crecimiento de la Ciudad de la Habana, hacia el Reparto Biltmore, asegura un magnífico futuro para estos terrenos privilegiados por sus playas, sus clubs [...] [que] han permitido una urbanización moderna y saludable. Por sus vías de comunicación, dobles vías, número de casas que se están construyendo, por ser un barrio estrictamente residencial, hacen de él una de las mejores ofertas actualmente en la Habana19.

32Utilizado como slogan para la venta de terrenos al oeste de la ciudad, este club y su revista, de donde extrajimos el anuncio, se convirtieron en voceros del interés de la firma de Alberto G. Mendoza e Hijos, la firma propietaria del reparto. John McEntee Bowman y Charles Flyn fueron sus constructores y urbanizadores, el primero de ellos era la cabeza de la mayor cadena de hoteles en los años de 1920. La urbanización del lugar había sido aprobada desde 1944 y se conoce que en el se establecieron muchos de los norteamericanos que se avecinaron en Cuba después de la segunda guerra mundial20.

33La imbricación entre la Cía. Havana Biltmore Yacht & Country Club y el Club homónimo era la más estrecha entre los casos aquí presentados. Para desempeñar cualquier cargo en la Junta Directiva de esa sociedad se requería ser socio residente o vitalicio, que a su vez fuese accionista de la Compañía. Incluso este era el único club en el que algunos de sus cargos, específicamente los de Presidente y Comodoro, eran remunerados, en los restantes clubes la totalidad de los cargos eran honoríficos y gratuitos21.

34Tarará Yacht Club, 1928

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Tarará Yacht Club
Tarará Yacht Club

36Con miras a obtener jugosos dividendos fueron organizados clubes en estrecha vinculación con empresas urbanísticas. Sin embargo, el caso que nos ocupa puede ser el más representativo entre los clubes que, pese a haber sido concebido con fines de lucro, terminó por convertirse en una sociedad defensora de los intereses comunitarios de la misma barriada que fomentó.

37En 1912 el ingeniero norteamericano Royal S. Webster fundó la compañía urbanística Tarará Land Company, al Este de La Habana. Dieciséis años después este desconocido inmigrante para la Historia de Cuba fundó, junto a otras personas, el Tarará Yacht Club y fue, al parecer, su presidente hasta su fallecimiento, ocurrido en 195622.

38Desde la fundación en 1928, y hasta el fin de la república neocolonial se desarrolló allí una comunidad urbana que es hoy identificable a lo que comúnmente se reconoce como un “reparto”. El espacio construido − fundamentalmente desarrollado a fines de los años cuarenta, y más que todo en la década de los cincuenta −, debía su evolución a la interacción de tres entidades la Tarará Land Company, la Asociación de Propietarios de Tarará y el Tarará Yacht Club, y, obviamente, a los intereses del señor Webster.

39A tal extremo llegó la vinculación de esta persona y las actividades a que se dedicaba con el desarrollo de la comunidad urbana que allí se creó, que, en 1947 en una asamblea general del TYC, uno de los socios afirmó “que Tarará debería llamarse en su honor ‘Ciudad Webster23’.” Un año después en el propio club se reconocía haber mantenido muy buenas relaciones con las otras dos entidades con quienes compartía sus desvelos por la localidad24.

40En sus informes se expresaban ideas como la que sigue: “En nuestra playa hay tres organismos: la Tarará Land Company, la Asociación de Propietarios y el Tarará Yacht Club, sobre los cuales descansa el progreso de la Zona Residencial25 de Tarará.” Modos de pensamiento que descubren la significación local de entidades como las citadas y revelan las necesidades, las formas de participación social, las estrategias de que se valían los residentes para solucionar sus dificultades y allegarse una vida mejor ante el abandono del Estado. Según el análisis del historiador Pablo Riaño, en un estudio sobre las asociaciones en la antesala de la Revolución: “Las asociaciones cívicas se convirtieron, antes del triunfo revolucionario, en paladines contra los graves problemas que afectaban la vida cotidiana del ciudadano cubano25…”

41Club Náutico de la Playa Santa Fe, 1939

42Para algunos de los habitantes de pequeños poblados comenzó a ser evidente que el fomento de entidades como las descritas, favorecería el desarrollo de sus comunidades. Es decir, se trataba de un movimiento a la inversa en el cual algunos sectores de un asentamiento poblacional ya constituido se organizaban en una sociedad de recreo para asegurar el interés de sus vecinos y propietarios.

43Según el texto de su reglamento, era esta una “…sociedad organizada por los propietarios, comerciantes y vecinos de la Playa de Santa Fe…” En la redacción de los objetivos que se proponía quedaba expuesta con claridad la voluntad de promover el desarrollo local, en sentido urbanístico y económico; estos eran:

441ro “Luchar por el mejoramiento de las condiciones de urbanismo de la playa…”
2do “Procurar levantar el estandard [sic] económico haciendo una intensiva propaganda (…), a fin de atraer al capitalista, para que invierta, procurando que el turismo la visite, solicitando la cooperación del Gobierno y Comisión del Turismo a los fines indicados26.”

45Lo más interesante de este caso era la flexibilidad de los involucrados pues, ante la imposibilidad de lograrlo por sí solos, acogerían con igual beneplácito tanto las inversiones privadas como la cooperación del gobierno, o de alguno de sus programas. O, en el mejor de los casos, preferían alcanzar la doble interacción pública y privada, en aras de avanzar hacia el desarrollo local.

46Celimar Yacht Club, 1952

47Para el Celimar Yacht Club todo giraba en torno al negocio y la posesión, o no, de terrenos o residencias en el lugar en que se establecía. De hecho, el asunto quedaba definido desde las categorías mismas de sus asociados, por lo que estos en su mayoría se identificaban por el tipo de compromiso que formaban con el asentamiento poblacional que se pretendía desarrollar. Las categorías de asociados eran las siguientes:

481. Socios Protectores: Aquellos que contribuyeron a la creación y organización del club, con servicios o dinero.
2. Socios Honorarios y Diplomáticos: a) las figuras del gobierno de la República, los propuestos por la Junta General; b) funcionarios de las legaciones extranjeras en el país.
3. Socios Numerarios y Propietarios: Aquellas personas (naturales o jurídicas) que fueran propietarios terrenos o casas en la zona residencial del reparto Celimar.
4. Socios Numerarios Residentes: Los mayores de 21 años que no fueran propietarios de terrenos o residencias en el reparto.
5. Socios No residentes: Los que tuvieran su domicilio fuera de la provincia de La Habana
6. Asociados: Los jóvenes entre los 17 y los 25 años que no fueran propietarios de terrenos o residencias en el reparto.
7. Socios Vitalicios: Aquellos que pagaren una suma nunca menor a los $2,000.00.
8. Socios Transeúntes: Los que tengan su domicilio fuera de la provincia de La Habana, o del país. Esta condición de socio durará un mes salvo cuando se trate de un inquilino de alguna de las propiedades radicadas en la zona27.

49Los organizadores cuidaron aún más de la prosperidad de su inversión y establecieron que el gobierno del club quedaría constituido por nueve directores, cinco de los cuales serían designados entre los socios protectores, por la Compañía Propietaria del terreno y del edificio del club. De aquellos uno sería el representante legal del propietario del Club y de los cuatro restantes serán designados por la Junta General de Socios Protectores28. Esta asociación estaba vinculada a la Compañía Territorial Playa de Bacuranao constituida en 1949, que era una de las firmas propietarias de terrenos incluidas en la Zona Preferencial del Túnel de La Habana29. Territorio este último que a partir de 1954 era administrado por la Compañía de fomento del Túnel de La Habana, propiedad de Fulgencio Batista, con un capital ascendente a los $ 10, 000, 000.0030.

50Alamar Yacht Club, 1958

51La última de las sociedades concebida en estrecha relación con el propósito de empresas urbanizadoras que se intentó crear, fue el Alamar Yacht Club entre los meses de agosto a octubre de 1958, fecha en que aparece el último documento generado por la entidad.

52A pesar de que nunca llegó a funcionar como tal, el reglamento enviado al Negociado de Asociaciones del Gobierno Provincial recogía claramente los propósitos que una urbanizadora se trazaba por su conducto. En la definición de sobre quién recaería la dirección de la asociación propuesta quedaba siempre al descubierto la mano de los inversionistas de una empresa, que, como en este caso, ni siquiera era mencionada.

53La Junta de Gobierno del Alamar Yacht Club se compondrá de un número impar de directores […] de los cuales la mitad más uno serán designados por la compañía propietaria del Club, teniendo entre ellos el que la compañía designe en carácter de representante legal del propietario del Club […] y los restantes miembros de la Junta de Gobierno serán designados por la Junta General de Asociados31.

54Como puede constatarse el modus operandi era sospechosamente similar al de Celimar, lo cual bien podría revelar la copia del mismo modelo, antes empleado, o descubría la mano de la misma persona, natural o jurídica, a cuenta de quien corrían estos asuntos. A pesar de que en los textos de la asociación, no se reconozcan los vínculos con su ánima promotora, sí contamos con la información de la existencia de compañías como la Residencial Alamar, creada en 1947 y reestructurada en 1955. Esta era propietaria de los terrenos del Reparto Alamar que, como en el caso de Celimar_, fue una de las empresas favorecidas o promovidas por la _Compañía de fomento del Túnel de La Habana32.

55Tanto el Hotel Comodoro Yacht Club como el Copacabana Yacht Club, ambos de la década de 195033, parecen los precursores de los nuevos tiempos en los que la industria turística empezaba a utilizar la imagen de estos clubes para ofrecer sus productos. De hecho esta fue la nueva modalidad que, a partir de la segunda mitad del siglo XX, comprometió a estas viejas formas asociativas, ahora empaquetadas bajo los formatos de la industria del ocio. El negocio de las urbanizadoras dejó de ser una novedad, como se observa en la actualidad, es solo una de las formas registradas, es decir posibles, en que se pueden manifestar estas realidades. Con la nueva forma de interacción descrita, se marcó el inicio de una nueva época en la actuación, y usos de estas formas asociativas, cuyo estudio requerirá de empeños futuros.

Conclusiones

56La variedad de fondo en los propósitos o resultados de estos «yacht clubes» expresan la incidencia en La Habana de un fenómeno de alcance mundial que favoreció la creación de múltiples entidades de esta clase, así como la consecuente expansión urbanística. Sin embargo, sería un error considerar que todos los clubes surgidos de esta tipología obedecían únicamente al interés mercantil o urbanístico de algún sector.

57A modo de conclusión deben ser resumidos aquí las cinco variantes estudiadas que develaban el accionar de estas organizaciones citadinas y su papel en la configuración final de la urbe.

581ro El modelo de la asociación que se funda con exclusivos fines de recreo y cuya imagen y accionar es utilizado por alguna urbanizadora, para favorecer sus intereses. (MYC)

592do El modelo de la asociación que se convierte abiertamente en una prolongación de una empresa urbanizadora y vela directamente por sus intereses de aquella. (HBYCC)

603ro El modelo de la asociación que se crea con posterioridad a la fundación de una empresa urbanística de modo que es creada por esta para, discretamente, garantizar la consecución de sus propósitos. (CYC, AYC)

614to El modelo de la asociación que se funda con propósitos idénticos a los dos anteriores pero que en su posterior evolución sí logra convertirse en un verdadero polo de interacción local en beneficio comunitario. (TYC)
5to El modelo de la asociación que se funda con por los residentes de una comunidad ya establecida con miras a desarrollar su localidad, dado el éxito que ante sus ojos tuvieron algunos de los clubes antes analizados. (CNPSF)

62Los casos presentados señalan las formas de interacción posible entre empresas urbanizadoras y asociaciones formales. Este estudio identifica los modos de procedimiento luego repetidos hasta la saciedad, en muchos de los poblados promovidos; así como descubre la mano secreta del mercado en no pocas organizaciones de la sociedad civil. Con todo, la puesta en evidencia del trasfondo lucrativo en el origen de muchas de estas organizaciones no desmiente su papel como verdaderas sociedades de recreo. Trazar una definición estrecha que las conciba únicamente como producto de intereses de mercado reduciría enormemente las complejidades de la vida social; en ella tiene lugar la continua y dinámica imbricación de las más diversas agrupaciones humanas, cualquiera que fueren sus intereses.

63Los fines perseguidos no siempre fueron alcanzados por estas entidades, dado que no todas tuvieron una existencia lo suficientemente fructífera, o duradera, como para llevar a feliz término su empeño. Sin embargo, en los casos en que sí fue alcanzado este propósito, en el modo que pretendían las urbanizadoras tras el rostro de clubes como el Miramar Yacht Club o el Tarará Yacht Club, el trazado por ellos concebidos aún determina la configuración socio-urbanística de una parte importante de la ciudad de La Habana.

64Notas de pie de página

651 Comandante Mendivia, “De la parte de arriba”, en Habana Yacht Club, Vol. V, 27, (sep.-1927), pág. 35.

662 The New Enciclopædia Britannica, Enciclopædia Britannica, U.S.A., Vol – X, (Micropædia), (1983), pág. 785.

673 Solo en la provincia de La Habana, según su anterior demarcación, existieron 39 clubes que contenían denominaciones: «yacht» o «náuticos», esto es de acuerdo con los expedientes encontrados en el Fondo del Registro de Asociaciones del Archivo Nacional de Cuba (en lo sucesivo citaré las fuentes de esta procedencia como: ANC, FRA). De incluirse otras denominaciones como «marítimas», «navales», u otras, el número de sociedades de esta tipología sería mucho mayor, producto de la amplia acogida social que recibieron las formas de sociabilidad que vinculaban a diversos grupos humanos con múltiples actividades náuticas.

684 Alejo Carpentier, “La Habana moderna”, en El libro de Cuba (La Habana: Impreso en los talleres del Sindicato de Artes Gráficas de La Habana, 1925), pág. 472.

695 Al oeste de la ciudad, una vez cruzado el río Almendares, se ubicaban entre otros, el Casino Deportivo, el Club de Ferreteros, el Club de Profesionales, el Miramar Yacht Club, el Círculo Militar y Naval, La Concha, el Habana Yacht Club, el Club Náutico de La Habana, el Habana Biltmore Yacht & Country Club.

706 Emilio Roig de Leuchsenring, La Habana. Apuntes históricos, (La Habana: Editora del Consejo Nacional de Cultura, 1963), pág. 315.

717 Alejo Carpentier, “La Habana moderna”.

728 Alejo Carpentier, “La Habana moderna”, pág. 474. Aunque definitivamente no estaban, como dice el autor, “…al alcance de todas las fortunas…”.

739 Mario Coyula Cowley, “La ciudad del futuro o el futuro de la ciudad”, en Temas, 48 (oct.—dic., 2006), págs. 49 y 52.

7410 Eduardo Luis Rodríguez, “La Habana republicana: seis décadas de desarrollo urbano en la capital de Cuba”, en Temas, 24-25 (en.-jun., 2001), págs. 123 – 131.

7511 “Aumento o limitación de socios. El dilema candente del Habana Yacht Club”, en Habana Yacht Club, Vol. VII, 39 (sep.-1928), pág. 15.

7612 Salitre, “Derribando”, en Habana Yacht Club, Vol. VI, 20 (feb.-1927), pág. 22.

7713 Otras tipologías asociativas, ante el éxito social de los clubes vinculados a la náutica, comenzaron a buscar espacios en estas direcciones. Fenómeno social del que participaron entidades el Círculo Militar y Naval, el Casino Español de La Habana, la Asociación de Dependientes del Comercio de La Habana o las Hijas de Galicia. Por estos años también se crearon el Balneario de la Concha, que en verdad no se trataba de un club privado, sino de una playa pública, y el Club Náutico de Marianao, obra, y propiedad, de una sola persona el empresario Carlos A. Fernández Campos. Véase: Luís de Posada, “Clubes sociales y deportivos”, en Libro de Cuba, (La Habana: Talleres litográficos de Artes Gráficas, 1954), págs. 716, 735, 737, 739, 741; Guillermo Jiménez, Las empresas en Cuba, (La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 2004), pág. 229; El libro de Cuba, (La Habana, Impreso en los talleres del Sindicato de Artes Gráficas de la Habana, 1925), pág. 638; Julio Cesar González Pagés, Emigración de mujeres gallegas a Cuba: Las Hijas de Galicia (La Habana: Departamento de Cultura, Ayuntamiento de Vigo, /s. f. /), pág. 50 y 65.

7814 En este caso se encontraban el Baracoa Yacht Club (1926), el Club Náutico de la Playa de Guanabo (1929), el Río Yacht Club (1948), entre muchos otros. De hecho, otras asociaciones de este tipo, que empezaron a surgir desde el período de entre guerras mundiales, tenían propósitos muy distanciados de los aquí expuestos y su estudio debe ser examinado desde diferentes perspectivas. Véase: ANC, FRA.

7915 “Yatismo mundial. Notas y noticias de todas partes”, en Habana Yacht Club, Vol. II, 7 (en.-1926), pág. 20.

8016 Ambas citas tomadas de: Salitre, “Derribando”, en Habana Yacht Club, Vol. VI, 20, (feb.-1927), pág. 22.

8117 “Yatismo mundial. Notas y noticias de todas partes”, en Habana Yacht Club, Vol. II, 7, (en.-1926), pág. 20.

8218 Guillermo Jiménez, Las empresas en Cuba (La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2004), págs. 540-542; “El magnífico yacht Miramar…”, en Miramar Yacht club, 9 (sep.-1930), pág. intercalada después de la 244; Ramiro Cabrera, Navegando con Céspedes. Relato enrevesado – acaso instructivo – de un recorrido por los Cayos del Sur de la Isla de Pinos, en unión del Dr. Carlos de Céspedes y Ortiz. Domingo Macías, Felo Gronlier y Manuel Gómez Valle, (La Habana: Imp. Avisador Comercial, 1928), págs. 14 y 15.

8319 “Las ciudades crecen hacia el Oeste”, en Biltmore, I_3 (jun.-jul.-ago de 1948), pág. 13.

8420 Guillermo Jiménez, Las empresas en Cuba, págs. 30 y 31.

8521 Havana Biltmore Yacht & Country Club, Reglamento del Havana Biltmore Yacht & Country Club, (La Habana: Editorial Carbonell, 1957), pág. 31-32.

8622 Guillermo Jiménez, Las empresas en Cuba, pág. 271; véase igualmente: ANC, FRA, L-1108, E-23185.

8723 ANC, FRA, L-1108, E-23187, f. 69.

8824 ANC, FRA, L-1108, E-23186, f. 38.

8925 ANC, FRA, L-1108, E-23200, f. 24. (Marcadas en cursivas por M.F.B.)

9026 Pablo A. Riaño San Marful, “Asociaciones cívicas en Cuba en la antesala de la Revolución”, en Perfiles de la nación II, Comp. De María del Pilar Díaz Castañón, (La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2006), pág. 149.

9127 ANC, FRA, L-121, E-1549, f. 3.

9228 ANC, FRA, L-447, E-14813.

9329 ANC, FRA, L-447, E-14813.

9430 Guillermo Jiménez, Las empresas en Cuba, pág. 563.

9531 Guillermo Jiménez, Las empresas en Cuba, págs. 258-260.

9632 ANC, FRA, L-144, E-2276, fs. 16 y 17.

9733 Guillermo Jiménez, Las empresas en Cuba, págs. 519 y 520.

9834 Guillermo Jiménez, Las empresas en Cuba, pág. 351.

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Para citar este artículo :

Maikel Fariñas Barrego, « Asociacionismo y urbanización costera: Una pesquisa en torno al litoral norte de La Habana (1920-1958) », Boletín AFEHC N°47, publicado el 04 diciembre 2010, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=2548

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