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AFEHC : articulos : Costas, Islas y fronteras en la formación del Estado-nación en Honduras : Costas, Islas y fronteras en la formación del Estado-nación en Honduras

Ficha n° 2550

Creada: 31 diciembre 2010
Editada: 31 diciembre 2010
Modificada: 09 enero 2011

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Autor de la ficha:

Elizet PAYNE IGLESIAS

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Costas, Islas y fronteras en la formación del Estado-nación en Honduras

En este trabajo se pretende presentar algunas propuestas para el estudio de los territorios en los albores del Estado Nacional en Honduras. Se abordará fundamentalmente el siglo XIX, debido a que es un momento clave para comprender la forma cómo se fueron creando los espacios y las identidades dominantes, así como, por otro lado, aparecieron las expresiones alternativas locales o regionales. Esto sucede particularmente en Honduras, país caracterizado en los siglos XIX y XX por regionalismos y localismos enfrentados o coexistentes con la cultura dominante.
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Palabras claves :
Costa Norte, Islas de la Bahía, Geopolítica, Nación
Autor(es):
Elizet Payne Iglesias
Fecha:
Diciembre de 2010
Texto íntegral:

1

Introducción

2Los estudios sobre el papel de las costas, islas y fronteras en la construcción de las naciones, resultan esenciales porque es a partir de estos espacios desde donde se elaboran las dimensiones, límites, poblaciones y culturas que conforman el Estado nacional. Tarea para nada fácil debido a que, en dicho escenario participan múltiples sectores: los Estados vecinos, las potencias y la diversidad de poblaciones y/o naciones que habitan el territorio.

3En este trabajo se pretende presentar algunas propuestas para el estudio de estos territorios en los albores del Estado Nacional en Honduras. Se abordará fundamentalmente el siglo XIX, debido a que es un momento clave para comprender la forma cómo se fueron creando los espacios y las identidades dominantes, así como, por otro lado, aparecieron las expresiones alternativas locales o regionales. Esto sucede particularmente en Honduras, país caracterizado en los siglos XIX y XX por regionalismos y localismos enfrentados o coexistentes con la cultura dominante.

4En la mayoría de los países latinoamericanos, la elaboración de la Nación se efectuó desde los centros de poder localizados en el interior de los territorios, lo que se favoreció con la consolidación de una identidad y una cultura dominante “centralizada” que proyectaba sus ideales a los territorios periféricos o fronterizos, regionales o locales. En Colombia por ejemplo, la mentalidad hegemónica resultante fue la andina, como la ha demostrado Alfonso Múnera1; y en Costa Rica fue la cultura del Valle Central, como lo ha señalado el historiador Iván Molina2.

5Y, aunque el concepto de Estado-Nación se sostuvo en su proceso de construcción, bajo criterios de homogeneidad cultural, modernidad y progreso, hoy en día tales conceptos han sido puestos en duda. De manera que, se parte del hecho de que la Nación no es una comunidad homogénea, ni se sostiene sobre un territorio políticamente demarcado, ni territorialmente, ni culturalmente; por lo que se hace necesario, reconocer las diferencias. Para la investigadora colombiana Nara Fuentes Crispín, “El asunto es que la homogenización que hace posible la construcción de una “geografía de la Nación”, prioriza una cierta imagen de la naturaleza que si pudiéramos traducir al lenguaje estético sería en justicia, para el caso colombiano, una imagen tropical, salpicada de tonalidades, variaciones y matices, posiblemente en un tono barroco similar al usado por los primeros cronistas3”.

6De ahí que, nuestras preguntas medulares son: ¿Qué papel han jugado las costas, islas y fronteras en la Historia de Honduras?, ¿en función de qué se han configurado? ¿Cómo se han elaborado desde el poder central y el Estado? ¿Cuáles han sido sus propias expresiones locales y regionales y cómo se han mantenido o fortalecido? ¿Se consolidó una identidad dominante en el caso de Honduras?

La delimitación de las fronteras políticas y división interna del territorio

7La delimitación de las fronteras del Estado-Nación, es un requisito fundamental para crear el “cuerpo de la Nación”, tarea para nada fácil ya que se actuaba frente a pares con los que se mantenían litigios ancestrales por espacios, jurisdicciones, poblaciones y recursos. Y, finalmente, se exigía que las fronteras de la Nación coincidieran eventualmente con las del Estado4.

8Junto a la necesidad de definirse frente a los otros, era imprescindible demarcar interna y externamente, las divisiones del territorio. De manera que, en Honduras, la definición de los límites territoriales fue consolidándose a lo largo del siglo XIX, lo cual puede observarse con mayor claridad en la diversas Constituciones. Por ejemplo, en las de 1825 y 1831, se señala vagamente que el territorio de Honduras correspondería a lo que en la época colonial era el obispado de Comayagua5.

9Posteriormente, en las Cartas Magnas de 1839 y 1848, se empezaron a delimitar las fronteras con los Estados de Guatemala, Nicaragua y El Salvador; no obstante la poca precisión todavía se notaba cuando se señala: “Cuando cómodamente se pueda, se demarcarán de un modo preciso los límites que los separan de los demás Estados6”. En estas, comenzaron a aflorar los problemas concernientes a las islas adyacentes a las costas de ambos mares, como veremos más adelante7.

10Los litigios con los Estados vecinos fueron largos y prolongados; en 1906, se dio la guerra con Guatemala, en 1907 hubo enfrentamientos en la frontera mosquita entre Nicaragua y Honduras, el cual había sido aparentemente sellado con el Laudo del rey español Alfonso XIII en diciembre de 1906, pero que se resolvió hasta 1960 cuando ambos gobiernos interpusieron nuevamente el arbitraje. El último fue la llamada “Guerra del fútbol” en 1969, entre Honduras y El Salvador. También las compañías bananeras alentaron los conflictos limítrofes en las primeras décadas del siglo XX, como lo ha mostrado Ethel García Burchard8.

11Durante el proceso en que el espacio se convirtió en territorio, y más allá, cuando ese territorio estatal reclamó su soberanía, surgió también la necesidad de ir construyendo las divisiones departamentales; la primera de ellas lo hacía con base en las antiguas provincias coloniales que pasaron a llamarse departamentos: Comayagua, Tegucigalpa, Gracias, Santa Bárbara, Choluteca, Olancho y Yoro, como se observa en el mapa 1:

12

Mapa 1, Departamentos de Honduras en 1825
Mapa 1, Departamentos de Honduras en 1825

13Respecto a las costas, se observa que durante la primera mitad del siglo XIX, Comayagua conservaba aún costas en el golfo de Fonseca compartidas con Choluteca. Por su parte, las del norte, pertenecían a los departamentos de Santa Bárbara (que conservaba San Pedro Sula y Puerto Caballos) y el enorme departamento de Yoro, que tenía puertos menores y Trujillo como el principal.

14En la Constitución de 1873, se amplía el territorio a 11 departamentos: Comayagua, Tegucigalpa, Olancho, Yoro, Santa Bárbara, Copán, Gracias, La Victoria, Choluteca, la Mosquitia e Islas de la Bahía (creadas por decreto en 1872). Sin duda, en esta delimitación territorial jugaron factores de carácter económico y político. Para el caso que nos compete, se ha de señalar que los puertos y las costas fueron un punto de pugna y rivalidad entre los ejecutores. Por ejemplo, sería lógico pensar que Comayagua procuraba mantener sus costas en el golfo de Fonseca; de cuyo territorio surgió el breve departamento de La Victoria, hoy en día Valle. A pesar de las oposiciones, la delimitación interna del territorio hondureño fue más rápida en el sur.

15No sucedió así en las costas del norte. Por un lado, la antigua provincia de Yoro mantenía la capitalidad y de su jurisdicción, dependía el puerto de Trujillo. A inicios de la década de 1880, se creó el departamento de la Mosquitia, al cual se adhirió Trujillo, con la venia del presidente Marco Aurelio Soto y con el beneplácito de los comerciantes del círculo de Trujillo9.

16En ese proceso de crear el “cuerpo de la Nación” la geografía y más específicamente, la cartografía jugó un papel de primer orden. No solo expresa la apropiación física o material del territorio, mediante la definición de límites externos e internos, sino a través de las representaciones logradas en los textos escolares, revistas y materiales oficiales, en particular, los mapas. De eso se valió el Dr. Jesús Aguilar Paz para crear el primer mapa oficial del país, tarea que le habría llevado 18 años, desde 1915 hasta 1933. De manera que, “Cartografiar, describir y relatar el espacio constituyen formas de configurar el territorio, establecer sus límites y ocupar sus fronteras, y en definitiva constituir el Estado-Nación a partir del ejercicio efectivo de una soberanía política y cultural10”. El siguiente mapa de 1909 es considerado el primero en ser elaborado por un hondureño:

17

Mapa de Honduras, 1909, Fiallos
Mapa de Honduras, 1909, Fiallos

18La soberanía es uno de los principales problemas que enfrentan los sitios en estudio; aunque las actividades relacionadas con su solución se dirimen en los centros de poder, las costas, islas y fronteras del país, han sido los espacios involucrados en forma directa en el proceso de negociación de la soberanía. En las primeras Constituciones del Estado de Honduras, se observa la preocupación por definir la soberanía y quiénes son sus portadores. Pero hay sus diferencias; mientras en la Constitución de 1831 la soberanía residía en “… todo el Estado y cada pueblo la ejerce cuando elige sus autoridades11…” En la Constitución de 1865 se lee en el Capítulo I, Art. 3: “La soberanía reside en la universalidad de los ciudadanos hondureños12…”.

19Pero, la ciudadanía restrictiva, propia de las Constituciones liberales decimonónicas, limita más aún la relación soberanía-ciudadanía, impidiendo la realización coherente y efectiva de la representación en todo el “cuerpo de la Nación”. Desde 1860, la ciudadanía sin embargo, la ejercían aquellos que sabían leer, escribir y contar; en otras palabras, estaban fuera de esta, las mujeres y los sujetos fuera del sistema político, económico y cultural dominante, especialmente la amplia gama de pueblos indígenas13 y negros.

20Tampoco las representaciones en las Cámaras de Diputados incorporaban a todos los habitantes del país por igual; por ejemplo, fue hasta la Constitución de 1873, en el Capítulo VII, artículo 23, que se aceptaron representantes de la Mosquitia e Islas de la Bahía, con el limitante de que estos no eran sus propios habitantes, tal y como se aprecia en el citado texto: “La Mosquitia e Islas de la Bahía podrán sufragar en los ciudadanos vecinos de cualquier departamento de la República que reúnan las demás cualidades expresadas; y en caso de recaer en un solo individuo hará sus veces el representante suplente14”.

21Se une a lo anterior, el tema de la territorialidad, impuesta por el intento de un sujeto o un grupo, de afectar, influir o controlar a las personas y sus relaciones, delimitando y ejerciendo un control sobre un área geográfica específica. La territorialidad también tiene que ver con el acceso a los recursos y, como sostiene Sack, este es a menudo, un medio esencial para definir las relaciones sociales15. Pero, en términos de población y sociedad, “territorializar” equivaldría a “civilizar” y “civilizar” favorecería la construcción de la Nación16, tal y como se apreciará más adelante con la Mosquitia.

22Por otro lado, los puertos hondureños del Caribe, fundados en el siglo XVI, han sido trascendentales para la configuración del país17: Trujillo, Puerto Caballos, Omoa, y más recientemente Puerto Cortés, La Ceiba y Tela, contribuyeron grandemente a demarcar lo que se ha dado en llamar y a definior como región, la Costa Norte de Honduras. Aunado a las poblaciones que se localizan en su hinterland y que favorecen la creación de regiones, como San Pedro Sula, Juticalpa, Olanchito, entre otros sitios18.

23Otros espacios acuáticos por excelencia, han sido los puertos de las Islas de la Bahía, localizados en Roatán, Utila y Guanaja, sitios desde donde los ingleses traficaron, dominaron y crearon culturas alternativas a la tradicional cultura dominante hondureña. No se deben olvidar los puertos menores y de las áreas fronterizas como los viejos desembarcaderos de Punta Sal, Cuero, Río Tinto y más recientemente Puerto Lempira19, en la Mosquitia.

24También hacia el sur, los puertos y las islas han sido esenciales para mantener la territorialidad hondureña, tanto frente a sus vecinos como con las potencias. Amapala en la Isla del Tigre, se convirtió en un sitio estratégico en el Pacífico; con un hinterland que traspasaba hacia los Estados vecinos, sirvió de ancla para el comercio y el transporte de las costas pacíficas centroamericanas; San Lorenzo constituyó también otro importante puerto en el golfo de Fonseca. Por su lado, la ciudad de Choluteca que había surgido como sitio fronterizo en el siglo XVI, fortaleció su hinterland a lo largo de los siglos, teniendo como base la producción ganadera y su comercio hacia el interior de Honduras y El Salvador.

25Pero, alejados normalmente de los centros de poder, ¿cuál ha sido el papel de los puertos? Estos sitios se convirtieron en la punta de lanza para ingresar y dominar el territorio; papel que se efectuó a lo largo de los siglos. A su vez, por estos espacios han trasegado –y trasiegan− mercancías, ideas, pobladores y viajeros, salud y enfermedad. Los puertos y sus aduanas han servido para sostener el fisco nacional, como lo ha comprobado el estudio de Darío Euraque en el cual afirma que las bases fiscales del Estado hondureño en el siglo XIX temprano, estuvieron sustentadas en los impuestos arancelarios establecidos en Omoa, Puerto Cortés y Trujillo20.

26Algunos puertos también delimitaron y sostuvieron las fronteras estatales. En el oriente de Honduras, este rol lo ha jugado históricamente el puerto de Trujillo, el cual ha servido de límite, de nexo y de control territorial sobre la Mosquitia. En efecto, Trujillo fue, por un lado, la base de contención en la costa oriental, pero a la vez jugó el papel de espacio permeable que posibilitó los nexos con las poblaciones inglesas, indígenas y negras de esa región21.

Las costas, islas y fronteras en la construcción del Estado en Honduras: aspectos generales

27Las costas e islas localizadas en ambos océanos, constituyen espacios bastante disímiles en el caso hondureño; en el norte, existe una amplia región costera, la Costa Norte, que contrasta en tamaño, población y recursos, con el golfo de Fonseca, localizado al sur, en el océano Pacífico. Sin embargo, la historia los acerca y los aleja a la vez, ya que han estado unidas y pensadas como vías interoceánicas y como sitios estratégicos desde la perspectiva imperialista. Para el caso centroamericano en general, es un hecho que, desde el siglo XVI, el istmo centró sus actividades primordiales en la faja pacífica, aunque dependía de sus conexiones con el Caribe y el Atlántico, particularmente a través de sus puertos de Caballos y Trujillo.

Las costas del Pacífico y su inserción al Estado

28Históricamente se habla de zona sur y surgió en función de la delimitación fronteriza con las entonces colonias de El Salvador y Nicaragua y de la ruta interoceánica que, aunque no habilitada formalmente, se usó para comunicar al mar Caribe con el golfo de Fonseca; así, el dominio del golfo se constituyó muy tempranamente en una región estratégica. La fundación de la villa de Jerez de la Frontera de Choluteca y la ocupación de las islas de mayor dimensión fue fundamental para ocupar el territorio.

29Este espacio se convirtió muy pronto en proveedor de ganado de las minas de las regiones del interior, en particular, de Tegucigalpa, aspecto que involucró a las élites económicas y políticas del sur, con las del interior. El comercio interno se vio favorecido por la relación entre estas regiones; ya que el trasiego de productos y de pasajeros, fue configurando estos espacios, cohesionándolos. Culturalmente, sus habitantes no fueron concebidos como los “otros”, sus prácticas y representaciones han sido semejantes a las de la gente del interior.

30En el siglo XIX, el golfo adquirió nuevos bríos en función del comercio y de la posición estratégica que la Gran Bretaña y los Estados Unidos venían consolidando en el Pacífico americano, particularmente, en las regiones con facilidades trans-ístmicas, lo cual puso en vigencia la cuestión de la soberanía y la territorialidad en la región. Es conocida la pugna que durante el gobierno de Juan Lindo (1847-1852) quien, apegado a los principios de posesión territorial, con ocasión de la ocupación británica en el golfo de Fonseca, expresó: “... la defensa del territorio del Estado es uno de los principales deberes, porque así se lo prescriben la Constitución y las leyes22...”. En ese contexto, los ingleses habían ocupado Amapala y Trujillo, lo que provocó que Lindo cediera temporalmente la Isla del Tigre a los Estados Unidos, para evitar que el cónsul inglés, Federico Chatfield, se apoderara de ella en reclamo de deudas inglesas.

31En la citada concesión temporal de la isla del Tigre a los Estados Unidos, Lindo, expresó que firmaba el acuerdo en nombre de la: “…integridad e independencia de Honduras, su soberanía y propiedad sobre la Isla del Tigre23”. Por otro lado, el argumento del cónsul inglés Chatfield, era que Honduras carecía de los atributos nacionales y que, por lo tanto, era incapaz de ceder sus territorios a terceros, en este caso, a los Estados Unidos24.

32Hacia mediados del siglo XIX, la ruta entre ambos mares cobró de nuevo interés, en la mente del cónsul estadounidense Eprhaim Squier, con su proyecto de construir un ferrocarril interoceánico. Este partiría desde Puerto Caballos en la bahía de Honduras, hasta la llamada bahía de Fonseca la que, por sus particulares condiciones se le llamó una “constelación de puertos25”. En 1856, el viajero William Wells, tampoco desconocía la facilidad ístmica de comunicación; había viajado a caballo por Nicaragua, Honduras y El Salvador, y reconoció muy bien el golfo de Fonseca, el que, al compararlo con la bahía de San Francisco, encontró que este era un sitio ideal para establecer una base naval para los Estados Unidos26. En síntesis, el sur de Honduras no se liberó fácilmente de los problemas de soberanía que implicaba la ocupación de estos territorios estratégicos.

La Costa Norte y su tardío y lento paso hacia la integración al Estado Nacional

33Esta constituye una amplia y diversa macro-región en la costa septentrional de Honduras y aunque existen estudios sobre algunos de sus componentes regionales, esta en tanto macro-región esta no ha sido analizada. Los trabajos de Darío Euraque sobre San Pedro Sula27, de Antonio Canelas sobre La Ceiba28 o los de esta autora, sobre Trujillo29, han carecido de un análisis macro-regional. Existe un trabajo más general sobre la Costa Norte denominado “Identidad y Nación: El caso de la Costa Norte e Islas de la Bahía en Honduras, 1876-1930”, en el que se plantea por vez primera, el lento, tardío y discontinuo proceso de incorporación de la Costa Norte al Estado-Nación hondureño30.

34En el siglo XIX, la Costa Norte emergió de los antiguos departamentos de Santa Bárbara y Yoro, a los que poco a poco, en su proceso de consolidación se deslindaron los departamentos de Cortés, Atlántida, Colón y una parte de la Mosquitia, a finales del siglo XIX y principios del XX. Hoy en día esta macro-región la componen los departamentos de Cortés, Atlántida, Colón y la Mosquitia, más el departamento insular de Islas de la Bahía, pero esta última debe considerarse una región por sí misma.

35Como región31, la Costa Norte contiene las siguientes características:
a) Poblaciones que tuvieron un origen colonial común, en el siglo XVI.
b) Importancia como ruta transístmica.
c) Puertos esenciales para el comercio de exportación e importación.
d) Diversidad de etnias, religiones y culturas.
e) Proceso tardío de inserción al Estado Nacional.
f) Fuerte presencia de capital extranjero.
g) Fuertes nexos con el exterior (Estados Unidos)

36Ahora bien, ¿cuándo y en función de qué se elabora el concepto de Costa Norte? Es bien sabido que para el ideario liberal hondureño de los siglos XIX y bien entrado el XX, la Costa Norte fue vista como el bastión del progreso de Honduras; primero, mediante la construcción de ferrocarriles, y poco más tarde, por medio de la inserción del capital extranjero en el litoral. Así, nos atrevemos a decir que la Costa Norte como concepto surge alrededor de la dinámica que generó la inversión extranjera en las principales ciudades y puertos; así como, de las condiciones económicas, étnicas y culturales que fueron adquiriendo sus habitantes y que la distinguían del resto del país.

37Bajo dichos principios, la Costa Norte era vista como “diferente” y sus habitantes como los “otros”. Esto también es una ilusión. Como se ha mostrado en el artículo ya mencionado de esta autora; esta macro-región incursionó tímida, lenta y tardíamente a la Nación; sus símbolos y su panteón de héroes, llegaron desde el interior del país; desde el poder centrado en un principio en Comayagua y posteriormente en Tegucigalpa32.

38En tanto macro-región es diversa económica, social y culturalmente hablando. Ejemplo de esto es la diferencia notable entre el valle de Sula y el valle del Aguán. Al oeste de la costa, el extenso hinterland del valle de Sula, se fue figurando como agrícola e industrializado (siglo XX) a la vez que contrasta con el valle bañado por el río Aguán, límite oriental de la Costa Norte, territorio eminentemente agrícola, en manos de capital extranjero y escasamente poblado.

39Desde la perspectiva del poder y de las élites locales y regionales, la Costa Norte fue –y es−, símbolo de la prosperidad en Honduras. De manera que, ya desde finales del siglo XIX se trabajó fuertemente para que existiera una mayor presencia estatal. Una de las muchas pruebas sobre esto, fue el viaje que efectuó en 1886, el presidente Luis Bográn a las poblaciones más importantes de la Costa Norte e Islas de la Bahía. Al respecto el periódico La República anotaba que el presidente y su comitiva pretendían “…trabajar por el creciente desarrollo de los elementos en que abunda aquella exuberante y lujosa costa, llamada a ser dentro de algún tiempo uno de los primeros emporios de la agricultura y comercio en la República33”.

40Los orígenes de los habitantes de la Costa Norte resultan muy diversos; mestizos, mulatos e indígenas provenientes del interior Olancho, Yoro, Comayagua, garífunas, provenientes de las Antillas Menores, negros ingleses que venían de Belice, Gran Caimán y Jamaica34. Por su lado, los caucásicos: estadounidenses y europeos que se les consideraba portadores de la “civilización y el progreso”; por ejemplo, el francés Henri de Suckau señalaba en 1866, con esa visión etnocéntrica, que la población blanca era la parte “más activa e inteligente” de la población de Honduras y sobre ella descansaba la industria, el comercio y la actividad tabacalera35.

41Todo este conglomerado cultural y demográfico de la Costa Norte, constituye lo que ha llegado a llamarse los “costeños”. Estos resultaron de una síntesis de todos los grupos mencionados arriba y posiblemente de otros que se han sumado con el tiempo. Si bien es cierto, este término no rima necesariamente con alguna clase social en específico, existen serias diferencias de clase en su interior, por lo cual no es un concepto que homogenice ni integre a las comunidades de la costa.

42Sin embargo, es una terminología general, útil para designar a los originarios de la Costa Norte. Este regionalismo cultural se ratifica por un fuerte sentido de pertenencia a la macro-región; son los sampedranos, limeños, progreseños, teleños, ceibeños, trujillanos, entre otros muchos; aunque en opinión de algunos, el concepto es más utilizado para catalogar a los sampedranos, que para los demás pobladores de la Costa Norte36.

43Vistos tanto desde el interior del país, (los otros), como desde la costa, el costeño (ña) ha ido conformando todo un ser regional o regionalista con características aceptadas, adquiridas o impuestas. Vistos desde fuera, son alegres, parranderos (as), bullangueros (as), fiesteros (as), hospitalarios (as); características que muchas veces son vistas con prejuicio. Desde la perspectiva del género es necesario mayor análisis.

Las islas y la frontera Mosquita: intentos oficiales y resistencia regional

44Los espacios insulares resultan fundamentales para la consolidación de la territorialidad de todo Estado. Primero porque son considerados territorios agregados o bien, porque han formado de la geografía del territorio tradicionalmente aceptado. Tanto en el sur como en la costa Caribe, las islas han jugado un papel importante en la configuración de Honduras como Nación como ya ha sido mencionado en este trabajo. Particularmente, las Islas de la Bahía, tienen una larga historia de conflictos protagonizados entre España y Gran Bretaña, y que, transferidos a la época republicana, sumieron al naciente Estado de Honduras en una batalla diplomática con los ingleses, hasta la incorporación de estos territorios al Estado de Honduras en 1860.

45Recordemos que la Isla de Roatán fue estratégica para el comercio intercolonial entre Belice y Jamaica y, debido a esta posición, se le llegó a considerar la “Gibraltar del Caribe”. Existen testimonios de ocupación desde 1642; sin embargo, la isla fue tomada por la fuerza en 1839 y declarada colonia británica en 1852. Nueve años después (1861), Honduras recibía las Islas de la Bahía –y la Mosquitia−, como parte insular de su territorio y en 1872 se creó el departamento de Islas de la Bahía. Muchas razones mediaron para que estos territorios llegaran a reconstituirse como parte de Honduras, con el apoyo de los Estados Unidos; entre ellos, el interés comercial e interoceánico –concretamente con el Ferrocarril Interoceánico− que mantenían Gran Bretaña, Francia y los Estados Unidos entre Puerto Cortés y el golfo de Fonseca37.

46Esta larga historia de ocupación inglesa y la escasa presencia del poder estatal en las Islas, crearon un fuerte sentimiento regionalista entre los isleños, que les hizo luchar por la conservación de sus instituciones, lengua y religión. Consta que durante la República Federal las autoridades intentaron involucrar a los escurridizos habitantes isleños a la vida política centroamericana; por ejemplo, con ocasión de las elecciones de 1838, Guatemala instó a los residentes de las Islas de la Bahía y otros habitantes de Belice, a que enviaran delegaciones a la próxima Asamblea Nacional Constituyente38.

47Ciertamente, el legendario el apego de los isleños por las instituciones y tradiciones británicas; aparte de mantener su orgullo de súbditos británicos, los hizo pretender, −todavía a finales del siglo XIX−, dirimir sus litigios mediante el derecho anglosajón así como fueron particularmente reacios al pago de impuestos nacionales39. Esta autora ha comprobado en otro trabajo, “Identidad y Nación: el caso de la Costa Norte e Islas de la Bahía en Honduras, 1876-193040”, que el proceso de incursión de la nacionalidad hondureña en las Islas de la Bahía fue bastante tardío y en este, no estuvo ausente el sentimiento regionalista de resistencia. Fue en las primeras décadas del siglo XX que comenzaron a ser aceptadas las instituciones nacionales, el simbolismo, las efemérides y el panteón nacional de héroes. En la fotografía 1, tomada a principios del siglo XIX, se observa la presencia de la bandera de Honduras en la bahía de Utila:

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Fotografía 1
Fotografía 1

49Ciertas efemérides ya se practicaban en las escuelas de Utila, a principios del siglo XX, como se muestra en la fotografía 2 donde un grupo de escolares celebran el 12 de octubre:

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Fotografía 2
Fotografía 2

51Sus habitantes son los creoles, (isleños) llamados despectivamente “caracoles”, y, por otro lado, los garífunas. Estos han mantenido numerosas contradicciones con la cultura dominante y el regionalismo ha sido una condición que les distingue. Este es un aspecto de singular importancia que debe ser investigado más a fondo. No obstante, la política oficial hondureña ha optado por mantener “en espera” ese regionalismo “latente” de los isleños, sin mayores enfrentamientos.

52Por otro lado, la Mosquitia no fue considerada una “frontera” política en el siglo XIX; sino un territorio baldío, de tribus salvajes y muy rica en recursos41. Esta sección no fue separada del territorio, de hecho, sus tierras eran estatales y sus límites estaban desde el río Aguán hasta el Segovia. A pesar de esto, se le considera como jurisdicción en la Constitución de 1873, aunque, para cálculos demográficos, tal como lo señala Squier, los indígenas estaban excluidos, ya que no pertenecían a ninguna organización civil; eran las llamadas “tribus errantes42”.

53El puerto de Trujillo era −y es− la frontera con la Mosquitia. A diferencia de los pobladores de las Islas de la Bahía, que eran vistos positivamente, los mosquitos eran vistos en forma negativa:

54“…solo hay pobres, apartados e insignificantes poblaciones, ajenas a toda influencia de progreso político o moral. Yacen en una suprema ignorancia, en una abyección horripilante: allí ninguna idea de Dios, de moralidad, de civismo, de civilización. La Mosquitia es la noche, es el caos. En esa noche, la poligamia, el politeísmo más extravagante, el adulterio, el robo, el asesinato, se dan las manos en fraternal concierto, cual si el teatro de sus horribles escenas estuviese situado en el corazón de África Central43”.

55Bajo esos prejuicios, la opción era dominar la naturaleza de ese extenso territorio. Por ejemplo, en fecha tan temprana como la presidencia de Juan Lindo, se percibía una relativa injerencia estatal en La Mosquitia hondureña, con la pretensión de ejercer mayor dominio sobre su población. Son conocidas las débiles y breves pretensiones oficiales, que, desde Comayagua, intentaban formar maestros mosquitos e indígenas pech y tolupanes, con el fin de que luego enseñasen la cultura dominante en sus aldeas, aplicando el modelo de la educación y la lengua oficial del incipiente Estado de Honduras.

56Al final del siglo XIX, persistía la idea de la Mosquitia como un territorio baldío, al que era urgente colonizar para así aprovechar mejor sus recursos con fines comerciales. Los comerciantes y autoridades de Trujillo, tenían particular interés en este espacio; en 1881 el periódico de este puerto El Eco del Norte, publicó una serie de artículos titulados “Trujillo i la Mosquitia” en el que se abogaba por que se le dedicara mayor interés al:

57… departamento de la Mosquitia que no puede considerarse sino como un territorio baldío, vista su improductividad e insignificante número de moradores i la ignorancia que los distingue, permaneció casi ignorado hasta hace algunos años que lo declararon departamento, con el fin de mejorar por este medio su situación. Pero desgraciadamente los resultados lejos de corresponder a la medida han sido contraproducentes44

58El periódico refería que la Mosquitia pedía “población, luz y progreso45”, aludiendo a la necesidad de entrar en la “modernidad”. Pero, a pesar del discurso y de su incorporación al “cuerpo de la patria”, la Mosquitia fue – y continúa siendo − la frontera de la exclusión−.

59En síntesis, por su historia de ocupación externa, las Islas de la Bahía y la Mosquitia han puesto en duda la soberanía hondureña, dada la escasa presencia estatal y la pretensión de otras potencias o países en esos territorios; en otras palabras, en estas poblaciones, la presencia del Estado no era parte de la comunidad nacional. Los territorios fronterizos suelen tener estas características: escasas y dispersas poblaciones indígenas, recursos escasamente apreciados por el poder dominante.

Conclusiones

60Las condiciones históricas y sociales han mostrado en este trabajo que, hoy en día, el discurso homogenizante propio de la época fundadora del Estado nacional en Honduras, ha fracasado. Esto se debe a la resistencia, confrontación, regionalismo y localismo que algunas poblaciones y colectividades han forjado a lo largo de la formación del Estado-nación hondureño.

61Desde la perspectiva del papel que han cumplido los pueblos nativos y negros en la consolidación de las costas, islas o fronteras de Honduras, y de estos, en la formación del Estado-nación, se ha podido comprobar que han tenido su propio concepto del territorio; mantuvieron sus propios límites y se han movilizado cuando se han sentido amenazados o bien, cuando han sido expulsados, por intereses económicos y de dominación. Por ejemplo, los garífunas de la Costa Norte, expulsados de las isla de San Vicente, llegaron a controlar una importante sección de la Costa Norte y emigraron hacia el oeste de la costa hondureña hasta llegar a los Estados vecinos de Guatemala y Belice. Otros, hasta hoy, mantienen una legendaria lucha en defensa de sus tierras; esta forma de territorialidad “informal” no solo es geográfica sino también cultural, pero la dominación imperial ya sea británica o española les hizo reacomodar sus intereses y dirigirse a otros espacios.

62Los mosquitos hicieron lo suyo y se consolidaron espacialmente en antiguos territorios pech, −obligándolos a estos a reacomodarse− y, desde el siglo XIX, los mosquitos se movilizaron y habitaron en el territorio transfronterizo localizado entre Honduras y Nicaragua. Los pech por su lado, se vieron obligados a moverse en un territorio más limitado entre lo que hoy son los departamentos de Olancho y Colón. Y los tolupanes, que antes comerciaban en la costa, se vieron obligados a internarse en las montañas de Yoro, Comayagua y Francisco Morazán.

63Otro punto a concluir es el lugar que ocupan en la memoria, tanto desde la generada en el interior de los pueblos mismos, como de la percepción de estos desde fuera, es decir desde los “otros”. Los “costeños” forman parte de una identidad regional que ha tenido que recibir la aceptación “positiva o negativa” de los otros. Los isleños por su lado, han sido pensados –desde afuera−desde la lejanía de las islas y como herederos de otras tradiciones histórico-culturales. Internamente, han resentido su aislamiento pero han fortalecido su memoria como herederos de la tradición anglosajona. Los misquitos, “salvajes y atrasados”, fueron vistos, como la “nada”, como tribus que requerían de la “civilización” para progresar, ya que sus recursos sí eran posibles de comercializar. Estos continúan en la larga espera.

64Fuentes impresas

65El Eco del Norte, año I, N° 6, 1881.
El Eco del Norte, año II, N| XII, 1882.
El Eco del Norte, año II, N° XII, 1881.
Secretaría de Relaciones Exteriores de la República de Honduras, Tegucigalpa, Tipografía Nacional, 1913.

66Bibliografía

67Antonio Canelas, El estrangulamiento económico de La Ceiba, 1903-1965, (La Ceiba: Editorial ProCultura, 2001).

68Gabriela Dalla Corte y Sandra Fernández. “La metáfora de la región: continente conceptual y construcción historiográfica”, en: Anuario, 18 (1997-1998).

69William Davidson, Atlas de mapas históricos de Honduras, (Managua: Fundación Uno, 2006).

70Nara Fuentes Crispín, “Notas para una geografía de los pueblos del mar en Colombia”, http://razoncartografica.googlepages.com.

71Ethel García Buchard, “Conflictos fronterizos y antiimperialismo en la Repúblicas bananeras centroamericanas: el caso de Honduras”, en: Reflexiones, 2: 88 (2009), pág. 63-73.

72Ethel García Buchard , Política y Estado en la sociedad hondureña del siglo XIX (1838-1872), (Tegucigalpa: Instituto Hondureño de Antropología e Historia, 2009).

73Ethel García Buchard, Dinámica política y construcción Nacional Estatal en Honduras (1838-1872), (San José: Tesis, doctorado en Historia, Universidad de Costa Rica, 2007).

74Luis Mariñas Otero, Las Constituciones de Honduras, (Madrid: Ediciones Cultura Hispánica, 1962).

75Iván Molina, Costarricense por dicha. Identidad nacional y cambio cultural en Costa Rica durante los siglos XIX y XX, (San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2005).

76Marisa Moyano, “Escritura, frontera y territorialización en la construcción de la Nación”, en: Ciberletras: Revista de crítica literaria y de la cultura, 9, (2003).

77Alfonso Múnera, Fronteras imaginadas. La construcción de las razas y de la geografía en el siglo XIX colombiano, (Bogotá: Planeta, 2005).

78Elizet Payne Iglesias, El puerto de Truxillo. Un viaje hacia su melancólico abandono, (Tegucigalpa: Guaymuras, 2007).
Elizet Payne Iglesias, “Identidad y Nación: El caso de la Costa Norte e Islas de la bahía en Honduras, 1876-1930”, en: Mesoamérica, 42 (diciembre de 2001), pág. 75-103.

79Elizet Payne Iglesias, “Territorio y dignidad: el Estado de Honduras ante la posesión de la Mosquitia e Islas de la Bahía, 1824-1890”, en: Revista de Historia, 53-54, (enero-diciembre de 2006), pág. 13-30.

80Robert Sack, “El significado de la territorialidad”, en: Región e Historia en México (1700-1850), Pedro Pérez Herrero (editor), (México: Antologías Universitarias, 1995).
Ephraim Squier, Apuntamientos sobre Centroamérica. Honduras y El Salvador, (Managua: Banco UNO, 2004).

81Dudley Stamp, Geografía aplicada, (Buenos Aires: EUDEBA, 1965).

82Henri de Suckau, Une voil nouvelle è travers l´Amérique centrale. Etute géographique, ethnographique et statistique sur le Honduras, (Paris: Librairée centrale, 1866).

83William Wells, Exploraciones y aventuras en Honduras, (San José: EDUCA, 1982).

84Notas de pie de página

851 Alfonso Múnera, Fronteras imaginadas. La construcción de las razas y de la geografía en el siglo XIX colombiano, (Bogotá: Planeta, 2005).

862 Iván Molina, Costarricense por dicha. Identidad nacional y cambio cultural en Costa Rica durante los siglos XIX y XX, (San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2005).

873 Nara Fuentes Crispín, “Notas para una geografía de los pueblos del mar en Colombia”, http://razoncartografica.googlepages.com, págs. 2-3.

884 Marisa Moyano, “Escritura, frontera y territorialización en la construcción de la Nación”, en: Ciberletras: Revista de crítica literaria y de la cultura, 9, (2003).

895  Luis Mariñas Otero, Las Constituciones de Honduras, (Madrid: Ediciones Cultura Hispánica, 1962), págs. 54 y 71.

906 Luis Mariñas Otero, Las Constituciones de Honduras, págs. 94-118.

917 Luis Mariñas Otero, Las Constituciones de Honduras, En la Constitución de 1873 se delimita al sur El Salvador y la ensenada de Conchagua, pág. 174.

928 Ethel García Buchard, “Conflictos fronterizos y antiimperialismo en la Repúblicas bananeras centroamericanas: el caso de Honduras”, en: Reflexiones, 2: 88 (2009), págs. 63-73.

939 “Trujillo i la Mosquitia”, en: El Eco del Norte, 1: 6 (1881).

9410 Para continuar con lo planteado por Moyano, “Pero ese espacio y ese mapa no es sólo un afán geográfico o geopolítico, un sentido de ocupación material. Para las élites liberales del siglo XIX la posesión de ese espacio, supondrá también la posesión de una identidad clara y definida del incipiente Estado que le permita sentirse Nación”. Marisa Moyano, “Escritura, frontera y territorialización en la construcción de la Nación”, pág. 4.

9511 Luis Mariñas Otero, Las Constituciones de Honduras, pág. 71.

9612 Luis Mariñas Otero Las Constituciones de Honduras, pág. 149.

9713 Luis Mariñas Otero, Las Constituciones de Honduras, pág. 119.

9814 Luis Mariñas Otero, Las Constituciones de Honduras, pág. 179.

9915 Robert Sack, “El significado de la territorialidad”, en: Región e Historia en México (1700-1850), Pedro Pérez Herrero (editor), (México: Antologías Universitarias, 1995), págs. 194-204.

10016 Marisa Moyano, “Escritura, frontera y territorialización en la construcción de la Nación”, pág. 9.

10117 Según el historiador español Fernando Monge, los puertos tradicionalmente han sido vistos como espacios desde donde se lleva a cabo la actividad marítima, tal como se define por los patrones dominantes de distribución, competitividad y concentración; tal concepción es sin lugar a dudas, claramente insuficiente”, ya que, los sitios portuarios son fundamentalmente comunidades humanas. Véase: Fernando Monge, “Los estudios sobre historia portuaria: una perspectiva crítica y metodológica”, en: Hispania, 198 (1998), págs. 307-326.

10218 La palabra hinterland es de origen alemán y cobró utilidad en este tipo de estudios, para señalar al espacio que se encuentra detrás de un puerto y que cumple funciones de exportación e importación. Stamp Dudley, Geografía aplicada, (Buenos Aires: EUDEBA, 1965), pág. 192.

10319 Llama la atención que la cabecera de la Mosquitia se llame Puerto Lempira, ya que su nombre se deriva de un cacique indígena que murió traicionado por los españoles en 1537 y originario del occidente del país. Se nota un intento de aplicar al espacio fronterizo una categoría general reveladora de la identidad dominante y oficial de Honduras. El municipio de Puerto Lempira fue fundado en 1957.

10420 Darío Euraque, “Los recursos económicos del Estado hondureño, 1830-1970”en: Identidades nacionales y estado moderno en Centroamérica, (San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1995), pág. 83.

10521 Elizet Payne Iglesias._ El puerto de Truxillo. Un viaje hacia su melancólico abandono_, (Tegucigalpa: Guaymuras, 2007).

10622 “El presidente Lindo decreta las medidas necesarias para defender la Isla del tigre de la ocupación británica. 1849”, en Medardo Mejía, Historia de Honduras, Tomo IV, (Tegucigalpa: Editorial Universitaria, 1988).

10723 Medardo Mejía, Historia de Honduras.

10824 Elizet Payne Iglesias. “Territorio y dignidad: el Estado de Honduras ante la posesión de la Mosquitia e Islas de la Bahía, 1824-1890”, en: Revista de Historia, 53-54, (enero-diciembre de 2006), págs. 13-30.

10925 Ephraim Squier, Apuntamientos sobre Centroamérica. Honduras y El Salvador, (Managua: Banco UNO, 2004), pág. 270.

11026 William Wells, Exploraciones y aventuras en Honduras, (San José: EDUCA, 1982), págs. 93-107.

11127 Darío Euraque, “San Pedro Sula, actual capital industrial de Honduras: su trayectoria entre villorio colonial y emporio bananero, 1536-1936”, en: Mesoamérica, 26, (diciembre, 1993), págs. 217-252 y del mismo autor: “Zonas regionales en la formación del Estado hondureño: 1830s-1930s: el caso de la Costa Norte”, en: Historia y sociedad, Año VI, (1993), págs. 105-139.

11228 Antonio Canelas, El estrangulamiento económico de La Ceiba, 1903-1965, (La Ceiba: Honduras, Editorial ProCultura, 2001).

11329 Elizet Payne Iglesias, “Identidad y Nación: El caso de la Costa Norte e Islas de la bahía en Honduras, 1876-1930”, en: Mesoamérica, 42 (diciembre de 2001), págs. 75-103.

11430 Elizet Payne Iglesias, “Identidad y Nación: El caso de la Costa Norte e Islas de la bahía en Honduras, 1876-1930”.

11531 Para las historiadoras Gabriela Dalla Corte y Sandra Fernández argumentan que la región es: “... una unidad de análisis y puede ser reformulada en el transcurso de la investigación como una teoría o marco conceptual. Es un concepto funcional, que se adecua a los intereses metodológicos. En general, las propuestas que justifican la pertinencia de la Historia Regional, parten de un apriorismo en relación a la idea de región como una dimensión diferente a la nacional”. Gabriela Dalla Corte y Sandra Fernández. “La metáfora de la región: continente conceptual y construcción historiográfica”, en: Anuario, 18 (1997-1998), pág. 160.

11632 Gabriela Dalla Corte y Sandra Fernández. “La metáfora de la región: continente conceptual y construcción historiográfica”.

11733 La República, 31 de julio de 1886.

11834 Con todo y la diversidad existente, no dejaron de expresarse movimientos racistas en contra de los negros jamaiquinos (negros ingleses) y algunos sectores de origen palestino. Véase el caso del “incidente de La Masica” 1910, en el que la policía se enfrentó a tres jamaiquinos. Secretaría de Relaciones Exteriores de la República de Honduras, Tegucigalpa, Tipografía Nacional, 1913.

11935 Henri de Suckau, Une voil nouvelle è travers l´Amérique centrale. Etute géographique, ethnographique et statistique sur le Honduras, (Paris: Librairie centrale, 1866), pág. 33.

12036 Consulta con la Dra. Olga Joya, Isolda Arita y Marvin Barahona. Febrero de 2009.

12137 Ethel García Buchard, “Dinámica política y construcción Nacional Estatal en Honduras (1838-1872)”, (San José, Tesis, doctorado en Historia, Universidad de Costa Rica, 2007), pág. 127.

12238 El presidente Lindo decretó las medidas necesarias para defender la Isla del tigre de la ocupación británica. 1849”, en: Medardo Mejía, _Don Juan Lindo_…, pág. 193.

12339 Elizet Payne Iglesias, “Identidad y nación…”, págs. 75-103.

12440 Elizet Payne Iglesias, “Identidad y nación…”, págs. 75-103.

12541 Los recursos eran: caoba, palo de tinte, zarzaparrilla, cacao silvestre, algodón, cocos, entre otros. También en sus linderos había oro de aluvión.

12642 Ephraim Squier, Apuntamientos sobre Centroamérica. Honduras y El Salvador, pág. 79.

12743 El Eco del Norte, año II, N° XII, (1882).

12844 “Trujillo i la Mosquitia”, El Eco del Norte, año I, 6 (1881).

12945 El Eco del Norte, año II, N° XII, (1882).

Para citar este artículo :

Elizet Payne Iglesias, « Costas, Islas y fronteras en la formación del Estado-nación en Honduras », Boletín AFEHC N°47, publicado el 04 diciembre 2010, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=2550

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