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AFEHC : noticia : Tesis doctoral Francia Soto Quirós Representaciones del pueblo costarricense: la « raza » entre la mirada externa y la construcción nacional, 1821-1917. : Tesis doctoral Francia Soto Quirós Representaciones del pueblo costarricense: la « raza » entre la mirada externa y la construcción nacional, 1821-1917.

Ficha n° 2565

Creada: 19 febrero 2011
Editada: 19 febrero 2011
Modificada: 07 septiembre 2016

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Autor de la ficha:

Ronald SOTO-QUIROS

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Tesis doctoral Francia Soto Quirós Representaciones del pueblo costarricense: la « raza » entre la mirada externa y la construcción nacional, 1821-1917.

Tesis doctoral en Estudios Ibéricos e Iberoamericanos defendida por Ronald Soto Quirós. Bordeaux 3.
Palabras claves :
Representación, Raza, Discurso, Grupos subalternos
Tipo de noticia:
Tesis doctorales
Lugar:
Bordeaux, France
Fecha:
19 de febrero de 2011
Resumen:

El autor es docente investigador titular en una de las componentes de la principal universidad de la región de Nueva Aquitania en Francia, la Université de Bordeaux, en estudios ibéricos e hispanoamericanos y participa también como investigador en el grupo *AMERIBER, de la Université Bordeaux Montaigne (antigua Université Bordeaux 3) * donde también colabora como docente en historia de América Latina. Soto-Quirós es Bachiller en Historia de la Universidad de Costa Rica, Licenciado en Historia (modalidad Tesis) de la Universidad de Costa Rica. También tiene una Maestría de Investigación en Historia y Civilizaciones de la Université de Toulouse 2-Le Mirail. Con su doctorado en estudios ibéricos e iberoamericanos de la Université Michel de Montaigne, especialidad en historia y civilización de América Latina, Soto-Quirós goza actualmente de la Calificación doctoral del Consejo Nacional de Universidades (Francia) en dos secciones del área de “Letras y Ciencias Humanas”:

Sección 14: “Lenguas, literaturas y civilizaciones romances: español, italiano, portugués y rumano”.

Sección 22: “Historia y civilizaciones : historia de mundos modernos, historia del mundo contemporáneo; historia del arte; historia de la música”.

Grupo de investigación : AMERIBER (Amériques, Pays Ibériques),
Université Michel de Montaigne, Bordeaux III, Université de Bordeaux.
Tres tomos, 1277 páginas.
Defendida el 6 de diciembre de 2010.
Mención honorífica : « Très honorable avec félicitations du jury à l’unanimité ».

Director de tesis

Sr. Yves Aguila, profesor emérito (Professeur émérite), Universidad Michel de Montaigne, Burdeos III (Universidad de Burdeos). Especialista en historia y literatura de América Latina, en particular de México y del mundo centroamericano.
Jurado

Presidente del jurado

Sr. Jean-Pierre Clément, profesor emérito (Professeur émérite), Universidad de París-Sorbonne. Latinoamericanista. Presidente del jurado.

Otros miembros del jurado

Sra. Isabelle Tauzin-Castellanos, catedrática (Professeur des Universités), Universidad Michel de Montaigne, Burdeos III (Universidad de Burdeos). Profesora de literatura y civilización latinoamericana. Especialista en historia y literatura del Perú en el siglo XIX. Directora del Departamento de Estudios ibéricos, Iberoamericanos y Mediterráneos. Encargada del grupo TEMA-Burdeos (grupo de investigación sobre la historia de las movilidades en América Latina) y coordinadora del ERSAL (Equipo de Investigación sobre América Latina) del AMERIBER (América Latina, Países Ibéricos). Miembro correspondiente de la Academia Peruana de la Lengua. Miembro correspondiente del Instituto Riva Agüero (Universidad Católica de Lima) y del Instituto Ricardo Palma (Universidad Ricardo Palma).

Sr. Thomas Gomez, catedrático (Professeur des Universités), Universidad de París, Oeste, Nanterre La Defensa. Profesor de civilización latinoamericana. Especialista en historia y literatura de Colombia. GRECUN (Grupo de investigación sobre la escuela, la cultura y la nación en el mundo ibérico, iberoamericano y mediterráneo). Director de la revista Crisol, publicación del CRIIA (Centro de Investigaciones Ibéricas e Iberoamericanas de la Universidad de Paris Oeste Nanterre La Defensa). Director del CRIIA. Responsable de la Escuela Doctoral de Letras, Lenguas y Espectáculos. Miembro de la Academia Colombiana de Historia.

Resumen de la tesis

Esta tesis tiene por objeto el análisis de las representaciones del pueblo costarricense desde 1821 y hasta 1917. La tesis parte de la constatación del discurso de un “excepcionalismo costarricense” y, más particularmente, el “mito” de una sociedad blanca mayoritaria en Costa Rica. El punto de partida sobre la cotidianidad reciente son los estudios realizados sobre las identidades en la Costa Rica de 1990 a la actualidad y, en especial, los planteamientos que observan una contrastación de la población costarricense con los inmigrantes nicaragüenses llegados al país de manera masiva desde los años 1990. Los discursos de singularización costarricense han estado y están presentes no solamente en la producción de los mismos costarricenses sino también en los trabajos producidos en el marco internacional. El trabajo toma como trabajos teóricos contemporáneos de referencia los artículos producidos en los años 1990 por el historiador canadiense Steven Palmer y su perspectiva construccionista o modernista del nacionalismo sobre la elaboración de una nación costarricense y la creación de una “raza nacional” en Costa Rica a finales del siglo XIX. También utiliza como trabajo de base un artículo publicado en 2002 por el historiador costarricense Víctor Hugo Acuña Ortega sobre la invención de una diferencia costarricense antes de la época de los liberales finiseculares. Si bien diferentes estudios se han centrado en la construcción de las singularidades propias de los diferentes estados latinoamericanos durante el siglo XIX y principios del XX enfocados en los estudios sobre el nacionalismo y la nación, el propósito de este nuevo trabajo es responder a las siguientes preguntas: ¿cómo se imaginaban los costarricenses a sí mismos y cómo se particularizaban en el siglo que sigue a la independencia del país?, y sobre todo, ¿cómo fueron imaginados los costarricenses desde fuera?, y más puntualmente, ¿cómo eran tipificados o categorizados de manera étnica? El estudio otorga especialmente énfasis al discurso externo tratando de ponerlo en relación con las imágenes producidas al interior del país.

La investigación se posiciona en la perspectiva de la historia de las representaciones y del enfoque teórico de las representaciones sociales, un concepto avanzado por la psicología social pero utilizado últimamente por diferentes ciencias sociales. La estrategia es retomar ese proceso evolutivo de construcción e imaginación que está implícito en las representaciones sociales través de su versión palpable: las fuentes históricas escritas. Antes que poder elaborar una metodología para poder recuperar las representaciones entre los grupos subalternos que es verdaderamente difícil de analiza especialmente por problemas de fuentes, el trabajo se centra en las élites de políticos e intelectuales. Esa construcción representativa del costarricense es retomada desde la perspectiva interna, los discursos producidos por las élites costarricenses, y la mirada externa, los discursos producidos fuera de Costa Rica o perspectiva, el estudio se apropia de un concepto muy pocas veces utilizado en los estudios históricos: el “etnotipo”.

El “etnotipo” es una noción postulada por la “psicología de los pueblos” o “etnopsicología” de los años 195: y 1960 y que era utilizado como una medida para comprender los rasgos propios de un pueblo. Sin retomar la metodología de los estudios etnopsicológicos en búsqueda de una verdad estadística sobre esos rasgos predominantes de un pueblo y asumiendo la noción de “etnotipo” más bien como un conjunto representativo y muchas veces estereotipado que caracteriza a un pueblo, el trabajo sobre las representaciones del pueblo costarricense pretende destacar dos dimensiones intrínsecas de este modelo representativo: el aspecto biológico, la “raza” y los rasgos de carácter o de comportamiento propios asignados a una población. De esta manera, el “etnotipo” sirve de herramienta teórica para incluir el conjunto de imágenes ya sean endógenas u exógenas sobre los costarricenses. El “etnotipo” interno es visualizado como uno de los componentes posibles de estudiar de una macro-representación del “nosotros” que podemos catalogar como “nación”, esa “comunidad imaginada” de B. Anderson y que implica una serie de elementos como la imaginación de un territorio, de un paisaje, de símbolos y de una memoria histórica. El “etnotipo” externo representaría ese conjunto de referencias construidas en torno al pueblo costarricense en el ámbito internacional y que nos sitúa en el juego interactivo del “nosotros” y los “otros”, en la mirada imperial de las metrópolis, en la visión de empresarios, viajeros y científicos que manejan sus propias realidades históricas y sus propias representaciones sobre los pueblos que visitan o describen. Las ideas de “raza” y “carácter nacional” como construcciones sociales e intelectuales, como categorías de representación social, pasan a ser claves como fundamento teórico del “etnotipo” o los “etnotipos” costarricenses.

En esta intención por analizar la evolución de estos “etnotipos”, el estudio representa un primer gran esfuerzo de más de siete años de investigación histórica que procura reunir y conformar una serie histórica cuyo denominador común es la información general sobre Costa Rica y los costarricenses. Esta serie es conformada por dos tipos de documentos: los impresos estrictamente de producción costarricense (discursos políticos, mensajes presidenciales, memorias oficiales, libros de historia, manuales escolares, textos de geografía, folletos turísticos, guías comerciales, revistas, periódicos, antologías sobre Costa Rica, etc.) y una gama muy diversa de fuentes externas de diferentes latitudes, algunas solamente traducidas y nunca antes analizadas y muchísimas otras inéditas (literatura de viaje, geografías universales, enciclopedias, diccionarios, revistas científicas y de vulgarización, anuarios comerciales y diplomáticos, etc.). La investigación pretende dejar atrás el análisis tradicional histórico basado solamente en las traducciones de aquellos viajeros o escritores que describieron la Costa Rica del siglo XIX. El estudio también plasma una importante voluntad de contextualización histórica y biográfica sobre los productores de discursos ya sean costarricenses como extranjeros (viajeros, etc.). De esta manera, el “etnotipo nacional” costarricense se va perfilando a través de un trabajo que totaliza miles de citas ejemplarizantes, 1277 páginas y una bibliografía de alrededor 120 páginas. La tesis se presenta en tres grandes partes siguiendo un orden de tipo especialmente cronológico. Tres períodos son identificados: la emergencia y maduración de los elementos de singularización de los costarricenses; la consolidación de una imagen sobre los costarricenses y, una época que muestra un proceso de inicio de la naturalización de las representaciones de los costarricenses.

La primera parte del estudio analiza las imágenes de los habitantes de Costa Rica entre 1821 y 1880. Una primera sección del primer capítulo busca mostrar la evolución de los primeros adjetivos empleado por las élites particularizar a los suyos. El estudio confirma la emergencia de una serie de elementos propios del lenguaje liberal e ilustrado que influye a las élites latinoamericanas de la época. Los habitantes de Costa Rica son descritos como la encarnación perfecta de la virtud cívica y del buen ciudadano. Se trata de una estrategia de orden civilizatorio. Los costarricenses son caracterizados como pacíficos, ocupados, industriosos, laboriosos, morigerados y propietarios. Se trata de un primer modelo de etnotipo costarricense. Este etnotipo puede ubicarse en una visión más larga de “nación cívica”. En este momento histórico no se da importancia al aspecto de la etnicidad. El segundo capítulo del estudio permite constatar que mientras que las élites costarricenses concentran sus esfuerzos narrativos por construir un etnotipo cívico, los discursos de los extranjeros comienzan a definir un etnotipo más global que define a los costarricenses por su “blancura”. Los documentos históricos permiten demostrar que antes 1848 la mayoría de los costarricenses es visualizada como “blanca” a diferencia de otras poblaciones centroamericanas. Esta “blancura” ya es ligada al estado excepcional de tranquilidad política, al carácter industrioso del costarricense y a la idea de un país formado por propietarios.

El segundo capítulo de esta parte busca analizar las representaciones entre 1848 –año de fundación de la República costarricense- y 1880. La primera parte del capítulo explica como las élites costarricenses continua a diferenciar a Costa Rica del conjunto centroamericano. La innovación durante este período es la definición de la parte de las élites costarricenses de Costa Rica como un pueblo homogéneo. En la perspectiva general de muchas élites –especialmente latinoamericanas- homogeneidad era símbolo de viabilidad para sus países o naciones. De esta manera, homogeneidad y virtudes ciudadanas constituyen un nuevo núcleo representativo para describir al pueblo costarricense. El etnotipo costarricense que se presenta está cargado siempre de las nociones cívicas pero también de un sentido de conjunto homogéneo.

La idea de mostrar la “blancura” como un rasgo específico de la personalidad nacional costarricenses es todavía raramente manifiesta en este período en los discursos nacionales. Las élites costarricenses en su deseo de lograr civilizar al país manifiestan su discurso racial especialmente en cuanto a los inmigrantes que no desean y los que se prefieren pero la homogeneidad y blancura son pocas veces mostradas de manera conjunta para representar al propio costarricense. Si bien podemos ver algunos indicios de este proceso de “blanqueamiento” al interior de Costa Rica que no parecen constituir esfuerzos sistemáticos. La idea de Costa Rica como un país blanco parece subyacer pero no representa un elemento consolidado y difundido con fuerza.

El primer intento oficial de exportar la imagen de los costarricenses (1848-1851) a través de la figura del diplomático guatemalteco Felipe Molina evoca una mayoría de población “blanca” en Costa Rica. Felipe Molina también esboza la idea de una población costarricense de origen gallego. Su hermano Luis Molina describe Costa Rica como una república constituida por una “población homogénea, en que la raza blanca, inteligente, industriosa y emprendedora, no tiene contrapeso” (1855). En 1865, Mauro Aguilar, hijo del exjefe de estado Manuel Aguilar, escribe en un periódico : “En el pueblo Costaricense domina el elemento blanco descendiente de colonias gallegas, que como es sabido se conservaron en la península ibérica libres de toda mezcla con los árabes ó moriscos africanos, mientras que en las otras repúblicas Centro americanas, por una parte las masas de la poblacion son indias, y por otra el elemento blanco desciende de colonias venidas de los reinos meridionales de España que durante siete siglos estuvieron bajo la dominación de los moriscos; de aquí la profunda diferencia que se nota en los hábitos y costumbres de ambos pueblos, y de aquí tamb en (sic) las revoluciones periódicas en unos, y la paz y el progreso en el otro. ” (1865). El italiano Alonso Cinelli, funcionario del gobierno costarricense, escribe en un libro de texto de geografía publicado en el país señala que la población del país “…asciende á 120,875 habitantes, de los cuales, esceptuando una parte insignificante de raza indigena ó mezclada, casi todos son blancos y forman una poblacion homogenea, laboriosa y activa; siendo quizá la única república hispano-amerícana que goza de esta indisputable ventaja.” (1866). En 1871, en un documento para la celebración del 15 de setiembre, la “homogeneidad de raza” en Costa Rica es contrapuesta a las sociedades formadas por “razas híbridas i heterojéneas”. En la década de 1870, el primer costarricense en difundir una imagen externa del país, Manuel María Peralta prefiere hablar de una mayoría de “blancos hispanoamericanos” o “blancos de origen europeo”.

La segunda parte de este capítulo demuestra como al contrario de las fuentes costarricenses, los fondos extranjeros continúan perpetuando la idea de una población mayoritaria blanca o de sangre predominantemente española en Costa Rica. Los costarricenses son caracterizados con frecuencia por su tez blanca y sus hábitos o carácter distintivo en el marco hispanoamericano, y más precisamente, centroamericano. Las fuentes extranjeras demuestran un etnotipo donde el aspecto biológico y de carácter van de la mano. El trabajo retiene los estudios de Karl Scherzer y Moritz Wagner, Wilhelm Marr, E. G. Squier, Francisco Solano Astaburuaga, Félix Belly, Thomas Meagher, Anthony Trollope Onésime Reclus y muchos otros que identifican una Costa Rica con ciertas características particulares. En un proceso de diferenciación de la imagen de Costa Rica y de los costarricenses en el contexto centroamericano, Costa Rica empieza a ser observada en los años 1860 como una Suiza en los trópicos. El origen gallego se vuelve recurrente como una estrategia de explicación para comprender el color y el carácter atribuido a los costarricenses.

Antes de la época liberal el etnotipo de un costarricense con un color u origen particular y unas virtudes diferentes al resto de Centroamérica está bien presente en el marco internacional pero también hay indicios claros en el lenguaje de las élites costarricenses. La segunda parte del estudio se consagra al tratamiento de la imagen en el período que va de 1880 a 1899. El período es caracterizado por la llegada al poder de un nuevo grupo de intelectuales y políticos conocidos como los “liberales” o miembros del “Olimpo”. Un grupo que promueve una serie de importantes reformas en muchos dominios de la realidad costarricense. El capítulo tres explica la elaboración más precisa de un etnotipo costarricense por algunos intelectuales importantes de este período. Existe evidentemente una noción que circula sobre una “buena raza que puebla la mayor parte de Costa-Rica, y que civilizada é industriosa” (1880). La idea de “raza blanca” en Costa Rica parece interiorizada con más fuerza entre algunos individuos de la élite. El intelectual y jurista costarricense Rafael Orozco considera en setiembre 1880 que el desarrollo y progreso costarricense se debe: “En primer lugar, á la robustez de su raza caucásica, á la inclinación constante del pueblo al trabajo, al amor á la paz de sus nobles hijos, á los hábitos de órden, economía y templanza de sus habitantes y al carácter cosmopolita del costarricense”. Sin embargo, la noción de “raza blanca” de los costarricenses no se consolida que entre el fin de la década de 1880 y los años 1890 en los trabajos descriptivos sobre Costa Rica que van a funcionar como manuales escolares y, más precisamente, en los textos de geografía. Las virtudes distintivas como la laboriosidad continúan siendo las claves de la caracterización del pueblo costarricense en la mayoría de las fuentes estudiadas. Sin embargo, ahora el etnotipo endógeno incluye la parte biológica y el color del costarricense como un elemento intrínsecamente relacionado al carácter. En una época cuando nacionalismo, raza y carácter están profundamente relacionados los autores costarricenses retoman información de fuentes escritas en el exterior para dar una cierta autoridad a sus caracterizaciones sobre los costarricenses. El ejemplo más logrado son los trabajos del intelectual costarricense Miguel Obregón (hasta ahora nunca estudiados) que buscan dar autoridad a su idea de una Costa Rica de “raza blanca” y con virtudes específicas a través de la recuperación de las ideas plasmadas por Onésime Reclus desde los años 1870. Las imágenes externas e internas se aproximan. La “blancura” de los costarricenses es valorizada en un período en el cual la llegada al país de contingentes importantes de inmigrantes como los chinos y los afrocaribeños sirven de contraste racial. La insistencia sobre el carácter racial sobre los inmigrantes deseados es una evidencia de la importancia que comienza a tomar esa adjetivación de los costarricenses como individuos de “raza blanca”. Por otra parte, la presencia del componente indígena en Costa Rica viene a ser invisibilizado.

En el capítulo cuarto hay una constatación de la caracterización de los costarricenses por los extranjeros que vivieron en el país, la imagen propuesta por los costarricenses en eventos internacionales como las exposciones universales y la representaciones en el documentos producidos fuera del país. A pesar de algunas críticas sobre la “pureza” de sangre en la población costarricense como la del conocido geógrafo francés Elisée Reclus, muestra que Costa Rica es un país de “blancos” con un carácter singular. Extranjeros que residen en Costa Rica o que representan al país como H. Polakowsky, Paul Biolley, Rubén Darío, Alberto Masferrer, Henri Pittier, Lorenzo Montúfar, Antonio Zambrana y Gustavo Nierdelein proponen un etnotipo muy similar al que está siendo consolidado por las élites locales. Los extranjeros que visitan el país (el sueco Carl Bovallius, alemán Karl Sapper, el cónsul francés Paul-Louis Reynaud) o eminentes intelectuales que escriben sobre Costa Rica como el historiador y etnólogo H. H. Bancroft reiteran la idea de la singularidad étnica de los costarricenses en el marco centroamericano.

La tercera y última parte de la investigación explora el proceso de anclaje de un modelo etnotípico de los costarricenses en el período de 1900 a 1917. El primer capítulo de esta parte o capítulo quinto muestra la apropiación más extendida del etnotipo costarricense en los discursos y los textos elaborados por los políticos y los intelectuales nacionales. Los intelectuales liberales de fines del siglo XIX siguen difundiendo sus ideas sobre la singularidad costarricense. Los nuevos intelectuales insisten también en los rasgos que singularizan al pueblo costarricense. Los habitantes de Costa Rica son representados como honestos, laboriosos, pacíficos y hospitalarios y la “raza blanca” se convierte en un elemento esencial de su caracterización. El valle central del país se vuelve el zócalo geográfico de la “raza costarricense”. Es la región que debe protegerse de otras “razas” nocivas. La alternativa discursiva de las élites costarricenses se destaca de otras posiciones latinoamericanas donde el mestizaje y el mestizo se constituyen en elementos claves de la construcción nacional y otras que consideran que la constatación del mestizaje existente en sus países es el obstáculo para el desarrollo de los países latinoamericanos. El mestizaje es visto como una amenaza que viene de afuera. Los mismos intelectuales latinoamericanos singularizan a Costa Rica como un país blanco, con poco mestizaje y pocos indígenas y con un comportamiento político y sociológico muy singular. El capítulo sexto y final precisamente muestra como hay una constante e incrementada recuperación de la imagen de los costarricenses como elementos de una condición étnica y un carácter particular en el cuadro centroamericano.

Diversos autores franceses, españoles y norteamericanos permiten evidenciar como la idea de una “raza blanca” en Costa Rica se vuelve un elemento recurrente. Los costarricenses son descritos por muchos autores norteamericanos como un pueblo de “caucásicos” con orígenes ibéricos. El valle central es el símbolo de esa Costa Rica blanca y feliz. El etnotipo endógeno y exógeno, o las representaciones de los costarricenses, parecen mostrar una enorme similitud.

En fin, esta nueva mirada sobre las representaciones del pueblo costarricense es una historia de la imagen del costarricense que nos permite explicar que esa imagen nacional e internacional de Costa Rica como un pueblo “excepcional” y ese “mito” de la sociedad blanca costarricense no pueden interpretarse solamente como un trabajo de invención interna y que no puede solamente situarse como el fruto inmediato de una estrategia de los liberales. Tampoco puede verse una imagen continua y similar sobre los costarricenses durante todo el período posterior a la independencia. La producción de un etnotipo con su carga racial y de carácter comienza mucho más temprano y no por parte de los textos costarricenses. Si bien el período liberal es un período esencialmente de consolidación del etnotipo endógeno, la extensa difusión y permeabilidad de una imagen consolidada del etnotipo nacional entre los sectores subalternos de Costa Rica no será realmente evidente que en las décadas posteriores a los años 1920 y probablemente con mayor fuerza entre los años 1930 y 1940. En el mismo período y en el ámbito externo la imagen de la Costa Rica blanca y pacífica logra una estabilidad incontestable.

El estado de la cuestión que anticipa el análisis propiamente dicho es un balance sobre los diferentes estudios en ciencias sociales desde los años 1960 que empiezan a visualizar la existencia de una “leyenda” o “mito” de excepción sobre Costa Rica y los costarricenses. La sección de perspectivas que sigue a la conclusión general presenta un abordaje que trata de analizar muchos de los trabajos hechos en referencia a la nación costarricense, la “raza” y otros elementos que particularizan a los costarricenses durante el período que va de 1920 a 1970. Esta sección final evalúa nuevos y posibles temas y fuentes y considera los alcances, las posibilidades y las dificultades de los trabajos realizados, entre ellos y en particular, el estudio del filósofo costarricense Alexander Jiménez Matarrita sobre el “nacionalismo étnico metafísico” y los “metafísicos nacionalistas” de los años 1950 y 1970 y la invención de la nación costarricense.