Erreur. problème dans l'exécution de la requête : INSERT INTO _logbots (IP, useragent, action) VALUES ('54.224.210.130', 'CCBot/2.0 (http://commoncrawl.org/faq/)', 'lectureFiche')
Erreur. MySQL proteste : Duplicata du champ 'CCBot/2.0 (http://commoncrawl.org/faq/)-lectureFiche' pour la clef 'agentAction'
AFEHC : articulos : ‘Tierra del oro y del talento cuna’: Causas y consecuencias del destino que se manifestó en los mapas hondureños de William V. Wells : ‘Tierra del oro y del talento cuna’: Causas y consecuencias del destino que se manifestó en los mapas hondureños de William V. Wells

Ficha n° 2574

Creada: 28 febrero 2011
Editada: 28 febrero 2011
Modificada: 01 marzo 2011

Estadísticas de visitas

Total de visitas hoy : 0
Total de visitas : 3360 (aprox.)

Autor de la ficha:

Mark BONTA

Editor de la ficha:

Karl OFFEN

Publicado en:

ISSN 1954-3891

‘Tierra del oro y del talento cuna’: Causas y consecuencias del destino que se manifestó en los mapas hondureños de William V. Wells

Los mapas y escritos de William V. Wells reflejan el período de imperialismo en Honduras 1848-1863, en que capitalistas de los Estados Unidos pretendían agarrar a los recursos de la república y establecer colonias de mineros con esclavos. Aunque el trabajo de E. G Squier en esa época es más reconocido, el de Wells fue clave para la pretendida apertura del oriente interior del país, en particular la región aurífera del Valle de Guayape en el departamento de Olancho. Este artículo analiza el episodio—y sus reflexiones en los mapas que produjo Wells — por el lente del imagen de Olancho que había sido construido por medio de siglos, y que se mantiene hasta hoy. Este imagen representa a Olancho como un “El Dorado” igual a California, no solamente en oro sino también en todos los recursos naturales que se pueden imaginar, pero en las manos de los “perezosos” y “violentos” olanchanos. Examino como Wells hasta cierto punto refuerza el imagen—que es promovido a menudo por los propios olanchanos—pero también toma ciertas excepciones. El mapa principal, además, es sujeto de un examen en que analizo sus errores, en contraste con el cuento que el autor no da de una cartografía participativa.
669
Palabras claves :
Cartografía, Destino Manifiesto, Manuel “Mel” Zelaya, Olancho, William V. Wells
Autor(es):
Mark Bonta
Fecha:
Marzo de 2011
Texto íntegral:

1

Introducción – Llenando el vacío

2A pesar de 332 años de presencia europea en el interior oriental de Honduras, el primer mapa detallado de la región – por lo menos que se preservara y que tuviera efecto político – fue Map of Eastern Honduras, showing the Gold and Silver Regions of Olancho & Tegucigalpa; and the Valley of the Guayape1 (Fig. 1), que se publicó en 18572.

3

 Fig. 1 El mapa de William V. Wells, publicado en 1857. Copia personal del autor
Fig. 1 El mapa de William V. Wells, publicado en 1857. Copia personal del autor

4Con otros mapas menos detallados (por ejemplo, Fig. 2) y docenas de grabados originales, incorporados en dos artículos anónimos de 18563 y el libro del siguiente año, la obra del aventurero William Vincent Wells constituye un texto que tuvo ciertos efectos importantes relacionados con la apertura neo-colonialista de una región codiciada por capitalistas ingleses, nortamericanos, y hondureños, entre otros, así en los 1850s y 1860s como en los siglos anteriores y en los que siguieron. En lo que sigue, veremos las consecuencias de llenar un vacío cartográfico de repente, durante una época tan clave para el establecimiento del dominio norteamericano sobre las rutas de comercio y los recursos de Centroamérica, simultáneamente excluyendo el imperio británico.

5

 Fig. 2 El mapa de Wells que sale en los dos artículos anónimos que el escribió en Harper’s en 1856. Copia personal del autor
Fig. 2 El mapa de Wells que sale en los dos artículos anónimos que el escribió en Harper’s en 1856. Copia personal del autor

6 Amy Greenberg4 coloca a Wells dentro de un grupo de “boosters” (partidarios) de Centroamérica que salieron de los Estados Unidos antes de su guerra civil, elaborando informes no solamente para potenciales inversionistas y futuros colonizadores sino también para el público norteamericano en general, como parte de una época, como señalan Hall5, en que existía siempre la posibilidad de seguir expandiendo el imperio norteamericano hacia Centroamérica y el Caribe. Fue una extensión del Destino Manifiesto. El trabajo de Wells fue parte clave del filibusterismo ya que uno de los socios de la compañía que lo empleó era Byron Cole, asociado de William Walker6. Aunque con la pérdida de los filibusteros fracasó el esfuerzo de colonizar directamente el interior oriental de Honduras, la obra de Wells influyó directa e indirectamente varias generaciones de aventureros que buscaban tesoros perdidos, y después de la primera traducción de su libro al castellano en 19607, llegó a tener influencia en la construcción del departamento de Olancho en la imaginación geográfica hondureña, relacionado particularmente con los eventos asociados con la familia Zelaya.

7 Aunque con ciertas reservaciones, podemos sacar mucho de provecho de la obra de Wells en cuanto a la etnografía e historia natural de la parte sur, central y oriental de Honduras. Además de proveernos un cuerpo de datos geográficos destinados para la satisfacción de los filibusteros inversionistas en la región de Guayape y para el público en general, Wells nos proporciona también una fascinante descripción del proceso de cartografía participativa en la elaboración de su mapa principal (véanse IV, abajo).

8 El contenido de mucho de lo que sigue, en cuanto a los acontecimientos históricos y observaciones etnográficas, se fundamenta en el estudio doctoral que hice de Olancho8, basado en ocho años de asociarme con la cultura y naturaleza de aquella región. La hebra que conecta en el tiempo y el espacio los eventos y aspectos claves de su geografía histórica es la construcción y fortalecimiento del imagen de Olancho como una región de enorme pero ignorada riqueza, íntimamente asociado con la pereza y la violencia de sus habitantes. Este imagen—que exploro en algún detalle abajo—se conecta con los masacres que de vez en cuando se han perpetuado contra los olanchanos, quienes por reputación popular rehúsan aceptar la autoridad de afuera ni menos la de sus propias autoridades. Es una geografía e historia de repetida conquista de una región en rebelión permanente. Después de la presencia de dos presidentes olanchanos seguidos (Zelaya, 2006-2009; Lobo 2010- ) en un país clave para las políticas hemisféricas de los Estados Unidos, y el golpe de estado del 28 de junio 2009 en él que los militares removieron del poder el mismo Presidente Manuel “Mel” Zelaya—ancestro directo de los Zelaya hechos famosos por William V. Wells—la relación entre Olancho, con su sociedad agraria controlado por latifundistas, y los poderes centralizados de Honduras, ha llegado a tomar considerable, aunque a menudo ignorado, importancia en la panorama política actual de Latinoamérica; en este artículo abrimos paso a más profunda exploración de las ramificaciones de este último tema.

Lo que atrajo Wells al nordeste de Honduras

9Cabe aquí un pequeño resumen de la historia de Olancho en cuanto a la construcción de su imagen “dorado” pero problemático9. Olancho, o “Huilancho,” se menciona desde 1526 cuando fue tierra en disputa entre los intereses de Hernán Cortés, en Trujillo, y los de Pedrarias Dávila, en León, por quedar al la mitad de la ruta directa entre los dos mares. En principio, “Huilancho” refería a algún cacicazgo de la planicie del Río Guayape medio. Por ser el nombre del primer asentamiento que duró, la Villa de San Jorge de Olancho cerca del actual El Boquerón (fundado alrededor de 1542 y abandonado cerca de 1590), llegó a ser sinónimo con el “Valle de Olancho” (“Valle de Guayape,” “Valle Abajo”), en los 1600s expandiéndose a incluir la “vasta” región de estancias y pueblos tributarios que conformaba el Partido de Olancho el Viejo. Siglos después, el nombre de “Olancho” llegó a incluir casi el total del oriente de Honduras, pero con la formación de otros departamentos (Colón, Gracias a Dios, El Paraíso) volvió a tener básicamente los límites que había tenido el Partido en los 1600s.

10 Olancho se componía por las terrazas estructurales, o sea “valles,” de microclima seco tropical y vocación ganadera, como el Valle Abajo, Valle Arriba, Valle de Agalta, Valle de Lepaguara, y varios más, separados por “serranías” de pino y roble (Quercus) y “montañas” de selva húmeda. Era la zona de amortiguamiento (y contrabando) entre la Taguzgalpa al este y las áreas bajo control español al oeste. El tráfico entre Olancho y la Taguzgalpa se hacía principalmente por medio de los ríos de Agalta (Tinto) y Guayape/Guayambre (Patuca), mientras oficialmente los olanchanos apoyaban a los misioneros franciscanos y a los demás poderes coloniales en resistir la incursión de los grupos “invasores” como Tawahkas y Zambos Mosquitos entre los 1500s y los 1800s, quienes fueron apoyados por los ingleses durante la mayoría de ese tiempo.

11 Los sitios de Olancho no solamente eran de españoles y criollos sino también de poderosos mulatos y de los “indios cristianos” como los de Catacamas, Jano, y Guata. Los españoles, con sus esclavos africanos, llegaron en el principio para extraer el oro de Guayape, quedándose por la riqueza de sus pastos y ciertas encomiendas. Por su supuesto aislamiento geográfico relativo al resto del istmo, Olancho llegó a conformar una sociedad cerrada de hacendados, cada siglo más mestiza y mulata, con mucho poder y riqueza pero con muy pocas influencias de afuera (según el imagen, por lo menos). Sin embargo, desde el genocidio contra los pueblos de indios que hizo el gobernador Salcedo en 1527, hasta el masacre de los Horcones/Santa Clara en 1975, se reconoce a Olancho como sitio de represión de los campesinos mulatos y mestizos además de los indígenas, a menudo por algún asunto relacionado con el acceso a la tierra o el establecimiento de una frontera fija con las tierras no conquistadas al este. Por ejemplo, en la Fuga del Carbonal de 1700, cienes de indígenas Pech (Payas) fueron masacrados por tratar de escapar de las misiones-cárceles del Valle Arriba (del Río Telica) y volver a su “tierra dentro” en la Taguzgalpa. En los 1860s, el dictador Medina (“Medinón”), por medio de “la Ahorcancina” y con el apoyo de ciertos grandes hacendados del departamento, arrasó con la resistencia guerrillera en los pueblos del norte de Olancho, mandando cienes de familias en exilio, quemando pueblos (incluyendo la antaña capital, Manto, con todos sus archivos coloniales), y ahorcando hasta mil hombres10. En los 1980s, Olancho fue utilizado como punto céntrico para el contrabando de armas para la Contra; hoy ha llegado un extraordinario nivel de violencia por el contrabando en narcóticos. Las protestas sobre los derechos de tierra, ahora con pinta ecologista11, forman parte clave de la lucha de los que apoyan a “Mel” y sus seguidores (cuyo movimiento pretende cambiar la constitución para permitir la entrada de la banca popular al proceso legislativo, por medio de la “democracia directa”).

12 Cuando escuchamos a las voces de los olanchanos en los textos que empiezan a surgir de Olancho en los 1600s (por ejemplo en los expedientes de tierra y en las quejas de los indios a la Corona), detectamos un marcado reconocimiento de su identidad como olanchanos y de su historia de represión, con todo lo que ha significado. Claro, la identidad que se forjó nunca fue y nunca ha sido tan homogéneo como el imagen. Mucho antes de la salida de Mel Zelaya como reformador, hubieron terratenientes con cierta visión “progresista,” así como ha habido muchos olanchanos de todo los estratos sociales que han querido atraer intereses de afuera, en vez de repulsarlos, pero en el proceso marginalizar a los propios habitantes. Obviamente nunca hay una dicotomía malo/bueno entre exterior e interior, o de progresista-reforma agraria contra conservador-estatus quo, pero por los fines de esta exploración, pongo énfasis en estas tensiones para poder explicar mejor la recepción que tuvo Wells cuando visitó a Olancho, y en general los puntos de confluencia entre la sociedad olanchana y los intereses del exterior. En cierto grado, se puede detectar en sus mapas su interpretación de aquella realidad, si bien su enfoque siempre fue el oro.

13 Desde que entraron Hernando de Soto y demás conquistadores al interior oriental de Honduras en los 1520s, y desde que Francisco de Montejo mandó a fundar una villa en el Valle de Olancho dos décadas después, la reputación de Olancho como un El Dorado entre los más ricos del hemisferio se concretizó. Debido al trabajo de Wells y otros de su época, se comprobó para los intereses capitalistas de afuera la existencia de un enorme cantidad de oro de alta calidad en el oriente de Honduras (objetivamente, el oro tipo Guayape, de 22 quilates, es reconocido siempre como tal), aún después de descartar a la hipérbole. Sin embargo, desde por lo menos las relaciones del gobernador Anguiano en las últimas décadas de la colonia, Olancho y el resto del oriente de Honduras (Yoro y la Taguzgalpa) se reconocieron por más que su oro. Los textos describen una región poca civilizada con enormes riquezas naturales donde los habitantes, por ser ganaderos perezosos y violentos, no son capaces de lograr, o ni siquiera les interesa, su propio desarrollo. Es un topos que se consolida en la obra de Anguiano y nunca se expulsa del enredo de textos—a menudo citándose uno al otro—que llegó a influir en alto grado el imagen de Olancho en la mente de los olanchanos además de los demás hondureños y extranjeros.

14 El imagen de Olancho como “tierra del oro y del talento cuna” (un dicho popular) también se basa en las opiniones de los mismos olanchanos “progresistas” —no es solamente algo impuesto por intereses foráneos. No requería de la entrada de un inglés o un norteamericano para levantar la conciencia local sobre las riquezas y perezas de Olancho: en los 1800s, igual que hoy, es un tema conocido por toda la sociedad olanchana. Basta las palabras de los impulsores del desarrollo en Juticalpa (normalmente la cabecera departamental y siempre el centro de comercio y de intereses capitalistas). En 1841, Francisco Valdes, Jefe Político of Olancho, dio el siguiente discurso en la primera reunión de la Junta de Prosperidad de Olancho:

15Infaliblemente aunque no en el curso de pocos años, se verán que en el hermoso Olancho se ven soberbios torres en su Capital, que de ellas saldrán hombres á ocupar las magistruras y empleos, que por sus relaciones y comercio, la feracidad de sus tierras será aprovechada, viéndose sus campos cultivados con preciosos mieles, fructificar y liquidarse el jugo de la hermosa vid, cosecharse los demás frutos de Europa que se cultivan, y recogerse con facilidad industriosa el polvo riquísimo que indistintamente ha regado la Providencia, ya en nuestros grandes raudales…..Qué olanchano no inflamará su pecho con estas ideas, las cuales no son sugeridas por la lectura de geografías extranjeras sino por la vista y presencia de los objetos de riqueza de que estamos rodeados, y de que no sabemos gozar por pura inercia12?

16Fue seguido por las palabras del “Señor Presidente de la Junta,” Francisco Ayala:

17Señores: Hoy felizmente nos hallamos reunidos á dar principio á la prosperidad de un Departamento que ha sido privilegiado por la misma Naturaleza….los asuntos que nos designa la ley, son sin duda los que pueden desarrollar su inmensa riqueza, engrandecer é ilustrar sus pueblos…ojalá…que nuestro Departamento llegase al pináculo de felicidad de que es susceptible!.…Nos congratulamos con todo el pueblo Olanchano por tal acontecimiento…pedimos la cooperación de todas las personas que puedan prestarnos sus luces13.

18 Así es que se puede apreciar que las ideas que partidarios como Wells traían de afuera encontraban eco entre ciertos olanchanos. Sin duda éstos conformaban una proporción minúscula de la población del departamento, en comparación a la gran cantidad de personas que se habían visto despojados de sus tierras con la destrucción de las cofradías y usurpación de muchos ejidos después de la independencia, mecanismos fuertes que habían para proporcionar tierra en los valles a los pequeños agricultores y ganaderos. Empero, toda la narrativa de Wells depende en la creencia que el lector tenga que los aristócratas de Olancho sí querían colonos y inversionistas de afuera; según mi juicio, esta parte era cierto.

19 Wells, estereotícamente, justificó la llegada de norteamericanos por constatar que los nativos no poseían ni el impulso ni la tecnología necesarios para trabajar la tierra y sacar sus minerales. Sin embargo, reconoció que los mismos hondureños les atraían las riquezas auríferas de Olancho: cita y recopila partes de un libro que consiguió en Tegucigalpa, escrito por un Bernardis, “Golpe de Vista sobre Honduras: considerado en sus relaciones Físicas y Geográficas, seguido de un comunicado, sobre la riqueza de Olancho y Yoro14”.

20 Aunque hizo el primer mapa detallado de la región, Wells no fue el primer extranjero en llegar a Olancho después de la independencia y como representante de intereses que querían instalar una colonia. Cuando estuvo en Olancho, Wells se dio cuenta de un anterior esfuerzo, en 1847, cuando un inglés (“Mr. Bull” o “Mr. Blanchard15”) llegó con el Rey de los Mosquitos y la intención de establecer una colonia en Las Flores, río abajo de Catacamas por las planicies del Río Guayape (área del Valle de Azacualpa). Los ingleses estaban urgidos por establecer dominio sobre una área que durante siglos había beneficiado del contrabando entre los olanchanos y la Taguzgalpa, o la Mosquitia; sin embargo, la relación siempre era tensa ya que en varias ocasiones los Zambos Mosquitos habían quemado a Catacamas, sembrando el terror entre los supuestamente mal defendidos olanchanos (tanto que, por la conveniencia de los grandes hacendados, el precio de las tierras en los valles fronterizos con “el enemigo zambo” siempre era muy bajo). El resultado del episodio de 1847 fue el desalojo de los ingleses, quienes habían violado las reglas sociales de las familias más poderosas de Juticalpa en un enfrentamiento. Por temor a los futuros estragos de los ingleses, asevera Wells, los olanchanos querían protección y hasta colonización por los norteamericanos (Wells dice que él defendió los ingleses ante la opinión de los olanchanos, diciendo que eran de la madre cultura de los norteamericanos, así que merecían respeto).

21 Por lo menos dos visitas de norteamericanos fueron anteriores a la de Wells, quien llegó a Olancho después de septiembre de 1854 desde Tegucigalpa y volvió a Tegucigalpa el siguiente año. En su primer artículo16, Wells cuenta que un mercante neoyorquino presente en León, Nicaragua en 1848, se dio cuenta de las riquezas auríferas de Olancho y fue ahí, quedando un año para conseguir una concesión de 30 por 60 millas en el Valle de Guayape, pero que esto se expiró en un año. Su reporte llegó entre los oreros de California (en particular a Byron Coles17), y decidieron conformar un grupo de inversionistas llamado “Honduras Mining and Trading Company” (HMTC). Wells fue su representante, y la idea de ellos, según él, era recuperar la concesión. En su libro18, Wells dice que el señor (cuyo nombre nunca se revela) visitó a Olancho en 1850, y que Wells había podido examinar sus notas a partir de 1851. El señor aparentemente pintó a Olancho como igual a California en cuanto a la cantidad de su oro, y aún mejor en “posición y accesibilidad”.

22 Lo que nunca mencionó Wells — y que introduce confusión al pequeño episodio de colonización de Olancho — es un viaje largo que aparentemente había hecho un Dr. Charles Doratt a Olancho en 1853. Según su carta, que publica E. G. Squier en 185519, Doratt visitó los mismos puntos que Wells, pero Wells solamente reconoce a Doratt por haber comprado dos minas de plata cerca de Tegucigalpa después de la salida de Wells en 185520.

23 Claramente, Wells no revela toda la historia de lo que pasaba en cuanto a los intereses externos sobre el Río Guayape, y esto tal vez ayuda a explicar los considerables errores que tiene el mapa principal que hizo. Hasta cierto punto daña la credibilidad de Wells como fuente de datos objetivos (que hasta la fecha no ha sido seriamente cuestionado, por lo menos en cuanto a sus detalles etnográficos y de historia natural). Este tema retomamos abajo. Acordémonos que Scroggs21 escribe que fue el HMTC que había recibido la original concesión de Guayape, y que Wells iba a examinarlo (aunque tal vez esto sea solamente una mala interpretación por Scroggs).

Propósito del viaje y el mapa

24William Vincent Wells era periodista y aventurero de Boston, y cuando tuvo 22 años se fue para California, y después a Nicaragua y Honduras en 1854-1855. En esa época, fue ardiente partidario de los filibusteros, y como Greenberg22, Scroggs23, y el presente artículo revelan, fue una persona importante para los planes imperialistas de ellos. Después de su época centroamericanista, Wells llegó a tener cierta prominencia en California, y su eventual renombre como autor llegó por la biografía que escribió de su ancestro Samuel Adams24. Una nota escrita por Charles A. Cutter en la portada de una copia de la biografía de Walker25 que Cutter donó a Harvard dice que Wells en años después se arrepintió por completo de su asociación con la biografía, así que parece posible que llegó a cambiar su punto de vista radicalmente26.

25 Wells dice que fue a Honduras para varios propósitos, tales como renovar la concesión de Guayape, documentar los recursos minerales, vegetales (maderas), y animales (cueros), y estudiar la posibilidad de instalar una colonia de norteamericanos o por lo menos sus puestos comerciales, levantando toda la información geográfica que significaba tal trabajo tan ambicioso. Construir un mapa era paso obligatorio para la localización de las regiones auríferas y también para clarificar las rutas fluviales que se podían seguir desde la costa hasta el interior, que todos sabían que existían, pero no se entendía exactamente donde. En su primer artículo27, Wells dice que los socios del HMTC específicamente querían saber hasta qué punto sobre el Guayape podrían llegar los barcos de vapor.

26 Wells dice que cuando estuvo en Olancho persiguió abiertamente la idea de establecer una colonia sobre una concesión de tierras de los Zelaya cerca del Río Guayape y traer esclavos negros para trabajar el oro con los métodos más modernos de California; los colonos serían trabajadores del oro de California. (También sembró la idea de tener una feria comercial en Juticalpa para que los productos de la región no tuvieran que ir hasta San Miguel, El Salvador, para venderse.) Al escribir su libro, en 1856, Wells menciona que en ese año hombres de California ya estaban trabajando en Olancho, pero aparentemente por los cambios constantes en el paisaje político de Honduras y Centroamérica en esa década, la colonia nunca se hizo (aunque otro sí—veánse VII, abajo).

27 Antes de entrar en el análisis del mapa principal, debo mencionar que el primer mapa básico (Fig. 2) se publicó en su primer artículo28—anónimo pero al cual Wells hace referencia en su libro — y señala placeres de oro en varios lugares, delimitando a Olancho por sierras al sur y al oeste así como que fuera una tierra a parte, punto primordial en la construcción cartográfica de aquella región en la imaginación geográfica neocolonial. Este mismo mapa salió en su segundo artículo de 185629; ambos artículos y el libro de 1857 contienen también docenas de grabaciones originales de su artista, a veces mal etiquetadas pero sin embargo conformando el cuerpo de representaciones iconográficas de mayor tamaño y mejor detalle de Olancho antes del siglo XX. También se publicaron mapas generales de Centroamérica, incorporando ciertos rasgos de Olancho30; además hay un mapa detallado de los yacimientos de plata alrededor de Tegucigalpa31.

28 Abajo reproduzco las palabras principales que pronunció Wells sobre lo que creía ser la importancia de su mapa. Este subtexto empezó en su primer artículo, donde menciona que su reporte a la compañía iba acompañada por “original maps of regions hitherto unknown to miners and geographers32”. Termina el artículo (lo cual contiene ciertos detalles que no están en el libro, además de mucha repetición):

29The region I have described to [the reader], although not more than four days’ distance from New Orleans by ordinary steam navigation, has been hitherto unknown even to geographers. Its rivers and mountains…have been created by desperate map-makers to fill unsightly blanks. Now, on the contrary, I have spread before me a map of the noble river Patook [Patuca] and all its branches, with every farmhouse and village in Olancho, and the number of their inhabitants33.

30Sigue el tema en las primera páginas de su libro:

31The topography of the country seems to have been thrown in hap-hazard to fill up unsightly blanks in maps of which only the coastlines, in some instances, were correct…Honduras was as much a terra incognita as the interior of Japan. The accompanying map of Eastern Honduras is the result of no little labor, and, though not embracing a very extended space of territory, corrects the absurd blunders appearing in all preceding ones of Olancho. The distances between the principal towns and haciendas and their location I generally ascertained from personal observation assisted by the information readily accorded me by the most intelligent residents. No map from actual survey, to my knowledge, has ever been made of this secluded country, except a rude and incorrect one, sent, in 1851, to Señor Rugame, of Nacaome, by a native of Truxillo, who had formed a rough tracing of Olancho for the purpose of locating certain government grants of land on which to prosecute mahogany-cutting. The few interior towns introducted toward the line of the proposed inter-oceanic railroad are according to the map of Mr. E. G. Squier. Should Olancho hereafter become the field of extended scientific surveys, there will be found, I think, but few errors in the present map, and such as an unaided and inexperienced traveler could scarcely avoid committing34.

32Wells después vuelve a su tema de los cartógrafos desesperados que inventan lugares para llenar los vacíos35; la certeza de esto se puede comprobar por una examinación del Atlas de mapas históricos de Honduras de William V. Davidson36, donde se puede apreciar la falta de detalles del interior oriental del país, tal como se quejaba Wells, en las obras anteriores a 1857, con muy poca excepción. Aquí debo notar que Wells reconoció a E. G. Squier (y a su entonces no aclarecido pseudónimo Bard) por su esfuerzo de elucidar la geografía de Honduras, pero comenta que no habían salido sus obras sobre Honduras a tiempo para que Wells las utilizara durante su propio viaje. Como escribe Davidson37, Wells plagió a Squier en su cartografía de la parte central del país donde Wells personalmente no fue, pero el resto del mapa es hecho por el esfuerzo de Wells (aunque caben algunas dudas sobre esto: veánse V, abajo).

33

 Fig. 3. Detalle del mapa de Wells 1857
Fig. 3. Detalle del mapa de Wells 1857

34 Interpretando al mapa en general (Fig.1 y Fig. 3), vemos que: pone énfasis en definir a Olancho como una tierra a parte del resto del país; está lleno de oro así como la región alrededor de Tegucigalpa está llena de plata; está libre de la idea de violencia y conflicto; es dominado por la familia Zelaya; el Río Guayape es el mismo Río Patuca (“Patook”), y no afluente del Roman/Aguán, o Agalta/Tinto. El mapa en sí, sin analizar sus detalles casi totalmente incorrectos, forma parte fundamental de la narrativa creciente de Olancho que lo construye como perfecto para la colonización, para un “little republic within a republic38”. En general, sus palabras sobre Olancho también son extremadamente positivas, escritas obviamente para atraer inversionistas, para promover a una región como no estereotípicamente tropical con todos los horrores que conllevaba39, y con una cultura no violenta (¡!) — solamente perezosa — en esperanza de los norteamericanos40. Los detalles sobre la cultura y la historia natural en general, según numerosas comparaciones que he hecho con la actualidad, son fieles a la realidad, con las notables excepciones que se discuten abajo.

Narrativa sobre la construcción del mapa

35Ahora examinemos los procesos que según Wells le apoyaron en construir un mapa tan excelente e importante:

36I am indebted to [Opolonio Ocampo, un cortador de Caoba costarricense radicado en Olancho, con varias concesiones] for the topography of the Guayambre and Jalan rivers, with their branches. My map was an object of singular interest at Jutecalpa, and attracted crowds, each person having some hacienda to insert, or some range of hills or river course to suggest. The most ignorant understood the nature of the work, but I found their estimates of distance and direction very unreliable, where an American backwoodsman would be clear and accurate41.

37It was my custom in all parts of Olancho to spread this [croquis de mapa] upon the rude table, and, with dividers and pocket compass in hand, to inquire of the old natives the direction and distance of certain places. These were noted in pencil, and altered to meet the opinions of the interested crowd, whom I allowed to dispute and contradict each other as to distance and course, silently treasuring every word, and gradually filling my map. This I always had with me in a circular tin case. The oldest residents, many of whom had never been out of Olancho, knew with great accuracy the names of every town, hacienda, and mountain range in the department; and by altering, erasing, comparing, and adroit questioning, I was enabled in a few months to obtain a pretty correct map of the gold region. Of course, it was necessary to make every allowance for inaccuracy in distances, one man’s mile being another’s league in Olancho; but by carefully noting the positions from all parts of the country of prominent peaks, such as those of Tiupacente, Monte Rosa, Aguacate, El Boqueron, and Guaymaca, all far removed from each other, and lofty landmarks every where visible, I could compare the various bearings, and correct with some degree of certainty the errors consequent upon so rough a reconnaissance. I, moreover, traveled “note-book in hand,” and allowed nothing worthy of note to escape me42.

38En otra ocasión:

39Few knew anything about the points of the compass, or the position of the north star; but their ideas of direction were almost infallible, and as reliable among themselves as the ancient system of navigation by the stars. On ascertaining the exact bearing of a place by my compass I located it on the map, and then pursued a separate series of questions as to what streams, mountains, and valleys must be crossed to reach it. The statement that a compass is valueless in the mountains of Honduras, owing to the mineral deposits, is simply absurd, and not entitled to a moment’s consideration43.

40Sobre la cartografía del curso del Río Guayape, uno de sus metas principales:

41Julio who had lived in the vicinity above thirty years, gave me the distance by bends of the river from Las Marias to Catacamas. He was familiar with it, having often passed the entire distance in canoes. I took down his figures with an air of great interest, and was afterwards amused with finding that the aggregate of Julio’s leagues would take me beyond the mouth of the Patook, far into the Caribbean Sea! I mention this fact, which is a fair sample of the accuracy of the natives in matters of distance, to illustrate the difficulty of forming a map with the data of the inhabitants for a guide. The explorer must rely entirely upon his own observations44.

42 Por medio de estos pasajes, Wells describe un proceso participativo para comprobar datos, reconociendo que la gente local se equivoca a menudo, como haría cualquier investigador que se considera “realista” (¿incapaz de simpatizar con las geografías distintas locales?). Pero se contradice cuando en un momento parece dar valor al conocimiento local, y en otro descarta la posibilidad de aceptarlo. Teoréticamente, tenemos un ejemplar impresionante de la cartografía colaborativa, y si nos permitimos creer un poco a Wells, podemos estar de acuerdo que las distancias y áreas a menudo se amplifican en Olancho45. Es irónico, pues, que el mapa, por razones no completamente entendibles, no puede servir absolutamente en nada para la navegación o la orientación del viajero fuera de la ruta terrestre entre Tegucigalpa y el Valle de Lepaguare, y posiblemente para llegar a Juticalpa sin perderse. El resto, aunque tiene muchos rasgos correctos (o sea, que existían), no los coloca ni cerca de sus posiciones correctas—al seguirlo como guía, se perderían por completo cualquier futuro colono.

Errores en el mapa

43En primer lugar, Wells (quien admite su poco entendimiento del español) hizo el error común de confundir el término “montaña” con “mountain.” “Mountain” (mountains, mountain range) es la traducción de “sierra/s,” “cerro/s,” y “cordillera/s”; al cambio, en Olancho siempre se ha utilizado “montaña” para hacer referencia a los paisajes de bosque “espeso” (“montaña agria,” “montaña vírgen,” o “montaña cruda”) o sea a las selvas tropicales — que a menudo, entonces como hoy, cubrían los picos altos además de la tierra baja que separaba Olancho de la antaña Taguzgalpa. Igual a muchos cartógrafos después, Wells quiso que las grandes cordilleras interconectadas de Honduras tuvieran grandes nombres, cuando en actualidad, desde el nivel local, no tienen y no han tenido — solamente lleva nombre cada parte, normalmente de “cerro” cuando se refiere a un pico, y “montaña” cuando se refiere a lo que lo cubre (por ejemplo, “en Catacamas hay algunos cerros altos cubiertos por montañas crudas”). Se puede apreciar el mal entendimiento de Wells cuando aplica “Mts. de Salto” a parte de una cordillera que separa Olancho del mundo exterior. Wells entiende “salto” como el punto donde empieza el brinco o “jumping-off place” de las alturas del interior del Istmo hasta las planicies de la costa caribeña46. La realidad es mucho más sencillo: cerca del camino real que transitó Wells, por la divisoria de aguas de los ríos Jalán y Guayape y la frontera de Olancho con Francisco Morazán (por la misma ruta de la Carretera de Olancho de hoy), hay una catarata en un río; la montaña que existió en este punto tomó el nombre de la cascada.

44 Wells sí pudo captar la existencia de múltiples cadenas de sierras que dividen el Valle de Olancho (o sea el “Valle de Guayape” en su curso intermedio) de la costa del Caribe al norte47, equivocándose poco en los topónimos pero casi siempre en las posiciones relativas y absolutas o las extensiones de los lugares que pretendía representar. Por ejemplo, si bien hubiera investigado correctamente la geografía de Olancho, la Montaña de Tayaco, por donde pasa la línea que divide Olancho y Yoro (hoy Colón) y paso obligatorio y famoso en el camino real para Trujillo, no habría aparecido esto al norte de “Valley of Olanchito” (queda al sur) — ni tampoco hubieran aparecido San Estevan [sic], Tonjagua, Coronado, y el Río “Grande Tinto o Río de Agalta” en el “Valley of Olanchito,” mientras el “Valley of Agalta,” que sí contiene estos, apareciera al noroeste de Juticalpa.

45 En esto y muchos demás equivocaciones en lugares adonde no fue, podemos suponer que Wells se confundió por no entender bien el castellano. Dado que tuvo abundante oportunidad por estar presente en Juticalpa durante la feria patronal, con acceso a muchas personas de todas partes de departamento, y sus frecuentes conversaciones con mercaderes y otros que conocían las dos rutas principales a la Costa Norte—concluyo que en cuanto a lugares que él no visitó, realmente no fue capaz de captar la información correctamente.

46 Más desconcertante es ¿porqué Wells se equivocó drásticamente en la ubicación de lugares que supuestamente sí visitó? Él mismo habla de subir a puntos altos adentro y alrededor del Valle de Guayape, utilizando su brújula, y observando puntos bajos, como Juticalpa, que se divisaban desde las alturas. Sin embargo, no se explica fácilmente, por ejemplo, porque la comunidad importante de Jutiquile (“Jutequile”; “Jutiquili”) que se menciona en el texto, y se ubica en el mapa, como 18 millas al noroeste de Juticalpa. Jutiquile quedaba (y queda) 9.5 millas al nordeste de Juticalpa sobre la ruta principal entre Juticalpa a Catacamas, la cual dice que siguió, aunque por una ruta poco directa; sin embargo, tuvo que haber ido alrededor o cerca de Jutiquile, por lo menos en el regreso. Este viaje a Catacamas es clave para estudiar la mala orientación de Wells. De Juticalpa en el Valle Abajo primero fue al Valle Arriba (o sea el Valle del Río Telica), al nordeste de Juticalpa y separado por los cerros altos de los “Mountains of Jutiquile.” Hasta allí, bien; después, Wells dice que subieron desde la comunidad de Telica, sobre el lado norte de los Mountains of Jutiquile, bajando despues a otra Telica en el Valle de Abajo, y que fueron después a la Hacienda de San Roque y a Punuare (con una excursión a Olancho el Viejo, donde encontró las ruinas de una hacienda de los 1700s que creyó que eran las ruinas de la villa española que fue abandonado en los 1500s), a Santa María del Real, y, cruzando algunos cerros altos, llegaron a Catacamas. Después volvieron a Juticalpa, aparentemente por la misma ruta.

47 Permitiendo que Wells sí fue primero al Valle de Arriba, es imposible que podría haber llegado al Valle de Abajo otra vez sin cruzar uno de los ríos más importantes de Olancho, el Río Telica; nunca lo menciona y no está en el mapa, aunque menciona dos poblados con este nombre. Desde Telica—la segunda y existente comunidad, en el Valle Abajo al pie del cerro—por fuerza tendría que haber pasado por Jutiquile para llegar a San Roque, o tener muy buen razón por no hacerlo. Y si el cuento es confuso hasta ahí, vuelve a ser completamente impráctico entre El Real y Catacamas, ya que nunca hubiera sido necesario pasar altos cerros (de la Sierra de Agalta) entre los dos pueblos vecinos, dado que como el resto de los pueblos entre Juticalpa y Catacamas, quedaban y quedan sobre el abanico aluvial al borde del Valle Abajo, conectado por un camino real totalmente en el valle. Si el relato es confuso, el mapa es un relajo de lugares y sierras en esta parte, puesto en sus lugares, al parecer, de manera al azar.

48 Lo raro en todo esto es que con la posible excepción de la observación de un jaguar, el resto de los detalles del viaje a Catacamas concuerdan con la realidad (hasta las descripciones de ciertas aves) — y en general, como ya noté, los detalles sobre la cultura e historia natural son más que adecuados. Pero en cuanto a la ubicación de lugares — por no mencionar otros errores graves en ubicar La Concepción, la Corte Sara, Río Jalán, y Laguna del Quebracho (“Quebracha”) después de hacer visitas extendidas, y muchos lugares demás que no solamente quedaban en áreas abiertas y accesibles, sino que también se divisan desde cualquier cerro en el área — surgen unas preguntas de las cuales no podemos escaparnos. Aquí sirven de inspiración si algún día se localizan los papeles de Wells — o tal vez simplemente todo tiene que ver con la pérdida de muchas notas que Wells mismo dice haberle ocurrido después de su salida de Olancho.

49 Hasta ahora hemos mencionado su mal castellano (¿habrá confundido “noreste” con “noroeste”?) y la pérdida de algunas de sus notas, pero podemos por lo menos plantear la sugerencia que, además de su admisión de no ser un científico entrenado, aún sufriendo de un exceso de hubris, Wells también fue engañado y/o tuvo intención de engañar y encubrir, o bien los intereses de la HMTC tuvieron influencia. No confío mucho en la intención de Wells para engañar al público porque generalmente da los detalles correctos (por ejemplo, que el Guayape era el mismo Patuca, y la ubicación de los placeres en el Río Guayape), mientras los lugares sobres los cuales se equivoca en sí no eran tan importantes para la navegación y la extracción de recursos. Queda la posibilidad que decidió—o más bien recibió ordenes de sus superiores en la HMTC—de confundir intencionalmente para que no fuera tan útil el mapa para los posibles competidores. También en el caso de Ocampo, podemos suponer que él no quería tan fácil acceso por la competencia, ya que parece que él tenía acceso único a la caoba de Olancho en ese tiempo, y la inversión involucraba considerable monto de capital. Examinamos la posibilidad de engaño por los mismos olanchanos abajo. Pero, en referencia a los trabajos de Squier y Doratt que hice arriba, nos queda otra posibilidad, la que Wells solamente hizo una parte de su viaje, y por razones oscuras copió las notas de otros (como plagio o en complicidad). Dado el ambiente de la época, creo que valdría la pena examinar la intertextualidad de Wells, Doratt, Squier, Cole, Walker, y otros que obviamente tenían interés en colonizar la región aurífera de Olancho, para no simplemente juzgar a Wells como un inepto.

El punto de vista local

50Se mencionó la posibilidad de que Wells fuera engañado. No parece tan difícil o extraordinario creer esto, ya que la sociedad olanchana tenía sin duda numerosos asuntos de los cuales, por diversas razones, no querían que personas de afuera se enteraran—como todas sociedades tienen. Según mi investigación etográfica en la región ha sido el caso que las realidades cotidianas, como los pleitos entre familias, no se revelan fácilmente a los visitantes de afuera, para proteger a los intereses de todos y pues mantener el estatus quo. Por ejemplo, siempre existía contrabando de varios productos en los 1800s, y podría ser simplemente el caso que las personas que guiaron y ayudaron a Wells tuvieron el entendimiento que ni ellos, ni los intereses grandes que lo apoyaron (familias Zelaya y Garay, la Iglesia Católica) se iban a “meter en líos” con ciertos terratenientes y/o ciertos pueblos “problemáticos”. La historia y actualidad de Olancho está lleno de ejemplos de la exclusión de los visitantes de afuera de áreas y situaciones de naturaleza peligrosa. En mi investigación, me pasó a menudo, a veces con algo tan sencillo como la presencia de una vendetta “caliente” o de un campo de marihuana; los guías en el campo casi siempre sabían como evitar enfrentamientos.

51 El mapa nunca llegó a las manos de los hondureños, ni menos a los olanchanos. En cambio, Wells nota que los mapas que él trajo de los Estados Unidos fueron copiados por un sacerdote en Juticalpa48, y así vemos que en cierto aspecto los mapas en general tenían utilidad. Pero por lo general, los mapas no son herramientas utilitarias para la vida cotidiana de Olancho. La ubicación y delineación de las tierras privadas y comunales siempre han sido muy importantes, pero éstas se entendieron por las descripciones del terreno escritas en los títulos de tierra y por las tradiciones orales, que a menudo eran muy exactas. De hecho, la representación de la tierra local no ha sido predominantemente por medio de mapas ni aún por grabados, pinturas, o fotos, sino por palabras (cuentos, poesías, relatos en las casas, etc.). Nunca hubo y no hay una tradición autóctona cartográfica en Olancho, si entendemos a “cartografía” en términos estrictamente tradicionales y occidentales. Que sí hay y había una cartografía oral, descriptiva, y de la imaginación es indisputable—las discusiones sobre ubicación de lugares y su relación con la ubicación de otros lugares es intricado e interminable (y esto podemos detectar en Wells). El fuerte interés en Olancho sobre las características de los lugares, las rutas entre lugares, y todos los rasgos culturales y naturales de los paisajes es tema constante de las conversaciones en cualquier contexto, puesto que la sociedad es predominantemente rural y agraria, temas relacionados con las percepciones y manejo de las tierras son primordiales.

52 El mapa de Wells, junto con su texto sobre Olancho en general, tuvo efecto como herramienta neocolonialista, impuesto sobre la tierra pero no informando ni menos educando a los mismos que habitaban y habitan la tierra. Fue, como tantos ejemplares de su tipo, una llave de entrada.

Conclusiones: consecuencias del mapa y la obra en general

53Aunque no comprueba si fue por sus propios esfuerzos—y bien puede haber sido por esfuerzos paralelos—Wells escribe que al principiar 1856, algunas compañías de norteamericanos se habían ido para Olancho desde distintos puntos de los Estados Unidos49. Sospecho que una de estas fue el esfuerzo de colonización de Burchard y Weed (véanse abajo). Él menciona otra por nombre, el “Honduras Colonization Society,” que salió de Mobile, Alabama, y que tuvo como objetivo el asentamiento permanente en la región aurífera del Guayape. Llegó la compañía a Trujillo y se fueron los viajeros al interior, encontrando oro cercano; desconozco otra fuente que habla de cómo terminó esa aventura, o si llegó a Olancho.

54 En cuanto al fin del HMTC, Wells, en su biografía de Joseph C. Tucker50, describe cómo falló todo el proyecto. Tucker conoció a Wells y los socios en 1855 en San Francisco, y fue a Nueva York (para atraer capital) y a Washington donde el Presidente Franklin Pierce le nombró “U. S. Consul General and Commissioner,” consulado “with special powers,” al gobierno de Honduras. Wells señala que efectivamente con las dos concesiones del ferrocarríl (Squier) y el FMTC, hubo “virtually a transfer of the Republic…to the two companies, thus…resembling, in many respects, the English East India Company51”. En 1856, Tucker fue a Nicaragua y después a Honduras, pero apenas logró escaparse con su vida por ser confundido con los filibusteros, y no le reconoció el Presidente Guardiola en Comayagua; sin embargo, el Secretario del Estado en Washington, Marcy, no pudo quejarse por estar demasiado avergonzado por los acontecimientos de Walker (en esto, Wells esconde su propia asociación con Walker).

55 Con la pérdida completa de los filibusteros, el fusilamiento de William Walker en 1860, y el principio de la Guerra Civil en los Estados Unidos el siguiente año, es tal vez sorprendente que William Burchard, eventual agente consular de los Estados Unidos, con su asociado Raymond Weed, formaron una colonia agrícola en Olancho en los 1850s que pudo subsistir hasta por lo menos 186352. La concesión fue dado por el Presidente Guardiola y su gobierno en 1859—y ratificado en 1860—bajo el nombre de “New York Navigation and Colonization Company,” lo cual nos permite especular que estuvo relacionado íntimamente con el esfuerzo de Wells, disfrazado tal vez para lograr su éxito donde Tucker y el HMTC habían fracasado. En sus reportes en los Estados Unidos, Burchard y Weed mencionan que los colonos que habían llegado (supuestamente desde alrededor de 1854) trabajaron con el café y demás productos agrícolas. Citando a los escritos de Squier y a Wells, pero sin clarificar exactamente cuál era la relación con otras compañias, el esfuerzo de Burchard y Weed supuestamente logró a abrir camino por lo largo del trayecto Juticalpa-Dulce Nombre de Culmí y la costa del Caribe en el área del Río Tinto, por medio del corredor y viejo camino del Valle de Paulaya. Los colonos sembraron 300,000 plantas de café, entre otras actividades. La idea no fue enfatizar el oro, sino el resto de la riqueza natural de la tierra.

56 Burchard, en su reporte al Congreso de los Estados Unidos53, menciona que Olancho está cercado por una cadena casi completa de cordilleras, así protegido de los corrientes políticos y la situación caótica del resto del Istmo. Así vuelve a un tema central que ayudaba a promover la región y que se apoyaba en los mapas de Wells. Desconozco el fin de la colonia; el apellido “Burchard” quedó en Juticalpa y el topónimo de “La Colonia” quedó donde se ubicó su asentamiento entre Dulce Nombre de Culmí y el Valle de Paulaya. Podemos decir con seguridad que Burchard y Weed pertenecen a la misma época y narrativa histórica que Wells; sin embargo, no podemos decir, dado las fechas, que simplemente agarraron el mapa y se fueron para Olancho. Pero esto sí vendría con los aventureros en las décadas después.

57 En cuanto a la colonización de Olancho, su punto final parece haber llegado con el ya mencionado genocidio de La Ahorcancina en 1865, que finalizó la guerra de los rebeldes en los pueblos del norte de Olancho. Después entró la mano dura de la autoridad central otra vez en 1868 con la represión que siguió la breve rebelión del Cinchonero en Juticalpa. Sin embargo, los hechos genocidiales no pararon a los intereses de afuera, y periódicamente salieron textos aliados con Wells en espíritu e intención, como “La tierra del nuevo hogar” del agente profesional de colonización Hugo Komor54, quien describe Olancho en los 1920s con todas sus riquezas: una tierra vacía esperando colonos europeos para hacer rendir a la tierra.

58 Con cierta ironía, fueron los esfuerzos de la Reforma Agraria en los 1960s y algunos eventos antecedentes que por fin atrajeron mucho inmigrantes a Olancho para asentarse en la ricas tierras “vacías” de las montañas y valles. Estos colonos eran campesinos de Honduras y El Salvador, por supuesto, pero la resolución de sus luchas fue en gran parte su sangrienta represión, culminando el 24 de junio 1975 en el ya citado masacre de Horcones/Santa Clara —que fue el punto de exclamación de una conflicto de baja intensidad que había durado por siglos, cuya fase más reciente había ganado los terratenientes.

59 Nunca trajo la esperada colonización, pero el mapa y texto en general de Wells parece haber tenido gran impacto en su poder de atraer a los aventureros oreros. Se debe mucho a la publicación en inglés de la leyenda de la destrucción de la ciudad de San Jorge de Olancho en los 1500s debido a los pecados y codicias de sus habitantes, teniendo particular importancia el relato del tesoro enterrado. Durante mi investigaciones de campo en El Boquerón en los 1990s, donde se situaba la Villa de San Jorge, se me enseñaron cartas llegadas a aventureros quienes habían venido a quedar en El Boquerón para buscar el tesoro perdido en numerosas ocasiones. Es creencia entre los habitantes del lugar (y en general en Olancho) que ciertas personas, incluso extranjeros, se han enriquecidos de repente de encontrar vírgenes de oro puro y otras riquezas (Wells cuenta esto en varias ocasiones también), y que siempre existe tal posibilidad.

60 Hasta el momento, siguen llegando compañías hondureñas y del exterior con nuevas concesiones sobre las mismas tierras del Río Guayape que describió Wells (el Murciélago, Alemán, el Retiro, etc.), y siguen los conflictos sobre los derechos minerales. En varios casos que he examinado, los oreros de afuera y hasta los de Honduras, dado la presencia de su libro en traducción desde 1960, y las descripciones exactas que contiene (aunque el mapa en forma reducida no es muy legible), han basado sus inspiraciones en Wells. Por supuesto, hay una panorama mucho más amplio de la extracción artesanal e industrial del oro en el oriente de Honduras, ya que es un recurso que provee ingresos para cienes o miles de familias en Yoro, Olancho, y Colón (tiene la peculiaridad que en la cultura artesanal las mujeres son las mismas oreras, o si no, muchas veces son las que dirigen las operaciones, por lo menos si son empresas familiares; esto también notó Wells).

61 Vemos que Wells (y Burchard y Weed), representando a Olancho como aislado, un mundo a parte, no se apartaron mucho de la imaginación geográfica de los mismos olanchanos — ni en la calidad y cantidad de su oro, ni en cierto aspecto la idea de que debían de llegar de afuera personas no hondureñas para “despertar” su gran promesa. Si en ciertos aspectos sea exagerado, además de ser racista — lo normal para la época, y de esperar de una persona que aunque era “yanquí” apoyaba la política de esclavitud del Sur — Wells y su mapa, tal vez inesperadamente e indirectamente, llegaron a tomar un lugar central en la historia de esa región. Lo que tal vez fue más efectivo era su insistencia — en mapa y en página — en el poder de la familia Zelaya, quienes en actualidad nunca llegaron a ser las personas más poderosas del departamento. Wells mismo se contradice cuando describe al verdadero “Croesus” de Olancho, el Señor Garay en Juticalpa, pero la leyenda conveniente de los Zelayas se quedó, y hasta el momento tiene mucho seguidores.

62 Wells, para los propósitos de su concesión con ellos, tuvo que pintar a los Zelaya —indudablemente poderosos dueños de los sitios del Valle de Lepaguare y la región del Río Guayape—como los casi-dueños de todo Olancho. Ni cerca llegaron, y nunca han llegado a serlo. Más que los Garay, fueron los Vilardebó-Güell (en Manto, donde Wells no fue), los Canelas, y docenas más que conformaron el élite de la clase latifundista. Sin duda, cuando en 1960 salió en Honduras la traducción del libro de Wells en español55, la bondadosa reputación de los Zelaya fue consolidada. Pero esto cambió drásticamente cuando Manuel Zelaya (padre del actual ex presidente) fue implicado en el masacre de Santa Clara/Horcones en 1975, y en la imaginación hondureña “Zelaya” llegó a simbolizar Olancho — no como el imagen en el libro de Wells, sino siniestro, la cara de una tierra a parte, agarrada por los terratenientes con poder absoluto, metidos en un violencia y un temor extremo y sin cesar. Cuando empecé a vivir en Olancho en 1991, la reputación de los Zelaya fue tal que las personas de afuera que conocían poco del departamento a menudo me aseguraban que los Zelaya eran los que dominaban todo —en vez de ser madereros y hacendados poderosos con aspiraciones políticas, simplemente unos entre muchos viejas y nuevas familias caudalosas que tenían influencia política.

63 En la imaginación hondureña, “Zelaya” no dejó de asociarse con toda la mala reputación de Olancho hasta la exitosa campaña electoral de “Mel” (y entre sus detractores, hasta la fecha). Después del golpe de estado en 2009, “Mel” el olanchano fue el fulcro de uno de los conflictos políticos más peligrosos en América Latina desde la terminación de la Guerra Fría. Las subsiguientes luchas se inspiraron fundamentalmente en el esfuerzo que su gobierno había hecho para establecer la democracia directa en el país, como respuesta a lo que él y sus seguidores percibían como el fracaso del sistema representativo como única vía al poder económico y social de las clases marginalizadas. En muchas ocasiones después del golpe, “Mel” y su familia citaron a su experiencia de niñez en el campo olanchano, explicándose así porque un hacendado podía simpatizar con el sufrimiento del campesinado. En por lo menos una de las entrevistas televisadas que dio cuando tentaba volver a la presidencia en 2009, Zelaya citó a Wells: constatando que era hondureño con raíces en Honduras y que por eso tenía que volver a Honduras, donde su familia había vivido, en el Valle de Lepaguare, Olancho, desde los 1500s, así como describió Wells (dijo él). Una última ironía — concordando con Wells, que insistía en la pacifismo de los olanchanos — es que Mel, en su exilio y también cuando logró tener asilo interno en la Embajada de Brasil en Tegucigalpa, siempre suplicaba a sus seguidores — que incluían un muchedumbre de olanchanos armados, por cierto — que actuaran en forma pacífica, lo cual hicieron.

64Notas de pie de página

651 William V. Wells, Explorations and adventures in Honduras, comprising sketches of travel in the gold regions of Olancho, and a review of the history and general resources of Central America (New York: Harper & Brothers, 1857).

662 Wells, Explorations. Su reporte inicial fue integrado en el anónimo “Honduras Mining and Trading Company, organized for the purpose of opening the gold placers and silver mines, and for establishing commercial intercourse with the interior of Eastern Honduras in Central America: preliminary report to the trustees” (The Company, 1855).

673 [William V. Wells] (aunque el autor no aparece), “Adventures in the gold fields of Central America”, en Harper’s New Monthly Magazine 12 (1856), págs. 315-36; y William V. Wells (aunque el autor no aparece), “A visit to the silver mines of Central America”, en Harper’s New Monthly Magazine 12 (1856), págs. 721-733.

684 Amy S. Greenberg, Manifest manhood and the antebellum American empire (New York: Cambridge, 2005).

695 Carolyn Hall, Héctor Pérez Brignoli y John V. Cotter, Historical atlas of Central America (Norman: University of Oklahoma Press, 2003). Veáse el capítulo 4.10, “William Walker and the National War”, págs. 184-85.

706 William Oscar Scroggs, Filibusters and financiers: The story of William Walker and his associates (New York: The MacMillan Company, 1916).

717 William V. Wells, Exploraciones y aventuras en Honduras, por William V. Wells_, traducción de Pío Suárez Romero y notas de Juan B. Valladores Rodríguez (Tegucigalpa: Banco Central de Honduras, 1960).

728 Mark Bonta, “Mapping enredos of complex spaces: a regional geography of Olancho, Honduras” (Tésis de doctorado, Louisiana State University, 2001).

739 Bonta, “Enredos,” cáp. 3, “Cultural histories”, págs. 68-198.

7410 José A. Sarmiento, Historia de Olancho 1524-1877, (Tegucigalpa: Editorial Guaymuras, 2006).

7511 Daniel Graham, Mark Bonta y Rafael Ulloa, “Cycad conservation, peasant subsistence, and the military coup in Honduras”, en Society and Natural Resources 24, no. 2 (2011), págs. 193-200.

7612 Francisco S. Valdes, “El 23 de abril próximo pasado se instaló la Junta de Prosperidad de Olancho, y el Señor Gefe Político Departamental, en aquel acto, pronunció el discurso siguiente”, en Redactor 13 (15 de julio 1841), págs. 76-77.

7713 Véase Valdes, “El 23 de abril”.

7814 Wells, Explorations, págs. 535-536.

7915 Wells, “Adventures”, pág. 333.

8016 Wells, “Adventures”.

8117 Scroggs, Filibusters.

8218 Wells, Explorations.

8319 Ephraim George Squier, Notes on Central America: particularly the states of Honduras and San Salvador: their geography, topography, climate, population, resources, productions, etc., etc., and the proposed Honduras inter-oceanic railway (New York: Harper & Brothers, 1855).

8420 Wells, Explorations.

8521 Scroggs, Filibusters.

8622 Greenberg, Manifest manhood.

8723 Scroggs, Filibusters.

8824 William V. Wells, The life and public services of Samuel Adams: being a narrative of his acts and opinions, and of his agency in producing and forwarding the American Revolution; With extracts from his correspondence, state papers, and political essays (Boston: Little, Brown, and Company, 1865).

8925 William V. Wells, Walker’s expedition to Nicaragua; a history of the Central American war; and the Sonora and Kinney expeditions, including all the recent diplomatic correspondence, together with a new and accurate map of Central America, and a memoir and portrait of General William Walker (New York: Stringer and Townsend), véanse págs. 121-122 para la referenciar a la “Guayape Gold Region”.

9026 Nota escrita por Charles A. Cutter está en una copia de Wells, Walker en el Widener Library, Harvard, http://discovery.lib.harvard.edu/?itemid=|library/m/aleph|002695581.

9127 Wells, “Adventures”.

9228 Wells, “Adventures”, pág. 329.

9329 Wells, “A visit to the silver mines”, pág. 722

9430 Wells, Explorations, pág. 448; y Wells, Walker.

9531 Wells, “A visit to the silver mines”, pág. 726.

9632 Wells, “Adventures”, pág. 315: “Mapas originales de regiones antes desconocidas por mineros y geógrafos”.

9733 Wells, “A visit to the silver mines”, pág. 336: “La región que he descrito [al lector], aunque no más de cuatro días de distancia de Nueva Orleans por la navegación de vapor, hasta el momento ha sido desconocido aún por geógrafos. Sus ríos y sierras…han sido creados por cartógrafos desesperados para llenar vacíos antiestéticos. Ahora, al contrario, tengo ante mí un mapa del noble río Patook y todos sus ramales, con cada casa de campo y pueblo en Olancho, y el número de sus habitantes”.

9834 Wells, Explorations, pág. xii: “La topografía [en los mapas] del país parece haber sido inventado al azar para llenar los vacíos antiestéticos en mapas de los cuales solamente las litorales, en algunas instancias, eran correctas… Honduras fue tanto una tierra incógnita como el interior de Japón. El mapa acompañante del Oriente de Honduras es el resultado de no poco labo, y, aunque no abarcando un espacio de territorio muy extendido, corrige los errores absurdos que aparecen en todos los mapas anteriores de Olancho. Las distancias entre los pueblos principales y haciendas y sus ubicaciones generalmente averigüé de observaciones personales apoyadas por la información que me proporcionaron los residentes más inteligentes. Dentro de mi conocimiento, ningún mapa basado en el reconocimiento de la tierra, ha sido hecho de esta tierra aislada, excepto uno, crudo y erróneo, mandado, en 1851, al Señor Rugame, de Nacaome, por un nativo de Trujillo, quien había formado un croquis crudo de Olancho con el propósito de localizar ciertas concesiones del gobierno en donde proseguir la corte de caoba. Los pocos pueblos del interior introducido hacia la línea del propuesto ferrocarril interoceánico están según el mapa del Sr. E. G. Squier. Si Olancho llegara a ser el campo de estudios científicos detallados, se encontrará, pienso, pocos errores en [mi] mapa, y éstos tales como un viajero sin apoyo y experiencia poco podría haber evitado cometer”.

9935 Wells, Explorations, pág. 276.

10036 William V. Davidson, Atlas de mapas históricos de Honduras: Honduras, an atlas of historical maps, Colección Cultural de Centro América: Serie Histórica (Managua: Fundación Uno, 2006).

10137 Davidson, Atlas, pág. 222,

10238 Wells, Explorations, pág. 275: “pequeña república dentro de otra república.”

10339 Veáse Greenberg, Manifest manihood; los temas y estilo de Wells caracterizaba las obras de los “boosters” de Centroámerica en esa época.

10440 Para un caso similar de la misma época en Nicaragua véanse Karl H. Offen, “The Geographical Imagination, Resource Economies, and Nicaraguan Incorporation of the Mosquitia, 1838-1909”, en Territories, Commodities and Knowledges: Latin American Environmental Histories in the Nineteenth and Twentieth Centuries, editado por Christian Brannstrom (London: Institute for the Study of the Americas, 2004), págs. 50-89.

10541 Wells, “Adventures”, pág. 329: “Debo mucho a [Ocampo] por la topografía de los ríos Jalán y Guayambre, con sus ramales. Mi mapa fue objeto de interés singular en Juticalpa, y atrajo un muchedumbre de personas, cada una con alguna hacienda para incluir, o algunas serranías o río para sugerir. [Hasta] los más ignorantes entendieron a la naturaleza de la obra, pero encontré sus estimados de distancia y dirección poco fiables, donde un campesino nortamericano huberia sido claro y correcto”.

10642 Wells, Explorations, pág. 276: “Era mi costumbre en todas partes de Olancho desplegar este croquis sobre la mesa, y, con compás y brújula en mano, pedir a los nativos ancianos la dirección y distancia de ciertos lugares. Estos se notaron en lapiz carbón, y alterados para acordar con las opiniones de la multitud interesada, quienes yo permitía disputar y contradecirse unos a otros sobre distancia y rumbo, silenciosamente preciando cada palabra, y paulatinamente llenando mi mapa. Esto siempre portaba conmigo en un cajón cilíndrical de estaño. Los residentes de mayor edad, muchos de los cuales nunca habían salido de Olancho, conocían con gran exactitud los nombres de cada pueblo, hacienda, y cordillera en el departamente; y por alterar, borrar, comparar, y cuestionar hábilmente, me fue posible en algunos pocos meses obtener un mapa más o menos correcto de la región de oro. Por supuesto, fue necesario ser indulgente para las inexactitudes de distancia, ya que la milla de uno es la legua de otro en Olancho; empero, notando cuidadosamente las posiciones desde todas partes de la tierra de los picos prominents, como los de Tiupacente, Monte Rosa, Aguacate, Boquerón, y Guaymaca, todos distantes unos del otro, y los promontorio altos visible por todas partes, podría comparar las varias marcaciones, y corregir con algun grado de exactitud los errores consecuentes de un reconocimiento tan crudo. Yo, además, viajaba “cuaderno en mano,” y no permitía que nada de valor me escapara”.

10743 Wells, Explorations, pág. 316: “Pocas personas sabían algo sobre los puntos de la brújula, o la posición de la Estrella Polar; pero sus ideas de dirección eran casi infalibles, y tan fiables entre ellos como el antiguo sistema de navegación por las estrellas. Al averiguar la posición exacta de un lugar con mi brújula yo lo ubiqué en el mapa, y después perseguí una serie de preguntas sobre cuales quebradas, cordilleras, y valles se deben cruzar para alcanzarlo. El dicho que una brújula no tiene valor en las sierras de Honduras, debido a los depósitos minerales, es simplemente absurdo, y no merece ni un momento de consideración”.

10844 Wells, Explorations, pág. 283: “Julio, quien había habitado en el área durante más que 30 años, me dio la distancia por las curvas del río desde Las Marías a Catacamas. Estaba muy familiarizado con [el río], a menudo habiendo viajado toda la distancia en canoas. Anoté sus figuras con un aire de gran interés,y después me divertí al encontrar que el agregado de las leguas de Julio me llevaría más allá que la boca del Patuca, ¡lejos mar adentro del Caribe! Menciono este hecho, lo cual es una muestra justa de la exactitud de los nativos en cuestiones de distancia, para ilustrar la dificultad en formar un mapa con los datos de los habitantes como guía. El explorador debe depender enteramente en sus propias observaciones”.

10945 Mark Bonta, “On Olancho: Geographers, spatial identities, and the construction of a region”, en edición especial, Peter H. Herlihy et al., editores, “Ethno- and Historical Geographic Studies in Latin America: Essays Honoring William V. Davidson”, Geoscience and Man 40 (Baton Rouge: Geoscience Publications, 2008), págs. 193-206.

11046 Wells, Explorations, pág. 258.

11147 Davidson, Atlas, pág. 222.

11248 Wells, Explorations, pág. 314.

11349 Wells, Explorations, pág. 532.

11450 William V. Wells, Joseph C. Tucker, en Oscar T. Shuck, editor, Representative & leading men of the Pacific (San Francisco: Bacon & Co., Printers & Publishers, 1870), págs. 581-89.

11551 Wells, Tucker, pág. 585: “casi una transferencia total de la República…a las dos companias…pues pareciendo al English East India Company”.

11652 Raymond K. Weed y William C. Burchard, “Charter from the Republic of Honduras to the New York Navigation and Colonization Company” (New York: Isaac J. Oliver, Steam Book and Job Printer, 1860). Incluye “Olancho, its climate, productions, trade, etc.,” págs. 10-20; y William Burchard, “Comayagua and Tegucigalpa”, en Commercial relations of the United States with foreign countries [Annual Report on Foreign Commerce for the year ending September 30, 1862, Part I (Washington, DC: United States. Dept. of State, Govt. Printing Office., 1863), pág. 654.

11753 Burchard, “Comayagua and Tegucigalpa”.

11854 Hugo F. Komor, La tierra del nuevo hogar, ][incluyendo] Apuntes de viaje por los departamentos de El Paraíso, Olancho y Yoro (Tegucigalpa: Tipografía Nacional, 1930).

11955 Wells, Exploraciones.

120

Para citar este artículo :

Mark Bonta, « ‘Tierra del oro y del talento cuna’: Causas y consecuencias del destino que se manifestó en los mapas hondureños de William V. Wells », Boletín AFEHC N°48, publicado el 04 enero 2011, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=2574

Comentarios

Normas de uso

Esta es la opinión de los lectores de la AFEHC, no de la AFEHC No está permitido verter comentarios injuriantes. Reservado el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema. Una vez aceptado el comentario, se enviará un correo electrónico confirmando su publicación.

¿No tienes una cuenta todavía?
Puedes crear una

Como usuario registrado usted podrá publicar de forma inmediata comentarios con su nombre.