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AFEHC : diccionario : EMPARÁN, Pedro de : EMPARÁN, Pedro de

Ficha n° 2577

Creada: 04 marzo 2011
Editada: 25 abril 2011
Modificada: 06 mayo 2011

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Autor de la ficha:

Rodolfo HERNANDEZ MENDEZ

Editor de la ficha:

Stephen WEBRE

Información:

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Publicado en:

ISSN 1954-3891

EMPARÁN, Pedro de

Desafortunada empresa mercantil de un mercader vasco en Guatemala.
681
Palabras claves :
Mercader, Comercio, Herencia, Testamento, Bienes de difunto
Cargo o principal ocupación:
Mercader
Casó:

1Doña Elvira Sebastiana de Cárdenas, vecina de Cádiz

Nació:
Universidad de Yrun Uranza (Irun Uranzu), Guipúzcoa, España
Murió:
A fines de 1684 en Santiago de Guatemala
Padres:

1Juan de Amparán y María de Aguirre

Resumen:

1El 13 de noviembre de 1684, el mercader vasco Pedro de Emparán agonizaba en Santiago de Guatemala; su estado de salud era tal que el Bachiller Don Gaspar Luis Rodríguez tuvo que firmar el documento testamentario que, ante el escribano Benito Berdugo, Emparan estaba otorgando.

2No se sabe cuándo había llegado a Guatemala en el navío de registro, procedente de España, que ancló en el puerto de Santo Tomás de Castilla y cuyo dueño y capitán era Diego Pérez de Garayo.

3Emparán trajo de Cádiz gran cantidad de mercaderías remitidas por el capitán don Pablo Bebers. Aquel debía vender tales productos a los mejores precios que pudiera, entre los que había 100 sombreros blancos y negros de medio castor; 22 piezas de chamelote (tela fuerte e impermeable) de varios colores, 8 piezas de espumillas (tejido ligero y delicado) y 2 piezas de lazos negros labrados.
El 27 de julio de 1683, en España, se firmó una escritura de compromiso entre Bebers y las personas responsables del cargamento. Emparán fue el primer consignatario, y el producto de su venta debía enviarse a la península en efectivo o bien en añil, en el mismo navío de Pérez de Garayo, quien fue el segundo consignatario. Por lo cual tenía la facultad de cobrar las deudas que se le debían a Emparán, para poder remitir el valor de tales mercaderías a su dueño. Los consignatarios fueron, en su orden: Pedro de Emparán, Diego Pérez de Garayo, Pedro Fernández del Campo y Juan Antonio de Egilas.

4Pedro de Emparán nació en el paraje llamado Universidad de Yrun Uranza (Irun Uranzu), provincia de Guipúzcoa. Fue hijo legítimo de Juan de Amparán y María de Aguirre. Estaba casado con doña Elvira Sebastiana de Cárdenas, vecina de la ciudad de Cádiz, con quien engendró a Nicolás, hijo legítimo, que nació después que don Pedro salió de España. Cuando se casó otorgó carta de dote.
El caso de este mercader guipuzcoano puso de relieve el entramado de relaciones que urdió en Guatemala, para que posteriormente pudiera realizar de la mejor manera sus actividades mercantiles. Sin embargo, fue presa del infortunio y contrajo luego una enfermedad que lo postró y llevó a la tumba.
Nombró por albaceas testamentarios a don Juan Dávila y Mendoza, al capitán don Jacobo de Alcayaga Arrivillaga, regidor de la ciudad de Guatemala; y a don Sebastián de Plaza, vecinos de la misma ciudad. Éstos podían disponer de sus bienes y venderlos en almoneda o fuera de ella, aún pasado el año que la ley establecía.

5Designó a su hijo Nicolás por heredero legítimo del remanente de todos sus bienes, deudas, derechos y acciones. Nombró por tutora y curadora de Nicolás a la madre de éste; y para el discernimiento del cargo la relevó de las fianzas. Y si en caso Nicolás muriera en su niñez, nombró a doña Elvira por heredera, de acuerdo con el testamento que dejó otorgado en España, en que ambos se nombraron entre sí herederos de sus bienes.

6Tradicionalmente los franciscanos estaban muy ligados a los comerciantes vascos, de tal manera que no fue extraordinario que decidiera ser sepultado en la iglesia de San Francisco de la ciudad de Santiago de Guatemala.
La recuperación de los bienes consignados a Emparán fue una larga y dura tarea para Diego Pérez de Garayo, su albacea Juan Dávila y su viuda, pues se habían confiscado por las autoridades según la legislación vigente.

7Como en todo juicio de bienes de difuntos, en este caso salieron a luz los deudores y los acreedores. Entre los acreedores estaba Pedro de Olazirigui, quien solicitó al juzgado de Bienes de Difuntos que de los bienes de Pedro de Emparán se le pagarán 80 pesos, que correspondían a varias botijas de vino y aguardiente que le había dado a Emparán en el viaje desde España a Guatemala; así mismo le había dado dinero en efectivo. Como consecuencia de la invasión de los corsarios al Golfo Olazirigui no pudo llegar a Santiago de Guatemala para el ajuste de ésta y otras cuentas que tenía con los cargadores de las naves de registro, y se trasladó a Veracruz. El juez de bienes de difuntos ordenó el pago al acreedor de 60 pesos, 40 de la deuda en efectivo y 20 de las botijas de vino y aguardiente.

8El 28 de enero de 1686, Juan de Izaguirre, ya residente en Santiago, sobrino de Emparán que éste trajo de España, pidió que se cumpliera con la cláusula del testamento de su tío, donde se ordenó que se le pagaran 500 pesos que le debía por su “asistencia y trabajo personal”.

9En febrero de 1686, el capitán don Lorenzo Montúfar, apoderado de don José Rabachero y Fiesco, presbítero arcediano de Medina, Dignidad de la catedral de la ciudad de Cádiz, dijo Pedro de Emparán y doña Elvira de Cárdenas y Velasco otorgaron una escritura de obligación por 5,212 pesos, a favor de Rabachero, para realizar el viaje de negocios de don Pedro. Y como ya había vencido el plazo para el pago de la deuda, solicitó al juez de bienes de difuntos que le extendiera un mandamiento de ejecución contra todos los bienes que quedaron e inventariaron del dicho difunto.

10El capitán don Juan de Pedroza, residente en Santiago, se presentó ante el juzgado de Bienes de Difuntos y dijo que a fines de marzo de 1684 compró al capitán Pedro de Emparán varias mercaderías para pagarlas en enero de 1685, en añil, al precio que corriera en dicho mes. Pedroza tuvo necesidad de atender sus negocios, en San Salvador y San Miguel, en abril de 1684 por lo que dejó una parte de añil para dicho pago a Domingo Marrube, vecino de la ciudad, y otra parte al capitán don José Cabrejo. Dejó encargado de la entrega de las dos cantidades a Marrube. A finales de abril de 1686 Pedroza no sabía la cantidad de libras entregadas por Marrube a Emparan, ni el precio de ellas. Por lo tanto, solicitó al juzgado que el dicho Marrube declarara, bajo juramento, sobre la cantidad de añil que le entregó a Emparán.

11El mismo albacea testamentario de Pedro de Emparán, en nombre de Domingo Rafael dijo que el dicho difunto Emparán y sus bienes eran deudores a Rafael de 1,462½ reales del valor de 13 arrobas de tabaco en polvo, que le compró cuando estuvieron en las Bodegas del Golfo. Emparán se obligó a pagar la deuda en la ciudad de Guatemala, en añil o a trueque por ropa; esto se hizo el 16 de enero de 1684. Rafael era residente de la ciudad de Veracruz, en la Nueva España.
A fines de octubre de 1686, ya la viuda de Emparán había tomado la iniciativa de estar al tanto y participar directamente en las gestiones administrativas del juicio de los bienes de su marido. Esteban de la Fuente, defensor de dicha viuda, dijo que por el escrito del 5 de julio de 1685 había expresado las deudas que varias personas tenían con los bienes del difunto, y se mandó oficialmente que las pagaran dentro de los 3 días siguientes al albacea don Juan Dávila. Muchos de los deudores no pudieron ser notificados de esta orden del juzgado. El juez mandó que los deudores fueran notificados con mandamiento de apremio.
Otros deudores a Emparán fueron: don Gerónimo Gómez Girón, residente en Santiago de Guatemala, por 88 pesos. Don Isidro de Zepeda, vecino de la ciudad de Santiago de Guatemala, por 363 pesos. El alférez Bernardo de Estrada, vecino de Guatemala, por 403 pesos. Sebastián Martínez Gallardo, vecino de Santiago, por 167 pesos. Este último, por no pagar la cuenta estaba en la cárcel de Corte. Las deudas fueron adquiridas por compra de mercaderías al crédito.
Además, don Marcelo Flores Mogollón, vecino de Santiago, era deudor a los bienes de Emparán de 19 pesos. Flores se comprometió a pagar a Isidro de Espinoza, vecino de la ciudad de Sevilla, a fines de mayo de 1681. Después, en el reverso del documento (vale) anotó que los pagaría al difunto Emparán.
A solicitud de Manuel de Fariñas, en nombre del capitán Diego Pérez de Garayo se pidió que se retuviera la cantidad de dinero que quedara de las cuentas del difunto Emparán, y no se entregara a la viuda, doña Elvira de Cárdenas, porque no le tocaba ni pertenecía, pues no se había pagado varias facturas de las mercaderías que Emparán trajo de España. Luego de hacer las cuentas se constató que se quedó debiendo a dichas facturas la cantidad de 1,098 pesos. Esta deuda la dejó Emparán porque en lugar de pagar la factura completa, voluntariamente prestó más de tres mil pesos a Jacobo de Alcayaga, a quien nombró como uno de sus albaceas. Emparán nunca pudo lograr que se le pagara esta deuda, ni su albacea don Juan Dávila.

12Posteriormente, en 1690, Esteban de la Fuente, en nombre de doña Elvira de Cárdenas, solicitó lo contrario de Pérez de Garayo. Según constaba en las cuentas, el resto de las deudas a acreedores “quedó para cobrarse de las ditas que al dicho difunto le debían”, y que excedían de tres mil pesos.
La audacia de los mercaderes españoles que mostraban en sus empresas, en algunas ocasiones lo pagaron caro los deudos, por los acontecimientos fortuitos a que se veían expuestos aquellos, en los lugares donde realizaban sus actividades mercantiles en las Indias, ya fuera por las rigurosidades del clima, algún accidente en el trayecto o bien por ser víctimas de un asalto en altamar. A esto se añadía la poca honradez de los deudores cuando el acreedor había fallecido. A pesar de estos riesgos, la mayoría de mercaderes que llegaron de España hicieron cuantiosas fortunas y, cuando eran solteros, lograron formar parte de los grupos sociales privilegiados de la región.

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