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AFEHC : articulos : Cartografías del Colonialismo: Mapeo Indígena en Nicaragua : Cartografías del Colonialismo: Mapeo Indígena en Nicaragua

Ficha n° 2586

Creada: 03 abril 2011
Editada: 03 abril 2011
Modificada: 12 abril 2011

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Autor de la ficha:

Joe BRYAN

Editor de la ficha:

Karl OFFEN

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Cartografías del Colonialismo: Mapeo Indígena en Nicaragua

La cartografía juega dos papeles convencionalmente en la historia.  Por un lado, se toman los mapas como muestras de hechos históricos.  Por el otro, los mapas sirven para aterrizar una historia empleando técnicas cartográficas para abordar cuestiones que son netamente políticas.  Este ensayo describe una tercera vista, enfocándose en cómo se usan los mapas para movilizar la historia como un recurso político.  Se desarrolla este punto a través de la lectura de tres mapas: el Atlas Histórico de Nicaragua recompilado por Francisco Aguirre Sacasa, el “Mapa Polanco” desarrollado por la organización MISURASATA al principio de los años 80, y los mapas elaborados para el caso traído por la comunidad Mayangna de Awas Tingni contra el Gobierno de Nicaragua.  Cada uno de estos casos se trata de una esfuerza para aterrizar una visión histórica con fines políticos.  Esto no quiere menospreciar la calidad de su representación de la “realidad” sino concentrar en las consecuencias políticas que se han traídos.  Desde esta perspectiva los mapas sirven para diagnosticar un problemática política que debe orientar el análisis histórico de los mapas tanto como la practica de la cartografía misma. 
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Palabras claves :
Comunidades indígenas, Comunidades afro-descendientes, Mapa, Mapeo, Territorio
Autor(es):
Joe Bryan
Texto íntegral:

1En los últimos años, algunos de países de América Latina se han experimentado con el reconocimiento legal de los derechos de propiedad colectiva de comunidades indígenas y afro-descendientes. Sin duda, los Estados no han hecho esto por iniciativa propia, más bien han sido presionados a estas instancias por los movimientos sociales, organizaciones no gubernamentales (ONGs), tribunales internacionales, e incluso bancos multilaterales. El resultado es, a menudo, celebrado como “giro territorial” en las políticas Latinoamericanas, que pretende resolver largas disputas históricas a través del reconocimiento de las formas tradicionales de uso y ocupación1. En este enfoque, el territorio reconocido es considerado de forma amplia como un producto histórico. El mapeo se convierte así en una cuestión de territorializar la historia y la historización de un territorio2, reduciendo la titulación y demarcación en una gran tarea técnica e incluso académica, en un esfuerzo por resolver las cuestiones que son nada más que un asunto práctico. Por el contrario, suelen ser contestadas con vehemencia, movilizando diferentes versiones de la historia para justificar sus afirmaciones. Este no es un asunto para ser resuelto por expertos. Ninguna investigación histórica puede resolver controversias que son fundamentalmente de naturaleza política. Más bien se vislumbra un conjunto de preguntas. ¿Qué papel juegan los mapas en la movilización del uso de la historia para desarrollar y juzgar las reivindicaciones? ¿Cómo movilizan ese conocimiento? ¿Con qué propósito?

2Abordar estas preguntas requiere un número importante de mecanismos de análisis que le dan forma a este ensayo. En primer lugar y lo más importante, requiere una reconsideración de cómo trabajan los mapas al comunicar una perspectiva o patrón. En este sentido, las afirmaciones acerca de la neutralidad u objetividad de los mapas débilmente ocultan una perspectiva netamente política. Captar su contenido político, entonces, requiere de la comprensión de las condiciones bajo las cuales los mapas son hechos, leídos y usados. Dicho de otro modo, requiere entender cómo trabaja el poder “a través” de los mapas. Esto lleva a un segundo punto concerniente a cómo la historia es movilizada a través de la cartografía y da pie a la formulación de reivindicaciones de tierra e identidad. En tercer lugar, desvía la atención del énfasis en las técnicas cartográficas y la exactitud histórica como fuentes de autoridad y la dirige hacia una participación más activa de cómo las reivindicaciones son contestadas y negociadas como un asunto de la vida diaria.

3Este ensayo comienza esbozando una aproximación crítica a cómo los mapas son usados para “espacializar” la historia, considerando antes dos esfuerzos para trazar territorios indígenas en el este de Nicaragua. El primer caso incluye el llamado “Mapa Polanco” hecho por la organización MISURASATA, liderada por los Miskito, en 1980-81. La mera existencia del mapa fue usada por el gobierno sandinista como evidencia del separatismo Miskito y avivó las sospechas del involucramiento de Estados Unidos. Aunque no existe una copia pública de este mapa, muchos afirman haberlo visto y dan fe de su autenticidad como representación de la constitución histórica de los derechos territoriales Miskito. El segundo caso aborda el mapa confeccionado en apoyo de una demanda de tierras interpuesta por la comunidad mayangna de Awas Tingni contra el Gobierno de Nicaragua a mediados de la década de 1990. En 2001, la Corte Interamericana de Derechos Humanos se pronunció sobre la demanda, confirmando los derechos de Awas Tingni a utilizar tierras que habían poseído y ocupado de conformidad con sus tradiciones. Sin embargo, la exactitud del mapa fue cuestionada durante la fase de implementación del proceso por los ministros del gobierno, al igual que los políticos Miskito, quienes discutían la base histórica de la reclamación. Ambos mapas movilizan diferentes historias como base para las reivindicaciones de derechos indígenas, produciendo un conflicto para el cual no hay una solución histórica como aquí argumento.

Mapas e Historia

4Como otros textos históricos, los mapas nunca describen simplemente realidad3. Más bien la interpretan y moldean nuestra comprensión de la misma, a menudo con el efecto de convertir la comprensión del espacio en el abstracto que subyace en el sentido común de la noción de geografía. En este sentido, las líneas de latitud y longitud que se encuentran en los mapas juegan un rol análogo a las nociones lineales de tiempo, representando lugares y eventos tan uniformemente medibles como parte necesaria de la presentación de una geografía e historia que es supuestamente universal. Tan abstracto como parece ser, también tiene importantes ramificaciones políticas. Las nociones de tiempo y espacio como en todos lados, proveen un entendimiento abstracto del orden fundacional socio-espacial para corresponder a las nociones de derecho como universales. Esta orientación está bien ilustrada por los modos en que los mapas son usualmente usados para “ilustrar” la historia, equiparando progreso en las técnicas cartográficas, con progreso histórico4. En cada caso, el “poder de los mapas” no radica en su precisión representacional, sino en su capacidad de comunicar una comprensión particular del espacio que, a su vez, da forma a los modos en que los pueblos habitan ese espacio5.

5Esta enfoque es convincentemente ilustrado por el historiador y político conservador Francisco Javier Aguirre Sacasa en su libro bilingüe Historical Atlas of Nicaragua/Un Atlas histórico de Nicaragua. Compuesto completamente de mapas históricos sacados de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, Aguirre Sacasa usa los mapas para “darle contexto – significado económico, cultural, militar, social y hasta comercial, religioso, jurídico e histórico – al espacio que ocupamos6“. Los mapas son tan fascinantes como convencional es la narrativa presentada. Todo el tiempo Aguirre Sacasa equipara el desarrollo cartográfico con desarrollo nacional, comenzando con los mapas coloniales españoles de América Central, terminando con los mapas confeccionados por la armada estadounidense en el curso de sus intervenciones en Nicaragua durante el siglo XX. La trayectoria de la narrativa cartográfica resuena con una narrativa nacionalista conservadora, equiparando las falencias de la moderna Nicaragua con los defectos de su carácter nacional. Como Aguirre Sacasa observa, “la tendencia nicaragüense a atribuir a Norteamérica mucho de lo que pasa –para bien o mal– en nuestro país, al igual que un instinto casi automático de mirar hacia Washington para resolver nuestros problemas y conflictos domésticos” resultando en una “cultura de dependencia política en los Estados Unidos… que persiste aún ahora, y ha contribuido a debilitar el desarrollo de un nacionalismo sano en Nicaragua7“. A modo de ilustrar su punto, el mapa final del Atlas es un mapa de León elaborado por la Agencia de Mapas de la Defensa de los EE.UU. que Aguirre Sacasa anuncia como “extraordinariamente preciso –quizás más detallado que cualquier mapa de León que se encontraba en manos del mismo gobierno de Nicaragua en ese entonces8“.

6Pero el Atlas de Aguirre Sacasa hace más que simplemente equiparar el desarrollo cartográfico con el progreso histórico. También reproduce hábilmente la troika de soberanía, territorio y población, representado a Nicaragua como culturalmente homogénea, una entidad territorialmente delimitada que sirve, a la vez, como base y objeto de la soberanía nacional. Esta no es una falsa visión del terreno representado tanto como la visión particular de Nicaragua puesto que ambas dan forma a la organización del libro y entrega la estructura subyacente del texto. En este sentido, le da peso histórico a los mapas de Nicaragua que están en todas partes: en las salas de clases, las oficinas gubernamentales, bibliotecas, recordándole a la gente su posición en relación con la perspectiva particular de poder transmitido por el mapa. La importancia política de esa tarea es destacada en la nota que introduce el Atlas como parte de la serie Colección Cultural de Centro América publicada por la Fundación Vida y financiada por el Grupo Financiero Uno (GFU), un conglomerado bancario centroamericano ahora propiedad de Citibank. Escrita por el poeta nicaragüense Pablo Antonio Cuadra, la nota condena la nacionalización de los bancos durante la década de 1980 por “interrumpir” los esfuerzos de la filial nicaragüense del GFU, Banco Uno, para publicar “la mejor colección de obras arqueológicas e históricas, literarias y artísticas que se haya publicado en Nicaragua”. Cuadra escribe que “al instalarse de nuevo la democracia y la economía de mercado” el retorno de la colección publicada por Banco Uno hace “accesibles al lector de las repúblicas del istmo, aquellos libros que definen, sustentan y fortalecen nuestra identidad”. Como para disipar cualquier duda acerca de la importancia política de este proyecto, la nota concluye con las siguientes líneas:

7Este es un momento histórico único del acontecer del Continente: todas las fuerzas tienden a la formación de bloques regionales, pero la base y motor de esas comunidades de naciones es la religión, la lengua y las culturas compartidas9.

8El Atlas de Aguirre Sacasa convincentemente avanza en esta tarea, historizando la forma territorial de Nicaragua. Al mismo tiempo no entrega una visión interna de ese proceso. Más que elaborar sus mapas desde la biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, el Atlas se apropia de la visión “externa” de Nicaragua desde el punto de vista de España y Estados Unidos para dar voz a la perspectiva nicaragüense. Al hacerlo, guarda silencio sobre la composición social y espacial de Nicaragua, desplazando históricamente las luchas como capítulos dentro de una narrativa general de la idea nacional y un territorio completo. La caracterización que hace Cuadra de los sandinistas como “interruptores” de esta narrativa ilustra este punto10. Es también una visión que oscurece los lugares en los que la cohesión histórica y geográfica de una narrativa que ha sido – y sigue siendo– impugnada11.

9Esa impugnación en ningún lugar es más visible que en el uso de mapas por indígenas y negros para asegurar el acceso a tierras y recursos vistos como esenciales para su supervivencia12. Como el Mapa Polanco y el Mapa de Awas Tingni descritos a continuación demuestran, estos mapas también trazan la exclusión histórica y espacial de los pueblos indígenas y negros con frecuencia sobre la base de su raza13. Para dar sentido a esas luchas se requiere un conjunto de aproximaciones diferentes a la cartografía histórica que no equipara las mejoras en la técnica cartográfica con una representación más autorizada de la realidad, pasada o presente.

10En su lugar, se debe investigar cómo los mapas son usados para responder y consolidar las reivindicaciones de identidad y territorio que son inevitablemente políticas. En este sentido, la importancia esencial de los mapas para la construcción del estado no puede ser más demostrada que asegurar un lugar en el cual puede ser equiparado con la resolución de tensiones políticas. Esta aproximación a la cartografía da forma a mis subsecuentes lecturas de dos esfuerzos que han utilizado la cartografía en diferentes, aunque relacionados, modos de interrumpir la narrativa de Aguirre Sacasa acerca de la identidad nacional nicaragüense como socialmente homogénea y espacialmente fija. Tanto el Mapa Polanco como el Mapa de Awas Tingni descritos a continuación han hecho esto destacando la subjetividad de los llamados “mapas oficiales,” desafiando las bases históricas de las reivindicaciones de los estados sobre soberanía y nociones homogéneas de identidad nacional proyectadas por los mapas. Aun así, ambos mapas reiteran las bases de la autoridad de los mapas que ellos mismos desafían. Ambos usan mapas para describir el territorio indígena como una realidad pre-existente, representando la misma relación isomórfica entre territorio e identidad descrita en los mapas oficiales que ellos mismos cuestionaron inicialmente. En consecuencia, tanto el mapa de Awas Tingni como el de Polanco han sido tema de cuestionamiento que plantean preguntas acerca de las nociones subyacentes de espacio y que nada dicen acerca de sus efectos políticos. En términos más conceptuales, plantean la necesidad de una aproximación para trazar la historia que combine la comprensión de prácticas discursivas que den forma a la producción y uso de mapas, como a una comprensión empírica del contexto político en el cual son producidos.

El “Mapa Polanco” ; ¿Un mapa que nunca existió?

11Los mapas de territorios indígenas son, hasta el momento, explícitamente dirigidos a interrumpir la narrativa histórica trazada en el Atlas de Aguirre Sacasa, a menudo por medio de la impugnación de las bases territoriales que el Estado demanda como soberanas. Su poder, en otras palabras, radica en su habilidad para hacer que lo familiar sea dado por hecho, planteando interrogantes políticas acerca de los procesos por los cuales los territorios nacionales han sido producidos y gobernados. Curiosamente, quizá el ejemplo más convincente de esto en Nicaragua es el rumor ampliamente extendido de la existencia de un mapa que nunca ha sido exhibido públicamente. El mapa fue supuestamente confeccionado en 1980 por la organización indígena Miskito, MISURASATA (Miskito Sumo Rama Sandinista Asla Takanka /Miskitos, Ramas, Sumos y Sandinistas Trabajando Juntos), como parte de una propuesta para legalizar los derechos territoriales indígenas para su presentación al gobierno sandinista. El mapa, de hecho, nunca fue presentado al gobierno. En cambio, se dice que desapareció cuando su autor, el geógrafo salvadoreño Mauricio Polanco, se ahogó en un rápido en el Río Coco, que constituye la frontera entre Nicaragua y Honduras. Otros informes afirman que el Mapa Polanco, como es ampliamente conocido el documento, es celosamente guardado por ex líderes de MISURASATA. En cualquier caso, la ausencia evidente del Mapa Polanco no disminuye su importancia como una referencia para las concepciones populares acerca de las bases territoriales e históricas reclamadas por Miskito para la soberanía de una larga porción de lo que es ahora el este de Nicaragua. El Mapa Polanco entrega un ejemplo convincente de cómo trabajan los mapas formando perspectivas de la realidad que se tornan en esfuerzos materiales para traer esa realidad en algo concreto, incluso cuando ese mapa pueda no existir físicamente.

12 Tras su ascenso al poder en 1979, funcionarios sandinistas habían señalado su voluntad para reconocer legalmente las tierras “reclamadas por las comunidades, pero para las que no tienen un título legal” mientras siguen reclamando un control soberano sobre las “tierras nacionales” que estaban o bien desocupadas, o bien sin propietarios identificables14. En particular, los funcionarios sandinistas consideraban estas tierras nacionales como esenciales para los planes de desarrollo económico de la región a través de la tala y, en menor medida, de la agricultura. Su insistencia en la existencia de tierras nacionales incrementó el miedo entre la base predominantemente Miskito de MISURASATA, de que la marca del nacionalismo revolucionario de los sandinistas ascendería a poco más que una continuación de las políticas de la era Somoza. Antes de que los sandinistas asumieran el poder, las propuestas de la administración Somoza para registrar o bien fijar las tierras sin título o no ocupadas en el este de Nicaragua, habían sido foco de movilizaciones políticas de las comunidades Miskito de la región. Con el respaldo de funcionarios afines a la Teología de la Liberación en las iglesias Capuchino y Moravia, estas reivindicaciones habían adquirido un matiz marcadamente territorial mediante la sintetización de narrativas bíblicas – particularmente aquellas provenientes del Éxodo – con la existencia histórica del Rey Miskito, que era apoyado por los británicos15. Siguiendo con la “reincorporación” de Nicaragua a la región en 1894, bajo el liderazgo del presidente Liberal Nacionalista José Santos Zelaya, los sucesivos gobernantes nicaragüenses han reclamado la posición de soberanía sobre las tierras presididas por el Rey Miskito. Mientras administraciones conservadoras han usado su autoridad soberana para ceder derechos exclusivos al acceso a tierras y recursos en la región hacia empresas madereras y de bananas de Norteamérica, nacionalistas como Augusto Sandino han hecho de la expulsión de la influencia extranjera su objetivo principal para reafirmar la soberanía nacional16. Los mapas de Nicaragua elaborados por el Estado dan una visión desde esa narrativa, a menudo describiendo el este de Nicaragua como una vasta área verde, relativamente carente de pueblos —y por tanto de habitantes— consistente con nociones de una región como una vasta frontera17. Para los líderes MISURASATA, la intención de los funcionarios sandinistas de continuar la tala en el área como un asunto de desarrollo nacional, lucía más como la continuación de políticas nicaragüenses más que una interrupción de ellas. Sin retirar sus demandas de tierras nacionales, los funcionarios sandinistas aceptaron detener la tala en áreas reclamadas por las comunidades, mientras MISURASATA presentaba un “mapa jurídico” que permitiría al gobierno proceder a la demarcación de tierras18. Bajo los términos de este acuerdo MISURASATA organizaría el estudio y presentaría sus conclusiones a los funcionarios sandinistas el 31 de marzo de 1981.

13 Sin embargo, el acuerdo hizo poco para disipar los miedos de MISURASATA de que los sandinistas reconocerían en los hechos los derechos territoriales de la comunidad. De hecho, un mapa elaborado en 1979 por Brady Watson, funcionario de estado del departamento forestal, documentando el dominio de propiedad en el noreste de Nicaragua, dejó una considerable área no reclamada o deshabitada. A pesar de que este mapa fue probablemente usado para enmarcar las subsecuentes negociaciones entre funcionarios sandinistas y MISURASATA, estos últimos deben haberlo claramente identificado como inadecuado, si no como un acto simbólico de agresión. Los funcionarios sandinistas ya habían identificado una extensa área de la región como problemática, basados en reportes de que grupos contrarrevolucionarios estaban siendo entrenados al otro lado de la frontera, en Honduras. Esto alimentó las sospechas de que MISURASATA estaba organizando un movimiento separatista, incitando a los funcionarios sandinistas a incrementar la presencia militar en la región. Al mismo tiempo, MISURASATA había asegurado el apoyo de la organización Sobrevivencia Cultural, con base en Estados Unidos, para un estudio exhaustivo de los “derechos territoriales de las comunidades indias en la Costa Atlántica19“. Lanzado en septiembre de 1980, el estudio fue conducido por Mauricio Polanco bajo la dirección de MISURASATA20.

El estudio de tierras de MISURASATA coincidió con el lanzamiento de la campaña sandinista para promover la alfabetización en lenguas indígenas y de residentes criollos de la región, en sí misma una concesión parcial a las demandas de MISURASATA. Una campaña anterior en español había sido uno de los aspectos más exitosos del proyecto popular nacionalista de los sandinistas, haciendo amplio uso de ejemplos históricos y políticos para enseñar a leer y escribir21. La campaña de alfabetización en lenguas indígenas extendió ese proyecto, al mismo tiempo que utilizó material histórico relevante para los indígenas y las comunidades negras. En particular brigadistas Miskito, como se llamó a la campaña de alfabetización, reemplazó muchos de los elementos abiertamente nacionalistas de la campaña en español, con historias indígenas que recurrió a los esfuerzos liderados por la iglesia para definir una historia para la región en la década de 1970. Formados por los principios de la Teología de la Liberación, los esfuerzos característicamente tomarían una historia de la biblia para “traducirla” al Miskito, usando capítulos bíblicos para identificar momentos equivalentes en la historia Miskito. El esfuerzo mejor documentado son los grupos de trabajo sobre “La historia de salvación de los Miskito”, organizado en 1970 por el sacerdote capuchino, padre Gregory Smutko. Durante esos talleres, Smutko y otros evangelistas católicos usaron la versión bíblica de los israelitas para estructurar la comprensión de la historia Miskito, haciendo paralelos entre el escape israelita de la esclavitud egipcia, y el sometimiento del rey Miskito por los “españoles22“. El resumen del taller impreso en el libro de Smutko Pastoral Indigenista concluye con la siguiente frase “las naciones que no luchan por controlar su propio destino son esclavos de otros. Los Miskito deben continuar luchando para sobreponerse23“. El estudio sobre derechos territoriales dirigido por Polanco ayudó a dar forma territorial a esos sentimientos, la recolección de documentos y otros registros sobre sus derechos territoriales guardados por los pobladores. En particular, se dijo que el proyecto cartográfico se ha focalizado en los problemas de títulos hechos por los británicos como parte de su negociación de salida de la región a inicios del siglo XX. Al mismo tiempo, reforzó la importancia de la tierra en las movilizaciones políticas de la identidad Miskito.

14 Los planes de MISURASATA para presentar el mapa se volvieron parte de la transformación del conocimiento transmitido a través de la campaña de alfabetización en las bases de la movilización política. A fines de diciembre de 1980, los líderes de MISURASATA se reunieron el pueblo Bilwaskarma, sobre el Río Coco, para discutir los planes para seguir adelante con sus reivindicaciones territoriales. El estudio fue o estuvo cerca de una conclusión en este punto24. Más problemático fue el destino de la campaña de alfabetización que se vio obstaculizada cada vez más por las altas tasas de “deserción” entre los brigadistas, “la falta de apoyo moral de los líderes en algunas regiones”, y la “falta de apoyo de la base (la comunidad25)”. En su “Plan de Acción 1981” elaborado en la reunión, el consejo ejecutivo identificó la necesidad de hacer un esfuerzo concertado para “aproximar y familiarizarse con los brigadistas con el fin de despertar su conciencia y estimularlos para incrementar sus esfuerzos” como parte de la “ofensiva final” en la campaña de alfabetización. Al mismo tiempo, trazaron planes para la “puesta en marcha de una intensiva campaña de concientización a nivel de comunidad para preparar las condiciones políticas para la entrega de documentos (de los estudios de derechos territoriales) a las autoridades”. Entre los documentos en cuestión estaba un mapa representando las “áreas de dominación26“. Convencidos de que MISURASATA planteaba una amenaza separatista, los sandinistas había arrestado a cincuenta líderes miembros de la organización en febrero de 1981. Aunque la mayoría fue detenida por poco tiempo, el líder principal del grupo, Steadman Fagoth no fue liberado sino hasta mayo. Tras su libertad condicional Fagoth huyó a Honduras, donde comenzó a organizar la insurgencia Miskito. Al mismo tiempo, un grupo de líderes de MISURASATA decidieron permanecer en Nicaragua. Tras su detención firmaron una “Propuesta de tenencia de tierras de las comunidades indígenas y criollas de la Costa Atlántica” dirigida a los funcionarios sandinistas el 28 de julio de 198127. Evidentemente ausente del documento – o así es reclamado – estaba el Mapa de Polanco. De acuerdo con el rumor, ese mapa permaneció en las manos de Fagoth. Fagoth había supervisado el estudio de los derechos territoriales, acompañando a Polanco en sus visitas a varias de las comunidades. También estuvo con Polanco cuando éste se ahogó el Río Coco, supuestamente dejando el mapa en manos de Fagoth. No obstante, la propuesta entregada a los sandinistas por Brooklyn Rivera, Hazel Law, Marcos Hoppington y Delano Martin sí incluía un mapa. Con una gruesa línea negra, el mapa demarca aproximadamente el tercio oriental de Nicaragua como la tierra reclamada por las comunidades indígenas y negras, superponiendo los contornos de su reivindicación en un mapa nacional de Nicaragua repleto con imágenes icónicas de Sandino alineadas con la bandera y el escudo de la República en la leyenda28.

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FIGURA 1: Área reclamada por MISURASATA, 1981
FIGURA 1: Área reclamada por MISURASATA, 1981

16 Es difícil decir si el mapa incluido en la propuesta es o no el Mapa Polanco. En cualquier caso, el mapa presentado por MISURASATA fue suficientemente potente como para intensificar los miedos sandinistas al separatismo Miskito. Esos miedos fueron incrementados por la evidencia que sugería que Fagoth estaba entrenando una fuerza armada Miskito en Honduras con el apoyo del gobierno de Estados Unidos29. En enero de 1982, funcionarios sandinistas actuaron preventivamente sobre esos miedos, lanzando la infame campaña Navidad Roja que destruyó pueblos Miskito a lo largo del Río Coco en la frontera hondureña. Poco después, las fuerzas MISURA de Fagoth comenzaron a atacar las posiciones sandinistas, iniciando un conflicto armado que no terminaría hasta que los sandinistas fueron sacados del poder en 1990.

17 El Mapa Polanco tuvo un efecto similar entre los combatientes Miskito, quienes lo vieron como un punto importante de referencia para interpretar el conflicto con los sandinistas como una lucha sobre (por) tierra, de acuerdo con el estatus casi mítico del mapa. Y, sin embargo, cuando presionados sobre si habían visto el mapa, todos los ex combatientes entrevistados por el autor, incluyendo miembros de nivel superior del comando MISURA se refieren al mapa bien como perdido o destruido. Algunos alegaron que Fagoth tenía el Mapa Polanco. Otros dijeron que el mapa estaba oculto entre los documentos recolectados por Polanco y sería revelado en el momento político correcto. Incluso algunos afirmaron que los sandinistas habían destruido el mapa y todos los documentos tras el arresto del líder de MISURASATA. El estatus mítico del mapa sólo se ha incrementado tras la guerra a pesar su ausencia, confirmando su importancia como potente mecanismo para la concepción de bases históricas y extensión espacial de los derechos territoriales Miskito. Como una pequeña medición de esto, en la inauguración del primer gobierno autónomo en 1990, músicos Miskito provenientes de la comunidad de Sisin cantaron la canción llamada “Entregué mi vida a Nicaragua”, que narra los esfuerzos de Polanco para reunir los documentos para el mapa hasta cerca de su muerte30. El mismo Fagoth ha reforzado el estatus mítico del mapa, describiendo a Polanco como un “mártir” de la lucha Miskito al frente de su auto-publicada versión de la lucha Miskito31. La importancia del Mapa Polanco ha crecido desde entonces debido en gran parte al rol prominente de los mapas en las reivindicaciones de tierras indígenas en la re-territorialización de las relaciones de poder post guerra32. En todo momento, el Mapa Polanco ha seguido siendo un importante punto de referencia para imaginar cómo y por quién debe ser aplicado uno de los resultados más importantes de la guerra, a saber, la legalización de las tierras indígenas. En contraste con la afirmación en el Mapa Polanco de la soberanía territorial Miskito, la actual titulación y esfuerzos de demarcación han sido administrados bajo la última autoridad del Estado nicaragüense, registrando derechos territoriales a bloques de comunidades. No sorprende que este enfoque haya sido refutado por los ex combatientes Miskito. Durante la investigación de campo sobre el derecho de tierras llevado a cabo por el autor entre 2001 y 2004, ex combatientes frecuentemente se refirieron al Mapa Polanco como la máxima autoridad en el alcance de sus derechos territoriales, reforzando las narrativas de haber peleado la guerra para defender sus derechos territoriales33. En cada caso, la ausencia del mapa escasamente previene la formación de una perspectiva del espacio que, de uno en uno, guía los esfuerzos para traer a la vida esa realidad. En este sentido, trabaja del mismo modo que los mapas presentados en el Atlas de Aguirre Sacasa, permitiendo a todos aquellos quienes reconocen su autoridad, encontrar un modo de historizar el territorio imaginado y territorializar esa historia.

El Caso Awas Tingni: Una Tradición Mapeada

18En muchos aspectos, el mapa de Awas Tingni marca un modo de traer una parte de la visión subyacente del Mapa Polanco – la legalización de los derechos territoriales indígenas – a la realidad. Creado como parte de los esfuerzos para reconstruir la comunidad, a partir del fin del conflicto armado en 1990, el mapa jugó un papel fundamental en volver a hacer que el uso y ocupación de la tierra que hace la comunidad, sea legible como una forma de propiedad ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos34. El mapa ha sido subsecuentemente usado por oficiales nicaragüenses y residentes de las comunidades para demarcar y reclamar el título de Awas Tingni por medio de la aplicación de las reglas de la Corte. A pesar de ese proceso, Awas Tingi se ha convertido en un punto de referencia indispensable en los debates sobre derechos territoriales indígena en la región, si no a la par con el Mapa Polanco, ciertamente extendiendo los objetivos establecidos en el Plan de 1981 de los MISURASATA. Al mismo tiempo, marca un alejamiento de esa visión en varios sentidos. Donde el Mapa Polanco ha sido equiparado con la soberanía Miskito —a pesar del ímpetu de su creación discutido más arriba— el mapa de Awas Tingni fue hecho antes de la titulación y demarcación de los derechos territoriales de la comunidad por parte del Estado. También contrasta con la visión del Mapa Polanco de un territorio Miskito exclusivo al ubicar una reivindicación de los miembros de otro grupo indígena, los Mayangna, dentro del corazón de la región. De hecho, para algunos el Mapa de Awas Tingni ahora equivale a una amenaza para la integridad del Mapa Polanco, al poner los derechos territoriales de un grupo étnico percibido por muchos Miskito como políticamente un paso atrás. Esa marginación se ve agravada por la percepción de la débil participación de la Mayangnas en los grupos de insurgencia liderada por los Miskito que lucharon contra los sandinistas35. Así, a pesar de todo lo que el Mapa de Awas Tingni ha contribuido al reconocimiento de los derechos territoriales indígena en el este de Nicaragua, permanece atrapado entre las aspiraciones Miskito por el control político del proceso de titulación de las tierras —si no autoridad soberana sobre el territorio mismo— y, la autoridad soberana del Estado nicaragüense para llevar a cabo a titulación y demarcación.

19 El mapa de Awas Tingni llegó casi inmediatamente tras la desmovilización de las últimas fuerzas Miskito en 1990. Como muchas otras comunidades indígenas en la región, las fuerzas MISURA habían ayudado a “evacuar” Awas Tingni hacia campos de refugiados en Honduras tras la campaña Navidad Roja de los sandinistas en 1982. Muchos de los residentes relocalizados se unieron a las filas de insurgencia lideradas por Miskito a pesar de la percepción de que los Mayangna no participaron. De hecho, mucho de esta última percepción está conformada por los rangos de deserción Mayangna, documentos históricos y entrevistas del autor sugieren que su retiro de la lucha tuvo más que ver con la discriminación Miskito que con la falta de compromiso para defender sus derechos territoriales36. Tras el fin de la guerra, la reconstrucción de Awas Tingni dio material y forma discursiva a esas divisiones, armando la comunidad como una comunidad Mayangna. En ninguna parte este movimiento fue más evidente que en los esfuerzos de la comunidad para firmar un contrato maderero con una empresa nicaragüense, Madensa, dirigida por prominentes sandinistas en 1992. La nueva legislación promulgada por los sandinistas hizo ilegal la tala en tierras comunitarias sin prueba de título, un requisito que los oficiales de gobierno posteriormente no aplicaron a los Awas Tingni en vista del hambre y pobreza que siguieron a la guerra. A cambio de la exención, Madensa accedió a ayudar a los Awas Tingni a asegurar el título formal de sus tierras según lo permitido en la Constitución de 1987. La concesión despertó sospechas considerables de comunidades Miskito vecinas, así como también de oficiales políticos de la región. A petición de oficiales Miskito, el Fondo Mundial para la Vida Silvestre convocó a un equipo para investigar los términos del contrato de tala en 1994. Tras la primera visita del equipo a la comunidad, representantes de Awas Tingni les entregaron un mapa dibujado a mano describiendo las reivindicaciones Awas Tingni37. El Fondo Mundial para la Vida Silvestre, dirigido por el abogado S. James Anaya, tomó medidas para mejorar los términos del contrato de la comunidad, haciéndolo un modelo de silvicultura sustentable basado en la comunidad de la región, y buscando el reconocimiento legal de los derechos territoriales de los Awas Tingni. A pesar de las promesas de los oficiales de gobierno sobre el avance de titulación y demarcación, los mismos oficiales firmaron concesiones garantizando a una compañía coreana, los derechos exclusivos para talar en un área reclamada por los Awas Tingni, sin informar a los representantes de la comunidad y mucho menos consultarlo con ellos. Ayudados por Anaya, los residentes de Awas Tingni respondieron a la intransigencia del gobierno acusando a los oficiales estatales de violar la Constitución nicaragüense. A pesar de una sentencia de la Corte Suprema de Nicaragua reafirmando las reivindicaciones de la comunidad en 1995, los funcionarios estatales se rehusaron a revocar la concesión. Séis años más tarde, en 2001, la Corte Interamericana dictaminó que los residentes Awas Tingni tenían el derecho a la propiedad, establecido por el uso y ocupación histórico de las tierras en cuestión, que el Estado tenía el deber de garantizar como una cuestión internacional de derechos humanos.

20 Los mapas desempeñaron un rol crítico en la formulación de la reclamación de Awas Tingni. Mientras que el mapa dibujado a mano de la comunidad ayudó inicialmente a definir la ubicación y extensión del área reclamada por la comunidad, los abogados de la comunidad tomaron resguardos adicionales al contratar al antropólogo de Harvard, y luego director del Cultural Survival, Theodore Macdonald, para promover entre la comunidad el uso del espacio descrito en el documento. La familiaridad de Macdonald con los debates sobre derechos territoriales en Nicaragua y con las bases legales de la reclamación lo cualificaba para la tarea. Además de facilitar el apoyo del Cultural Survival al estudio de los derechos territoriales de los MISURASATA en 1980, Macdonald había sido un observador de las negociaciones entre los sandinistas y las organizaciones Miskito que resultaron en el Estatuto de Autonomía en 1987. La reclamación Awas Tingni ofrecía una oportunidad única para avanzar en los objetivos que buscaba ese trabajo anterior. Los residentes de Awas Tingni igualmente vieron la cartografía como un medio para hacer reales sus reivindicaciones, el proceso físico de la inspección de los límites y bases históricas de la reclamación contrasta con los abstractos procedimientos legales. Iqual que el Mapa Polanco, el mapeo en Awas Tingni no solo documentó el uso y ocupación de area reclamada por miembros de la comunidad. También sirvió para consolidar la identidad de la comunidad como pueblo Mayangna, reforzando su diferencia con sus vecinos Miskitos con la territorialización de la memoria colectiva de la comunidad. Para muchos miembros de la comunidad el mapa representaba su derecho al territorio en vez de ilustrar su reclamo según planteo su abogados. De hecho, muchos de los hombres que participaron en las audiencias celebradas en 2000 en la Corte Interamericana en San José, Costa Rica, describieron su “tristeza” al volver a casa sin un título que validara sus derechos sobre el área mapeada. Su frustración fue incluso más palpable una vez que la Corte dictaminó en su favor, mandando al estado nicaragüense de llevar a cabo la titulación y demarcación que efectivamente implicaba rehacer el mapa hecho por Macdonald.

21Tanto como el caso de Awas Tingni prometía avanzar en el proceso de legalización de los derechos territoriales indígenas, fue el ímpetu para el Mapa Polanco, que tuvo una marcada diferencia al documentar la reclamación. De acuerdo con la tradición popular, Mauricio Polanco había enfocado sus esfuerzos en reunir problemas de “títulos” tras la renuncia británica a sus intereses políticos en la reserva Miskito. Como resultado, el Mapa Polanco es a menudo interpretado como la definición de un extenso espacio territorial que es burdamente mezclado con la extensión de la Reserva Miskito. A pesar de la histórica plasticidad de los límites de estos últimos38, esta reclamación territorial fue ampliamente interpretada como incluyendo toda el área usada y ocupada colectivamente por las comunidades Miskito. La reclamación de Awas Tingni, al contrario, involucraba el derecho de tierras de una sola comunidad, presentando un área legalmente descrita en términos de propiedad más que de territorio. La diferencia es más que semántica. Donde territorio tiene connotaciones de soberanía política, los derechos políticos y legales asociados con propiedad están finalmente circunscritas dentro de un orden socio-espacial mayor y que a la vez garantiza y constituye una base de soberanía estatal. En consecuencia, las bases legales de la reclamación de Awas Tingni puso mayor énfasis en el uso y la ocupación a diferencia de la documentación histórica de la reclamación de la comunidad. Esto fue en parte una cuestión de necesidad. Como comunidad Mayangna histórica y geográficamente localizada al margen de los esfuerzos para asegurar su reconocimiento de los derechos territoriales indígenas, hubo una relativamente pequeña documentación histórica de la existencia de la comunidad. De hecho, como los abogados del estado nicaragüense se apresuraron a señalar, la comunidad había sido establecida sólo a finales de 1930, tras la guerra entre los marinos de Estados Unidos y las fuerzas de Augusto Sandino que fueron acompañadas por un brote masivo de tuberculosis, así como un prolongado periodo de declive económico. Además, la fundación de la comunidad había sido al menos parcialmente apoyada por los esfuerzos de la iglesia Moravia para relocalizar los asentamientos indígenas en comunidades construidas alrededor de las inglesas y otros lugares visitados regularmente por funcionarios de la iglesia oficiando servicios y bautismo39. Nada de esto disminuyó la importancia material de la tierra y los recursos en el área reclamada para la sobrevivencia y bienestar de los residentes Awas Tingni. Al mismo tiempo, se confió en la documentación de los derechos de la comunidad en términos de costumbres que variaba considerablemente de la narrativa popular de los derechos territoriales Miskito que mezclaban la autoridad soberana del rey con interpretaciones del conflicto con los sandinistas como una “guerra para defender nuestra tierra”.

22

FIGURA 2 : Evolución del Reclamo Awas Tingni
FIGURA 2 : Evolución del Reclamo Awas Tingni

23 Estas diferencias dominaron los esfuerzos para implementar la decisión de la Corte Interamericana. Además de la resistencia de los oficiales nicaragüenses a reconocer las reclamaciones de tierra indígenas, sobreponiendo las reivindicaciones hechas por el trío vecino de comunidades Miskito complicó más la titulación y demarcación de la reclamación de Awas Tingni. Las tres comunidades tenían mapas propios, describiendo su uso y ocupación de la tierra y sus recursos de acuerdo con criterios similares a aquellos usados en el caso de Awas Tingni. Además, esas comunidades se habían establecido más recientemente que Awas Tingni, asentados con el apoyo de los mismos sacerdotes capuchinos que habían ayudado a cultivar un sentido de identidad a los Miskito basado en parte en los derechos territoriales en la década de 197040. Originalmente fundado por residentes de las comunidades inundables de la zona baja del Río Coco, las tres comunidades fueron luego localizadas en un área que la administración Somoza había recientemente marcado para el asentamiento de campesinos no indígenas del oeste de Nicaragua. Al igual que Awas Tingni, las tres comunidades – conocidas colectivamente por el nombre del proyecto fundado por ellos, Tasba Raya o “nueva tierra” – habían sido abandonadas durante el conflicto armado en la década de 1980. Muchos de los residentes eran veteranos de esa lucha, habiendo peleado con varios grupos insurgentes Miskito. La militancia definida étnicamente los llevó a considerar a los residentes Mayangna de Awas Tingni con cierto desdén, equiparando la decisión de la comunidad de presentar su reclamación individualmente con preguntas acerca de su lealtad a la insurgencia liderada por los Miskito durante la década de 1980. La última acusación fue percibida por muchos residentes Awas Tingni como otro ejemplo de la discriminación Miskito, un punto subrayado por el hecho de que muchos miembros de la comunidad activos en el proceso de reclamación de tierra había, de hecho, sido parte de grupos insurgentes liderados por Miskito. Estas tensiones se intensificaron con la insistencia de los funcionarios gubernamentales de que cualquier disputa de límites entre Awas Tingni y sus vecinos sea resuelta antes de la titulación y demarcación. De hecho, al final la disputa fue resuelta por un acto legislativo aprobado con el apoyo del partido político Miskito YATAMA que cedió un área completa de superposición a las tres comunidades Tasba Raya.

Institucionalización de la conquista

24Tanto el mapa de Awas Tingni como el de Polanco proporcionaron importantes contrapuntos para la evolución de la identidad nacional nicaragüense descrita (representada) en el Atlas de Aguirre Sacasa. Ambos rompen su narrativa nacionalista, abriendo la posibilidad de historias alternativas para su configuración territorial. Y a pesar de esa posibilidad, ambos mapas enraízan la legitimidad de su explicación alternativa en una comprensión más amplia que sitúa la identidad indígena fuera de o sumergida bajo la reclamación de territorios por los Estados modernos. La pregunta sigue siendo si la representación de espacio crea o no las condiciones de ciudadanía e igualdad, o simplemente da a los pueblos indígenas un lugar en el mapa. Los críticos de reformas multiculturales en Latinoamérica han hecho una pregunta similar. En particular, dirigen su atención a como la representación de una subjetividad política indígena en términos abstractos de derechos humanos subsume a las experiencias específicas de lucha y exclusión para todos los conceptos familiares de raza, soberanía y territorio – la misma troika del nacionalismo liberal encontrado en el Atlas de Aguirre Sacasa41. Más concretamente, ambos mapas, el de Awas Tingni y Polanco adhieren a la dialéctica familiar indígena y colonos que dejan poco espacio para articular experiencias fuera de su racionalidad binaria. Este tipo de pensamiento dialéctico tiene profundas raíces históricas y políticas, haciendo eco de la lógica aplicada por los sandinistas para, ya sea, ver a los Miskito como parte de su proyecto nacionalista revolucionario o una amenaza separatista de la misma. En cada caso, este tipo de pensamiento dialéctico posee una tendencia perniciosa a institucionalizar el mismo legado de conquista que busca desafiar (impugnar42). Al mismo tiempo, hace la singularidad de las luchas representadas legibles, como parte de un patrón general, destilando su complejidad como una cuestión de derechos universales43. Por mucho que la cartografía ha contribuido al reconocimiento de los derechos indígenas, ganándoles un reñido lugar en el mapa, es una presencia que a menudo viene a través de la subsunción de lo particular a lo general. Mucho se ha perdido literalmente en la traducción.

25 Los dos casos presentados aquí ilustran este predicamento. El mapa Polanco ayudó a la movilizar la identidad Miskito en términos de su oposicipon esencial a al identidad nacional nicaragüense, volviendo prácticas históricas de exclusión racial en líneas de batalla. Los esfuerzos para sostener esta oposición han probado ser tan difíciles para los Miskito como lo han sido para Nicaragua, en la medida que requieren de un esfuerzo sistemático para constantemente reinscribir esa diferencia como la base de sus respectivos proyectos políticos. Cualquier solución a este conflicto es inmediatamente censurada como compromiso. Esta crítica se hace más conmovedora (o patética) por la continuación de la asimetría de las relaciones de poder entre Nicaragua y las poblaciones indígenas y negra, siendo estas últimas repetidamente asignadas como “minorías étnicas” y de ese modo, sujetos a regímenes legales especiales autorizados por las instituciones del Estado nicaragüense. Al mismo tiempo, una lógica similar es evidente en la respuesta Miskito a la reclamación de Awas Tingni que ve el reconocimiento de los derechos de una minoría como una amenaza a aquellos de una mayoría. En cada caso, la habilidad para identificar una minoría (y movilizar identidad) yace en ser capaz de determinar espacialmente la relación entre diferentes poblaciones dentro de un territorio que es en última instancia la del Estado. Es resultado es siempre un tipo de “exclusión inclusiva44“.

26 ¿Qué forma podría tomar una aproximación alternativa? Una posibilidad yace dentro de la misma práctica de la cartografía en sí[45]. En vez de calcular cuán bien los mapas representan la realidad – la premisa del gran asunto de la historia cartográfica -, una asignación de enfoque debe ocuparse de cómo y por qué los mapas son hechos, leídos y, por lo demás, usados. Esta es precisamente la aproximación que ha sido desarrollada en Colombia y Brasil bajo el nombre de “cartografía sociali”. En esta aproximación, el producto final cartográfico es a menudo de importancia secundaria al proceso político general que guía su producción y uso. En esta aproximación, la cartografía no hace visible un orden territorial existente fuera o antes del Estado. En su lugar, constituye una serie de actividades que asume la tarea de trabajar espacialmente a través de un rango de relaciones sin el impulso para resolver sus diferencias. Para poner un ejemplo de los casos presentados aquí, puede comenzarse con una misma aproximación para ver y así representar fronteras, cambiando la percepción de ellos como marcadores absolutos de diferencia de un enfoque que los ve como punto de convergencia a través del cual una red de relaciones sociales es capaz de garantizar el acceso a tierra y recursos necesarios para el bienestar y sobrevivencia de todos los residentes de la costa caribeña. Esto no es menos un proyecto utópico que la tesis de una larga historia de exclusión racial en la región puede ser resuelta a través de la titulación de tierras comunales respaldada por el Estado. Pero la base material para que el proyecto ya está en marcha en la forma de las relaciones a través del cual Miskitos y Mayangnas, entre otros, aseguran el acceso a la tierra y los recursos como una cuestión práctica. En la medida en que la historia y la geografía puedan servir como recursos para ese proyecto, ¿podríamos hacer algo peor que empezar a preguntarse qué tipo de historia? ¿Qué tipo de mapa?

27Notas de pie de página

28_ El autor es del “Department of Geography, University of Colorado, Boulder”. jbryan@colorado.edu; traducción por Sigrid Huenchuñir Morán.

291 Véase por ejemplo Karl Offen, “The Territorial Turn: Making Black Territories in Pacific Colombia,”_ Journal of Latin American Geography_ 2, no. 1 (2003), pág. 43-73.

302 Véase Nicos Poulantzas, State, power, socialism (London: Verso Classics, 2000), pág. 114.

313 Véase Denis Wood, Rethinking the power of maps (New York: The Guilford Press, 2010).

324 Para una aproximación crítica a este enfoque, véase Matthew Edney, “Cartography Without Progress: Reinterpreting the Nature and Historical Development of Mapmaking,” Cartographica: The International Journal for Geographic Information and Geovisualization 30, no. 2 (1993), pág. 54-68.

335 Wood,Rethinking the power of maps.

346 Francisco Xavier Aguirre Sacasa, Un Atlas Histórico De Nicaragua/Nicaragua: An Historical Atlas (Managua, Nicaragua: Colección Cultural de Centro América, 2002), pág. 4.

357 Aguirre Sacasa, Un Atlas Histórico, pág. 180._

368 Aguirre Sacasa, _Un Atlas Histórico, pág. 195.

379 Aguirre Sacasa, Un Atlas Histórico, pág. vii.

3810 Aguirre Sacasa, Un Atlas Histórico, págs. 76-79.

3911 Véase Matthew Sparke, In the Space of Theory: Postfoundational Geographies of the Nation-State (Minneapolis: University of Minnesota Press, 2005), cap. 1.

4012 Veánse Karl Offen, “Narrating Place and Identity, or Mapping Miskitu Land Claims in Northeastern Nicaragua,” Human Organization 62, no. 4 (2003), págs. 382-92 http://findarticles.com/p/articles/mi_qa3800/is_200301/ai_n9226058/?tag*rbxcra.2.a.55 ; Anthony Stocks, “Mapping Dreams in Nicaragua’s Bosawas Reserve,” Human Organization 62, no. 4 (2003), págs. 344-56, http://findarticles.com/p/articles/mi_qa3800/is_200301/ai_n9226047/?tag*content;col1 ; Peter Dana, “Nicaragua’s ‘Gpsistas’ Mapping Their Lands on the Caribbean Coast,” GPS World 9 (1998), págs. 33-42 http://www.iapad.org/publications/ppgis/GPSWSep98.pdf ; Edmund Gordon, Galio Gurdián y Charles Hale, “Rights, Resources, and the Social Memory of Struggle: Reflections on a Study of Indigenous and Black Community Land Rights on Nicaragua’s Atlantic Coast,” Human Organization 62, no. 4 (2003), págs. 369-81 http://findarticles.com/p/articles/mi_qa3800/is_200301/ai_n9226074/?tag=content;col1 ; Bernard Q. Nietschmann, “Defending the Miskito Reefs with Maps and GPS: Mapping with Sail, Scuba and Satellite,” Cultural Survival Quarterly 18, no. 4 (1995), págs. 34-37.

4113 Jeffrey L. Gould, To Die in This Way: Nicaraguan Indians and the Myth of Mestizaje, 1860-1965 (Durham: Duke University Press, 1998); Edmund T. Gordon, Disparate Diasporas: Identity and Politics in An African Nicaraguan Community (Austin: University of Texas Press, 1998); Charles R. Hale, Resistance and Contradiction: Miskitu Indians and the Nicaraguan State, 1894-1987 (Stanford: Stanford University Press, 1994).

4214INNICA, IRENA, MISURASATA: Agreement on Norms for Lumber-Felling,” en National Revolution and Indigenous Identity: The Conflict Between the Sandinistas and Miskito Indians on Nicaragua’s Atlantic Coast, IWGIA Document 47, editado por Klaudine Ohland y Robin Schneider (Copenhagen: International Work Group for Indigenous Affairs (IWGIA), November, 1983), págs. 95-98.

4315 Fray Gregorio Smutko, Pastoral Inidigenista: Experiencia Entre Los Miskitos, Colección Iglesia Liberadora (Bogotá: Ediciones Paulinas, 1975); Susan Hawley, “Protestantism and Indigenous Mobilisation: The Moravian Church Among the Miskitu Indians of Nicaragua,” Journal of Latin American Studies 29 (1997), págs. 111-29.

4416 Jorge Jenkins Molieri, El Desafío Indígena En Nicaragua: El Caso De Los Mískitos (Managua: Editorial Vanguardia, 1986); Carlos M. Vilas, Del colonialismo a la autonomía: modernización capitalista y revolución social en la Costa Atlántica (Managua, Nicaragua: Editorial Nueva Nicaragua, 1990).

4517 Véase Karl H. Offen, “The Geographical Imagination, Resource Economies, and Nicaraguan Incorporation of the Mosquitia, 1838-1909”, en Territories, Commodities and Knowledges: Latin American Environmental Histories in the Nineteenth and Twentieth Centuries, editado por Christian Brannstrom (London: Institute for the Study of the Americas, 2004), págs. 50-52.

4618INNICA, IRENA, MISURASATA: Agreement on Norms for Lumber-Felling,” pág. 98. Véase también Steadman Fagoth, La Moskitia: autonomía regional, ... lamento indígena … ocaso de una raza que se resiste fallecer (Tegucigalpa, sin editorial, 1998), 131-32.

4719 Theodore Macdonald, “Nicaragua: National Development and Atlantic Coast Indians,” Cultural Survival Quarterly 5, no. 3 (1981), pág. 9-111 http://www.culturalsurvival.org/publications/cultural-survival-quarterly/nicaragua/nicaragua-national-development-and-atlantic-coast

4820 Hale, Resistance and Contradiction, pág. 78; Fagoth, La Moskitia, págs. 136-37.

4921 Véase Richard F. Armove, Education and Revolution in Nicaragua (Westport, Connecticut, Praeger Publishers, 1986).

5022 Smutko, Pastoral Indigenista; véase también Hawley, “Protestantism”, Offen, “Narrating Place and Identity”.

5123 Smutko, Pastoral Indigenista, pág. 59.

5224 Macdonald, “Nicaragua: National Devlopment”.

5325 MISURASATA, “Plan of Action 1981,” en National Revolution and Indigenous Identity, pág. 89-94.

5426 MISURASATA, “Plan of Action”, pág. 92.

5527 MISURASATA, “Propuesta de la tenencia de la tierra de las comunidades indígenas y criollas de la Costa Atlántica,” July 28, 1981. Biblioteca CIDCA-UCA, Managua.

5628 MISURASATA, “Plan of Action”.

5729 Hale, Resistance and Contradiction, pág. 97.

5830 Comunicación personal con Adán Artola.

5931 Fagoth, La Moskitia.

6032 Véase por ejemplo Gordon, Gurdián y Hale, “Rights, Resources and Social Memory”.

6133 Charles R. Hale, “Wan Tasbaya Dukiara: Nociones Contenciosas de los Derechos Sobre la Tierra en la Historia Miskita,” Wani 12 (1992), págs.. 1-19; Joe Bryan, Map or be mapped: land, race, and rights in eastern Nicaragua, Ph.D. dissertation, (University of California, Berkeley, 2007), cap. 4.

6234 S. James Anaya y Claudio Grossman, “The Case of Awas Tingni v. Nicaragua: A New Step in the International Law of Indigenous Peoples,” Arizona Journal of International and Comparative Law 19, no. 1 (2002), págs. 1-16; Joel Wainwright y Joe Bryan, “Cartography, Territory, Property: Postcolonial Refelections on Indigenous Counter-Mapping in Nicaragua and Belize,” Cultural Geographies 16, no. 2 (2009), págs. 153-78.

6335 Americas Watch, The Sumus in Nicaragua and Honduras: An endangered people (New York and Washington, DC: Americas Watch, September, 1987); Isabel Pérez Chiriboga, Espíritus de Vida y Muerte: Los Miskitu Hondureños en Época de Guerra (Tegucigalpa, Honduras: Editorial Guaymuras, 2002) ; Götz von Houwald, Mayangna, Apuntes Sobre La Historia de los Indígenas Sumu en Centroamérica (Managua, Nicaragua: Colección Cultural de Centro América, 2003).

6436 Americas Watch, The Sumus, Pérez Chiriboga, Espíritus de Vida y Muerte; von Houwald, Mayangna.

6537 Anaya and Grossman, “The Case of Awas Tingni”.

6638 Karl Offen, “Creating Mosquitia; Mapping Amerindian Spatial Practices in Eastern Central America, 1629-1779,” Journal of Historical Geography 33 (2007), págs. 254-82.

6739 Bryan, Map or Be Mapped.

6840 Smutko, Pastoral Indigenista.

6941 Véanse Charles R Hale, “Neoliberal Multiculturalism: The Remaking of Cultural Rights and Racial Dominance in Central America,” Political and Legal Anthropology Review 28, no. 1 (2005), págs. 10-28; Nancy Grey Postero, Now We Are Citizens: Indigenous Politics in Postmulticultural Bolivia (Palo Alto: Stanford University Press, 2007).

7042 Véase Michel Foucault, “Society Must Be Defended”: Lectures at the Collège De France 1975-1976, editado por Arnold I. Davidson y Alessandro Fontana, traducción de David Macey (New York: Picador, 2003), http://roundtable.kein.org/files/roundtable/Foucault_Soc_Defended.pdf

7143 Véase Vinay Gidwani, Capital Interrupted: Agrarian Development and the Politics of Work in India (Minneapolis,: University of Minnesota Press, 2008), pág. 219; véase también David Scott, Conscripts of Modernity: The Tragedy of Colonial Enlightenment (Durham, NC: Duke University Press, 2004).

7244 Véanse Elizabeth Povinelli, The Cunning of Recognition; Indigenous Alterities and the Making of Australian Multiculturalism (Durham: Duke University Press, 2002); Wainwright y Bryan, “Cartography, territory, property”. Véase también Timothy Mitchell, “Rethinking Economy,” Geoforum 39, no. 3 (2008).

7345 Véanse Joe Bryan, “Walking the Line: Participatory Mapping, Indigenous Rights, and Neoliberalism,” Geoforum 42, no. 1 (2011), págs. 40-50. Bjorn Sletto, “‘We Drew What We Imagined’: Participatory Mapping, Performance, and the Arts of Landscape Making,” Current Anthropology 50, no. 4 (2009), págs. 443-76.

7446 Véase, http://www.novacartografiasocial.com/ . Accesado 4 fébrero 2011.

Para citar este artículo :

Joe Bryan, « Cartografías del Colonialismo: Mapeo Indígena en Nicaragua », Boletín AFEHC N°48, publicado el 04 enero 2011, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=2586

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