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AFEHC : articulos : De Reino de Guatemala a República de Centro América: Un Periplo Cartográfico : De Reino de Guatemala a República de Centro América: Un Periplo Cartográfico

Ficha n° 2590

Creada: 24 abril 2011
Editada: 24 abril 2011
Modificada: 07 mayo 2011

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Autor de la ficha:

Jordana DYM

Editor de la ficha:

Karl OFFEN

Publicado en:

ISSN 1954-3891

De Reino de Guatemala a República de Centro América: Un Periplo Cartográfico

En este ensayo se realiza un análisis de la cartografía en La República Federal de Centroamérica (1823-1838). El enfoque esta puesto en el periodo entre la independencia de Centroamérica y la primera producción de mapas oficiales de las nuevas repúblicas unas décadas después. El caso estudiado es un mapa de Centroamérica de 1829 hecho por George A. Thompson, el primer chargé d’affaires Británico en México y Centroamérica. Se explica que Thompson usaba fuentes que trajo de Inglaterra pero también dependía de conocimientos cartográficos de intelectuales locales, a veces con resultados que frustraron los líderes centroamericanos. Se enfatiza que para profundizar nuestras investigaciones sobre las influencias cartográficas y mirar los primeros esfuerzos por representar las nuevas repúblicas, tenemos que entender los intercambios de los europeos visitantes e intelectuales locales y verlos como una cartografía híbrida.
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Palabras claves :
Cartografía, Mapas, Intelectuales locales
Autor(es):
Jordana Dym
Fecha:
Marzo de 2011
Texto íntegral:

1“Todos los gobiernos de todas las naciones han sentido la necesidad de las cartas geográficas”. José Cecilio del Valle, “Carta Geográfica”, 1830.

Introducción

2“Sábado 9 de julio: Apremiado por el deseo de procurarme un mapa de las delimitaciones de los cinco Estados recientemente establecidos, me fui a ver a Valle, la persona más llamada a ayudarme en este asunto; pero no fue pequeña mi decepción. Cierto es que se había hecho el deslinde por acto legislativo, pero aún no se había levantado un mapa para ilustrarlo. De suerte que tomamos uno de los de Arrowsmith que yo llevaba y trazamos en él con lápiz las divisiones”.
George A. Thompson, Narración de una visita oficial a Guatemala viniendo de México, (Londres, 1829). [Traducido por Ricardo Fernández Guardia, (Guatemala, Tipografía Nacional, 1927), pág. 100.] * Una vez lograda la emancipación en el primer cuarto del siglo diecinueve, los nuevos gobiernos de América Central convocaron asambleas constituyentes a fin de redactar sus estatutos fundamentales, nombraron enviados especiales para negociar con su antigua potencia imperial el reconocimiento de la independencia, y crearon documentos tanto políticos como jurídicos para divulgar sus reivindicaciones. Además, acotaron la extensión física de sus territorios en el texto de sus constituciones, y después encargaron el levantamiento de mapas de sus respectivas circunscripciones con desigual éxito, muchas demoras y posteriores conflictos vecinales. En general, el principio de uti posseditis significaba que los partidos y provincias coloniales pasarían a ser departamentos estatales dentro de las mismas entidades políticas. Aunque la transición parecía fácil en teoría, la definición final de las fronteras internas y externas se complicó en la práctica, debido a tensiones endógenas que provocaron la disolución de la República de Centro América en 1839, así como a disputas con México por Chiapas y Soconusco, con Gran Bretaña por Belice, y con la Gran Colombia por Panamá. En consecuencia, si bien el estadista José Cecilio del Valle señalaba en 1830 que “todos” los gobiernos “han sentido la necesidad de las cartas geográficas”, no es de extrañar que transcurrieran alrededor de veinte años desde las proclamaciones de independencia de España (1821) y México (1823) antes de que los países centroamericanos lograran publicar sus primeros mapas oficiales. Sin embargo, todavía en las décadas de 1820 y 1830 se observó un período de transición en la producción cartográfica desde el inicio de los reclamos limítrofes estatales y la aparición de los primeros mapas de los territorios y pueblos centroamericanos elaborados por ellos mismos. Durante este lapso de tiempo las representaciones geográficas producidas en el exterior, en gran medida basadas en la experiencia local y en la cartografía de la época colonial, ofrecieron tanto a los europeos como a los centroamericanos su primera percepción del istmo como una región integrada por estados nacionales y no por colonias. El mapa de Centroamérica de George A. Thompson del año 1829, publicado en las crónicas de su viaje por el istmo, es precisamente un documento cartográfico de esa naturaleza, pero es relativamente desconocido fuera de los círculos académicos. Grabado en Londres con base en la información y documentos recopilados por Thompson – primer delegado especial enviado por el gobierno británico a investigar sobre México y Centro América después de la independencia – esta representación de las nuevas entidades políticas refleja los conocimientos e intereses británicos y centroamericanos. El presente ensayo coloca dicho mapa en el contexto – o más bien contextos – de la cartografía británica sobre esta región producida en la década de 1820. Además, ilustra cómo los viajeros tomaban recursos de su país natal y de sus destinos en el exterior para elaborar sus cartas, y revela la frustración de algunos líderes centroamericanos ante sus productos.

3Este análisis sobre la elaboración de los primeros mapas de la República de Centro América (1823-1838) se ubica en el marco de una línea de investigación relativamente nueva en la historia cartográfica. Un creciente número de investigadores situados dentro de esta corriente analítica, que emergió hace unas tres décadas, concibe los mapas como artefactos culturales e instrumentos de poder creados, usados e interpretados para reclamar, ordenar y controlar poblaciones, territorios y recursos. Esta perspectiva ha permitido superar el estudio empirista del mapa como un objeto “neutro”, científico o moderno, útil tan sólo para indicar el progreso y la mejoría de los conocimientos, o como medios técnicos para representar la ubicación de ciudades y volcanes, catálogos de recursos minerales, flora o fauna, trazar el curso de ríos, fronteras o límites internos, medir terrenos o representar la profundidad de bahías. J.B. Harley (1932-19911), cuyo trabajo dio un gran impulso a este tipo de análisis cultural de las cartas geográficas2, indica: “Lejos de funcionar como una simple imagen de la naturaleza, posiblemente verdadera o falsa, los mapas redescriben el mundo, al igual que cualquier otro documento, en términos de relaciones y prácticas de poder, preferencias y prioridades culturales3”. Los académicos Matthew H. Edney (Gran Bretaña/Estados Unidos), Christian Jacob (Francia), Francesc Nadal y Luis Urteaga (España), entre otros, han cuestionado la percepción del mapa como un producto objetivo, y en cambio proponen entenderlos como instrumentos subjetivos. Este enfoque cultural ha devenido en la corriente analítica más destacada e influyente en el campo de la historia de la cartografía. El mapa es considerado como un elemento de un proceso en permanente evolución, en el que participa no sólo el cartógrafo sino también el consumidor, quien reconstruye el documento cada vez que lo interpreta4.

4La revolución en los estudios cartográficos, desarrollada a partir de la valoración de esta fuente como artefacto cultural, ha cobrado auge en América Latina. En la década de los noventa surgió una nueva generación de investigadores formada en universidades norteamericanas y europeas, en los campos de la historia del arte, la literatura, la historia y la geografía. Sus estudios han generado una importante dinámica en los espacios académicos regionales durante los últimos diez años. Asimismo, en los años noventa el mundo anglófono descubrió un rico campo de investigación en la extensa herencia cartográfica iberoamericana. Con ello, se inició una corriente significativa de estudios que coloca a los mapas en el centro de proyectos imperiales y nacionales, desde la conquista hasta el presente. Incluye temáticas que atrapan la atención de los estudiosos extranjeros y nacionales, como por ejemplo los mapas de la conquista y del primer siglo del período colonial, las cartas elaboradas en Europa para mostrar el “Nuevo Mundo” al público del “Viejo Continente”, las relaciones geográficas y planos urbanos producidos para facilitar la administración colonial, así como los mapas imperiales y nacionales de los siglos diecinueve y veinte elaborados para describir y delimitar territorios políticos5. Dentro de estas pautas, destacan estudios sugerentes sobre la influencia indígena en la cartografía novohispana6, el desarrollo de la idea del “espacio” en su sentido moderno como producto de la exploración7, el análisis de la cartografía imperial y nacional de los siglos XIX y XX, desde las selvas de la Guyana donde se establecen hitos geográficos8 hasta el “fugaz” espacio de los cartógrafos militares del estado porfirista mexicano9. Héctor Mendoza y João Carlos Garcia demandan un “un nuevo estudio, una nueva lectura, una nueva mirada como figuraciones gráficas y, particularmente, como testimonios culturales, y no sólo como documentos técnicos o pruebas históricas10”. La respuesta a su convocatoria se observa a partir de 2006, cuando se institucionaliza la historia de la cartografía en Iberoamérica en el marco de simposios bianuales donde se reúnen investigadores a proponer “nuevos caminos” para entender “viejos problemas11”. En estas investigaciones se nota un fuerte énfasis sobre el proceso de conquista y colonización, el imperialismo y la administración, el desarrollo de un “geo-cuerpo” nacional por parte de entidades estatales, el mapeo de la ciudad y la urbanización. Asimismo, encontramos novedosas interpretaciones sobre las instituciones y prácticas, comprendidas en su producción, circulación y consumo12. Sin embargo, tanto en esta ola de estudios como en la producción anglosajona se percibe una notoria ausencia de cartografía “popular” o de entidades no estatales, tales como grupos económicos, terratenientes y caricaturistas. Por consiguiente, el mapeo por y para estos actores, ubicados fuera de los organismos estatales, aún constituye un campo abierto.

5En este ensayo analizo un mapa representativo del quehacer cartográfico de los viajeros – un tema poco estudiado por investigadores anglosajones y latinoamericanos. Los mapas abundan en las crónicas, relatos y testimonios13 de los viajeros de la época de los veleros, carruajes, vapores y ferrocarriles. En sus textos encontramos comentarios explícitos sobre la importancia de la cartografía como medio para crear, reconstruir, personalizar y definir los países recorridos. No obstante, pese al creciente interés de los estudios académicos y de la literatura en las crónicas de viajeros, rara vez se aborda el análisis de los mapas. En cierta medida, este fenómeno obedece a que el género de las crónicas de viaje como campo de estudio ha atraído a un mayor número de historiadores y literatos que cartógrafos y geógrafos. A menudo la apariencia tosca, incompleta y groseramente imprecisa de los mapas producidos para ilustrar los relatos, no provocan tanto entusiasmo entre los geógrafos como el que los textos e imágenes despiertan entre los estudiosos de la historia, la cultura visual y la crítica literaria. Incluso el excepcional y contundente análisis literario de Mary Louise Pratt titulado Ojos Imperiales [Imperial Eyes], sobre las crónicas de los viajeros del siglo XIX en América Latina y África, omite el estudio de su producción cartográfica en el contexto de los proyectos económicos, políticos y sociales de sus metrópolis. Sin embargo, Ángela Pérez Mejía sí nos invita a considerar el trabajo cartográfico de Alexander von Humboldt, así como el contexto geográfico de los escritos de los viajeros que visitaron América del sur en los “tiempos difíciles” del período independiente14. En cambio, otros estudios sobre los exploradores británicos sitúan los mapas, tanto oficiales como privados, en el contexto de sus considerables aportes a la historia imperial y cartográfica15, pero no en el de la historia de sus periplos y crónicas. Es posible que dicho enfoque analítico compartimentado sobre la base del género y la forma de la información – palabra o imagen – obedezca más a recientes tendencias académicas que a los intereses de los viajeros, pues estos últimos eran prolíficos en la elaboración de mapas e ilustraciones.

6El presente artículo tiene un doble propósito. En primer lugar, persigue la inclusión de los mapas dentro del conjunto de elementos que deben ser tomados en cuenta por los estudios literarios sobre las crónicas de viajes. El segundo objetivo es demostrar cómo un viajero de inicios del siglo XIX logró elaborar un mapa para comunicar una importante información cultural y, al mismo tiempo, representar una parte integral de la crónica de su periplo. Específicamente, me propongo señalar maneras de considerar la evolución paralela del contenido cartográfico, el texto y las imágenes, a fin de representar constantemente las preocupaciones imperiales y nacionales.

7 Uno de motivos que impulsó a las colonias españolas en América a buscar la independencia a inicios del siglo diecinueve fue promover las inversiones europeas. Los nuevos gobiernos recibían con agrado a los viajeros, sobre todo a comerciantes y diplomáticos, esperando que éstos reconocieran su soberanía e invirtieran en sus territorios. Desde la década de 1820, la presencia de estos “ojos imperiales” – entre los que se contaban muchos británicos – se hizo más frecuente y numerosa. Empezaron a explorar los nuevos países, sopesando opciones de inversión y evaluando el nivel de civilización (o la ausencia de la misma) en las nacientes repúblicas. Al igual que otros viajeros anteriores, traían consigo mapas ya publicados, y elaboraban nuevas cartas geográficas en el transcurso de sus recorridos. Su inclinación por la cartografía no era novedosa. Sin embargo, los viajeros decimonónicos procedentes de potencias imperiales no buscaban avanzar en la consecución de los objetivos científicos de los viajeros-académicos del siglo XVIII, tales como Charles-Marie de la Condamine y Alejandro von Humboldt, sino ofrecer información política, económica y geográfica para incrementar la comprensión de áreas que percibían como “desconocidas” y contribuir al auge del comercio16. En cierta manera, su misión se asemejaba más a la de Jorge Juan y Antonio Ulloa, tenientes de navío que llegaron a las Américas junto a La Condamine persiguiendo un doble propósito: trazar el arco del meridiano e investigar reportes de corrupción y abusos administrativos recibidos por la Corona española. Sus mapas de las plazas y costas de Hispanoamérica, basados en su propio trabajo así como en contactos con oficiales y científicos en el transcurso de su recorrido, fueron publicados en un informe de cinco volúmenes en el año 1748. Sus mapas ofrecían al público europeo un conocimiento geográfico sin precedentes en esa época, destacando la importancia y novedad de la minuciosa información política, económica y demográfica recopilada. Además, sirvieron de base para los viajeros cartográficos de la centuria posterior quienes, pese a su condición de extranjeros, también conjugaron información local con sus propias observaciones17.

8 George A. Thompson fue, precisamente, uno de estos diplomáticos y viajeros inclinados a la cartografía que visitó América Central en el período independiente. El informe público sobre su periplo titulado Narración de una Visita Oficial a Guatemala viniendo de México, es un relato optimista sobre su recorrido de dos meses por la nueva república centroamericana en 1825. Thompson partió de México, donde había llegado en 1823 como miembro de una delegación enviada por el gobierno británico para negociar un tratado comercial. Una vez concluida su misión, se dirigió a Centroamérica – recién separada de México – con el fin de explorar la posibilidad de establecer relaciones diplomáticas con la nueva república federal. El dominio del idioma castellano permitió al diplomático británico relacionarse e intercambiar ideas con las personas más sobresalientes del ámbito político, religioso e intelectual guatemalteco, entre los meses de mayo y julio de 1825. Cuando regresó a Londres, presentó un informe al gobierno británico recomendando la apertura de relaciones oficiales con el nuevo gobierno independiente. Posteriormente publicó una crónica sobre su viaje, dedicando catorce capítulos de la misma a describir en términos bastante favorables a la joven nación centroamericana. En los dieciocho capítulos restantes, describió las vicisitudes de su travesía desde México a Guatemala por el océano Pacífico, así como de su retorno a Inglaterra por vía del Golfo Dulce y Belice. Orientó sus escritos a un público interesado no sólo en la situación política sino también en las posibilidades de inversión económica en esta región ubicada “en la intersección de dos mares”, tal como subrayó en el título del mapa que encargó para el libro y colocó de manera prominente frente a su portada18. (Figura 1).

9El interés de Thompson en la geografía política y económica de la República Federal de Centroamérica no era casual. Antes de recibir su nombramiento diplomático había traducido los cinco volúmenes del Diccionario geográfico-histórico de las Indias Occidentales o América de Antonio de Alcedo (London: James Carpenter, 1812-15). En 1819, Aaron Arrowsmith (padre) publicó un atlas compuesto de cinco mapas grabados en diecinueve páginas entre 1802 y 1818 para acompañar dicha obra19. En el prólogo al primer volumen del Diccionario (1812), Thompson explicó que había trabajado con el cartógrafo para ofrecer una representación gráfica de los datos registrados en su libro. Pero, además, aseguró haber revisado y corregido la ubicación de cada sitio mencionado en el diccionario, tomando como referencia diversos mapas de Arrowsmith sobre América Septentrional, los Estados Unidos, las Indias Occidentales, México y América del Sur. Por consiguiente, Thompson y Arroswmith colaboraron para mejorar tanto el texto original como los mapas, aprovechando la riqueza de las exploraciones geográficas auspiciadas por la Corona española como los nuevos estudios topográficos para rectificar las distancias y mediciones. Thompson explicitó su preocupación por perfeccionar al máximo los volúmenes del atlas20.

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Mapa de  Thompson
Mapa de Thompson

11Por tanto, no es de extrañar que Thompson decidiera modificar y actualizar el mapa que acompaña la narración de su viaje por Centroamérica en 1825. Aparte del valor intrínseco de la información que aporta sobre la nueva república, cabe destacar que el mapa creado por J & C Walker, con base en la carta anterior de Arrowsmith así como en los datos y documentos recopilados por Thompson, es un documento gráfico que conjuga esfuerzos tanto de centroamericanos como de extranjeros. Analicemos lo que el propio mapa nos dice. Su propio encabezado resulta muy interesante, pues retoma la proposición de Arrowsmith de 1826 sobre la territorialidad de “Guatemala”.

12¿Visitó Thompson sólo Guatemala, tal como se enuncia en los títulos del libro y el mapa? La respuesta es sí y no. El país que recorrió era la naciente República Federal de Centro América (1824-1838), integrada por cinco estados conformados por distritos de la capitanía general del período colonial, denominada también Audiencia de Guatemala: El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Guatemala21. Desde el siglo dieciséis y todavía en 1826 en el “Mapa de Guatemala” elaborado por Aaron Arrowsmith (véase Fig. 5), en las cartas geográficas se denominaba a toda la región usando el nombre de su capital colonial. Por tanto, es posible que Thompson decidiera conservar esta nomenclatura considerando que sus compatriotas ya estaban familiarizados con ella. Asimismo, permaneció la mayor parte del tiempo en la capital federal, la Ciudad de Guatemala, donde se reunió con diputados del congreso y los tres miembros del poder ejecutivo: José Cecilio del Valle, Tomás O’Horan y José Manuel de la Cerda. Como resultado, los títulos del libro y del mapa de Thompson reflejan un período de transición en la representación de la nueva nación, cuyo nombre oficial aún estaba en proceso de divulgarse en el exterior22.

13Al observar el mapa publicado por Thompson – dibujado por J & C Walker y producido en la imprenta londinense de John Murray, en vez de la casa editorial de la familia Arrowsmith – saltan a la vista dos elementos que recalcan los intereses del diplomático británico. Aunque también se encuentran reflejados en el título, ambos pueden leerse en la propia carta geográfica. En primer lugar, apreciamos las líneas de brillante colorido – rojo, amarillo y azul – utilizados para demarcar con firmeza las fronteras entre los cinco estados de la federación. En cambio, se emplean trazos grises para indicar el contorno de dos territorios en disputa: Chiapas, reclamado por México, y Belice por Gran Bretaña. Cabe señalar que el uso sistemático de líneas fronterizas para representar distintas jurisdicciones era una práctica relativamente nueva en la cartografía occidental. Aunque los imperios proclamaban derechos soberanos sobre determinados pueblos desde muchos años atrás, la demarcación de fronteras territoriales no llegó a ser una práctica común sino hasta inicios del siglo diecinueve, fomentada en cierta medida por las revoluciones en Europa y las Américas23. La importancia que Thompson (o su editor) otorgaba a los límites fronterizos se refleja en la decisión de resaltarlos mediante trazos en diversos colores, aunque este proceso aumentaba el costo del libro. Y, a diferencia de otros mapas anteriores, se usaban distintas tonalidades no sólo para ubicar distritos particulares, sino también para identificar el territorio de la federación como una entidad política separada de sus vecinos. En 1826, el texto se refería a México como un país distinto situado al norte de Guatemala, pero no mostraba la existencia de algún estado independiente en la frontera meridional de Veragua. Asimismo, al igual que el mapa de 1826 basado en otro original de Centroamérica, se concedía mucho menos atención al espacio topográfico de la república federal. Por ejemplo, las montañas y volcanes distintivos de la región no aparecen en el mapa, aunque sí incluye sus principales ciudades y pueblos. De esta manera, la mirada y atención del lector es dirigida hacia el principal aporte cartográfico del mapa: la demarcación de las fronteras.

14El segundo elemento más notorio del mapa de Thompson es la inserción de un “Plano ideal hecho según las indicaciones dadas por especulación de D. Manuel Antonio de la Cerda, Alcalde de 1 Voto de la ciudad de Granada” en febrero de 1823, que muestra la factibilidad de establecer una comunicación entre los océanos Pacífico y Atlántico surcando el río San Juan y lago de Nicaragua, y atravesando en carruajes el breve istmo de Rivas. Thompson optó por traducir al español un título lleno de información. En primer lugar se incluyó el nombre del autor: Manuel Antonio de la Cerda, primo de un miembro del triunvirato que gobernaba la federación – circunstancia que podría explicar su acceso a los datos y al esbozo cartográfico. En segundo lugar muestra una ruta transístmica idónea, a juicio del alcalde de Granada. El plano causó una impresión muy favorable en Thompson, por lo que decidió publicarlo junto con otras cuatro cartas “referidas al lago de Nicaragua y río San Juan” obtenidas durante su viaje24.

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Detalle, Carta. Plano IdeaI
Detalle, Carta. Plano IdeaI

16¿A qué obedecía tanto interés por esta ruta canalera? Tal como sugieren los títulos de ambos mapas, Gran Bretaña percibía el establecimiento de una “comunicación” a través del istmo como un “empalme”, que beneficiaría la administración de sus territorios imperiales en oriente y occidente, así como el comercio entre los mismos. El mapa de 1819 ya había refrescado la memoria del público británico sobre las cuatro posibles rutas transístmicas consideradas por los españoles en el siglo dieciséis. La evaluación de las ventajas de Tehuantepec en México, Nicaragua, y la península del Darién en Panamá como rutas canaleras continuaría a lo largo de la centuria25. En su texto, Thompson insistió en este tema repetidas veces, deplorando o advirtiendo al público británico que los holandeses ya habían iniciado gestiones ante el gobierno federal con ese objetivo. Al cabo de unas décadas, Estados Unidos y Francia también empezarían a estudiar los méritos relativos de los territorios de Nicaragua y de la península del Darién para la construcción de un canal. Al parecer en 1829 Thompson apoyaba la opción por Nicaragua, pues incluyó en su libro el “plano ideal” ya mencionado, que presenta el trecho terrestre entre el lago de Nicaragua y el océano Pacífico corto y llano, e incluye un potencial “proyecto” urbano.

17 Puesto que el alcalde de Granada trazó el plano original, no resulta sorprendente que este puerto lacustre sea la única ciudad mostrada en el mismo, aún cuando no se halla ubicada directamente en la propuesta ruta de tránsito. A lo largo del siglo diecinueve, las élites de las dos ciudades principales de Nicaragua – León y Granada – rivalizaban por ventajas políticas y económicas, provocando frecuentes guerras civiles. No resulta claro si el hecho de que el plano “ideal” presente una topografía llana entre el lago de Nicaragua y el Pacífico, e incluya la propuesta de una futura ciudad y ruta canalera, obedeciera a una decisión de los propios nicaragüenses o si fue resultado del trabajo editorial de Thompson o Murray. Sin embargo, la comparación de esta imagen con el primer mapa nacional de Nicaragua levantado por Maximiliano von Sonnenstern – un geógrafo prusiano contratado para tal fin por tres gobiernos centroamericanos en la década de 1850 (Fig. 3) – puede resultar sorprendente. El plano “ideal” representa un territorio llano (excepto por uno o dos volcanes situados lejos de la propuesta ruta canalera), y omite todo indicio de la presencia de colinas en el istmo de Rivas. Tampoco hace referencia alguna a los indios mosquitos que continuaban desafiando la autoridad de los funcionarios federales en la costa oriental de Nicaragua. ¿Ignoraba el cartógrafo estos obstáculos o los excluyó deliberadamente para crear un plano “ideal”? Después de todo, es posible que dichos temas no inquietaran a los miembros del gobierno nacional reunidos en Ciudad Guatemala o al diplomático británico que adquirió allí el mapa.

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Nicolas von Sonnenstern, Mapa de la República de Nicaragua Levantado por Orden del Gobierno…1858
Nicolas von Sonnenstern, Mapa de la República de Nicaragua Levantado por Orden del Gobierno…1858

19¿Hasta qué punto los mapas de Thompson reflejan con fidelidad el texto del libro? Cuando se encuentra a las puertas de Ciudad Guatemala, Thompson reflexiona que “está por entrar en la capital de un país desconocido por los europeos, con el cual los suramericanos se hallan poco familiarizados26”. Obviamente, en Europa se tenían conocimientos sobre el istmo, pero quizá muchos ignoraban que el Reino de Guatemala del período colonial se había convertido en la república independiente de Centro América, pese a la publicación en 1823 de la obra de Domingo JuarrosStatistical and Commerical History of the Kingdom of Guatemala – traducida por John Baily27. De igual manera, en las “observaciones “introductorias” Thompson expresa que el mapa principal “tiene como objetivo presentar los Cinco Estados de la Federación, con sus respectivos distritos, de acuerdo a las recientes demarcaciones establecidas por el Congreso28”. La mejor forma de “presentar a los Cinco Estados” consistía en mostrar sus límites; por tanto, el color y foco de atención del mapa se orienta hacia las fronteras. Después, atrae la mirada hacia un tema de seguro interés para inversionistas y diplomáticos, con respecto a la nueva división territorial: otorga a cada estado federado su “debida porción de costa marítima29”. Al trasladar la vista del texto a la imagen los lectores pueden apreciar este detalle por sí mismos, pero cabría la posibilidad de que escapara a su atención sin la ayuda de un texto. Por tanto, el mapa y el texto parecen concebidos como fuentes complementarias. Pero, ¿cómo se enteró Thompson sobre las demarcaciones territoriales establecidas por el Congreso Federal? En este caso, el texto ofrece una pista. En sus notas correspondientes al 9 de julio de 1825 expresa:

20“Sábado 9 de julio: Apremiado por el deseo de procurarme un mapa de las delimitaciones de los cinco Estados recientemente establecidos, me fui a ver a Valle, [miembro del triunvirato] la persona más llamada a ayudarme en este asunto; pero no fue pequeña mi decepción. Cierto es que se había hecho el deslinde por acto legislativo, pero aún no se había levantado un mapa para ilustrarlo. De suerte que tomamos uno de los de Arrowsmith que yo llevaba y trazamos en él con lápiz las divisiones30”.

21 Aunque Thompson no identifica con cuál de los mapas de Arrowsmith trabajaron, es probable que llevase consigo una copia del Atlas de 1819, y pudo haber dibujado las “divisiones referidas” sobre las áreas relevantes de su Carta de las Indias Occidentales (Figura 4). Además, sin duda estaba familiarizado tanto con la terminología colonial y los distritos basados en las 25 alcaldías mayores que formaban parte de Guatemala debido a su labor de traducción del Diccionario de Alcedo, y quizá las plasmó en el mapa.

22 Por tanto, es plausible pensar que el mapa publicado por Thompson se basó principalmente en las observaciones de Valle, la obra de Alcedo y la carta del Atlas de 1819. Sin embargo, aunque el diplomático británico inicialmente trazó su bosquejo con Valle sobre un mapa que salió a luz antes de su viaje, cuando publicó su Carta en 1829 también conocía el Mapa de Guatemala: elaborado a partir de la medición encontrada en los archivos de ese país por Aaron Arrowsmith en 1826 (Fig. 5), una segunda fuente de información cartográfica sobre América Central, e incluso es posible que contribuyera a su producción. Resulta interesante anotar que Thompson no menciona en absoluto la existencia del segundo mapa de Arrowsmith ni su anónima fuente centroamericana. Sin embargo, incluye el nombre del alcalde nicaragüense que trazó el “plano ideal” inserto en su mapa, se refiere a una “copia de una carta mejorada (...) de la costa desde Acapulco a Sonsonate”, comprado a un oficial de marina llamado Mr. James durante su viaje a Guatemala31, y además identifica a Valle como la persona que lo ilustró sobre la demarcación de las fronteras nacionales.

23 En consecuencia, cuando nos preguntamos sobre los orígenes del contenido del mapa no podemos limitarnos a observar la imagen y leer la narración del viaje, sino también debemos estudiar sus antecedentes. Un examen detenido de ambos mapas de Arrowsmith revela cómo Thompson, y los cartógrafos J. y C. Walker que trabajaron con su editor, John Murray, aprovecharon su información. Los mapas de Arrowsmith muestran los principales distritos del Reino de Guatemala trazados a color, pero no señalan los límites de la propia capitanía general, ni designan la entidad colonial compuesta por estos distritos como un reino, capitanía general o audiencia. Las líneas de vivas tonalidades, resaltadas en rojo, verde, azul y amarillo, no parecen obedecer a otro propósito que el de demarcar los distritos particulares. No establecen distinciones entre los mismos, ni entre éstos y aquellos que pertenecían a los vecinos virreinatos de Nueva España al norte, y Nueva Granada al sur. El mapa de 1819 sólo da el nombre de Guatemala al espacio entre Soconusco y El Salvador a lo largo de la costa del Pacífico. Las demás provincias – Chiapa[s], Verapaz, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica – no se distinguen de Tabasco y Yucatán pertenecientes a Nueva España (México) al septentrión, o de Veragua y Panamá, integrantes de la meridional Nueva Granada.

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 Aaron Arrowsmith
Aaron Arrowsmith

25En contraste, la “Capitanía General de Guatemala” fue representada en 1826, tres años antes de la publicación de la Narración de Thompson, y cinco años después de la desaparición de dicha entidad (Figura 5), aunque de manera un tanto ambigua. El Mapa de Guatemala de Arrowsmith fue identificado como un “derivado de la medición en los archivos de ese país” y en algunos aspectos era menos detallado que su mapa de 1819, que presuntamente había trazado con base no sólo en fuentes centroamericanas sino también en otras diversas. Arrowsmith ofreció disculpas, en cierto modo, por la disminución de detalles topográficos, indicando que el original faltaba detalles ‘científicos’ pero a la vez esperaba que por seguir la medición original, ofrecía una “idea justa del presente estado de la Geografía en Guatemala.”

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Aaron Arrowsmith 1802-1854, Map of Guatemala : reduced from the survey in the archives of that country, 1826
Aaron Arrowsmith 1802-1854, Map of Guatemala : reduced from the survey in the archives of that country, 1826

27Al parecer, “geografía de Guatemala” significaba para Arrowsmith unos cuantos volcanes, pero sobre todo los límites de las provincias y partidos, términos usados para referirse a jurisdicciones coloniales y no estados independientes. El mapa borró (o simplemente no reprodujo) las principales características del paisaje o rutas que habían aparecido en el mapa topográfico de 1819, basado en otras fuentes supuestamente europeas32. En cambio, presentó una imagen más detallada de los distritos interiores y pueblos de la región, identificando con precisión muchas de las principales divisiones establecidas, o combinadas con las reformas derivadas de la creación de las intendencias a fines del siglo dieciocho33.

28 El mapa ofrece una fiel reproducción de los nombres y contracciones en español empleadas para designar sitios, sustentando la afirmación de Arrowsmith de que consultó una carta original centroamericana, ahora desaparecida. Considerando la fecha de publicación, es posible suponer que Thompson proporcionó el manuscrito original de su antiguo colaborador tan pronto como regresó a Londres y participó en su producción. Especulando un poco más, es posible imaginar que José Cecilio del Valle facilitó el mapa, pues varios años después sostuvo haber enviado a Londres una carta geográfica levantada por el ingeniero Juan Bautista Jauregui34. No obstante, al igual que su predecesor, este mapa publicado en 1826 identificaba los distritos del Reino (capitanía general) pero no la república, haciendo de “Guatemala” una entidad digna de un mapa independiente, y no sólo una sección percibida como parte de las Indias Occidentales. El área de lo que hoy constituye el país de Guatemala fue dividida en los distritos de Verapaz, Petén, Chiapa[s], la “Costa de Soconusco”, Chiquimula, Escuintla, Totonicapán, Suchitepéque[z], Sololá, [Z]acatepéque[z], y Chimaltenango. Asimismo, Sonsonate aparece como un distrito independiente entre las provincias de Guatemala y las de El Salvador. No presenta un área denominada Honduras, aunque sí las dos provincias de Comayagua y Tegucigalpa, que reflejaban el fracaso de las reformas de intendentes respecto a la creación de un distrito unificado. Mostrando un menor grado de precisión, presenta a las provincias de León y Segovia, pertenecientes a la intendencia de León (Nicaragua), como entidades totalmente separadas35.

29 En este mapa del año 1826, basado en una carta centroamericana original, se observa un territorio interior más fragmentado que en el Atlas del reino, así como una imagen gráfica de los numerosos territorios políticos que se fusionaron para formar los cinco estados de la Federación de América Central. Este hecho cuestiona la narrativa de que en 1825 se produjo una simple transición de las cuatro intendencias (León de Nicaragua, Comayagua de Honduras, San Salvador, y Costa Rica) y del “Valle de Guatemala” en cinco países. Por consiguiente, en la década de 1820 este mapa de las jurisdicciones coloniales reforzó la familiaridad del público británico con el nombre de Guatemala para designar un espacio que abarcaba casi todo el istmo centroamericano. En fin, aunque la lógica del mapa de Arrowsmith seguía reproduciendo los nombres originales de las entidades políticas y jurisdicciones del período anterior a la independencia, así como las delimitaciones de la autoridad colonial española, era un documento creado e impreso después de la emancipación. Por tanto, sus opciones también sugerían (incorrectamente) la continuidad del uso general del término Guatemala y la autonomía de los distritos particulares que, hacia 1825, se habían integrado en una federación centroamericana o, en el caso de Chiapas, anexado a la nueva república mexicana en el norte.

Al parecer, el mapa de Thompson del año 1829 retoma aspectos de ambos precedentes. La información topográfica es escasa pues omite hasta los volcanes y, a semejanza del Mapa de Guatemala de 1826, transmite la impresión de que México y Yucatán constituyen los límites nacionales al norte. No obstante, al igual que en el Atlas, el mapa de la república centra la atención en las divisiones provinciales (estatales, a esa fecha), aunque también presenta los departamentos del interior de Guatemala. Algunos topónimos y nombres de etnias aparecen en castellano (por ejemplo: Costa de Honduras, Lago de Nicaragua, Yndios Zambos) mientras otros en inglés (Belice, Golfo de Honduras, Indios). (Fig. 6).

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Detalle, Carta para acompañar
Detalle, Carta para acompañar

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Detalle, Carta de Thompson
Detalle, Carta de Thompson

32 En efecto, al comparar las palabras usadas para describir a los miskitos dispersos a lo largo de la costa de Honduras en el mapa de Thompson y en el de Arrowsmith de 1826 (Fig. 7) resulta evidente que los Walkers o Thompson se apropiaron deliberadamente de esta información de la carta geográfica producida por los propios centroamericanos en 1826. De esta manera trasladaron la preocupación local respecto a la población caribeña, que se mostraba más inclinada a colaborar con los intereses británicos que con los regionales. Estos detalles también revelan el limitado interés de Thompson por la hidrografía, topografía y distritos interiores (fuera de Guatemala). Tan sólo unos cuantos ríos del mapa colonial aparecen en la versión de 1829 y omitió las divisiones internas de Nicaragua: Segovia, Matagalpa y Chontales. De hecho, Thompson parece haber recogido la inquietud provocada por la presencia de los grupos étnicos aborígenes en la región oriental del país pues el término “Yndios”, traducido al inglés, resalta en grandes letras justo arriba del Lago de Nicaragua.

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Detalle,  Mapa de Guatemala de Arrowsmith
Detalle, Mapa de Guatemala de Arrowsmith

34 Si bien la topografía y la nomenclatura sugieren la influencia del mapa de 1826 y, por ende, de las opciones cartográficas centroamericanas, el mapa del Atlas de 1819 refleja en mayor grado los intereses de Thompson y de los comerciantes británicos, pues indicó la ubicación de las minas de oro y plata al este del Río Dulce en Guatemala, constituyendo ésta la única referencia de índole no topográfico en la representación del istmo. La presencia de metales preciosos, sin embargo, era tan sólo un pequeño detalle; en las “Observaciones” inscritas en el océano al sur de Panamá, se enumeran las incursiones terrestres del corsario inglés William Dampier a través de este istmo entre 1680 y 1681, así como las cuatro rutas entre la península de Tehuantepec y Panamá que desde 1528 habían sido identificadas por los españoles como sitios potenciales para la apertura de un canal transoceánico, remarcando el interés de Gran Bretaña en una ruta más corta para conectar sus colonias asiáticas y sus socios comerciales. (Fig. 8)

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Figura 8, Detalle, Carta de las Indias Occidentales 1819
Figura 8, Detalle, Carta de las Indias Occidentales 1819

36Más aún, en 1826 la preocupación centroamericana por el desarrollo del comercio se refleja en la localización de bodegas en el Golfo Dulce, donde los mercaderes de Ciudad Guatemala almacenaban productos en tránsito, ya para su importación o exportación fuera del reino. Además, señalaron con anclas los principales puertos, incluyendo Sonsonate en la costa del Pacífico y Trujillo en el Caribe, aunque no trazaron los caminos internos. El mapa de Thompson no ofrece este tipo de detalles, aún cuando podrían considerarse de igual interés para los comerciantes británicos deseosos de invertir en el nuevo país.

37Así, mientras Thompson subraya el origen europeo del mapa sobre el cual trabajó, en realidad retomó de manera selectiva diversos aspectos de fuentes del Viejo Mundo y de Centroamérica para crear un mapa de “Guatemala” en el que registró agendas y perspectivas de ambos espacios geográficos. Por tanto, esta representación puede ser entendida como un mapa nacional de América Central en proceso de transición. Tanto el contenido cartográfico como el texto provienen de individuos, fuentes y mapas de ambos lugares. Además de la evidencia presentada en el mapa, Thompson se cuidó de identificar los cuatro mapas de Nicaragua que recopiló. Asimismo, dio créditos a Valle por colaborar en la planificación del mapa y prestarle el suyo, lo que le aportaba considerable credibilidad36. Sin embargo, resulta interesante que pocos años después Valle, en su propio ensayo titulado “Carta Geográfica”, minimizó su intervención y además criticó el mapa de Thompson, señalando sus imprecisiones en la ubicación de diversos lugares, la omisión de límites departamentales y errores en la demarcación de las fronteras estatales37. Además, aclaró que su contribución se había limitado a algunos puntos generales sin caer en detalles, pues no confiaba en las ubicaciones geográficas comúnmente designadas. Resulta obvio que Valle conocía y había examinado el mapa de Thompson con cuidado, pero a su juicio no representaba un avance en la cartografía centroamericana, debido a sus imprecisiones y omisiones de información crucial, tal como las divisiones internas.

38Valle no se limitó a criticar a Thompson y poner en duda el potencial aporte de peritos extranjeros. En su opinión, dicho mapa era inaceptable porque no lograba reflejar los intereses del Estado ni todos los temas de su amplia agenda, como tampoco respondía a sus expectativas sobre las funciones que un mapa podría desempeñar. Del Valle ponderaba el valor de los mapas y del conocimiento geográfico para la administración de un país, y demandaba la creación de un nuevo tipo de cartografía centroamericana. En su artículo titulado “Descripción Geográfica del Estado de Guatemala”, publicado por secciones en los primeros números de la revista Mensual de la Sociedad Económica de Amigos del Estado de Guatemala durante la primavera de 1830, Valle ofreció lo que, en esencia, constituye el primer texto de geografía de la región. Su escrito no fue concebido en el estilo de los manuales escolares que aparecerían posteriormente, sino como un ensayo dirigido a un público de élites letradas. Organizado en tres secciones, describía la ubicación del país, sus rasgos topográficos, población, lenguas y productos; después ofrecía datos más específicos sobre la posición geográfica y elevación sobre el nivel del mar de cada uno de los siete departamentos de Guatemala, incluyendo detalles sobre el clima, habitantes, producción agrícola y principales instituciones y edificios38. Del Valle formuló esta disertación en el marco de un discurso más amplio sobre la importancia de los conocimientos geográficos e históricos para el buen gobierno. En esencia, argumentó que los líderes guatemaltecos necesitaban conocer la tierra y sus gentes mediante el estudio del pasado y la cartografía. En otras palabras, del Valle trazó la agenda que después retomaría el presidente guatemalteco Mariano Gálvez (1832-1838), cuando encargó la redacción de la historia colonial e independiente de Centroamérica a Francisco de Paula García Peláez y Alejandro Marure, respectivamente, así como la elaboración de un atlas de Guatemala a Miguel Rivera Maestre.

39Valle sostenía que “todos los gobiernos de todas las naciones han sentido la necesidad de las cartas geográficas”. No rechazaba la labor cartográfica de Thompson por el hecho de que éste fuera extranjero. Por el contrario, deploraba que Guatemala careciera de los aportes de geógrafos y naturalistas foráneos como Jorge Juan, Antonio Ulloa o Basil Hall, que pudieran impulsar el desarrollo de la etapa inicial de su cartografía. Lamentaba el fracaso de sus gestiones de los años 1825 y 1826 dirigidas a convencer a Alejandro von Humbolt y al Conde de Sack que visitaran Guatemala. Desestimaba uno de los mapas impresos en Europa como “romance geográfico”, atribuyendo sus deficiencias al hecho de que los sabios del Viejo Continente no habían “pisado su territorio …que puedan observarlo y levantar su carta”. Al hacer este comentario, Valle no se refería a Thompson, puesto que el diplomático británico sí había estado en Guatemala y solicitado su apoyo. Sin embargo, Valle estimaba que la carta trazada por el ingeniero Juan [Bautista] Jauregui era el “menos inecsact a(sic)” de todos, y aseguró haber enviado una copia a Londres para su impresión, después de ocuparse personalmente de incorporarle los límites estatales vigentes. Posiblemente Valle tomó esa decisión para demostrar los errores del mapa elaborado por Thompson a partir del original de Arrowsmith. Desafortunadamente, hasta donde conozco, no existe copia alguna del mapa enviado por Valle a Londres, pero quizá se trate del mismo que Arrowsmith utilizó como fuente para elaborar su carta geográfica del año 1826, pues afirmó haber consultado un plano basado en un estudio topográfico existente en los archivos de Guatemala, y ello explicaría su notorio énfasis en las divisiones internas del país.

40Por tanto, si Valle no rechazó el mapa de Thompson por su procedencia extranjera, ¿cuál fue su verdadero motivo? Es muy probable que la respuesta se encuentre en la agenda del dirigente centroamericano. La carta geográfica de Thompson reflejaba el interés europeo en conocer las divisiones políticas de los cinco estados de la república federal – un objetivo celebrado por Valle – y también destacaba las potenciales rutas transístmicas que ofrecían mayores ventajas para el comercio mundial. No obstante, Valle sostenía que las fronteras internas de la república debían ser trazadas por los propios guatemaltecos. A su juicio, el Estado debía comisionar la elaboración de tres grandes mapas. El primero, correspondiente al período precolombino, mostraría las monarquías indígenas con el fin de descubrir “nuestro origen de , pequeño y oscuro como el de otras naciones”. El segundo debía representar a Guatemala como provincia del imperio español, y “nos recordaría que un Estado independiente y poblado, pero ignorante y pobre, puede ser conquistado por hombres pequeños en número, pero más ilustrados, ricos y fuertes.” El tercero correspondería al período independiente, mostrando a Guatemala como nación “soberana en su administración interior39”. Este último debía reflejar “nuestro actual estado, la verdadera posición de los pueblos, la carta que debe tenerse a la vista para legislar y gobernar40”. A juicio de Valle, las divisiones internas correspondientes a cada período histórico debían aparecer en los tres mapas, con el fin de reflejar las sucesivas entidades políticas: reinos indígenas, distritos coloniales y departamentos contemporáneos.

41A diferencia del mapa de Thompson, marcado por su interés en costas, fronteras, comercio y tránsito, Valle proponía la creación de cartas geográficas al servicio de los gobernantes centroamericanos. Su preocupación central era superar las dificultades de administrar un territorio que había sido dividido por el estado en numerosos distritos departamentales, judiciales y electorales, y también por la iglesia católica en diversas parroquias y vicariatos. Según su propuesta, los futuros mapas debían enfocar la atención en los aspectos políticos, geográficos y demográficos de la nueva nación. En cambio, el objetivo del mapa de Thompson era destacar su potencial económico, los vínculos con el exterior, y el carácter del istmo como un punto de tránsito.

42Con base en su análisis, Valle concluyó que el estado debía buscar un equilibrio al momento de decidir sobre las divisiones más adecuadas, tomando en cuenta el área geográfica, la población y producción de cada distrito42. Quizá debido a su preocupación por el tema de los territorios y poblaciones de Centroamérica, Valle juzgaba que el mapa de Thompson no era adecuado. Por una parte, según esa representación geográfica la costa de Honduras incluía casi la mitad del actual territorio de Nicaragua. Más aún, cien años después de que la costa caribeña había sido identificada como un área bajo una limitada autoridad española, en dicho mapa se destaca la glosa “Yndios Zambos” e “Yndios Mosquitos” a todo lo largo de la línea costera – un elemento retomado del mapa de Arrowsmith del año 1826, tal como se argumentó previamente43. Esta representación – escrita en español, por increíble que parezca – sugiere la persistente ausencia de control político sobre la región. Probablemente el público británico recibiría con agrado este mensaje cartográfico, pues ponía en relieve sus antiguos vínculos con la costa en general y con los pueblos miskitos en particular.

43Ahora, esas líneas supuestamente correctas generan preguntas sobre el impacto cartográfico del trazado de las fronteras, que constituía uno de los propósitos expresados por Thompson. Aunque utilizaba líneas para asignar espacios territoriales a Honduras, el mapa conservaba aún la glosa referida a los miskitos, quizá como reflejo de las perspectivas europeas del siglo diecinueve sobre los reclamos de dominio territorial sostenidos por diversas comunidades44. En 1825 y 1829, tanto Honduras como Nicaragua carecían de fundamentos irrefutables para reivindicar derechos soberanos en la región de la costa y, como era de esperarse, cuando se disolvió la federación en 1838 surgieron frecuentes, enconadas y violentas disputas fronterizas que persisten hasta hoy día44. Por tanto, atendiendo las indicaciones del texto, es plausible que la importancia del mapa radique no sólo en lo que afirman las demarcaciones territoriales, sino en las reivindicaciones que esconden, suprimen o distorsionan. Es probable que Valle considerase problemática esta imagen de la debilidad del gobierno central. Aunque reconocía la importancia de los factores demográficos para la toma de decisiones en el trazado de las divisiones políticas, en su propio análisis sobre asuntos de gobierno silenciaba la presencia de pueblos indígenas. No obstante, éstos habían sido visibilizados en el mapa de la Centroamérica colonial elaborado en 1826, y también aparecían en la carta correspondiente al período independiente publicado por Thompson en 1829. La propuesta de Valle contemplaba la representación de las monarquías aborígenes como un elemento del pasado, pero se oponía a la imagen de los pueblos indígenas como grupos diferenciados de la población general de la nueva nación centroamericana.

44Al igual que otros viajeros de inicios del siglo diecinueve, Thompson publicó cartas geográficas y relatos con el propósito de ofrecer información novedosa, ausente en las fuentes tradicionales, tales como el trazado actualizado de las fronteras políticas, datos útiles sobre la topografía del interior, y potenciales rutas comerciales. Su mapa, esbozado en la década de 1820, correspondía al período de transición de la cartografía imperial a la nacional. No fue sino hasta la década de 1840 que los gobiernos latinoamericanos lograron estabilizarse, y destinaron recursos para producir mapas con representaciones plenamente desarrolladas – aunque todavía imperfectas – de la topografía y las demarcaciones políticas. Como resultado, el mapa de Thompson, que aprovechaba recursos locales proporcionados por funcionarios gubernamentales y élites locales, ofreció información a los europeos que percibían a América Central como un nuevo y prometedor socio en los campos del comercio mundial y de las relaciones internacionales. Asimismo, representa los primeros esfuerzos por captar y reproducir las fronteras de los nuevos países. Thompson también se propuso hacer llegar el mapa a sus patrocinadores locales, y Valle ya lo conocía bien cuando escribió su propio tratado recomendando que el gobierno guatemalteco desarrollase su cartografía nacional. No obstante, aunque el dirigente centroamericano aparentemente descartó el mapa británico por su imprecisión, no llegó al extremo de calificarlo de un dislate. Posiblemente lo consideró inadecuado porque representaba a su país como un punto de tránsito y de comercio, visibilizaba a los pueblos indígenas que ocupaban espacios no controlados por los estados, y omitía la mayor parte de sus divisiones internas. Aunque Thompson coincidía con Valle en la necesidad de mostrar el trazado de las fronteras nacionales, sólo el segundo insistía en la importancia de incluir las delimitaciones interiores. En otras palabras, el dirigente centroamericano deseaba un mapa que colocara en relieve aspectos políticos, tales como independencia, cohesión, control gubernamental sobre el territorio y sus habitantes. Por su parte, Thompson – el hombre de ojos imperiales – produjo un mapa importante, pero éste respondía a la agenda económica de su metrópoli.

Conclusión

45 Este análisis de la Carta para Complementar una Narrativa sugiere la necesidad de profundizar nuestros conocimientos sobre la cartografía nacional de inicios del período independiente en Hispanoamérica. Debemos extender la mirada más allá de las autoridades tradicionales – jóvenes gobiernos asesorados por geógrafos y militares extranjeros – para comprender las escasas pero fértiles experiencias de colaboración entre políticos locales y foráneos, aunque sus frutos quizá no figuren en publicaciones oficiales sino tan sólo en las olvidadas páginas de una crónica de viajeros. De igual manera, cabe señalar que durante las primeras décadas del período independiente se observó un considerable interés y pericia en la impresión de mapas, sentando precedentes para modernas exploraciones topográficas en las nuevas repúblicas hispanoamericanas. Así lo ha demostrado Lina del Castillo con su reciente estudio sobre los esfuerzos del diplomático colombiano Leopoldo Zea por promocionar su naciente país en Londres, que culminaron en un libro y un mapa de autoría británica para describirlo. En el caso de América Central, este ensayo ilustra cómo dirigentes hispanoamericanos trabajaron, tanto en su país como en el extranjero, para plasmar en mapas el estatus político y las ventajas económicas de sus nuevas naciones, casi al mismo tiempo en que las declaraciones de independencia dieron lugar a la promulgación de constituciones, leyes y tratados45. Algunos de sus resultados fueron ambiguos, tal como observamos en el caso del “Mapa de Guatemala” que no refleja a plenitud el estatus colonial de los territorios presentados, o de la “Carta de una Visita Oficial” basada en antecedentes directos o indirectos tanto europeos como centroamericanos. No obstante, es innegable que estos esfuerzos cartográficos registraron la transición del Reino de Guatemala a la República Federal de Centro América.

Bibliografía

46Adelman,Jeremy y Stephen Aron, “From Borderlands to Borders: Empires, Nation-States and the Peoples in Between in North American History.” American Historical Review 104, no. 3 (1999): 814-841.

47Dym, Jordana. “‘More Calculated to Mislead than Inform’: Travel Writers and the Mapping of Central America, 1821-1945,” Journal of Historical Geography 30, no. 2(2004): 340-363.

48——- y Karl Offen. Mapping Latin America: A Cartographic Reader. (Chicago: University of Chicago Press, 2011)

49Juárez, Orient Bolívar. Maximiliano von Sonnenstern y el primer mapa oficial de la República de Nicaragua: contribución a la historia de la cartografía nacional. Managua, Nicaragua: Editorial Vanguardia, 1995.

50Lauria Santiago, Aldo y Jordana Dym, “Bibliografía de relatos de viaje y descripciones sobre Centroamérica,” Istmo 14 (2007), Número sobre Centroamérica y los relatos de viaje, Ricardo Roque Baldovinos, coord. “http://collaborations.denison.edu/istmo/n14/artículos/ (http://collaborations.denison.edu/istmo/n14/artículos/)”:http://collaborations.denison.edu/istmo/n14/artículos/

51Naylor, Robert A. “The British Role in Central America Prior to the Clayton-Bulwer Treaty of 1850,” Hispanic American Historical Review, 40, no. 3 (1960): 361-382.

52Parker, Franklin D. , Travels in Central America, 1821-1840. Gainesville, Fla.: University of Florida, 1970.

53Pérez Mejía, Angela. A Geography of Hard Times: Narratives about Travel to South America, 1780-1849. Albany: State University of New York Press, 2004.

54Pineda Portillo, Noé. Historia de la cartografía hondureña. Tegucigalpa: Instituto Geográfico Nacional, 1998.

55Pratt, Mary Louise. Imperial Eyes: Travel Writing and Transculturation. 2ª edición. London: Routledge, 2008.

56Vargas, Juan Carlos. Tropical Travel: The Representation of Central America in the Nineteenth Century, Facsimiles of Illustrated texts, 1854-1895. San José: Universidad de Costa Rica, 2008.

57Woodward, Jr., Ralph Lee. Central America: A Nation Divided. New York: Oxford, 1999.

58Notas de pie de página

591 Agradezco a Frances Kinloch por la traducción de este ensayo. Jordana Dym es profesora asociada de historia en Skidmore College (New York, USA), y autora de From Sovereign Villages to National States: City, State and Federation in Central America, 1759-1839 (Albuquerque: University of New Mexico Press, 2006), y numerosos artículos publicados en los Estados Unidos, España, México y Francia, incluyendo “More Calculated to Mislead than Inform: Travel Writers and the Mapping of Central America, 1821-1945”, Journal of Historical Geography, 30:2 (2004): 340-363; “The Familiar and the Strange: Western Travelers’ Maps of Europe and Asia, ca. 1600-1800”, Philosophy & Geography, 7:2 (2004): 155-191. También es co-editora con C. Belaubre y J. Savage de Napoléon et les Amériques: le contexte Atlantique, (Toulouse: Méridiennes, CNRS, 2009) y con Karl Offen, de Mapping Latin America: A Cartographic Reader (Chicago: University of Chicago Press, 2011). La autora agradece los comentarios y sugerencias de Karl Offen. John Brian Harley, The New Nature of Maps (Baltimore: Johns Hopkins University Press, 2001); en español, La Nueva Naturaleza de los Mapas (México: Fondo de Cultura Económica, 2005). Incluye ensayos influyentes de los años 80, como “Maps, Knowledge, and Power” (1988), “Silences and Secrecy: The Hidden Agenda of Cartography in Early Modern Europe” (1988), “Deconstructing the Map” (1989), y “Texts and Contexts in the Interpretation of Early Maps” (1990). Harley inició su carrera con “The evaluation of early maps: towards a methodology”, Imago Mundi, No. 22 (1968), págs. 62-74.

602 Sin embargo, el tema no era novedoso, solamente influía muy poco en la historia científica de las cartas. Véase, por ejemplo, John K. Wright, “Map Makers are Human: Comments on the Subjective in Maps”, Geographical Review, No. 32 (1942), págs. 527-44.

613 Harley, La nueva naturaleza, pág. 61. Matthew H Edney, “The Origins and Development of J. B. Harley’s Cartographic Theories”, Cartographica, 40: 1-2 Monograph 54 (2005), págs. vi-132; y Sebastián Días Angel, “Aportes de Brian Harley a la nueva historia de la cartografía, y escenario actual del campo en Colombia, América Latina y el mundo”, Historia Crítica, 39 (Sept-Dic 2009), http://historiacritica.uniandes.edu.co/view.php/610/1.php. Para una crítica de los límites de su análisis, véase Barbara Belyea, Cartographica: The International Journal for Geographic Information and Geovisulaization, 29:2 (1992), págs. 1-9.

624 Véanse en particular Luis Urteaga y Francsc Nadal, Las series del Mapa Topográfico de España a escala 1: 50 000, (Madrid: Dirección General del Instituto Geográfico Nacional, 2002), y Francesc Nadal, Luis Urteaga y José Ignacio Muro, El territori dels geòmetres. Cartografia parcellària de la província de Barcelona (1845-1895) (Barcelona: Institut d’Edicions de la Diputació de Barcelona, 2006), y Rob Kitchin y Martin Dodge, “Rethinking Maps”, Progress in Human Geography, 31:3 (2007), págs. 331-344.

635 Véanse los programas y memorias de los tres simposios iberoamericanos (2006-2010) para apreciar la influencia de estos temas: primer simposio, http://www.historiacartografia.com.ar/ ; segundo simposio, http://razoncartografica.files.wordpress.com/2008/05/2sihc_programa_academico.pdf ; tercer simposio, http://www.geografia.fflch.usp.br/

646 Barbara Mundy, The Mapping of New Spain: Indigenous Cartography and the Maps of the Relaciones Geográficas (Chicago: University of Chicago Press, 1996); Alessandra Russo, El realismo circular: tierras, espacios y paisajes de la cartografía indígena novohispana siglos XVI y XVII (México: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Estéticas, 2005); y Georgina H. Endfield, “Pinturas, Land and Lawsuits: Maps in Colonial Mexican Legal Documents”, Imago Mundi, No. 53 (2001), págs. 7-27.

657 Véase Ricardo Padrón, The Spacious Word: Cartography, Literature, and Empire in Early Modern Spain (Chicago: University of Chicago Press, 2004), y Walter Mignolo, The Darker Side of the Renaissance: Literacy, Territoriality, and Colonization (Ann Arbor: University of Michigan Press, 1995).

668 D. Graham Burnett, Masters of All They Surveyed: Exploration, Geography, and a British El Dorado (Chicago: University of Chicago Press 2000). Véase también Neil Safier, Measuring the New World: Enlightenment Science and South America (Chicago: University of Chicago Press, 2008).

679 Raymond B. Craib, Cartographic Mexico: a history of state fixations and fugitive landscapes (Durham, NC: Duke University Press, 2004), y “A Nationalist Metaphysics: State Fixations, National Maps, and the Geo-Historical Imagination in Nineteenth Century Mexico”, Hispanic American Historical Review, No. 82 (2002), págs. 33-68.

6810 Traducción de Sebastián Días en “Aportes” de Héctor Mendoza Vargas y Joao Carlos Garcia, “A historia da cartografía nos países ibero-americanos”, Terra Brasilis, revista de História do Pensamento Geográfco no Brasil, Año VI-VII-VIII: 7-8-9 (2007), pág. 9.

6911 Fundamentación del I Simposio Iberoamericano de Historia de la Cartografía (SIHAC), Buenos Aires, Argentina, 2006, disponible en http://www.historiacartografa.com.ar/info.html (consultado en junio 2010). Las memorias están disponibles en http://www.historiacartografa.com.ar (consultado en junio 2010). Para una reseña sobre el Segundo SIHC véase Francisco Roque de Oliveira, “II Simposio Iberoamericano de Historia de la Cartografía. La cartografía y el conocimiento del territorio en los países iberoamericanos”, Investigaciones Geográficas No. 66 (2008): 167-171. Disponible en: [http//www.igeograf.unam.mx/iggweb/publicaciones/boletin_editorial/boletin/bol66/bltn66resenas.pdf] (consultado en julio de 2010).

7012 Véase por ejemplo los ensayos de Iris Kantor, Carla Lois, Lina del Castillo, Ernesto Capello e Irma Beatriz García Rojas, coordinados por Jordana Dym en “Mapeando patrias chicas y patrias grandes: Cartografía e historia iberoamericanas, siglos XVIII-XX”, en Araucaria No. 24 (2010), http://institucional.us.es/araucaria/nro24/nro24.htm

7113 Para una definición de trabajo de la crónica de viaje, véase Barbara Korte, English Travel Writing from Pilgrimages to Postcolonial Explorations, C. Matthias, trad. (New York: Palgrave Macmillan, 2000), pág. 11; sobre la importancia de los testigos presenciales véase Rolena Adorno, “The Discursive Encounter of Spain and America: The Authority of Eyewitness Testimony in the Writing of History”, William and Mary Quarterly 3rd Series, 49:2 (1992), págs. 210–228.

7214 Mary Louise Pratt, Imperial Eyes: Travel Writing and Transculturation, 2nd edition (London: Routledge, 2008); Angela Pérez Mejía, A Geography of Hard Times: Narratives about Travel to South America, 1780-1849 (Albany: State University of New York Press, 2004).

7315 D. Graham. Burnett, Masters of All They Surveyed; J. Keay, Exploration, Geography, and a British El Dorado (Chicago, 2000); The Great Arc: The Dramatic Tale of How India Was Mapped and Everest Was Named (New York: Harper Collins, 2000); Matthew Edney, Mapping an Empire: The Geographical Construction of British India, (Chicago: University of Chicago Press, 1997).

7416 Jordana Dym, “George Thompson, Henry Dunn & Frederick Crowe: Tres Viajeros Ingleses en América Central, 1825- 1845: La Reconciliación de la Historia y la Modernidad”, Mesoamérica, No. 40 (diciembre 2000), págs. 142-181.

7517 Jorge Juan y Antonio Ulloa, Relación histórica del viage a la America Meridional: hecho de orden de S. Mag. para medir algunos grados de meridiano terrestre, 5 tomos (Madrid: A Marin, 1748).

7618 George A. Thompson, Narrative of an Official Visit to Guatemala from Mexico, (London: John Murray, 1829).

7719 A[aron] Arrowsmith, Atlas to Thompson’s Alcedo; or dictionary of America & West Indies; collated with all the most recent authorities, and composed chiefly from scarce and original documents, for that work, by A. Arrowsmith, Hydrographer to His Royal Highness the Prince Regent, (London: Printed by George Smeeton, Great Saint Martin’s Lane, Charing Cross, 1819). Los mapas del Atlas se pueden consultar en formato digital en el David Rumsey Map Collection, http://www.davidrumsey.com .

7820 G. A. Thompson, “Translator’s Advertisement,” The geographical and historical dictionary of America and the West Indies: Containing an entire translation of the Spanish work of Colonel Don Antonio de Alcedo, with large additions and compilations from modern voyages and travels and from original and authentic information, translated by G.A. Thompson, Esq. (London, 1819 ), t.1, pág. viii. Se puede consultar algunos volúmenes del Dictionary y del diccionario original en http://books.google.com

7921 Tal como anota Thompson, Gran Bretaña recibió el derecho de cortar madera en la Bahía de Honduras (hoy denominada Belice) en 1763, como parte del Tratado de París. Surgieron debates sobre estos derechos, pero los derechos de establecer asentamientos fueron reconocidos nuevamente por España por nuevos tratados suscritos en 1783 y 1786. No resulta sorprendente que los gobiernos de América Central procuraran anular dichos acuerdos, pese al optimismo de Thompson de que la república reconocería la soberanía británica sobre esa región. Véase Thompson, Narrative, págs. 448-449.

8022 El mapa de 1818 actualizó la información de la carta original de Aaron Arrowsmith del año 1803 sobre las Indias Occidentales, que puede consultarse en: http://www.davidrumsey.com/luna/servlet/detail/RUMSEY~8~1~994~50047

8123 Véase Peter Sahlins, Boundaries: The Making of France and Spain in the Pyrenees, (Berkeley, University of California Press, 1989), y Michael Biggs, “Putting the State on the Map: Cartography, Territory, and European State Formation”, Comparative Studies in Society and History, No. 41 (1999), págs. 385-388.

8224 Thompson, Narrative, págs. 203-204. Copias del manuscrito de Thompson están disponibles en el Public Records Office de Gran Bretaña; una versión original del “Plano Ideal” de la Cerda existe en el IHNCA, y agradezco a Frances Kinloch de haber consultado al original.

8325 Thompson, Narrative, págs. 202, 234. Véanse relatos de viajeros por E. George Squier, Nicaragua: its people, scenery, monuments, and the proposed interoceanic canal: with numerous original maps and illustrations, (New York: D. Appleton & Co., 1852); y Félix Belly, A travers l’Amérique Centrale. Le Nicaragua et le canal interocéanique, (Paris: Librairie de la Suisse romande, 1867). Véase también Christian Brannstrom, “Almost a Canal: Visions of Interoceanic Communication across Southern Nicaragua”, Ecumene, 2:1 (1995), págs. 65-87.

8426 Thompson, Narrative, pág. 128.

8527 Domingo Juarros, A Statistical and Commercial History of the Kingdom of Guatemala, (London: John Hearne, 1823).

8628 Thompson, Narrative, pág. xviii.

8729 Thompson, Narrative, pág. 450.

8830 Thompson, Narrative, pág. 321.

8931 Thompson, Narrative, pág. 58.

9032 Es posible que entre dichas fuentes haya consultado: Tomás López, Mapa General de América (Madrid, 1772) o Mapa General de América, ó Hemisferio Occidental que contiene los nuevos descubrimientos y rectificaciones de los anteriores (Madrid, ca. 1772).

9133 Véase Héctor Humberto Samayoa Guevara, El régimen de intendencias en el reino de Guatemala (Guatemala: Editorial Piedra Santa, 1978).

9234 José Cecilio del Valle, “Carta Geográfica”, Mensual, 60.

9335 Véanse Marvin Barahona, La Alcaldía Mayor de Tegucigalpa bajo el régimen de intendencias (1788-1812) (Tegucigalpa, Honduras: Instituto Hondureño de Antropología e Historia, 1996); Luis Pedro Taracena, Ilusión minera y poder político: la Alcaldía mayor de Tegucigalpa, Siglo XVIII (Tegucigalpa, Honduras: Editorial Guaymuras, 1998).

9436 Thompson, Narrative, pág. 450.

9537 José Cecilio del Valle, “Carta Geográfica”, Mensual 3 (Junio 1830), 55-63; “Historia”, 64-72; citas de Mensual 3, 59 y Mensual 1, marzo 1830, nota (f), 13-14. Veinte años después, el diplomático norteamericano E. George Squier y algunos empresarios interesados en la construcción de un ferrocarril transístmico en Honduras evocaron el pensamiento de José Cecilio del Valle en The States of Central America (New York: Harper & Bros, 1858), pág. xii. Squier argumentó que Humboldt había deplorado la imprecisa ubicación de topónimos y nombres de lugares en Nueva España (México), un territorio relativamente mejor conocido y mapeado. Afirmó además que la cartografía colonial de Centroamérica podía ser calificada de “geográficamente absurda”.

9638 Jose Cecilio del Valle, en su “Descripción Geográfica del Estado de Guatemala”, Mensual de la Sociedad Económica de Amigos del Estado de Guatemala, 1 (abril 1830), págs. 9-24, diserta sobre el país; y en “Continúa la Descripción Geográfica del Estado de Guatemala”, en _Mensual, 2 (mayo 1830), págs. 27-52, ofrece información sobre los departamentos.

9739 Del Valle, “Carta geográfica”, pág. 61-62. Respecto al tema de las monarquías indígenas del “Estado de Guatemala”, del Valle deseaba un mapa que incluyera los reinos de los Zutujil (Atitlan y Sololá); Kiche (capital de Utatlán); Kachiquel (capital de Tecpan-Guatemala), concluyendo con una descripción geográfica que ofreciera algunas luces sobre el espacio territorial, población, agricultura, industria, comercio, forma de gobierno y vestigios arqueológicos de de cada uno. El mapa colonial debía incluir los corregimientos y alcaldías mayores, que constituían las principales divisiones territoriales, mientras que el mapa moderno debía mostrar los departamentos del estado.

9840 Del Valle, “Carta geográfica”, pág. 62.

9941 Del Valle, “Carta geográfica”, págs. 61-63.

10042 Karl Offen, “Creating Mosquitia: Mapping Amerindian Spatial Practices in Eastern Central America, 1629-1779,” Journal of Historical Geography, No. 33 (2007), págs. 254-282.

10143 Compárese las áreas costeras de la Mosquitia en el mapa de 1826 de Aaron Arrowsmith titulado Map of Guatemala Reduced from the Survey in the Archives of that Country que muestra “montañas desiertas”, y el mapa oficial elaborado por Sonnenstern en 1858 titulado Mapa de la República de Nicaragua levantada por orden del gobierno, que presenta una demarcación inconclusa de las fronteras nacionales y hace referencia a un territorio o región despoblada y desconocida de la república. Consultar el sitio “American Memory” de la Biblioteca del Congreso, http://memory.loc.gov/ammem/index.html for both maps.

10244 Véase Karl Offen, “The Geographical Imagination, Resource Economies, and Nicaraguan Incorporation of the Mosquitia, 1838-1909”, en Territories, Commodities and Knowledges: Latin American Environmental History in the Nineteenth and Twentieth Centuries, Christian Brannstrom (ed.) (London: Institute of Latin American Studies, 2004), págs. 50-89.

10345 Lina del Castillo, “La Gran Colombia de la Gran Bretaña: la importancia del lugar en la producción de imágenes nacionales, 1819 – 1830”, Araucaria No. 24 (2010), págs. 124-149, http://institucional.us.es/araucaria/nro24/monogr24_5.pdf

Para citar este artículo :

Jordana Dym, « De Reino de Guatemala a República de Centro América: Un Periplo Cartográfico », Boletín AFEHC N°48, publicado el 04 enero 2011, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=2590

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