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AFEHC : articulos : El golpe de estado somocista de 1936: un espectáculo político de exaltación a la violencia. : El golpe de estado somocista de 1936: un espectáculo político de exaltación a la violencia.

Ficha n° 2612

Creada: 26 mayo 2011
Editada: 26 mayo 2011
Modificada: 16 noviembre 2015

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Autor de la ficha:

Susy SANCHEZ RODRIGUEZ

Editor de la ficha:

Esteban DE GORI

Publicado en:

ISSN 1954-3891

El golpe de estado somocista de 1936: un espectáculo político de exaltación a la violencia.

Este artículo plantea que el golpe de estado somocista de 1936, si bien fue una rebelión militar, también debe ser considerado como un espectáculo político de exaltación a la violencia, ya que buscó emular el mitificado golpe de estado de Mussolini en 1922, conocido como la Marcha sobre Roma. Como en la Italia de los “camisas negras”, en la Nicaragua de 1936, se observó la protagónica presencia violentista de los “camisas azules”. Tanto la ejecución del golpe de estado en sí, al igual que la narrativa somocista que describió al golpe de estado como el clímax de una cruzada épica, buscaron la legitimación política de Anastasio Somoza García, como el Salvador de la Nación.
Palabras claves :
Golpe de Estado, Anastasio Somoza García, Camisas azules, Fascismo, Guardia Nacional.
Autor(es):
Susy Sanchez
Fecha:
Mayo de 2011
Texto íntegral:

1

Introducción

2El 18 de Julio de 1935, la Nueva Prensa publicó el artículo “Por qué no da un Golpe de Estado, General Somoza?” en el cual el periodista español Salvador Soto y Navarro, identificaba al Jefe Director de la Guardia Nacional de Nicaragua, Anastasio Somoza García, como el “líder joven y máximo del nacionalismo nicaragüense”. Soto y Navarro comparaba a Somoza con el dictador italiano, Benito Mussolini. En la perspectiva del periodista español, Mussolini tuvo la capacidad de convencer al pueblo italiano de la necesidad de establecer una dictadura para la consecución del progreso. Mussolini se presentaba así mismo como “el único capaz de guiar los destinos de Italia y de arrancarla de las garras del comunismo”. En forma paralela, Soto y Navarro reconocía en Somoza al hombre capacitado para ser el salvador de Nicaragua, y el patriota dispuesto al sacrificio con tal de lograr el “completo resurgimiento de la nación”. Por su parte, Somoza proclamó su lealtad al Presidente Juan Bautista Sacasa, asegurando no tener ambiciones políticas de convertirse en Presidente de la República a través de un golpe de estado1. No obstante, en Junio de 1936, Somoza defenestró del poder al Presidente Sacasa, estableciendo una de las dictaduras dinásticas más largas de América Latina en el siglo XX.

El golpe de estado de Somoza de 1936 ha sido visto como un clásico ejemplo de revuelta militar2. Se ha señalado que Somoza no satisfecho con ejercer el control militar de Nicaragua a través de la Jefatura de la Guardia Nacional que ejercía desde 1933, aspiraba a ocupar el sillón Presidencial. Ante la oposición del Presidente Sacasa a la candidatura presidencial de Somoza, éste encabezó una rebelión militar de la Guardia Nacional. Somoza consiguió su objetivo. Sacasa renunció al poder y marchó al exilio, mientras que él fue proclamado candidato presidencial3. Para el gobierno de Sacasa, la insurrección militar somocista presentada como “movimiento popular” no era una novedad. El gobierno sacasista tenía conocimiento de la preparación de un plan que bajo la apariencia de una movilización popular buscaba imponer el poder militar en Nicaragua4. Este artículo plantea que el golpe de estado somocista de 1936, si bien fue una rebelión militar, también debe ser considerado como un espectáculo político de exaltación a la violencia, ya que denotó una apropiación política del mitificado golpe de estado de Mussolini en 1922, conocido como la Marcha sobre Roma. Como en la Italia de los “camisas negras”, en la Nicaragua de 1936, se observó la protagónica presencia violentista de los “camisas azules”. Tanto la ejecución del golpe de estado en sí, al igual que la narrativa somocista que describió al golpe de estado como el clímax de una cruzada épica, tuvieron como objetivo la legitimación política de Anastasio Somoza García como el Salvador de la Nación.

La Marcha sobre Roma: El golpe de estado como espectáculo político.

3Simonetta Falasca-Zamponi en su magnífico estudio sobre la cultura política de la Italia fascista identifica la Marcha sobre Roma como la coreografía de una “heroica revolución5”. La Marcha hacia Roma fue planeada en medio de una crisis de autoridad del régimen liberal en Italia. La población experimentaba una pérdida de autoridad y demandaba un gobierno fuerte. La primera parte del plan contempló, lo que Mussolini identificó como la toma de los nervios vitales de la vida nacional. En Octubre de 1922, los fascistas italianos tomaron el control de ciudades y provincias. Así ocuparon prefecturas, estaciones de ferrocarriles, puestos policiales, oficinas de correo, dedicándose incluso a la destrucción de periódicos anti-fascistas y al asalto de los cuarteles militares. Con la ocupación de las prefecturas, los fascistas pretendían crear una atmósfera de confusión y la impresión generalizada del colapso del poder gubernamental6. En este contexto, las fuerzas paramilitares organizadas bajo el nombre de “camisas negras” tuvieron un rol protagónico en la fabricación de una atmósfera de tensión, y en la obtención del poder local a través de la acción violentista e intimidatoria7. Después del control de las zonas que podríamos identificar como periféricas, los fascistas organizaron la marcha sobre la capital italiana, Roma, para la toma del poder. La marcha comenzó el 27 de Octubre, disponiéndose el ingreso de los fascistas a la capital italiana para el 28 de octubre. Se calculó que no eran más de 26 mil hombres mal armados. Pero aconteció un evento inesperado. El rey Víctor Manuel III, invitó a Mussolini a formar su propio gobierno. Mussolini arribó por tren el 29 de Octubre, antes que sus “camisas negras” ingresaran a la ciudad. El 30 de Octubre, Mussolini se convirtió en Primer Ministro. Al día siguiente, el 31 de Octubre las “camisas negras” arribaron en trenes y desfilaron ante Mussolini y el Rey. El violento golpe fascista nunca tuvo lugar. Mussolini quedó reconocido como el héroe de la paz en Italia, pero al mismo tiempo el nuevo régimen exaltó la valentía y el coraje del líder8.

4El régimen fascista en Italia fue inaugurado en una ceremonia de estado, y no mediante una acción armada. Sin embargo la retórica fascista, en especial el propio Mussolini, propagandizó la Marcha sobre Roma como un marcha insurreccional, una violenta revolución en la toma del poder. La marcha se convirtió en un evento glorioso a partir del cual el régimen fascista empezó a construir su propia imagen. Mussolini posteriormente difundiría el mito de la inmolación de 3000 fascistas en la batalla por Roma. Esta actitud de Mussolini respondió a la exaltación y justificación de la violencia como valor positivo en la defensa de Italia del caos. La retórica fascista había convertido a la violencia en “bella y útil” en la misión de fundar una sociedad regenerada. Asimismo la mitificación de la marcha sobre Roma, servía para la legitimación política de Mussolini como el líder de la nación. Para Mussolini, la marcha fue producto de la inspiración del líder, revelando asimismo el arte de impresionar a las multitudes9. Como líder del partido fascista, Mussolini había prometido una revolución que produciría una nueva Italia. Los fascistas se consideraban con el derecho de liderar el gobierno, ya que se identificaban como los salvadores de la nación italiana, frente a la amenaza de una sangrienta guerra revolucionaria encabezada por los bolcheviques10. La Marcha sobre Roma en 1922, aunque evento mítico, desde 1923 quedó institucionalizada como una conmemoración oficial a nivel nacional, convirtiéndose en un momento simbólico que marcó el inicio de la era fascista11.

Los Camisas Azules y la exaltación de la violencia

5En lo concerniente a la penetración fascista en América Latina, la historiografía latinoamericana viene demostrando la importante influencia fascista en los movimientos políticos latinoamericanos durante los años 3012. El historiador argentino, Federico Finchelstein ha remarcado como la Argentina fue considerada ‘receptáculo natural’ del fascismo en América Latina, debido a que la mitad de la población argentina era de origen italiano. Mussolini dirigió sus esfuerzos propagandísticos a convertir a la Argentina en el país más importante de la expansión imperialista fascista en América Latina13. Para el caso peruano, el sociólogo Tirso Molinari ha demostrado el arrastre multitudinario del movimiento urrista. Este movimiento político se caracterizó por una sólida estructura partidaria y la construcción de rituales políticos en los cuales los “camisas negras” cumplieron un papel protagónico en el despliegue de la parafernalia simbólica fascista14. Con respecto a Nicaragua, el historiador Luis Lobato, analizando la confrontación política en Nicaragua frente a la guerra civil española, ha presentado el significativo despliegue intelectual y periodístico de sectores reaccionarios de la ciudad de Granada identificados también como “camisas azules”. A través de La Prensa y el Correo este grupo reaccionario manifestó su decidido apoyo a la dictadura franquista, publicando además “espacios conmemorativos alusivos a la “Marcha sobre Roma15”.

6Andrés Pérez Baltodano ha señalado que los “camisas azules” – nombre acuñado a imitación de la Falange española – se constituyeron en la principal organización que encarnó la búsqueda por un “fascismo nicaragüense”. Este grupo reaccionario estuvo bajo el liderazgo de jóvenes intelectuales conservadores. Entre las figuras más destacadas se encontraban José Coronel Urtecho, Pablo Antonio Cuadra y Luis Alberto Cabrales16. Los “camisas azules” buscaban imponer un gobierno fuerte y estable en Nicaragua bajo el liderazgo militar. Asumieron que el ejército representaba el principal poder del país, por lo cual, quien controlaba la fuerza militar se convertía en el mandamás de Nicaragua17. Por ello, los “camisas azules” apoyaron solamente la candidatura presidencial de Anastasio Somoza, Jefe del Ejército18. Knut Walter en su meticuloso estudio del régimen somocista señala la presencia de los “camisas azules” apoyando la candidatura de Somoza. Los integrantes de esta organización participaron en desfiles, pegaron propaganda, sirvieron como fuerza de choque y ejecutaron actos de vandalismo. Por su parte, Mc Renato en su examen del ascenso al poder de Somoza, indica la responsabilidad de éste en la organización de los “camisas azules”. Entre las tácticas usadas por este grupo violentista, incluían el asalto, el asesinato y la remoción de cualquier autoridad que se oponía a las ambiciones presidenciales de Somoza. Sin embargo, tanto Walter como McRenato, remarcan el peso limitado de los “camisas azules” en la captura del poder por parte de Somoza, ya que después de la elección de éste como Presidente, el grupo se disgrego19.

7No obstante, Alejandro Cole Chamorro destacó el papel de los “camisas azules” en la proclamación de la candidatura de Somoza a la Presidencia de Nicaragua el 26 de abril de 1936 en la ciudad de Granada. En su discurso de aceptación, Somoza señaló que asumiría las riendas del poder en Nicaragua el 1 de enero de 1937. En esa ocasión, Somoza fue escoltado por alrededor de 200 “camisas azules” que portaban pantalones blancos, camisa azul y boina. Los líderes de los “camisas azules” como José Coronel Urtecho y Luis Alberto Cabrales, entre otros oradores, fustigaron la Constitución nicaragüense que prohibía la candidatura de Somoza en su condición de militar y pariente del presidente en funciones. Ante quince mil personas que asistieron al lanzamiento de la candidatura de Somoza en el Parque Colón de la ciudad de Granada, Luis Cabrales se refirió a Somoza como el “ungido por la Providencia”, mientras que vilipendió la representatividad política de los autoridades municipales, al catalogar las alcaldías como “cuevas de ladrones a las cuales Somoza tenía que liquidar”. Los “camisas azules” también formaron parte de la multitud que recibió a Somoza en la Estación Ferroviaria de Managua, procedente de León a principios de Junio de 1936, cuando la rebelión militar había culminado exitosamente20.

8Asimismo, los informes del representante diplomático estadounidense, Boaz Long, enviados desde Managua a Washington en 1936, identificaban a los “camisas azules” como “virtualmente una suerte de segunda o sustituta Guardia” cuyo objetivo principal era el establecimiento de un gobierno fascista en Nicaragua21. Los informes de Boaz Long, revelan el nivel organizativo de los “camisas azules” en Nicaragua así como valor simbólico del uniforme de combate. Boaz Long tuvo conocimiento que el número de integrantes de los “camisas azules” oscilaba entre 100 y 250 miembros, que venían desarrollando actividad política en las ciudades de Granada, Nandaime, Chinandega, y Rivas. Solo los “camisas azules” de Rivas y Managua se hallaban armados22. Las informaciones de Boaz Long, confirman el papel clave de los “camisas azules” en la creación de una atmósfera de tensión y exaltación de la violencia, antes y durante el golpe de estado. En lo que atañe a la creación de una atmósfera de violencia, Boaz Long describió como ya desde el mes de febrero de 1936, los integrantes de los “camisas azules” habían estado organizando disturbios y huelgas con la finalidad de forzar la renuncia de las autoridades leales al Presidente Sacasa23. Boaz Long comunicó la práctica cotidiana de los “camisas azules” de crear desorden para después obligar la renuncia de la autoridad. Los sucesores elegidos después resultaban favorables a Somoza. A principios de mayo de 1936, Boaz Long informó sobre la marcha de alrededor de 100 “camisas azules” en las calles de Managua llevada a cabo a fines del mes de abril e inicios del mes de mayo. Boaz Long también tuvo conocimiento de la estrecha relación entre Somoza y los “camisas azules”. Somoza llegó a proporcionarles a los líderes de esta organización paramilitar, un estipendio semanal, y ordenó la distribución de una pistola a cada miembro de esta organización. Incluso, los “camisas azules” fueron convocados al Campo de Marte, cuartel general de la Guardia Nacional, con la finalidad de ser instruidos sobre el papel que jugarían en la lucha que se desarrollaría24.

9Los “camisas azules” ejecutaron la destrucción de periódicos opositores al somocismo. El 27 de mayo, día del inicio de la rebelión militar, un grupo de jóvenes de los Camisas Azules vandalizaron las imprentas del periódico liberal El Pueblo. Previamente, a este suceso alrededor de 80 “camisas azules” fueron vistos marchando en el Campo de Marte controlado por la Guardia Nacional. Los “camisas azules” estaban dirigidos por Luis Alberto Cabrales25. Cabrales fue el líder camisa azul, que mas llegó a “sacralizar y mesianizar” a Somoza, al designarlo como el “Ungido de la Providencia26”. Cabrales había expresado la decisión de los “camisas azules” en “quitar todas las vidas que sea necesaria y ofrecerle la nuestra al General Somoza27”. Debido al público apoyo de los “camisas azules” a Somoza, éste condenó la acción vandálica del grupo contra ciertos periódicos, y ordenó colocar guardias en los demás periódicos para prevenir otros ataques. Somoza señaló que la acción vandálica de los “camisas azules” denigraba el buen nombre de la juventud nicaragüense, a la vez que contradecía los postulados de orden, cooperación al trabajo y a la propiedad, que el movimiento nacional somocista enarbolaba. Somoza expresó: “como el grupo de los Camisas Azules aparece afiliado a la causa en el país al nacionalismo somocista, por el buen nombre del grupo, por el de nuestra causa y por el mío propio, pido excusas a la sociedad nicaragüense28”. No obstante, mientras se publicaba las disculpas de Somoza en La Prensa el 29 de Mayo, ese mismo día los “camisas azules” atacaron el Diario Nicaragüense en Granada29.

10En base a lo expuesto podemos afirmar que los “camisas azules” como organización paramilitar jugaron un rol clave en la espectacularización política de la violencia como medio eficaz de lograr el ascenso al poder de Anastasio Somoza. En efecto, los movimientos fascistas asumían la violencia en las calles como una acción heroica. La violencia adquiría una connotación regenerativa, que debía ser ejercida con la finalidad de restablecer la salud de la nación, entendía ésta como un organismo30. Mussolini presentaba a la violencia como una energía que imprimía dinamismo al deseo de imponer las ideas fascistas, considerándosela bella e inexorable al mismo tiempo31. Por lo tanto, el accionar violentista de los “camisas azules” en Nicaragua durante el golpe de estado somocista, guarda correspondencia con la exaltación de Mussolini a las virtudes del paramilitarismo, como un medio eficaz de forjar la educación para el combate entre la juventud. El accionar violento estuvo ligado a la movilización de las fuerzas energéticas de la nación, rindiéndose culto a la juventud y convirtiendo al accionar violento en el ingrediente heroico de una santa cruzada32.

El golpe de estado somocista como cruzada épica.

11Emilio Gentile en su libro The Sacralization of Politics in Fascist Italy, ha develado el fervor fascista por la fabricación de espectáculos políticos cargados de intenso dramatismo con fines pedagógicos. Los movimientos políticos fascistas fabricaron coreografías políticas buscando aterrorizar e impresionar por la fuerza numérica a sus adversarios políticos. Las acciones violentas servían para reforzar la unión armónica de sus miembros, robusteciendo la identidad de los mismos. Asimismo, el fascismo identificó desde sus inicios a la violencia como una “manifestación de la sacralización de la política”. En este sentido los movimientos fascistas usaron metáforas religiosas, como es el caso de la transfiguración de eventos políticos en épicas cruzadas religiosas. Los fascistas se consideraron así mismos como soldados de una nueva religión patriótica, propagandizando su doctrina a través de la práctica de la violencia, la cual asumieron como una manifestación de virilidad y coraje33. En estrecha relación a lo planteado por Emilio Gentile, la narrativa somocista presentó el golpe de estado de 1936 como el clímax de una cruzada épica, que fue esperada y planeada:

12“El mes de Mayo se alzó gigantesco en la vida del somocismo, y las realidades populares que apoyaban al general Somoza tomaron la tensión de las grandes fechas que preceden a las expresiones de la voluntad de un pueblo. La República se había ofrecido a su salvador; en su parte más efectiva, la del pueblo, carne de su carne y sangre de su sangre, y solo esperaba el momento propicio que al fin llegó volviendo por sus fueros y sus libertades34”.

13En efecto, la narrativa somocista devela la apropiación política de la mitificada Marcha sobre Roma, al enfatizar la movilización popular y el heroico protagonismo del líder, como partes esenciales de un plan destinado a imponer un gobierno militar bajo la conducción de Anastasio Somoza. El libro Un Hombre de Estado ante la Historia publicado en 1944 narró el golpe somocista como “Los acontecimientos de Mayo de 1936”. Los somocistas identificaron el golpe como un movimiento general de descontento popular en todo el país ante el pacto político entre Conservadores y Liberales que habían desechado la candidatura presidencial de Somoza35. La caribeña ciudad de Bluefields fue reconocida como la primera ciudad en lanzar la protesta. Así se señaló que “el pueblo de Bluefields” depuso a las autoridades gubernamentales, sustituyéndolas por “ciudadanos vinculados con el movimiento”. El 27 de mayo, en Bluefields, el Mayor Alberto Baca, comandante de la guarnición en esa ciudad destituyó a las autoridades civiles y las sustituyó con elementos militares de la Guardia Nacional. Esta estrategia de derrocamiento también se observó en Puerto Cabezas y Cabo Gracias a Dios. La estrategia de reemplazar autoridades civiles por somocistas fue experimentada en Granada, Matagalpa, Chinandega y Masaya36. Por ejemplo, el 27 de mayo, en Matagalpa, todas las autoridades fueron cambiadas sin problema. Alrededor de 800 hombres fueron vistos marchando en las calles demandando cambios. Los líderes de la rebelión en esta ciudad, le indicaron al Cónsul de Estados Unidos, que lo que ocurría en Matagalpa pasaría en todo el país, lo que conllevaría a una sangrienta revolución. En efecto ciudades como Estelí y León caerían de la misma manera en manos de los somocistas37.

14En la ciudad de León – conocido bastión del partido Liberal, ubicada a 90 kilómetros de la capital – los miembros somocistas de la Guardia Nacional con el apoyo de civiles somocistas habían defenestrado a las autoridades civiles. El viernes 29 de mayo por la tarde, Somoza viajó a León con un contingente de 600 hombres bien apertrechados, para según él “velar por el orden38”. El 30 de mayo, Somoza desplazó en la ciudad de León cañones y artillería en lugares estratégicos como la Catedral y calles de la ciudad, pidiendo la entrega del Fortín Acosasco bajo el mando del mayor Sacasa, primo del Presidente39. Somoza se benefició de la efectiva ayuda de los guardias nacionales y “camisas azules” quienes con sus armas bloquearon el ingreso de provisiones al fortín40. En León, después de tres días de intercambios de disparos, los leales miembros sacasistas de la Guardia Nacional se rindieron41. La narrativa somocista en el caso de León enfatizó la presencia de Somoza ante el levantamiento de los militares del Fortín de Acosasco. Somoza fue recibido con una “estruendosa manifestación,” siendo identificado como el “Hombre Único”. De acuerdo a la versión somocista de los hechos, el comandante del fortín, el mayor G.N Ramón Sacasa, que se había declarado leal al Presidente Sacasa, tenía planes de atacar la ciudad. Sin embargo, la versión somocista remarcó la cobardía de los militares leales a Sacasa y que resultaban desafiando el poder militar, pues se señaló que tuvieron que huir ante la presencia de Somoza. Después de haber establecido la tranquilidad en León, Somoza debía retornar a Managua42. Desde esta perspectiva, Somoza se legitimaba con el líder capaz de mantener el orden y la paz, mientras los que desafiaban su autoridad militar eran representados como moralmente disminuíos. Definitivamente, la narrativa somocista contribuyó a forjar la imagen heroica de Somoza.

15Con respecto a los sucesos ocurridos en la capital de la República, para el 1 de Junio, las agencias de noticias internacionales reportaban sobre “La Batalla Campal en la ciudad de Managua”, que incluía el sitio de la mansión presidencial ubicada en Lomas de Tiscapa, por parte de las tropas somocistas43. En lo concerniente a los sucesos acaecidos en Managua, la narrativa somocista identificó como agresores a las tropas leales al Presidente Sacasa, convirtiendo a los somocistas en víctimas en lugar de golpistas. La narrativa somocista destacó el rompimiento de fuegos lanzado desde la sede del gobierno en Loma de Tiscapa hacia los cuarteles del Campo de Marte y el Hormiguero en la mañana del 31 de mayo. Este momento de confrontación, entre somocistas y sacasistas, fue convertido en un momento épico. La narrativa oficial somocista sublimizó la lucha de los seguidores de Somoza durante el golpe de estado, presentándolo como una amplia movilización popular aliada al poder militar. Así se lee que en Managua: “centenares de ciudadanos acudieron a los cuarteles de la Guardia para pedir su lugar en la lucha armada. El pueblo estaba resuelto a jugarse la suerte del Ejército44”.

16Los textos publicados por los seguidores somocistas en La Vieja Guardia presentó el golpe de estado somocista como una cruzada épica y patriótica cargada de una aurea religiosa, llevada a cabo por un puñado de hombres bien intencionados y patriotas45. La Vieja Guardia puede ser considerado un libro conmemorativo que reseña el papel que cumplieron los partidarios de Somoza, autoproclamados miembros del partido nacional somocista, en el ascenso al poder de su líder. Uno de los testimonios publicados en La Vieja Guardia corresponde a María Cristina Zapata, identificada como “mujer llena de varonil esencia”. Zapata describió a los primeros somocistas como aquellos que “encendieron la llama de la fe en el corazón de los nicaragüenses hacia la renovación nacional”. Ella remarcó como cada uno de los integrantes somocistas se mantuvo firme:

17“sin flaquezas, sin temor de ser barridos por los de arriba, atrincherados tras la muralla de nuestro carácter, no cedimos un palmo hasta hacer ascender a la Loma de Tiscapa al General Somoza, nuestro escudo y nuestro Jefe46”.

18La descripción de María Cristina Zapata enfatiza la lucha y el coraje de los seguidores somocistas. Estas virtudes épicas habrían hecho posible el ascenso victorioso de Somoza hacia la Loma de Tiscapa. Tiscapa es la colina desde la cual se controlaba la ciudad de Managua y se gobernaba políticamente Nicaragua, ya que allí fue erigida la mansión presidencial. La visión de la denominada mujer varonil se ve reforzada por el testimonio de Adrián Rocha Saballos, quien sacralizó el uso de la violencia durante el golpe de estado, ya que esta adquirió un carácter regenerativo y purificador. Rocha Saballos presentó a la denominada jornada golpista sellada:

19“con la sangre de sus defensores en los campos de batalla como anhelo la demolición de los carcomidos edificios de una vieja política para sustituirlos con una nueva arquitectura cimentada en los intereses populares, en el afianzamiento de la nacionalidad y en la regeneración y restauración del Estado47”.

20Es indudable que la exaltación a la violencia sirvió para anunciar la cancelación de un pasado decadente, ruinoso y a la vez marcar el inicio de una nueva era. La conquista del poder no podía ser obtenida por medios pacíficos y negociados, se imponía el uso de la violencia en aras de purificar el cuerpo político. El discurso de Rocha y Saballos al subrayar “ la demolición de los carcomidos edificios de una vieja política para sustituirlos con una nueva arquitectura ” responde al mito palingenésico característico de los movimientos fascistas. Ismael Saz Campos, en su análisis sobre los nacionalismos franquistas, señala que el mito palingenésico se convirtió en la piedra angular de todo discurso relativo a la nación, que enfatizaba la resurrección, el renacimiento, la regeneración de la nación como un proceso permanente. De este modo se propugnaba la forja de un patriotismo “en base a la negación, demolición y distorsión del anteriormente existente”. Esta concepción propugnó la resurrección de la nación, y presentó a los miembros de los movimientos fascistas como los salvadores de la nación de la decadencia, la degradación, la desintegración y la potencial ruina de la misma48.

21Con la rebelión militar de la Guardia Nacional las posibilidades de sostenerse en el poder por parte de Sacasa eran nulas. Sacasa renunció al poder y marchó al exilio hacia Costa Rica el 6 de Junio. Al día siguiente, el 7 de Junio, Somoza arribó a la Casa Presidencial ubicada en la Loma de Tiscapa. Su arribo quedo perennizada en una fotografía en la que se observa a Somoza rodeado de sus más cercanos colaboradores49. El 9 de Junio, el Congreso designó como Presidente a Carlos Jarquín Brenes. No obstante, Somoza se convirtió en la figura dominante de la escena política50. El ex Presidente Sacasa, ya en el exilio ofreció un cuadro histórico del golpe de estado somocista, identificándolo con un “plan preconcebido de atrapar el poder a toda costa”:

22“El pueblo nicaragüense sabe que los amotinamientos populares que hicieron aparecer al general Somoza y la Guardia Nacional fueron mera ficción, la urdimbre inventada para realizar su propia rebelión51”.

23Con respecto a Somoza, Sacasa indicó que este había introducido “la escuela de la indisciplina y de la traición en el ejército nicaragüense, su obra indigna de hoy tendrá tremendas e incalculables repercusiones en el futuro52”.

Somoza como el Salvador de la Nación.

24En contraste a la perspectiva de Sacasa sobre la actitud traidora y deshonesta de Somoza al liderar la rebelión militar, los textos somocistas a la par de sublimizar el accionar violento, demostraron a su vez devoción por la exaltación y glorificación del líder, presentando al general Somoza como el héroe que se “juega la vida (…) en la heroica ciudad de León53”. La acción bélica de Somoza frente al desafío de los militares sacasistas del fortín Acosasco transformó a Somoza en un héroe. Ante el triunfo militar en León, Somoza retornó a la capital del país el 3 de junio. El recibimiento de Somoza fue orquestado de tal manera que se buscó la fusión de la multitud con el líder. Somoza ingresó a la capital:

25“al frente de varios millares de hombres, entre tropas regulares de la Guardia Nacional, amigos particulares y compañías de civiles que habían tomado armas para defender las libertades amenazadas”. (…) “El Gral. Somoza fue recibido en media de una estruendosa ovación. Millares de personas de todas las clases sociales ocupaban la plazoleta de la Estación del Ferrocarril, la plaza del Palacio Nacional y Catedral y la Avenida Central (Roosevelt) hasta el Campo de Marte54”.

26El párrafo citado presenta el multitudinario recibimiento de Somoza en calidad de héroe en la capital de la República. Los seguidores de Somoza celebraron el triunfo militar de su organización en los principales lugares públicos de la capital nicaragüense. Al mismo tiempo, la orquestada movilización popular servía como medio de robustecimiento político de la figura de Somoza, y la justificación de la exaltación de la violencia. Otros textos publicados en La Vieja Guardia Somoza es identificado como el Magnífico, e incluso parafraseando al poeta fascista italiano D’Annunzio se reconoció a Somoza como el restaurador del orden y la paz. Somoza es señalado como “el escogido55”, a quién el pueblo le reconoce las “capacidades requeridas para salvar la Nación56”. Somoza fue asumido como un símbolo viviente, en “el Sol de la Paz iluminando a la República57”: Carlos Alemán, un integrante del movimiento somocista de Diriomo y representante del Congreso Nacional, expresó:

27“El General Anastasio Somoza es el Astro Rey de la Juventud Nicaragüense. La Patria necesitaba un reconstructor de las cosas nacionales, hallando en él al verdadero patriota que, (….) sabrá llevar al estado a “puerto de salvación58”.

28Si los seguidores del nacional somocismo se autoproclamaban como los protagonistas de una cruzada épica dispuesta a regenerar Nicaragua, identificaron al mismo tiempo a Somoza como el Salvador de la nación. El texto de Carlos Alemán hace de eco del libro de Vicente Clavel, considerado el “anfitrión del fascismo en España,” quien publicó en 1923 El Fascismo. Ideario de Benito Mussolini. Clavel presentó a Mussolini como la representación de la “resurrección gloriosa de una nación juvenil y entusiasta (….) el héroe mesiánico casi ultraterreno que ha sido capaz de realizar una revolución ordenada” que conllevará a la “imperiosa regeneración del país59”. En los meses posteriores al golpe, la prensa somocista en Nicaragua, como fue el caso de La Nueva Prensa promovió la alianza entre el ejército y los buenos nicaragüenses, con el fin de evitar la desintegración política de la nación. Se enfatizó el liderazgo militar de Somoza como garantía de paz y orden60. El periódico conservador La Prensa también orquestó el liderazgo somocista en Nicaragua, publicando artículos en los que se clamaba por orden y paz, y al mismo tiempo sugiriendo la implementación de un fascismo nicaragüense. Desde ésta perspectiva, Nicaragua necesitaba con urgencia la instauración de un gobierno fuerte bajo el liderazgo de un jefe enérgico61. Por lo tanto la comparación entre Somoza y Mussolini publicada en la Nueva Prensa 10 meses antes del golpe y referida al inicio de este artículo, no fue un hecho causal. La entrevista de Soto y Navarro formaba parte de una campaña de propaganda que buscaba presentar y legitimar a Somoza como el líder elegido para ‘salvar a la nación” en Nicaragua.

Ideas finales

29El discurso somocista presentó el golpe de estado de 1936 como un evento singular de la historia de Nicaragua. Desde ésta perspectiva, este evento había demostrado la alianza ente el pueblo, los trabajadores y el ejército, bajo el liderazgo de su líder, Somoza. Estos actores sociales y políticos habían luchado por establecer un nuevo régimen político bajo el fuerte y bien organizado movimiento político liderado por un líder popular. En 1936, Somoza controlaba la Guardia Nacional, por lo tanto, no hubiera sido necesario todo el despliegue político y militar que hizo alarde desde el inicio de la rebelión militar hasta su llegada a la Loma. En consideración al modus operandi del asesinato del líder rebelde Sandino, el 21 de febrero de 1934, Somoza pudo haber dado un golpe de estado rápido y nocturno. Los miembros de la Guardia Nacional ejecutaron a Sandino la misma noche de su captura. En esa oportunidad, en Managua solo se escucharon algunos tiros62. En contraste, en 1936, la rebelión militar a favor de Somoza, que se inició el 27 de mayo y concluyó el 7 de junio, con el arribo de Somoza a la Loma de Tiscapa, fue orquestada de tal manera que las noticias periodísticas reflejaron el desenvolvimiento del golpe de estado a modo de drama. El desarrollo del golpe se asemeja a una teatralización política dividida en varios actos, entre los cuales figuraron: el ataque a los periódicos por parte de los “camisas azules” creó una atmósfera de tensión, mientras que la violenta remoción de autoridades civiles, si bien significó que los gobiernos locales pasaron a estar bajo control militar, al mismo tiempo hizo patente el colapso del gobierno de Sacasa a nivel nacional. En contraste, toda esta cadena de eventos busco enfatizar el protagonismo político y militar de Somoza. Marchó a León y develó la resistencia de militares leales al Presidente Sacasa, y por consiguiente hizo un ingreso triunfal a la capital, la ciudad de Managua. Por lo tanto, el golpe de estado debido a la movilización política que representó así como a la espectacularización de la violencia, puede ser identificado como la “Marcha hacia la Loma de Tiscapa”. Somoza proclamó su candidatura presidencial pocos días después de ejecutado el golpe de estado, el 16 de Junio de 1936. La historia oficial del somocismo remarcó el colosal triunfo de Somoza en las elecciones de diciembre de 1936. Era una victoria electoral nunca antes observada en Nicaragua. La candidatura de Somoza obtuvo el 80% de los casi 110 mil votos emitidos. Somoza tomó el poder el 1 de enero de 1937. Miles de personas se movilizaron para ser testigos del que “abría una nueva época al espíritu nacional63”.

30Notas de pie de página

311 La Nueva Prensa (18 de Julio de 1936), pág. 3. Copia obtenida de Records of the Department of State relating to internal affairs of Nicaragua, 1930-1944, Decimal file 817, Rollo 7, documento titulado “Enclosure Nro 1 to dispacth Nro 937, July 18, 1935, from the American legation at Managua.” Sobre la proclama lealtad de Somoza a Sacasa véase también “Declaración del general Somoza, Jefe Director de la Guardia Nacional de Nicaragua”, La Noticia, Managua, 23 de febrero de 1934. En este documento, Somoza proclama “su inalterable devoción a las instituciones y al orden de la república, que en todo momento defenderá y garantizara con absoluta lealtad”. También en su discurso del 14 de septiembre de 1935, Somoza reiteraba “defender la paz y dar seguridad” al gobierno de Sacasa. Anastasio Somoza estaba casado con Salvadora Debayle, sobrina de Sacasa. Véase la reproducción de los documentos mencionados en Juan Bautista Sacasa, Cómo y Por que caí del poder ,(Managua: Vanguardia,1988), págs. 90-91 y 195.

322 Un estudio exhaustivo sobre el papel de la Guardia Nacional en el ascenso al poder de Anastasio Somoza García, lo ofreció el clásico estudio de Richard Millett, _ Guardians of the Dynasty. A History of the U.S Created Guardia Nacional de Nicaragua and the Somoza Family_ (New York, Maryknoll, Orbis Books, 1977), véase especialmente el capítulo VIII titulado The Fall of Sacasa.

333 Miguel Jesús Blandón, Entre Sandino y Fonseca,(Managua: Segovia Ediciones Latinoamericanas, 2008), págs. 93-94; Frances Kinloch Tijerino, Historia De Nicaragua, (Managua, Universidad Centroamericana, Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica, 2008), pág. 258.

344 Revolución En Nicaragua : Derrocamiento Del Gobierno Constitucional Del Dr. Juan Bautista Sacasa y Ascenso Del Régimen Militar Del General Anastasio Somoza García : Traducción De Documentos Oficiales Publicados Por El Departamento De Estado De Washington, Correspondientes a Los Años De 1935 y 1936 En Relación a Nicaragua. León, Nicaragua: Editorial El Centroamericano, 196?, págs. 47,76,85,86.

355 Véase Simonetta Falasca-Zamponi, Fascist Spectacle: The Aesthetics of Power in Mussolini’s Italy, (Berkeley: University of California Press, 2000), pág. 82.

366 Véanse Adrian Lyttelton, The Seizure of Power : Fascism in Italy, 1919-1929, (Princeton, N.J.: Princeton University Press, 1987), págs 77 y 89. Benito Mussolini, My Rise and Fall, (New York: New York : Da Capo Press, 1998), pág. 174.

377 Sobre la violencia de los camisas negras véase: Michael Mann, Fascists_, (Cambridge, UK; Cambridge University Press, 2004) pág 98; Luigi Fabbri 1877-1935. Camisas Negras: Estudio Crítico Histórico Del Origen y Evolución Del Fascismo, Sus Hechos y Sus Ideas, editado por José M. Lunazzi. (Buenos Aires: Ediciones Nervio, 1934).

388 Simonetta Falasca-Zamponi, “ The aestheticization of politics: A study of power in Mussolini’s fascist Italy.” Ph.D. diss., University of California, Berkeley, In Dissertations & Theses: Full Text [database on-line]; available from http://www.proquest.com.proxy.library.nd.edu (publication number AAT 9330537; accessed April 27, 2011), pág. 102.

399 Simonetta Falasca-Zamponi, “The aestheticization”, pág. 129, 93, 100.
fn10. Denis Mack Smith, Modern Italy : A Political History, (New Haven: Yale University Press, 1997), págs. 316,322. Borden W. Painter, Mussolini’s Rome : Rebuilding the Eternal City, (New York: New York Palgrave Macmillan, 2005), págs. 1-2.

4011 Simonetta Falasca-Zamponi, “The aestheticization”, pág. 2.

4112 Los hallazgos historiográficos no nos debe sorprender, si tomamos en cuenta las publicaciones periódicas de la época. Por ejemplo, una radiografia política y económica de la influencia fascista en América del Sur lo ofreció Carleton Beals en su artículo “Black Shirts in Latin America”, en Current History (New York) 49:3 (1938), págs. 32-34.

4213 Federico Finchelstein, Transatlantic Fascism : Ideology, Violence, and the Sacred in Argentina and Italy, 1919-1945, (Durham: Durham : Duke University Press, 2010), pág. 9. También otro trabajo del autor Fascismo, Liturgia e Imaginario: El Mito Del General Uriburu y La Argentina Nacionalista (Buenos Aires: Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2002).

4314 Tirso Anibal, Molinari Morales, El Fascismo en el Perú : La Unión Revolucionaria 1931-1936, (Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Fondo Editorial de la Facultad de Ciencias Sociales, 2006), págs. 445, 447.

4415 Luis Alfredo Lobato Blanco, “Controversia ideológica sobre la idea de hispanidad y guerra civil española. Nicaragua (1936-1944)”, en Norba. Revista de Historia 15 (2001), pág. 229.

4516 Andrés Pérez Baltodano, Entre El Estado Conquistador y El Estado Nación: Providencialismo, Pensamiento Político y Estructuras De Poder En El Desarrollo Histórico De Nicaragua, (Managua: IHNCA/UCA Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica: Fundación Friedrich Ebert en Nicaragua, 2003), pág. 460.

4617 José Coronel Urtecho y Manlio Tirado, Conversando Con José Coronel Urtecho, (Managua, Nicaragua: Editorial Nueva Nicaragua, 1983), págs. 118, 119, 123.

4718 Andrés Pérez Baltodano, Entre El Estado Conquistador y El Estado Nación, pág. 460.

4819 Knut Walter, The Regime of Anastasio Somoza, 1936-1956, (Chapel Hill: Chapel Hill : University of North Carolina Press, 1993), págs 57-58, Ternot MacRenato, “Somoza : Seizure of Power, 1926-1939.” Thesis (Ph. D.)—University of California, San Diego, 1991, pág. 243.

4920 Alejandro Cole Chamorro,Desde Sandino hasta los Somoza, (Granada: Editorial el Mundo, 1971),págs. 207, 227.

5021 Records of the Department of State Relating to Internal Affairs of Nicaragua, 1930-1944, Decimal File 817, Reel 8, 817.00/8408. Report firmado por Boaz Long dirigido al Secretario de Estado, titulado “ Activity of the “Camisas Azules” (Blue Shirts)”. Managua, Nicaragua, May 8, 1936, pág. 4.

5122 Records of the Department of State Relating to Internal Affairs of Nicaragua, 1930-1944, Decimal File 817, Reel 8, 817.00/8456. Report from Boaz Long to the Secretary of State. Subjet: “Camisas Azules”(Blue Shirts), pág. 1.

5223 Ternot MacRenato, “Somoza: Seizure of Power, 1926-1939”, pág. 251.

5324 Decimal File 817, Roll 8, 817.00/8408. “Activity of the “Camisas Azules” (Blue Shirts)”. Managua, Nicaragua, May 8, 1936, pág. 4.

fn25. Records of the Department of State Relating to Internal Affairs of Nicaragua, 1930-1944, Decimal File 817, Reel 8, 817.00 /8425. Telegram to Secretary of State from Boaz Long, Managua Nicaragua, May 28, pág. 1.

5426 Andrés Pérez Baltodano, Entre El Estado Conquistador y El Estado Nación: Providencialismo, Pensamiento Político y Estructuras De Poder En El Desarrollo Histórico De Nicaragua, pág. 460.

5527 Records of the Department of State Relating to Internal Affairs of Nicaragua, 1930-1944, Decimal File 817, Reel 8, 817.00/8456. Report from Boaz Long to the Secretary of State. Subjet: “Camisas Azules”(Blue Shirts), pág. 2.

5628 La Prensa, Managua (29 de Mayo de 1936) primera plana y “Cuartillas del Director: Los Camisas Azules contra el general Somoza,” pág. 2 de la misma fecha.

5729 Ternot MacRenato, “Somoza : Seizure of Power, 1926-1939,” págs. 251, 262.

5830 Federico, Finchelstein, Transatlantic Fascism : Ideology, Violence, and the Sacred in Argentina and Italy, 1919-1945, pág.77.

5931 Simonetta Falasca-Zamponi, Fascist Spectacle : The Aesthetics of Power in Mussolini’s Italy, pág. 127-128.

6032 Michael Mann, Fascists, pág.98.

6133 Emilio Gentile, The Sacralization of Politics in Fascist Italy, ( Cambridge, Mass. : Harvard University Press, 1996), capítulo titulado Holy Militia.

6234 Rodrigo Sánchez, “Fundación, Desarrollo y Plenitud de la Oficina GS” en La Vieja Guardia , Managua : Tip. La Nueva, [1936?], pág. 6.

6335 Partido Liberal de Nicaragua, Un Hombre De Estado Ante La Historia : Datos Biográficos Del General Anastasio Somoza, (Managua: Talleres Nacionales, 1944), pág. 32.

6436 La Prensa Texas (29 de Mayo de 1936.), Revolución En Nicaragua : Derrocamiento Del Gobierno Constitucional Del Dr. Juan Bautista Sacasa, pág. 86, Andrew Crawley, Somoza and Roosevelt : Good Neighbour Diplomacy in Nicaragua, 1933-1945, (Oxford, New York: Oxford University Press, 2007), pág. 113.

6537 Ternot MacRenato, “Somoza: Seizure of Power, 1926-1939,” pág. 251.

6638 A diferencia de la Prensa de Texas, Andrew Crawley basado en la reportes de la diplomacia norteamericana indica que Somoza partió hacia León con 1500 soldados y un largo contingente de camisas azules. Somoza and Roosevelt : Good Neighbour Diplomacy in Nicaragua, 1933-1945, pág. 114.

6739 La Prensa Texas (4 de Junio de 1936), pág. 2.

6840 Alejandro Cole Chamorro,Desde Sandino hasta los Somoza, pág. 223.

6941 Blandón, Entre Sandino y Fonseca, pág. 94.

7042 Partido Liberal de Nicaragua, Un Hombre De Estado Ante La Historia : Datos Biográficos Del General Anastasio Somoza, pág. 33.

7143 La Prensa Texas (1 de junio de 1936), primera plana.

7244 Partido Liberal de Nicaragua, Un Hombre De Estado Ante La Historia : Datos Biográficos Del General Anastasio Somoza, pág. 33.

7345 Rodrigo Sánchez, “Fundación, Desarrollo y Plenitud de la Oficina GS” en La Vieja Guardia, pág 7.

7446 María Cristina Zapata, “La Vieja Guardia” en La Vieja Guardia, s.p.

7547 Adrian Richa Saballos, “Alrededor del General Somoza” en La Vieja Guardia, s.p.

7648 Ismael Saz, España contra España : los nacionalismos franquistas, ( Madrid: Marcial Pons Historia, 2003), págs. 195, 196, 199.

7749 Blandón, Entre Sandino y Fonseca, pág. 94.

7850 John P. Shipper, “A Descriptive Analysis of how General Anastasio Somoza Became President of Nicaragua in 1936. Master Thesis, University of West Virginia, 1968, págs. 32,33.

7951 Juan Bautista Sacasa, Cómo y Por que caí del poder , pág. 73.

8052 Juan Bautista Sacasa, Cómo y Por que caí del poder, pág. 73.

8153 Rodrigo Sánchez, “Fundación, Desarrollo y Plenitud de la Oficina GS”, en La Vieja Guardia, pág. 6.

8254 Partido Liberal de Nicaragua. Un Hombre De Estado Ante La Historia : Datos Biográficos Del General Anastasio Somoza, pág. 34.

8355 Noel Ernesto Pallais, “Somoza, el Magnífico, como dijera D’Annunzio” León Dic. de 1936, en La Vieja Guardia, s.p.

8456 Ignacio Antonio Delgado, “El General Anastasio Somoza cuenta con la fuerza moral de Nicaragua,” Telica, enero de 1936, en La Vieja Guardia, s.p.

8557 La Nueva Prensa (1 de Enero de 1935) “Resulto una jira triunfal la del General Anastasio Somoza por los Pueblos de Occidente” en La Vieja Guardia, s.p.

8658 “Pensamientos,” en La Vieja Guardia, s.p.

8759 Marcos Maurel, “Un asunto de fe: Fascismo en España 1933-1936”, en Ferrán Gallego y Francisco Morante editores, Fascismo En España: Ensayos Sobre Los Orígenes Sociales y Culturales Del Franquismo, (Barcelona: El Viejo Topo, 2005), págs.. 146-147.

8860 Ternot MacRenato, “Somoza: Seizure of Power, 1926-1939”, pág. 212.

8961 Véase los siguientes artículos en La Prensa, Managua: Edgard Prado, “El Capital y el Fascismo”,(26 de noviembre de 1936); “Por qué soy fascista” (27 de Noviembre), Pablo Antonio Cuadra “ La Democracia de los Demócratas y la Democracia de los anti-Demócratas” (12 de Diciembre de 1936).

9062 Sobre la muerte de Sandino sigo la descripción de Volker Wünderich and Volker Wünderich, Sandino, Una Biografía Política,( Managua: Editorial Nueva Nicaragua, 1995), págs. 310-312.

9163 Partido Liberal de Nicaragua, Un Hombre De Estado Ante La Historia : Datos Biográficos Del General Anastasio Somoza, págs. 36-37.

92

Para citar este artículo :

Susy Sanchez, « El golpe de estado somocista de 1936: un espectáculo político de exaltación a la violencia. », Boletín AFEHC N°49, publicado el 04 abril 2011, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=2612

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