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AFEHC : diccionario : OBANDO, Juana de : OBANDO, Juana de

Ficha n° 2659

Creada: 16 junio 2011
Editada: 17 junio 2011
Modificada: 16 junio 2011

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Autor de la ficha:

Rodolfo HERNANDEZ MENDEZ

Editor de la ficha:

Stephen WEBRE

Información:

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Publicado en:

ISSN 1954-3891

OBANDO, Juana de

Algunas características sucesorias y paternalistas del grupo familiar de los Obando de Nicaragua del siglo XVII.
Palabras claves :
Esclavitud, Paternalismo, Grupos dominantes
Cargo o principal ocupación:
Actividades domésticas cotidianas
Casó:

1con Pedro Zapata de Cárdenas

Nació:
En noviembre de 1616.
Murió:
El 26 de junio de 1666.
Padres:

1Don Francisco de Obando, el viejo, y doña Catalina de Zárate y Navarro

Resumen:

1A pesar de la segregación social y racial de la sociedad colonial algunos miembros de las elites fueron paternalistas con sus empleados domésticos. En sus testamentos ordenaban que, a los esclavos que los hubieran “servido con amor y diligencia”, se les concediera su libertad después que el otorgante falleciera. Asimismo, les hacían donación de bienes muebles e inmuebles, dinero o en el peor de los casos que fueran vendidos a “buenas” personas.

2Juana de Obando nació en la ciudad de Santiago de Guatemala, y fue bautizada en la parroquia de El Sagrario el 23 de noviembre de 1616. Sus padres fueron don Francisco de Obando y doña Catalina de Zárate, que se casaron el 13 de marzo de 1615, en la misma parroquia. Don Francisco de Obando, el viejo, era vecino de Nueva Segovia, Nicaragua, se casó por medio de procurador. Doña Catalina era viuda de Juan Guerra, exgobernador de Honduras. Los padrinos de doña Juana fueron don Guillén Jacinto y doña Francisca de Castilla.

3Doña Juana de Obando casó con el capitán don Pedro de Zapata de Cárdenas, regidor de la ciudad de Santiago de Guatemala, y no tuvieron descendencia.
El 21 de junio de 1666, cuando ya había enviudado y la gravedad de su enfermedad no le permitía hacer testamento y disponer de la distribución de sus bienes, concedió poder a su sobrino, el maestro don Bernardino de Obando, y al licenciado Nicolás Márquez, clérigos presbíteros, para que en su nombre redactaran y otorgaran su testamento, en el cual se pudiera hacer los encargos y legados que ella les había comunicado. En este poder también nombró a sus albaceas; éstos fueron don Bernardino y don Nicolás y un tercer presbítero llamado Diego de Obando.

4Varios días después de la muerte de doña Juana, don Bernadino se excusó de ser partícipe en la redacción del testamento y del albaceazgo, y como el presbítero Diego se encontraba en la provincia de Nicaragua, don Nicolás Márquez Támaris tuvo que redactar el testamento y realizar las diligencias propias del albaceazgo.

5Doña Juana tenía una casa con techo de teja, situada enfrente del palacio real, cargada con un censo de 4,000 pesos. Además, era dueña de una carroza con dos mulas y dos pares de cortinas, además de sus adherentes. Era ama de 19 esclavos, de ellos 15 mujeres (2 menores de un año y 13 entre las edades de 10 y 40 años), y 4 hombres, de 3 y 8 meses, 7 y 25 años.

6Los muebles y accesorios de su casa eran varios cuadros y pinturas de santos sobre lienzo, espejos, una cama de granadillo, sillas, bufetes, cojines, ropa de uso personal y de la casa, manteles, etc. También tenía muchos objetos de plata labrada (jarros, candeleros, platillos, cucharones, etc.); y varias joyas, tales como perlas, sortijas y dijes de oro y un relicario de plata.

7Todas sus esclavas habían sido criadas por ella, de donde procedió el trato cuasi paternalista que tuvo con ellas, al punto de encargar a sus albaceas que se vendieran a las personas que ellas escogieran… se les diera “amo a su gusto”.
Juana era heredera del capitán don Francisco de Obando, su hermano, que había fallecido en agosto de 1657. Éste dispuso que si doña Juana fallecía sin herederos forzosos se impusiera una capellanía; los cinco mil pesos de capital necesarios para su fundación se tomaría del producto de la venta de los bienes que le dejó en herencia, para que de la renta de ellos se dijesen misas por el alma del dicho Francisco, las de sus padres y demás familiares, y cuya disposición de patronos y capellanes dejó a criterio de Juana. Ésta determinó que esta capellanía por fundar tuviera de patrón a don Bernardino de Obando, su sobrino. Después de fundada dicha capellanía, este presbítero invirtió una parte del capital en un juro de 3,000 tostones. Un dato interesante sobre esta capellanía fue la condición que puso don Bernardino sobre los subsecuentes capellanes: debían ser miembros de la familia de los Obando, radicados en Nicaragua o en Santiago de Guatemala.

8Doña Juana heredó varios bienes inmuebles de su hermano Francisco, entre ellos las haciendas que estaban en términos de la Nueva Segovia, llamadas San Francisco y Jamayli, así como el ganado vacuno, yeguas, mulas, burros, esclavos, y todo lo anexo a ellas.

9A un año de la muerte de su hermano, doña Juana utilizó los recursos burocráticos del Estado para recuperar los tributos de la encomienda que tenía don Francisco, en segunda vida, de los pueblos de Palacagüina, Moconte, Isguateca y Telpaneca, situados en la misma jurisdicción de Nueva Segovia, de la provincia de Nicaragua, y que por su fallecimiento tal encomienda había quedado vacante.

10En su momento, el teniente de oficiales reales de Nueva Segovia había embargado los tributos de dichos pueblos, por lo que doña Juana solicitó a la Audiencia que se le despachara una real provisión para que los oficiales reales de aquella jurisdicción dejaran libres dichos tributos y se le hiciera el pago de ellos, como la heredera de su hermano. La Audiencia falló en favor de la demandante y ordenó a los alcaldes de los pueblos que comprendía la encomienda que pagaran a doña Juana lo que le correspondía, que era el valor de los tributos caídos hasta el 9 de agosto de 1657, un día antes de la muerte del encomendero.

11Doña Juana tampoco fue ajena al mercado de tierras. El 31 de marzo de 1659, vendió dos sitios de estancia, de doce caballerías de extensión, al contador de la caja de Guatemala Juan Pérez de Arria. Uno de ellos estaba situado en el valle de Jumay, y el otro en términos del pueblo de Mataquescuintla, jurisdicción del corregimiento de Guazacapán. Estos dos sitios eran parte de la herencia dejada por su hermano Francisco.

12A pesar de algunos rasgos benévolos en el trato hacia sus esclavas, doña Juana no dejaba de percibirlas como parte de su patrimonio. La mayoría de sus esclavas provenían, sino todas, de la estancia de Jamaily. Algunas de ellas habían nacido en su casa.

13Después de la muerte de don Francisco de Obando, el viejo, los negros de la estancia de Jamayli empezaron a sentir los rigores de esclavitud, cuando los herederos vendían a sus hijos e hijas y los sacaban de su lugar de origen. Esta desintegración de la comunidad de negros se agudizó cuando el albacea de doña Juana comenzó a vender a las esclavas que ella tenía en su casa y algunos de dicha estancia; como consecuencia de estas ventas, los negros líderes, representantes de su comunidad, presentaron este problema a la audiencia de Guatemala y solicitaron que fueran considerados libres. Este es un tema muy interesante, pero por sus características no puede ser abordado aquí.

14Estamos de acuerdo con la socióloga Marta Casaus sobre el doble origen de los grupos privilegiados y dominantes del Reino de Guatemala.

15Doña Juana de Obando fue una pieza del entramado familiar y social de los grupos dominantes del Reino de Guatemala del siglo XVII. Perteneció al grupo privilegiado de los Obando de Nicaragua, de cuyo seno salieron varios personajes de la vida política y religiosa de la sociedad de aquella época. Ella casó con el regidor del cabildo de la ciudad de Guatemala, don Pedro Zapata de Cárdenas, quien fue designado por su cuñado, don Francisco de Obando, el joven, para que redactara y compusiera su testamento. Asimismo, doña Juana fue tía del presbítero maestro don Bernardino de Obando, a quien había nombrado albacea, quien promovió con insistencia la fundación del monasterio de las Carmelitas Descalzas de la ciudad de Guatemala. Era prima de don Juan de Obregón, alférez mayor de la ciudad de Granada, Nicaragua. Su padre, don Francisco de Obando, el viejo, había estado casado en primeras nupcias con doña Elvira de Ávila, vecina de la ciudad de Nueva Segovia, Nicaragua.

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