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AFEHC : diccionario : DUBOIS DE SALAZAR, Ana (Ana de Ubois de Salazar, Ana Salazar de Ubois) : DUBOIS DE SALAZAR, Ana (Ana de Ubois de Salazar, Ana Salazar de Ubois)

Ficha n° 2665

Creada: 20 junio 2011
Editada: 06 julio 2011
Modificada: 20 junio 2011

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Autor de la ficha:

Rodolfo HERNANDEZ MENDEZ

Editor de la ficha:

Stephen WEBRE

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Publicado en:

ISSN 1954-3891

DUBOIS DE SALAZAR, Ana (Ana de Ubois de Salazar, Ana Salazar de Ubois)

Benevolencias de la viudez de una mujer, en el ámbito de los grupos privilegiados de la sociedad de Guatemala del siglo XVII.
Palabras claves :
Mujeres, Historia social, Sexualidad, Vida cotidiana, Siglo XVII
Cargo o principal ocupación:
Labores domésticas
Casó:

1Francisco de Mesa, Cristóbal de Escobar y Medinilla y Juan Martínez Téllez

Nació:
Se ignora la fecha, en Santiago de Guatemala.
Murió:
El 4 de octubre de 1640, en Santiago de Guatemala
Padres:

1Alonso Álvarez de Santizo y María Magdalena Dubois y Salazar

Resumen:

1
Doña Ana Dubois de Salazar fue hija legítima de Alonso Álvarez de Santizo y María Magdalena Dubois y Salazar. Alrededor de 1615 contrajo matrimonio con el terrateniente Francisco de Mesa (Meza). Cuando enviudó de éste casó con don Cristóbal de Escobar Estrada y Medinilla, escribano de Cámara de la Audiencia, el 13 de enero de 1622, y volvió a quedar viuda el 4 de septiembre de 1632. En estos dos matrimonios no tuvo hijos. Ya viuda de Cristóbal de Escobar, contrajo matrimonio con Juan Martínez Téllez, escribano público, el 21 de diciembre de 1632 en la parroquia de El Sagrario de la ciudad de Guatemala. Los padrinos fueron el capitán Pedro Santiago de la Maza, regidor, y su mujer doña María de Salazar. Los testigos, Marcos de Estupiñan y don García Garabito y Mendoza.

2El 13 de julio de 1624, doña Ana otorgó su testamento, sin estar enferma, cuando era mujer del escribano de cámara Cristóbal de Escobar. Pidió ser enterrada en la iglesia del convento de San Francisco de la ciudad de Guatemala, en la capilla donde se encontraban los restos de sus suegros, padres de Cristóbal de Escobar. Solicitó que le fuera oficiada una misa cantada de cuerpo presente, así como que se le rezaran misas durante los nueve días siguientes al día de su muerte, además de 50 misas rezadas en el convento de San Francisco de la ciudad, otras 50 misas en la capilla de Nuestra Señora del Socorro de la “iglesia mayor”, y 50 misas más, 25 en el convento de las Mercedes y 25 en el convento de San Agustín.

3Sin compromisos con acreedores, varias personas le eran deudoras de pequeñas cantidades de dinero por diferentes circunstancias. El negro Lorenzo, mayordomo de la hacienda de Juan Bautista de Carranza, le debía 50 tostones de unas mantas que le dio para que las vendiera; una negra esclava del cura Francisco Ruano, llamada Ana, tenía que pagarle 30 tostones por una toca de gasa con puntas de flandes, que le había vendido. Miguel Barreto le tenía una deuda de 12 tostones de unas naguas de Nicaragua y 9 varas de toca que le dio fiadas una negra de doña Ana.

4Tal vez haciendo alarde de generosidad, dejó 100 tostones para repartir entre los pobres, y dispuso que después de su muerte, se le diera la libertad a una niña mulata de 2 años de edad, hija de otra mulata, su esclava.

5Es claro que esta mujer tenía muchas posibilidades económicas, materializadas en la hacienda, en los 15,000 tostones que se le adjudicaron en la repartición de bienes de Francisco de Mesa, su primer marido, y en la dote que éste le había dado de 6,000 tostones, más la mitad que a ella le correspondía de los beneficios obtenidos en este primer matrimonio.

6Por “el mucho amor” que le tenía a su marido, Cristóbal de Escobar, lo constituyó en heredero de la tercera parte de todos sus bienes; esto porque no tenía hijos ni herederos descendientes, pero sí ascendientes; y si más le podía dejar, conforme a derecho, se incluyera la hacienda que heredó de su primer marido. Así que le asignó al dicho su marido toda la cantidad posible que pudiera corresponderle legalmente como heredero. No tenía bienes heredados de sus padres. A éstos dejó el remanente de sus bienes y les suplicó que no tuvieran disensiones ni pleitos con su marido, sino que dividieran sus bienes “con toda paz y conformidad, como entre padres e hijos.”

7En la parte correspondiente a su marido se incluyó a Beatriz, negra, a Gregorio, de 3 años de edad, y Antonia Nicolasa, de un año, hijos de Beatriz, esclavos de doña Ana, a los que había que ponerles precio en una cantidad moderada.

8Nombró por albaceas a Cristóbal de Escobar y a don Álvaro de la Cerda. No firmó porque dijo que no sabía hacerlo.

9Con don Juan Martínez Téllez tuvo una hija llamada Juana Téllez de Salazar, quien fue bautizada el 5 de julio de 1635, de quien fueron padrinos don Nuño de Aguilar y de la Cueva, español de Ecija y alcalde mayor de Zapotitlán; y doña Marcela de Morales, mujer de Pedro Nuñez de Barahona.

10A pesar que hizo la distribución de sus bienes en 1624, todavía vivió 16 años más durante los cuales acumuló más bienes, provenientes del legado de su segundo marido.

11El 31 de enero de 1629, don Cristóbal de Escobar y doña Ana Dubois impusieron un censo de 4,400 tostones sobre su casa de habitación, situada en la calle abajo de la Compañía de Jesús, a la vecindad del convento de la Merced.

12Dos meses después de haber enviudado la segunda vez, doña Ana otorgó su poder a su futuro esposo, el capitán Juan Martínez Téllez, escribano público y mayor del cabildo de la ciudad, especialmente para que en el nombre de doña Ana pudiera vender cualesquiera de sus bienes propios o de la herencia de su marido difunto, de cualquier género, especie y calidad que fueran, por el precio que le pareciera.

13Cabe hacer notar que ya fuera por las premuras de la carne, o bien por la necesidad de tener un apoyo seguro y confiable para la administración de sus bienes, cuando enviudó la segunda vez no pasó más de 4 meses viviendo sola, a pesar del mucho amor que sintió por don Cristóbal de Escobar.

14En febrero de 1633, doña Ana y su marido otorgaron poder a Antonio del Castillo Camargo y a su cuñado don Antonio Enríquez, vecinos de la ciudad de Sevilla, para que cobraran de los herederos de Antonio de Artasa, difunto, el valor de 4 cajones de añil que había recibdo en 1628, por cuenta de Cristóbal de Escobar, anterior marido de doña Ana.

15Otra vez, en julio de 1636, doña Ana otorgó su poder a su tercer marido, Juan Martínez Téllez, para que la representara en las diligencias del pleito que habían promovido contra ella el sargento Miguel Barreto de Flores y su mujer doña Olaya de Aguilar, por los bienes de su anterior marido don Cristóbal de Escobar, quien fue albacea de Leonor de Morales. Barreto y su mujer no estaban de acuerdo con la rendición de cuentas de los gastos de la curaduría de doña Olaya, que estuvo a cargo de Leonor de Morales. Doña Ana se vio involucrada en este litigio por ser heredera de Escobar.

16Sobre una casa de su padre, situada en el barrio de San Sebastián, estaba cargado un censo de 200 tostones desde el año 1604. Doña Ana pagó esa cantidad al administrador del convento de la Concepción en abril de 1638. El 18 de noviembre de ese año, doña Ana y su marido vendieron esta casa, que tenía techo de teja, a Francisco de Avalos Osorio, en 2,000 tostones a censo. Estaba situada en el barrio de San Sebastián, en la calle real que de la iglesia parroquial iba hacia el convento de la Merced.

17Doña Ana murió el 4 de octubre de 1640, y su heredera fue su única hija, Juana Téllez de Salazar, de 5 años de edad. Después del fallecimiento de su mujer, Juan Martínez Téllez emprendió viaje a España, en funciones de Procurador General, y dejó a Juana a cargo del regidor de la ciudad de Guatemala, Miguel Matheo; éste falleció pronto y la niña pasó al cuidado del capitán Pedro de Najara, hasta que Martínez Téllez regresó en 1642.

18Esta mujer, sin lugar a dudas, fue de mucho caudal, acumulado por los legados de sus dos primeros maridos. El tercer marido debió haber sido el más afortunado, pues con los ingresos de sus cargos y la fortuna de su mujer disfrutó cómodamente y sin tropiezos el resto de su vida.

19

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