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AFEHC : bibliografia : Itinerarios del movimiento indígena americano: la Cumbre de Puno : Itinerarios del movimiento indígena americano: la Cumbre de Puno

Ficha n° 2682

Creada: 06 julio 2011
Editada: 06 julio 2011
Modificada: 07 julio 2011

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Autor de la ficha:

Carine CHAVAROCHETTE

Editor de la ficha:

Emilie MENDONCA

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Itinerarios del movimiento indígena americano: la Cumbre de Puno

Breve e interesante estudio de Bárbara Trentavizi, entre antropología y militancia por las causas indígenas.
769
Palabras claves :
América, Guatemala, Antropología, Política, Indígenas, Tierra
Categoria:
Libro
Autor:

Bárbara Trentavizi

Editorial:
F&G Editores
Fecha:
2010
Reseña:

1Este pequeño libro de Bárbara Trentavizi es un manifiesto político de las demandas de los pueblos indígenas de América, reunidos en el momento de la cuarta Cumbre continental de Pueblos y Nacionalidades de Puno (27 a 31 mayo de 2009, Perú).

2La autora, que vive desde hace quince años en Guatemala, es antropóloga, especialista de los Mayas Ixiles. En esta obra presenta los debates y las reflexiones de los participantes relacionados con la Madre Tierra o Abya Yala (que significa “continente de América” en palabras de los Kunas de Panamá) : la cuestión de la propiedad de la tierra, de su necesaria reforma y de su redistribución, el problema ambiental (con los problemas causados por la extracción minera), el derecho de las mujeres, la evolución y « criminalización » del movimiento indígena y sus dificultades para trasformarse en movimiento continental.

3Las propuestas de la cumbre quieren contribuir a resolver los problemas políticos, económicos, de género, de educación, etc., pero también proponer alternativas a escala mundial y otro modelo de vida. Frente al ser humano consumidor, proponen otra alternativa: valores de comunidad, filosofía ambiental, ayuda mútua, Estado Providencia. Bárbara Trentavizi muestra cómo la antropología como disciplina científica puede aportar y sostener estos movimientos indígenas que reivindican un nuevo modelo de vida, un modelo político alternativo; una antropología al servicio de estos movimientos para « recuperar esta dimensión de la oralidad, del recuerdo para poder construir una nueva memoria ». (pág. 27). Este libro muestra una visión llamada indígena que se enfrenta a otra visión del mundo, la del « sistema capitalista », « el individualismo » del capitalismo que se opone a la « organización y vida comunitaria », una visión que puede parecer maníquea, con estas dos visiones económicas antinómicas, dos maneras de ver y de pensar la naturaleza, de comprender el mundo.

4Las voces que reúne la autora ya no quieren ser sujetos de la Historia del continente como « excluidos, invisibilizados, reprimidos », fundamentalmente por los estados y gobiernos. Y se ve cómo estos participantes, mediante la pluma de Bárbara Trentavizi, critican no sólo el papel de los Estados Unidos en el mantenimiento de las dictaduras militares que conocieron gran parte de los países latinoamericanos, sino también el imperialismo europeo a través de su relación con los partidos políticos del continente: el papel de de las izquierdas « lamentablemente […] subordinadas al pensamiento europeo ». Las voces insisten sobre el concepto de descolonización de la mente, de la educación, de la cultura para un continente Americano que sufrió el choque de las civilizaciones, que experimentó el proceso de colonización desde el siglo XVI, la violencia de la conquista y más recientemente la violencia de las guerras civiles y de las dictaduras, además de siglos de violencias sociales.

5En los discursos reunidos en esta obra, se subraya una relación a la tierra y a su propiedad distinta entre la de las poblaciones que participan en estas cumbres y la de los estados y empresas multinacionales. El territorio se concibe no solamente como espacio económico y físico sino también simbólico, y el territorio como propiedad de la tierra, su explotación, su contaminación, fueron temas de la cumbre. Los pueblos originarios reivindican el derecho a participar en las decisiones que las leyes de concesiones de explotación de los recursos energéticos les permiten tomar, porque advierten que ellos mismos son los verdaderos propietarios de estas tierras y no los gobiernos. « La tierra pertenece a quienes la cultivan, la viven y pueden demostrar que la habitan desde hace mucho tiempo como comunidades. » (pág. 49).

6Los participantes rechazan también la palabra « indígena » con su connotación colonialista, y algunos prefieren la palabra « originarios ». La autora reúne el discurso de los líderes y activistas indígenas y muestra cómo el modelo de un pensamiento único (económico, político, social, cultural, etc.) « no es posible ni concebible ». Difunde este discurso político adentro y afuera del campo académico, dentro y fuera de América. Relaciona las políticas migratorias europeas y occidentales represivas con el hecho de que sus empresas transnacionales explotan y destruyen el medio ambiente de las poblaciones, limitando las posibilidades « de subsistencia y modelo alternativo de desarrollo ». Critica también las visiones de género que mujeres occidentales intentaron imponer a las mujeres indígenas, y se ataca tanto a las investigaciones de género impulsadas en los años 90 como a los programas de género de las ONG. Los talleres de mujeres en la Cumbre, precisa la autora, reivindican un « feminismo comunitario » (pág. 67). Subraya que las realidades entre los países latinoamericanos son distintas y que es « muy difícil referirse a modelos válidos para todos » (pág. 73), que es difícil definir y aplicar un modelo común, sea un modelo económico, político, social, o cultural. Da como ejemplo la situación de los campesinos guatemaltecos que poseen minifundios muy explotados y tierras infértiles, tan diferente del caso de los campesinos mexicanos que poseen tierras colectivas. Aquí en Guatemala, se necesita defender no tanto las tierras colectivas como el derecho a recibir tierras.

7El trabajo de B. Trentavizi resulta ser un libro comprometido pero con espíritu crítico que muestra cómo hoy en día los antropólogos quieren participar en la promoción y difusión del pensamiento de los grupos y líderes indígenas con quienes trabajan, y cómo la disciplina se interroga sobre su papel ético y su función en la sociedad en general. Este manifiesto pretende « mantener una cultura originaria » (pág. 77) y « fundar una nueva antropología del hombre y de la mujer » universal con el apoyo y los aportes de los indígenas de Abya Yala. Pero ¡cuidado con la tentación de hacer neoculturalismo!

8Carine Chavarochette
Doctora de la Universidad Paris VII, CERMA-EHESS.

Fuentes :

Información adicional en la página de la editorial F&G:
http://www.fygeditores.com/FGPI9789929552036.htm

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