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AFEHC : diccionario : LÓPEZ DE LA PEÑA, Antonio : LÓPEZ DE LA PEÑA, Antonio

Ficha n° 2693

Creada: 17 julio 2011
Editada: 17 julio 2011
Modificada: 17 julio 2011

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Autor de la ficha:

Rodolfo HERNANDEZ MENDEZ

Editor de la ficha:

Paul LOKKEN

Información:

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Publicado en:

ISSN 1954-3891

LÓPEZ DE LA PEÑA, Antonio

Contribución de un mercader asturiano al desarrollo de la economía de la ciudad de Santiago de Guatemala.
Palabras claves :
Comercio, Mercader, Bienes, Juzgado, Almoneda
Cargo o principal ocupación:
Mercader
Nació:
Se desconoce la fecha, en Asturias, España.
Murió:
8 de octubre de 1685 en Santiago de Guatemala.
Padres:

1Se desconocen.

Resumen:

1No es fortuito el hecho de presentar los datos personales y de algunas de las actividades propias de los mercaderes españoles que llegaban a Guatemala en viajes de negocios y que, lamentablemente, fallecían por diversas causas durante su estancia, especialmente por enfermedades.

2En la mañana del 8 de octubre de 1685, el alcalde de Corte don Francisco de Saraza y Arce se encontraba con el alcalde ordinario de la ciudad de Santiago de Guatemala, Gerónimo de Paniagua, en la parte superior de la casa donde vivía el mercader asturiano Antonio López de la Peña, junto a la puerta de su dormitorio. Se les había informado que este mercader no respondía a los llamados que se le habían hecho, lo que ellos confirmaron. Por orden del oidor Saraza se forzó la puerta. Cuando entraron al dormitorio López de la Peña fue hallado muerto en su cama, tendido y cubierto con una sábana y colcha, con sangre en la boca y nariz, mucha de ella sobre la misma cama, almohada y colchón, así como en el suelo donde el difunto había vomitado. El forense que atendió el caso, un “practicante de cirujano”, certificó que López de la Peña había fallecido por un ataque de pulmonía, “cuya sangre le ahogó y quitó el vital aliento”.

3Antonio López de la Peña nació en Asturias y era vecino del puerto de Santa María, en Cádiz. Estaba casado con doña Inés María del Villar y Ron, a quien había dejado encinta en España cuando viajó a América, y cuando falleció recién había nacido su hijo llamado Blas Domingo Ignacio. Doña Inés era hija de Domingo López del Villar, difunto para ese tiempo, y de doña Magdalena de la Peña, también vecina del puerto de Santa María.

4El amigo y colega del difunto, el capitán don Juan Dávila, informó que López había llegado a Guatemala en la nave del capitán Diego Pérez de Garayo. Dávila fue comisionado para que se encargase de las diligencias del entierro. No se tenía conocimiento si había dejado testamento otorgado en Guatemala o en España. No se sabe cuándo llegó a Guatemala. La fecha más antigua de sus transacciones mercantiles se registró en 1680. El defensor de Bienes de Difuntos, José de la Torre, dijo que entre los documentos encontrados del difunto estaba la factura de géneros y mercaderías que había enviado a la ciudad de México el 29 de octubre de 1680. Don Francisco Payán fue el destinatario.

5El mismo día cuando se le encontró muerto dio inicio el inventario de sus bienes. Fueron 415 piezas inventariadas, las cuales estaban en la habitación donde murió y en una tienda que el difunto tenía en la casa donde vivía.

6Solamente en una petaca, que estaba en su habitación, se encontraron 19 objetos de plata, entre los cuales había cubiertos, platillos, candeleros, picheles, vasos y otros. Asimismo se hallaron 8 talegos con dinero que contenían la cantidad de 7,300 pesos. También tenía joyas de diversos materiales preciosos que la mayoría estaban empeñadas por diversas cantidades, tales como “soguillas” de perlas, sortijas, imágenes, relicarios, crucifijos, etc., así como objetos de uso personal de diferente clase y calidad.

7En la tienda se encontraron varias joyas, y la mayor cantidad también estaban empeñadas; en ella tenía, para la venta, estampas de Francia, telas, libros, botones, hilo y ropa, entre otras mercaderías.

8En un libro de cuentas de medio pliego con 59 hojas unas escritas y otras en blanco, se encontraron diversas cuentas de los deudores, por mercaderías que les había dado, entre los cuales estaban: Francisco de Molina (600 pesos), Juan de León y Jerónimo Pérez Barbales, boticarios de la ciudad, (611 pesos); Sebastián de Plaza, (2,188 pesos); José de Castro, comisario (324 pesos); José Agustín de Estrada, maestro de Campo, (100 pesos); José Barón de Berrieza, caballero de la Orden de Calatrava y Tesorero de la Bula de Cruzada, (1,563 pesos); Gregorio Meléndez y Valdés (524 pesos); Lorenzo de Montúfar (600 pesos); Jerónimo Abarca Paniagua (808 pesos); el cura Pedro del Campo (80 pesos); José de Baños (45 pesos); Miguel de Cuéllar Varona(70 pesos); fray José Jiménez, fraile dominico, (34 pesos), Pedro de la Vega Balbuena, (250 pesos), etc. Fueron 125 deudores; había entre ellos personas muy conocidas en la ciudad. Algunos firmaron documentos de deuda, tal como el comisario General don José Fernández de Castro y su mujer doña Isabel María de Campos, que otorgaron una escritura de obligación por 314 pesos, para pagar en agosto de 1685. Para movilizarse, el mercader utilizaba una mula de silla.

9Muchos de estos deudores fueron compelidos judicialmente para que cumplieran con sus compromisos contraídos, a varios de ellos les fueron consignados sus bienes.

10En otro libro estaban anotados 43 deudores con cantidades diversas, la mayor de 118 pesos y la menor de 5 reales. Eran personas comunes, del pueblo llano, y se conocían solamente por su nombre y el lugar donde vivían. Por ejemplo, el negro “matasiete” debía 5 reales; Lucas, de la casa de Garayo, 5 pesos y 4 reales; Antonio Díaz, el sastre, 3 pesos y 4 reales; el platero, junto al colegio, 2 pesos y 4 reales; Ignacio, el sastre, 6 pesos; Chepa Monzón, 5 pesos; Inés, que vive en el Tortuguero, 9 pesos 4 reales y medio; etc. Estas personas se encontraron anotadas en 3 libros de cuentas. También había personas reconocidas socialmente, tales como el capitán Miguel de Cuéllar, 3 pesos; doña Josefa de Miranda, 3 pesos; Nicolás Vivas, 118 pesos; don Antonio Cisneros, 44 pesos y el capitán Antonio de Medina Monjarras por 18 pesos y 7 y medio reales. La lista es larga.

11La documentación encontrada cuando se realizó el inventario revela que este mercader tuvo mucha actividad en su profesión. Envió mercaderías a Oaxaca y la ciudad de México y realizó transacciones con personas de Lima.
En la economía de la ciudad de Guatemala, este mercader fue un propulsor de la circulación. Actuó como una casa de empeños.

12Como ya se mencionó, en el conjunto de actuaciones judiciales se hizo constar que entre sus bienes se encontraron diferentes piezas de plata y otras cosas que en algunas, por los papelillos que con ellas se han reconocido, consta estar empeñadas y otras por su calidad se entiende lo estarán.

13El 11 de octubre de 1685, ante el juzgado de Bienes de Difuntoscse presentó una mulata, criada de doña Antonia de Peralta, vecina de la ciudad y pagó 9 pesos y 1 real, por una sortija de oro con 9 esmeraldas, empeñada en 4 pesos y 1 real; una cruz con su relicario de plata, empeñada en 3 pesos; y 2 cucharas de plata, con peso de 3 onzas, empañadas en 2 pesos.
Gaspar Álvarez de Cifuentes, residente en dicha ciudad, pagó 11 pesos y 4 reales por los que empeñó dos armadores (jubones), uno de raso de China rayado y otro de lama musca (color pardo oscuro).

14José de Mesa, alcaide de la cárcel de Corte, pagó 4 pesos en que empeñó unas naguas con listones verdes.

15El 12 de octubre, Juan de Dios Toscano, español, tullido y pobre, pagó 4 reales junto con Magdalena de Morales, española, por una prenda de estameña.

16El 17 de octubre, Petrona, india, criada de Sebastián de Aguirre informó que tenía empeñada unas naguas de China, en 6 reales, y una toalla o ceñidor de hilo de algodón de Chiapa de diferentes colores, en 8 reales.

17Dos años después de la muerte de López de la Peña, se hizo la liquidación de las cuentas de los bienes. Se había reconocido que murió intestado y que su heredero forzoso fue su hijo Blas Domingo Ignacio de la Peña. La abuela de éste, doña Magdalena de la Peña fue designada legalmente por tutora y curadora de su persona y sus bienes, e hizo todas las diligencias necesarias por medio de su apoderado José Barón de Berrieza.

18Con el dinero que ponía en circulación, por medio de quienes empeñaban sus objetos personales de valor, este mercader contribuyó con el desarrollo de la economía local de la ciudad de Guatemala. De igual manera, con su muerte contribuyó indirectamente con el fisco.

19En la caja del juzgado de bienes de difuntos entraron 31,264 pesos, 3 reales y 13 maravedís, por la venta de los bienes en almoneda, la recuperación del dinero dado por los objetos empeñados, así como el pago de las deudas. Lo correspondiente al 5% de esta cantidad fue 1,563 pesos, 1 real y 22 maravedís, de los cuales pagaron varios mercaderes, dueños de las facturas de sus mercaderías que el difunto trajo de España, 987 pesos y 3 reales; y los bienes del propio difunto 575 pesos, 6 reales y 22 maravedís.

20En la constreñida economía de Guatemala, este mercader español contribuyó con la inyección de numerario a la población, para la satisfacción de las necesidades básicas, para unos, y de producción para otros.

21De esta manera, y su ingerencia en la agricultura, los mercaderes españoles funcionaron como verdaderos financistas de la época, junto con las Ordenes religiosas.

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