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AFEHC : transcripciones : Discurso del padre Florencio Castillo en defensa de las castas. : Discurso del padre Florencio Castillo en defensa de las castas.

Ficha n° 2720

Creada: 02 septiembre 2011
Editada: 02 septiembre 2011
Modificada: 02 septiembre 2011

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Autor de la ficha:

Manuel BENAVIDES

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Discurso del padre Florencio Castillo en defensa de las castas.

La obra más importante que se propusieron las Cortes de Cádiz fue dotar al imperio de una constitución y así obtener un sistema de derecho liberal, democrático por lo tanto, dentro de una monarquía moderada constitucionalmente. El primer artículo del proyecto de constitución se discutió el 25 de agosto de 1811 y a la altura del 4 de septiembre se discutió el número 22, que formaba parte del capítulo IV que definía quien podía ser considerado como ciudadano. Dentro de una táctica de los diputados de España que buscaba evitar que los americanos contaran con una mayor cantidad de diputados en el Congreso, atemorizados de que América pudiera gobernar al resto del Imperio, surgió una protesta y una lucha para defender la ciudadanía para las castas, palabra que en aquel contexto hace referencia a todos los que por alguna línea tuvieran sangre africana. Debe aclararse que no todos los diputados americanos sostuvieron esta lucha, además de que algunos votaron del lado de los españoles hubo dos diputados españoles que apoyaron la ciudadanía para las castas. En este contexto el artículo 22 dejaba todavía más claro algo que podía sospecharse con el artículo 18 que estipulaba que eran ciudadanos aquellos españoles que ambas líneas tuvieran su origen de los dominios españoles. El 22 indicó que para los que trajeran por alguna línea su origen de sangre africana, les quedaba abierta la puerta de los méritos para alcanzar la ciudadanía, es decir, en aquel presente quedaban privados de los derechos políticos, dejándolos solamente en la condición de españoles, razón por la cual, entre otras cosas, no podían elegir ni ser elegidos, además de privarlos de ocupar otros puestos de gobierno. Los diputados americanos entablaron una lucha por las castas que fue más allá de un esfuerzo por obtener más representantes para el continente. El discurso del padre Florencio Castillo el 4 de setiembre de 1811 es una buena muestra de los argumentos que utilizaron para deshacer los de los diputados españoles.
Palabras claves :
Castas, Afrodescendientes, Constitución, Ciudadano, Representación
Autor:
Florencio Castillo
Fecha:
1811-09-04
Paginas:
2 fols
Texto íntegral:

1

2 “El Sr. CASTILLO: Señor, después de los enérgicos discursos que han pronunciado los señores que me han precedido, poco me queda que decir; por tanto, yo procuraré evitar la repetición de razones para no ser demasiado molesto. “Vuestra Majestad acaba de sancionar con la prudencia y sabiduría que le son características los medios y condiciones por las que el extranjero y sus hijos puedan obtener el honor de ser ciudadanos españoles; pero estos medios se limitan sobremanera cuando se trata de aquellos españoles que traen su origen del África. En el art. 21, que acaba de aprobarse, se dispone que los hijos de extranjeros naturalizados, como no hayan salido de España sin licencia del Gobierno, y que habiendo cumplido 21 años se hayan avecindado en algún pueblo del territorio español con oficio de ocupación conocida, sean reputados por ciudadanos; ¿y por qué bajo estas mismas condiciones no se les ha de conceder este derecho a aquellos que no debemos mirar como extranjeros, sino como españoles, aunque originarios de África, cuyos mayores se establecieron en la Monarquía española desde el largo espacio de doscientos años? Que el hijo del extranjero españolizado pueda ser ciudadano, y que los españoles descendientes de África, que pueden contar entre sus abuelos cuatro o cinco generaciones ya naturalizadas, sea excluido de este honor, verdaderamente, Señor, que no comprendo la causa de esta desigualdad.

3 “Por ventura, ¿Será la razón de esto porque los descendientes de los ardientes climas del África tienen el color atezado, moreno o negro? Pero yo agraviaría sin duda alguna a la sabiduría de Vuestra Majestad si sospechase que esta cualidad o accidente podría influir en la resolución de esta importante materia, pues los progresos que la física ha hecho en estos tiempos nos han demostrado hasta la evidencia que la variedad de colores en la especie humana es efecto primitivamente del clima y de las costumbres, y secundariamente del influjo de los padres en sus hijos.

4 “¿Será la causa de esta desigualdad el reducir el número de los representantes americanos, reduciendo el de los representantes? No: estoy muy distante de atribuir a los señores de la comisión ideas tan rastreras y mezquinas, y más cuando todo el proyecto de Constitución abunda de ideas liberales, justas y magnánimas.

5 “¿Se dirá que porque los descendientes de África traen su origen de esclavos son excluidos del honor de ciudadanos? Pero ya satisfizo completamente a esta objeción el digno Diputado de Tlascala, y yo no tengo más que añadir sino que habiendo decretado Vuestra Majestad que los siervos que en España adquieran su libertad son y deben ser españoles, es claro que aquellos traen ya su origen de españoles. A más de que no hay razón por que se extiendan hasta los nietos más remotos los tristes efectos de la servidumbre, cuando creo que convendría a la libertad de Vuestra Majestad hacer desaparecer para siempre del territorio español esta infeliz condición del hombre, que tanto degrada a la especie humana.

6 Por último, Señor, ¿será la causa de esta diferencia la inmoralidad que algunos imputan a los que descienden de africanos? Pero a más de que hay entre estos muchos y muchísimos que son honrados y virtuosos, no sería de admirar que se advirtiese en esta clase alguna relajación de costumbres. Nadie ignora que el honor, el premio y la recompensa del mérito son el primer móvil del corazón humano, son el estímulo más poderoso que mueve al hombre a reprimir sus pasiones y a emprender una carrera laboriosa y útil a la Patria; pero de este estímulo, de este aliciente han estado privados aquellos hombres que hasta ahora se han mirado con desprecio. En una palabra, yo no encuentro razón para privar del derecho de ciudadanos a aquellos que traen su origen del África, que hablando con más claridad, son los que en América se conocen con el nombre de castas, y por el contrario, creo que hay razones de conveniencia y de justicia muy poderosas para inclinar el ánimo de Vuestra Majestad a favor de aquellos individuos.

7 “Señor, todos los afanes de Vuestra Majestad se dirigen a hacer la felicidad de la Nación española, y a promover por cuantos medios sea posible su prosperidad: para esto es indispensable que Vuestra Majestad procure mejorar las costumbres de sus súbditos, e inspirar en sus corazones el amor y aplicación al trabajo. Mas estos dos importantes objetos jamás se lograrán mientras que no se premie la acción virtuosa, sin atender el origen del individuo que la hizo. Por tanto, creo muy conveniente que el derecho de ciudadano se hiciese extensivo a las castas, las cuales seguramente harán los mayores esfuerzos para cumplir con sus deberes, para ilustrarse y para servir a la Patria. Lo contrario será perjudicialísimo, primero, a las costumbres; porque ¿qué estímulo podrán tener aquellos para mantener una conducta arreglada, si el hombre de bien ha de ser confundido con el malo, si jamás ha de aspirar a la distinción y a la recompensa de sus virtudes, si su mérito ha de quedar siempre en la oscuridad? Así es que no es de extrañarse, como dije antes, que hombres constituidos en estos términos fuesen los más perversos del mundo; pero por fortuna no sucede así con nuestras castas, que por lo general son gentes honradas y virtuosas, efecto que en mi concepto sólo debe atribuirse a la religión que profesan. Segundo, impediría la ilustración de aquellos habitantes; porque ¿a qué fin emprender la penosa carrera literaria, si no han de poder optar los empleos, pero ni aún los grados literarios, porque regularmente son excluidos de ellos por las constituciones de las universidades? Yo conozco varios jóvenes, que dedicados a las letras ofrecían muchas ventajas; pero que habiéndoseles cerrado la puerta de los honores, tuvieron que abandonar su empresa, y se quedaron como plantas mutiladas, sin dar fruto. Estos son, Señor, los inconvenientes negativos que resultarían de la práctica de este artículo sancionado por Vuestra Majestad. Pero aún se seguirían otros inconvenientes positivos de mucha consideración, que Vuestra Majestad debe prever para evitarlos.

8 “Cuando me figuro formándose el censo en América con exclusión de las castas, o de los que traen su origen de África, ¡qué dificultades se cruzan en mi imaginación! Desde ahora preveo que habrá pruebas, delaciones, pleitos y disensiones muy odiosas, y que pueden tener resultados muy fatales. Señor, es menester tener presente que los habitantes de Ultramar son españoles, indios y originarios de África; y los que provienen de la mezcla de unos con otros, que son las castas, que se dividen en mulatos y mestizos. De aquí resulta que cuando el origen es remoto, sólo la opinión podrá clasificar los que traigan su origen de africanos; y como esta varía según los intereses y pasiones, este será el origen de muchas discordias, por lo que desearía que se extinguiesen para siempre estas denominaciones, y que así como son todos españoles por haber nacido y estar avecindados en el territorio español, fuesen también ciudadanos. Acaso se pensará que será fácil formar estas clases por medio de libros parroquiales, donde se expresa la clase a que pertenecen; pero este documento sólo prueba la cristiandad y la edad, pero de ninguna manera la calidad, pues la expresión de esta no fue más que la opinión del padrino, del sacristán o cura que extendió las partidas.

9 “Señor, el asunto es de mucha importancia y trascendencia; no se trata del bien de uno u otro, sino de millares de súbditos de Vuestra Majestad que pueblan las Américas, de españoles fieles a Vuestra Majestad, de individuos y partes integrantes de la Nación española, de esta Nación libre e independiente, de esta Nación grande y generosa, en quien reside la soberanía. ¿Y cómo podrá negárseles el derecho de ciudadanos a unos miembros de una nación soberana? “A más de esto, las castas son las que en América casi exclusivamente ejercen la agricultura, las artes, trabajan las minas, y se ocupan en el servicio de las armas de Vuestra Majestad. ¿Y se les ha de negar la existencia política a unos españoles tan beneméritos, tan útiles al Estado? ¿En qué principios de equidad y justicia se podrá apoyar semejante determinación? Son contribuyentes a Vuestra Majestad y ayudan a sostener las cargas del Estado; ¿pues por qué no se les ha de honrar y contar entre los ciudadanos?

10 “Está bien que se les consuele abriéndoles la puerta por servicios eminentes; ¿pero es dable que los que hasta ahora no han tenido existencia política puedan haber contraído méritos relevantes? ¿Y será fácil que tantos millares de habitantes ocurran a molestar la atención de Vuestra Majestad por sólo la investidura de ciudadanos? Yo creo, Señor, que serían pocos los tres meses que cada año han de durar las Cortes futuras para atender a las solicitudes de millares de individuos de las castas que implorarían su benignidad. En fin, Señor, he hecho presente a Vuestra Majestad las razones de justicia que tienen los individuos originarios de África para merecer la atención de Vuestra Majestad y los inconvenientes que se seguirán de lo contrario. Por otra parte, yo no hallo razón ni fundamento sólido para que se excluyan; porque condescender con las preocupaciones, que no niego hay en algunos españoles de Ultramar contra las castas, no me parece bien. Lo justo será siempre bien recibido en todas partes; y aunque los grande y poderosos quieren que duren las preocupaciones, la conducta de Vuestra Majestad y sus sabias resoluciones, formarán en este asunto, como en otros muchos, la opinión pública. A más de que no se trata de elevar a las castas a la clase de nobles, ni colocarlas en los primeros empleos; sólo se trata de remover el obstáculo, de darles existencia política, para que mejorándose esta porción utilísima de nuestra población, sea más útil a Vuestra Majestad y a la Patria. Por lo que concluyo pidiendo que Vuestra Majestad decrete que los hijos de padres ingenuos, aunque originarios de África, como sean honrados y tengan algún oficio o modo de pasar la vida honestamente, sean reputados por ciudadanos españoles.

11 “Yo me lisonjeo que modificado este artículo, esta Constitución sabia, que Vuestra Majestad está dando, será recibida de los países de Ultramar con el mayor regocijo, y como una prueba de la magnanimidad con que Vuestra Majestad ha igualado en un todo los derechos de los habitantes de América con los de la Península, y los deseos de enlazar a unos y otros con los vínculos más estrechos de una misma nación y una misma familia. (Sesión del 4 de septiembre de 1811. p. 1767-1769).”

12Florencio Castillo