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AFEHC : articulos : ¿Categoría étnica? ‘Los coletos’ y la designación de procesos de identidad social. San Cristóbal de Las Casas, Chiapas (México) : ¿Categoría étnica? ‘Los coletos’ y la designación de procesos de identidad social. San Cristóbal de Las Casas, Chiapas (México)

Ficha n° 2729

Creada: 12 septiembre 2011
Editada: 12 septiembre 2011
Modificada: 24 septiembre 2015

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Autor de la ficha:

Luz Del Rocio BERMUDEZ

Editor de la ficha:

Ronald SOTO-QUIROS

Publicado en:

ISSN 1954-3891

¿Categoría étnica? ‘Los coletos’ y la designación de procesos de identidad social. San Cristóbal de Las Casas, Chiapas (México)

La expresión ‘los coletos’ adquirió inusitada difusión en 1994 al personificar las injusticias de Chiapas y particularmente de su antigua capital, San Cristóbal de Las Casas. Este uso, por demás impreciso, ha simplificado la percepción de un estado que perteneció durante la época colonial a la Capitanía General de Guatemala y sólo en 1824 se unió a México. Si el proceso de Chiapas quedó restringido y sometido a los imperativos socio-culturales de la nación mexicana, aún comparte con países centroamericanos los desafíos de una sociedad polarizada en categorías relativas a ‘indios’ y ‘no-indios’. En estas líneas se cuestiona el significado unívoco y generalizador de coleto como “conquistador”, buscando otras condiciones que lo prefiguraron como referencia polivalente de identidad colectiva. En tanto construcción -¿étnica?- concebida a posteriori, se esbozará aquí un complejo proceso con antecedentes inmediatos en el entre-siglo XVIII-XIX, si bien quedó registrado documentalmente en la segunda mitad del siglo XIX. A la luz de aquellas circunstancias, la tensión y ambivalencias de coleto explican su reciente conversión, de ignorado gentilicio local, en incómodo sinónimo del mestizo mexicano y el ladino centroamericano.
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Palabras claves :
Chiapas, Exclusión, Identidades intermedias, Patrón social, Comercio.
Autor(es):
Luz del Rocío Bermúdez H
Fecha:
Septiembre de 2011
Texto íntegral:

1
h4. Introducción

2Un rasgo incontestable de la humanidad es la tendencia a diferenciar lo familiar de lo desconocido. Si la designación de lo que creemos nos identifica resulta aparentemente clara y positiva, no sucede lo mismo con lo que consideramos rotundamente contrario y menos aún con lo que oscila en distintos grados entre “lo nuestro” y “lo ajeno”.
Coleto es un localismo que hace pocas décadas designaba a los habitantes de San Cristóbal de Las Casas, ciudad de Los Altos de Chiapas que fue capital desde su fundación en 1528 y grosso modo hasta 1892. Se decía –y se ha repetido- que proviene de la coleta del conquistador. En 1994 el término trascendió al resto de México y otros países a raíz del movimiento encabezado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). En efecto, el conflicto armado sacó a la luz las profundas desigualdades sociales del estado, algunas con antecedentes que pueden identificarse por lo menos desde la conquista española. Coleto acentuó su asociación con el antiguo explotador blanco y su relevo, el acaparador mestizo llamado en la región ladino. Por tal motivo el sobrenombre se convirtió en objeto de rechazo y, aparte de quienes así se llamaban en las décadas previas, coleto se radicalizó como una etiqueta utilizada extraneus por quienes se consideran ajenos a tal categoría, básicamente por no haber nacido en el lugar. Como se verá en las líneas que siguen, la connotación negativa de coleto no es nueva aunque no siempre ha sido referente de ‘español’. Siguiendo su errática aparición –como buena vox populi que es- se percibe un fenómeno más antiguo y complejo de discriminación. Si actualmente parece definir al conquistador o al poderoso, en otros momentos señaló también al conquistado, al pobre y, por tanto, al ‘indio’; o al que deseó librarse de esta última categoría por el enorme costo tributario que representaba. Por ello ha fluctuado en distintos puntos de dos extremos; es decir de aquél rotundo contrario mencionado al principio.

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Mapa de Chiapas como parte de la Capitanía General de Guatemala 1528-1821
Mapa de Chiapas como parte de la Capitanía General de Guatemala 1528-1821

4Antes de entrar en detalle y a pesar de lo que hoy parece, debe aclararse que coleto no corresponde históricamente a una categoría étnica, pues no ha definido a un solo grupo social a partir de valores, hábitos o un sentido común de pertenencia. La palabra no proviene de un toponímico como serían los gentilicios sacateco o joveleño (relativos a los nombres prehispánicos del valle: Hueyzacatlán y Jovel). No se trata de una distinción lingüística como lo es decir caxlán (el que habla ‘castilla’o castellano), o como lo fue la palabra ladino en la España medieval. Strictu sensu, coleto tampoco alude a una cuestión racial aunque se crea derivada del español y, más específicamente, del peinado que se le atribuye. La expresión es una construcción conceptual eminentemente cultural y, por ello, es susceptible en su utilización. Tanto así que la connotación conservadora que ahora posee ha dividido a los habitantes de la ciudad entre coletos y sancristobalenses (derivado éste del santo patrón). Otros prefieren llamarse joveleños por el nombre tzotzil del valle, Jovel1.

5El fenómeno reciente que se advierte en coleto coincide con la ola de mexicanización que vive la ciudad últimamente, transformada en “auténtico” Mexican Stylish Town con fines turísticos2. Esta situación es sintomática de dos aspectos: por un lado de su adaptación urbana de acuerdo a los imperativos socio-económicos que actualmente impulsa la nación mexicana y, por otro lado, de la reducción de un profundo problema social en asunto binario local sin aparente repercusión nacional (coletos vs indígenas). Estos aspectos ocultan igualmente el pasado colonial de Chiapas como antigua provincia de la Capitanía General de Guatemala. Aquella relación de casi tres siglos es un antecedente común en las sociedades centroamericanas polarizadas en categorías totalizantes relativas a ‘indios’ y ‘no-indios’. Ello explica porqué el estado del sureste mexicano presenta hoy la yuxtaposición entre el mestizo mexicano y el ladino centroamericano. Coleto, entonces, se inserta y reduce anómalamente dos procesos más complejos, como son el mestizaje y la ladinización. Sin embargo, al no poseer un sentido nacionalista propiamente, se confina cómodamente a un contexto estatal, sin mayores implicaciones sociopolíticas para el resto del país.

6La metamorfosis de coleto ha pasado inadvertida como objeto de estudio. Su uso actualmente designa a grupos reaccionarios de la ciudad o el estado, a expresiones de “tradición” o folclor, y al ‘común’ de los habitantes de San Cristóbal de Las Casas (quienes por lo regular lo asumen desde la “feliz barrera de la ignorancia” que señalaba Pitt-Rivers en 19673, incluyendo a quienes reiteran su filiación colonial). Su confusión como categoría social también deriva porque designa la pertenencia al lugar por nacimiento o residencia; una proveniencia étnica o socioeconómica, o una actitud histórico-cultural generalmente negativa. Procurando distinguir este cruce de enfoques, el presente ensayo deriva de una investigación en curso que analiza el fenómeno actual a la luz de fuentes históricas del período colonial. Por su significación reciente nuestra exposición será necesariamente retrospectiva, aunque nos centraremos en el final del siglo XVIII y mediados del siglo XIX por corresponder a una época crucial en la definición de las identidades regionales.

Fin del siglo XX: crisis y aparición como categoría étnica

7Hemos dicho que “coleto”, si puede considerarse categoría étnica, lo es desde un incómodo intermedio que se inclina hacia “lo otro” por indeseable. Sería una categoría imprecisa de alteridad. Hemos dicho también que su connotación actual corresponde a la visión dual que caracteriza a San Cristóbal de Las Casas como espacio diferenciado y dicotómico entre lo español y lo indígena4. Toca ahora hablar de coleto como una noción construida a posteriori.

8El conflicto de 1994 fue ocasión para que la marginalidad del sureste mexicano se conociera lejos. Numerosas publicaciones no se hicieron esperar, algunas con dudoso contenido y poca objetividad. A medida que las demandas de justicia social se elevaban en Chiapas a la opinión pública nacional e internacional, se evidenciaron también las anomalías del gobierno estatal y las incongruencias del sistema político mexicano. Las protestas de quienes se autonombraron auténticos sancristobalenses5 – llamados enseguida “coletos” o “auténticos” – permitieron que tales contradicciones se concentraran en la localidad y se redujera la dimensión federal del conflicto a un problema a lo sumo regional. El uso de coleto reiteró una connotación colonialista y las trampas de algunas observaciones antropológicas sobre el aislamiento cultural de los indígenas de Chiapas alcanzaron a los coletos, presentándolos inmutables en un contexto por demás anacrónico. El antagonismo “indio-español” se radicalizó y al mismo tiempo se simplificó, quedando coleto como el “heredero de los blancos conquistadores6”. Entre los coletos se incluyó a ganaderos, cafetaleros y ex gobernadores del estado, ajenos a la ciudad aunque de clara posición contraria a las consignas y acciones zapatistas7. San Cristóbal de Las Casas canalizó la atención mediática de lo que sucedía en otros lugares de Chiapas, principalmente los municipios de Ocosingo, Altamirano o Las Margaritas8.

9Hasta entonces la palabra había sido escasa en tratados sociales. Como una curiosité que denotaba la pertenencia a la ciudad, Moscoso ‘naturalizó’ así a Franz Blom y a Gertudis Duby en 19809. Ruz comparó el término en 1982 con “los conejos” de Tuxtla o “los cositías” de Comitán10. En 1984 Artigas agradeció a los coletos permitirle trabajar “como uno más de ellos11”, definiendo al término en 1991 como “el sobrenombre afectivo de los oriundos de la ciudad12”. En estos casos se daba por supuesta la comprensión del lector ante la expresión; como si se tratara de un paréntesis de complicidad. Aguirre Beltrán reveló en 1967 que a los coletos se les llama así porque “durante el pasado siglo los ladinos de ciudad Las Casas hicieron ostensible su alcurnia, reteniendo la coleta aún después de que ésta había pasado de moda13”. Aunque Ruz dijo después que venía “del chaleco del antiguo traje de los españoles14”, el prestigio académico de Aguirre Beltrán había bastado para validar el inadvertido ingreso de coleto al mundo intelectual. En lo sucesivo la palabra solo fue aclarada en obras posteriores en otros idiomas, como Joanna O’Connel que con la valiosa asesoría de Jan Rus precisó en 1995 que coleto “es el [nombre del] residente del pueblo de Ciudad Real [y] deriva de la coleta – little pig tail – usada por los españoles, similar a la que usan hoy en día los toreros15”. Explicación similar dio Thomas Benjamin en el año 2000, aunque situándola en el siglo XVIII16.

10Coleto se fijó como rasgo indumentario de conquistador aunque los autores discreparon en el tiempo de origen de la palabra: “el pasado siglo [XIX]” para Aguirre Beltrán; “durante la colonia” para O’Connel, o “el siglo XVIII” para Benjamín. Aubry ya había sugerido también las primeras décadas del siglo XVII, cuando Thomas Gage pasó por Chiapas17. En todo caso la endeble referencia encajó con la fama rebelde y despótica que ha caracterizado a las autoridades concentradas en la también llamada Chiapa de los Españoles. García de León fue de los primeros en ironizar en 1985 sobre los “notables coletos” del ayuntamiento de Ciudad Real, poniendo de ejemplo a aquéllos que en 1804 rechazaron esclavos africanos por admitir sin el menor remordimiento tener “otros brazos de qué servirse18”. Algunos estudios sociales del nuevo siglo incluyeron a coleto como sinónimo de grupos conservadores de la ciudad asociados al gobierno municipal, el clero o la élite19. En lo personal consideramos que ello opaca una sociedad cambiante y diversa formada a la par20. Como si la historia de la vieja capital de Chiapas se redujera a sus grupos de poder y quedara exenta de contrastes y tensiones propias; sin profundizar en su movilidad y transformación internas.

11Mientras los años inmediatos al conflicto dieron a coleto cierto pase como categoría social en Chiapas21, la palabra no es mencionada por Pedro Pitarch en su artículo sobre los mecanismos de exclusión entre indígenas y ladinos de la zona de Los Altos (en particular las estereotipadas designaciones verbales). La omisión intriga pues en ese año de 1995 llegaba a un punto álgido la confrontación entre los ‘auténticos coletos’ y los zapatistas22. ¿Será que los informantes de Pitarch no la mencionaron, o que unos y otros lo hicieron por igual? Más allá de la ausencia, esta reflexión reanudó algunas observaciones hechas entre 1960 y 1980 sobre las tensas relaciones y prácticas de diferenciación de la zona23. En aquellos trabajos como en otros se ha utilizado la expresión “los ladinos”, aquélla que efectivamente sigue predominando como categoría étnica opuesta a “los indígenas24”. Sin sobrepasar su carácter coloquial, coleto es una designación fenomenológica por demás folclórica.

Mediados del siglo XX: ¿reivindicación o adaptación resignada?

12Veamos ahora la evolución de coleto antes del fenómeno reciente; es decir como un término que provino del exterior y logró ser aceptado internamente a partir de una resemantización ideológica, ocurrida hacia mediados de siglo.

13En la primera mitad del siglo pasado se conocía un tipo de calzado “coleto25”, así como pan y otros productos típicos vendidos en ferias regionales (ej. dulces, juguetes o frutas en aguardiente). La palabra nombraba también a quienes llegaban con ellos a los pueblos, por lo regular ladinos de los márgenes de la ciudad o indígenas de las comunidades aledañas. Sin embargo, en 1960, Rosario Castellanos llamó “coletos” a los de San Cristóbal para poner en evidencia la aristocracia pueblerina y opresora de la que llamó “la metrópoli ladina26”; en donde se acuña y porta la cultura del patrón, es decir “una raza, una lengua, una historia que los coletos poseían y que los indios no eran capaces de improvisar ni de adquirir27”. Aunque Castellanos estimaba sus historias sin tiempo ni secuencia lógica, cabe decir que al elegir para sus cuentos el título de Ciudad Real (el nombre colonial de la ciudad), así como al adaptar en su novela Oficio de Tinieblas el conflicto con Chamula (1869) a la época del Cardenismo (1934-1940), la autora redimensionó el antiguo rol y las características coloniales de la ciudad. Se obtuvo una continuidad metahistórica en donde la decadencia y la prepotencia quedaron irresolublemente unidas:

14“Porque ya el esplendor de Ciudad Real pertenecía a la memoria. La ruina le comió primero las entrañas. Gente sin audacia y sin iniciativa, pagada de sus blasones, sumida en la contemplación de su pasado, soltó el bastón del poder político, abandonó las riendas de las empresas mercantiles, cerró el libro de las disciplinas intelectuales. Cercada por un estrecho anillo de comunidades indígenas, sordamente enemigas, Ciudad Real mantuvo siempre con ellas una relación presidida por la injusticia. [ …] Ciudad Real no era ya más que un presuntuoso y vacío cascarón, un espantajo eficaz tan sólo para el alma de los indios, tercamente apegada al terror28”.

15Bajo la corriente indigenista y según sus palabras, Rosario Castellanos acentuó “por exigencias estéticas” la dicotomía social existente en los Altos de Chiapas29. En sus novelas las antípodas se definieron entre “los blancos” de San Cristóbal y “los indios” de las comunidades aledañas. Esta visión mágico-realista fue compartida por las ciencias sociales de la época30.

16Irónicamente, la redefinición de Castellanos propició la plena aceptación de coleto entre los escasos habitantes de la ciudad. Su identificación (aún como característica decadente de abolengo), concilió el estancamiento del lugar con la nostalgia de un pasado legendario, confirmando el “nexo ideológico” de la conquista como paliativo a la pobreza31. Otros dos factores apoyaron la reivindicación del insulto. Primero los gobiernos estatales de dos “hijos” de San Cristóbal -Manuel Castillo Tielemans (1964-1970) y Manuel Velasco Suárez (1970-1976)-, quienes declararon su orgullo por ser coletos32. Siguió el arribo de expulsados de las comunidades cercanas desde 1976 (en principio familias convertidas a la religión evangélica33). Una literal explosión demográfica separó a los antiguos pobladores del valle (los coletos) y a recién llegados (indígenas, mestizos del resto de México y extranjeros). Sorprende la correspondencia entre el auge del sobrenombre y el crecimiento poblacional. La ciudad, que en la primera mitad del siglo XX aumentó de 15,357 a 17,473 habitantes, varió entre la segunda mitad y el año de 2010 de 23,343 a 158,027 personas. Aún si la última cifra fuera conservadora34, la gráfica adjunta indica que la ciudad es hoy una de las más saturadas de México, pasando su densidad en cincuenta años de 56 a 274 habitantes por kilómetro cuadrado.

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Tabla de crecimiento demográfico en San Cristóbal de Las Casas, 1900-2010
Tabla de crecimiento demográfico en San Cristóbal de Las Casas, 1900-2010

18Entre la rapidez de los acontecimientos del último cambio de siglo, coleto quedó como símbolo de antiguos conquistadores y borró su vínculo con humildes comerciantes itinerantes. Aún así en el estado se siguen identificando “los puestos coletos” en las ferias, mientras los de San Cristóbal continúan su rivalidad con los de Tuxtla, acentuada desde que ésta última quedó como capital definitiva del estado en 1892.
h4. Entre-siglo XIX-XX: el “apodo” desde Tabasco o Guatemala

19Hoy se cree que coleto data de la época de los conquistadores y, sin embargo, documentalmente aparece en Tabasco durante la segunda mitad del siglo XIX.

20En 1856, Chiapas y Tabasco entablaron un conflicto por límites jurisdiccionales conocido en aquel departamento como “la guerra de los coletudos”. Dos años después el gobernador chiapaneco Ángel Albino Corzo regresó contra Simón Sarlat, gobernador antiliberal designado por Félix Zuloaga. El episodio de 1858 se llamó “la segunda guerra de los coletos” y atenúo con ello el sentido peyorativo que la palabra tuvo entre los tabasqueños hasta mediados del siglo XX35. En aquella ocasión Corzo reprochaba a Sarlat la persecución que sufrían los “inocentes comerciantes de las Chiapas36”. Éste, por su parte, acusaba a las tropas de Corzo (en sus palabras 500 chamulas o “muchachos traviesos”) como “chusmas vandálicas que no iban más que en pos del pillaje y la matanza37”. Estos comentarios muestran que la palabra sí tenía relación con la actividad comercial pero no señalaba alguna alcurnia colonial, sino el profundo menosprecio al indígena de acuerdo al afán de “civilización” que dominaba la época.

21Entre coleto como rústico soldado o comerciante, al terminar el siglo XIX los habitantes de San Cristóbal se reconocían en cambio como “sacatecos” a partir del nombre náhuatl del valle: Sacatán (sic). Así lo indica una nota de 1889, en donde aunque coleto se conocía era visto con extrañeza:

22“[su origen] según dicen [es] que siendo esta [ciudad] la capital, en ella existían los españoles principales que, vistiendo a la rigurosa moda de aquel tiempo, conservaban la coleta en el peinado a la usanza de su país. Parece inverosímil, pero si recordamos el capricho de los nombres que se creen más naturales nos convenceremos de que siendo este detalle el que más llamó la atención a los habitantes de los pueblos, es posible que sea este el origen de tal nombre38”.

23Aquellos jóvenes no aceptaban a coleto pero admitían que así se les llamaba en el resto del estado y en Tabasco, ofreciendo incluso el significado que hoy predomina. Este hecho revela sutilmente un primer paso en el proceso de aceptación que tendría esta negativa categoría social: No se mencionó a modestos comerciantes o soldados rasos (peones), sino se resaltó la imagen de “españoles principales” que sería convenida por la comunidad ocho décadas después. En la nota de 1889 ya se prefería el peinado de coleta por ser signo de distinción o “llamar la atención de los habitantes de los pueblos”. Del mismo modo se declaró que la definición podía tener origen en “el nombre con que se distinguía a los centroamericanos y especialmente a los de Guatemala”: chapín. En esta comparación tampoco se hizo alusión al encono y la recriminación que ambos vocablos compartían como sinónimo despectivo de ‘español’. Evitando cualquier alusión política, los autores se conformaron con explicar a chapín como “el detalle más notorio” de los capitalinos de Guatemala; es decir un tipo de calzado usado por “los principales de allende39”.

24Como en el último cambio de siglo, a finales del XIX coleto era también un sobrenombre molesto aunque de una ambigüedad más marcada. En todo caso, a diferencia del presente, contrastaba su rechazo con la categoría de “ladinos” o “blancos” que se adjudicaban voluntariamente quienes se sentían parte del progreso. La palabra por un lado echaba en cara la prominencia indígena de los chiapanecos en general (recordando que en principio no aplicaba exclusivamente a la ciudad de San Cristóbal). Por otro lado, a estos últimos los comparaba con los guatemaltecos a quienes tanto habían acusado de olvido y marginación durante la Independencia de España y la anexión a México (1821-1824). La comparación de chapín y coleto de finales del XIX difería del reproche que Ciudad Real lanzó décadas atrás a los chapines por la pobreza y el estancamiento de la provincia40. La nota estudiantil aparece así menos casual e inocente, pues corresponde a los años previos de la confrontación entre Tuxtla y San Cristóbal por la capitalidad del estado. Para entonces los chiapanecos “coletudos” de mediados de ese siglo se habían convertido en los “coletos-chapines” de San Cristóbal; acusados por sus detractores políticos por aferrarse a los privilegios coloniales y frenar la modernidad que prometía el régimen porfirista. El carácter anacrónico y volátil de coleto vacilaba así entre explotados y explotadores.

25En tanto en el resto de México y otros países la población indígena de Chiapas se exponía como “atractivo” económico. En 1897, cuando San Cristóbal ya no era capital del estado sino cabecera del departamento de Las Casas, William Byam apuntó que dicho departamento era el más céntrico y el de mayor población indígena en el estado, pero también el peor comunicado y con los niveles más bajos en educación y riqueza41. Igual que en la época colonial, Byam resaltaba la abundante y barata mano de obra indígena (de nueve a doce centavos y medio por día42), así como la utilidad de éstos como porters o cargadores para el paso de personas y productos por los ásperos mountain (o mula) trails de la entidad (salvo una reciente highway entre Tuxtla y Tehuantepec). Byam destacaba la capacidad de los indios por traer a sus espaldas entre ochenta y ciento diez libras43, principalmente desde El Salto como “el puerto de entrada” de mercancías llegadas del Golfo de México hacia San Cristóbal y el resto del estado44. Al mismo tiempo identificaba a los chamulas por abastecer el mercado de San Cristóbal y más aún por ser quienes transportaban los artículos a todo el estado45.

26Más allá de la región y sin siquiera conocer el término, el coleto no resaltaba como símbolo decadente del poder, sino como explotable recurso humano concentrado en las frías montañas de Los Altos de Chiapas.

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Fotografías de William Byam,1897, Descendiente de un antiguo rey
Fotografías de William Byam,1897, Descendiente de un antiguo rey

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Fotografías de William Byam, 1897, Camino al mercado
Fotografías de William Byam, 1897, Camino al mercado

Entre-siglo XVIII-XIX: coleto el cargador o el comerciante “desleal”

29 De la segunda mitad del siglo XIX a la primera mitad del siguiente coleto fue un término que osciló del humilde cargador o comerciante, a la autoridad despótica. Vamos a analizar por separado estos aspectos a través la configuración económica y política del entre-siglo XVIII-XIX, cuando la provincia aún pertenecía a Guatemala.

30En 1769 la alcaldía mayor de Chiapa se dividió en dos, con sedes respectivas en Ciudad Real y Tuxtla. Siete años después se creó la Intendencia de Ciudad Real que las volvió a unir y anexó la gobernación de Soconusco, delimitando prácticamente al actual estado. La creación de la Intendencia en 1786 fue un recurso administrativo que, aparte de reencausar la centralización del reino, se proponía acabar con el predominio que tenían los alcaldes mayores sobre las redes comerciales a través de su cargo político. En la provincia de Chiapa el modus operandi de estos funcionarios consistía en el llamado repartimiento de mercancías; es decir, la distribución de préstamos monetarios y/o la “venta” forzosa de productos superfluos a los indios, a cambio de su producción artesanal o agrícola.

31Los abusos de este sistema en los indígenas fueron denunciados por los vecinos o los miembros del cabildo de Ciudad, los curas o el obispo de la diócesis. No se trataba sin embargo de una protesta humanista, sino del interés por apropiarse de las cuantiosas ganancias en juego. Los excesos agravados por sequías y devastadoras plagas de langosta obligaron a las autoridades reales a disminuir cargas y tributos a los indios en 177146, sin que esto lograra mejorar la situación. En 1784 la Audiencia de Guatemala prohibió una vez más el comercio a los alcaldes mayores47, cambiando dos años después al sistema administrativo de gobernadores intendentes. Para fomentar el trabajo artesanal y el cultivo de materias primas (algodón, lino o grana), el intendente debía permitir que los indígenas comerciaran libremente su producción48. Entre otros también quedaba encargado de mejorar los caminos de la Intendencia, al tiempo que en 1790 se abría un puerto en Tabasco49. Con estas condiciones el comercio de Chiapas se dinamizó y multiplicó pues se volvió paso de productos entre el Golfo de México y Guatemala o Oaxaca. Palenque o El Salto fueron “puertos menores” en la provincia50, mientras Tuxtla y San Cristóbal captaban tanto los productos a distribuir internamente como aquellos de exportación.

32Aquellas décadas presentaron una proliferación de la actividad comercial caracterizada –y estigmatizada- por minar el monopolio que ostentaba una minoría. El sistema de repartimiento no desapareció[51], sino fue controlado por el intendente y sus subdelegados instalados en zonas clave de la provincia. El comercio causó alarma por proliferar en todos los niveles. En 1778 el obispo Polanco se quejaba que las personas brillantes se convertían en comerciantes o contrabandistas52 y cuatro décadas después (1819) la Sociedad Económica de los Amigos del País de Chiapas indicó que la “riqueza pública” había beneficiado en especial a españoles y ladinos a causa del comercio “legítimo y clandestino”, hallándose los indios “más pobres que nunca53”.

33He aquí un importante antecedente en la referencia comercial de coleto en Chiapa, reflejando el impacto de la descentralización del comercio que impulsaron las reformas borbónicas. Indica también el origen del término a partir de las relaciones que se intensificaron con la apertura del estratégico puerto de Villahermosa, en donde el comercio interno y externo se multiplicó en un 500%[54]. No se trataba tanto de ínfimos artículos vendidos en mercados pueblerinos, sino de un jugoso comercio de grana, cacao, algodón, pieles, tabaco, azúcar o ganado que de Chiapas se enviaba al exterior. A cambio de esas cotizadas materias primas, en efecto, se introdujeron artículos menores diversos para comprometer la productividad indígena. El ingreso de géneros ingleses desde Tabasco fue acusado en 1800 por afectar la producción local55. En 1819 el gobernador intendente Carlos Castañón reportaba que la apertura de aquel puerto “aficionó de tal suerte a estos habitantes al tráfico e introducción de efectos clandestinos que ha minorado la agricultura, lo mismo las Artes, y los oficios56…” La condena del comercio como “corruptor” de la actividad artesanal se repitió en el informe de la Sociedad Económica de ese mismo año. Ésta dijo que “la introducción de mercancías fraudulentamente introducidas proporcionaron después dedicarse a este tráfico una multitud de hombres [que difundieron] entre muchos las ganancias que en otros tiempos eran utilidad de pocos57”. La queja continuó en 1821 en voz de varios vecinos de Ciudad Real que declararon estar “perdido el comercio” de la provincia, pues desde Campeche y Villahermosa se traían “bastantes efectos gustosos a la vista, pero es engaño pues se encuentran podridos, llevándose por ellos nuestra poca plata58”.

34Los comerciantes de Chiapa asociados al monopolio guatemalteco (controlado por el grupo Aycinena) persiguieron a comerciantes incipientes o “regatones59” que ofrecían productos baratos en los pueblos, considerándolos “nocivos” tanto al fisco como a los indígenas. La creación de un Consulado de Comercio en Guatemala en 179360 intensificó el combate a estos pequeños competidores y se apropió del gran comercio ilegal que ingresaba por Tabasco. El ataque al comercio menor fue por considerarlo desleal y, como apunta Carvalho, inició desde el tiempo de los alcaldes mayores para convertirse en “germen” de poderosos comerciantes basados en el contrabando61. De tal manera grandes empresarios habían empezado sus fortunas como transportistas o “arrieros”, de cuyas ganancias compraron propiedades rurales que los convirtieron eventualmente en finqueros, rancheros o hacendados62. ¿Puede decirse que el coleto fue entonces el pequeño “regatón” o “arriero”; es decir aquél que tranzaba pero también intercambiaba ? ¿Fue también quien desafió el monopolio de una celosa minoría y, ya establecido, condenó y persiguió a incipientes contrincantes?

35Cuando el monopolio guatemalteco enfrentó en 1811 la oposición del capitán José de Bustamante como presidente de la Audiencia de Guatemala, los mayoristas de Chiapa intensificaron su comercio con las provincias novohispanas, principalmente hacia Oaxaca. Quienes apoyaron la anexión a México tras la separación de Guatemala reiteraron que Chiapas se inclinaba “a los mexicanos con quienes tienen sus aficiones, sus parentescos y sus relaciones de comercio63”. Convenientemente el ministro mexicano Lucas Alamán también resaltó que la “situación topográfica e inmediación [de Chiapas] a Tabasco, Oaxaca y Yucatán la obliga[n] a identificar sus intereses y relaciones con estas provincias64”. Poco antes de la anexión definitiva a México se declaró que los afectos iban acompañados de “un segundo objeto” para Chiapas: “que [a] los cacaos de Tabasco y Soconusco [hacia Oaxaca] no se les gravasen con derechos que no fuesen los comunes y moderados65”. Como puede observarse, la identificación mexicana de Chiapas se tejió con lazos comerciales tramados por coletos grandes y pequeños. Así lo reiteró Ángel Albino Corzo durante el ataque de 1858, resaltando las “relaciones mutuas de comercio, vecindad y aún parentesco que ligan a los hijos de Tabasco y Chiapas66”.

36En gran medida en aras del comercio, el principal interés en Chiapas durante el siglo XIX fue a la vez controlar y hacer accesible la mano de obra indígena, así como mejorar las comunicaciones y los caminos del estado. Sobre este último aspecto en 1805 se acusaba absurdamente a los indígenas por las malas condiciones de los caminos; relacionando que éstos no se interesaban en conservarlos pues hacían negocio y obtenían “ingresos llevando pasajeros en hombros al cruzar los ríos67”. El 1820 se reabrió momentáneamente el camino Bachajón-Palenque y ante ello fray Matías de Córdova agradecía la llegada al embarcadero en mula “y ya no en lomos de su semejante68”. Sin embargo, como se ha dicho, Byam advertía que a finales de ese siglo la situación no había cambiado pues el indígena seguía transportando pesadas cargas por los temerarios caminos de Chiapas (especialmente entre El Salto y San Cristóbal69). Al mismo tiempo mientras el pago a los indios era prácticamente inexistente, el costo del viaje en bestias de carga había aumentado de un tercio al doble de 1769 y 1819; justo los años de la división de la alcaldía mayor de Chiapa y la formación de la Intendencia70.

La casaca del “comerciante-autoridad” del final de la época colonial

37Coleto encuentra raíces en el comercio, una actividad intensa y reñida pues aunque fue promovida con fines de apertura se deseaba mantener como “utilidad de pocos”. Veamos por último un momento clave en la futura aparición del término como símbolo español.

38Una paradoja de los cambios político-administrativos del entre-siglo XVIII-XIX es que lejos de eliminar el sistema de repartimientos consolidaron su oneroso mecanismo como base estructural de la economía de la provincia; sobre la cual se sostuvieron durante el largo período colonial (y después) las distintas instituciones políticas y religiosas. La división de la alcaldía mayor y la futura intendencia de Chiapa no combatieron y antes duplicaron el repartimiento forzado a los indígenas, quienes debían permanecer en una condición servil y disponible; gratuita, en términos productivos, y ágil para la circulación comercial. A la vez el rimbombante discurso ilustrado siguió exaltando diferencias irreconciliables entre “indios” y “blancos”; considerando “un fenómeno político que habiendo tantas castas en América no se haya confundido esta nación en el dilatado espacio de trescientos años71”. En efecto, en contraste con la afinidad que declaraban hacia Tabasco y Oaxaca, los promotores del progreso enfatizaron que en los indígenas “sus costumbres, su idioma, su vestido, alimentos y hasta sus preocupaciones son diversas de las que se han distinguido hasta ahora con el nombre de españoles72”. Y para que esa situación continuara contaban unánimemente con mantener a los indios sometidos al tributo “que los clasifica esencialmente”, así como con que éstos seguirían “conduciendo indiferentemente los bagages de nuestras tropas o las de nuestros enemigos73”. El ejercicio de gobierno (como la actividad económica) también se apoyaba en el coleto-cargador/transportador.

39Este interés fue compartido por los grupos de poder y los intermediarios del fin de la época colonial que se beneficiaron en escala. La complejidad social de la época pasaba inadvertida pues el eje rector continuó siendo el antiguo sistema de los alcaldes mayores. En los pueblos los caciques indígenas sacaban provecho de las exigencias a su gente, mientras antiguos fiscales o ayudantes de alcaldes mayores formaban empresas mercantiles74. Wasserstrom ha señalado que en ese período los zinacantecos aceptaron ser agentes de los comerciantes de Ciudad Real y usaron “sus wits o mulas [para] viajar tan lejos como Oaxaca y Tabasco en búsqueda de clientes para sus mercaderías75”. Posteriormente, en lugar de los tenientes de alcaldes mayores llegaron subdelegados intendentes que pronto se convertirían (o ya eran) agentes de comercio. Aunque el clero veía a estos últimos como un obstáculo en sus ingresos, es un hecho que también aprovecharon las ganancias obtenidas, como dijo Jan de Vos, “simplemente utilizando [la] autoridad para obligar a los indios a trabajar en balde y comprar cosas superfluas76”. Se observan entonces por lo menos tres tipos de “coletos”: 1) Las autoridades políticas y/o religiosas de la capital y los pueblos, interesadas en controlar y restringir los privilegios. 2) Los indígenas como una ‘nación’ aparte “hasta el punto de su civilización77”, a la que debía mantenerse oprimida produciendo, transportando y sirviendo. 3) Los que lograban escapar de esta última condición filtrándose como intermediarios comerciales y/o funcionarios. Coleto se perfila así como un mecanismo múltiple de ascensión social, especialmente a través de la difusión del comercio y dentro de una red de gobierno más extensa y burocratizada.

40Carvalho ha mencionado que la Intendencia de Chiapa benefició particularmente a “la facción emergente” (nuevos comerciantes y propietarios agrícolas/ganaderos de la zona mercantil78). Sin embargo, también observa que los grupos que apoyaron las políticas reformistas añoraron después el regreso del sistema de los alcaldes mayores. La situación se manifestó al alba de la Independencia, cuando hoy por momentos nos parece que las élites se “cohesionaron79”, o que por el contrario continuaron “cristalizándose” en diferentes grupos, de acuerdo a intereses sociales o matices político-ideológicos80. Ambas situaciones coexistieron.

41Antecedente y ejemplo de esta situación es Francisco Polanco, obispo de Chiapa justo antes del pasaje de las alcaldías mayores a la Intendencia de Chiapa (1775-1785). Polanco criticó abiertamente el “arte y máquina” de los alcaldes mayores, dejando una de las mejores descripciones sobre su sistema de “reparticiones y comercios81”. Sin embargo su contradicción a este respecto salió a flote cuando ayudó en 1778 a restituir el cabildo de Ciudad Real (desaparecido desde 175182). Polanco consideró que el restablecimiento del cabildo podría servirle contra el alcalde mayor Cristóbal de Avilés, con quien tenía evidente rivalidad. Entregó entonces una lista de “hombres de bien” como candidatos a cabildo, aunque sospechosamente entre sus recomendados aparecen ex funcionarios, grandes comerciantes y algunos vecinos a los que acusaba como dirigentes o cómplices del sistema que condenaba83. Como ocurrió anteriormente, el restablecido cabildo quedó ocupado por quienes pudieron cubrir las apuestas84. A ello se sumó el peso que tuvo el monopolio guatemalteco sobre algunos miembros aún después de la separación de Guatemala85, cuando alguno incluso apoyó sorprendentemente la anexión a México86.

42A pesar de lo anti-democrático que resultaba la venta de oficios, Polanco defendía la idea de restablecer al cabildo de Ciudad Real “de acuerdo a las leyes de la monarquía87”. Al mismo tiempo y como sabía bien que la Iglesia no tenía un organismo legal de participación política (aunque de hecho la ejercía a través de su control social y económico), el obispo propuso entonces la creación de una sociedad formada por “patricios o naturales”, por “seglar o clérigo”, para vigilar y asesorar sobre las necesidades de Chiapa88. Su propuesta se adelantó algunas décadas al impulso que las Cortes de Cádiz dieron en 1810 a los cabildos (llamados ayuntamientos constitucionales89 ), así como a la creación de Sociedades Económicas en América; en particular la que se formó en Chiapa en 1819.

43Entre los vaivenes políticos derivados por el cautiverio de Fernando VII y la lucha de Independencia en Nueva España, las autoridades concentradas en Ciudad Real debatían sobre la falta de fondos y arbitrios que necesitaba el ayuntamiento para sufragar salarios, gastos burocráticos y la estancia del diputado Mariano Robles en España90. En medio de la reticencia de los contribuyentes (principalmente la Iglesia), el cabildo de Ciudad Real fue detestado por centralizar buena parte de los ingresos generales como único ayuntamiento de la provincia prácticamente hasta 1821. Sin embargo quienes lo ocuparon en esos años tan cambiantes buscaron la respetabilidad en modos por demás superfluos. Así, a pesar de las protestas del fiscal de Nueva España ante un gasto innecesario91, los del cabildo pidieron entre 1817 y 1819 un uniforme “en reconocimiento a su fidelidad y múltiples servicios a la corona española92”. La petición se concedió el 27 de abril de 1819, autorizando una “casaca y calzón negro, con chupa y vueltas en la casaca blanca93”. Sin duda éste es el inicio de coleto como rasgo español. No refiere entonces un peinado pues en efecto (dando razón a Ruz) es sinónimo de la casaca o chaleco militar “con faldones hasta las corvas94”. Tampoco se inspiró en los antiguos conquistadores, sino en el funcionario-comerciante del umbral del período independiente. Al principio y al final de la época colonial, uno y otro demandó su propia prosperidad basada en la explotación a otros como cosa no solo natural sino inmutable. Es esta convicción y su reproducción las que otorgan el efecto engañoso de inmovilidad que percibimos hasta nuestros días.

44__*

45Condena, orgullo o desconfianza; tres actitudes ante coleto como un término que a fuerza de los acontecimientos del pasado fin de siglo se convirtió en momentánea y polémica “categoría étnica”. Este uso ignoró ambigüedades orales y líricas, reforzando a la ciudad en sus características conservadoras y arcaizantes. La trayectoria y los distintos significados del término revelan en cambio las raíces complejas y contradictorias que derivan de un sistema económico coercitivo, implementado desde la época colonial. Coleto se fragmenta entonces entre dominantes y oprimidos; entre grupos de poder o ascendentes. Posee por lo menos tres vértices que son el español/blanco dominante; el indígena/pobre dominado, o el ladino/mestizo intermediario. Sin embargo en cierto modo ha continuado el discurso mitológico de “blancos” e “indios”; lo cual impide ver de qué manera los individuos interactúan, se asocian o se contraponen más allá de una pertenencia étnica. Si con coleto se atrajeron finalmente las miradas que demandaba Castellanos para Chiapas en 1960, todavía falta analizar con cuidado su aplicación como “categoría social”. Aún falta el contra-mito historiográfico que desglose esta complejidad. Un paso hacia ello pueda ser analizar esta categoría no como “esencia” antropológica, sino como un mecanismo o patrón social susceptible de reflexión e intervención.

46Luz del Rocío Bermúdez H
Centre d’Histoire et Théorie des Art
École des Hautes Etudes en Sciences Sociales [EHESS] (París)

47Notas de pie de página

481 Es posible que la preferencia actual de Jovel sobre la expresión náhuatl del valle (Hueyzacatlán), se deba a que este último infiere una imposición externa; es decir la expansión del gobierno de México-Tenochtitlán que prevalecía en la época prehispánica. A finales del siglo XIX, en cambio, los habitantes de San Cristóbal se reconocían como “sacatecos” (ver comentarios y cita de nota 38).

492 La ciudad fue designada “Pueblo Mágico” en 2003 por la Secretaría Nacional de Turismo y en 2010, mientras la Unesco acusó su deterioro patrimonial cultural y ecológico ( Diario El Imparcial de Chiapas , 10 de agosto de 2010), los empresarios del país la reconocieron como “el Más Mágico de los Pueblos Mágicos”, supuestamente por fomentar “actividades de esparcimiento [mientras] sus pobladores conservan un estilo de vida tradicional” ( El Heraldo de Chiapas , 26 de agosto de 2010, http://www.oem.com.mx/elheraldodechiapas/notas/n1758909.htm , consulta julio 2011).

503 Julian Pitt-Rivers, “Words and Deeds: The ladinos of Chiapas”, en Man, New Series, vol. 2, no. 1 (mar. 1967), págs. 71-86, pág. 79.

514 Andrés Aubry, San Cristóbal de Las Casas, su historia urbana, demográfica y documental, 1529-1990, INAREMAC, apuntes de lectura 16-20 (marzo 1991), San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, pág. 18. El análisis de Aubry entre un centro o recinto eminentemente español y barrios circundantes indígenas rompió el mito dominante de la historiografía local sobre el lugar como “cuna” de conquistadores y nobles hidalgos. A veinte años, consideramos necesario complejizar la dualidad atendiendo la evolución e implicaciones de los grupos urbanos mixtos o intermedios.

525 El 7 de marzo de 1994 apareció un manifiesto firmado por el presidente municipal y nueve personas más en representación de 2,000 personas de “la comunidad sancristobalense” (la ciudad contaba entonces aprox. 10,000 habs.). En el documento (mecanoscrito), “los coletos, los auténticos sancristobalenses tanto de nacimiento como de vecindad”, solicitaban el cese a invasiones; la realización de los acuerdos de paz con el EZLN en otra población, la expulsión de extranjeros “perniciosos” y la destitución del obispo Samuel Ruiz, “sus catequistas, agentes y sacerdotes promotores de la teología de la liberación”. Pedían también que la ciudad no fuera “un ring” donde se negociaran las candidaturas a la Presidencia de la República, el Premio Nobel de la Paz y la Gubernatura de Chiapas. Nuestras cursivas.

536 Jorge Volpi Escalante, La Guerra y las Palabras: Una historia intelectual de 1994, (México: Ediciones Era, 2004), pág. 66.

547 “Pueblo: Conoce a tus enemigos y los responsables de la guerra” (http://www.sipaz.org/htm . (consulta agosto 2007)).

558 Gemma, Van der Haar, “El movimiento zapatista de Chiapas: Dimensiones de su lucha”, en: LabourAgain Publications (s/f), pág. 17 (http://www.iisg.nl/ (consulta noviembre 2009)).

569 Prudencio Moscoso Pastrana, Franz Blom en San Cristóbal de Las Casas (San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, 1980), pág. 23.

5710 Mario Humberto Ruz, Los legítimos hombres: Aproximación Antropológica al grupo Tojolabal, (México: Centro de Estudios Mayas, 1982), pág. 78.

5811 Juan Artigas, “V. San Cristóbal de Las Casas. Esbozo de su arquitectura”, en San Cristóbal y sus alrededores, Tomo II, (Tuxtla Gutiérrez: Secretaría de Educación y Cultura del Estado de Chiapas, 1984), pág. 11.

5912 Juan Artigas, La arquitectura de San Cristóbal de Las Casas, (México, Chiapas, Gob. del Estado de Chiapas: UNAM, 1991), pág. 21. Nuestras cursivas.

6013 Gonzalo Aguirre Beltrán, Regiones de Refugio. El desarrollo de la comunidad y el proceso dominical en mestizoamérica, (México: INI, SEP, 1973), pág. 233.

6114 Ruz, Los legítimos …, pág. 78.

6215 Joanna O’Connel, Prospero’s daughter: the prose of Rosario Castellanos (Glosario), (Austin, The Texas Pan American series: University of Texas Press, 1995), pág. 151.

6316 Thomas Benjamin, “A Time of Reconquest: History, the Maya Revival, and the Zapatista Rebellion in Chiapas”, en The American Historical Review (2000), párrafo 30. http://www.historycooperative.org/ journals/ahr/105.2/ah00417.html journals/ahr/105.2/ah00417.html , consultado en septiembre 2007.

6417 Aubry, San Cristóbal…, pág. 15. Cinco años después Aubry añadió a su definición las “vistosas y folklóricas manifestaciones xenófobas y antizapatistas en 1994 y 1995, [que] se reapropiaron este calificativo como un distintivo orgullosamente chauvinista” . Véase Andrés Aubry, “La bien nombrada Sakamch’en de los pobres”, en Journal de la Société des Américanistes, vol. 82, no. 82 (1996), págs. 331-339, pág. 338.

6518 Véase Antonio García de León, Resistencia y utopía: memorial de agravios y crónicas de revueltas y profecías acaecidas en la Provincia de Chiapas durante los últimos quinientos años de su historia, (México: Ed. Era, 1997), pág. 101.

6619 Véanse los artículos de Mario Vázquez Olivera, págs. 53-72 ; Stephen E. Lewis, págs. 73-97 y Mercedes Olivera Bustamante, págs. 163-178 en Mercedes Olivera y Dolores Palomo (coords.), Chiapas: De la Independencia a la Revolución, (México: CIESAS, COCyTECH, 2005).

6720 Véase Bermúdez Hernández en Olivera y Palomo, Chiapas…, págs. 199-214.

6821 Recomendable el libro de Diane Rus, Mujeres de Tierra Fría. Conversaciones con las coletas ( Tuxtla Gutiérrez: UNICACH, 2007. En éste despareció el uso de comillas que antes tuvo su artículo “La vida y el trabajo en Ciudad Real: conversaciones con las “coletas”” en Mesoamérica, núm. 23 (junio de 1992), págs. 113-133. Por su parte Jan de Vos publicó su artículo “Leyendo una leyenda criolla: la maldición de Fray Bartolomé” en Antropología, Historia e Imaginativa, Gob. del Estado de Chiapas (1993), Tuxtla Gutiérrez, págs. 195-216, modificando en una segunda versión la palabra “criolla” por “coleta” en Memorias del Primer Congreso Internacional de Mayistas, (México: UNAM, 1994), págs. 7-27.

6922 Pedro Pitarch Ramón, “Un lugar difícil: estereotipos étnicos y juegos de poder en los Altos de Chiapas”, en: Ruz y Viqueira, Chiapas: los rumbos de otra historia, (México: UNAM, CIESAS, CEMCA, Universidad de Guadalajara, 1995), págs. 237-250. Usados “con simpatía como despectivamente”, Pitarch registró entre sus entrevistados (pág. 237) los términos “indios, campesinos, inditos, ‘ellos’”, y por otro lado “castellanohablantes, hispanos, occidentales, mexicanos, ‘portadores de la cultura nacional’, mestizos”. Curiosamente tampoco aparece “ladino”.

7023 Véanse Benjamin N. Colby y L. van Den Berghe, “Ethnic Relations in Southeastern México”, en American Anthropologist, New Series, Vol. 63, No. 4 (aug. 1961), págs. 772-792; Pitt-Rivers. “Words and Deeds…”, y Robert Wasserstrom, Class and Society in Central Chiapas, (Berkeley: University of California Press, 1983).

7124 Coleto tampoco aparece en el completo recuento de Carmen Bernand sobre diferentes denominaciones coloniales, generadas en la América española a partir del mestizaje. Sobre el sur de México y Centroamérica indicó el término “ladinos”. Carmen Bernand, “Mestizos, mulatos y ladinos en Hispanoamérica; un enfoque antropológico de un proceso histórico”, en Motivos de la antropología americanista; indagaciones en la diferencia, (México: FCE, 2001), págs. 105-133, pág. 120.

7225 Francisco Javier Santamaría, Diccionario de Mejicanismos Razonado: comprobado con citas de autoridades; comparado con el de americanismos y con los vocabularios principales de los más distinguidos diccionaristas hispanoamericanos. , (México: Ed. Porrúa, 1978), pág. 273.

7326 Rosario Castellanos, Prólogo en Susana Francis, Habla y literatura popular en la antigua capital chiapaneca, (México: INI, 1960).

7427 Rosario Castellanos, Ciudad Real (cuentos), (México: Universidad Veracruzana, 1960), pág. 111.

7528 Rosario Castellanos, “La muerte del tigre,” en: Ciudad Real (cuentos). , (México: Alfaguara, 1997), pág. 19.

7629 Castellanos, “La muerte…”, pág. 359.

7730 Según el historiador Halperin Donghi, en la década de 1970 ocurrió un “escamoteo de la historia” hacia la imagen latinoamericana, cuando la literatura mistificó un tiempo cíclico y las ciencias sociales declararon agotada su realidad sino había una revolución que la redimiera (Véase en José Joaquín Brunner, “Modernidad: centro y periferia. Claves de lectura”, en Revista Estudios Públicos, 83 (invierno 2001), Santiago de Chile, págs. 241-263, pág. 257.

7831 En relación al período colonial, véase Martha Ilia Nájera Coronado, La formación de la oligarquía criolla en Ciudad Real de Chiapa. El caso Ortés de Velasco. (México : UNAM, IIF, 1993), pág. 33.

7932 Sitio web in italiano de La Foja Coleta http://www.ipsnet.it/chiapas/2001/010701fo.htm , consultado en junio 2007.

8033 Jan Rus, “La nueva ciudad maya en el valle de Jovel. Urbanización acelerada, juventud indígena y comunidad en San Cristóbal de Las Casas”, en Marco Saavedra (ed.), Chiapas después de la Tormenta. Estudios sobre economía, sociedad y política, (México: El Colegio de México, 2009), págs. 177-181.

8134 Rus, “La nueva…”, pág. 182. Antes del censo 2010, el gobierno municipal de San Cristóbal estimaba en la ciudad tendría ese año una población entre 200,000 y 220,000.

8235 En 1921 Francisco Javier Santamaría dijo que coleto “es el “nombre despectivo con que se designa al habitante oriundo del estado de Chiapas” (_El provincialismo tabasqueño. Ensayo de un vocabulario del lenguaje popular_, comprobado con citas. Gobierno del Estado de Tabasco (1981), págs. 63, 112 y 376). Después añadió ( Diccionario …, pág. 273) que se trataba de un “epíteto despectivo que, principalmente en Tabasco, se aplica a los habitantes del Estado de Chiapas y con particularidad a los de la ciudad de San Cristóbal, un tiempo capital”.

8336 Carta de Corzo a Sarlat (29 septiembre 1858). “La campaña de Tabasco, 1858” en Archivo Histórico del Estado de Chiapas, Boletín, año V, núm. 8 (octubre-diciembre 1957), Tuxtla Gutiérrez, pág. 84.

8437 Periódico tabasqueño “El Grijalva” (25 de septiembre de 1858), en Boletín (1957), pág. 84.

8538 Biblioteca Manuel Orozco y Berra (en lo sucesivo BMOB), Colección Chiapas, tomo XI (microfilm). La juventud chiapaneca. Periódico de ciencias, letras y variedades, Órgano del Liceo Chiapaneco. Director y editor responsable. Eugenio G. de Saint-Laurent. San Cristóbal, marzo 15 de 1889. Tomo I. Núm. 12. Nuevo Director: Herminio Rojas.

8639 “La juventud…”

8740 Manuel Mier y Terán, “Descripción geográfica de la provincia de Chiapas”, en: Ateneo de Ciencias y Artes de Chiapas, Vol. 3 (1952), Tuxtla Gutiérrez, pág. 90. Terán decía en 1822: “los chiapanecos están decididos por el Imperio Mexicano, y la sinceridad de esta decisión se afianza en su carácter bien inclinado a favor de los Mexicanos, en contraposición de los Guatemaltecos o habitantes de la capital, a quienes no cesan de describir con unos coloridos tan feos, que demuestran muy claramente la fuerte aversión de que están penetrados”.

8841 William W. Byam, A Sketch of the State of Chiapas, Mexico, (Los Angeles: G. Rice & Sons, 1897), pág. 35.

8942 Byam, A Sketch…, pág. 36.

9043 Byam, A Sketch…, pág. 44.

9144 Byam, A Sketch…, pág. 45.

9245 Byam, A Sketch…, pág. 36. Ver el antecedente que constituyeron los zinacantecos a finales del siglo XVIII (comentarios y nota 73).

9346 Robert Wasserstrom, “Spaniards and Indians in Colonial Chiapas, 1528-1790” en Murdo J. MacLeod y Robert Wasserstrom, Spaniards and Indias in southeastern Mesoamerica: essays on the history of ethnic relations, (Lincoln : University of Nebraska Press, 1983), pág. 101.

9447 Alma Margarita Carvalho, La ilustración del despotismo en Chiapas, 1774-1821, (México: CONACULTA, 1994), pág. 220.

9548 Alma Margarita Carvalho, La ilustración …, pág. 207.

9649 Alma Margarita Carvalho, La ilustración…, pág. 116.

9750 El Salto conectaba estratégicamente cuatro ríos de los partidos de Ocosingo y Palenque, el más importante llamado Tulijá. Este pueblo fue fundado por el intendente Agustín de las Cuentas Zayas, trayendo como experimentados “canoeros” a hombres provenientes del pueblo vecino de Tumbalá, “Fundación de San Fernando Guadalupe (Salto de Agua). 1790-1802” en Boletín (1957), pág. 63.

9851 Robert Laughlin, La gran serpiente cornuda: ¡Indios de Chiapa, no escuchen a Napoleón! (México: UNAM, 2001), pág. 156.

9952 Robert Laughlin, La gran…, pág. 158.

10053 “Informe rendido por la Sociedad Económica de Ciudad Real sobre las ventajas y desventajas obtenidas con el implantamiento del sistema de intendencias”, en Archivo Histórico del Estado de Chiapas, Boletín año III, núm. 5 (julio-agosto 1955), Tuxtla Gutiérrez, pág. 106.

10154 Los puertos mayores de Veracruz y Campeche enviaban a Tabasco productos de primera necesidad y de lujo, a cambio de “productos de la Tierra”. Carlos Ruiz Abreu, Tabasco en la época de los Borbones: comercio y mercados, 1777-1811, (Villahermosa : Universidad Autónoma de Tabasco, 2001), pág. 75.

10255 Alma Margarita Carvalho, La ilustración …, pág. 130. En particular se introducían telas que competían con los textiles indígenas.

10356 Boletín (1955), pág. 100.

10457 Boletín (1955), pág. 105.

10558 “Informe rendido por la Sociedad Económica de Ciudad Real sobre las ventajas y desventajas obtenidas con el implantamiento del Sistema de Intendencias, año 1819 (continuación” en Archivo Histórico del Estado de Chiapas, Boletín , Año IV, núm. 6 (enero-junio 1956), Tuxtla Gutiérrez, pág. 39.

10659 Este término actualmente se aplica por lo general a las mujeres mestizas o ladinas que acaparan los productos que los indígenas traían al mercado de San Cristóbal. Rosario Castellanos utilizó la palabra “atajadora” (ver “Modesta Gómez” en Ciudad Real).

10760 Alma Margarita Carvalho, La ilustración…, pág. 172.

10861 Alma Margarita Carvalho, La ilustración…, pág. 158.

10962 Se ha creído que así inició Juan Fermín de Aycinena en Guatemala, pero Richmond Brown lo considera “un mito” pues éste ya contaba con socios prominentes en Oaxaca, Veracruz y España Boletín de la AFEHC, núm. 34, abril 2008, http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action*fi_aff&id*1819.

11063 Diputado Bonifacio Fernández, diputado ante gobierno de México (16 de enero de 1822).

11164 Carta de disolución de la suprema Junta, dirigida a Vicente Filisola (30 de julio de 1823).

11265 Exposición del diputado López al Ejecutivo de México (enero de 1824).

11366 Boletín (1957), pág. 82.

11467 Declaración de Félix Solórzano, visitador de Tabacos en Alma Margarita Carvalho, La ilustración…, pág. 223.

11568 Alma Margarita Carvalho, La ilustración…, pág. 263.

11669 Ante lo intransitable de este tramo, los grandes comerciantes utilizaban indios para el transporte de mercancías, considerándolos más seguros y aptos que las mulas. La ruta terrestre concluía en Palenque o El Salto, desde donde se utilizaba el río grande de Chiapas (hoy Grijalva) para comunicar con el puerto de Villahermosa. El puerto de Nueva Orleans era uno de los principales socios del puerto tabasqueño.

11770 Robert Wasserstrom, “Spaniards and Indians…”, pág. 105. En 1819 las mulas doblaron de precio, los caballos aumentaron 50% y el ganado 33%.

11871 BMOB, Archivo Chiapas, tomo III (microfilm). s/f, 1813-1821.

11972 BMOB. 1813-1821.

12073 BMOB. 1813-1821.

12174 Alma Margarita Carvalho, La ilustración…, pág. 158.

12275 Robert Wasserstrom, “Spaniards and Indians…”, pág. 118.

12376 Jan de Vos, Vivir en frontera. La experiencia de los indios de Chiapas, (México : CIESAS, 1994), pág. 124.

12477 BMOB. 1813-1821.

12578 Alma Margarita Carvalho, La ilustración…, pág. 116.

12679 “Es un hecho que la vida política de Chiapas [entre] la crisis española de 1808 y la guerra civil en la vecina Nueva España, se distinguió por un alto grado de cohesión entre las élites locales”. Mario Vázquez Olivera, “Chiapas mexicana”, en Península, vol. III, núm. 2, Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales, (Mérida: UNAM, 2010), págs. 21-44, pág. 27.

12780 Alma Margarita Carvalho, La ilustración …, pág. 130 (en relación al período de 1811 a 1818).

12881 Archivo Histórico Diocesano, Boletín. Francisco Polanco, Analista de Chiapas, vol. II, núm. 1 (enero 1985), San Cristóbal de Las Casas.

12982 El siglo XVIII vivió momentos álgidos entre los alcaldes mayores y los miembros del cabildo de Ciudad Real, suspendiéndose éste a raíz de los conflictos de 1750 entre el alcalde mayor Francisco Garracín y el segundo alcalde ordinario Sebastián de Olaechea, así como en 1751 entre Francisco Ángel Zaldívar y el primer alcalde y regidor Pedro Tomás de Murga, véase “Zafarrancho en el Cabildo de Ciudad Real entre el Alcalde Mayor y los Capitulares”, en Boletín (1955), págs. 69-109. Durante la desaparición del cabildo no faltaron convenientes acuerdos entre antiguos miembros y nuevos alcaldes mayores, como el que logró en 1760 el mismo Pedro Tomás de Murga con Joaquín Prieto Isla, véanse Robert Wasserstrom, “Spaniards and Indians….”, pág. 98 y Jan de Vos, Vivir en frontera, pág. 124-126).

13083 La lista es una muestra de la complejidad de relaciones de la época, confirmando por otro lado lo dicho por Robert Wasserstrom (“Spaniards and Indians…”, pág. 104): “Polanco y sus subordinados crearon una red de comerciantes y hacendados cuyas fortunas personales se ligaron inextricablemente con las de la Iglesia”. En la lista estaban entre otros los hijos de Pedro Tomás de Murga y Juan de Oliver, el primer alcalde mayor de Tuxtla que se convirtió en nuero y socio comercial de Sebastián de Olaechea.

13184 Juan de Oliver quedó como regidor-alférez real por 500 pesos; Antonio Gutiérrez de Arce como alcalde provincial por 550 pesos; Nicolás Coello como alguacil mayor por 500 pesos; Pedro José Robles y Mazariegos como depositario general por 300 pesos, y Agustín de Tejada, José Antonio Domínguez y Blas Gómez como regidores sencillos por 300 pesos ; Véase Jan de Vos y Claudia Báez, Documentos relativos a la historia colonial de Chiapas en el Archivo General de Indias: documentos microfilmados en el Centro de Estudios Mayas, (México: UNAM, IIF, Centro de Estudios Mayas, 2005), pág. 356.

13285 Así lo creía el capitán general José de Bustamante en 1819, al ver “evidentes” ligas entre los cabildos de Ciudad Real y Guatemala. Véase Roderic Ai Camp, “La cuestión chiapaneca: Revisión de una polémica territorial”, en Historia Mexicana, vol. 24, núm. 4 (abril-junio 1975), El Colegio de México, págs. 579-606 (págs. 587-588).

13386 Sobre Mariano Aycinena véanse Ai Camp, “La cuestión…”, pág. 588 y Brown, Boletín AFEHC No. 34.

13487 Alma Margarita Carvalho, La ilustración…, pág. 204.

13588 Alma Margarita Carvalho, La ilustración…, pág. 204.

13689 Alma Margarita Carvalho, La ilustración …, págs. 171 y 172. Se impulsaba un ayuntamiento distinto al cabildo anterior por promover la libre elección de sus miembros entre el vecindario.

13790 En 1811 el Ayuntamiento se inquietaba por los fondos para pagar mil pesos al asesor de Intendente, además de “el salario del Secretario de Cabildo y Junta Municipal: la del de los porteros, o meseros, la del acalde, la del toque de queda, la de la rectora de recogidas, así de todas las demás [cargas] que tiene este Noble Cuerpo, ordinarias y extraordinarias”. “El Ayuntamiento de Ciudad Real formula un Plan de Arbitrios para sufragar los gastos de su Diputado a las Cortes Españolas, Canónigo Mariano Robles Domínguez y Mazariegos, año de 1811” en Archivo Histórico del Estado de Chiapas, Boletín, año VIII, núm. 1 (enero-agosto 1961), Tuxtla Gutiérrez, pág. 118.

13891 Vos y Báez, Documentos…, pág. 382.

13992 Vos y Báez, Documentos…, pág. 392.

14093 Vos y Báez, Documentos…, pág. 316.

14194 Diccionario de la lengua española, vigésima edición, véase http://buscon.rae.es .

Para citar este artículo :

Luz del Rocío Bermúdez H, « ¿Categoría étnica? ‘Los coletos’ y la designación de procesos de identidad social. San Cristóbal de Las Casas, Chiapas (México) », Boletín AFEHC N°50, publicado el 04 julio 2011, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=2729

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