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AFEHC : articulos : Etiquetaje étnico-racial de Nicaragua por los extranjeros: 1821-1870 : Etiquetaje étnico-racial de Nicaragua por los extranjeros: 1821-1870

Ficha n° 2730

Creada: 13 septiembre 2011
Editada: 13 septiembre 2011
Modificada: 17 junio 2016

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Autor de la ficha:

Ronald SOTO-QUIROS

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Etiquetaje étnico-racial de Nicaragua por los extranjeros: 1821-1870

Diferentes estudios han abordado ya el tema étnico en Nicaragua desde diversas perspectivas y especialmente para el período de finales del siglo XIX y para el siglo XX . De esta manera, han resultado análisis con base a fuentes internas sobre temas como la definición oficial de una sociedad mestiza, el empleo de categorías étnico-raciales en censos y registros y la importancia del componente afrodescendiente. Sin embargo, las primeras décadas del siglo XIX han sido menos estudiadas. Este ensayo intenta interpretar la representación étnico-racial de Nicaragua presente en fuentes extranjeras publicadas en Europa y Norteamérica después de la independencia centroamericana (1821 y antes de 1870), o sea, en relatos de viajeros, geografías, enciclopedias, revistas científicas, etc. El estudio busca conocer las categorías étnico-raciales utilizadas por los extranjeros para describir Nicaragua antes de la producción de la famosa obra de Paul Lévy sobre este país.
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Palabras claves :
Nicaragua, Castas, Razas, Ladinos, Mulatos, Indígenas, Proporciones
Autor(es):
Ronald Soto-Quirós
Fecha:
Septiembre de 2011
Texto íntegral:

Introducción

1 El historiador de la Biblioteca del Banco Central de Nicaragua, Rafael Casanova Fuertes, escribe en julio del 2009 que es evidente la condición de la Nicaragua actual como una país multiétnico1. Sin embargo, el autor considera que una “falta de estudios tanto antropológicos como históricos tiende a generar confusiones y tienen entre otros resultados la ligereza de algunas afirmaciones. Dentro de esta lógica no existe un estudio de las proporciones de cada agrupación y su nivel de mezcolanza, período en el que este proceso se vino configurando, hasta dar como resultado el universo multicultural que hoy ostentamos2.” El artículo de Casanova Fuertes intenta explicar que pese a la presencia de afro-descendientes en Nicaragua no hay que sobredimensionar su peso demográfico y cultural en la región del Pacífico-Centro-Norte del país y considera que en el mestizaje “-señalan algunos especialistas- que el 90% de la población nicaragüense tiene sangre indígena aún cuando pesen en mayor o menor grado otros ingredientes étnicos, incluido el “pringue” africano y la proporción europea3.” El trabajo de este autor es una réplica al estudio realizado por el escritor Sergio Ramírez sobre la herencia africana en Nicaragua4. Una obra que se enmarca en la misma tendencia de visualización de la olvidada afro-descendencia en Nicaragua y de la que se han ocupado investigadores como Lowell Gudmundson, Justin Wolfe, Juliet Hooker y Mauricio Meléndez Obando5. Estos son algunos pasos en el reto académico de reconocer los variados orígenes de los habitantes de los países centroamericanos con el objetivo de romper con el mito de la existencia de sociedades homogéneas.

2Jeffrey L.Gould fue uno de los primeros en realizar una lectura histórica de ese proceso de “homogeneización” de la población nicaragüense. Gould considera que en la época de la rebelión indígena de Matagalpa en 1881 nació el mito de “la Nicaragua Mestiza”: un discurso oficial que ha descrito insistentemente a Nicaragua como un país étnicamente homogéneo donde el elemento indígena perdió su importancia. Esta estrategia parece que se aceleró especialmente en las primeras dos décadas del siglo XX como lo muestra el censo de 1920 que indica que la población indígena se redujo precipitadamente de entre un 30% y un 40% a menos de un 4% entre 1906 y 19206. Yolanda Baires Martínez señalaba ya anteriormente al trabajo de Gould – en un estudio sobre la población indígena de América Central hacia 1900 – los siguientes criterios con respecto al censo de 1920:

3“El Censo, como ya hemos dicho, clasificó la población nicaragüense según color; es muy difícil, sin embargo, identificar a los propiamente indígenas. Si se los asimila a la categoría censal de “cobrizos” resulta que el 31% de indios presente a fines del siglo XIX se habría reducido a apenas 5% en 1920; ello resulta a todas luces, poco plausible. Cómo se podría explicar un proceso tan rápido y drástico de aculturación y mestizaje7?”.

4Dicho censo incluyó una clasificación según criterios de color: “blancos”, “negros”, “amarillos”, “trigueños” y “cobrizos”. Según Baires Martínez presumiblemente, los indígenas fueron incluidos bajo la categoría “cobrizos”, y los mestizos bajo la de “trigueños8.” La población total calculada fue de 638.119 habitantes. De este total, los “blancos” representaban 107.167 (16,79%); los “trigueños” sumaban 440.601 (69,04 %); los “negros” contabilizaban (9,50 %); los “cobrizos” eran 29.284 (4,59 %) y los “amarillos” eran solamente 4139 (0,06 ). Justin Wolfe explica que en los departamentos centrales y del oeste, donde el 81 de la población vivía, sin embargo, las categorías de “blanco”, “negro” y “trigueño” representaban casi el 99% de la población. El mismo autor apunta que el término “cobrizo” se limitaba a las regiones central y orientales de Chontales, Jinotega, Matagalpa, Bluefields y Cabo Gracias y permitió racializar la costa del Atlántico y dichas áreas fronterizas con el Atlántico (especialmente Matagalpa y Chontales) como un espacio distinto. El otro término “trigueño” parece jugar un papel multifacético, cartografiando con la misma facilidad a las poblaciones de indios, mestizos y mulatos10.

5Por ahora, ha quedado más o menos claro, la interpretación y estrategia utilizada en términos étnicos por las élites nicaragüenses en el período de finales del siglo XIX y principios del siglo XIX con el fin de categorizar a la población de su país. Sin embargo, consideramos que hay muy poca precisión en los estudios académicos sobre el desarrollo y función de las etiquetas étnicas en Nicaragua en las décadas posteriores a la independencia de Centroamérica11. Del período colonial, encontramos diversos estudios que explican los avatares de la nomenclatura étnico-racial en Centroamérica. Sin duda, las fuentes existentes han permitido desmenuzar más acertadamente ese sistema de castas que formaba parte de la estructura oficial del imperio español. No obstante, en el período que sigue a la independencia, el sentido republicano de ciudadanía propuesto por las élites liberales implicaba también la pretensión de olvidar la jerarquía étnico-racial colonial12. Ante tal realidad, las interrogantes son muchísimas en cuanto al uso, la continuidad, el significado, la desaparición, la mutación, la omisión de las categorías existentes, o bien, el surgimiento de nuevas categorías oficiales, nuevas interpretaciones emanadas del Estado o el nacimiento de auto-calificativos por parte de la población para representar las diferencias étnico-raciales13. El tratamiento taxonómico siempre evoca cómo una sociedad se considera así misma.

Es evidente que las dificultades para realizar este tipo de estudios muchas veces se encuentran en la inexistencia o la dificultad de acceso a las fuentes apropiadas. Uno de los mayores interesados en el caso nicaragüense ha sido precisamente Justin Wolfe. En uno de sus últimos estudios, el autor indica que su trabajo por excavar la historia de la raza del siglo XIX en Nicaragua nos deja mucho más preguntas que respuestas14. Justin Wolfe indica que en Nicaragua se pueden encontrar muchas informaciones oficiales del siglo XIX, en particular a nivel municipal, sobre la edad, las ocupaciones y el sexo de la población, pero la “raza” casi nunca es anotada. Sin embargo, los censos de 1846, 1867 y 1883 son excepciones y algunas evidencias sugieren que en los registros de nacimientos y de fallecimientos las autoridades debían hacer la diferencia entre los indios y los ladinos. Wolfe explica que las listas censitarias de 1776 dividen los nicaragüenses en “españoles”, “mestizos”, “mulatos” e “indios”. En 1867 y 1883 los censos mantienen esas mismas categorías coloniales, pero la categoría “español” es cambiada por el término “blanco” y la tipología de “mulato” es dividida en “negro” y “zambo15” . Wolfe explica que los censos de 1846 y 1867 fueron considerados en su propia época como defectuosos16.

6Con respecto al censo de 1883, Wolfe señala que los datos se perdieron en los numerosos terremotos e incendios que vivieron los archivos nicaragüenses, las cifras departamentales fueron publicadas en la Memoria de ministerio del interior de 1885 y algunas páginas manuscritas sobrevivieron en al menos nueve ciudades de la prefectura de Granada. Según Wolfe, la distribución nacional era la siguiente: un 32% de “indios”; un 18% de “mestizos”; un 30% de “mulatos; un 7% de “negros”; un 6% de “zambos” y un 7% de “blancos17”. Más interesante aún, Wolfe evidencia que el director de la Oficina de estadísticas anotaba en una circular enviada al jefe departamental de estadísticas de Granada que las “razas que pueblan a Nicaragua tienen seis clases de tipos más o menos bien manifiestos y que se pueden fácilmente conocerse”. Estos tipos eran: “blanco puro, indio puro, negro puro, mestizo, mulato y zambo”. Unos tipos considerados como “bien definidos y [que] no ofrecen dificultades para ser determinados”. La Oficina de Estadísticas parece preocuparse mucho de la asignación de las categorías: se explican los términos de “mestizo, este es el resultado de la mezcla de indio y blanco, así como mulato, el de blanco y negro, y zambo el de negro e indios”, y se señala que los estos “tipos se conocen en un individuo por la mezcla de ambos elementos que ofrecen en sus facciones, pelo y color.” Además de establecer la importancia de los posibles descriptores de identificación, la circular explica también que como el censo habría de repetirse cada cuatro años, “se necesita saber en cada período, que raza y bajo que proporción va en aumento i decadencia.” El comunicado indica igualmente que nunca “serán, pues bastantes sus esfuerzos en el sentido de que se consignen los tipos con la mayor perfección posible18.” Aún más, el director de la Oficina de Estadísticas da instrucciones a los prefectos departamentales con el fin de “insistir en esto de la raza” y ampliar las explicaciones a los agentes locales, incluso utilizando ejemplos: “un individuo de color negro claro, pelo mui rizado, cuerpo grueso y bajo, es evidente un zambo, el pelo revela al negro puro y el color y tamaño al indio19”.

7Nuestra intención aquí no es profundizar en la utilización interna de las categorías étnico-raciales en Nicaragua. Analizaremos sobre todo las taxonomías utilizadas por los extranjeros que visitaron o escribieron sobre Nicaragua y que a la postre incidirán en la construcción de la autoimagen nacional. Existía entre éstos un afán de describir de la manera más minuciosa los nuevos estados latinoamericanos para satisfacer intereses científicos, geoestratégicos, económicos o políticos. En dichas descripciones, relatos, impresiones o análisis de los nuevos países pesaban evidentemente las propias experiencias, lecturas y conocimientos científicos particulares. Recordemos que en el siglo XIX se consolidan una serie de nuevas interpretaciones teóricas sobre las “razas” especialmente desde mediados del siglo. De tal manera, nos preguntamos: ¿cómo eran categorizados o representados los nicaragüenses en términos étnico-raciales por parte de los extranjeros antes de ese proceso acelerado de “ladinización” de la población y antes del auge del racismo científico de fines de siglo XIX? Nuestro objetivo es hacer un primer balance sobre el etiquetaje étnico-racial externo de los población de Nicaragua durante una importante parte del siglo XIX. Así nos interesaremos a la categorización y caracterización presentada en diversas fuentes y por autores extranjeros anteriores al trabajo llevado a cabo por el francés Paul Lévy a principios de la década de 1870.

8Consideramos que el estudio de Lévy marca un acertado límite para nuestro análisis. Este trabajo implicó, sin duda, un nuevo acercamiento a la realidad nicaragüense y la difusión de una nueva imagen de Nicaragua y de la población de este país. Recordemos que el trabajo de Lévy será utilizado como material pedagógico en la enseñanza nicaragüense en los años posteriores a su publicación y es considerado el primer texto de historia nacional del país20. También esta obra será una referencia ineludible para muchos autores interesados en el país durante las tres últimas décadas del siglo XIX y a principios del siglo XX. De hecho, el trabajo de Lévy sigue siendo hoy una fuente para muchos investigadores.

9No nos encargaremos, por ahora, del complejo análisis antropológico de Lévy que hace de Nicaragua y al que dedicaremos otro artículo21. Sin embargo, nos parece importante reconocer a grandes rasgos la interpretación de Lévy sobre la realidad nicaragüense. Este autor indica: “La población actual de Nicaragua es esencialmente mestiza. Se compone de los descendientes de razas muy diferentes, las cuales han aparecido sucesivamente en su territorio, y se han fijado en él, mezclándose estrechamente, ora con sus vecinos, ora con sus antecesores22.” Según observa Lévy, Nicaragua es el marco perfecto para un análisis sobre el fenómeno de “cruzamiento” de “razas” que tanto interesaba en esos años a muchos especialistas europeos: “La república de Nicaragua es uno de los países del mundo donde mejor se pueden observar las razas mestizas que han podido nacer y perpetuarse en todos los lugares donde la raza blanca, la raza negra y la raza americana se han encontrado23.” El autor considera las siguientes proporciones relativas a los tipos que examina en una población total estimada en 236.000 habitantes (206.000 en la “Parte civilizada” – el Occidente del país – y en 30.000 en la “parte no civilizada”): “Indios”, “550/,000”; “Blancos y criollos”, “45/1,000”; “Negros”, “5/1,000” y “Mestizos” –incluidos ladinos, mulatos, zambos y todas las otras mezclas-, “400/100024”. Si tomamos como base 236.000 habitantes habría por eso época: 129.000 “indios” (54,66%); 94.400 “mestizos” (40,00%); 10.620 “blancos y criollos” (4,5%) y 1.180 “negros” (0,5%). Como vemos la mayor parte de la población es indígena y un porcentaje importante de “mestizos”. Esta constatación lleva al autor a valorar un problema esencial en Nicaragua: el “cruzamiento lateral”, entendido como “la mezcla inmediata de mestizos” e interpretado como un fenómeno que lleva a resultados desastrosos pues el “cruzamiento entre sí de mestizos de varias clases tiende siempre á ser inferior, física y moralmente, al padre y á la madre que le han dado la vida, y mientras mas lejos del tipo primitivo estaban este padre y esta madre, mas formal es la inferioridad del producto25.” Lévy considera que la “degeneración creciente” de la población nicaragüense sólo tiene como solución la inmigración blanca para hacer predominar al “elemento blanco26”.

10Justin Wolfe nos indica que el énfasis manifiesto por los funcionarios nicaragüenses en la razas “puras” para el censo de 1883 pudo ser una respuesta a las calumnias contra los mestizos, mulatos y zambos manifiesta por Paul Lévy en sus estudios27. El trabajo de Lévy recibió críticas en diversos aspectos. El alemán Helmuth Polakowsky indica que “lo atacaron por describir a los nicaragüenses como pertenecientes casi todos más o menos a la raza americana28.” Es bien seguro que el libro de Lévy llevó a las élites nicaragüenses a reflexionar sobre la imagen “racial” de la población de su país que se difundía al interior como al exterior. Esto pudo haber estado en la base de la estrategia oficial de “homogeneizar” a la población. Si el trabajo de Lévy estuvo basado en sus propias observaciones de campo también tuvo importantes referencias de autores precedentes que trataron sobre Nicaragua. ¿Qué se decía antes del trabajo de Lévy sobre las categorías étnico-raciales en Nicaragua? Exploraremos algunos títulos mencionados por Lévy en su catálogo bibliográfico29, pero también otras obras no apuntadas por este autor. Siguiendo la perspectiva de Casanova Fuertes, nuestro aporte será especialmente un estudio de “proporciones” étnicas pero desde la perspectiva externa.

Categorización y proporciones de una sociedad multiétnica: 1821-1850

11Según el historiador Germán Romero, a finales del siglo XVIII (1776) Nicaragua albergaba 104.413 habitantes, de los cuales 51.414 eran ladinos, 4.903 españoles y 48.096 indios30. Los ladinos representaban un 49,24%, los españoles un 4,69% y los indios 46,06%. Romero habla de un proceso de crecimiento numérico de la población ladina. ¿Cuál era la imagen que se proyectaba fuera de Nicaragua sobre la población del país desde inicios del siglo XIX? Un primer ejemplo que podemos presentar es la distribución por ciudades, villas o pueblos dada por el presbítero guatemalteco Domingo Juarros en su Compendio de la historia de la ciudad de Guatemala y publicado en la primera década del siglo XIX con informaciones pertinentes a finales del siglo XVIII. La obra de Juarros es retomada por el británico John Baily quien publica una versión en inglés en 1823. También la información de Juarros es utiliza en Francia por una publicación parisina31. En el cuadro siguiente pueden apreciarse las cifras de individuos por categorías étnico-raciales utilizadas por Juarros y Baily en diversas poblaciones de Nicaragua:

12Cuadro N° 1 Población de Nicaragua según villas, ciudades y pueblos para 1778 según Juarros 1808 y la versión de esta obra de John Baily 1823

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Provincias Ciudades, villas, pueblos Categoría étnica : « Indios » / « Indians »(Baily) Categoría étnica: « Mestizos » Categoría étnica: « Mulato »/ « Ladinos » (Baily) Categoría étnica: « Españoles »/  « Spaniards » (Baily)
Provincias de Taguzgalpa y Tologalpa [entre Nicaragua y Comayagua] Sin datos Xicaques, Moscos, Sambos No hay No hay
Partido León Ciudad de León 144 626 5.740 « Mulatos »/« Ladinos » (Baily) 1.061
Partido León Granada 1.695 « Indios situados en un pueblecillo inmediato ». 910 4.765 « Mulatos »/ « Ladinos » (Baily) 863 « Españoles Europeos, y criollos »/ (« European Spaniards and Crealos » (Baily)
Partido León Nueva Segovia Sin datos Sd. 453 « Mulatos »/« Ladinos » (Baily) 151
Partido León Nicaragua Sd. Sd. Sd. Sd.
Partido León Masaya Sd. Sd. Sd. 83 « Españoles »
Partido Matagalpa Sd. Sd. Sd. Sd. Sd.
Partido de Realejo Villa del Realejo Sd. Sd. 6,210 Sd.
Partido de Realejo Pueblo de Subtiava Sd. Sd. Sd. 59
Partido de Nicoya Sd. Sd. Sd. Sd. Sd.

14Fuentes: Elaboración propia. A partir de: Domingo Juarros, Compendio de la historia de la ciudad de Guatemala, Tomo I. (Guatemala: Por D. Ignacio Beteta, 1808), págs. 46-56 ; John Baily, A Statistical and Commercial History of the Kingdom of Guatemala in Spanish America […] By Don Domingo Juarros, […] Translated by J. Baily (London : Printed for Jonh Hearne, by J. F. Dove, 1823), págs. 60-72.

15Como podemos observar, el trabajo de Baily interpreta en general como “ladinos” a los mencionados en el trabajo de Juarros como “mulatos”. Juarros utiliza el término “ladino” y probablemente se refería a “ladinos” cuando pensaba en los grupos de diversas castas incluso españoles pobres e indígenas asimilados y diferentes a los indígenas, aunque también utiliza el término “mulato” y puede ser que en ocasiones como sinónimo de “ladino”. Juarros solamente emplea el término “mestizo” en el caso de Costa Rica y de las ciudades de León y Granada y probablemente se refería a un grupo mezclado más similar al español. En todo caso, la imagen global que se trasmite de Nicaragua es la de un país habitado por varios grupos étnico-raciales.

16En 1824 es publicado en Guatemala el Bosquejo político estadístico de Nicaragua: formado en el año de 1823 del general de brigada Miguel González Saravia –último gobernador de Nicaragua antes de la Independencia y primer gobernador de Nicaragua después de la Independencia-. El bosquejo apunta una población de 149.751 habitantes según un censo imperfecto de 1813 y de 174.213 habitantes tomando en cuenta el incremento de los diez años transcurridos. González Saravia explica que en cuanto a la “proporcion de las castas o clases que en el sistema anterior distinguian a los habitantes” pueden distinguirse dos quintos de ladinos (40%); dos quintos de indígenas (40%) y “un quinto escaso de blancos”. También este autor indica que el “numero de ladinos es mas considerable o lo parece no tanto por etimologia africara, muy rara en esta provincia”, sino más bien por la mezcla con los indígenas32. La información suministrada por González Saravia sobre el total de población en Nicaragua es ya señalada en 1826 por el barón Alexander de Humboldt en un estudio sobre Centroamérica33. De igual manera, un extracto del bosquejo sobre Nicaragua es presentado por La Revue Américaine de París en enero de 1827, pero se utiliza más bien el término “métis” en lugar de “ladinos34”.

17Los porcentajes o proporciones mencionadas en estas décadas con respecto a las categorías étnicas en Centroamérica varían de autor en autor. Centroamérica después de la independencia apenas empieza a ser conocida. En 1827, el comerciante británico Orlando W. Roberts que realiza un viaje por Centroamérica recorre varias regiones de Nicaragua pero su relato no es muy explícito sobre los grupos étnicos. En ocasiones menciona a los indígenas, a “negros” (“negroes”), “zambos” (“samboes”), “criollos” (“Creoles”), pero la única precisión general sobre la población en Nicaragua es que se suponía que en 1823 había un total de 164.374 habitantes35. En 1829, el representante británico G. Thompson explica que es difícil hacer una clasificación de las “mezclas de “sangre” (“mixtures of blood”) en Centroamérica, excepto de manera muy general. Thompson considera suficiente mencionar ciertas proporciones. Con respecto a la población total de la región calculada en 2 millones, Thompson habla de varias “clases”: un quinto de “blancos o creoles” (“Whites and Creoles”), dos quintos de “clases mezcladas” (“Mixed clases”) y dos quintos de “indios” (“Indians”). Son exactamente las proporciones dadas por González Saravia para Nicaragua. Thompson agrega que los europeos (“Europeans”) o “blancos perfectos” (“perfect whites”) no serían más de 5.000 y que este agregado, con la excepción solamente de los indígenas nativos, podría fusionarse bajo la denominación general de “mezclados” (“Mesties, or mixed”). Este autor también indica la inexistencia de esclavos36. En 1832, el guatemalteco Montúfar y Coronado hace una descripción de Centroamérica durante son exilio en México. En sus Memorias de Jalapa hace una descripción étnica de Centroamérica:

18“Se compone la población de toda la república de criollos blancos, hijos ó descendientes de españoles; un corto número de españoles europeos; castas diversas, conocidos allí vulgarmente con el nombre de ladinos; indios ó ab-origenas, y en las costas del Norte unos pocos negros, que están muy léjos de componer el número que calcula Hasell, y mucho menos el que computa Humboldt. La mitad ó los dos quintos de la población es de indios, que se mezclan poco con las otras clases, y viven casi separados de ellas en pueblos y aun en territorios enteros, conservando sus idiomas indígenas, que se diversifican casi tanto como sus trages y sus costumbres inmutables37”.

19Centroamérica es mostrada especialmente como una región esencialmente de ladinos y e indígenas. Esta imagen va a ser consolidada por el irlandés de origen español Juan Galindo quien participa activamente en la vida político-militar e intenta diversos proyectos de colonización en la región centroamericana en esa época. Este personaje publica en 1836 en The Journal of the Royal Geographical Society of London un artículo sobre Centroamérica. En dicho documento Galindo cita a autores como Juarros (la versión de Baily), Thompson, Haefkens et Roberts. Galindo presenta una tabla con la población dividida en “cuatro grandes castas” en los diferentes estados de la federación centroamericana. La información que suministra sobre la población de Nicaragua (350.000 habitantes) es la siguiente: “indios” (“Indians”), 120.000; “blancos” (“Whites”), 110.000 y; “ladinos”, 120.00038. O sea, según estos datos podíamos encontrar un 34,28% de indígenas; el mismo porcentaje de “ladinos” y un poco menos, un 31,43% de “blancos”. Observamos un porcentaje de “blancos” muy importante si comparamos los datos con el trabajo de González Saravia y porcentajes menores de “indios” y “ladinos”. Esta información es una de las más utilizadas en estos años 1830 y 1840 cuando se habla de la población de Nicaragua. Podemos encontrarla en muchísimos documentos (historias, enciclopedias, etc.) norteamericanos, franceses, ingleses, alemanes, italianos y españoles hasta incluso los años 185039. La misma información es retomada, por ejemplo, en 1842 por el capitán de corbeta francés Maussion Candé[40]. Una de las únicas antologías que reune información sobre Centroamérica en este período también presenta los mismos datos41. El famoso Almanach Gotha emplea las mismas cifras estadísticas de Galindo sobre los grupos étnicos de Nicaragua en sus números de 1844 a 184942. Cabe destacar que Galindo toma como sinónimos “ladinos” y “mulatos” (“Mulattoes”) entendido como la mezcla de las otras tres castas. También, Galindo observa que los “ladinos” de la región centroamericana no tienen que ser asimilados a los “mulatos antillanos” (“West Indians mulattoes”) ya que su tez es mucho más clara y muchos se diferencian poco de los blancos43.

20 Es importante destacar que en el período diversos autores cuando se refieren a Centroamérica utilizan como sinónimos “mulatos” y “ladinos” como observamos en la versión de J. Baily del trabajo Juarros y el estudio de Galindo. Ambos términos incluirían la mezcla de las diferentes “razas”. Esa es la interpretación también de Henry Dunn que considera a este grupo de “mulatos (“Mulatto”) o “raza mezclada” (“mixed race”) como la “fuerza física de la nación44.” De igual manera, el representante diplomático de los Países Bajos, Jacob Haefkens, nos explica en un informe de 1832: “Mulatos, descendientes de blancos e indios, de blancos y negros, y otras mezclas. En América Central, por lo general llamados ladinos45.” Esta misma interpretación es usualmente utilizada en diversas obras de la época46. Algunas veces, se explica que los “mestizos” (“mestizoes”) son llamados “ladinos47”. George W. Montgomery en 1839 considera que la población de Centroamérica se estima en 1.900.000. El autor explica que la población está dividida en cuatro grandes “castas” (“castes”): “indios” (“Indians”); “blancos” (“whites”); “negros” (“blacks”) y; “ladinos” – un mezcla de las otras tres (“a mixture of the other three”). El número aproximado apuntado por Montgomery era de: 685.000 “indios” (un 36,05%); 475.000 “blancos” (un 25%) y 740.000 “ladinos” (un 38,95%). La cantidad de “negros” es considerada poco importante para ser tomada en cuenta. El autor hace la misma anotación que Galindo sobre la diferencia entre los ladinos y los mulatos antillanos48.

21La descripción concerniente a la población de Nicaragua es muy escasa en nuestro corpus de trabajo para estos años49. Algunos relatos de viajero se ocupan de describir Nicaragua pero no siempre hay una descripción general sobre la condición étnica de Nicaragua50. El alemán Emanuel Ritter von Friedrischthal que visita la región por estos años, explica que la población está formada de una mezcla de “sangre caucásica” y “americana” que parece haber absorbido los defectos de las dos “razas51”. En 1840, los ríos y el lago de Nicaragua fueron examinados siguiendo las órdenes de Edouard Barnett, comandante de la embarcación británica de observación La Tonnerre, por George Lawrance, segundo e inspector adjunto del navío. En la comunicación de Lawrance, Granada es estimada en 9.000 individuos de los cuales solamente 300 se consideran como legítimos descendientes de los antiguos españoles y que no son del todo blancos. Lawrance explica que todo el resto constituye una “descendencia espuria” que es llamada en el país “ladinos” (“Ladinos”) o “mestizos” (“Mestizos”). Por otra parte, Lawrance explica que se dice de los “ladinos” – como de todos los habitantes del Estado de Nicaragua – que son ignorantes, perversos –incluso los más ilustrados de ellos-, muy apáticos a todo lo relacionado con un sistema de gobierno civil cuyos principios no entienden ni respetan. De la ciudad de León, Lawrance indica que está habitada principalmente, si no del todo, por gente de color (“colored people”) que muestra un muy mal carácter52. Sobre el pueblo de Nicaragua se indica una población de 6.000 habitantes, todos de “raza mezclada” (“mixed race) de “españoles” e “indios” con exclusión absoluta de blancos53. Un extracto de este informe es publicado también en el Bulletin de la Société de géographie de Paris54.

22 En 1847, el viajero escosés Robert G. Dunlop que visita Centroamérica en los años 1840 considera que la población de Nicaragua puede estimarse en 300.000 habitantes: de dos a tres mil “blancos” (“Whites”); cinco o seis mil individuos de “sangre negra” (“negro blood”) en los puertos y del resto de la población cerca de un tercio de “mestizos” (“mestizoes”) y dos tercios de indígenas aborígenes (“indigenous Indians55”). Así entonces la población de “mestizos” era de alrededor de un 32,0%; la población indígena de un 65,0% del total de la población del país y; los blancos y descendientes de negros representaban alrededor de 3,0%. Dos años más tarde, en 1849, el barón alemán Alexander von Bülow suponía que la población de Nicaragua era de 363.000 habitantes –según el autor, una cifra al alza con respecto a los datos de un censo de 1846- y establecía las siguientes proporciones grupos en materia étnica: una población de “raza blanca” casi completamente inexistente; tres sextos de “ladinos” (“Ladinos”) – mezcla de indios y blancos -; dos sextos de “indígenas” (“Indianer”) y un sexto de “mulatos y negros” (“Mulatten und Schwarzen56”). El Almanach Gotha menciona la misma población total y las mismas proporciones desde 1850 y hasta 185457. Una enciclopedia de ciencia neoyorkina difunde también las mismas proporciones para una población total de 350.000 habitantes: la mitad de “ladinos”; un tercio de “indios” y un sexto de “mulatos” y “negros58”.

23En otra publicación también de 1849, von Bülow precisa el número de individuos de cada etnia para 1846 con base al mismo total de habitantes en Nicaragua: 24.000 “blancos o criollos” (“Kreolen u. Weiße”); 140.000 “ladinos” (“Ladinos”); 120.000 “indígenas” (“Indianer”) y 79.000 “negros y mulatos” (Schwarze u. Mulatten59). O sea, un 6,61% de “blancos”; un 38,57% de “ladinos”; un 33,05% de “indígenas” y un 21,76% de “negros y mulatos.” Observamos que los porcentajes de Dunlop y von Bülow son muy diferentes. Mientras que Dunlop nos habla de una muy importante proporción de indígenas, von Bülow solamente la considera un tercio del total. Ambos platean en un tercio del total la población “ladina” o “mestiza”, pero las cifras son muy diferentes con respecto a los blancos y los afrodescendientes. Si comparamos con la referencia más importante en eso años –los datos de Galindo- solamente el porcentaje de “indígenas” sería similar al del estudio de von Bülow. Otro alemán – C. F. Reichardt – que visita Nicaragua por esos años nos da una idea general sobre la población en Nicaragua: “se compone de híbridos de colore e indígenas puros60.”

24Como vemos, las interpretaciones sobre los porcentajes o proporciones étnico-raciales en Nicaragua son muy variadas. No obstante, los conceptos para categorizar a la población de Centroamérica empiezan a precisarse. “Ladinos” y “mulato” ya no serán sinónimos1. O sea, hay una intención de destacar los orígenes afrodescendientes de algunos sectores de la población. Un texto enciclopédico habla en 1853 de cuatro grandes clases: “indios”, “blancos”, “ladinos” (la mezcla de españoles e indígenas) y “mulatos62.” Frederick Crowe – representante de la iglesia británica en Belice – en su obra titulada The Gospel in Central America (1850) explica las combinaciones de “razas” que existen en la región. Sobre el término “ladino”, el autor indica que significa “hombre galante” y que es aplicado a los “mestizos” (“Meztizos”) solamente en Centroamérica y que éstos son descendientes de los europeos y de los indígenas. Crowe señala que los “mulatos” (“Mulattos”) son el resultado de la mezcla de “africano” (“African”) y europeo y los “zambos” (“Sambos”) producto de “indio” (“Indian”) y “africanos” (“African”). Crowe habla de la “clase mestiza” (“Metizo class”) que incluye a “ladinos”, “mulatos” y “zambos”. Por otro lado, el mismo autor observa las siguientes proporciones en la región: tres quintas partes de indios puros del total; los “europeos” y “criollos puros” (“European and pure Creoles”), una cuadragésima parte; los “africanos” (“Africans”), una quincuagésima parte; o sea, entre “europeos” y “africanos” apenas más de una vigésima parte. En cuanto a las “razas mestizas” (“Mestizo races”): los “ladinos”, una cuarta parte; los “mulatos”, una octogésima tercera parte; y los “zambos”, una centésima parte, o sea éstos últimos no suman más de una quincuagésima parte. Crowe explica de otra manera que mientras que los “indios” y “ladinos” constituyen cerca de seite octavas partes, los “europeos”, “africanos”, “mulatos” y “zambos” solamente un poco menos de una octava parte de toda la población y que la unión de “mestizos” de todo tipo y los “europeos” y “africanos” representa dos quintas partes de la población63.

Imágenes étnicas de Nicaragua en los años 1850: una concreción en la obra de E. G. Squier

25La precisión en cuanto a las proporciones étnicas en Centroamérica a la que llega Crowe no es necesariamente evidente para otros viajeros o autores que estuvieron en la región. El ingeniero inglés John Baily, encargado de estudios para el canal de Nicaragua entre 1837 y 1843, publica en 1850 una obra sobre la región y explica la negligencia en la distinción de “castas” (“castes”) en los documentos oficiales y que “no hay medios para descubrir el número de “blancos” (“whites”), “mestizos” (“mestizoes”) e “indios” (“Indians”)”, pero señala que la primera de éstas debe ser muy inferior a las otras dos clases64.

26 Los diversos viajeros que estuvieron en Nicaragua por los años 1850 más bien hacían descripciones en sus relatos donde incluían interpretaciones sobre el origen étnico-racial de personajes como de algunos grupos o poblaciones que encontraban a su paso, pero no siempre tenían un visión precisa del conjunto del país y mucho menos de las proporciones según las categorías etnico-raciales. Entre ellos pueden mencionarse a los alemanes Wilhelm Hein, Julius Fröbel, Harry Newmark y Carl Scherzer65. Scherzer nos dice que la población de Rivas es estimada en “12.000 de cuales cerca de 7.000 son indios, el resto ladinos, zambos y otros híbrido66”. En referencia a León, el viajero explica: “Los ladinos son más numerosos que los indios en el mismo León67”. Hablando de Granada, Scherzer también da una gran explicación sobre los criollos españoles (“Spanish Creoles”) o descendientes de españoles “o, al menos, que intentan pasar por tales, y que ocultan cuidadosamente la mínima mezcla de sangre india que pueda haber contaminado el líquido puro castellano68.” Según el mismo viajero, en las afueras de Granada puede encontrarse una “población mestiza (“mongrel”) pobre y sucia69.” En referencia a un hombre de Matagalpa, el autor nos dice: “un hombrecillo, de una tez muy oscura y un pelo crespo […] avanzó hacia nosotros con una mezcla de orgullo de indio y vanidad de negro en su porte70.” Scherzer también menciona de la casa de una mujer mulata en Mateares y de una guarnición formada por ladinos, zambos e indios71. Fröbel, por su parte, explica igualmente que en Mateares encontró “alojamiento en la cabaña de una gruesa mulata de buen carácter72”. De igual manera, este viajero señala sobre una pareja de San Jorge – cerca de Rivas - :

27“Sus rasgos, aunque inteligentes en la expresión, hablaban del indio con una mezcla de sangre negra en su linaje. Su esposa, al contrario, era una mujer alta y elegante con apariencia muy fina y noble conducta, y en conjunto tan superior a cualquier cosa alrededor de ella que parecía ser un extraño mezclado con los habitantes vulgares del lugar. La verdad es que ella pertenecía a una familia de españoles puros, y tal vez, yo podría decir de origen godo. Los últimos restos de este elemento […] pronto se perderán en la progresiva mezcla de razas en Centroamérica73.”

28Sin embargo, el viajero que se ocupa de analizar más precisamente los componentes étnicos de la población de Nicaragua es el arquéologo y diplomático estadounidense Ephraim G. Squier. Este autor publica en 1852 una obra específica sobre Nicaragua. Squier utiliza en el trabajo información de de autores como Juarros, Dunlop y otros autores. Squier explica que la población en números redondos según un censo de 1846 es de 264.000 habitantes (incluyendo el departamento de Nicoya o Guanacaste74). Squier nos da una visión general sobre la situación étnico-racial de Nicaragua: “El conjunto global de la población lo integran indios civilizados y la gente de ancestro español y negro que se ha mezclado con ellos. Los de pura sangre europea constituyen sólo una parte pequeña de la población, tan pequeña como la de sangre negra pura. Véamos un cálculo de los diversos grupos raciales: Blancos […] 25000 /Negros […] 15 000/ Indios […] 80 000/Mestizos (“Mixed”)[…] 130 000/ Total: 250 00075”. En otras palabras: un 10% de blancos; un 6% de negros; un 32% de indios y un 52% de mestizos.

29Esta información aparece retomada por diversos autores a todo lo largo de los años 1850 e incluso en la década de 186076. El francés Victor Herran escribe en 1853 que la población es de 250.000 “almas” y “la mayor parte de color77”. Una reseña en una revista francesa da la misma información citando a Squier pero utiliza más bien la idea de “sang melé[78]”. Otro documento de 1854 indica más bien 247.000 habitantes en Nicaragua y 20.000 blancos79. En 1856, una publicación británica presenta los datos de Squier pero utiliza el término “Mestizoes80”. Un diccionario francés presenta la misma información en sus ediciones de 1857, 1860 y 1868 pero apunta una población de 264.000 y menciona más bien 15.000 “mulatos o negros” (“mulâtres ou noirs”), 80.000 “indios de raza pura” (“Indiens de pure race”) y 130.000 “ladinos o mestizos” (“ladinos ou métis81”). Una enciclopedia neoyorkina de 1860 también copia las observaciones hechas por Squier sobre la población de Nicaragua82. Si según Squier la población “mezclada” era la mayor parte de la población, otros autores señalan que los “indios constituyen la parte más numerosa de la población de Nicaragua83.”

30El mismo Squier publica otras dos obras sobre Centroamérica en 1855 y en 185884. El estudio de 1855 es traducido al castellano en 185685. Las obras presentan una amplia bibliografía utilizada por Squier que incluye muchísimas de las publicaciones hechas sobre la región hasta esos años86. En sus obras, Squier hace referencia de nuevo a un censo parcial de 1846 que cifra la población de Nicaragua (sin incluir Guanacaste) en de 257.000 y estima un total de 300.000 habitantes87. Según Squier, el “actual obispo de Guatemala, señor Don Francisco García Pelaez, que escribió en 1841, tomando el censo de 1837 y otros datos, calculó en aquella época la poblacion de Centro-América en estos términos: españoles y blancos criollos 89,979; ladinos 619,167; indios 681,367, total, 1,390,513-Según este cálculo, la proporcion es de un blanco á 16 mestizos é indios, lo cuanl no dudo que ha dismunido al presente, y puede tomarse como de uno á viente.” Squier explica que “Don Miguel de Sarabia en su memoria escrita sobre Nicaragua estimaba una población total de “174,213, distribuéyndola en cerca de dos quintos, ó 79,680 indios; dos quintos ladinos, y ménos de un quinto de blancos.” Squier retoma también la información suministrada por Galindo en 1836. Squier señala igualmente que la proporción de blancos ha sido exagerada por Galindo. Por otro lado, Squier precisa también que el término ““ladino” significa “un hombre galante ó civil, y se aplica á los descendientes de blancos y de índias. – Solo en Centro-América se usa.” Squier igualmente menciona las proporciones apuntadas por Thompson y Crowe para Centroamérica. Según Squier, las cifras que reflejan “con mas exactitutd la división de clases en Centro-América” en un total de 2,019 habitantes son las siguientes: “Blancos”, 100.000; “Mestizos”, 800.000; “Negros”, 10.000 e “Indios”, 1.019.00088.

31En las publicaciones de 1855 y 1856 no se hace un estimado de las proporciones étnico-raciales para Nicaragua. Sin embargo, en la obra de 1858, Squier da una explicación similar a la presentada en 1852 y las cifras cambian: “Los indígenas civilizados de Nicaragua, y los mestizos (“Meztizos”), o mezcla de indios y españoles, constituyen de lejos la más grande proporción de los habitantes. Los blancos no son más que una pequeña parte del todo, y están casi igualados en número que los negros. Toda la población puede ser dividida de la siguiente manera, con una exactitud aproximada: Blancos (“Whites”) […] 30,000/ Negros (“Negroes”) […] 18,000/Indios (“Indians”) […] 96,000/ Mestizos (“Mestizos”) […] 156,000/Total […] 300,00089”. Sin comparamos con la obra sobre Nicaragua de 1852, a parte de los cambios en las cifras, Squier no menciona el elemento negro en la mezcla y en lugar de utilizar el término “Mixed” utiliza el término “Meztizos”. Esta nueva imagen de Nicaragua también recorre los diccionarios y enciclopedias de la época90. De hecho, Squier es considerado la “mayor autoridad en la materia91.” Como podemos observar, se trata de los mismos porcentajes adaptados a un nuevo total.

32Pero, quizás más interesante en la obra de Squier es su interés por dar explicaciones sobre los diferentes componentes étnicos que constituyen la población de Nicaragua. El autor dedica al respecto de los aborígenes de Nicaragua más de cincuenta páginas en su obra92. Igualmente, Squier se avoca a mencionar o describir los otros grupos en varios fragmentos de su obra. En referencia a San Juan, Squier explica que los “habitantes, por consiguiente, tienen toda la gama de las razas. Blancos, indios, negros, mestizos y zambos – negros, morenos, amarillos, y blancos – todos revuletos en la más completa promiscuidad y totalmente ajenos a las discriminaciones propias de las castas. En lo que podría llamarse las mejores familias, si fuese posible establecer comparaciones a la izquierda del cero, no es raro observar tres o cuatro diferentes matices de tez93”. En el apartado sobre Granada, Squier nos dice: “La mujer de pura sangre española es muy blanca y tiene el embonpoint que caracteriza a su sexo en los países tropicales. […] Agréguese […] la soberana atracción de un rostro ovalado, fisonomía de proporciones agradables, grandes y lustrosos ojos negros, boca pequeña, dientes de perla, y manos y pies diminutos […] Muchísimas mujeres tienen, no obstante, en gran diversidad de grados, cierta infusión de otras castas y razas, desde la sarracena hasta la negra y la india94.” Sobre León, Squier señala:

33“Aquí, como en todo Nicaragua, predomina la población indígena y mestiza. Los de raza blanca pura constituyen escasamente un diez por ciento del total. El color general de su tez es, sin embargo, bastante más claro que el de los habitantes de Granada, pero no tanto como el de los managuas y de otros pueblos más pequeños. A simple vista se nota una infusión de sangre india en gran parte de los que pretenden ser de pura cepa española. Se manifiesta en ellos más que en el color de la piel, en cierta expresiva vivacidad del ojo, que es característica menos acentuada en los españoles e indios de raza pura. Ahora, en cuanto a constitución física, color aparte, probablemente no haya en el mundo hombres más hermosos que ciertos zambos (que son los hijos de negro e india). Son, desde luego, más oscuros que los indios, pero de mayor talla y mejor desarrollados. Cabe hacer observar aquí que los negros de Nicaragua difieren grandemente, en físico, de los de Estados Unidos; deben ser de muy diferentes regiones del África. Los de Nicaragua tienen, por lo general, nariz aguileña, boca pequeña y labios finos. En efecto, con la excepción del pelo ensortijado y de la piel negra, tienen pocas de las características que entre nosotros se consideran rasgos peculiares y universales de la raza negra95.”

34Con referencia al “zambo” y hablando de Chinandega, Squier explica: “Noté que la mayor parte de los delincuentes eran zambos, que son una mezcla de indio y negro, combinación de los vicios de ambas razas, con pocas –si es que tiene alguna- de sus buanas cualidades. Físicamente, sin embargo, son más altos y mejor conformados que sus ascendientes. Existe entre ellos y los ladinos, descendientes éstos de blanco e indio, una inveterada hostilidad, mayor que cualquiera otra existente entre las demás castas del país96.” Squier cita las observaciones similare del alemán Tschudi con respecto a los zambos en Perú. Esta imagen será varias veces recuperada en estudios antropológicos posteriores sobre los “cruces” o la “hibridad” de “razas” y sus cualidades. Es el caso de un estudio sobre la “pluralidad de las razas humanas” de George Pouchet (186497), la sección sobre “cruzamientos y mestizos” de las instrucciones generales para las investigaciones y observaciones antropológicas de P. Broca (186598) y en el trabajo sobre “cruzamientos étnicos” del médico J.-A.-N Perier (186599).

Squier establece una observación general sobre la situación étnica en Nicaragua a parte de sus descripciones varias: bq. “La mezcla de sangre entre los elementos componentes de la población de Nicaragua es tan compleja que, a despecho de la diversidad de razas, la diferencia de castas es apenas perceptible. Los blancos, en sus relaciones sociales mantienen cierto grado de segregación, pero la más absoluta igualdad prevalece en toda otra clase de trato. Quizá no sería éste el caso si la población de raza blanca fuera proporcionalmente más grande y poseyera el suficiente poder material para mantener las jerarquías que entre el hombre, naturalmente, separan a las familias superiores de las inferiores. Con un claro reconocimiento de su inferioridad numérica, no les queda otro camino que otorgar concesiones, y por mucho que antes haya repugnado a su orgullo, lo ven ahora como cosa común y corriente y se someten a ello con todas las consideraciones que imponen la cortesía y la convivencia social100.”

35 Existe en la obra de Squier preocupación de la desaparición de la población blanca en la región hispanoamericana. Squier no dice en sus trabajos de 1855, 1856 y 1858:

36“Las relativas proporciones de blancos, mestizos (ladinos) é indios, en las poblaciones de los estados hispano-americanos, es materia de profundo interes, y al observador moderno parecerá de vital consecuencia en todo lo que concierne á la condición, capacidades, y destinos de los pueblos de aquellos países.-Pero en esto tambien tenemos el sentimiento de no poseer datos suficientes; y aunque es opinión conforme de todos los hombres intelijentes de y observadores de Centro-América, que los blancos puros no son relativa, sino absolutamente en descendencia, que los indios puros aumentan con rapidez y que los ladinos siguen una progresión mas y mas según se aproximan al tipo aboríjene; sin embargo los datos estadísticos, que espresamente se han formado son imperfectos, ó enteramente inexactos101.”
La disminución de blancos y su posible absorción es un hecho evidente y perturbador para Squier[102. La situación de Centroamérica es la prueba de ciertos postulados antropológicos: “Centro-América, no ménos que toda la América Española, parece suministrar una evidente demostración de las leyes que se han establecido como resultados de antropolójicas investigaciones por espacio de cincuenta años. – Ni el estadista, ni el economista-político puede ciertamente ver con indiferencia estos resultados][103].” La antropología, según Squier, muestra las siguientes tendencias:

37“no pueden mezclarse familias absolutamente diferentes, ó de razas superiores con inferiores, y que se armonicen, sin ser malas sus consecuencias. –La ciencia antropolójia ha determinado la existencia de dos leyes de vital importancia para los hombres y para las naciones.
bq. Primera. – Que en todos los casos en que tiene lugar una libre amalgamación de dos diferentes razas, no restrinjida por lo que algunas veces se llama perjuicio, sino que es un instituto natural, el resultado es la final y absoluta absorción de la una en la otra./-Esta absorción es tanto mas rápida, cuanto mas se aproximan en tipo las razas en contacto, y en proporción al número preponderante de la una á la otra ; es decir, que la naturaleza no perpetua razas mezcladas como, por ejemplo, una raza permanente de mulatos.
bq. Segunda. – Que toda violacion de las distinciones naturales de la raza, ó de aquellos instintos designados á perpetuar las razas superiores en su pureza, invariablemente vincula los mas deplorables resultados, afectando el cuerpo, el entendimiento y percepciones morales de las naciones, que son ciegas á los sabios designios de la naturaleza, y negligentes de sus leyes. – En otras palabras, la prole de tales combinaciones ó amalgamaciones, es no solamente deficiente en constitución física, intelectual y moral, sino que con frecuencia, llega á un grado que contrasta desfavorablemente con las ramas originales104.”

38 La “libre asociacion de diferentes razas” ha llevado a Hispanoamérica a una situación político-social y moral decadente105. El mismo traductor de la obra de Squier (1856), “un hondureño”, critica la percepción del autor y atribuye las causas de las desgracias no a la heterogeneidad de la población sino a otros aspectos como los partidos políticos, la falta de educación y el legado dejado por los españoles106. La conclusión a que llega Squier es evidente: la inmigración es la respuesta necesaria. Squier explica al respecto:

39“De este punto de vista aparece que la sola esperanza de Centro-América consiste en evitar la decadencia de su poblacion blanca, y aumentar ese elemento de composición en su pueblo.-Si no lo fomenta por un juicioso medio de emigración, ó por un inteligente sistema de colonización, la posición jeográfica y recursos del país indican que el fin llegará por aquellos medios violentos, que en los individuos, como en el mundo material, frecuentemente anticipan las lentas operaciones de la naturaleza107.”

La mirada étnica de Nicaragua antes del proyecto de Paul Lévy: los años 1860

40A finales de los años 1850, algunos trabajos sobre Nicaragua no presentan ninguna información global y concreta sobre los grupos étnicos del país a pesar de diversas descripciones de los rasgos físicos de algunas comunidades. Por ejemplo, Peter F. Stout hablando de León indica que los “habitantes difieren de los del departamento meridional, siendo más claros en color, más solemnes, y más como los hidalgos de la vieja España108.” Sin embargo, otras fuentes son más específicas sobre las categorías étncias en Nicaragua. El conde de Sissers que viaja a Nicaragua estima en 1856 una población de 247.000 habitantes y explica que no más de 20.000 son blancos, el resto son negros (“negroes”), indios y “razas mezcladas” (mixed races109”). En un informe del 11 de junio de 1859 del cónsul general de Bélgica en América central, Auguste T’Kint, se indica, que Léon tiene alrededor de 30.000 habitantes: “blancos” (“blancs”) y “ladinos”. El cónsul da la siguiente estimación étnica para Nicaragua incluída la Mosquitía para una población total de 350.000 individuos: 160.000 “indios”, 50.000 “blancos” y 140.000 de “raza mezclada (ladinos)” (“race mixte (ladinos110)”. Una enciclopedia de 1859 indica que la mayoría de los habitantes son indios y “razas mezcladas” y que los blancos son principalmente de origen español111. En 1862, Gerald Raoul Perry, vicecónsul de los Estados Unidos, explica que la mitad de la población de Nicaragua es de “indios puros” (“pure Indians”) y el resto, excepto por algunos “españoles puros” (“pure Spaniards”), son “razas mezcladas” (“intermixed races112”). En 1865, el conde Botmiliau, en referencia a Nicaragua y Honduras explica que los blancos, los menos numerosos, ocupan la posición más elevada; los indios forman la masa del pueblo y trabajan la tierra y los mestizos (“métis”) constituyen el punto medio entre los anteriores. Botmiliau indica que deja de lado la costa de los indios mosquitos (“Indiens Mosquitos”) y los caribes (“Caraïbes”) que se encuentran en las costa del océano atlántico113.

41Algunos autores relacionan las condiciones poltíticas con la situación étnica en Nicaragua. En 1863, Bedfor Pim indica: “La población de Nicaragua no excede los 300.000 y de este número apenas una décima parte son blancos, el resto consiste en  indios, mestizos (“Mestizos”) y negros (“Negroes”). La consecuencia es que las autoridades están en su mayor parte elegidas dentro de las dos últimas clases, el sufragio universal es la ley de la tierra. Esto es lo más lamentable, ya que las razas de color de Nicaragua como en todas partes […] no pueden ser consideradas suficientemente intelectuales para gobernar, mientras que, por el contrario, los blancos nativos son inteligentes, amables y hospitalarios114.”

42 En 1863, el representante diplomático español en Centroamérica, José Álvarez de Espejo, se expresaba de la siguiente manera sobre la población en Nicaragua : “ciertamente el carácter de sus naturales no es para sacarles de su postración; inertes y adormecidos en su prodigiosa abundancia, sin necesidad de trabajar para buscar su alimento que encuentran sin moverse, ni aun apetecen el dinero, a poco trabajo que les cueste adquirirlo; sin embargo, estos hombres, tan impasibles, tan indiferentes a todo en la paz, en la guerra se convierten en tigres, y la hacen verdaderamente salvaje y destructora. Buena prueba de ello es el lastimoso y deplorable estado del país115.” Moritz Wagner nos hablaba ya en 1856 del “espíritu bélico de la raza mezclada de los nicaragüenses116.” Wagner presenta una imagen de Nicaragua como un país revolucionario y anárquico117 e intepreta que: “La larga duración de la anarquía corrompió totalmente en San Salvador así como en Nicaragua, el carácter del pueblo118.” El carácter y la “raza” son mezclados en la imagen de Nicaragua que nos da Charles Vogel en su tratado comercial: “Los indios, que forman la gran mayoría de la población, también son demasiado perezosos como indiferentes a todo los relacionado con el bienestar y las familias criollas o mestizas, no menos indolentes en este clima, tan sólo tiene poco cosa que pedir al comercio extranjero119.”

43Uno de los trabajos que mayor enfantiza sobre los realidad étnico-racial es el del alemán Wilhelm Marr. La publicación de 1863 recupera las peregrinaciones de Marr por Nueva York, Nicaragua y Costa Rica durante los años 1850. El libro aporta descripciones sobre su imagen “racial” de estas regiones. El discurso racista en la obra comienza a percibirse en su estancia en Nueva York donde en una viaje en un tren de la ciudad, Marr se ve molesto por el “olor” de los viajeros negros y que lo hace descender casi inmediatamente120. Sin embargo, la consolidación de una retórica racista se observa más claramente en la parte del relato que concierne a Nicaragua. Sus observaciones los llevan a concluir que “ ...el hecho de que nosotros los blancos somos mejores que los negros y que un negro nunca llegará al nivel cultural de un blanco, eso me lo ha grabado Nicaragua con letras góticas en la conciencia. [...] El peor enemigo de la raza de color es su propia raza121.” Marr explica que en Nicaragua “entre los nativos ya no hay ni uno enteramente blanco122”. El “olor” de las “razas” es retomado cuando Marr conoce a una mujer indígena entre los pueblos de Chichigalpa y Chinandega: “En ese momento me volvió a entrar toda la repugnancia contra la raza de color. Todo me parecía negro y, sobre todo, me olía a negro123.” Marr –que se improvisa médico en Nicaragua- utiliza reiteradamente argumentos anatómicos o patológicos para marcar la diferencia de “razas124”. La diferencia racial es un hecho para el autor:

44“Se echa de ver, sin lugar a dudas la diferencia entre las razas. En los procesos puramente físicos de la naturaleza, los negros e indios sin barba son más parecidos a los animales que a nosotros los caucásicos. Hice observaciones muy minuciosas siguiendo una guía experimentada y exacta, y en la matización de las razas de menor a mayor o al revés, encontré probada la diferencia racial con todos sus límites, modificaciones y transiciones, y realmente tengo que sonreír ante los necios ciegos que, en su filantropía igualitaria quieren igualar la cabeza lanuda de un negro al sedoso pelo negro de un andaluz125.”

45La insistencia sobre los tipos étnicos es recurrente en el relato de Marr. Hay una intención evidente de mostrar una importante mezcla étnica que puede observarse en las familias de diferentes ciudades o pueblos de Nicaragua. En lo que concierne a la ciudad de León, Marr describe también a la familia Martínez: “Mercedes, la madre anciana, tres hijas cuyo color de piel y rasgos de la cara denotaban por lo menos dos razas distintas, y un hijo. El padre había tenido la mala suerte de haber sido fusilado en una revolución. La hija mayor se llamaba Mercerdes y tenía un negrito como reminiscencia de unas clases de guitarra con un profesor de música, lo que era una desgracia para la familia, no tanto por las relaciones ilegítimas, sino simplemente porque el chiquito era un negrito. Las otras dos hijas, Concepciٕón y Pilar [...] tenían las caras algo pálidas de zambos. Finalmente, el hijo, don Tomás, era un truchero que visitaba los mercados y tenía un color algo más blanco que la hijas de la casa126.”

46Hablando Masaya, donde nos dice que ha pasado su tiempo “dividido en estudios científicos, sobre todo etnográficos y excursiones, la siesta cómoda y la profesión práctica de hacer buenos dimes (casi el único dinero de plata de este país) y dólares americanos de oro, de malas medicinas)”, Marr describe una familia de esta ciudad:

47“En aquel momento, estaba reunida toda la familia. La madre anciana, una mestiza española-india […] El hijo, don José María […] era hijo de un castellano viejo y casi blanco. […] su hermana mayor, la niña Mercedes […] La segunda hermana, la niña Chepita, con su pelo largo algo lanudo y sus labios gruesos reflejaba alguna lejana ayuda africana en el árbol genealógico de los Alvarado de Masaya…La hija menor de la casa, que se llamaba niña Ignacia como la madre, era una encantadora mestiza blanca, con los ojos ardientes pero mansos, de figura delgada como una gacela y con unos piesecitos [sic] tan lindos como para besarlos. Finalmente también caminaba por la sala un chiquito desnudo, amarillo café, el cual nos fue presentado con toda libertad como un hijito de don José María, engendrado como pasatiempo con una criada india que todavía servía en la casa127.”

48Cuando sale de Masaya y en referencia a un de las hijas de esta familia, Marr da una idea del futuro de Nicaragua: “La pequeña Ignacia tendrá que contentarse con un hombre de color naranja o verde oliva. Tendrá hijos, y junto a toda la nación, embrutecerá todavía más. Los indios seguirán celebrando buenas borracheras con mal aguardiente y los enfermos vivirán y morirán sin nosotros128.” La mezcla representa para Marr un factor de degradación y cuando pensaba que la anciana doña Ignacia podía ver en él un futuro yerno decía: “No me atrevería a alzar la vista en el Jungfernstieg en Hamburgo, si –a pesar de toda la amabilidad de la niñas- cruzara aquí mi pura sangre blanca129.” Esta mezcla es percibida por Marr incluso entre las familias que se creían de ascendencia puramente española: ‘Pues hay muchos nicaragüenses que tienen una ascendencia remota de los antiguos españoles, aunque con una árbol genealógico diez veces mezclado y revuelto; insisten en que todavía tienen significativos mayorazgos en España y así perpetúan el nombre los chateaux en Espagne, como una sólida verdad de su fantasía130.”

49En su relato Marr utiliza un marcado lenguaje peyorativo. Especialmente en lo que se refiere a los grupos que muestran rasgos de mezcla y que relaciona con las “fisionomías nicaragüenses”. Hablando de la población de Greytown, Marr señala que la “población de color” es alrededor 15/16 del total de los habitantes y que es mayoritariamente nicaragüense, y nos dice:

50“Entre la población masculina que andaba por las puertas de las numerosas tabernas de aguardiente, se reconocían con facilidad las fisonomías nicaragüenses. Un tercio tigre, un tercio mono y último tercio cerdo formaban, una figura humana, al zambo de Nicaragua. A primera vista, esos mestizos entre negro e indio infundían miedo. Parecía tipos capaces de acabar con su prójimo por una colilla de cigarro. Pero este miedo pronto era vencido por la curiosidad, con la cual vi a los medio salvajes parecidos a monos. El asco que luego sentí ante esas caricaturas porcinas de la deidad, me hizo sonreír sobre la afinidad electiva planteada por nuestros ideólogos europeos131.”

51Si el “zambo” parece ser categorizado como el producto de una mutación animal y es presentado como una creatura zoomorfa132. Esta obsesión por el resultado de la mezcla étnica se expresa también más tarde cuando habla de Nagarote:

52“En toda Nicaragua no he encontrado una colección de seres humanos que físicamente se parecieran tanto a la basura de tres razas, la europea, la negra y la india. La palabra zambo, aquí todavía podría entenderse como una expresión de halago. La postura arrogante del cuerpo de la gente de aquí era de herencia castellana; la mirada tímida surgía de la sangre india y la forma estúpida y maliciosa de la cara hacía deducir la ascendencia negra. Su color era café oscuro, pero también vi gran cantidad de caras con pinta tigresca y manchas mayores o menores de un tono casi verde oliva sobre la base café. Entre las mujeres, el cabello (un enredo de lisura india con lana etíope) recordaba la llamada plica polonesa. La suciedad y la negligencia en sus cuerpos eran ilimitadas. Ya me había acostumbrado a curiosidades, pero daría una fortuna por ver la cara de un europeo, si fuera posible trasladarlo en un instante desde una ciudad alemana o inglesa a Nagarote133.”

Esa imagen de mezcla casi bestial es también extendida a todos los nicaragüenses. Saliendo de Jalteva, cerca de Granada, y hablando de los asaltos y asesinatos en las rutas, Marr explica: “Las fisonomías de los nicaragüenses son en verdad las muecas de ladrones más perfectas que se puedan imaginar, y la mirada punzante, astuta o bien ruda, bestial, que le lanzan a uno los que pasan, puede causarle preocupación a los mortales miedosos. Con excepción de los indios estúpidos pero bonachones, el nicaragüense siempre me ha parecido un bastado de dos almas, de las cuales una ha entrado en un cerdo y la otra en un tigre134.” La pereza es otro de los defectos que Marr atribuye a los nicaragüenses135. Sin embargo, la imagen despectiva de Marr no se presenta en los trabajos del periodista francés Félix Belly que llega a Costa Rica y Nicaragua con la pretensión de llevar a cabo el soñado proyecto de construcción interocéanica en la región centroamericana. Belly se muestra más preocupado por la realidad moral que por la situación étnica en Nicaragua. En 1859, Belly explica sobre Nicaragua:

53“Verdad es que Nicaragua no se presenta bajo condiciones tan respetables [que Costa Rica]. Pero es preciso decir en su disculpa que es la provincia del centro América que ha sido siempre mas trastornada por las intrigas extranjeras. [...] la población de Nicaragua valuada en 350, 000 almas y esparcidas en una superficie de 3,500 leguas en cuadro, posee las virtudes tradicionales de su raza; la benevolencia, la hospitalidad, la honradez, unidas á una muy notable inteligencia. Si se muestra ménos laboriosa que sus vecinos de Costa Rica, es porque los procedimientos violentos y desleales de los extrangeros con quienes ha tenido relaciones no eran de naturaleza para alentar el trabajo136.”
No obstante, Belly hace algunas referencias sobre la condición étnico-racial de Nicaragua. Belly señala también que considera que Nicaragua  no se ha liberado “completamente de sus obstáculos morales y que eso explica su inferioridad y sus desgracias”. Belly indica que la “clase dominante, compuesta principalmente por blancos y ladinos, incluye demasiados coroneles, demasiados licenciados, demasiados médicos, demasiados caballeros que no saben nada, que no hacen nada, que no se encargan ni de la agricultura ni de la industria, y que no teniendo ningún interés por la seguridad del país, están siempre dispuestos a sacrificarlos en una esperanza ambiciosa137.” Los nicaragüenses son caracterizados como inconstantes y que no son ni creativos ni organizadores138.

54En 1867, Belly considera que la población de Nicaragua es de 350.000 habitantes. El francés explica que la mezcla de razas (“mélange des races”) es menos completo en Nicaragua que en Costa Rica y el Salvador. Belly agrega también que hay alrededor de 60.000 indios en los alrededores de Mayasa y León y los valles de Chontales pero que no están separados ni civil ni políticamente de otros ciudadanos. También, este autor indica que los “blancos puros” (“blancs purs”) no sobrepasan el número de 25.000, igual al número de “negros” (“nègres”). Para Belly, “dos tercios de la población son de “sangre mezclada” (“sang mêlé”) y tan mezclada, que ninguna clasificación es posible. Solamente, en las ciudades y en el litoral Pacífico, es el ladino, mestizo de blanco y de indio que gana, mientras que en toda la parte oriental de la república, del cabo de Gracias a Dios a Greytown y hasta la meseta de Guanacaste, la fusión se opera principalmente entre los indios y los negros.” De estos últimos grupos, Belly precisa que ha surgido una “clase numerosa, la de los zambos, a veces temible, siempre independiente, en la cual se confunden hoy los Caribes (“Caraïbes”) y los mosquitos (“Mosquitos”) de la costa del Atlántico, y los restos de los indios bravos esparcidos, hace dos siglos, en toda la parte meridional del istmo.” Belly concluye –a diferencia de otros autores- que el “zambo” es “el tipo más vigoroso y más activo de Nicaragua139.”

55Una visión también más precisa sobre el conjunto de la población de Nicaragua es presentada por otro viajero que visita Nicaragua. El británico Frederick Boyle escribe en 1868:

56“Porque hay que recordar que la población de Nicaragua no es blanca. Dos quintas partes son indios sin mezcla de sangre, dos quintas partes mestizos, o indios mestizos, la restante quinta parte de negros, mulatos o zambos. Posiblemente puede haber diez familias en todo el país cuyo árbol genealógico, si poseen uno, que podrían mostrar un ascendencia de sangre europea sin mezcla, pero de las que vimos, a juzgar solamente por su apariencia externa, que es la más ligera prueba de todo, una único linaje, los Chamorro, nos parecieron presentar signos suficientes de pureza.
La mezcla de sangre negra es muy grande en algunos distritos, y la raza negra, en general, no se considera con un desdén particular. De hecho, es difícil ver por cuales motivos el nicaragüense debe despreciar a los negros140” .

57O sea, un 40% de indígenas, un 40% de mestizos y un 20% de negros, mulatos o zambos. En 1869, una versión de las geografías universales de Malte-Brun publicada en Madrid indica sobre Nicaragua: “El pais está sumido en la mayor miseria, lo que tiene arruinados al comercio y á la agricultura, y sin embargo, con un poco de constancia y amor al trabajo, Nicaragua, asi como sus hermanas de Centro América podrian alcanzar un brillante porvenir. Nicaragua tiene una poblacion de 300.000 habitantes, repartidos de esta suerte: blancos, 40.000; negros 10,000; indios, 8.000, y los demás mestizos. Los nicaragüenses tienen cierta elegancia de maneras, cierta flojedad y la cortesía de los españoles sus ascendientes. Las distracciones y pasatiempos que mas les cuadran son el juego de los naipes y el de los dados, y sobre todo las riñas de gallos141.” El Almanaque enciclopédico español de 1871 explica casi de la misma forma: “Nicaragua (república de).-Superficie, 3.840 leguas cuadradas; población en 1859, 300.000 habitantes, de los cuales son blancos 40.000, negros 10.000, y los demás son indios y mestizos; capital Memagua [sic], 12.000 habitantes142.” Como podemos observar a partir de la información definida en los anteriores documentos, la población indígena representaba solamente un 2,6%; los negros un 3,33%; los blancos un 13,33% y los mestizos un 80,66%.

Conclusiones

58 Nuestra meta ha sido observar cómo los documentos extranjeros percibían la realidad étnico-racial de Nicaragua antes del proyecto de Paul Lévy. La única constatación que se puede tener con base a las fuentes analizadas es que Nicaragua era un país especialmente habitado por grupos productos del mestizaje y por indígenas. La imagen simple y llana que se deriva es que Nicaragua es una sociedad multiétnica. Sin embargo, la visualización general de orden étnico-racial de Nicaragua – aparte de las descripciones específicas sobre las características de individuos, grupos o poblaciones – es una historia de “proporciones”. Una serie de “proporciones” que son tan variadas y contradictorias que muestran la imposibilidad de poder aprehender la compleja dinámica social.

59 Las “proporciones” constituyen, sin embargo, una explicación, o más bien, una medición de la alteridad en una época de redescubrimiento de Centroamérica. Las designaciones utilizadas en dichas “proporciones” muestran la apropiación de las antiguas designaciones coloniales españoles muchas veces desconocidas para que aquellos ajenos al antiguo al antiguo imperio colonial y, en este caso particular, recrean las etiquetas empleadas en Centroamérica. Las “proporciones” permiten también evaluar el desarrollo y la situación político-moral en clave étnico-racial como es el caso de E. G. Squier. En este sentido, se encuentran las “pruebas necesarias” para concluir sobre la “inferioridad” o “superioridad” de las diferentes “razas”. “Pruebas” que irán confortando el racismo científico de la segunda mitad del siglo XIX y, por añadidura, la dominación colonial.

60Sin embargo, con respecto a estas “proporciones” subyancen una serie de interrogantes principales: ¿Cuál es la “exactitud” de estas “proporciones”? ¿Cuáles fuentes sirvieron a los autores o viajeros para establecer estas “proporciones”? ¿Existían documentos, censos o registros en Nicaragua que guiaran a los autores para llegar a conclusiones tan precisas? ¿Se trataban de conclusiones con base a sus observaciones del fenotipo de los individuos en diversas poblaciones que visitaban? ¿Se basaban en la autodesignación de los mismos pobladores? ¿Se trataba de información suministrada por miembros de las élites del país? Aunque en ocasiones se mencionan censos, las fuentes exploradas no nos dejan precisar una respuesta. No obstante, es claro que muchas veces la lectura de trabajos anteriores sirvió como la base esencial para establecer la categorización étnico-racial con respecto a la población de Nicaragua. De esta manera, los datos encontrados fueron simplemente copiados o bien interpretados.

61Por otra parte, las descripciones fenotípicas que se hicieron sobre los individuos y grupos permitieron dar una consistencia somática a esas categorías étnico-raciales en un trabajo de comparación donde lo que pesaba era la lejanía o cercanía de los rasgos de los habitantes de Nicaragua de los cánones europeos. Esos fenotipos relacionados a comportamientos político-morales permitían situar a los diversos grupos en el marco de la civilización o del salvajismo. Con base a estas conclusiones se imponía la necesidad de la presencia blanca especialmente a través de proyectos de inmigración o colonización.

62Las diversas categorías étnico-raciales y las “proporciones” presentadas en las diferentes obras extranjeras sirvieron de base al estudio antropológico de Nicaragua realizado por Paul Lévy. De esta manera, también fungieron como referencias básicas para poder crear una imagen étnico-racial nacional que implicaba estrategias de exclusión y dominación oficial en el contexto del apogeo del racismo científico y de la preocupación de difundir la imagen de una nación homogénea.

63Notas de pie de página

641 Este artículo forma parte de un estudio mayor sobre las representaciones étnicas de Costa Rica y Nicaragua en los siglos XIX y XX. Un primer esfuerzo ha sido nuestro trabajo doctoral: Ronald Soto Quirós, Représentations du peuple costaricien: la “race” entre le regard extérieur et la construction national, 1821-1917, Doctorat en études ibériques et ibéro-américaines. Sous la direction de M. Yves Aguilar, (Pessac: Université Michel de Montaigne, Bordeaux III, décembre 2010).

652 Rafael Casanova Fuentes, “Mitos y realidades. La afrodescendencia en el Pacífico de Nicaragua”, en El Nuevo Diario (Managua, Nicaragua, 4 de julio de 2009). En http://impreso.elnuevodiario.com.ni/2009/07/04/suplemento/nuevoamanecer/11085 , Consultado el 21 de abril de 2011.

663 Casanova, “Mitos y realidades…”

674 Sergio Ramírez, Tambor olvidado, (San José, C.R.: Aguilar, 2007).

685 Véanse los artículos de Justin Wolfe, « The Cruel Whip. Race and Place in Nineteenth-Century Nicaragua” ; Lowell Gudmundson, “What Difference Did Color Make ? Blacks in the “White Towns” of Western Nicaragua in the 1880s “ ; Juliet Hooker, “Race and Space of Citizenship. The Mosquito Coast and the Place of Blackness and Indigeneity in Nicaragua” y Mauricio Meléndez Obando, “The Slow Ascend of the Marginalized “, en: Lowell Gudmundson y Justin Wolfe, (ed.), Blacks & Blackness in Central America. Between Race and Place, (Durham, N.C., Duke University Press, 2010), págs. 177-277, 334-352. Gudmundson ha hecho recientemente un balance sobre esta tendencia de estudios: Lowell Gudmundson, “Africanos y afrodescendientes en Centroamérica: fuentes y estrategias recientes para su estudio”, Nuevos Mundos, Mundos Nuevos, Débats, 2009. Puesto en línea [18/12/2009]. En: http://nuevomundo.revues.org/57996?lang=fr , consultado el 21 de mayo de 2011.

696 Véase Jeffrey L. Gould, El mito de “la Nicaragua mestiza” y la resistencia indígena, 1880-1980 (San José, C.R., EUCR, 1997), págs. 16-24; Jeffrey L. Gould, To Die in This Way. Nicaraguan Indians and the Myth of Mestizaje, 1880-1965 (Durham; London: Duke University Press, 1998 [2nd. Printing], 2003), págs. 16-19. Sobre el siglo XX y esta ideología, véase Juliet Hook, “Beloved Enemies: Race and Official Mestizo Nationalism in Nicaragua”, en Latin American Research Review, Vol. 40: No. 3 (2005), págs. 14-39.

707 Yolanda Baires Martínez, “La población indígena de América Central hacia 1900”, en: Anuario de Estudios Centroamericanos, (UCR), 15 : 2, (1989), pág. 86 .

718 Baires Martínez, “La población…”, pág. 82.

729 M. Bachim, “Recensement du Nicaragua”, Journal de la Société des Américanistes, Vol. 16: 1, (1924), pág. 446.

7310 Justin Wolfe, The Everyday Nation-Sate, Community & Ethnicity in Nineteenth-Century Nicaragua (Lincoln and London: The University of Nebraska Press, 2007), págs. 158, 236.

7411 Un estudio que incluye un análisis sobre las categorías étnicas contemporáneas en Nicaragua es: Roger N. Lancaster, “Skin Color, Race and Racism in Nicaragua”, Ethnology, Vol. 30, No. 4 (oct. 1991), págs.339-353.

7512 Podemos ver un estudio en este sentido sobre Centroamérica: Sonia Alda Mejías,“El debate entre liberales y conservadores en Centroamérica. Distintos medios para un objetivo común, la construcción de una república de ciudadanos (1821-1900)”, Espacio, Tiempo y Forma, Serie V. Ha. Contemporánea, T. 13, (2000), págs. 271-311.

7613 Ver un interesante libro desde diversas perspectivas disciplinarias (etnología, historia, geografía sociología, musicología) sobre las clasificaciones en la historia de Bolivia. El libro se divide en dos partes que podrían ser tomadas en cuentas en posible análisis de este tipo para Centroamérica: “Les classements officiels” y “Termes d’adresse et auto-identifications”. Jean-Pierre Lavaud ; Isabelle Daillant (sous la direction), La catégorisation ethnique en Bolivie : labellisation officielle et sentiment d’appartenance (Paris : L’Harmattan, 2007).

7714 Véase uno de sus últimos trabajos: Justin Wolfe, “The Cruel Whip”, pág. 178, págs. 177-208.

7815 Justin Wolfe, The Everyday Nation-State, págs. 154-156.

7916 Justin Wolfe, The Everyday Nation-State, págs. 236.

8017 Justin Wolfe, The Everyday Nation-State, pág. 156.

8118 Véase Lowell Gudmundson, “What Difference Did Color Make?”, pág. 242.

8219 Véase Lowell Gudmundson, “What Difference”, pág. 242; Justin Wolfe, The Everyday Nation-State, pág. 157. Véase también Julie A. Charlip, Cultivating coffee: the farmers of Carazao, Nicaragua, 1880-1930, (Ohio: Center for International Studies, Ohio University, 2003), pág. 53.

8320 Véase Guillermo Fernández Ampié, ”La imagen de Nicaragua y los nicaragüenses en el primer texto utilizado en la enseñanza de la historia nacional”, Andamios. Revista de Investigación Social (Universidad Autónoma de la Ciudad de México, México), Vol. 6: 11 (Agosto de 2009), págs. 303-322. Véase en http://www.uacm.edu.mx/sitios/andamios/num11/articulo5.pdf , Consultado el 20 de febrero de 2011.

8421 El artículo inédito lleva como título: “Pablo Lévy y sus elucubraciones antropológicas sobre Nicaragua, 1870-1873”.

8522 Pablo Lévy, Notas geográficas y económicas sobre la República de Nicaragua, (Paris: Librería Española de E. Denné Schmitz, 1873), págs. 207, 223.

8623 Paul Lévy, “Notes ethnologiques et anthropologiques sur le Nicaragua”, Bulletin de la Société de Géographie, (Paris), Sixième Série, Tome II, Juillet-décembre 1871, (Juillet 1871), pág. 5.

8724 Paul Lévy, Notas ..., págs. 238-241 , 257.

8825 Paul Lévy, Notas ..., pág. 222.

8926 Paul Lévy, “Notes…”, pág. 16, 24; Paul Lévy, Notas…, pág. 216, 232.

9027 Justin Wolfe, The Every-day ..., pág. 155.

9128 Véase Helmuth Polakowski, “Guatemala y Costa Rica”, en: Miguel Ángel Quesada Pacheco, Entre silladas y rejoyas. Viajeros por Costa Rica de 1850 a 1950, (Cartago, C.R.: Editorial Tecnológica de Costa Rica, 2001), pág. 259.

9229 Paul Lévy, Notas ..., págs. 597-613.

9330 Véase Luis Suárez Fernández, Luis Navarro García, et. al., Historia general de España y América, T. XI-1, América en el siglo XVIII: los primeros Borbones, (Madrid: Ediciones Rialp, 1989), págs. 150, 555, 570.

9431 Véase la versión en francés que indica: “La population de Léon est de 7,571 habitants, savoir : 5,740 Mulâtres, 1,061 Espagnols, 626 Métis, et 144 Indiens. […] La ville de Granada […] Elle compte 863 espagnols et créoles, 910 métis, 4,765 Mulâtres, et 1,695 Indiens. […] La ville de la Nuéva Ségovia […] Pop. 151 Espagnols, et 433 Mulâtres. […] Viejo, […] renferme 2,968 habitants, dont 59 Espagnols. […] Masaya, grand village de 6,000 habitants, dont 83 Espagnols.” D. B. Warden, (Ancien Consul-général des États-Unis d’Amérique, à Paris), L’Art de vérifier les dates depuis l’année 1770 jusqu’à nos jours, Quatrième Partie. Chronologie historia de l’Amérique, Tome Premier, (Paris: Ambroise Dupont et Roret, Imprimerie Moreau, 1826),págs. 340-341. También: L’Art de vérifier les dates depuis l’année 1770 jusqu’à nos jours, Tome Neuvième, (Paris: Ambroise Dupont et Roret, Imprimerie Moreau, 1826),págs. 340-341. Igualmente: Une Société de Savants et Hommes de Lettres, L’Art de vérifier les dates depuis l’année 1770 jusqu’à nos jours, Tome troisième, (Paris : Chez A.-J Denain, Libraire, 1830), pág. 113.

9532 Véase Miguel González Saravia, Bosquejo político de Nicaragua, formado por el año de 1823 por …, (Guatemala : Impreso por Beteta, 1824). Ver la transcripción hecha por Christophe Belaubre [23 de enero de 2010], Boletín de la AFEHC, No. 43, [Reevaluando el siglo XIX en Nicaragua], (Octubre-diciembre, 2009), consultado el 25 de abril de 2011.

9633 Alexandre de Humboldt, “État présent de la République de Centro-America ou Guatémala  d’après des documens manuscrits)”, [Paris, juin 1826], Nouvelles Annales des Voyages et des Sciences Géographiques, Deuxième Série, Tome V, (Paris : Librairie de Gide Fils, 1827), pág. 324, págs. 281-330.

9734 “Province de Nicaragua. République de Guatimala. L’article suivant est extrait de l’ouvrage intitulé Bosquejo políico, etc. Esquisse politique et statistique de Nicaragua, par Miguel Gonzales Sarovia [sic], général de brigade, ouvrage publié à Guatimala en 1824”, Revue Américaine. Journal Mensuel, No. 7, (Janvier 1827), pág. 520-521 (págs. 514 -532).
fn35. Orlando W. Roberts, Narrative of voyages and excursions on the East Coast and in the Interior of Central America, (Edinburgh: Printed for Constable & Co; London: Hurst, Chance & Co., 1827), pág. 247.

9836 G. A. Thompson, Narrative of An Official Visit to Guatemala from Mexico, (London: John Murray, 1829), pág. 451.

9937 Manuel Montúfar y Coronado (un guatemalteco), Memorias para la historia de la revolución de Centro-América, (Jalapa: Impreso por Aburto y Blanco, 1832), pág. XVII.

10038 “This population is divided into the four grand castes of Indians, Whites, Blacks, and Ladinos, or Mulattoes,- a mixture of the other three”. En: Juan Galindo (colonel), “On Central America”, (Read 9th May, 1836), The Journal of the Royal Geographical Society of London, Vol. 6 (1836), pág. 125, págs. 119-135. En 1833, Galindo había hecho otra comunicación titulada: “VIII.- Notice of the Caribs in Central America. Communicated by Colonel Don Juan Galindo, F.R.G.S. Dated Government House, Trugillo, 1833”, The Journal of the Royal Geographical Society of London, Vol. 3 (1833), págs. 290-291.

10139 Véase algunos ejemplos : “Guatemala” en : J. R. McCulloch, A Dictionary, geographical, statistical, and historical of […], Vol. I, (London : Longman, Orme, Brown, Green, and Longmans, 1841, p. 938 ; “Guatemala” en J. R. McCulloch, Daniel Haskel, Vol. I (New York : Published by Harper & Brothers, 1843) , pág. 1033.

10240 “No. 12. Notice sur le golfe de Honduras, et la république du Centre-Amérique, par M. de Maussion Candé, capitaine de corvette”, M. Bajot y M. Poirré, Annales Maritimes et coloniales, 27e Année, 3ère Série, Partie non officielle, (Paris, Imprimerie Royale, 1842), pág. 160, págs. 152-185.

10341 También ver en una antología que resume muchos de los datos conocidos sobre la región en este período: “Annales Maritimes. Février 1842. Notice sur le golfe de Honduras et la république du Centre-Amérique, par M. de Maussion de Candé, capitaine de corvette. (Extraits.)” En: “Opinion de la presse française sur l’Amérique centrale […] 1842-1843”. En: Compagnie Belge de Colonisation, Amérique Centrale. Colonisation du district de Santo-Thomas de Guatemala, Collection de renseignements (Paris: Rignoux, Imprimeur de la Société Orientale et la Compagnie Belge de Colonisation, 1844), pág. 5.

10442 “États-Unis de l’Amérique Centrale” en: Almanach de Gotha, Annuaire diplomatique et statistique pour l’année 1844, 81e. Année (Gotha: Chez Justus Perthes, s.a.), pág. 274; “États-Unis de l’Amérique Centrale” en: Almanach de Gotha, Annuaire diplomatique et statistique pour l’année 1845, 82e . Année (Gotha: Chez Justus Perthes, s.a.), pág. 292;  “États-Unis de l’Amérique Centrale” en : Almanach de Gotha, Annuaire diplomatique et statistique pour l’année 1847, 84e . Année (Gotha: Chez Justus Perthes, s.a., ), pág. 298; “États-Unis de l’Amérique Centrale” en : Almanach de Gotha, Annuaire diplomatique et statistique pour l’année 1849, 86e . Année (Gotha: Chez Justus Perthes, s.a.), pág. 288.

10543 Galindo, “On Central America”, pág. 125.

10644 Henry Dunn, Guatimala, or, the United Provinces of Central America, in 1827-8, being sketches and memorandums made during a twelve months’ residence, (New York: G. & C. Carvill, 1828), pág. 94.

10745 Trad. ntra. El original indica. “Mulatten, afstammelingen van blanken en Indianen, van blanken en negers, en andere vermengingen. In Centraal-Amerika worden zij meestal Ladinos genoemd”, en: J. Haefkens, Centraal Amerika (Te Dordrecht: bij Blussé en Van Braam, 1832), pág. 401. En la traducción al español de esta obra encontramos un error de traducción, o quizás más bien, una interpretación a partir del presente: “Mestizos descendientes de blancos e indios, llamados también ladinos. De blancos y negros, otras mezclas. En Centroamérica suelen llamarse ladinos e indios, denominados también indígenas.” En: Jacobo Haefkens, Viaje a Guatemala y Centroamérica, trad. del holandés Theodora J. M. van Lotum, (Guatemala: Ed. Universitaria, 1969, Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala, Serie Viajeros, V. 1), pág. 289. En 1827, Haefkens también nos hablaba de los “ladinos” como descendientes de españoles e indios. J. Haefkens, Reize naar Guatemala, (‘sGravenhage: Bij W. K. Mandemake, 1827), pág. 109.

10846 Véase por ejemplo: “Central America”, en: Professor Long, George Richardson Porter, George Tucker, America and The West Indies (London: Charles Knight and Co, 1845), pág. 129, págs. 119-136; “Central America”, The Penny Cyclopaedia of the Society for the Diffusion of Useful Knowledge, Vol. VI, (London: Charles Knight and Co., 1836), pág. 418; “Central America” en William Waterston, John Hill Burton, A Cyclopaedia of Commerce, Mercantile Law, Finance, and Commercial Geography (Edinburgh, Oliver & Boyd, Tweeddale Court, 1843), pág. 141;“Guatimala” en : _Encyclopaedia Americana, Supplementary Volume, A Popular dictionary of_… […], Vol. XIV, (S.l: Edited by Henry Vethake, 1846), pág. 329.

10947 “Salvador” en: The Penny Cyclopaedia of the Society for the Diffusion of Useful Knowledge, Vol. XX (London: Charles Knight and Co, 1841), pág. 370.

11048 G. W. Montgomery, Narrative of a Journey to Guatemala, in Central America, in 1838, (New York: Published by Wiley & Putnam, 1839), pág. 139. Montgomery explica sobre el concepto de “ladino”: “Having neglected to ascertain why this class of people are denominated “ladinos,” I may be allowed to conjecture that the name was suggested by the character of this people, illustrated by the word ladino, which, in Spanish, means shrewd, or cunning.” Mongtomery, Narrative, pág. 139.

11149 En un artículo publicado sobre un viaje de un joven viajero francés comenzado en el Puerto de San Juan de Nicaragua el 24 de abril de 1836 y firmado en Lima el 15 de abril de 1839 no se trata sobre el carácter étnico-racial de la población: M.E.P…E. C., “Itinéraire de San-Juan de Nicaragua (mer des Antilles) à Acajutla (océan Pacifique) en traversant l’Amérique du centre”, Bulletin de la Société de géographie, (Juin 1841), págs. 333-355.

11250 Véase el relato del diplomático y arquéologo John Lloyd Stephens, Incidents of travel in Central America, Chiapas, and Yucatan, In two volumes, (New York: Harper & Brothers, 1841).

11351 E. R. Friedrischthal, “Extrait d’une lettre de M. Friedrischtal à M. Jomar (Membre de l’Institut)” [Grenada (Guatemala, 20 avril 1839)], Bulletin de la Société de Géographie, (Julliet-Décembre 1839), pág. 96, pág. 96-99.

11452 “Excursion to the Lake of Nicaragua up the River San Juan. By Mr. George Lawrance, Assistant-Surveyor of H.M.S Thunder, Com. E. Barnett, in March, 1840”, en: The Nautical Magazine and Naval Chronicle, for 1841, (London: Simpkin, Marshall, and Co.,), págs. 185-186, págs. 184-188.

11553 “Excursion to the lake of Nicaragua…”, pág. 255, págs. 253-257.

11654 En el extracto se indica sobre Granada: “La population de cette ville est estimée à 9,000 habitants, dont 300 seulement se considèrent comme les vrais descendants des anciens Espagnols.” Sobre Nicaragua se escribe: “La population, qui est de 6,000 amês, est une race mêlée.” “Reconnaissance de la rivière San Juan de Nicaragua et du lac de Nicaragua”, Bulletin de la Société de géographie, Deuxième Série, Tome Quinzième, Janvier à Juin 1841, (Juin 1841), págs. 362-363, págs. 355-366.

11755 Robert Glasgow Dunlop, Travels in Central America (London: Longman, Brown, Green, and Logmans, 1847), pág. 334. Dunlop explique sobre la población de Centro América: « The mestizo, descendants of Spaniards and Indians […] The mulatto, descendants of Spaniards and negroes […] The zambo, descendants of Indians and negroes […] The native, or indigenous Indian.” En: Dunlop, Travel in Central America, pág. 333.

11856 Alexander von Bülow, Auswanderung und Colonisation im Interesse des Deutschen Handels (Berlin; Posen : In Commission bei S. Mittler & Sohn, 1849), pág. 278.

11957 Véanse “États-Unis de l’Amérique Centrale”, en : Almanach de Gotha, Annuaire diplomatique et statistique pour l’année 1850, 87e. Année (Gotha: Chez Justus Perthes, s.a.), pág. 274; “États-Unis de l’Amérique Centrale”, en: Almanach de Gotha, Annuaire diplomatique et statistique pour l’année 1851, 88e. Année (Gotha: Chez Justus Perthes, s.a.), pág. 279; “États-Unis de l’Amérique Centrale”, en: Almanach de Gotha, Annuaire diplomatique et statistique pour l’année 1852, 89e. Année (Gotha : Chez Justus Perthes, s.a.), pág. 276.

12058 Ver estos textos: “Free States of Central America”, en: J. G. Heck, Iconographic Encyclopaedia of Science, Literature, and Art, (translated from the german […] edited by Spencer F. Baird), Vol. III (New York : Rudolph Garrigue, Publisher, 1851), pág. 113; “Free States of Central America”, en: J. G. Heck, Iconographic Encyclopaedia of Science, Literature, and Art, translated from german and edited by Spencer F. Baird, Vol. III (New York: Rudolph Garrigue, Publisher, 1852), pág. 113.

12159 Alexander von Bülow, Der Freistaat Nicaragua in Mittel-Amerika, und seine Wichtigkeit fûr den Welthandel, den Ackerbau und die Colonisation (Berlin: Verlag von Gustav Hempel, 1849), pág. 72. Von Bülow establece explícitamente una clasificación étnica de cinco categorías: blancos, indígenas, ladinos, negros y mulatos. Von Bülow, Der Freistaat, pág. 72.

12260 C. F. Reichardt, Centro-Amerika: nach den gegenwärtigen Zuständen des Landes und Volkes (Braunschewig: Druck und Verlag von Friedrich Vieweg und Sohn, 1851), pág. 99. Reichardt publica otra obra dedicada exclusivamente a Nicaragua: C. F. Reichardt, Nicaragua, nach eigner Anshauung im Jahre, 1852 (Braunschewig: Druck und Verlag von Friedrich Vieweg und Sohn, 1854).

12361 Aunque en algunas ocasiones el término “ladino” es interpretado de otra manera: “Compónese la población de Centro-América de criollos blancos, hijos ó descendientes de Españoles europeos, conocidos allí con el nombre de Ladinos; Indios ó aborígenes; y en las costas del N. unos pocos Negros.” Luis de Mata y Araujo, A. Sánchez de Bustamante y José Rodrigo, (eds.), Curso completo de geografía universal antigua y moderna por M.A.Letronne, (Madrid; Lima; Valparaíso: Librería de D. A. Calleja, 1855), pág. 868.

12462 “The States of Central America”, en: Richard S. Fischer, The Book of the World, 3ed. ed.,  Vol. I, (London: Imported by Sampson Low, Son, and Co., 1853), págs. 439.

12563 Frederick Crowe, The Gospel in Central America (London: Charles Gilpin, 1850), págs. 40, 46, 251. La obra de Crowe presenta un capítulo sobre “The Indians” y otro apartado sobre “The Mixed Classes”, Crowe, The Gospel, págs. 223-279.

12664 John Baily, Central America; describing each of the States of Guatemala, Honduras, Salvador, Nicaragua, and Costa Rica, (London: Trelawney Saunders, 1850), pág. 32.

12765 Véase Jorge Eduardo Arellano, “Nicaragua en los viajeros alemanes del siglo XIX”, en: El Nuevo Diario, (Managua, Nicaragua, 25 de febrero de 2010). En: http://www.elnuevodiario.com.ni/especiales/72492 , consultado el 20 de abril de 2011. El trabajo de Heine: Wilhelm Heine, Wanderbilder aus Central-Amerika (Leipzig: Hermann, 1853).

12866 Trad. ntra. Carl Scherzer, Travels in the Free States of Central America: Nicaragua, Honduras, and San Salvador, In two volumes, Vol. I, (London: Longman, Brown, Green, Longmans, & Roberts, 1857), pág. 48.

12967 Trad. ntra. Carl Scherzer, Travesl, pág. 91.

13068 Trad. ntra. Carl Scherzer, Travels, pág. 61.

13169 Trad. ntra. Carl Scherzer, Travels, pág. 59.

13270 Trad. ntra. Carl Scherzer, Travels, pág. 161.

13371 Trad. ntra. Scherzer, Travels, pág. 78.

13472 Trad. ntra. Julius Fröbel, Seven Year’s Travel in Central America, Northern Mexico, and the Far West of The United States, (London: Richard Bentley, 1859), pág. 67.

13573 Julius Fröbel, Seven Year’s Travel, pág. 99.

13674 E. G. Squier, Nicaragua: Its people, scenery, monuments and the proposed interoceanic canal, In two Volumes, Vol. I, (London: Longman, Brown, Green, and Longmans, 1852), pág. 32. La obra de Squier es traducida: E. G. Squier, Nicaragua, sus gentes y paisajes, traducido por Luciano Cuadra (Managua: Nueva Nicaragua, 1989).

13775 Squier, _Nicaragua, sus gentes_…, pág. 33. Véase el original: “The civilized Indians of Nicaragua, and those of Spanish and negro stocks crossed with them, constitute the mass of the population. The white individuals of pure European stock are but a small part of the whole, and are nearly equaled in number by those of pure negro blood. The entire population may be divide as follows: Whites,….25,000/Negros,…15,000/Indians,…80,000/Mixed,…130,000/Total,…250.000” En: Squier, Nicaragua, I, pág. 33. Ver también: E. G. Squier, Travels in Central America, particularly in Nicaragua, Vol. I, (New York: D. Appleton & Co., Publishers, 1853), págs. 32-33.

13876 “Art. III.-Nicaragua : and the proposed interoceanic canal”, De Bow’s Southern and Western Review, Vol. XIII, O. S., Vol. I, No. 3, (Septembre, 1852), J. D.B. de Bow, (ed.), De Bow’s Review of the Southern and Western States, Vol. XIII, New Series, Vol. I, [July-december, 1852], (New Orleans: Office, Merchants’s Exchange, 1852), págs. 251-252, págs. 236-258. Ver también: “Population of Nicaragua [Statistics of Population]”, Hunt’s Merchants’ Magazine and Commercial Review [From January to June, inclusive, 1852], Vol. XXVI: V (New York, May, 1852), pág. 634.

13977 Trad. ntra. Victor Herran, Notice sur les cinq états du Centre-Amérique (Bordeaux, Imprimerie de A. Pechade, 1853), pág. 10.

14078 “Nicaragua: its people…”, L’Athenaeum français. Journal universel de la literature, de la science et des beaux-arts, 2ème Année, Numéro 11, (12 de marzo de 1853), pág. 238.

14179 Richard Swaison Fisher; Charles Colby, (comp.), American Statistical Annual for the Year 1854, (New York: J. H. Colton & Co., 1854), pág. 443.

14280 “Nicaragua”, A member of the Royal Geographical Society, (ed. by), A Gazetteer of the World, or dictionary of Geographical Knowledge, Vol. V, (London: A. Fullarton & Co., 1856), pág. 572.

14381 “Nicaragua”, W. Duckett (sous la direction), Dictionnaire de la conversation et de la lecture, 2e. éd., Tome Treizième, (Paris: Aux comptoirs de la Direction et Chez Michel Lévy Frères, Libraires, 1857); “Nicaragua”, W. Duckett (sous la direction), Dictionnaire de la conversation et de la lecture, 2e. éd., Tome Treizième, (Paris: Librairie de Firmin Didot Frères, Fils et Cie., 1860), pág. 559; “Nicaragua”, W. Duckett (sous la direction), Dictionnaire de la conversation et de la lecture, 2e. éd., Tome Treizième, (Paris: Librairie de Firmin Didot Frères, Fils et Cie., 1868), pág. 559.

14482 “Nicaragua”, en: J. Smith Homans y J. Smith Homans, Jr., (ed.), A Cyclopedia of Commerce and Commercial Navigation, 2d. ed., (New York: Harper & Brothers, Publishers, 1860), pág. 1442.

14583 Comte Scala, Un monde inconnu. Course à travers l’Amérique centrale (Paris: Au bureau du journal La Gazette de France, Imprimerie Française et Espagnole de Dubuisson et Co., 1854), pág. 9.

14684 E. G. Squier, Notes on Central America, particularly the States of Honduras and San Salvador, their Geography, Climate, Population, Resources, Productions, etc., and the Proposed Honduras Interoceanic Railway; (New York : Harper and Brothers, 1855) y E. G. Squier, The States of Central America, Their geography […] ( New York, Harper & Brothers, Publishers, 1858).

14785 Véase una traducción en español: E. G. Squier, Apuntamientos sobre Centro-América, particularmente sobre los Estados de Honduras y San Salvador: su geografía, topografía, clima, población, riqueza, producciones, etc., etc., y el propuesto Camino de hierro de Honduras, Traducidos del inglés por un hondureño, (Paris: Imprenta de Gustavo Gratiot, 1856).

14886 Squier, Notes, pág.389-393; Squier, Apuntamientos, pág.377-382; Squier, The States, págs. 766-774.

14987 Squier, Notes, págs. 45-46, 51; Squier, Apuntamientos, pág. 49, 54; Squier, The States, págs. 50-51, 55.

15088 Squier, Notes, págs. 52-54; Squier, Apuntamientos, pág. 55-57; Squier, The States, pág. 57-58, 348, 368. En la traducción se apuntan por error: “Blancos […] 1, 000,000[Feb.24, 1862], (London: 1862), pág. 74.

151113 Trad. ntra. Comte R.-L.-M.-A. de Botmiliau, “Note sur les États de l’Amérique centrale, par. M. de Botmiliau, Ancien consul général et chargé d’affaires de France à Guatémala.” Bulletin de la Société de Géographie, Cinquème Série, Tome X, Julliet à décembre 1865, (Novembre 1865), pág. 482, págs. 465-485.

152114 Trad. ntra. Bedford Pim, The Gate of the Pacific, (London: Lovell Reeve & Co., 1863), pág. 37.

153115 José Álvarez de Espejo, Opúsculo sobre las cinco Repúblicas de la América Central, (Zaragoza: Imprenta de Calisto Ariño, 1863), págs. 27-28.

154116 Moritz Wagner; Carl Scherzer, La República de Costa Rica en Centroamérica, trad. del alemán por Jorge A. Lines; asesorado por Ernesto J. Wender y José Dávila Solera, (San José, C.R.: Imprenta Lehmann, 1944, Biblioteca Yorustí; 1), pág. 49.

155117 El autor nos dice: “Son las revoluciones políticas que se registran con una frecuencia incomparablemente más grande en Nicaragua que en Costa Rica y la anarquía acompaña estos trastornos, las que corrompen el carácter de la población. Una masa de vagabundos inservibles se acostumbró a tomar la bandera de cualquier jefe de partido para comer, a su sueldo, tortillas sin trabajar.” Wagner y Scherzer, La República de Costa Rica, pág. 51.

156118 Wagner y Scherzer, La República de Costa Rica, pág. 336.

157119 Trad. ntra. Charles Vogel, Du commerce et des progrès de la puissance commerciale de l’Angleterre et de la France, Tome Deuxième, géographie commerciale et douanière, (Paris: Veuve Berger-Levrault et fils, libraires-éditeurs; Guillaumin & Cie., Libraires, 1867), pág. 492.

158120 Wilhelm Marr, Viaje a Centroamérica, introducción y versión literaria de Juan Carlos Solórzano F.; traducción técnica y notas de Irene Reinhold (San José, C.R.: EUCR/Asociación Pro-historia Centroamericana, 2004), pág. 87.

159121 Marr, Viaje a Centroamérica, pág. 457.

160122 Marr, Viaje a Centroamérica, pág. 249.

161123 Marr, Viaje a Centroamérica, pág. 288.

162124 Marr, Viaje a Centroamérica, págs. 186, 252.

163125 Marr, Viaje a Centroamérica, págs. 206-207.

164126 Marr, Viaje a Centroamérica, págs. 239-240.

165127 Marr, Viaje a Centroamérica, pág. 197.

166128 Marr, Viaje a Centroamérica, pág. 215.

167129 Marr, Viaje a Centroamérica, pág. 210.

168130 Marr, Viaje a Centroamérica, pág. 303.

169131 Cursiva original. Marr, Viaje a Centroamérica, pág. 124.

170132 Otro autor hace ya esta reflexión con respecto al relato de Marr: Javier Rodríguez Sancho, “ “El blanco está hecho de otra materia que el negro” . El periplo del viajero alemán Wilhem Marr en Centroamérica (1852-1853)”, Memorias. Revista Digital de Historia y Arqueología desde el Caribe, (Uninorte, Barranquilla, Colombia), Año 5 : N° 9 (Julio, 2008), págs. 137-138, págs. 123-139. En: http://www.redalyc.org/pdf/855/85550910.pdf , consultado el 22 de abril de 2011.

171133 Marr, Viaje a Centroamérica, pág. 227.

172134 Marr, Viaje a Centroamérica, pág. 192.

173135 Marr, Viaje a Centroamérica, pág. 279.

174136 Félix Belly, Apertura del istmo americano: Canal de Nicaragua, (Paris: En la oficina de la dirección del canal, 1859), pág. 25; Félix Belly, Percement de l’isthme de Panama par le Canal de Nicaragua, exposé de la question, (Paris: Aux Bureaux de la Direction du Canal, et la Librarie Nouvelle, 1858), pág. 22-23.

175137 Félix Belly, A travers l’Amérique Centrale, Le Nicaragua et le Canal interocéanique, Tome Premier (Paris, Librairie de la Suisse Romande, 1867), 1867, pág. 261.

176138 Belly, A travers l’Amérique Centrale, I, pág. 232, Félix Belly, L’isthme américain. Notes d’un premier voyage 1858, (Bruxelles: Weissenbruch, 1889), pág. 126, 154.

177139 Belly, A travers l’Amérique Centrale, I , págs. 253-254.

178140 Trad. ntra. Frederick Boyle, A Ride Across a Continent: A personal Narrative of Wanderings through Nicaragua and Costa Rica, In two volumes, Vol. I, (London: Richard Bentley, 1868), págs. 63-64.

179141 D.M. B. Y P.,_Geografía Universal ó Descripción de todas las partes del mundo por el célebre Malte-Brun, [...] Puesta al corriente de la Ciencia y completado lo que corresponde á España y sus colonias, por D. M. B. Y P., Tomo Cuarto, (Madrid, Librería de D.A. de San Martín; Barcelona, Establecimiento de El Plus Ultra, 1869), pág. 332.

180142 Julio Nombela, Almanaque enciclopédico español ilustrado para 1871, (Madrid, Administración, 1870), pág. 79.

Para citar este artículo :

Ronald Soto-Quirós, « Etiquetaje étnico-racial de Nicaragua por los extranjeros: 1821-1870 », Boletín AFEHC N°50, publicado el 04 julio 2011, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=2730

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Comentario enviado el Thursday 27 de November de 2014 por Yan Yanin LOPEZ CHINCHILLA

En este texto no aparecen como notas finales desde el número 107 a la 112… Hay alguna forma de acceder a la información correcta de esas citas?
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