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AFEHC : articulos : El enigma del Nazareno de Santa Ana: la Dulce Mirada de su hermano sevillano : El enigma del Nazareno de Santa Ana: la Dulce Mirada de su hermano sevillano

Ficha n° 3003

Creada: 25 diciembre 2011
Editada: 25 diciembre 2011
Modificada: 25 diciembre 2011

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Autor de la ficha:

Joaquín MARQUEZ RODRIGUEZ

Editor de la ficha:

Paul LOKKEN

Publicado en:

ISSN 1954-3891

El enigma del Nazareno de Santa Ana: la Dulce Mirada de su hermano sevillano

Con el propósito de acercarnos a la autoría del insigne escultor que talló la venerada imagen de Jesús Nazareno de la Dulce Mirada, para una de las primeras aldeas construidas por los españoles en la Antigua Guatemala, se profundiza en una serie de características anatómicas de la efigie y de algunas de las costumbres socioculturales de la época, tales como el envío de esculturas al Nuevo Mundo por los jesuitas, los franciscanos o los dominicos. De su reciente restauración y de los datos analizados, se concluye que debe tratarse de una escultura realizada en España, localizándose una imagen procesional en la provincia de Sevilla que presenta detalles estilísticos similares. A raíz del estudio detallado de un nazareno sevillano, que a su vez presenta similitudes estilísticas con obras documentadas en las cercanías de su ubicación geográfica, descubriremos uno de los escultores manieristas más influyentes de finales del siglo XVI y principios del XVII; período en el que se produjo el nacimiento de una nueva corriente escultórica: el Barroco sevillano.
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Palabras claves :
Escultor, Jesús Nazareno, Efigie, Manierismo
Autor(es):
Joaquín Márquez Rodríguez
Fecha:
Diciembre de 2011
Texto íntegral:

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Introducción

2A finales del siglo XVI, los españoles levantaron multitud de templos en Santiago de Guatemala, implantándose la iconografía de Jesús Nazareno por todo el reino. Muchas de las esculturas que representaban a Jesucristo cargando con la cruz camino del Calvario, fueron transportadas directamente desde España gracias a las órdenes religiosas, en embarcaciones que partieron desde el puerto de Sevilla a través del río Guadalquivir. Punto estratégico de intercambio comercial, recibía los navíos procedentes de América, cargados de materias primas y metales preciados como el oro y la plata. Con el nacimiento de la escuela sevillana de imaginería, multitud de escultores y tallistas establecieron sus talleres en la ciudad, como lo fueron los afamados Juan Bautista Vázquez, Jerónimo Hernández, Gaspar del Águila, Juan Martínez Montañés, Marcos de Cabrera o Francisco de Ocampo. Hubo otros que viajaron a las ciudades coloniales para enseñar el noble arte de la escultura a los habitantes de los nuevos territorios descubiertos1. Se estableció un verdadero mercado con las imágenes y retablos. El intercambio cultural fue mutuo: aunque los españoles conocían la técnica del papelón para realizar imágenes procesionales de poco peso, los indígenas americanos dominaban el modelado en pasta de maíz, siendo diversas las obras americanas de los siglos XVI y XVII repartidas por la geografía española. El Nazareno de la Dulce Mirada, obra de escultura de la citada época ubicada en la aldea de Santa Ana, arrabal indígena de la ciudad de Santiago de Guatemala (hoy La Antigua Guatemala), posee unas características propias de la escultura sevillana, cuyo enigma trataremos de desvelar.

Los nazarenos de Guatemala, el Nazareno de Marchena (España) y la orden dominica

3En la década de 1540, el presbítero Juan Godínez fundó las milpas de Santa Ana y de Santa Isabel Godínez en el valle de Panchoy, perteneciente a Santiago de los Caballeros de Guatemala, hoy La Antigua Guatemala. Con el crecimiento demográfico, se transformó en un barrio de la ciudad, desde 1548 de la entonces audiencia de los Confines de Guatemala y Nicaragua y, a partir de 1569, de la nuevamente reconstituida audiencia de Guatemala. Poco a poco, la ciudad fue consolidándose como el mayor centro comercial, cultural, político y religioso de la audiencia (cuya extensión territorial abarcaba lo que hoy son Chiapas, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica). En 1566, la urbe obtuvo el título de “Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala” por mandato del rey Felipe II.

4Santiago se caracteriza por tener cofradías muy antiguas: con la colonización española se fundaron las de la Inmaculada Concepción (1527), Vera Cruz (1533) y del Rosario (1559). Esta última, con sede en el convento de Santo Domingo, sólo admitía a españoles2. Después se fundaron cofradías expresamente para “indios” y otras para “morenos”. Resulta curiosa la coincidencia en la fecha, el tipo de orden religiosa y el nombre de las cofradías guatemaltecas con algunas de las cofradías instituidas en el sevillano pueblo de Marchena (España): los dominicos fundaron en 1556 una cofradía del Rosario en la iglesia conventual de San Pedro Mártir (vulgo de Santo Domingo), y los franciscanos fundaron la de Vera Cruz en 1533.

5La ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala era reconstruida constantemente a causa de la alta actividad sísmica de la zona, siendo habitual la reparación de los edificios religiosos y civiles. El actual templo que acoge la imagen del Nazareno de la Dulce Mirada en la aldea de Santa Ana, data de la primera mitad del siglo XVIII. Bajo dicha advocación se fundó una hermandad a mediados del siglo XIX, con la finalidad de sostener las prácticas espirituales entre los vecinos de la aldea. En época colonial, la imagen de Jesús Nazareno se exponía en velación el Jueves Santo y salía el Viernes Santo por la mañana, a recorrer las calles sobre unas pequeñas andas. Probablemente, las primeras procesiones que realizaron con la imagen se caracterizaron por la austeridad de como tenían lugar en Sevilla, organizadas por los misioneros religiosos. Posteriormente, la procesión debió suspenderse durante varios años, sobre todo a raíz de los devastadores terremotos de Santa Marta (1773).
En un principio, se indicaba que la imagen del Nazareno de Santa Ana era de un escultor desconocido del siglo XVII y como pago por su trabajo solicitó un canastillo de monedas de plata. Sin embargo, como gratitud de los aldeanos por el excelente acabado de la talla, le fueron entregados dos canastillos. Otra tendencia popular lo atribuía al escultor Bernardo de Cañas o a su ayudante Siprión Balám, oriundo de la aldea. Según una leyenda, este aprendiz decidió omitir su autoría por su condición de indígena.

6El historiador local Arístides Bejarano Muñoz consiguió relacionar todas las obras de Bernardo de Cañas descartando al Nazareno de Santa Ana como una obra suya3. Recientemente, la imagen ha sido sometida a una profunda restauración. Los trabajos realizados en 2009 han tenido una duración de cinco meses y estuvieron a cargo de José María Muñoz Álvarez, del Consejo Nacional para la Protección de la Antigua Guatemala (CNPAG). La efigie ha recuperado su policromía original que es clara, eliminando la suciedad acumulada por el paso de los siglos, lo que confería a la imagen una tonalidad muy oscura. Por este motivo, durante mucho tiempo se argumentó que la imagen pudo haber sido realizada por manos mestizas. La recuperación de su aspecto original y el hecho de presentar una cabellera esculpida en lugar de pelo natural, la diferencia de la mayoría de las esculturas guatemaltecas que representan a Jesús Nazareno. La policromía presenta una tonalidad mate en lugar de una brillante, con la que se caracterizan las esculturas prehispánicas. La restauración puso de manifiesto que su escultor debió pertenecer a la escuela sevillana pero sin matizar el taller de procedencia. Este estudio relaciona la talla del nazareno guatemalteco con un nazareno español, con el que comparte ciertas características anatómicas (véase figura 1). Aunque dicho nazareno es anónimo sevillano, la comparación de determinados detalles estilísticos con obras documentadas de autores que trabajaron en la población donde se ubica, ha permitido encuadrar la fecha aproximada de realización y el círculo escultórico.

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Figura 1. - Anónimos 1588-1602 Nazareno de la aldea de Santa Ana en la Antigua Guatemala - antes de la restauración realizada por el CNPAG - y a la derecha, Nazareno de Marchena, Sevilla, España
Figura 1. – Anónimos 1588-1602 Nazareno de la aldea de Santa Ana en la Antigua Guatemala – antes de la restauración realizada por el CNPAG – y a la derecha, Nazareno de Marchena, Sevilla, España

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Nazareno de la aldea de Santa Ana en la Antigua Guatemala (antes de la restauración realizada por el CNPAG
Nazareno de la aldea de Santa Ana en la Antigua Guatemala (antes de la restauración realizada por el CNPAG

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 Nazareno de Marchena, Sevilla, España
Nazareno de Marchena, Sevilla, España

10El Nazareno de la Dulce Mirada, de 1,65 m de altura, se realizó en madera policromada. Es una escultura que presenta rasgos estilísticos propios de la transición de la época del manierismo al barroco sevillano (finales del siglo XVI a principios del XVII). Presenta unas medidas muy parecidas a las que tenía el nazareno español, ubicado en la sevillana localidad de Marchena, así como la posición original del cuerpo, que ha ido modificándose con las distintas restauraciones acometidas a lo largo del siglo XX. Dicha población, gozaba a principios del siglo XVII de multitud de ermitas, conventos e iglesias, con sus congregaciones religiosas y con cinco de las actuales cofradías de penitencia (entre ellas la de Jesús Nazareno). Fue una villa señorial poderosa, residencia de los duques de Arcos.

11La religión católica fue muy importante en aquella época; de dicha villa procedían los franciscanos fray Antonio de Marchena (primer evangelizador del Nuevo Mundo, que consiguió mediar entre los Reyes Católicos y Cristóbal Colón en el proyecto que condujo al descubrimiento de América4) y fray Luis de Bolaños (iniciador de las reducciones de Paraguay y autor de la primera traducción del catecismo limense al guaraní). En honor al primero, que participó en la expedición colombina, se le dio el nombre de Marchena a una de las islas que forman el archipiélago de las Galápagos.

12El efecto de los terremotos condicionó la forma de vida de los habitantes guatemaltecos y de sus costumbres sociales. En 1778 una de las cofradías más famosas de Guatemala, la de Jesús Nazareno de la Merced, se vio obligada a trasladarse hasta la nueva capital, debido al estado ruinoso en el que había quedado su primitivo templo en la Antigua Guatemala5. Esta cofradía fue fundada en 1582 para los españoles residentes en la antigua ciudad colonial (donde también debió fundarse la de Jesús Nazareno de la Dulce Mirada6). La actual talla del Nazareno de la Merced fue realizada por Mateo de Zúñiga en 1654 y sustituyó a la primitiva imagen de la cofradía, de la que nada se sabe hoy día sobre su paradero7. Por fundarse en torno a la misma fecha y ciudad, es probable que la primitiva imagen fuese parecida a la existente en Santa Ana.
Por los manuscritos conservados, se conoce cómo funcionaba la cofradía del Nazareno de la Merced en sus primeros años de andadura. Gracias a un documento del escribano Pedro de Caviedes, se sabe que Andrés Romero (español oriundo de Marchena), fue enterrado en 1623 en la capilla de la cofradía de Jesús Nazareno de la Merced, en la Antigua Guatemala, pudiendo así datarse la existencia de su primera capilla8. En el testamento pidió enterrarse con su hábito de nazareno en la iglesia de las Mercedes. Probablemente, Andrés Romero estuvo vinculado a alguna hermandad de la orden de los franciscanos o de los dominicos de la villa ducal de Marchena, pudiendo haber intervenido en la fundación de la hermandad del Nazareno de la Merced, creada para los españoles que hasta allí se trasladaron. Por la fecha de su muerte, su viaje a Guatemala debió acontecer en su adolescencia, unas dos o tres décadas posteriores a la finalización del Concilio de Trento (1563), en la que se promovió el culto externo a las imágenes. Cabe la posibilidad de que participara activamente con las órdenes religiosas, trasladándose junto a algún cargamento con imágenes de culto (recién talladas) desde el puerto de Sevilla, con el fin de proceder a la evangelización de la población indígena9.

13Sevilla es la ciudad que tiene el puerto más cercano a Marchena y en ella se establecieron los principales talleres de imaginería. Quizás de uno de ellos procedían las imágenes del primitivo Nazareno de la Merced y del venerado Nazareno de la Dulce Mirada, que llegaría a la Antigua Guatemala junto a otras imágenes seriadas que se irán describiendo más adelante. Es probable, que de haberse relacionado con alguna hermandad u orden religiosa y en base a las imágenes sagradas que recibían activamente culto en Marchena, Andrés Romero pudiera haber mediado en el encargo de las imágenes a exportar con un taller concreto. En ese caso, parece razonable realizar el contrato con el escultor que se encontraba en activo y que tanto trabajo tenía en la villa ducal, durante el tiempo que Andrés Romero vivió en ella. Por aquellas últimas dos décadas del siglo XVI debió llegar a Marchena una talla recién terminada de Jesús Nazareno acondicionada para procesión (a diferencia de su homónima, catalogada de retablo, que se ubica en la parroquia matriz y que debió realizar Roque Balduque en torno a 1557). La relación religiosa y comercial entre Guatemala y el sur de España debió ser muy fuerte y duradera en el tiempo. Tanto es así, que se ha relacionado la autoría del Nazareno de los Afligidos del Puerto de Santa María (Cádiz, España) con Mateo de Zúñiga, por las semejanzas tan notables que presenta con el Nazareno de la Merced que esculpió para Guatemala10.
Nuestro Padre Jesús Nazareno de Marchena es una talla de vestir, articulada en tres puntos (próximos a hombros, codos y muñecas). En agosto de 2010, el restaurador José María Calderón intervino en la fijación de la policromía del rostro, la cual se encuentra ennegrecida siendo aconsejable una nueva actuación con objeto de devolverle su aspecto original (mucho más clara11). Al igual que el Nazareno de Santa Ana, presenta el pie izquierdo adelantado. Carga la cruz sobre el hombro izquierdo, que es engarzada en un largo espárrago (colocado en la misma posición de ambas tallas). Es una imagen que ha perdido su postura original (apreciable en fotografías antiguas) y conservada en el nazareno guatemalteco. En su origen, debió tener tallado el pelo tenuemente, cubriéndose con una cabellera de pelo natural hasta el año 1842, que se le hizo en estopa y cola. Dejaba visibles las orejas (del modo que puede apreciarse la oreja izquierda en el Nazareno de la Dulce Mirada, descubierta por la ausencia de mechones tallados). Por ese motivo la imagen, de impronta manierista, presenta una cabellera barroca cuya fusión de estilos ha dificultado a muchos investigadores a la hora de encuadrar la talla.

14Ambos nazarenos poseen la boca entreabierta apreciándose la talla de los dientes, nariz recta de inspiración hebraica, pómulos marcados, líneas acusadas a ambos lados de la nariz (por la tensión de los músculos faciales) hasta tocar los bigotes (partidos) que dejan libres la comisura de los labios. La barba es bífida, algo más lobulada y retallada en el Nazareno de Santa Ana. La frente es despejada con abundantes regueros de sangre (al igual que en el cuello), más numerosos en el Nazareno de Marchena, que presenta un gran hematoma en la mejilla izquierda. En ambas tallas caen regueros de sangre procedentes de interior de la boca, desde la zona de unión de los labios hasta tocar la barba. La presencia de lágrimas en el Nazareno de la Dulce Mirada, podría indicar que fueron añadidas posteriormente en territorio guatemalteco. Exterioriza un gesto de dolor, manifiesto en su boca sangrante y el ceño levemente fruncido (véase figura 2). Los ojos son muy parecidos en cuanto a la forma y grosor del anillo exterior del iris, y el color policromado en éste, muy similar al marchenero, le confiere un aspecto vidrioso. Esta característica tan peculiar permite que podamos relacionar ambas tallas como procedentes del mismo taller, separadas ahora por la distancia que enmarca la amplitud del Océano Atlántico.

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Figura 2.- Nazarenos de la escuela sevillana: de Santa Ana, Guatemala, en marzo de 2008; de Marchena, Sevilla, España, en 2011 y de Pozoblanco, Córdoba, España, en 1982 antes de ser restaurado por Juan Martínez Cerrillo
Figura 2.- Nazarenos de la escuela sevillana: de Santa Ana, Guatemala, en marzo de 2008; de Marchena, Sevilla, España, en 2011 y de Pozoblanco, Córdoba, España, en 1982 antes de ser restaurado por Juan Martínez Cerrillo

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Nazarenos de la escuela sevillana: de Santa Ana, Guatemala, en marzo de 2008
Nazarenos de la escuela sevillana: de Santa Ana, Guatemala, en marzo de 2008

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Nazarenos de Marchena, Sevilla, España, en 2011
Nazarenos de Marchena, Sevilla, España, en 2011

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Nazarenos de Pozoblanco, Córdoba, España, en 1982 antes de ser restaurado por Juan Martínez Cerrillo
Nazarenos de Pozoblanco, Córdoba, España, en 1982 antes de ser restaurado por Juan Martínez Cerrillo

19Era práctica habitual de los escultores, policromar la sangre solamente en las partes visibles del cuerpo. La restauración practicada en 2009 al Nazareno de Santa Ana, recuperó la policromía de las palmas de las manos, presentándolas totalmente cubiertas de sangre. Al analizar las palmas de las manos del Nazareno de Marchena, especialmente en la izquierda, se observa notablemente una herida sangrante. Este carácter también es peculiar, dado que en las imágenes de los nazarenos que abrazaban la cruz, al dejar ocultas las palmas de las manos, raramente se les policromaba la sangre. Tienen manos alargadas, con dedos finos y redondeados en los extremos. Ambos tienen las uñas talladas, con las líneas que se forman en las palmas de las manos representadas con la misma grafía (ver figura 3). Todo ello apoya la hipótesis de que el Nazareno de Santa Ana, debe ser hermano del Nazareno de Marchena, realizándose ambas tallas en algún taller localizado en la ciudad de Sevilla, en la época del nacimiento de la escuela escultórica sevillana.

20En pleno ambiente de Contrarreforma, en la que se tenía reciente la celebración del concilio de Trento (1545-1563), se producía un cambio en la obra pastoral de la Iglesia, promoviendo la devoción en la contemplación de la Pasión de Cristo por medio de procesiones públicas. Se comienza a demandar esculturas anatomizadas de tamaño natural, para incitar la compasión del espectador, tanto en España como en las zonas coloniales. Por ello, surgieron multitud de talleres en la ciudad de Sevilla, considerada puerto del Nuevo Mundo.

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Figura 3.- Detalles en la talla de la mano derecha en las imágenes de Jesús Nazareno de Santa Ana, a la izquierda, y de Jesús Nazareno de Marchena, a la derecha
Figura 3.- Detalles en la talla de la mano derecha en las imágenes de Jesús Nazareno de Santa Ana, a la izquierda, y de Jesús Nazareno de Marchena, a la derecha

22La primera atribución de la posible autoría de Jesús Nazareno de Marchena, comentada popularmente y tras las visitas de los distintos restauradores, recayó en el nombre de Juan Bautista Vázquez “el Viejo” (1510-1588), por comparaciones estilísticas con el Cristo de Burgos de la ciudad de Sevilla12. Posteriormente, se apuntó el nombre de Marcos de Cabrera (1540?-1601) que fue uno de sus discípulos, al presentar similitudes anatómicas con el nazareno de la sevillana localidad de Utrera. El primero envió diversas esculturas y retablos a América (como los de la catedral colombiana de Tunja) en los navíos que partían desde Sevilla y el segundo, realizó incluso viajes a Latinoamérica13 (tuvo un taller en la ciudad colombiana de Santa Fe de Bogotá, enseñando el oficio de entallador a un menor por un tiempo de cuatro años14). La mayoría de estas obras se encuentran hoy día muy retocadas. La cabeza del Nazareno de Marchena se aproxima incluso a la que presenta, en pasta de madera, el Cristo de la Humildad y Paciencia de la sevillana hermandad de la Cena. Dicha imagen, originalmente se encontraba en la iglesia y hospital de San Lázaro. También bajo este título y en tierras mesoamericanas, fue el tercer hospital de Santo Domingo (ordenado mediante las Leyes de Indias en 1573 para atender a los enfermos de lepra15). Estuvo bien relacionado con el situado en la capital hispalense.
En este estudio se vinculan las tallas de los Nazarenos de Santa Ana y de Marchena, con la producción del taller de Gaspar del Águila (1530-1602) y su discípulo Blas Hernández, por similitudes muy concretas con obras suyas documentadas. Dicho escultor trabajó previamente en el taller de Juan Bautista Vázquez y desarrolló un papel muy influyente en el gremio de la escultura: fue nombrado por el cabildo de Sevilla en 1573, “veedor del arte de los escultores y entalladores16”. Examinaba a aquellos aspirantes que una vez completada su formación debían desempeñar el noble arte de la escultura, entre ellos, al célebre Juan Martínez Montañés.

Análisis comparativo de los nazarenos de Marchena y de la Dulce Mirada, con obras afines al taller de Gaspar del Águila

23Además del análisis estilístico, se ha tenido en cuenta el factor geográfico a la hora de atribuir las imágenes. Gaspar del Águila tiene documentadas en Marchena diversas imágenes religiosas; como la Virgen de la Soledad (1574) y San Sebastián Mártir (1575). La comparación de las formas que presentaban los párpados abultados y especialmente las cejas anchas, peculiares en esta dolorosa y tan poco habituales en las imágenes marianas (tangibles antes de su primera restauración documentada y en base a una magnífica fotografía de 1862 tomada por el conde de Lipa) con las del Nazareno de Marchena, los relacionan. Del mismo modo, el Nazareno comparte en común con San Sebastián Mártir la semejante policromía del iris y la talla de las manos y de los pies.

24En el mismo templo donde se encuentra ésta última imagen, hay un crucificado de Ánimas que se podría atribuir con fiabilidad a Gaspar del Águila. La talla de la cabeza se acerca a la del Nazareno (sobre todo observando las fotografías de 1951 conservadas en la fototeca de la Universidad de Sevilla, antes de presentar importantes pérdidas de policromía). Particularmente, la posición de los pies y talla de los dedos, son análogas a la del Cristo de la Sangre, obra del maestro de 1567, de la cercana localidad de Écija. Los crucificados reseñados y el Nazareno, fueron realizados en madera de pino (material con el que principalmente trabajaba Gaspar del Águila), poseen un detalle anatómico común muy característico: el pliegue que forma el dedo meñique de cada pie y la forma en que se han tallado (incluyendo la uña), características ausentes en muchas otras imágenes de la época. Anatómicamente, estas tres imágenes poseen una tipología de pie denominado griego (dedo índice mayor a los demás; característica que no comparte con el Nazareno de Utrera), a diferencia del pie egipcio (donde el pulgar es el mayor) o cuadrado (en la que el pulgar está a la misma altura que los demás; más frecuente entre la población latinoamericana). La forma de policromar los regueros de sangre en el Nazareno de Marchena, se asemeja mucho al crucificado de Écija. Este carácter, junto a las similitudes faciales (nariz, boca, talla de los dientes, labios y mechones en la barba, párpados, etcétera), también las comparte con el Cristo de la Vera Cruz de Benacazón (Sevilla), que ha sido atribuido a Gaspar del Águila tras las últimas restauraciones practicadas. Este crucificado se concibió para portar una amplia peluca de pelo natural (que tapaba la cabeza carente de orejas y de pelo tallado) y enagüillas.

25Recientemente, se ha descubierto que Gaspar del Águila también es el autor del Nazareno de las Fatigas, de 1,18 m, venerado en la parroquia sevillana de Santa María Magdalena17. Es una imagen de las denominadas “de bulto redondo” acondicionada posteriormente para ser vestida. Se realizó en 1587 con la túnica tallada y pelo esculpido que ocultaría las orejas (no le fueron talladas). La posición de los pies en la peana (el izquierdo adelantado hacia el frente y el derecho girado hacia afuera) con las rodillas ligeramente flexionadas, recuerda a la que presentaba el Nazareno de Marchena antes de una restauración practicada en 1948. El de Marchena, poseía un sudario tallado ligeramente a modo de telas encoladas, y al igual que el Nazareno de las Fatigas y la imagen de San Sebastián de Marchena, presenta los dedos índice y anular tallados minuciosamente y casi unidos en una de las manos. Estos detalles, junto a las semejanzas patentes en los ojos y en la barba bífida, refuerza la idea de que el Nazareno de Marchena también podría ser del mismo autor.

26Del mismo modo, la forma de representar la sangre en el Nazareno de las Fatigas y los rasgos faciales, lo relacionan con el Nazareno de la aldea de Santa Ana. Tras las recientes restauraciones practicadas en éstas dos imágenes, las semejanzas faciales entre ellas han aumentado considerablemente (véase figura 4), si bien el guatemalteco se aproximaba más al marchenero antes de ser tratado. Al analizar la forma en que está tallada la barba bífida, en el Nazareno de las Fatigas es convergente mientras que en el de Santa Ana termina en mechones divergentes. Se sabe que a finales del siglo XVI, Gaspar del Águila concertó con los dominicos realizar algunas imágenes para Guatemala y que en 1601, terminó un par de esculturas para Puerto Rico.

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Figura 4.- Detalle del rostro de Jesús de la Dulce Mirada y del Nazareno de las Fatigas, después de las intervenciones practicadas en 2009 y en 2010, respectivamente. Este último fue restaurado por Francisco Berlanga de Ávila
Figura 4.- Detalle del rostro de Jesús de la Dulce Mirada y del Nazareno de las Fatigas, después de las intervenciones practicadas en 2009 y en 2010, respectivamente. Este último fue restaurado por Francisco Berlanga de Ávila

28Fueron varias ocasiones las que el escultor tuvo que tallar para Marchena: 1574 (Virgen de la Soledad), 1575 (San Sebastián Mártir) y en torno a 1588 (un retablo con dos relieves de San Matías y Santa Bárbara de la capilla de la Vera Cruz). Concretamente, a partir de esa última fecha, Gaspar del Águila tuvo que trabajar duramente con el escultor Blas Hernández Bello (que se encontraba recién casado con una hija suya), para concluir una gran cantidad de retablos que dejó sin terminar el escultor Jerónimo Hernández, tras producirse su muerte en 1586 a los cuarenta y seis años de edad18. Por la sociedad formada entre ambos, se comprometieron a hacer una reja de madera para “el coro de sillas de la iglesia de San Juan de la villa de Marchena” en 159019. Posteriormente, para dicha villa, Blas Hernández acordó hacer en 1597, una cabeza de San Pedro Mártir para el cuerpo del santo que estaba en la iglesia del convento dominico de San Pedro Mártir.

29Los nazarenos de Santa Ana y de Marchena, debieron realizarse por Gaspar del Águila entre 1588 y 1602 (posiblemente, sus últimas esculturas procesionales). Como se ha referenciado, a finales del siglo XVI Gaspar del Águila concertó con los dominicos realizar esculturas para Guatemala. Según la hipótesis planteada, en torno a ese año de 1597 en la que se realiza un contrato con los dominicos, debieron haber terminado las obras que dejó inacabadas el maestro Jerónimo Hernández. Por aquellas fechas, época en la que se enviaban abundantes obras a Centroamérica, el arzobispado de Sevilla había emitido varios sínodos diocesanos que trataban sobre la regulación de las cofradías, complicando la posible fundación de otras nuevas (como pudo ser la de Jesús Nazareno en Marchena). Aunque existen algunas diferencias con el Nazareno de la Dulce Mirada, parece razonable pensar que el de Marchena debió realizarse muy próximo en el tiempo en taller de Gaspar del Águila, quedándose uno de ellos en el municipio sevillano y viajando el otro hasta Guatemala.

30Muy probablemente, junto al nazareno guatemalteco viajaron otras imágenes que representaban distintos momentos de la Pasión de Cristo. Conjuntamente con la imagen de Jesús de la Dulce Mirada, desde el templo de Santa Ana, intervienen en una procesión del Vía Crucis varias imágenes seriadas que pueden datarse de la transición de los siglos XVI al XVII. Generalmente, las escenas representan la oración en el huerto, la flagelación en la columna y la coronación de espinas. En particular, la imagen que representa a Cristo sentado en la piedra esperando la crucifixión con la mano en la mejilla (una tipología de imagen a veces denominada “Cristo del Pensamiento”), muestra ciertas similitudes con el Nazareno de Marchena (concentradas sobre todo en la particular forma de tallar las orejas, característica muy peculiar). Sin embargo, dicha imagen está más cercana estilísticamente al cordobés Nazareno de Pozoblanco (España), si lo comparamos con fotografías anteriores a la restauración efectuada en 1982 (véase figura 5). De éste último, su anónimo escultor no llegó a terminarle una de las orejas20.

31El “Cristo del Pensamiento” y el Nazareno de Pozoblanco, presentan la barba bilobulada de forma equivalente y los glóbulos oculares de similar forma y tamaño. En relación al óvalo facial, poseen unos ojos muy grandes, a diferencia de los otros nazarenos. La imagen de “Jesús del Pensamiento” que se ha descrito, es muy parecida a las restantes figuras de Cristo existentes en la aldea de Santa Ana, representando distintos momentos de la Pasión. Quizás por esa razón, en el análisis que Jorge Bernales Ballesteros hace de algunas obras documentadas de Blas Hernández Bello, afirma que se le asociaba a un autor de producción serial21. No es de extrañar por las condiciones que tuvo que trabajar en la última década del siglo XVI, recién llegado a Sevilla desde su ciudad natal de Salamanca para ejercer en el taller del maestro que lo examinó en 1586, y que se convertiría en su suegro en un momento clave para su desarrollo profesional: la alta demanda de obras y la creación de una sociedad de ambos con la viuda de Jerónimo Hernández (desde 1588 hasta 1594). Sería a partir del siglo XVII, tras la muerte de Gaspar del Águila cuando desarrollaría su máxima expresión (manteniéndose activo hasta 1626), en una nueva época en la que algunos autores lo relacionan con Martínez Montañés.

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Figura 5.- Rasgos faciales de las imágenes de la aldea de Santa Ana, Nazareno y Jesús del Pensamiento, y del Nazareno de Pozoblanco. Puede apreciarse la talla de la barba y el policromado del llamativo reguero de sangre cayendo por la mejilla derecha con la misma inclinación y recorrido aproximado
Figura 5.- Rasgos faciales de las imágenes de la aldea de Santa Ana, Nazareno y Jesús del Pensamiento, y del Nazareno de Pozoblanco. Puede apreciarse la talla de la barba y el policromado del llamativo reguero de sangre cayendo por la mejilla derecha con la misma inclinación y recorrido aproximado

33Los nazarenos de Santa Ana y de Marchena se acercan más al estilo de Gaspar del Águila que de Blas Hernández Bello, quién posiblemente sea el autor de las otras imágenes guatemaltecas comentadas. Por ciertos detalles en la escultura, Blas Hernández Bello debió intervenir junto a su suegro en la terminación de la talla de Jesús de la Dulce Mirada, que debió realizarse próximo a la muerte del maestro (1602), ya que se aprecian algunos matices manieristas con otros barrocos. Su único nazareno documentado se encuentra en Cortegana (Huelva, España), de 1607, en la que ya se le aprecia una tendencia montañesina, acentuando las formas barrocas en la talla del pelo y en la barba perfectamente bilobulada. Presenta algunas similitudes estilísticas con el Nazareno de Pozoblanco (España), sobre todo antes de sus tres restauraciones documentadas. Este último nazareno (hermandad fundada en 160522) representa la fusión de un estilo manierista tardío propio de Gaspar del Águila con el barroco que caracterizaría a Blas Hernández Bello23, escultor del que se tiene constancia de que en el año 1600 trabajó con Juan de Mesa24. Curiosamente, son los rasgos faciales del Nazareno de Pozoblanco los que más se asemejan a la imagen de Jesús sentado esperando ser crucificado, que sale en procesión desde Santa Ana. Coinciden en que tienen grandes ojos (representando el iris muy similar en ambos, y diferente en los nazarenos de Marchena y de Santa Ana), cejas finas, rectas y alargadas, regueros de sangre peculiares (uno de ellos cayendo junto al ojo), bigote partido, barba bífida, dientes tallados solamente en la parte superior de la boca y ligeramente entreabierta, etcétera.

34Blas Hernández Bello envió obras a Latinoamérica: en 1592 un Ecce Homo para Cumaná (Venezuela) y una Virgen del Rosario para Valladolid (México), en 1595 figuras de algunos santos para el convento de Santo Domingo en Guatemala25, y en 1610 unas figuras para Gabriel de Rojas (capitán general de la isla de Puerto Rico). Aunque no se ha conservado hasta nuestros días toda su obra, está perfectamente documentada desde que ingresa en el taller sevillano hasta el año 1626, existiendo unas lagunas documentales para años muy concretos (1590, 1591, 1599, 1601, 1604-1606, 1611, 1613, 1616, 1617) en los que quizás se correspondan con la talla de alguna de las obras comentadas26.
Justo a la finalización de este estudio y una vez analizadas todas las esculturas comentadas, hallamos la imagen de un nazareno en la provincia de Cáceres (España) que llama poderosamente la atención por sus rasgos faciales, principalmente la parte inferior del rostro (labios, dientes y modelado de bigotes y barba), cejas, policromía de los ojos y párpados profusamente marcados, que recordaban a los observados en el de Marchena. Sin embargo, su apariencia externa parece estar más relacionada con una imaginería propia de bien entrado el siglo XVII, quizás condicionada por la gran cantidad de restauraciones a las que ha sido sometida. Por otra parte, la mencionada imagen denominada Nazareno del Amparo, es el único titular de la hermandad que bajo esta advocación aprobara sus primeros estatutos en 1989. La imagen sufrió su última restauración en el año 2005, anatomizada completamente tras la creación de un cuerpo acorde con la talla de la cabeza, por el imaginero F. Fernández de Cáceres. Se cree que la cabeza debe ser obra de un escultor oriundo de Salamanca, comprada por el escribano Diego Durán de Figueroa. Quizás el hecho de haber sido el último de su linaje, motivó que otorgara un testamento en el que destinaba su fortuna para que el busto de un nazareno que tenía en propiedad, estuviera dignamente expuesto al culto27. Acontecida su muerte en 1682, se acondicionó y se amplió considerablemente una ermita. La hermandad del Nazareno del Amparo de Cáceres fue fundada finalmente en 1989 para dar culto a dicha imagen.
Dado que la familia Durán de Figueroa estuvo bien acomodada, no es de extrañar que tuviera dicha talla para el culto privado, pero se desconoce el año exacto en el que se adquirió. Diego debió de ser el nieto de Francisco Durán de Figueroa (1530-1605), cuya descendencia se extinguió en dos generaciones. Francisco nació cuando su padre, Juan Durán de Figueroa, septuagenario y próximo a su muerte, estableció su residencia definitiva en su ciudad natal de Cáceres28. Juan, procedía de una familia hidalga y dados los escasos recursos con los que contaba por aquellas fechas su familia, emigró muy joven a las Indias, coincidiendo con el establecimiento del famoso dominico, fray Diego Durán de Figueroa (1537-1588) en Tezcuco (México). Por tanto, el busto tuvo que ser adquirido por la familia, tras el regreso de Juan Durán de Figueroa a España.
Gaspar del Águila y Blas Hernández Bello son oriundos de Ávila y Salamanca, respectivamente (localidades distanciadas unos 100 km aproximadamente), no muy lejanas de Madrid (donde Juan se trasladó tras su regreso, antes de fijar su residencia final en Cáceres). Teniendo en cuenta que la familia Durán de Figueroa regresa del Nuevo Mundo una vez que dichos escultores estaban bien afincados en Sevilla, es probable que a su llegada a España y a su paso obligado por dicha ciudad, Juan adquiriera el busto en el mencionado taller, quedando posteriormente en poder de su unigénito hijo Francisco, y por tanto, en la ciudad de Cáceres por dos generaciones más hasta la muerte del último representante, Diego Durán de Figueroa. Probablemente y debido a la dificultad que conllevaría trasladar junto a sus pertenencias una talla completa por los caminos pedregosos que separaban Sevilla de Cáceres (casi 300 km), sólo comprara la cabeza. Debido a su vez, a la gran cantidad de obras que produjo Blas Hernández Bello (lamentablemente muchas hoy día desaparecidas), no es difícil pensar en esta posibilidad, dado que en 1610 se debió de recorrer esa misma distancia utilizando la misma ruta (la Vía de la Plata) para hacer entrega del llamado Cristo de la Pobreza al pueblo extremeño de Villanueva de la Serena.

Conclusiones

35Tras analizar detenidamente la situación sociocultural de finales del siglo XVI y el comienzo del barroco sevillano con el inicio del XVII, en la que órdenes religiosas como los dominicos concertaron con diversos maestros escultores la realización de imágenes religiosas, que se trasladaban en los barcos desde el puerto de Sevilla, en España, hasta los destinos coloniales, como Santiago de Guatemala, es posible vincular algunas de las tallas que hoy día permanecen anónimas. Después de comparar imágenes documentadas con el sevillano Nazareno de Marchena en las cercanías de su emplazamiento geográfico, y dadas las conexiones estilísticas presentes con el Nazareno de la aldea de Santa Ana, ambas tallas pueden atribuírseles a la gubia del escultor Gaspar del Águila (aunque con la posibilidad de que también interviniera su discípulo Blas Hernández Bello en el guatemalteco). El análisis comparativo del cordobés Nazareno de Pozoblanco (España) con los dos anteriores, y más concretamente con el resto de las imágenes de Cristo que procesionan en Santa Ana (especialmente el “Jesús del Pensamiento”), refuerza esta afirmación.

36Joaquín Márquez Rodríguez

37Notas de pie de página

381 Véase Jesús Miguel Palomero Páramo, “Retablos y esculturas en América: Nuevas aportaciones”, en Bibiano Torres Ramírez y José J. Hernández Palomo, coordinadores, Andalucía y América en el siglo XVI: actas de las II Jornadas de Andalucía y América , 2 tomos (Sevilla: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1983), II, pág. 430. Mi más sincero agradecimiento a Stephen Webre y Paul Lokken, por sus sabios consejos en la revisión del manuscrito.

392 Zoila Rodríguez Girón, Dámaris Menéndez y Octavio Axpuac, “Las capillas de morenos y naturales del templo de Santo Domingo en Santiago de Guatemala”, en Juan Pedro Laporte, Bárbara Arroyo y Héctor E. Mejía, editores, XX Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala (Guatemala: Museo Nacional de Arqueología y Etnología, 2006), pág. 1512.

403 Óscar René Oliva, “El Nazareno de la Dulce Mirada de Santa Ana (Antigua, Guatemala)”, en EFE Reportajes , 11 de abril de 2011. En una entrevista realizada entre el reportero y Aurelio Santos, vicepresidente de la Hermandad de Jesús Nazareno de la “Dulce Mirada”, se referenció esta cita del escritor, así como de la restauración realizada a la imagen en el 2009 por la CNPAG. Los devotos recibieron una oración impresa por la restauración de la imagen, que puede encontrarse en el siguiente enlace: http://www.fecuaresmal.com/wp-content/uploads/2010/11/jesustanatrasok.jpg

414 Véase Juan Manzano Manzano, “Fray Antonio de Marchena, principal depositario del gran secreto colombino”, en Torres Ramírez y Hernández Palomo, coordinadores, Andalucía y América en el siglo XVI, pág. 505.

425 Véase Luis Gerardo Ramírez Ortiz, “Efemérides de la Cofradía Penitencial de la Consagrada Imagen de Jesús Nazareno de la Merced 1582-1821”, folleto cuaresmal 2004, pág. 21. Versión electrónica: http://www.parroquialamerced.com/media/recursos/folletos-cuaresmales/1996-2005/Folleto_Cuaresmal_Jesus_de_la_Merced-2004.pdf

436 Ramírez Ortiz, “Efemérides”, pág. 9.

447 Ramírez Ortiz, “Efemérides”, pág. 11.

458 Ramírez Ortiz, “Efemérides”, pág. 10. Hay que tener en cuenta que a diferencia de otras cofradías, ésta fue fundada para los españoles que se trasladaron hasta Guatemala. Al solicitar por escrito, en su testamento, ser enterrado con el hábito de nazareno en la propia capilla de la hermandad, Andrés Romero pudo ser uno de los fundadores.

469 Palomero Páramo, “Retablos”, pág. 431. Se especifica que uno de los métodos empleados por las compañías mercantiles, surgidas a raíz de la demanda de obras religiosas, consistía en la búsqueda en el propio puerto sevillano de algún pasajero con el visado en regla por parte del escultor, para acordar la venta en el destino final. Sería interesante, iniciar una investigación en el Archivo General de Indias de Sevilla para averiguar en qué posible travesía pudo embarcar Andrés Romero.

4710 Emilio M. Cañas, “Un nuevo estudio incide en la autoría guatemalteca del Nazareno de Afligidos”, Diario de Cádiz, 10 de febrero de 2011.

4811 Recogido en el Acta del Cabildo General Ordinario Anual de Cuentas de la Archicofradía del Santísimo Sacramento, Pontificia, y Real Hermandad de Ntro. Padre Jesús Nazareno, María Santísima de las Lágrimas, San Juan Evangelista y Ntra. Sra. de los Remedios (Marchena, Sevilla); celebrado el 11 de marzo de 2011. En el punto 3º (exposición y aprobación de cuentas ejercicio 2010), tras la exposición del rector de la hermandad, se justificó la necesidad de la urgente actuación y cuantía del pago al restaurador José María Calderón Herrera.

4912 En las últimas dos décadas, la hermandad ha recibido la visita, actuaciones o consejos de los imagineros y restauradores Juan Manuel Miñarro López, Pedro Enrique Manzano Beltrán, Francisco Gutiérrez Carrasquilla y José María Calderón Herrera.

5013 Pablo Francisco Amador Marrero y José Carlos Pérez Morales, “El sevillano capitán Marcos de Cabrera: personaje enigmático, notable escultor”, en ATRIO: Revista de Historia del Arte, 13-14 (2008): pág. 92.

5114 J. Félix Machuca, “Un cristo sevillano con entrañas aztecas”, en ABC (Sevilla), 27 de marzo de 2007, pág. 25.

5215 José Luis Sáez, “El hospital de San Lázaro: primer leprocomio dominicano”, en Acta Médica Dominicana, 16: 5 (1994): págs. 169-70.

5316 José Roda Peña, “El Nazareno de las Fatigas y su capilla en la parroquia de Santa María Magdalena de Sevilla”, en Laboratorio de Arte: Revista del Departamento de Historia del Arte 22 (2010): pág. 78.

5417 Roda Peña, “El Nazareno”, pág. 76.

5518 Juan Antonio Patrón Sandoval, “El escultor Blas Hernández Bello, autor de la Concepción Niña de la iglesia de San Francisco de Tarifa”, en Aljaranda: Revista de Estudios Tarifeños 78 (2010): pág. 16.

5619 Patrón Sandoval, “El escultor”, pág. 18.

5720 Rafaela Redondo, “Restauraciones documentadas realizadas a la imagen de Ntro. Padre Jesús Nazareno”, en Hermandad de Ntro. Padre Jesús Nazareno, Pozoblanco, IV Centenario, 1605-2005 (Pozoblanco, Córdoba: Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, 2005), pág. 67.

5821 Véanse Patrón Sandoval, “El escultor”, pág. 17; y Jorge Bernales Ballesteros, “Escultura montañesina en América”, en Anuario de Estudios Americanos 38 (1981): pág. 517. Patrón Sandoval no comparte la idea que Bernales Ballesteros manifestaba en su artículo sobre Hernández Bello, al catalogarlo como escultor adicto a la producción serial.

5922 Beatriz Esteban Muñecas, “El libro de Pellejo o Libro de las Constituciones de Ntro. Padre Jesús Nazareno”, en Hermandad de Ntro. Padre Jesús Nazareno, Pozoblanco, IV Centenario, 1605-2005, pág. 87.

6023 Joaquín Márquez Rodríguez, “Nuestro Padre Jesús Nazareno y su círculo escultórico: El encuentro con sus hermanos”, contraportada del folleto informativo editado por la Hermandad de Jesús Nazareno de Pozoblanco, por la conferencia impartida por el autor de este texto, el 25 de marzo de 2011 en la capilla de Jesús Nazareno.

6124 Patrón Sandoval, “El escultor”, pág. 22.

6225 Patrón Sandoval, “El escultor”, pág. 20.

6326 En base al texto expuesto y a este vacío documental, en mi opinión particular Nuestro Padre Jesús Nazareno de Marchena debió realizarse por Gaspar del Águila entre 1591 y 1599, al presentar rasgos más arcaicos y desconocerse la fecha exacta de fundación de su cofradía (época coincidente con la emisión de los sínodos diocesanos que promovieron la reducción de cofradías en la archidiócesis de Sevilla); el Nazareno de Santa Ana se realizaría por Gaspar del Águila y posiblemente Blas Hernández entre 1597 y 1602, coincidiendo con las fechas en las que estos escultores enviaron imágenes a Guatemala; y el Nazareno de Pozoblanco debe ser obra de Blas Hernández, probablemente del periodo 1602-1606 en el que se funda su cofradía.

6427 Archivo Histórico Provincial de Cáceres, protocolos de Gabriel Antonio Briceño de Muessas, 1682, testamento de Diego Durán de Figueroa, f. 10.

6528 Serafín Martín Nieto, “Las últimas voluntades del indiano cacereño Juan Durán de Figueroa”, ponencia presentada a los XXVIII Coloquios Históricos de Extremadura, Trujillo, 1999.

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Para citar este artículo :

Joaquín Márquez Rodríguez, « El enigma del Nazareno de Santa Ana: la Dulce Mirada de su hermano sevillano », Boletín AFEHC N°51, publicado el 04 octubre 2011, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=3003

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