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AFEHC : transcripciones : Cartas del Cabildo de Guatemala II : Cartas del Cabildo de Guatemala II

Ficha n° 3014

Creada: 25 enero 2012
Editada: 25 enero 2012
Modificada: 25 enero 2012

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Autor de la ficha:

Julian Andrei VELASCO PEDRAZA

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Cartas del Cabildo de Guatemala II

Carta del cabildo secular de Santiago de Guatemala, aprobando al Doctor D. José de Baños, canónigo de la Iglesia Catedral de Guatemala y remitiendo el sermón que el mismo hizo por la fiesta del Arcángel San Miguel.
863
Palabras claves :
Cabildo, Sermón, Fiesta de San Miguel
Autor:
Cabildo de Guatemala
Ubicación:
Archivo General de Indias. Audiencia de Guatemala
Fecha:
27/06/1671
Paginas:
12 folios
Texto íntegral:

1[Nota: El documento queda pendiente para una revisión general para algunos detalles, en especial, para las frases en latín]

2Señor.

3Cuando esta ciudad de Guatemala se hallaba con grandes recelos de que el enemigo hacía invasión en algunos de los puertos de sus provincias, por los repetidos avisos que se despacharon de Granada, Costa Rica, Panamá, Lima, y Cartagena con declaraciones de prisioneros, que decían era el ánimo del inglés el poblase en estas provincias, deseó esta leal ciudad, con su acostumbrado celo en el servicio de Vuestra Majestad el que se manejasen las armas, y hiciesen todas las prevenciones necesarias para el resguardo, sin que se llegase a la Real Haciendo de Vuestra Majestad y viendo la omisión del Reverendo obispo presidente (que es de parecer, que en semejantes aprietos, se ha de ocurrir tan solamente a Dios, como si le tuviésemos tan obligado con nuestras obras, que podamos esperar milagros de su divina mano) encomendó al doctor don Joseph de Baños, y Sotomayor canónigo de la Santa Iglesia de esta ciudad, y examinador sinodal del Obispado, predicase a la fiesta que hace dicha ciudad al Arcángel San Miguel patrono de las armas, encargándole como a sujeto de tanta virtud, letras, celo, y elocuencia persuadiese a que se pusiesen corrientes las armas, y adiestrase el pueblo en ellas, pues en esto siempre se iba a ganar, y el dicho doctor don Joseph de Baños lo hizo con el fervor, modestia, gravedad, y elocuencia que se servirá Vuestra Majestad de ver por el sermón que se /1r/ remite auténtico, de donde se ha originado que dicho reverendo obispo presidente no trate con la decencia debida al sujeto de tan relevantes prendas; que es el lustre, y desempeño del Cabildo eclesiástico de aquesta [sic] iglesia, por lo cual suplica esta ciudad de Guatemala a Vuestra Majestad con todo rendimiento se dé por servido del celo de dicho doctor don Joseph de Baños, honrándole con mayores ascensos, aunque esta ciudad sentirá los tenga fuera de ella, pues carecerá de sujeto tan lúcido, y sobresaliente. Guarde Dios la real y católica persona de Vuestra Majestad como sus vasallos hemos menester. Guatemala y junio 27 de 1671

4Don Feliciano de Ugarte y Ayalo Don Antonio de Gálvez Joseph Augustín del ____ Juan de Acevedo Gregorio de Laserna Bravo Gaspar de Andino [¿?] don Gerónimo Abarca y Paniagua
Por mandado del Cabildo Justicia y Regimiento
Benito Verdugo /1v/

5Guatemala a su Majestad 1671

6[Al margen] La ciudad 27 de noviembre. Júntese con los demás papeles tocantes a este sujeto, y véalo el señor fiscal.

7[A la derecha] Consejo a 25 de noviembre de 1672. En aprobación del doctor don Joseph de Baños, canónigo de la santa iglesia de Guatemala y remitiendo el sermón que hizo en la fiesta que se hizo por aquella ciudad al Arcángel San Miguel por el buen suceso de las armas católicas. /2r/ /2v vacío/

8SERMÓN.
EN LA FIESTA SOLEMNE
DE LA APARICIÓN DE SAN MIGUEL.
Que celebra la nobilísima ciudad de Guatemala por el buen suceso de las armas católicas de España.

9EN OCASIÓN
De haber entrado el enemigo en Panamá, y recelarse el que viniese a dar alguno de los puertos más inmediatos a dicha ciudad.
Agelicorim in coelis semper vident faciem Patris mei. Mat. cap. 18.

10No hay que recelar peligros, aunque ande el mar por los cielos. No hay que temer marciales naufragios, aunque amenacen sangrientas las borrascas. No tienen aquí lugar los temores; no caben de algún modo los recelos. Segura está esta nobilísima ciudad de invasiones contrarias; porque en su hermosa planta, y fundación la patrocina para el resguardo del Capitán General de las milicias celestes Miguel.
Que seguro se halla de asaltos el cuello desollado [¿?] de la sagrada Esposa! tan resguardado se ostenta en lo igual de sus perfecciones, como aquella torre incontrastable de David, rodeada de torreones, y guarnecida con gran número de armas: Sicut turris David collum tuum, quae aedificata et cum propugnaculis: mille clypci /3r/ pendent ex eaa, omnis armatura fortium. Que este prevenido con defensivas armas el cuello de la Esposa, es acertado acuerdo; porque si entre los demás se descuella grande guerra puede esperar su cuidado: aunque más le importara el armarse de paciencia para burlarse de los combates; que el disimular los tiros es el mejor modo de triunfar de envidiosos acometimientos. Pero porque resguardado de asaltos el cuello de la Esposa como la torre de David? Faltaba otra fortaleza aquí en compararlo por lo seguro de invasiones contrarias, y libre de asaltos enemigos? No ves, que la torre de David es la ponderación mayor de la seguridad, como tan incontratable? Pues qué tiene esta torre (vuelvo a preguntar) para ser inexpugnable del todo? Atiende: que Gilserio en el sentido de la letra dará las primeras luces. La torre de David fue edificada con tan agradable hermosura, como magnífica extensión: pulcherrimo, ac magnificentisimo opere aedificata erat. Estaba colocada entre dos remontados volcanes: inter duas voragines. Qué más tenía la torre de David? Era madre de toda doctrina, porque se fabricó para enseñanzas: ad doctrinas, seu ad disciplinas. Y qué es lo que la hacía tan fuerte como resguardada? Los torreones, puntas, y armas contra las opugnaciones enemigas: quae aedificata et cum propugnaculis: mille clypci pendent ex ea: omnis armatura fortium. Y estos torreones, y armas que defienden contra los enemigos pérfidos no representan al Arcángel San Miguel, que es todo el patrocinio y tutela contra las opugnaciones de todos nuestros contrarios. Así lo asegura Pantaleón Diacono: te nostri auxilis (dice hablando con San Miguel) arma validisima, et moenia adversus omnes hostes. Pues ya esta son dado el misterio. Si la torre de David edificada con tan agradable hermosura, como magnífica extensión, entre dos elevados volcanes, y madre de todas letras y enseñanza la patrocina Miguel para la defensa, no es menester oír más para tener entendido, que esa torre es la última ponderación de la /3v/ seguridad, como la más inexpugnable y resguardada de asaltos enemigos: siat turris David.
A esta nobilísima ciudad edificada con tan agradable hermosura, como magnífica extensión, colocada entre dos tan famosos, como remontados volcanes, y madre de toda sabiduría y enseñanza (pues desde provincias distantes vienen a ella a beber raudales copiosos de ciencia, que abunda en tan lúcido número de sujetos) no la favorece Miguel como su patrón para el resguardo? Así es: pues no es menester saber más para tener entendido, que esta ciudad ilustre es el encarecimiento mayor de la seguridad, como más fuente, e inexpugnable, sin que quepan recelos de asaltos enemigos, mi sospechas de invasiones contrarias.
Y si Miguel con todo el ejército de sus ángeles está a órdenes de María santísima, para la humana defensa (como siente con San Agustín el seráfico Buena Ventura) Michael dux, e pinceps militae caelestis, cum omnibus spiritibus administratoribus tuis virgo paret praeceptis in defendendis &a: ocurriendo a María soberana está asegurada del todo nuestra tutela: acojámonos pues a su ampara, para que nos favorezca con socorros de gracia.
AVE MARÍA /4r/

11Angeli corum in caelis semper vident faci em Patris mei. Loco, et cap. &a.

12Son las fuerzas criadas, sin los amparos divinos, cuerpos y estos destituidos de los alientos del alma. Son los más ventajosos poderíos de superiores criaturas, sin las sombras de Dios, flores delicadas, que yacen deshechas, careciendo de las clemencias celestes. Pintó en sus latinos emblemas el católico Camerario una concha de nácar madre de preciosas perlas navegando sobre las espumas del mar, abiertos los plateados labios con inclinaciones al cielo, aguardando los rayos ardientes del Sol, para que al calor de este aquel creció, que recibió al amanecer de las nubes, de que se forman en sus senos las perlas (como siente Plinio) cobre cuerpo, y robustez, para que salgan las margaritas tan preciosas como fuertes. Mira! aquí te enseña la naturaleza próvida, que aunque a la criatura más eminente y lúcida le hayan llovido de lo alto los más poderosos alientos, si como la concha preciosa de nácar no pone los labios al cielo haciendo oraciones al sol divino, y eterno para conseguir el calor de su amparo, son ningunas, y sin robustez las más alentadas fuerzas. Qué lúcido! Qué superior! Qué valeroso! Qué fuerte en el ser crió la mano poderosa de Dios al Arcángel Miguel! Porque lo sacó de juez para Capitán General de sus celestes ejércitos; pero no veo, que alientos tan elevados por sí solos tengan alguna fortaleza: Miguel batalla vibrando su poderoso acero como príncipe de la milicia angélica, pero juntamente ora, para emprender los triunfos a favor de los pueblos de Dios. Insinúalo así un responsorio del rezo de hoy: Hic est Michael archangelus princeps militiae angelorum: cuias honor praestat beneficia populorum, et oratio perducit ad regna caelorum. Las fuerzas militares del más superior campeón no son poderosas para vencer enemigos, si no se acompañan con oraciones, y hermanados los marciales alientos con los clamores a Dios rinden los más numerosos contrarios. No despreciéis (dice Cristo en nuestro Evangelio) a estos hombres débiles, y pequeños por la naturaleza humana, porque los ángeles que batallan por ellos están siempre viendo en el cielo /4v/ el rostro de mi padre; quia angeli corum in caelis semper vident faciem patri mei: Esto es, dice san Hilario en la homilía de hoy: Los ángeles, como están tan de la vista de Dios, oran continuamente por los fieles, por quienes pelean: Deum angeli vident, et angeli pusillorum praesunt fidelium orationibus. Esto habla del común de los ángeles; angeli corum; pero aquí no dice el Evangelio, que Miguel, que batalla, hace oraciones: Aunque no expresamente, sí dice tal, en doctrina de Cornelio de Gapide, porque afirmando el Evangelio, que los ángeles que pelean por los hombres, oran, debe entenderse de Miguel, porque los ángeles son soldados de su milicia, y las acciones de los soldados se atribuyen siempre al Capitán General: Scriptum enimea exprese Michaelis non apropriat, quamquam et ea, quae aelis angeli fecenit recte Michaeli altribuuntur. Sie enim gesta militum duci atribuimus. A juez[¿?] del más esforzado caudillo de las milicias celestes batalla Miguel con armas, y oraciones. Vibra, a nuestro modo material de entender, la espada, y rodela, y hace juntamente rogativas a Dios para defender a los católicos de sus contrarios, en que acredita lo elevado de su poder: porque en tanto se muestran poderosas las armas del más superior brazo para vencer enemigos, en cuanto se hermanan con oraciones.
Ver acá en labios de hombres una espada de dos filos no causará admiraciones, cuando hay labios tan maldiciente, que a muchos filos lastiman; pero en la boca soberana de Cristo es de todo pasmo al discurso, y de grade cuidado al pensamiento: Habebat in dextra sua stellas septem, et de orecius gladius utraque parte acutus. Si desnuda Cristo el acero para triunfar de sus enemigos, mejor estuviera en la mano donde tiene las estrellas, para poder usar de los filos: Pues por qué en los labios la espada, y en la mano las estrellas? Yo lo diré (dice Aretas) David no instaba en profecía a Cristo, que se valiese de la espada, como tan poderoso, accingere gladis tuo super femur tuum potentisime, para postrar a los pies sus enemigos: populi sub te cadent in corde inimicorum regis? Pues dice Cristo: usar de la espada para rendir a mis contrarios buen acuerdo es, pero para que parezca /5r/ espada de mi supremo poder, la he de poner en los labios; que si los labios son los que oran, nunca tan poderoso el acero para vencer enemigos; que cuando se hermana con oraciones: De ore autem eius gladius utraque parte acutas dicit egredi, atque Dei progenitor praecepit, ut hune super femur suum potens accingat. Y en estando la espada en los labios acompañada de rogativas, están las estrellas en la mano; habebat in destra sua stellas septem; porque tiene más que buena estrella, y los astros muy de su mano, para que influían favorables sucesos en las batallas, quien usa de las armas con oraciones.
Como no ha de parecer en los ejércitos católicos tan poderoso el estoque del Marte Miguel, si vibra el acero valiéndose juntamente de oraciones como ha de dar a nuestros pueblos los más felices triunfos, si pelea y ora? Maximus nobis est Michael (dijo Ruperto) quipe qui et ipse princeps noster dicitur, et est princeps in paelio, princeps in orationis sufragio. En la aparición que celebra hoy la Iglesia le dijo Miguel al obispo de Siponto (como se refiere la mitra trebense citada de Lipomano) que sus feligreses por oraciones habían conseguido la victoria en la guerra de sus bárbaros enemigos, habiendo bajado Miguel personalmente a defenderlos; en cuya señal se hallaron pisadas como de hombre estampadas en los mármoles. El príncipe Miguel con el ejército de sus ángeles muestra lo poderoso de su espada a nuestros contrarios, usando juntamente de oraciones. Angelieorum semper vident faciem patris mei. Y sabe Hilario: Deum angeli vident, et angeli pusillorum praesunt fidelium orationibus.
Está bien, que Miguel se valga de oraciones para nuestra defensa, pues es ángel de la Iglesia, y cuando sin los amparos divinos son ningunos todos los medios criados: pero que use tan acérrimamente nuestro arcángel de las armas, hace grande disonancia . ciento, y ochenta, y cinco mil, asirios degolló en una noche defendiendo al rey Ezequías en los reales de Zenacherib. toda la escritura sagrada está llena de destrozos sangrientos que hizo el ángel de Dios contra ejércitos enemigos, y esto lo entienden de Miguel, Sofronio, y Pantaleón. Las historias humanas refieren infinitas apariciones de nuestro arcángel, empuñadas las armas capitaneando los ejércitos católicos contra los enemigos de la fe. Léanse /5v/ las crónicas de Toledo, y de Navarra, por donde constará, que ha sido Miguel el adalid de las armas españolas para el degüello de sus infieles contrarios. Pues si Miguel es ángel de paz, Angelus pacis Michael in aedes, como tan sangriento, usando de las armas para los triunfos? Porque se vale de ellas para defendernos de ejércitos enemigos, y el usar de las armas para la defensa son las señales más ciertos de ángel sereno, y de paz.
Trata Dios de lograr sus ansias estrechándose con benignidad a los hombres, despacha al paraninfo Gabriel a María por nuncio de la encarnación soberana, y hallando el cortesano celeste a este reina de las ángeles en su retiro, le pide en nombre del verbo, para humanarse en sus entrañas, el consentimiento (aun el mismo Dios escasea violentar voluntades que disponer con mano la superioridad violencias, es infamar con sospecha sus procederes) fluctúa en desasosegadas congojas María a los primeros ecos de la embajada: qud cum audiset turbata est in sermone eius[¿?]. Qué es lo que asombra a María santísima? No es lo que mira un ángel blando y risueño vestido de humana gala? Eso mismo, dice el crisologo [sic], es lo que le ocasiona a María el parecerle, que Gabriel no tiene el crisologo [sic] la apunta. Gabriel no es la fortaleza de Dios para la guerra? Sí: fortitudo Dei. El verbo no viene a batallar contra el demonio en defensa del género humano? También es verdad. Pues dice María santísima. Guerra defensiva publica el verbo, y Gabriel, siendo la fortaleza de Dios en la guerra, no viene armado para pelear, ni se vale de las armas para defender; pues aunque venga vestido de risueño aspecto, me asombra, y horroriza, como si no fuese ángel sereno, y de paz, que el usar de las armas para la defensa, cuando insta la guerra, solamente las divisas ciertas de un ángel sereno, y pacífico. De sermone turbatur (escribió el crisologo [sic]) quia venerat angelus blandus in specie, fortis in bello.
Pues si Miguel echa mano de las armas en defensa de los pueblos /6r/ de Dios, nunca acredita mejor el ser ángel de paz: Angelus pacis Michael in aedes; que los espíritus celestes en cuanto pelean defendiendo a los hombres, muestran la serenidad de ángeles. Angeli corum.
El echar mano de las armas para repeler los contrarios, no es ir contra la paz; antes bien mirar por la serenidad común; que por esto el hieroglífico de la paz es una oliva en un brazo armado con un escudo, como que en tanto la paz se conserva, en cuanto se manejan las armas. Ex bello pax y máxima muy notoria. No será inquietar este sosegado reino, sino atender a su pacífica conservación, el que se ejerciten las armas para opugnar a los enemigos, si llegaren a alguno de nuestros puertos, como por tantos corres de aviso se teme: Disciplínese el pueblo con escuadrones, pónganse corrientes las armas que hubiere, adiéstrese con escaramuzas aquella generosa raza descendiente del Betis, que en tanto número ocupa esos espaciosos campos, foméntese con apremio los ingenios de la pólvora, que los humos de esta engendran nobles alientos: con estas diligencias irán corriendo los ecos de que en este reino hay grandes prevenciones militares, y las voces son las que acobardan, o despiertan a los enemigos. Nada se va a perder a estas solicitudes, y quizá aprovecharán mucho en ocasiones.
Cada plaza que perdemos, o entrada del enemigo, viene a ser para nuestro descuida un difunto que encontramos en la calle: Vemos el cadáver, y decimos interiormente: de verdad que vivimos con poco cuidado, porque puede llegar a nosotros el golpe de la muerte, cogiéndonos sin prevención alguna. Pasa el difunto, y no nos acordamos más de que puede llegar la muerte a nosotros, con que volvemos a vivir tan descuidadamente como antes. Sucede encontrar otros difuntos, y hacemos loa mismos recuerdos, mas en pasado, nos quedamos con el antiguo descuido, y en este estado llega, dando sobre nosotros repentinamente la muerte. Entró el enemigo en Jamaica, y decíamos: Verdaderamente que se vive con gran descuido en las Indias, y se necesita de que nos alentemos a grandes prevenciones, para defender al Rey nuestro señor estas tierras /6v/ que no puede socorrer con gente militar por tan apartadas; pasó la pérdida, y nos quedamos con el mismo descuido, y omisión que antes. Entró en Santa Catalina, en el Río de la Hacha, en Maracaibo, en Portobelo, una, y otra vez en Granda: hicimos los mismos recuerdos, pero pasadas las ocasiones nos quedamos con la omisión antigua. Entró en Panamá, y esta entrada con el rumor de repetidos correos nos sirvió de despertador algunos días, mientras considerábamos al enemigo y a allí fortificado, y que era dueño del mar del Sur; ahora que tenemos algunas prevenciones de que salía ya para Chagre con la presa, nos quedamos con el mismo descuido, y aun habiendo llegado del Callao antier otras nuevas, y de peor calidad. Quiera su divina Majestad por su infinita misericordia, que en este estado, ni en dicho cualquiera no llegue sobre nosotros repentinamente el golpe. Mas no llegará; porque tenemos a nuestro patrón San Miguel, que atendiendo como inteligencia noble a la paz, Angelus pacis Michael in aedes, maneja las armas con sus celestes ejércitos para nuestra defensa, manifestando ser espíritu soberano, cuya serenidad angélica pide defender a los hombres: Angeli corum.
Pero para manifestarse como apacibles ángeles las inteligencias supremas parece que nos dice el Evangelio que han de ser ángeles de muchos? Así es: no dice el texto, que defienden los ángeles a uno; habla de plural afirmando que a muchos patrocinan: Angeli corum, con justa razón: Porque no puede parecer con créditos de ángel un espíritu soberano, cuando a muchos no favorece.
A cierta hora bajaba aquel ángel del señor a remover las aguas de la piscina. La piscina revuelve el ángel? Pues verán como viene a parar en un vergonzoso retiro: que no es ilustre blasón, aun con motivos notorios, el ocasionar manifiestas revueltas: Angelus autem domini descendebot secundum tempus in piscinam. Y qué tiempo era este, en que venía el ángel? Silveira con otros expositores dice, que era a deshonra de la noche. Pues /7r/ por qué bajaba en las soledades de la noche el espíritu angélico? Es acaso porque descendía a favorecer, y quien beneficia ha de ocultar el agasajo? Pudiera ser, pero es otro el misterio, cuál es? Silveira lo descubrió: A este ángel le tenía Dios concedido el que diese la salud solamente a uno de los enfermos, que primero llegase a la piscina: Et qui prior descendiset in piscinam post mationem, aqud sanus fiebat. Pues dice el ángel: no he de bajar en las luces del día, cuando me pueden registrar los humanos ojos, desciendo en los disfraces de la noche, cuando nadie claramente me vea; que si estoy limitado para socorrer solamente a uno, y no beneficio a más, no puedo parecer con créditos soberanos de ángel a ojos de los hombres, cuando no beneficio a muchos: Quasi pudore afectus (escribió el carmelita) nostro dicendi modo non aparebat: quod visis tot infirmis, necesitate que opresis, uni tantum saluti ministrabat. Ven aquí sin pensar por qué Miguel se aparece hoy a los humanos ojos, y ha hecho tan repetidas apariciones: Beatum Michaelem archangelum (empieza hoy una de sus lisiones) saepius homnibus aparvise [¿?]. Como Miguel socorre, no solamente a uno, sino a todos los pueblos de Dios: Cuius honor prestat beneficia populorum, muy a rostro descubierto puede siempre a ojos de los hombres con créditos magníficos de supremo ángel, cuya soberanía pide beneficiar con magnificencia a mucho. Angeli corum.
Grandemente oprimido se hallaba el rey Ezechías con sus reinos por el de los Asirios, y después de grandes invasiones en sus tierras, envió Dios un ángel para el socorro, que si permito algunas veces por humanas culpas, que molesten enemigos a los suyos, al fin les ayuda para las victorias. Degolló el espíritu angélico ciento y ochenta y cinco mil asirios, y habiendo hecho el destrozo en las lobregueces de la noche, aguardó a las luces del día para partirse: Tactum est igitus in noste illa venit angelus domino, et percusit in castris asiriorum centum octoginta quinque millia, cumque diluculo surrexiset vidit omnia corpora mortuorum, et recedens abist. Este ángel, dice Pantaleón diácono, que /7v/ fue San Miguel, que en el primer instante de la noche en que bajó hizo todo el destrozo: Qui centum octoginta quinque millia execrandi, et impi cenacherib regis asiriorum in uno momento noctu afecit. Aquí ahora la duda: Si Miguel hizo en las lobregueces de la noche el sangriento degüello, para qué aguardó a las luces del día para irse? Cumque diluculo surrexiset, vidit omnia corpora mortuorum, et recedens abist: Aquel ángel de la piscina no excusó el parecer en las luces del día? Pues por qué Miguel espera para partirse a las claridades de la mañana, en que ha de ser visto de todos? No nos detengamos porque está bien clara la salida. El ángel de la piscina beneficiaba solamente a uno: Miguel ha favorecido a Ezechías, y a todos sus reinos: Y si un ángel cuando no beneficia a muchos no puede parecer con seguros créditos a ojos de los hombres; un Miguel, que favorece a tantos pueblos, muy a rostro descubierto, y a todas luces ha de manifestarse a los humanos ojos con aplausos cabales de soberano ángel: Cumqua diluculo surrexiset.
Si Miguel favorece a todos los pueblos de Siponto, y comarcas del monte Gargano, librando a sus habitadores de la opresión de los bárbaros enemigos, aparézcase luego a ojos humanos; que puede parecer a todas luces con afianzados créditos de ángel magnífico, beneficiando a muchos: Angeli corum: Cuius honor praestat beneficia populorum.
Vengo ya, en que en estas clausulas: Angeli corum se denota, que Miguel como ángel de la Iglesia favorece a muchos, defendiendo todos los pueblos católicos. Pero qué hace para nuestra tutela el estar Miguel elevadamente viendo el rostro de Dios? Angeli corum semper vidente faciem patris mei. En cuya manifestación las primeras voces, que en su aparición forma hoy, son las siguientes, referidas del obispo treberense. Ego sum Michael archangelus, qui in praesentia dei semper asisto. Yo soy Miguel arcángel, que estoy muy inmediato al rostro de Dios. De hallarse Miguel encumbradamente puesto al rostro divino, qué se sigue para nuestra defensa? Qué se sigue? Que Miguel despide voraces incendios para abrasar las armadas enemigas, que nos oprimen. Pues de qué premisas lo in/8r/ fiero? Atiendan por caridad, que quizá se verá claramente.
Mal podrán molestarte los temores de la noche (dice David, hablando con el hombre amigo de Dios) porque no puede faltar la suma verdad, da dote para la defensa un escudo, que en círculo te rodee: Scuto circumdabit te veritas cius: non timebis a timore nosturno. Entiendo con doctrina del docto Biegas por este escudo, que en círculo resguarda, a nuestro arcángel Miguel: Porque como el infernal enemigo nos hace la batería formando círculo: Adversarias vester diabolus tamquam leo rugiens circuit, se opone Miguel con otro círculo para rechazarlo: Circundat ingyro, ut oponatur Michael daemoni, qui etiam dicitur tamquam leo rugiens circuire. Esta buena razón es para que Miguel forme círculos en nuestra defensa. Pero por qué ha de ser escudo? Scuto circumdabit: Porque para resguardarnos, más seguramente lo hiciera siendo muro extenso, o encumbrado castillos. Pues porque es Miguel para nuestra defensa escudo? Este es el misterio. Los escudos fueron siempre de metal fabricados, como consta del primero de los Macabeos, y puestos a la rayos ardientes del sol, con la repercusión en lo denso del metal despedías rayos como de fuego: Et ut refulsit sol in clypeos aureos, et aereos resplenduerunt montes ab eis, et resplenduerunt sicut lampades ignis.
Aun todavía no son claros principios estos para la solución del misterio. Acuérdense que hallándose la ciudad de Zaragoza de Sicilia cercada de una poderosa armada de enemigos, y no pudiendo sus habitadores resistir fuerza tan ventajosa, el grande artífice Arquímedes, que se hallaba dentro de los muros, con presta industria fabricó un escudo, o espejo de metal (que todo era uno, pues usaban de metal transparente los espejos, como los escudos) y oponiéndolo con elevación al rostro del sol, con la reflexión de los rayos despidió de tal suerte el escudo llamas voraces de fuego, que abrasó toda la armada enemiga, hallándose instantáneamente libre la ciudad de opresión tan grave. Pues ya está patente el misterio, Miguel, que es nuestro resguardo, y que está puesto con elevaciones al rostro del sol divino: Angeli corum semper vident facie patris mei: Ego sum Michael archangelus, qui in praesentia Dei semper asisto, dígase nuestro escudo, que si el escudo puesto con elevaciones al rostro del sol despide llamas ardientes de fuego para abrasar armadas enemigas que oprimen; siendo Miguel nuestro escudo, y estando puesto elevadamente al /8v/ rostro del sol divino, será decir que Miguel despide incendios voraces de fuego para reducir a y estas [sic] cenizas las armadas de enemigos, que nos molestan.
Pero cómo deshacer Miguel las fuerzas contrarias que nos invaden, cuando han entrado pérfidos herejes en nuestras tierras, viéndose obligados después de los combates los nuestros a volver el rostro, para asegurarse con sus cortas fuerzas en los retiros? Dónde está la defensa de Miguel? Qué es de su patrocinio? Como es ángel de la Iglesia que resguarda a los católicos? Estos mismos accidentes están publicando la tutela de Miguel, para que atribuíamos a su amparo lo que han tenido de felicidad las invasiones.
Por raro milagro admira el águila Joan una mujer adornada, que por las notoriedades del cielo sale a hacer sus paseos (y hoy se tuviera por gran milagro el que no pasease a una ordinaria mujer) yendo rodeada del sol lleva la luna en los pies (que si con el sol pasean, también andan en la luna) opusósele [sic] una y otra vez un furioso dragón al ver su ropaje tan bien bordado de rayos, cuanto realzado con resplandores de estrellas. O[h] envidia! Cuando no apuntaste al blanco más lúcido! Tente dragón soberbio, no asestes[¿?] crespos embarazos a la admiración! Parece algún tanto tu sangrienta saña! Si pausará porque sale Miguel con sus ángeles al resguardo, y vuelve la mujer el rostro, partiendo segura al desierto con alas de imperial águila: Et data sunt muliesi alae duae aquila magnae ut volaret in desertum. Entienden Biegas, y Cornelio con Ambrosio Aretas y Methodio por la asombrosa mujer la Iglesia; esto es, los católicos, que son sus miembros: Por el dragón sangriento, que hace las furiosas embestidas los pertinaces herejes, que nos acometen. Y si hablan de la oposición a los documentos de fe, de aquí se puede pacificar a la invasión de sus armas. Pues aquí de Dios! Si Miguel es quien defiende a esta admirable mujer, imagen de los católicos, oponiéndose al dragón soberbio, que representa a los herejes, cómo permite que vuelva esta lúcida mujer el rostro para asegurarse en el desierto? Qué importa se le den alas de imperial águila, si huye para resguardarse? Mucho hace /9r/ al caso esas alas. Las alas del águila (dice con otros naturales Aldrobando de antypatia aquila) que sobre acobardar aun desde lo alto al dragón, tienen virtud oculta para deshacer, y aun cortar con grandes distancias a las de aves de rapiña: y así pendientes separadamente las alas del águila, desbaratan las del Alan, aunque estén distantes. Alto pues. A esta milagrosa mujer, a quien Miguel resguarda, y que representa a los católicos acometidos de sangrientos herejes dénsele a las de águila, cuando vuelve el rostro para asegurarse en el desierto; que si las alas del águila tienen virtud oculta para acobardar dragones, y cortar alas de aves de rapiña; para deshacer a los herejes no necesita Miguel de aventurar una y otra vez a los católicos, exponiéndoles rostro a rostro al riesgo de perderse: con su sombra angélica partan al desierto con alas de águila los católicos; que es manifestar, que aun retirados, con el amparo de Miguel acobardan a los dragones sangrientos de los herejes, que envisten, y cortan las alas, y fuerzas a esas aves de rapiña, que acometen.
Volvió el rostro al dragón hereje, después de destrozado, nuestro ejército católico en Panamá, partiendo al desierto por no perderse del todo, siendo tan desiguales sus fuerzas; pero como lo resguardaba Miguel como a miembro de la Iglesia, partieron los nuestros con alas de imperial águila, pues aun retirados con distancia han cortado las alas a aquellas aves de rapiña, matándoles gran parte de la gente, y acobardádolos [sic] como a voraces dragones para la salida.
A tu sombra seráfica atribuimos, Marte Miguel, los accidentes de felicidad en las invasiones que padecemos de herejes (que por nuestras culpas merecíamos total destrozo) mas como eres ángel de la Iglesia favoreces con tu intersección, y poderosas fuerzas a los católicos, para que del todo no sean fatales los sucesos. A tu amparo espero que hemos de deber las prosperidades cabales de nuestras armas: Porque somos leales vasallos de Carlo[s] segundo nuestro natural señor, /9v/ que Dios nos le guarde muchos años como hemos menester, a quien por ambas líneas de ascendencia siempre has patrocinado con ferviente empeño. Díganlo los emperadores Federico tercero, y Maximiliano primero, a quienes diste tan felices sucesos. Publíquenlo los antiguos reyes godos de España Ricardo, Bamba, y también don Ramiro el segundo, que como a único protector te veneraron en sus victorias. Quién negará arcángel mí, que nuestras dichas en la guerra son hijas legítimas de tu protección militar, cuando es tan antiguo el que tu poderoso brazo facilite a los españoles los triunfos contra sus obstinados enemigos. Continuad pues, valerosos, y esforzados españoles, en vuestros animosos deseos de opugnar, y resistir a los piratas contrarios, su llegaren a alguno de nuestros puertos, y que el esforzado Miguel os asiste ya sabéis sus apariciones en Toledo, y Zaragoza, capitaneando los ejércitos españoles para la expulsión de los árabes. Bien conozco, serafín mío, que esto es referir ardientes finesas, de tu generosa hidalguía ejecutadas, y de nuestra ingratitud tan mal correspondidas, estando tan muerta la devoción para venerarte como debemos. Pero también has de ver, que beneficias recibidos de un espíritu soberano son reconvenciones urgentes para la continuación de los favores; porque ya es empeño de su magnificencia hacer mercedes. Y pues nos las has hecho tan grandes, favoreciendo desde la antigüedad nuestras armas católicas continúa benigno, dándonos muy cabales sucesos, para que deshagamos del todo las fuerzas de los enemigos corsarios, que nos inquietan: Que así descansaremos en paz que es reposo de gloria. Quam mihi, et vobis. /10r/

13Verificamos que en esta nuestra iglesia catedral de Santiago de Guatemala habiendo concurrido a ella los señores presidente y oidores de esta Real Audiencia y Chancillería y el Cabildo justicia regimiento de esta ciudad y el Cabildo eclesiástico y gran concurso a la festividad del glorioso arcángel San Miguel el día ocho de mayo de este año día de su aparición el señor doctor Joseph de Baños Sotomayor canónico de esta santa iglesia predicó el sermón estas fojas con el aplauso merecido a sus muchas letras y de su pedimento y requerimiento damos la presente en Guatemala en diez de mayo de mil seiscientos y setenta y un años. Van rubricadas sus fojas y lo firmamos de nuestros nombres.

14Joan Ramírez Xalon Ber Antonio Domínguez de Arellano /10v/

15[...] escribano de su majestad público del número de esta ciudad y como tal a sus autos y testimonios se les ha dado de fe y crédito en juicios fuera del y para que entendamos la presente en Guatemala en cuatro de febrero de mil seiscientos y setenta y dos años.
Pedro Roldán, escribano público mayor de cabildo. Francisco Muñoz escribano real y receptor. Pedro de Contreras, escribano real /11r/
Yo Benito Berdugo escribano del Rey nuestro señor y público del número de esta ciudad de Santiago de Guatemala doy fe y verdadero testimonio a los señores que vieren la presente, como en mí presencia y de los testigos infraescritos los señores licenciado don Juan Ramírez Xalon Chantre y el Bachiller don Antonio Domínguez Arellano maestre escuela de la santa iglesia catedral de esta dicha ciudad firmaron una certificación que dieron de haber predicádose en el día ocho de mayo de este año el sermón que contiene el cuadernillo donde echaron sus firmas a la festividad del glorioso arcángel San Miguel en el día de su aparición y decimo[s] lo predicó el señor doctor don Joseph de Baños y Sotomayor canónigo de la santa iglesia catedral y examinador sinodal en este obispado y de cómo dichos señores lo firmaron antes, firmas que acostumbran dar fe; y fueron testigos don Lorenzo de Montúfar y el doctor don Antonio de Osuna Arroyo presbítero va rubricado con mi rúbrica el cuadernillo y lo signé y firmé en Guatemala en seis de mayo de mil seiscientos y setenta y uno.

16En testimonio de verdad

17Benito Berdugo
escribano público y real

18Damos fe que Benito Berdugo de quien parece estar signado y firmado el testimonio de arriba y [...] /12r//”

Fuentes :

AGI, GUATEMALA, 42, N.78. 1 y 2.