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AFEHC : articulos : Historia, historiografía y memoria: 1811 como efeméride patria fundacional de El Salvador : Historia, historiografía y memoria: 1811 como efeméride patria fundacional de El Salvador

Ficha n° 3031

Creada: 13 mayo 2012
Editada: 13 mayo 2012
Modificada: 28 mayo 2012

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Autor de la ficha:

Carlos Gregorio LÓPEZ BERNAL

Editor de la ficha:

Eduardo MADRIGAL MUÑOZ

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Historia, historiografía y memoria: 1811 como efeméride patria fundacional de El Salvador

A partir del análisis historiográfico se estudia la manera cómo se escribió la historia del proceso independentista salvadoreño, entre el último cuarto del siglo XIX y las primeras décadas del XX. Se propone que la impronta de estas narrativas memoriales aún está presente en las maneras que se “recuerda y se celebra” la independencia, lo cual, obviamente está muy relacionado con la construcción de una cierta visión de la identidad nacional. La independencia entonces es vista como un punto de partida de El Salvador como estado, en tal sentido tiene un carácter fundacional.
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Palabras claves :
Historiografía, Independencia, Memoria, Identidad nacional
Autor(es):
Carlos Gregorio López Bernal
Fecha:
Marzo de 2012
Texto íntegral:

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Introducción

2 Durante la primera semana de noviembre de 1911 se celebraron las fiestas del Centenario; las cuales englobaban un conjunto de actividades de diferente tipo, cuyo objetivo era conmemorar los cien años del movimiento de protesta en contra de las autoridades españolas acaecido en San Salvador un siglo antes. Sin lugar a dudas, estas son hasta hoy las más fastuosas fiestas cívicas organizadas en El Salvador en sus casi dos siglos de vida independiente. Ni las fiestas del centenario de la independencia, realizadas en septiembre de 1921, ni la celebración de los Acuerdos de Paz en 1992, fueron preparadas con tanto cuidado, ni tuvieron tanto esplendor.

3Ese solo detalle vuelve interesante estudiarlas, pero estas celebraciones tuvieron un significado mayor en términos historiográficos y de construcción de memoria colectiva. Partiendo de un hecho histórico –entonces y hoy poco estudiado y menos comprendido– Estado, intelectuales y representantes de diferentes sectores sociales, organizaron una celebración que se prolongó por 5 días y que abarcó más de 56 actividades de diferente tipo, solo en San Salvador, logrando además contagiar su entusiasmo a pueblos y ciudades del interior que también celebraron en la medida de sus posibilidades.

4En el marco de las fiestas se consagró el “monumento a los próceres” en la céntrica Plaza Libertad, hasta entonces conocida como Parque Dueñas, la cual sigue siendo el espacio público consagrado a la liturgia cívica independentista; se inauguraron estatuas de distinguidos personajes históricos, y se realizaron diferentes rituales cívicos, todos orientados a fomentar las virtudes cívicas de los salvadoreños y a fortalecer su patriotismo. Más importante aún, el centenario provocó una actualización de la historia nacional, cuyos productos –a pesar de carecer a menudo de sólidos fundamentos documentales y del rigor de la investigación histórica convencional– terminaron perfilando una interpretación de la independencia, en la cual se resaltó en sumo grado la precocidad de los movimientos independentistas sansalvadoreños, y la vocación libertaria y republicana de los próceres. Tal tendencia inició con la publicación de la Revista Próceres y el Álbum del Centenario, especie de memoria de las festividades, y se consolidó hacia la segunda mitad de la década de 1920 y es la que, con pequeños matices, se mantiene hasta hoy.

5Vale aclarar que lo que sigue es básicamente un análisis historiográfico, es decir se concentra en la manera cómo se escribió la historia del proceso independentista y no entra a la discusión de lo que realmente aconteció. La producción historiográfica, combinada con otros discursos, por ejemplo los rituales cívicos, la estatuaria, los símbolos patrios, etc. terminaron construyendo la “memoria” de la independencia compartida por los salvadoreños. A través de estos materiales es que “recordamos y celebramos” la independencia, fenómeno que obviamente está muy relacionado con la construcción de una cierta visión de la identidad nacional. La independencia entonces es vista como un punto de partida de El Salvador como Estado, en tal sentido tiene un carácter fundacional.

6Para entender esa reelaboración historiográfica es preciso revisar rápidamente qué decían los primeros libros de historia de El Salvador sobre los hechos de 1811 y cómo lo interpretaban. Las primeras historias nacionales de El Salvador fueron publicadas en las dos últimas décadas del siglo XIX, justamente cuando la segunda generación liberal que ascendió al poder en 1871 se había consolidado. Ese periodo se caracteriza en lo económico por el afianzamiento del café como principal producto de exportación, y en lo político por la consolidación del Estado salvadoreño. Las obras de historia más destacadas del periodo son escritas por Rafael Reyes y José Antonio Cevallos; ambos autores se identifican plenamente con el ideario liberal-positivista.

7Su visión de la historia salvadoreña conlleva los prejuicios de la época; destacan la independencia y la federación; marginan y rechazan el periodo que va de la caída de Morazán al gobierno “conservador” de Francisco Dueñas (1863-1871) y se entusiasman con las reformas liberales, las cuales son vistas como la natural continuidad y culminación del proceso independentista1. Puede afirmarse que ambos autores son los fundadores del canon liberal de historia salvadoreña2 y tuvieron amplia influencia en obras posteriores, siendo posible encontrar su impronta en obras tan tardías como los trabajos de Italo López Vallecillos y Roque Dalton en la década de 19603. Por lo tanto, es pertinente analizar cómo abordan Reyes y Cevallos los hechos de 1811, para luego hacer un contraste con las interpretaciones que se hicieron en el marco de la conmemoración del Centenario en 1911 y en años posteriores, hasta llegar a finales de la década de 19204.

8La narrativa de Reyes y la interpretación histórica que en ella subyace es sumamente importante porque el libro de Reyes tuvo amplia difusión, al grado que para 1920 tenía tres ediciones; además de una versión que se usaba en las escuelas5. Reyes es muy cauteloso al tratar los hechos de 1811, es evidente que la información con que cuenta no le da mayores elementos para proyectar una visión heroica del movimiento ni para visualizar claras intenciones independentistas. Cuando se refiere a los objetivos que los líderes del movimiento pudieron tener, usa una forma verbal condicional; mientras que cuando habla de hechos consumados usa el pasado.

9“Estalló en San Salvador el 5 de noviembre de 1811, un movimiento insurreccional promovido por los curas doctor José Matías Delgado y Nicolás Aguilar, los dos hermanos de este, Manuel y Vicente, Juan Manuel Rodríguez y Manuel José Arce… Los cabecillas de ese movimiento se proponían apoderarse de tres mil fusiles nuevos que existían en la sala de armas y de mas de doscientos mil pesos pertenecientes al tesoro real… desconocerían la autoridad del intendente de la provincia, Antonio Gutiérrez de Ulloa, fundarían una Junta Popular de Gobierno y procurarían hacer extensivo el movimiento a los demás puntos de la provincia6.”

10Que Reyes, por demás un hombre culto y escritor consumado, escogiese esa forma verbal, sugiere que no quería arriesgarse a hacer una afirmación rotunda sobre los objetivos que los insurrectos persiguieron. Por lo tanto, lo dice de una manera en la cual se percibe un distanciamiento y cierto grado de prudencia, cuando no de escepticismo. Reyes no entra en detalles sobre los sucesos y pasa la página rápidamente, “los cabecillas de aquel movimiento comenzarían a desalentarse y la insurrección degeneró en grupos que recorrían las calles sin objeto alguno, aunque sin causar el menor desorden contra los particulares7.”

11Diferente es la actitud de José Antonio Cevallos en “Recuerdos Salvadoreños”, publicado en 1891. Cevallos individualiza a los promotores del levantamiento, señalando que sus intenciones eran declarar la independencia. Ese objetivo fracasó porque las autoridades españoles tuvieron conocimiento de la conspiración.

12“…y aconteció que sin un plan combinado acertadamente; los sacerdotes patriotas doctor José Matías Delgado, don Nicolás, don Vicente y don Manuel Aguilar, acompañados de don Manuel José Arce, don Juan Manuel Rodríguez, y otros muchos disidentes, caudillos del pueblo, resolvieron apoderarse de tres mil fusiles que se hallaban almacenados, y de cerca de trescientos mil pesos que existían en las cajas reales… Con esos recursos creían sostener la independencia que inmediatamente debía proclamarse…más los conspiradores ignoraban que el espionaje del Gobierno los había descubierto; por lo que al efectuar el 5 de noviembre de 1811 el asalto de los cuarteles de la ciudad insurgente de San Salvador, fueron sorprendidos y fácilmente dispersados8.”

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La narrativa de Cevallos deja ver dos aspectos interesantes: establece una motivación claramente independentista, pero no profundiza en ella; reconoce que el plan de los insurrectos era improvisado y no contó con mayor apoyo entre la población. Más adelante añade a esas limitantes el papel jugado por los frailes, que “en los púlpitos amonestaban a los insurgentes, amenazándolos con los castigos del Cielo, que les ordenaba ser respetuosos, sumisos y obedientes a las leyes y a las autoridades, que en nombre del Rey, administraban justicia9.”

14Rafael Reyes se muestra cauteloso, cuando no escéptico sobre el movimiento de 1811; Cevallos señala intenciones independentistas, pero no aporta evidencias; más bien destaca la improvisación con que actúan los conspiradores, la falta de apoyo popular y el papel del clero a favor de los intereses reales. Si las dos primeras “historias nacionales” son tan escuetas al respecto, ¿De dónde surge entonces la imagen de un movimiento popular conocido como el “Primer grito de independencia” y que con tanto entusiasmo se celebró en 1911?

15En realidad este es un mito de la historia, o mejor dicho, una “tradición inventada” que comenzó a formularse en los años previos a 191110 y que tomó fuerza al encontrar un grupo de intelectuales que no solo elaboró una narrativa histórica, sino que lideró todo un proyecto cívico-festivo que se concretó en una intensa semana de celebraciones en las que se develaron importantes monumentos cívicos que se convirtieron desde entonces en “lugares de memoria” que congregan a los salvadoreños para conmemorar sus memorias y por ende fortalecer su historia e identidad11.

16Antes de 1911, no es posible encontrar interpretaciones que apunten claramente a individualizar protagonistas, mucho menos que hablen de los hechos de 1811 como el “Primer Grito de Independencia”. Son los historiadores que escriben en el marco de esa conmemoración los que dan el principal protagonismo a José Matías Delgado, pero dejando espacio a otros próceres. Por ejemplo, Francisco Gavidia afirma que Delgado fue el director de la conspiración.

17“Terminados sus estudios en Guatemala, donde se doctoró en Cánones y en Jurisprudencia, vuelve a esta capital, y unido a don Manuel José Arce, trama una conspiración con el objeto de deponer al Corregidor y apoderarse, en servicio de la revolución que meditaba, de tres mil rifles y de doscientos mil pesos del Gobierno español. Esta es la famosa conspiración de 181112.”

18Gavidia no se detiene a narrar los hechos. De la conspiración pasa a la represión llevada a cabo por las autoridades españolas. “Los conspiradores, dan su ofrenda a la República en las prisiones, en los castillos, en la tortura y en el sepulcro13.” Dado que el trabajo está dedicado a Delgado no debe extrañar la ligereza con que Gavidia se refiere a los otros involucrados, a pesar de que ellos llevan la parte más dura de la represión, de la cual Delgado se libra por ser sacerdote y por “su política hábil y diestra”. En el mismo párrafo Gavidia salta a la independencia en 1821, en donde de nuevo aparece Delgado, quien en compañía de Barrundia, Valle, Molina y otros, agita el sentimiento popular y “obliga al Capitán General Gainza a presidir la Junta que extendió el Acta de 15 de septiembre de 1821. ¡Centro-América era libre14!”

19En la misma tónica, Salvador Morales afirma que fue Delgado quien “hizo sonar en la ciudad de San Salvador el primer grito de rebeldía, grito soberbio que hizo temblar a la Colonia, y que anunció a Centro América el advenimiento de su libertad… el Padre Delgado inició la magna campaña que debía terminar con éxito feliz el 15 de septiembre de 1821, y que debía colocarle en el puesto más alto del Capitolio Centroamericano15.”

20La historiografía del centenario también dio espacio para otras figuras. De hecho el segundo lugar de los juegos florales lo ganó una biografía de Manuel José Arce escrita por Pedro Arce y Rubio; pero el Álbum del Centenario incorporó bocetos biográficos de otros próceres, al grado de incluir un apartado dedicado a los “olvidados”. No obstante, hay tres figuras que destacan: José Matías Delgado, Manuel José Arce y Juan Manuel Rodríguez. No es de extrañar que sus bustos figuren en el monumento a los próceres16.

21La narrativa del centenario es esencialmente “sansalvadoreña”, se concentra en los hechos acaecidos en San Salvador, en los próceres – en su orden, Delgado, Arce y los hermanos Aguilar – y sobre todo en la improbable “acción-símbolo” del repique de las campanas de la Iglesia de la Merced, supuestamente ejecutada por el cura Delgado, mito que se repite hasta nuestros días sin que sea posible su probanza. Requisito innecesario, pues bien es sabido que un mito comprobado por la historia pierde sentido. Aún así, los historiadores del centenario eran conscientes de que su narrativa histórica adolece de falta de evidencias. Así lo deja ver Valladares, cuando afirma:

22“Jamás se publicaron los procesos seguidos a los primeros próceres y no se sabe aún en donde paran las actuaciones seguidas en San Salvador y en la Capital. Nadie ha desempolvado los archivos de la Capitanía, ni se ha tomado el empeño de revolver los legajos de la Audiencia, ni ha descubierto la huella de las causas en los anaqueles y catálogos del Archivo de Indias17.”

23Ciertamente que para esos años aún no había surgido la vocación benedictina de Miguel Ángel García que un par décadas después se dio a la ingente tarea de recopilar y publicar los juicios de infidencia. Valladares no podía prever que los juicios de infidencia, en realidad, abonan muy poco a una imagen heroica de los próceres, pues en general niegan haber participado en los hechos, mucho menos haberlos dirigido.

24Restringir los hechos a San Salvador conllevó a que la ciudad monopolizara todos los honores de ellos derivados; así lo entendió Manuel Valladares:

25“Cabe a San Salvador la prez envidiable del primer arranque impetuoso de libertad. Fue su suelo el palenque inmortal en que por vez primera se desenvainó la espada por nuestra emancipación, y los héroes tutelares de la Independencia son todos hijos suyos. ¿Qué mayor honra para un pueblo que ser cuna de aquellos ínclitos varones que las demás Repúblicas veneran como Padres de la Patria18?”

26La historiografía de 1911 no hace referencia a las movilizaciones ocurridas en Santa Ana, Metapán, Usulután, Zacatecoluca y Nonualco, con lo cual también niega la posibilidad de participación de otros actores sociales, verbigracia, indígenas y ladinos19. Esta marginación es consecuente con la visión de aquellos historiadores, para quienes un movimiento como el de 1811 solo podía ser impulsado por una elite ilustrada. “Todos eran personas de viso, bien acomodadas de bienes de fortuna e influyentes por su posición social y personales prendas; y casi todos estaban ligados por vínculos cercanos de parentesco20.”

27La Revista Próceres, el Álbum del Centenario y la producción historiográfica de los años siguientes, constituyeron una especie de canon historiográfico que ligaba los movimientos de 1811 y 1814 con la declaración de independencia en 1821, la lucha antianexionista y la reconfiguración de fuerzas posterior al fracasado del proyecto imperial mexicano y la instalación de la Asamblea Constituyente21. El mayor mérito de esta tendencia no es el rigor histórico, sino la construcción de una narrativa que pone en primer plano a los próceres salvadoreños, perfilando de entre ellos como figura cimera a José Matías Delgado , pero dejando suficiente espacio para construir un panteón de próceres, cuyo conjunto fue inmortalizado en el Monumento a los próceres.

28Sin embargo, hubo voces disonantes. En el seno del Ateneo de El Salvador, paradójicamente una institución en la cual tuvo mucho protagonismo y estima el presidente Manuel E. Araujo, se elaboró una visión diferente y bastante crítica sobre los mismos hechos, sobre su significado a un siglo de realizados y que cuestionaba la romántica interpretación entonces en boga22.

29El grupo de autores, entre los cuales destacan Adrián M. Arévalo, José Dolores Corpeño y Abraham Rodríguez Peña, cuestionó en primer lugar la existencia de un proyecto independentista; para ellos la independencia fue más bien un hecho fortuito que se debió más a la confluencia de factores externos que a una indubitable voluntad emancipadora de los próceres. Además señalan la poca, cuando no nula, participación popular en el proceso; por último cuestionan el legado que un siglo de independencia había dejado al pueblo salvadoreño y a los centroamericanos; para ellos el periodo republicano independiente solo produjo luchas fratricidas y un escaso nivel de desarrollo, por el cual se pagó un alto costo social.

30No obstante lo provocador de esa crítica, los trabajos del grupo del Ateneo no tuvieron mayor difusión y pronto quedaron relegados. En realidad, una festividad como la del centenario difícilmente iba a dar lugar al debate. No es de extrañar entonces que en los años siguientes la visión patriótica-idealista y embrionariamente nacional de la independencia se fuera consolidando, hasta cuajar en la década de 1920 en la primera interpretación esencialmente nacionalista de la independencia.

31Efectivamente, después del Centenario se siguieron impulsando acciones destinadas a fortalecer el civismo de los salvadoreños. En esa lógica se enmarcan la adopción de la bandera (1912) y el escudo nacional y la oración a la bandera (1916); proyectos que fueron complementados con otras iniciativas impulsadas desde el sistema educativo, por ejemplo la instauración de las “semanas cívicas” en la segunda mitad de la década de 1910 y la “jura de la bandera” por parte de los jóvenes estudiantes de primaria y secundaria. Paralelo a estos proyectos, se dio una revitalización a la escritura de la historia nacional, que había tenido un primer impulso en las últimas dos décadas del siglo XIX con las obras señeras de Rafael Reyes y José Antonio Cevallos.

32El siete de octubre de 1912 se organizó una comisión, la cual encargó la redacción de un conjunto de obras con las cuales se pretendía cubrir la historia de El Salvador, desde la época precolombina hasta los sucesos posteriores a 186323. La historia precolombina y de la colonia fue encargada al sabio Santiago I. Barberena; la del periodo republicano fue encomendada al poeta Francisco Gavidia.

33Muy interesante para los objetivos de este trabajo resulta la obra de Gavidia Historia moderna de El Salvador, publicada en 1917. Aunque el título da a entender que tratará todo el periodo republicano, en realidad se reduce a la experiencia independentista, dando especial atención a los hechos de 1811 y 14. Por alguna razón Gavidia no trabajó el periodo republicano, con lo cual el proyecto quedó truncado.

34A pesar de que la “Historia moderna” de Gavidia quedó incompleta, el peculiar abordaje que hace del proceso independentista – cuestionable desde el rigor histórico en tanto que a menudo el poeta desplaza al historiador –, permite mostrar una clara continuidad interpretativa que hace de los hechos de 1811 y 14 las bases sobre las cuales se montará la declaración de independencia de 1821, en la cual, a la precocidad libertaria de San Salvador en los primeros movimientos y al protagonismo de la elite sansalvadoreña en 1821 se añade una decidida vocación republicana de rechazo y resistencia a la anexión al Imperio de Agustín de Iturbide.

35Gavidia resume y representa muy bien la narrativa independentista y su concomitante interpretación histórica que toman forma a partir de la celebración del Centenario. Entre las características más importantes de esta tendencia historiográfica destaca en primer lugar una visión patriótico-nacionalista de la historia salvadoreña que logra concatenar de manera bastante consistente eventos históricos que en su momento no podían verse como parte de un solo proceso; así los movimientos de 1811 y 1814, cuyo carácter específicamente independentista es al menos discutible, se perfilan claramente como el inicio y continuación de las luchas por la independencia. El periodo de calma que va de 1814 a 1821 se explica sin más por las medidas represivas y de control que toman las autoridades españolas.

36En esta narrativa patriótica es muy importante la declaración de independencia, a condición de obviar el análisis del acta de independencia, que de hacerlo, revelaría muchas dudas, improvisaciones y continuidades. Del 15 de septiembre de 1821 se destaca sobre todo la participación de José Matías Delgado y la parte de la elite citadina que lo apoyaba. Sin embargo, el hecho que más destaca es la resistencia sansalvadoreña a la anexión al imperio de Iturbide. “Porque en este punto la vida de José Matías Delgado es la vida de San Salvador, el hombre y la ciudad llegan a ser la misma cosa, la gloria del uno es la gloria de la otra24.” Tal interpretación deja al margen el problema de que la mayoría de ayuntamientos apoyaron la anexión, y esa diferencia dio lugar a la “primera guerra civil” de El Salvador, cuando San Salvador y San Vicente se enfrentan a fuerzas de otras ciudades como San Miguel y Santa Ana25. Gavidia se concentra en destacar la supuesta precocidad independentista de San Salvador y su republicanismo radical, contrapuestos a las pretensiones imperiales mexicanas.

37La derrota militar de los sansalvadoreños a manos de las fuerzas de Filísola, es convertida en una victoria política, pero para hacerlo, Gavidia debe echar mano a todos sus recursos retóricos:

38“Todos conocéis esa página de la Historia; las victorias de la Junta de San Salvador presidida por Delgado, en el Espinal y en San Salvador, sobre los imperialistas, los combates de los alrededores de San Salvador… esos dos años de 22 y 23… y ¿venció la fuerza? — ¿Sí, venció la fuerza? No, venció el derecho, venció la idea, venció el progreso, venció la libertad, venció la independencia, venció la República26.”

39Ciertamente, la experiencia imperial debilita a la elite guatemalteca que apoyó la anexión, de tal modo que cuando Iturbide cae y Filísola, en busca de una salida elegante a su incómoda y ridícula posición en Centroamérica, convoca al congreso ya considerado en el acta de independencia de 1821, la elite salvadoreña está en capacidad de imponer su agenda. La coyuntura política 1823-24, marca los mejores momentos para los salvadoreños, favoreciendo que sea este grupo el que lidere el proyecto constitucional federal y colocando a sus miembros en puestos políticos clave. Paradójicamente ese éxito los pone en el centro de los conflictos de poder y termina dividiéndolos, como lo muestran las contradicciones entre Delgado y Arce por el tema del obispado. Sin embargo, estos temas espinosos serán obviados (o al menos no tratados a profundidad) en la historiografía salvadoreña que aquí se discute, apareciendo así una tendencia que aún se percibe: historias que se explayan en el periodo independentista y los primeros años de la Federación, que evaden o pasan rápidamente el oscuro intervalo “conservador”, para luego profundizar en el segundo periodo liberal27.
En resumen, la historiografía del Centenario, de la cual Gavidia es un alto ejemplo, enlaza los movimientos de 1811 y 14 con la independencia, a condición de “traducirlos” en movimientos independentistas; destaca la participación “sansalvadoreña” en la declaración de independencia, pero sobre todo la resistencia a la anexión, hechos que terminan siendo “salvadoreños”; y se complace en la coyuntura 1823-24, en la que la elite salvadoreña queda en clara ventaja frente a la guatemalteca, construyendo una contraposición intencionalmente magnificada. Así, mientras a El Salvador se le presenta como decididamente republicano, liberal y hasta demócrata; Guatemala es vista como aristocrática, imperial y conservadora.

Conclusión

40Esta tendencia historiográfica es continuada a principios de la década de 1920, en lo que se dio en llamar “Conferencias histórico-patrióticas”, las cuales fueron impartidas por Víctor Jerez, Manuel Castro Ramírez, Hermógenes Alvarado, Francisco Gutiérrez y otros intelectuales en la “Universidad Nacional”. Castro Ramírez dejó bien claro el objetivo que perseguían: “Robustecer los ideales nacionales, impregnando nuestros espíritus con los resplandores purísimos que emergen del fondo de la historia patria”, y “demostrar que los ideales de Patria y Libertad, han sido fundamento del alma salvadoreña28.” Todo esto se resumía a mostrar que El Salvador era el “paladín glorioso de la independencia de Centroamérica”.

41Casi una década después de las fiestas del centenario, la historia salvadoreña adquiría nuevos rasgos. Se había constituido un panteón de héroes nacionales que dejando atrás las ambigüedades unionistas subyacentes en el culto a Francisco Morazán y Gerardo Barrios29, colocaba en la cima a los próceres independentistas, y por ende presentaba a El Salvador, como la cuna de la independencia centroamericana. Ese canon historiográfico y la metanarrativa que lo acompaña, solo fueron cuestionados en las décadas de 1960 y 70 por historiadores e intelectuales de izquierda30, pero pasados ya los momentos de entusiasmo revolucionario, hoy sigue vigente en la celebración de la independencia, y a pesar de las inconsistencias del currículo vigente, es reproducido en la escuela. En tal sentido, la herencia del centenario permanece.

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43Notas de pie de página

44

  • El autor, Carlos Gregorio López Bernal, es doctor en Historia. Profesor e investigador de la Universidad Nacional de El Salvador. Este artículo es producto de dos investigaciones; del proyecto de investigación 07.22 “Historia y memoria en El Salvador, de la independencia a los Acuerdos de Paz. La construcción de los cánones historiográficos salvadoreños” adscrito al CIC-Universidad de El Salvador, y del proyecto “Bicentenario, Memoria y Nación” de la Dirección Nacional de Investigaciones en Cultura y Arte, SECULTURA. Agradezco el apoyo del bachiller Ronald Oswaldo Pérez, asistente de investigación.

451 Esta visión es perceptible en Reyes, pero destaca mucho en más en José Antonio Cevallos. Véase, Rafael Reyes, Nociones de historia del Salvador, (San Salvador: Imprenta del Doctor Francisco Sagrini, 1885). José Antonio Cevallos, Recuerdos Salvadoreños, vol. II (San Salvador: Imprenta Nacional, 1919).

462 Los cánones historiográficos se entienden como “modelos que interpretan el pasado e impulsan a una nación hacia el futuro, armonizando una síntesis original de un momento de la historia”. Véase, Enrique Florescano, Historia de las historias de la nación mexicana, 2a ed. (México: Taurus, 2004), págs. 15-17. El concepto de canon historiográfico se puede relacionar con el de “metanarrativa”, entendido como una argumentación tan ampliamente aceptada y consistentemente repetida que suprime otras interpretaciones que la contradigan o cuestionen. Es así como lo asumen Lindo, Ching y Lara Martínez, apoyándose en Margaret Sommers, para estudiar la memoria de 1932 en El Salvador. Véase, Héctor Lindo Fuentes, Erik Ching y Rafael Lara Martínez, Remembering a Massacre en El Salvador. The Insurrection of 1932, Roque Dalton, and the Politics of Historical Memory, 1a ed. (University of Nuevo México Press, 2007), pág. 11.

473 Italo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, 1a ed., 2 vols., vol. 2 (San Salvador: MINED, 1965), Roque Dalton, El Salvador monografía, Colección Debates (San Salvador: UCA Editores, 1989), ———, Las historias prohibidas del pulgarcito, (México: Siglo XXI, 1974).

484 Otras obras históricas abordan el tema antes que Reyes y Cevallos, pero no se retoman aquí porque no son publicadas en El Salvador y además no dan mayores detalles sobre los movimientos de 1811. Por ejemplo, Manuel Montúfar y Coronado dice: “Desde 1811 San Salvador había sufrido una pequeña revolución, en que sin plan, sin combinación ni acierto quiso hacerse independiente: todo se redujo á deponer al corregidor intendente D. Antonio Gutiérrez de Ulloa, y todo fué promovido por los curas D. Nicolás Aguilar y D. José Matías Delgado: entonces comenzó á figurar D. Manuel José Arce.” Manuel Montúfar, Memorias para la historia de la revolución de Centro-América, 1a ed. (Guatemala: Imprenta de la Paz, 1853), págs. 1-2. En todas las citas textuales se conserva la ortografía del original.

495 Rafael Reyes, Lecciones de historia de El Salvador, 1a ed. (sl: se, 1892).

506 Rafael Reyes, Nociones de historia del Salvador, pág. 350.

517 Rafael Reyes, Nociones de historia del Salvador, pág. 350.

528 José Antonio Cevallos, Recuerdos Salvadoreños, Vol. II, pág. 21.

539 José Antonio Cevallos, Recuerdos Salvadoreños, Vol. II, pág. 22.

5410 A finales de la primera década del siglo XX, en El Salvador cobró inusitada fuerza la preocupación por lo nacional, tanto en las esferas oficiales como en la sociedad misma. Muestra de ello fue la consagración de Gerardo Barrios como héroe nacional que tuvo su apoteosis en la inauguración del monumento en el entonces llamado Parque Bolívar. Esta tendencia continuó y se fortaleció en las dos décadas posteriores. Véase, Carlos Gregorio López Bernal, Tradiciones inventadas y discursos nacionalistas: El imaginario nacional de la época liberal en El Salvador, 1876-1932, 1a ed. (San Salvador: Editorial Universitaria, 2007).

5511 Véase Mauricio Menjívar Ochoa, “Los estudios sobre la memoria y los usos del pasado: Perspectivas teóricas y metodológicas,” in Cuaderno de Ciencias Sociales, no. 135 (2005), pág. 13.

5612 Francisco Gavidia, “El Padre Delgado,” en El Álbum del Centenario, (San Salvador: Imprenta Nacional, 1912), pág. 216.

5713 Francisco Gavidia, “El Padre Delgado”.

5814 Francisco Gavidia, “El Padre Delgado”.

5915 Morales, Salvador R. “Colón, Alvarado, Las Casas y Delgado”, en El Álbum del centenario, 1a ed. (San Salvador: Imprenta Nacional, 1912), págs. 335-37.

6016 Un análisis de la estatuaria cívica, de los símbolos patrios producidos entre 1911 y 1928, así como de la producción literaria es indispensable para tener un marco interpretativo sobre los cambios en la historiografía, la construcción de una “memoria oficial” y la identidad nacional. Sobre esos puntos se intenta avanzar en otros trabajos en curso.

6117 Manuel Valladares, “El Dr. José Matías Delgado y su tiempo, en El Álbum del centenario, pág. 82.

6218 Manuel Valladares, “El Dr. José Matías Delgado y su tiempo, pág. 81.

6319 Véase Sajid Herrera Mena, “1811. Relectura de los levantamientos y protestas en la Provincias de San Salvador,” en Las independencias iberoamericanas, (ed.) Lourdes Martínez Ocampo (México: Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones, 2010), pág. 129.

6420 Manuel Valladares, “El Dr. José Matías Delgado y su tiempo”, en El Álbum del centenario, pág. 82.

6521 En este grupo destacan: Víctor Jerez, “El General don Manuel José Arce,” in El Álbum del Centenario (1912).; ———, “Elogio histórico del Padre Delgado,” en Próceres: documentos y datos históricos, (ed.) Rafael V. Castro (San Salvador: Tipografía La Unión, 1911); Pedro Arce y Rubio, “Don Manuel José Arce,” in La Universidad VIII, no. 9 (1911); ———, “Los Padres Aguilares,” en Próceres: documentos y datos históricos, (ed.) Rafael V. Castro (San Salvador: Tipografía La Unión, 1911); y Francisco Gavidia, “El Padre Delgado: boceto biográfico,” en La Universidad, VIII, no. 9 (noviembre de 1911).; ———, en Historia moderna de El Salvador, 2a ed. (San Salvador: Ministerio de Cultura, 1958). Vale recordar que esta última se publicó por primera vez en 1917.

6622  Rafael Lara Martínez, “La independencia como problema,” en Revista Cultura, no. 105 (2011).

6723 Diario Oficial, 7 de octubre de 1912, pág. 2265.

6824  Francisco Gavidia, Historia moderna de El Salvador, pág. 117.

6925 Véase al respecto, Mario Vázquez Olivera, El imperio mexicano y el Reino de Guatemala. Proyecto político y campaña militar, 1821-1823, 1a ed. (México: Fondo de Cultura Económica-UNAM, 2009), págs. 139-51. Véase también, María Eugenia López Velásquez, San Salvador en la anexión centroamericana al Imperio del Septentrión, 1a ed. (San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos, 2000).

7026 Francisco Gavidia, Historia moderna de El Salvador, pág. 118.

7127  Debe aclararse que la persistencia de estas formas de abordaje obedece a razones distintas. En la historiografía más patriótica se evita el llamado periodo conservador, porque se le ve como de retroceso o al menos estancamiento; en la historiografía más reciente, pareciera ser que se evita el periodo por la dificultad para encontrar fuentes históricas suficientes y por cierta resistencia a seguir estudiando temas políticos. En todo caso el problema persiste.

7228 Manuel Castro Ramírez, “Conferencias histórico-patrióticas,” en Estudios históricos, (San Salvador: Imprenta Nacional, 1941), pág. 125 y ss. En su momento se llamaron “Conferencias históricas de propaganda patriótica”. Así lo consigna el Diario del Salvador, en su edición del 7 de julio de 1920. Estas fueron compiladas y publicadas en 1941, bajo el título, Estudios históricos, 1a ed., Biblioteca Universitaria (San Salvador: Imprenta Nacional, 1941).

7329 Carlos Gregorio López Bernal, Tradiciones inventadas y discursos nacionalistas, págs. 104 y 36.

7430 Véase Mario Vázquez Olivera, “‘País mío no existes’. Apuntes sobre Roque Dalton y la historiografía en El Salvador,” en Revista Humanidades, no. 2 (2003) y Carlos Gregorio López Bernal, “Lecturas desde la derecha y la izquierda sobre el levantamiento de 1932: Implicaciones político-culturales,” en Las masas, la matanza y el martinato en El Salvador, (ed.) Eric Ching, Carlos Gregorio López Bernal y Virginia Tilley (San Salvador: UCA Editores, 2007).

Para citar este artículo :

Carlos Gregorio López Bernal, « Historia, historiografía y memoria: 1811 como efeméride patria fundacional de El Salvador », Boletín AFEHC N°52, publicado el 04 marzo 2012, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=3031

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