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AFEHC : articulos : El cuerpo político de la Iglesia y sus confederaciones en la Diócesis de Nicaragua y Costa Rica ante la Independencia : El cuerpo político de la Iglesia y sus confederaciones en la Diócesis de Nicaragua y Costa Rica ante la Independencia

Ficha n° 3034

Creada: 17 mayo 2012
Editada: 17 mayo 2012
Modificada: 29 mayo 2012

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Autor de la ficha:

Carmela María VELAZQUEZ BONILLA

Editor de la ficha:

Elizet PAYNE IGLESIAS

Publicado en:

ISSN 1954-3891

El cuerpo político de la Iglesia y sus confederaciones en la Diócesis de Nicaragua y Costa Rica ante la Independencia

Al través de este trabajo nos proponemos hacer un análisis de la participación de los miembros de la Iglesia Católica de la Diócesis de Nicaragua y Costa Rica, en el proceso de la Independencia. Para realizarlo consideraremos a la Iglesia como un cuerpo político puesto que en las sociedades coloniales fue muy importante el grupo, el cuerpo, la comunidad; que tuvo como principal fundamento la desigualdad, pues reconoció en el orden político una natural jerarquización. Desde esta percepción mostraremos cómo el clero regular y secular, actuó de acuerdo a un cuerpo político y no como lo exigían y ordenaban sus autoridades superiores como lo fueron el arzobispo de Guatemala y el obispo de la Diócesis de Nicaragua y Costa Rica.
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Palabras claves :
Cuerpo político, Independencia, Clero regular, Clero secular
Autor(es):
María Carmela Velázquez Bonilla
Fecha:
Marzo de 2012
Texto íntegral:

1
h4. Introducción

2El 13 de septiembre de 1821 el ayuntamiento de la ciudad de Guatemala recibió las actas de pronunciamiento de Independencia de Ciudad Real y Tuxtla, las cuales fueron leídas en la sesión N˚ 75 del día siguiente, viernes 14 de septiembre en las primeras horas de la mañana. En ella se señalaba que una vez constituida una junta general compuesta por las corporaciones, comunidades, prelados funcionarios públicos y vecinos se analizaría la proclamación de Independencia que se había declarado en Comitán. Los miembros de la junta estuvieron conformes con lo actuado, así como todo el pueblo y vecindario de Ciudad Real1. Además, señalaron su adhesión al Plan de Iguala.

3Ante la llegada de esta comunicación, el Ayuntamiento de Nueva Guatemala de la Asunción, se reunió al día siguiente a discutir lo recibido y decidieron realizar un Cabildo extraordinario esa misma tarde. Durante esa reunión, el presidente Gaínza comunicó a las autoridades edilicias su decisión de convocar una Junta general en el Real Palacio para el día siguiente a las ocho de la mañana, con participación de las siguientes instituciones: Arzobispado, Real Audiencia, Ayuntamiento, Claustro Universitario, Colegio de Abogados, Auditoría de Guerra, jefes generales de los cuerpos militares, Protomedicato, órdenes religiosas, curas párrocos y Diputación Provincial2.

4Para preparar la reunión, por un lado, un mensajero de la Audiencia distribuía notas de citación, por otro, el presbítero Juan José de Aycinena , Pedro Molina y su esposa Dolores Bedoya, José Francisco Barrundia, José Basilio Porras y otros partidarios de la emancipación política, realizaban propaganda a favor de la Independencia e invitaban a los vecinos de los barrios para que llegaran a la Plaza Mayor al día siguiente.

5Los acuerdos que se tomaron en la reunión y en días posteriores en Guatemala, tuvieron grandes implicaciones en todo el Reino. Al comunicar estas decisiones a las provincias, hubo diferentes reacciones a favor y en contra. Este artículo se propone analizar el comportamiento del cuerpo político de los miembros de la Iglesia ante la posible Independencia de España, específicamente, en la Diócesis de Nicaragua y Costa Rica, que formaba parte de la Arquidiócesis de Guatemala desde 1743.

La Arquidiócesis de Guatemala y su obispo

6Para analizar las actuaciones de la Iglesia católica durante el proceso de la Independencia, se le consideró como un cuerpo político, puesto que en las sociedades coloniales fue muy importante el grupo, el cuerpo, la comunidad; era una sociedad que a diferencia de las de ahora que procuran ser igualitarias, aquella nunca buscó serlo, sino que, por el contrario, tuvo como principal fundamento la desigualdad, pues reconoció en el orden político una natural jerarquización, a semejanza del carácter organizativo de la creación.
La sociedad colonial no exigía que sus partes fueran idénticas unas a las otras, “en el mismo sentido se pensó a la sociedad a semejanza del cuerpo humano, donde cada órgano desempeñaría una función determinada bajo un orden jerárquico, según la importancia de cada uno dentro del conjunto3.” En este cuerpo estaban incluidas las corporaciones, que en el caso en estudio, eran las órdenes religiosas. Como bien se señala, ese cuerpo político no actuó siempre al unísono, igual que el cuerpo humano.

7La Arquidiócesis de Guatemala se creó en 1743 y la constituían las diócesis de Chiapas, Comayagua de Honduras y la de Nicaragua y Costa Rica; en el momento de la Independencia, estaba al frente el arzobispo Ramón Casaus y Torres , español, de la orden de los dominicos4. Casaus y Torres había sido obispo auxiliar de Oaxaca, donde se había manifestado como un gran defensor de la monarquía española, lo que demostró en diciembre de 1810, cuando a solicitud del virrey de Nueva España, Francisco Xavier Venegas y con la autorización del obispo de Oaxaca, publicó la Cartilla de los párrocos contra Miguel Hidalgo y Costilla, al que tildó de apóstata y traidor.

8Al frente del arzobispado en Guatemala en 1811, otra vez, dio muestras de fidelidad a la monarquía, cuando recibió la visita de fray José de Santiago, prefecto de los belemitas del convento de Belen de Nueva Guatemala de la Asunción, quien le mostró una carta que le había enviado el virrey de Nueva España, señalándole la situación que se estaba viviendo en México con los levantamientos y la participación del clero secular como el regular en ellos. Ante estas circunstancias le pedía:

9“En consecuencia de todo esto y deseando siempre precaver el crimen al mismo tiempo que estoy resuelto a castigarlo con firmeza, cuando no lo puedo evitar; encargo muy estrechamente a vuestra reverencia que por el honor del hábito que viste tome las providencias y medidas más oportunas, a fin de hacer observar inviolablemente por todos estos religiosos las reglas, constituciones y estatuto de su orden, que me remita con arreglo a la ley una razón circunstanciada de todos los individuos que actualmente componen esa comunidad, extensiva tanto a las personas que están a su servicio con expresión de sus nombres, clase, estado, y edad5.”

10El documento del virrey preocupó tanto al prefecto de los belemitas como a Casaus, ya que representaba una grave intromisión del virrey en la vida íntima de los miembros de la orden religiosa que estaba bajo el amparo de la diócesis, al solicitar información referente a ellos y que se le reportara cualquier contravención. Como el obispo Casaus y Torres había vivido los eventos de México, comprendía el temor de que surgiera un Hidalgo que levantara las masas en el Reino de Guatemala.

11Ante la carta del virrey, el arzobispo inició una investigación para descubrir a frailes y sacerdotes seculares que anduvieran involucrados en acciones sediciosas contra el poder real. Dentro de estas investigaciones mandó encarcelar al sacerdote originario de San Salvador, Manuel Aguilar, por haberse negado a leer en el púlpito una carta pastoral contra el sacerdote mexicano Miguel Hidalgo y Costilla. Este hecho provocó la sublevación de 1811 en la ciudad de San Salvador. En esa carta pastoral el futuro arzobispo señalaba entre otras cosas:

12“Y ya que conspiran sus negras almas contra la majestad soberana de la Nación que les ha dado el ser, la religión y la honra, y contra el Rey más amado y más digno de amarse, que esperaba ser lealmente correspondido de todos sus hijos en los días de la aflicción y prueba, para después gobernarlos con mayor beneficencia y gloria; no tomasen en boca tan delicioso nombre, cuando en sus juntas, conventículos y actas han tratado de dar con disimulo los primeros pasos hacia la rebelión y anarquía, y despedazarle después su cetro y corona6.”

13Como se puede observar, el arzobispo Casaus no estaba conforme con una posible Independencia; posición que confirmó con el sermón del 8 de setiembre de 1821, cuando expresó que derramaría hasta la última gota de su sangre antes de que ser infiel a Dios, al Rey y a España o jurando la Independencia.

La Independencia de Guatemala

14 Los dirigentes coletos por medio de un acuerdo impulsaron la Independencia de Chiapas del Reino de Guatemala y declararon su rompimiento con las autoridades de la Audiencia para unirse al Imperio Mexicano7. Ante esta noticia de Tuxtla anunciando su Independencia y su adhesión a México, el Ayuntamiento de Guatemala decidió convocar a una junta general en el Real Palacio para el 15 de setiembre. Fueron llamados: el arzobispado, la Real Audiencia, el Ayuntamiento, el Claustro Universitario, el Colegio de Abogados, la Auditoría de Guerra, los jefes generales de los cuerpos militares, el Protomedicato, las órdenes religiosas, los curas párrocos y la Diputación Provincial, en otras palabras, tenemos aquí la presencia del cuerpo político de la Iglesia.

15 La nota citatoria para convocar a los miembros de la Iglesia llegó al deán del cabildo catedralicio, por lo que se decidió citar a una reunión urgente de este cuerpo eclesiástico para esa misma noche. A la reunión se presentaron todos sus miembros; se les leyó la nota citatoria que les solicitaba la asistencia de dos representantes de su cuerpo a la junta del día siguiente. Así, la representación de la Iglesia estuvo encabezada por el arzobispo de Guatemala, el doctor fray Ramón Casaus y Torres; el deán doctor Antonio García Redondo representó al cabildo eclesiástico, también asistió el canónigo José María Castilla con el cargo de provisor y vicario general del arzobispado; además, la Iglesia incluyó en su representación a los superiores de las órdenes religiosas y a los rectores de las principales parroquias8.

16 La junta extraordinaria se declaró abierta el 15 de setiembre de 1821 y se leyeron los comunicados de los ayuntamientos de Chiapas, Comitán y Tuxtla con la nota para considerar la Independencia y unirse al Plan de Iguala; luego de abierta la sesión, se puso en discusión lo que se había comunicado en la nota citatoria.

17 El primero que hizo uso de la palabra fue el arzobispo Casaus y Torres, como se ha señalado, era un seguidor de la monarquía y sostuvo sus ideas durante su alocución, atacó cualquier forma de Independencia que se propusiera y, más aún, la fórmula propuesta por el Plan de Iguala y los independentistas, y señaló que la Junta de Notables no tenía nada que hacer más que esperar la decisión de la Corte española sobre dicho plan. Lo siguió en el uso de la palabra, José Cecilio del Valle, quien a pesar de tener el cargo de Auditor de Guerra, se pronunció a favor de la Independencia de España y en contra del arzobispo, pero sugirió esperar y consultar antes de tomar cualquier medida. El otro miembro de la Iglesia que le correspondió continuar, fue el provisor y vicario general de la Iglesia de Guatemala, el canónigo José María Castilla , él atacó la propuesta de espera de Valle y rechazó totalmente lo propuesto por Casaus y Torres; sus palabras fueron de gran fervor libertario por una Independencia total y sin espera, como lo señala Estrada Monroy9. Esta actitud y sus manifestaciones, señalaron una rasgadura del cuerpo de la Iglesia, ya que atacó fuertemente a su cabeza.

18El ambiente del recinto se fue caldeando hasta que cundió el entusiasmo total lo que fue secundado por el pueblo congregado en las afueras. Ante el giro que se estaba dando de los acontecimientos, Casaus y Torres muy indignado, pero manteniendo la compostura, solicitó que se le permitiera retirarse del recinto, lo que se le concedió[10].

19De los 17 representantes de la Iglesia entre sacerdotes y frailes, que asistieron a la Junta de Notables, ocho se pronunciaron a favor de la Independencia y nueve en contra11, hecho que nos confirma la actuación de la Iglesia como un cuerpo político en el que sus diferentes miembros no acataban el mandato de su autoridad superior, el arzobispo.

20Sin embargo, el arzobispo Casaus y Torres cambió su actitud y el 20 de setiembre en unión del cabildo catedralicio, firmó el Acta de Independencia y pidió a los curas y a los superiores de las órdenes religiosas que juraran la Independencia; él mismo fue quien elaboró la fórmula de juramentación. Al día siguiente, 21 de septiembre, se celebró una misa de acción de gracias y se cantó un Te Deum. El canónigo José María Castilla tuvo a cargo el sermón. No se ha podido establecer con exactitud cuándo fue que Casaus y Torres modificó su criterio con respecto a la Independencia de España, se supone que probablemente fue cuando comprobó el apoyo mayoritario que tenía este paso, por lo tanto, no le quedaba más que plegarse a la Independencia y dejar atrás su afirmación de que prefería “estar muerto” antes que apoyar la Independencia de España.

21Acatando el mandato de Casaus, las órdenes y los religiosos, así como el clero secular empezaron a jurar la Independencia. La primera orden religiosa que siguió la orden fue la de los belemitas del convento de Belén; esta orden fue la primera fundada en América por san Pedro de Betancur en Guatemala; como se indicó, la orden había resentido la presión y la invasión de su intimidad por parte del virrey de Nueva España en setiembre de 1811, hecho que pudo conducir a sus miembros a una rápida decisión y firmar el 28 de setiembre del 1821 la emancipación de España.

22Se acordó que el Acta fuera enviada también a las otras provincias de la capitanía. En cada una tuvo su proceso, en el caso de Costa Rica, este trabajo se enfocará en lo sucedido en León de Nicaragua, sede de la Diócesis de Nicaragua y Costa Rica.

La provincia de Nicaragua

23La ciudad de León era el asiento de la Diputación Provincial de Nicaragua y el cargo de jefe político subalterno era desempeñado por el brigadier Miguel González Saravia, quien recibió la información de Independencia, procedente de Guatemala. En relación con la fecha de recepción del Acta, no hay acuerdo entre los autores, pero pareciera que fue siete días después de los sucesos de Guatemala, que fueron conocidos en León. Para Edgar Zúñiga12, cuando llegaron a León los fuertes rumores de la decisión de Guatemala de independizarse, el día 19 de setiembre, el obispo, Nicolás García Jerez , español de nacimiento y con juramento de lealtad por razones de Patronato Real, reaccionó diciendo:

24“La ciudad de Guatemala ha jurado la Independencia con arrojo temerario. Es de absoluta necesidad cumplir con los empeños religiosos que tenemos contraídos al pie de los altares sin ser considerados reos de perjurio. Es indispensable esperar otro conducto del que estamos seguros de lo que nos ordena y manda nuestro rey Fernando VII. Dios nos ha colocado en medio del pueblo para que seamos los conservadores del orden13.”

25Según carta de Nicolás Otavari, vecino de León, el mismo día que llegaron los rumores, se reunió un cabildo extraordinario en la Diputación Provincial con el apoyo del alcalde tercero, Martín Albor, en el se mostró desaprobación y oposición a lo sucedido en Guatemala y por medio de un escrito, se ofreció al secretario de Estado del gobierno español su colaboración en lo que tuviera a bien disponer. El documento señaló que la corporación, es decir, la Diputación Provincial de Nicaragua y Costa Rica había acordado:

26“Tomada la consideración por esta Diputación Provincial las sensibles noticias recibidas por el último correo de Guatemala sobre el estado de agitación y fermento que dolorosamente había tenido lugar en aquellos días poniendo en conflicto a sus autoridades y parte sana del vecindario, interesándose en el bien general de sus conciudadanos y del Estado unánimemente se ha creído en el caso de protestar contra cualquier acto subversivo y cooperación que falsamente pueda atribuirse a este Cuerpo y sus individuos, que contando con la opinión pública de la provincia, bastantemente manifestada la que anima a esta corporación, unidad y acción y decisión absoluta por la conservación de un buen orden, observancia de la Constitución política de la Monarquía y de la Leyes, debía no dilatar la manifestación de sus sentimientos y participarlos a las autoridades generales para los fines que puedan convenir al interés público y particular14

27Este documento fue firmado por el brigadier Miguel González Saravia, Domingo Galarza, Pedro Solís , Vicente Agüero, Joaquín Arechavala , Manuel López de la Plata y Juan Francisco Aguilar. Para el historiador Rafael Obregón Loría, este documento firmado por toda la Diputación Provincial y enviado cuando en Guatemala ya sabían que se había decretado la Independencia, pone de manifiesto la posición de esa diputación en vísperas de los sucesos que se avecinaban en la intendencia de León15. Es por eso que cuando llegó el correo extraordinario desde Guatemala en la mañana del 27 de setiembre y entregó a González Saravia el Acta del 15 de setiembre, este sorprendido y disgustado llamó inmediatamente al obispo Nicolás García Jerez16, que al igual que Casaus y Torres de Guatemala, se caracterizó, como se ha mencionado, por ser muy fiel a la corona española y al coronel Joaquín Arrechavala, jefe de las milicias de León, ambos tenían con él íntima amistad y coincidencia de ideas, pues eran españoles y enemigos de los principios republicanos17.

28Al conocer el Acta y como bien sabían que el documento debía debatirse en el seno de la Diputación Provincial, González Saravia y sus dos amigos acordaron desarrollar un plan para crear toda clase de suspicacias contra la decisión de Guatemala y tratar de impedir la Independencia de la provincia. La primera parte de este plan era fácil ya que los resquemores que existían contra las autoridades de Guatemala habían calado en las diferentes provincias; la segunda no lo era ya que las ideas de emancipación habían adquirido mucha fuerza en los últimos tiempos. Su plan pretendía que si se declaraba la Independencia, esta fuera más aparente que real. Por lo que acordaron plantear los hechos según los términos del Plan de Iguala con el que los tres simpatizaban18.

29Al día siguiente, se volvió a reunir la Diputación liderada por González Saravia, Arechavala y García Jerez en una sesión larga en la que se atacó fuertemente a Guatemala y se redactó lo que se ha llamado el “Acta de los Nublados” que disponía en sus tres primeros acuerdos:

30“1-La absoluta y total Independencia de Guatemala que parece se ha erigido en soberana. 2-La Independencia del gobierno español, hasta tanto que se aclaren los nublados del día, y pueda obrar esta Provincia con arreglo a lo que exigen sus empeños religiosos y verdaderos intereses.3- Que en su consecuencia continúen todas las autoridades continuadas en el libre ejercicio de sus funciones con arreglo a la Constitución y a las leyes19…”

31En estos tres primeros artículos se aprecia cómo el plan de González Saravia, García Jerez y Arechavala quedó plasmado en el documento, ya que se pidió la Independencia, sin embargo, se mantuvieron los puestos de las autoridades que existían, lo que no significaba una verdadera Independencia. Además, en Costa Rica como Ricardo Fernández Guardia lo señaló en su trabajo sobre la Independencia:

32“La Diputación, hablando en nombre de las provincias de Nicaragua y Costa Rica, empezaba por declararlas total y absolutamente independientes de Guatemala, “que parece se ha erigido en soberana”; en seguida proclamaba también su Independencia de España, pero de modo condicional, “ hasta que se aclaren los nublados del día”, fórmula artificiosa imaginada por fray Nicolás, acérrimo realista, y que para los buenos y hasta para los malos entendedores significaba que la tal Independencia tan solo duraría el tiempo que tardasen los ejércitos de Fernando XVII en meter en cintura a los insurrectos de Guatemala. Esto lo confirma la nota dirigida por la Diputación provincial al Gobierno español el 23 de setiembre, en que le reiteraba su fidelidad con motivo de los sucesos de Guatemala20.”

33Además, el documento, denominado Acta de los Nublados o Acta de León, pedía que se publicara y que se enviara a toda la provincia para su “inteligencia y observancia”, es decir, que la Diputación decidió por Nicaragua y Costa Rica y retuvo el Acta proveniente de Guatemala hasta que se preparó el Acta de los Nublados y fuesen enviadas en el mismo correo.

34Cuando las dos actas llegaron a Granada, el 2 de octubre, después de efectuado un cabildo extraordinario, se acordó pronunciarse a favor del Acta del 15 de setiembre y rechazar el Acta de los Nublados. Con esta actitud, Granada se colocaba en contra de la capital de la provincia, León. El día de la proclamación de la Independencia se repicaron las campanas en Granada, con asistencia del clero secular, las comunidades religiosas y los vecinos; hubo un Te Deum en la iglesia parroquial oficiado por el presbítero José Antonio Chamorro y el 4 de octubre juraron las tropas al mando del coronel Crisanto Sacasa21. Así, Granada desoyó el mandato de su obispo, suceso que confirma cómo el cuerpo político permite actuar de diversas maneras a sus miembros.

35En Masaya, también se recibieron las dos actas el mismo día, sin embargo, a pesar de que se convocó a un cabildo no se acordó nada. Pero el 4 de octubre, al enterarse de los acuerdos tomados en Granada, se decidió seguir los mismos pasos. Pero el 11 de octubre cuando conocieron que León tomaba el camino de independizarse y unirse a México, se pronunciaron a favor de seguir a León en sus decisiones. Ambas actas llegaron el 4 de octubre a Rivas, donde el ayuntamiento no acordó nada respecto al tema de la Independencia, aunque se convocó a una reunión para el día siguiente; se llamó a los curas, a los vecinos principales y representantes de los ayuntamientos de San Jorge, Potosí e Isla Ometepe. En la sesión se acordó, pedir más información a las autoridades de Guatemala y a las de León, y agradecerles el tino con que habían actuado22. Pareciera que se buscaba darle largas al asunto; se aprecia que también en este caso, el clero convocado, como el de Granada, no siguió lo indicado por su obispo.

36En León, la Diputación Provincial acordó anexarse al Imperio Mexicano, este cambio se explica en que el Plan de Iguala señalaba que a falta del Rey Fernando VII y de los infantes españoles para ocupar el trono del Imperio Mexicano, las cortes elegirían al soberano, sin expresar que este debería de ser de la casa reinante. Esta disposición del documento movió a León a unirse al Imperio Mexicano a ante la expectativa de que el trono sería ocupado por un miembro de la familia real. De esta manera, para el obispo, la Independencia no era otra cosa que el cambio de Fernando VII como rey a emperador, por lo que trataban de mantenerse sin declarar la Independencia, para ver por cuál medio podían restablecer la monarquía23.

37Aunque no todos los sacerdotes estuvieron de acuerdo con esa decisión, como el comendador de los mercedarios, Salvador Barrios, el cabildo catedralicio y los sacerdotes seculares de León, reunidos en el Palacio Episcopal, juraron la Independencia el 13 de octubre y se plegaron al Plan de Iguala, por consiguiente, al Imperio Mexicano. El maestrescuela Miguel Jerónimo Guerrero juramentó al obispo y luego el obispo a él y al resto del clero.

La provincia de Costa Rica

38A Costa Rica llegaron las comunicaciones procedentes de Nicaragua el sábado 13 de octubre de 1821, por lo que el coronel Juan Manuel de Cañas, como jefe político subalterno de la provincia de Costa Rica, convocó con mucha urgencia al cabildo de Cartago. Aparentemente, ya había tenido noticias de lo ocurrido en Guatemala y había pedido a Gabino Gaínza consejo sobre cómo debía comportarse en caso de que llegara la idea de pedir la Independencia y cómo con el juramento que tenía hecho al rey debería: “derramar hasta la última gota de sangre sosteniendo los sagrados derechos de la religiosidad, del Rey y la nación así lo haré, inter no reciba órdenes en el contrario V.S.M.I. pues el sepulcro más honorífico que apetezco es el que pueda proporcionarme el Campo de Marte24”. Gainza le había respondido que él mismo estaba indeciso y que abrazar la sombra del general Iturbide fue un último recurso para salvar al país.

39Al cabildo fueron invitados además de sus miembros, el vicario eclesiástico Pedro de Alvarado y el presbítero Joaquín Alvarado cura de Cartago, así como el teniente Manuel García Escalante y los sargentos Agustín Barba y Juan Dengo. Primero se leyó el Acta de Guatemala, que para Ricardo Fernández Guardia, calló como una bomba en la quietud sepulcral de la vieja metrópoli; luego se leyó el acuerdo de León. Ante estas informaciones, Cañas, tan realista como el obispo García Jerez, tomó la palabra para decir que Costa Rica debía adherirse a lo acordado por la Diputación Provincial, mientras llegaban instrucciones de las cortes reunidas en Madrid y por unanimidad de votos, el cabildo adoptó este parecer. Además, el cabildo acordó que Cañas asistiera a las sesiones de San José, Heredia y Alajuela25.

40En San José y Heredia acordaron lo mismo que en Cartago, sin embargo, a Alajuela, Cañas no pudo llegar porque en Cartago, después de la sorpresa, había considerado que aceptar lo dispuesto por la Diputación Provincial de León, podían provocar problemas con Guatemala, por lo que los miembros del cabildo, envalentonados por la ausencias de Cañas, acordaron solo acusar recibo de lo enviado desde Nicaragua. A esta propuesta se unió San José y propuso crear por la carencia de gobierno, una junta provisional gubernativa mientras se aclaraba los nublados del día. Aquí se siguieron los consejos de Pablo de Alvarado, quien escribía al Ayuntamiento desde Guatemala con fecha del 22 de diciembre de 1821 y les recomendaba: “No pueden hacer cosa mejor…Conserven esa ciudad independiente de todo el género humano. No tienen que temer ni qué desear para ser respetable, envidiable, feliz. Esa provincia está destinada por el cielo para ser independiente de todo el mundo26.” Cartago acogió la insinuación invitando a todos los demás para que mandaran sus delegados, así lo hicieron San José, Alajuela y Ujarrás, pero Heredia señaló que la única autoridad legítima para ellos era la Diputación Provincial. Al final, mandó su delegado, especialmente por cortesía, pero con órdenes de no infringir la Constitución española ni las leyes posteriores.

41El 25 de octubre en la sala capitular, se instaló la Junta de Legados, presidida por el alcalde primero Santiago Bonilla, ya que el jefe político, Cañas se excusó por estar enfermo. En esta junta, el presbítero Juan de los Santos Madriz representó a San José y el presbítero Miguel Bonilla a Esparza, Bagaces, Nicoya y otros pueblos más pequeños. El 1 de noviembre, el vecindario de Cartago juró la Independencia de España de manos del cura Joaquín Alvarado, cura de Cartago.

42La segunda junta de legados, se reunió el 12 de noviembre. En ella, la participación de los presbíteros de la provincia fue muy amplia; estuvieron presentes los sacerdotes Juan de los Santos Madriz por San José, Nicolás Carrillo por Escazú, Manuel Alvarado por Curridabat y Aserrí, a Alajuela la representó Luciano Alfaro, cuando se retiró Gregorio José Ramírez y a Heredia, Nereo Fonseca27.

43Del 1 de diciembre de 1821 al 5 de enero de 1822, se estableció la Junta Interina de Gobierno, cuyo presidente fue el presbítero Pedro José Alvarado y Baeza y de sus siete miembros cuatro eran sacerdotes: Juan de los Santos Madriz, Nereo Fonseca, Nicolás Carrillo y Pedro José de Alvarado, y los señores Joaquín Iglesias, José Santos Lombardo y Nicolás Carazo. La junta eligió a los miembros de la Junta Electoral28.

44Es evidente que los miembros de la Iglesia de la Provincia de Costa Rica participaron en el proceso de la Independencia desde el inicio, puesto que fueron invitados a participar en las decisiones desde que llegó el Acta al cabildo abierto y cuando este finalizó entre los acuerdos estuvo el siguiente:

45“Decir una misa de rogación el domingo 21 del corriente mes de octubre, a María Santísima Nuestra Señora con el titulo de los Ángeles, Patrona General de esta ciudad, a fin de que se digne interponer con su hijo Santísimo nos favorezca con los auxilios de su Santísima Gracia, para nuestras determinaciones29.”

No obstante, las disposiciones de Cartago no todos los miembros del clero las acataron. No siguieron los mismos pasos ni de su obispo ni de vicario foráneo, Pedro de Alvarado30 quien había sido nombrado en ese puesto desde julio de 1820. Por lo que a él le correspondió recibir el comunicado del obispo García Jerez que señalaba:

46“El arrojo temerario con que la ciudad de Guatemala ha firmado la Independencia, se ha erigido en soberana y ha roto el conducto por donde se comunicaban estas provincias, las leyes y decretos del gobierno de nuestra Nación ha obligado al señor jefe político y a la excelentísima diputación provincial de ellas a mandar publicar los acuerdos…Y ahora penetrando de los más vivos y tiernos sentimientos que inspira la Religión y la Humanidad os pedimos In Viseribus Jesucrhistte que os acordéis que un Dios de Misericordia os colocó en medio de su pueblo para que seáis los conservadores del orden y los Ángeles de la Paz. Llenad pues vuestro destino y siguiendo nuestra huella y ejemplo, haced cuanto pueda de vuestras facultades y arbitrio para que todas mis ovejas fieles a sus personas, se mantengan subordinadas a las Autoridades Constitucionales y se empeñen en afianzar más y más la quietud y tranquilidad31.

47Las “órdenes” de García Jerez eran muy claras para el vicario Alvarado y para todo el clero, no se debe perder de vista que aunque se acordara la Independencia, Costa Rica seguiría dependiendo de la misma diócesis y así fue hasta 1850. En aquel entonces, el obispo, García Jerez, continuaba siendo el obispo de la Diócesis de Nicaragua y Costa Rica, por lo tanto, el superior del vicario Alvarado, quien fue fiel a su obispo, no se sabe si por ideas o por temor de caer en desgracia ante él.

48 Cuando el clero en pleno juró la Independencia de España y la anexión a México el 29 de octubre32, fue convocado el padre guardián del convento de san Francisco en Cartago33, para que prestara su juramento ante el vicario de la ciudad, para prometer cumplir, obedecer y guardar la Independencia del gobierno español sujetándose a las leyes que estableciera el Imperio Mexicano34. Sin embargo, ante este comunicado del vicario de Cartago, fray Rafael de Jesús y Jiménez, Guardián Custodio de los franciscanos, dijo que no lo podía cumplir con él si no se lo mandaba su provincial. Así, el 3 de noviembre de 1821 fue llamado de nuevo y señaló que daría su adhesión, pero que ni él ni los demás religiosos jurarían hasta no tener la aprobación de su provincial. Su oposición a jurar la Independencia condujo a que la Junta Gubernativa en la sesión del 2 de abril de 1822 señalara:

49“En vista del expediente del síndico de este convento se acordó que habiendo resistido hasta ahora los religiosos franciscanos a prestar el juramento de la Independencia española no siendo conveniente que se ponga personas sospechosas al Gobierno espiritual de los pueblos. Por lo que no ha lugar la solicitud del sindico para continuar en los pueblos. Pero para que los dichos pueblos no carezcan del aquel pasto espiritual se pondrá un vicario eclesiástico para que los provea interinamente con clérigos seculares que tienen jurada la Independencia y a quienes pagará el oficial nacional los sínodos con preferencia a todo otro pago y líbrese el oficio correspondiente de término35.”

50La negativa de los franciscanos a jurar la Independencia les trajo serios problemas, ya que perdieron los pueblos en los que trabajaban y varios de ellos para sostenerse en su magisterio se pasaron a seculares a partir de 1830, cuando entregaron el convento al gobierno y quedó suprimida su orden en Costa Rica. Otros mostraron reticencia a las autoridades civiles y no quisieron ir a servir a ciertos pueblos como Tucurrique, Orosi y Cañas36. Esta situación de la orden franciscana la analiza el obispo Bernardo Augusto Thiel en su trabajo La Iglesia Católica en Costa Rica, durante el siglo XIX, indicando que los religiosos franciscanos prácticamente desaparecieron de Costa Rica desde 182537. Él lo achaca el hecho de los observantes habían sido llamados a Nicaragua y los recoletos a Guatemala. Sin embargo, se puede proponer que influyó en ello, la pérdida de varios pueblos por haberse negado a firmar la Independencia.

51 Con respecto a las actitudes que mantuvo el clero secular en Costa Rica ante el proceso de Independencia, se ha encontrado que para 1800, el clero estaba constituido por solo 42 sacerdotes entre regulares y seculares, de estos, casi todos eran criollos, que habían estudiado en el Colegio Tridentino San Ramón Nonato de la ciudad de León. Hay un informe del obispo García Jerez de 1815 que señala que los seculares eran 42 y que los religiosos o regulares solamente 1038, lo que presenta un ligero aumento en el número de sacerdotes con respecto a 1800.

52 El hecho de que Costa Rica no tuviera al obispo tan cerca, ya que la sede de la Diócesis estaba en León y que sus visitas a Costa Rica durante el periodo colonial fueron muy escasas, permite pensar que su influencia no fue tan grande, como sí lo pudo ser en Nicaragua. Esta “lejanía” le dio al clero costarricense cierta autonomía en sus acciones y actitudes durante la Independencia. En el sector del clero de Cartago, cuyo referente más cercano fue el vicario, quien trató de seguir al obispo en sus determinaciones, hubo sacerdotes como el cura fray Jacinto Maestre del pueblo de Barba, que declaró en el púlpito que no daría los sacramentos a los partidarios de la República. En el caso de San José, el clero fue más amplio y liberal y la mayoría de sus miembros optaron por un sistema de acuerdo con los nuevos tiempos y se mantuvieron contra las presiones del obispo García Jerez. En estas decisiones participaron ampliamente los sacerdotes Manuel Alvarado y el padre Bonilla.

53 Las rencillas entre Cartago y San José, que contaba con el apoyo de Alajuela, llevaron a un enfrentamiento entre ambas ciudades. Cartago defendiendo al imperio de Iturbide y San José y Alajuela a favor de la República. En este enfrentamiento los eclesiásticos también participaron, unos tratando de llevar la paz como Félix de Jesús García, quien el 5 de abril a las nueve de la mañana trató de convencer a una turba de los que estaban a favor del sistema imperial y señaló:

54“…me fui a la plaza hasta donde estaba el padre Francisco Quintana que estaba cansado de hablar con una turba que sería al menos de 1500 hombres unos armados con lanzas, con machetes sin filo como salieron de la fragua y otros sin nada obligados por orden que se había dado pena de muerte. Que me dijo Juan Antonio Castro que fuera a la batalla y que dijera que estaba de acuerdo en entregar el cuartel a la tropa de San José. Fui y en una acequia cerca de Taras en donde estaba José Antonio García y Manuel Torres, él no me permitió pasar al lado de las tropas de San José teniéndome por sospechoso por lo que regresé a mi casa39.”

55En esta cita se refleja la intención de los padres Quintana y García para lograr la paz. Quintana decía “Hijos, acuérdense que aquellos son sus hermanos; déjense de caprichos40.” Por otro lado, el dirigente de Cartago, Félix Oriamuno rogaba: “Señor, por la Reina de los Ángeles pide a aquella tropa que se le oiga y suplica que manden una persona con quien tratar41.” Para pactar con Cartago, San José envió al padre José Ana Alvarado con el seglar Cayetano de la Cerda. El escrito con el que pactaron no le pareció a Gregorio José Ramírez, uno de los jefes más importantes de San José, a pesar de que fray Eugenio Quesada le rogó que lo aceptara no fueron oídas sus súplicas. Por lo que volvió de nuevo a las tropas de Cartago sin firmar el acuerdo. Ramírez entró a Cartago victorioso. Estos hechos muestran la participación del clero el proceso de Independencia de Costa Rica y como un cuerpo político su actuación no fue homogénea, sino que hubo diferentes preferencias las que se manifestaron aun en la guerra entre Cartago y San José.

A manera de conclusión

56 Luego de realizar este trabajo hemos encontrado que la participación del clero secular y regular en el proceso de la Independencia fue activa, que actuaron como un cuerpo político, y tomaron sus decisiones de acuerdo a su manera de pensar y no se plegaron a lo que ordenaban sus obispos.

57 Esto la percibimos también en Guatemala con la perseverancia en su apoyo a la corona por parte del arzobispo Ramón Casaus y Torres, y su oponente el canónigo José María Castilla, en su sermón para apoyar la Independencia. En el caso de la Diócesis de Nicaragua y Costa Rica, su obispo, otro dominico como Casaus, fray Nicolás García Jerez, también se manifestó claramente a favor de la corona y en contra de la Independencia. Llegó hasta a tramar con los altos funcionarios de León un plan para que la Independencia fuera más aparente que real por lo que la plantearon según los términos del Plan de Iguala con el que los tres simpatizaban. De esa manera pretendían que llegaran los ejércitos del rey, como si estuvieran cerca.

58 En el caso de Costa Rica, también el clero participó ampliamente. Su vicario, máximo representante del obispo en Cartago, apoyó a García Jerez, lo que no hicieron todos los miembros del clero secular en especial los de San José que al igual que las autoridades civiles de esta ciudad propinaron la Independencia apoyados por Alajuela.

59 En cuanto a los franciscanos, única orden religiosa que estaba en Costa Rica, al no querer firmar la Independencia, fueron perdiendo los pueblos que estaban bajo su custodia y poco tiempo después se fueron a Guatemala y a Nicaragua.

60 Por lo que podemos concluir que los miembros del clero secular y las órdenes religiosas, actuaron como un cuerpo político ante la Independencia, cuerpo que como el cuerpo humano no se mueve ni actúa todo al unísono, sino que cada miembro tiene su función una función determinada bajo un orden jerárquico, según la importancia de cada uno dentro del conjunto.

61Notas de pie de página

62

  • La autora es doctora en Historia. Profesora de la Escuela de Historia de la Universidad de Costa Rica e investigadora del CIHAC.

631 Agustín Estrada Monroy, Datos para la Historia de la Iglesia en Guatemala Tomo II, (Guatemala: Tipografía Nacional, 1974), pág. 270.

642 Horacio Cabezas Carcache, Independencia centroamericana. Gestión y ocaso del “Plan Pacífico”, (Guatemala: Editorial Universitaria de San Carlos de Guatemala, 2010), págs. 81-83.

653 Beatriz Rojas, “Los privilegios como articulación del cuerpo político Nueva España, 1750-1821” in Beatriz Rojas compiladora, Cuerpo Político y pluralidad de derechos. Los privilegios de las corporaciones novohispanas (México: CIDE, Instituto Mora, 2007), pág. 46.

664 El arzobispo fray Ramón Casaus y Torres, nació en Huesca España en 1765 y perteneció a la orden Dominica. En 1788 fue designado a México en donde se hizo doctor en la Universidad de México. En 1806 fue nombrado obispo auxiliar de Oaxaca, fue presentado para arzobispo de Guatemala desde 1811 y llegó a Nueva Guatemala de la Asunción el 30 de julio de 1811. Empezó a actuar como arzobispo ya que el rey Fernando VII lo nombró y mientras llegaban las bulas podía ejercer su oficio pastoral, lo anterior se ejecutó mediante carta al cabildo de la catedral de Nueva Guatemala, que obedecieron de inmediato y entregaron al ilustrísimo Ramón Casaus y Torres todas las facultades y autoridad que le correspondían al cabido, lo que le fue comunicado al futuro arzobispo por medio de un comunicado firmado por el deán y el cabildo catedralicio. Ante estas comunicaciones llegó Casaus a Nueva Guatemala el 30 de julio de 1811. En marzo de 1815 fue ya consagrado como arzobispo de Guatemala.

675 Agustín Estrada Monroy, Datos para la Historia de la Iglesia en Guatemala, pág. 241.

686 Horacio Cabezas Carcache, Independencia Centroamericana. Gestión y ocaso del Plan Pacífico, pág. 78.

697 Amanda Torres Freyermuth, Mario Vázquez Olivera, “La participación en las Cortes de Españolas y el Despertar autonomista de Chiapas, 1813-1821” in Mesoamérica 52 (2010), pág. 66.

708  Agustín Estrada Monroy, Datos para la Historia de la Iglesia en Guatemala, págs. 272-274 Los representantes fueron: de los agustinos a fray Francisco Algarín, de los dominicos a fray Luis escoto, de los mercedarios a fray Luis García, de los recoletos a fray Mariano Pérez de Jesús, de los belemitas a fray Juan San Diego y de los franciscanos a fray José Antonio Taboada. Como representantes de las parroquias estuvieron: por la de San Sebastián, el presbítero Juan José Batres, por la Candelaria el presbítero Enrique Loma, por los Remedios el presbítero Ángel María Candina, por La Merced el presbítero fray Víctor Castillo y por la Escuela de Cristo fray Mariano Pérez de Jesús y Guadalupe. También debían de asistir el director de la Universidad de San Carlos Borromeo el presbítero doctor Antonio Larrazabal y los doctores Serapio Sánchez y Mariano Gálvez.

719  Horacio Cabezas Carcache, Independencia Centroamericana. Gestión y ocaso del Plan Pacífico, pág. 277.

7210  Agustín Estrada Monroy, Datos para la Historia de la Iglesia en Guatemala, págs. 277-278.

7311 Horacio Cabezas Carcache, Independencia Centroamericana. Gestión y ocaso del Plan Pacífico, pág. 87.

7412  Edgar Zúñiga, Historia Eclesiástica de Nicaragua, (Managua: Editorial Hispaner 1996).

7513  Edgar Zúñiga, Historia Eclesiástica de Nicaragua, pág. 287.

7614 León Fernández, Documentos para la Historia de Costa Rica_, Tomo X, (Barcelona: Imprenta viuda de Luis Tasso, 1907), pág. 583.

7715 Xiomara Avendaño Rojas, “Estado y corporaciones en la Nicaragua del siglo XIX” in David Díaz Arias, Ronny Viales Hurtado ed., Independencias, Estados y política(s) en la Centroamérica del siglo XIX. Las Huellas Históricas del Bicentenario. (San José: UCR, CIHAC, 2012), págs. 122-123. Desde 1786, por medio de la cédula Real del rey Carlos III, el 23 de diciembre, se creó la Intendencia de Nicaragua. El territorio quedó dividido en nueve sub delegaciones o partidos: León, Granada, Matagalpa, Segovia, El Realejo, Subtiava, Rivas, Masaya, Nicoya. En el caso de Costa Rica esta fue elevada a gobernación, en lo político y militar dependía de su gobernador, pero era considerada en el aspecto de Hacienda como subdelegación de Nicaragua y sujeta a la intendencia de León. A nivel de Iglesia ambas provincias estaban unidas en la Diócesis de Nicaragua y Costa Rica.

7816 Edgar Zúñiga, Historia Eclesiástica de Nicaragua, y Christophe Belaubre, “Nicolas García Jerez”, in Diccionario Biográfico Centroamericano (Stephen Webre y Christophe Belaubre editores), http://www.afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action*fi_aff&id*678, publicado el 28 de mayo de 2005, consultado el 6 de enero de 2012. Nicolás García Jerez, nació en la ciudad de Murcia, el 30 de enero de 1757, tomó los hábitos en el convento dominico de esta ciudad. Hizo estudios en donde logró llegar a obtener en la orden el grado de Maestro en Sagrada teología. Pasando a América fue nombrado prior del Convento de Santo Domingo de Cartagena de Indias. Con anterioridad había sido promovido a los arzobispados de Zaragoza, Valencia y Santa Fe de Bogotá, pero no aceptó. En el momento de su nombramiento es muy probable que fuera nombrado obispo en los primeros días de 1810. Y que fuera consagrado rápidamente. Llegó a Nicaragua acompañado de Bonifacio Martínez, presbítero, natural de la villa del Horno, diócesis de Cuenca; de José Díaz, de 17 años, natural de Granada; Francisco Campoy, de 16 años, natural de Cartagena; y del fraile dominico José Antonio Campoy, natural de Granada. Pasaron por la ciudad de Tegucigalpa, por lo que seguramente su barco atracó en el puerto de Trujillo. Allí, según Alejandro Marure, recogió a Cleto Ordóñez, su futuro doméstico. Fue un leal seguidor de la Monarquía española. Impidió que Costa Rica tuviera su propia diócesis, lo que se logró hasta 1850.

7917  Rafael Obregón Loría, Costa Rica en la Independencia y en la Federación, (San José: Editorial Costa Rica, 1977), pág. 48.

8018 Rafael Obregón Loría, Costa Rica en la Independencia, pág. 49.

8119 Rafael Obregón Loría, Costa Rica en la Independencia, pág. 49.

8220 Ricardo Fernández Guardia, La independencia, 3 ed. (San José: Comisión nacional del Sesquicentenario de la Independencia de Centro América, 1971), pág. 6.

8321 Chester Zelaya Goodman, Nicaragua en la Independencia, (Managua: Colección Cultural de Centro América. Serie Histórica N˚16, 2004), pág. 101.

8422 Chester Zelaya Goodman, Nicaragua en la Independencia, págs. 101-103.

8523 Chester Zelaya Goodman, Nicaragua en la Independencia, págs. 105-106.

8624  Rafael Obregón Loría, Costa Rica en la Independencia, pág. 56.

8725  Ricardo Fernández Guardia, La independencia, pág. 6.

8826  Ricardo Fernández Guardia, La independencia, pág. 30.

8927  Ricardo Blanco Segura, “Intervención de la Iglesia en la Independencia de Costa Rica” in Revista de Costa Rica, 5-6 (1974), pág. 80.

9028 Clotilde Obregón Quesada, Nuestros Gobernantes. Verdades del pasado para comprender el futuro, (San José: Editorial UCR, 2002), pág. 25.

9129 Actas del Ayuntamiento de Cartago. 1820-1823. (San José: Imprenta Nacional, 1972), pág. 111.

9230 El presbítero Pedro José Alvarado y Baeza, nació en Cartago en 1767 y murió en la misma ciudad en 1839. Fueron sus padres don Pedro de Alvarado y Guevara y doña Manuela Baeza Espinoza de los Monteros. Fue ordenado como sacerdote católico alrededor de 1791. En 1797 fue cura interino de San José y en 1798 cura interino de Heredia. Se le nombró por parte del obispo García Jerez como vicario foráneo en Julio de 1820 y renunció a este puesto en 1835.

9331 Archivo Histórico Arquidiocesano Bernardo Augusto Thiel, en adelante AHABAT., Caja N˚ 8 año 1821, f. 238.

9432 Votación en la que San José no estuvo de acuerdo y 5 días después declaró la Independencia total.

9533 La orden franciscana, fue la única que estuvo en la provincia de Costa Rica durante el periodo colonial.

9634  Actas del Ayuntamiento de Cartago. 1820-1823, pág 136.

9735  ANCR. Fondo provincial Independiente, Signatura: 1450, 4 de abril de 1822, f.47v.

9836 Manuel de Jesús Benavides, De Ujarrás a Paraíso, (San José: Ministerio de Cultura Juventud y Deportes, Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural, 2002), pág. 109.

9937 Bernardo Augusto Thiel, “La Iglesia Católica en Costa Rica, durante el siglo XIX” in Costa Rica Siglo XIX, (San José: Tipografía Nacional, 1902), pág. 315.

10038 Bernardo Augusto Thiel, “La Iglesia Católica”, pág. 315.

10139  AHABAT. Caja N˚42. F. 121v.

10240 Manuel de Jesús Jiménez, Doña Ana de Cortabarría y otros cuentos más, (San José: Editorial Costa Rica, 1981), pág. 37.

10341  Ricardo Fernández Guardia, La independencia, pág. 83.

104

Para citar este artículo :

María Carmela Velázquez Bonilla, « El cuerpo político de la Iglesia y sus confederaciones en la Diócesis de Nicaragua y Costa Rica ante la Independencia », Boletín AFEHC N°52, publicado el 04 marzo 2012, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=3034

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