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AFEHC : articulos : Los objetivos estratégicos de Honduras en las Cortes de Cádiz : Los objetivos estratégicos de Honduras en las Cortes de Cádiz

Ficha n° 3037

Creada: 18 mayo 2012
Editada: 18 mayo 2012
Modificada: 22 mayo 2012

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Autor de la ficha:

Rolando SIERRA

Editor de la ficha:

Elizet PAYNE IGLESIAS

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Los objetivos estratégicos de Honduras en las Cortes de Cádiz

El presente artículo busca aproximarse al estudio de la participación de la provincia de Honduras en el marco de las Cortes de Cádiz (1808-1812), enfocándose en los objetivos estratégicos de dicha participación. Así, las preguntas que guían el mismo son las siguientes: ¿Quiénes fueron los hondureños que participaron en las Cortes de Cádiz? ¿Cuál fue su participación? ¿Cuáles fueron los resultados para la marginal provincia de Honduras?
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Palabras claves :
Diputaciones provinciales, Cortes de Cádiz
Autor(es):
Rolando Sierra Fonseca
Fecha:
Marzo de 2012
Texto íntegral:

1

Introducción

2 El presente artículo busca aproximarse al estudio de la participación de la provincia de Honduras en el marco de las Cortes de Cádiz (1808-1812), enfocándose en los objetivos estratégicos de dicha participación. Así, las preguntas que guían el mismo son las siguientes: ¿Quiénes fueron los hondureños que participaron en las Cortes de Cádiz? ¿Cuál fue su participación? ¿Cuáles fueron los resultados para la marginal provincia de Honduras?

3 En tal sentido se analiza cómo fueron seleccionados los representantes, quiénes eran los mismos, a qué sectores representaban y cuáles eran los objetivos estratégicos que cómo provincia tenían en el marco su representación dentro de la capitanía General de Guatemala. El trabajo es más aproximativo que conclusivo y ha sido elaborado a partir de la documentación y bibliografía encontrada en Honduras.

4 La participación de los representantes de Honduras en las Cortes de Cádiz tuvo unos objetivos estratégicos para la antigua provincia perteneciente a la Capitanía General de Guatemala, orientados a la consolidación de su territorialidad, la búsqueda de la actividad minera como un motor de desarrollo socioeconómico y la afirmación de la necesidad de la libertad en diferentes ámbitos de la vida pública, especialmente en relación a la esclavitud de los negros. No es casual que los dos representantes de Honduras ante las Cortes, uno haya luchado por la recuperación de los puertos de Omoa y Trujillo, así como la creación de un Tribunal Minero y el otro, sea uno de los principales líderes y firmantes del Acta de Independencia de Centroamérica respecto al gobierno Español el 15 de septiembre de 1821.

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6 La sociedad y la economía hondureña se orientaron a lo largo del período colonial hacia la minería. La plata hondureña representó cerca del 5% de la producción de toda la América española. Es quizá, por esta razón que lo que se registra en las actas de sesiones de las Cortes de Cádiz respecto a la participación del representante hondureño sea una iniciativa en torno a estimular la actividad minera.

7 En la provincia de Honduras, prácticamente desde el inicio de la conquista predominó un modelo primario exportador. La estructura productiva de la colonia respondió a las necesidades de la metrópoli, sobre todo mediante la explotación de minerales. Se produce en un punto determinado, pero no irradia alrededor de la región, todo se va a la metrópoli. La concentración de la actividad económica en un punto no trasciende, ni permite el desarrollo de esa región. Tampoco la hacienda permite el desarrollo regional.

8 En el crecimiento de la actividad minera hondureña pueden observarse dos períodos. El primero a partir de 1530, caracterizado por la obtención de oro en las corrientes fluviales y un segundo, después de 1570, cuando fueron descubiertos los más ricos depósitos en la región de Tegucigalpa, Guascorán, San Marcos, Nuestra Señora de la O y Santa Lucía, convirtiéndose en lo que Valle llamara «las minas célebres de Honduras1

9 El primer período orientado a la extracción y lavado de oro implicó la movilización de mano de obra indígena y la introducción de esclavos negros. Después de la recesión de 1560, que había movido a los conquistadores a la búsqueda de productos de exportación alternativos como la zarzaparrilla, el bálsamo y los cueros, se produjo, ya a finales de siglo, el descubrimiento de la riqueza argentífera en las tierras altas de Honduras. Se abrió así un nuevo período a la minería colonial.

10 Las tres últimas décadas del siglo XVI constituyeron períodos de grandes hallazgos mineros, aunque es de hacer notar que la producción minera en Honduras se caracterizó por estar sujeta a grandes altibajos. Después del apogeo inicial casi se detuvo en los primeros años del siglo XVII. No obstante, al promediar el siglo XVII, la minería recobró su nivel de actividad para inmediatamente volver a decaer. Las crisis cíclicas de la minería hondureña estuvieron vinculadas a una diversidad de factores: la escasez de capitales, las dificultades para conseguir mercurio para la amalgama, la falta de mano de obra, la pobreza de muchos filones y la ausencia de técnicas adecuadas para enfrentar las dificultades propias de toda actividad minera, así como la existencia de aguas subterráneas próximas a la superficie o a la presencia de rocas muy duras. Durante la época colonial se explotaron cerca de cuatrocientas minas, casi todas en forma intermitente.

11 Los propietarios eran peninsulares y criollos y la importante productividad que alcanzaron ciertas minas se debió, ante todo, a la introducción de novedosas técnicas para el proceso de amalgama. La corona dio facilidades a la inestable economía minera, otorgó la reducción del quinto al décimo real y también proporcionó mercurio; pero, incapaces los mineros de pagar este producto vendido al crédito, vieron como sus propiedades eran traspasadas a la corona, convirtiéndose muchos de ellos en empleados de la minería real2.

12 Los mineros no declaraban los nuevos yacimientos, evitando así todo el pago de los impuestos y de los créditos. Se multiplicó el número de mineros independientes denominados güirises, hombres que, sin capital, explotaban un pequeño filón y vivían de la venta ilegal del producto. Ya para mediados del siglo XVIII la minería comenzó a estar dominada por este tipo de evasiones.

13 Con toda su debilidad, las minas estructuraron el conjunto de la economía de la región. En este sentido Tegucigalpa actuó como el centro de la vida económica colonial: «En el lapso de 1555 a 1571 aparecieron formalmente las casas de la nueva población que, para el cronista doctor Vallejo, fue en 1579. La provincia de Tegucigalpa tenía 32 minas en 1762, trabajándolas 217 indios de repartimiento; y no está de más decir que, en los días de auge, el oro era de excelencia, que rendía de los 18 a 20 marcos por quintal, decreciendo a 12 en 17743

14 El auge de la minería durante el siglo XVIII en la Alcaldía Mayor de Tegucigalpa estuvo basado en un aumento substantivo del beneficio de la plata cuya producción aparentemente llegó a triplicarse durante el segundo tercio del siglo. Mientras que a finales de la década de 1720 y a principios de la de 1730, la producción alcanzaba un promedio de aproximadamente 8,000 marcos anuales, las cuentas de la Casa de la Moneda indican que entre 1733 y 1748 se acuñó un promedio de 24,000 marcos anuales y llegó a un tope de 38,000 marcos en 17394.

15 Las cifras de acuñación son una medida que permite estimar sólo aproximadamente los niveles de producción de la plata porque no reflejan la producción neta de mineral ya que no todo lo extraído era acuñado y porque incluye acuñación proveniente de otras minas fuera de Tegucigalpa aunque en pequeñas cantidades. Con base en los registros de la Casa de la Moneda el historiador Luis Pedro Taracena ha mostrado que la acuñación de plata después de su alza en la década de 1730 se mantuvo relativamente constante hasta el siglo XIX5.

16 El aspecto más notable de este auge minero, sin embargo, probablemente se encuentra en el hecho de que no haya sido fácil ni espontáneo como podría pensarse, sino en que haya ocurrido con graves problemas. Mientras la coyuntura fue favorable y los agentes involucrados consiguieron asociar sus intereses, la producción se mantuvo, pero cuando las constantes dificultades de distinto tipo fueron muy grandes, la producción decayó. Si bien la existencia de vetas favorecía a la zona, al parecer éstas no eran tan ricas como los mineros hubieran querido y la extracción del mineral planteó obstáculos naturales para los que resultaron insuficientes el tipo de tecnologías y el volumen de capitales importados. Además, aunque la actividad minera atrajo a grandes cantidades de personas, su incorporación como fuerza de trabajo en las minas, fue difícil debido a los intereses encontrados de los dueños y de los trabajadores.

17 En el transcurso de este período se agudizó la crisis en la que estaba sumergida la economía hondureña desde finales del siglo XVII. La actividad minera estaba en ruinas. Muchas minas fueron abandonadas y otras siguieron laborando en condiciones de extrema pobreza. Por lo general, el trabajo en ellas se circunscribió a la actividad de algún propietario, pero sobre todo a la de los güirises, con muy poca incidencia en la economía de la exportación, que unido a la ausencia de capitales y tecnología, como a factores de índole política, la sumieron en una depresión.

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19 Es desde este contexto de la actividad minera que puede comprenderse los objetivos y resultados esperados de los hondureños en las Cortes de Cádiz. Pero, quién representó a Honduras en tales Cortes y hacia dónde se orientó dicha participación?

20 El reflejo que los sucesos de España con motivo de la invasión napoleónica tuvieron en la Capitanía General de Guatemala, como la abdicación de Carlos IV y la prisión de Fernando VII, permitieron la organización de la Junta Central de Sevilla, la que por decreto de 22 de enero de 1809 reconoció como integrantes de la nación española a las colonias de Ultramar dándoles el derecho a representación, ordenando que se eligiese un individuo por cada virreinato, capitanía general y audiencia.

21 En 1809 los reinos de América llevaron a cabo las primeras elecciones para representantes hacia un gobierno de toda la Monarquía española, la Junta Central. Las largas y complicadas elecciones para diputados a la Junta Central constituyeron un considerable paso adelante en la formación de un gobierno representativo moderno para toda la nación española, como era llamada ahora la Monarquía. El proceso electoral −por ejemplo el uso de la terna− se basaba claramente en los procedimientos de elección de los organismos corporativos. La diferencia principal consistía en que los procedimientos electorales tradicionales eran ajustados a los nuevos propósitos políticos. Además, el procedimiento reconocía implícitamente el antiguo derecho putativo de las capitales provinciales americanas –las ciudades cabezas de partido−, a tener representación en los congresos de las ciudades.

22 A la Junta de Sevilla sucedió el 30 de enero de 1810, el Consejo de Regencia que cambió la representación estableciendo que debería elegirse “un diputado por cada capital de provincia” el cual debería llevar las instrucciones correspondientes de cada Ayuntamiento sobre asuntos de interés particular o general que deberían discutirse en las Cortes.

23 La nueva representatividad utilizó el argumento de legitimidad aduciendo que la elección era realizada por los ciudadanos6. Como supuestamente, ciudadanos eran todos los nacidos en la jurisdicción que señalaba la ley, entonces los electos eran resultado de la voluntad popular. Así se impuso un nuevo imaginario, el de la popularización del acto de votar como premisa de la nueva y “legítima” representatividad. Un mito, en tanto, como se ha señalado, que la ciudadanía fue restringida y las mayorías étnicas fueron convertidas en minorías políticas.

24 Las elecciones en Guatemala para elegir diputados a Cortes muestran la manifestación del mito de la representatividad como resultado de la voluntad popular. Como se sabe, las instrucciones para realizar la elección a partir de Cádiz contemplaban un proceso que incluía a todos los pueblos de la región, en tres categorías de acuerdo con la división política administrativa de la región: elección de parroquias, elección de partidos y elección de provincias.

25 No obstante, como sostienen Ricardo Gallardo, “Cualquiera que sea −la opinión− que pueda emitirse sobre un sistema tan elemental y arbitrario de elecciones, es preciso recordar que éste fue el primer ensayo electoral que para la organización de las autoridades españolas tuvo lugar en Hispanoamérica7.”

26 En el caso de la antigua provincia de Honduras, siguiendo las reglas de juego para la selección de los representantes, se procedió al nombramiento de dos representantes. Uno por Comayagua y otro por Tegucigalpa. El 19 de junio de 1810 se verificó en Comayagua la elección de Diputados a Cortes por la provincia, siguiendo la forma del sorteo entre don Francisco Morejón, el Maestre- Escuela don José María Fiallos y el Provisor don José María San Martin, resultando electo Fiallos, pero este renunció a la diputación, por lo que hubo de practicarse un nuevo sorteo en el cual salió favorecido el señor Morejón8. Aparentemente Fiallos renunció porque era nacido en España, no obstante la advertencia de que la elección debía recaer en sujetos nacidos en América9.

27 Como es sabido, las Cortes se trasladaron a la ciudad de Cádiz el 24 de febrero de 1811 y se reunieron allí en la iglesia de San Felipe de Neri. Si a la sesión inaugural del 24 de septiembre de 1810 sólo asistieron 102 representantes, éstos llegaron luego a ser 282, de los cuales 97 eran eclesiásticos10.

28 Las Cortes fueron juradas con toda solemnidad en Guatemala el 24 de diciembre de 1810 y el Consulado de esa ciudad las había jurado el 21 de diciembre de ese mismo año. La Constitución de Cádiz o Código gaditano de 1812, fue totalmente aprobada el 13 de enero de 1812, pero, como se sabe, no se promulgó en España sino hasta el 19 de marzo de ese mismo año. Así, los diputados, todos ellos propietarios de su cargo, que suscribieron con su firma, en nombre de las provincias del Reino de Guatemala, este texto, fueron: don Antonio Larrazábal, por Guatemala; don Florencio Castillo, por Costa Rica; don José Ignacio Ávila, por San Salvador; don Francisco Morejón, por Honduras; don Manuel de Llano, por Chiapas11.

29 Las Cortes Generales y Extraordinarias que habían iniciado el 24 de septiembre de 1810, concluyeron sus sesiones el 20 de septiembre de 1813. Posteriormente, la legislatura ordinaria dio principio el 1 de octubre de 1813 y se clausuró el 19 de febrero de 1814, abriéndose un segundo periodo de legislatura ordinaria el 1 de marzo de 1814, el cual concluyó el 10 de mayo de ese año, cuando, habiendo sido trasladada de Cádiz a Madrid, fueron disueltas en su segunda legislatura y en la fecha indicada12.

30 En lo que se refiere al Reino de Guatemala, se dio cumplimiento a las disposiciones contenidas en el artículo 78 de la Constitución, que establecía el sistema de elección indirecta, y en virtud del cual los electores de cada provincia debían reunirse en su capital para designar los diputados que les correspondiese.

31 Para esta segunda elección, se efectuó una distribución de las provincias a todas luces arbitraria, habiendo quedado reunidas, para lo que se refiere a la representación, Santa Ana y San Salvador, Sonsonate con Escuintla y Suchitepéquez, y San Miguel con San Vicente. Así en esta segunda ronda, fueron electos: por Honduras, don José Santiago Milla; por Quetzaltenango, don José Cleto Montiel; por León, don Pedro Solís y don Miguel Larreinaga, por no haber aceptado el primero; por Chiapas, don Fernando Dávila; don José María Peinado, corregidor intendente de San Salvador, por esta última. Ninguno de estos diputados pudo actuar en esta ocasión en las Cortes ordinarias, pues la mayor parte de ellos no emprendieron el viaje para España; otros renunciaron expresamente, y algunos de ellos que sí lo emprendieron, como el caso de del hondureño Santiago Milla, se encontraron a su llegada a España con que las Cortes habían sido disueltas13.

32 Durante la Legislatura ordinaria que corresponde al año de 1813 y que dio principio el 1 de octubre de ese año y concluyó el 19 de febrero de 1814, los nombres de Larrazábal, Morejón y Castillo continúan figurando en las actas correspondientes. En cuanto a la representación que tuvo Centroamérica en las sesiones de la Legislatura ordinaria de 1814 (1 de marzo de 1814 a 10 de mayo del mismo año), continuó a estar compuesta por “Larrazábal, Castillo y el mismo Morejón14.

33 Pero, ¿quién era el representante de Honduras? De acuerdo con el historiador hondureño Reina Valenzuela “Don Francisco era hombre de algún caudal; dueño por herencia de una hacienda bien organizada en las estribaciones occidentales del valle de Comayagua, pudo viajar a España sin demora15.” Había sido formado en Cánones y Leyes en la Universidad de San Carlos de Guatemala, terminando ambos estudios, pero no pudo graduarse hasta el 11 de diciembre de 1809 debido a que, por enfermedad de su padre, se vio en la necesidad de viajar a Comayagua en 1807. “En el expediente consta que el joven Morejón había cursado un año de las materias correspondiente en el Colegio Tridentino de Comayagua cuyos certificados fueron validos y reconocidos para proseguir estas disciplinas hasta lograr la Licenciatura en Leyes16.”

34 La figura de Morejón representa un perfil profesional y hombre de negocios, aparentemente perteneciente al sector minero. Esta es la única referencia, que hasta hora se conoce sobre figura, la hecha por el historiador Reina Valenzuela no hay otros estudios sobre su persona y participación en las Cortes de Cádiz.

35 Para Jorge Mario García Laguardia la Diputación centroamericana en las Cortes fue “muy homogénea y en su integración confluyeron diversas profesiones complementarias: dos militares, tres eclesiásticos y tres abogados. La excelente formación de los electos contribuyó a que su presencia en la Asamblea fuera relevante para afrontar los diversos problemas que el nuevo orden constitucional contemplaba. Berruezo, después de analizar la participación de todas las delegaciones de las provincias de América, afirma que la de Guatemala sobresalió entre todas «porque se dio en ella la coincidencia de existir un equilibrio entre la extracción profesional de sus componentes y la consiguiente especialización que aquélla les ofreció en conocimientos y estudios17

36 En su conjunto, los representantes centroamericanos se adscribieron al grupo liberal reformista, que pugna por una Monarquía constitucional moderada y por profundos cambios en el aspecto económico y social. Tal como puede verse en la iniciativa presentada por José Francisco Morejón ante las Cortes con relación a las necesidades y demandas de la provincia de Honduras, que bajo el influjo de un pensamiento ilustrado, encontró en las Cortes y su profundo contenido de reforma un cauce por donde expresarse.

37 La participación del representante de Honduras Francisco Morejón en las sesiones de las cortes, tuvo como objetivos estratégicos los siguientes: a) la reincorporación de los puertos de Trujillo y Omoa a la jurisdicción de Comayagua, de la que habían sido separados desde 1782 para ponerlos bajo la dependencia del Capitán General del Reino; b) legislar en torno a la actividad minera en la provincia, y c) la libertad de los esclavos.

38García Laguardia resume la participación del representante de Honduras de la forma siguiente: “Francisco Morejón, abogado cuidadosamente formado en la Universidad de Guatemala, participa en la discusión de la organización de la Administración de justicia, y presenta once proposiciones en favor de Honduras, en general orientadas al desarrollo económico y especialmente minero18.”

39Es así que en las actas de sesiones de las Cortes de Cádiz, del 22 de noviembre de 1811, se encuentra la proposición hecha por el Morejón:

40“Pasan a la comisión Ultramarina las proposiciones siguientes de José Francisco Morejón, diputado propietario por Honduras, capitanía general de Guatemala:
Primera: Los puertos de Trujillo y Omoa, colocados entre los límites de la provincia de Honduras, queden sujetos, como lo estaban antes, en lo político y militar, al gobernador intendente de la misma.
Segunda: Se establecerá un tribunal de minería en la capital de la provincia de Comayagua.
Tercera: Este tribunal se compondrá de un presidente administrador general, y un director general, y dos diputados generales, mineros todos de conocida inteligencia y probidad.
Cuarta: Sus funciones serán las mismas concedidas por la ordenanza de 22 de Mayo de 1783 al tribunal de Nueva España.
Quinta: La elección de sus individuos pertenecerá en primera creación al Ayuntamiento de la capital de Comayagua, consultándolos a la Regencia para su aprobación.
Sexta: El tribunal propondrá las variaciones que deban hacerse en la ordenanza, con relación a las circunstancias locales.
Séptima: Las autoridades prestarán toda la protección a los mineros, que les dispensan las leyes.
Octava: Los jefes de provincia, y cualesquiera otra autoridad, así civil como militar, que infieran violencia al minero, o no le amparen, sean castigados con todo el peso de la ley, extendiéndose este concepto, no solo a los ultra infractores, sino también a las causas pendientes de esta naturaleza.
Novena: Los privilegios concedidos y no derogados a favor de alguno o algunos mineros, que hayan quedado sin efecto por oposición de los jefes u otra cualquiera causa, revivirán, reclamándolos los agraciados, y exhibiendo la carta de privilegio, o probándolos en forma competente.
Décima: Se concederá al descubridor la rebaja en la mitad de los derechos de quintos, y al restaurador, con tal que haya plantado cuatro máquinas para triturar los metales, y mantenga los hombres necesarios al servicio de aquellas, y los utensilios al beneficio de estos.
Undécima: Se establecerá un Banco de avíos y premios, de doscientos mil pesos fuertes para habilitación de mineros19.”

41De este modo, con esta propuesta la provincia de Honduras logró recuperar los territorios de Trujillo y Omoa a la antigua jurisdicción tal como lo había pedido el diputado Morejón, separándolo por tanto, de la dependencia del gobierno de Guatemala. Mediante la resolución o Real Orden de fecha 4 de agosto de 1813 se incorpora nuevamente Trujillo a la provincia de Honduras, pero quedaba pendiente lo relativo a Omoa y a los bancos de Rio Tinto así como Roatán. El 10 de abril de este mismo año, los electores de Comayagua dieron instrucción a su nuevo diputado José Santiago Milla que había sido electo junto con el señor Morejón, para que representara ante las Cortes una nueva petición en la que se decía que “…por la enorme distancia de doscientas veinte leguas a que se halla Guatemala de los referidos puertos de Omoa y Trujillo y la de otras cien leguas más que pueden contarse hasta los bancos de Río Tinto y Cabo Gracias a Dios, que son los términos antiguos de este gobierno20.”

42Por estas y otras razones –decían los electores−, el diputado Milla debe solicitar que al jefe de la provincia se le dé el título de Capitán General y Vicepatrono “en toda la extensión del Obispado” con lo cual, estaban seguros, se solucionarían estos y otros problemas. Pero el diputado Milla llegó cuando ya las Cortes se habían disuelto, y sin desalentarse, encaminó sus gestiones ante el Ministro de Indias, el 7 de julio de 1814. El Ministro consideró justas aquellas peticiones en cuanto a los puertos, y en resolución de 31 de julio de 1816, el Consejo resolvió que Omoa fuera incorporado a la jurisdicción de la Gobernación de Comayagua21.

43Si bien hubo estos logros, para Honduras en cuanto a la recuperación de su territorio quizá el logro mayor ha sido el de ir configurando una idea de la libertad22, ya que la recuperación del puerto de Omoa significó también la liberación de los esclavos negros que ahí se encontraban23. Se debe recordar que en 1817, la corona española prohibió la trata de negros y su introducción a las Indias −Inglaterra los había prohibido en 1807− aún cuando ya en 1812 las Cortes de Cádiz declararon libres a los esclavos de la Real Hacienda, razón por la cual los esclavos que había en Omoa fueron liberados24.

44En un sentido, este hecho puede verse como un hito que marca el inicio de la abolición de la esclavitud en la región y del proceso independista, aún antes que se dieran las revueltas de 1812 en Tegucigalpa, dirigidas por el religioso franciscano José Antonio Rojas y de la Constitución de Cádiz de este mismo año, que se planteó la abolición de la esclavitud dividida en varios puntos: su supresión total e inmediata, prohibición del comercio de esclavos, condición de libres para aquellos que nacieran en América hijos de esclavos25.

45Esto lo sostenían los redactores en una nota marginal, en el cual con toda valentía se enfrentaron a la misma Constitución de Cádiz de 1812, que se había vuelto a poner en vigor en España con la revolución liberal de Riego, en 1820. Esta Constitución, a pesar de que se hizo, en parte, para contentar a los americanos y ver si mediante ella éstos desistían de levantarse contra España, dejó siempre a los americanos bajo los españoles en materia de sufragio.

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47Así se cierra el primer periodo de la participación de Honduras en las Cortes de Cádiz. Tanto de Morejón como de Milla ante las Cortes y el Consejo refleja la expresión de la inconformidad de la provincia de Honduras hacia el régimen político y administrativo a que estaba sometida. Su petición por la recuperación de los territorios y puertos de Omoa y Trujillo, implicaban para la provincia de Honduras recuperar, también, las rentas de los puertos hondureños que no se invertían en mejoras provinciales sino que se destinaban al tesorero metropolitano.

48Se dirá que nada tiene que ver la acción llevada a cabo por los Diputados a Cortes con la proclamación de la independencia nacional; deberá corresponderse que ella fue indudablemente la primera manifestación de rebeldía ante el gobierno de la metrópoli que fue desarrollándose lentamente; que esta acción explica la forma en que fue aceptada el Acta de Independencia, o mejor dicho, la forma en que cada Ayuntamiento se proclamó independiente (en Honduras, Comayagua y Tegucigalpa lo hicieron de distinto modo), lo que terminó por la Anexión a México. Muchas ciudades en los cabildos, no quisieron depender más de Guatemala, después de conocer el Acta del 15 de septiembre y se pronunciaron por el Plan de Iguala; no quisieron seguir soportando la indiferencia y la injusticia que, según ellos, provenía de la Metrópoli26.”

49A diferencia de otras regiones americanas en las cuales el movimiento de independencia adquirió connotaciones violentas, en la Capitanía de Guatemala el experimento de Cádiz se vio con gran esperanza. A pesar de la grave recesión económica y la negativa actitud regionalista que se oponía a la implantación de la reforma, los guatemaltecos con entusiasmo se abocaron a ella, con la tenaz oposición de Bustamante. Y la Constitución se aplicó en sus dos períodos, 1814 y 1820, a pesar de la resistencia encubierta de las autoridades peninsulares. Con el marco del pensamiento de la ilustración, una confluencia entre el liberalismo metropolitano y provincial, que se rompe más tarde al precipitarse la independencia en 1821.

Bibliografía

50Avendaño Rojas, Xiomara, «“Elecciones, ciudadanía y representación política en el Reino de Guatemala, 1810-1821 (ficha : 364)”:/index.php?action=fi_aff&id=364 . », in Boletín AFEHC N°12, publicado el 04 septiembre 2005, disponible en : http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action*fi_aff&id*364

51Dardón Flores, Ricardo Danilo. « Modernidad, voto y representación política en la Patria del criollo: la primera experiencia constitucional en Guatemala », in Boletín AFEHC N°34, publicado el 04 febrero 2008, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action*fi_aff&id*1829

52Durón, Rómulo. Bosquejo histórico de Honduras, Tegucigalpa: Ministerio de Educación Pública, 1956.

53Facio, Rodrigo. Trayectoria y crisis de la Federación Centroamericana, San José: Imprenta Nacional, 1949.

54Gallardo, Ricardo. Las constituciones de la República Federal de Centro-América, Madrid: Instituto de Estudios Políticos, 1958.

55García Laguardia, Jorge Mario. Centroamérica en las Cortes de Cádiz, México: Fondo de Cultura Económica, tercera edición, 1994.

56Guerra Francois-Xavier, Modernidad e independencias, Ensayos sobre las revoluciones hispánicas, Madrid: Editorial Mapfre, 1992.

57Lascaris, Constantino. Historia de las ideas en Centroamérica, San José: EDUCA, 1982.

58Lynch John. Los orígenes de la independencia hispanoamericana, Historia de América Latina, Vol. 5, Barcelona: Editorial Crítica, 1990.

59Martínez García, Yesenia. “La influencia de la Constitución de Cádiz en la concepción de la libertad en Honduras” in: Ramos Santana, Alberto. La Constitución de Cádiz y su huella en América, Cádiz: Universidad de Cádiz, 2011.

60Newson, Linda. “La minería de la plata en la Honduras colonial”, in Cáceres, Luis René. Lecturas de historia de Centroamérica, San José: BCIE-EDUCA, 1989, págs. 115-140.

61Reina Valenzuela, José. Hondureños en la independencia de Centroamérica, Tegucigalpa: Esso Estándar Oil, S.A. LTA, 1978.

62Sierra Fonseca, Rolando. Iglesia y liberalismo en Honduras en el siglo XIX, Choluteca (Honduras), Centro de Publicaciones del obispado de Choluteca, 1993.

63Sierra Fonseca, Rolando. Colonia, independencia y reforma. Una introducción a la historiografía hondureña (1876-2000), Tegucigalpa: Editorial UPNFM, 2001.

64Sierra Fonseca, Rolando. El problema de la idea de nación en la Honduras del siglo XIX, Tegucigalpa: Colección Visión de País N0. 5, PNUD, 2002.

65Valle, Rafael Heliodoro. Ensayos escogidos, Tegucigalpa: Editorial Universitaria, 1991.

66Notas de pie de página

67El autor es hondureño. Doctorando en pensamiento y análisis político, máster en ciencias sociales y licenciado en historia.

681 Rafael Heliodoro Valle, Ensayos escogidos, (Tegucigalpa: Editorial Universitaria, 1991), págs. 133-148.

692 Véase Linda Newson, “La minería de la plata en la Honduras colonial”, in Cáceres, Luis René. Lecturas de historia de Centroamérica, (San José: BCIE-EDUCA, 1989), págs. 115-140.

703 Rafael Heliodoro Valle, Ensayos escogidos, pág. 138.

714 Linda Newson, “La minería de la plata en la Honduras colonial”, pág.120.

725  Luis Pedro Taracena Arriola, Ilusión minera y poder político: la Alcaldía mayor de Tegucigalpa, Siglo XVIII, (Tegucigalpa: Editorial Guymuras, 1998).

736  Véase Ricardo Danilo Dardón Flores, «Modernidad, voto y representación política en la Patria del criollo: la primera experiencia constitucional en Guatemala», in Boletín AFEHC, N°34, publicado el 04 febrero 2008, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action*fi_aff&id*1829

747  Ricardo Gallardo y Manuel Fraga, Las constituciones de la República Federal de Centro-América, (Madrid: Instituto de Estudios Políticos, 1958), pág. 87.

758  José Reina Valenzuela, Hondureños en la independencia de Centroamérica, (Tegucigalpa: Esso Estándar Oil, S.A. LTA, 1978), pág. 84.

769 Ricardo Gallardo y Manuel Fraga, Las constituciones de la República Federal de Centro-América, pág. 88.

7710 Ricardo Gallardo y Manuel Fraga, Las constituciones de la República Federal de Centro-América, pág. 88.

7811 Ricardo Gallardo y Manuel Fraga, Las constituciones de la República Federal de Centro-América, pág. 89.

7912 Ricardo Gallardo y Manuel Fraga, Las constituciones de la República Federal de Centro-América, pág. 90.

8013 Ricardo Gallardo y Manuel Fraga, Las constituciones de la República Federal de Centro-América, pág. 91.

8114  José Reina Valenzuela, Hondureños en la independencia de Centroamérica, pág. 85.

8215 José Reina Valenzuela, Hondureños en la independencia de Centroamérica, pág. 85.

8316  Citado por Jorge Mario García Laguardia, Centroamérica en las Cortes de Cádiz, (México: Fondo de Cultura Económica, tercera edición, 1994).

8417  Jorge Mario García Laguardia, Centroamérica en las Cortes de Cádiz, pág.75.

8518  Diario de Sesiones. Actas de la Comisión de Constitución, 22 de noviembre de 1811.

8619 Véase Rómulo Durón, Bosquejo histórico de Honduras, (Tegucigalpa: Ministerio de Educación Pública, 1956).

8720 José Reina Valenzuela, Hondureños en la independencia de Centroamérica, pág. 86.

8821 José Reina Valenzuela, Hondureños en la independencia de Centroamérica, pág. 86.

8922  Véase: Yesenia Martínez García, “La influencia de la Constitución de Cádiz en la concepción de la libertad en Honduras” in Alberto Ramos Santana. La Constitución de Cádiz y su huella en América, (Cádiz: Universidad de Cádiz, 2011), págs. 203-209.

9023 Véase Rolando Sierra Fonseca, Iglesia y liberalismo en Honduras en el siglo XIX, (Tegucigalpa: CPOCH, 1993), págs. 14-17.

9124 Constantino Lascaris, Historia de las ideas en Centroamérica, (San José: EDUCA, 1982), pág.189.

9225  Sesiones del 9 de enero de 1811 y del 2 de abril de 1811.

9326  José Reina Valenzuela, Hondureños en la independencia de Centroamérica, págs. 83-87.

Para citar este artículo :

Rolando Sierra Fonseca, « Los objetivos estratégicos de Honduras en las Cortes de Cádiz », Boletín AFEHC N°52, publicado el 04 marzo 2012, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=3037

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