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AFEHC : bibliografia : Nietas del fuego, creadoras del alba: luchas político-culturales de mujeres mayas : Nietas del fuego, creadoras del alba: luchas político-culturales de mujeres mayas

Ficha n° 3049

Creada: 27 mayo 2012
Editada: 27 mayo 2012
Modificada: 27 mayo 2012

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Autor de la ficha:

Marta Elena CASAÚS ARZÚ

Editor de la ficha:

Emilie MENDONCA

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Nietas del fuego, creadoras del alba: luchas político-culturales de mujeres mayas

Un libro innovador que no puede sino renovar los estudios sobre mujeres mayas y sus luchas, reseñado por Marta Elena Casaús Arzú
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Palabras claves :
Mujeres, Guatemala, Política, Sociedad, Conflicto, Feminismo, Sociología, Género
Categoria:
Libro
Autor:

Morna McLeod

Editorial:
FLACSO Guatemala
Fecha:
2011
Reseña:

1El libro de Morna Macleod sobre las luchas político-culturales de las mujeres mayas es uno de los más extraordinarios que he leído sobre género y etnia en América Latina. No es un libro exclusivamente de género, porque su gran virtud es su enfoque interdisciplinar, que vincula teoría de género, análisis crítico del discurso, filosofía, movimientos sociales, en donde se elabora un cuestionamiento profundo de los análisis lineales sobre feminismo, etnicidad y clase. Como la autora muy bien plantea en la introducción de su libro, es una amplia investigación sobre el pensamiento y las estrategias político-culturales e identitarias de las mujeres mayas, en su lucha contra la opresión étnica, de género o clase y en su lucha contra la desigual distribución de la riqueza y del poder.

2El gran acierto y novedad de este libro es que deja fluir de una manera casi mágica el sentir, padecer y vivir de las mujeres mayas, su otredad y el reconocimiento a su identidad étnica y de género, sin cortapisas de ningún tipo y sin intentar encajonar su pensamiento en ninguna corriente o marco teórico preconcebido, como ella misma afirma, “ No trato de representarlas o hablar por o sobre ellas, sino de entablar un diálogo respetuoso con ellas”, y eso hace que el libro sea un conjunto de voces polifónicas y diversas que en algunos momentos se convierten en una auténtica sinfonía de colores, ritmos y voces diversas, que hace que el pensamiento de las mujeres mayas vaya fluyendo de una manera rítmica y acompasada, sin cortapisas de ningún tipo, más que una reflexión al final del capítulo, en donde la autora trata de recoger, sintetizar o recopilar lo que las mujeres mayas han ido expresando y, en algunas ocasiones, lo compara con otros movimientos sociales postcoloniales de mujeres en otras latitudes como países árabes, áfrica o países orientales, pero con la única finalidad de situar el discurso de las mujeres mayas en un contexto postcolonial más amplio y universal. Nótese el hecho de que al final de cada capítulo habla de reflexión y no de conclusiones, porque sin duda lo que intenta con ello es descentrar los planteamientos y cuestionar lo que hay detrás de ellos, con el fin de abrir más el debate y la discusión en lugar de darlo por cerrado.

3Tal vez uno de los mayores aciertos de Morna Macleod, es haber dado con aquellas temáticas centrales que más afectaban a las mujeres y a su identidad en un contexto de opresión, racismo, exclusión y desigualdad económica y social y cómo, a partir de este contexto, las mujeres mayas se van posicionando de forma diversa e interpelando al estado y al poder establecido, desde sus propios espacios cotidianos, casa, familia, pareja, comunidad, hasta abarcar el sistema de dominación global del país.

4Aborda en cinco capítulos las grandes temáticas que ocupan la vida cotidiana y la construcción de la identidad cultural de las mujeres mayas en su interacción con los hombres mayas y con las mujeres ladinas que muestran otro tipo de preocupaciones que, muchas veces son ajenas a las mujeres mayas y que causan desencuentros y fricciones entre ellas.

5Lo que resulta fascinante en este libro es la cantidad de entrevistas en profundidad que la autora ha manejado y el respeto, sensibilidad y acierto como las ha ido manejando a lo largo del libro de manera que, en muchas ocasiones, parece como si hubieran sido puestas a propósito en un guión ya preestablecido y que, sin embargo, resulta a todas luces evidente que ha sido justo lo contrario, eso nos lleva a pensar dos cosas: que la autora contó con un sinfín de entrevistas que supo procesar y catalogar muy bien y que además, se leyó detenidamente cada una de ellas y supo situarlas en el lugar adecuado para que todo pareciera un texto hilvanado y coherente de principio a fin que a su vez nos demuestra la enorme profundidad de análisis y de pensamiento reflexivo de un conjunto muy amplio de mujeres que conocen, padecen y viven su realidad como mujeres mayas y además, que han reflexionado en múltiples ocasiones solas y en colectivos acerca de cuáles son sus principales problemáticas y que poseen una capacidad inmensa de recrear, adaptar y apropiarse creativamente del pensamiento intelectual occidental, con el fin de repensar su propia experiencia y su identidad como mujeres mayas. Esa revelación me parece de un valor incalculable para el movimiento de las mujeres Mayas y un ejemplo a seguir para otros movimientos de mujeres de otros países postcoloniales.

6Sería una tarea ardua larga e interminable situar los mejores aportes de este libro y desvelar cuáles han sido las claves más importantes que se derivan de su lectura, porque son múltiples y realmente novedosas, pero haremos un intento de remarcar aquellas vertientes que más nos han llamado la atención y sobre las cuales otros investigadores/as deberían continuar profundizando.

7En primer lugar, la forma como se aborda el debate sobre los nacionalismos o etnicismo indígenas y el hecho de situar a las mujeres como las portadoras y trasmisoras de la cultura y cosmovisión maya. Esta apreciación que surge más vinculada al pensamiento ladino de izquierda y a algunas autoras feministas europeas y norteamericanas, que valoran negativamente este hecho como una sumisión de las mujeres mayas o como una imposición de los hombres mayas de convertirlas en “las guardianas de su cultura”. Sin embargo, a tenor de las respuestas de las entrevistadas, resulta a todas luces falso, ya que no es asumido de la misma manera por las mujeres mayas. El hecho de incorporar este tema espinoso en las entrevistas en profundidad, generó un debate francamente interesante, en donde se mostraron las tensiones que representa para las mujeres mayas jugar ese rol y a su vez, se evidenció la diversidad de opiniones entre ellas, respecto a si constituía una imposición machista y por ello era negativo o sin más bien se constituían en “portadoras, generadoras o trasmisoras de la cultura”, lo cual les permitía un empoderamiento como colectivo de mujeres.
Este debate sobre la cultura como una imposición o como una carga para las mujeres, trajo a colación otro que ha despertado en el país una fuerte polémica y es el tema de la utilización del traje como señal de identidad, como bandera de lucha o como imposición por parte de los hombres mayas de que recaiga sobre ellas los marcadores de la identidad cultural.

8La polémica sobre el traje de las mujeres mayas posee varias entradas y responde a diferentes estrategias y acosos externos que se han dado en los últimos años, a raíz de la irrupción masiva de las mujeres mayas a espacios reservados exclusivamente para los ladinos u occidentales, como hoteles de lujo, centros comerciales, cafeterías, teatros o espectáculos. Uno de los detonantes de esta lucha fue la de Irma Alica Velasquez Nimatuj, cuando entró en una cervecería de una de las zonas residenciales del país y fue expulsada por “ir vestida con traje típico”; ello motivó una serie de protestas y críticas al establecimiento hasta lograr una disculpa pública pero no su resarcimiento moral y material. Lo que generó aún más polémica es que cierto grupo de intelectuales mayas no apoyaron la protesta porque “a una mujer maya no le correspondía entrar en un bar”.

9Abrir el debate sobre este tema, después de más de siete años de ese suceso, supuso un buen punto de partida para valorar la opinión de las mujeres mayas. Para la mayoría de las entrevistadas, el traje es una señal de identidad y en los bordados de cada traje se encuentran los símbolos de la cosmogonía de los pueblos mayas y supone un “elemento de su identidad étnica”, para otras, “en cada huipil hay una historia de cada mujer dibujada a través de los hilos”. Sin embargo, hay otras mujeres que han dejado de usar el traje y no por ello se sienten menos mayas, ni se encuentran asediadas o rechazadas por las mujeres mayas, ya que consideran que la identidad “no se agota en el uso del traje”. Muchas mujeres, durante el conflicto armado, tuvieron que quitarse el traje para evitar ser objeto de represión y persecución o para dejar de ser objeto de burlas y de discriminación. A este proceso la autora lo denomina con mucha creatividad con el término de “passing”, “haciéndose pasar por otro”, como una estrategia de sobrevivencia, en momentos de crisis y conflicto, pero a su vez, de resistencia y rebeldía.

10Sin duda el mayor acierto de la autora es presentar este conjunto de voces polifónicas de las mujeres mayas que va más allá de ese esencialismo étnico que suele achacárseles por parte de las feministas occidentales y ladinas y que nada tiene que ver con ese proceso, sino más bien con un deseo de auto representación, de construcción y recreación de su identidad , pero como bien expresan muchas de ellas “un deseo de permanecer cambiando”, porque en la mayoría de las respuestas no hay una determinación de ver la cultura o el traje como un valor estático, esencial y eterno, sino como un rasgo más de su cultura que se va recreando y cambiando “con agregados de otras culturas, sin entrar en colisiones ni omisiones”.

11Considero que éste es otro de los aportes indiscutible del libro, que evidencia la fluidez de la cultura y de las identidades étnicas y de género y que le permiten a la autora hacer comparaciones con otros rasgos identitarios de otras culturas como el velo, tratando de ver los múltiples significados de los mismos y las diversas estrategias que su utilización puede tener para las mujeres de países postcoloniales. La autora reflexiona, al hilo de esta polémica, sobre la necesidad de las mujeres de apropiarse de los espacios públicos además de visibilizarse con su indumentaria y tener presencia en muchos ámbitos que antes eran exclusivos de las elites de poder y de los ladinos.

12Sin duda el capítulo más denso, de mayor reflexividad y profundidad de análisis, por parte de las mujeres mayas, se encuentra en el que se refiere a los principios cosmogónicos de la dualidad, la complementariedad y el equilibrio, para entender por qué, en la cosmogonía maya, no existe una oposición binaria entre el bien y el mal, entre hombres y mujeres, jóvenes y ancianos. Estas dicotomías o binomios, más propios del pensamiento y de la filosofía occidental, no están tan presentes en la cosmogonía maya y eso les hace entender la vida y la muerte y la lucha entre contrarios desde otros ángulos, más cercanos a las filosofías orientales china e india, en donde la complementariedad, la dualidad y el equilibrio forman parte intrínseca y sustancial de los saberes cotidianos y de las experiencias vividas. Sin lugar a dudas, éste es un capitulo extraordinario y de una profundidad de análisis y reflexividad de las mujeres mayas, que debería de constituirse en un pilar fundamental para el debate, reconocimiento e intercambios entre la filosofía occidental y la maya. Y lo más importante, es que este posicionamiento del equilibrio y de la complementariedad, no les lleva a negar la existencia del machismo ni la inequidad de género, pero el abordaje de la problemática está situado en otros parámetros, el de la equidad desde la diferencia y el respeto mutuo.

13De nuevo las reflexiones de la autora sitúan este pensamiento en el terreno epistemológico como parte de una “hermenéutica maya”, en la que se puede estar de acuerdo o disentir, pero que nada tiene que ver con un pensamiento simplista o etnicista, más bien lo contrario: surge de una profunda reflexión sobre su pasado y su cosmogonía y de una resemantización y descentramiento que cuestiona los supuestos desde otros paradigmas.

14Los dos últimos capítulos se sitúan en la práctica y las experiencias organizativas de las mujeres mayas entre sí y con otras mujeres ladinas o mestizas, con los conflictos consabidos que se han generado desde dos ópticas diferentes de entender las relaciones de género y el feminismo. Y de nuevo se abre una polémica realmente novedosa y única que desvela o revela el por qué las mujeres mayas tienen cierto rechazo a considerarse “feministas” o a aceptar “las relaciones de género”, y cuáles son las razones que les ha llevado a cuestionar dicha ideología; de nuevo los argumentos son absolutamente contundentes y la diversidad de opiniones abarca un amplio espectro. Sobre el feminismo hay una serie de estereotipos negativos que les impiden sentirse cómodas con dicha representación, pero hay una serie de críticas que muchos movimientos de mujeres comparten, como es la falta de consideración de la variable étnica, del racismo y del colonialismo interno, como parte de un sistema de opresión generalizado y además el hecho de que la opresión de género no es la única ni la que más sobresale en países colonizados. Casi todas las mujeres mayas son partidarias de un análisis interseccional e intercultural en sociedades racializadas como la guatemalteca, en donde el racismo y la discriminación juegan un papel relevante en todo el sistema de opresión y sojuzgamiento.

15Este punto de partida les lleva a la dificultad de asumirse como feministas sin más y de relacionarse con otros movimientos feministas que no han sufrido este tipo de opresión y discriminación, de ahí que la reivindicación de sus derechos como mujeres mayas tenga que partir de otros supuestos e incorporar otros derechos que las feministas ladinas u occidentales no tienen que reivindicar, como es el respeto a la identidad cultural, el derecho a identificarse como mujeres indígenas y a denunciar todo tipo de opresión racismo y discriminación, además de los derechos derivados de estos principios como el uso de su idioma, traje y costumbres y el derecho a una educación bilingüe e intercultural.
La autora una vez más pone el dedo en la llaga, al reconocer que las relaciones de género “a secas” son insuficientes para las mujeres mayas y que el feminismo, entendido desde la óptica occidental, no supone el mejor vocablo para auto identificarse. Por eso Monra McLeod cree que un abordaje interseccional y un feminismo anticolonial está más cerca de sus planteamientos y propuestas que el feminismo tradicional, y por ello abogan por la superación del etnocentrismo y por la deconstrucción de las mujeres como un ser homogéneo, mostrando las diferentes maneras de ser mujer en sociedades colonizadas.
Por último, Macleod expone tres tipos de organización de mujeres mayas con diferentes estrategias, misiones y objetivos, todas ellas con un fuerte impacto en la sociedad y en el ámbito de la política y de lo político, y nos pone de manifiesto cómo estas mujeres están realizando un amplio entramado de relaciones sociales y están tejiendo una trama compleja, diversa y muy rica en saberes, experiencias y estrategias que, sin duda alguna, se convertirán en el futuro en una de las principales fuerzas sociales y políticas del país.

16Creo que el libro de Macleod es un libro excepcional y apasionante que debe de ser un libro de obligada referencia y lectura en el campo de las relaciones de género, etnia y cultura, que va mas allá de estas temáticas y que cruza un montón de temas y debates profundos comunes en las sociedades multiculturales y postcoloniales actuales, pero sobre todo, es uno de los libros mejor escritos, hilvanados y más respetuosos y reflexivos que he leído en los últimos años.

17Marta Elena CASAÚS ARZÚ.
Universidad Autónoma de Madrid

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