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AFEHC : diccionario : ZAPATA DE CÁRDENAS, Pedro : ZAPATA DE CÁRDENAS, Pedro

Ficha n° 3058

Creada: 10 junio 2012
Editada: 10 junio 2012
Modificada: 10 junio 2012

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Autor de la ficha:

Rodolfo HERNANDEZ MENDEZ

Editor de la ficha:

Rodolfo HERNANDEZ MENDEZ

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Publicado en:

ISSN 1954-3891

ZAPATA DE CÁRDENAS, Pedro

Ruptura matrimonial de dos encomenderos, marido y mujer, por discrepancias en las cuentas de un pariente difunto.
Palabras claves :
Historia social, Vida cotidiana, Siglo XVII, Regidor, Pleitos de familia
Cargo o principal ocupación:
Regidor de la ciudad de Santiago de Guatemala.
Casó:

1Aproximadamente en 1639.

Nació:
Bautizado el 11 de mayo de 1608 en Santiago de Guatemala.
Murió:
El, 20 de enero de 1661 en Santiago de Guatemala.
Padres:

1Capitán don Alonso Zapata de Cárdenas y doña Juana Ovalle y Medinilla.

Resumen:

1Durante la dominación española de Hispanoamérica fue común que las personas agregaran a su nombre de pila el apellido de algún ascendiente que, según ellas, fuera de prestigio social y que representara “nobleza” y buena cuna, y no necesariamente los apellidos de su padre y madre. En Guatemala, en la actualidad se acostumbra posponer a los nombres propios el apellido del padre y luego el apellido materno.

2El apellido de la madre de nuestro personaje, don Pedro Zapata de Cárdenas, no es el mismo en los documentos de archivo que se consultaron. En unos aparece como Juana Ordoñez, en otros Juana de Ovalle y Juana de Monterroso, solamente don Pedro, en su testamento, mencionó dos apellidos: Ovalle y Medinilla. Los padres de doña Juana fueron Luis de Monterroso y doña Luisa de Ovalle.

3Don Pedro fue bautizado en la iglesia del convento de San Francisco de la ciudad de Santiago de Guatemala, el 11 de mayo de 1608. Su padrino fue el médico José Adalid de Bohorquez y el bautismo se realizó sin madrina. Sus padres fueron don Alonso Zapata de Cárdenas y doña Juana Ordoñez. Sus abuelos paternos, don Alonso Zapata de Cárdenas y doña María de Arauz, fueron vecinos de la ciudad de Santo Domingo, en la isla La Española.

4Tuvo dos hermanas, María de San Nicolás y Juana de la Cruz que fueron monjas del convento de Santa Catalina Mártir de la ciudad de Guatemala; y dos hermanos: Luis, mayor que Pedro, y Alonso, bautizado a fines de 1610. Su hermano menor, Alonso, fue cura rector de la catedral de dicha ciudad. Sus posibilidades económicas le permitieron, en septiembre de 1634, comprometerse a pagar al convento mencionado la dote, los bienes personales que se utilizaban en las actividades cotianas propias del culto y las velas de la profesión de religiosa de su hermana Juana, que en ese tiempo estaba hospedada en el convento dicho y deseaba tomar el hábito de novicia.

5Su misma condición de encomendero y estar casado con una encomendera, doña Juana de Obando, le confirió la oportunidad de tener éxito económico y reconocimiento social, así como la participación en diversas inversiones y empresas.

6De acuerdo con Tomás Gage, en la tercera década del siglo XVII “el sitio más hermoso” de la ciudad de Santiago de Guatemala era la calle de Santo Domingo. Esta calle unía el barrio de indios de Santo Domingo con la ciudad. En ella encontraban “los mejores edificios” y las más “ricas tiendas” de la ciudad. Allí vivían los comerciantes más ricos de la ciudad, “que hacían esta calle remarcable”, y que “sus riquezas con el comercio eran sólo bastantes para poner a Guatemala en el rango de las ricas ciudades.” Después de 9 años de ser regidor, en octubre de 1655, Zapata de Cárdenas compró al alguacil mayor de corte, don Gabriel Esteban de Salazar, una casa de dos pisos situada enfrente de la que tenía Pedro de Lira, en la calle mencionada. El precio de compra fue de 5.600 pesos, y estaba cargada con un censo de 2.500 pesos. De acuerdo con Juan José Falla, esta casa estaba situada en la manzana N° 76, esquina de la 1a. avenida y 2a. Calle de la Antigua Guatemala.

7El padre de don Pedro había sido funcionario real. Con el reconocimiento social agregado por su matrimonio se amplió su círculo social y familiar, que le permitió también participar en el gobierno local. El 30 de mayo de 1645, don Francisco de Lira y Cárcamo, hijo de Pedro de Lira y Catalina de Cárcamo y Valdés, renunció el cargo de regidor de la ciudad de Santiago de Guatemala en don Pedro Zapata. Cabe anotar que don Francisco de Lira obtuvo el cargo en 1630, cuando tenía 12 años de edad.

8Después de más de un año de espera, a don Pedro le fue extendido el título de regidor del ayuntamiento de la ciudad de Santiago de Guatemala, por el presidente de la audiencia Diego de Avendaño, el 10 de julio de 1646. Tres días después, Zapata presentó el título ante el Ayuntamiento cuyos integrantes lo recibieron como regidor de dicha institución; y después de haber realizado el juramento de ley, «se sentó en la silla de regidor más moderno, en señal de posesión, la cual le dieron y tomó sin contradicción alguna; antes todos los capitulares hicieron mucha demostración de gusto en su recibimiento…». El 21 de agosto de 1648 fue confirmado en el cargo por el rey Felipe IV. Acerca de la actuación ejercida en su gestión pública no se encontró ningún dato.

9Los primeros años de su vida conyugal, que empezó aproximadamente entre 1639 y 1640, en apariencia fueron armoniosos pues don Pedro tuvo relaciones estrechas con la familia de su mujer. En septiembre de 1646, pocos meses después de ser nombrado regidor, terminó de pagar un censo de 2.200 tostones de principal, impuesto por Juan Pérez de Ardón y su mujer Francisca de Espinar el 7 de diciembre de 1591. Para obtener el principal, Pérez de Ardón colocó de garantía su casa de habitación, situada en la ciudad de Guatemala, y unas tierras de su propiedad. El 27 de noviembre de 1609, el licenciado Pedro Navarro, relator de la Audiencia de Guatemala, compró la dicha casa y reconoció el censo. El yerno de Navarro, don Francisco de Obando, continuó pagando los réditos; y la deuda restante la terminó de pagar Zapata de Cárdenas como se dijo. Este pago lo realizó en nombre de los herederos de su suegro Francisco de Obando.

10Fue tanta la confianza que le tenía su cuñado, don Francisco de Obando, que unas horas antes de morir, en agosto de 1657, lo nombró su albacea y tenedor de bienes. Se le dio plena libertad para que dispusiera de todos los detalles del funeral, tales como la “elección de iglesia y sepultura” y los gastos pertinentes. La mujer de Zapata, doña Juana, fue la heredera de lo que quedó de los bienes de su hermano luego del pago de todos los gastos del funeral y deudas contraídas. Esta concesión le trajo serios problemas conyugales al matrimonio don Pedro y doña Juana.

11Cuando dispuso su testamento, el 15 de marzo de 1660, Zapata dijo que contrajo matrimonio con doña Juana hacía 21 años, y que en esta fecha se encontraban separados y apartados, “mediante sentencia de divorcio pronunciada por el juez eclesiástico de esta ciudad, de pedimento de la susodicha”. Había recibido 5.000 pesos de los bienes de su cuñado, con los que pagó el entierro y funeral y otros gastos, que hizo constar en la cuenta jurada que presentó y se incluyeron en los autos de la demanda que doña Juana le puso, sobre la entrega de los bienes del dicho don Francisco.
Cuando se casaron, don Pedro tenía de caudal de cuatro a cinco mil pesos más el ingreso de la encomienda que poseía en el corregimiento de Escuintepeque, de 800 pesos anuales; con este fondo inicial y lo que percibía por el cargo de repartidor de indios del valle de Mixco, que sirvió durante 2 años y por el que pagó más de cuatro mil pesos, logró acumular entre trece o catorce mil pesos. En su testamento recalcó que doña Juana no llevó dote al matrimonio, y no recibió de sus suegros alguna cantidad de lo mismo.
Pidió ser sepultado en el convento de la Merced, en el lugar donde señalara el maestro fray Luis Zapata, su hermano mayor, que era comendador del dicho convento. Decidió que su entierro fuera acompañado por el cura, el sacristán y cruz alta de la catedral; la elección de quienes acompañaran el entierro quedó a discreción de sus albaceas, pero pidió especialmente que se hiciera “con toda la moderación posible”. Asimismo debía hacerse una misa de réquiem cantada “con diácono y subdiácono ofrendada”, siempre a discreción de los albaceas. También se celebrarían misas cantadas durante los 9 días posteriores a su fallecimiento, y la cantidad de misas rezadas que los albaceas determinaran.

12Recalcó que no tenía deudas por pagar con ninguna persona, en cambio varias personas le debían “algunas cantidades”, las que estaban asentadas en su libro de cuentas. Agregó que realizó transacciones con don Francisco de Lira y Cárcamo, con quien había quedado ajustado en sus cuentas.
Los esclavos negros de su propiedad, llamados Manuel, Hernando y Angelina debían servir a su hermano don Alonso, durante la vida de éste y cuando falleciera serían libres. Otro esclavo, Juan de la Cruz, mulato, que lo obtuvo por compra de los bienes de Diego de Vilches, lo donó en la misma condición a Lorenza Zapata, que estaba en el convento de monjas de Santa Catalina Mártir de la ciudad, para que ella dispusiera como de cosa suya. Esta mujer no era su hermana, sin embargo ella se identificaba como Lorenza Zapata de Cárdenas.

13La plata labrada que tenía, valorada en mil pesos, debía entregarse por mitad a Juana de la Cruz y a Ana María de San Juan, sus hermanas. Asimismo, a la mulata libre Bárbola, que estaba a su servicio, debían dársele 50 pesos, en recompensa por los buenos servicios que le hizo. A la española Magdalena de Carranza se le debían dar 50 pesos, también por su servicio y por la asistencia durante su enfermedad.

14Para disponer la sucesión de su cargo de regidor, tal y como la legislación vigente lo exigía, el 22 de febrero de 1660, don Pedro concedió representación legal a Simón Pleitez de Figueroa, procurador del número de la audiencia de Guatemala, y a Simón Pereira Berdugo, vecino de la ciudad. Esta potestad concedida concernía a la renuncia del cargo de regidor. De acuerdo con don Pedro, dicha renuncia debía hacerse en las personas siguientes: don Antonio de Ovalle y Medinilla, primo de don Pedro; el canciller don Esteban de Medrano y Solórzano, don Nicolás de Lira y Cárcamo, don Luis Alfonso Mazariegos, el capitán don Juan de Gálvez y don Gregorio de la Zerna Bravo, todos vecinos de la ciudad de Guatemala.

15Nueve meses más tarde, el 28 de noviembre, el procurador Pleitez de Figueroa repitió el procedimiento de renuncia del cargo de regidor. En esta ocasión, don Gregorio de la Zerna Bravo fue sustituido por el alférez don Diego de Estrada y Medinilla. De estos individuos, quien se presentara con el documento de renuncia y el título del cargo, después de fallecido el renunciante, tenía la posibilidad de ejercer el dicho cargo luego de realizar varios trámites administrativos y el pago de la tercera parte de su valor, el cual fue de 2.000 pesos cuando don Pedro asumió el regimiento.

16Don Pedro falleció el 20 de enero de 1661, a los 52 años de edad. A su funeral asistieron muchas personas, vecinas de la ciudad. Desde el año anterior había nombrado por albaceas a su hermano Alonso, y a don Francisco de Lira y Cárcamo, correo mayor del reino. El heredero universal fue también su hermano Alonso.

17La designación de albacea y tenedor de bienes hecha a don Francisco de Lira demuestra que con don Pedro, como miembros del mismo grupo privilegiado, mantuvieron relaciones de negocios y de amistad muy estrecha y de mucha confianza. Zapata le dio poder, por interés personal, para que judicial o extrajudicialmente cobrara 6.200 pesos de varios deudores. Zapata expuso que esa cantidad le pertenecía a don Francisco, porque éste ya le había dado esa cantidad.

18Es de hacer notar que ninguna de las personas en quienes don Pedro renunció su cargo de regidor aceptó la nominación. Este hecho ocasionó grandes contratiempos a su albacea y heredero, por alrededor de diez meses, que le produjeron los trámites legales que ejecutó para no perder la cantidad de dinero que le pertenecía por ley, correspondiente a las dos terceras partes del valor del cargo de regidor. El 30 de diciembre de 1661 se remató dicho cargo en el capitán don Antonio de Gálvez, en 2.500 pesos. Se dispuso realizar la almoneda como consecuencia de la negativa de todos los que fueron designados por el difunto don Pedro Zapata para que uno de ellos lo sucediera.

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