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AFEHC : diccionario : ZÁRATE Y NAVARRO, Catalina. : ZÁRATE Y NAVARRO, Catalina.

Ficha n° 3059

Creada: 10 junio 2012
Editada: 12 junio 2012
Modificada: 15 junio 2012

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Autor de la ficha:

Rodolfo HERNANDEZ MENDEZ

Editor de la ficha:

Stephen WEBRE

Información:

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Publicado en:

ISSN 1954-3891

ZÁRATE Y NAVARRO, Catalina.

Vicisitudes de una mujer de encomendera, con algunos pasajes de bonanza y otros de supuestas penalidades económicas.
Palabras claves :
Mujeres, Historia social, Vida cotidiana, Siglo XVII, Censo, Capellanía.
Casó:

1Primer matrimonio: Juan Guerra de Ayala y
segundo matrimonio: don Francisco de Obando.

Nació:
Santiago de Guatemala, bautizada el 10 de octubre de 1582.
Murió:
Se ignora.
Padres:

1El licenciado Pedro Navarro y doña María de Zárate y Sibajá.

Resumen:

1Doña Catalina de Zárate y Navarro nació en la ciudad de Santiago de Guatemala, fue bautizada el 10 de octubre de 1582 en la parroquia de El Sagrario. Sus padrinos fueron el alcalde ordinario de la ciudad, Diego Ramírez y su mujer María de Esquivel. Hija del licenciado Pedro Navarro, relator de la Audiencia, y doña María de Zárate y Sibajá. Tuvo un hermano llamado Juan, mayor que ella y bautizado en la misma parroquia en marzo de 1581.

2En 1590 doña Catalina vivía con sus padres en la manzana 62, en la esquina de la 2a. avenida y 2a. calle, en la mitad de una casa donde vivieron don Francisco de la Cueva y doña Leonor de Alvarado, y que en aquel año era propiedad de sus hijos. La otra mitad de la casa la arrendaba Francisco de Villalta Avalos; sus vecinos fueron el mencionado Villalta, doña Isabel de Alvarado, hija de Gonzalo de Alvarado, y Cristóbal de Ibañez.

3En los documentos de archivo consultados se encontró el nombre Catalina de Zárate, que corresponde a tres personas diferentes. La primera, doña Catalina de Zárate y Navarro, nuestro personaje; la segunda, doña Catalina de Godoy y Zárate, hija de Nuño Sáez Marroquín y doña Mayor de Zárate, y mujer de Diego Charles de Valera Herrera; y la tercera doña Catalina de Zárate y Sibajá, mujer que fue primero de don Pedro Gutiérrez de Saravia y después de Lope de Lombeida, hija de Juan Gutiérrez de Sibajá y doña Mariana de Vivar y Quiñones. No tenemos certeza de que doña Catalina de Zárate y Sibajá fuera hermana de doña María de Zárate y Sibajá.

4El licenciado Navarro trató infructuosamente de casar a su hija Catalina con don Francisco Manuel de León, un alcalde mayor de una región de Nueva España y repartidor de indios de Oaxaca. En este frustrado cometido había otorgado facultad para representarlo, el 7 de octubre de 1608, a fray Francisco de Ribera, vicario general de la Orden de la Merced; a don Juan de Saavedra Guzmán, alcalde mayor de la ciudad de Oaxaca, y al Br. Fernán Gutiérrez de Sibajá y Zárate, cuñado de Navarro, canónigo de la catedral de aquella ciudad, para que concertaran el matrimonio de nuestro personaje, Catalina, que en ese tiempo todavía era una doncella de 26 años de edad y estaba quedándose para vestir santos. Para esa fecha la madre de Catalina había muerto y Navarro se había vuelto a casar.

5Siete meses más tarde, doña Catalina contrajo matrimonio con Juan Guerra de Ayala, gobernador de Honduras, el 22 de julio de 1609. Don Juan era hijo de Hernando Esteban Guerra y doña Maria Peraza de Ayala, vecinos de la isla de Tenerife.

6Ya alejada del seno familiar era de esperarse el cambio de vecindario. Su marido alquiló una casa, donde habían vivido los curas de la Compañía de Jesús, que era una de las propiedades de la catedral de Guatemala. El 15 de diciembre de 1610, el chantre de la catedral, don Lucas Hurtado de Mendoza, se la dio en arrendamiento por un año, en 400 tostones anuales. Según el licenciado Falla estas casas estaban en la manzana N° 3, en la esquina de la 5a. avenida y 6a. calle, esquina opuesta a las casas de don Francisco de Aguilar.

7No sabemos cuáles fueron las alegrías y sinsabores de este matrimonio, ni cuánto tiempo duró. Pero sí sabemos que, el 13 de marzo de 1615, doña Catalina contrajo nupcias de nuevo en la parroquia de El Sagrario. Fue un matrimonio realizado a distancia, pues su nuevo consorte, don Francisco de Obando, no estuvo presente en la boda, sino que lo representó un procurador. Obando era viudo de doña Elvira de Ávila y vecino de Nueva Segovia, provincia de Nicaragua, y fue alcalde ordinario de la ciudad de Santiago de Guatemala.
De este matrimonio nacieron dos hijos: Juana y Francisco de Obando. La primera contrajo matrimonio con el regidor don Pedro Zapata de Cárdenas, y no tuvo descendencia, y el segundo permaneció soltero pero, al contrario de su hermana, engendró siete hijos naturales. [Las biografías de doña Juana y don Francisco pueden verse en AFEHC.]

8La gran cantidad de escrituras públicas que otorgaron, individualmente o en mancomún, son una pequeña muestra de la relevancia económica que tuvo el matrimonio de don Francisco y doña Catalina en la sociedad de su época. Asimismo denota el grado de relaciones sociales que tejió con sus actividades productivas, comerciales y financieras.

9El 19 de abril de 1619, don Francisco de Obando y doña Catalina vendieron una esclava a don Gonzalo de Cabrera, vecino de la ciudad de Guatemala. Tres años después, en septiembre de 1622, impusieron un censo de 2.000 pesos sobre la estancia de San Francisco, incluyendo su infraestructura y contenido, que don Francisco tenía en Nueva Segovia; y su casa de habitación en la ciudad de Guatemala, ya gravada con dos censos por 6.000 tostones. Esta casa estaba situada en la manzana 23, en la esquina de la 4a. Avenida y 6a. Calle.

10El 2 de abril de 1628 volvieron a imponer un censo sobre la misma casa, por 4.000 tostones, a favor de la dotación del arcediano Diego de Carvajal. Anteriormente esa casa había sido de Juan Pérez de Ardón (Dardón) y su mujer Francisca de Espinar. Lindaba con la casa de Gabriel Pérez de Segura y con las casas reales, por otro lado con la casa que había sido de don Rodrigo de Fuentes.

11Cuando ya había muerto don Francisco, en mayo de 1632, la audiencia de Guatemala ordenó al alguacil mayor y sus tenientes que cumplieran con el mandamiento de ejecución contra aquel, doña Catalina y la viuda de Benito de Figueroa, sus hijos y herederos, como fiador que Figueroa fue de doña Catalina. Ese requerimiento provenía de la resolución del juicio de bienes del difunto licenciado Pedro Navarro.

12La orden judicial mandó que luego de requerido el pago de 4.200 tostones, si los embargados no la pagaran se les debía incautar bienes o prendas que cubrieran el monto de la sentencia, para ser vendidos en almoneda pública, y lo recaudado se le daría a doña Gregoria. Si en caso no dieran las prendas, don Francisco debía ser aprehendido y recluido en la cárcel hasta que realizara el pago.

13El pleito se presentó ante la audiencia porque doña Gregoria de Luna requería el pago de 2.000 tostones y la entrega de unos vestidos que doña María de Alvarado, segunda mujer del padre de doña Catalina, don Pedro de Navarro, le dejó por una cláusula de su testamento. Asimismo, a don Francisco de Alvarado le dejó mil tostones y un mulato esclavo. Doña Catalina se opuso a este pago por ser parte de su dote. Sin embargo, la audiencia falló en su contra y sentenció que debía pagar a doña Gregoria 2.600 tostones y a don Francisco 1.600 tostones.

14Doña Catalina, el 18 de mayo de 1632, en la jurisdicción del pueblo de Jumay, a donde se trasladó después de la muerte de su esposo, concedió representación a Juan Bautista Bartolomé y al sargento mayor Alonso Fernández de Córdova, vecinos de la ciudad de Guatemala para que atendieran los asuntos del pleito con doña Gregoria de Luna, su padre Diego de Luna y la discordia con Francisco de Alvarado.

15Por medio de este poder, los nombrados debían tratar de evitar el pago mandado en la sentencia, porque la viuda se hallaba imposibilitada para realizarlo, por falta de numerario. Consideró que si pagaba tal cantidad quedaría en quiebra, por lo que sugirió un arreglo que evitaría “molestias y vejaciones”, así como el pago de costas y otros gastos. Pidió que se le diera plazo para realizar la paga, o bien que se permitiera hacerla en especie, con ganado, y que le recibieran un mulato adolescente, su esclavo.

16Luego de conciliadas las partes, se convino en que doña Catalina pagaría a doña Gregoria 1.725 tostones de dicha deuda en especie, cuyo pago se haría con 300 cabezas de ganado vacuno, valoradas en 23 reales cada una. Este ganado pastaba en la estancia de doña Catalina, situada en el valle de Jumay. Luego de entregado se dejaría en suspenso el mandamiento de ejecución. Lamentablemente no se encontraron datos sobre la conciliación con don Francisco de Alvarado.

17Doña Catalina recurrió a sus amistades para resolver estos problemas que se le presentaron en el ocaso de su vida. El traslado a su estancia de ganado mayor, llamada Jumay y situada en una parte del territorio que hoy pertenece al departamento de Santa Rosa, le permitió tener el control de sus bienes. Además, para ayuda de la economía familiar decidió dar en alquiler la casa de la ciudad de Guatemala, donde vivió con su marido más de 15 años.

18Para esto designó a don Nuño Charles de Valera, presbítero, para que en representación suya realizara las transacciones pertinentes para el arrendamiento de la casa mencionada. Don Nuño era pariente cercano de doña Catalina, hijo de don Diego Charles de Valera y doña Catalina Godoy de Zárate. Se le arrendó la casa a Pedro de Armengol, en 200 tostones anuales a partir de junio de 1636. Y hasta donde sabemos, Armengol pagó el alquiler hasta finales de 1639 e instaló allí un obraje de telas y sayales.

19Esta designación no fue fortuita. Doña Catalina puso el límite de 100 pesos anuales al mínimo del arrendamiento. Creemos que esta cantidad correspondía al pago de los intereses del censo que doña Catalina y don Francisco impusieron sobre esa casa en abril de 1628, cuyo capital fue dado por el fondo de la capellanía del arcediano Carvajal, por medio de la cual don Nuño pudo cubrir los gastos de su formación religiosa.

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