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AFEHC : articulos : De pasados señoriales idílicos y sueños modernizantes, las propuestas futuristas de Máximo Soto Hall y Carlos Gagini. : De pasados señoriales idílicos y sueños modernizantes, las propuestas futuristas de Máximo Soto Hall y Carlos Gagini.

Ficha n° 3089

Creada: 28 julio 2012
Editada: 28 julio 2012
Modificada: 28 julio 2012

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Autor de la ficha:

Verónica RÍOS QUESADA

Editor de la ficha:

Iván MOLINA JIMENEZ

Publicado en:

ISSN 1954-3891

De pasados señoriales idílicos y sueños modernizantes, las propuestas futuristas de Máximo Soto Hall y Carlos Gagini.

En este artículo, exploro cómo se representa el futuro de Centroamérica en los espacios reales-e-imaginarios de las novelas "El problema" de Máximo Soto Hall (1899) y "La caída del águila" (1920) de Carlos Gagini, ambas publicadas en Costa Rica. En el caso de "El problema", la acción transcurre principalmente en dos ciudades ficticias: New Charleston y San Rafael, cerca de la frontera de Costa Rica con Nicaragua. "La caída del águila", por su parte, gira en torno a la isla del Coco y marginalmente, a Puntarenas y San José. Ambas novelas apelan a la incursión de William Walker en Centroamérica. "El problema" escenifica, en ese espacio el cumplimiento de la promesa de modernización a la que aspiraban los conservadores nicaragüenses, al llamar a Walker en 1855; mientras que "La caída del águila" se construye como una relectura de la Campaña Nacional Centroamericana de 1856, sin dejar de marcar la supuesta superioridad costarricense en la región. La primera implica el futuro de la asimilación a través de una anexión pacífica, mientras que la segunda traza el camino de la revolución frente a la anexión forzada. Sin embargo, ambos textos coinciden en recrear, en esos espacios futuristas, un pasado señorial en combinación con las ansias modernizadoras. A pesar de su ligamen con la construcción de proyectos nacionales y sus tramas osadas, ninguna de las dos novelas fue discutida en su momento pensando en el proyecto costarricense. Posiblemente el que ambos textos tuvieran cierto alcance regional explica su limitada recepción. Costa Rica ansiaba distanciarse de la Patria Grande y eso redunda en que la elite se preocupara por construir una literatura rigurosamente nacional y enfocada en lo doméstico como estrategia de diferenciación, más allá de las preocupaciones de orden espiritual-racial como las esgrimidas en "El Problema" o "La caída del águila".
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Palabras claves :
Modernidad, Campaña Nacional Centroamericana, Generación del Olimpo, Novela de anticipación política
Autor(es):
Verónica Ríos Quesada
Fecha:
Junio de 2012
Texto íntegral:

1
Las novelas El problema (1899) del guatemalteco Máximo Soto Hall y La caída del águila (1920) escrita por el costarricense Carlos Gagini suponen cierta originalidad en el contexto latinoamericano, por ser ambas novelas de anticipación política. A principios del siglo XX, los ideólogos nacionalistas inspirados en Rodó más bien buscaban modelar símbolos e ideas que pudieran expresar la gloria de sus países, a través de la historia y la geografía1. Sin embargo, ese género resultó muy conveniente para canalizar y presentar una problemática contemporánea desde el futuro: el efervescente intervencionismo de los Estados Unidos en la región centroamericana del primer cuarto del siglo XX.

2Por su desenlace, la novela de Soto Hall, publicada en 1899, parece clausurar la posibilidad del desarrollo nacional de los países centroamericanos. Al final de la novela, cuya acción transcurre en 1927, en un espacio real-e-imaginario usando el concepto de Edward Soja2, el último representante de la “raza latina” Julio Escalante se suicida lanzándose contra un tren en movimiento. Éste transportaba a la pareja de recién casados y símbolo de la anexión de Centroamérica a los Estados Unidos, compuesta por el antagonista del “norte” Mr. Crissey y a quien fuera objeto de deseo de Julio, su prima Emma. Veinte años más tarde, Gagini publica La caída del águila (1920). En ésta última, la trama transcurre en 1928 y las dicotomías se invierten radicalmente: el héroe costarricense Roberto Mora no sólo destruye el imperio norteño desde un espacio diseñado por él, sino que conquista a Fanny Adams, la hija del Ministro de Marina de los Estados Unidos.

3En este artículo, exploro cómo se representa el futuro de Costa Rica y Centroamérica en los espacios reales-e-imaginarios de ambas novelas. En el caso de El Problema, la acción transcurre principalmente en dos ciudades ficticias: New Charleston y San Rafael, cerca de la frontera de Costa Rica con Nicaragua. La caída del águila, por su parte, gira en torno a la isla del Coco y marginalmente, a Puntarenas y San José. Ambas novelas apelan a la incursión de William Walker en Centroamérica3. El problema escenifica, en ese espacio el cumplimiento de la promesa de modernización a la que aspiraban los conservadores nicaragüenses, al llamar a Walker en 1855; mientras que La caída del águila se construye como una relectura de la Campaña Nacional Centroamericana de 1856, sin dejar de marcar la superioridad costarricense en la región. La primera implica el futuro de la asimilación a través de una anexión pacífica, mientras que la segunda traza el camino de la revolución frente a la anexión forzada. Sin embargo, ambos textos coinciden en recrear, en esos espacios futuristas, un pasado señorial en combinación con las ansias modernizadoras, haciendo así eco del continúo revisitar del pasado que caracteriza a la ciencia ficción4.

El Problema de Soto Hall y las paradojas de una modernidad colonial

4Antes de pasar al análisis de la novela de Soto Hall, me gustaría resaltar algunos de sus datos biográficos. Al llegar a Costa Rica en 1896 desde Guatemala, a pesar de ser bastante más joven, se asocia con los escritores que la historiografía literaria costarricense agrupa bajo el nombre de Generación del Olimpo. Entre ellos, se contaba a Carlos Gagini, el autor de La caída del águila. Estando en Costa Rica, conoció a Manuel Estrada Cabrera, quien se convirtió en su benefactor durante su larga dictadura en Guatemala5. La novela El problema fue publicada un año después de empezar la dictadura, es decir en 1899. Asimismo, Soto Hall fue uno de esos “centroamericanos errantes” finiseculares, como los llama Margarita Rojas, que se movieron constantemente por toda Centroamérica6.

5Ese carácter regional, se transmite en la novela, pues se construye en un espacio ficticio y futurista que desde un inicio aspira a representar a Centroamérica. New Charleston, la ciudad a la que arriba el protagonista Julio Escalante proveniente de París en el íncipit del texto, es una ciudad-estación que no reconoce. Donde hubo selvas se erige la ciudad, emplazada geoestratégicamente cerca del ficticio canal interoceánico construido sobre el río San Juan, límite entre Costa Rica y Nicaragua, del lado costarricense. El carácter regional parece acentuarse al diluirse los referentes histórico-geográficos costarricenses. Entre otros, se hace alusión a una bandera nacional descolorida, pero al no señalar cuáles son los colores, podría ser cualquier país centroamericano7. A diferencia de Centroamérica como palabra, son contadas las ocasiones en que se nombra a Costa Rica y menos todavía las veces en que se mencionan individualmente los países centroamericanos. El que se borren esos referentes, más allá de desradicalizar el planteamiento de la novela como afirma Iván Molina8, contribuye a desplazar la novela a un espacio prototípico que se reafirma en el desenlace, pues el narrador indica que la anexión de Centroamérica como un todo es el motivo político del suicidio de Julio9. Sin embargo, el que la acción se desarrolle en Costa Rica no es casual, como argumento más adelante en esta sección.

6La transformación espacial que supone la ciudad de New Charleston es dramática y da paso a la clásica oposición civilización-barbarie, a través de la descripción de una naturaleza cuyas imágenes coinciden con las descritas por Nancy Stepan en su libro sobre representaciones de lo tropical10. El narrador nos indica que hace 25 años sólo se movían embarcaciones pequeñas por el río y la selva lo rodeaba todo: ahora la “civilización” borró “la virgen naturaleza11“. Se exotiza el paisaje, tanto New Charleston como San Rafael, ciudad donde vive la familia de Julio y que refleja los ideales modernistas, así como la necesidad de crear una identidad única como ciudad tropical y visibilizarse en el mapa mundial. Básicamente se conjuga el entorno selvático con el mundo fabril, en este caso, representado por la fábrica de chocolate de la familia Escalante. Señala Rodríguez sobre New Charleston con agudeza:

7La ciudad canalera representa la modernización de Centroamérica y la reconfiguración de la nación costumbrista en una entidad despojada de las materias primas características y de imágenes folklóricas, ligada a nuevos signos de desarrollo y progreso como lo demuestra la construcción del canal ‘entre Dios y los hombres’, en la línea divisoria entre naturaleza y tecnología12.

8Asimismo, desde la perspectiva del narrador, sin la intervención de la modernidad, ese espacio, por su condición “selvática”, al igual que la “raza latina”, despierta sensibilidades y emociones sin cauce. El paseo que Julio y Emma, su prima “agringada” dan por la “selva” aledaña a la propiedad familiar, es una metáfora del deseo. Julio le está enseñando los secretos de su infancia: su cascada, su bosque, etc. El cuerpo de Julio se extiende nostálgicamente hacia el paisaje y se fusiona con éste. Es un recorrido que, mientras vivía en París, solía hacer con la imaginación acompañado de Margarita, su prometida expatriada13. En contraste, el antagonista Mr. Crissey domina la naturaleza, le impone reglas y plazos, la somete. Al preguntarle cómo construiría la línea férrea encomendada, contesta:

9Es cosa fácil. Si un río se llevase un puente, antes que las aguas arrastren el último madero, ya estará tendiéndose otro puente; si faltan obreros se doblará el número; si los millones presupuestados no son suficientes, se invertirán otros millones más. Cuestión de cuidado es todo14.

10Por otra parte, dada la imposibilidad de Julio de recordar, se borronea la historicidad del espacio. Julio, un “criollo exótico”, ha pasado los últimos 25 años en Francia y salió del país con tan sólo 5 años. Su padre Teodoro y su tío Tomás dan pistas vagas sobre la transformación. Señalan que, con motivo de los acontecimientos de 1898, hubo gran actividad en la esfera pública; sin embargo, de la retórica no pasaron los patriotas15. La colonización no se hizo por la fuerza, sino por la penetración de hábitos de consumo y la reproducción de costumbres foráneas. Los “patriotas” no se dieron cuenta de que ya habían sido asimilados16. De esta manera la novela plantea una situación histórica, pues desde 1850 esa penetración cultural europeizante modelaba a la sociedad de forma desigual17.

11Tras las explicaciones de los oligarcas, como argumenta Rodríguez, se evidencia una victimización de la clase gobernante, amparada en el determinismo social. Es una estrategia para borrar la colaboración de las elites en el reforzamiento del imperialismo de los Estados Unidos en el istmo18. Las municipalidades y los “Gobiernos”, en plural, sin poner nombres, ni apellidos, ni tendencias políticas otorgaron concesiones de tierras a un gran número de propietarios extranjeros19. La elite, tan determinada socialmente a aliarse con la raza más fuerte, no intervino en la política nacional para contrarrestar los efectos de la penetración cultural e incluso gradualmente empezó a celebrar las efemérides de los Estados Unidos20. Se explica por tanto que, al decir de Tomás, “no se hace sino lo que quiere que se haga el Presidente de los Estados Unidos21”. No extraña que, en ese mundo futurista, el idioma oficial sea el inglés22.

12Sin embargo el vacío de esa estrategia se revela a través de los hermanos, pues ambos participan activamente en el mundo económico. El tío Tomás no sólo contrató a Mr.Crissey, el antagonista de Julio Escalante, para que se encargara de un tramo del ferrocarril que está levantando23, sino que establece relaciones comerciales en Honduras24. Además, la empresa exporta chocolate a los EE.UU. Lo cual indica que el capital familiar de esta oligarquía se mueve de manera transístmica, para usar el vocabulario que Rodríguez visibiliza en su libro Dividing the Isthmus. Central American Transnational Histories, Literatures & Cultures.

13En este futuro alternativo, las consecuencias de esta asimilación pacífica implican cambios en la demografía nacional. Los únicos costarricenses de la novela son los familiares de Julio y, a su alrededor, abundan los “sajones” de pelo rubio: desde el muchacho que le carga las maletas al llegar25, hasta los niños que se asoman al acercarse al centro de San Rafael26. Además, en ese espacio real-e-imaginario, modelado a partir de una topografía concreta, no hay cabida para los indígenas, pues se asume que la conquista española los aniquiló[27]. El que no se haga referencia alguna a los guatusos, quienes se habían mantenido como una comunidad estable hasta la explotación hulera de la zona descrita ya muy entrado el siglo XIX y habitan ese mismo territorio, lo confirma28.

14Por otra parte, el desplazamiento del café por el cacao y la fábrica familiar de chocolate evidencia una estrategia estética y metafórica que le añade aún más ambivalencia al texto29. Sin embargo, éste no es impedimento para sacar conclusiones sobre la sociabilidad de este espacio fabril. De hecho, la ambigüedad sobre el origen étnico de los operarios nos lleva a uno de los episodios más reveladores de la novela.

15En las primeras páginas de la novela, se sabe que Teodoro sólo tiene un operario “nacional” en su fábrica, pues es el responsable de una falla mecánica, lo cual comprueba a ojos de Tomás el peso del determinismo social. Al respecto Teodoro se queja: “Mal hago en tratar de mantener esa gente en mi fábrica”[30]. Más adelante, se organiza una huelga en la fábrica y, por lo expresado anteriormente, es claro que los trabajadores americanos se han rebelado en contra del “latino”. Esta subversión no extraña, pues en una de las discusiones señala don Tomás, al referirse a la mano de obra americana:

16Yo la utilizo como máquinas, como bestias de carga. Es la mejor forma de mi desprecio. Son una fuerza valiosa. Unos caballos inmejorables. Ellos no se enferman nunca, no se les muere nadie, no dejan de trabajar el lunes, no conocen más días festivos que los que uno quiere darles, no hablan, sobre todo no hablan. Y qué manera de trabajar. Cada uno vale por dos de los nuestros, en cantidad y en calidad31.

17Los ecos de las condiciones de producción del sur esclavista de los Estados Unidos que Walker quiso reproducir en Centroamérica se escuchan claramente32. Sin embargo, no es necesario ir muy lejos. Específicamente en Costa Rica, señalan Palmer y Molina que, entre 1880 y 1930, los campesinos pobres y los indígenas defendieron las tierras comunales; los pequeños y medianos caficultores ejercieron más presión para que los exportadores y los beneficiadores les cancelaran el café a mejor precio; y los artesanos y obreros urbanos se organizaron para luchar por aumentos salariales y la disminución de la jornada de trabajo33. En otras palabras, las condiciones laborales eran sinónimo de explotación.

18En pocas palabras, la asimilación imaginada por Soto Hall supone reemplazar la mano de obra “latina” por “sajona”, implicando así que la hegemonía no se vería desafiada, a pesar del determinismo social. Sin embargo, la resolución de la huelga, un instrumento de protesta ya conocido en el país por las huelgas durante la construcción del ferrocarril34, siembra el germen de la sumisión “latina”. Mr. Crissey, el estereotípico hombre de acción, toma el control de la situación cual capataz y disuelve la huelga porque Teodoro, el dueño, no logra reaccionar35.

19Sin hilar muy fino, la utópica e inexistente diversidad étnica de la zona, se justifica desde el punto de vista regional, al asociarse en primera instancia con el único país que para fines del siglo XIX había logrado promocionarse como nación homogénea y blanca. Tan exitosa había resultado la campaña costarricense que, en la novela Edmundo (1896) del guatemalteco José Beteta, indica Palmer que el protagonista se marcha de Guatemala y se asienta en Costa Rica. En la última escena, se describe al protagonista en un ambiente paradisíaco y, sobre sus rodillas, juega un bebé de cabellos rubios36.

20En segundo lugar, si el futuro de ese espacio lo determina la pareja triunfante: Mr. Crissey y Emma, significa que la regeneración étnica va por buen camino. El tío Tomás se casó con una estadounidense y su hija Emma, a su vez, se casa con un estadounidense. En contraposición, su sobrino Julio, educado en Francia, se suicida y el peor temor de Margarita, la costarricense expatriada y prometida de Julio, se hace realidad: la soltería. La imposibilidad de reproducción social de la pareja “latina”, es un hecho.

21Siguiendo los planteamientos de Stephan Leopold sobre María de Jorge Isaacs, novela paradigmática de finales trágicos y que inicia con el regreso del protagonista a la hacienda familiar, la esperanza cifrada en Julio está condenada desde el principio. Su final trágico disemina el proyecto nacional, en vez de reforzarlo. Más que una lectura “patriótica”, evoca melancolía por ese objeto perdido, en este caso, la soberanía nacional. Indica Leopold:

22Desde mi punto de vista, esta oscilación entre lo especular-eufórico y lo paranoico-disfórico es, acaso, la característica más interesante de las ficciones fundacionales del siglo XIX latinoamericana. A diferencia del esquema propuesto por Sommer, los textos concretos diseminan lo pedagógico cuando, al lado o en vez del happy ending, enfocan la pérdida dolorosa de un personaje principal inconmensurable con el proyecto homogenizador de la nación postcolonial37.

23Leyendo entre líneas podríamos suponer que el padre llama a Julio sólo para interrumpir o incluso romper el enlace matrimonial, tal como lo hizo el padre de Efraín en María38. La novela no sería tan patriótica o antiimperialista39 por mostrar el obstáculo de la penetración cultural yanqui, sino que sería de la familia paranoica-disfórica por diseminar la nación, lo pedagógico según Bhabha40. El texto, en sí mismo, es un espejito roto y melancólico, representa una pérdida más que fundamental porque es el fin de la nación y, en sí mismo, el texto perpetúa esa pérdida41. Se perfila cierta resignación porque, como señala Leopold, la salvación prometida siempre queda aplazada42. Esto entronca muy bien con la interpretación de Ana Patricia Rodríguez, quien considera el texto como una disculpa por parte de Soto Hall, debido a su complicidad con el imperialismo estadounidense, con la dictadura de Cabrera e incluso su afiliación con la generación del Olimpo43.

24En suma, la trama revive las expectativas no explícitas en la novela de los conservadores nicaragüenses al hacer venir a William Walker en 1855: una asimilación plácida, que les permitiría “entrar” en la modernidad y “limpiar” racialmente a la sociedad, regenerarla y convertirla en toda una máquina de producción valiéndose justamente del canal interoceánico44. Se puede leer entonces la novela como el desenlace anhelado por la elite nicaragüense de mediados del siglo XIX, hecho realidad en un espacio ficticio representativo de cualquier país centroamericano. Sin embargo, el que se trate de una novela futurista de alcance centroamericano no significa que la novela vehicule un ideal unionista. Por la descripción de la nueva bandera de los Estados Unidos, resulta claro que cada país se anexó por separado, puesto que se le añaden 5 estrellas45.

De la utópica isla del Coco y su héroe sin pueblo

25A diferencia de Soto Hall, Gagini no tuvo una carrera internacional ni fue diplomático. Identificado plenamente con los objetivos liberales y miembro de la generación del Olimpo, trabajó ampliamente en el sector educativo en Costa Rica y su única aventura laboral centroamericana se desarrolló en El Salvador como director del colegio de Santa Ana46. Justamente ese sector fue uno en los que más se evidencia la lucha por el poder después de la corta dictadura de los hermanos Tinoco entre 1918 y 191947, en la cual Gagini tuvo un rol menor como último director de la Escuela Normal, punto que retomo más adelante. Siempre en el terreno educativo, este escritor participó activamente en la polémica sobre los planes de estudio que se dio durante la posdictadura y en la que recalcó su posición nacionalista.

26Haciendo eco a dicho posicionamiento, Carlos Gagini liga explícitamente la trama de La caída del águila con la construcción de los símbolos y la historia patriótica de Costa Rica. Desde ese punto de vista, la exitosa campaña ficcional emprendida por Roberto Mora y Los caballeros de la libertad48, se plantea como una recreación particular de la Campaña Nacional Centroamericana de 1856-1857. El narrador señala que Centroamérica ha sido anexada a los Estados Unidos y que se ha abierto el canal interoceánico vía Nicaragua49. En la ficción de Gagini, se reinterpretan las amenazas de la colonización y las condiciones de la liberación centroamericana de ese entonces. Por ejemplo, los colonizadores sustituyen los monumentos costarricenses en conmemoración de la gesta de 1856 por dos estatuas: una para el líder de los filibusteros y otra para el ficticio ex presidente Wilson50. En términos del “drama social” costarricense, utilizando el concepto de Turner, esa sustitución es un ataque directo a la construcción nacional, ya que Costa Rica utilizó esta campaña militar como guerra sustituta de independencia y base del proyecto nacional trazado por la élite liberal e impulsado a partir de 188051. Consecuentemente, en la ficción, el protagonista Roberto Mora resulta ser nieto del héroe costarricense Juan Rafael Mora Porras.

27En la ficción situada ocho años después del presente, Roberto Mora despliega una cuidadosa campaña militar en principio para recuperar la soberanía centroamericana. Intenta llevar al concepto de mimicry hasta sus últimas consecuencias, es decir, subvertir totalmente el orden colonial52. Ese proceso de subversión pasa, en primer lugar, por adoptar una peculiar estrategia de self-fashioning basada en su apariencia física, supuestamente acorde con el mito de la blancura costarricense. El narrador lo describe así: “Ante ellos estaba de pie un joven de melena rubia y ensortijada, ojos azules, cuerpo esbelto y alto, vestido de kaki con polainas de color leonado, un latiguillo en la mano y revólver a la cintura53. Gracias a ella, ha pasado desapercibido en los centros imperiales y, gracias a su dominio del inglés y los conocimientos adquiridos en Europa y Estados Unidos, ha creado tecnología de avanzada para poner en marcha su estrategia militar: submarinos hiper potentes que cargan un explosivo especial, aeroplanos y barcos que cuentan con mecanismos de camuflaje, etc. forman parte de su arsenal.

28Mora demuestra que la “raza latina” sí es capaz de competir y liderar. En ese futuro, por tanto, la “raza latina” se reivindica y se viriliza. Al final de la novela señala Mora que si la humanidad se puede redimir, lo será por “la energía y el amor de las almas superiores”[54], haciendo alusión a la de Fanny y a la suya. Detrás de este tropo romántico, se revela la necesidad de mostrar simbólicamente el sometimiento de los Estados Unidos, feminizados a través de Fanny.

29Según Bhabha, detrás de mimicry no hay una presencia o una identidad subyacente55, sin embargo Sara Castro-Klarén en su relectura del concepto señala que los intelectuales latinoamericanos siempre han resistido a la invisibilización generada por mimicry: en vez de borrar o segmentar identidades, los sujetos latinoamericanos ocupan dos lugares culturales simultáneamente56. En este caso, detrás del mimicry, en ese otro lugar, se encuentran los valores distintivos de la raza latina según el esquema rodoniano. La ética, la estética, la espiritualidad y la subjetividad que la Ilustración había dejado por fuera y debe retomar el pensamiento latinoamericano, son los componentes básicos de ese sistema de valores según Rodó[57]. Roberto Mora, preocupado por no causar muertes innecesarias, así como por reconocer la valentía de su oponente y luchar por la libertad de los pueblos oprimidos cual Nemo en su Nautilius, señala: “Nosotros queremos acabar con todo eso: que no haya opresores ni oprimidos, ni explotadores ni explotados, y que un modesto bienestar reine en todos los hogares de la tierra y haga sentir a sus habitantes la alegría de vivir58”. En principio, esos serían los valores de la Costa Rica del futuro que inaugura Roberto Mora.

30El problema consiste en que éstos no se reflejan en el espacio real-e-imaginario que supone la isla del Coco, un lugar ahistórico y virgen, perfecto para la utopía. Para empezar, la ausencia de otros costarricenses es absoluta, ni siquiera hay legionarios coterráneos en las filas de Los caballeros de la libertad. Obviamente eso marca una gran diferencia entre la modelación heroica del presidente Juan Rafael Mora Porras, quien llama a la participación popular en pos de la defensa de la soberanía en 1856, y la de Roberto, su nieto ficticio. Esa ausencia implica falta de heroicidad de parte del protagonista, ya que no se representa al pueblo y menos aún, porque no se representa una adhesión popular a la causa de Roberto.

31Asimismo, llama la atención cómo Gagini difumina los rastros que permitirían identificar las problemáticas específicas de Costa Rica con respecto a los Estados Unidos. No sería problemático si los demás miembros de la liga no conectaran su participación en esta urdimbre bélica con la intervención directa de los Estados Unidos en sus respectivos países59. En el caso costarricense, la novela evita cualquier referencia o paralelo con la dictadura de los Tinoco y la política de no reconocimiento de los Estados Unidos que explica parcialmente su caída en 191960, es decir, tan sólo un año antes de la publicación de la novela. Posiblemente el haber sido nombrado como director de la Escuela Normal, después de la salida de Joaquín García Monge, durante la dictadura, es decir, el haber formado parte del grupo de intelectuales que acuerpó a los Tinoco, ameritaba distancia por la conexión entre la dictadura y los intereses de las transnacionales estadounidenses61.

32Ese alejamiento con respecto a Costa Rica, se acentúa al no “ver” al país a través de los ojos de Roberto Mora, sino a través de Mr. Adams. La Costa Rica que nos describe éste, tan sólo unos días antes de su captura es aquella que en principio deberíamos rechazar. Primero, el ministro se maravilla al ver a los saludables trabajadores desde el tren que lo lleva de Puntarenas, rebautizada “Sandpoint” a San José: “no individuos paliduchos y mugrientos roídos por la malaria y la miseria, sino trabajadores fornidos y de aspecto satisfecho62”. Las mejorías en vivienda y comunicación son extraordinarias. Sin embargo, esos adelantos materiales se acompañan de cambios sociales radicales. Cuando Mr. Adams y su comitiva visitan San José, se codean con una “multitud de criollos que se habían adaptado a las costumbres y habla yanquis y aceptado sin protesta la dominación extranjera63”.

33Ese proceso de transformación social no se ha aceptado ni dado de forma homogénea. Mr. Adams nota que “la masa de la población, particularmente la clase artesana, mostraba una actitud abiertamente hostil64”. Por la distancia con respecto a Roberto, parece justificarse que el protagonista ignore esa resistencia, que podría haber sido su aliada. Sobre la misma línea, Roberto Mora no busca asociarse con los movimientos de resistencia en contra de la anexión que supuestamente lo inspiraron a crear la liga. El narrador señala que fue la resistencia en Puntarenas, Acajutla y Amapala, el factor detonante para la empresa de Mora65. Extrañamente sus nombres no se vuelven a mencionar en la novela y ni el narrador ni Roberto explican qué fue lo que sucedió en esos lugares. Priva el silencio y el desplazamiento paulatino hacia la problemática internacional66.

34Paradójicamente, la sociabilidad y la modernización de la isla del Coco, base de la ofensiva militar lanzada por la Legión de los Caballeros y refugio de Roberto, no se diferencia de la Costa Rica anexada. Al igual que el interior de los submarinos, la isla supone un espacio real-e-imaginario, conquistado, hecho a la medida de Roberto Mora y su concepción de mundo. La tecnología y la ciencia domestican el espacio tropical, lo “civilizan”. Como ejemplo basta contraponer las descripciones de la base militar con el primer párrafo de la novela, en el que describe lo indómito de las tierras americanas67, aunque posiblemente el ferrocarril camuflable que atraviesa la isla lo demuestra mejor.

35Por otra parte, en uno de los primeros encuentros de Mora con sus prisioneros en la isla, les dice: “nuestros pescadores nos traen diariamente ostras y gran variedad de pescados, nuestra vacada nos suministra leche, quesos y mantequilla y la huerta toda clase de verduras y delicadas frutas68”. Es el ejemplo de la vida campesina idílica, de una vida rural simple, que quedaría incompleta si los miembros de la liga no se dedicaran a tocar música y a leer en sus ratos libres. Dicho en otras palabras, el retorno al pasado idílico señorial que anhelan los modernistas69 cobra vida a través de la representación de la sociabilidad de la isla. Además, los interiores de los submarinos revelan un lujo sin igual: “Imposible era hallar ni aun en los más suntuosos transatlánticos lujo parecido. Preciados muebles, alfombras persas, lunas de Venecia, columnas doradas, selecta biblioteca y cuantas comodidades pueda acumular en su yate un rumboso archimillonario70”. Se combina el pasado idílico con las ansias de consumo de la élite costarricense desde el siglo XIX71. Para Rodó el ascetismo no es sinónimo de virtud72 y, por lo visto, para el personaje Roberto Mora tampoco.

36Asimismo, entre los caballeros, la jerarquía es muy clara: los miembros de la liga cuyas voces sí escuchamos son ricos –como Roberto, el hondureño Francisco Valle o el conde Von Stein- o representantes de una sociedad sometida a un proceso muy intenso de modernización como Amaru, el japonés. La presencia de sirvientes/subalternos es muy alta y no participan en la trama, más que para ser castigados por incumplimiento de deberes. Y esto se hace evidente por medio de Jiso, un empleado filipino de la base que se duerme en su puesto y Roberto está a punto de mandarlo a la mazmorra73. Estas divisiones sociales, a contrapelo de los ideales de la legión, subrayan la reproducción del fenómeno que caracteriza a la literatura de la “generación del Olimpo” costarricense, es decir, la falta de voz de los subalternos74.

37Si bien en un principio se rompe con la homogeneidad racial de la sociabilidad típica del siglo XIX, que tanto anhelaban las élites latinoamericanas75; se evidencian las limitaciones de la supuesta igualdad racial como punto clave de la homosocialidad. A pesar de los ideales de soberanía para todos los pueblos, no hay representantes de las colonias europeas, de los pueblos indígenas o comunidades afroamericanas en los altos mandos de la liga, ni tampoco en la tripulación, menos todavía en las descripciones de Mr. Adams al pasar revista sobre Puntarenas o San José. Explícitamente, Manuel Delgado, el representante salvadoreño de la liga, hace referencia a la fuerte población indígena de El Salvador76, pero su importancia no se traslada a la trama, ni siquiera a través de Delgado mismo, quien si acaso podría calificar como mestizo dado su “rostro moreno77”. La diatriba de Roberto sobre la exterminación de los pueblos nativos por culpa de los españoles y los colonos ingleses es particularmente ilustradora por la ironía involuntaria que encierra: “Si yo me siento feliz de vivir en una choza miserable, casi desnudo y alimentándome de frutas ¿por qué ha de venir un vecino, valido de la fuerza, a incendiar mi rancho, a obligarme a vestir decentemente, y a alimentarme de carne?[78]”. Los adverbios y el adjetivo subrayados por mí en la cita anterior evidencian su desprecio.
En suma, la sociabilidad tejida alrededor de Roberto Mora evidencia una contradicción mayor con los objetivos de la Liga y con la posibilidad de subvertir eficazmente el orden neocolonial en la Costa Rica por reconstruir. Retomando las observaciones acerca de la representación de Costa Rica a través de la mirada de Mr. Adams, se deduce que los patrones de sociabilidad de Costa Rica y la isla coinciden en cuanto a cadenas de mando y disciplina, reinvención de la naturaleza en paisaje gracias a la tecnología, así como por el gusto –como lo entiende Bourdieu– compartido por las jerarquías. La diferencia entre los espacios radica en que Mr. Adams se enfrenta, aunque sea indirectamente, a esa “masa” de artesanos. Roberto no tiene contrincantes u opositores en su campo de acción. Su espacio ideal, la isla del Coco, es justamente un lugar en donde ese enfrentamiento por el poder político y la gobernabilidad no existe, ya que su dominio no se cuestiona, simplemente se acepta. Definitivamente la apertura democrática no forma parte de esa nostalgia bucólica.

38Por otra parte, llama la atención el tratamiento dado a Centroamérica en la novela, pues parece profetizar el fracaso de la unión centroamericana de 1920 y remarcar la necesidad de Costa Rica por buscar socios económicos fuera de la región. Roberto Mora señala que el responsable de la unión forzada centroamericana es el ex presidente Wilson –aunque históricamente seguía siendo el presidente de los EE.UU. Indica que “la unión se realizó sin consultar el voto de los respectivos pueblos, que han sabido caer, a lo menos en sus tres quintas partes, con dignidad y entereza79”. Anteriormente el ministro Adams había mencionado el sometimiento voluntario de Guatemala y Nicaragua80, lo cual implica resistencia en Costa Rica, Honduras y El Salvador, los tres países centroamericanos con representantes en la liga de Los caballeros de la libertad y, en segundo lugar, que una unión de ese tipo sólo se podría haber realizado por la fuerza.

39En su autobiografía, Gagini escribió favorablemente acerca de la “anhelada Unión Centroamericana81”. Sin embargo, el que Roberto Mora sea el líder de esta coalición internacional y el genio ingenieril, refuerza el deseo de marcar la superioridad de la elite costarricense ante la región, un rasgo identitario de larga data en Costa Rica, incluso desde tiempos de Mora Porras82. No se trata de una novela panhispánica, dado que no busca alianzas concretas con España o Suramérica; ni unionista, ya que no se alimenta del imaginario de la Patria Grande centroamericana. En contraste, la ficción se vuelca sobre las potencias medias de Japón y Alemania83 que, al igual que Centroamérica, se vieron afectadas por la política internacional de los Estados Unidos en esos años.

Comparación de los espacios futuristas, veinte años no son nada

40En las dos novelas, los protagonistas son miembros de la oligarquía letrada, las novelas privilegian espacios ficticios, arquetípicos: New Charleston y San Rafael en El problema, la isla del Coco en La caída del águila. Éstos se modelan en función de una nostalgia, como señala Beatriz González, de zonas rurales casi vírgenes y que fueron la contrapartida ideológica de la modernización cosmopolita. Ejemplifican así uno de los axiomas predilectos del pensamiento liberal: “América, como espacio sin historia, mundo nuevo, fuera del alcance de la civilización84”.

41En ambas novelas, los mecanismos literarios para deshistorizar los espacios son similares. Por ejemplo, la mirada de un forastero transmite al lector las transformaciones de los espacios: Mr. Adams, el antagonista en La caída del águila y Julio Escalante en El problema. Al no situar al espectador en el torbellino de la transformación, se obvian entonces las explicaciones sobre cómo se llegó al punto de la anexión en las dos novelas y eso previene herir susceptibilidades políticas. Se le suma el desplazamiento del café por cacao y la fábrica de chocolate en El problema; así como la paulatina desaparición de Centroamérica en La caída del águila dado que la legión apunta hacia la liberación mundial del imperio de los Estados Unidos. Además, no se hace énfasis en cómo se dio la transformación de los espacios, sólo se presenta, sin tener que hacer alusión a los trabajadores que lo hicieron posible.

42Sin el lastre de la historia, Sandpoint y San José en la Costa Rica de La caída del águila, como las ciudades de New Charleston y San Rafael en El problema se modelan como espacios ideales, exóticos que representan la utopía de una modernidad tropical, cuyo mayor símbolo es el ferrocarril y las posibilidades de integración territorial que supone. Independientemente del tipo de anexión, ésta cumple a cabalidad con los anhelos liberales y el modelo no se rebate. Incluso en La caída del águila, la isla y los submarinos, los espacios de sociabilidad que comparten los legionarios liderados por Roberto Mora y que por tanto controlan totalmente, no se diferencian de la Costa Rica “civilizada” por los Estados Unidos.

43En ambos textos, predomina la presencia oligarca en la posición dominante y de una servidumbre extranjera. En El problema, la mano de obra es estadounidense y en La caída del águila, todos los miembros y trabajadores también son extranjeros. Como diría Montaldo85, la “sensibilidad amenazada” invisibiliza las representaciones populares, la “masa” latina y, por supuesto, las comunidades indígenas. En ese sentido, resulta más coherente que Julio Escalante se perfile como un espectador frente a esa sociedad deslatinizada, a diferencia de Roberto Mora que pretende ser héroe de una sociedad “latina” sin aceptación ni contacto popular. De primera entrada, entre los textos, parece marcar una diferencia importante el que Mora sea capaz de crear y liderar. Sin embargo, al no haber operarios nacionales ni centroamericanos, ésta se elimina porque se trata de una acción y un modelo aislados.

Epílogo sobre la recepción de las novelas

44La publicación de la novela El Problema levantó cierta polémica en el ámbito costarricense durante los meses de setiembre y octubre de 189986. Hubo quienes la interpretaron como una advertencia, otros más bien la consideraron ofensiva. Sin embargo, más allá de las posiciones encontradas, señala Molina que paradójicamente quienes estaban más comprometidos con el proceso de invención de la nación costarricense no se pronunciaron sobre la novela87. En términos más concretos eso significa que, por ejemplo, Ricardo Fernández Guardia y Carlos Gagini, los protagonistas de la primera parte de la polémica sobre literatura nacional de 1894, no se sumaron al debate. Además, en la segunda etapa de la polémica sobre literatura que se desarrolló durante prácticamente todo el año de 1900, a partir de la publicación de El moto de Joaquín García Monge, no se hizo mención de El problema. En contraste, los polemistas discuten con soltura las obras de Ricardo Fernández Guardia, Roberto Brenes Mesén, del guatemalteco José Milla y el colombiano Jorge Isaac, entre muchos otros88. El prejuicio contra la lectura de novelas, la hipótesis de corte literario de Molina, no parece ser entonces la explicación al silencio89.

45Por otra parte, de manera provocadora, Molina retoma la acusación de Francisco Gil Mayorga, quien lee y critica la novela cinco años después de su publicación, en 1904, y sugiere que Soto Hall la escribió para ser publicada en inglés90. La aseveración no resulta tan sorprendente si consideramos que la incipiente literatura costarricense se escribió pensando en una audiencia extranjera. La literatura, al igual que la historia y la geografía cumplían con la función de dar a conocer al país y atraer capital extranjero91. Si Soto Hall hubiera traducido la novela al inglés, habría sido un excelente complemento ideológico para los mercenary romances, cuyo mayor exponente fue Richard Harding Davis, calificado por el crítico David Harrison como “el agente literario para el imperio americano en el exterior”. En estas novelas, el héroe americano se involucra inintencionadamente en algún tipo de conflicto político y trae la civilización a algún punto de América Latina92. A final de cuentas, la ambigüedad de El Problema es su mayor acierto, como indica Ana Patricia Rodríguez, “Quisiera sugerir aquí que la novela de Soto Hall, en el mejor de los casos, articula un discurso comprometido sobre el imperialismo en Centroamérica, desde el punto de vista de aquellas elites intelectuales nacionalistas que colaboraron con él93” .

46En cuanto a la obra de Carlos Gagini, según el crítico Álvaro Quesada Soto, ésta vocaliza la oposición al imperialismo a principios del siglo XX, en Costa Rica94. Sin embargo, en contraste con El problema, ante la publicación de la novela no hubo respuesta95. Podría atribuirse la ausencia de recepción al modelo comercial de la prensa que se había impuesto para 1920 debido a la consolidación del mercado interno. La opinión es reemplazada por la noticia y los periódicos cortan la posibilidad de armar discusiones personales y cobra más fuerza la seccionalización del periódico96. Simultáneamente, las pujantes revistas literarias de principio de siglo empiezan a desaparecer97. Tal vez, desde ese punto de vista, no hubo espacio donde plasmar un debate literario; sin embargo, es difícil concluir si realmente no hubo recepción por el acceso limitado a los periódicos de esa época o si se trata de un caso de censura silenciosa como sugiere al pasar Carlos Jinesta98. Por otra parte, tomando en cuenta la necesidad de sanar las heridas causadas por la dictadura, paradójicamente un debate sobre el texto habría hecho de Gagini un blanco fácil, dada su asociación con la dictadura. En consecuencia, la participación de Joaquín García Monge y Roberto Brenes Mesén, como líderes de la generación del Repertorio Americano, también habría sido puesta en evidencia99.

47Desde un punto de vista literario y considerando la política internacional de los Estados Unidos hacia Centroamérica, probablemente la trama en sí no apeló a la sensibilidad de los lectores. Cuando se publicó El problema era perfectamente pausible pensar en una futura colonización americana. Mal que bien el experimento de los Estados Unidos con Puerto Rico recién había empezado. Sin embargo, muy pronto se enturbia la situación política del territorio anexado. El dilema sobre la liminalidad política de Puerto Rico se explica por la amenaza de razas foráneas y sus costumbres que podrían introducir la anarquía en la unidad nacional de los Estados Unidos y, peor aún, una colonización autoinducida100. Definitivamente, ya para 1920, el año de publicación de La caída del águila, los Estados Unidos habían cambiado radicalmente de estrategia política, la colonización de nuevos territorios ya no era una opción.

48Además, tanto Gagini como Soto Hall, miembros de la generación del Olimpo, no eran bien vistos por la generación siguiente, llamada del Repertorio Americano101, más cercana a los unionistas y pacificistas de América Latina, y este grupo domina la escena literaria aproximadamente a partir de 1920102. En el caso de Gagini, los enfrentamientos con Roberto Brenes Mesén, antiguo discípulo suyo, fueron de proporciones monumentales, en el terreno literario y pedagógico, pues ambos eran educadores y ocuparon puestos públicos en ese sector gubernamental103. Aunque, como mencionamos anteriormente, tanto Gagini como Brenes y García Monge apoyaron la dictadura tinoquista; la distancia entre Gagini y los simpatizantes unionistas es tan grande que, en el cuadro sobre textos antiimperialistas centroamericanos y caribeños levantado por García Giráldez, sus novelas El árbol enfermo y La caída del águila no son tomadas en cuenta104. En otras palabras, si el discurso rodoniano se encontraba en las postrimerías de su influencia ideológica105, y los potenciales lectores intelectuales se inclinaban más bien por promover la integración racial y la aceptación de la diversidad de credo, cultura y género106, La caída del águila estaba destinada al fracaso editorial.

49Asimismo el que las dos novelas tuvieran cierto aliento centroamericano posiblemente tuvo repercusiones en la recepción, no sólo por las ansias de distanciamiento de Costa Rica frente a la Patria Grande, sino por la necesidad de construir una literatura enteramente nacional, más allá de preocupaciones de orden espiritual-racial como las esgrimidas en El problema o La caída del águila. Este fraccionamiento no es una problemática específica de Centroamérica, pues ya en 1925, en “Caminos de nuestra historia literaria”, Pedro Henríquez Ureña señalaba la inexistencia de trabajos del conjunto literario continental. Como indica González Stephan, el nacionalismo recalcitrante de las historias literarias era consecuencia de la necesidad de asentarse de los países latinoamericanos107.

50Finalmente, pensando en la articulación de estas obras futuristas y comúnmente calificadas como “antiimperialistas” con la literatura centroamericana posterior, principalmente el ciclo de novelas bananeras, es evidente que el discurso literario pasa de asentarse en espacios ficticios analizados en este artículo a inaugurar el cronotopo de la zona atlántica y los enclaves bananeros, así como a reemplazar la victimización de las élites por su incriminación, dada su complicidad con las políticas estadounidenses ; ambos temas que O’Henry, quien acuña la expresión “banana republics” en su novela Cabbages and Kings, ya había tratado en esa novela publicada en 1904108. Sin embargo, a pesar de la fuerte historización de las novelas bananeras, persiste en dicha narrativa la postura ambivalente de La caída del águila y El problema con respecto a los proyectos que apostaron por la modernización de los países centroamericanos y el ferrocarril como símbolo de ese progreso tan anhelado109.

51Para una mayor comprensión de las rupturas y traslapes del discurso literario centroamericano de la primera mitad del siglo XX, es vital iniciar una discusión más amplia y de carácter transístmico. En el caso de El problema y La caída del águila, implica estudiar estos textos en función de un diálogo narrativo que incluye a las siguientes novelas: El árbol enfermo (1918) de Gagini, La oficina de paz en Orolandia (1925) de José Arévalo Martínez y La sombra de la Casa Blanca de Soto Hall (1927). Anteriores al ciclo de novelas antiimperialistas bananeras y canaleras de la región, el rechazo y/o ambivalencia de estas últimas frente a la intervención de los Estados Unidos se enmarca en el contexto liberal centroamericano. Asimismo, sería interesante tomar en cuenta la literatura norteamericana en boga, es decir, los mercenary romances y la construcción del imperial self de los Estados Unidos, con el fin de contrastar los estereotipos desde ambos lados de las fronteras. Una lectura transístimica definitivamente enriquecería la historiografía literaria centroamericana sobre el período liberal.

52Notas al pie de página

531 D.A Brading, Marmoreal Olympus: José Enrique Rodó and Spanish American nationalism, Working Papers (Cambridge: Centre of Latin American Studies. University of Cambridge, 1998), pág. 20.

542 Edward W. Soja, Thirdspace (Oxford: Blackwell, 1996).

553 En 1854, cuando, para derrocar al gobierno del Partido Conservador, el Partido Liberal de Nicaragua pidió el apoyo del mercenario William Walker. Éste, apoyado por la élite nicaragüense que cifraba esperanzas de modernización en su intervención, se invistió como Presidente. Su intención era anexar Centroamérica al sur esclavista de los Estados Unidos. Desde Costa Rica, el presidente Juan Rafael Mora Porras señaló la importancia de una coalición centroamericana. Intervino decisivamente y movilizó rápidamente a sus tropas. La alianza derrotó al filibustero y agente del Destino Manifiesto William Walker, con lo cual se frustró el avance de su imperio esclavista. Consultar Víctor H. Acuña Ortega , Memorias comparadas: Las versiones de la guerra contra los filibusteros en Nicaragua, Costa Rica y Estados Unidos (Siglos XIX-XXI) (Alajuela: Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, 2008); Michel Gobat , Confronting the American Dream: Nicaragua Under U.S. Imperial Rule (Durham: Duke University Press, 2005).

564 “Introduction”, en Ericka Hoagland y Reema Sarwal, editores, Science Fiction, Imperialism and the Third World: Essays on Postcolonial Literature and Film (Jefferson, N.C: McFarland & Co., 2010), pág. 9.

575 Para una mayor contextualización de la obra de Soto Hall, consultar el artículo de Iván Molina Jiménez , “La polémica de El problema (1899), de Máximo Soto Hall”, en Revista Mexicana del Caribe 12 (2001), págs.147-187.

586 Margarita Rojas, “El centroamericano errante: nacionalismo y modernismo en la época liberal”, en Revista de Historia 24 (1991), págs. 9-20.

597 Máximo Soto Hall, editor, El problema (San José: Universidad de Costa Rica, 1992), pág. 69.

608 Molina Jiménez, “La polémica de El problema ”, pág. 171.

619 Soto Hall, El problema, pág. 172.

6210 Nancy Stepan, Picturing tropical nature (London: Reaktion Books, 2001), págs. 11-24.

6311 Soto Hall, El problema, pág. 56.

6412 Ana Patricia Rodríguez, Dividing the Isthmus: Central American transnational histories, literatures, and cultures, 1st (Austin: University of Texas Press, 2009), pág. 36. La traducción en todos los casos es mía.

6513 Soto Hall, El problema, pág. 87.

6614 Soto Hall, El problema, pág. 143.

6715 Soto Hall, El problema, págs. 78-79.

6816 Soto Hall, El problema, pág. 79.

6917 Iván Molina Jiménez, “Deliciosos y revolucionarios: quesos de Holanda y jamones de Westfalia”, en Iván Molina Jiménez y Steven Palmer, editores, Héroes al gusto y libros de moda: Sociedad y cambio cultural en Costa Rica (1750-1900) (San José: Editorial Porvenir; Plumsock Mesoamerican Studies, 1992), págs. 207-11.

7018 Rodríguez, Dividing the Isthmus, pág. 27.

7119 Soto Hall, El problema, pág. 131.

7220 Leyendo el libro de Gobat, Confronting the American Dream, me llamó la atención que señalara cómo, en 1893, el presidente nicaragüense Zelaya proclamó la nueva constitución liberal justo el mismo día de la Independencia de los Estados Unidos y esa coincidencia, según Gobat, no es fortuita. Tal vez Soto Hall hiciera alusión a este detalle, tal vez es simplemente una muestra más de cómo la historia puede superar a la ficción.

7321 Soto Hall, El problema, pág. 78.

7422 Soto Hall, El problema.

7523 Soto Hall, El problema, pág. 134.

7624 Soto Hall, El problema, pág. 70.

7725 Soto Hall, El problema, pág. 59.

7826 Soto Hall, El problema, pág. 66.

7927 Soto Hall, El problema, págs. 110-111.

8028 Consultar Amy Kaplan, The Anarchy of Empire (Cambridge: Harvard University Press, 2002), pág. 1. Los guatusos fueron mencionados por Squier en 1857 en su libro The States of Central America. Véase, Ileana Rodríguez, Transatlantic Topographies: Islands, Highlands, Jungles (Minneapolis: University of Minnesota Press, 2004), págs. 146 y 149. Además de esa mención, su suerte estaba en boca de la sociedad josefina. El obispo Thiel intentó evangelizarlos a fines del siglo XIX, por lo que visitó su territorio entre 1882 y 1896. Su última visita alcanzó aún mayor difusión, pues el presbítero Carmona publicó la crónica en 1897, bajo el título: De San José a Guanacaste e Indios Guatusos (San José: Tipografía de San José, 1897).

8129 Rodríguez, Dividing the Isthmus, págs. 19-43.

8230 Soto Hall, El problema, págs.124-125.

8331 Soto Hall, El problema, pág. 71.

8432 Además, llama la atención que la servidumbre de la casa de habitación sea toda extranjera. Señala Elisa, la madre de Julio, que desde que tienen criados extranjeros nunca le falta el té a Teodoro. Soto Hall, El problema, pág. 80.

8533 Iván Molina Jiménez y Steven Palmer, Historia de Costa Rica: Breve, actualizada y con ilustraciones, 2. Ed. (San José, Costa Rica: Editorial UCR, 2007), pág. 63.

8634 Molina Jiménez y Palmer, Historia de Costa Rica, pág. 62.

8735 Soto Hall, El problema, págs. 155-156.

8836 Steven Palmer, “Racismo intelectual en Costa Rica y Guatemala, 1870-1920”, en Mesoamérica 17: 31 (1996), pág. 108. Sostiene Palmer que, a diferencia de la visión de una Costa Rica homogénea, en Guatemala, la “solución” liberal fue promover una visión mestiza de la Guatemala futura para promover la integración de la masa indígena. Sin embargo, indica Palmer que en novelas como La hija del adelantado (1866) de Milla, A vista de pájaros (1879) de Francisco Lainfiesta, Conflictos (1898) de Ramón Salazar y Don Juan Núñez García (1898) de Agustín Mencos Franco, muere el protagonista mestizo –en quien se cifra la esperanza de una Guatemala homogeneizada y progresista- y consecuencia también se impide la reproducción social. Esto, a mi entender, demuestra que esa visión mestiza provocaba una gran ansiedad, pues se trata de novelas que diseminan el proyecto nacional.

8937 Stephan Leopold, “Entre nation-building y Trauerarbeit. Asimilación, melancolía y tiempo mesiánico en María de Jorge Isaacs”, en Robert Folger y Stephan Leopold, editores, Escribiendo la independencia: Perspectiva postcoloniales sobre la literatura hispanoamericana del siglo XIX (Madrid, Frankfurt am Main: Iberoamericana; Vervuert, 2010), pág. 212.

9038 Don Teodoro llamó a Julio, su hijo, para que volviera a Costa Rica por razones desconocidas para los lectores. Sólo sabemos que sería sólo una interrupción en su carrera de medicina y su vida en París, en donde lo espera su prometida Margarita. Soto Hall, El problema, pág. 98.

9139 Con respecto al debatido carácter antiimperialista de esta novela finisecular, consultar el artículo de Iván Molina Jiménez “La polémica de El problema (1899), de Máximo Soto Hall”, en el cual el historiador explica cómo la descontextualización de la obra llevó a esa interpretación y a su reforzamiento en la década de los ochenta.

9240 Homi K. Bhabha, The Location of Culture (New York: Routledge, 1994).

9341 Asimismo, novelas guatemaltecas anteriores a El problema también terminan trágicamente. En La hija del adelantado (1866) de Milla, A vista de pájaros (1879) de Francisco Lainfiesta, Conflictos (1898) de Ramón Salazar y Don Juan Núñez García (1898) de Agustín Mencos Franco, muere el protagonista mestizo –en quien se cifra la esperanza de una Guatemala homogeneizada y progresista- y consecuencia también se impide la reproducción social; Palmer, “Racismo intelectual”, pág. 108.

9442 Stephan Leopold, “Entre nation-building y Trauerarbeit”, pág. 222.

9543 Rodríguez, Dividing the Isthmus, pág. 40.

9644 Gobat, Confronting the American dream, págs. 21-41. Independientemente del desconocimiento de la geografía del istmo y la descontextualización que atraviesa a la novela que señala Molina, el que David Vela y Seymour Menton coincidan erróneamente en situar la trama en Nicaragua es significativo (Molina, “La polémica de El problema”, pág. 171). La explicación reside en la importancia del canal interoceánico para ese país y los ecos de la historia nicaragüense en la novela. Factores que posiblemente llevan a Teresa García, a señalar que el “sujeto” de El problema, no puede ser otro sino Nicaragua; Teresa García Giráldez, “La dicotomía imperialismo-antiimperialismo en las redes intelectuales unionistas centroamericanas (1890-1930)”, en Marta Casaús Arzú, editora, El lenguaje de los ismos: Algunos conceptos de la modernidad en América Latina (Guatemala: F&G Editores, 2010), págs. 271-273.

9745 Soto Hall, El problema, pág. 172.

9846 María E. Acuña Montoya, “Carlos Gagini su vida y su obra en el contexto hispanoamericano” (Tesis de Maestría en Literatura, Universidad de Costa Rica, San José, 1984).

9947 Astrid Fischel Volio, “La educación costarricense entre el liberalismo y el intervencionismo”, en Jorge M. Salazar Mora, editor, Historia de la educación costarricense (San José, Costa Rica: Editorial Universidad Estatal a Distancia; Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2003), págs. 75-77.

10048 Los caballeros de la libertad, el grupo liderado por Mora, está conformado por un un alemán, un hondureño, un salvadoreño y un japonés.

10149 A pesar de que ya se había inaugurado el Canal de Panamá, el fantasma del canal interoceánico seguía rondando en el imaginario colectivo. En la novela de Máximo Soto Hall, La sombra de la casa blanca de 1927, el protagonista intenta impedir que Nicaragua otorgue dicha obra en concesión a los Estados Unidos, lo cual demuestra lo amenazante de su construcción. Sobre las novelas y textos en general sobre la temática del canal y el río San Juan, consultar los artículos pioneros de Sophie Esch. Véase Sophie S. Esch, “Fantasmas del canal, frontera y el poeta en la orilla del río: La constitución del espacio río San Juan en los textos literarios Rápido tránsito, Trágame tierra, Waslala y Al otro lado del San Juan ”, en Istmo: Revista Virtual de Estudios Literarios y Culturales Centroamericanos 17 (2008); y Sophie S. Esch, “Travelers and Littérateurs at the Banks of the San Juan River: Intertextual Fluxion and the Desire for Universality (in Texts by Ephraim G. Squier, Mark Twain, José Coronel Urtecho y Gioconda Belli)”, en Ciberletras 21 (2009), http://www.lehman.cuny.edu/ciberletras/v21/esch.htm .

10250 Carlos Gagini, La caída del águila, 10. ed. (San José: Editorial Costa Rica, 1981), pág. 124.

10351 Steven Palmer, “Sociedad anónima, cultura oficial: inventando la nación en Costa Rica (1848-1900)”, en Iván Molina Jiménez y Steven Palmer, editores, Héroes al gusto y libros de moda: sociedad y cambio cultural en Costa Rica (1750-1900) (San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2004), págs. 261-312.

10452 Homi Bhabha, “Of Mimicry and Man: The Ambivalence of Colonial Discourse”, en October 28 (1984), pág. 126.

10553 Gagini, La caída del águila, pág. 37.

10654 Gagini, La caída del águila, pág. 136; Bhabha, “Of Mimicry and Man”, pág. 129.

10755 Bhabha,“Of Mimicry and Man”, pág. 129.

10856 Sara Castro-Klarén, “Mimicry revisited: Latin America, post-colonial theory and the location of knowledge”, en Alfonso de Toro y Fernando de Toro, editores, El debate de la postcolonialidad en Latinoamérica (Madrid, Frankfurt am Main: Iberoamericana; Vervuert, 1999), pág. 159.

10957 N. Miller, Reinventing Modernity in Latin America: Intellectuals Imagine the Future, 1900-1930 (New York: Palgrave Macmillan, 2007), pág. 47.

11058 Gagini, La caída del águila, pág. 91.

11159 El contraste se da entre Roberto Mora y el conde alemán Stein, el japonés Amaru, el representante salvadoreño, así como el hondureño. Los cuatro explicitan cómo ha afectado a sus países la intervención política de los Estados Unidos. Gagini, La caída del águila, pág. 50.

11260 Hugo Murillo Jiménez, Tinoco y los Estados Unidos: génesis y caída de un régimen (San José: Editorial de la Universidad Estatal a Distancia, 1981).

11361 Astrid Fischel Volio, “La educación costarricense”, págs. 73-115, 94-96. Murillo Jiménez, Tinoco y los Estados Unidos. Máximo Soto Hall, por su parte, se distancia posteriormente de la dictadura de Estrada Cabrera y, como señala Iván Molina, su novela La sombra de la Casa Blanca se puede interpretar como un intento de reinventarse como escritor antiimperialista. Consultar Molina Jiménez, “La polémica de El problema ”.

11462 Gagini, La caída del águila, pág. 20.

11563 Gagini, La caída del águila, pág. 22.

11664 Gagini, La caída del águila, pág. 22.

11765 Gagini, La caída del águila, pág. 46.

11866 Sergio Quirós Bolaños, “Carlos Gagini: La caída del águila y su concepto de la paz mundial”, en Revista de Filología y Lingüística de la Universidad de Costa Rica 16: 1 (1990), págs. 15-24.

11967 Gagini, La caída del águila, pág. 15.

12068 Gagini, La caída del águila, pág. 62.

12169 Beatriz González Stephan, “Martí y la experiencia de la alta modernidad: saberes tecnológicos y apropiaciones (post)coloniales”, en Folger y Leopold, Escribiendo la independencia, pág. 345.

12270 Gagini, La caída del águila, pág. 96.

12371 Molina Jiménez, “Deliciosos y revolucionarios”, págs. 207-211.

12472 Miller, Reinventing Modernity.

12573 Gagini, La caída del águila, pág. 81.

12674 Álvaro Quesada Soto, Uno y los otros (San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1998), págs. 43-44.

12775 Juan Poblete, Literatura chilena del siglo XIX: entre públicos lectores y figuras autoriales (Santiago: Editorial Cuarto Propio, 2003), pág. 70.

12876 Gagini, La caída del águila, pág. 50.

12977 Gagini, La caída del águila, pág. 45. Particularmente en el caso de Gagini, esto supone una aparente contradicción, puesto que sus aportes como estudioso de lenguas indígenas en Costa Rica representan el nacimiento de la lingüística como disciplina. La paradoja se explica al tomar en cuenta que disciplinas como la arqueología, la antropología, la lingüística y la filología, nacieron como parte de los procesos de construcción nacional en América Latina. Los intelectuales idealizaban el pasado indígena como fuente de orgullo patrio y reducían a su mínima expresión a las culturas indígenas contemporáneas, Gustavo Verdesio, “An Amnesic Nation: The Erasure of Indigenous Pasts by Uruguayan Expert Knowledges”, en Sara Castro-Klarén y John C. Chasteen, editores, Beyond Imagined Communities: Reading and Writing the Nation in Nineteenth-Century Latin America (Washington, D.C, Baltimore: Woodrow Wilson Center Press; Johns Hopkins University Press, 2003), pág. 213. El caso de Gagini no es distinto, pues entendía como “filología” el estudio de la lengua viva y le daba gran importancia a la corrección; mientras que la “lingüística” practicada por él se preocupaba únicamente de la descripción de las lenguas, es decir, sólo con valor de rescate arqueológico, Miguel Á. Quesada Pacheco, “La trayectoria lingüística de Carlos Gagini”, en Revista de Filología y Lingüística de la Universidad de Costa Rica 15: 1 (1989), pág. 140.

13078 Gagini, La caída del águila, pág. 53.

13179 Gagini, La caída del águila, pág. 49.

13280 Gagini, La caída del águila, pág. 30. Es importante tomar en cuenta el panorama político, dada la intervención estadounidense en Nicaragua de 1909 a 1933, y la dictadura de Estrada Cabrera en Guatemala, quien había protegido los intereses de la United Fruit Company.

13381 Gagini, La caída del águila, pág. 149-150.

13482 Víctor H. Acuña Ortega, “Historia del vocabulario político en Costa Rica. Estado, república, nación y democracia (1821-1949)”, en Arturo Taracena Arriola y Jean Piel , editores, Identidades nacionales y estado moderno en Centroamérica (San José, Costa Rica: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1995), pág. 68.

13583 La narrativa costarricense tendía a decantarse por asuntos domésticos. Consultar Flora Ovares et al., La casa paterna. Escritura y nación en Costa Rica (San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1993), pág. 7. Por eso, es importante reconocer la inclusión de la problemática internacional en la novela. Si bien se utiliza como escudo para no afrontar la situación centroamericana y costarricense, es totalmente atípica en la producción de la generación del Olimpo e incluso para la generación del Repertorio Americano.

13684 Beatriz González Stephan, Fundaciones: canon, historia y cultura nacional: La historiografía del liberalismo hispanoamericano del siglo XIX (Madrid: Iberoamericana, 2001), pág. 193.

13785 Graciela Montaldo, La sensibilidad amenazada (Caracas: Planeta, 1995), pág. 68-74.

13886 Verónica Ríos Quesada, “El impacto de la novela El problema de Máximo Soto Hall en 1899. Primera aproximación”, en Káñina: Revista de Artes y Letras de la Universidad de Costa Rica XXVI 2 (2002), pág. 1.

13987 Molina Jiménez, “La polémica de El problema ”, págs. 169-170.

14088 Alberto Segura M, editor, La polémica (1894-1902): el nacionalismo en literatura (San José: Editorial Universidad Estatal a Distancia, 1995).

14189 Molina Jiménez, “La polémica de El problema ”, págs. 169-170.

14290 Molina Jiménez, “La polémica de _El problema_”, pág. 172.

14391 Margarita Rojas y Flora Ovares, 100 años de literatura costarricense (La Uruca, Costa Rica: Farben Grupo Editorial Norma, 1995), pág. 34.

14492 Brady Harrison, Agent of Empire: William Walker and the Imperial Self in American Literature (Athens: University of Georgia Press, 2004), págs. 72-74.

14593 Rodríguez, Dividing the Isthmus, págs. 40.

14694 Álvaro Quesada Soto, La voz desgarrada: La crisis del discurso oligárquico y la narrativa costarricense, 1917-1919 (San José, Costa Rica: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1988), págs. 32-33.

14795 Sin éxito, revisé los siguientes periódicos: El Diario del Comercio, El hombre libre, La verdad y el Diario de Costa Rica, además de las revistas Athenea, Revista de Costa Rica y el Boletín de la Biblioteca Nacional. La única referencia sobre la novela corresponde a la edición del 4 de enero de 1921 del Diario de Costa Rica. En la sección bibliográfica, anuncian la publicación del libro sin mayores comentarios; Diario de Costa Rica (4 de enero de 1921), pág. 4.

14896 Patricia Vega Jiménez , “La prensa costarricense en tiempos de cambio (1900-1930)”, en Revista de Ciencias Sociales 108 (2005), págs. 135-138.

14997 Flora Ovares, Literatura de kiosko: revistas literarias de Costa Rica (1890-1930) (Heredia: Editorial de la Universidad Nacional, 1994).

15098 Carlos Jinesta, Carlos Gagini. Vida y obras (San José, Costa Rica: Librería e Imprenta Lehmann, 1936), pág. 25.

15199 En los periódicos revisados, se publican numerosos artículos sobre el sistema educativo y el estado de los programas. Sería interesante verificar si en ellos se menciona la dictadura de los Tinoco o si la polémica se distancia de ésta. Si se deja por fuera, esto corroboraría que en ese proceso de reconciliación nacional tácitamente se acuerda no mencionar la dictadura como estrategia.

152100 Kaplan, The Anarchy of Empire, págs. 1-12.

153101 Se usa el nombre Repertorio Americano, en honor de la revista que Joaquín García Monge fundó en 1919. Omar Dengo, Roberto Brenes Mesén y Carmen Lyra también se consideran parte de ese grupo de escritores cuyos textos empiezan a difundirse en las dos primeras décadas del siglo XX.

154102 Álvaro Quesada Soto, Breve historia de la literatura costarricense (San José: Editorial Costa Rica, 2008), pág. 57.

155103 Constantino Láscaris, Desarrollo de las ideas en Costa Rica, 2. ed. (San José: Editorial Costa Rica, 1975), pág. 391.

156104 Teresa García Giráldez, “La dicotomía imperialismo-antiimperialismo en las redes intelectuales unionistas centroamericanas (1890-1930)”, en Casaús Arzú, editora, El lenguaje de los ismos, pág. 284.

157105 Figuras antiimperialistas, influenciadas claramente por el marxismo, como Mariátegui y Haya de la Torre se consolidan poco tiempo después. Desde la perspectiva centroamericana, Sandino emerge como figura revolucionaria antiimperialista 6 años después de la publicación de La caída del águila, es decir, en 1926.

158106 Marta Elena Casaús Arzú y Teresa García Giráldez, Las redes intelectuales centroamericanas: Un siglo de imaginarios nacionales (1820 – 1920) (Guatemala: F&G Editores, 2005), págs. 71-121.

159107 González Stephan, Fundaciones: canon, historia y cultura nacional, pág. 159.

160108 Héctor Pérez Brignoli , “El fonógrafo en los trópicos: sobre el concepto de banana republic en la obra de O.Henry” en Revista Iberoamericana VI 23 (2006), págs. 127-141.

161109 Valeria Grinberg Pla y Werner Mackenbach , “Representación política y estética en crisis: el proyecto de la nación mestiza en la narrativa bananera y canalera centroamericana”, en Grinberg Pla, Valeria y Roque Baldovinos, Ricardo, editores, Tensiones de la modernidad: del modernismo al realismo. Hacia una historia de las literaturas centroamericanas 2 (Guatemala: F&G Editores, 2009), págs. 375–412.

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Para citar este artículo :

Verónica Ríos Quesada, « De pasados señoriales idílicos y sueños modernizantes, las propuestas futuristas de Máximo Soto Hall y Carlos Gagini. », Boletín AFEHC N°53, publicado el 04 abril 2012, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=3089

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