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AFEHC : articulos : La frontera colonial del Istmo de América Central (1575-1800): indios, frailes, soldados y extranjeros en los límites de la colonización hispánica. : La frontera colonial del Istmo de América Central (1575-1800): indios, frailes, soldados y extranjeros en los límites de la colonización hispánica.

Ficha n° 3102

Creada: 29 agosto 2012
Editada: 29 agosto 2012
Modificada: 09 octubre 2012

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Autor de la ficha:

Juan Carlos SOLÓRZANO

Editor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

Publicado en:

ISSN 1954-3891

La frontera colonial del Istmo de América Central (1575-1800): indios, frailes, soldados y extranjeros en los límites de la colonización hispánica.

Este artículo analiza los intentos de los españoles durante los siglos XVII y XVIII por dominar los territorios que escaparon al control de los conquistadores al término del siglo XVI. Se examinan las regiones de: a) Petén y la Selva Lacandona, b) La Taguzgalpa y la Mosquitia, c) las Llanuras del Norte de Costa Rica, d) La región de Talamanca en el sur de Costa Rica, e) Regiones de Bocas del Toro en el Caribe y Chiriquí en el Pacífico de Panamá, f) La región del Darién fronterizo entre Panamá y Colombia actual. La mayor parte de esos territorios constituían tierras de bosque húmedo tropical, cuyos habitantes estaban organizados en cacicazgos y tribus, conformados por un amplio abanico étnico y lingüístico. Estos grupos opusieron una tenaz resistencia a los intentos de evangelización y dominio de los frailes y soldados españoles y algunos establecieron alianzas con los europeos enemigos de los españoles, particularmente los ingleses. Estos últimos lanzaron expediciones militares hacia el Istmo, con la intención de establecerse en diversos puntos del Istmo de América Central.
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Palabras claves :
Historia, Geopolítica, Piratería, Misiones, Rebeliones indígenas
Autor(es):
Juan Carlos Solórzano
Texto íntegral:

1

Introducción

2 El Istmo de América Central constituye una estructura geológica que se extiende por más de 2.000 kilómetros a lo largo de un eje noroccidental-suroriental, desde Tehuantepec en el sur de México hasta el Valle del Atrato en el noroccidente de Colombia. Por lo general, los historiadores han preferido utilizar el término Centroamérica y excluyen Panamá, en tanto ésta última constituía una jurisdicción territorial aparte de la Audiencia de Guatemala, que incluía los cinco países que más tarde formaron la República Federal de Centroamérica más el actual Estado de Chiapas, hoy parte de México. En cuanto al territorio que hoy constituye la República de Belice, éste se mantuvo al margen de la soberanía española y fue ocupado por los ingleses desde el siglo XVII. En este artículo se analiza el Istmo de América Central, o simplemente América Central, la denominación más comúnmente utilizado por los geógrafos para referirse a este istmo y el que incluye a Panamá.

3América Central, aunque dividida políticamente en el período colonial, comparte una historia común, debido a su característica ístmica y su cercanía a las islas del Caribe que tempranamente cayeron en manos de potencias rivales a España. En tanto éstas se convirtieron en base de operaciones de extranjeros enemigos, tuvieron un gran impacto en la historia de las áreas de frontera orientales de este territorio. Esto obedeció principalmente a que el istmo de América Central, en su fachada atlántica, quedó prácticamente sin colonizar al término de la conquista española y alejada de los centros de poder colonial, ubicados en la región del Pacífico y en los altiplanos centrales.

4Fue la incompleta conquista de los indígenas durante el siglo XVI lo que condujo a la formación de fronteras internas en el Istmo, donde las fragmentadas regiones colonizadas por los españoles colindaban con extensas zonas sobre las que éstos ejercían poco control. Unos dos tercios del total del territorio de la América Central se encontraban en esta situación. Pocas de estas regiones estaban despobladas, con excepción de las partes más altas de las montañas o las zonas costeras pantanosas. Todas contenían al menos grupos de población dispersos, aunque habían sufrido considerables pérdidas demográficas debido a la difusión de las epidemias provenientes del Viejo Mundo. Algunos de los indígenas no conquistados vivían en completo aislamiento de los españoles por lo que no constituían una amenaza para los colonos de origen hispánico. Otros, ubicados más cerca de las áreas habitadas por los españoles atacaban las poblaciones o las fincas rurales, a veces en alianza con europeos enemigos de España.
Por lo general, las poblaciones autóctonas de estas regiones constituían agrupaciones que no formaban centros de población tan compactas como las que vivían en la fachada del Pacífico y en los altiplanos. A diferencia de éstos, cuya subsistencia se obtenía esencialmente de la agricultura, dependían mayormente de la cacería, pesca y recolección, con énfasis en una o más de estas actividades según la región, aunque no desconocían las prácticas agrícolas. Si bien los habitantes de la vertiente caribeña parecen haber tenido asentamientos permanentes, disponían de asentamientos temporales, que empleaban cuando practicaban la caza y la recolección en determinadas épocas del año.

5Contrariamente a la estabilidad predominante en los núcleos controlados por los colonizadores, con sus poblaciones indígenas concentradas en pueblos de indios, la situación en los territorios caribeños, fue muy variable: sus pobladores se desplazaban constantemente, situación que se agravó cuando los españoles comenzaron a ingresar en esos territorios, lo que produjo no sólo conflictos entre los invasores y los autóctonos, sino también entre las propias poblaciones locales y de éstas con extranjeros no españoles.

6Los historiadores que estudian Centroamérica en los siglos XVII y XVIII, se han concentrado en análisis de carácter socioeconómico donde los cambios son perceptibles especialmente en la larga duración. Se ha hecho énfasis en el llamado “tiempo largo o mediano” de las estructuras sociales y económicas, en el que los acontecimientos aparecen como episodios no trascendentes, en el sentido de que no pusieron en riesgo la estabilidad de la dominación hispánica, ni repercutieron en la estructura socioeconómica. Se distingue en esos dos siglos una “era de la encomienda” para el siglo XVII, en tanto que un “siglo de campesinos y haciendas” para el siglo XVIII.

7Al desviar la atención hacia las regiones de frontera ubicadas en el Caribe, penetramos en un mundo de inestabilidad, muy diferente al que caracterizó a los núcleos colonización hispánica. Observamos que la situación prevaleciente se asemeja al período de la conquista: los acontecimientos, la historia de “corta duración” es lo predominante, lo que tiene repercusión. Aunque no se debe descartar que la inestabilidad y los acontecimientos que allí ocurrieron, derivaron de aspectos “de larga duración”.

8Durante el siglo XVII, al menos hasta la primera mitad de esa centuria, la preocupación fundamental de las autoridades coloniales consistió en extender su control sobre las áreas de frontera. Los españoles conquistaron solamente alrededor de un tercio de la extensión de América Central, por lo que cerca de 2/3 partes del Istmo, se mantuvieron como territorios solo nominalmente sujetos a la soberanía hispánica. En ellos, los españoles no pudieron implantarse de manera definitiva, ni lograron sojuzgar efectivamente a su población nativa.

9Entonces, desde finales del siglo XVI y hasta mediados del siglo XVII, numerosas campañas misionales y militares fueron enviadas hacia las zonas de frontera, con el objetivo de imponer a los indígenas la fe católica y someter sus habitantes a la soberanía hispánica mediante su concentración en nuevos pueblos de indios, semejantes a los establecidos en las zonas ya colonizadas.

10A partir de mediados del siglo XVII, los territorios de frontera fueron concebidos dentro de una nueva perspectiva. Ya no sólo era necesario ganarlos para la soberanía española, por la existencia allí de indígenas infieles, sino también porque esos territorios sufrían ahora una nueva amenaza que provenía del exterior: los piratas primero y posteriormente las incursiones armadas de ingleses y zambos mosquitos.

11A lo largo de toda la segunda mitad de esa centuria, surgió el peligro de los bucaneros. Estos aventureros se aprovecharon de las islas que los españoles perdieron en el Caribe (Isla Tortuga frente a la Española, 1630; Curazao 1634; Jamaica 1655), para lanzar ataques a las poblaciones españolas e intentar establecer asentamientos en distintos puntos de las costas del Caribe del Istmo de América Central.

12Durante el siglo XVIII, aunque no cesaron los intentos de los frailes por extender sus campañas de evangelización en las zonas de frontera, las autoridades coloniales enfrentaron un peligro de mayores dimensiones: el expansionismo de Inglaterra que procuraba apoderarse de territorios en el Istmo. Su objetivo eran establecer un enclave y ubicar allí súbditos británicos, a la vez que explotar los recursos tropicales, cuya demanda era alta en la metrópoli. El desarrollo de la industria textil inglesa había favorecido la explotación del palo de tinte en Belice y Campeche, e igualmente las maderas preciosas de las selvas tropicales se vendían a excelente precio en Inglaterra. También recursos como las tortugas, cuya captura se convirtió en buen negocio. Por otro lado, la venta de las mercancías que comenzaban a salir de las fábricas inglesas, podían negociarse a cambio de esos productos así como de los preciados oro y plata americanos.

En resumen, los británicos deseaban penetrar el mercado americano y creían que controlar un territorio o varios en el Istmo, les permitiría la consecución de este objetivo.

13España tuvo que reaccionar ante esta amenaza. De allí que iniciara una reestructuración de su ejército colonial y de las milicias, a la vez que relanzó campañas militares orientadas a sojuzgar a los indígenas que habitaban los territorios de frontera, dado que temía que éstos llegasen a aliarse con los extranjeros, como efectivamente llegó a ocurrir con los zambos-mosquitos de la costa del Caribe de Nicaragua y los tule (cuna) del Darién.

14El siglo XVIII también trajo a España una nueva dinastía, la de los Borbones; ésta intentó modificar las instituciones coloniales e igualmente impulsar la exportación de nuevos productos hacia Europa. En Centroamérica el añil fue el principal producto por el que la región se vinculó con Europa durante ese siglo. Es por eso que las autoridades en la ciudad de Santiago de Guatemala, trataron de proteger los principales puertos en el Caribe.

15En síntesis, en el siglo XVII, los misioneros iban a la frontera con el fin de expandir el Cristianismo y quienes dirigían las campañas militares creían emular a los conquistadores del siglo XVI, en su busca de riquezas y gloria. También pretendían controlar las regiones habitadas por indígenas, cuya mano de obra comenzaba a escasear en los núcleos de colonización hispánica.

16En cambio, en el siglo XVIII, la política de la Corona Española se centró en detener el creciente poderío de Inglaterra, buscando enfrentar militarmente a este enemigo en las costas de América Central. Los militares adquirieron entonces en esa centuria mayor preponderancia que las órdenes religiosas, con el fin de controlar efectivamente los amenazados territorios de frontera y sus habitantes.

17En este trabajo presentamos la historia de las regiones del Istmo de América Central que se mantuvieron al margen de la dominación española. Se analizan los intentos de los frailes en sus campañas misioneras orientadas a convertir a los indígenas de esas regiones a la fe católica y de concentrarlos en nuevos pueblos de reducción, así como las expediciones militares enviadas hacia esos territorios.

Los frailes misioneros: de la conquista a la “pacificación”

18 En el último tercio del siglo XVI, con las exploraciones realizadas por Perafán de Ribera en el sur de Costa Rica, se considera que terminó el período de la conquista española de Centroamérica, que se había iniciado con la expedición de Rodrigo Bastidas en 1501. Terminaban así siete décadas de conquista militar que trajeron la total transformación de las sociedades de América Central. Como señalaron Carolyn Hall y Héctor Pérez, ningún otro período de la historia del Istmo, antes o después, trajo tan profundas e irreversibles transformaciones para los habitantes de estas tierras como las que ocurrieron durante esos setenta años1.

19 La historiografía tradicional considera que el final del período de la conquista de América Central coincide con la promulgación de las Ordenanzas de Descubrimiento, Nueva Población y Pacificación, emitidas en 1573 por Felipe II, que establecieron las reglas para la administración del Imperio Hispánico. Sin embargo, la empresa de la conquista, tanto del territorio como de sus habitantes, estaba lejos de haberse completado.

20 Según las Ordenanzas de 1573, no debería emplearse más el término conquista en las expediciones que a partir de esos años se llevaron a cabo con la intención de dominar las poblaciones indígenas que habían quedado al margen de la conquista. Esto es, fuera de los principales núcleos de concentración de población ubicados en el litoral del Pacífico y los altiplanos de América Central.

21En adelante, la expansión del control imperial sobre territorios y poblaciones se denominó “pacificación” y se previó que sería esencialmente una empresa misional, que teóricamente se llevaría a cabo por métodos considerados pacíficos. No obstante, los misioneros que ingresaron en los territorios no sujetos a la soberanía española lo hicieron generalmente en compañía de soldados y, posteriormente, las autoridades coloniales autorizaron la reanudación de las expediciones militares hacia determinadas regiones periféricas. Las Ordenanzas de 1573 marcaron entonces el comienzo de dos siglos de intermitente actividad misionera en las fronteras de los territorios colonizados2.

22 En América Central, los resultados de la expansión misional y militar más allá de los territorios conquistados durante el siglo XVI fueron escasos. La mayor parte del Istmo no fue ocupado permanentemente por los españoles. Los territorios no ocupados fueron:

23-a) El área del Petén y la Selva Lacandona, una extensa región selvática que ocupaba lo que hoy es la mitad norte de la República de Guatemala y Belice, colindante con los estados mexicanos de Campeche, Quintana Roo, Tabasco y Chiapas.
-b) La Taguzgalpa y la Mosquitia en el litoral atlántico de Honduras y Nicaragua.
-c) las Llanuras del Norte de Costa Rica.
-d) La región de Talamanca en el sur de Costa Rica, con su extensión hacia la región del Pacífico sur.
-e) Regiones de Bocas del Toro en el Caribe y Chiriquí en el Pacífico, en Panamá.
-f) La región del Darién fronterizo entre Panamá y Colombia actual. Todos esos territorios comprendían aproximadamente dos tercios de la América Central. En ellos continuaron sus vidas los indígenas que relativamente lograron conservar su identidad cultural, manteniéndose al margen de la dominación hispánica. Entonces, aunque nominalmente las regiones que mencionamos quedaron incorporadas al Imperio Español, en la práctica constituían tierras en las que prevalecía la soberanía de los pobladores autóctonos. Sin embargo, estos indígenas estuvieron sometidos a todo tipo de presiones externas, comenzando por el impacto de las epidemias que se propagaron desde las áreas nucleares con la llegada de los europeos.

24 Los grupos indígenas que ocupaban esos territorios sufrieron un descenso de su población en un grado aún desconocido, si consideramos que en las regiones más densamente pobladas se produjo una drástica caída de la población. Además, a lo largo de todo el período colonial estuvieron expuestos a las recurrentes entradas, desde los centros de población españoles, de expediciones militares, frailes misioneros, así como desde el exterior, piratas y otros enemigos de la Corona Española. Estas incursiones impactaron doblemente, trastocando la vida de los indígenas, pero igualmente introduciendo enfermedades para las que las poblaciones autóctonas carecían de inmunidad biológica.

25 El deseo de someter a su control estas áreas fue una constante preocupación de las autoridades españolas. De acuerdo con las disposiciones emitidas por las Ordenanzas de 1573, hacia esas regiones deberían partir los frailes misioneros con el objetivo de evangelizar y establecer pueblos de reducción, en los que se intentaría agrupar a los indígenas que vivían dispersos en esos territorios.

26 De este modo, desde fines del siglo XVI las órdenes religiosas tuvieron a cargo el envío de misioneros hacia las regiones que no habían sido conquistadas durante esa centuria. En su conjunto, como señalamos, estas áreas no sometidas, se extendían en un amplio arco que iba desde la Selva Lacandona y el Petén en el norte, hasta el Darién en el sur. La mayor parte de esos territorios no sujetos al poder hispánico, constituían tierras de bosque húmedo tropical, cuyos habitantes estaban organizados en cacicazgos y tribus, conformados por un amplio abanico étnico y lingüístico.

27Cabe recordar que la conquista y colonización de América coincidió con los grandes conflictos religiosos provocados por la Reforma Protestante, así como por la Contrareforma lanzada por la Iglesia Católica en Europa. Este conflicto explicaría en parte el celo con que se convocó a la misión evangelizadora.

28 España constituía un bastión del Catolicismo, por lo que frailes y sacerdotes acompañaron a los conquistadores en el Nuevo Mundo y desempeñaron un papel fundamental en la subyugación y conversión de los indígenas.

29Desde principios del siglo XVI, el Papa Julio II había concedido a la Corona Española el privilegio de ser el único patrón en sus colonias en América. Ésta, para llevar a cabo la tarea de evangelización, usualmente favoreció a las órdenes religiosas por encima del clero secular. Los frailes tenían ya una larga historia misionera en el Viejo Mundo, difundiendo el evangelio entre los musulmanes. Por otro lado, el clero secular obraba principalmente entre los convertidos y carecían de la piedad ascética de los frailes3.

30Franciscanos, dominicos y mercedarios participaron en la conquista del Istmo, fundando conventos en las poblaciones españolas y actuando como sacerdotes de las parroquias en los pueblos de indios. Los jesuitas posteriormente se unieron a esta tarea misional.

31Los frailes desempeñaron funciones que iban mucho más allá de la conversión de los nativos: ellos eran los únicos representantes de la autoridad colonial en los pueblos de indios, tratando de dar a los indígenas una nueva visión del mundo y de su posición en éste, como subordinados a los nuevos llegados colonos españoles. Con el fin de cumplir con sus múltiples obligaciones, se suponía que los frailes debían aprender las lenguas locales, sus costumbres y creencias para lograr una exitosa conversión de los nativos. Algunos de éstos, como fray Bernardino de Sahagún, fueron verdaderos estudiosos de las culturas autóctonas y escribieron valiosas descripciones de gran importancia etnográfica. Sin embargo, no todos mostraron esa actitud; por el contrario, proyectaron sus prejuicios sobre los indígenas y mostraron una actitud intolerante hacia sus creencias y costumbres, las que trataron de eliminar por medio de métodos drásticos.

32Más de una docena de áreas misionales separadas funcionaron en el Istmo. No obstante, extensos territorios, particularmente en La Mosquitia carecieron de este contacto con los españoles, e igual puede decirse de las Llanuras del Norte de Costa Rica.

33La mayor parte de los misioneros tenían sus bases de operaciones localizadas en las principales poblaciones de Centroamérica y de Panamá, desde donde organizaban las campañas hacia las áreas de frontera habitadas por indígenas insumisos al poder español, a los que llamaban gentiles o infieles, cuando oponían resistencia a la evangelización. Algunos misioneros vinieron directamente de España o Sudamérica, como fue el caso de los jesuitas que ingresaron a la zonas de Chiriquí y Darién en Panamá.

34Durante los siglos XVII y XVIII, los misioneros pertenecientes a diversas órdenes religiosas realizaron repetidas incursiones en las tierras de los indígenas no conquistados. En algunos casos, como por ejemplo en Honduras, se produjo la competencia entre órdenes religiosas rivales. Inicialmente, los misioneros se aventuraban solos, marchando a pie hacia las tierras selváticas. Pero, conforme aumentaba el número de los que murieron a manos de los indígenas, llamados “mártires”, comenzaron a solicitar escolta de soldados como protección a los ataques de los indígenas.

35El objetivo de los misioneros era emular el patrón de congregación de indígenas en pueblos de indios, que había facilitado la subyugación y la conversión de los indígenas en las regiones conquistadas. Así, numerosos pueblos de reducción fueron fundados en los territorios en donde ingresaron los misioneros, pero pocos sobrevivieron como fundaciones de carácter permanente. En general, los neófitos huían de nuevo a sus territorios boscosos, trasladándose algunos hacia zonas más inaccesibles, donde levantaban empalizadas defensivas, luego de incendiar los pueblos de misión y matar en ocasiones a los frailes. Como respuesta, muchas veces los frailes trataron de obligar a los indígenas a trasladarse hacia lugares ubicados en áreas bajo control español.

36Durante dos siglos, generaciones de frailes intentaron, de manera persistente, extender la cultura hispánica y el cristianismo más allá de los asentamientos y sus hinterland sujetos al dominio hispánico. Pero los resultados fueron escasos y sólo los territorios cercanos a esta “ecúmene española”, fueron finalmente colonizadas como resultado de la acción misional. En esa perspectiva, la conquista misionera fracasó, al ser incapaces los frailes de asentar las poblaciones indígenas de esas regiones en pueblos de misión estables y permanentes.

37En términos generales podríamos decir que esas misiones no pudieron prosperar, debido a la constante hostilidad que opusieron los autóctonos a los frailes, en su lucha por preservar sus sociedades y tradiciones culturales. A ello se sumó el clima húmedo e insalubre de las densas selvas tropicales, que obstaculizaba tanto el avance de los frailes como el desarrollo de actividades económicas permanentes de los colonos españoles que intentaron asentarse en esos lugares. Así, la mayor parte de los territorios que los misioneros trataron de evangelizar permanecieron sin ser conquistados hasta el final del período colonial y no fueron ocupados por colonos foráneos hasta después de la Independencia, durante los siglos XIX y XX, cuando se incrementó la población en las nuevas repúblicas centroamericanas.

38El que las misiones no hayan tenido éxito en la mayor parte de los territorios en los que ingresaron los frailes, no significa que éstas fuesen inicuas para los indígenas. Por el contrario tuvieron un impacto negativo, tanto demográfico como cultural en los autóctonos. El ingreso de frailes y soldados propagó enfermedades y los indígenas tuvieron consciencia de que éstas estaban vinculadas a la presencia de los foráneos. Por otro lado, a pesar del rechazo al credo católico, ideas provenientes de la religión foránea fueron integradas en sus creencias tradicionales. También los indígenas adoptaron las herramientas de metal en sus actividades, pues los frailes trataban de ganárselos mediante la distribución de estos objetos (hachas, machetes, agujas), a los que denominaban “dádivas” entregadas a cambio de la aceptación del bautizo. E igualmente, introdujeron en algunos casos la ganadería vacuna y porcina4.

39Algunas misiones lograron mantenerse a lo largo de todo el período colonial, como ocurrió en unos pocos pueblos fundados por los franciscanos en Costa Rica. En esos pueblos, los indígenas estuvieron sujetos a modificaciones socioculturales y tuvieron que acomodarse a nuevas realidades impuestas por los frailes, por lo que sus vidas cambiaron profundamente. En estos casos los indígenas redefinieron su identidad.

Indígenas insumisos y extranjeros en la frontera

40 Carolyn Hall y Héctor Pérez llamaron la atención sobre la diferencia que existió entre los territorios no conquistados de América del Sur y los del Istmo. En tanto que en ambas partes, los españoles fueron incapaces de dominar extensas zonas que lindaban con las regiones colonizadas, en el caso de América Central los territorios insumisos al poder hispánico abarcaban los litorales, principalmente ubicados en el Caribe, aunque también en Pacífico, lo que las hizo accesibles a piratas, colonos extranjeros y contrabandistas, muchos de los cuales establecieron alianzas con los indígenas que habitaban en las áreas costeras5.

41 Veamos las cuatro grandes regiones y otras de menor tamaño que en el Istmo se mantuvieron al margen de la colonización hispánica al término del siglo XVI.

42 Al norte se ubicaba la península de Yucatán, el Petén de Guatemala y el territorio que actualmente ocupa Belice. Este amplio espacio territorial, que albergó a la gran Civilización Maya en los tiempos prehispánicos, contaba en los tiempos coloniales con una población bastante escasa, comparativamente con la gran densidad demográfica que caracterizó a dicha civilización.

43 Las porciones del este de Honduras y Nicaragua comprendían los extensos territorios de la Taguzgalpa y la Mosquitia, colindante ésta en el sur con las Llanuras del Norte de Costa Rica (actuales Llanuras de Guatuso, San Carlos, Santa Clara y Sarapiquí), habitadas estas últimas por las tribus de los votos y guatusos (actuales malekus).

44 A partir de mediados del siglo XVII algunos colonizadores de origen británico y procedentes de Jamaica, que había pasado a manos inglesas en 1655, comenzaron a instalarse a lo largo de la costa de La Mosquitia. Pero ya en el siglo XVIII, los zambos-mosquitos, grupo étnico derivado de la fusión de los mosquitos con esclavos fugados de origen africano, se aliaron con los ingleses, convirtiéndose así en una amenaza para los indígenas que habitaban las costas del Istmo. Durante esta centuria, anualmente los zambos-mosquitos organizaban expediciones armadas que salían en sus canoas y se dirigían hacia diversos territorios costeros, ingresaban por los ríos y atacaban las aldeas de los indígenas con la intención de capturarlos, para llevarlos, convertidos en esclavos, hacia los asentamientos ingleses de La Mosquitia y Jamaica. También los zambos-mosquitos atacaban frecuentemente los asentamientos de españoles.

45 Una tercera región insumisa estaba constituida por el Valle de Talamanca, así como las adyacentes montañas de Tabasará y tierras bajas de Chiriquí y Veraguas en Panamá, habitada por varios tribus indígenas, que incluían a los cabécares, bribris, viceítas, chánguinas y ngöbes ( guaymíes ).

46 Al extremo sureste del Istmo, la provincia del Darién y las adyacentes tierras bajas del Chocó, en Nueva Granada, estaban ocupadas por los indígenas tule (cuna) y chocós, quienes con frecuencia atacaban las haciendas y aldeas fronterizas en Panamá y periódicamente se aliaban con piratas europeos6.

47 Los españoles deseaban someter esas regiones no sólo para poder controlar a los indígenas que allí vivían, sino también para explotar los recursos de esos territorios. Ese fue el objetivo perseguido por los misioneros en su intento por expandir las fronteras de la colonización española. Sin embargo, las consideraciones de carácter militar y estratégicas aumentaron durante el siglo XVIII, debido a que las regiones sin conquistar se convirtieron en refugio de piratas, de esclavos fugados de las áreas colonizadas, de colonos británicos e incluso de indígenas que se aliaron con éstos como los mosquitos de Nicaragua y los tule (cuna) de Panamá. Los españoles, por otro lado deseaban abrir nuevas rutas que les permitieran vincular sus centros de población con los puertos de la costa del Caribe, debido al incremento de las actividades mercantiles en el Atlántico durante esa centuria.

48 Como analizaremos, gobernadores provinciales, presidentes de audiencias y virreyes enviaron expediciones militares hacia las regiones sin conquistar. Pero, aunque se realizaron enormes esfuerzos y se incurrió en grandes gastos, poco fue lo que se logró en la expansión de la colonización hacia esos territorios.

Yucatán, Petén y Belice

49 La región del Petén en Guatemala, fue una de las cuatro grandes regiones que habían escapado al dominio colonial al término del siglo XVI.

50 Según las investigaciones realizadas por Grant D. Jones, varios grupos indígenas habitaban en torno al lago de Petén Itzá, como los kowojs, los mopanes, los kekchíes, cehaches (kejaches), manchés, chontales-acalanes y los choles. Todos ellos, según Stephen Webre, formaban parte del tronco común de los mayas, relacionados étnica y lingüísticamente con aquéllos que vivían bajo el dominio español en los altiplanos adyacentes de Guatemala y Chiapas, así como en la península de Yucatán7.

Desde el punto de vista de las autoridades coloniales, era de particular importancia una zona que se denominaba casi indistintamente el Chol, el Lacandón o el Manché. Situada en la franja norte de los distritos coloniales de la Verapaz, Totonicapán y Huehuetenango, esta frontera se extendía desde el río Sarstoon en el este, hasta el altiplano chiapaneco en el oeste. La habitaban gentes de habla chol: quienes vivían en la parte oriental de la zona se llamaban los manchés, al parecer por asociarles los españoles con un río del mismo nombre. Las del extremo occidental se conocían como los lacandones, igualmente por la proximidad de su área de ocupación a un río con dicha denominación. Los términos lacandón y manché se referían, según Webre, a las zonas de ocupación y no a la identidad étnica, aunque no todos los investigadores concuerdan con esta opinión8.

51 Los habitantes choles del Manché fueron sacados de sus montañas desde 1689 y llevados forzosamente al valle de Urrán, al sur del pueblo de Rabinal en la BajaVerapaz. Estos choles cayeron pronto víctimas de las enfermedades causadas por el brusco cambio del clima a que fueron sometidos y como afirma Jan de Vos, “al desajuste psicológico”. Otros murieron en el exilio o abandonaron su nuevo pueblo9.

52 Más allá de los choles, en el corazón del Petén quedaba el llamado reino de los itzaes, cuyo centro ceremonial y administrativo de Tah Itzá (hoy Flores), era sede de los reyes de la casa Can Ek. Este era un sitio fortificado, ubicado en una isla del lago Petén Itzá. Durante el siglo XVII, luego de feroces guerras, los itzaes lograron establecer su hegemonía en el Petén Central y organizarse políticamente en cuatro provincias formados por igual número de linajes: Ah Canek; Ah Couch; Ah Kin Cante y Ah Tut. Tales provincias estaban orientadas territorialmente hacia los cuatro puntos cardinales del actual lago de Petén Itzá (Chaltunha). Cada una de estas provincias tenía una capital principal y uno o más sub-centros.

53Aparentemente, cada grupo era dominado por un linaje principal y gobernado por el respectivo jefe de estos linajes. A su vez, había una capital supra-territorial donde estaba localizado el multepal o gobierno compartido de la confederación que agrupaba a las cuatro provincias. Esta se ubicaba en Noh Petén o Tah Itzá, la actual Isla Flores en el lago Petén Itzá y actual cabecera del departamento de Petén. Allí vivían periódicamente los líderes de los cuatro linajes principales, en barrios o caseríos orientados hacia los puntos cardinales, quienes también mantenían residencias en los pueblos principales de sus respectivas provincias.

54La provincia Ah Canek iba desde la laguna el Tzotz (ahora conocida como Sos) al oeste, hasta el lago Ekixil (conocido como Exiquil y Quexil) al este. En su interior incorporaba el lago Cazpui (Sacpuy) y la sección suroeste del lago Petén Itzá. El linaje Ah Canek tenía su capital en Noh Petén y una sub-capital, Chun Ahau en el lago Sacpuy.

55La provincia Ah Couoh incluía la costa norte y este del lago Petén Itzá y un área más pequeña en el este del lago Yaxha. Su principal territorio tenía dos sub-provincias, gobernadas por dos hermanos. El mayor Ah Kit Can (Dios Cielo Padre) anciano, quien controlaba la costa oriental del lago. Su capital era Saclemal. Por su parte, su hermano menor tenía a cargo el control de la costa norte y su capital en Ketz. Una sub-provincia de ambos se ubicaba en Yaxha.

56El linaje Ah Kin Cante, controlaba la parte occidental del lago Zacpeten (Salpetén) y se extendía hacia los lagos Yaxhá y Sacnab. Este gobernaba a partir del pueblo Yalain, ubicado en la laguneta de Macanché.

57Por su parte la provincia del linaje Ah Tut se ubicaba en el sur, a lo largo del río Pasión, hasta el pueblo de Sayaxché. Su capital estaba en el pueblo Chich, en la parte occidental del lago Petén Itzá (ensenada de San Jerónimo). Se supone que el control de Chich por Ah Tut fue consecuencia de una invasión al territorio Ah Canek, con la intención de controlar el paso desde Noh Petén hacia el territorio de los pueblos de Ah Canek10.

58Desde fines del siglo XVI y a lo largo de la siguiente centuria, numerosas entradas de militares y misioneros, intentaron subyugar a los itzaes, de la región del Petén. Durante cerca de cien años, los itzaes resistieron los intentos de conquista españoles. Noh Petén, ubicada en una isla del Lago Petén Itzá, se convirtió en su principal bastión de resistencia11. Finalmente, en 1697, una expedición militar dirigida por el gobernador de Yucatán, Martín de Ursúa y Arizmendi, logró someterlos al tomar su capital. Esta fue una expedición en la que participaron unas 170 personas, entre soldados, herreros y carpinteros, quienes cargaron gran cantidad de pertrechos que trajeron en unas mil mulas y permanecieron allí durante nueve meses. Los españoles utilizaron una galeota armada de un cañón y dos más pequeños (esmeriles) para atacar desde el agua la fortaleza de los itzaes de Noh Petén.

59La captura de esta ciudad, que contaba con diversas edificaciones, constituyó el clímax de más de dos años de preparación de los españoles, después de numerosos esfuerzos por parte de militares y misioneros franciscanos para negociar una rendición pacífica de los itzaes, que fue rechazada.

60Después de la toma de Noh Petén por Ursúa, los itzaes se refugiaron en los montes aledaños a la laguna, donde establecieron sus pueblos. Al faltar Canek y el ah kin Canek, se conformaron cinco provincias, cada una con su propio gobernante12.

61Esta conquista, lejos de marcar un punto final para los itzaes, más bien señaló el inicio de años de continuas luchas entre los españoles de Yucatán y Guatemala con los grupos indígenas mayas, por el control de los territorios circundantes. A pesar de la prolongada resistencia de los autóctonos, las epidemias, el traslado forzoso hacia los 16 pueblos de misión que allí establecieron los frailes y la huida hacia otros lugares de la selva, como el territorio de los lacandones, trajo como consecuencia la desintegración del sistema político que tenía como centro a la ciudad de Noh Petén. En 1704, los itzaes intentaron retomar la ciudad, objetivo que casi logran, pero fracasaron luego de una sangrienta lucha en la que murieron varios soldados que se encontraban en un presidio construido allí por los españoles para mantener una guarnición que servía de protección a los frailes misioneros13.

62La desaparición del cacicazgo que controlaba Noh Petén, significó un duro golpe para las poblaciones de fugitivos y rebeldes procedentes del norte de Yucatán, pues se rompieron las alianzas políticas, los circuitos comerciales y las relaciones sociales que las unían. La resistencia y la rebelión ya no pudo ser alentada por los itzaes. Sin embargo, este grupo mantuvo un papel simbólico relevante entre la población indígena de Yucatán y las zonas sur y sureste de la península de Yucatán continuaron siendo un refugio para los indígenas que huían de los pueblos de reducción. En 1761, una nueva sublevación basada en las profecías tuvo lugar en el pueblo de Cisteil. Su líder fue Jacinto Uc, quien había estado en un pueblo del Petén (San Andrés). Al regresar a Yucatán cambió su nombre por el de Jacinto Canek Chiccan Moctezuma, en clara alusión al último señor de los itzaes y al tlatoani azteca14.

63 Otro territorio adyacente al ocupado por los itzaes lo constituía la Selva Lacandona, ubicada al oeste del Petén en un área que hoy día corresponde a los estados de Chiapas y Tabasco, así como parte del norte de Guatemala. Los españoles temían que los indígenas de esa región entablaran alianzas con los ingleses que se habían establecido en los territorios aledaños a la Laguna de Términos. Entre 1530 y 1695 cinco expediciones militares fueron enviadas hacia la tierra de los lacandones, como eran denominados los habitantes de la Selva Lacandona15.

64 En 1586 una expedición dirigida por Juan de Morales Villavicencio destruyó Lacam Tun, el principal asentamiento de los lacandones ubicado en un peñón junto a la laguna del mismo nombre (hoy de Miramar). Sin embargo, sus habitantes lograron huir más profundamente hacia la selva circundante situada hacia el sureste. Allí encontraron una sabana grande, rodeada y protegida por la gran curva del río Lacantún, donde fundaron un nuevo asentamiento, que llamaron Sac Bahlán “Tigre Blanco”. Esta se convirtió en la cabecera de un pequeño cacicazgo selvático. También había otros dos pueblos más pequeños, situados a unas 10 leguas de la cabecera, hacia el noreste, llamados Petá y Map. Estos tres núcleos ubicados en plena selva, constituyeron el último refugio de los lacandones contra las entradas armadas de los españoles y las incursiones de sus enemigos habitantes del Petén, los itzaes16.

65 A partir de 1692, los frailes Antonio Margil y Melchor López ingresaron al territorio manché. Posteriormente se trasladaron al sector lacandón (occidental), donde en 1555, habían sido martirizados dos misioneros de la orden de Santo Domingo, después de lo cual los dominicos habían limitado sus actividades solamente a entradas muy esporádicas.

66En abril de 1694, Margil y López escribieron al presidente de la Audiencia informándole que habían quedado desamparados en el territorio de los choles lacandones y bajo la amenaza de ser sacrificados por los indígenas.

67Después, Margil y López abandonaron la zona lacandona, dirigiéndose rápidamente a la casa de los dominicos en Cobán, Verapaz. Margil le escribió entonces al presidente de la Audiencia de Guatemala, Jacinto de Barrios Leal, planteándole la necesidad de enviar una expedición militar al territorio de los lacandones, para lo cual se ofreció de capellán. Mientras Melchor López partió hacia Costa Rica, Margil tomó de compañero de evangelización a fray Pedro de la Concepción Urtiaga. En septiembre escribieron informando que se encontraban en Verapaz, estudianto la lengua de los choles. Entretanto, en Santiago de Guatemala, el presidente Barrios Leal preparaba el envío de una expedición militar.

68 Poco después fray Margil regresó a la capital donde se unió al consejo de guerra que planificaba la expedición hacia el territorio de los choles. Finalmente, en enero de 1695 las tropas salieron de esa ciudad llevando a Margil como capellán de la columna de soldados que iba bajo el mando personal del presidente.

69 Según el plan se había de efectuar tres entradas simultáneas, cada una por su propia ruta17. Mientras que su nuevo compañero, fray Pedro de la Concepción Urtiaga marchó hacia al norte por la sierra de los Cuchumatanes acompañando a la columna mandada por Melchor Rodríguez Mazariegos, fray Antonio Margil salió hacia el oeste con Barrios Leal y una fuerza de seiscientos hombres. Yendo por Huehuetenango, llegaron a Comitán en Chiapas, donde doblaron al norte, pasando por Ocosingo para entrar en el país de los lacandones. Caminando más rápidamente que la infantería con sus cargadores, Margil se adelantó, encontrándose en abril en el pueblo principal de los lacandones, donde estableció una misión que los frailes bautizaron con el nombre de Nuestra Señora de los Dolores. Pronto se le unieron dos frailes mercedarios, fray Lázaro Mazariegos y fray Blas Guillén, además del fraile franciscano De la Concepción Urtiaga, quien había sido el descubridor original de los lacandones. No fue sino hasta un mes más tarde, en mayo, que llegó Barrios Leal con sus soldados. Sin embargo, por ese tiempo el presidente se había enfermado y no queriendo que las lluvias le sorprendieran en el campo, tomó la decisión de retirarse a Santiago con la mayor parte de su fuerza. A su ida, en Dolores permaneció Margil quien procedió al trabajo de evangelización en compañía de los dos mercedarios y de un pequeño destacamiento de soldados armados.

70 Este nombre cristiano fue el que en adelante emplearon los cronistas y autoridades españolas para designar al pueblo principal del Lacandón. El nombre antiguo maya chol, Sac-Bahlán, los conquistadores se limitaron a registrarlo al llegar, pero luego lo suprimieron18.

71 En mayo de 1695, Margil escribió al presidente Barrios Leal informándole del avance de la evangelización entre los lacandones, que avanzaba gracias a la presencia de las tropas. Pero aunque los indígenas se dejaban bautizar, no por ello abandonaron sus prácticas religiosas tradicionales que seguían practicando en la clandestinidad. E incluso llegaron a asesinar a algunos de los indígenas recién convertidos que colaboraban con los frailes.

72 Posteriormente, la oposición de los indígenas a la presencia de los frailes y a sus intentos de evangelización se incrementó. El fraile entonces consideró la posibilidad de recurrir a castigos corporales, lo que no se atrevió a llevar a cabo hasta tanto no recibiera una autorización de parte del presidente de la Audiencia. Pero Barrios Leal había enfermado gravemente, muriendo en noviembre de 1695. Con su desaparición se acabó el ambicioso plan de reducción militar en la frontera norte de Guatemala. Y, aunque Margil permaneció dos años más en la misión de Dolores, ésta cada vez enfrentó mayores dificultades, por lo que finalmente Margil abandonó la región para regresar a Querétaro donde había sido electo guardián del colegio misionero.

73Para esos años, la pequeña nación lacandona había disminuido en número y fuerza considerablemente. En vez de atacar los pueblos cristianos de Chiapas y Guatemala, como habían hecho en el pasado, ahora sufrían las incursiones armadas por parte de éstos. En sus declaraciones, los lacandones señalaron que un grupo que ellos llamaron “petenactes”, originarios probablemente del pueblo de Petenecte, realizaban incursiones de noche, robando a los lacandones víveres, ganado, canoas y gente. Es por eso que habían quedado reducidos a un solo pueblo, Sac Bahlán. Los otros cuatro pueblitos que Margil había visitado en 1694, situados a cierta distancia de éste principal, habían ya desaparecido: tres habían sido quemados y el cuarto abandonado19.

74Posteriormente, la población de la misión de Dolores disminuyó como consecuencia de la propagación de las enfermedades introducidas por los europeos así como de posteriores expediciones armadas que pasaron por su territorio camino hacia la región del Petén 1696 y 1697.

75En 1712, fray Blas Guillén se refirió al descenso de la población en estos términos:

76“…es averiguado no haber ya en toda la montaña ningún indio que la habita, por el horror que les asiste del menoscabo que en ella experimentan por las graves epidemias que anualmente han padecido20…”.

77Finalmente, en 1714 se trasladaron los indígenas sobrevivientes de la misión de Dolores hacia el Corregimiento de Huehuetenango, donde fueron relocalizados en varias ocasiones, terminando finalmente de extinguirse como nación con la desaparición de sus últimos habitantes que habían sido trasladados hacia Santa Catarina Retalhuleu, en el Corregimiento de San Antonio Suchitepequez, en la costa del Pacífico21.

78 Tres décadas más tarde de la entrada militar de Barrios Leal, como afirmara Jan de Vos, los lacandones habían sido borrados del mapa y sus habitantes desaparecido de la historia humana:

79“Las reducciones forzadas, los desplazamientos sucesivos, las epidemias inevitables acabaron, en el lapso de una sola generación, con la última tribu independiente de Chiapas. Se destruyó su pueblo, se perdió su cultura, su olvidó su lengua, desaparecieron sus hombres, mujeres y niños22”.

80La comunidad de Sac-Bahlan se desintegró de manera progresiva como consecuencia de su conquista por los españoles. El punto culminante de su desaparición como identidad étnica fue la deportación de la tribu desde su tierra natal en la Selva Lacandona hacia otros parajes en Chiapas y Guatemala. No obstante, este territorio quedó habitado por un pequeño resto de irreductibles, como los llama Jan de Vos: “individuos aislados o familias enteras que se refugiaron en el monte, antes y en el curso de la deportación23”. Aunque estas personas pudieron sobrevivir individualmente, no lograron rescatar la cultura común, en particular su lengua propia y su peculiar estructura social. En la selva encontraron otros grupos indígenas, que al igual que ellos huían de la opresión colonial. Éstos eran más numerosos y mejor estructurados pues tenían más tiempo de vivir en la diáspora. Fue así como los sobrevivientes de Sac-Bahlan quedaron paulatinamente absorbidos por los grupos que previamente se habían venido instalando en toda la extensión de la Selva Lacandona, pero preferentemente en las cuencas del Usumacinta y otros ríos de importancia de la región. Procedían del otro lado del Usumacinta, del Petén, de Tabasco, de Campeche, sin excluir la agregación esporádica pero continua de indígenas tzotziles, tzeltales, tojolabales y choles de los Altos de Chiapas, que escapaban de los pueblos de reducción establecidos por los españoles. En este sentido La Selva Lacandona se convirtió en una “zona refugio” para los indígenas que lograban escapar del dominio hispánico. Todas estas comunidades, según De Vos, hablaban algún dialecto del maya-yucateco24.

81 Belice, por su parte, en los años previos a la conquista española, estaba probablemente habitada por grupos mayas putún-itzaes que habían emigrado a la región en el curso de los siglos XIII al XV25. Parte de su actual territorio al momento del arribo de los españoles se encontraba bajo la hegemonía de un centro político, Tipú, ubicado en el occidente de Belice, a orillas del río Macal, que fue ocupado por los españoles en 1544. Sin embargo, dos años más tarde una rebelión generalizada de los indígenas los expulsó. Así se conservó este cacicazgo que Grant D. Jones denomina Dzuluinikob y con su capital en Tipú.

82 En 1548, una nueva expedición salió de Mérida, pero los indígenas lograron repelerla. Posteriormente, los españoles lograron fijar un asiento en Bacalar, al norte de Belice y una nueva ofensiva española arrasó los pueblos indígenas en 1568, avanzando éstos casi hasta el Lago de Izabal. Como consecuencia de estas entradas, se propagaron las epidemias y pereció gran número de los habitantes, en tanto otros huyeron hacia la región del Petén. Por esos mismos años, una expedición holandesa incursionó en la región costera.

83 A partir de 1608, los españoles regresaron, estableciéndose en Tipú. Pero una hambruna provocada por la propagación de plagas de langostas a partir de 1627, obligó a los pocos españoles asentados en la región a retirarse, en tanto que la población local casi se extinguió. Finalmente una rebelión de los indígenas se inició en Tipú en el año de 1637, logrando la expulsión de las autoridades civiles y eclesiásticas así como acabar con las misiones que los frailes franciscanos habían logrado fundar en Belice. Cinco años más tarde, en noviembre de 1642, la villa de Bacalar, al norte de Belice, fue saqueada por los piratas y los vecinos decidieron abandonarla26. Esta situación se mantuvo hasta el año de 1695, lo que permitió que los ingleses comenzaran a incursionar en las costas de Belice.

84 Posteriormente, entre 1695 y 1707 los tipuanos establecieron contacto con los españoles, participando en la conquista de los itzaes en 1697. Entonces nuevamente regresaron los frailes quienes bautizaron a varios cientos en la región de Tipú, cuyos habitantes fueron trasladados hacia pueblos de misión en el Petén, probablemente establecidos en los alrededores del Lago27 Petén Itzá. Fue así como la mayor parte de los habitantes originales de Belice perecieron por enfermedades, en las guerras contra los españoles, o bien, emigraron hacia la región del Petén. Por esta razón los actuales habitantes indígenas de ese país son principalmente inmigrantes procedentes de Yucatán y Guatemala.

La Taguzgalpa y la Mosquitia

85 El oriente de Honduras era conocido durante los primeros años de la ocupación española como la Taguzgalpa. Constituía una región cuyos límites aproximados iban desde Trujillo hasta el río Negro en el norte y desde Olancho hasta la Mosquitia en el sur. Se caracterizaba por una muy alta densidad demográfica en los años previos al arribo de los conquistadores. Después, se produjo un brutal descenso poblacional como consecuencia de la propagación de epidemias y porque gran cantidad de indígenas fueron convertidos en esclavos y llevados hacia la isla de la Española. También gran número pereció en los años de la conquista cuando fueron compelidos a trabajar en agotadoras jornadas en los lavaderos de extracción aurífera28.

86 Diversos grupos étnicos habitaban la región oriental de Honduras; entre estos los payas, los jicaques (o tolupán), los sumos y otros; más tarde se adicionaron grupos mosquitos. Estas poblaciones quedaron al margen de la conquista española que se realizó esencialmente en el occidente de Honduras. Por esta razón, los frailes misioneros de las órdenes de los Mercedarios y los Franciscanos, fueron los encargados de llevar a cabo la “pacificación” de estos territorios desde fines del siglo XVI29.

87 Según la investigadora Linda Newson, el primer gran intento de conversión de indígenas del oriente de Honduras se llevó a cabo a principios del siglo XVII. Bajo la dirección del fraile Esteban Verdelete, varios misioneros ingresaron en la Taguzgalpa en 1608 e intentaron reasentar varios grupos indígenas en el valle de Olancho. Sin embargo, pronto estallaron conflictos que motivaron a los frailes a traer 25 soldados pero la situación empeoró, hasta que en 1612, los indígenas atacaron las misiones y mataron a dos misioneros, incluido Verdelete. Diez años más tarde se llevó a cabo un nuevo intento por parte de los frailes, pero los indígenas nuevamente se rebelaron en 162330.

88 Entre las décadas de 1650 y 1660 los indígenas de la región oriental comenzaron a realizar ataques a varios asentamientos españoles, por lo que las autoridades coloniales decidieron enviar una expedición militar al mando de Bartolomé de Escoto en 1664. Supuestamente 300 indígenas aceptaron reasentarse en seis pueblos. Tres años después llegaron los frailes misioneros fray Fernando de Espino y Pedro de Ovalle, al que más tarde se le unió otro más. Estos lograron reasentar a los indígenas que habían abandonado sus pueblos y fundar algunos más31. Pero para fines del siglo XVII ya habían desaparecido casi todos. Algunas poblaciones fueron abandonadas al huir los indígenas hacia las montañas o bien sus habitantes murieron como consecuencia de las epidemias.

89 Por esos mismos años, otros frailes lograron reasentar a unos 75 indígenas en el valle de Yoro, pero sufrieron la misma suerte que las poblaciones anteriores. Hacia 1730 quedaban poquísimos indígenas en las escasas aldeas de reducción formadas por los frailes. Fue sólo a partir de mediados del siglo XVIII cuando, debido a la amenaza inglesa en las costas del Caribe, la Corona consideró dar apoyo financiero y militar a las expediciones misioneras. De manera que, hacia 1751, frailes franciscanos recoletos lograron reasentar entre 800 y 900 indígenas en tres misiones, gracias al apoyo de soldados que lanzaban ataques sorpresivos sobre las comunidades indígenas para luego llevarse a sus habitantes de manera forzada hacia los pueblos de misión. Pero la población en las misiones se redujo drásticamente debido a la propagación de una epidemia de viruela. Al final del período colonial sólo sobrevivía una misión: Luquigüe, que contaba con cerca de 300 indígenas al comenzar el siglo XIX32.

90 La investigadora Ethel García B. afirma que los resultados de los proyectos misioneros tuvieron un carácter efímero entre los indígenas del oriente de Honduras. Como consecuencia, la Taguzgalpa se mantuvo como zona de frontera y al margen del control colonial con excepción de algunos espacios dispersos de actividad ganadera en el occidente de esta región33.

91 En cuanto a la Mosquitia, ésta fue conocida originalmente como la Tologalpa. Según el cronista Antonio Vázquez, quien escribe a finales del siglo XVII, la Tologalpa se extendía desde el río Coco en el norte hasta el río San Juan en el sur. El primer río marcaría la delimitación entre la Taguzgalpa, al norte y la Tologalpa al sur34. Posteriormente esta terminología caería en desuso y así, a partir de ese siglo comienza a designársele con el nombre de la Mosquitia. Los ingleses se referirían a los territorios de su interés situados en la costa como la Costa Mosquitia35.

92 Los españoles prácticamente no incursionaron en el territorio de la Mosquitia, donde no hubo entradas de misioneros en este vasto espacio que se extendía a lo largo de la costa del Caribe de Nicaragua y parte de Honduras, ni tampoco se enviaron expediciones con la intención de dominar a los grupos indígenas autóctonos.

93Los holandeses fueron los primeros en establecer relaciones con los autóctonos. Fue Abraham Blauvelt, corsario holandés (probablemente sefardí), al servicio de la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales quien primero estableció relaciones con los autóctonos de la Costa Mosquitia. En Inglaterra buscó apoyo para fundar una colonia cerca de la actual ciudad de Bluefields. Posteriormente, los ingleses establecieron otros asentamientos en Bilwi, actual Puerto Cabezas y en Black River (Río Tinto36).

94El grupo misquito (actuales miskitos), con quienes los ingleses se aliaron, constituía una de las varias tribus que habitaban la región. Al igual que sus vecinos, los sumus, los ramas y otros, vivían de la pesca, la caza y la práctica de la agricultura de roza. Pero, para fines de esa centuria se habían transformado en el grupo que los españoles denominaron zambos-mosquitos, quienes durante todo el siglo XVIII, atacaron las provincias del Istmo centroamericano, así como las diversas tribus indígenas insumisas a los españoles, habitantes de la costa caribeña, desde Yucatán en el norte hasta Veraguas en el sur.

95 Durante el siglo XVII, los mosquitos fueron racialmente mezclándose con piratas europeos así como con esclavos africanos que habían escapado de las islas de Providencia y San Andrés (adonde habían sido llevados por colonos ingleses que allí se establecieron a partir de 1629); de esclavos fugados de los asentamientos británicos en la Costa Mosquitia; e igualmente, con sobrevivientes de naufragios de barcos que transportaban esclavos que habían encallado en las costas de La Mosquitia. Por esta razón los españoles los denominaban zambos, el término que empleaban para referirse a la gente que mostraba rasgos mezclados de ascendencia africana e indígena. Sin embargo, culturalmente, los mosquitos conservaron predominantemente su cultura aborigen.

96 Debido a su contacto con los británicos, adquirieron tecnología extranjera y desarrollaron una nueva forma de vida. Se convirtieron en aliados de los ingleses sirviéndoles de guías, proveedores de alimentos, así como fuerzas de choque en ataques contra los españoles.

97 De los británicos recibieron armas de fuego y herramientas de metal e igualmente aprendieron a construir grandes canoas con las que aumentaron su movilidad, al lograr navegar grandes distancias. Durante el siglo XVIII, al desaparecer la piratería europea, los mosquitos les sustituyeron en los saqueos, llevando a cabo devastadores ataques a los asentamientos españoles, así como a los indígenas de las zonas sin conquistar durante ese siglo y hasta 184037. Lo que obtenían en los pillajes, que incluían indígenas esclavizados, era intercambiado por bienes manufacturados con los comerciantes de los asentamientos británicos de la Mosquitia y de Jamaica.

98 Una típica expedición de los zambos-mosquitos la integraban varios centenares de hombres armados de mosquetes, navegando en una flota compuesta por grandes canoas fabricadas con troncos de árboles ahuecados. Ingresaban por los ríos y atacaban las aldeas de los indígenas donde robaban sus pertenencias y cosechas, capturando a sus habitantes para venderlos como esclavos en Jamaica. También atacaban los poblados y haciendas de españoles, particularmente las plantaciones de cacao de Matina, en las tierras bajas del Caribe central de Costa Rica. Allí robaban las cosechas de cacao, las herramientas y los esclavos africanos. También saqueaban los pueblos de misión, matando en ocasiones a los frailes.

99 Otras de sus actividades consistía en las pesquerías de tortugas a lo largo de las costas, en los lugares donde éstas se concentraban, especialmente en la región del Caribe norte de Costa Rica, pero también en la Laguna de Chiriquí, en Panamá. Las caparazones de la tortuga carey y la carne de la tortuga verde salada o secada al sol y embutida en barriles, era vendida a los británicos. Pero otra serie de recursos eran explotados por los mosquitos y negociados con los extranjeros: cocodrilos, caimanes, manatíes, pieles de jaguar y de ocelotes, así como maderas de cedro, y pino, todo lo cual tuvo un impacto negativo en el agotamiento de variedades de animales y tala de los bosques debido a su explotación continua durante un período de cerca de 200 años38.

A partir de su territorio, en la región del Cabo Gracias a Dios, los zambos-mosquitos gradualmente fueron asentándose a lo largo de la Costa Mosquitia, desde Río Tinto hasta Bluefields, forzando a otros grupos indígenas a retroceder hacia el interior. Desde su ampliada base de acción, se desplazaban a cientos de kilómetros de distancia a lo largo de las costas y hacia el interior remontando las vías fluviales. Así, muchos pueblos pequeños localizados en las cabeceras de los ríos que descienden hacia las tierras bajas de Nicaragua y en el este de Honduras, fueron saqueados en repetidas ocasiones y algunos destruidos completamente.

100 Hasta principios del siglo XIX, los mosquitos regularmente navegaban hacia el sur, atacando a los barcos españoles en el río San Juan, las plantaciones de cacao en Matina y el Valle de Talamanca para aprisionar indígenas. También, durante la primera mitad del siglo XVIII se aventuraron hasta el Petén y la península de Yucatán39.

101 Los mosquitos en sus relaciones amistosas con los británicos asentados en la Costa Mosquitia, les servían como intermediarios en sus relaciones con otros grupos indígenas y con los españoles. También los ingleses se valieron de ellos en sus numerosos conflictos militares en el Caribe, empleándolos en los combates contra los españoles. Sin embargo, muchos de los ataques de los mosquitos fueron realizados por su propia iniciativa, aún en los momentos en que reinaba la paz entre británicos y españoles, pues los primeros no podían impedir sus acciones depredadoras.

102 Para los españoles, los mosquitos se convirtieron en un problema mayor de lo que habían sido los piratas en el siglo XVII. Primero porque se encontraban enclavados en territorio que los españoles reclamaban como suyo y porque, aparte de los altiplanos de las tierras montañosas de Chiapas, Guatemala y Costa Rica, así como las tierras costeras del Pacífico y el territorio del Darién en Panamá, prácticamente todo el Caribe se encontraba a la merced de sus depredaciones. Probablemente el valle de Matina, que albergaba las haciendas cacaoteras de los colonos costarricenses, fue uno de los territorios más frecuentemente atacado, aunque el interior de Nicaragua sufrió igualmente devastadores asaltos, por lo que los asentamientos de Segovia, Muy Muy, Boaco y Lovago tuvieron que ser relocalizados más hacia el oeste.

103 Las fortificaciones españolas en el río San Juan, como el fuerte de la Inmaculada Concepción, o las fortalezas en el río Chagres y en Portobelo, en Panamá eran inmunes a las embestidas mosquitas, pero no así las defensas más débiles como el Fuerte de San Fernando de Matina, que consistía en realidad una empalizada de madera, que fue destruida en un ataque llevado a cabo en 1749. Siete años más tarde el gobernador de Costa Rica, Francisco Fernández de la Pastora fue capturado y luego asesinado por los mosquitos mientras se encontraba a la espera de un barco que traía armas para la provincia de Costa Rica.

104 En 1766, los propietarios de cacaotales en Matina sufrieron probablemente el mayor golpe por parte de los zambos-mosquitos. El 29 de agosto de ese año, arribaron al valle de Matina cerca de 200 mosquitos, quienes llegaron en unas 16 grandes canoas. Se apoderaron de 1.000 quintales de cacao que estaban ya empacados en zurrones, listos para su envío hacia Cartago. Según la documentación, una balandra inglesa esperaba frente a la costa, hacia donde fue llevado el cacao40.

105 Debido a esta agresión, las autoridades coloniales intentaron negociar con los zambos-mosquitos y finalmente, en 1769, el gobernador don José Joaquín de Nava optó por pagarles un tributo anual, que variaba según los requerimientos de los jefes mosquitos. Aún en las décadas de 1830 y 1840, el Estado de Costa Rica continuaba pagando el “regalo a los moscos”, como denominaban a este pago extorsivo, para evitar los saqueos mosquitos en las costas del Caribe41.

Llanuras del Norte de Costa Rica

106 En Costa Rica, la región que se extiende al sur del río San Juan abarca una vasta extensión de tierras bajas planas que comprenden las llanuras de Santa Clara, las de Tortuguero, las de San Carlos y la de Los Guatusos, en su conjunto llamadas las Llanuras del Norte.

107Estos territorios fueron ocupados por diversos grupos indígenas. Entre éstos uno que estaba asentado en las márgenes del río Zapote, y hablaba el idioma rama. Otro, localizado en los alrededores del río Frío y sus afluentes, hablaba el idioma que actualmente se conoce como maleku42.

108La primera noticia de la que se tiene información del ingreso de españoles a esta región en el siglo XVII data de 1605, cuando el gobernador de Costa Rica, Juan de Ocón y Trillo envió al capitán Alonso de Bonilla al mando de una expedición a lo que denomina “ provincia de los Votos ”, sin que se tengan noticias del resultado de esta incursión.

109En 1620, probablemente por razones de disminución de la población indígena en el Valle Central del interior del país, el gobernador Juan de Echaúz organizó el envío de una expedición hacia esos territorios con la intención de capturar indígenas y trasladarlos hacia Cartago, la capital de la Gobernación de Costa Rica. Los españoles lograron sacar de las montañas “ cantidad de gente, nombrada Aremayba, infieles ”, quienes, según la escasa información disponible, fueron trasladados al interior del país y obligados al pago de tributos43.

110 En la década siguiente el gobernador Gregorio de Sandoval organizó en 1638, el envío de otra expedición con el fin de explorar la región de las Llanuras del Norte con vistas a fundar un puerto en alguno de los ríos en ese territorio, para establecer un enlace con el río San Juan. Sin embargo, este objetivo no se logró, pero los soldados de infantería enviados en compañía de indígenas “amigos” capturaron unos 40 autóctonos que fueron trasladados a la fuerza hacia Cartago44. Casi inmediatamente una nueva expedición fue organizada y enviada hacia el mismo territorio y otros 56 indígenas fueron capturados a orillas de los ríos Cutris (San Carlos actual) y Tori (Toro Amarillo45). En esa ocasión, Hernando de Sibaja, capitán de la expedición señaló que esos indígenas eran en su mayor parte “infieles”, que “tenían casas fundadas, milpas de maíz, cacaotales, platanales y otras muchas y muy abundantes legumbres, con que se sustentaban46 ”.

111 Al año siguiente, alentado por la exitosa expedición de Sibaja, el gobernador Sandoval comisionó a Jerónimo de Retes, rico encomendero de Cartago, para que dirigiera una nueva expedición hacia dicha región. Este partió el 30 de enero de 1640 al mando de 49 soldados y más de 100 indígenas auxiliares. En febrero de ese año, luego de construir varias balsas, los expedicionarios descendieron por el río San Carlos o Cutris, hasta un lugar donde residía un cacique de nombre Pocica. Allí, el 5 de marzo de 1640, delante de unos 190 naturales, Retes solemnemente fundó el puerto que llamó San Jerónimo de los Votos, a una distancia de legua y media en el río antes de su desembocadura en el San Juan.

112 Retes levantó una ermita, una casa para cabildo y otra para aduana, así como se delimitaron los lugares donde los indígenas debían repoblarse. Posteriormente regresó hacia Cartago, llevándose algunos indígenas aduciendo que eran escapados de encomenderos47. Ocho soldados permanecieron en la región y lograron que los indígenas enviaran a Cartago 2.300 granos de cacao como “reconocimiento y tributo al rey48”.

113 En esta expedición se determinó que entre las estribaciones nororientales del volcán Barva y las Llanuras del Norte se encontraban hacia esos años dos tipos de poblaciones: unas de origen huetar, que correspondía a descendientes de indígenas del interior del país, que se habían fugado de los pueblos de indios bajo dominio hispánico. Más hacia el norte y río abajo del Cutris, se encontraban poblaciones de indígenas infieles que los españoles llamaron “votos”. Ambos grupos interactuaban frecuentemente, pues como lo indican los testimonios documentales, tanto el río como lo llano del terreno, permitía la fácil comunicación entre las poblaciones situadas en las cercanías de los ríos Cutris y el Jori o Sarapiqui49.

114 El gobernador Gregorio de Sandoval y el encomendero Jerónimo de Retes intentaron establecer un nuevo núcleo de colonización en la región de las Llanuras del Norte del país: “una villa con treinta vecinos”, así como reducir “á población perfecta á los dichos indios Votos50 ”.

115Al final, el proyecto fracasó pues las autoridades coloniales en Guatemala se opusieron a sus planes. Desconocemos si en la propia ciudad de Cartago, Retes y el gobernador Sandoval enfrentaron o no la oposición de los encomenderos. En todo caso, el proyecto colonizador de Jerónimo de Retes en las Llanuras del Norte fue definitivamente abandonado51. Sin embargo, en 1662, el gobernador de Costa Rica, don Rodrigo Arias Maldonado informa que en la ribera del río Pocosol, se encontraban unas doscientas familias “ que pagaban reconocimiento ” que habitaban en “_el distrito que se llama Rancho Quemado_ ”, que ubica a unas 30 leguas del pueblo de Barva, “ de ásperas montañas y peligrosos ríos ”. Señala que estos indígenas no estaban educados ni administrados por religiosos, por falta de ellos52.

116 Años más tarde, en 1666, una nueva expedición al mando del capitán Diego de Zúñiga, fue enviada hacia la región. Zúñiga y sus hombres ingresaron en los palenques ubicados en las márgenes del río Sarapiquí, tomando por la fuerza 94 personas que fueron trasladados hacia el pueblo de indios de Atirro, ubicado en la Cuenca del Reventazón.

117 Las órdenes entregadas al capitán Zúñiga expresaban:

118“…que fuese a los pueblos de Los Votos, San Cristóbal y demás que estuviesen junto al río Sarapiquí, sacase todos los indios e indias con sus familias, los llevase a Cartago, talase todos los platanares, cacahuatales y árboles frutales, quemase los pueblos y ranchos, cerrase los caminos que hubiese para Cartago y Esparza y dejase una vigía con soldados53”.

119 El gobernador también ordenó a Zúñiga que construyera una fortificación en el río Poás, pero se desconoce si esta orden fue efectivamente cumplida y si en algún momento se mantuvo una guarnición de soldados en esta región. No se volvería a organizar el envío de expediciones hacia ese territorio, sino hasta bien avanzado el siglo XVIII.

120 Cuando a mediados del siglo XVIII los misioneros se interesan por la región de las Llanuras del Norte, los indígenas votos habían ya desaparecido. Sin embargo se empieza a nombrar a un nuevo grupo que habitaba en la región aledaña al río Frío, al que llamaron guatusos, hoy día los malekus. Este grupo habría permanecido desconocido para los españoles hasta que fueron encontrados por un sacerdote hacia 1750. En cambio, los votos, que vivían cerca del río San Carlos (Cutris) ya no se mencionan más54.

121 En la década de 1750 fray José A. Zepeda, un misionero franciscano de Guatemala ingresó a la cuenca del río Frío, donde habitaban los guatusos. Según un fragmento de un diario que escribió, en las amplias planicies aluviales de los ríos que descienden de la cordillera de Guanacaste hacia el norte, encontró “más de quinientas casas y chácaras de indios idólatras55”. Éstos lo habrían recibido amablemente y convivió con ellos durante varios meses. Zepeda menciona que, durante la estación lluviosa, los indígenas construían casas en los árboles para escapar del peligro de las inundaciones56.

122 El fraile José Miguel Martínez, guardián del Convento de San Francisco de Esparza, comunicó a las autoridades en Cartago acerca de los descubrimientos del padre Zepeda. Entonces se decidió enviar una expedición al mando de este fraile, quien partió protegido por una pequeña escolta de soldados.

123 En 1756, los frailes José Miguel Martínez y José de Castro, ingresaron en estas tierras con poco más de una docena de soldados y oficiales, “ con el fin de ver si había algunos indios que conquistar ”. Aunque encontraron casas dispersas, sus habitantes habían huido. En algunas de las casas había huesos de vaca, cueros y cuernos de buey, probablemente del ganado robado en las haciendas57.

124 A los dos días de camino en la región, se devolvieron, argumentando que:
bq. “se volvieron por haber hallado muchos palenques y otras señas eficaces de haber muchos indios, aunque dichos palenques los hallamos solos por haberse ya ellos retirado montaña adentro58”.

125 En 1762, el fraile recoleto Pedro de Zamacois entró a la montaña guatusa junto con el cura de Esparza, José Francisco Alvarado. Le acompañaron cuatro vecinos de este lugar y seis indígenas de Garabito. Tardaron once días en llegar a los palenques de los indígenas. Sin embargo, no pudieron hacer contacto con ellos59. Posteriormente otra expedición partió hacia el mismo lugar pero con resultados infructuosos.

126 En 1778, fray Tomás López, quien regresaba de la conquista de los guaymíes (ngöbes), determinó explorar el territorio de los guatusos, con el auxilio de indígenas de los pueblos de Tortuga y Orosí, localizados en el sur del Lago de Nicaragua, quienes le informaron que en la cabecera del río Frío vivían indios guatusos, con los que recientemente habían tenido una confrontación.

127 Fray Tomás López logró convencer a siete indígenas de estos pueblos y a un botero de Ometepe, para que lo acompañaran en una expedición al río Frío. Desde la isla de Ometepe navegaron hasta el fuerte San Carlos de Nicaragua, en la desembocadura del Lago de Nicaragua en el río San Juan. Luego remaron cinco días aguas arriba por el río Frío. Cuando toparon con unas balsas de indígenas guatusos que estaban pescando, sus acompañantes atemorizados decidieron regresar, por lo que la expedición terminó allí. Cuatro años más tarde, fray Tomás López regresó en una nueva expedición. Sin embargo, aunque permaneció 75 días en los territorios de las planicies del río Zapote y, según dijo descubriendo tres ríos caudalosos y enormes pantanos, fue incapaz de encontrar a los indígenas60. En la década de 1780 otras exploraciones fueron organizadas: una por el padre José Cabrera, quien recorrió los territorios localizados al este y norte del volcán Poás; otra por José Mejía de Heredia y finalmente una más por Paulino Porras, desde Poás. Ninguna tuvo éxito61.

128 La última expedición llevada a cabo en el siglo XVIII fue la que realizó en 1783 el obispo de Nicaragua y Costa Rica, Esteban Lorenzo de Tristán , quien intrigado por los informes recibidos, decidió explorar personalmente este territorio.

129 El obispo Tristán decidió ingresar por el río Frío. Esta expedición salió de la isla de Solentiname en el lago de Nicaragua y participaron varios sacerdotes, entre ellos Francisco de Alvarado, cura de Cartago y fray Tomás López, en ese momento cura del pueblo de San Francisco de Térraba.

130 En febrero de 1783, los exploradores salieron de Solentiname en dos canoas. Dos semanas les tomó alcanzar el río Frío, por el que iniciaron el ascenso, navegando contra corriente. Finalmente encontraron, en un recodo sombreado, una choza con tres pescadores. Pero, a la vista de los intrusos éstos tiraron las redes con las que pescaban y, abandonando sus provisiones y todo lo demás, excepto sus arcos y flechas, emprendieron la huida. Aunque el fraile Tomás López les llamó, los fugitivos no le hicieron caso.

131 El obispo Tristán consideró que, en las cercanías se encontraba un poblado, por lo que envió a cuatro de sus frailes a explorar río arriba, en una de las canoas abandonadas por los pescadores. Estos frailes navegaron por los meandros del río hasta que toparon con un indígena que se desplazaba en una balsa. Éste, al ver a los españoles, saltó a tierra y escapó por entre unos sembradíos de cacao. El fraile Tomás López lo siguió acompañado de tres intérpretes de Solentiname. Entonces el indígena empezó a gritar y al instante surgió un numeroso grupo de guatusos quienes atacaron con sus flechas al fraile López y a sus acompañantes. Los intérpretes indígenas, aunque heridos algunos, lograron escapar, pero el fraile López sacó su crucifijo y se adelantó solo hacia la multitud de indígenas que le atacaban. Estos cesaron el ataque y, rodeando al fraile, se lo llevaron por el monte.

132 Entre tanto, los acompañantes de fray Tomás López, viéndose perseguidos, tomaron la canoa y huyeron con rapidez hacia donde el obispo los esperaba. De inmediato se tomó la decisión de regresar hacia el fuerte San Carlos, en busca de refuerzos. El comandante del fuerte solicitó de inmediato auxilios, pero los documentos no indican cuál fue la suerte del fraile López, ni si se recibieron los esperados auxilios para ir en su rescate62.

133 En síntesis, como la geografía física de las Llanuras del Norte de Costa Rica se caracteriza por su clima húmedo, caliente y lluvioso, cubierto con una densa selva tropical y tierras bajas pantanosas, sujetas a inundaciones e infestadas de insectos, enfermedades y animales salvajes, fue un territorio al que los españoles dedicaron pocos esfuerzos a lo largo de todo el período colonial. A ello se sumó la escarpada topografía de las cordilleras de Tilarán y Guanacaste al sur de este territorio y los extensos pantanos hacia el norte.

134Se desconoce cuál fue el impacto causado por la llegada de los españoles, cuyas primeras huestes asolaron las poblaciones indígenas que poblaban las llanuras que confinaban con el río San Juan y sus afluentes en las décadas de 1520 y 1530.

135 A partir de la segunda mitad del siglo XVIII, los españoles de Nicaragua comenzaron a denominar “guatusos” a los habitantes indígenas que se concentraban especialmente en las llanuras del río Frío. En esos años ya habían desaparecido los grupos indígenas situados en las cercanías de las laderas septentrionales de los volcanes Poás y Barva (votos), así como el que ocupaba la región del río Zapote, que hablaba la lengua Rama e igualmente los corobicíes. Sólo se mantenían los de la región del río Frío, es decir los guatusos o maleku o como ellos se denominan a sí mismos: Malécu maráma (nuestras personas63). Éstos, al comenzar el período republicano en Centroamérica, controlaban un territorio de aproximadamente 1.100 kilómetros cuadrados, en la cuenca del río Frío y sumarían unas 1.500 o 2.000 personas distribuidas en 17 comunidades (palenques), a orillas de los ríos64.

Talamanca en el sur de Costa Rica

136 La región de Talamanca, en el Caribe sur de Costa Rica, a pesar de los numerosos intentos de conquista llevados a cabo por los españoles desde el siglo XVI, permaneció al margen del dominio español65. Al comenzar el siglo XVII, en 1605, una expedición militar que partió de Cartago, logró conquistar un enclave en la región y fundar un asentamiento bautizado con el nombre de Santiago de Talamanca, ubicado en el Valle de Sixaola. Los españoles edificaron una iglesia y un presidio, donde permaneció un destacamento de soldados. Los fundadores se repartieron los indígenas de la zona en encomiendas, e iniciaron actividades económicas y un intercambio comercial con Portobelo, principal puerto en el Caribe de Panamá. Sin embargo, cinco años después de haberse establecido allí los españoles, los indígenas se rebelaron poniendo cerco al núcleo colonizador, por lo que sus pobladores se vieron obligados a huir hacia Cartago. Así, Santiago de Talamanca cayó en manos de los indígenas, quienes arrasaron completamente el asentamiento66. Posteriormente los españoles realizaron varias expediciones que llamaron “de castigo” en el curso de las cuales varios cientos de indígenas fueron llevados a Cartago y los líderes indígenas rebeldes ajusticiados en esa ciudad.

137 Durante el resto del siglo XVII y primeros años del siglo XVIII, las autoridades de Cartago enviaron numerosas expediciones hacia Talamanca. Un presidio fue instalado en el pueblo de San Mateo de Chirripó y los frailes misioneros establecieron varios pueblos de reducción. Sin embargo la labor de evangelización y pacificación de los frailes franciscanos acabó estrepitosamente en setiembre de 1709, cuando los cabécares y bribris se rebelaron bajo la dirección de los líderes Presbere y Comesala. Los indígenas destruyeron 14 iglesias de misión y los pueblos fundados por los misioneros quedaron destruidos. Dos frailes y algunos soldados perecieron durante el enfrentamiento.

138 Al año siguiente, el gobernador de Costa Rica, don Lorenzo Antonio de la Granda y Balbín, organizó una gran expedición militar que se dividió en dos columnas. El gobernador se dirigió hacia el pueblo de Boruca, en el Pacífico sur, para luego cruzar la Cordillera de Talamanca. Entretanto, su lugarteniente tomó el camino de la Tierra Adentro, ingresando a los territorios de los cabécares y bribris. Una vez unidas ambas fuerzas en el pueblo de San José Cabécar, los soldados se dedicaron a “correr la tierra”, es decir recorrer los parajes donde se encontraban los indígenas, tratando de capturar al mayor número posible. Finalmente lograron atrapar 700 indígenas que fueron llevados a Cartago, junto con el líder Presbere, quien fue sometido a juicio y juzgado por rebelión al Rey, por lo que fue ejecutado en esa ciudad el 4 de julio de 1710. Los otros indígenas fueron repartidos entre los soldados que participaron en la expedición67.

139 A pesar de la represión, los españoles fueron definitivamente expulsados de Talamanca. Años más tarde, a partir de mediados del siglo XVIII, se llevaron a cabo otras entradas militares y los frailes intentaron fundar pueblos de reducción en la vertiente del Pacífico, con indígenas traídos de Talamanca. Pero se produjo una nueva rebelión en 1761, esta vez por parte de los terbis, grupo étnico habitante de la zona del Caribe sur de Costa Rica (hoy en territorio panameño). Estos terbis, cruzaron la Cordillera de Talamanca y atacaron los pueblos de Térraba y Cabagra, destruyendo completamente este último. Sin embargo, los frailes lograron trasladar grupos de indígenas hacia distintas partes de la provincia de Costa Rica: Tuis y Orosi en la Cuenca del río Reventazón; Tres Ríos en el Valle Central y Canjel en la península de Nicoya68.

140Vale la pena citar el comentario del historiador costarricense Carlos Meléndez, sobre Talamanca:

141“Pese al poco éxito alcanzado por el español, llámese conquistador, colono o religioso, parece evidente que allí se realizaron numerosos e ingentes esfuerzos, los más de ellos infructuosos. Sorprende siempre la cantidad de información de que se dispone sobre Talamanca, lo que no se compagina con los fracasos de la empresa. Si hubo un territorio en donde las posibilidades de fracaso fueron mayores que en cualquiera otra parte, éste fuera Talamanca69”.

Chiriquí y Bocas del Toro en Panamá

142 En el territorio de Bocas del Toro, adyacente a Talamanca, así como en Chiriquí en la vertiente del Pacífico, pero ya en la jurisdicción de la Audiencia de Panamá, las agresiones frecuentes de los zambos-mosquitos en la costa del Caribe, especialmente entre los ríos Calovébora y Coclé del Norte, impulsaron a las autoridades coloniales panameñas a desarrollar un proyecto de “asimilación estratégica”. Así lo define el historiador panameño Alfredo Castillero: la concentración de la población rural en un conjunto de pueblos, a fin de crear una red poligonal defensiva, que tenía como puntos de apoyo la capital provincial Santiago al sur; al este Calobre; al oeste Cañazas y al norte Santa Fe o Nueva Alcudia70.

143 Hacia mediados del siglo XVIII se trajeron hacia Calobre y Cañazas, esclavos africanos recién llegados a Panamá y más tarde, a fines de ese siglo, se repitió este tipo de poblamiento en Santa Fe y en Punta Gorda, este último, un asentamiento ubicado entre el río Chagres y Portobelo. Estos esclavos fueron entrenados para la guerra y el objetivo era similar al papel que desempeñaron los garífunas de Honduras: servir de barrera humana contra las incursiones de los zambos-mosquitos.

144 La zona central de Veraguas había sido un territorio de vieja ocupación colonial, que contaba con una población rural dispersa, con indígenas superficialmente catequizados, pero no sujetos a reducción. Tanto Calobre como Cañazas surgieron como reducciones indígenas, pero contaban con pobladores afromestizos e indiomestizos. Santa Fe, aunque originalmente una población de españoles, igualmente contaba con población muy mestizada. Entonces, tal como lo indica Castillero, esta era una frontera étnicamente heterogénea, en la que participaban todos los grupos socio-raciales típicos del período colonial. Pero este proyecto tenía también como componente esencial la explotación de los yacimientos auríferos situados cerca de los pueblos fundados71.

145 Por otro lado, en la vertiente del Pacífico, en el extremo sud-occidental de Panamá, en cuyas montañas se concentraba una gran cantidad de indígenas catequizados, se inició a partir de 1767, una campaña misional a cargo de los frailes franciscanos. Éstos sustituyeron a los jesuitas que habían sido expulsados ese año. Según el historiador Castillero, se fundó un gran número de pueblos y miles de indígenas bajaron de las montañas aledañas (Serranía de Tabasará y Cordillera de Chiriquí), continuación de la Cordillera de Talamanca en Costa Rica.

146Con la relocalización de los indígenas en los nuevos pueblos de misión, se logró consolidar la soberanía española en este territorio. Los nuevos catecúmenos se integran así al sistema colonial, por lo que se logró el objetivo buscado de que los pueblos indígenas de las montañas dejaran de constituir una amenaza, debido a la posibilidad de que colaboraran con potencias enemigas de España. El historiador Castillero plantea que ésta fue una campaña misional agresiva, considerando el número de misioneros que en ella participaron, aunque sus resultados fueron limitados. En todo caso, estima que, al menos un tercio de los indígenas evangelizados se miscigenaron o asimilaron de diversas formas al sistema colonial, en los casi cincuenta años que se mantuvo esta campaña (a partir de 1766 e incluyendo las dos primeras décadas del siglo XIX72). Sin embargo, se produjeron diversas revueltas indígenas en las que los habitantes de los pueblos de misión huyeron en masa, no sin que el poder español lograra en ocasiones volver a repoblar los pueblos abandonados73.

El Darién

147 La región del Darién en la frontera sudoriental de la Audiencia de Panamá estaba habitada por los cuna o tole, un grupo hostil a los españoles. Esporádicamente fue utilizado como refugio por los piratas y como ruta transístmica por éstos, para alcanzar el Pacífico74.

148 Los indígenas panameños del período del pre-contacto con los europeos, como lo ha demostrado Mary W. Helms estaban organizados en entidades políticas dominadas por caciques que derivaban su poder por medio del control de redes de comercio de larga distancia y de la producción de artículos de intercambio. Sin embargo, la ferocidad con que se llevó a cabo la conquista de Panamá y la explotación a la que fue sometida la población indígena condujo a un dramático descenso de la población que destruyó el sistema socio-económico que constituía el fundamento del poder de los jefes indígenas75.

149 Durante el siglo XVII las autoridades coloniales en el Darién persiguieron una política gradualista de pacificación a través de la selectiva cooptación de líderes locales indígenas. El objetivo buscado era disponer de un confiable grupo de hombres que permitieran conformar una milicia de tropas capaz de defender la colonia cuando el istmo fuese amenazado. Supuestamente esos indígenas de manera voluntaria se trasladarían hacia los pueblos de reducción fundados por los misioneros.

150 Los primeros acuerdos logrados por los españoles se llevaron a cabo en 1637. Cuatro religiosos dominicos habían logrado establecer algunos pueblos de misión en la región; se hacían acompañar por una escolta de soldados. Sin embargo, en 1651 los indígenas se rebelaron y atacaron un fuerte, que albergaba a los militares acompañantes de los misioneros. Varios soldados murieron y, poco después, se logró una precaria paz con los tole (cuna). Pero los dominicos fueron acusados de ser los culpables del estado latente de rebelión debido a que “los religiosos más asisten a sus conveniencias temporales que a las espirituales”, según lo expresó en 1677, el primer obispo de Panamá, Antonio de León76.

151 Otros intentos por fundar pueblos de misión los llevaron a cabo frailes misioneros capuchinos hacia esos mismos años, pero los pueblos fundados con indígenas tule (cuna) no se mantuvieron mucho tiempo y quedaron completamente abandonados.

152Las autoridades coloniales denominaron con el nombre de “capitanes” a los jefes indígenas de los nuevos pueblos. Pero lejos de dominarlos, éstos se constituyeron en agentes capaces de acciones independientes, incluso contra los propios españoles. Aunque éstos últimos lograron cierto éxito en desarrollar una jerarquía entre los nuevos líderes indígenas a quienes los oficiales coloniales integraron en un naciente sistema administrativo colonial, la realidad fue que el Darién estuvo muy lejos de poder ser controlado por medio de un supuesto sistema jerárquico de jefes y subjefes tal como lo pretendieron estos oficiales.

153 Los indígenas que comprendieron podían obtener poder de su estrecha relación con los españoles, emplearon sus bastones de mando, medallas, recompensas y otras comisiones reales como talismanes para reforzar su estatus local e intentar consolidar su base de poder local. También estos líderes estuvieron dispuestos a establecer relaciones con los piratas franceses e ingleses que empezaron a incursionar en la región en las décadas de 1670 y 1690, e igualmente con los colonizadores escoceses que llegaron en los años finales del siglo XVII.

154En la década de 1680 se establecieron las primeras relaciones amistosas entre los tule (cuna) y los piratas que cruzaron el Darién por el valle de Chucunaque. En adelante entraron en relaciones comerciales con los extranjeros con quienes intercambiaban sus productos por armas, hachas, machetes y ropas e igualmente les servían de guías y les suministraban informes sobre los españoles77.

155En el año de 1695, por medio de un acta del Parlamento de Escocia se funda la Compañía de Escocia para el comercio con África y las Indias. Por medio de esta disposición, la Compañía de Escocia recibió un monopolio de una duración de 31 años para el comercio con ambos continentes, autorizándola a armar y equipar navíos, así como establecer colonos en zonas deshabitadas de esos continentes y el de Asia. En cuanto a sus potestades, tenía las mismas que la Compañía Británica de las Indias Orientales, la que por su parte se oponía a la creación de esta rival escocesa.

156En 1696, 2.500 colonos escoceses distribuidos en dos expediciones partieron con rumbo a Panamá con la intención de fundar una colonia en el Darién no muy lejos del antiguo asentamiento español de Acla. Estos colonos eran en su mayor parte antiguos soldados, marinos e hijos segundones de la elite escocesa. Cada uno de ellos en teoría recibiría entre 50 y 250 acres de tierra.

157Muy rápidamente la colonia se vio enfrentada a una serie de problemas como la persistente falta de provisiones, así como el ataque de enfermedades como la malaria. Por otro lado, aunque las intenciones de los colonos eran la de establecer relaciones comerciales con los barcos que navegaran en la región, esto no se logró. Además la colonia no recibió ayuda de los ingleses instalados en Jamaica. Por último, tuvieron que enfrentarse a los constantes ataques en su contra por parte de los españoles de Panamá, quienes finalmente lanzaron un ataque en 1699, que resultó fulminante. Los 500 expedicionarios españoles fácilmente vencieron a los enfermos y debilitados escoceses y así acabaron para siempre los sueños escoceses de establecer una colonia en esta región78.

158 A principios del siglo XVIII, en la zona del Caribe del Darién, comenzaron a instalarse toda clase de aventureros extranjeros, principalmente ingleses y franceses, muchos de ellos antiguos piratas quienes establecieron alianzas con los indígenas tules (cunas). Pronto se producirían ataques mancomunados de ambos grupos contra el asentamiento minero de Cana y otros asentamientos del Darién del Sur, lo que a la larga condujo al despoblamiento del Darién. Entretanto, en la costa del caribe darienita, algunos franceses aliados con los indígenas se dedicaron al cultivo del cacao. En 1727, un individuo llamado Luis García se levantó en armas junto con unos 200 indígenas de distintas partes del Darién, asaltando varios asentamientos auríferos del Darién: El Real, Yaviza Chapigana y otros. Como consecuencia, según narra el historiador Alfredo Castillero, las minas auríferas de Cana, las más ricas de Panamá no pudieron volverse a explotar durante el resto del período colonial79.

159 En 1741, las autoridades coloniales panameñas lograron llegar a un acuerdo con los tula (cuna) rebeldes quienes exigieron que no volvieran a enviarles misioneros con excepción de los pertenecientes a la Compañía de Jesús (jesuitas), pero a condición de que no se les obligara a la conversión forzosa al catolicismo. Sin embargo, las vejaciones contra los indígenas en los pueblos de misión continuaron por lo que las doctrinas religiosas fracasaron, sobre todo después de la expulsión de los jesuitas en 1767.

160 Entonces se buscó una solución militar y, durante esos años, se levantó un fuerte en Yaviza, según el historiador Castillero: en “ una confluencia estratégica que desarticularía totalmente las líneas tradicionales de comunicación indígena80 ”. Así, por vez primera se aseguró de manera permanente la presencia hispánica en el Darién. Los españoles erigieron posteriormente otros fuertes; sin embargo, como afirma este historiador, los tule (cuna) continuaron dominando el alto Chucunaque y el alto Bayano. Algunos caciques, momentáneamente hicieron las paces con los foráneos, pero volverían a rebelarse en la década de 1770.

161 Al estallar las hostilidades entre España e Inglaterra, durante la Guerra de Independencia de las colonias inglesas en América del Norte, los británicos enviaron una embarcación cargada de armas y municiones hacia el puerto de Acla. Éstas fueron distribuidas entre los tule (cuna), quienes también recibieron instrucción militar por parte de tres oficiales ingleses. Se inició así una ofensiva de los tule (cuna) que logró expulsar a los españoles de la actual San Blas, el Darién del Norte y el Darién del Sur. El cacique de los tule (cuna), Bernardo Estola fue declarado Capitán General por parte del gobernador de Jamaica, quien lo felicitó de manera entusiasta por los éxitos de los tule (cuna) contra los hispanos. En todo caso, ya desde décadas previas estos indígenas viajaban en embarcaciones británicas a Jamaica donde recibían armas, municiones, ropa y otras cosas con el objetivo de que llevaran a cabo ataques contra las fortificaciones que los españoles mantenían en el Darién.

162 Finalmente, las autoridades coloniales preocupadas por la presencia amenazante de los ingleses debido a su alianza con los tule (cuna), decidieron lanzar una gran ofensiva militar, la que se preparó cuidadosamente en Cartagena. Así, el 22 de enero de 1785 tres divisiones partieron desde esta ciudad, desembarcando a principios de febrero de ese año en Caimán. Posteriormente se le unirían otras fuerzas que llegaron a la desembocadura del río Mandinga. Como afirma Castillero, con el asalto simultáneo en los extremos oriental y occidental de las costas del Caribe del Darién, quedó abierto el camino para asegurar las cabezas de playa. De esta manera, una tercera expedición arribó el 8 de agosto de ese año, fundando los españoles la Carolina del Darién. En estas expediciones habrían participado alrededor de 1.000 hombres entre soldados regulares y milicianos.

163 La resistencia tule (cuna) no mermó, por lo que el arzobispo virrey de Nueva Granada, Antonio Caballero y Góngora propuso un plan de ataque, el cual según escribió, lanzaron:

bq. “por sur y norte, con que se les quemaron muchos pueblos se mataron bastantes de ellos mismos, hasta que los redujimos a la última angustia81”.

164 Varias misiones de castigo contra poblados indígenas fueron llevadas a cabo por las fuerzas militares españolas, las que de manera sistemática destruyeron y arrasaron con cosechas, canoas y otros medios de vida de los tule (cuna). Finalmente, por intermediación de un inglés que vivía allí desde años atrás, el cacique Bernardo Estola estuvo dispuesto a viajar a Cartagena donde negoció la paz con el Virrey. Los tule (cuna) fueron perdonados, pero a cambio se comprometieron a aceptar la soberanía española y abandonar sus relaciones con los extranjeros.

165 Posteriormente, el sucesor del virrey Caballero y Góngora, Francisco Gil y Lemus criticó el proyecto colonizador-militar en el Darién por los gastos que implicaba para el fisco. Entonces, en 1786 se ordenó el abandono del Darién y los establecimientos allí fundados. Los fuertes y las iglesias fueron demolidos por los propios españoles para evitar que fueran aprovechados por los indígenas. Aunque el gobernador de Panamá intentó mantener algunos asentamientos y reunir un empréstito de los vecinos ricos de Panamá, finalmente todos los colonos que allí se habían trasladado, tras muchas muertes y enfermedades debieron abandonar el Darién, con lo que los tule (cuna) recuperaron la soberanía sobre su territorio82.

La geopolítica en la frontera del Istmo

166 Desde fines del siglo XVI, piratas de diversas nacionalidades: franceses, holandeses, e ingleses llevaron a cabo numerosos ataques a los barcos que navegaban en el Caribe y ocasionalmente cruzaron el Istmo, para atacar en la costa del Pacífico a diversas ciudades, principalmente Granada de Nicaragua y la ciudad de Panamá.

167 América Central, con sus largas costas a ambos lados de su territorio y con el vital cruce de metales preciosos y mercancías en Panamá, se convirtió en uno de los territorios del Imperio Español más atacados por las potencias extranjeras.

168 Importantes ciudades y puertos eran el objeto de incursiones frecuentes en las que los intrusos saqueaban los depósitos de mercancías, las iglesias y casas de sus moradores, intimidando e incluso asesinando a sus pobladores, incendiando con frecuencia los asentamientos al partir.

169 En Nicaragua penetraban hacia el interior por los ríos Coco y San Juan, en tanto que en el Darién, que se encontraba sin asentamientos españoles, cruzaban hasta el Pacífico ayudados por guías indígenas.

170 Los españoles invirtieron grandes recursos para fortificar los puertos, pero esos esfuerzos contra los ataques enemigos no fueron del todo efectivos. Entonces durante toda la época colonial, los piratas y los enemigos de España constituyeron la principal amenaza externa a las colonias españolas en América Central83.

171 Los puertos de Trujillo y Puerto Caballos en Honduras fueron saqueados en 1560 y éste último fue objeto de no menos de once ataques en los siguientes 50 años a manos de piratas ingleses y franceses, quienes expoliaban los cargamentos de índigo, zarzaparrilla, cueros y bálsamo, depositados en los almacenos del puerto para su exportación. Los españoles construyeron una serie de pequeñas fortificaciones en Trujillo y más al interior en Golfo Dulce (actual lago de Izabal), con la intención de proteger las bodegas donde se almacenaban los productos del comercio de Guatemala.

172 Panamá fue siempre el objetivo de los principales ataques, pues por allí se llevaba a cabo el comercio que unía al Virreinato del Perú con la península Ibérica. Entre 1571 y 1573, el corsario inglés Sir Francis Drake atacó Chagres y Nombre de Dios, penetrando hacia el interior de Panamá hasta el sitio de Las Cruces, que incendió. Dos años más tarde, uno de los compañeros de Drake, John Oxenham, cruzó el Darién, atacando los barcos y las pesquerías de perlas en el Pacífico. Y, en 1579, el propio Drake volvió a atacar varias embarcaciones en el Pacífico, cuando llevó a cabo su viaje de circunnavegación alrededor del mundo. Por último, en su tercera expedición llevada a cabo en 1595-96 y en la que murió, Drake atacó Chagres e incendió Nombre de Dios.

173 Frente a estas amenazas, Felipe II comisionó al ingeniero Bautista Antonelli elaborar un plan para la defensa del Caribe; poco después se inició la construcción de grandes fortalezas en La Habana, Cartagena, Chagres y Portobelo. Gracias a estas fortificaciones y a la firma de un tratado de paz con Inglaterra en 1604, se puso fin al primer período de piratería en el Istmo. Y, aunque tres años más tarde piratas holandeses atacaron el puerto de Santo Tomás de Castilla en Guatemala, posteriormente se estableció una tregua de 12 años entre holandeses y españoles.

174 En la década de 1630 se inició una segunda oleada de piratería en América Central, que sólo terminó hacia 1680. Fue este período en el que los rivales de España lograron establecer asentamientos en el Caribe y la piratería se convirtió en un modo de vida para una serie de aventureros que se instalaron en distintos puntos del Caribe. Primeramente los ingleses tomaron la isla de Providencia en 1629 y en 1638 las Islas de la Bahía (Honduras), instalándose también ese año a orillas del río Belice, a la vez que iniciaron relaciones de amistad y alianza con los mosquitos de la costa del Caribe de Nicaragua.

175Desde mediados del siglo XVII, el Circuncaribe se convirtió entonces en el escenario principal de las disputas anglo-españolas84. Los británicos, desde que se apoderaron de Jamaica en 1655, amenazaron el comercio de España con sus posesiones en América. Fue durante la segunda mitad de esa centuria, que la piratería alcanzó su clímax en el Istmo. En la década de 1660, piratas ingleses y holandeses ingresaron en tres ocasiones por el río San Juan, atacando la ciudad de Granada. Como consecuencia, entre 1672 y 1675, los españoles construyeron el fuerte de la Inmaculada Concepción a orillas del río, lo que movió a los piratas a desviar sus ataques hacia Trujillo en Honduras, Golfo Dulce en Guatemala, Matina en Costa Rica y Chagres y Portobelo en Panamá.

176 En el Istmo, los ingleses avanzaron en los territorios del Circuncaribe en búsqueda de sus recursos naturales. En Yucatán remontaron los ríos de la costa oriental de esta península, región llamada en la época “el Walix”, para extraer palo de tinte y caoba e hicieron lo mismo en la región de Campeche. Los piratas, cuando no estaban dedicados a sus actividades de saqueo, se dedicaban a las extenuantes labores del corte del palo de tinte. En 1676, el pirata-escritor William Dampier describió a los 260 o 270 fornidos cortadores de madera que encontró en Campeche en esos años, dedicados a la obtención de este recurso y su venta a las embarcaciones provenientes de Jamaica85. Con el fin de proteger sus territorios ante el avance de los cortadores de palo de tinte, los españoles enviaron una expedición naval desde Veracruz, con la intención de expulsarlos, e iniciaron la construcción de una fortificación en El Carmen. Posteriormente construyeron otra fortificación en Bacalar, en el extremo sud-oriental de la península de Yucatán, para enfrentar a los ingleses instalados en la región del río Walix (Belice actual86 ).

177 En Panamá, a comienzos de 1671, por medio de un audaz asalto desde el interior, la ciudad capital de la Audiencia de Panamá cayó en manos del pirata Henry Morgan87. Una nueva ciudad amurallada sustituyó a la anterior, pero durante las décadas de 1680 y 1690, piratas de diversas nacionalidades cruzaron el Darién atacando muchas poblaciones costeras en el Pacífico de América Central, incluyendo nuevamente a la ciudad de Granada.

178 A fines del siglo XVII, las potencias europeas decidieron poner fin a la piratería que se había convertido en una carga, pues ahora el comercio de contrabando con los colonos españoles vino a sustituir las anteriores acciones de saqueo. El Tratado de Ryswyck, firmado en 1697, ratificó los anteriores tratados que buscaron poner fin a los piratas. En adelante, éstos actuaron al margen de la ley y quedaron erradicados definitivamente en la década de 172088. Sin embargo, los zambos-mosquitos, aliados de los ingleses continuaron las acciones depredadoras durante todo el siglo XVIII.

179 Al tiempo que se desarrollaron las actividades de piratería, los holandeses, franceses e ingleses iniciaron la ocupación de territorios en el continente americano, con la intención de utilizarlos como bases para el desarrollo del comercio ilegal en los puertos españoles y también, como bases para el lanzamiento de operaciones militares. Los holandeses habían ocupado Curazao en 1634 y los franceses isla Tortuga en 1640, así como fundado en 1670 Cap Français (Cap Haïtien), en el extremo nor-occidental del actual Haití.

180 Inglaterra asumiría el papel más agresivo en el Circuncaribe, especialmente después de la derrota de los holandeses en la Primera Guerra Anglo-Holandesa (1652-1654). La llegada de Oliver Cromwell al poder, después de la guerra civil en Inglaterra, reanudó las aspiraciones imperiales inglesas. El Lord Protector, elaboró un proyecto que denominó el “Designio Occidental”, cuyo objetivo era conquistar una o varias de las Grandes Antillas, así como establecer un corredor a lo largo del istmo panameño o de Nicaragua bajo control inglés y, a partir de allí, imponer el dominio británico sobre el comercio en ambos océanos89.

181 La guerra anglo-española de 1655 a 1660 constituyó el inicio de la extensión de los conflictos entre europeos al escenario del Caribe, en que por vez primera participaron tropas regulares de ambas naciones. Aunque los ingleses no pudieron apoderarse de La Española, lograron conquistar Jamaica, luego de una derrota y pérdida considerable de tropas en Santo Domingo, a manos de los defensores españoles.

182 La isla de Jamaica, situada frente al continente se constituyó en una excelente base de operaciones para los ingleses en sus actividades de hostigamiento a los españoles, pero también de contrabando. E igualmente, punto de partida para establecer asentamientos en el Istmo: especialmente en Belice y Costa Mosquitia.

183 En el Tratado de Madrid (1670), con el que se pusieron fin a las hostilidades del conflicto anglo-español de 1655-1660, España tuvo que reconocer la soberanía británica en sus colonias americanas, incluyendo Jamaica, las Bahamas y algunas otras islas de las Antillas Menores. El tratado sin embargo no clarificó la ocupación efectiva de los territorios en Belice y Costa Mosquitia.

184 A diferencia de Inglaterra, ni los holandeses, ni los franceses intentaron establecer colonias en América Central. En cambio, los británicos mantuvieron los designios trazados originalmente por Cromwell. Se suscitaron nuevos conflictos entre Inglaterra y España, a pesar de la firma de la Paz de Utrecht (1713), que garantizó a los británicos importantes concesiones comerciales, como el Asiento para la importación de esclavos de origen africano en América y el navío de permiso, que permitía el envío anual de una embarcación cargada de mercancías hacia Portobelo.

185En 1718, estalló la Guerra de la Cuádruple Alianza, que trajo enfrentamientos en el Caribe. Esta concluyó en 1720 con la firma del Tratado de la Haya. Más tarde, en 1726, el almirante inglés Hosier bloqueó Portobelo, aunque los españoles impidieron que lograra apoderarse de Panamá y el Darién. Y, al año siguiente, se suscitó un nuevo conflicto que se prolongó hasta el año de 1729. Mientras, los zambos-mosquitos no dieron tregua a los españoles con sus continuos saqueos a pueblos de misiones y pequeños asentamientos de españoles en la costa del Caribe.

186 En el extremo sureste de la península de Yucatán, los ingleses de Belice, apoyados por tropas de zambos-mosquitos avanzaron hacia el norte, expulsando de Bacalar a españoles e indígenas mayas. El gobernador de Yucatán organizó una expedición con la que marchó desde Mérida, logrando expulsarlos. En 1729 se inició la construcción del fuerte de San Francisco de Bacalar, concluido en 1733. Sin embargo, los ataques ingleses no cesaron, logrando así apoderarse del territorio que se extiende desde el río Hondo (frontera actual entre México y Belice) hasta el río Sibún (hoy en Belice90).

187En 1739, un navío guardacostas español interceptó una embarcación inglesa en el Caribe, sospechando que transportaba mercancía ilícita. Se produjo un altercado en el que el capitán inglés, de apellido Jenkins, perdió una oreja. Los ingleses sólo esperaban un pretexto para iniciar hostilidades contra los españoles, con la intención de aumentar el volumen de su comercio con las posesiones españolas en el Caribe. La oreja mutilada de Jenkins fue exhibida en el parlamento británico, lo que llevó a que en octubre de 1739, Inglaterra declarara la guerra a España.

188Con la declaración de las hostilidades, los británicos lanzaron una serie de campañas militares contra las colonias españolas. El almirante Edward Vernon atacó Portobelo en noviembre de 1739, destruyendo dos de sus tres fortificaciones, para luego continuar hacia Chagres donde causó serios daños al fuerte de San Lorenzo. Regresó posteriormente en la primavera de 1742, apoderándose del puerto durante varias semanas. Buscaba cruzar el istmo y atacar nuevamente Chagres, pero fue rechazado por tropas españolas.

189Otras tres grandes expediciones navales fueron enviadas desde Inglaterra teniendo como objetivo atacar puertos en el Caribe, así como cruzar el Cabo de Hornos y llegar al Pacífico para asaltar las costas del Perú y Panamá. Sin embargo no pudieron llevar a cabo todos estos planes.

190Entre tanto, el gobernador inglés de Jamaica continuó apoyando a los cortadores de palo de tinte instalados en Belice, aún después de firmada la paz con España por medio del Tratado de Aix-la-Chapelle, en 1748. En esos años el asentamiento inglés en Belice contaba con alrededor de 500 personas, quienes disponían ya de un gobierno local.

191En 1753, los españoles tomaron la ofensiva, enviando una expedición hacia Belice, que logró expulsar a los ingleses. Éstos huyeron, refugiándose en Río Tinto, en la Costa Mosquitia. Sin embargo, al año siguiente regresaron a Belice, logrando reconstruir su asentamiento con la ayuda de soldados provenientes de Jamaica. Entonces las hostilidades entre ambas naciones se mantuvieron91.

192Fue a partir de esos mismos años que los españoles comenzaron a fortificar distintos puntos en el Caribe, con la intención de impedir la expansión de los ingleses y eventualmente lograr su expulsión de las costas de América Central. Entre 1756 y 1775 se edificó la más grande de las fortificaciones de Centroamérica: San Fernando de Omoa, que sirvió para proteger el puerto que constituyó el principal centro del comercio de exportación del comercio guatemalteco hasta fines del período colonial. También, en 1761, el Rey ordenó al Capitán General de la Audiencia de Guatemala a preparar un ataque combinado con fuerzas de Cuba y Yucatán, para desalojar a los ingleses de Belice y de Río Tinto en La Mosquitia. Sin embargo, una rebelión indígena en Yucatán obligó a desviar las tropas hacia esa región y el ataque a los asentamientos ingleses en Centroamérica no se llevó a cabo92.

193En 1762, nuevamente estallaron las hostilidades al final de la Guerra de los Siete Años, que enfrentó a Inglaterra con Francia. En el curso de la guerra, los británicos se apoderaron de las islas del Caribe pertenecientes a Francia, con excepción de Saint Domingue (hoy Haití), aunque más tarde tuvieron que devolver Martinica, Guadalupe y Santa Lucía93. En enero, los ingleses le declararon la guerra a España y la ciudad de La Habana fue ocupada por tropas británicas, que la retuvieron en sus manos durante once meses. Sin embargo, los británicos fracasaron en su intento de apoderarse de un corredor transístmico en Nicaragua, donde lanzaron un ataque con la intención de tomar el río San Juan. La guarnición del Castillo de la Inmaculada Concepción logró resistir durante cuatro días de combate, al cabo de los cuales, los británicos se vieron obligados a retirarse94.

194En el Tratado de Paris, firmado en 1763, los españoles por vez primera reconocieron el derecho de los ingleses a cortar palo de tinte y de levantar edificaciones en sus asentamientos en Centroamérica, pero España logró mantener su soberanía en todo el Istmo y los británicos se comprometieron a no construir fortificaciones en sus asentamientos. Pero ni las fronteras, ni los derechos de los asentamientos fueron delimitados, por lo que la presencia de los ingleses en Belice y Nicaragua continuó constituyendo un asunto en disputa95.

195A partir de 1775, cuando las 13 colonias inglesas de Norteamérica iniciaron la guerra contra las autoridades inglesas, España aprovechó la ocasión: sabiendo que Inglaterra tenía sus tropas concentradas en este conflicto, una campaña militar fue organizada con el fin de recuperar los territorios estratégicos que había perdido a manos de los británicos: Florida, Gibraltar y Jamaica. También en Centroamérica, la Corona española se propuso desalojar a los ingleses de Belice, de las Islas de la Bahía y de La Mosquitia.

196En septiembre de 1779 fuerzas españolas procedentes de Yucatán, dirigidas por el teniente coronel José Rosado, atacaron los asentamientos británicos en Belice, logrando capturar a unos 300 colonizadores ingleses, incluyendo mujeres y niños, a quienes forzaron a marchar hacia Mérida. Otro grupo de colonos logró escapar, logrando trasladarse a las Islas de la Bahía. Aunque los ingleses enviaron una expedición militar desde Jamaica, con la intención de auxiliar a los colonos británicos, esta llegó tarde y el asentamiento de Belice quedó abandonado durante los años en que se mantuvo el conflicto (hasta 1783).

197En represalia, el comodoro inglés John Luttrell, al no poder revertir lo que había sucedido en Belice, descendió a lo largo de la costa hasta el fuerte de San Fernando de Omoa, donde combinó sus fuerzas con zambos mosquitos procedentes de Río Tinto, así como tropas adicionales provenientes de Jamaica. El 19 de octubre de 1779, el exiguo destacamento español a cargo de la fortaleza de Omoa se rindió sin combatir.

198Los ingleses se mantuvieron en Omoa durante seis semanas, hasta que, una vez llegadas las noticias a Guatemala, el Capitán General Matías de Gálvez organizó una gran expedición con más de 600 hombres, incluidos miembros del recientemente constituido batallón fijo de Guatemala y de las milicias disciplinadas. Finalmente las tropas llegaron a Omoa a fines de noviembre y esta vez fueron los británicos quienes se retiraron sin combatir96.

199Después, Gálvez planeó una ofensiva de mayor envergadura con el objetivo de expulsar a los británicos de La Mosquitia, de las Islas de la Bahía e inclusive de Jamaica. Para ello, se trasladó a la ciudad de Granada de Nicaragua, donde instaló su cuartel general con el fin de proteger el río San Juan de un probable ataque de los británicos. Posteriormente planeaba reconquistar La Mosquitia al tiempo que, desde Omoa, fuerzas españolas partieron hacia Trujillo, para de allí marchar hacia Río Tinto.

200La ofensiva española fue detenida por una expedición que partió de Jamaica para invadir Nicaragua, la cual se apoderó de la desembocadura del río San Juan en marzo de 1780. Una vez allí, los ingleses apoyados por fuerzas de zambos-mosquitos iniciaron el ascenso del río. El 11 de abril las tropas combinadas de ingleses y mosquitos pusieron cerco al fuerte de la Inmaculada Concepción. Finalmente lograron rendir a la guarnición local, procediendo a destruir gran parte de la fortificación. A mediados de mayo, más tropas inglesas vinieron de Jamaica, reforzando a las que se encontraban en el río San Juan. Aunque los ingleses tenían la intención de avanzar hacia Nicaragua, el comienzo de la estación de lluvias interrumpió sus operaciones.

201Los ingleses permanecieron ocho meses en lo que quedó del fuerte destruido, pero las lluvias las enfermedades y la escasez de alimentos y agua potable, así como la ausencia de provisiones procedentes de Jamaica llevó a que las fuerzas británicas se debilitaran, lo que fue aprovechado por los españoles. Con la llegada de la estación seca, éstos lanzaron una contraofensiva en enero de 1781. Los ingleses fueron entonces expulsados y los españoles retomaron lo que quedaba de la fortaleza de la Inmaculada Concepción.

202Una vez que los ingleses salieron del río San Juan, Matías de Gálvez pudo reiniciar su ofensiva contra los asentamientos británicos en Islas de la Bahía y La Mosquitia. Aunque para los españoles fue relativamente fácil retomar las islas en 1782, no ocurrió lo mismo con La Mosquitia. Una tropa que marchó por tierra desde Honduras fue derrotada por los zambos-mosquitos. Entre tanto, una fuerza naval española logró apoderarse de Río Tinto, por lo que sus habitantes tuvieron que huir hacia el Cabo Gracias a Dios. Sin embargo, los ingleses enviaron nuevos refuerzos desde Jamaica, logrando derrotar a los españoles en Río Tinto a finales de agosto de 1782. Para esos años, los ingleses sumaban entre 200 y 300 personas asentadas en la Mosquitia y de allí exportaron al año siguiente: 800.000 pies de caoba; 200.000 libras de zarzaparrilla y 10.000 libras de conchanácar. El palo de tinte lo exportaban no sólo a Inglaterra sino también a Holanda y a América del Norte. Los colonos llegaron a tener unos 900 esclavos que empleaban en aserraderos y algunos ingleses establecieron plantaciones de caña de azúcar en Cabo de Gracias a Dios y un poco más al norte; otros establecieron plantaciones de cacao o se dedicaron a la ganadería97.

203Las hostilidades entre ingleses y españoles entre 1779 y 1782 alcanzaron un nivel sin precedentes en Centroamérica. Ambos bandos movilizaron grandes fuerzas y éstas estuvieron mejor armadas que las que participaron en años precedentes. Los británicos atacaron la fortaleza de Omoa y destruyeron, como vimos, el fuerte de la Inmaculada Concepción en el río San Juan98.

204Bajo la dirección del enérgico Capitán General Matías de Gálvez, los españoles pudieron recapturar ambas fortificaciones, reconquistar las Islas de la Bahía, así como temporalmente expulsar a los ingleses de Belice y de La Mosquitia. Cuando finalmente se firmó la paz en Versalles en 1783, con la que terminó la Guerra de Independencia de los EE. UU., y en la que España participó como signataria, no quedó tan clara la victoria española. Sin embargo, en la Convención de Londres de 1786, los británicos estuvieron dispuestos a abandonar sus asentamientos en La Mosquitia, a cambio de obtener mayores concesiones territoriales en Belice para la corta del palo de tinte, así como de otras maderas finas como la caoba. A pesar de la protesta de los moradores ingleses de La Mosquitia, Inglaterra inició la evacuación de sus asentamientos allí. Cerca de 2.000 colonos se trasladaron entonces hacia Belice, Roatán, Isla de Gran Caimán y Jamaica y el 29 de agosto de 1787, se hizo entrega formal de Río Tinto a los españoles.

205 Los españoles trataron entonces de colonizar la costa atlántica de Centroamérica, para lo cual, el rey Carlos III emitió dos reales cédulas estableciendo las disposiciones necesarias para el establecimiento en la costa de cuatro asentamientos, en los lugares donde previamente se encontraban establecidos los británicos: Río Tinto, Cabo de Gracias a Dios, Bluefields y la desembocadura del Río San Juan.

206 En Río Tinto se produjeron dos de los más desastrosos episodios de la ocupación española de la costa Mosquitia: 210 familias que iban en ruta hacia la Mosquitia sufrieron una terrible mortalidad y encontraron aún perores condiciones una vez que desembarcaron en este sitio. En septiembre de 1800 guerreros zambo-mosquitos saquearon el asentamiento obligando a los sobrevivientes a desplazarse hacia Trujillo.

207 El establecimiento en Cabo Gracias a Dios fue oficialmente fundado el 18 de agosto de 1788, sólo para ser destruido y posteriormente abandonado por su comandante Miguel Sánchez Pareja en 1795. En esos siete años, el asentamiento fue un sitio de frecuente contacto entre los colonos españoles y los zambos mosquitos.

208 El asentamiento de la Boca del Río San Juan no atrajo mucho la atención de los españoles. No fue sino hasta el 21 de octubre de 1789 que 340 colonos llegaron allí bajo la dirección del Capitán Manuel Fernando Dambrine. Sin embargo, el asentamiento no prosperó y al final pocos españoles permanecieron junto a una pobre guarnición de cuatro soldados y un sargento99.

209 En cuanto a la población de Bluefields, el proyecto de colonización no se llevó a cabo. En este lugar permaneció Robert Hodgson Jr., quien había sido superintendente británico de la Costa Mosquitia entre 1768 y 1776, hijo del anterior superintendente, de nombre homónimo, a la vez que cuñado de William Pitt el fundador de la colonia inglesa de Black River (Río Tinto100).

210 Tanto Hodgson como otro comerciante de nombre Colville Cairns, quien había vivido durante 25 años en la Costa Mosquitia fueron contratados por las autoridades españolas con la intención de que sirvieran de intermediarios entre ellos y los jefes zambo mosquitos dado que éstos era difícil que aceptaran tratar con los españoles, debido a su tradicional alianza con los ingleses y hostilidad hacia los primeros. E igualmente otros ingleses fueron contratados para desempeñar este papel de intermediarios con los zambos mosquitos.

211Inglaterra y España reasumieron las hostilidades nuevamente entre 1793 y 1802. En esa ocasión los ingleses se apoderaron de las Islas de la Bahía y los españoles organizaron una expedición con la intención de recuperar Belice en 1797.

212Ese año, cerca de 2.000 hombres, al mando del gobernador de Yucatán Arturo O’Neill, salieron en barco desde Yucatán para dirigirse con rumbo a Belice. Pero fueron derrotados por los británicos en el Cayo San Jorge, una isla situada frente a la ciudad de Belice. La batalla tuvo lugar entre el 3 y 10 de setiembre de 1798, cuando los colonos ingleses hicieron frente a la flota española enviada en su contra. Fue este el último de los combates anglo-hispanos en la América Central101. Hoy día se recuerda la batalla como una fiesta nacional en Belice y se celebra todos los 10 de setiembre en ese país.

Conclusiones

213A finales del siglo XVI cuando ingresaron los frailes a los territorios aún habitados por indígenas insumisos al poder hispánico, el interés fundamental de los españoles era ampliar el dominio colonial mediante el control de los autóctonos expandiendo la evangelización y el reasentamiento de los indígenas en pueblos de misión, semejantes a los pueblos de indios de las regiones colonizadas.

214Conforme los extranjeros empezaron a incursionar en las áreas de frontera y a establecerse de manera temporal primero y permanente más tarde, las autoridades coloniales enfrentaron el problema de la frontera desde una perspectiva militar. Aunque no se abandonó la idea de emplear a frailes, el trabajo de éstos estuvo motivado por razones cada vez más estratégicas y supeditados a los proyectos de defensa frente a la agresión extranjera, primero los piratas y más tarde los ingleses.

A partir de 1739, como consecuencia del estallido del conflicto de la Guerra de la Oreja de Jenkins, la iniciativa quedó exclusivamente en manos de militares y España procedió al envío de costosas expediciones con la intención de expulsar a los ingleses de Centroamérica, quienes habían incrementado sus operaciones de apoyo militar a los colonos británicos establecidos de manera permanente en La Mosquitia y Belice.

215El repaso de los hechos narrados constituye el marco cronológico para el estudio de una serie de temas que han sido analizados o que esperan la realización de estudios pormenorizados. Diversos investigadores han profundizado en las motivaciones personales de los frailes, su mentalidad, así como la de los personajes a cargo de la dirección de las expediciones militares102.

216Los frailes formaban parte de una oleada de hombres animados de fe, lo que caracterizó a las órdenes religiosas en su deseo de propagar el evangelio. Esos hombres constituían parte del movimiento de resurgimiento católico, originado a fines del siglo XVI, que buscaba ganar nuevas almas para la Iglesia e impedir el avance de las doctrinas protestantes.

217También, muchos de los que partieron hacia la conquista de tierras ignotas eran miembros de una nobleza empobrecida en España, quienes pretendían encontrar en América la fortuna, queriendo repetir en las zonas de frontera las hazañas de los conquistadores del siglo XVI.

218En el siglo XVIII, razones de carácter geopolítico pesaron más que las motivaciones que animaron a frailes y militares en el siglo precedente. Inglaterra, cada vez más poderosa se convirtió en una amenaza para el Imperio Hispánico, especialmente en América Central donde los británicos intentaron apoderarse no sólo de enclaves en La Mosquitia y en las costas del Petén, sino igualmente en Panamá e incluso buscaron controlar la ruta del San Juan y Granada, en Nicaragua.

219La llegada al poder de la dinastía de los Borbones, trajo reformas en el Ejército y las milicias. En la segunda mitad del siglo XVIII, los enfrentamientos bélicos alcanzaran un nivel sin precedentes. Las campañas de los frailes misioneros quedaron subordinadas a consideraciones de carácter geopolítico, por lo que el deseo de evangelizar a los indígenas hostiles dio paso a traslados de población para enfrentar mejor la amenaza inglesa. E inclusive, algunas veces se llegó a pensar en la aniquilación pura y simple de los que se resistían103.

220Frente a la penetración de frailes, soldados y extranjeros en sus territorios, los indígenas reaccionaron llevando a cabo múltiples rebeliones con la intención de expulsarlos y recuperar su dominio, así como reforzar sus creencias ancestrales, las que no dejaron de estar influidas por la adopción de mitos católicos, integrados en sus cosmovisiones. E igualmente se llevaron a cabo procesos de refundación de nuevas comunidades, al unirse tribus diferentes conformando otras etnias, en un proceso que los antropólogos denominan etnogénesis.

221Aunque los indígenas rechazaron los intentos de los españoles por reducirlos en pueblos de misión, muchos fueron sacados de sus territorios y llevados a otras regiones, alejadas de sus puntos de origen. También otros tuvieron que desplazarse debido a la presión causada por las exacciones cometidas por los zambos-mosquitos o los colonizadores de origen hispánico. Estos desplazamientos condujeron a conflictos entre los recién llegados y los habitantes que ya ocupaban los territorios a los que ahora ingresaban éstos nuevos grupos de desplazados. Pero aún así hubo grupos que lograron resistir y mantener su identidad étnica, como los bribris y cabécares de la región de Talamanca y los malekus de las Llanuras del Norte, ambos en Costa Rica.

222Otro aspecto fundamental lo constituye el papel desempeñado por la población de origen africano y su peculiar distribución en los territorios fronterizos. Así en el caso del occidente panameño, poblaciones de origen africano fueron llevados hacia territorios en las sierras de Chiriquí y Tabasará, especialmente en sus laderas meridionales con el fin de hacer frente a las incursiones de los zambos-mosquitos y los ingleses que aumentaron su presencia en Bocas del Toro en las últimas décadas del siglo XVIII. Allí se mantuvieron en los poblados fundados como Cañazas y Santa Fe. Sin embargo en la región en torno al Golfo de Chiriquí, poca población se avecindó en Santiago de Alanje, dispersándose más bien los pobladores traídos de la ciudad de Panamá, en torno a los pueblos de misión que los frailes habían allí establecido desde 1767.

223Quizás aquí tal como lo observó Alexander von Humboldt en su viaje del Orinoco al Amazonas (1799-1800), los colonizadores no indígenas trataban de apoderarse de las tierras de misiones. Para ello, afirmó, el brazo secular de la Iglesia buscaba sustraer a los indígenas sometidos al régimen misional y así poco a poco los sacerdotes seculares iban suplantando a los misioneros. Amparados por las autoridades civiles, blancos y mestizos se iban instalando entre los indios. Así, dice Humboldt:
“las misiones se transforman en pueblos españoles, y los indígenas olvidan muy pronto que tuvieron una lengua propia. Así va avanzando la cultura tierra adentro desde la costa (…) con paso seguro y regular104”.

224En suma, la historia de las fronteras coloniales constituye un área que aún merece una investigación exhaustiva. Quedan por analizar a fondo las rebeliones indígenas y la mentalidad de los soldados y frailes que, de manera casi ininterrumpida ingresaron a lo largo de los siglos XVII y XVIII en las confines del Imperio español en la América Central.

225Se ha destacado el papel desempeñado por algunos líderes indígenas en lograr la organización de diversas tribus, a veces incluso hostiles entre sí, desarrollando cuidadosos planes que permitieron exitosas rebeliones contra los españoles, expulsándolos, recuperando así la soberanía de sus territorios ancestrales. Está pendiente un estudio detallado y comparado de las distintas rebeliones surgidas en los diferentes territorios de frontera de la América Central. Sería esta una forma de recuperar la memoria histórica de los pueblos indígenas de estas regiones, que en muchos casos conservan aún su identidad.

226Otros temas son las relaciones entre los indígenas de las áreas insumisas al poder español con los indígenas de los pueblos sujetos a la ecúmene hispánica, que en el caso de la península de Yucatán y el Petén fueron relaciones complementarias según el punto de vista de Laura Caso Barrero. Pero igualmente las relaciones que establecieron los “indígenas gentiles” con los blancos españoles, los piratas extranjeros o los negros africanos en las zonas de frontera, sobre todo desde la década de 1670 cuando aumentó la presencia de los últimos grupos en el Caribe.

227Está pendiente la labor de investigación arqueológica en la mayor parte de estas regiones de frontera. Sería muy provechosa la colaboración entre historiadores, antropólogos y arqueólogos que de manera conjunta abordaran el estudio de las misiones en los territorios de frontera, así como de las fortificaciones militares y otros asentamientos. En otras latitudes del continente se han realizado investigaciones de este tipo, como la llevada a cabo por Jerald T. Milanich en la región del norte de Florida y sur de Georgia con las poblaciones de los Timucua, Guale y Apalache105. Recientemente el arqueólogo Rómulo Sánchez Polo ha realizado investigaciones de este tipo en los pueblos de misión que los españoles establecieron en la region del lago Petén Itzá, en Guatemala.

228Notas de pie de página

2291 Carolyn Hall and Héctor Pérez Brignoli, Historical Atlas of Central America , (University of Oklahoma Press: Norman, 2003), pág. 69.

2302 Carolyn Hall and Héctor Pérez Brignoli, Historical Atlas, pág. 74.

2313 Carolyn Hall and Héctor Pérez Brignoli, Historical Atlas, pág. 74.

2324 The New Latin American Mission History , Ed. by Erick Langer and Robert H. Jackson, (University of Nebraska Press, Lincoln and London, 1995), pág. xiii.

2335 Carolyn Hall and Héctor Pérez Brignoli, Historical Atlas, pág. 138.

2346 Arne Bialuschewski de la Universidad de Trent en Ontario (Canadá) tiene en curso una investigación de las relaciones entre bucaneros y poblaciones indígenas en Mesoamérica y el Caribe durante el siglo XVII.

2357 Stephen Webre , “El estado colonial y la consolidación del dominio territorial: El problema de la frontera chol, Guatemala, siglo XVII”, IV Congreso Centroamericano de Historia, Managua, Nicaragua, 14 a 17 de julio de 1998.

2368 Stephen Webre, “El estado colonial”.

2379 Jan de Vos, La paz de Dios y del Rey: La conquista de la Selva Lacandona (1525-1821), (México: Fondo de Cultura Económica, 1991), (Primera reimpresión), pág. 210.

23810 Sánchez Polo, Rómulo, Don S. Rice, Prudence M. Rice, Anna McNair, Timothy Pugh y Grant D. Jones, “La investigación de la geografía política del siglo XVII en Petén central: La primera temporada”. En VIII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1994, (editado por J.P. Laporte y H. Escobedo), Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala (versión digital), 1995, pág. 590.

23911 Grant D. Jones, The Conquest of the Last Maya Kingdom, (Stanford University Press, 1998, pág. 387.

24012 Laura Caso Barrera, Caminos en la selva: Migración, comercio y resistencia. Mayas yucatecos e itzaes, siglos XVII-XIX, (México: El Colegio de México-Fondo de Cultura Económica), pág. 303.

24113 Carolyn Hall and Héctor Pérez Brignoli, Historical Atlas, pág. 139.

24214 Laura Caso Barrera, Caminos en la selva, pág. 204.

24315 Carolyn Hall and Héctor Pérez Brignoli, Historical Atlas, págs. 138-139.

24416 Jan de Vos, La paz de Dios y del Rey, págs. 15-16.

24517 Para esta entrada al territorio de los lacandones nos hemos basado en el artículo de Stephen Webre, “Política, evangelización y guerra: Fray Antonio Margil de Jesús y la frontera centroamericana, 1684-1706”, presentado en el VII Congreso Centroamericano de Historia, Universidad Nacional Autónoma de Honduras, Tegucigalpa, 19 a 23 de julio de 2004.

24618 Jan de Vos, La paz de Dios y del Rey, pág. 145.

24719 Jan de Vos, La paz de Dios y del Rey, pág. 149.

24820 Citado por Jan de Vos, La paz de Dios y del Rey, pág. 206.

24921 Jan de Vos, La paz de Dios y del Rey, pág. 209.

25022 Jan de Vos, La paz de Dios y del Rey, págs. 16-18.

25123 Jan de Vos, La paz de Dios y del Rey, pág. 212.

25224 Jan de Vos, La paz de Dios y del Rey, pág. 213.

25325 J. Eric S. Thompson, en Historia y religión de los mayas, (México: Siglo Veintiuno Editores, 2004, 12ª. Edición), pág. 32, afirma que grupos itzaes bajaron hacia el sur de la península de Yucatán.

25426 José Ignacio Rubio Mañé, El Virreinato II: Expansión y defensa. Primera parte, (México: Fondo de Cultura Económica-UNAM, 2005, 2ª. reimpresión), págs. 108-109.

25527 Arlen F. Chase & Prudence M. Rice (Editores), The Lowland Maya Postclassic, (Austin: University of Texas Press, 1985), pág. 210.

25628 Ethel García Buchard , “Evangelizar a los indios gentiles de la Frontera de Honduras: una ardua tarea: (SiglosXVII-XIX)”, Cuadernos InterCAmbio, http://ciicla.ucr.ac.cr/revista_intercambio/001_001/005.pdf

25729 Linda Newson, El costo de la conquista, (Tegucigalpa: Editorial Guaymuras, 1992), pág. 361.

25830 Linda Newson, El costo de la conquista, pág. 363. También Jesús María García Añoveros, “La presencia franciscana en la Taguzgalpa y la Tologalpa (La Mosquitia)¨, en Mesoamérica, 9 (1988), págs. 58-63.

25931 Fray Fernando Espino, Relación verdadera de la reducción de los indios infieles de la provincia de la Taguisgalpa llamados xicaques año de 1674, Introducción y notas de Jorge Eduardo Arellano, (Managua: Banco de América, 1977).

26032 Linda Newson, El costo de la conquista, págs. 361-374.

26133 Ethel García Buchard, “Evangelizar a los indios gentiles”.

26234 ‪Crónica de la provincia del Santísimo nombre de Jesús de Guatemala de la orden de n. seráfico padre san Francisco en el reino de la Nueva España‬, Volumen 4, Guatemala: Tipografía Nacional, 1944-46. Citado por Eugenia Ibarra Rojas, Del arco y la flecha a las armas de fuego: los indios mosquitos y la historia centroamericana 1633-178, (San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2011), pág. xxx.*‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬

26335 ‪Crónica de la provincia del Santísimo nombre de Jesús de Guatemala , pág. xxxi.‬‬

26436 F. G. Dawson, citado por Eugenia Ibarra Rojas, _Del arco y la flecha_”.

26537 Carolyn Hall and Héctor Pérez Brignoli, Historical Atlas, págs. 140-141.

26638 Biblioteca Virtual Enrique Bolaños, http://www.enriquebolanos.org .

26739 Carolyn Hall and Héctor Pérez Brignoli, Historical Atlas, pág. 141.

26840 Elizabeth Fonseca C. et al., Costa Rica en el siglo XVIII, (San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2003, 2ª. reimpresión), págs. 328-329.

26941 Carolyn Hall and Héctor Pérez Brignoli, Historical Atlas, pág. 141.

27042 Helia Betancourt de Sánchez y Adolfo Constenla Umaña, “La expedición al territorio de los guatusos: una crónica colonial hispana y su contraparte en la tradición oral indígena”, en Revista de Filología y Lingüística de la Universidad de Costa Rica, Vol. 7 (1 y 2), San José, 1981, pág. 21.

27143 León Fernández, Colección de Documentos para la Historia de Costa Rica (CDHCR), tomo II, pág. 236.

27244 León Fernández, Colección de Documentos.

27345 Bernardo Augusto Thiel, Datos cronológicos para la historia eclesiástica de Costa Rica, (San José: Comisión Nacional de Conmemoraciones Históricas, s.l., s.f.), pág. 39.

27446 León Fernández, Indios, reducciones y el cacao, (San José: Editorial Costa Rica, Colección Biblioteca Patria, 1976), pág. 181.

27547 Manuel de Jesús Jiménez, La vida aventurera de Cristóbal Madrigal y otras noticias de antaño, (San José: Editorial Costa Rica , 1984), págs. 104-106.

27648 León Fernández, Colección de Documentos, tomo II, pág. 258.

27749 León Fernández, Colección de Documentos, pág. 264.

27850 León Fernández, Colección de Documentos, pág. 270.

27951 “Relación que hace el capitán Hernando de Sibaja enviado en la entrada que hizo al río Cutris [...] población de los botos y descubrimiento de los puertos de Juré y Cutris…”. Archivo Nacional de Costa Rica (ANCR), Departamento Archivo Histórico (DAH), Serie Cartago No. 29, años de 1639 y 1640.

28052 Informe del gobernador D. Rodrigo Arias Maldonado sobre las doctrinas franciscanas. Año de 1662. En León Fernández, Indios, Reducciones y el Cacao, Colección Biblioteca Patria, (San José: Editorial Costa Rica, 1976), pág. 45.

28153 León Fernández, Colección de Documentos, pág. 114.

28254 Roberto Castillo Vásquez, “An Ethnogeography of the Maleku indigenous peoples in Northern Costa Rica”, tesis doctoral, University of Kansas, Department of Geography, December 2004, págs. 80-81, 85.

28355 Francisco de Paula Soto (1783), “Breve noticia del origen de los indios caribes Guatusos…”, en: León Fernández, Historia de Costa Rica durante la dominación española (1502-1821) (Madrid: Tipografía de Manuel Ginés Hernández, 1889), págs. 634-635 y Jaime Incer, Viajes, Rutas y Encuentros (1502-1838), (San José: Libro Libre, 1990), pág. 430.

28456 Roberto Castillo Vásquez, “An Ethnogeography of the Maleku”, pág. 87.

28557 Roberto Castillo Vásquez, “An Ethnogeography of the Maleku”, pág. 87.

28658 León Fernández, Colección de Documentos, tomo IX, pág. 510 y “Autos seguidos a pedimento del Syndico de San Francisco sobre el descubrimiento de siertos yndios que havitan la montaña Guatuza”. ANCR, DAH, Serie Cartago, N.° 522, folios 2, 2 v.

28759 Bernardo Augusto Thiel, Datos cronológicos, pág. 192.

28860 “Don Antonio de la Fuente pide se levante una información sobre los trabajos de los misioneros en el descubrimiento de los indios guatusos (1785)”, en Revista del Archivo Nacional, Tomo II, (julio-agosto de 1938), págs. 546-547; Roberto Castillo Vásquez, “An Ethnogeography of the Maleku”, págs. 90-91 y Bernardo Augusto Thiel, _Datos cronológicos, pág. 212.

28961 Roberto Castillo Vásquez, “An Ethnogeography of the Maleku”, pág. 95.

29062 Hubert Howe Bancroft, History of Central America, Vol II., (New York: The Bancroft Co., s. f.), pág. 616.

29163 Helia Betancourt de Sánchez y Adolfo Constenla Umaña, “La expedición al territorio de los guatusos”, pág. 21 y Roberto Castillo Vásquez, “An Ethnogeography of the Maleku”, pág. 12.

29264 Roberto Castillo Vásquez, “An Ethnogeography of the Maleku”, págs. 119-120, 130.

29365 Juan Carlos Solórzano F. y Claudia Quirós V., Costa Rica en el siglo XVI: Descubrimiento, Exploración y Conquista, (San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2006), págs. 178-208.

29466 Juan Carlos Solórzano, La Sociedad Colonial (1575-1821), Cuadernos de Historia de las Instituciones de Costa Rica, No. 24, (San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2008), págs. 30-31.

29567 Elizabeth Fonseca C. et al., Costa Rica en el siglo XVIII, págs. 377-382.

29668 Elizabeth Fonseca C. et al., Costa Rica en el siglo XVIII, págs. 383-390.

29769 Carlos Meléndez, “Prólogo al tomo II”, en León Fernández, Indios, reducciones y el cacao, pág. 8.

29870 Alfredo Castillero Calvo, Conquista, Evangelización y Resistencia, (Panamá: Editorial Mariano Arosemena-Instituto Nacional de Cultura, 1995), págs. 321-322.

29971 Alfredo Castillero Calvo, Conquista, Evangelización y Resistencia, pág. 322.

30072 Alfredo Castillero Calvo, Conquista, Evangelización y Resistencia, pág. 323.

30173 Véase Juan Carlos Solórzano F., “Evangelización franciscana y resistencia indígena: dos rebeliones en la frontera entre Costa Rica y Panamá (Cabagra, Térraba, 1761 y Bugaba, Alanje, 1787), en Anuario de Estudios Centroamericanos, Universidad de Costa Rica, 28 (1-2), (2002), págs 57-88.

30274 Véase Ignacio Gallup-Diaz, The Door of the Seas and the Key to the Universe: Indian Politics and Imperial Rival in Darien, 1640-1750, (New York, Columbia University Press, 2005).

30375 Ignacio Gallup-Díaz, “The Spanish Attempt to Tribalize the Darién, 1735-50”, Ethnohistory 49.2 (2002), págs 281-317.

30476 Citado con ortografía modernizada por Alfredo Castillero Calvo, Conquista, Evangelización y Resistencia, pág. 226.

30577 Alfredo Castillero Calvo, Conquista, Evangelización y Resistencia, págs. 227-228.

30678 Véase John Prebble, Darien: The Scottish Dream of Empire, (Edinburgh, Ltd., 2000).

30779 Alfredo Castillero Calvo, Conquista, Evangelización y Resistencia, pág. 229.

30880 Alfredo Castillero Calvo, Conquista, Evangelización y Resistencia, pág. 327.

30981 Citado por Alfredo Castillero Calvo, Conquista, Evangelización y Resistencia, pág. 332.

31082 Alfredo Castillero analiza todas estas acciones detalladamente en Alfredo Castillero Calvo, Conquista, Evangelización y Resistencia, págs. 327-335.

31183 Carolyn Hall and Héctor Pérez Brignoli, Historical Atlas, pág. 141.

31284 El Circuncaribe se define como una región geohistórica, que comprende el Golfo de México y el Caribe, donde ambas naciones mantuvieron una competencia económica y geopolítica. Véase Johanna von Grafenstein, Nueva España en el circuncaribe, 1779-1808: Revolución, competencia y vínculos intercoloniales. (México: UNAM, Centro Coordinador y Difusor de Estudios Latinoamericanos, 1997), págs. 21-40 y 79-107. Citada por Carlos Conover Blanca, “Un muelle de piedra en el mar. Miradas geopolíticas anglo-españolas a la Península de Yucatán a mediados del siglo XVIII”, en Del mar y tierra firme. Miradas viajeras sobre los horizontes peninsulares, (Mérida: UNAM-Universidad Autónoma de Campeche, Mérida, 2011), pág. 49.

31385 Adrián Curiel Rivera, “Viajes del pirata Dampier a Campeche”, en Viajeros por el mundo maya, (Mérida: UNAM, 2010), pág. 14.

31486 Carolyn Hall and Héctor Pérez Brignoli, Historical Atlas, pág. 160.

31587 Un vívido relato del ataque a la ciudad de Panamá por el pirata Morgan en 1671 puede leerse en la obra del pirata Alexandre O. Exquemelin, Los piratas de América, (Red Ediciones, S. L., 2011).

31688 Carolyn Hall and Héctor Pérez Brignoli, Historical Atlas, pág. 135.

31789 Carolyn Hall and Héctor Pérez Brignoli, Historical Atlas, pág. 142.

31890 Adela Pinet, La Península de Yucatán en el Archivo General de la Nación, (Chiapas, México: UNAM, Centro de Investigaciones Humanísticas de Mesoamérica y el Estado de Chiapas, 1998), pág. 50.

31991 J. H. Parry, The Spanish Seaborne Empire, (Hutchinson of London, 1971, 3d. impression), pág. 301.

32092 Aaron Arguedas, “The Kingdom of Guatemala under the Military Reform 1755-1808”, Texas Christian University, 2006, pág. 48.

32193 Historia Moderna I (Selección de Lecturas I), La Habana, Editorial Pueblo y Educación, 1979, pág. 487.

32294 Carolyn Hall and Héctor Pérez Brignoli, Historical Atlas, pág. 143.

32395 J. H. Parry, The Spanish Seaborne Empire, pág. 303.

32496 Carolyn Hall and Héctor Pérez Brignoli, Historical Atlas, pág. 146.

32597 Linda Newson, El costo de la conquista, (Tegucigalpa, Editorial Guaymuras, 1992), pág. 377.

32698 Véase Troy S. Floyd, The Anglo-Spanish struggle for Mosquitia, (New Mexico: University of New Mexico Press, 1967).

32799 Doug Tompson, “The Establecimientos Costeros of Bourbon Central America, 1787-1800”, en Jordana Dym & Christophe Belaubre (editors) Politics, Economy, and Society in Bourbon Central America, 1759-1821, (Boulder: University Press of Colorado, 2006), pág. 163.

328100 Doug Tompson, “The Establecimientos Costeros”, págs. 164 y166.

329101 Carolyn Hall and Héctor Pérez Brignoli, Historical Atlas, pág. 147.

330102 En la segunda semana de noviembre de 2011, varios especialistas estudiosos de la frontera colonial en el Istmo de América Central, se reunieron en la ciudad de Mérida, en el Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales de la UNAM, para presentar el avance de sus investigaciones en el coloquio: En las márgenes del Imperio. Historias y Narrativas en las fronteras del dominio español.

331103 Una política de “integrarse a desaparecer” fue practicada también en el norte de México. Véase Alejandro García, _Civilización y Salvajismo en la colonización del “Nuevo Mundo_”, (Murcia: Universidad de Murcia, 1988), págs. 143-228. También, María del Carmen Velázquez, quien analiza los intentos de “aniquilación” de la nación apache en: Establecimiento y pérdida del septentrión de Nueva España, (México: El Colegio de México, 1974).

332104 Alexander von Humboldt, Del Orinoco al Amazonas, (Instituto Cubano del Libro, 1971), pág. 178.

333105 Jerald T. Milanich, -Laboring in the Fields of the Lord: Spanish Missions and Southeastern Indians_, (Smithonian Institution Press, 1999). También Brent Richard Weisman, Excavations on the Franciscan Frontier: Archaeology at the Fig Springs Mission, (Miami: University Press of Florida & Florida Museum of Natural History, 1992).

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Para citar este artículo :

Juan Carlos Solórzano, « La frontera colonial del Istmo de América Central (1575-1800): indios, frailes, soldados y extranjeros en los límites de la colonización hispánica. », Boletín AFEHC N°53, publicado el 04 abril 2012, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=3102

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