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AFEHC : diccionario : FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA, Gómez Fray : FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA, Gómez Fray

Ficha n° 3151

Creada: 27 septiembre 2012
Editada: 27 septiembre 2012
Modificada: 30 octubre 2012

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Autor de la ficha:

Leticia PEREZ PUENTE

Editor de la ficha:

Rodolfo HERNANDEZ MENDEZ

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Publicado en:

ISSN 1954-3891

FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA, Gómez Fray

Biografía breve del tercer obispo de Guatemala (1574-1598), de la orden de San Jerónimo, reconocido por los cronistas coloniales como benefactor del clero regular de su diócesis.
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Palabras claves :
Episcopado, Clero secular, Clero regular, Cronistas religiosos, Seminario tridentino, Cofradía de las Mercedes
Cargo o principal ocupación:
Obispo de Guatemala 1574-1598
Nació:
Córdoba, España
Murió:
Santiago de Guatemala, 13 de julio de 1598
Padres:

1Iñigo Fernández de Córdoba y Aguayo y María de Santillán

Resumen:

1Fray Gómez Fernández de Córdoba perteneció a la casa de los condes de Cabra, en cuyo blasón aparece un rey moro atado con una cadena, como se puede ver en el escudo de armas puesto en el retrato de este prelado.

2Tomó el hábito de la orden de San Gerónimo en el convento de Granada de donde, según algunos cronistas, llegó a ser prior.

3El 15 de enero de 1567 fue presentado como obispo de Nicaragua y al año siguiente se expidieron sus bulas. Sin embargo, detuvo su partida hasta 1572, a pesar de los diversos avisos para que fuera a residir a su sede y de la amenaza de destierro si persistía en su negativa de embarcarse para América.
El obispado de León de Nicaragua al que fue presentado se había erigido en 1531, pero aun se trataba de una iglesia pobre e inmersa en una sociedad sumamente conflictiva. Muestra de su precariedad es cómo no contó con un cabildo catedralicio formal durante todo el siglo XVI, pues sólo se nombraba de forma esporádica a algunos capitulares. En 1574 el deán escribió a la corte señalando que no se podía sustentar ni un prebendado cómodamente, ya que el ingreso no llegaba a los cuatrocientos pesos anuales. Sobre su conflictividad política baste recordar el asesinato a puñaladas del obispo fray Antonio de Valdivieso en 1550.

4Casi nada se sabe sobre la estancia de Fernández de Córdoba en aquella iglesia, sobre todo porque su gobierno episcopal fue sumamente breve, a penas poco más de un año, pues en 1574 se le nombró obispo de Guatemala. Debió haber tomado posesión de la nueva sede en 1575, pues este mismo año firmó, aún como obispo de Nicaragua, un documento donde respaldaba las solicitudes de la ciudad de Santiago de Guatemala para que esta iglesia fuese ascendida a metropolitana.
En la diócesis guatemalteca, Fernández de Córdoba gobernó alrededor de 24 años (1574-1598). Tiempo en el cual le tocó llevar a cabo importantes reformas: introdujo la ordenanza del patronato; llevó a cabo una reorganización del régimen parroquial y pretendió introducir los cánones del tercer concilio mexicano, al cual asistió en 1585. Además, visitó su diócesis, promovió la fundación de la ermita de Nuestra Señora de los Remedios, la creación de la Cofradía de las Mercedes, e impulsó el establecimiento del colegio y recogimiento de Nuestra Señora de la Presentación. Finalmente, elaboró constituciones y firmó la “Carta de institución, fundación y establecimiento” del seminario tridentino de Nuestra Señora de la Asunción el 24 de agosto de 1597. La ceremonia de apertura y posesión del establecimiento por el rector y primeros colegiales se celebró el 4 de enero de 1598.

5A pesar del importante trabajo llevado a cabo por Fernández de Córdoba para fomentar la vida religiosa de la diócesis y dar forma y organización al obispado, su obra ha sido muy poco estudiada y, sobre todo, se ha visto obscurecida debido a la atención prestada a Francisco Marroquín , primer obispo de la diócesis, y el polémico Bernardino de Villalpando (1564-1570), quien destacó en su intento por quitar a los frailes las doctrinas indígenas para colocar en ellas a clérigos seculares. De hecho, fue a partir de la política de este último obispo que los cronistas de finales del siglo XVII y principios del XVIII definieron el gobierno episcopal de Fernández de Córdoba.

6En la Crónica de la Provincia del Santísimo Nombre de Jesús, el franciscano fray Francisco Vázquez anotó que Fernández de Córdoba había sido un “celosísimo y vigilantísimo pastor”, y cómo antes de su llegada al obispado los frailes se hallaban desconsolados por las constantes censuras y las limitaciones impuestas en el oficio de párrocos que desempeñaban. Según dijo este cronista, en reconocimiento de los grandes sujetos de la orden, Fernández de Córdoba había solicitado a la real audiencia que los franciscanos se hicieran cargo de la cátedra pública de lenguas indígenas, mandada establecer por el rey en 1580 en cada una las ciudades donde hubiese audiencias y cancillerías.

7De igual forma, en la Historia de la provincia de San Vicente de Chiapas y Guatemala, el dominico fray Francisco Ximénez presentó a Fernández de Córdoba como un prelado caritativo y amante de la pobreza religiosa, que predicó con el ejemplo. Con el mismo tono laudatorio, Francisco Javier Alegre escribió en su Historia de la Compañía de Jesús en Nueva España, que el obispo había ofrecido a los jesuitas una casa y alguna renta para dar principio al establecimiento de la orden.

8Por su parte, Antonio de Fuentes y Guzmán, señaló en su Recordación Florida que, en su intento por fomentar y restituir a las órdenes religiosas, el obispo había terminado por hacerles un “excesivo e inmoderado favor”. Ante lo cual reclamaría el cabildo de la ciudad, pues Fernández de Córdoba dio parroquias a franciscanos y dominicos quitando de ellas a los clérigos seculares, hijos de conquistadores.

9Al parecer de Fuentes y Guzmán, fue en respuesta a esa política del prelado que el rey expidió en 1583 una cédula real donde se ordenó preferir a los clérigos para ocupar las doctrinas indígenas en lugar de los frailes. Orden real ocultada por Fernández de Córdoba hasta 1585, pues para entonces un nuevo mandato revocó el anterior. Fuentes y Guzmán no dudó en asegurar que a ese cambio en las disposiciones reales contribuyó el mismo obispo de Guatemala, así como otros prelados miembros del clero regular: fray Gerónimo Corella, del obispado de Comayagua, fray Pedro de Feria, de Chiapas y, fray Antonio de Zayas, de León de Nicaragua.

10Conocida es la opinión de aquél obispo de Chiapas sobre la permanencia de los frailes al frente de las parroquias, pues en uno de sus escritos enviado al tercer concilio provincial mexicano, arguyó con denuedo en favor de las órdenes religiosas, diciendo que a ellas se debía lo principal de la iglesia de Indias.
Sin embargo, a pesar de lo dicho por los cronistas, no existen declaraciones de Fernández de Córdoba donde se pueda constatar su preferencia por los frailes. De hecho, en una de sus cartas al rey señaló que muchos religiosos eran “idiotas e ignorantes en ciencia y prudencia” y, en otra misiva, se quejó de su falta autoridad sobre ellos: “En las partes donde administran frailes estoy cierto que no son a mi cargo las ovejas, aunque ellos digan lo contrario”. Las órdenes religiosas, según se quejaba el obispo, sentían tener la autoridad de papas y aún de reyes pues “cuando quieren, en todo se entremeten”. Más aún, en claro contraste con lo asegurado por el cronista franciscano, en 1588 Fernández de Córdoba refirió al rey el poco fruto que se había obtenido de la cátedra de lenguas indígenas, recomendando se cerrara y cada clérigo la aprendiera por sí mismo en su labor con los naturales. Con todo, las cartas del obispo no significan que éste hubiera sido contrario a los frailes, pues en 1594 pidió al rey se enviara a mayor número de dominicos y franciscanos a la provincia.

11Como muchos otros prelados americanos, el obispo de Guatemala reconoció el trabajo llevado a cabo por los frailes en la conversión y atención de los naturales, pero, al mismo tiempo, demandaba de ellos mayor respeto a su jurisdicción sobre la vida parroquial del obispado, lo cual le llevó a enfrentarlos y a quejarse de su proceder.

12Así, a diferencia del polémico Bernardino de Villalpando, con quien los cronistas le compararon y definieron, fray Gómez Fernández de Córdoba al parecer implementó una política de tolerancia y de equilibrio entre los cleros, lo cual le permitió gobernar con escasos conflictos. En ese mismo sentido, en contraste con otros gobiernos episcopales, durante el suyo apenas existe constancia de un par de desencuentros con el presidente y miembros de la audiencia. Ello a pesar de que su gobierno episcopal transcurrió en un tiempo de importantes cambios para la iglesia indiana, debidos a la ordenanza del patronato y el tercer concilio provincial mexicano.

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