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AFEHC : diccionario : DEL CAMINO, Andrés : DEL CAMINO, Andrés

Ficha n° 3163

Creada: 09 octubre 2012
Editada: 09 octubre 2012
Modificada: 07 febrero 2016

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Autor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

Editor de la ficha:

Jorge GONZALEZ ALZATE

Información:

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Publicado en:

ISSN 1954-3891

DEL CAMINO, Andrés

Integración social de un comerciante de origen vasco en la capital del Reino de Guatemala por medio de sus matrimonios.
Palabras claves :
Integración, Capas medianas, Criollo, Matrimonios
Cargo o principal ocupación:
Comerciante de la Ciudad de Guatemala
Casó:

1Con doña María Josefa Cano Marín, el 3 de mayo de 1759. Después con doña Gertrudis Pereira Lobato. Después con doña Manuela Torres, el 23 de agosto de 1772; y finalmente, el 13 de noviembre de 1782, con doña María Josefa Mella Olavarrieta (1754-1804).

Nació:
El 30 de noviembre de 1736 en Aldeacueva, Valle de Carranza.
Murió:
El 16 de enero de 1791 en la Ciudad de Guatemala.
Padres:

1José del Camino Casuso, B. 12 de julio de 1703 en Bárcena de Cicero, Santander y M. 29 de noviembre de 1781 en Santoña, Santander (Testamento el día anterior ante Vicente Antonio de Oroumendia) y Teresa Cano Peña, B. 13 de setiembre de 1710 en Aldeacueva, casados el 20 de febrero de 1734 en Aldeacueva.

Resumen:

1 La vida de don Andrés del Camino nos brinda la oportunidad de penetrar en el mundo de los hombres que fomentaban la actividad comercial en el Reino de Guatemala en la segunda mitad del siglo XVIII. Al mismo tiempo, nos da a conocer ciertos detalles sobre la familia del abogado José Francisco Córdova, quien se casó en 1814 con una hija de don Andrés.

2 Es probable que este inmigrante vasco haya llegado a la capital del Reino entre 1760 y 1771, junto con su primera esposa doña María Josefa Cano Marín con quien se había casado en 1759. En 1771 compró una casa, en la actual Antigua Guatemala, a los albaceas de doña Lucrecia Sarabia. Con su primera mujer, quien era su prima, don Andrés del Camino perdió en la infancia dos niños; una hija, María Josefa, sobrevivió, llegando a ocupar diversos puestos de responsabilidad en el convento de Santa Catalina Mártir.

3Su segunda esposa, doña Gertrudis Pereira Lobato, nativa de la ciudad de San Vicente, le dio una sola hija, María Trinidad, la cual ingresó en el beaterio de Santa Teresa. La dote de su esposa, de 15.000 pesos, sirvió para pagar los 3.000 pesos de dote y 10.000 se fincaron para rendir 500 pesos de réditos a beneficio de María Trinidad. Los nexos con la familia Pereira fueron bastante fuertes. Don Andrés menciona en su testamento haber sido albacea de doña María Magdalena Lobato “hasta haber puesto en estado de religiosas profesas en el monasterio de Concepción de las Reverendas Madres a María Teresa y María del Carmen Pereira y Estrada, nietas de la dicha Magdalena”. Estas niñas habían estudiado antes en el Colegio de Niñas de la Presentación. El testamento otorga un legado de 200 pesos del quinto de sus bienes para el padre ex jesuita don Ventura Pereira Lobato “por cosas que le mandé decir”.

4Su tercera esposa, doña Manuela Torres, no le dio ninguna sucesión, pero don Andrés heredó la mitad de sus bienes, sin que sepamos qué cantidad eso representaba. Su última esposa, doña María Josefa Mella Olavarrieta, le dio varios niños, incluyendo la esposa del prócer Córdova, doña Juana, quien contrajo matrimonio con don Antonio Angel de Toledo; doña Joaquina, casada con el abogado don José María Rojas; Vicente Manuel, Mariano José – estos dos estudiaron en el colegio tridentino de la ciudad de Guatemala- y José Miguel (quien nació en 1788 y cuyo padrino fue el dominico Felipe Gutiérrez y Lorenzana). Al parecer estos hijos varones permanecieron solteros. Este matrimonio fue seguramente el más provechoso, no solamente en descendientes sino también en capital porque la dote fue de 80.000 pesos. Durante el periodo del traslado de Santiago Guatemala, don Andrés contaba ya con suficiente crédito en la plaza de comercio de la ciudad como para poder dar su nombre como fiador del comerciante don Agustín de la Cuadra quien compraba mercancías a don Felipe Rubio. Sus actividades comerciales sin duda le rindieron jugosos beneficios: en febrero de 1783, siendo regidor del ayuntamiento, le compraba al comerciante Pedro Pajes más de 14.000 pesos en mercancías. Entre sus responsabilidades como regidor figuraba la construcción de los acueductos de la ciudad, por lo cual recibió comisiones, en particular en el caso del de Canales. Sus vínculos con la región de San Vicente le valieron también el puesto de juez de tintas para el cual fue electo entre 1783 y 1785. Entre las personas de confianza que trabajaban regularmente con don Andrés estaba el comerciante y cosechero de añil de San Vicente don Vicente Rodríguez del Camino, posiblemente un pariente suyo. Este recolectaba los diezmos de su región con la fianza de don Andrés a cambio seguramente de otros tipos de servicios. Este vínculo con la Iglesia no era el único porque en la década de la reconstrucción activa de la ciudad de Guatemala, en el nuevo sitio del valle de la Ermita, lo encontramos ejerciendo el cargo de administrador de las rentas del convento de Santa Teresa (al menos durante 1785, pero seguramente por más tiempo porque esos puestos se solían dar a personas de gran confianza dentro de los círculos eclesiásticos por las apuestas financieras que implicaba la gestión). Además de varios legados a la Iglesia, don Andrés dejó 8.500 pesos a su mujer y a sus hijos. Sus bienes se evaluaron en más de 61.000 pesos, incluyendo una casa de 10.815 pesos (284 pesos por el ajuar de casa, 2.860 pesos por la carpintería y 7.955 por la albañilería) y 19.867 pesos en plata fuerte y moneda macuquina; las deudas en su contra sumaron un poco más de 18.000 pesos. Entre las partidas de deuda es notable el vínculo con el comerciante don Domingo Anido (la deuda con él era de 15.561 pesos). En cuanto a deudas a favor del testamento sólo un comerciante debía bastante dinero a don Andrés del Camino: se trataba de don Agustín Troncoso que debía 4.532 pesos.

5Un curador, don Francisco Paniagua, fue nombrado para encargarse de sus hijos menores y el regidor don Joseph Fernández Gil fue escogido para proteger a su mujer doña María Josefa Mella Olaverrieta.
Don Andrés del Camino es un caso interesante. A resultas de una serie de matrimonios ventajosos, este inmigrante vasco superó su condición de subordinación social como pequeño comerciante llegado a Guatemala sin mayores apoyos locales, convirtiéndose en un próspero comerciante, dueño de una cómoda casa en la capital del Reino de Guatemala. Su ingreso en el cabildo municipal – el prestigio de todo el grupo se hizo entonces notable – y la colocación de varias hijas en la Iglesia prueba que el hombre logró insertarse con éxito en la sociedad guatemalteca. Ahora bien, no parece haber sido un comerciante muy activo; su fortuna nunca aproximó los niveles de las fortunas acumulada por otros vascos que pertenecían a la red de los Aycinena. El inventario que se hizo de sus bienes al momento de su fallecimiento revela una red de socios reducida: 15 personas con deudas a su favor y 8 en su contra. Sus negocios seguían medianamente activos pero es posible que hayan sido más activos en la década anterior. Figura prototípica de los nuevos tiempos, don Andrés del Camino no se interesó en la tierra, pero debía tener una sensibilidad religiosa y cierta visión social: hay una escritura de fundación de capellanía de 2.000 pesos de capital cuyo capellán debían ser sus hijos y “extinguida mi descendencia un niño pobre elegido para ordenarse por el arzobispo”. Por otro lado, la dinámica interna de la familia de don Andrés del Camino nos parece poco legible; todo parece haber sido bastante fortuito puesto que a causa de la corta duración de sus diferentes matrimonios era difícil para él establecer una estrategia familiar planificada con anterioridad.

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