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AFEHC : articulos : La educación en el Reino de Guatemala: primeros pasos hacia una secularización de la enseñanza (1759-1821). : La educación en el Reino de Guatemala: primeros pasos hacia una secularización de la enseñanza (1759-1821).

Ficha n° 3165

Creada: 10 octubre 2012
Editada: 10 octubre 2012
Modificada: 18 noviembre 2012

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Autor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

Editor de la ficha:

Emilie MENDONCA

Publicado en:

ISSN 1954-3891

La educación en el Reino de Guatemala: primeros pasos hacia una secularización de la enseñanza (1759-1821).

Aunque se suele citar a los representantes del alto clero, en particular a los obispos Polanco , Villegas , Francos y Monroy , a los curas García Redondo, Ruiz, Dighero, Ayestas y los frailes Córdoba, Goicoechea y López Rayón , como figuras clave del desarrollo de las Luces en Guatemala, hubo también una red de actores seglares – agrupados alrededor del oidor Jacobo de Villa Urrutia– que contribuyó a abrir el debate acerca de la necesidad de renovar e incentivar el sistema de educación. En esa contribución planteamos algunas ideas que quieren demostrar que los primeros pasos de la secularización de la enseñanza de la educación en el Istmo centroaméricano no se dieron tanto durante el siglo XIX sino que se deben a los oficiales reales de los Borbones y a sus seguidores seglares del mundillo criollo.
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Palabras claves :
Reformas borbónicas, Educación, Escuela Primaria, Secularización, Mentalidad
Autor(es):
Christophe Belaubre
Fecha:
Septiembre de 2012
Texto íntegral:

1En el Reino de Guatemala, como en las otras regiones del Imperio Hispánico, criollos, afromestizos y, en menor medida, indígenas vivían en un espacio y un tiempo cristianizado. Esa cultura, enraizada en los espíritus por medio de múltiples vectores en las ciudades y en los pueblos, pasaba más que todo por los colegios donde se formaban criollos y españoles y por las escuelas donde los curas se esforzaban en “aculturar” la población indígena y afromestiza1. Desde los primeros tiempos de la colonización, conquistadores, pobladores y funcionarios reales se esforzaron en copiar en el Nuevo Mundo las instituciones educativas que habían dejado atrás en la Península Ibérica2. Por ejemplo, en 1545, el Obispo Marroquín solicitaba el apoyo del rey para crear una cátedra de latinidad para hijos de españoles3. Poco tiempo después el oidor Tomás López, puso en funcionamiento un plan de integración de la población indígena, convencido de que, al educar los niños, ellos se convertirían en transmisores de la cultura española4. Separados de los españoles y de las castas en las reducciones, los indígenas provocaron los debates más intensos y abiertos en cuanto a la mejor manera de lograr su “civilización5”.

2Sin embargo, a pesar de la legislación indiana y de este intenso debate inicial, el contacto del grueso de la población con las escuelas donde se aprendía a leer y escribir fue excepcional a lo largo de la época colonial. Fuera de algunos barrios privilegiados de las ciudades más importantes – y no todos6 – la única “enseñanza” que se recibía era una sumaria doctrina cristiana que “daba el fiscal en voz alta a todo el pueblo sin fallar todos los domingos después de la misa mayor” y “se cerraban las puertas para que no saliera ninguno”. En todo caso, según el testimonio del dominico Fray Tomás de la Torre los clérigos estaban más preocupados por enriquecerse que por evangelizar o educar a los indios, aserción interesada pero no tan alejada de la verdad7.

3Aunque el tema de la educación ha sido tratado por múltiples investigadores desde la época más temprana de la presencia española en el istmo, siguen siendo pocos los trabajos que abarcan el periodo de las reformas borbónicas8. Mientras que en España el tema atraviesa un proceso de profunda renovación9, y la Nueva España cuenta con varios ensayos de la historiadora Dorothy Tanck10, para el caso del Reino de Guatemala seguimos siendo dependientes de unos pocos ensayos, todos ellos enfocados al estudio del movimiento de difusión de las Luces en la Universidad de San Carlos y en la Sociedad de Amigos del País de Guatemala11. Recientemente, partiendo de una perspectiva diferente, Sajid Alfredo Herrera ha enfatizado, para la Intendencia de San Salvador, que una vertiente de la política reformista de los borbones fue precisamente el establecimiento de escuelas de primeras letras, lo cual provocó un cambio de percepción de los indios y de los ladinos, sin modificar de manera significativa la exclusión socioeconómica en la cual se hallaba esa población12. Por otra parte, también vale la pena señalar que la educación primaria estaba en la mente de los reformadores, como lo destaca Víctor Hugo Acuña en su análisis de un plan de educación de José Del Valle13. Finalmente, a falta de investigaciones comparables a éstas sobre otros aspectos de la educación podemos también suponer que hubo un esfuerzo colectivo para elevar la cultura en todos los niveles del Reino: difusión de libros y folletos, debates en tertulias sobre el arte de enseñar, fomento de colegios, afrancesamiento de los comportamientos en las diversiones públicas, etc.

4Con la llegada de los Borbones al poder – y sobre todo a partir del ascenso al trono de Carlos III – la convicción de que nada era más importante para la felicidad de los reinos americanos que difundir la ilustración pública por medio de una mejor enseñanza escolar se fortaleció. Por ejemplo, Pedro Rodríguez de Campomanes en su Apéndice a la educación popular argumentaba que la reforma de la educación se debería extender hasta la base de la sociedad, idea aislada en un mundo que privilegiaba la educación de la burguesía. Además, dentro de su vasto programa de reformas, el rey contaba con diversos ministros que apostaron todos – aunque no siempre de la misma manera – al progreso intelectual, identificando la Iglesia como un obstáculo14. Con todo ello, a partir de 1759 la implementación de una legislación regalista, la llegada al poder de funcionarios reales “ilustrados” – conocedores de los escritos de Feijóo, Campomanes, Cadalso, Cabarrús y Hervás -, la puesta en práctica de una política de centralización y de uniformidad cultural así como de reforma de la enseñanza universitaria, contribuyeron a crear fuertes expectativas por parte de una elite criolla que estuvo más y más consciente que estaban en juego sus intereses económicos15. Poco después, mientras en 1767 se tomaba la decisión de expulsar a los jesuitas que dominaban un sistema de docencia elitista y religioso, se publicaba un Proyecto sobre educación pública traducido del francés, escrito por Jaime de Abreu, y una real cédula anunciaba el deseo del rey de desarrollar una política educacional coherente y asumida por el Estado16. Tal política fue sin duda aplicada por todos los ministros de Carlos III. Luego, con la llegada del ministro Godoy al poder en 1792 se inició un periodo muy favorable al progreso cultural y científico: un verdadero clima de renovación educacional se instauró en Madrid y se comunicó al conjunto del eje colonial. Finalmente, los diputados de Cádiz dedicaron al tema educativo un título especial, “De la instrucción pública”, reconociendo así su deuda con los hombres de la Ilustración17.

5Este trabajo pretende seguirle la pista al advenimiento de esta nueva cultura favorable al desarrollo de la educación y en particular de las escuelas de primeras letras donde se enseñaba a leer y escribir – y no solamente la doctrina cristiana -, hasta las consecuencias concretas que pudieron provocar la debilidad de los resultados obtenidos en un campo ya considerado como estratégico para garantizar la prosperidad social y económica. Buscamos, siguiendo la metodología de Roger Chartier, poner énfasis en las “maneras de hacer”, seguir algunas “trayectorias” e ir más allá de un acercamiento que tiende a distinguir entre cultura elitista y cultura popular para participar del fomento de la historia cultural de lo social18. Esta manera de abordar la documentación histórica debe mucho a los trabajos de Michel de Certeau quien propone estudiar no tanto los grupos sociales, sino los objetos (el libro y sus usos por ejemplo), los códigos sociales (juntarse en una tertulia para discutir opciones de desarrollo económico representa en sí un cambio de mentalidad), así como los principios de diferenciación social19.

El sistema educacional heredado

6Tradicionalmente, la historiografía existente sobre la educación colonial ha construido una idea bastante negativa del sistema educativo heredado de los Habsburgos : se le ha considerado siempre como un sistema muy tradicional y conservador – controlado por una Iglesia opuesta a todo tipo de enseñanza que fuese contraria a la religión -, y orientado hacia el beneficio de unos pocos privilegiados. En consonancia con las características del régimen político y económico de su época, este sistema habría brindado un tipo de educación que ignoraba al pueblo, salvo por algunos intentos frágiles que nunca tuvieron la voluntad de hacer llegar algo de cultura a la masa de la población sometida. No cabe duda de que la falta de investigación contribuye a reforzar dicha visión, pero tampoco se puede negar la condición social desoladora de indígenas y castas privadas de perspectivas. En principio, cada convento en cualquier ciudad o villa, ya fuese de dominicos, franciscanos o mercedarios, mantenía una casa de enseñanza, pero las fuentes que permiten conocerlas son escasas20. Sin que esto sea sorprendente y en contraste con lo anterior, la obra de los jesuitas nos es mucho más conocida. Esta orden religiosa dominó el campo de la formación de los adolescentes criollos con el colegio de San Lucas y después con el internado de San Borja, hasta su expulsión en 1767. Además, los jesuitas competían a menudo con la Universidad San Carlos de Guatemala y el Seminario Tridentino de la Asunción para dispensar a los hijos de las familias de poder criollas un cuerpo de conocimientos que les permitiera compartir el control económico y social de la región con los ministros reales peninsulares; las tres instituciones aseguraron la formación del 80 % de los bachilleres en filosofía entre 1683 y 176521. Todo el espacio regional – de Chiapas a Costa Rica -, estaba bajo el dominio intelectual de esas tres instituciones educativas radicadas en la capital del Reino. Un conjunto de becas en los diferentes colegios reservaba plazas a los nativos de Honduras, Chiapas y Nicaragua22. Dicha estructura servía los intereses de un estado real deseoso de mantener un control estricto y de ejercer una fuerte influencia sobre ellos, un estado cuya libertad de acción dependía de su capacidad de negociación con el poder criollo. El conjunto de entidades educativas compartía las mismas condiciones de fundación, la cual se hacía bajo la advocación de un santo y por la iniciativa de un mecenas, a menudo eclesiástico. Cada colegio tenía su propia oferta de cátedras y, en el caso de los colegios jesuitas, los seminaristas y alumnos solían asistir a ciertos cursos de los profesores de la Universidad (Véase la tabla 1).

7Tabla 1: Estado del sistema educativo en la ciudad de Guatemala en la primera mitad del siglo XVIII

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Institución Advocación o Santo Patrono Fecha de fundación y fundador Tipo de estudiantes Cantidad de alumnos Comentarios
Colegio Tridentino Nuestra Señora de la Asunción 1592, Obispo don Gómez Fernández de Córdoba Niños nobles destinados al culto Variable pero tenía 15 al fundarse y 75 en 1750 Edad de admisión superior a 12 años
Colegios San Francisco de Borja 1690-1712, Jesuita Ignacio de Azpeita Entre 20 y 25 en 1737 Desaparece en 1767-1773
Colegios San Lucas 1646, Nicolás Justiniano Chavarria Hijos de españoles e criollos Desaparece en 1767-1773
Universidad Universidad San Carlos de Guatemala 1676, Pedro Crespo Suárez Hijos españoles e criollos incluso los pobres 70 en 1773 y 91 en 1808
Colegio De la Presentación de Nuestra Señora Mujeres recogidas 30 en 1773
Colegio Conventual 1553, los dominicos Se admite seglares
Colegio San Buenaventura 1575, los franciscanos Hijos españoles e criollos Suprimido en 1730 por el capítulo provincial de San Francisco

9Fuentes: Beatriz Suñe Blanco, “La educación en Guatemala”, pág. 232, 235 ; Francisco García Pelaez, Memorias para la historia del antiguo Reyno de Guatemala, T. II (Guatemala: Tipografía de L. Luna, 1852), pág. 218; Carmelo Saenz de Santamaría, “La vida económica del colegio de los jesuitas en Santiago de Guatemala”, en Revista de Indias 37 (1977) págs. 543-584; Leticia Pérez Puente, “Los inicios del Seminario de Nuestra Señora de la Asunción, 1598-1620”, en Hispania Sacra LXIV 129, enero-junio 2012, págs. 187-210 ; Alcira Goicoela, “La educación” en Jorge Luján Muñoz, director general, Historia General de Guatemala, Vol. III (Guatemala Ciudad: Asociación de Amigos del País, Fundación para la Cultura y el Desarrollo, 1993-1999); Carlos González Orellana, Historia de la Educación en Guatemala (Guatemala: Editorial Universitaria de San Carlos, 1997), págs. 120 y 126.

10Antes de que la mayoría de los niños criollos o españoles ingresaran en los colegios mayores, las familias poderosas “toman también sus providencias particulares para que sus hijos aprendan a leer, escribir y latinidad23”, según el testimonio del arzobispo Pedro Cortés y Larráz . No es sorprendente entonces que la educación primaria de los jóvenes no haya provocado entre las familias de poder del Reino de Guatemala una movilización específica hasta bien entrando en el siglo XVIII. Los cálculos de Horacio Cabezas Carcacho, en base a la visita pastoral del mismo Cortés y Larráz, revelan que había escuelas tan sólo en 103 (23,89 %) de los 431 pueblos de indios existentes en el reino. Además, ya en lo referente a los contenidos mismos de la enseñanza que se impartía en estas escuelas, el propio arzobispo, conocido por su acrimonia y espíritu crítico, que no daba mucha fe a los datos que los clérigos de las parroquias le proporcionaban en el contexto de su visita pastoral, declaraba que “las escuelas se limitaban propiamente al trabajo del fiscal para enseñar a los niños a recitar y cantar de memoria el catecismo, y que sólo en muy pocas se enseñaba a tres o cuatro niños elementos de castellano, lectura y escritura24”. Por demás, es necesario tomar en cuenta que estas casas escolares también eran bastante inestables, pues solían abrirse por un tiempo y cerrarse al año siguiente por falta de fondos para pagar al maestro. En ellas, una enseñanza rudimentaria se dispensaba por maestros sin mayor motivación, en espacios precarios. Por ejemplo, si bajamos la escala de observación tan sólo al Partido de Chimaltenango, 15 escuelas aseguraban la formación de 916 muchachos – tomando en cuenta la peculiaridad de la escuela de Comalapa ¡que sólo ella contaba el número de 25425! La situación no era mucho mejor en la capital del Reino donde la formación de los pupilos estaba principalmente en manos de la Orden belemita, la cual contó con dos escuelas primarias que funcionaron regularmente gracias al compromiso político de los religiosos26. De hecho el trabajo de la orden de Belén se parecía bastante a la obra social emprendida en Francia por Jean-Baptiste de La Salle quien estableció escuelas reservadas a niños pobres a finales del siglo XVII, pues en los barrios periféricos los curas administraban pequeñas escuelas junto con los miembros del cabildo. En estas escuelas, ocasionalmente los sacerdotes podían detectar los talentos de un alumno con el fin de conseguir becas para que los más destacados siguieran sus estudios en los colegios superiores. Además, a tono con el sistema corporativo predominante en la época, era costumbre que se firmasen ante notario contratos de formación que permitían que los jóvenes de 14 años en adelante adquiriesen una experiencia profesional27.

11En los colegios y en la Universidad la primacía del latín y del humanismo parece haber sido poco cuestionada durante la primera mitad del siglo XVIII28. Estos establecimientos quedaron entonces alejados de los grandes progresos científicos del siglo XVII y sólo formaban escritores y oradores dejando, por ejemplo, a la medicina un espacio reducido. Además, la rigidez de los estatutos de la Universidad constituía una limitante que difícilmente se podía superar para generar una mentalidad más amplia, a lo que se suma que la mentalidad de los profesores, de origen social elitista, no les invitaba para nada a asumir un papel de vanguardia, y antes bien les llevaba a la conservación de posiciones ideológicas adquiridas. Sin embargo la prudencia obliga a reconocer que ese periodo sigue siendo muy poco investigado en Guatemala, de manera que existe la posibilidad de que en un futuro se logre encontrar informaciones nuevas que cuestionen o vengan a enriquecer este panorama. Por ejemplo, hay indicios de que diversos actores sociales estuvieron atentos a las ciencias, como fue el caso del sacerdote don Juan Padilla, quien dedicó un libro al fomento de los estudios de las matemáticas, así como de la ortografía latina y castellana, y se apasionó por el funcionamiento de los relojes29. Y este no es un caso completamente aislado, pues se sabe que el presbítero don José Eustaquio de León, director de la Casa de Moneda de Guatemala durante varios años, conocía bien las matemáticas y desarrolló un gusto pronunciado por la Botánica30. Es notable también que los impresos publicados en castellano por autores guatemaltecos fueron también en aumento durante todo el período.

¿Hacia una educación secularizada?

12El reinado de Carlos III permitió la entrada gradual al Reino de Guatemala de un ideario favorable a los cambios en la organización general del sistema educativo. Aunque los indicios al respecto son tenues, si es posible detectar que el proceso de implantación social de la lectura y de la escritura fue acelerado en estos años. Fue éste, pues, un periodo que abrió las puertas por primera vez a un proceso secularizador, dentro una sociedad dominada intelectualmente por el clero y los códigos culturales católicos. A raíz de ello, si bien el grupo que encabezó el movimiento no buscaba una revolución política, sí fue visible que el personal eclesiástico de la época – en particular el alto clero – y sobre todo los ministros de la corona, trajeron de España pensamientos nutridos de lecturas que ponían énfasis en el fomento de la educación en todos sus súbditos. A este proceso, la burguesía criolla más culta fue bastante receptiva, pues también se abrió a los postulados de la nueva legislación y debatió intensamente sobre ella.

13Un acercamiento más fino al grado de avance de las luces en Guatemala en la segunda mitad del siglo XVIII31 podría obtenerse a través del estudio el comercio de libros32, del público de lectores, de lo que se leía, y de como se entendían y discutían esas lecturas33. Tal asunto sin duda representa una laguna en la investigación actual. Por el momento, a este respecto, es posible afirmar que la atención del público de la época fue sin duda captada por la circulación de ciertos impresos de instrucción clerical como la Cartilla de Doctrina Religiosa para las Niñas que Dessean ser Monjas. También, un folleto de educación popular como el Discurso sobre el fomento de la industria popular (1774), impreso a 30.000 ejemplares para ser distribuido en todo el Imperio, sin duda alcanzó numerosos lectores34. Por otra parte, más tarde la corona emitió una real cédula sobre “educación, trato y ocupaciones de los esclavos” y hacia mayo de 1806 el rey Carlos IV expidió una Real provisión sobre el establecimiento de escuelas en todos los pueblos de América35. Este cuerpo de legislación fomentó una sensibilidad hacia el acto de leer y desarrolló nuevos habitus al recomendar al público cosas como, por ejemplo, suscribirse al “Semanario de Agricultura y Artes dirigido a los Párrocos36”.

14Por otra parte, lo que se publicaba y cómo se organizaban los libros y los folletos publicados también dice mucho de la manera de razonar de los actores sociales de la época37; lo que se escribía en relación directa con el fomento de la lectura y el arte de escribir puede revelar el grado de convicción política adquirida por éstos. Por ejemplo, bajo el impulso del impresor Ignacio Beteta, la prensa conoció entre 1797 y 1816 – aunque con ciertos periodos de interrupción – un auge sin precedentes: los lectores se acostumbraron a recibir la Gazeta de Guatemala de ocho páginas a domicilio. El primer tomo del periódico se hizo eco de la voluntad de los miembros de la Sociedad de premiar un ensayo que pondrá énfasis en la importancia de aumentar el número de escuelas en los pueblos de Indios38. Uno de los redactores de la Gazeta, Simón Bergaño y Villegas, firmó, bajo el acrónimo de S. C., varios artículos sobre la “ortografía” y surgieron a principios del siglo XIX los cuadernitos de Fray Matías de Córdoba que contenían un nuevo método de lectura silábico39. En ese entonces, este fraile recién regresaba de Madrid, donde pudo haber sido influenciado por los escritos del pedagogo José Vargas de Ponce. Como quiera que fuese, Córdoba desarrolló una sensibilidad propia que lo llevó a investigar el tema durante varios años más40. En este contexto, el naturalista José Mariano Moziño ya no sorprendió al público cuando hizo un esfuerzo para sistematizar los conocimientos sobre el cultivo del xiquilite o añil (1799). Así pues, quedaba demostrado que el tema de la educación merecía una reflexión específica en la sociedad de la época, cosa que los “ilustrados” guatemaltecos no dejaron de señalar al público lector, a través de los informes de actividades de la Sociedad de los Amigos del País y de la publicación de la Gazeta de Guatemala y otros periódicos, donde dedicaron artículos enteros al poder del aprendizaje y a la educación pública. En el tomo III de la Gazeta de Guatemala se adelanta la idea que la principal lucha que se tiene que emprender para alcanzar la felicidad de los pueblos es el arraigo de la ignorancia41.

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Tabla 2: Artículos sobre educación en la Gazeta de Guatemala y los folletos que dan cuenta de la actividad de la Sociedad de los Amigos del País

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Título Autor Temática principal Fuentes
Segunda Junta Pública de la Sociedad J. V. de Retes Escuela de Matemática y de Dibujo Biblioteca Nacional de Guatemala, Colección Valenzuela
Tercera Junta Pública de la Sociedad S. Melón Escuela de Matemática y de Dibujo, Educación Pública AGI, Guatemala 530 (Diciembre de 1797)
Sociedad Anónimo Sobre educación de la juventud Gazeta de Guatemala, Tomo III, N° 113-122, 15 de julio hasta 16 de septiembre de 1798
Estudios D. Pacoro42 Quejas sobre la diversidad de los idiomas y sobre la necesidad de un lenguaje universal como lo sugiere Descartes. Opuesto al latín Gazeta de Guatemala, Tomo II, 5 de noviembre de 1798, fol. 297-298
Estudios Anónimo Sobre enseñar las ciencias en idioma vulgar Gazeta de Guatemala, Tomo V, Lunes 21 de septiembre de 1801, Núm. 199, fol. 439-440
Método de estudios Anónimo Se aconseja las ventajas de instruir bien en la lengua castellana antes de estudiar el latín y se ruega cultivar la afición a la lectura Gazeta de Guatemala, Tomo V, Lunes 21 de septiembre de 1801, Núm. 237, fol. 618
Proyectos donosos de un devoto Ingles para aumentar la renta pública, mejorando las costumbres Anónimo _Gazeta de Guatemala, Tomo VI, 1802
Deseos literarios Bondésir Pide que todos los actos académicos se puedan hacer en castellano Gazeta de Guatemala, Tomo VIII, 16 de julio de 1804, fol. 361-362

17Reunidos alrededor del oidor Jacobo de Villa Urrutia, este grupo de ilustrados fomentó la educación popular y artística por todos los medios posibles, por ejemplo, a través del debate entre personas que usaron seudónimos para protegerse43, o del otorgamiento de premios44. En la Gazeta de Guatemala, por ejemplo, el “Beato Procopio” y el “Hermano Serapio” debatieron en alguna ocasión sobre los principios educacionales y la calidad de la enseñanza universitaria45. Además, en buena medida, la fuerza de este grupo residió en que todos invertían sus medios económicos personales para llevar a cabo sus proyectos. Se realizó entonces – y seguramente por primera vez en la historia de Centroamérica -, un esfuerzo colectivo para llegar a captar más de 200 suscriptores, lo cual implicó toda una organización, convicciones políticas compartidas y una buena coordinación. Por otra parte, en esta época la lectura dejó de ser considerada como un acto pasivo y se empezó a ver como algo que implicaba la movilización de todo un cuerpo de lectores, lo cual podía traer efectos como, por ejemplo, la consolidación de un periódico. De la misma manera, la escuela de dibujo, obra emblemática de la Sociedad de los Amigos del País de Guatemala, funcionaba con un gasto anual de 595 pesos en 1801, el cual estaba cubierto parcialmente por una suscripción de 39 personas46. El historiador Robert Jones Shafer pone énfasis en el hecho de que la apertura de la escuela generó entusiasmo entre la población culta de la ciudad hasta tal punto que el dinero juntado en la capital y las provincias abrió la posibilidad de construir un edificio pensado para recibir la escuela47. Los “ilustrados” parecen haber eludido la trampa de la dispersión porque al abrir una escuela de latinidad bajo la dirección de don Juan José Saravia, volvieron a imprimir en la casa editorial de José de Beteta los “Rudimentos” de Vannière, perfeccionados por el traductor Jaime Villa López, alias de Jacobo de Villaurrutia , según John Tate Lanning. Todo eso implicaba un mínimo de planificación y se pretendía organizar una enseñanza de buen nivel: “La asistencia será de ocho a diez de la mañana, y de tres a cuatro y media por la tarde en el buen tiempo, y en el riguroso de aguas de 8 a 11 de la mañana solamente. Habrá clase todos los días de trabajo, menos los jueves de las semanas; pero en todo caso debe pagarse el mes adelantado48”.

18Aunque se suele citar a los representantes del alto clero, en particular a Matías de Córdoba, Tomás Ruíz , Manuel López Rayón , José Bernardo Dighero , Antonio García Redondo , Francisco Polanco , Juan Félix de Villegas , Cayetano Francos y Monroy , Rafael Agustín Ayestas y José Antonio Goicoechea , como figuras clave del desarrollo de las Luces en Guatemala, parece patente que hubo también una red de actores seglares – agrupados alrededor del oidor Jacobo de Villa Urrutia – que contribuyó a abrir el debate acerca de la necesidad de renovar e incentivar el sistema de educación. Los clérigos mencionados monopolizaban el arte de la predicación y de esta forma supieron ponerse a la cabeza del movimiento reformador, por lo que son quienes más han llamado la atención de los historiadores. Sin embargo, no fueron los únicos en promover las reformas. A este respecto, no cabe duda de que el papel de los médicos, abogados, comerciantes y funcionarios reales debe ser estudiado a profundidad.

19De hecho, la actitud general de los funcionarios reales de la época denota cierta visión educativa: hay más esfuerzos para consolidar o establecer nuevas escuelas primarias y fundar colegios. Tal preocupación también fue constante para el arzobispo Pedro Cortés y Larráz : sus escritos, por ejemplo – y uno puede muy bien imaginarse a sí mismo en su Iglesia al momento en que el arzobispo pronunciaba sus sermones – revelan una fuerte desesperanza al constatar que la mitad de la población del reino vivía fuera de poblados “sin educación y sin crianza”. Sin embargo su visita pastoral permite detectar algunos curas “ilustrados” que sacaban de los bienes de las cofradías y de las rentas de sus parroquias suficiente dinero para mantener escuelas de primeras letras para niños, con resultados visibles para los pueblos49. Cabe recordar que esos curas cumplían con una política real bastante insistente y repetitiva en la época50. A principios del siglo XIX la política de los Borbones y la influencia de los ilustrados de la capital había hecho progresos tangibles: Sajid Alfredo Herrera menciona el caso de la región de Sonsonate donde, según un informe del alcalde de la ciudad sólo 4 de los 24 poblados de la zona carecían de escuelas primarias, situación que había mejorado bastante si se compara con la que encontró en la misma región el arzobispo Pedro Cortés y Larraz51. La tabla siguiente revela cómo las mentalidades criollas empezaron a cambiar en la segunda mitad del siglo XVIII y cómo los ayuntamientos estuvieron cada vez más comprometidos con la tarea educacional. A medida que donaciones y fundaciones piadosas disminuían, el patriciado urbano se convencía de que los fondos públicos debían servir para mantener las escuelas primarias, y que dicha enseñanza debía ser gratuita, por lo menos para los más pobres. En ese sentido la experiencia más innovadora resultó ser la de don Manuel Vicente Muñoz quien, a sus expensas pero no sin conciencia de que el apoyo de la corona era necesario, creó una escuela para niñas donde se enseñaba el arte del tejido. Su empeño en consolidar la institución llama la atención porque no buscaba, como muchos otros eclesiásticos de la época, llenar su hoja de merecimientos y servicios, sino establecer por muchos años una obra educativa52. Una vez más, fueron los burgueses cultos agrupados en la Sociedad de Amigos del País, y muy en particular don Martín Barrundia, el deán Antonio García Redondo y el oidor honorario Luis de Aguirre, quienes sostuvieron la institución53. Aunque la vida de dicha casa escuela sigue siendo poco conocida, hay varios indicios de una actividad sostenida en favor de la educación profesional. El fraile Vicente Guillén, típico representante de las capas medianas de la ciudad de Guatemala, daba clases para fomentar el cultivo de la grana y bajo su dirección se elaboró un torno de hilar seda54. Aún desde las escuelas más religiosas se hacía notar la influencia de los seglares, puesto que, por ejemplo, en las nuevas escuelas de Calasanz y San Casiano dos maestros de escuela, Nicolás y Antonio Cervantes, tuvieron la iniciativa de introducir un método sintético-silábico para enseñar a leer. También, según el presidente González Saravia, aunque la escuela de matemática, impulsada por un religioso, un ingeniero y un abogado, tuvo una vida efímera, fue gracias a ella que “ha comenzado la afición azia ellas (las Matemáticas55)”. Desde el punto de vista teórico contamos con la contribución original del fraile Antonio de San José Muro , amigo personal del oidor Villaurrutia y economista, que contribuyó a nutrir los debates internos de la burguesía culta de la ciudad de Guatemala. Las soluciones que preconizaba frente al problema indígena en Guatemala merecen una pequeña digresión. Su plan establecía la apertura de un colegio en cada diócesis: “allí 225 “indiececitos” de siete a nueve años y 120 “indiecitas” de seis a ocho, serían educados lejos de sus padres para alejarse de sus “malas” costumbres y sobre todo para que olvidaran su idioma”. Este modo de pensar iba en contra de lo practicado anteriormente en materia de educación de los indígenas. Según Muro, si el sistema se hubiera extendido al conjunto del Imperio ¡este habría permitido « castellanizar » 1500 indígenas anualmente! Creía además que su proyecto permitiría comprobar “que no es característica la embriaguez del indios”, comentario que implica la lectura de Rousseau y una posición crítica hacia los prejuicios de su época. El oidor Villaurrutia, deseoso de enriquecer el debate, publicó algunos fragmentos de la memoria de Muro, en donde se mencionaba su oposición al pensamiento del fraile Matías de Córdoba: “Querer en trage español a los Indios, darles cama, y mejorarlos de habitación es meterlos en necesidades que no conocen ; y son perniciosos los que quieren introducirles modas. Un cotón les cirve de camisa, chaqueta y armados : unos calzones sencillos cubren sus piernas y un sombrero de palma la cabeza56 (...)”. Mientras que el influjo intelectual y positivo de los oidores Villaurrutia, Collado y Campo y Rivas y los regentes Pontero y Cerdán se mantenía vigente, volvemos a encontrar al padre Muro a principios de 1799, cuando trató de fomentar, esta vez concretamente, el número de escuelas primarias en los pueblos indígenas. El padre Muro, Ignacio Letona y sobre todo los hermanos Cervantes fueron consultados sobre la materia por los oidores. Muro era el responsable de la escuela de Belén desde hacía diez años y había trabajado mucho para modernizarla a pesar de la pobreza de sus alumnos. Según su testimonio, un buen profesor de primeras letras debía tener las siguientes cualidades: « yo precindo por ahora de que los sugetos que se hayan de elegir para maestros sepan leer, escribir y contar ; y principalmente de arreglada conducta, como condiciones indispensables ; y solo desearía que fuesen caritativos, porque el interés no suele ser muchas veces insentivo bastante para el desempeño de una obra tan santa57».

20Tabla 3: establecimientos escolares nuevos en el Reino de Guatemala (1786-1821)

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Institución Nombre o función Fundador Categoría Alumnos Comentarios
Escuela Dibujo (1795) Pedro Garci-Aguirre, Horario: 7-9 de la noche 57 (1797), 79 (1798) Muchos artistas formados como Francisco Cabrera o Casildo España
Escuela Matemáticas (1795) Don Joaquín Galvez, don Josef de Sierra, don Miguel Larreinaga Sin restricción Formación de un verdadero plan de estudios. Poco éxito público
Escuela Calasanz y San Casiano (1792) Cabildo eclesiástico y secular Sin restricción 200 Una nueva visión pedagógica defendida por Nicolás y Vicente Cervantes
Escuela Santa Catarina Pinula (1789) Don Vicente Muñoz Niñas de todas las castas 54 (1796) Su finalidad era desarrollar la industria textil
Colegio Infantes (1781) Cabildo eclesiástico y el arzobispo Cayetano Francos y Monroy Cantores Se acordó asignar 3000 pesos anuales de las vacantes de los curatos y del ramo de fábrica
Colegio De la Visitación de Nuestra Señora (1796) Doña Antonia Perfecta Gordón
Escuela Beaterio de Santa Rosa (1805) Priora Niñas No se sabe si se concretizó
Escuela Hilados y tejidos en Ciudad Real (1791) Obispo de Chiapas Gabriel de Olivares Indígenas El proyecto fracasó a los dos años de creación
Escuela De doctrina y canto en Texistepeque (1780) Cura Tomas Calderón y Cordón Cantores, sin restricción Compró los instrumentos necesarios
Escuela Hospicio La Soledad en Cartago (1803) Don Pablo Alvarado Iniciativa del gobernador Tomás de Acosta
Escuela De Latinidad (1801) Don Juan José Saravia 10 (1801) 4 pesos de contribución por mes, el mes se paga adelantado.
Escuela De Primeras letras en Comayagua (1793)
Escuela De Primeras letras en Trujillo (1799) 20 (1799) 4 reales por cada barril de aguardiente introducido en el Puerto
Escuela Escuela de gramática latina en Cartago (1782) Arzobispo Esteban Lorenzo de Tristán Donó una parte de sus caudales para pagar el maestro con la idea de convertirlo en Seminario

22Fuentes :Biblioteca Nacional de Guatemala (BNG), Colección Valenzuela, Segunda Junta Pública de la Real Sociedad Económica de Amates de la Patria de Guatemala celebrada el 9 de julio de 1797 con la licencia necesaria en la Imprenta de la Viuda de Don Sebastian de Arevalo, año de 1797 ; AHA, T3, 92 exp. 2825, 25 folios, Beaterio de Santa Rosa (1805); Alma Margarita Carvalho, La Ilustración del despotismo en Chiapas, 1774-1821 (México: Consejo Nacional para las Cultura y las Artes, 1994), pág. 83 ; Elizet Payne Iglesias, Pablo Alvarado y Bonilla, entre la Independencia y la Federación en Centroamérica , en Boletín de la AFEHC Nº52 (marzo de 2012) ; Gazeta de Guatemala Tomo V, Lunes 21 de septiembre de 1801, Núm. 223, fol. 572 ; Bernabé Fernández Hernández, El Reino de Guatemala durante el Gobierno de Antonio González Saravia (1801-1811) (Madrid: CIGDA, 1992), pág. 307. Sobre Trujillo, el autor cita una carta de Antonio González Saravia al ministro de Hacienda Soler del 3 de febrero de 1803 conservada en AGI, Guatemala 777 ; Gazeta de Guatemala, 20 de mayo de 1799, fol. 36 ; Citado por Robert Jones Shafer, The Economic Societies, pág. 314 ; Eduardo Madrigal Muñoz, “Elites instruidas en la Costa Rica colonial, 1564-1718, Revista de Historia, N° 57-58 (enero-diciembre de 2008), págs. 85-107.

23En cuanto al Seminario Tridentino de la capital del Reino, este conoció en la segunda mitad del siglo XVIII su máxima influencia social y cultural. Una real cédula del 14 de agosto de 1768 lo había puesto bajo el patronato directo del rey, quien se reservaba la aprobación de la enseñanza dictada y el nombramiento del rector58. Además, los arzobispos de Figueredo y Vitoria y Peñalver mantuvieron una fuerte política de apoyo a este seminario, coincidiendo plenamente con la política real. De hecho, el arzobispo Figueredo y Vitoria (1753-1765) dedicó buena parte de sus bienes a consolidar la obra educacional de los jesuitas, por lo que, tras la expulsión de éstos, no despreció para nada al Seminario Tridentino. El arzobispo anunciaba orgullosamente al rey, en 1758, que el colegio recibía 74 alumnos y, de ellos, 44 destinados a la carrera sacerdotal59. Un representante de los grupos de poder de la ciudad, Juan José González Batres , actuaba entonces como rector y desarrollaba una acertada política educativa abierta a los seglares: se había entonces establecido un precio de 180 pesos para los alumnos que no se destinaban al servicio de la Iglesia, mientras los otros pagaban 16060. La expulsión de los jesuitas empujó el rector González Batres a seguir ampliando las capacidades de acogimiento de su institución y a gestionar nuevas becas para 12 indios descendientes de caciques, iniciativa que le valió una asignación del Rey de 500 pesos al mes61. De hecho bajo su dirección y con los siguientes rectores se aumentó el número de colegiales de origen indígena que se formaron y lograron después ordenarse, aunque sin alcanzar altos puestos en la jerarquía de la Iglesia62. De manera indirecta las decisiones reales favorecieron la consolidación del seminario al insistir más en el cumplimiento de la ley que obligaba al clero parroquial a entregar el 3 % de los ingresos de sus parroquias al Seminario Tridentino. Tras un “restablecimiento” de la cátedra de cakchiquel por el rey, la clase pasó en 1789 de la Universidad al Seminario Tridentino donde el bachiller José Marroquín la regentó hasta 1803, lo que después hizo el indígena Antonio López. De la misma manera los clérigos regulares, que perdieron la administración de numerosas doctrinas en el decenio de 1750, dejaron de ser un obstáculo para el fortalecimiento económico de la institución63. Además, por estos años el ritmo de ingreso de estudiantes al Seminario se aceleró, puesto que casi 20 candidatos se aceptaron entre 1785 y 179564. Prueba de este éxito es que el profesor de latín, presbítero Antonio de la Fuente atendía a 53 alumnos y pedía al ayuntamiento un aumento de sueldo. Las familias más poderosas de la ciudad y de las provincias colocaban allí a sus niños. Luego, el Obispo Peñalver puso su piedra al edificio al financiar 4 nuevas becas, por lo que se alcanzó un total de 25 estudiantes.

24Esa época de cuestionamiento no dejó de lado la Universidad San Carlos de Guatemala, si bien la impactó tan sólo de manera tangencial. Por ejemplo, una pequeña revolución en este mundo fuertemente conservador se dio en 1769, cuando el doctor Juan de Dios Juarros impartió durante un tiempo su cátedra de teología en castellano65. Esta fue, de hecho, una escaramuza en un combate que no estaba terminado al momento de hundirse el sistema colonial. Al mismo tiempo, la Corona enfrentaba al clero regular para quitarles la administración de la población indígena: lógicamente los profesores de la Universidad empezaron a considerar que la cátedra de Cakchiquel debía ser reemplazada por otra “más útil66“. En 1798 el doctor Narciso Esparragosa y Gallardo permitió a dos alumnos suyos defender su examen de cirugía en “un buen castellano”: numerosos artículos de la Gazeta en los meses siguientes atacaron el latín señalándolo como “arido, aburrida, metafísica y vejatoria”. Al mismo tiempo que esto sucedía, se registraba un notable aumento de la actividad intelectual en la Universidad en la década 1780-179067 bajo la influencia del médico José Felipe de Flores y del teólogo José Antonio Goicoechea. El claustro gestionó la donación de los 5578 libros que pertenecían a los jesuitas expulsados con una verdadera visión política: se dotó de salario a un bibliotecario, se realizó un inventario y se abrió la biblioteca durante cuatro horas y media por día en las mañanas y las tardes68. La idea de que era posible abandonar el latín como lengua de transmisión del conocimiento en la Universidad había ganado terreno en 1801 cuando en las columnas de la Gazeta de Guatemala se anunciaba que don Miguel Talavera había realizado parte de su examen de leyes en castellano, lo que era ya común en medicina, aunque “más nadie se avía atrevido a dar el mismo paso en las demás facultades”. Además de ésta, otra idea innovadora ganó terreno: la de que el mérito de los individuos debía ser más tomado en cuenta a la hora de organizar una formación académica. Una real cédula de marzo de 1804 reiteraba la prohibición del uso de música, cohetes y almuerzos en la colación de los grados mayores y poco tiempo después el rey impuso que los alumnos de talento y aplicación pudiesen graduarse gratuitamente como bachilleres. En el mismo espíritu, el rey aprobó una nueva tabla de feriados que obligaba profesores y alumnos a trabajar por más tiempo.

25Aunque no hubo un empuje notable en el establecimiento de nuevas escuelas antes de las dos décadas que corrieron entre 1790 y 1810, si hay indicios que dejan entrever la nueva actitud de la Corona hacia la educación. Se percibe la influencia del librepensador Roda y del secularista Campomanes en la manera de gobernar de los Presidentes de la Audiencia. También, se multiplicaron las medidas anticlericales y se nota poco respeto ya hacia la función educativa asumida por las instituciones eclesiásticas. Así el Presidente José Estachería se negó a renovar los 50 pesos al beaterio de Belén que le habían sido concedidos por el presidente Matías de Gálvez a la hora de reconstruir la capital en su nuevo sitio del Valle de la Ermita, tras su destrucción por los terremotos de 1773: « no considero a dicho beaterio acreedor a que S. M. grave la Real Hacienda con pensionar alguno de los ramos de ella para continuarle el citado goze de cinquenta pesos mensuales, pues es indiferente que lo tenga o no para la asistencia de enfermas convalecientes (…) y en la que también dice desempeña de instruir las niñas en coser, no es necesario; por que se experimenta que son preferidos por todo el público para el intento el Colegio de Niñas de la Presentación y los Beaterios de Santa Rosa e Yndias69 (…)”. Algunos años antes los mercedarios habían sido forzados a cerrar las puertas del Colegio de San Jerónimo, el cual habían abierto sin la licencia del rey. El presidente Bustamante, en 1811, al iniciar su mandato, asumía la misma política regalista denunciando la actitud de las beatas de Indias que querían convertirse en monjas, abandonando su función educativa70.

26También, la legislación pasó a insistir más en el cumplimento de viejas recomendaciones, por lo que el aprendizaje del español en los pueblos de indios dejó de ser tan sólo un tema de debate, para convertirse en una obligación a realizar71. Miguel Medina, cura de Atitán en los altos de Guatemala, insistía en que el maestro de su escuela – que trabajaba todos los días salvo el domingo y durante hora y media – enseñase la doctrina cristiana en castellano “como se nos esta mandado72”. También, la legislación dejó de limitarse a imponer duras recomendaciones y comenzó a aconsejar a los curas que se valiesen de la dulzura para convencer a los padres de familia de enviar a sus hijos a las escuelas73. Pero, al parecer, fueron los nuevos intendentes quienes fomentaron la política más exitosa en materia de escuelas primarias. Sajid Alfredo Herrera, basándose en un informe del intendente Gutiérrez de Ulloa de 1807 para la región salvadoreña, encuentra que había 89 escuelas en los 146 pueblos existentes en ella – o sea, en un poco más del 55 % de los poblados – cifra muy superior al 23 % que halló Horacio Cabezas Carcacho en 177074. Eso era el resultado de una política general que daba prioridad al fortalecimiento de las escuelas existentes y pedía la creación de otras nuevas75. Claro que esta voluntad política enfrentaba las realidades económicas que habían hecho fracasar numerosos intentos anteriores, pese a lo cual es notable que en este periodo fueron más numerosos los curas que se dieron cuenta de que una acción específica en este campo podía servirles en su propia carrera: por ejemplo el cura de Nacaome José Joaquín Beltrán decía en su Relación de méritos y servicios, publicada en Madrid en agosto de 1788 que, « por el ardiente zelo (…) en mantener Maestros para la instrucción de los niños se ha grangeado una pública y general estimación76 ». En la capital del Reino la escuela de Belén vivía sus años de mayor actividad con 400 alumnos recibidos en una sala espaciosa financiada por la Corona, bajo la dirección de una rectora, Antonia Perfecta Gordón que dedicó toda su vida a dicha tarea y llegó a adquirir un verdadero reconocimiento profesional77. En 1807 el cura de Chiquimula de la Sierra se quejó de la actitud del corregidor del lugar, quien se negaba a cubrir el sueldo del maestro de la escuela pública, sueldo que debía pagarse de la caja de comunidad de los indígenas78.

27 Esa política “voluntarista” se hizo sentir en las provincias donde los mismos actores, obispos, curas y oficiales reales, se mostraron activos en la promoción de la educación, cosa que a la larga podía incitar la curiosidad de las elites locales79. En Nicaragua, don Pedro Agustín Morel de Santa Cruz visitó todos los pueblos de su diócesis y en cada uno de ellos se abocó a nombrar un maestro de escuela: “Nombré por fin mayordomo interino de fábrica, y maestro de escuela en ambos, estas providencias fueron generales en la presente visita y por eso omitiré su repetición”. Sin duda, Morel estaba convencido de que el bien común pasaba por la creación de los establecimientos escolares e intentaba – cada vez que le era posible – fomentar la toma de conciencia y el esfuerzo colectivo: “Insinué al teniente [de Managua] de la importancia que resultaría al bien común, de que hubiese escuela, hospital y curia en el pueblo ”. En otro pueblo no dudaba en poner de “ ministro a un presbítero que es el único residente en aquel país, treinta cartillas le entregué para que fuese repartiendo entre los niños que acudiesen ”. Con todo, el método empleado por el arzobispo siguió siendo muy tradicional, pero Morel actuó con mucha energía y obtuvo algunos resultados80. Al otro lado del Istmo, en Chiapas, el Obispo Fuero tenía incluso ideas bastante claras acerca del papel de la educación pública. Al respecto, declaraba: « Todos nacemos dotados de unas mismas facultades intelectuales, que hacen la parte más esencial de nuestra naturaleza. (…) El más obvio y natural [de los derechos de « todos »] son las escuelas públicas, en que se enseñan a un mismo tiempo las primeras letras, la práctica de las acciones virtuosas y las incomprensibles verdades de nuestra sagrada religión81». Sus edictos buscaban por todos los medios posibles, incluyendo la concesión de indulgencias (otorgar 100 días de perdón era común para todo tipo de acciones ¡y podían ser mucho más para los que se atrevían a cantar la doctrina en la calle!), fomentar el conocimiento de la doctrina cristiana82. Además, conciente de que la propia ciudad cabecera de su diócesis carecía de un sistema escolar eficiente, Fuero intentó, aunque en vano, que los vicarios de los conventos de la ciudad abriesen escuelas de primeras letras para la población que vivía en los barrios83.

Una frustración apenas contenida por parte de una elite deseosa de cambios

28Más allá de los proyectos nacidos muertos o apenas esbozados por funcionarios borbónicos que se enfrentaban a realidades económicas desoladoras, se difundía dentro del mundo criollo en este periodo una gran frustración. Esta se debía a que el discurso favorable al desarrollo de la educación preñaba y alimentaba sus discusiones pero, al mismo tiempo, la brecha entre la intención y la realización de sus aspiraciones nunca se redujo dado que los fondos dedicados al ejército y la defensa no cesaron de aumentar, limitándose con ello la posibilidad de invertir en la educación. Además, la crisis económica provocada por la ruptura del comercio transatlántico entre 1797 y 1799, puso freno a numerosos proyectos. Se inició, por ejemplo, en la década de 1800-1810 un periodo de declive del Seminario Tridentino en la capital del Reino. Un informe del arzobispo Ramón Casaus y Torres, en 1813, apunta que solamente había 46 alumnos en ese año, un fuerte descenso comparándolo con la situación de la segunda mitad del siglo XVIII84. El prelado retomaba viejas quejas al mencionar que la situación financiera de su institución educativa no era tan buena debido a los numerosos atrasos que se registraban en el pago del 3% de los ingresos de cada parroquia de su diócesis. Los alumnos recibían en el Seminario dos cátedras de gramáticas antes de trasladarse a la Universidad para estudiar filosofía, teología, cánones y leyes. El prelado era de la opinión de que había que fomentar al Seminario para ordenar más curas, debido al crecimiento poblacional y a la necesidad de dividir algunas parroquias (había entonces 137 parroquias, 230 clérigos seculares y 130 regulares). Para alcanzar este fin, Casaus defendía la idea de extender la contribución de 3% a todos los fondos de capellanías de la diócesis, lo que permitiría aumentar el número de becas para los “jóvenes pobres de más talento y aplicación”. Empero, la Corona tenía entonces otras prioridades que atender y es muy probable que las gestiones del arzobispado no hayan dado mayores frutos. En la misma perspectiva John Tate Lanning considera que la Universidad vivió en la primera mitad del siglo XIX una profunda crisis, sensible por la dificultad que los profesores tuvieron que enfrentar para reconstruir su edificio en la nueva capital y por una aguda falta de efectivos docentes85. La Universidad acogía en 1808 a 91 alumnos, que se repartían en diez cátedras. En la escuela de Belén la crisis económica se redobló con una fuerte crisis política, al verse envueltos los frailes en una conspiración, por lo que para 1813 sólo asistían a ella 66 alumnos. Muchas de las iniciativas tomadas en el campo del fomento de las escuelas primarias no sobrevivieron mucho tiempo a la salida del oidor Jacobo de Villa Urrutia. Juntar el dinero para sostener las escuelas se volvía una pesadilla cotidiana. Incluso la buena voluntad de los individuos se enfrentaba a una realidad económica que los obligaba a disminuir sus pretensiones. El director de la escuela de latinidad en 1802 reducía los precios de su establecimiento a 2 pesos por mes, en lugar de los 4 que se cobraba al iniciar sus labores un año antes86.
En las provincias, las frustraciones se hicieron sentir de manera aún más fuerte debido a la distancia y al sentimiento de abandono que experimentaban el cual, como es fácil imaginar, tiende a sentirse más en momentos de crisis. En la ciudad de Comayagua, en 1809, el Dr. Tomás Ruíz en una carta que ni siquiera merece comentarios, daba una descripción surrealista del estado general del Seminario Tridentino:

29« Es tan notorio el abandono en que tenia este infeliz colegio, que los más distinguidos padres de familia no habían querido poner en él sus hijos, pues savían que el arcediano rector no se asomaba a él, que los pocos jóvenes que havía estaban a su ley, que lejos de mejorarse, se perdían, y últimamente que aquello sólo el nombre tenía de colegio. Era esta la verdad. A mis entradas se me presentaron unos pocos niños, rotos como quienes no tenían quien ciudase de ellos en el aseo. Su mesa en el refectorio era una banca sucia, sin manteles, los sirvientes ellos mismos en turnos. Los exercicios literarios estaban desterrados, los de piedad se reducían a un Rosario, al fin de muchachos que estaban como se dice vulgarmente sin ley ni rey. Misa a penas la oían el día de fiesta, siendo Comayagua un paíz tan escaso que para tener lo necesario se necesita la industria a estos pobres niños no se les dava la ración de pan, sino el medio para dos días que en muchos raviavan de hambre, teniendo medio real y no hallando que comprar87».

30La rica sección de cartas del archivo histórico de la arquidiócesis de Guatemala conserva varios testimonios de la desesperanza de los párrocos:

31«Desde su llegada con todo el entusiasmo posible he procurado promover la educación e instrucción de la juventud de uno o otro sexo y al efecto he puesto escuelas pagando los padres respectivos de los escolares alguna contribución mensual, nunca he conseguido que permanezca la escuela ya por la desabenencia que acostumbren estos feligreses ya porque cuando he hecho ocurso al corregidor del partido para que preste su autoridad a fin de conservar la escuela ha respondido (hablo de escuela de ladinos) que no les puede obligar y con esta respuesta se ha deshecho las escuelas todas las veces88».

32Sólo los costarricenses y los nicaragüenses supieron organizarse un poco más: los primeros fundaron la casa de Enseñanza de Santo Tomás bajo la dirección del bachiller Rafael Francisco Osejo, la cual fue una iniciativa seglar muy pronto recuperada por la Iglesia según el historiador Juan Rafael Quesada Camacho y los segundos lograron consolidar el Seminario tridentino de la ciudad de León y elevarlo al rango de Universidad bajo el impulso de Rafael Agustín Ayestas. Sin embargo, aunque el historiador Jorge Eduardo Arellano elogia el trabajo y la memoria de los criollos que fomentaron el progreso de dicha institución don Antonio de la Cuesta, arcediano de Avila, daba, durante el periodo del experimento de Cádiz, un informe muy duro – ¿y hasta que punto realista?- sobre el estado de la enseñanza en León:

33“(…) en Nicaragua ni puede haver Universidad, mientras no haya mas fondos con que dotarla, ni hay hasta ahora seminario. Para probar esta verdad basta la sola enumeración de las enseñanzas establecidas en él. Un solo maestro con dos horas de catedra diarias enseña Logica, Metafisica, Arimetica, Algebra, Geometria; es decir que pasa dos horas en conversación, ya sobre una materia, ya sobre otra de aquellas ciencias, y que los Discipulos se entretienen oyéndole, sin poder sacar otro fruto que el de ocupar el tiempo adquiriendo quando mas algunas pocas nociones muy superficiales y vagas. Esta única catedra suple las que deviera haber para lo que se ha llamado hasta ahora Filosofia, y claro es que con arreglo a las ordenes relativas a las universidades reformadas de Espana que se recuerdan en el decreto de las Cortes, no pueden darse en Nicaragua grados mayores si menores en aquella facultad. Tampoco en derecho canonico, pues no hay sino una sola catedra, presciendiendo de que por los diferentes escritores que parece sirven para la enseñanza de ella, puede juzgarse sin temeridad que también merece mas el nombre de Academia o conferencia libre sobre qualquiera punto de derecho canonico, que el de una instrucción metódica, ceñida a los elementos de la ciencia como esta indispensable. La enseñanza de la teología esta reducida a una sola catedra llamada de moral en que se explica la suma del padre Larraga: no hay por consiguiente en Nicaragua una casa que pueda llamarse en ningún sentido un curso de Teologia o de derecho canonico, y no se concive como pudo autorizarse al Rdo Obispo para conferir grados menores en ciencias eclesiásticas ni como puede merecer el nombre de seminario conciliar un establecimiento donde no se enseñan89”.

34El turbulento Simón Bergaño y Villegas se aprovechaba de la Gazeta de Guatemala para llamar la atención del público al denunciar un sistema general de educación que condenaba la población indígena a la miseria y a la delincuencia: “de cada diez nacimientos en la región seis son hijos nativos. Estos eran los niños que nunca recibirían una educación y que en muchos casos estaban destinados a ver morir a sus madres en la indigencia para después como huérfanos vivir en las calles entregados a los vicios90”.

35Al abrirse el periodo marcado por el experimento de la constitución de Cádiz la educación volvió a estar sobre el tapete, con más insistencia aún. El artículo 366 de la Carta Magna declaraba que “en todos los pueblos de la Monarquía se establecerán escuelas de primeras letras”. Una institución, la Dirección General de Estudios, debía elaborar un plan general de enseñanza uniforme en todas las regiones del Imperio. En Chiapas, Mariano Robles pedía becas para 12 colegiales indígenas en el Seminario Tridentino de la ciudad. Al igual que José Cleto Montiel , los diputados se mostraban amargos ante la falta de edificios donde se pudiera impartir sus enseñanzas debidamente: “(…) Son varias las obras de utilidad común que se necesitan en esta cabecera, punto que ofrece no menores dificultades que el anterior y careciéndose de propios y fondos con que subvenir a ellas es preciso poner la mira en arbitrios que se pudieren verificar que cubriría la necesidad y resulta un decidido común beneficio no hay en esta cabecera casa consistorial, de consiguiente ni una sala propia en que este cuerpo celebre sus sesiones; no hay piezas para escuelas91 (…)”. La regencia intentó sin mayor éxito obligar a todos los conventos de las ciudades de abrir nuevos establecimientos escolares92. En realidad llegaban del campo informe que mostraban cierta circunspección ante una legislación que solía perderse para no decir hundirse en las arcadas de la administración y no llegar a los pueblos de indios que eran los primeros a quien se atañían dichas disposiciones93.

36El rector de la Universidad de San Carlos de Guatemala, a poco tiempo de derrumbarse el sistema colonial en el reino, decía que “en esta populosa ciudad, hablando propiamente, no hay una clase en que enseñe gramática latina a todos los que desean empezar la carrera de estudios94”. Y de hecho el cabildo de la ciudad de Guatemala, sintiendo la urgencia, se esforzaba por introducir un plan de nuevos impuestos para mantener y expandir la educación en la capital. La idea, defendida por José Cecilio del Valle, era gravar con un impuesto directo a cada familia, según un monto variable en función de las capacidades de cada una. Del Valle estaba convencido, como los ministros reales lo defendían a principios del siglo XVI, que “mucho podría lograrse derrumbando esa pared, inculcándolos a los indios la cultura española a través del incremento del número de escuelas primarias y alentando los matrimonios de indios con otras clases95”.

Conclusión

37Aunque mucho trabajo de investigación queda por hacerse en el campo de la educación colonial del Reino de Guatemala, el balance general de los resultados concretos de la política educativa de los Borbones resulta bastante negativo. Empero, tal panorama tiene que ser matizado por su impacto general en la cultura y la mentalidad de la elite criolla: a la luz de ciertos indicios, son notables los primeros pasos en la secularización de la sociedad colonial.

38Los colegios que funcionaron, más que todo en la capital del Reino y unos pocos en las provincias, no tenían otro fin que formar cristianos y aún eso no se lograba de manera satisfactoria, según los repetidos testimonios de los arzobispos. El alumnado se hallaba encerrado en un ritmo de vida que privilegiaba las prácticas religiosas y devotas, sin dar prioridad al estudio96. Se aprendían de memoria elementos de sabiduría y páginas enteras del Nuevo Testamento. El año escolar era cerrado con un examen de doctrina cristiana. Todo eso, lejos de favorecer el progreso del espíritu crítico, garantizaba la permanencia de un sistema económico de explotación que dejaba de lado a la mayoría de la población de Guatemala. Una situación en sí bastante lógica si se toma en cuenta que en Europa en la misma época la idea de democratizar el sistema escolar provocaba debates entre los filósofos: así Rousseau estaba convencido que “un pobre no necesitaba educación” y Voltaire defendía que era al buen burgués, habitante de las ciudades, a quien había que instruir en prioridad. En el fondo, las elites temían que un pueblo educado se pudiera alejar del trabajo manual y de la necesaria productividad.

39Sin embargo, más allá de estas conclusiones poco innovadoras, una lectura detenida de la documentación permite entrever los primeros fermentos de un cambio en las mentalidades coloniales, tema que habría que profundizar leyendo la documentación con un esquema de análisis diferente. Al ubicar el tema de la educación en el corazón del funcionamiento estatal, las elites criollas se sensibilizaron hacia su importancia, sensibilidad que crecería a medida que las dificultades económicas se incrementaran, al final del siglo XVIII. La decisión de expulsar a los jesuitas implicaba un cuestionamiento intelectual profundo dentro de las familias de poder, no solamente porque se perdía una institución considerada como eficaz en su función educativa, sino que detrás de esa decisión estaba el nuevo proyecto político de la corona que pretendía disminuir el papel de la Iglesia en la formación de la juventud. El destino del doctor indígena Tomas Ruíz, formado y apoyado por el arzobispo Juan Félix de Villegas, representa una clara señal enviada al mundo criollo. El proceso de secularización de las escuelas estaba en gestación en la segunda mitad del siglo XVIII: muchos ministros reales, empezando por Jacobo de Villa Urrutia, fueron convencidos entonces de que un buen sistema público de educación facilitaba la tarea de mantenimiento del orden e incrementaba la productividad del trabajo.

40Notas de pie de página

41

  • Quiero agradecer a Eduardo Madrigal Muñoz por su lectura atentiva del ensayo y por sus suggerencias.

421 Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Guatemala (AHA), A4.5-1, T3-84, leg. 19, exp. 392, fol. 3v. Expedientes relativos al Convento de Santo Domingo de Guatemala. Informe sobre las doctrinas de Verapaz que sirve la Religión de Santo Domingo. Según este informe fechado del 8 de noviembre de 1689 había en el pueblo de San Miguel Guitzocán “una escuela donde se enseñaba a los muchachos a leer y escribir”.

432 Richard Konetzke dice que “los Reyes Católicos encomendaron al gobernador Ovando, en 1503, que en los recién fundados pueblos indígenas hiciera levantar una casa a la vera de la Iglesia para que el párroco les enseñara diariamente a todos los niños a leer y escribir y los doctrinara en la religión cristiana”. Richard Konetzke, América latina. II La época colonia l, vol. 22 (Madrid: Siglo XXI Editores, 1993), pág. 313.

443 Beatriz Suñe Blanco, « La educación en Guatemala (Siglo XVI) como un proceso de enculturación-aculturación”, en Anuario de Estudios Americanos N° 38 (1981), pág. 217. Citando una carta del 15 de marzo de 1545 dice que “los mozos que han nacido en esta tierra ya de edad de ser aprovechados en la latinidad…”.

454 Pilar Sanchiz Ochoa, “Cambio cultura dirigido en el siglo XVI: el oidor Tomás López y su planificación de cambio para los indios de Guatemala”, en Étnica. Revista de Antropología N° 12, Barcelona (1976), págs. 128-148.

465 Magnus Mörner, “La política de segregación y el mestizaje en la Audiencia de Guatemala” en Revista de Indias N° 95-96, Madrid (1964), págs. 137-151.

476 Por ejemplo, en la populosa y rica ciudad de San Salvador visitada por el arzobispo Pedro Cortés y Larraz no encontró “escuela alguna para enseñar gramática, ni aún a leer, escribir y la doctrina cristiana a los niños”. Véase Pedro Cortés y Larraz, Descripción geográfico-moral de la diócesis de Goatemala (parroquias correspondientes al actual territorio salvadoreño) (San Salvador: Dirección Genaro de Publicaciones, 2000), pág. 101.

487 Beatriz Suñe Blanco, “La educación en Guatemala”, pág. 227. Sobre el clero parroquial sigue siendo imprescindible la lectura de Adrian Van Oss, _Catholic colonialism: A parish history of Guatemala (1524-1821) (Cambridge: Cambridge University Press, 1986). Sobre la economía de la Iglesia en el Reino de Guatemala: Christophe Belaubre, Elus de Dieu et Elus du Monde dans le Royaume du Guatemala (1753-1808), Eglise, Familles de pouvoir et réformateurs bourbons, (Paris: L’Harmattan, 2012).

498 Carlos González Orellana, Historia de la educación en Guatemala (Guatemala: Editorial José de Pineda, 1972). Hay más trabajos recientes para el siglo XIX y XX. Además de la tesis recientemente defendida por Emilie Mendonca véase Juan Rafael Quesada Camacho, Un siglo de educación costarricense: 1814-1914 (San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2005) et Iván Molina Jiménez, La ciudad de los monos, (Costa Rica: EUCR-EUNA, 2001). Sobre el periodo anterior a las reformas borbónicas los estudios son aún más escasos: véase Eduardo Madrigal Muñoz, “Elites instruidas en la Costa Rica colonial, 1564-1718, Revista de Historia, N° 57-58 (enero-diciembre de 2008), págs. 85-107.

509 Véase en particular Laura Rodríguez Díaz, Reforma e Ilustración en la España del siglo XVIII (Madrid, 1975) y sobre todo el “Symposium internacional sobre educación e Ilustración. Dos siglos de Reformas en la Enseñanza” (Madrid: Ministerio de Educación y Ciencia, 1988); Bernabé Bartolomé Martínez, Historia de la educación en España y América: La educación en la España moderna (Siglos XVI-XVIII) (Madrid: Ediciones Morata, 1993) ; Raquel Poy Castro, “Regeneración educativa y cultural de la España moderna: reformas monárquicas en educación y el papel de los obispos de la ilustración en el siglo XVIII”, en Cuadernos Dieciochistas N° 10 (2009), págs. 185-217.

5110 Dorothy de Tanck de Estrada, La educación ilustrada (1786-1836), Educación primaria en la ciudad de México (México: Centro de Estudios Históricos, 1977).

5211 John Tate Lanning, La Ilustración en la Universidad de San Carlos (Guatemala: Editorial Universitaria, 1976) ; Carlos Melendez, La Ilustración en el Antiguo Reino de Guatemala (San José, Educa, 1970).

5312 Sajid Alfredo Herrera, “Primary Education in Bourbon San Salvador and Sonsonate, 1750-1808” en Christophe Belaubre y Jordana Dym, editores, Politics, Economy and Society in Bourbon Central America, 1759-1821 (Boulder: University Press of Colorado, 2007), págs. 17-45.

5413 Victor Hugo Acuña, “Independencia y educación en Centroamérica. La “Memoria sobre la educación” de José Cecilio del Valle”, en Revista interuniversitaria N° 29 (2010), págs. 307-315. Véase también a Jordana Dym, “Conceiving Central America: A Bourbon Public in the Gazeta de Guatemala (1797-1807)” en Gabriel Paquette, Enlightened Reform in Southern Europe and its Altlantic Colonies c. 1750-1830 (Londres: Ashgate, 2009), págs. 99-118.

5514 Véase Isidro Pinedo, Manuel de Roda. Su pensamiento regalista (Zaragoza, 1983) ; Brian R. Hamnett, La política española en una época revolucionaria, 1790-1820 (México: Fondo de Cultura Económica, 1985), págs. 24-25.

5615 Juan B. Olaechea Labayen, “Las universidades hispanas de América y el indio” en Anuario de Estudios Americanos XXXIII, Sevilla (1976), págs. 855-876.

5716 Sajid Alfredo Herrera, “Primary Education”, pág. 22. Cita dos reales provisiones del 5 de octubre de 1767 y del 14 de agosto de 1768. Véase Remedios Contreras y Carmen Cortès, Catálogo de la colección Mata Linares, Vol. III (Madrid: Real Academia de la Historia, 1972), pág. 356.

5817 Historia de la Educación en España, tomo II: de las Cortes de Cádiz a la Revolución de 1868 (Legislación y Documentos); Introducción y selección de Manuel de Puelles Benítez (Madrid: Ministerio de Educación y Ciencia, 1982).

5918 Rober Chartier, Au bord de la falaise. L’histoire entre certitudes et inquiétude (Paris : Albin Michel, 1998), pág. 29 y págs. 67-86.

6019 Michel de Certeau, L’Invention du quotidien. Arts de faire (Paris : Gallimard, 1990).

6120 Achivo Histórico de la Arquidiocesis de Guatemala (AHAG), A4.5-1, T3-84, leg. 19, exp. 392, fol. 7v. Expedientes relativos al Convento de Santo Domingo de Guatemala. Informe sobre las doctrinas de Verapaz que sirve la Religión de Santo Domingo. Según este informe fechado del 8 de noviembre de 1689 había en el convento de Santo Domingo Sacapulas una “escuela de música y buenos cantores”. En 1552 tres conventos habían abiertos casas de recogimiento para los hijos de principales indígenas en Atitlán, Tecpanatitlán y en Santiago donde se les enseñaba la lengua de España y a leer. Véase Beatriz Suñe Blanco, “La educación en Guatemala”, pág. 229.

6221 Carmelo Saenz de Santa Maria, Historia de la educación jesuitica en Guatemala (Madrid: CSIC, 1978), pág. 205. Existían otros tres colegios tridentinos en las diócesis de Chiapas, Nicaragua y Comayagua. Véase Mario Felipe Martinez Castillo, Capítulos sobre el colegio Tridentino de Comayagua y la educación colonial en Honduras (Tegucigalpa: Universidad Nacional Autónoma de Honduras, 1968).

6322 La viuda del alcalde mayor de Ciudad Real de Chiapas, doña Teresa de Loyola, asignó a los jesuitas un capital de 10.000 pesos cuyos réditos de 500 pesos permitía dotar cuatro becas a estudiantes que provinieran de Chiapas. El padre George Santiago Vidaurre estableció de la parte de su caudal 15000 pesos para fundar seis becas perpetuas para estudiantes nicaragüenses. Carmelo Saenz de Santamaría, “La vida económica”, pág. 567 y 570.

6423 Pedro Cortés y Larraz, Descripción Geográfico-Moral de la Diócesis de Goathemala, T. 1 (Guatemala: Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala, 1958), pág. 33. “Reflexiones sobre el estado de la educación en la Antigua Guatemala”.

6524 Horacio Cabezas Carcache, “Los Indios” en Jorge Luján Muñoz, director general, Historia General de Guatemala, Vol. III (Guatemala Ciudad: Asociación de Amigos del País, Fundación para la Cultura y el Desarrollo, 1993-1999).

6625 Alcira Goicoela, “La educación” en Jorge Luján Muñoz, director general, Historia General de Guatemala, Vol. III.

6726 Archivo General de Centro América (AGCA) A1.1, leg. 1079, exp. 23675 (1824). La abadesa, en 1824, informaba que la escuela recibía 32 pequeñas niñas «que en otros tiempos han pasado de cincuenta, a cargo de dos Religiosas que siempre se han dedicado a enseñarles por el método corriente la doctrina cristiana, leer, bordar, coser, y demás cosas concernientes, a su estado, sin ninguna pensión ni fondos, sino gratuitamente (...)». El arzobispo Cayetano Francos y Monroy se quejó formalmente de esa situación en una representación de 1793. Véase AGCA, A1.2-4, leg. 2246, exp. 16225.

6827 AGCA, A1.20, leg. 505, exp. 9008, fol. 75v-76. Obligaciones e imposiciones. Obligación y encargo de un muchacho de 14 años nombrado Manuel de Jesús hijo legítimo de Francisco Armas y de Lorenza Antonio Colomo para la enseñanza del oficio de Tejedor en el espacio de 3 años y 3 meses de la fecha en adelante conferido por Don Juan Antonio de la Peña alcalde de Primera nominación de esta Ciudad a favor de Francisco de Galves Maestro Tejedor. Nueva Guathemala de la Asunción 27 de Agosto de 1781.

6928 John Tate Lanning, La Ilustración, pág. 40. Prueba del papel todavía muy fuerte del latín, en 1783 la Universidad buscaba la creación de una cátedra de latín elemental.

7029 Juan Gavarrete Escobar, Anales para la Historia de Guatemala (1497-1811) (Guatemala: Editorial José de Pineda Ibarra, 1980), pág. 268. En el número 4 de la Gazeta de Guatemala John Browning dice que “se informó que el 1º de febrero de 1730 el Bachiller Juan Padilla, profesor de Matemáticas y famoso fabricante de relojes de todo tamaño, había hecho uno cuyo costo ascendía a 600 pesos, y que fue colocado en una de las torres del Colegio de Cristo Crucificado”. Véase John Browning, “Las Gazetas de Guatemala” in Jorge Luján Muñoz y Cristina Zilbermann de Luján, Historia General de Guatemala, Tomo III, (Guatemala: Asociación de Amigos del País-Fundación para la cultura y el desarollo, 1994), págs. 565-578.

7130 Véase Virtudes de la esencia tinturada del Bálsamo Virgen . Sacadas a luz por su inventor el Br. D. José Eustaquio de León, presbítero Domiciliario del Arzobispado de México, director y fundador de la Real Casa de Moneda de Guatemala. Documento Transcrito por Rodolfo Hernández Mendez in Boletín AFEHC N° 24 (Septiembre de 2006).

7231 Christophe Belaubre, “Entre cultura tradicional y moderna: las prácticas de lectura en Centroamérica (1750-1808)” en Jeffrey Browitt, Patricia Fumero y José Cal, coordinadores, Estados Nacionales y Literaturas Centroamericanas, por publicarse. Este trabajo se hizo en base a los trabajos de Roger Chartier y Daniel Roche. Véase Roger Chartier et Daniel Roche, “Le libre. Un changement de perspective” en Jacques Le Goff et Pierre Nora, coordinadores, Faire de l’Histoire (Paris : Gallimard, 1974), págs. 115-136.

7332 Tema que el antropólogo Alphonse Dupront ha llevado adelante con esmero a través de sus estudios acerca de la entrada de libros en la documentación de la real hacienda, cosa que ha procesado a través de métodos cuantitativos; Alphonse Dupront, “Livre et culture dans la société française du XVIIIème siècle. Réflexion sur une enquête” dans François Furet, editor, Livre et société dans la France du XVIIIème siècle (Paris-la Haye : Mouton, 1965-1970).

7433 Sobre la noción de la apropiación de los textos por los lectores véase Carlos Ginzburg, Le fromage et les vers. L’Univers d’un meunier au XVIe siècle (Paris: Flammarion, 1980).

7534 Carlos III realizó en el campo de la educación algunas reformas debilitando por ejemplo la influencia política de los egresados de los Colegios Mayores. Al suprimir los fueros, sus decretos de Nueva Planta trataron de igualar a todos los súbditos.

7635 Sajid Alfredo Herrera, “Primary Education in Bourbon”, pág. 43. Cita el documento siguiente: AGCA, A1.31, leg. 2642, exp. 22039.

7736 Bernabé Fernández Hernández, El Reino de Guatemala durante el Gobierno de Antonio González Saravia (1801-1811) (Madrid: CIGDA, 1992), pág. 35. Todos los ejemplares de dicho periódico se pueden descargar en la biblioteca digital del Real Jardín Botánico de Madrid: http://bibdigital.rjb.csic.es/ing/index.php ; Véase también de Elisabel Larriba, “L’art au service de la divulgation scientifique: le rôle des gravures dans le “Semanario de Agricultura y Artes dirigido a los Párrocos” (1797-1808) en El Argonauta Español N° 2 (2005), http://argonauta.imageson.org/document57.html

7837 Henri-Jean Martin, Mise en page et mise en texte du libre manuscrit (Paris : promodis, 1990).

7938 Gazeta de Guatemala Tomo I, N° 47, 25 de diciembre de 1797 citado por Robert Jones Shafer, The Economic Societies in the Spanish World (1763-1821) (New York : Syracuse University Press, 1958), pág. 314.

8039 Gazeta de Guatemala Tomo V, fol. 404, N° 93 ; Los editores, en marzo de 1801, dicen que “en el numero 91 fol. 397 se ace relación de una obrita de ortografía, que emos recibido con indecible aprecio, en atención al gusto que nos causa la casual y maravillosa concordancia de sus principios con los de D. Farruco”.

8140 Dorothy Tanck de Estrada, “La enseñanza de la lectura y la escritura en Nueva España” en Historia de la lectura en México (México: El Colegio de México-Ermitaño, 1988), págs. 49-93. Para un buen análisis de la obra pedagógica de Matías de Córdoba véase Dorothy Tanck de Estrada, “Innovaciones en la enseñanza de la lectura en el México independiente, 1821-1840”, en Nueva revista de filología hispánica Tomo 38, Nº 1, (1990), págs. 142-146.

8241 Gazeta de Guatemala Tomo III, N° 121 (9 de septiembre de 1799) citado por Robert Jones Shafer, The Economic Societies, pág. 304.

8342 D. Pacoro podría ser Jacobo de Villa Urrutia según John Tate Lanning.

8443 Además de John Tate Lanning ya citado véase Elisa Luque Alcaide, La sociedad Económica de Amigos del País de Guatemala (Sevilla: Escuela de Estudios Hispano-americanos, 1962).

8544 Elisa Luque Alcaide, La sociedad Económica, pág. 113. La autora, sin mencionar fuentes, señala que “se ofreció un premio a la memoria sobre la utilidad de las escuelas de primera enseñanza en los pueblos de indios y exposición de los medios que las sostuvieran”.

8645 John Tate Lanning, La Ilustración, pág. 195.

8746 Gazeta de Guatemala Tomo V, fol. 546, N° 220, Lunes 31 de agosto de 1801. “Bellas Artes”.

8847 Robert Jones Shafer, The Economic Societies, pág. 315. Cita un Reglamento general para el estado de la Escuela de Dibujo, adscrita a la Sociedad Económica del 24 de octubre de 1796 conservado en AGCA, A1.1, leg. 2817, exp. 24902. La Gazeta de Guatemala dedicó numerosos pequeños artículos a la escuela para dar cuenta de sus progresos. El nuevo edificio abrió sus puertas en enero de 1800. Se había juntado 264 pesos en la capital y 217 pesos en las provincias.

8948 Gazeta de Guatemala Tomo V, Lunes 21 de septiembre de 1801, Núm. 223, fol. 572 y Gazeta de Guatemala Tomo VI, del lunes 25 de enero de 1802, fol. 20.

9049 Pedro Cortés y Larraz, Descripción Geográfico-Moral, pág. 287. El arzobispo señala el caso del cura de Chiquimula de la Sierra Ignacio Fernández Álvarez. Existe el caso de una petición del maestro de escuela Ángel Dorado de la Torres, en 1768, quien pidió al ayuntamiento de Santiago Guatemala el permiso de abrir una escuela pública en la capital que sería entonces puesto enteramente bajo el control de las autoridades seglares.

9150 Remedios Contreras y Carmen Cortès, Catálogo, pág. 447. Real Cédula a las Audiencias de Indias sobre establecimientos de escuelas de lengua castellana para los indios. El Pardo 22 de febrero de 1778.

9251 Sajid Alfredo Herrera, “Primary Education in Bourbon”, pág. 43. Cita el documento siguiente cuyo título representa en sí una prueba de los esfuerzos que se hacían en todo el Reino en ese momento: AGCA, A1.31, leg. 2642, exp. 22038; Sobre … establecimientos de escuelas…en Sonsonate (1802). Véase también AGCA, A1.15, leg. 4370, exp. 35570 (1800); Establecimiento de escuelas de primeras letras en Petén.

9352 AGCA, A1.20, Leg. 545, fol. 336; Libro de protocolo de Manuel de Cavada del 17 de diciembre de 1799. Se presenta en dicha escritura como administrador de las rentas de la casa escuela del pueblo de Pinula. Como padece entonces de dinero vende a los religiosos de Santo Domingo unas tierras de pan llevar nombradas El Sombrerito. Se trata de seis caballerías de tierras en un pedazo irregular de valor de 600 pesos. Resulta interesante que los dominicos pagan la cantidad entregando 200 pesos como valor de una esclava nombrada Maria de Luz Calanche de 18 años criada en la hacienda de Palencia y borran una deuda de 300 pesos que había contratado don Manuel Vicente Muñoz para ciertas niñas que estaban entonces en la escuela.

9453 AGCA, A1.29, leg. 21519, exp. 2613 (1821). Antonio Garcia Redondo y Luis de Aguirre son nombrados protector de la Escuela de Pinula.

9554 Christophe Belaubre, Tercera Junta Pública de la Real Sociedad Económica de Amates de la Patria de Guatemala , en Boletín de la AFEHC N° 41 (2009).

9655 Elisa Luque Alcaide, La sociedad Económica, pág. 116. La autora cita una carta del Presidente González al Secretario de Estado del 3 de febrero de 1803. Robert Jones Shafer, The Economic Societies, pág. 317. Shafer dice que los miembros de la Sociedad pidieron en España 100 ejemplares de un manual de geometría. Véase AGCA, A1.6, leg. 2006, exp. 13812 (1797).

9756 BNG, Libro 78, Vitrina 1 ; Discurso Preliminar a la Memoria de Antonio de San José de Muro, Utilidades y medios de que los indios y ladinos vistan y calcen a la española (Guatemala, 1798), fol. 3 ; Véase John S. Fox, “Antonio de San José Muro: Political Economist of New Spain”, en Hispanic American Historical Review XXI (1941), págs 410-412 e Yves Aguila, “Monnaie et Société en Nouvelle Espagne” en Bulletin Hispanique vol. 95 Nº 1 (1993), págs. 5-27.

9857 AGCA, A1.1, leg. 260, exp. 5736 (1799) ; Informe de Antonio de San José Muro fechada el 27 de noviembre de 1799.

9958 Buenaventura Delgado Criado, director, La educación en la España contemporánea (1789-1975) (Madrid: Morata, 1992), pág. 76.

10059 AGI, Guatemala 908, Carta al rey del Arzobispo Francisco Figueredo y Vitoria (1758).

10160 AGI, Guatemala 935 (1813).

10261 Joaquín Pardo, Efemérides de la Antigua Guatemala, 1541-1799 (Guatemala: Unión Tipográfica, 1944), pág. 200. Carlos González Orellana, Historia de la Educación, pág. 120.

10362 No es un caso aislado pues un censo de 1778 aparecen nueve colegiales indígenas entre el personal religioso de la diócesis de Chiapas y hasta su expulsión los jesuitas de Ciudad Real tuvieron cuatro becas reservadas para colegiales indios. Alma Margarita Carvalho, La Ilustración del Despotismo en Chiapas, 1774-1821, pág. 146.

10463 AGCA, A1.97, leg. 2087. El cabildo intento sin mayor éxito obtener de los oficiales que los 3 % estén tomados del sínodo.

10564 AHA, Libro de entrada del seminario tridentino. Véase también Ernesto Chinchilla Aguilar, Los hábitos de los religiosos en el ocaso de la vida colonial (Guatemala: Unión Tipográfica, 1973), pág. 30.

10665 John Tate Lanning, La Ilustración, págs. 42-43.

10766 John Tate Lanning, La Ilustración, págs. 12 y 21.

10867 Adriana Álvarez Sánchez, La Real Universidad de San Carlos de Guatemala, 1676-1790 (Santiago de Compostela: Universidad de Santiago de Compostela, 2010), pág. 277. Entre 1756 y 1790 el claustro de la Universidad tuvó 371 sesiones y en la década de 1780 y 1789 se realizaron 164.

10968 John Tate Lanning, The University in the Kingdom of Guatemala (Ithaca, New York: Cornell University Press, 1955), págs. 295-297.

11069 AGI, Guatemala 645, Expedientes de instancias e partes. Carta del Presidente de Guatemala Josef de Estacheria al Rey fechada en Guatemala del 13 de marzo de 1787, N° 757.

11170 Biblioteca Nacional de Guatemala, Colección Valenzuela, José de Bustamante, Representación del M.N.Y.L Ayuntamiento de Guatemala al Excelentísimo Señor D. José de Bustamante, fol. 26 ; Véase “El Beaterio de Indias de ésta Capital fué eregido para su educacion, con el fin de que él aprehendiesen las niñas de su clase á leer, escribir, la doctrina cristiana, coser, bordar, y demas exercicios propios de su sexo, y que saliesen ya bien instruidas á sus casas y Pueblos; pero la lastima és que este Colegio quiso después convertirse en Convento ó Beaterio”.

11271 Véase las cedulas reales del 10 de mayo de 1770, del 28 de noviembre de 1772 y del 24 de noviembre de 1774.

11372 Alice Tanguay, Respuesta del Padre Cura de Atitan, 19 de enero de 1770 , en Boletín de la AFEHC N° 44 (publicado en marzo de 2010).

11473 Carlos González Orellana, Historia de la Educación, pág. 81. El autor menciona y reproduce parte de la real cedula del 5 de noviembre de 1782: “por medio de insinuaciones afectuosas de los padres de familia y encarguen a los curas persuadan a los feligreses con la mayor dulzura y agrado, la conveniencia y utilidad de que los niños aprendan el Castellano para su mayor instrucción y trato con todas las gentes”.

11574 Sajid Alfredo Herrera, “Primary Education”, pág. 28.

11675 AGI, Guatemala 421, Minutas de consultas para seculares y eclesiásticos (1803). Para que Don José Tinoco de Contreras, provisto en el Gobierno de Comayagua, cuide del establecimiento de escuelas y uso del idioma castellano (15 de junio de 1815).

11776 AGI, Guatemala 645, Expediente de instancias e partes. Madrid, 8 de junio de 1788, Don Josef Joaquin Beltran, cura y vicario del partido de Nacaome obispado de Comayagua pide la canongia y arcedianato de Oaxaca o de la canongia de Nicaragua. Hay relación impresa de sus méritos y servicios.

11877 Christophe Belaubre, Antonia Perfecta Gordon , en Christophe Belaubre y Stephen Webre, editores, Diccionario Biográfico Centroamericano (Proyecto colaborativo en línea: AFEHC, octubre de 2005).

11978 AGCA, A1. 31, leg. 2793, exp. 24500 (1807).

12079 Archivo Histórico de la Diócesis de San Cristóbal de las Casas (AHD), Libro en que se copia las cordilleras…op. cit., fol 3v. Véase las recomendaciones del Obispo Olivares cuando estaba de visita en el curato de Tuxtla en 24 de julio de 1792.

12180 Rosa Elena Malavassi Aguilar, Informe de la visita del Obispo Morel de Santa Cruz a la Diócesis de Nicaragua y Costa Rica en el año 1751 en Boletín de la AFEHC N° 38 (octubre de 2008). Véase sus declaraciones al pasar dos veces en el pueblo indígena de Subtiava: “tuve especial complacencia de ver los progresos de la escuela, que por el mes de enero dejé iniciada; componíase entonces de doce muchachos y hoy en día pasan de cincuenta, muy aprovechados y algunos de ellos escribiendo”.

12281 Arturo Taracena, La Expedición Científica al Reino de Guatemala, (Guatemala: Editorial Universitaria, 1988), pág. 56.

12382 AHD, Libro en que se copia las cordilleras… op. cit., fol. 42v. (16 de enero de 1799).

12483 Véase Manuel Trens, Historia de Chiapas, Desde los tiempos más remotos hasta la caída del Segundo Imperio (¿…1867) (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes e Chiapas, 1999).

12584 AGI, Guatemala 421, Minutas de consultas para seculares y eclesiásticos (1803); Al Arzobispo de Guatemala encargándole un estado exacto de los beneficios simples que podrán agregarse al seminario, 25 de julio de 1815.

12685 John Tate Lanning, The University in the Kingdom of Guatemala (London: Oxford University Press, 1955), pág. 301.

12786 Gazeta de Guatemala Tomo V, Lunes 21 de septiembre de 1801, Núm. 223, fol. 572 y Gazeta de Guatemala Tomo VI, del lunes 25 de enero de 1802, fol. 20.

12887 AGCA, A1.1, leg. 43, exp. 488 (1813) ; Carta de Tomas Ruiz al Capitán General.

12988 AHA, T1, 31, Diversos (1815). Carta del Presbítero de Dueñas al arzobispo de Guatemala.

13089 AGI, Guatemala 645, Expediente sobre la formación del Plan de Estudios que hace regir en la Universidad de Leon de Nicaragua, erigida nuevamente en virtud de Decreto de las Cortes generales de 10 de enero de este año y proporcionar fondos para la dotación de las Cátedras.

13190 Louis Bougnartner, Jose del Valle de América Central, pág. 61.

13291 Véase Jorge González Alzate, Instrucción al Diputado a Cortes, José Cleto Montiel, del ayuntamiento de Quezaltenango , en Boletín de la AFEHC N° 52 (Enero-marzo de 2012).

13392 AGCA, B1.12, leg. 3477, exp. 79405 (14 de julio de 1814). El comendador de la Merced Manuel Ignacio González explico porque no podía cumplir con la orden de la Regencia sobre establecer escuelas de primeras letras.

13493 Véase Real Cédula… Escuelas… en todos los Pueblos que se consideren necesarias, 14 de noviembre de 1816 que incluye informe de los gobernadores de cada provincial sobre el estado de las escuelas. AGCA, A1.1, leg. 29, exp. 865; Citado por Robert Jones Shafer, The Economic Societies, pág. 313.

13594 AGI, Guatemala 674, Expedientes del Consejo de Indias sobre establecimiento de la Universidad de León. Carta del rector de la Universidad San Carlos de Guatemala Pedro Ruiz de Bustamante para que se imponga al Maestrescuela de enseñar gramática latina en la Universidad, fechada en Guatemala en 27 de octubre de 1820.

13695 Louis Bougnartner, Jose del Valle de América Central, pág. 182.

13796 Philippe Loupès, La vie religieuse en France au XVIIIe siècle (Paris : CDU et SEDES, 1993), pág. 142.

138

Para citar este artículo :

Christophe Belaubre, « La educación en el Reino de Guatemala: primeros pasos hacia una secularización de la enseñanza (1759-1821). », Boletín AFEHC N°54, publicado el 04 septiembre 2012, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=3165

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