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AFEHC : articulos : El caso de Agustín Vílchez: un acercamiento a 1808 en la ciudad de Guatemala. : El caso de Agustín Vílchez: un acercamiento a 1808 en la ciudad de Guatemala.

Ficha n° 3232

Creada: 16 enero 2013
Editada: 16 enero 2013
Modificada: 16 enero 2013

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Autor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

Publicado en:

ISSN 1954-3891

El caso de Agustín Vílchez: un acercamiento a 1808 en la ciudad de Guatemala.

Este artículo analiza la vida del artesano y comerciante de origen mulato Agustín Vílchez, un personaje interesante debido a su origen socio-étnico, sus actividades, posesiones y nexos con las élites de Guatemala, Nicaragua, El Salvador, Honduras y Nueva España. Las fuentes para la elaboración de esta investigación se localizan en el Archivo General de Centroamérica y constan de un grupo de documentos en los que destaca su juicio por insurrección, sus relaciones con el virreinato de Nueva España y el inventario de sus bienes. La historiografía centroamericana sobre el periodo cercano a la independencia política analiza ampliamente la respuesta oficial y de las élites frente a los sucesos externos e internos, no ha sido así con el estudio sobre la forma cómo se manifestaron los sectores subalternos frente a este proceso. De manera que este trabajo se enfocará en el análisis de Agustín Vílchez quien forma parte de un grupo minoritario y subalterno de la sociedad colonial tardía.
969
Palabras claves :
Biografía, Agustín Vílchez, Sectores populares, Guatemala en 1808
Autor(es):
Elizet Payne Iglesias
Fecha:
Diciembre de 2012
Texto íntegral:

1
h4. Introducción

2El año 1808 resulta bastante revelador de la situación política y social de la sociedad guatemalteca en la colonia tardía. La vorágine de noticias vertidas y difundidas a lo largo del istmo acerca de los sucesos acaecidos en Haití, España, Nueva España y Suramérica, provocaron la reacción de los más amplios sectores de la época, y a raíz de esto se comenzaron a manifestar las primeras expresiones políticas de rechazo al colonialismo español y de admiración por las ideas francesas.

3El Archivo General de Centroamérica abunda en información oficial surgida tanto en el interior del reino de Guatemala, como de los juicios y encarcelamientos efectuados a raíz de estas expresiones políticas. Es justamente en este punto en donde la información existente resulta interesante y reveladora, ya que involucró a los sectores populares de los barrios de la Nueva Guatemala, sitio en el que fueron apresadas algunas personas por señalar su apoyo a los ideales franceses; entre ellos Agustín Vílchez, líder de los artesanos, el estudiante de medicina Pablo Alvarado y Bonilla y el poeta Simón Bergaño y Villegas, acusados de escribir, repartir, papeles sediciosos y sobre todo por expresarse a favor de los franceses.

4Este artículo tratará del papel jugado por el artesano de origen mulato Agustín Vílchez, personaje que ha resultado sumamente interesante debido a su origen socio-étnico, sus actividades, posesiones y nexos con la élite de Guatemala, Nicaragua y Nueva España. Las fuentes para la elaboración de esta investigación se localizan en el Archivo General de Centroamérica y forman parte de un grupo de documentos que concierne a las múltiples actividades de Vílchez, su juicio, sus relaciones en el virreinato de Nueva España y el inventario de sus bienes. Cabe al historiador guatemalteco Héctor Humberto Samayoa Guevara el rescate del anonimato de la figura de Agustín Vílchez, en sus trabajos sobre los artesanos coloniales y las figuras relacionadas con la Independencia centroamericana1.

5La historiografía centroamericana ha analizado ampliamente la respuesta oficial y de las élites sobre los sucesos externos e internos presentes en el contexto de la Independencia, pero no ha sido así en el caso de la participación de los sectores subalternos frente a estos acontecimientos. A partir del caso específico de Agustín Vílchez, se pretende conocer y analizar las primeras manifestaciones políticas de los sectores populares en la ciudad de Guatemala que surgieron como respuesta a la situación social y política generalizada en la monarquía y sus colonias.

6Señalamos como primeras expresiones políticas aquellas acciones habladas o escritas que manifestaban una crítica al sistema de jerarquización social vigente y contenían claros signos de oposición al régimen español. Vale agregar que las expresiones a analizar no se tradujeron necesariamente en acciones colectivas ni fueron independentistas, aunque resulta innegable que contenían la génesis de las futuras acciones sociales sucedidas tanto en la capital del reino como en algunas ciudades y pueblos del istmo.

Los franceses, los afrancesados y los sectores populares

7A pocos años de fundada, la Nueva Guatemala de la Asunción era una verdadera urbe en el ámbito colonial. La planta urbana mejor planificada en el centro de la ciudad, como cualquier población de la época, veía crecer de manera menos organizada los barrios populares compuestos generalmente por artesanos y sirvientes de los españoles. El historiador francés Christophe Belaubre menciona que la ciudad contaba con 23,434 habitantes en 1794 y que había pasado a 28,000, 10 años después2. La violencia era una situación cotidiana en la nueva ciudad tal y como había sido en la Antigua Guatemala, por lo cual había autoridades de menor rango encargadas del orden y la policía.

8Belaubre señala los barrios de El Cuartel, San Agustín, El Perú, San Juan de Dios, La Candelaria, Uztáriz y Ojo de Agua, como las áreas más sensibles de la ciudad en la época de la Independencia. Entre los espacios más populares de la capital estaba también el barrio San Sebastián, sitio en el que vivían muchos tejedores que se habían visto severamente perjudicados por las medidas económicas borbónicas, la apertura comercial y el contrabando3.

9Las ideas francesas y las ilustradas en general, tenían amplia difusión en las colonias españolas desde la segunda mitad del siglo XVIII. Pero los sucesos de la revolución francesa y su efecto regional en Haití, fueron mucho más representativos para los grupos subalternos. Para el año 1808 −que es el que nos ocupa−, las ideas de la lucha francesa a favor de la libertad, la igualdad y la fraternidad habían calado en propios y extraños. Específicamente entre las castas, las ideas ilustradas de igualdad y libertad sumadas a los acontecimientos políticos de Francia, fueron generadoras de grandes expectativas de mejoramiento de su situación social.

10Ciertamente, la posibilidad de ascenso social y de eliminar o disminuir las cargas económicas y/o fiscales que pesaban sobre las capas populares, fueron las razones que más eco tuvieron entre estos sectores. Esta situación fue bastante común en toda la América Hispana, tal y como lo han estudiado autores como Eric Van Young para Nueva España y en el Perú Juan Carlos Estensoro4. Aunque difiero de Van Young cuando, quien sostiene en forma generalizada que “La ideología popular, al grado en que podemos rastrearla, se enfocó en la defensa de la comunidad y no en presentar nociones sobre la distinción entre Estado y sociedad civil5”. Y coincido más con los criterios de Estensoro quien encuentra a la plebe ilustrada y activista en el Perú de finales del siglo XVIII6.

11Otro hecho que se sumó a este temprano “afrancesamiento” o por lo menos al interés por conocer el pensamiento social francés y su expresión haitiana, tuvo que ver con la temida presencia de los negros franceses de Santo Domingo en tierras centroamericanas, aspecto ampliamente estudiado por Jorge Victoria Ojeda7. Las autoridades españolas entraron en pánico al conocer que tenían un posible germen de “infección” política-social en el istmo. Frente a las órdenes emitidas con urgencia a los principales puertos sobre la aprensión y búsqueda de posibles espías franceses o aliados de estos, se presentó la represión oficial. Los bandos de González Saravia estaban llenos de temor.

12Ya en abril de 1808, un bando promulgado por el capitán general Antonio González Saravia y por la Audiencia, decretaba la prohibición de pasquines que iban dirigidos en contra de algunas personas reconocidas en la ciudad de Guatemala. Es de observar que aún antes de que se conocieran los sucesos que atravesaría España a raíz de la invasión napoleónica, iniciados entre febrero y marzo del año en cuestión, las autoridades españolas cerraban filas en todos los rincones del reino en contra de la publicación y divulgación de “pasquines sediciosos”.
Oficialmente, las noticias de Bayona se conocieron en Guatemala en agosto de 1808 y la reacción fue renovar la fidelidad al rey manteniendo el orden y la tranquilidad pública y desconociendo en lo sucesivo a cualquier autoridad extranjera8. Esto prueba que el temor vendría directamente del llamado “peligro francés” procedente bien del Caribe, de los Estados Unidos o de la Nueva España. El documento no lo señala directamente, sin embargo indica que: “…dichos pasquines suelen declinar muchas veces en papeles sediciosos, que preocupan el ánimo de los incautos y los excitan a la desobediencia e insubordinación9”.

13Las penas serían severas dependiendo de lo expresado en el pasquín y no valdría argumentar desconocimiento debido a que dichos bandos se enviarían a todos los poblados del reino. La presencia de otro libelo anónimo en Guatemala, fue denunciada en septiembre de 1808 y las autoridades dispusieron de inmediato investigar “…hasta descubrir el autor o autores de semejante libelo, y recoger las copias que se hayan sacado y exparcido10 [sic.]…” De hecho, ese septiembre de 1808 las autoridades ya habían localizado dicho pasquín el cual fue catalogado como “sedicioso11”.

Los procesos a raíz de la entrada de las tropas de Napoleón en España en 1808

14En este contexto, varias expresiones provenientes de los sectores subalternos se dieron a lo largo del reino de Guatemala, por lo que urge revisar la documentación generada alrededor de las acciones sociales y políticas vertidas en el marco de los sucesos que dieron inicio en 1808 y prosiguieron hasta 1814. En efecto, lo anterior no solo sucedió en la capital, sino que se dio por ejemplo, en El Salvador y Honduras, donde se denunció a algunos extranjeros o a sus hijos nacidos en América llamados “jenízaros,” por señalar ideas a favor de los galos12. En la segunda provincia, fue acusado Marcelín Ganet hijo de un francés establecido en España, por haberse proclamado a favor de la República y de la ejecución del rey francés. Y contra Gabriel Vela de la Villa de Nacaome (Honduras), por su posición a favor de Bonaparte13.
También se hizo referencia a los procesos contra Antonio Duarte (alias Pitorete) por sus expresiones: ¡Viva Francia, Muera España14 ! En 1812, en El Salvador se procesó al mulato Antonio Campos, de oficio encuadernador, por afrancesado15. Para el resto de la América colonial abundan las expresiones populares de este tipo, influenciadas por los sucesos de Haití, México y Suramérica. Basta recordar la afirmación de Juan Marchena Fernández quien refiere que en 1797 en la ciudad de Maracaibo varios esclavos fueron detenidos por cantar la Marsellesa expresando: “…viva la república, viva la libertad, viva la igualdad16”.

15 Lo anterior no significa que la génesis procediera del exterior; de hecho, varios años antes de la caída de la monarquía hispana, tanto los criollos como la gente común habían mostrado el descontento generado por la política económica borbónica, sobre todo la de carácter fiscal, la que había provocado múltiples movimientos tanto en las ciudades como en los pueblos de indios. Ciertamente, la política fiscal borbónica fue la que más desangró a los grupos subalternos, aunque también tuvo su efecto entre los grupos dominantes. En términos generales, mientras los miembros del cabildo de la Antigua Guatemala se negaban a perder sus cuotas de poder en la recolección de las alcabalas y los comerciantes gaditanos de la capital se veían perjudicados por la política que ponía freno a su dominio sobre las provincias ístmicas; los indígenas se manifestaban contra la perpetua carga que pesaba aún sobre los más que bicentenarios tributos, y las castas por su lado protestaban en contra de la carestía de la vida y los altos impuestos.

16El año en cuestión también había caído preso Pablo Alvarado y Bonilla, estudiante de medicina originario de la provincia de Costa Rica, y principal acusado de difundir un volante sedicioso denominado El Hispano-Americano. Aunque este ha sido interpretado como una manifestación en contra de los franceses, fue considerado sedicioso a raíz de la siguiente expresión: “Infelices e incautos americanos, ya llegó el punto crítico…” y terminaba: …después será vuestra paz, seguridad, gusto y libertad17”.

17En la documentación existente en el Archivo Nacional de Costa Rica no hay constancia de todo el contenido de El Hispano-Americano, sino breves frases anotadas por el capitán general, posiblemente con el fin de no difundir ampliamente estas expresiones. En respuesta el gobernador Acosta pidió que se le impidiera al mencionado Alvarado, salir de Guatemala rumbo a Costa Rica. Alvarado salió de la cárcel en 1809 y en 1821 Pablo Alvarado reclamó haber sido el primer preso contra el régimen español en el reino de Guatemala18.

18La carta está fechada el 18 de septiembre de 1808 y tiene el objetivo de alertar al gobierno de Costa Rica de las acciones de un hijo de esa provincia. Aún con las limitaciones debido a su brevedad, en el contenido de El Hispano-Americano19 puede leerse entre líneas algunas ideas de suma importancia política: El papel estaba dirigido a los hispanoamericanos o americanos, lo que revela un destinatario muy concreto, y cuyo autor anónimo los excita a reaccionar llamándoles “infelices e incautos americanos.” Además, el volante denota que se conocía la situación en España y en América, así como las reacciones o respuestas de los diversos sectores ante esos acontecimientos, condición marcada en la frase “…ya llegó el punto crítico…”, en el que posiblemente los indignados pretendían informar y formar conciencia de los acontecimientos y de la forma cómo debía procederse. Y finalmente el volante proponía que en el futuro habría: “…paz, seguridad, gusto y libertad…”, señales indicativas del cambio que se procuraba20.

19 La persecución siguió al año siguiente cuando González Saravia informó de la declaratoria de la guerra contra Napoleón en septiembre de 1809 y por lo tanto de la aplicación de severas penas en contra de los fanáticos de ideas generadas en Francia21. Una real orden fue recibida en junio de 1809 en la que se informaba que un agente o espía francés había partido de los Estados Unidos con rumbo a Nueva España con el fin de subvertir el orden en las colonias españolas; su nombre era Dolart22. También se sospechaba de los puertos angloamericanos debido a que en ellos era frecuente que anclaran barcos de nación francesa.

20 Ya en 1810 la persecución contra los franceses, sus ideas y sus emisarios, se profundizó bajo la autoridad del capitán general José de Bustamante y Guerra , quien en junio del mencionado año estableció el Tribunal de Infidencia. De inmediato se hizo pública una lista de supuestos emisarios franceses que habían permanecido en el reino de Guatemala. Así, la persecución contra los espías franceses y los afrancesados locales, reveló el gran temor que tenían las autoridades frente a cualquier expresión popular reivindicativa de libertad o de igualdad, ideales temidos por las élites.

21Los involucrados fueron llamados y apresados por la justicia colonial argumentando razones de difusión escrita o hablada de ideas contrarias al régimen español. Aunque los funcionarios sabían que algunos criollos de familias reconocidas tenían ideas en contra de los españoles23, las autoridades en general temían sobremanera un levantamiento u otro tipo de movimiento por parte de la gente del común. Por ejemplo, Samayoa dice que: “Las autoridades, por otra parte, tenían pleno conocimiento del espíritu levantisco y peligroso del pueblo bajo, sobre el cual ejercían estrecha vigilancia a través de alcaldes de barrio y el cual trataron de controlar a través de los bandos de buen gobierno24”.

22Hasta el momento la investigación ha revelado que el concepto de “pueblo bajo” era el más utilizado en la documentación, aunque también existe alusión al de plebe, el cual involucra una connotación más negativa, en el sentido de que se relacionaba tal concepto con el de violencia, alcoholismo y desorden social. Es necesario aclarar que aún no había aparecido el uso amplio del concepto de ciudadano, el cual se puso en boga un poco después, en el contexto de las Cortes de Cádiz a partir de 1810.

Agustín Vílchez

23Originario de León de Nicaragua, Agustín Vílchez (1759 o 1772?) se convierte en un caso necesario de investigar en cuanto a los sectores populares de la época colonial tardía en Centroamérica se refiere. Nacido y criado en casa del español más adinerado de la capital de la provincia de Nicaragua, Joaquín Arechavala y Vílchez , coronel de las milicias españolas y ferviente defensor de la monarquía en los primeros años del siglo XIX25. La documentación sobre su más probable progenitor proviene del propio Arechavala y fue encontrada en una carta de 1806 firmada por este, en la que le responde a Vílchez acerca de un negocio realizado por ambos26. En esta le llama con claridad y en varias ocasiones “hijo” y se refiere a él por el mucho amor que le tiene y “como nacido y criado en mi casa27”.

24Figura 1

25

Carta de Joaquín Arechavala en la que llama “hijo” a Agustín Vílchez
Carta de Joaquín Arechavala en la que llama “hijo” a Agustín Vílchez

26Este importante documento forma parte de las pruebas de un juicio por deuda que Vílchez interpuso contra el comerciante español Anselmo Quirós y que motivó al primero a escribirle a Arechavala con el fin de pedirle cuentas por la venta de unos estribos en 1797. A raíz de esta, la respuesta afectuosa y preocupada de Arechavala no se hizo esperar y le reclamó su lejanía: “Querido hijo Agustín, al cavo de tanto tiempo te acuerdas de escribirme, pidiéndome la cuenta de estribos, que yo daba por chancelada28…” y se despide con el afecto de un padre, rogando: “…a Dios te guarde como desea tu afectísimo que te ama de corazón. Joaquín Arechavala, León, mayo 26 de 180629. También le reclama por los años que llevaba sin tener noticias de él. Desconocemos las razones por las que se dio el distanciamiento entre ambos, pero hemos de suponer que estuvieron relacionadas con problemas de negocios30.

27Nuestro personaje solía firmarse Agustín de Vílchez, un “de” que lo aproximaba a sus orígenes españoles o bien a su cercanía con los hispano-criollos de la élite nicaragüense, como lo fueron los Vílchez y Cabrera. De su madre no hay información; sin embargo, Vílchez lamentaba “…la pequeñez y bajeza de mi oscuro nacimiento y la pobreza de bienes de fortuna31 …”. A continuación se observa la firma de Vílchez:

28Figura 2

Firma de Agustín Vílchez, 1809
Firma de Agustín Vílchez, 1809

29Fuente: AGCA B. 2.7. 00774, Cuaderno 2° 1809

30En los barrios populares de la ciudad de Guatemala se le conocía como el “negro Vílchez,” tal y como lo indican los testimonios de sus vecinos a raíz de su proceso. La documentación lo cataloga como peluquero, pero resulta claro que se dedicaba al préstamo de dinero y tenía una tienda montada en su casa de habitación de la ciudad de Guatemala. En mayo de 1809 decía contar con 50 años, era soltero y de origen pardo. Su testamento data de 1822 y fue reproducido por Héctor Humberto Samayoa en su libro Ensayos de la Independencia de Centroamérica32. En este no se ofrecen datos familiares como el nombre del padre o de la madre pero es una fuente valiosa para conocer su entorno social.

Liderazgo y conflictos

31 Vílchez era muy conocido en la ciudad y en particular en los barrios donde ejercía un liderazgo notable. Como ya se ha mencionado, aunque las autoridades trataron de acallar las noticias y expresiones políticas relacionadas especialmente con las ideas sociales de la revolución francesa y su transferencia a Haití, muchos ya conocían los acontecimientos suscitados en Europa y el cercano Caribe. Al contrario de lo que se cree, las primeras manifestaciones políticas en el reino, no estuvieron aisladas ni se centraron en personajes como Alvarado, Bergaño y Villegas o el propio Agustín Vílchez. En el marco global, el proceso de cambio político y social vivido tanto en Francia y Haití, como en España posteriormente, impactó a muchos sectores de la sociedad guatemalteca de la época; no únicamente a los líderes criollos quienes mostraban temor frente a los hechos más radicales, sino también a los sectores populares. Este es el caso que nos ocupa.

32Resulta que Vílchez conoció de los sucesos de Bayona de mano de Manuel Velázquez de León secretario de cámara del propio virrey de Nueva España José de Yturrigaray, cuando le informó que cada día se le hacía más difícil hacerse cargo de las compras de lotería y rifas que le encargaba regularmente Vílchez33, ya que nuestro personaje había entrado en contacto con la oficina del virreinato con el fin de que le compraran estos juegos a los que era aficionado. Fue a raíz de la noticia recibida que Vílchez se dispuso escribir una carta al emperador de Francia pidiéndole que retornara el monarca español al trono; en esta misiva nuestro sujeto: “…pedía por merced la vuelta de nuestros soberanos; pero que esto no fue más que una influencia de su lealtad y nunca pensó en dirigirla por no tener conducto ni creer que pudiese por solo su petición tener el efecto que deseaba34”.

33 Como resultado de la ya mencionada persecución y censura en contra de los franceses y/o sus expresiones políticas, las autoridades iniciaron una investigación con el fin de encontrar al autor de unos pasquines. Así, Agustín Vílchez fue llevado a la real cárcel de la ciudad en mayo de 1809, acusado por las autoridades de manifestarse a favor de Napoleón y en contra de los españoles. La primera acción fue colegir la letra de Vílchez con los papeles considerados sediciosos; pero no se le encontró ninguna familiaridad. No obstante nuestro personaje estaba lejos de la libertad. Se le continuó indagando junto con otros testigos sobre sus manifestaciones verbales en contra de los españoles y a favor de los franceses35.

34En la causa contra Vílchez se recurrió al procurador general de pobres Joaquín Eduardo Mariscal, quien a su vez solicitó ayuda adicional de otro letrado debido a que la causa era muy grave; este puesto recayó en el conocido abogado Miguel Larreynaga. En este proceso se acusó a Vílchez de “…haverse empleado en conversaciones agenas de un vasallo y que podían hacer vacilar los ánimos, siendo el suyo, según se infiere, desacreditar las autoridades y conmover al pueblo36”.

35 En la versión de las autoridades y a raíz de las noticias recibidas de la Nueva España, Vílchez se dedicó a visitar las tiendas de los artesanos, “…tomando de oficio el persuadirles ser falsa la instalación de la Suprema Junta Soberana Nacional, negando por consecuencia su alta dignidad y disposicionando [sic.] que estando la península ganada por los franceses, estos han de gobernar las Américas y ser obedecidos por sus habitantes y que los españoles que son conocidos en el país con el nombre de chapetones deben en virtud de esto, desocuparlo inmediatamente37”. A otro testigo le comentó que si ya sabían que eran franceses y a otro dijo que “…era mucho mejor que estuviéramos bajo la dominación francesa y de Napoleón38”.

36Vílchez se convirtió en el “chivo expiatorio” de las autoridades guatemaltecas. Sabían de su liderazgo entre los artesanos, llamados despectivamente el “pueblo bajo”, en el que se reputaba: “…como un oráculo, por la fama que ha procurado adquirirse de acaudalado con respecto a su esfera, y sabio también por la narración de quatro cuentos o anécdotas de historia que ha robado de algunas conversaciones (…) y lo aplica como un verdadero charlatán39”. Así, por “blasfemo y político” se le puso en la real cárcel de la ciudad de Guatemala. Varios testigos fueron llevados ante el juez con el fin de comenzar las indagatorias de su iniciado proceso. Le tocó a Vílchez un mal momento para defenderse ya que la censura y la persecución se ensañarían contra él. Se le condenó a 2000 pesos, con la expresa cláusula de que aún pagando la pena no podía interponer apelación sin que antes se haya ejecutado la sentencia del árbitro40.

37Por las declaratorias de los testigos, se perfila que Vílchez tenía liderazgo entre el sector de artesanos más cercano, y un testigo señaló que solía hacer tertulias en la peluquería del maestro Narciso41. Se mencionó que algunos le tenían un gran respeto y le consideraban entrometido entre el “pueblo bajo” ya que se preciaba de “…aseado especialmente con respecto a su esfera42”. Otros dicen que Vílchez quería “…figurar (como) muy sabio, impuesto en Historia y aún en la lengua latina, (aunque) no le advirtió adhesión a los franceses43”. En otro momento y en el tiempo de las carnestolendas44 escuchó a Vílchez hablar con unas personas y que les decía que en el término de poco tiempo México y Guatemala serían de Francia, “…pues los habitantes de este continente no valían nada respecto de ellos (se refiere a los franceses45).

38Un testigo indicó que este personaje había dicho que los franceses tenían mejor trato, a diferencia de los chapetones que eran unos “pícaros.” Posiblemente hacía referencia tanto a sus orígenes como al juicio contra el español Anselmo Quirós. Y se infiere que Vílchez habría recreado algunas esperanzas de que las condiciones cambiaran a favor de los de su origen, si llegaban a gobernar los franceses46.

39Agustín Vílchez negó en el proceso todo lo asegurado por los testigos. Sin embargo cuatro de ellos habían comprometido a nuestro sujeto por su admiración por las ideas francesas; el fiscal se asombró de las acciones de Vílchez no solo al escribirle al más alto dignatario de México sino al tratar de escribirle a Napoleón para exigirle −supuestamente−, el regreso del monarca español al trono, por lo que concluyó que estaba trastornado “…con los humos de vanidad y presunción (y) padece al menos muchos ratos de visionario47…”

40Los abogados defensores de la causa de Vílchez solicitaron en repetidas ocasiones la excarcelación del reo debido a que no existían pruebas en los papeles encontrados en su casa. Además de que presentaba problemas de salud en la mencionada prisión, también solicitaron que se le otorgara la ciudad y sus arrabales por cárcel, con la fianza de Pedro de Aycinena, solicitud que le fue denegada con el argumento de que si se procedía así, dicho juicio se retrasaría más. Estas peticiones se efectuaron a un mes de haber llevado a Vílchez a la cárcel.

41El proceso continuó hasta enero de 1810, cuando Vílchez fue condenado a las costas del juicio, por lo cual sus bienes fueron embargados. A más de un año de permanecer encarcelado, nuestro personaje solicitó su libertad debido a que, a pesar de estar acusado por el delito de “insurrección” en su expediente no estaba probada su criminalidad, aunado al hecho de que esa situación tan prolongada, había medrado su “corto giro y comercio48”. En abril de 1809 se le condenó a pena en un lugar seguro en la península, acción que no logró cumplirse, aunque permaneció en prisión49. Todavía en febrero de 1810 se pedía la libertad de Vílchez bajo la fianza de Pedro Valenzuela, y el último trámite de su proceso data de febrero de 1812.

Inventariando sus bienes y sus ideas

42 Uno de los aspectos más interesantes del juicio efectuado contra Vílchez fue la revelación de sus relaciones tanto familiares como con personajes públicos y comerciantes y, por supuesto, sus ideas. Una larga lista de bienes no solo develan su condición material sino su nivel de preparación e intereses. Le fueron decomisados dinero, joyas, estribos de lujo y ordinarios, dagas, cubiertos, botones, medallas, mancuernas de oro y plata, alfileteros, anillos, entre otros artículos, que delatan evidentemente que estaban a la venta. También se le encontró una buena cantidad de imágenes y objetos religiosos posiblemente destinados a su venta; entre las que encontramos relicarios, rosarios, coronas, hábitos, angelitos, maniquíes, crucifijos y santos como san Francisco, san Blas, san Antonio, san Pedro, san José, la virgen del Rosario, la de Guadalupe, santa Ana, santa Rita, la Santísima Trinidad, un Cristo yacente, una Dolorosa y una Magdalena, varios Niños Dios de diversos tamaños50. Vílchez se dedicaba con toda probabilidad a la venta de objetos seleccionados.

43 Sin embargo, su vida material pareciera algo sobria. Se le decomisaron tres mesas; una grande, una de carey y otra de cristal. Un escaparate, un cuadrito con vidrio, una repisa para escribanía, cuatro sillas, una cama de cuero, además de una navaja de barba y un cortaplumas muy viejo, una jeringa descompuesta, un candelero de latón y una escribanía de cedro51.

44Poco después prosiguió el inventario en el que se encontraron artículos propios de su oficio o de uso personal, como: dos cajas de polvo, un cuchillo pequeño de peluquería, tres tenazas de cortar pelo, alambres para peinados, peines para rizar, peines y una cabeza de peluca, otro cuchillo, una bolsa de polvos, una cincha, un paragua y cofres con ropa nueva y vieja52.

45 Lo más revelador del caso de Vílchez fue su biblioteca −o dado el caso de que estuvieran a la venta−, una buena cantidad de libros. De los de 33 inventariados se han encontrado 4 del área de las ciencias, 6 de historia y geografía, 1 diccionario, 1 de gramática, 1 de arte, 1 de lecturas variadas, 2 de filosofía, 1 de derecho y 16 de religión. Entre los que más llaman la atención debido al proceso en el que se vio involucrado, fue un Diccionario del francés al castellano, el Idioma de la Razón y Compendio de historias de la Europa. No obstante, encontraron muchos legajos descuadernados de libros53. Es bien sabido que muchos de los libros prohibidos que ingresaban al reino, entraban descuadernados y en el interior de estampas religiosas.

Relaciones económico-sociales

46 El decomiso de los bienes efectuados en contra de Agustín Vílchez nos lleva al amplio y complejo mundo de este personaje. Se aprecian cartas dirigidas al emperador de los franceses que no llegaron a su destino; cartas que fueron leídas por el propio virrey de la Nueva España, Yturrigaray y respondidas por su secretario interino de cámara Manuel Velázquez de León54. Así mismo llegaron misivas de esta índole a los obispos de Oaxaca y Puebla. Esta inusual correspondencia tenía como propósito comprar lotería real y una rifa a favor de la construcción de la iglesia de la virgen de Guadalupe; ¡cómo un negro se atrevía a escribirle al propio virrey! Fue una de las preguntas que en su momento se hacían las autoridades de Guatemala. Otro autor contemporáneo le tildó de megalómano55. Durante el proceso que se efectuó contra Vílchez en 1809, se le consultó cómo y porqué razones había elegido al virrey de México para solicitarle semejantes favores; en respuesta el acusado señaló que había consultado el registro de forasteros en donde había encontrado la dirección del virrey y de los obispos de Puebla y Oaxaca. En los informes enviados por el secretario de cámara Velázquez de León, este le denominaba con gran respeto “don Agustín de Vílchez” aunque sin duda desconocían quién era él.

47Los informes sobre la lotería y rifas compradas en México a nombre de Vílchez ocuparon varios meses del año 1808; nuestra documentación cuenta con varios números que se adquirieron entre abril y septiembre del mencionado año. En la documentación el secretario de cámara, le indicaba que le había comprado un entero de la lotería con el número solicitado y su serie, así como los números de la rifa. También le informaba en otras misivas cuáles números habían sido ganadores. El dinero era enviado por medio de libranzas de 100 pesos, y era autorizado mediante firma por José Aycinena. Un ejemplo de la compra de la rifa a favor del santuario de la virgen de Guadalupe en la ciudad de México:

48Figura 3

49

Rifa adquirida a nombre de Agustin Vilchez
Rifa adquirida a nombre de Agustin Vilchez

50Fuente: AGCA B. 2.7. 00774, Cuaderno 2° 1809

51Otra nota extraña es el borrador de una carta dirigida a Napoleón Bonaparte y que nunca salió de Guatemala; en esta se hacía ver la necesidad de que los monarcas volvieran al trono español: “…por sernos absolutamente necesario el sol de su real augusta persona en el suelo? del trono español56 …” Sobre esta conducta de Vílchez, Samayoa llega a decir que su acusador le creyó una persona “casi enloquecida por su afán de megalomanía57 ”.

52 A pesar de sus buenas relaciones sociales, Vílchez conocía sus limitaciones debido a su origen étnico. Como prestamista, nuestro personaje mantuvo negocios en San Miguel, Comayagua, León y la ciudad de Guatemala. En Comayagua dio comienzo un largo litigio con el comerciante español Anselmo Quirós, quien, al parecer le adeudaba a Vílchez 2600 pesos de un préstamo. Algunos infieren que Vílchez procuró acercarse a los más altos dignatarios de México para que conocieran su caso contra Quirós. El propio Vílchez se expresó negativamente sobre el desenvolvimiento de su caso en Guatemala: “…porque esta causa más parece juguete que juicio jurídico58”.

53 De esta documentación se devela que durante largo tiempo Vílchez había suplido a su padre Joaquín Arechavala con mercancías. En particular, llama la atención el negocio con estribos y tintas pero también de telas e imágenes que mandaba por consignación a Arechavala. El coronel de las milicias de León le comentaba que el negocio con los estribos no fue del todo positivo debido a que algunos llegaron defectuosos. Pareciera que la familiaridad entre ambos hizo que Arechavala tratara de que en este negocio se beneficiara Vílchez: “Bien sabes hijo mío, (que) no te he cargado comisión chica ni grande y hubiera querido que esta triste negociación te produxese muchas utilidades, pues te he visto siempre para desearte todo bien, como criado y nacido en mi casa59”.

54 La tardanza del juicio contra Anselmo Quirós mostró a Vílchez que nada resultaría de un juicio contra el español. Quirós se comprometió a efectuar el pago de la deuda total que era de 2900 pesos, retrasando el pago una y otra vez. La petición de Vílchez del embargo de los bienes del español fue también negada60 y la demanda pasó a considerarse contenciosa. En 1808 Anselmo Quirós se comprometió a pagar en tres tractos: 500 pesos en febrero, 1000 en abril y 300 en ese mismo mes, lo que sumó 1800 pesos, que no saldaban el total de la deuda, razón por la cual Vílchez optó por comunicarse con la más alta autoridad de Nueva España: el virrey. Sin embargo, el rumbo de los acontecimientos del año 1808 daría al traste con sus propósitos ya que en México se inició un proceso de resistencia contra la autoridad española que se profundizó dos años después, en 1810 y que no terminó sino en 1821. En 1822, en el momento de la muerte de Vílchez todavía Anselmo Quirós le era deudor, como lo consigna su testamento61.

55También hay documentación que muestra otras operaciones comerciales y especulativas efectuadas por Vílchez; por ejemplo, había particulares que recurrían a él para empeñar objetos62; o bien invertía dinero con otros prestamistas de más importancia, tal y como se observa en el momento de testar en 1822, en el que afirmó que: …en poder de don Juan Fermín de Aycinena tengo la cantidad como (hago) constar [sic.] por su recibo que existe en las papeleras de mil seis cientos pesos con sus réditos que debe de entregar desde el día de su recibo63 ...”

A manera de conclusión

56En este artículo hemos logrado probar que el primer paso político en el reino de Guatemala fue de inspiración francesa y surgió alrededor de los acontecimientos efectuados en Francia, las Trece Colonias y Haití. Las ideas políticas de igualdad y libertad permearon muy pronto entre los sectores populares de la América española.

57¿Qué nos muestra el caso Vílchez? En general nos indica que los grupos subalternos en las sociedades de este tipo, tendrían que luchar mucho más fuertemente si aspiraban al ascenso social o a mejorar sus condiciones de vida. Condenado por sus orígenes, el “negro Vílchez” navegó entre las aguas de dos mundos muy diferentes que lo llevaron a anhelar una sociedad más justa y equitativa; de ahí su supuesta adhesión a la causa francesa. Esta causa francesa remodificada, reconstruida y remodelada en el Caribe, se presentó primero en las Antillas y luego en el resto del mundo colonial. Vílchez provenía de un mundo partido en dos: el hispano-criollo de la casa paterna en el que había nacido subalterno, pero en el que aprendió con toda seguridad a leer y escribir y a recibir el afecto de sus familiares; las cartas de quien se autodenomina su padre don Joaquín Arechavala así lo muestran.

58Negro, elegante, de buen vestir y hablar, Vílchez mostró un sello particular que llamó la atención de sus vecinos de barrio y también de la élite a la que veía con frecuencia. Si bien es señalado como peluquero, un análisis de sus pertenencias e historia de vida evidencian otras ocupaciones como las de comerciante y prestamista –y no en pequeña escala–. En su testamento le era deudor el propio Pedro de Aycinena, hijo del segundo marqués de esa rama familiar. A su vez, Vílchez no solo mantenía cercanía con el hombre más acaudalado de Nicaragua, sino que tuvo nexos comerciales con sus homólogos de Comayagua, San Salvador y San Miguel, por ejemplo. Debido a sus múltiples ocupaciones Vílchez manejaba un buen caudal. Aficionado a las rifas y la lotería, revela que disponía de dinero en efectivo, lo que le permitía acercarse a las autoridades y a las élites.

59En fin, nos encontramos con una sociedad multiétnica que divide, segrega, margina y excluye a quienes no han heredado ni obtenido las condiciones impuestas por la cultura dominante que se eleva como hegemónica y que favorece a los privilegiados. Pero en ciertos momentos históricos se abre la posibilidad de mejorar las condiciones materiales y sociales de quienes no son favorecidos; en ese mundo le tocó vivir a Vílchez.

60El hecho de llamarle a nuestro personaje, el “negro Vílchez,” es una denominación que proviene de los “otros” y de sus prejuicios. Pero quienes no le conocieron personalmente en esa especie de travesura que lo hizo contactar con el virrey y obispos de México, le denominaron “don Agustín de Vílchez,” aspecto que posiblemente le confortaba o tal vez le llenaba de la angustia de no ser la persona a quien le brindaba tal prestancia el secretario del virreinato. O bien, su propia forma de autodenominarse: Agustín de Vílchez, tomando el apellido de la familia materna de su padre, Joaquín Arechavala, se contradice con sus “oscuros orígenes” a los que hace alusión en una carta dirigida al virrey Yturrigaray.

61A través del análisis de su comportamiento, Agustín Vílchez surge como un personaje lleno de contradicciones, generadas en gran medida por su origen y ubicación en una sociedad desigual que distingue por el color de la piel, por su ascendencia, títulos, puestos y hasta por su apellido. Un legado que lo marcó social y étnicamente, a veces invisible, anónimo pero del cual tenía la esperanza de que en algún momento a él y a los de su grupo, se les viera como iguales. Ciertamente, la idea de lograr la igualdad es una forma de romper tal ambigüedad. En palabras de Juan Marchena Fernández la gran mayoría de la población entendía la igualdad en un sentido auténticamente revolucionario: indios, negros, castas y blancos todos iguales en derechos y obligaciones64.

Notas de pie de página

621 Héctor Humberto Samayoa Guevara, “Proceso contra el peluquero Agustín Vílchez”, en Antropología e Historia de Guatemala, VI, 49 (enero de 1954). Héctor Humberto Samayoa, Ensayos sobre la Independencia de Centroamérica, (Guatemala: Editorial “José de Pineda Ibarra”, Ministerio de Educación, 1972).

632 Christophe Belaubre. “Le peuple de la ville de Guatemala (1780-1821): gestation et naissance d´ une communauté de citoyens…”, en: Nuevo Mundo Mundos Nuevos, Debates, 2011. [http:nuevomundo.revues.org/61186] (consultado 16-05-2012).

643 Juan Carlos Solórzano, “Los años finales de la dominación española. 1750-1821”, en Historia General de Centroamérica, (Madrid: Ediciones Siruelas, 1993), págs. 49-50.

654 Eric Van Young, “Los sectores populares en el movimiento mexicano de independencia, 1810-1821: una perspectiva comparada”, en: Naciones, gentes y territorios. Ensayos de historia e historiografía comparada de América Latina y el Caribe, editado por Víctor Manuel Uribe y Luis Javier Ortiz, Medellín: Editorial de la Universidad de Antioquia, 2000, pp. 141-174. Juan Carlos Estenssoro, “La plebe ilustrada: el pueblo en las fronteras de la razón,” en: Entre la retórica y la insurgencia: las ideas y los movimientos sociales en los Andes, siglo XVIII, Cusco: Centro de Estudios Regionales Bartolomé de las Casas, 1995, págs. 37-64.

665 Eric Van Young, “Los sectores populares…”, pág. 151.

676 Juan Carlos Estenssoro, “La plebe ilustrada…”

687 Jorge Vitoria Ojeda, Las tropas auxiliares del rey en Centroamérica. Historia de negros súbditos de la monarquía española, San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2009. Jorge Victoria Ojeda, Las tropas auxiliares de Carlos IV. De Saint-Domingue al mundo hispano, Castelló de la Plana, Publicaciones de la Universitat Jaume I, 2011.

698 Héctor Humberto Samayoa. Ensayos…pág. 192.

709 “Bando promulgado por el Real Acuerdo, prohibiendo la circulación de pasquines (25 de abril de 1808)”, en Boletín del Archivo General de Gobierno, IV, 1 (octubre de 1938), págs. 3-5.

7110 “El Real Acuerdo de Guatemala, conoce de la existencia de algunos pasquines sediciosos (14 de septiembre de 1808)”, en: Boletín del Archivo General de Gobierno, IV, 1 (octubre de 1938), pág. 5.

7211 “El señor ministro Antonio Norberto Serrano Polo da cuenta de que ya hubo uno de los pasquines sediciosos” (15 de septiembre de 1808), en: Boletín del Archivo General de Gobierno, IV, 1 (octubre de 1938), pág. 5.

7312 Elizet Payne Iglesias, “Los movimientos sociales en el Reino de Guatemala, 1766-1814”, en proceso de edición: Quito, Ecuador.

7413 Elizet Payne Iglesias, “Los movimientos sociales en el Reino de Guatemala, 1766-1814…”.

7514 Elizet Payne Iglesias, “Los movimientos sociales en el Reino de Guatemala, 1766-1814…”.

7615 AGCA. A1. 1-6921-56920 (1812).

7716 Juan Marchena Fernández, “El día que los negros cantaron la marsellesa. El fracaso del liberalismo español en América, 1790-1823”, en: Historia Caribe, II, 7 (2002), UNINORTE, pág. 55.

7817 “Oficio “muy reservado” del capitán general de Guatemala al gobernador Acosta. Le informa que en la capital del reino ha circulado un papel anónimo con el título de El Hispano-Americano, que “aunque su principal objeto es contra los procedimientos de los franceses, contiene cláusulas que se han graduado de sediciosas. Y su autor, que parece ser un estudiante de Costa Rica, se halla arrestado en la real cárcel de Corte”. ANCR. Complementario Colonial, 001981-CC (18-09-1808).

7918 Elizet Payne Iglesias, Pablo Alvarado y Bonilla, entre la Independencia y la Federación en Centroamérica , Boletín AFEHC N°52, publicado el 04 marzo 2012, consultado el 16 de enero de 2012.

8019 Elizet Payne Iglesias, “Pablo Alvarado y Bonilla, entre la Independencia y la Federación…”

8120 Elizet Payne Iglesias, “Pablo Alvarado y Bonilla, entre la Independencia y la Federación en Centroamérica…”

82fn21 Héctor Humberto Samayoa, Ensayos … pág. 193.

83fn22 Héctor Humberto Samayoa, Ensayos … pág. 193.

8423 Samayoa menciona a un sujeto de la familia de José María Peynado y a otro de los Batres. Héctor Humberto Samayoa, Ensayos …pág. 210.

8524 Héctor Humberto Samayoa, Ensayos … p. 210.

8625 Aunque llama la atención que Héctor H. Samayoa dice no encontrar nexo de parentesco con Juan Francisco Vílchez, deán de la catedral de León en esa época. El personaje que señala ser su padre, – Joaquín Arechavala – era sobrino del obispo de Nicaragua y Costa Rica Juan Carlos Vílchez y Cabrera y del deán Juan Francisco Vílchez y Cabrera . Joaquín Arechavala (1728-1823) era hijo de español y de criolla, nació en el seno de una de las familias más adineradas de León. Su madre era hermana del obispo de Nicaragua, casó en dos ocasiones, y de su primer matrimonio consta que tuvo 5 hijas. Hoy su figura trasciende en una leyenda muy conocida en la ciudad de León en la que se cuenta que la imagen del coronel cabalga por las noches en su fino caballo con estribos de plata. Señal esto último de que su negocio con estribos trascendió a la memoria popular.

8726 AGCA B. 2.7., Leg. 31, Exp. 774, Cuaderno 2° 1809.

8827 “De la causa contra Agustín Vílchez por indicios de andar propagando especies de insurrección”, AGCA. B. 2.7. N° 6. Leg. 31, exp. 773.

8928 AGCA B. 2.7., Leg. 31, Exp. 774, Cuaderno 2° 1809.

9029 AGCA B. 2.7. Leg. 31, Exp. 774, Cuaderno 2° 1809.

9130 AGCA B. 2.7. Leg. 31, Exp. 774, Cuaderno 2° 1809.

9231 Con ese argumento Vílchez procuró acercarse al obispo de Oaxaca, Antonio Bergosa y Jordán. Podemos suponer que este acercamiento tenía la intención de buscar favores a favor de su causa contra el español Anselmo Quirós, puesto que nuestro personaje no confiaba en la justicia de Guatemala. AGCA B. 2.7., Leg. 31, Exp. 774, Cuaderno 2° 1809.

9332 Héctor Humberto Samayoa, Ensayos …pág. 215.

9433 Velázquez de León le escribió a Vílchez: “Las graves ocupaciones en que he estado y estoy con motivo de las ocurrencias de nuestra corte, no me han dejado libre un momento para haver comunicado a vuestra merced desde antes las suertes que corrieron por su cuenta en la rifa pequeña de Guadalupe y en la lotería real…” AGCA B. 2.7. , Leg. 31, Exp. 774, Cuaderno 2° 1809.

9534 AGCA B. 2.7., Leg. 31, Exp. 774, Cuaderno 2° 1809.

9635 “De la causa contra Agustín Vílchez por indicios de andar propagando especies de insurrección”, AGCA. B. 2.7. N° 6. Leg. 31, exp. 773.

9736 “De la causa contra Agustín Vílchez por indicios de andar propagando especies de insurrección”, AGCA. B. 2.7. N° 6. Leg. 31, exp. 773.

9837 “De la causa contra Agustín Vílchez por indicios de andar propagando especies de insurrección”, AGCA. B. 2.7. N° 6. Leg. 31, exp. 773.

9938 “De la causa contra Agustín Vílchez por indicios de andar propagando especies de insurrección”, AGCA. B. 2.7. N° 6. Leg. 31, exp. 773.

10039 “De la causa contra Agustín Vílchez por indicios de andar propagando especies de insurrección”, AGCA. B. 2.7. N° 6. Leg. 31, exp. 773.

10140 AGCA B. 2.7., Leg. 31, Exp. 774, Cuaderno 2° 1809.

10241 “De la causa contra Agustín Vílchez por indicios de andar propagando especies de insurrección”, AGCA. B. 2.7. N° 6. Leg. 31, exp. 773.

10342 “De la causa contra Agustín Vílchez por indicios de andar propagando especies de insurrección”, AGCA. B. 2.7. N° 6. Leg. 31, exp. 773.

10443 “De la causa contra Agustín Vílchez por indicios de andar propagando especies de insurrección”, AGCA. B. 2.7. N° 6. Leg. 31, exp. 773.

10544 Época de carnavales que precede a la cuaresma.

10645 “De la causa contra Agustín Vílchez por indicios de andar propagando especies de insurrección”, AGCA. B. 2.7. N° 6. Leg. 31, exp. 773.

10746 “De la causa contra Agustín Vílchez por indicios de andar propagando especies de insurrección”, AGCA. B. 2.7. N° 6. Leg. 31, exp. 773.

10847 “De la causa contra Agustín Vílchez por indicios de andar propagando especies de insurrección”, AGCA. B. 2.7. N° 6. Leg. 31, exp. 773.

10948 AGCA. Audiencia Indiferente, 2.7. Leg. 775 (1810).

11049 AGCA. Audiencia Indiferente, 2.7. Leg. 775 (1810).

11150 “De la causa contra Agustín Vílchez por indicios de andar propagando especies de insurrección”, AGCA. B. 2.7. N° 6. Leg. 31, exp. 773.

11251 “De la causa contra Agustín Vílchez por indicios de andar propagando especies de insurrección”, AGCA. B. 2.7. N° 6. Leg. 31, exp. 773.

11352 “De la causa contra Agustín Vílchez por indicios de andar propagando especies de insurrección”, AGCA. B. 2.7. N° 6. Leg. 31, exp. 773.

11453 AGCA. B.2.7. Leg. 31, Exp. 773 (1809).

11554 Agradecido le respondió al virrey el 26 de marzo de 1808: “Mi venerado señor: puesto a los pies de vuestra excelencia el mayor rendimiento, digo, señor, que reciví la preciosa y amable carta que la bondad de vuestra excelencia, di [corregido: di] a dignado escribirme, con fecha de 26 del pasado mes de marzo y luego que la vi señor,[testado: la puse sobre ] postré en el pelo, la vesé y me la puse sobre las niñas de mis ojos, congratulándome a mí mismo, lleno,[ilegible ] con selo y complacencia, por la merced que se a dignado dispensarme.” AGCA B. 2.7. Leg. 31, Exp. 774, Cuaderno 2° 1809.

11655 Héctor H. Samayoa Guevara, Ensayos

11756 AGCA B. 2.7. , Leg. 31, Exp. 774, Cuaderno 2° 1809.

11857 Héctor H. Samayoa Guevara, _Ensayos_…, pág. 208.

11958 AGCA B. 2.7., Leg. 31, Exp. 774, Cuaderno 2° 1809.

12059 AGCA B. 2.7. , Leg. 31, Exp. 774, Cuaderno 2° 1809.

12160 Quirós alegaba que no se le podía embargar debido a que su ocupación era de labrador, a lo que Vílchez respondía que no era de esa ocupación sino que era mercader.

12261 Héctor Humberto Samayoa. Ensayos …pág. 215 o véase: AGCA. A.1. Leg. 3051, exp. 29323.

12362 Durante su proceso Nicolasa López reclamó que Vílchez tenía bajo su poder un estribo de plata como producto de un empeño.

12463 Héctor Humberto Samayoa. Ensayos … pág. 215 o véase: AGCA. A.1. Leg. 3051, exp. 29323.

12564 Juan Marchena Fernández, “El día que los negros cantaron la marsellesa. El fracaso del liberalismo español en América, 1790-1823…”, pág. 57.

126

Para citar este artículo :

Elizet Payne Iglesias, « El caso de Agustín Vílchez: un acercamiento a 1808 en la ciudad de Guatemala. », Boletín AFEHC N°55, publicado el 04 diciembre 2012, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=3232

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