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AFEHC : diccionario : JÁUREGUI Y ARELLANO, Mariano : JÁUREGUI Y ARELLANO, Mariano

Ficha n° 3440

Creada: 29 mayo 2013
Editada: 29 mayo 2013
Modificada: 29 mayo 2013

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Autor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

Editor de la ficha:

Arturo TARACENA ARRIOLA

Información:

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Publicado en:

ISSN 1954-3891

JÁUREGUI Y ARELLANO, Mariano

Uno de los actores más destacado de una familia de poder conservadora de la Ciudad de Guatemala.
991
Palabras claves :
Magistrado, Licenciado, Conservador, Familia de poder
Cargo o principal ocupación:
Abogado, asesor ordinario del Gobierno (1802-1807). Magistrado de la Corte Superior de Justicia.
Casó:

1Doña Manuela de Jáuregui y Dardón

Nació:
Hacia 1767 en la ciudad de San Salvador.
Murió:
En la ciudad de Guatemala en 1831, Santuario de Guadalupe.
Padres:

1El licenciado don José Antonio Hermenegildo de Jáuregui y Sánchez de Guzmán, abogado de la Real Audiencia, que nació en la Ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala en 1742, casó con doña Antonia de Arellano y Pedrosa: él, hijo del Capitán don José Manuel de Jáuregui y Valenzuela, natural de la Ciudad Real de Chiapas y de doña Angela Sánchez de Guzmán, natural de Guatemala, y ella hija de don Miguel de Arellano y Abarca.

Resumen:

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2En el Reino de Guatemala se dio a principios del siglo XIX un giro conservador y antifilosófico, y no sin consecuencias en el proceso mismo que condujo la región centroamericana a su independencia entre 1808 y 1821. Un proceso bastante pacífico, que quedó bajo control de la autoridad española a pesar de los gritos en favor de la sublevación que se escuchaba en la vecina provincia de Nueva España. Tras los espacios de libertad de expresión permitido por el gobierno del presidente José Domas y Valle (1794-1799), varios historiadores coinciden en decir que la Iglesia adquirió una importancia singular, porque fue entonces percibida como la única entidad capaz de fomentar una resistencia ideológica a los ideales revolucionarios franceses que se difundían en el cuerpo social centroamericano desde 1789. Pudimos trabajar en el pasado el singular papel que el cura Pablo José Jáuregui y Sánchez de Guzmán desempeñaba en la sociedad colonial: él fue motor en el ordenamiento de las rentas eclesiásticas de la diócesis de Guatemala. Esta política real no implicaba el empobrecimiento de la Iglesia, sino su acercamiento al Estado, siendo símbolo de esta nueva política real la gestión compartida de los diezmos. Para conceder más atribuciones a la Iglesia secular había que desarrollar una política sistemática, privilegiando algunas familias conocidas por sus vínculos con la Iglesia. Política que condujo el presidente Antonio González Saravia, aunque no sin ciertos retrocesos. Los grupos que fueron indudablemente favorecidos fueron los Vidaurre, Juarros, Ángel de Toledo, González Batres, Pavón y Jáuregui, los cuales en conjunto controlaban diversos sectores de poder de la capital (Cabildo eclesiástico, Ayuntamiento…), teniendo también sus rivalidades y luchas internas.

3Dentro de este grupo de poder conservador la familia Jáuregui era quizás la más activa por sus nexos en diferentes corporaciones de la Iglesia: convento de Concepción, monasterio Recoleto, Universidad San Carlos de Guatemala y control de varias parroquias cercanas a la capital. Formaba la parentela dos grupos: los Jáuregui y Sánchez de Guzmán (segunda generación) y los Jáuregui y Arrellano (tercera generación) con alianza privilegiada con las familias Valenzuela, Pedroza y Dardón. Los archivos notariales revelan varios lazos entre estas familias y José Mariano quien por su función de abogados servía los intereses de toda la parentela: por ejemplo un poder para testar otorgado por el cura Miguel Antonio Pedroza y Davalos en 1794. Es interesante señalar dos ceremonias de bautizo que tuvieron lugar en 1796: primero el presbitero Bernardo José Pavón apadrino a uno de los hijos de Pedro Jose Valenzuela y de Maria Gertrudis Jáuregui y el canónigo Juan de Dios Juarros hijo lo mismo con José Antonio uno de los hijos de nuestro licenciado. Son actos que comprueban la existencia en aquella época de un grupo de poder conservador bastante bien estructurado cuya red era extensa y activa.

4El personaje que nos interesa, cuyo retrato debemos a la generosidad de Anabelle Mercedes Thomas Echeverría, como piedra angular de un dispositivo de control social es Mariano Jáuregui y Arrellano quien nació en San Salvador hacia 1767 pero no sabemos por qué sus progenitores se encontraban residiendo allí. Su padre José Antonio Jáuregui y Sánchez de Guzmán, quien contaban entre sus hermanos cuatro curas (Pablo José, Antonio, Manuel Bernardino y Mariano Joseph) era un conocido abogado de la Audiencia, cuyo padre había fundado a su vez una familia pudiente en Chiapas, la cual se trasladó a la capital de Guatemala formando él la primera generación del tramo “guatemalteco” de la familia.

5Al licenciado Mariano Jáuregui y Arellano le conocemos por lo menos dos hermanos, el mayor Leonardo, – quien se casó con Josefa de Jáuregui y Dardon-, el maestro Miguel Gregorio Jáuregui y Arellano que ocupaba un puesto de párroco en la diócesis de Guatemala y una hermana, Manuela Maria cuyo destino ignoramos. Siguiendo su hermano, Mariano celebro un matrimonio con su prima hermana doña Manuela de Jáuregui y Dardón. No cabe duda que los dos hermanos tuvieran que obtener dispensas de grado consanguinidad para casarse y eso mediante pago. Manuela y Josefa era hijas de Felipe Jáuregui y Sánchez de Guzmán casado con Rosa Dardón.

6La red familiar estaba bastante desarrollada y era operativa en la capital, pero resulta probable que el poder social del grupo se extendiera a lo largo del Reino de Guatemala por medio de lazos sociales más complejos. Por ejemplo el historiador Luis Pedro Taracena subraya que José Mariano Jáuregui y Arellano mantenía relaciones con Tegucigalpa a través del cura Juan Francisco Márquez y del licenciado Francisco Ortiz. Por este vínculo se confirma la relación con José Aycinena y Carrillo, quien era el que procuraba que la correspondencia y el dinero de los trámites para recobrar la independencia administrativa de Tegucigalpa – perdida en 1799 en benefició de la ciudad de Comayagua – llegaran a España. Ambos personajes compartían las mismas convicciones políticas. Asimismo, en los archivos notariales son varias las escrituras que revelan la relación estrecha entre la pudiente casa Aycinena y los Jáuregui. Por ejemplo, en 1797 el licenciado Jáuregui pidió prestado a intereses 2000 pesos al doctor Don José Aycinena a favor de la capellanía que rezaba el Bachiller Don Julián Martínez Batres, siendo el licenciado don Juan Francisco González y don Rafael Goyena sus fiadores.

7Según el testimonio de don José Tomas de Zelaya, el licenciado Mariano Jáuregui y Arellano era “uno de los mejores letrados de este reino, pues es de unos talentos nada comunes y una integridad constante…”. Sirvió la asesoría ordinaria del Superior Gobierno durante cinco años y cinco meses hasta que en 1807 el Capitán General lo nombró director interino del Montepío de Cosecheros de Añil, cargo que asumió por lo menos hasta 1814. Cuando perdió el cargo de asesor estaba en conflicto con los jueces de la Audiencia, los que denunciaban sus nexos con la pudiente familia González Batres. En particular los oidores se molestaron por su actuación en favor del alcalde segundo Antonio Batres. Una causa criminal que implicaba a este último debía ser remitida a los oidores pero Jáuregui, lejos de cumplir con lo mandado recurrió al Presidente, actuación que, según los oidores, fomentaba la desunión entre el Presidente y la Audiencia. Siguiendo a la letra las Leyes de Indias, que prohibían que se pudiese ejercer dos oficios, Jáuregui se vio sancionado por los oidores, quienes lo privaron de ejercer la abogacía.

8Las huellas de su actividad durante el periodo de la Federación se vuelven de seguimiento más difícil. Al dejar la ciudad de Guatemala en junio de 1824 para arreglar unos asuntos personales, el comerciante Basilio Porras dejó un poder a José Mariano Jáuregui por considerarlo “una persona de toda su confianza”.

9Fue nombrado magistrado de la Corte Superior cargo que no hubiera podido alcanzar durante el régimen colonial por su condición de criollo. Dicha entidad estaba entonces bien contralada por la parentela de Jáuregui porque el fiscal era Pedro José Valenzuela y Jáuregui.

10En 1830 seguía trabajando en la capital como albacea de su tío Pablo José Jáuregui, seguramente atareado por la administración del santuario de Guadalupe de la ciudad de Guatemala fomentado por su familia.

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