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AFEHC : diccionario : XIMENA, Pedro : XIMENA, Pedro

Ficha n° 3502

Creada: 13 julio 2013
Editada: 13 julio 2013
Modificada: 13 julio 2013

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Autor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

Editor de la ficha:

Sajid Alfredo HERRERA

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Publicado en:

ISSN 1954-3891

XIMENA, Pedro

En busca de las huellas dejadas por el doctor Pedro Ximena, uno de los pocos curas nacidos en España que haya vivido en Nicaragua.
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Palabras claves :
Soberanía, Cura, Clero secular
Cargo o principal ocupación:
Cura de Granada (1782-1802).
Nació:
1736 en Jaén, España.
Murió:
Hacia 1802 en Granada, Nicaragua.
Padres:

1Don Fernando Ximena y doña Francisca Padilla Viedma.

Resumen:

1 Aunque la figura del cura de Granada Pedro Ximena esta sobre todo conocida por el texto que redactó en homenaje a Carlos III, tras su fallecimiento y la ceremonia que hubo después para proclamar rey Carlos IV, las huellas de su acción pública en Nicaragua siguen siendo escazas. Sin embargo el honor de haber redactado este texto, publicado por el impresor Ignacio Beteta en Guatemala hacia 1793, no le recayó a él por casualidad sobre todo si se toma en cuenta, como lo dice el historiador Thomas Calvo, que dicha celebración formaba un momento potente de cohesión política en una sociedad colonial sumamente violenta y desigual.

2Por suerte, tenemos, en 1787, un informe del gobernador de Nicaragua Juan de Ayssa quien, sin sorpresa, dibuja un retrato de Pedro Ximena muy positivo. Su condición social, asimilada a la pequeña nobleza, esta destacada pues se trataba seguramente de una familia de hijosdalgo. El gobernador subraya la muy buena conducta, buenas costumbres, vida arreglada de un cura que está radicado en Nicaragua desde por lo menos diez años cuando redacta su informe. Un documento del archivo eclesiástico de León, en la sección de capellanías, permite ubicarlo en el puesto de provisor y vicario general de la diócesis, o sea el segundo rango en la pirámide de la Iglesia local; cargo jurídico que tuvo que entregar a José Antonio Huerta Caso , en noviembre de 1782, principalmente por razones de salud y por otras justas causas que admitió entonces el obispo Tristán , sin dar más detalles (aunque sospechamos un conflicto abierto con otro cura de la diócesis). Era entonces licenciado o doctor en teología, posiblemente de una universidad española, diploma que lo ubicaba, en dicha diócesis bastante marginal, en una posición de poder. Había llegado a la ciudad de León en marzo de 1777 junto con el obispo Esteban Lorenzo de Tristán , – actuaba como su secretario-, con quien compartía el lugar de nacimiento en España y seguramente una relación de confianza. Tristán nombró inmediatamente al padre Ximena juez de capellanías y obras pías cargo siempre estratégico en la curia eclesiástica porque permitía otorgar fondos a los presbíteros que se jugaban capaces y meritorios.

3Al hacerse el trámite legal de pasaje a las Indias ante la Casa de Contratación, el obispo Tristán informó que el padre Ximena era prior de la colegial de San Andrés de la ciudad de Baeza (oriente de Andalucía). El gobernador Ayssa añadía que el padre Ximena era “candido en su modo de pensar y nada inclinado al interés” por lo que el obispo Tristán consideró en 1783 que había que entregarle la responsabilidad de dirigir el Seminario Tridentino de la ciudad. Ayssa decía también que Ximena era muy dedicado a la oratoria, al confesonario y a cortar desavenencias entre sus feligreses. En 1787 se había retirado de León para ir a servir la populosa parroquia de Granada, – obtuvo el nombramiento de cura el 21 de febrero de 1784-, donde mantenía de su propio peculio una escuela pú-blica para la instrucción de las primeras letras. Su relación de méritos y servicios da algunos detalles sobre su iniciativa pero a la fecha no hay otro documento que certifique la existencia de dicho centro educativo: “ (…) Ha establecido a su propia expensa una escuela pública en donde se enseña gratis a leer y escribir a los niños pobres de la referida ciudad (Granada), principalmente a los indios del pueblo de Xalteva, a quienes suministra cartillas, catecismos, papel y demás necesario, advirtiéndose mucha utilidad con tal loable establecimiento”. El hecho que Ximena se haya interesado en Xalteva, suburbio de Granada y pueblo indíge-na cuya fuerza de trabajo estaba utilizada por los criollos de la ciudad, no es sorprendente. Se trataba de una acción pública que se inscribe dentro de una política general de rescate del mundo indígena al estilo borbónico: fueron ellos quienes desearon una mayor participación de los naturales que no se limitara como sus antecesores Habsburgo a los caciques que colaboraron a la Conquista. El historiador Thomas Calvo llama la atención sobre el hecho que el relato de la jura a Carlos IV, según varios testimonios a lo largo del mundo colonial hispánico, representó un paso más hacia la “folklorisación” del acontecimiento conocido como la doble donación de Moctezuma y de Atahualpa cuando el Imperio americano cambia de dueño. Según Pedro Ximena es la milicia criolla que se encargó teatralmente de revivir dicha escena en Granada. El historiador Jorge Eduardo Arellano evoca al respecto “un espectáculo de hombres trasvestidos en amazonas que marcharon desde Xalteva con el imprescindible acompañamiento musical hasta el trono real, donde la «coronela» y la tenienta recitaron décimas”.

4El doctor Pedro Ximena recibió la circular del obispo de León, Juan Felix Villegas , el 22 de mayo de 1789, en la cual iba anexado el Real Despacho de 14 de diciembre de 1788, por el que se ordenaba a los religiosos y ayuntamientos celebrar las reales exequias en memoria del rey Carlos III. La celebración estuvo organizada por el alférez Joaquín Solórzano y el regidor Ubaldo de Pasos. Para esta ocasión Ximena relata en su texto que recordó a los vasallos de su vicaría, ante el túmulo fune-rario construido en honor al monarca fallecido, “que los tristes despojos de la muerte, advierten el paradero de las grandezas humanas”. Sin embargo, un año después, en mayo de 1790, se realizó la juramentación al nuevo monarca, Carlos IV, describiendo nuestro personaje al detalle la organización y el desarrollo de este acontecimiento que festejaba la continuidad del régimen político. El historiador Sajid Alfredo Herrera Mena se ha dedicado a analizar el texto impreso firmado por el doctor Pedro Ximena, un texto, que, como lo vimos en introducción, relata las reales exequias y juramentaciones a los nuevos monarcas. La finalidad era sencilla: fomentar entre los vasallos el respeto y la obediencia, una tarea orgánica dentro del esquema de formación de los presbíteros de la época. Para ello no solo se utilizó el púlpito, sino también una serie de recursos que mostraron un verdadero “teatro del poder”: retratos reales, descargas de fusil, desfiles, utilización de versos, etc. En las exequias de Carlos III, Ximena argumenta a favor del absolutismo monárquico, principios que no contradecían, según el análisis de la idea de Sajid Alfredo Herrera Mena, que un monarca esté obligado al bien común. De una cierta manera Ximena participaba con sus escritos a la gestación de una cultura favorable al constitucionalismo sin llegar, evidentemente, al nivel de pensar en una constitución moderna basada en principios democráticos.

5Según el historiador Jorge Eduardo Arellano, el padre Ximena escribió también la oración fúnebre de su protector Esteban Lorenzo de Tristán cuando se enteró de la noticia de su fallecimiento en Guadalajara en 1794. Además de las indiscutibles cualidades literarias que el texto permite apreciar, la oración fúnebre confirma la fuerza del lazo social que unía ambos hombres: “(…) nuestro Ilustrísimo nació de padres nobles en Andalucia, ciudad de Jaén, amada Patria mía, el 13 de Agosto del año 23 de este siglo”.

6Queda por conocer muchos aspectos de la carrera del padre Ximena en Nicaragua empezando por sus últimos años. Sólo podemos acercarnos a su fecha de fallecimiento por un poder del canónigo Juan de Dios Juarros dado al padre Rafael Ayestas el cinco de octubre 1802 para cobrar una deuda de 600 pesos contratados con Ximena, deuda cuya finalidad ignoramos. Más tarde uno de los pocos libros de protocolos de la epoca colonial conservado en Nicaragua menciona que el canónigo Manuel Cortes y Olarte, – quien cruzó el Atlántico junto con Ximena- daba poder en 1805 al comerciante granadino Mariano Murrillo “para que a su nombre acciona lo que le compete como albacea”. ¡Los viejos lazos “españoles” seguían los más seguros después de la muerte!

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