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AFEHC : articulos : Del proyecto institucional, la transgresión y los transgresores, a la aplicación de la justicia inquisitorial. Consideraciones sobre la historiografía inquisitorial novohispana. : Del proyecto institucional, la transgresión y los transgresores, a la aplicación de la justicia inquisitorial. Consideraciones sobre la historiografía inquisitorial novohispana.

Ficha n° 3549

Creada: 18 agosto 2013
Editada: 18 agosto 2013
Modificada: 19 septiembre 2013

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Autor de la ficha:

Luis René GUERRERO GALVAN

Editor de la ficha:

Adriana RODRÍGUEZ DELGADO

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Del proyecto institucional, la transgresión y los transgresores, a la aplicación de la justicia inquisitorial. Consideraciones sobre la historiografía inquisitorial novohispana.

Esta investigación pretende matizar aquella historiografía que ha visto un deterioro institucional, debido a la decadencia de la Inquisición como proyecto monárquico, para mostrar cómo la vigilancia y la actividad inquisitorial se mantuvieron vigentes a nivel local durante el siglo XVIII. Si bien, primero, actuó bajo las directrices de una monarquía absolutista buscando su consolidación, después se convirtió en un organismo que dirigió sus esfuerzos a asegurar su supervivencia institucional y su presencia política. Dando un repaso, a manera de estado de la cuestión, sobre la historiografía inquisitorial de otros siglos.
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Palabras claves :
Inquisición, Institución, Justicia, Nueva España, Historiografía
Autor(es):
Luis René Guerrero Galván
Fecha:
Agosto de 2013
Texto íntegral:

1

Introducción.

2La vasta producción historiográfica que ha atendido a la Inquisición puede dividirse, de manera general, en dos grandes conjuntos, aquél que atiende al funcionamiento de la institución y sus oficiales y, otro que ha centrado su atención en el análisis de la transgresión y los transgresores.

3Con la intención de alejarse de la leyenda negra de la Inquisición1, la historiografía de los años setentas se dio a la tarea de estudiarla como una institución, cuyo desarrollo se dio a la par de otros consejos y tribunales de justicia, como las audiencias. Así, se privilegió el estudio de la normatividad inquisitorial, el Consejo de la Suprema y las figuras del inquisidor general y los inquisidores provinciales. Para esa historiografía el nacimiento, desarrollo y decadencia de la Inquisición estuvieron determinados por los proyectos de la Corona.

4Por su parte, a partir de los años ochentas otra vertiente historiográfica ha centrado su atención en los personajes centrales de los procesos inquisitoriales; esto es, el transgresor y las causas que posiblemente le indujeron al delito. Razón por la cual se ha estudiado la incidencia delictiva, el perfil criminológico del delincuente y la afectación social de su proceder, entre otros fenómenos de corte socio cultural. Para esa historiografía el desarrollo de la institución se puede ver en función de la modificación de las conductas punibles.

5Por otra parte, la historiografía que alude a la Inquisición en el siglo XVIII, se ha visto influenciada por las conclusiones de aquella producción histórica que vio a la institución inquisitorial como un proyecto de Estado y, por ende, ha insistido en un proceso de declive institucional, mostrando cómo se fueron coartando sus competencias y limitando su jurisdicción, lo que llevaría a la Inquisición a prestar tan sólo atención a su pervivencia política2.

Primer enfoque. La institución en el marco del desarrollo del estado moderno.

6La historiografía que se presenta reúne diversos trabajos donde a pesar de sus distintos objetivos y tesis se ha tomado a la Inquisición como un proyecto de Estado, viendo así su génesis, desarrollo y decadencia en función de los intereses de la Monarquía3. En vista de lo extenso y complejo que resultaría comentar con puntualidad a tan numerosos autores, quisiera tan sólo mostrar esa evolución de la que han dado cuenta, tratando en un primer momento sobre la institución peninsular y a continuación sobre la novohispana.

7La Inquisición peninsular en sus orígenes, ha sido vista por textos como los de Beatriz Comella como un instrumento idóneo para lograr una unificación estatal —sobre todo al estudiarse el rescate hecho de la institución por Fernando e Isabel4—, conformado por una serie de competencias que ayudarían al tribunal en el combate a la herejía5. A su lado estudios como los de Francisco Bethencourt, han concebido al tribunal como un elemento que contribuyó a la construcción de una identidad eclesiástica española, la cual se pone de manifiesto en los manuales de inquisidores y en los diccionarios de herejías6. Finalmente, autores como José Ramón Rodríguez Besné la han visto con una organización consolidada, dotada de un consejo consultivo y legislativo, con una burocracia plenamente establecida y un estricto control de la ortodoxia católica7.

8Aquella historiografía, a la que se aúnan los textos de Jaime Contreras y Henry Kamen, ha señalado que este proceso de desarrollo y consolidación institucional, le dio a la Inquisición hacia el siglo XVI una fisonomía de institución política, instrumentalizada por la Corona, que estuvo apoyada en una Iglesia no tan ideologizada, compuesta por clérigos pragmáticos cuyos esfuerzos serían consignados en el Concilio de Trento, depurándose la ortodoxia y precisándose los universos de la moral y la ética. Así, y pese a haber arraigado en el seno de la sociedad española una animadversión y resistencia a su proceder —como lo ha señalado Kamen—, la Inquisición robusteció en la demostración de aquél conjunto de autores, la autoridad real y se manejó como el arma política utilizada para reprimir los intentos revolucionarios, como en el caso de los moriscos, o evitar la proliferación de ideas contrarias al dogma y a la fe.

9En ese contexto, se inscriben también las consideraciones de José Antonio Escudero sobre el Auto de Fe, manifestación por excelencia de la Inquisición, la cual adquirió una importancia más efectiva para la institución, pues a partir de su formalización en cuanto a sus celebraciones, su realización con mayor publicidad y representación, se logró proyectar al Santo Oficio por toda la Monarquía8.

10A continuación los historiadores que han atendido el estudio del Santo Oficio en el siglo XVII, como Joseph Pérez, han hecho hincapié en la renovación de un “nacionalismo católico español”, promovido por la inquisición con el resurgimiento de los valores marcados por Felipe II, los cuales fueron principalmente encauzados por el Conde Duque de Olivares9. Para la segunda mitad del siglo XVII, Antonio Domínguez ha llamado la atención sobre una transformación de la Inquisición, manifiesta en su profesionalización y en la persecución de los criptojudíos portugueses, esto le alejó cada vez más de las batallas domésticas cortesanas y le llevó a aplicar las directrices fincadas en Trento10.

11De acuerdo con la perspectiva de aquellos autores que le han visto como un proyecto de Estado, la Inquisición terminaría el siglo XVII, con una acentuada instrumentalización en apoyo a la política eclesiástica real, colaborando en una campaña de reforma católica en toda España. El ámbito de persecución de la institución se trasladó de la fe a la moral, con la intención de re catolizar el terreno de las costumbres en la sociedad, razón por la cual aumentaría la persecución contra las supersticiones, prácticas sexuales, solicitación y bigamia. Se da entonces una colaboración entre la coacción, con los inquisidores y, la persuasión, de la mano de los confesores, dando forma a una fructífera asimilación, donde la institución inquisitorial participaría de la puesta en práctica de las directrices de Trento colaborando en una proyección contrarreformista11.

12Ahora bien, los trabajos referentes al estudio de la Inquisición indiana han vinculado también el desarrollo de ésta con el proceso de fortalecimiento de la Monarquía. Importante lugar ha ocupado en esta historiografía la forma en que se inició la actividad inquisitorial en América, dando pie un debate que iniciara José Toribio Medina en 191412. Con independencia de los pareceres contrarios sobre la fecha de creación del tribunal, la historiografía ha coincidido en señalar tres etapas de aplicación de la justicia inquisitorial en el Nuevo Mundo.

13La primigenia Inquisición o Pre-Inquisición, como la ha llamado Álvaro Huerga, estaría señalada por una lucha de poder jurisdiccional entre el poder temporal y el espiritual, ambos tutelados por la Corona. En esta época la institución adolecería de una inestabilidad política condicionante de su actuación, la cual fue llevada a cabo por los primeros religiosos que llegaron al Nuevo Mundo o por la justicia civil ordinaria13.

14La segunda etapa, tratada a profundidad por Richard E. Greenleaf, se da con la llegada de Zumárraga y el nacimiento de la Inquisición monástica o episcopal. Entonces, de acuerdo con ese autor, la actividad inquisitorial adquirió una forma institucional acorde a los lineamientos y ordenamientos de la Inquisición Española14.

15La última etapa, para la cual destacan los estudios de José Toribio Medina y Julio Jiménez Rueda, comenzó con el establecimiento del Tribunal del Santo Oficio de México en 1571. Momento que ha sido explicado en función de las pretensiones del Monarca español de acabar, de una vez por todas con el uso que se le daba a la Inquisición a partir de intereses particulares, aligerar los conflictos entre el clero regular y el secular y, sobre todo, mantener un control estricto sobre los principios emanados de la ortodoxia contrarreformista, evitando a toda costa la contaminación ideológica en las Indias. En suma, aumentar su control directo por parte de la Corona15.

16Una vez instaurado el Santo Oficio, su desarrollo posterior ha sido tratado por diversos autores, entre quienes interesa hacer destacar a Consuelo Maqueda, cuyo texto es uno de los más recientes y renovadores. Para esa autora, la actividad principal de la institución se centró en la preservación y defensa de la fe católica contra aquellos que sostenían preceptos heréticos o quienes adolecían de una falta de criterio en seguir las disposiciones de los principios religiosos. En suma, Maqueda advierte a la institución novohispana como más flexible que la española, vigilando con mayor rigor el ámbito de las costumbres, aunque sin dejar de lado la actividad primordial del tribunal, la persecución de la herejía.

17Así, en términos institucionales, el Santo Oficio novohispano llegó consolidado al final del siglo XVII. Para ese tiempo, según se aprecia en el estudio de Maqueda, el tribunal ya se encontraba integrado por una burocracia inquisitorial presente en todo el orbe indiano, contando además, con una amplísima jurisdicción16. Situación que le haría garante de privilegios y exenciones pontificias y reales, pero sobre todo como señaló Solange Alberro, le haría “temido y respetado17”. En esa visión, compartida por otros historiadores, el Santo Oficio nuevamente es presentado como una maquinaria estatal, claramente limitada, con funciones y jurisdicción propias.

Segundo enfoque. El delito. Transgresores y transgresiones

18La mayor parte de este grupo historiográfico se centra en el estudio de las transgresiones y los transgresores, enfatizando el hecho de que el Santo Oficio trató de adecuar las mentalidades populares a las exigencias de la ortodoxia, convirtiendo en heréticas o sospechosas ciertas conductas desviadas o juicios erróneos18. En este sentido, cobra gran importancia la labor que se ha desarrollado sobre la Inquisición indiana.

19Basados en la historia social y en el análisis de la vida cotidiana, en la historia de las mentalidades, la historia de la vida privada y la historia de la sexualidad, los trabajos de este grupo muestran desde los comportamientos y los gestos cotidianos hasta un inaprehensible inconsciente colectivo, pasando por las emociones, las creencias populares, las formas de conciencia, los epistemes que subyacen a la construcción discursiva, las estructuras ideológicas o los imaginarios sociales, entre muchos otros elementos posibles19.

20Los ejemplos bibliográficos que podrían citarse son abundantes, muchos de ellos resultado de los trabajos del Seminario de las Mentalidades en diferentes etapas20. Sin embargo, el más notable esfuerzo por reunir en un solo texto a las diferentes posturas que se han utilizado para el estudio de la Inquisición indiana, fue el realizado por Noemí Quezada, Martha Eugenia Rodríguez y Marcela Suárez.

21La finalidad principal de su publicación fue hacer un balance de las investigaciones realizadas o en proceso, idea que atrajo a investigadores que habían analizado perspectivas de caso en diferentes ciudades novohispanas. Sus textos, presentados originalmente en el “Congreso Internacional sobre la Inquisición Novohispana”, dieron como resultado una compilación de suma importancia para el estudio del Santo Oficio americano, debido a la valía de los autores y a la gran cantidad de temas y perspectivas de análisis21.

22Mención aparte merece el texto de Solange Alberro, quien en su, ahora ya clásico libro Inquisición y sociedad en la Nueva España 1571-1700, realizó un esfuerzo por conjuntar los enfoques anteriores. Así observa por una lado, a la institución a través de la práctica inquisitorial, su presencia en la Nueva España así como su relación con las élites de poder y la sociedad en su conjunto y, por otro lado, contempla un sinfín de transgresiones propias de los individuos localizados en los diferentes entornos del espacio indiano. A pesar del esfuerzo por analizar a la institución como un proyecto de Estado sin perder de vista el delito y su impacto social, su trabajo se inclina más por desentrañar y explicar las implicaciones sociales que tuvieron las herejías, los delitos religiosos menores, las faltas a la moral sexual o las prácticas mágicas y hechiceriles22.

23Con ser aquellos estudios fundamentales para la comprensión del desarrollo institucional del tribunal y sus enfoques valiosos para insertarle en la política regia y el pensamiento de una época, queda aún mucho por hacer en cuanto al establecimiento de la aplicación de la justicia inquisitorial a nivel local, en donde la actividad de los funcionarios regionales cobra gran importancia.

Historiografía del siglo XVIII

24Los estudios referentes a la inquisición del siglo XVIII comparten una visión de deterioro institucional, pues ven al Santo Oficio como un organismo que enfocó sus esfuerzos en aras de lograr su supervivencia, basándose principalmente en los intereses de quien la conformaba. Así de acuerdo con esos trabajos, en el transcurso de ese siglo se produjo en la Inquisición una forma de distanciamiento en cuanto a su filiación política, ya que dejó de ser una herramienta del Estado para convertirse en un aparato de control al servicio de los grupos de poder locales23.

25Fenómenos aquellos que se hacen palpables en las tres grandes fases marcadas por la historiografía, en cuanto a la actividad y comportamiento del Santo Oficio español durante el siglo XVIII. Así, durante una primera etapa caracterizada por el periodo de transición entre los Austrias y los Borbones, autores como Ricardo García Cárcel y Doris Moreno muestran los reiterados esfuerzos de la Corona por acondicionar la competencia de la Inquisición durante la Guerra de Sucesión Española, lo que obligó a la Inquisición a apoyar, en diferentes momentos, a un bando o a otro, propiciándose así una ambivalencia institucional entre las dos posturas, razón por la cual la institución sería al mismo tiempo que protagonista, víctima de las circunstancias24.

26La segunda etapa establecida para los reinados de Felipe V y Fernando VI, ha sido vista por TeófanesEgido y A. Mestre, quienes han observado el establecimiento, por primera vez, de un mecanismo de revisión real en la censura inquisitorial que cambió de alguna manera su jurisdicción, limitando así sus competencias25. En lo que respecta a la última etapa, localizada en tiempos de Carlos III y Carlos IV, la historiografía ha coincidido en ver cómo el tribunal del Santo Oficio, pese a sus antecedentes de sujeción real, sufrió una crisis institucional que virtualmente, produjo un proceso de decadencia26.

27Así, de acuerdo con aquella historiografía, la Inquisición sirvió al Monarca sólo como un medio de represión y control a las posiciones que tomó la Iglesia española tendientes a su autonomía y al apego a su triple lealtad: la de servir a Dios, reconocer la autoridad del Papa y obedecer al Rey27. Así, aquellos autores concluyen que, tras la muerte de Carlos III y con el estallido de la Revolución francesa, la Inquisición nuevamente se tomó como el instrumento ideal que promovió una operación de “cordón sanitario”, cuya misión fue tan sólo la evasión de la “contaminación francesa28”.

28Ahora bien, en lo referente al Santo Oficio novohispano es necesario citar a Bartolomé Escandell Bonet, quien sostuvo que la institución sufrió un proceso de decadencia y que, pese a todo, se mantuvo vigente en virtud de padecer la misma situación que su homóloga española y, como aquella, se avocó a la persecución de extranjeros y de las ideas ilustradas. En ese mismo sentido, Consuelo Maqueda, ha señalado que el funcionamiento del tribunal se orientó sólo a la pesquisa de extranjeros que se internaban a la Nueva España y, junto con ello, contuvo una oleada de nuevos estándares ideológicos, con lo que evitó una posible contaminación de las conciencias de los novohispanos29. Para aquellos autores, es en este momento cuando el tribunal se convirtió en un arma de represión ideológica más allegada a la política intelectual emanada de la Corona que a la conciencia del dogma nacida del poder espiritual30.

29En suma, se trata de una historiografía que ha atendido a la fase en que la Inquisición se centró en perseguir la literatura, debido a la abundante distribución y circulación de impresos, y que por tanto ha visto al Santo Oficio como un censor que tan sólo se enfocó en imponer restricciones de acceso a aquellos textos, elaborando índices extensos e interminables31.

30Por otra parte, los estudios de José Toribio Medina, Álvaro Huerga y Monelisa Lina Pérez Marchand contribuyen también a esa visión de deterioro institucional, pues en sus trabajos han hecho alusión a una serie de diferentes carestías por las que atravesó el tribunal novohispano, desde aquellas que iban del deterioro material, hasta las que señalan la ineficacia procesal.

31Toribio Medina, por ejemplo, ubicó al Santo Oficio dentro de un proceso de declive, tanto de su actividad como de su vida institucional, estableciendo que el motivo de su decadencia se debió principalmente a su poca productividad, conjuntamente con el estado ruinoso de los propios edificios inquisitoriales y la nulidad de los ministros que los habitaban32.

32En el mismo sentido, Álvaro Huerga, advirtió que lo poco que hacía el tribunal llevaba ya la marca inconfundible de la rutina y de la claudicación y, finalmente33, Monelisa Lina ha establecido que la Inquisición novohispana, sufrió de un vacío institucional provocado, no por el número de funcionarios que tenía a su servicio el tribunal, o por la falta de comunicación entre la Metrópoli y la Ciudad de México, sino por lo que verdaderamente realizaron dichos funcionarios, esto es, su actividad real34.

33Otro factor, signo del deterioro del tribunal es el referido a la relación entre el Rey y la Inquisición, lo cual, en opinión de Torres Puga, afectó necesariamente a la Nueva España donde las desavenencias se tradujeron en conflictos jurisdiccionales con el virrey, como representante del Monarca. Dicha tesis tiene su precedente en los trabajos de Toribio Medina quien, a manera de ejemplo, refirió la postura tomada por José de Gálvez, visitador general de la Nueva España, quien nunca puso un pie en el tribunal, a pesar de haber sido invitado en diversas ocasiones para visitarle. Al igual que los anteriores autores, Bartolomé Escandell Bonet, refirió que, inclusive, se ampliaron facultades jurisdiccionales y de competencia al virrey sobre la Inquisición, situación que no puede desprenderse del proceso que vivía el nuevo mundo con respecto a la remodelación administrativa americana de los borbones35.

34En suma, en la visión de aquella historiografía, el tribunal americano se caracterizó por ser un aparato eclesiástico-político que encarnaba al Estado y, por lo tanto, se convirtió en un medio efectivo de represión en la Nueva España, capaz de requisar y condenar toda expresión que no estuviese de acuerdo con la norma doctrinal o política establecida por los Borbones en su afán de mantener el orden estatuido36.

35Si bien es cierto que múltiples son los argumentos que respaldan esa decadencia de la que venimos hablando, ésta no se verifica plenamente a nivel regional, por el contrario la actividad del comisario zacatecano, por tomar un ejemplo, revela una intensa preocupación de estos individuos que, si bien no se tradujo en un actuar general y propio de la institución, obliga a matizar la tesis del declive institucional que aquella historiografía ha hecho extensiva a toda la Nueva España.

Historiografía sobre el comisario del Santo Oficio

36Ahora bien, cabe hacer mención de los trabajos de Alfonso Martínez, Olivia Gargallo y Pedro Miranda, quienes si bien se refieren de manera particular al funcionario local, este es visto sólo cómo un empleado más del tribunal, o como una vía para, en realidad acercarse al estudio de los delitos.

37Alfonso Martínez Rosales en su trabajo “Los comisarios de la Inquisición en la ciudad de San Luis Potosí, 1621-1820”, establece un perfil ideal del comisario, un religioso, cristiano viejo, de vida y costumbres ejemplares, letrado, de recta conciencia, obediente, sumiso, fiel y reverente con el tribunal37. El cual era elevado “de la nada” por los inquisidores, quienes le otorgaban un status de preeminencia al convertirlo en funcionario del Santo Oficio. Además, de acuerdo con aquel autor, el comisario no tenía iniciativas propias, distintas a las instrucciones que el tribunal disponía.

38Dichas conclusiones hacen pensar que Alfonso Martínez no observó las actuaciones de los comisarios ―sitos en la jurisdicción de San Luis Potosí que es el lugar en que circunscribió su estudio― sino sólo los nombramientos o peticiones para tal fin, lo cual le llevó a catalogarlos como unos simples súbditos o “criados” del tribunal. Lo anterior disiente en mucho de lo que se ve para la jurisdicción zacatecana, ya que si bien se trata de funcionarios sometidos a la potestad del Santo Oficio, ello no implicaba que no tuvieran decisiones propias, e incluso, muchas veces desafiantes a las disposiciones del tribunal.

39Por otra parte, Martínez Rosales cae en la confusión de establecer dos tipos de comisarios, unos a los que denominó comisionados y otros a los que se designó como propietarios. En la práctica esto no fue así, por el momento baste señalar que la función que realizaron ambos comisarios era la misma, razón por la cual no hay diferencia entre las facultades de uno y otro, salvo su temporalidad en el oficio de comisario. Con todo el trabajo de este autor, brinda una óptica interesante sobre la atracción que tenía el nombramiento de comisario, la cual se puede ver en la lista que presenta sobre los aspirantes.

40Por su parte, Pedro Miranda Ojeda, ofrece un análisis más sistemático, tanto del comisario como de los familiares, alguaciles y notarios del Santo Oficio dentro de la comisaría inquisitorial de Yucatán38. Si bien se debe rescatar la idea de este autor de establecer al comisario como un elemento de poder local, Pedro Miranda, sin embargo, vuelve a insistir al igual que Martínez Rosales en la no independencia del comisario respecto al Santo Oficio, al hablar de la existencia de un control absoluto de la comisaría en la administración.

41Así, de nueva cuenta, no se enfatiza sobre lo actuado por el comisario sino en las peculiares circunstancias de cómo se accedió al cargo y en las biografías de los aspirantes. De esta forma Miranda señala que para el siglo XVIII las comisarías se sumergieron en un proceso de descomposición social, el cual atribuye a la reducción considerable del número de funcionarios. En Zacatecas, por ejemplo, ese proceso no se llevó a cabo y ni en las informaciones o peticiones de los comisarios zacatecanos al tribunal, se mencionó la solicitud de envío de familiares o alguaciles, como en el caso de Mérida, de hecho se podría señalar que éstos no figuraron como actores principales en las causas que se tomaron como base para esta investigación.

42Finalmente Oliva Gargallo García, a pesar de haber realizado un estudio más amplio sobre la comisaría de Valladolid de Michoacán en el siglo XVIII39, tampoco se involucra con las actuaciones del comisario en sí mismo, sino que en su caso, da preferencia a las características y cualidades de los transgresores y los tipos de transgresiones que acontecieron en su zona de análisis. Es decir, el fin de su estudio no son los comisarios sino la criminalidad de los vallisoletanos del siglo XVIII, por lo que no establece una jurisdicción geográfica del comisariado ni tampoco se adentra con mayor rigor en las circunstancias específicas de cada personaje.

43Los comisarios como miembros de la sociedad novohispana, pertenecieron a diferentes grupos por lo que no deben ser tratados como simples oficiales al servicio del tribunal sino que hay que observarlos con la profundidad necesaria que amerita su singularidad. Si bien, dentro de los componentes del cuerpo inquisitorial, la jerarquía principal radicaba en los inquisidores como los únicos validados para emitir una sentencia, los comisarios jugaron un papel de suma importancia, pues se trató de servidores permanentes que constituyeron la base social de la organización40.

44Pese a ser catalogados por la historiografía como simples jueces de instrucción, en la práctica hicieron mucho más que sólo remitir las causas al tribunal del Santo Oficio, pues plasmaron su ideología, intereses y vínculos sociales en el transcurso de su actuación en la aplicación de la justicia inquisitorial. Por ello, a través del estudio de sus actuaciones y la descripción de su perfil, se puede observar esa multiplicidad de objetivos y grupos que orientaron su actuar, lo cual deja en claro como la Inquisición en Nueva España no sólo fue una institución “del Estado” o “de la Iglesia” sino un organismo con raíces y sentido profundamente sociales, circunstancia sin la cual no hubiera podido lograr su supervivencia hasta el siglo XIX41.

45Luis René Guerrero Galván,
Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM

46Notas de pie de paginas

471 Aquella que señalaba a la Inquisición como un organismo eclesiástico cuyo objetivo y métodos resultaban contradictorios o difíciles de conciliar con los principios sustentados por la Iglesia, tal incoherencia hizo ver a la institución como una muestra palpable del oscurantismo y la irracionalidad. Así, se puede tomar a manera de ejemplo, esta postura en el trabajo de Alfonso Junco, Inquisición sobre la Inquisición, (México: Jus, 1949).

482 Consideraciones que, a mi parecer, pueden ser matizadas con el estudio de los comisarios inquisitoriales. Si bien es cierto que existen trabajos avocados a la figura del comisario éstos, no han logrado desprenderse de la influencia de la historiografía que atiende sólo a la función judicial de la institución o bien, se han dejado seducir por los delitos y los delincuentes, desatendiendo lo particular de la labor del comisario.

493 Mención aparte merece el trabajo de Doris Moreno quien, en su investigación, aborda la invención de la Inquisición desde una mirada de redescubrimiento y reinvención ya fuere por los propios inquisidores o sus procesados. Se trata de modelos de representaciones y recreaciones de una institución que utilizó a los poderes establecidos en beneficio propio y, a la postre, luego de su extinción, fue a su vez utilizada por sus víctimas. Cfr. Doris Moreno, La invención de la Inquisición,(Madrid: Fundación Carolina, Marcial Pons, 2004).

504 Beatriz Comella, La Inquisición Española, (Madrid: RIALP, 1999). Sobre la Inquisición medieval puede consultarse a Benzion Netanyahu, Los orígenes de la inquisición en la España del siglo XV, (Barcelona: Critica, 1999). Perry Anderson, señala a la Inquisición como la única institución “española” unitaria vigente en la Península, que sirvió como un gran aparato ideológico para compensar la división y dispersión administrativa real del Estado. Vid. Perry Anderson, El Estado Absolutista, (México: Siglo XXI, 2002). Edward Burman nombra a este proceso como el corolario lógico de la política de consolidación española. Vid. Edward Burman, Los secretos de la Inquisición. Historia y legado del Santo Oficio, desde Inocencio III a Juan Pablo II, (México: Roca, 1994).

515 Dentro de esa esfera de competencias, fue necesario establecer un modus operandi, en el cual Henry Kamen, por ejemplo, vio una atención de la Corona hacia los intereses de aquellos grupos económicamente activos que ayudarían a solventar la precaria economía española. Lo cual propició conflictos entre los llamados cristianos viejos y los judeoconversos. Henry Kamen, La Inquisición Española, (Madrid: Alianza Editorial, 1973). A un nivel local, puede consultarse la obra de Juan Gil, Los conversos y la Inquisición sevillana, Sevilla, Fundación El Monte, Universidad de Sevilla, seis volúmenes, 2001 o Luis Alberto Anaya Hernández, Judeoconversos e Inquisición en las Islas Canarias, 1402-1605, (Las Palmas de Gran Canaria, Cabildo Insular de Gran Canaria: Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, 1996).

526 Francisco Bethencourt, La Inquisición en la época moderna. España, Portugal e Italia, siglos XV-XIX, (Madrid: Ediciones Akal, 1997). El autor habla de que ello fue también resultante de la transmisión de una reflexión teológica, heredada desde los siglos XIII y XIV. John Lynch establece que fue necesario encontrar una fórmula para lograr una cohesión religiosa en torno a la monarquía, y ésta fue la de instaurar en la política de la Inquisición una finalidad primordial, el combate a la apostasía, a los judaizantes y a los moros, considerando además a los disidentes religiosos como inadmisibles y peligrosos. Vid. John Lynch, España bajo los Autrias. Imperio y absolutismo (1516-1598), (Barcelona: Ediciones 62, 1993).

537 José Ramón Rodríguez Besné, señala que el Consejo de la Santa, General y Suprema Inquisición, organismo al que dotarían de las características y prerrogativas de un Consejo de Estado ―tal y como el Consejo de Castilla―, se consideró como un organismo que recibiría las apelaciones y los recursos de los tribunales inquisitoriales y estaría presidido por el inquisidor general. Vid. José Ramón Rodríguez Besné, El Consejo de la Suprema Inquisición. Perfil jurídico de una institución, (Madrid: Universidad Complutense de Madrid, 2000).

548 José Antonio Escudero, Estudios sobre la Inquisición, (Madrid, Marcial Pons: Ediciones de Historia, Colegio Universitario de Segovia, 2005). Véase también José Antonio Escudero, “La Inquisición española” en La Inquisición, 16, 1986.

559 Joseph Pérez, La Inquisición Española. Crónica negra del Santo Oficio,(Madrid: Martínez Roca, 2005). Bartolomé Bennassar señala que durante la primera mitad siglo XVII, la Inquisición se empaparía de los procesos de transición de la cabeza del imperio, por lo que fue utilizada a conveniencia de los rezagos de poder de ciertos políticos, insertos en la Suprema, heredados en tiempos de Felipe II. Y aunque se establecieron disputas entre el Papa y el Rey en aras de tomar el control de la institución, refiere Emilio Ruiz Borrachina, fue el Rey quien, con base en un proyecto político concreto, tomó las riendas de la Inquisición. Así, una vez que se cumplió con la constitución y organización de la Inquisición; se eliminó o asimiló al conjunto de conversos españoles; se puso bajo estricta vigilancia a los moriscos, el tribunal del Santo Oficio se apoderó del pueblo cristiano viejo para moldearlo acorde a los ideales definidos y las reglas establecidas por el Concilio de Trento. Vid. Bartolomé Bennassar, Inquisición española: poder político y control social, (Barcelona: Crítica, 1981), y Emilio Ruiz Borrachina, Brujos, Reyes e inquisidores, (Barcelona:Belacqua, 2003).

5610 Antonio Domínguez Ortiz “El problema judío” en La Inquisición…, op. cit.

5711 Ricardo García Cárcel y Doris Moreno, Inquisición. Historia crítica ,(Madrid: Temas de Hoy, 2000).

5812 Álvaro Huerga Teruelo, especifica que el primigenio origen de la Inquisición en las Indias se dio hacia 1516, a partir de la petición hecha por Bartolomé de las Casas quien, en su Memorial de remedios para las Indias, hacia necesaria la presencia del tribunal ya que pronosticaba una inevitable contaminación de los naturales en cuestiones de herejía por cuenta de los españoles. Cfr. Álvaro Huerga “La pre-Inquisición hispanoamericana (1516-1568)” en Historia de la Inquisición…., op. cit. Mientras que José Toribio Medina, señala que el desarrollo del Santo Oficio en América se da a partir de que, Adriano de Utrecht, en 1519, nombrara dos inquisidores apostólicos para las Indias. Toribio alude que es ahí cuando se les otorga, por primera vez la facultad de conceder nombramientos de notario, alguacil, fiscal y otros cargos que fueran de utilidad para el buen desempeño del Santo Oficio. Cfr. José Toribio Medina, La primitiva Inquisición americana, Santiago de Chile, SPI, 1914. Boleslao Lewin, ha asentado la postura de que en la Nueva España, el primero que ostenta el cargo de inquisidor es fray Martín de Valencia, celebrando la primera causa inquisitorial de la Nueva España en 1522, con ello afirma, se abriría el camino de la Inquisición en América. Cfr. Boleslao Lewin, El Santo Oficio en América y el más grande proceso inquisitorial en el Perú, (Buenos Aires: Sociedad Hebraica Argentina, 1950). Yolanda Mariel de Ibáñez, establece que la formalidad jurídica de esta primigenia institución se dio a partir de 1523, cuando se promulgaron dos edictos: uno contra herejes y judíos y otro contra toda persona que de obra o palabra hiciera cosas que parezcan pecado. Cfr. Yolanda Mariel de Ibáñez, El tribunal de la Inquisición en México (Siglo XVI), (México: Porrúa, 1984).

5913 Richard E. Greenleaf, sostiene que dentro de esa primera fase se establece un panorama de confrontación jurisdiccional. Los principales conflictos se dieron entre el gobierno civil, representado por Cortés y la Inquisición, representada por fray Domingo de Betanzos, quien iniciaría una persecución contra los partidarios del conquistador de México-Tenochtitlán, incoando una serie de procesos por blasfemia, imponiéndoles severas multas y humillaciones públicas. Vid. Richard E. Greenleaf,La Inquisición en Nueva España siglo XVI, (México: FCE, 1995).

6014 Richard E. Greenleaf, señala que fray Juan de Zumárraga, había recibido las instrucciones precisas de formar un tribunal inquisitorial, y aunque la institución funcionaría a manera de una Inquisición Episcopal sería hasta entonces que se comenzaría a observar en la aplicación de justicia inquisitorial una competencia institucional. Vid. Richard E. Greenleaf, Zumárraga y la Inquisición mexicana, 1536-1543, (México: FCE, 1992). Otra obra que ilustra perfectamente el perfil de Zumárraga es la de Joaquín García Icazbalceta, Don fray Juan de Zumárraga, primer obispo y arzobispo de México, IV tomos, (México: Porrúa, 1988). Tras la actuación de Zumárraga en la persecución de indios idólatras y los regaños por parte del Monarca hechos a su persona, entre otros factores, se determinó la exención del indio en materia inquisitorial. Jorge Traslosheros, refiere que la jurisdicción de los naturales en materia de fe quedaría sujeta a la jurisdicción ordinaria de los prelados diocesanos. Jorge E. Traslosheros, Iglesia, justicia y sociedad en la Nueva España. La Audiencia del Arzobispado de México 1528-1668, (México: Porrúa, Universidad Iberoamericana, 2004).

6115 Julio Jiménez Rueda, Don Pedro Moya de Contreras, primer inquisidor de México, (México: Fuente Cultural, 1944); José Toribio Medina, Historia del… op. cit., y Álvaro Huerga “El tribunal de México en la época de Felipe II” y “Los hechos inquisitoriales en Indias. I. Tribunal de México” en Historia de la Inquisición…, op. cit.

6216 Según Consuelo Maqueda Abreu, esta nueva dirección no establecería límites a la jurisdicción inquisitorial, lo que provocó una competencia de jurisdicciones y conflictos entre las demás instituciones establecidas en América, lo que propició una profusión de quejas por parte de autoridades civiles y eclesiásticas al Consejo de la Suprema. La razón principal de esta disputa, versó en el celo con que se defendería la jurisdicción de cada una de las instituciones y la negativa a compartirla con la Inquisición. Cfr. Consuelo Maqueda Abreu, “Los conflictos de competencias. Una muestra en el tribunal inquisitorial de Nueva España” en La Supervivencia del derecho español en Hispanoamérica durante la época independiente, (México: UNAM, IIJ, 1998).

6317 Bartolomé Bennassar, La América española y la América portuguesa, siglos XVI-XVIII, (Madrid: Akal, 2001) y Solange Alberro, Inquisición y sociedad en México 1571-1700, (México: FCE, 1993).

6418 Joseph Pérez, La Inquisición…, op. cit.

6519 Al respecto véase, Carlos Antonio Aguirre Rojas, Antimanual del mal historiador: o cómo hacer hoy una buena historia crítica, (México: La Vasija, 2002).

6620 Seminario de historia de las mentalidades, El placer de pecar y el afán de normar, México, Joaquín Mortiz, 1988; Del dicho al hecho…: Transgresiones y pautas culturales en la Nueva España, (México: INAH, 1989); Dolores Enciso Rojas, et. al.,_ Senderos de palabras y silencios: formas de comunicación en la Nueva España: Seminario de Historia de las Mentalidades_, (México: INAH, 2000); Sergio Ortega Noriega, editor, De la santidad a la perversión, o de por qué no se cumplía la ley de Dios en la sociedad novohispana, (México: Grijalbo, 1986).

6721 Noemí Quezada, Martha Eugenia Rodríguez y Marcela Suárez, editoras, Inquisición Novohispana, II volúmenes, (México: UNAM, IIA y UAM, 2000).

6822 Solange Alberro, Inquisición y…, op. cit.

6923 Joseph M. Walter, Historia de la Inquisición Española, (Madrid:Edimat libros, 2001).

7024 Tanto Ricardo García Cárcel, Doris Moreno y Adelina Sarrión Mora coinciden en establecer que en este primer decenio del siglo XVIII, se orientó una transformación dirigida a establecer a la institución como un tribunal puramente eclesiástico, con jurisdicción exclusivamente espiritual y competencia reducida a los ámbitos de la fe y la religión. Pese a no llevarse a cabo en su totalidad esta transformación, el tribunal limitó su jurisdicción y al mismo tiempo la hizo débil, enfocando su persecución en contra de las ideas ilustradas europeas. Vid. Ricardo García Cárcel y Doris Moreno Martínez, op. cit.,y Adelina Sarrión Mora, Beatas y endemoniadas. Mujeres heterodoxas ante la Inquisición siglos XVI al XIX, (Madrid: Alianza Editorial, 2003).

7125 John Edwards, La Inquisición, (Barcelona: Crítica, 2005) y A. Maestre, “Inquisición y corrientes ilustradas” en Historia de la Inquisición… op. cit., tomo I. Para TeófanesEgido, los rescoldos de ese intento de reforma de 1768, fue la promulgación de una real cédula que ordenó a la Inquisición cesar su intervención en el conocimiento de cuantas causas no fueran estrictamente materia de fe, por lo que se limitó su campo de acción a los delitos de apostasía y herejía. Vid. TeófanesEgido, “Contradicciones gubernamentales” en Historia de la Inquisición… op. cit.

7226 Puede verse Enrique Gacto Fernández (editor), El Centinela de la Fe. Estudios jurídicos sobre la Inquisición de Sevilla en el siglo XVIII, (Sevilla: Universidad de Sevilla, 1997).

7327 John Lynch, La España del siglo XVIII, (Barcelona: Crítica, 2004).

7428 Ricardo García Cárcel y Doris Moreno Martínez, op. cit. Para Antonio Elorza, el último intento de reforma, en cuanto al siglo XVIII se refiere al tribunal fue en 1798 con la llegada de Jovellanos. Éste promovió la separación de la Inquisición, en las causas de censura devolviéndoles esa función a los obispos de manera semejante a los orígenes del Santo Oficio. Jovellanos basó su postura en la ineficacia del tribunal en el intento por contener las ideas revolucionarias, así como la incapacidad de la nómina inquisitorial. En suma, para Jovellanos el tribunal había perdido toda justificación teórica de su existencia dado que la nueva amenaza contra la religión ya no provenía de los judíos, moriscos y heréticos sino de los incrédulos. Vid. Antonio Elorza “La Inquisición y el pensamiento ilustrado” en La Inquisición …, op. cit.

7529 Bartolomé Escandell Bonet, “Reformismo borbónico y declive inquisitorial en América” en Historia de la Inquisición ... op. cit.

7630 Consuelo Maqueda Abreu, Estado, Iglesia e Inquisición en Indias. Un permanente conflicto, (Madrid: Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2000).

7731 Baste mencionar los textos que se han considerado clásicos para el estudio de la censura de libros en la Nueva España por parte de la Inquisición: Luis González Obregón, compilador, Libros y libreros en el siglo XVI, (México: AGN, 1914); Joaquín García Icazbalceta, Bibliografía mexicana del siglo XVI, (México: FCE, 1954); Pablo González Casanova, La literatura perseguida en la crisis de la colonial, (México: SEP, 1986); María Águeda Méndez, Catálogo de textos marginados novohispanos: Inquisición, siglo XVII, (México: AGN, El Colegio de México, 1997); y más recientemente Margarita Peña, La palabra amordazada: Literatura censurada por la Inquisición, (México: UNAM, 2000); la tesis de María Edith Hernández Zamora, “El Santo Oficio en México y su papel en la represión de los libros prohibidos”, (Tesis, UNAM, Facultad de Filosofía y Letras, 2007); o José Abel Ramos Soriano “En busca de un control ideológico: censura en Nueva España” en Cultura Escrita & Sociedad,7,(2008).

7832 José Toribio Medina, Historia del Tribunal del Santo Oficio ... op. cit.

7933 A. Huerga, “Tribunal de México. A) Incapacidad operativa” en Historia de la Inquisición ... op. cit.

8034 Monelisa Lina Pérez-Marchand, op. cit.

8135 Gabriel Torres Puga, Los últimos años de la Inquisición en la Nueva España, (México: Miguel Ángel Porrúa, CONACULTA, INAH, 2004) y Bartolomé Escandell Bonet, “Reformismo borbónico y declive inquisitorial en América” en Historia de la Inquisición… op. cit.

8236 María Águeda Méndez, Secretos del Oficio. Avatares de la Inquisición Novohispana, (México: El Colegio de México, UNAM, 2001).

8337 Alfonso Martínez Rosales “Los comisarios de la Inquisición en la ciudad de San Luis Potosí, 1621-1820” en Memoria del III Congreso de historia del derecho mexicano, (1983).

8438 Pedro Miranda Ojeda “Las comisarías del Santo Oficio. Funciones y funcionarios en la estructura inquisitorial de Yucatán 1521-1820” en Desacatos,25, (2007).

8539 Olivia Gargallo García, La comisaría inquisitorial de Valladolid de Michoacán, siglo XVIII, (Morelia: Universidad de San Nicolás de Hidalgo, 1999).

8640 Roberto López Vela, plantea un estudio de la burocracia inquisitorial a partir del funcionamiento de los distintos órganos y oficios, su funcionamiento interno así como la reconstrucción de sus lazos con la sociedad, las clientelas y la formación de élites sociales. Vid. Roberto López Vela “Estructuras administrativas del Santo Oficio” en Joaquín Pérez Villanueva y Bartolomé Escandell Bonet, coordinadores, Historia de la Inquisición en España y América. II. Las estructuras del Santo Oficio, (Madrid: BAC, Centro de Estudios Inquisitoriales, 1993).

8741 Luis René Guerrero Galván, De acciones y transgresiones. Los comisarios del Santo Oficio y la aplicación de la justicia inquisitorial en Zacatecas, siglo XVIII, (Zacatecas: Universidad Autónoma de Zacatecas, 2010).

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Para citar este artículo :

Luis René Guerrero Galván, « Del proyecto institucional, la transgresión y los transgresores, a la aplicación de la justicia inquisitorial. Consideraciones sobre la historiografía inquisitorial novohispana. », Boletín AFEHC N°57, publicado el 04 junio 2013, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=3549

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