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AFEHC : articulos : Acercamiento Histórico a las Bulas de la Santa Cruzada en el Reino de Guatemala : Acercamiento Histórico a las Bulas de la Santa Cruzada en el Reino de Guatemala

Ficha n° 355

Creada: 01 septiembre 2004
Editada: 01 septiembre 2004
Modificada: 23 julio 2011

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Autor de la ficha:

Rodolfo HERNANDEZ MENDEZ

Editor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Acercamiento Histórico a las Bulas de la Santa Cruzada en el Reino de Guatemala

El tema de las Bulas de la Santa Cruzada en el Reino de Guatemala, no ha sido investigado, por lo menos por historiadores contemporáneos centroamericanos.
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Palabras claves :
Bulas, Tribunal, Reino, Iglesia, Sociedad, Canónigos
Autor(es):
Rodolfo Esteban Hernández Méndez
Fecha:
Agosto de 1998
Texto íntegral:

1Este artículo ha sido previamente publicado por la Revista ESTUDIOS del Instituto de Investigaciones Históricas, Antropológicas

Introducción

2El tema de las Bulas de la Santa Cruzada en el Reino de Guatemala, no ha sido investigado, por lo menos por historiadores contemporáneos centroamericanos. Son muchas las inconsistencias e inexactitudes que se vierten cuando, de soslayo, algunos investigadores se ven precisados a opinar al respecto. Algunos de ellos han tomado ciertos padrones de pueblos como referencia para hacer cálculos demográficos, sin tomar en cuenta y consideración que tales enumeraciones tienen sus limitaciones, por su misma naturaleza y objetivos, y no pueden ser significativos de la población en general.

3Por esta y otras razones hemos considerado que esta aproximación histórica a las bulas de la Santa Cruzada, que son apuntes y parte de una investigación en desarrollo, abrirá una angosta e insignificante brecha en la intrincada selva de los datos históricos que contienen los documentos de los archivos de Centroamérica y el Arquidiocesano. Tenemos claro que ayudará enormemente para conocer ciertos aspectos de la vida cotidiana de la población colonial y contribuirá al inicio de empresas de investigación que, con sus resultados, coadyuvará a que tengamos un conocimiento más amplio de la realidad histórica de la región centroamericana.

4Este estudio resulta fascinante por cuanto involucra temáticas de suyo interesantes que nos permiten conocer aspectos de todo tipo de la sociedad colonial, tal es el caso de la forma cómo la Monarquía española, con ayuda mutua de toda la pirámide jerárquica de la Iglesia Católica, utilizaban las sutilezas de los aspectos espirituales, religiosos, para obtener fondos que ayudarían a satisfacer sus urgentes necesidades financieras. Quienes estén realizando estudios económicos no deben dejar desapercibidos los datos que se relacionan con la Bula. De igual manera, aquellos que realizan estudios políticos, pues la imposición de la Bula está sujeta a las relaciones de poder. Asimismo en el caso de las concepciones de la vida, las relaciones interétnicas y muchos otros aspectos de la vida cotidiana, tanto del pueblo llano como de los funcionarios y autoridades religiosas. Eso se puede comprobar fácilmente si se comprende que la Bula de Vivos era el requisito indispensable para obtener los privilegios que concedían el Papa y la Corona, tales como la posibilidad de legalizar las tierras que se hubieran obtenido de una manera poco honrada, lo que se podía realizar al comprar la bula de Composición.

5En este artículo solamente se presenta una muestra del tipo de documentos que hemos utilizado, y por supuesto localizado en los archivos, para que los interesados sobre el tema, o bien algunos otros relacionados con él, tengan un asidero para realizar sus estudios.

Caracteristicas generales de la Bula de la Santa Cruzada

6La historia de España y la de la América colonial tiene una gran dificultad: la de reconocer o distinguir muy bien las esferas y los límites de lo civil y de lo eclesiástico y religioso. Lo relacionado acerca de si la guerra contra los indígenas era lícita o no, estaba envuelta con las donaciones de los papas y con los problemas relacionados con la defensa de la fe y de su predicación. Esta última cuestión siempre fue llevada a posiciones extremas desde la época de las Cruzadas. A fines del siglo XV existía en Europa, especialmente en España, un paradigma sobre lo lícito de la guerra contra los invasores no cristianos, y cuando esta guerra se convertía en cruzada, con mucho interés, alcanzaba la santificación, animada e impulsada fuertemente por la Iglesia, durante mucho tiempo. A los que participaban en las guerras o cruzadas se les concedían abundantes favores espirituales y materiales1.

7La Bula REX REGUM, emitida por el Papa Martín V (1417 – 1431) en Constanza el 04 de abril de 1418, invitaba a los reyes y a los pueblos cristianos a que se unieran con el rey de Portugal contra los moros. Ordenó a los obispos y jueces eclesiásticos a predicar la cruzada siempre que el rey lo pidiera y que organizara una expedición militar. A quienes participaban en la cruzada y a los que hubieran facilitado recursos para sostener uno o más soldados les concedía Indulgencia Plenaria, la cual era el perdón total de todas las penas o castigos que recibiría el transgresor de las normas católicas. Estos soldados gozarían de las garantías y privilegios, personales y materiales, que se les concedían a los que participaban en las guerras de Tierra Santa. En esencia, estos eran los privilegios que concedía la Bula de la Santa Cruzada común o de Vivos. La invitación, las órdenes y las concesiones mencionadas eran el contenido básico de las bulas de cruzada, el cual se utilizaría durante muchos años sucesivamente. Desde la emisión de esa bula el interés del Papado por las empresas de cruzada se volvió evidente. Con el apoyo papal el príncipe portugués, Enrique “el Navegante”, organizó de nuevo sus empresas de descubrimiento en 1440. En 1442 una bula concedió indulgencias para los que participaron en las expediciones de la Orden de Cristo, administrada por Enrique, contra los infieles. Posteriormente se emitieron otras bulas de cruzada para Marruecos2 La política de cruzada de Portugal del siglo XV fue uno de los antecedentes de la misma política de España. Las distintas experiencias portuguesas sobre el asunto hizo que Don Duarte, rey de Portugal, solicitara a la Santa Sede una respuesta sobre la legitimidad de las guerras contra los infieles y el derecho real para solicitar, con este fin, un subsidio del pueblo. Para el caso de España, no se trataba de una cruzada contra los mulsumanes ni contra los africanos, sino contra los aborígenes americanos y los indios y sus posesiones3.

8La Bula Universalis Ecclesiae regiminis, del Papa Julio II (1503 – 1513) del 28 de julio de 1508 concedió a los reyes de España el Patronato Universal de Indias, el cual fue una extensión del patronato de Granada y Canarias concedidos a los reyes católicos en 1486, que hacían referencia a la conquista de la tierra y la fundación o dotación de iglesias y catedrales, lo cual se puso en práctica luego de la conquista de Granada en 1492. En ese mismo sentido las capitulaciones de Santa Fe, firmadas por Colón y los reyes católicos, pretendía, igual que la conquista de Granada, “extender los límites de la Iglesia y defenderla de sus enemigos, conocidos o desconocidos4 ...” Se considera que el impuesto de las Bulas de la Santa Cruzada se originó en los siglos XII y XIII, cuando fueron otorgadas por el Papa a los cristianos de España, quienes estaban en lucha contra los moros. En el siglo XVI, después que cayó el último bastión de los sarracenos, Granada, los ingresos que provenían de tales indulgencias todavía fueron concedidas por varios papas a los reyes españoles, generalmente por períodos de 6 años. Se recalcó siempre que el producto de este impuesto, porque fue tal, debía destinarse a la exaltación y extensión de la santa fe católica; lo que pudo haberse tomado como un pretexto para justificar las guerras de conquista en América. No se ha registrado exactamente la fecha en que fue introducido en las colonias españolas. Comúnmente se cree que la concesión papal se extendió de España a las Indias por Gregorio XIII, en 1573. Pero, en los archivos de Simancas existen datos sobre la recaudación de este impuesto en la América del Sur y las Antillas desde 1535. Y en 1537 se nombró un Comisario General Subdelegado para la Nueva España5.

9Según Haring, la Bula de la Santa Cruzada fue uno de los primero impuestos, y el más extraño de los que se recaudaron en América. Las Bulas de la Santa Cruzada eran INDULGENCIAS (perdón de pecados y concesión de varios privilegios espirituales) que se vendían con la finalidad de obtener fondos para la guerra contra los infieles. El valor de las indulgencias varió de un región a otra y de un tiempo a otro. La escala o tasa de las Bulas se establecieron en base a la situación socieconómica del individuo. Legalmente estaba prohibida la imposición por coacción a los indios. Los ingresos de este impuesto iban al Tesoro real, pero se consideraba un impuesto eclesiástico que era recaudado y administrado por personas de la Iglesia. El Comisario General, radicado en Madrid, era el encargado de la administración.

10Nombraba delegados en las ciudades principales de las colonias. Los subdelegados eran nombrados por los delegados, y tenían jurisdicción en cada ciudad o distrito menor. Los Tesoreros también eran electos por los Delegados y se encargaban de recolectar anualmente los ingresos de las ventas y los fondos los remitían a las autoridades financieras centrales de cada región. La administración de la recaudación se arrendaba, por medio de un remate al mejor postor, sobre un porcentaje a los Tesoreros, que casi siempre era un civil. Los subdelegados eran miembros del clero de la catedral y vigilaban la publicación de las Bulas, además conocían, judicialmente, en primera instancia de todos los asuntos al respecto.

11En 1751, en el inicio de las reformas administrativas borbónicas, los métodos de recaudación variaron y su administración se transfirió a los funcionarios de la Real Hacienda. A partir de ese año, los curas párrocos recibieron el 5% de los ingresos6. (Sobre todo esto se hará una ampliación más adelante).

Tipos, tasas y características de las Bulas de Cruzadas.

12Habían cuatro clases de Bulas de Cruzada: a) De Vivos, la Bula de Cruzada por antonomasia; b) De Lacticinios; c) De Difuntos o Animas y d) De Composición. Cada uno de los ejemplares de estas bulas, llamados comúnmente Sumarios7, tenían tasas diferentes de “limosna”, de acuerdo con la “calidad”, es decir, la posición social y la situación económica del individuo que la adquiriera o comprara.

Bula de Vivos.

13De acuerdo con el contenido de la Bula de la Santa Cruzada8, el Papa concedió al rey de España varias “Indulgencias, Facultades y Gracias”, para beneficio de los fieles católicos de los dominios españoles, con la finalidad de financiar las guerras contra los “enemigos de la religión Católica”, los llamados “Infieles”. Se trataba de reunir fondos para cubrir los gastos que ocasionaba el enfrentamiento que el ejército español tenía continuamente, con sus enemigos, políticos y/o religiosos. Los fieles deberían contribuir a esta empresa por medio de la compra de las Bulas, se pensaba que lo harían gustosamente si recibían algo a cambio.

14bq.”...los fieles ayuden con sus fuerzas al Rey Católico nuestro Señor en la guerra que continuamente mantiene contra los enemigos de nuestra Santa Fe, para defenderla y propagarla, y que tanto más alegre y gustosamente concurrirán a obra tan loable y piadosa, cuanto sea mayor la remuneración espiritual que por ello consigan.”

15Durante la vigencia de la Bula, todos los fieles de los dominios españoles que decidieran luchar, a su costa, contra los enemigos del Catolicismo ya sea incorporándose al Ejército español o bien realizando varios servicios gratuitos en el mismo, el Papa les prometía darles “...la misma Indulgencia Plenaria que se ha acostumbrado CONCEDER a los que van a la Conquista de la Tierra Santa,...” y, además, durante el año del “Jubileo” (año en que se concedía el perdón total de los pecados cometidos) tendrían la misma opción si confesaran sus pecados, o en caso de no poderlo hacer, lo desearan verdaderamente. Este perdón de pecados incluía a los individuos que, por diversos motivos, enviaban a otras personas para que sirvieran en su nombre en el Ejército, cubriéndole los gastos. Estos enviados, si eran pobres, gozaban también de las gracias del perdón de pecados. A las personas que no fueran al Ejército y que no enviaran sustitutos para los servicios militares, pero que “libremente” contribuyeran con la Santa Cruzada con una limosna, previamente tasada, el Papa les concedía la potestad de celebrar misas o hacer que se celebraran misas, si eran presbíteros o personas comunes, respectivamente. Además de esta prerrogativa podían pedir que se celebraran otros ritos católicos, “en su presencia y la de sus familiares, domésticos y parientes…”; podían comulgar (recibir la Eucaristía) y otros Sacramentos9, con excepción del día de Pascua. Esto incluía a las personas que estuvieran en Entredicho10, quienes podían realizar todos estos actos en las iglesias donde estuviera permitido que lo hicieran, durante el tiempo del Entredicho, o bien en algún oratorio particular “depurado totalmente” para la celebración de los ritos católicos. También, a estos censurados por Entredicho, podían ser sepultados, “en el expresado tiempo de Entredicho con moderada pompa funeral, como no hayan muerto excomulgados.” Durante el período de vigencia de la Bula y dentro de los límites territoriales españoles, estos “contribuyentes liberales” podían comer carne “en los tiempos de ayuno de todo el año”, aún en la Cuaresma, con la supervisión y control de “ambos médicos, espiritual y corporal.” Además, en los días mencionados podían, si lo deseaban, comer huevos, leche y sus derivados y alimentos preparados con ellos. Con esto, debía entenderse que quienes comieran carne, no anulaban la esencia del ayuno si cumplían con la forma de él. En esta categoría de indulto estaban comprendidos los religiosos de cualquier Orden Militar y “los Patriarcas, Arzobispos, Obispos, Prelados inferiores, las personas eclesiásticas Regulares y los Presbíteros seculares,” mayores de 60 años de edad. Todos ellos podían comer huevos y lacticinios, aún en el tiempo de la Cuaresma. Estos privilegios tenían efecto previa la compra de los sumarios de la Bula respectiva, como se verá más adelante.

16Quienes ayunaran voluntariamente en los días no sujetos al ayuno, o quienes hicieran alguna obra piadosa, por su imposibilidad de ayunar, con la supervisión del confesor o párroco, como una forma de rogar a Dios por el auxilio para la victoria en las guerras contra los infieles, se les concedía, por cada vez que lo hicieran, la rebaja de “quince años y quince cuarentenas de penitencias, a ellos impuestas y de cualquier modo debidos.” Además, se incluían partícipes de todas las oraciones, limosnas, peregrinaciones, aún las de Jerusalén y de las otras buenas obras que se hacían en toda la Iglesia Militante y en cada uno de sus miembros. Otras indulgencias que obtenían quienes adquirieran la Bula de Vivos eran:

17Cuando visitaran, con devoción genuina, cinco iglesias, altares o un altar en cada día de las Estaciones de Roma y rogaran a Dios por la unión y victoria de los Príncipes Cristianos contra los no católicos, podían obtener cada una de las Indulgencias de dichas Estaciones.

18Podían elegir confesor, secular o regular, de los aprobados por el Obispo, para que los absolviera, una vez en la vida y otra en el artículo de muerte, de cualesquier pecados y censuras, aunque su absolución estuviera reservada al Papa. También podía absolverlos del quebrantamiento de los mandatos de la Bula de la Cena del Señor, con excepción de la herejía. Y los fieles que no estuvieran bajo tales condenas, podían ser perdonados tantas cuantas veces lo confesaren, con penitencias reivindicativas acordes a la magnitud de los pecados confesados. Por tanto se les concedía Indulgencia y remisión plenaria de todos los pecados, con la condición que debían dar alguna “limosna”, por su propia voluntad, o en caso de no poderlo hacer personalmente, lo hicieran sus herederos o algunos otros designados. El confesor también podía conmutarles todos los votos, con excepción del ultramarino, (¿?) de Castidad y el de Religión.

19Si la persona moría sin confesión, durante la vigencia de la Bula, repentinamente o por falta de confesores, tendría la misma Indulgencia Plenaria mencionada, con la condición que hubiera muerto contrito y se hubiese confesado en el tiempo determinado por la Iglesia y que no hubiera sido negligente por la confianza depositada en las concesiones de la Bula.

20En la vigencia de cada Predicación se podían tomar dos Sumarios de dicha Bula para poder “gozarse dos veces dentro de ella todas las Indulgencias, gracias y Privilegios” mencionados. El Papa concedió al mencionado Comisario Apostólico General la potestad de perdonar y corregir cualquier irregularidad que no fuera contraída por razones de homicidio voluntario, Simonía, Apostasía de la Fe, herejía o mala suscepción de las Ordenes. De igual manera podía proceder en asuntos matrimoniales: “...con los que hubiesen contraído Matrimonio con impedimento oculto de afinidad, proveniente de cópula ilícita, como el uno de los contrayentes lo ignorase al tiempo de contraer;” podían casarse de nuevo, sin ceremonia pública, para tranquilidad de sus “conciencias”. Como consecuencia de otras facultades otorgadas por el Papa el Comisario tenía la facultad de suspender, durante la vigencia de la Bula, todas las indulgencias y gracias semejantes o diferentes concedidas por el Papa a cualesquier iglesias, monasterios, hospitales, lugares piadosos, universidades, cofradías y personas particulares en los Reinos de Indias, aunque fueran para favorecer o ayudar a la construcción de la Capilla de San Pedro en Roma o bien de otra empresa semejante. Esta amplia prerrogativa se limitaba con respecto de las concesiones dadas a los frailes Superiores de las Ordenes Mendicantes. De igual manera podía revalidar las Indulgencias que hubieran sido suspendidas por el mismo Comisario. Por lo tanto, suspendía todas las Indulgencias durante el tiempo de vigencia de la Bula que se iba a publicar y predicar. Tales Indulgencias tendrían validez y podían ser aprovechadas por la persona, individual o jurídica, que adquiriera la Bula de la Cruzada vigente, “en cuyo favor tan solamente las revalidamos para que puedan gozarlas quien la tuviere.” Además, y en virtud de la misma Autoridad Papal concedida, suspendía el ENTREDICHO que hubiera en cualquier lugar donde se iba a publicar y predicar la Bula, durante 8 días antes y 8 días después de la predicación. Por último, enfáticamente se declaraba que solamente los que adquirieran la Bula podían gozar de las Indulgencias, lo cual podía ser fundamentado por medio del documento impreso que se le entregaba al adquiriente, en el momento de dar la limosna. En la predicación y publicación de esta Bula que se está analizando se hizo un cambio o modificación en la tasa. La tasa antigua era de UN PESO DE PLATA ENSAYADA y la que se cobró para la Bula de los bienios 1764 -1765 fue de un peso y cinco reales y medio de plata acuñada, la cual se había impuesto en 1758. Al final del documento impreso destacan la nominación de los días de “Estaciones de Roma”, durante los cuales, por concesión papal, se podían ganar la indulgencia plenaria con la condición de haber comprado la Bula de Vivos y de visitar “devotamente” 5 iglesias o 5 altares o, en su defecto, una iglesia o un altar 5 veces, y rogar a Dios por la unión y victoria de los gobernantes de los países cristianos contra los “infieles”. De igual manera se mencionan los días cuando se “sacaba ánima de Purgatorio”, al hacer la misma visita, en virtud de igual indulgencia Plenaria.

21TASACION DE LA LIMOSNA, BULA DE CRUZADA.

22En 1621 la tasa era la siguiente:

23Pagaban 10 pesos: Arzobispos, Obispos, Inquisidores, Abades, Priores, Dignidades y Canongías de las Catedrales, dignidades de iglesias colegiales, caballeros de cualquier orden militar. Seglares: Presidentes, oidores, alcaldes, fiscales, alguaciles mayores, secretarios y relatores de las Audiencias, gobernadores, Corregidores, alcaldes ordinarios, regidores de los pueblos, “señores de repartimientos” y los que tuvieran pensión sobre ellos (encomenderos), capitanes generales, alcaides de castillos y fortalezas, los abogados y los ricos con caudal mayor de 10,000 pesos.

24Pagaban 2 pesos de “tipuzque” ( ó 16 reales castellanos): Las esposas de los seglares anteriores.

25Pagaban 1 peso de “tipuzque” ( 8 reales castellanos): Todas las demás personas de cualquier estado y condición (excepto indios y “morenos”). Estaban afectos los indios caciques.

26Pagaban 2 reales castellanos: Frailes, monjas, españoles pobres “mendicantes”, hombres y
mujeres de servicio. Maseguales (casados o solteros) y “morenos” de ambos sexos11.

27En 1785 la tasa era como sigue:

28Pagaban 10 pesos (de plata acuñada y común.):

29—Los Virreyes y sus esposas;
—Arzobispos, obispos, inquisidores, abades, priores canónigos de las catedrales,
dignidades de ellas y de las colegiales;
—Duques, marqueses, condes, vizcondes, señores de vasallos y de repartimientos y los que
tenían pensión sobre ellos;
—Capitanes generales, tenientes generales, mariscales de campo, Brigadieres, Coroneles,
aunque sólo estuvieran graduados;
—Presidentes, oidores, alcaldes y fiscales, aunque fueran honorarios;
—Alguaciles mayores, secretarios y relatores de las Audiencias reales;
—Caballeros de cualquier orden militar;
—Secretarios del rey, incluyendo los honorarios;
—Contadores oficiales reales;
—Gobernadores, corregidores, alcaldes de castillos y fortalezas;
—Abogados;
—Los hombres ricos con caudales de 12 mil pesos o más, los regidores de los pueblos, los
alcaldes ordinarios y las personas de cualquier clase y condición que tuvieran el caudal
mencionado;

30Las esposas de todos los seglares mencionados y con el caudal dicho pagaban 2 pesos de la
misma moneda.

31Pagaban 1 peso, los alcaldes ordinarios y regidores de los pueblos y las personas que
tuvieran de caudal 6 mil pesos o más, así como las esposas de éstos.

32Pagaban 2 reales de plata acuñada y común, todas las demás personas, sin distinción social,
étnica ni económica12.

Bula de Lacticinios.

33La Bula de lacticinios era la concesión papal del permiso, solamente para los miembros de la Iglesia, de comer huevos, leche, los derivados de ésta y las comidas que se preparaban con ellos en las ocasiones cuando la Iglesia lo prohibía. Para poder tener acceso a estos privilegios era obligatorio que los interesados obtuvieran la Bula de Vivos, de la tasa que le correspondía a cada uno. A continuación presentamos la transcripción de una Bula de Lacticinios:

34CUARTA PREDICACION DE LA UNDECIMA CONCESION. BULA CONCEDIDA POR LA SANTIDAD DEL PAPA INOCENCIO UNDECIMO Y MANDADA PUBLICAR por N.M.S.P. Benedicto Décimo Cuarto, que al presente rige y gobierna la Santa Sede Apostólica para los Patriarcas, Primados, Arzobispos, Obispos, Clérigos, Presbíteros, Seculares de la Nueva-España y Filipinas, a quien estaba prohibido el comer huevos y cosas de leche en tiempo de Cuaresma lo puedan comer durante la Cuarta Predicación de la Undécima Concesión, que se ha de hacer al mismo tiempo que la Cuarta Predicación de la Décima Quinta Concesión de la BULA DE LA SANTA CRUZADA DE VIVOS, DIFUNTOS Y COMPOSICION. UNO DE LAS MEDIOS MAS EFICACES DE QUE SE VALIO LA Majestad de Dios para mover y alentar a su pueblo, a que sacudiese de su cuello el pesado yugo de la esclavitud de Faraón y emprendiese con valor y esfuerzo la conquista de la Tierra de Promisión, fue proponerles que eran tan prodigiosa su fertilidad, que corrían por ella arroyos de miel y leche. In terram, quae fluit lacte et melle. Así se refiere en el capítulo tercero del Exodo, y en otros lugares, para que con las esperanzas de gozar de tan suave alimento, venciesen las dificultades y peligros que se les hubieran de ofrecer en las batallas que habían de dar a tantos y tan valientes enemigos, y llegasen a la posesión de la tierra prometida con felicidad. Este ejemplo parece imita la Cabeza de la Iglesia Católica, concediendo a sus hijos puedan usar de lacticinios, templando el rigor y dispensando en la austeridad de la Cuaresma, para que recreados en parte con este alimento, con más facilidad se ejerciten en los ayunos de aquel sagrado tiempo, venciendo los enemigos invisibles que pretenden estorbarnos la entrada de la tierra de promisión celestial; y los visibles, que con continuas guerras procuran molestar la Iglesia Católica, socorriendo a los Ejércitos de la Majestad Católica, que con tan crecidas expensas se está empleando siempre en defenderla y ampararla. CON ESTE INTENTO CONCEDIO ESTA BULA nuestro muy Santo Padre Urbano Octavo y la prorrogó nuestro muy Santo Padre Clemente Décimo, de felice recordación, por su BREVE de siete de Junio de mil seiscientos setenta, para que pueda el Clero usar de huevos y lacticinios en aquel santo tiempo, dando de limosna, por esta Bula, lo que señalaremos Nos Don Francisco Pérez de Prada y Cuesta, por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica, Obispo de Teruel, Inquisidor General, del Consejo de Su Majestad y Comisario Apostólico General de la Santa Cruzada, y demás gracias, en todos los Reinos y Señoríos de Su Majestad. Y por cuanto vos_________________________________________________ disteis UN PESO DE A OCHO REALES DE PLATA CASTELLANOS para esta Santa expedición y empresa, os damos licencia para que en el dicho tiempo, durante la dicha predicación de la Bula de la Santa Cruzada, podáis comer huevos y cosas de leche. Dada en Madrid a diez y siete de Agosto de mil setecientos y cincuenta años. (f) Franco. Obpo. Inqor. Gral.”
(grabado en sello)
(aquí hay un sello de la Inquisición) (aquí hay un sello del Comisario13)

35TASAS DE LA BULA DE LACTICINIOS, 1785.

36Los Patriarcas Primados, Arzobispos, Obispos y Abades….....................4 pesos de plata
acuñada y común.

37Dignidades, Canónigos e Inquisidores …....................................................2 pesos.

38Racioneros y medio racioneros de semejantes iglesias y curas párrocos …1 peso.

39Todos los demás clérigos seculares ….........................................................2 reales14

Bula de Difuntos.

40En el texto del sumario de la bula de difuntos se manifiesta la concepción acerca de la vida y la muerte de los católicos. La creencia en la vida después de la muerte era, y es, un incentivo para mejorar la conducta de los hombres y mujeres en su vida y para contribuir con rogativas y limosnas para que las almas de los difuntos que se encuentran sufriendo en el paso intermedio hacia la región celestial. Esto se pone de manifiesto claramente en el texto de las bula de ánima que se transcribe enseguida:

41BULA DE DIFUNTOS PARA LOS REINOS DE INDIAS. MDCCCVI Y MDCCCVII BULA DE INDULGENCIA PLENARIA CONCEDIDA POR LA SILLA APOSTOLICA. Con calidad de que aproveche, por modo de sufragio a las ALMAS del Purgatorio, para todas las Tierras de los Reinos y Provincias de Indias de los Dominios de Su Majestad Católica, que se ha de publicar en el bienio de los años de mil ochocientos seis y mil ochocientos siete. Tantas son y tan rigurosas las penas del Purgatorio, que en sentir del Angélico Doctor Santo Tomás, exceden a lo que Cristo nuestro Señor padeció en la cruz, habiendo sido esto más que cuanto sufrieron los Santos Mártires. A vista de ellos, no dejaría de moverse a compasión el corazón más duro, especialmente considerando que las Almas detenidas en aquella horrible Cárcel, aunque amigas de Dios por haber pasado a ella en su gracia, no se hallan en estado satisfacer por sí la deuda que les resta que pagar, para ser introducidas en la Celestial Gloria. Y pudiendo los que viven aliviarlas y socorrerlas por medio de sus buenas obras ofrecidas a su Divina Majestad en satisfacción de dicha deuda, con la confianza de que por su inmensa piedad se contentará con esta paga dignándose aceptarla. El vicario de Cristo, para excitar a los Fieles estantes en los Reinos y Dominios del Rey nuestro Señor, a que consuelen estas afligidas Almas con los más provechosos socorros; y deseando, al mismo tiempo, ver en ellos un ánimo tanto más pronto y alegre para concurrir a la defensa de la Católica Religión, cuanto se entiendan enriquecidos con mayores Dones espirituales de los Tesoros de la Iglesia, les concedió que puedan ganar y aplicar Indulgencia Plenaria, por medio de sufragio por las referidas Almas del Purgatorio, contribuyendo, para la guerra que sustenta nuestro Católico Monarca contra los infieles, la limosna que tasaremos NOS D. Patricio Martínez de Bustos, Arcediano de Trastamara, Dignidad y Canónigo de la Santa Metropolitana Iglesia de Santiago, Caballero Gran Cruz de la Real distinguida Orden española de Carlos Tercero, Individuo Nato de la Real Junta de la Inmaculada Concepción, Exactor y Colector de las Pensiones asignadas a la misma Real Orden, Juez Privativo de nuevo Rezado, del Consejo de S:M. y Comisario Apostólico General de las Tres Gracias de Cruzada, Subsidio y Excusado, en todos los Reinos y Señoríos de S.M. Católica. Y por cuanto vos _________________________________________________ Disteis para la expresada guerra, la limosna de dos reales y medio de plata acuñada y común, que es la tasada por Nos a esta Santa Bula, en favor del Alma de ____________________________________, y recibisteis en vos este Sumario, declaramos serle aplicada la Indulgencia Plenaria sobredicha. Dado en Madrid, a primero de Enero de mil ochocientos y seis15.”

42TASA DE BULAS DE DIFUNTOS, 1785

43Las personas que pagaban 10 pesos, 2 pesos y 1 peso por la Bula de vivos, debían dar de limosna para la bula de difuntos 4 reales. Para los indios y los mestizos, quienes pagaban 2 reales por la Bula de Vivos, por la Bula de difuntos pagaban lo mismo, 2 reales16.

Bula de composición.

44Junto con la Bula de Cruzada debía publicarse y predicarse la BULA DE COMPOSICION, la cual fue concedida por el Papa a la Cruzada, es decir, a la guerra contra los enemigos de la Religión Católica. La Bula de composición se mandó imprimir separadamente y quienes la adquirían debían dar de “limosna” 12 reales de plata castellanos. Las personas que compraban esta Bula estaban absueltas del pago de hasta 30 ducados castellanos, de 11 reales c/u, sobre cualquier clase de bienes y “haciendas mal habidas y mal ganada y adquirida de que fueren a cargo, no sabiendo los dueños a quien se pueda y deba legítimamente restituir.” La tasa de 12 reales se utilizaban, conforme a las Bulas y Breves del Papa, para la ayuda a la “Santa Expedición y guerra contra los infieles.” Las personas interesadas en “componer” sus tierras podían hacerlo hasta en la cantidad de los mencionados 30 ducados. “Y siendo en más suma y cantidad de lo que así se quisiere y hubiere de componer, por la dicha autoridad apostólica, TENEMOS POR BIEN, que tantas cuantas veces se tomare la Bula de Composición y se diere la dicha limosna, quede compuesta la persona que la tomare en la dicha cantidad de novecientos ducados castellanos y no más, ...” porque por una cantidad mayor debía acudirse a los subdelegados generales, para que ellos, de acuerdo con la instrucción y comisión remitida a ellos, hicieran la composición.

45—La persona que se “compusiera”, es decir, que quisiera legalizar sus tierras, debía tomar y tener en su poder la Bula de Composición impresa, firmada por el colector General de Cruzada y sellada por éste; en caso contrario, la persona “no goce, ni pueda gozar, en manera alguna, de la composición que por ella se le concede.”

46—Los Comisarios predicadores debían hacer Predicar, junto con la Bula de Cruzada, la Bula de Composición, para que todos estuvieran enterados de los términos de la misma, pues para tener acceso a la composición debían tener la Bula impresa de Composición y no la Bula de Cruzada, pues ésta correspondía solamente a las Gracias, Indulgencias y Facultades que en ella se expresaban y NO PARA la Composición. Las formas de administración y control serían las mismas que se aplicaban a la Bula de Cruzada17.

47En 1789 se modificaron las tasas de las Bulas y se hizo de la manera como se dio conocer por medio del edicto siguiente:

48El Dr. don Juan José González de Batres , Deán de la catedral metropolitana, subdelegado de la SANTA CRUZADA del Arzobispado de Guatemala, PUBLICO LAS TASAS DE LOS SUMARIOS DE LA BULA DE LA SANTA CRUZADA PARA LOS AÑOS 1790-1791, las cuales eran las siguientes:

49BULA DE VIVOS

50Arzobispos, Obispos, inquisidores, Abades, Priores, Canónigos de las catedrales y dignidades de ellas y de las colegiales; Los Duques, marqueses, condes, vizcondes, señores de vasallos y de repartimientos y los
que tenían pensión sobre ellos. Los Capitanes generales, tenientes generales, mariscales de campo, Brigadieres, coroneles, aunque solamente estuvieran graduados.
Los Presidentes, oidores, alcaldes y fiscales, aunque fueran honorarios. Los alguaciles mayores, secretarios y relatores de las Audiencias Reales. Los Gobernadores, Corregidores, los Alcaides de Castillos y fortalezas. Los abogados, los ricos hasta en 12,000 pesos o más; Los alcaldes ordinarios y regidores de los pueblos Y todas las personas de “cualquier clase y condición” y que tuvieran tal caudal; Y las esposas de todos los seglares anteriormente mencionados, DEBIAN PAGAR 2 PESOS de plata acuñada y común. Los alcaldes ordinarios, los regidores de los pueblos y todas las personas que tuvieran una fortuna de más de 6,000 pesos y las esposas de éstos, DEBIAN PAGAR: 1 peso de moneda acuñada y común. Todas las demás personas, sin distinción de calidad, nacimiento ni clase, PAGARÍAN: 2 reales, en moneda de plata acuñada y común.

51BULA DE DIFUNTOS

52Para las personas que pagaban 2 ó 1 PESOS por la Bula de Vivos, la tasa se modificó a 4 reales. Los que pagaban 2 REALES y generalmente para todo el resto de fieles “sin diferencia alguna”, 2 reales.

53BULA DE LACTICINIOS

54Patriarcas, Primados, Arzobispos, Obispos y Abades 4 pesos; Dignidades, Canónigos e Inquisidores, 2 pesos; Racioneros, medio racioneros y curas párrocos y todos los clérigos seculares 2 reales.

55BULA DE COMPOSICION

56La tasa siguió siendo de 12 reales. Y como se había establecido, quien tomara el Sumario quedaba libre y absuelto, en los casos que tenía lugar dicha Composición, de 30 ducados de plata (41 pesos y 2 reales). Quien quisiera obtenerla en mayor cantidad y “que cuantas veces tomare el referido Sumario y diere la limosna que va tasada, tantas quede compuesto en la expresada cantidad de treinta ducados (...) con que no pueda tomar, en cada bienio, más que treinta Sumarios, ni en su virtud componerse por mayor suma que la de novecientos ducados” (que hacían mil doscientos treinta y siete pesos y cuatro reales), para los que tuviera que restituir mayor cantidad que ésta necesitaba el recurso del Subdelegado de la Santa Cruzada18.

57El 14 de septiembre de 1801, por medio de un edicto, se estableció un aumento en las tasas y el 14 de marzo de 1817 se dispuso, por Breve pontificio, que los fondos de este ramo se emplearan en los situados (asignaciones monetarias) de plazas y presidios de armería y el pago de misiones.

Organizació, Administración y control del impuesto de las Bulas de Cruzada y sus ingresos al fisco

58El 20 de diciembre de 1621 se emitió la instrucción que regulaba la administración de las Bulas. Esta instrucción debía observarse en todas las Indias, en España, Sicilia, Cerdeña e Islas adyacente y todas las regiones sujetas a la Corona de España. LAS GRACIAS E INDULGENCIAS de la Bula durarían los años que se especificaban en ellas, las cuales corrían o adquirían vigencia a partir del día de su publicación y predicación en cada lugar. Esta instrucción fue promulgada por Diego de Guzmán, patriarca de las Indias, Capellán y Limosnero mayor de su Majestad, del Consejo y de la Inquisición, comisario Apostólico, Ejecutor y Colector General de la Santa Cruzada. (junto con la Bula de Cruzada se publicaba la Bula de Composición) GREGORIO XV, Papa de 1621 a 1623, PRORROGO Y CONCEDIO nuevamente 6 predicaciones de la Bula de la Santa Cruzada que los Papas Pío V (1566 – 1572), Gregorio XIII (1572 -1585) y Clemente VIII (1592 – 1605) concedieron al Rey de España, para publicarse en España y en todas la regiones sujetas a la Corona española, para las personas que tomaran la Bula, de acuerdo con la clasificación de la tasación, con el fin de ayudar en la guerra de la Corona contra los “infieles y herejes y defensa pública de la Cristiandad.” Se recalcaba que las personas que contribuían con la limosna “ganarían y conseguirían” las gracias e indulgencias que concedía la Bula, las cuales se mencionaban en cada ejemplar.

59Esta INSTRUCCION contenía 23 disposiciones, entre las cuales resaltamos las siguientes:

60—La Predicación debía comenzar en las ciudades cabeceras de obispados el primer domingo de ADVIENTO (tiempo santo que la Iglesia Católica celebra desde el primer domingo de los cuatro anteriores a la Natividad del Señor hasta la víspera de esta fiesta), esto sería así, si se cumplieran los DOS AÑOS de la última predicación al final de la Cuaresma. Y si en caso se cumplieran, estos dos años, entre el tiempo posterior al adviento y antes de terminar la Cuaresma, la Predicación se hacía en el preciso día de cumplirse los dos años y debía extenderse esta predicación a los pueblos, villas, repartimientos, estancias de españoles y de indios, sin faltar alguno. La duración de la predicación era de 4 meses, después que se publicaba en cada lugar. La Bula debía ser “recibida, presentada y despedida con solemnidad, veneración, acatamiento y reverencia…”.

61—1 El Tesorero debía presentar testimonio, dentro de los 4 meses después de la publicación, al subdelegado general acerca de la presentación de la Bula en cada obispado y jurisdicción, la cantidad de Bulas y los despachos necesarios para la Predicación.

62—2 En los arzobispados y obispados, la Bula se llevaba a la Catedral donde se recibía y se colocaba en un altar, previamente preparado para ello, junto al Mayor. El religioso o sacerdote “predicaba” la Bula, declarando las Gracias y concesiones que se darían a los compradores. Los fondos recaudados por la venta de Bulas se utilizarían para ayudar a la Corona en su lucha contínua de defensa pública de la Cristiandad, como principal protectora y defensora del Cristianismo y de la Santa Iglesia Católica Romana. Al público se le debía advertir que la vigencia de las concesiones de la Bula era de 2 años, contados a partir de la fecha de su publicación y predicación. Se hacía énfasis que ninguno, “de cualquier estado o condición, dignidad y calidad”, podía comer huevos, leche, queso, mantequilla y ningún derivado de la leche, durante el tiempo que lo prohibía la Iglesia. Pero, la LIMOSNA QUE SE DABA, en virtud de la disposición de la Bula, permitía hacerlo. Se dispuso que hubiera intérpretes que comunicaran a los indios el contenido de la Bula, además se debía tratar de informar, para convencer, a todos los habitantes de la región sobre los beneficios espirituales y la finalidad loable de la limosna.

63—3 Esta Bula de Cruzada también la podían tomar “las ánimas de los fieles difuntos” que estaban “padeciendo en las penas del purgatorio”, para que pudieran salir de ellas y fueran “a gozar de Dios Nuestro Señor, y de su gloria eterna.” Para los difuntos habían Bulas (sumarios) especialmente impresas, con dos espacios para que la persona que pagara por la Bula colocara el nombre del difunto y la suya, a quien también se la concedían la indulgencias contenidas.

64—4 Los Predicadores de la Bula eran frailes o clérigos, nombrados y aprobados por los subcomisarios, particular o general de cada Diócesis y eran juramentados por el Notario de Cruzada. Los subdelegados debían anotar, “formar memoria y relación”, de la fecha que salía cada predicador y receptor, anotando sus nombres, vecindad, cantidad de Bulas que se les dieran, llevaban o devolvían en su oportunidad; además de los lugares donde fueran a predicar y los caminos o rutas que utilizarían. En los pueblos de españoles predicarían los sacerdotes religiosos elegidos por los Comisarios Subdelegados.

65—5 Los Tesoreros receptores, generales y particulares, y las personas encargadas de enviar y repartir las Bulas y despachos a las provincias, partidos y doctrinas debían enviar las remesas de Bulas con receptores españoles, conocidos y aprobados por los Comisarios y no con los indios. (los verederos debían ser “decentes”) Quienes no acataran esta disposición serían castigados con EXCOMUNION MAYOR y con una multa de 200 pesos de oro; 100 pesos para los gastos de la guerra y 100 pesos para el denunciador. ( estas penas manifiestan el hecho que se utilizaban a los indios para conducir las Bulas a los lugares de las provincias del Reino de Guatemala)

66—- 6. La forma de presentación, publicación y predicación en los PUEBLOS DE INDIOS debía hacerse con la mayor solemnidad posible y conveniente para la recaudación. En cada doctrina, en domingo o día de fiesta, se haría el recibimiento de la Bula con procesión solemne a la que concurrían “justicia y españoles y demás gente que en cada doctrina se hallare…” Todos los indios debían asistir con sus pendones, cofradías, trompetas y chirimías. La procesión salía desde la iglesia principal a una ermita u oratorio (“humilladero”) donde la Bula estaba colocada en un altar “decente”, desde donde se la llevaban en procesión, por medio del cura protegido con palio, hasta la iglesia principal en donde se colocaba en otro altar especialmente aderezado para la ocasión. Después de la procesión, todos debían asistir al sermón obligado del cura o maestro de Doctrina, quien declararía la Bula y las Gracias e Indulgencias que se concedían a quienes la “tomaran”, además de recalcar que se suspendían todas las gracias e indulgencias concedidas por los Papas, subdelegados o nuncios, las cuales, quienes no obtuvieran las Bulas, no podían disfrutar los indios, españoles y demás fieles durante los dos años de vigencia de la Bula. Sobre este punto se encargaba mucho a los comisarios locales, “como cosa que tanto importa al servicio de Dios y de su Majestad.”

67—- 7. Los predicadores, en el primer sermón del recibimiento de la Bula, debían persuadir a todos sus oyentes para que compraran (“tomaran”) la Bula; tenía que declararles que las gracias y facultades de ella les ayudaría a la salvación de su alma y tranquilidad de conciencia. Debía de advertirse de la suspensión general de todas las gracias e indulgencias concedidas en tiempos anteriores a la lectura de la Bula. Además había que insistir sobre las causas justas donde se emplearía el dinero recaudado por la Concesión papal.

68—- 8. Se ordenó y mandó que nadie podía ser compelido a comprar una Bula, pero como se deseaba y esperaba que todos, hombres y mujeres, consiguieran y ganaran las indulgencias y “bienes espirituales” que se obtenían con la Bula debía recalcarse e insistir en la aplicación de argumentos convincentes para todos los habitantes las obtuvieran.

69—-9 Se concedió permiso a los Tesoreros generales y particulares de la Santa Cruzada, así como a los receptores y factores, nombrados por aquellos, para que por cuenta y riesgo suyos pudieran vender al crédito las bulas a los indios e indias que las solicitaran y “quisieran tomar fiadas” y que fueran considerados “abonados” (solventes), o bien podían dar fianzas para pagar la limosna. Para que esto tuviera efecto había que publicarlo, y lo hacían en las pláticas y sermones que hicieran en la predicación de la “Santa Bula”. Para PAGAR LA TASA DE LA LIMOSNA CORRESPONDIENTE DE LAS BULAS DADAS AL CREDITO, los Comisarios debían asignar la forma de pago, de acuerdo con las temporadas de las cosechas de las siembras de los indios, los “tratos y usos”, y procurar que los pagos no coincidieran con la obligación de los tributos. El plazo para el pago no debía exceder de los tres o cuatro meses. Las Bulas adquiridas al CREDITO se les entregaba a los indios en el momento de adquirir el compromiso de pago, y debía hacérseles saber enfáticamente que no eran regaladas sino tenían que pagarlas posteriormente, “eran fiadas”. La averiguación sobre la capacidad de pago de los deudores corría por cuenta de los tesoreros y receptores y se concedía crédito solamente a quienes se consideraba podían pagarlas. El nombre de los deudores debía escribirse en un padrón separado, el cual debía ser firmado por el Corregidor y el Maestro de la Doctrina. La entrega de Bulas la hacían, exclusivamente, los curas y maestros de doctrina, en caso contrario, se penaría al o los culpables con EXCOMUNION MAYOR Y UNA MULTA DE 100 PESOS DE ORO.

70—- Solamente se debía hacer dos sermones, uno cuando se recibía y otro cuando se despedía la Bula. Si éstos se hacían en días de trabajo, se ocuparía para ello solamente la mañana y, el resto del día los habitantes del lugar podían ocuparse de sus actividades cotidianas.

71Si se deseaba hacer más sermones, debían hacerse en domingos o días festivos.

72—- Los curas y maestros de doctrina se consideraban los más adecuados para la Predicación de la bula, pero si no era posible lo podían hacer los indios ladinos y “prácticos”, que tenían entre las comunidades de indios “oficios y cargos19

73En 1785, como parte de la reforma administrativa de Carlos III, se emitió otra instrucción que sustituyó, casi completamente, la instrucción de 1621 que hemos descrito. Algunos aspectos tratados sobre la organización, administración y control de los ingresos de la Bula se mantuvieron vigentes y otros se modificaron en 1751.

74La administración y control de las cuentas de este ramo, hasta 1751, los llevaba un tribunal, llamado Tribunal de Cruzada, el cual estaba formado de la siguiente manera: (a) El Comisario subdelegado general, con sueldo de 412 pesos y 4 reales al año. b) el asesor, que era un oidor de la Audiencia, que tenía asignados 275 pesos al año. c) el fiscal de Cruzada que devengaba 275 pesos; d) el contador del ramo recibía 1,200 pesos al año; e) el notario 100 pesos; f) el portero 25 pesos y g) el Tesorero, a quien se le daban anualmente 1,200 pesos para gastos de publicación, y cuyo sueldo se cubría con 625 pesos de esta asignación más el 12 % del producto de las ventas. Tales asignaciones anuales sumaban 2,912 pesos y 4 reales.

75El Tribunal convocaba la subasta o remate del oficio de Tesorero. El mejor postor ganaba la subasta y se comprometía a realizar determinados pagos, del ingreso de la venta de bulas, en fechas establecidas. Todo esto se hacía con total independencia de los funcionarios de la Real Hacienda. La cédula real del 12 de mayo de 1751 modificó esta forma de administrar la Bula.
Se dispuso que dicha administración fuera llevada por los oficiales reales de la caja de Guatemala, es decir, que estaría a cargo de la Real Hacienda. Esta nueva organización estaba formada por (a) un asesor de la superintendencia general, con un sueldo de 100 pesos al año; (b) un fiscal, con 100 pesos; (c) un comisario subdelegado, con 200 pesos; (d) el asesor del comisario, 100 pesos; (e) el portero, 25 pesos; (f) un notario, 50 pesos y (g) para gastos de publicación 285 pesos, en dos años, es decir 142 pesos y 4 reales al año. Lo cual ascendía a 717 pesos 4 reales al año. Los oficiales reales obtenían el 8 % de las ventas de bulas en la capital como retribución por la administración de las cuentas. Los oficiales reales de la Caja de Guatemala recibían las Bulas enviadas desde España y ellos las remitían a los oficiales reales de las cajas foráneas del Reino de Guatemala20. Esta forma de administración y control persistió hasta 1785 cuando se emitió la nueva instrucción. José García Herreros, caballero de la Real distinguida Orden de Carlos III, Canónigo y dignidad de la Santa Metropolitana Iglesia de Valencia, del Consejo de S.M. y COMISARIO APOSTOLICO GENERAL DE LA SANTA CRUZADA, mandó que en la Publicación y Predicación de la Bula de la Santa Cruzada de Vivos, Difuntos, Composición y Lacticinios, en los Arzobispados y Obispados de los Reinos del Perú y Nueva España, en el uso de las facultades concedidas a los Subdelegados en dichos Reinos, se guardara y ejecutara lo siguiente:

76I El Subdelegado debía hacer que el Notario copiara los Despachos reales y los de don José García, sobre la publicación y predicación de la Bula, y la instrucción en dos libros. Cuando llegaran los Sumarios de la Bula se debían reconocer con asistencia del Superintendente General de la Administración del ramo y entregársele al Tesorero oficial real de las cajas de Real Hacienda y el Contador oficial real sería testigo de la entrega, con expresión de la cantidad de cada clase, con claridad y formalidad.

77II. Al acercarse el tiempo de la publicación y predicación (cumplidos los 2 años de la última predicación) se entregarían los Sumarios necesarios para la expedición al Tesorero Diocesano con la intervención del Contador de las Cajas Reales, para que éste le hiciera el debido cargo del número de Bulas que recibiera, con distinción de clases de Bulas. Al mismo tiempo, se le entregarían al dicho Tesorero Diocesano los despachos reales, del comisario y los del Subdelegado general, así también los emitidos por el presidente, para que la Bula se recibiera con mayor respeto y veneración.

78III. Los verederos, antes de salir a la publicación de la Bula, debían jurar ante el subdelegado que guardarían las normas de la Instrucción y lo demás que les fuera ordenado.

79IV. En un libro, que tendrían el Subdelegado y el Notario, quedaría asentado y consignado el día en que salía cada receptor veredero, sus nombres, vecindad y el número y clase de Sumarios que les daría y los lugares donde los dejarían. Si en caso se omitiera dejar bulas en algún pueblo, el subdelegado debía averiguar la causa para proceder a la corrección y remedio.

80V. Se principiaría a la publicación de la Bula de Santa Cruzada por la Capital de cada Obispado, cuando estén para cumplirse los 2 años de la última que se hizo, sin ningún retraso, llevándose a cabo con la concurrencia y solemnidad acostumbrada. Se seguiría la publicación en los demás pueblos, repartimientos y estancias, de españoles y de indios, de tal manera que se hubiera de terminar la publicación dentro de 4 meses después de iniciada la publicación en la capital; esto sería así si no se dispusiera otra cosa. Debía tomarse en consideración que no hubiera variación, en las fechas de ejecución, ni realizarse después de los 2 años de la última predicación.

81VI. Los subdelegados advertirían a los Verederos que, para comodidad de los indios, el recibimiento de la Bula, en los pueblos de indios, se hiciera en día Domingo o de Fiesta de Guardar y que se hiciera, el recibimiento y la publicación, con PROCESION SOLEMNE y asistencia general, de acuerdo con cédulas y órdenes reales.

82VII. En las capitales de los obispados debía guardarse la costumbre sobre la Publicación, Procesión y Predicación de la Bula. Esto se podía establecer en los demás pueblos.

83VIII. Los curas párrocos y los predicadores debían instruir a los fieles sobre los privilegios, indulgencias y gracias que se concedían por medio de la Bula de Cruzada, sobre lo que tenían que hacer para conseguirlas y sobre la forma cómo se suspendían las concesiones hechas por las autoridades apostólicas. Les debían advertir que tenían que guardar y conservar el Sumario, el cual llevaba escrito el nombre y apellido del que lo adquiría. Los que obtenían la Bula al Crédito estaban obligados a pagar la limosna en el tiempo señalado, en el contrato de pago. En cada publicación, una persona podía tomar 2 sumarios de la Bula de Vivos, para su uso propio. Debía pagar por cada uno, de acuerdo con la tasa establecida en base al grupo socioeconómico para poder obtener duplicadas las Indulgencias. Lo mismo se podía hacer con la Bula de Difuntos, para aplicar a una alma las dos indulgencias. Debían expresar claramente los fines de la limosna de la Bula y las facultades de los Subdelegados en lo concerniente a los privilegios que concedía la BULA DE COMPOSICION, para que pudieran beneficiarse todos los fieles. “...la persona que quisiera componerse por los bienes y hacienda mal habida, ganada y adquirida, de que fuere a cargo, no sabiendo los dueños a quienes se puede y deba legítimamente restituir y en los demás casos, en que es permitido, ha de tomar precisamente el Sumario o Sumarios de la BULA DE COMPOSICION que necesitare, sin entregarlos a otra persona, o ha de recurrir a los Subdelegados…”; de otra manera no podía disfrutar del beneficio que concedía. El sumario de la Santa Cruzada no le aprovechaba para la composición, se circunscribía a las gracias, indulgencias y facultades expresadas en ella.

84IX. En el momento de la misa, celebrada para la Publicación, el cura o eclesiástico LEIA EN VOZ ALTA LOS SUMARIOS DE LAS BULAS, de Vivos, Difuntos, Composición y Lacticinios, con el fin que los fieles entendieran la ESENCIA DE LAS CONCESIONES.

85X. Se debía procurar que todos los fieles, vecinos y moradores de la ciudad, pueblo o repartimiento, donde se predicara y publicara la Bula, tanto hombres como mujeres, debían estar presentes en la misa, sermón y explicación que se practicaba ex profeso, aunque se hiciera en día de trabajo, pues solamente se ocupaba en ello el tiempo necesario, antes del mediodía. En la tarde los habitantes del lugar quedaban en disposición de ocuparse de sus oficios, labores y actividades cotidianas. Quedó prohibido realizar otro sermón, en el mismo día, en las iglesias y monasterios de dichas poblaciones.

86XI. Después de la publicación, en cada población, se procedía a distribuir y consignar los Sumarios a quienes quisieran tomarlos, sin compelerlos a que los adquirieran. Antes de entregarlos a los compradores, se debía escribir en cada uno de ellos, los nombres y apellidos del adquiriente, o por lo menos señalarlos con una cruz, para distinguirlos de los que quedaban sobrando o sin tomar. Tal señal se colocaba en el espacio que traía el documento impreso, donde se anotaba el nombre de quienes lo tomaban. Si no se escribía el nombre o no se pagaba la limosna, los efectos de las gracias e indulgencias serían nulos.

87XII. El rey designó a los párrocos para que expidieran las Bulas. Los Verederos entregaban a éstos, o a las personas que por excusa de los Párrocos eligieran los Tesoreros de Cruzada, el número y clase de sumarios que les pidieran y juzgaran necesarios y suficientes para quienes querían tomarlos, con la finalidad que no hicieran falta en el bienio.

88XIII. Los Sumarios se distribuían y repartían en la iglesia o en la casa del cura, o en la casa de la persona designada por el Tesorero. Si la entrega se realizaba en otro lugar, se multaba al Receptor o al Veredero, con 100 pesos de plata acuñada. Se encargó de la vigilancia de esto a los curas y a los maestres de escuela.

89XIV. Durante los dos años de vigencia de la Bula, no se podía publicar otras gracias, ni se podían hacer nuevas impresiones para ello. (mandamientos, imágenes, insignias, sumarios, etc.) Los verederos deberían averiguar si esto se hacía y los subdelegados se encargarían de imponer el castigo. Por tal prohibición no se impediría a los pobres, y “pías demandas”, solicitar limosna.

90XV. Las Bulas sobrantes se debían examinar, reconocer y contar para ser destruidas por el fuego, o bien se guardaban para resellarse. Tanto la quema como el resello se hacían por la autoridad del Subdelegado, con la intervención de los Oficiales Reales para que tomaran la razón correspondiente.

91XVI. Los subdelegados no podían inmiscuirse en los asuntos de la exacción de las limosna de los Sumarios, de las multas impuestas por los tribunales y judicaturas eclesiásticas y de los concerniente a la recaudación de la Bula y tampoco debían interferir en el ejercicio de las personas encargadas de la exacción y administración de la limosna.
Los Subdelegados y Notarios no tendrían ningún derecho por los mandamientos ni otros despachos relacionados con la Santa Cruzada. Solamente se hacían acreedores de su sueldo señalado y en los asuntos de partes, los subdelegados y notarios percibirían derechos, de acuerdo con el Arancel Episcopal, y si se excedían se les castigaría severamente.

92XIX. La disposición que trataba sobre la delegación que tenían los subdelegados de Cruzada de componer las tierras de las personas que necesitaban para ello de más de 30 bulas de composición, se mantuvo y se recalcó que no podían hacerlo los predicadores ni los receptores. Los Subdelegados, tenían la comisión para efectuarlo dentro de la jurisdicción de su obispado.

93XX. Los Subdelegados debían recoger y enviar al Comisario General de Cruzada los extractos de las cuentas liquidadas de su producto.

94XXI. Nadie debía ignorar lo que estaba obligado a guardar, por tanto, debía informarse a toda la población sobre sus obligaciones; para lo cual los Tesoreros o Administradores de la Bula de Cruzada debían enviar suficientes ejemplares de ella a todas las autoridades eclesiásticas y, las autoridades civiles debían colaborar, lo más posible, en la divulgación de la Bula.

95FACULTADES CONCEDIDAS por el Papa al Comisario General de la Santa Cruzada y, por su comisión, comunicadas a sus subdelegados en los Reinos de Indias.

961.- La composición podía hacerse “sobre lo mal ganado y habido y sobre lo mal llevado y adquirido de cualquier manera, no constando de los dueños o personas a quienes se deba restituir, después de hecha la debida diligencia.”

972.- “Sobre los frutos que deben restituirse por la omisión de las Horas Canónicas” y la cantidad de la Composición, se destinaba la mitad a las iglesias y otros lugares, por lo cual se debían rezar dichas “horas Canónicas” y la otra mitad correspondía a la Santa Cruzada.

983.- “Sobre la mitad de todos los Legados que se hayan hecho en descargo de lo mal llevado, si los Legatarios hubieren sido negligentes por un año en pedirlos.”

994.- Sobre la irregularidad con los legatarios, “ligados con cualquier CENSURA ECLESIASTICA” que hubieran celebrado o haberse mezclado en las Misas y otros “oficios divinos”, pero que no hubiera sido en desprecio de las “llaves de la Iglesia.”

1005.- Cualquier irregularidad que no estuviera relacionada con “homicidio voluntario”, Simonía, Apostasía o Herejía, o por mala suscripción de las órdenes, “con retención de Beneficios y de los frutos percibidos de ellos, abolición de la infamia e inhabilidad, que de la tal irregularidad proviniere y ejecución de las órdenes que no se hubieren recibido mal.”

1016.- Se dispensaba también, las relaciones sexuales prematrimoniales entre parejas con impedimento de afinidad.

1027.- El Papa concedía, a los que contribuían para la guerra “en defensa de la religión”, permiso (durante la vigencia de la Bula) para hacer y celebrar misas y otros oficios en presencia de los familiares de los interesados, sus sirvientes y consanguíneos21.

103No hemos localizado los documentos que se refieren al establecimiento de la Tesorería de Bulas de la Santa Cruzada. Durante el período del 11 de diciembre de 1794 al 31 de diciembre de 1801, Mariano de Nájera fue tesorero interino con un sueldo de 750 pesos anuales, por lo que se deduce que el tesorero propietario debía devengar el sueldo de 1,500 pesos al año.
El 11 de mayo de 1824, el tesorero de Cruzada Juan Sebastián de Micheo solicitó al Intendente de Hacienda Pública, J. Santiago Milla, que mandara suspender el corte de caja que se ordenó realizar como consecuencia de la ley, emitida por la Asamblea Constituyente, que suprimió al Tesorería de Bulas, en ese mismo año de 1824. Micheo argumentó que cuando había terminado el último bienio de la publicación, pasó a la Intendencia de Hacienda el corte de caja correspondiente, en el cual hizo constar que no había existencia de dinero y solamente habían gran cantidad de Bulas en especie, las cuales le eran imposible contar, con la escrupulosidad necesaria, porque estaba absolutamente dedicado a concluir sus cuentas personales para presentarlas ante la Contaduría de Cuentas para lograr obtener un empleo, pues la supresión de la dicha Tesorería los había dejado desempleado y tenía obligación de mantener a su mujer y cinco hijos pequeños. “Por la misma ley estoy declarado cesante, y de consiguiente reducido a un corto sueldo, y así me es preciso el fenecimiento de mis cuentas para solicitar una colocación que mejore mi suerte en algún modo.” Para realizar el corte de caja que se le exigió debía contar todos y cada uno de los Sumarios existentes, lo cual —dijo— le sería “imposible ejecutarla en poco tiempo, y todo él lo perdería de adelantar mis cuentas, cuya presentación es tan urgente como que de ella pende mi honor y subsistencia.”

104El contador mayor, Arze, expresó, el 14 de mayo de 1824, que la ley que suprimió la Tesorería de Bulas mandaba que las existencias pasaran, con cuenta y razón, a la Tesorería General y los ministros de ésta debían realizar los cobros de las deudas activas, a los respectivos deudores, sin excluir al tesorero Micheo. Al no estar formadas las cuentas y asentadas todas las partidas en los libros respectivos y, además, hallándose sin contar las Bulas y sin la debida separación de clases y bienios era imposible que se pudiera realizar el corte de caja. Consideró el contador que estas eran faltas “notables y reprensibles” atribuibles al tesorero Micheo, pues manifestaban que éste no cumplió con los deberes de su empleo22.

Reacciones de la población por la imposición de la Bula

105La resistencia de la población al pago de la Bula se manifestaba en diferentes maneras, casi siempre de forma pasiva, muy notoria en su ausencia y participación en los diferentes ritos o presentaciones de la bula que se hacían cada dos años. Esta actitud es comprensible por cuanto es obvio que la situación socieconómica de la vida colonial no era satisfactoria para la mayoría de la gente, es decir, no cubría las necesidades materiales para tener y gozar de una existencia feliz: alimentación suficiente y sustanciosa, disfrute de buena salud, una vivienda cómoda para las condiciones de la época y la posesión y explotación de bienes que le permitieran obtener los recursos para llevar un nivel de vida con satisfacción.

106El cura Basilio Antonio de Olaechea informó, el 16 de mayo de 1778, que en Verapaz era difícil que se vendieran muchas Bulas pues de los 27,194 habitantes (1,860 ladinos y 25,334 indios) que podían obtener la Bula de Cruzada solamente una parte la adquiriría porque eran muy pobres e ignorantes y que calculaba que, en toda la provincia, se venderían entre 8 y 10,000 bulas “de a 2 reales”, es decir, de Vivos, “porque como los indios no comprenden sus privilegios, SIEMPRE las reciben, los más, con suma repugnancia o a fuerza, pues lo tienen como pensión del alcalde mayor y dicen que CON UNA TIENE CADA FAMILIA, para toda su casa. Y concluidos los dos años de su predicación, hay algunos que rehusan tomar otra, diciendo que tienen Bula, y manifiestan la pasada; que para qué quieren más papel, que con aquella les basta.” Terminó diciendo el cura que esta situación no se había podido modificar, por él y sus antecesores, pues a pesar que se les había explicado, a los indios, los beneficios espirituales que recibirían eran reacios a comprar la bula23.

107El 04 de febrero de 1794, el intendente interino de Ciudad Real, Lic. Antonio Norberto Serrano Polo, manifestó al escribano de Cámara, y certificó que para cumplir la orden para “que saliesen todos los vecinos de esta ciudad a recibir la Santa Bula de Cruzada, para cuyo efecto PUBLIQUÉ BANDO y lo ejecutaron ALGUNOS, pero otros, no obstante, PODERLO HACER, NO LO HICIERON, motivo por el que comprendo que sobre este particular debía RECAER ALGUNA SERIA Providencia de S.A., pues este DESAIRE, no es a mí, sino a un Tribunal tan Respetable24...”

108Decíamos que, de parte de la población, había un velado rechazo a la imposición de la Bula. Y no era para menos, por cuanto afectaba a toda la población, pues incluía los niños que ya habían cumplido con el sacramento de la Comunión. Esto se hace evidente con los informes de los curas y la autoridades civiles de los pueblos del reino, a quienes la Audiencia ordenó, el 18 de octubre de 1776, que remitieran los padrones de todos sus feligreses aptos para recibir la Bula de Vivos. A continuación presentamos algunos de esos informes.

109Partido del Realejo
Estado que manifiesta los pueblos que comprende, número de feligreses de ellos, según las certificaciones
de los padres curas. Su administración de justicia a cargo de don José de Plazaola, corregidor por S.M. y teniente
de Capitán General de él.
ESPAÑOLES LADINOS _ INDIOS TOTAL
PUEBLOS Varones Mujeres Varones Mujeres Varones Mujeres Personas __
El Viejo 23 36 500 608 405 394 1,966
Chinandega — — 758 — 664 — 1,422
Pesoluga y
Chichigalpa
— — 286 — 232 — 518
El Realejo — — 72 120 —- — 192
23 36 1,616 728 1,301 394 4,098
Pueblo de Nuestra Señora del Viejo25, enero 30 de 1777.
NOTAS: _ Mulatos, negros, zambos y mestizos (informe del cura de El Viejo)
__”...idóneos para recibir los santos sacramentos de la Penitencia y Eucaristía e igualmente
para tomar la Bula de la Santa Cruzada,...” (cura del pueblo de Chinandega.)
27
“Noticia de las Almas que hay en este partidos de SUBTIABA, con distribución de castas y las que por edad están
capaces de tomar el sumario de la Bula de la Santa Cruzada, y los curatos de que se compone, a saber…”
PUEBLO INDIOS LADINOS TOTAL
Subtiaba 6,345 —- 6,345
Quezalguaque 161 15 176
Felica 203 350 553
Posoltegüillo 419 —- 419
Posoltega 278 286 564
7,406 651 8057
“De todas estas almas, por su edad pueden tomar el sumario de la bula26: 5,380”
La cual remitió el Corregidor de Subtiaba al presidente Martín de Mayorga, el 8 de marzo de 1777.
(f) Santiago de Prado.

110El encargado de Omoa, José González Ferminor, manifestó que habían en su jurisdicción 88 casas donde vivían, 244 adultos ( 185 solteros, 114 casados y 43 viudos) y 71 párvulos, lo cual hacía un total de 415 individuos.(sic). Los niños de 9 años y mayores, se incluyeron entre los adultos solteros27.

111El gobernador de Soconusco, Fernando Martínez de Pizón, informó que en los curatos de su jurisdicción habían 6,233 personas de ambos sexos, “capaces de tomar la Bula, reguladas desde confesión. Aunque NO las toman todas, sin embargo, que los padres curas continúen explicando con la eficacia que ofrecen el cúmulo de gracias y privilegios que incluye la Santa Bula, según experiencia de algunos que no la sacan hasta el tiempo de morir. Esquinta, primero de abril de mil setecientos y setenta y siete28.”

Celebraciones de presentación y publicación de la Bula.

112Serrano Polo se refería a las reales órdenes que se emitían, cada dos años, previo a la publicación de la Bula. Estas ordenes tenían un mismo contenido, que era incitar a las autoridades civiles y eclesiásticas, para que pusieran todo su esfuerzo en dar a conocer los beneficios espirituales que el Papa concedía, por medio de la Bula. Las órdenes mencionadas eran giradas por la Audiencia de Guatemala, en base a una real cédula que se emitía, desde España, para el efecto.
La cédula que se emitió el 24 de marzo de 1700 fue dirigida al presidente y oidores de la
Audiencia y Cancillería Real de Santiago de Guatemala. Empieza haciendo un recordatorio que el Papa Paulo V (Camilo Borghese, Papa durante 1605 – 1621) concedió al rey de España, Felipe III, la BULA DE LA SANTA CRUZADA de Vivos, Difuntos y Composición por 6 predicaciones bienales. Por concesión del mismo Papa, junto con la BULA DE LACTICINIOS que el Papa Alejandro VII (1655 – 1667) cedió al rey Felipe IV, como consecuencia de la constante guerra contra “los infieles” que mantenía el rey de España, y para “ayuda y defensa de la Santa Fe Católica”, el actual Papa Inocencio XII (1691 – 1700, sucesor de Alejandro VIII) mandó que se publicara y predicara de nuevo, según lo había informado el Comisario General de la Santa Cruzada. Por lo tanto, el rey encargó y mandó que cuando la mencionada Bula se fuera a publicar y predicar en la ciudad de Santiago de Guatemala y en los lugares de la jurisdicción del Reino de Guatemala, se proveyera que los vecinos y moradores, estantes y habitantes, la recibieran con mucha solemnidad, veneración y acatamiento, de acuerdo con una carta que él había enviado y con las instrucciones y otros despachos enviados por el Comisario General.
Tales documentos les serían presentados a los miembros de la Audiencia quienes deberían de cumplir con los mandatos en ellos contenidos, sin dar lugar a que en ellos se ponga impedimento ni dificultad alguna. Estas autoridades debían dar, a los tesoreros generales, sus factores y a otros ministros de la administración, Predicación y Cobranza de la Bula de Cruzada, toda la ayuda posible y la buena disposición para que pudieran ejercer libremente su cargo y oficio, que en ello placer y servicio recibiría el rey29.

113En los ritos de presentación, publicación y predicación de la Bula de Cruzada debían participar todos los habitantes del pueblo, villa o ciudad. La publicación, en la capital del Reino de Guatemala, se hacía el 30 de noviembre, cada dos años. El anterior a esa fecha se “presentaba” la Bula a la población por medio de un paseo, por las calles del lugar y, por la noche, se realizaba un baile.
Con respecto del paseo que se acostumbraba hacer en la capital, he aquí una relación. De acuerdo con el contador, oficial real, Miguel Arnaiz la COSTUMBRE que se tenía en la víspera de San Andrés (el 29 de noviembre), por la tarde, para realizar EL PASEO DE LA PUBLICACION DE BULA DE CRUZADA en la capital, se hacía de la siguiente manera: una comitiva formada por los “señores de este vecindario” iban a la casa del Tesorero de la Caja de Guatemala, entre las 15:30 y las 16:00 horas, de la cual salían a caballo hacia la sede del Ayuntamiento, a la hora que éste designara, donde lo esperaban los miembros de esta corporación. Este grupo, presidido por el dicho tesorero y los dos alcaldes, pasaban a la casa del Comisario Subdelegado de Cruzada quien le entregaba al Tesorero el pendón de la Bula, por una ventana, regresaba el tesorero y se volvía a colocar en medio de los dos alcaldes. Enseguida se dirigían al Palacio a traer al Presidente de la Audiencia y, ya integrada toda la comitiva, se recorrían las calles principales de la ciudad. Terminado el PASEO, dejaban al Presidente en la puerta del Palacio, sin bajarse del caballo, e inmediatamente regresaban a la casa del Comisario de Cruzada quien estaba esperando, en la misma ventana, la devolución del pendón. Recibido éste se retiraban el tesorero y los miembros del Cabildo y todo el acompañamiento a la casa del tesorero, en donde los esperaban con refrigerio y música. En la noche de ese mismo día se realizaba un gran baile al cual concurrían “todas las señoras y señores”, a quienes se había invitado con anticipación30.

114Una presentación de los gastos que ocasionó el recibimiento y la publicación de la Bula es elocuente para determinar la solemnidad que representaba tal acontecimiento, para un grupo selecto de la población, clara está. En Granada, el 28 de febrero de 1788, Matías Dumás, comisionado por el oficial real de León, Roberto Sacasa, “para dar refresco en los dos días acostumbrados”, formó la relación de los gastos en el adorno, el recibimiento y la publicación de la Bula de Cruzada, los cuales en forma detallada fueron:

1151) Gastos en forro y adorno de la Bula 3 pesos
2) 4 frascos de aguardiente, con 10 limetas a 4 reales cada una 5 pesos
3) 6 limetas de vino, a12 reales cada una 9 pesos
4) 6 arrobas de azúcar, para “labrar en dulces y hacer
aguas”, a 4 pesos, 4 reales cada una. 27 pesos
5) Fruta y semillas 1 peso
6) 4 onzas de canela, a 6 reales la onza. 3 pesos
7) Pago a Josefa Torres, por el trabajo de “labrar los
Dulces y preparar las aguas.” 3 pesos 3 r.
Total 51 pesos 3 r31.

La Bula de Cruzada y su relación con otros ingresos fiscales.

116Dijimos al inicio de este trabajo que el impuesto de la Bula era uno de los más importantes para la Real Hacienda y de hecho lo fue. En las cuentas que presentaban los oficiales reales de las diversas cajas del Reino de Guatemala a la Contaduría de Cuentas, se puede apreciar fácilmente que los ingresos por concepto de la limosna de la Bula eran considerables. En el quinquenio de 1816-1820 los ingresos de los impuestos más importantes, en las tesorerías subalternas o de provincias, fueron:

117INGRESOS
RAMO Pesos Reales
%
Tributos 696,231 7 28.08
Alcabalas 584,418 4 ¾ 23.57
Quintos 219,262 2 ¾ 8.84
Aguardiente 201,468 6 8.13
Tabacos 128,000 —- 5.16
Bulas 99,570 3 ¾ 4.02
Novenos 76,210 2 ½ 3.07
Arbitrios p/pago réditos de
Consolidación
66,116 ¾ 2.67
Papel Sellado 60,337 6 2.43
Inválidos 40,670 1 ¼ 1.64
Total de ingresos en el quinquenio. 2.479,058 6 ½ 100.oo

118FUENTE: AGCA, B109.1, Leg. 2340, Exp. 46966. Estado de Cuentas del quinquenio 1816-1820, de la
Hacienda Pública de las Tesorerías de la Provincia. Contaduría Mayor de Cuentas, 30 de abril de 1822.

119Resulta difícil realizar las comparaciones de los ingresos de la Bula con los ingresos generales del fisco. El tesorero debía entregar las cuentas de la publicación de un bienio hasta el término de éste. La contaduría de Cuentas de Guatemala concluyó y aceptó las cuentas, del bienio de 1800-1801, que presentó el tesorero interino Mariano Nájera32, el 22 de junio de 1812.

120Los casos de deudas a la tesorería de bulas fueron comunes.

121Feliciano Falla fue tesorero de la Bula de la Santa Cruzada del Reino de Guatemala. Se le abrió proceso, por los oficiales reales de la Caja de Guatemala, por las deudas que debía del dicho ramo. Falla manifestó que abonaba a cuenta de su deuda la cantidad de 284 pesos, 6 reales, la cual le debía don Gregorio Lizaurza, vecino de la capital y residente en Quetzaltenango. Pero Gregorio alegó que ya había pagado tal cantidad al mencionado Falla. Se inició un alegato y un proceso judicial para averiguar la verdad, y en junio de 1759 todavía se trataba de lograr que se le pagara la deuda a la Real Hacienda33.

122Los Contadores Mayores, para realizar de una manera simplificada los cálculos presupuestales de la Real Hacienda procedían a realizar “presupuestos” anuales, los cuales se componían del ingreso promedio de cada ramo que formaba la Real Hacienda. De esta manera calcularon que los ingreso anual de la Bula de Cruzada que se esperaba para 1768 era 18,879 pesos y 1 real, con gastos de 17 pesos34.

Notas de pie de página

1231 León Lopetegui y Félix Zubillaga, Historia de la Iglesia en la América Española. (Madrid: Biblioteca de
Autores Cristianos, 1965). págs. 33, 69 y 70.

1242 León Lopetegui y Félix Zubillaga, Historia de la Iglesia, págs. 10 – 12.

1253 León Lopetegui y Félix Zubillaga, Historia de la Iglesia, págs. 20, 21 y 29. El rey Duarte centró su interés en la petición principal: “...legitimidad de la guerra, derecho de exigir el servicio militar o contribuciones…” para las cruzadas. pág. 20.

1264 León Lopetegui y Félix Zubillaga, Historia de la Iglesia, pág. 29.

1275 Clarence Haring, El Imperio Hispánico en América. (Argentina: Ediciones Solar/Hachette, 1966), pág. 291.

1286 Clarence Haring, El Imperio Hispánico en América., págs. 291-292.

1297 Valentín Solórzano, dice que “A los cálculos que se hacían sobre el número de Bulas que se podían vender
en un pueblo se le llamaba “Sumario”.” Evolución Económica de Guatemala. (Guatemala: Editorial José de Pineda
Ibarra, Ministerio de Educación. SISG. No. 28, 1977), pág. 203.

1308 “Bula de la Santa Cruzada de esta última predicación para don Juan Bautista de Marulanda y sirve para los
años de 1764 y 1765.” Archivo General de Centroamérica, en adelante AGCA, A3.29, Leg. 2862, Exp. 41668; 1
folio doble carta. Bula emitida el 06 de marzo de 1758.

1319 Los sacramentos de la Iglesia Católica son siete: Bautismo, Confirmación, Eucaristía (que “contiene, se
ofrece y se recibe”, llamado comúnmente el acto de “comulgar”), Penitencia (“la Confesión”), Unción de los
enfermos, Ordenación y Matrimonio. José López Ortíz, Lorenzo Miguelez Domínguez y Sabino Alonso Moran,
Código de Derecho Canónico y Legislación Complementaria. (Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 1974).

13210 El Entredicho es una clase de Censura eclesiástica, por medio de la cual a los fieles se les prohiben, sin
perder la comunión con la Iglesia, algunos bienes espirituales. Puede ser personal y local, los que, al mismo tiempo,
pueden ser generales y particulares. Son generales cuando se aplican y se extienden a todos los lugares, aún
profanos, de un territorio; a todos los altares o a todos los oratorios e iglesias de una parroquia, o a todas las
personas de una comunidad. Son particulares cuando afectan a uno o varios lugares o personas individualmente
considerados. Entre estos bienes espirituales están los sacramentos. José López Ortíz, Lorenzo Miguelez Domínguez y Sabino Alonso Moran,Código de Derecho Canónico, cánones 2255, 2268 – 2277.

13311 INSTRUCCION para la Publicación, administración y cobranza de la Bula de la Santa Cruzada, de la 1a.
Predicación de la 5a. Concesión, hecha por Clemente VIII y confirmada y mandada publicar por Gregorio XV,
Papa actual. Archivo Histórico Arquidiocesano de Guatemala en adelante AHA, T 2, 16. Mesada Eclesiástica. Año 1621.

13412INSTRUCCION y forma para publicar y predicar la Bula de la Santa Cruzada de Vivos, Difuntos,
Composición y Lacticinios, concedida por elPapa, para ayuda de los grandes gastos del Rey por defender la Fe
Católica, por mar y tierra y Distribución de Sumarios.” Madrid, 8 de enero de 1785, AHA. Mesada Eclesiástica, T 2, 16, folios 8-12.

13513 Ejemplar de una Bula de Lacticinio, 17 de agosto de 1750. AGCA, A3.29, Leg. 2862, Exp. 41663, 2
folios.

13614 INSTRUCCION y forma para publicar y predicar la Bula de la Santa Cruzada… 08 de enero de 1785.
AHA, Mesada Eclesiástica, T2, 16, folio 11.

13715 AGCA, A3.29, Leg. 1747, Expediente no numerado. Documento impreso en 1 folio. Esta Bula está
firmada por Patricio Martínez de Bustos y fue resellada para utilizarla en el bienio de 1810-1811.

13816 Documento citado en nota 12.

13917 Instrucción para la publicación, administración y cobranza de la Bula…, 20 de diciembre de 1621.
Mismo documento de nota 11.

14018 AHA, “Edicto sobre publicación de la Bula en la Catedral Metropolitana.”, T 2, 16.

14119 AHA, “Edicto sobre publicación…”.

14220 AGCA, A3.1, Leg. 2340, Exp. 34532, folios 22-24.

14321 Mismo documento de nota 12. Los verederos eran las personas que se encargaban de distribuir las Bulas
en todos los pueblos de las diócesis del Reino de Guatemala. En la diócesis de Guatemala habían cuatro verederos:
el que repartía las bulas en la región central y occidental, el de la región sur-oriente; región nor-oriente y la del
norte. “Recibos de los sumarios de la Santa Bula, para la publicación de 1786 y 1787.” AGCA., A3.29, Leg.
1744, Exp. 28034, 134 folios; es una relación detallada de la distribución de los sumarios.

14422 SUPRESION DE LA TESORERIA DE BULAS DE CRUZADA, por Decreto de la Asamblea Nacional.
AGCA, B108.6, Leg. 1936, Exp. 44501. Folios 1-5. Mayo de 1824.

14523 AGCA, A3.29, Leg. 1749, Exp. 28130, folios 148 – 153.

14624 AGCA, A3.29, Leg. 2862, Exp. 41681, folios 11-14.

14725 AGCA, A3.29, Leg. 1749, Exp. 28129, folios 36-41.

14826 El Corregidor manifestó al presidente que las personas, que por su edad, podían tomar la bula eran todos
“gente pobre, porque son naturalmente desidiosos para el trabajo, y lo que ganan con él, lo malgastan en sus
vicios, sin que les sirva de escarmiento el castigo. El sumario de la bula se adquiere con tan corta limosna que
considero a todos capaces de él, si su devoción los estimulase a ello, pero reparo tienen muy poco, especialmente
los indios.” AGCA, A3.29, Leg. 1749, Exp. 28129, folios 74-76.

14927 AGCA, A3.29, Leg. 1749, Exp. 28129, folios 55-63.

150fn28 AGCA, A3.29, Leg. 1749, Exp. 28129, folios 95-96.

15129 AGCA, A1.23, Leg. 4682; Exp. 40350, folios 1-2. REAL CEDULA. Ruego y encargo a las Autoridades
Civiles del Reino de Guatemala para que apoyaran el recibimiento, la procesión y la Predicación de la Bula de la
Santa Cruzada, de la 4a. predicación de la 12a. Concesión. También, AHA, T 2, 16. Real Cédula de 05 de julio de
1783. Hay gran cantidad de Cédulas reales sobre este asunto.

15230 Informe del Contador de la Tesorería de Guatemala, solicitado por el presidente de la Audiencia, “sobre la
práctica que se ha observado la víspera de la Publicación de la Santa Bula.” AGCA, A3.29, Leg. 1749, Exp.
28121, folios 25-26. Ermita, 10 de diciembre de 1773. Esta práctica era muy antigua, ya desde 1691 se realizaba
igual. Cf. AGCA, A1.24, Leg. 2198, Exp. 15793, folios 320-321.

15331 AGCA., A3.29, Leg. 1744, Exp. 28044, folio 6. Una limeta es una botella abultada y de cuello largo.

15432 AGCA, A3.9, Leg.1747, Exp.28088, 1 folio.

15533 AGCA, A3.29, Leg. 2862, Exp. 41666, Folio 17. Junio de 1759.

15634 AGCA., A3, Leg. 9, Exp. 147, folios 1-70.

Leer el artículo:

Para citar este artículo :

Rodolfo Esteban Hernández Méndez, « Acercamiento Histórico a las Bulas de la Santa Cruzada en el Reino de Guatemala », Boletín AFEHC N°16, publicado el 04 enero 2006, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=355

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