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AFEHC : diccionario : BETANCURT, Pedro de San José : BETANCURT, Pedro de San José

Ficha n° 3553

Creada: 25 agosto 2013
Editada: 25 agosto 2013
Modificada: 21 mayo 2015

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Autor de la ficha:

Pierre RAGON

Editor de la ficha:

Stephen WEBRE

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Publicado en:

ISSN 1954-3891

BETANCURT, Pedro de San José

Una figura destacada de la Iglesia guatemalteca del siglo XVII, muerto en fama de santidad, canonizado a principio del siglo XXI
1006
Palabras claves :
Betancurt, Santidad, Betlemitas, Religiosidad barroca
Cargo o principal ocupación:
El primer santo centroamericano fundador de la orden de los Betlemitas
Nació:
21 de marzo de 1626, Vilaflor (Tenerife, Islas Canarias)
Murió:
25 de abril de 1667, Santiago de los Caballeros (Guatemala)
Padres:

1Amador González de la Rosa y Ana García

Resumen:

1El nombre de este primer santo guatemalteco, canonizado en 2002, es de origen francés y por lo tanto su ortografía ha variado. La forma antigua y la más frecuente fue Betancur, mas sin embargo a menudo se encontraron algunas variaciones como Bethencourt y Betancourt. Este patronímico relaciona a fray Pedro de San José con la familia del célebre conquistador normando de las Islas Canarias, Francisco de Bethencourt, mas no se ha podido establecer parentesco alguno entre ellos. Efectivamente, Pedro de Betancourt (según la ortografía reconocida por el Vaticano) nació en Vilaflor de Tenerife, de donde emigró en 1649. Según todas las apariencias, era de origen bastante modesto y cuando llegó a Santiago de los Caballeros de Guatemala, parece que tampoco pudo establecerse adecuadamente. Tan sólo trató de profundizar en el arte del tejido trabajando por un tiempo en el obraje de Pedro Armengol, no lejos de la ciudad, a lo que le faltó continuidad. En 1652, un año después de haber llegado a La Antigua y ya contando con cierta edad para poder emprender estudios, pensaba en el sacerdocio y entró al colegio jesuita. Por no poder pagar sus cursos, sin protector y posiblemente por su falta de las indispensables disposiciones intelectuales, se vio obligado a interrumpirlos por algún tiempo. Luego de cinco años de su llegada, aparecía sobre todo como un miembro activo del Tercer-Orden de San Francisco. Entonces vivía en el santuario del Calvario al que parece que consagraba su vida. Paralelamente, se dedicaba a catequizar y a socorrer materialmente a los niños más pobres del barrio de San Francisco y del Calvario, en el sureste de la ciudad. Recorría las calles para reunir limosnas y su vida ejemplar lo hacía engrandecer su reputación de santidad.

2Su gran obra fue tomando forma progresivamente: a partir de 1658 los Hermanos de San Juan de Dios fundaron un hospital que se responsabilizaba de los enfermos ya curados y dados de alta, lo que, después de su muerte, le permitió incorporarse dentro de la restringida élite de los santos fundadores de orden religioso. Este establecimiento estuvo desde un principio bajo la protección de la Virgen de la Natividad, Nuestra Señora de Belén, cuya imagen aparece posteriormente en el hábito de los Hermanos que se asociaron a él. Cuando Roma dio a este primer grupo el estatuto de congregación, tomó el nombre de la “Orden Betlemita”. No vivió lo suficiente para poder ver la culminación del primer hospital y el total reconocimiento de su asociación piadosa que la Santa Sede erigió en Religión y dotó de constituciones en el año de 1687.
Sin embargo, la acción de Pedro Betancurt no se limita a esta fundación. Sus hagiógrafos lo presentan también como el promotor local de una cierta cantidad de devociones barrocas, mientras estaba en su plena propagación en el conjunto del mundo hispánico. En 1654, habría instaurado la procesión pública del rosario durante la noche de Navidad, introduciendo de esta manera a La Antigua en una práctica que ya se llevaba a cabo en México desde hacía ya cuatro años. Se le presta un papel activo en la promoción del culto del Santo Sacramento, en la costumbre de la oración de cuarenta horas y la celebración de la fiesta de Corpus Christi, que le son asociados. Tampoco no es de sorprenderse al verlo militar para la defensa de la Inmaculada Concepción. Sin embargo, sobre todo pasó a la posteridad por haber favorecido el desarrollo de la piedad hacia las ánimas del purgatorio, otra de las grandes devociones de la edad barroca, la cual conoció un éxito considerable a lo largo de los siglos XVII, XVIII y XIX. Dos noches por semana, recorría las calles de la ciudad tañendo una campanita y pidiendo a sus habitantes rezar un Padre Nuestro y un Ave María para las ánimas del purgatorio. En las casas del vecindario distribuía boletas con el nombre de los difuntos a los que había que ayudar y en las dos entradas de la ciudad, la occidental y la oriental, erigió dos capillitas en donde se instalaban personas de su cofradía quienes paraban a los viajeros con la finalidad de obtener su cuota.

3Fue un firme contraste entre la brevedad de su vida y la repercusión considerable que tuvo su acción concentrada durante alrededor de quince años. Por su historia personal, Pedro Betencurt ilustra a la vez la fecundidad de la catolicidad del siglo XVII y la extensión de las circulaciones que dan su unidad al mundo hispánico: circulación de los hombres y circulación de las ideas. La exaltación del personaje y la de su obra empezaron desde su vida y tomaron importancia después de su muerte. Desde octubre de 1667 el jesuita Manuel Lobo, quien al parecer fue su confesor, publicó su primera hagiografía. Le siguieron otras publicaciones, las cuales aceleraron el progreso de su canonización. Bajo la autoridad del obispo de La Antigua, y por petición de los religiosos betlemitas y de las autoridades municipales, ahí se abrió un primer proceso “informativo” en 1700 y concluyó en 1707. El examen de estas piezas termina con la introducción de la causa en la corte de Roma en 1729. Diez años después la Santa Sede ordenó una encuesta llamada “apostólica”, cuyos resultados llegaron a Roma a mediados de los años de1740. Paralelamente, la congregación prosperaba y hacia 1750 no contaba con menos de 50 hospitales en toda Hispanoamérica. El procedimiento, como a menudo suele suceder, tomó mucho tiempo. En 1771, el heroísmo de sus virtudes fue reconocido y Pedro de San José Betancurt fue ascendido al rango de “venerable”, última etapa antes de su beatificación, la cual no intervino sino hasta 1980. Su canonización tuvo lugar en 2002.

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