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Ficha n° 356

Creada: 01 octubre 2004
Editada: 01 octubre 2004
Modificada: 27 junio 2015

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Autor de la ficha:

Pastor Rodolfo GÓMEZ ZÚÑIGA

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Minas de plata y conflictos de poder: el origen de la Alcaldía Mayor de Minas de Honduras (1569-1582)

Corría el año de 1569. La provincia de Honduras estaba sumida en una profunda crisis. Los placeres auríferos del Guayape ya pertenecían al recuerdo. Las encomiendas se consumían año tras año, desbastadas por las continuas epidemias. Algunos vecinos españoles abandonaban Honduras, y los que se quedaban sobrevivían resignados a sobrellevar la pobreza de la tierra que habían arrebatado a los nativos. Tal era el panorama de la provincia, cuando el 28 de septiembre de ese año Diego de Manzanares, un veterano conquistador, vio recompensados sus esfuerzos con el ansiado tesoro que buscaba: un fabuloso filón de plata de tres varas de ancho en el Cerro de San Lorenzo Guazucarán. 1La noticia se difundió por la provincia, y no tardó en expandirse más allá de sus fronteras, hasta correr de boca en boca por toda la Audiencia de Guatemala. Sin proponérselo, Manzanares había inaugurado una nueva época. El descubrimiento de yacimientos de plata en las tierras centrales de Honduras, en el contexto de una Audiencia de Guatemala depauperada por una debacle demográfica y financiera, no podía pasar desapercibida para unas elites que buscaban sanear sus maltrechas economías. Por tal motivo, la naciente Alcaldía Mayor de Minas de Honduras estuvo destinada a convertirse en una inagotable fuente de conflictos entre los distintos grupos que concibieron a la plata de las minas como la solución de sus problemas. El presente trabajo pretende investigar el origen de la nueva Alcaldía Mayor desde la óptica del conflicto desencadenado entre los distintos agentes sociales implicados en su creación. Para abordar el tema, este trabajo se estructuró en tres capítulos, aportando el primero algunas consideraciones elementales sobre el poder. En el segundo capítulo se analiza la sociedad de la época, exponiéndose los antecedentes ibéricos de la sociedad colonial, para tratar posteriormente el desarrollo social de la colonia en América. El tercer capítulo está dedicado al tema de la presente investigación, aportando primero los antecedentes sociales de la gobernación de Honduras, como paso previo al estudio del conflicto desencadenado durante la creación de la Alcaldía Mayor de Minas. El artículo termina con un epígrafe dedicado a la discusión y a las conclusiones.
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Palabras claves :
Siglo XVI, Minería, Familias de poder, Encomiendas, Estamentos, Alcaldía mayor
Autor(es):
Pastor Gómez
Texto íntegral:

1Una primera versión del artículo ha sido publicado en Yaxkin, Revista del Instituto Hondureño de Antropología e Historia.

Introducción

2Corría el año de 1569. La provincia de Honduras estaba sumida en una profunda crisis. Los placeres auríferos del Guayape ya pertenecían al recuerdo. Las encomiendas se consumían año tras año, desbastadas por las continuas epidemias. Algunos vecinos españoles abandonaban Honduras, y los que se quedaban sobrevivían resignados a sobrellevar la pobreza de la tierra que habían arrebatado a los nativos. Tal era el panorama de la provincia, cuando el 28 de septiembre de ese año Diego de Manzanares, un veterano conquistador, vio recompensados sus esfuerzos con el ansiado tesoro que buscaba: un fabuloso filón de plata de tres varas de ancho en el Cerro de San Lorenzo Guazucarán1. La noticia se difundió por la provincia, y no tardó en expandirse más allá de sus fronteras, hasta correr de boca en boca por toda la Audiencia de Guatemala. Sin proponérselo, Manzanares había inaugurado una nueva época. El descubrimiento de yacimientos de plata en las tierras centrales de Honduras, en el contexto de una Audiencia de Guatemala depauperada por una debacle demográfica y financiera, no podía pasar desapercibida para unas elites que buscaban sanear sus maltrechas economías. Por tal motivo, la naciente Alcaldía Mayor de Minas de Honduras estuvo destinada a convertirse en una inagotable fuente de conflictos entre los distintos grupos que concibieron a la plata de las minas como la solución de sus problemas. El presente trabajo pretende investigar el origen de la nueva Alcaldía Mayor desde la óptica del conflicto desencadenado entre los distintos agentes sociales implicados en su creación. Para abordar el tema, este trabajo se estructuró en tres capítulos, aportando el primero algunas consideraciones elementales sobre el poder.

3En el segundo capítulo se analiza la sociedad de la época, exponiéndose los antecedentes ibéricos de la sociedad colonial, para tratar posteriormente el desarrollo social de la colonia en América. El tercer capítulo está dedicado al tema de la presente investigación, aportando primero los antecedentes sociales de la gobernación de Honduras, como paso previo al estudio del conflicto desencadenado durante la creación de la Alcaldía Mayor de Minas. El artículo
termina con un epígrafe dedicado a la discusión y a las conclusiones.

4H4. Algunas consideraciones sobre el poder

5Antes de abordar el tema es imprescindible dedicar unas cuantas líneas para definir el concepto de poder aquí utilizado. El antropólogo Elman Service definió al poder como la capacidad de una persona o grupo para hacer que otra persona o grupo obedezcan, o dicho de otra forma, poder también sería la capacidad de no ceder. Para lograr el obedecimiento de sus deseos u órdenes, y mantener la estructura social vigente, los grupos dominantes utilizarían dos vías, una sería el ejercicio de la fuerza o coerción, frente al que Service opuso el concepto de autoridad. La autoridad se diferenciaría de la coerción en la medida que los individuos acatan las órdenes de un líder debido al convencimiento de que lo que él dice es lo correcto, y por lo tanto se le debe obedecer. Según el citado antropólogo, tanto las relaciones de poder basadas en la coerción como en las de autoridad coadyuvaron al desarrollo de las sociedades jerarquizadas, y eventualmente a la aparición del estado2. Las categorías de Service, sin embargo, no son aceptadas por todos los investigadores sociales. Para el caso, el también antropólogo Marvin Harris concibe al poder y a la coerción como dos categorías distintas. Harris define al poder como la capacidad de una persona o grupo de controlar el flujo de energía en una sociedad determinada3.

6En opinión del antropólogo citado, la coerción es sólo uno de los mecanismos utilizados por las sociedades estatales para mantener el control de la sociedad, y su uso se torna más evidente en las comunidades sujetas a períodos de importantes transformaciones, manifestándose más frecuentemente en aquellos estados donde las desigualdades sociales son más acusadas4.
En cualquier caso, Harris señala al control del pensamiento como una de las principales vías utilizadas por los estados para mantener su dominio sobre la sociedad, ya sea impresionando a las masas con la invencibilidad de sus gobernantes, como invitándola a identificarse con la elite, entreteniéndole con espectáculos, o modelando sus pensamientos por medio de la escolarización obligatoria5. Llegados al presente punto cabe señalar que lo que Service definió como autoridad puede considerarse como una forma de control del pensamiento, matizando que tanto la capacidad de representar a la autoridad como la de ejercer la coerción pueden y suelen estar concentradas en un mismo individuo. No compete al presente trabajo discutir si los mecanismos de control del pensamiento, como la imagen de la autoridad, anteceden o preceden al uso de la coerción, pero si es útil señalar el importante refuerzo desempeñado por tales elaboraciones ideológicas en el ejercicio del poder.

7También se debe analizar si la capacidad de control necesaria para determinar hacia donde se dirigirá el flujo de energía en una sociedad, utilizado por Harris para definir el poder, no implica previamente el control del pensamiento de las masas, o incluso el ejercicio de la
coerción. En todo caso, también es necesario puntualizar que lo que Harris define como control del pensamiento coincide en muy buena medida con la superestructura ideológica de los marxistas, demostrando una vez más la deuda del citado antropólogo con la filosofía de Marx.
Frente a los mecanismos de poder analizados por los anteriores investigadores, el historiador británico Charles Tilly opone la figura del capital6. Para el anterior historiador, la interrelación entre coerción y capital desempeñó un papel crucial en el nacimiento de los estados europeos modernos. Tilly relaciona al capital con el origen y desarrollo de las ciudades, a las que define como cabezas de economías regionales donde se han dado altas cuotas de acumulación y concentración de capital. Mientras tanto, considera a la coerción como un factor determinante en el origen de los estados. Las distintas correlaciones de coerción y capital habrían modelado diferentes tipos de sociedades estatales7.

8El porque los estados hicieron importantes concesiones a los capitalistas lo explica Tilly señalando que las necesidades económicas de los reinos para financiar sus guerras los obligó a negociar con las oligarquías locales8. En el presente trabajo interesa destacar esta última idea del historiador británico, pues la importante capacidad de negociación frente al estado otorgada a los individuos por la concentración de capital constituye, en última instancia, otra importante fuente de poder dentro de las sociedades. Tomando en cuenta los anteriores razonamientos, en esta investigación se considerará al poder como la capacidad de un individuo o grupo para lograr que otras obedezcan sus órdenes, haciendo uso de mecanismos de control del pensamiento o ejerciendo la coerción, o bien aprovechando la capacidad negociadora que les otorga su capital, o como sucede en muchas ocasiones, valiéndose de varios de los mecanismos anteriores, o de todos ellos a la vez. La existencia de diversos focos de poder dentro de una sociedad invariablemente conduce al conflicto cuando entran en confrontación los intereses o aspiraciones de los distintos grupos, como se podrá analizar a continuación.

La sociedad colonial

9La sociedad colonial hondureña surgió como una adaptación a las circunstancias impuestas por el nuevo medio a los habitantes de la provincia. La afirmación anterior no implica que la naciente estructura social careciera de precedentes, pues sus principales características desembarcaron en América junto con las huestes conquistadoras. Aunque en el siglo XVI la mayor parte de la población hondureña estaba integrada por los indígenas, la minoría hispana constituía el segmento dominante, y detentaba el control administrativo, ideológico, militar y económico de la sociedad. En otras palabras, las mayores cuotas de poder y capital de la Honduras colonial estaban concentradas en las manos de un pequeño grupo de habitantes europeos. Para comprender las relaciones de poder en una de las provincias del Imperio es imprescindible, por lo tanto, dedicar un epígrafe a la sociedad española de la época.

LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DEL SIGLO XVI

10La estructura social hispana de la temprana Edad Moderna era tan compleja como la historia misma de la península. Ocho siglos de enfrentamientos fronterizos contra los hispano musulmanes, alternados con batallas no menos encarnizadas entre los reinos cristianos, habían conformado una sociedad de marcado carácter castrense, y estratificada verticalmente en estamentos, castas y grupos económicamente diferenciados entre si. Idealmente el estado privilegiaba las diferencias de estamentos y castas, pero no siempre le era posible obviar la preeminencia económica de algunos grupos sociales. En igual medida, los grupos económicamente fuertes aspiraban a mejorar su posición aprovechando las oportunidades que les brindaba su fortuna, ya fuera por medio de la compra de títulos, o a través de ventajosas alianzas matrimoniales. Todas las características anteriores formaban parte del substrato sociocultural que los conquistadores llevaron consigo a las tierras americanas, como se intentará demostrar en las siguientes páginas.

Los estamentos

11En la sociedad castellana la posición del individuo estaba fijada desde su nacimiento por la pertenencia de su familia a un determinado estamento.9 La base de la sociedad la componía una inmensa mayoría de personas conocidas como gente del común o pecheros, llamados así por que estaban obligados a pagar un impuesto directo o pecho a la Corona, o a quienes ésta designase. Sobre los pecheros se encontraba la nobleza, minoría exenta de pagar dicho tributo, y que era la que detentaba el poder y la dirección del estado. Pero las diferencias entre uno y otro estamento social no se limitaban al impuesto citado, pues al fin y al cabo la exención de su pago era uno de los tantos privilegios que gozaban los nobles. Los teóricos de la época fundamentaban la desigualdad social en una serie de conceptos y principios perfectamente
concatenados, que partían de la forma en que era adquirido el estado de nobleza. Los títulos nobiliarios eran otorgados exclusivamente por el Rey en base a los méritos del individuo. La concesión del título dotaba a quien lo recibía de una posición económica y un prestigio social que era extensivo a sus herederos. Se asumía que el fundador de la casa nobiliaria transmitía a sus descendientes las virtudes que le habían hecho acreedor de un título, razón por la que los principales cargos del estado, fueran militares, civiles o eclesiásticos, eran reclamados por los miembros de la nobleza. De igual forma, los nobles podían solicitar privilegios y mercedes en base a la calidad de su sangre y a los servicios prestados a la Corona. La honra de ilustres antecesores, transmitida por vía sanguínea a las nuevas generaciones, era uno de los principales argumentos esgrimidos por la nobleza para justificar su privilegiada posición.

Las diferencias económicas y la movilidad social

12La estructura de la España del siglo XVI respondía en líneas generales al esquema anterior, aunque dentro de cada estamento había notables diferencias vinculadas directamente a la capacidad económica de cada individuo. Sin lugar a dudas los súbditos españoles más pobres pertenecían al estamento de los pecheros, pero junto a ellos también había otros poseedores de inmensas fortunas personales. La causa de tan notorias diferencias deben buscarse en la composición social del estamento citado, pues los pecheros, además de comprender una enorme masa de labradores y jornaleros depauperados, y a otras personas con una situación económica menos precaria, también comprendían a una minoría de artesanos prósperos y de mercaderes ricos. La desigualdad económica también era patente en el estamento noble, cuyo escalón inferior estaba constituido por los hidalgos. El único signo externo de quienes gozaban de tal condición era la exención de los impuestos directos. Pero de ninguna manera la hidalguía implicaba una situación económica desahogada, pues de hecho había muchos hidalgos pobres y endeudados, tal como nos lo testifica la literatura picaresca de la época, donde se satirizó hasta la saciedad la figura de estos desventurados personajes. Los escalafones superiores de la nobleza estaban ocupados por los caballeros, la nobleza con título y los grandes, normalmente poseedores todos ellos de importantes patrimonios inmuebles, y perceptores de tributos pagados por pecheros de determinados municipios.10 Pero a pesar de la riqueza usualmente asociada a las familias nobles de elite, la pertenencia a una de ellas no garantizaba el porvenir económico de todos sus miembros. La razón de dicha incertidumbre se debió a la implantación, en 1505, de la ley de mayorazgo, que si bien ayudó a asegurar la conservación del patrimonio de la pequeña nobleza, por otro lado obligó a los segundones del linaje a buscar otras fuentes monetarias para asegurar su futuro, pues el grueso del patrimonio familiar era heredado, junto con el título y las rentas a él anexas, por el hijo varón mayor de la familia.

13Afortunadamente para los menos favorecidos existía la posibilidad de mejorar su situación social individual. Los miembros de uno u otro estamento podían aspirar a alcanzar posiciones más elevadas, siempre y cuando supiesen aprovechar los mecanismos de ascenso reconocidos por el estado. Para escalar posiciones era imprescindible la acumulación de méritos, ya fueran estos adquiridos por el servicio militar, el ejercicio de cargos públicos o el servicio al estado (en la justicia, la hacienda y el comercio). Los méritos adquiridos en las campañas militares eran particularmente muy apreciados, y desde esta perspectiva la conquista de América representó una inmensa oportunidad de ascenso social para quienes participaron en ella. Conscientes de la ocasión presentada, innumerables labradores, jornaleros y pecheros en general se apuntaron a las huestes, pero también lo hicieron hidalgos pobres o ambiciosos, y algunos segundones de ciertas casas nobiliarias.

14Como era de esperar, los individuos de linajes nobles reclamaron desde el inicio de la conquista la asignación de cargos acordes a la calidad de su estirpe. También solían
contar con un capital que les permitía asistir a las batallas mejor equipados que otros conquistadores, aportando alimentos, armas, caballos, criados y esclavos. A la hora de solicitar mercedes, los cargos ejercidos y los capitales aportados contaban como parte de sus méritos y servicios personales. En igual medida, a la hora de recompensar a los conquistadores, la Corona tomaba en cuenta tanto los servicios prestados como la calidad de la sangre de cada uno. La naciente sociedad colonial no era independiente de la sociedad española, y a pesar de las oportunidades ofrecidas por la conquista americana, a la hora del ascenso social, normalmente los miembros de los linajes nobles y sus allegados partían desde una posición ventajosa.

La realidad americana

15Los colonizadores cruzaron el Atlántico con la firme intención de mejorar su fortuna, pero no todos se marcharon para asentarse definitivamente en las nuevas tierras, ya que muchos pensaban retornar a la península una vez colmadas sus expectativas de rápido enriquecimiento. Por otro lado, las aspiraciones casi feudales de los que si deseaban radicarse en las tierras americanas no congeniaban con los planes de una monarquía empeñada, desde finales del siglo XV, en desmochar las fortalezas de la díscola nobleza ibérica.

16Sin embargo, la Corona era consiente de los problemas derivados de una y otra postura, y como deseaba propiciar la ocupación permanente del continente se vio obligada a ejercer una política de incentivos con los colonizadores, haciendo grandes concesiones unas veces, e imponiendo tajantes limitaciones en otras, pero sin perder nunca de vista su aspiración de modelar sobre las cenizas de los pueblos conquistados a una sociedad hecha a la medida de sus intereses.

17Con tal idea en la cabeza, una vez terminada la época de los grandes conquistadores, la monarquía marginó a los colonos de los principales cargos de gobierno local, e implementó un sistema de desarraigo burocrático diseñado para mantener el control sobre las colonias y evitar, en la medida de lo posible, que los principales oficiales reales desarrollaran vínculos estrechos con los lugareños y sus intereses11. Las elites indianas se vieron forzadas a parapetarse en el cabildo municipal, una institución destinada desde entonces a convertirse en el instrumento más eficaz para canalizar sus pretensiones y promover sus necesidades.

18La composición de uno y otro grupo permite inferir que en las colonias americanas las mayores concentraciones de poder se acumulaban en manos de los oficiales de la Corona y, eventualmente, en unos cabildos municipales usualmente conformados por los personajes más pudientes de la zona. Las relaciones entre ambos grupos solían fluctuar desde la complicidad delictiva hasta la hostilidad abierta, jugando el comportamiento particular del funcionario de turno un papel determinante en el desarrollo de los acontecimientos.

19Como se verá más adelante, la coyuntura histórica propició que el descubrimiento de plata en las montañas de Honduras desencadenara enfrentamientos entre cabildos y funcionarios, una serie de conflictos motivados por la defensa de sus intereses, y que estaba destinada a superar los límites de la provincia, hasta implicar a las instancias superiores de la Audiencia de los Confines.

Los indígenas y la población hispana

20Como ya fue señalado anteriormente, los cabildos municipales eran las instituciones encargadas de representar los intereses de los habitantes de las villas y ciudades de las indias, y normalmente estaban dominados por los personajes más conspicuos de la zona. En su afán por perpetuar su dominio sobre las colonias, la Corona intentó arraigar a los conquistadores y colonos en los territorios sojuzgados concediéndoles tierras y encomiendas de indios, pero como condición para recibirlos decretó la preferencia por aquellos que se afincasen con sus familias en los partidos donde tuviesen pueblos encomendados. De tal forma, todos los implicados en la conquista de una tierra tenían derecho a ser vecinos de las poblaciones fundadas, y eventualmente todos los vecinos aspiraban a convertirse en encomenderos de algún pueblo indígena de la jurisdicción del municipio en que vivían.

21El ideal de vida del vecino encomendero pasaba por sustentarse de la renta de su encomienda, sin ejercer ningún oficio mecánico que manchara la honra de su casa y linaje. La ficción de nobleza se complementaba con la exención del pago del pecho o tributo, contribuyendo de tal forma a fomentar que la mayoría de los vecinos indianos se considerasen hidalgos12. En definitiva, el éxito de una población hispana normalmente dependía de la disponibilidad de una abundante mano de obra indígena tributaria, sobre cuyos hombros se cimentaba el edificio de la economía colonial. En su debido momento se demostrará cómo la realidad hondureña, marcada por la contracción demográfica impuso restricciones al modelo social aquí descrito.

Minería en Honduras durante el siglo de la Conquista

22La conquista de la provincia se inició en 1524, si bien su pacificación efectiva no se logró hasta 20 años más tarde. La explotación minera en Honduras comenzó a mediados de esa etapa, cuando las rebeliones indígenas todavía eran comunes. Durante los primeros años la minería se restringió al lavado de oro en yacimientos de origen aluvial, utilizando la entonces abundante mano de obra indígena y una tecnología rudimentaria13. El agotamiento de los yacimientos auríferos y el declive de la población nativa, cada vez más protegida por la legislación de la Corona española, empujó a los colonizadores a explorar otras posibles fuentes de ingresos. El descubrimiento de yacimientos de plata en el partido de Comayagua marcó el inició de la explotación minera de carácter industrial en el país. Los primeros minerales en ser trabajados fueron los del distrito de San Lorenzo Guazucarán, descubiertos en 1569. La identificación de nuevos yacimientos, como los de Agalteca14 en 1576, o los de Santa Lucía Tegucigalpa15 en 1578, impulsaron en 1579 a la creación de la Alcaldía Mayor de Minas de Honduras, una nueva entidad administrativa que cubría varios miles de kilómetros cuadrados, y que incluía en su jurisdicción a 41 pueblos indígenas, una villa de españoles, y los numerosos yacimientos minerales de la zona16.

23El nacimiento de la nueva Alcaldía Mayor estuvo inmerso en la polémica y confrontación de intereses, y aunque diversos estudios han señalado la existencia de conflictos, hasta el momento no se ha profundizado en el estudio de su origen y el alcance de los mismos, que es lo que se intentará hacer a continuación. Pero antes, será conveniente dedicar un par de epígrafes a los antecedentes socioeconómicos de la gobernación de Honduras para facilitar la comprensión del proceso estudiado.

La sociedad colonial hondureña

24En Honduras puede hablarse de un fracaso relativo de la colonia hispana, atribuible en buena medida a la carencia de una población indígena equiparable a la de Guatemala. Una prolongada etapa de conquista y pacificación, la exportación de indígenas como esclavos, y la expansión de fulminantes pandemias terminaron minando el substrato demográfica nativo, tornando a la provincia en una tierra poco apetecida por los colonizadores. El caso del asentamiento indígena de Naco ilustra el alcance de la despoblación sufrida. A la llegada de los conquistadores Naco era, con sus 10,000 habitantes, el poblado más extenso del país. A finales del siglo XVI apenas sobrevivían 10 indígenas17. La magnitud de la catástrofe demográfica terminó perjudicando a la Corona, pues en 1574 apenas recaudó 1,426 pesos de tributos en sus pueblos de indios hondureños, mientras que en Guatemala, por la misma partida, percibió 42,000 pesos18. La escasa rentabilidad de la provincia era tan pronunciada que el fiscal de la audiencia juzgó que, si no fuera por sus puertos de El Caribe, no habría necesidad de mantener en ella gobernador ni Alcalde Mayor, pues con un corregidor bastaría para administrarla19.

25Las limitaciones demográficas repercutieron más directamente en la capacidad económica de los vecinos españoles, y si bien algunos de ellos podían ser catalogados como ricos, sus fortunas personales no podían equipararse con las de los más pudientes vecinos de Santiago de Guatemala. La lejanía de la provincia de las principales rutas comerciales oceánicas también contribuyó a restringir los horizontes económicos de unos desencantados habitantes que no encontraban los mecanismos adecuados para escapar de la crisis. Las razones anteriores determinaron las modestas dimensiones de los asentamientos coloniales hondureños, así como el escaso poder de sus vecinos y cabildos municipales, cuya importancia se terminó circunscribiendo al ámbito local. Hacia el último tercio del siglo XVI sobrevivían en Honduras seis minúsculas poblaciones hispanas. El carácter itinerante del gobierno colonial hondureño durante el siglo de la conquista –cambió hasta cinco veces de sede– refleja la debilidad de unas villas y ciudades incapaces de retener la capitalidad de la provincia: Ninguna de sus poblaciones conocía una auténtica bonanza económica, pero todas compartían desde hacía mucho tiempo la miseria galopante de una tierra que año con año iba perdiendo a su población indígena.

Los funcionarios Reales

26En las regiones marginales del Imperio Hispano el capital humano y financiero escaseaba, una situación potencialmente favorable para las aspiraciones económicas de los oficiales reales destinados a tales zonas. El funcionario llegaba investido con la autoridad y el poder real, pero también dotado de un salario moderado que era complementado con ayudas de costa y otra serie de estipendios adscritos a su oficio. El resultado de todo ello era la disposición de un capital relativamente importante en el contexto de una sociedad depauperada. La conjunción de poder y capital constituía una importante baza a disposición de el oficial y su familia, en la que se incluía a su esposa e hijos, así como otros parientes, amigos, criados y esclavos. Los funcionarios de la Corona desarrollaban al cabo del tiempo sus propias redes de influencia y clientelismo, que usualmente trascendían el ejercicio de su cargo.

27Aunque las posibilidades de la provincia eran limitadas, un funcionario hábil podía procurarse una fortuna regular, acorde a las circunstancias de la tierra, e incluso acrecentar el patrimonio de sus familiares y allegados hasta un punto que probablemente jamás hubieran conseguido en su propia patria, como lo sugiere el número de los que se asentaron en Honduras después de hacer entrega de su oficio. Los cargos más estables correspondían al tesorero y contador de la provincia, pues no tenían impuesto un límite de tiempo para su desempeño, y normalmente podían ejercerlo hasta su muerte. Ambos cargos disponían de un salario de 200,000 maravedíes al año20, complementado por otros 50,000 maravedíes de estipendio concedidos por evaluar las mercaderías en los puertos y por tomar las cuentas21. Aunque la retribución percibida por los citados funcionarios no se puede considerar cuantiosa, por lo menos si se puede calificar de estable, sobre todo si la comparamos con la gradual contracción de los ingresos de los encomenderos debido al decrecimiento de la población nativa. La estabilidad del salario y del oficio dotaban al contador y al tesorero de una inusual posición dentro de una sociedad caracterizada por la precariedad económica. De los oficiales de la Corona quienes estaban en condiciones inmejorables para desarrollar sus propias tramas de poder eran los gobernadores, pues durante el ejercicio de su cargo concentraban en sus manos las más altas cuotas de poder y capital. En efecto, el gobernador recibía de salario 500,000 maravedíes, más 45,000 maravedíes extras por tomar las cuentas22. En contrapartida, los gobernadores solían ser trasladados una vez que terminaban de servir su oficio, y normalmente se esperaba contar con uno nuevo cada cuatro años.
El poder del gobernador sólo era superado por el de la Audiencia, la primera instancia a la que debía rendir cuentas, y que incluso le podía detener y procesar por los excesos que cometiese en el ejercicio de su cargo23. La Audiencia también podía inmiscuirse en los asuntos internos de la administración de la provincia, enviando visitadores o encomendando comisiones a otros funcionarios, o bien creando circunscripciones administrativas nuevas cuando lo considerase conveniente, aunque éstas últimas estaban sujetas a la confirmación real. En cualquier caso, el poder del presidente y oidores de la audiencia podía llevarlos a cometer los mismos abusos que imputaban a sus subordinados, como de hecho sucedió en numerosas ocasiones.

El Marco Geográfico

28El yacimiento de Guazucarán fue descubierto en las tierras altas centrales de Honduras, treinta kilómetros al sur del entonces pueblo indígena de Tegucigalpa, donde actualmente se ubica la capital del país. Los minerales explotados en la zona durante el siglo XVI estaban a más de mil metros sobre el nivel del mar, por lo que gozaban de un clima templado. La precipitación anual en los macizos montañosos hondureños, superior a los 900 milímetros cúbicos, garantizaba la existencia de cursos de agua permanente para accionar maquinarias hidráulicas.

29En la zona predominaban los bosques de pino, alternados con ocasionales manchones de robles y cedros, cuya madera se utilizó en la construcción de los ingenios y como
combustible para los hornos de fundición. La compleja geología de la región contaba con estratos masivos de materiales volcánicos del terciario, intercalados con filones minerales de origen hidrotermal. Tales eran los recursos disponibles que hasta el momento permanecían ignorados por los vecinos de la Colonia.

El ciclo de la plata

30Cuando Don Diego de Manzanares denunció el 3 de octubre de 1569 la “Mina Descubridora de San Miguel”, posiblemente desconocía las consecuencias de su registro24. Manzanares era un conquistador veterano, y había participado en la bonanza de los placeres auríferos del oriente de Honduras. Tras el agotamiento de los depósitos aluviales, sobre 1560, Don Diego no se resignó a la decadencia de la minería de la provincia. Juzgó, acertadamente, que el oro aluvial sugería la existencia de filones desconocidos, y durante muchos años se dedicó a catarlos, convencido que algún día daría con alguna veta mineral importante. Su empeño le llevó hasta el Cerro de Guazucarán, donde encontró su yacimiento, sólo que no era de oro como esperaba, si no de plata. El descubrimiento de Guazucarán culminó más de una
década de búsqueda de alternativas económicas para revitalizar la economía de la provincia, pero a pesar de la riqueza del yacimiento – algunas muestras escogidas dieron una ley de 12 a 30 marcos de plata por quintal25 – pronto fue evidente que beneficiar plata no sería tan sencillo como lavar oro. La extracción del mineral requería algo más que barras, esclavos y bateas. Era indispensable construir ingenios para moler la broza, hornos para fundir los metales, y disponer de una serie de adherentes y conocimientos desconocidos por los vecinos de la provincia entera.

31De cualquier forma, la fe en las posibilidades de las minas, y el deseo de conservar su propiedad, impulsaron al descubridor a establecer su residencia junto a los
Yacimientos26. Manzanares no podía ser clasificado como una persona rica, pero por lo menos si era una de las menos pobres de la provincia. Como fundador de la ciudad de Comayagua había alcanzado a recibir encomienda, y también era dueño de un regular hato de ganado. En definitiva, poseía el patrimonio indispensable para garantizar su supervivencia y la de su familia. Pero como el resto de vecinos de Honduras, Don Diego había padecido una drástica reducción de sus ingresos debido al decrecimiento demográfico de los nativos, pues en el lapso de tiempo comprendido entre 1549 y 1582 su encomienda perdió cerca del 60% de los tributarios27. Evidentemente Manzanares no podía afrontar solo la inversión necesaria para beneficiar el yacimiento. El veterano conquistador necesitaba un socio dispuesto a proporcionar el capital indispensable para invertirlo en la empresa minera, y eso fue lo que encontró en 1570 en el tesorero Juan de Bustillo. No deja de ser significativo que la primera compañía de Guazucarán estuviese integrada por un encomendero y un oficial de la Corona. Tanto los encomenderos como los funcionarios reales formaban parte de la cúpula económica de la provincia, y en los años subsiguientes su asociación en las explotaciones mineras se repitió en numerosas ocasiones. Sin embargo, al poco tiempo quedó claro que ni siquiera el capital de los vecinos más acaudalados bastaría para afrontar la inversión necesaria
para explotar las minas.

La disponibilidad de obreros

32El primer obstáculo serio encontrado por los nuevos empresarios fue la escasez de mano de obra. Tras largos años de sostenida mortalidad indígena, Honduras se encontraba al borde de la despoblación. La comparación de tres estimaciones de tributarios indígenas ilustra claramente la afirmación anterior, y demuestra las tendencias demográficas del período en el que se inscribió el comienzo de la minería de la plata en la provincia (Tabla 1).

33TABLA Nº1

34POBLACIÓN INDÍGENA TRIBUTARIA DE HONDURAS POR PARTIDOS, SIGLO XVI
PARTIDO
1549 1571-74 1582
PBS. TRIB. PBS. TRIB. PBS. TRIB.
COMAYAGUA 50 2735* 56 2600 57 1723
GRACIAS – - 60 3000 66 1769
TRUJILLO – - – 600 20 413
SAN PEDRO – - 30 700 29 415
PTO. CABALLOS – - – - 3 60
SAN JORGE – - – - 38 726
TOTAL – - 220 8000 213 5106

35Fuentes: AGI, Guatemala, 128: Presidente y Oidores de la Audiencia y Chancillería Real de los Confines, 1549; López de Velasco, 1571-74, en L. NEWSON, Op. Cit., pág. 431, y en R. E. DURÓN, Bosquejo Histórico de Honduras 1502 a 1921, 1927, pág. 32-33; Alonso Contreras de Guevara, 1582, en H. LEYVA, H.: Documentos Coloniales de Honduras, 1991, pág. 60-62. Dato incompleto ya que sólo incluye censos de tributarios de 38 de los 50 pueblos tasados.

36Como se puede apreciar, la serie demográfica más completa corresponde al partido de Comayagua, pero como de los 50 pueblos tasados en 1549 sólo en 38 se consignó su población, que sumaban 2.735 tributarios, el total de la población del partido para ese año se calculará basándose en la media de los 38 asentamientos censados. Puede proponerse, por lo tanto, que en 1549 Comayagua contaba con una población cercana a los 3.595 tributarios (2.735 tributarios 38 pueblos * 71.9 × 50 pueblos * 3.595 tributarios).

37El análisis de las cifras citadas permite visualizar la dimensión de la contracción demográfica. Entre 1549 y 1571-74 el partido de Comayagua perdió el 27.6% de su población tributaria, y entre 1571-74 y 1582 la situación se agravó, pues las defunciones mermaron a la población en un 33.7%. Las estimaciones globales a nivel de la gobernación confirman las anteriores tendencias, y señalan a la década de 1570 como un período de catástrofe demográfica, como lo evidencia la reducción del número de tributarios entre 1571-74 y 1582 en un 36%. En cualquier caso, desde la conquista de la provincia, la tasa de mortalidad de los nativos siempre se mantuvo alta. En su afán por evitar la desaparición de los indígenas, la Corona prohibió en 1539 su utilización en las minas28. Las Leyes Nuevas ratificaron la prohibición señalada, aunque en 1546 el presidente de la Audiencia informó que los encomenderos todavía enviaban indios de servicio a los placeres auríferos, alegando que no sacaban oro por que no lavaban, obligando una vez más al Consejo de Indias a repetir la prohibición.29 Pero como en 1549 la orden seguía sin acatarse, el Consejo de Indias autorizó a la Audiencia a confiscar los pueblos de los encomenderos reincidentes30.

38Cuando Manzanares descubrió Guazucarán, la prohibición de emplear nativos en las minas seguía vigente, impidiendo la captación de la mano de obra indispensable en ninguno de los pueblos indígenas aledaños a las minas. En 1573 la falta de obreros impulsó a los oidores de la Audiencia a proponer como alternativa la contratación de los nativos que se ofrecieran voluntariamente a trabajar, cuidando que se les pagase por su trabajo y limitando su estadía en los minerales a tres o cuatro meses; y aunque en 1575 el Consejo de Indias atendió la iniciativa, la contrata de nativos voluntarios sólo palió en parte el problema31. Mientras, la escasez de obreros se intentó solucionar por otra vía. Como ya había sucedido en ocasiones anteriores, los vecinos pensaron en los esclavos negros como la solución del problema. En cualquier caso, su alto precio dificultaba la adquisición de una cuadrilla de trabajadores.

39Durante el apogeo de los placeres auríferos del Guayape, entre 1540 y 1560, muchos vecinos habían poseído cuadrillas de africanos dedicadas a lavar oro. Por esos años la compra de un esclavo negro implicaba un desembolso de 220 pesos, y los esclavos maestros solían duplicar tal precio, llegando a valorarse hasta en 500 pesos32. El agotamiento de los depósitos de oro aluvial obligó a los dueños de las cuadrillas a sacarlos de la provincia, ocasionando el empobrecimiento de la tierra33. Bajo semejantes circunstancias económicas, difícilmente los habitantes de la gobernación podían satisfacer las necesidades laborales de sus explotaciones mineras, pues incluso un ingreso regular como el del tesorero Bustillo apenas montaba 555 pesos. El cabildo de Comayagua quiso solventar la situación en 1574 convenciendo a la Corona que avalara la venta de esclavos negros a los mineros, aduciendo precedentes de tal modalidad en la provincia34. Efectivamente, a comienzos de 1540, después de haber prohibido la utilización de indígenas en los lavaderos de oro, Carlos I había ordenado la
repartición de 300 negros entre los españoles más pudientes de Honduras, obligándose con los asentistas portugueses a abonarles el monto de los esclavos que no les fuesen Pagados35, pero posteriormente la Corona denegó solicitudes de contratas similares36. Convencido que la riqueza de Guazucarán favorecería la iniciativa del Cabildo de Comayagua, el gobernador Diego de Herrera apoyó la propuesta, y recomendó al Consejo de Indias que se fiasen 600 negros para labrar las minas37, pero ambas peticiones fueron desoídas. Cada vez fue más evidente que la falta de obreros era un obstáculo insalvable para los vecinos de Honduras. Pero progresivamente los dueños de los yacimientos también fueron comprendiendo que la carencia de brazos no era el único problema serio que debían de afrontar.

Los problemas técnicos

40Hacia 1571 la compañía formada por el tesorero Bustillo y Don Diego de Manzanares apenas había refinado 50 marcos de plata. La falta de trabajadores había incidido negativamente en la productividad, aunque también había otra serie de factores que obstaculizaban la optimización de la empresa. Desde el principio los yacimientos de Guazucarán fueron conocidos por la alta ley de sus minerales y por la generosidad de sus vetas. Pero igualmente famosa fue la proverbial dureza de su broza, tan compacta que para extraerla era imprescindible ablandarla con fuego38, el único método conocido por los mineros de la época para labrar vetas de semejantes características39. Una vez extraída la broza, las dificultades se extendían a su procesamiento. Los minerales de “fundición”, con altos contenidos de plomo y plata, podían procesarse directamente en unos hornos sencillos, pero en Guazucarán los metales de tales propiedades no eran los más

41Abundantes40. Mientras, el resto de minerales requería ser procesado por otros medios: La plata podía ser separada de la broza añadiendo plomo como fundente, un procedimiento apto únicamente para trabajar los minerales más ricos, o bien amalgamándola con mercurio, un método novedoso utilizado por primera vez en la Nueva España en 1554, y que permitía refinar menas con bajos porcentajes de plata41. La necesidad de procesar los minerales introducía nuevas dificultades para el laboreo de las minas, pues implicaba el abastecimiento de plomo, mercurio, sal y otros adherentes que no siempre se encontraban cerca de los
yacimientos. Hacia 1574, los mineros se abastecieron de plomo de unas vetas descubiertas a una legua de Guazucarán42, aunque posteriormente fue necesario importarlo
desde sitios tan lejanos como Guatemala43. El avituallamiento de mercurio era todavía más complicado, pues los únicos yacimientos de este mineral se encontraban tan lejos que obligatoriamente había que fletarlo en barcos. Las minas de azogue y su comercialización estaban en manos de la Corona Hispánica, y los reyes aprovecharon la coyuntura expendiéndolo a precios exorbitantes, enriqueciendo sus arcas a costa del bienestar de los mineros44. La sal era un ingrediente indispensable para la amalgamación, y su expedición fue resuelta con la construcción de salineras en la costa de El Pacífico45. El refinamiento efectuado por cualquiera de los métodos arriba descritos exigía la trituración previa de la broza, de manera que la rentabilidad de las explotaciones dependía de la capacidad de sus molinos. La construcción de ingenios adecuados para procesar minerales también implicaba el
desembolso de fuertes sumas de dinero. Basándose en documentos contemporáneos al descubrimiento de Guazucarán, se ha estimado que el precio medio de los ingenios de Potosí oscilaba de los 7,838 pesos que costaba un molino de pie, a los 15,905 pesos en que se tasaban los accionados por mulas, o hasta los 29,695 pesos en los que se valoraba a los
molinos hidráulicos46. Si bien la disponibilidad de madera pudo abaratar el costo de los ingenios hondureños, las cifras anteriores sugieren una inversión inicial bastante alta en relación a la escasa capacidad financiera de los habitantes de Honduras. En todo caso, los vecinos tampoco sabían fabricar ingenios, y el método de amalgamación de minerales sólo les era conocido por referencias47. Llegados a este punto, resulta bastante claro que las carencias tecnológicas, demográficas y financieras de la gobernación y sus habitantes sólo podían ser resueltas desde fuera.

Los primeros conflictos

42A pesar de las limitaciones señaladas, la promesa de las minas bastó para trastocar las relaciones de poder de la provincia. Después de la decadencia de la minería del oro aluvial, el comercio marítimo se perfiló como la actividad económica más rentable de Honduras48, con el consiguiente fortalecimiento de los cabildos municipales de las ciudades y villas aledañas a los puertos.

43El cabildo municipal de San Pedro se aprovechó de su cercanía a Puerto Caballos, y de la existencia de placeres auríferos en su municipio, para conseguir la instalación de la fundición de la provincia en su ciudad hacia 155049. El asentamiento de la fundición en San Pedro constituyó un auténtico triunfo de su oligarquía sobre la de las restantes poblaciones españolas de Honduras, pues además de las ventajas económicas derivadas del quintado de metales preciosos, su establecimiento en la ciudad también implicaba que los oficiales reales residirían en ella, y los vecinos esperaban que la población floreciese al calor de su nueva categoría de sede del gobierno colonial. Pero tras un breve período de relativa bonanza, el agotamiento de los placeres auríferos y otros factores determinaron la decadencia de la ciudad. San Pedro retuvo la fundición únicamente por el apoyo de la Audiencia, siempre preocupada por asegurar a Puerto Caballos la cercanía de una población dispuesta a repeler los ataques de piratas y corsarios. Para desgracia suya, el descubrimiento de las minas favoreció la vinculación de los vecinos de Comayagua con los oficiales reales, quienes tras constatar la riqueza de Guazucarán se marcharon de San Pedro, en 1573, junto con la caja y fundición de la provincia. La elite sampedrana comprendió que la fuga de la fundición implicaba su exclusión de la nueva etapa de prosperidad minera, y procuraron el retorno de los funcionarios buscando para ello el apoyo de la Audiencia. Cuando el presidente Villalobos supo que los oficiales de Honduras se habían instalado en Comayagua, les compelió a retornar a San Pedro, pues temía que su marcha acarrearía el abandono de esa ciudad, con el consiguiente desamparo de Puerto Caballos50. En el fondo, el conflicto tenía raíces mucho más profundas. La provincia de Guatemala carecía de puertos en el Mar Caribe, y dependía de Puerto Caballos para comunicarse y comerciar con la metrópoli. La necesidad del embarcadero hondureño fue comprendida desde muy temprano por el Adelantado de Guatemala Don Pedro de Alvarado. Alvarado aprovechó su nombramiento como gobernador de Honduras para doblegar a los indígenas que controlaban Puerto Caballos, y para garantizar el acceso al embarcadero, fundó a diez leguas de la costa a la ciudad de San Pedro en el año de 153651. Puerto Caballos se convirtió desde entonces en el principal nexo entre los vecinos de Guatemala y la península ibérica, y San Pedro en el principal guardián del puerto.

44Visto desde esta perspectiva queda claro que para los vecinos de Guatemala defender la supervivencia de San Pedro equivalía a defender sus propios intereses. De cualquier forma, había demasiado en juego como para que los oficiales de Honduras acataran la orden del presidente sin oponer resistencia. San Pedro sólo ofrecía su clima malsano y húmedo, sin proporcionar a cambio ninguna compensación económica. En contrapartida, Comayagua gozaba de un temple fresco y saludable, y sus ricos filones de metales auguraban una gran riqueza. Además, el tesorero de la provincia ya estaba implicado en una compañía minera, y el nuevo gobernador de Honduras se había trasladado sin expresar ningún reparo, mostrándose bastante interesado en promover el desarrollo de las minas52. Los oficiales se limitaron a remitir un cuño para quintar metales a San Pedro para cumplir con la Audiencia, ratificando así la decadencia de la ciudad, y consolidando a Comayagua como la nueva sede del gobierno colonial53. Sorprende la facilidad con la que los funcionarios de Honduras se salieron con la suya, pues si bien para ellos las pretensiones del cabildo sampedrano no representaban ningún obstáculo, no se puede decir lo mismo de las órdenes del Presidente de la Audiencia. La documentación consultada no informa sobre la existencia de ningún intento por castigar a los inobedientes de ninguna forma. Es difícil determinar que razones impulsaron a la Audiencia a no actuar contra sus subordinados, sin embargo, una revisión atenta de la situación económica del Reino de Guatemala puede proporcionar una explicación factible. La población indígena de Guatemala, y de Centroamérica en general, fue diezmada por una serie de epidemias durante la década de 157054. La pérdida de tributarios constituyó un duro golpe para los encomenderos, si bien no menos desastroso para su economía fue el hundimiento del mercado del cacao, hasta entonces el principal producto de exportación de los guatemaltecos55. Al disminuir su demanda, su precio cayó por los suelos, arrastrando consigo los de todos los productos de la tierra, con la consiguiente merma de los ingresos de la Corona y de los vecinos de Guatemala en general56. La confluencia de ambos factores afectó a todas las provincias centroamericanas, sumiéndolas en una profunda crisis financiera. Los vecinos y la Audiencia debieron buscar alternativas económicas, y si bien no estaba en sus manos atajar las epidemias, por lo menos si podían buscar nuevos productos para paliar los efectos de la desastrosa caída de la exportación cacaotera. Las circunstancias descritas favorecieron que los vecinos de Guatemala percibieran a las minas hondureñas como una inversión rentable, y ya para 1577 el mismo presidente de la audiencia manifestó su esperanza de superar la crisis centroamericana incentivando la producción de plata del partido de Comayagua57. El interés del presidente por promover la minería favoreció, probablemente, la instalación definitiva de la fundición en Comayagua, permitiendo de paso a los oficiales de Honduras alcanzar sus pretensiones. La ciudad de San Pedro fue el perdedor de la partida, pues no pudo evitar que Comayagua se hiciese con la sede del gobierno colonial de la provincia. Todavía en 1582 un rencoroso cabildo sampedrano reclamó con timidez el retorno de la fundición y los oficiales58, pero ya para esa época la capitalidad de Comayagua tenía cimientos de plata.

La conexión guatemalteca

45La tenacidad de Manzanares por fomentar los yacimientos de Guazucarán comenzó a dar sus frutos a mediados de la década de 1570. Finalmente el anciano conquistador superó los obstáculos financieros asociándose con los encomenderos más pudientes de Centroamérica: La familia Villacreces de la Cueva – Alvarado, vecinos de la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala. Hasta el momento se ignoran los pormenores de cómo se formó la primera compañía minera con capitalistas guatemaltecos, pero sin lugar a dudas la misma comenzó a operar en Guazucarán en 1574, el año cuando se construyeron los dos primeros ingenios59. Presumiblemente, los recién llegados habían acordado previamente con Manzanares las condiciones y cláusulas de la nueva compañía. Los detalles de las negociaciones nos son desconocidos, y como por esa época murió el descubridor de las minas, nos limitaremos a presentar a sus socios, quienes marcaron el inicio de la minería industrial en la provincia. Los principales capitalistas de la compañía eran el matrimonio formado por Doña Leonor de Alvarado y Don Francisco Villacreces de la Cueva. Ambos cónyuges descendían de linajes nobles, y como era de esperarse, gozaban de una desahogada situación económica. Doña Leonor era hija natural del conquistador de Guatemala Don Pedro de Alvarado, y tras una trágica serie de muertes en la familia era su único descendiente60. Según los datos conocidos, la familia Alvarado pudo formar parte del estamento noble castellano61, aunque debió pertenecer a los escalones más bajos de la nobleza, posiblemente a la hidalguía o a una línea secundaria de una casa noble, pues no debe olvidarse que Don Pedro solicitó a Carlos I la concesión de un título equiparable al otorgado a Cortés62. La madre de Doña Leonor era Doña Luisa Xicotencatl, hija de Xicotencatl, uno de los cuatro señores principales del Reino indígena de Tlaxcala. Cuando la muchacha creció, Don Pedro aprovechó la ocasión para casarla con su tío político Pedro Portocarrero. Además de los lazos familiares que lo unían a Alvarado, Portocarrero formaba parte del grupo de los conquistadores de Guatemala, y era uno de los hombres de confianza de Don Pedro, quien le favoreció encomendándole importantes pueblos indígenas, a la postre heredados a Doña Leonor63. La relación de los Alvarado con la familia de la Cueva databa de los matrimonios sucesivos de Don Pedro con Doña Francisca y Doña Beatríz de la Cueva, familiares del Duque de Alburquerque Don Beltrán de la Cueva. Al parecer el enlace fue promovido por el secretario de Carlos I Francisco De los Cobos, amigo de Alvarado y pariente lejano de la Casa de Alburquerque64. La familia de la Cueva había iniciado su fulgurante ascenso en 1464, cuando el Rey Enrique IV concedió a su favorito Don Beltrán de la Cueva el título de primer Duque de Alburquerque65. Aprovechando el enlace matrimonial con los Alvarado, algunos de los segundones de la Casa Alburquerque decidieron marcharse a Guatemala, seducidos por las riquezas llegadas desde América. Entre ellos se destacó Don Francisco Villacreces de la Cueva, miembro además de la familia Villacreces, uno de los linajes principales de la oligarquía de Jerez de la Frontera66. Francisco de la Cueva aprovechó las sucesivas muertes de la familia Alvarado para casarse con Doña Leonor, entonces ya viuda de Pedro de Portocarrero. Los únicos descendientes directos del conquistador de Guatemala procedieron de dicho matrimonio, y aunque la familia jamás volvió a gozar del poder de Don Pedro de Alvarado, si conservaron un importante patrimonio económico, pues cuando se descubrieron las minas de Guazucarán, la encomienda de Doña Leonor proporcionaba a la familia Villacreces de la Cueva- Alvarado una renta de 3,000 pesos anuales67. La atención prestada al linaje Villacreces de la Cueva- Alvarado sirve para ilustrar la concepción del matrimonio como un mecanismo de ascenso social, utilizado tanto por Don Pedro para vincular su descendencia a un linaje noble prominente, como por Francisco de la Cueva, quien se valió de su sangre para alcanzar un matrimonio ventajoso desde el punto de vista económico. Una vez consolidada su posición en Guatemala, Francisco de la Cueva intentó recuperar las encomiendas de Don Pedro de Alvarado, cuyas rentas montaban 20,000 pesos. Consiente de la importancia de su linaje, y de que su esposa era la única descendiente del conquistador extremeño, utilizó ambos argumentos con la esperanza de convencer a la Corona. Aunque no logró alcanzar su objetivo, Felipe II concedió 2,000 pesos de renta adicional al hijo mayor del matrimonio que residiese en Guatemala, incrementando los ingresos anuales de la familia hasta los 5,000 pesos68. Pero la contribución de los Villacreces de la Cueva – Alvarado no se limitó a la aportación de capital, pues la vinculación de la familia con la minería hondureña estuvo aparejada al asentamiento en Honduras de algunas personas apellidadas De la Cueva, posiblemente miembros lejanos del linaje que intentaron beneficiarse del apogeo de la plata aprovechando sus nexos familiares. En cualquier caso, también debe considerarse que mientras no se pruebe el vínculo directo entre tales personas y la poderosa familia guatemalteca la suposición anterior sólo puede permanecer en el ámbito de las hipótesis.

46La compañía donde participaron los Villacreces de la Cueva – Alvarado fue la más grande de la época, y cumplió un importante papel en la captación de los especialistas conocedores de la tecnología y los conocimientos indispensables para iniciar la explotación minera. En efecto, los restantes compañeros incluían a Alonso Verdugo Montalvo, conocido por haber tenido unas minas de plata en Oaxaca, y a Francisco de Coto, el mayordomo portugués de la hacienda de minas69. Verdugo y Coto debían hacerse cargo de la explotación de los yacimientos, y por lo tanto debían residir en Guazucarán. Los mineros partieron junto con una cuadrilla de 60 esclavos negros, y su llegada coincidió con la de Diego Juárez, el primer oficial de ingenios afincado en Honduras, quien además construyó todos los molinos y
artificios de beneficiar minerales de Guazucarán, incluido el de la compañía guatemalteca70.

47La presencia del oficial de ingenios en la provincia debió de estar relacionada con la formación de la compañía, pues si los factores necesarios para iniciar la explotación minera no hubieran estado resueltos, probablemente los socios capitalistas no se hubieran comprometido en una empresa tan costosa. Según los documentos estudiados, los conocimientos tecnológicos indispensables pudieron llegar de la Nueva España, como lo sugiere la vinculación de Alonso Verdugo Montalvo con unas minas en Oaxaca. Pero el estado actual de la investigación impide ofrecer conclusiones definitivas. Puede proponerse como hipótesis que la capacidad negociadora de la familia guatemalteca Villacreces de la Cueva – Alvarado fue determinante para captar en México a los especialistas necesarios, y por lo tanto se les puede considerar, junto con los mineros señalados y la cuadrilla de esclavos, como los auténticos fundadores de la minería a gran escala en Honduras.

Los nuevos distritos mineros

48Hasta el momento las minas no habían dado una medida real de sus auténticas posibilidades, pero una vez ensamblados los primeros ingenios, la Corona percibió en menos de un año 100 marcos de plata por concepto del quinto al diezmo. La euforia se adueñó de los vecinos, y no era para menos, se había refinado 1,000 marcos de metal sin contar con las condiciones óptimas de producción. El mercurio todavía escaseaba, y ni siquiera el plomo cubría las necesidades de la primera hacienda de minas de la provincia. Los oficiales reales hicieron sus propios cálculos, y estimaron que si la compañía dispusiese de suficiente azogue, el quinto de 1576 sería tres o cuatro veces superior71. El ciclo de la plata había comenzado.

49El éxito de los guatemaltecos precipitó los acontecimientos. Los buscadores de fortuna inspeccionaron cerros y cañadas con la ilusión de emular al difunto Manzanares, y el pequeño asentamiento minero de Guazucarán se nutrió con un modesto pero continuo flujo de pobladores.

50En pocos meses la lista de minerales identificados se multiplicó: En 1575 se descubrieron las minas de Agalteca72, y hacia 1576 ya se labraban las de la Veta Gorda y Nuestra Señora de la O73. Probablemente sobre esa misma fecha también debieron descubrirse las minas de Apazopo74.

51Sin embargo, el yacimiento llamado a generar los más grandes conflictos no recibió en su momento la atención que merecía. A finales de 1578 un nativo recolectó una muestra de plata en el Cerro de Santa Lucía, unas dos leguas al oriente del pueblo indígena de Tegucigalpa. Unos cuantos vecinos de Comayagua se apresuraron a catar el cerro y a registrar sus minas, pero como no dieron con la veta abandonaron el sitio y no volvieron a tratar más del Asunto75. Los yacimientos de Tegucigalpa todavía deberían de esperar su oportunidad.

Expansión y lucha

52Mientras crecía el número de registros, muchos vecinos españoles luchaban por incorporarse a la nueva industria, pero no todos poseían el capital necesario para hacerlo. Los minerales hasta entonces descubiertos eran compactos, imposibles de labrar si se carecía de obreros. Además, de no poner las minas en el término de tres meses en los tres estados de profundidad prescritos por las ordenanzas reales, también se corría el riesgo de perderlas. Como tampoco el pago del diezmo de la plata era del agrado de los mineros, las tentaciones de evadir cualquier control del fisco eran muy grandes, sobre todo si se era pobre y se carecía de cualquier tipo de medios. Todas las características citadas concurrieron en el caso de las minas de Agalteca. Juan de Oñate y José de la Cruz eran dos vecinos de Honduras que no habían alcanzado a obtener encomienda. A finales de 1575 descubrieron cerca del pueblo de Agalteca un rico filón de plata, y como comprobaron que el mineral era de fundición, se dedicaron a labrarlo clandestinamente. Durante medio año lograron ocultar sus actividades, pero el fraude fue descubierto, y los evasores capturados y llevados presos a Comayagua. Interrogados por el gobernador de la provincia, confesaron su delito, y se vieron obligados a desvelar la ubicación de las minas. Finalmente Oñate y Cruz fueron acusados de no haber registrado los yacimientos, tal como lo estipulaban las ordenanzas, y de evadir el pago del diezmo de la plata76.

53El caso anterior es uno de los más tempranos conocidos en Honduras de evasión de los impuestos y ordenanzas de minería, pero también tiene el interés añadido de sugerir la existencia de distintos niveles de fraude en la provincia. Probablemente un vecino relativamente próspero no se habría arriesgado a ocultar el descubrimiento de una mina y la habría registrado, pues sus ingresos podían permitirle explotar el yacimiento y cumplir las ordenanzas. En tales circunstancias el fraude podría haberse circunscrito a la ocultación de la cantidad real de plata producida, como de hecho hubiera podido hacerse con los minerales de Agalteca, pues eran de fundición. Pero no era ese el caso de Oñate y Cruz. Ambos vecinos tenían familia y no habían recibido encomienda. Los sindicados con toda seguridad sabían que al desvelar la ubicación del yacimiento perderían la posesión de las minas, como de hecho finalmente sucedió. En cualquier caso, la lucha por asegurarse la participación en la industria era igual de fuerte en la cúpula de la sociedad. Desde el comienzo de su mandato el gobernador Diego de Herrera se dedicó a recorrer las denuncias de minerales, catando las vetas con sus esclavos y ensayando las menas para comprobar la calidad de los yacimientos. Pero hacia 1576 su mandato ya estaba a punto de expirar. Herrera buscó la ayuda del Cabildo de Comayagua para perpetuarse en el puesto, y los miembros del cabildo, cuyos intereses coincidían con los del gobernador, lo apoyaron gustosamente77. A Diego de Herrera de nada le sirvieron sus maniobras, pues tras rendir la residencia fue depuesto, y su lugar fue ocupado provisionalmente por el Licenciado Ortíz de Elgueta, quien anteriormente ya había
ejercido el cargo de gobernador de Honduras. De todas formas, como se podrá ver más adelante, la destitución de Herrera no significó el final de su vinculación con la provincia y sus minas.

La administración de las minas

54En sus inicios, dado el pequeño volumen de las operaciones, la administración de los minerales no representó ninguna complicación para los gobernadores, y éstos se limitaron a nombrar tenientes que los representaban sin devengar salario alguno78. Pero paulatinamente el interés de la Audiencia por las minas fue creciendo, y al final también nombró sus propios jueces en Guazucarán79. El primer representante de la Audiencia identificado fue Antonio Enríquez, vecino y encomendero de Comayagua80, conocido también por haber sido dueño de “La Enriqueña”, la mina más productiva de Centroamérica durante el siglo XVI81. Probablemente la vinculación de Enríquez con la minería convenció a la Audiencia sobre la inconveniencia de adjudicar un cargo tan importante a un vecino de la provincia, de forma que en 1577 fue nombrado como juez un vecino de Guatemala llamado García de Padilla82. La historia del resto de minerales es poco conocida, y sus datos usualmente se restringen a noticias dispersas sobre su poblamiento. En el caso de Agalteca, tras la captura de sus descubridores, el gobernador provisional Delgueta nombró como teniente a Alonso de Cáceres el 2 de julio de 157683. La información no deja de ser interesante, pues el teniente pertenecía a una de las más importantes familias encomenderas del país. Su padre fue Alonso de Cáceres, lugarteniente de los adelantados Montejo y Alvarado, y fundador de Comayagua84. La conexión más interesante entre los Cáceres y el mineral databa de mucho tiempo, pues en 1549 el pueblo de Agalteca ya figuraba como encomienda de Alonso de Cáceres el viejo85, y hacia 1576 estaba encomendado en otro hijo suyo86. Las coincidencias no se limitaron al terreno de la anécdota, y en 1579 Alonso de Cáceres y el ex gobernador Diego de Herrera ya figuraban como dueños de minas e ingenios en Agalteca87, y no es difícil imaginar lo que pudo suceder con los derechos de los descubridores, o con los indígenas de la encomienda. Como se puede verificar en los ejemplos anteriores, hasta ese momento la Audiencia dejó un amplio margen de acción a los gobernadores hondureños. Si el caso del teniente de Agalteca fue la norma o la excepción en los incipientes reales de minas es un asunto por ahora imposible de dilucidar, pues se carece de la documentación adecuada para efectuar comparaciones. Sin embargo, la relativa independencia de los tenientes de minas tenía los días contados. Los eventos posteriores determinaron un cambio drástico en la administración de los minerales, pues el nombramiento de un nuevo gobernador de Honduras, y la posterior sustitución del presidente de la Audiencia por otro más enérgico, influyeron en el desarrollo del conflicto.

El gobernador Contreras y la cuestión del azogue

55Alonso Contreras de Guevara era el hijo mayor del licenciado Miguel de Contreras y Ladrón de Guevara, oidor de la Audiencia de Nueva Galicia, difunto hacia 1571. Por el lado materno era nieto del también difunto ex presidente de las Audiencias de Santo Domingo y Guatemala Alonso López Cerrato. Descendía, por lo tanto, de familias de reputada tradición burocrática, y podía considerarse por ello merecedor de cualquier puesto que la Corona le asignase. Entre sus méritos particulares se contaba su participación en la expulsión de los franceses de La Florida, y el haber ejercido el cargo de Alcalde Mayor de Veragua. Tras la muerte de su padre, Alonso Contreras presentó su información de servicios para solicitar a la Corona la concesión de un cargo88.

56La petición de Guevara fue resuelta favorablemente, y en 1575 fue nombrado gobernador de Honduras89, concediéndosele licencia para pasar a la provincia en 157690. El nuevo gobernador en vez de marcharse a tomar posesión de su oficio, decidió ir a México para arreglar sus asuntos personales, una elección que le acarrearía un enojoso proceso por sobresueldo91. Probablemente la actitud de Contreras de Guevara tampoco pasó desapercibida para el licenciado García de Valverde, el nuevo presidente de la Audiencia de Guatemala, con quien mantendría un prolongado enfrentamiento.

57Durante la gobernación de Contreras de Guevara se regularizaron los envíos de azogue a la provincia de Honduras. Anteriormente el presidente Villalobos había hecho traer 100 quintales de azogue desde México, pero en su afán por controlar su venta, había ordenado mandarlo al Puerto de la Trinidad, en la provincia de Guatemala, a unas 80 leguas de los yacimientos, a donde supuestamente sería expedido. La política de Villalobos fue un auténtico fracaso, pues pocos mineros bajaron a comprar mercurio. El presidente se vio obligado a autorizar la remisión de los 88 quintales restantes a Comayagua, donde su venta quedaría a cargo de los funcionarios reales de Honduras92. Mientras fracasaba la política de Villalobos, la Corona decidió atender las peticiones de azogue remitidas desde las minas, y por medio de una Real Cédula dada en Madrid a 26 de marzo de 1577, notificó al gobernador de Honduras el despacho de 200 quintales de mercurio de Almadén a esa provincia. El azogue debería venderse siguiendo el orden establecido por una Real Cédula emitida en Aranjuez el 18 de mayo de 1572, dirigida al Virrey de la Nueva España, de la que se adjuntó copia. El pleito del azogue comenzó con las citadas ordenanzas, pues por ellas el Alcalde Mayor encargado de administrarlo podía expedirlo a tres pesos más del precio establecido, y restada cualquier costa adicional a las contempladas, se le autorizaba a quedarse con dos tercios del remanente del sobreprecio93. Como las minas estaban en su jurisdicción, Guevara interpretó que los dos tercios señalados le pertenecían, pero unos inesperados sucesos le privaron de los beneficios del mercurio.

La Alcaldía Mayor de Minas de Honduras

58En el año de 1579 la presidencia de la Audiencia de Guatemala fue ocupada por el licenciado García de Valverde, un funcionario de carrera que pertenecía a la hidalguía extremeña. García de Valverde era un burócrata experimentado, pues antes de llegar a Guatemala había estado en las Audiencias de Nueva Granada, Lima y Quito94. Al tiempo de su llegada a Guatemala, Centroamérica continuaba padeciendo un período de decrecimiento de la población indígena y de devaluación de los productos de la tierra. El
proceso fue descrito concisamente por un oficial real de Guatemala en los siguientes términos:

59“...La Real Hacienda de vuestra Majestad que está a nuestro cargo va cada día a menos, así a causa de la disminución de los indios y del valor de las cosas que tributan, como de los gastos extraordinarios que cada día se ofrecen95...”

60Valverde también fue informado de los abusos de Contreras de Guevara con relación al azogue, y de la existencia de disputas entre los mineros, y poco a poco fue considerando la necesidad de intervenir en las minas, tanto para controlar las pretensiones del gobernador como para dirimir los pleitos entre los vecinos. Desde su llegada a la Audiencia, el presidente había querido cerciorarse de primera mano sobre la calidad de las minas “...para que si Dios descubriese riqueza se diese aviso a vuestra Majestad y
el mundo la supiese, que así acudirían los que tienen posible96.” Con tal idea en mente, el 22 de junio de 1579 García de Valverde creó la Alcaldía Mayor de Minas de Honduras, nombrando como primer alcalde al Alguacil Mayor de la Audiencia Juan de la Cueva97. La jurisdicción de la Alcaldía Mayor abarcaba los asientos de minas y cerca de 41 pueblos indígenas, 19 de ellos del partido de Comayagua y los restantes de la provincia de Guatemala. Entre los territorios guatemaltecos comprendidos en la nueva Alcaldía Mayor estaba Jerez de la Frontera de la Choluteca, una antigua Villa de españoles en cuyos términos se encontraban 19 de los citados pueblos de indios. Aunque al principio se contempló incluir dentro de los límites de la Alcaldía Mayor al partido de San Miguel, los primeros documentos sólo hacen alusión a los pueblos de Zapicre, Pasaquina y Apazopo98. La atribución más novedosa del Alcalde Mayor de Minas fue la de repartir indígenas de las encomiendas y regular el trabajo de los obreros nativos, supervisando el cumplimiento de las ordenanzas que prohibían su utilización en las galerías subterráneas o en cualquier otro trabajo que pusiera su vida en peligro. El alcalde repartiría indígenas de los pueblos anteriormente señalados, pero la población nativa disponible era limitada, pues los 19 pueblos de Comayagua sólo tenían 895 tributarios, que sumados a los 683 de Choluteca y a los 67 de Zapicre, Pasaquina y Apazopo99, apenas sumaban 1.645 tributarios para toda la Alcaldía Mayor. En todo caso, el repartimiento de nativos ayudaría a paliar la aguda escasez de obreros padecida por las explotaciones mineras.

61Como era de esperar la decisión del presidente ocasionó enfrentamientos con la gobernación de Honduras, pues limitaba su jurisdicción y las posibilidades de sus funcionarios de participar en las rentas y ganancias asociadas a la minería. Pero también era probable que ocasionase la protesta del cabildo de Comayagua, en cuyos vecinos estaban encomendados buena parte de los pueblos incluidos en la nueva Alcaldía Mayor, y de donde Valverde pretendía efectuar la leva de trabajadores indígenas para las minas. Afortunadamente para la Audiencia, las disputas del gobernador con los mineros debilitó todavía más la posición de Contreras de Guevara, y favoreció las pretensiones de la Audiencia. Inicialmente, los mineros apoyaron la iniciativa de Valverde. Perjudicados por la postura de Contreras de Guevara, exigieron que fuera el Alcalde Mayor de minas quien distribuyera el azogue, emplazando al gobernador a exhibir las cédulas sobre el orden que debía guardarse en la venta del mercurio. Visto el caso en Guatemala, el 22 de septiembre de 1579 la Audiencia adjudicó la distribución del azogue al Alcalde Mayor100. Contreras de Guevara protestó inmediatamente, pues la consolidación de la Alcaldía Mayor limitaba su jurisdicción, y le privaba de los ingresos derivados de la venta del mercurio. El gobernador pidió un traslado del nombramiento de Juan de la Cueva e hizo llegar sus quejas hasta el Consejo de Indias, aduciendo que el salario del Alcalde Mayor constituía un despilfarro de la Real Hacienda101. Pero mientras la disputa subía de tono, se produjo un trascendental descubrimiento.

Tegucigalpa, 1579

62Por octubre de 1579 un incendio limpió las faldas del cerro de Santa Lucía, y la ocasión fue aprovechada por dos vecinos de Comayagua, Juan Moreno y Pedro de Torres, para revisar el abandonado descubrimiento minero. La suerte les favoreció, y los buscadores dieron con una buena veta. Los primeros ensayos fueron alentadores, y las muestras de mineral dieron una ley de cuatro marcos de plata por quintal. La riqueza de la mena animó a los vecinos, pero el éxito de las minas más bien estuvo determinado por la excepcional docilidad de sus metales. Los mineros comprobaron como en menos de un día doce peones apilaban 200 quintales de broza, y el mineral era tan suave que si salía algo grueso bastaba darle con un palo para deshacerlo102.

63Un mineral de fundición suave y de alta ley se acomodaba perfectamente a las posibilidades financieras de los vecinos hondureños, pues no requería ni de tantos brazos para explotarlo ni de la construcción de grandes maquinarias para su procesamiento. Una vez más, la fiebre minera se apoderó de la provincia, pero también del gobernador, que comenzó a valerse de su puesto para formar su propia compañía en el nuevo descubrimiento. Vista la trayectoria de Contreras de Guevara, era de esperarse descubrir su participación en negocios, pese a estar expresamente prohibido que los gobernadores tuviesen tratos y granjerías. Pero la Audiencia no había contado con que el gobernador y el alcalde de minas, nombrado en parte para controlar los excesos de Contreras de Guevara, pudieran llegar a entenderse, como de hecho ya estaba sucediendo. Valverde encomendó el cargo de Alcalde Mayor de minas de Honduras a Don Juan de la Cueva en consideración a su pobreza. Algún investigador ha sugerido la existencia de vínculos familiares entre el nuevo Alcalde Mayor y Don Francisco de la Cueva, una situación que evidenciaría un progresivo fortalecimiento en las minas de la poderosa familia guatemalteca, pero como no se ha aportado ninguna base documental en respaldo de la aseveración citada, será necesario esperar el descubrimiento de pruebas que la confirmen o refuten103. En 1577 Juan de la Cueva se quejó de las escasas rentas percibidas por su puesto de Alguacil Mayor de la Audiencia104, y por ello no debe extrañar que una vez que se le ofreció la posibilidad de hacerse con una fortuna no desaprovechara la ocasión. En su afán por promover la minería, el presidente le había otorgado facultad de repartir indígenas de las encomiendas para paliar la falta de brazos, una de las mayores carencias de las minas. Pero al parecer tal facultad facilitó el acercamiento de Juan de la Cueva con el gobernador Contreras de Guevara, y ambos actuaron en connivencia tanto para explotar a los nativos,
como en el intento de apoderarse de algunas de las mejores minas de la zona105.

64Ni Contreras ni De la Cueva actuaron con mesura, y su proceder enfureció a unos vecinos que los acusaron ante la Audiencia. La gravedad de las acusaciones impulsó al presidente Valverde a incoar una residencia contra el Alcalde Mayor, y para perpetrarla recurrió a un sobrino político suyo, Juan Cisneros de Reinoso106. Juan Cisneros llegó a Tegucigalpa el 24 de diciembre de 1580, y tras deponer a Juan de la Cueva inició su juicio de residencia.

65El proceso evidenció una vez más la participación de funcionarios de la Corona en las compañías mineras como una práctica bastante corriente en la provincia. El Alguacil Mayor de Honduras tenía hecha compañía con el gobernador Contreras de Guevara, y a la vez era dueño de otros yacimientos. También el tesorero Juan de Bustillo era socio de otra importante compañía minera. Pero el caso más insólito era el del propio Alcalde Mayor Juan de la Cueva, pues había emancipado a su hijo de 13 años para poner a su nombre varias minas y un ingenio107. Sorprendentemente los miembros de la Audiencia aparentaron desconocer los nexos de los funcionarios reales hondureños con la industria extractiva, pues la trayectoria minera de algunos de ellos, como la del tesorero Bustillo, era larga y de sobra conocida. También era voz pública la participación de Diego de Herrera y del Licenciado Ortiz,
antiguos gobernadores de la provincia, en otras compañías, pues desde hacía tiempo figuraban como dueños de ingenios y minas. En apariencia las acusaciones contra los oficiales reales se inscribieron en un contexto de lucha entre la audiencia sobre la gobernación, donde el presidente y oidores llevaban consigo todas las de ganar.

Contreras y Herrera enjuiciados

66Tampoco puede obviarse que en buena medida el enfrentamiento se agravó debido a la tenacidad de un presidente decidido a imponer la autoridad de la Audiencia sobre las gobernaciones sujetas. En efecto, durante su mandato Valverde nunca dudo en prender y procesar a sus subordinados cuando consideró haber motivos suficientes. Y así fue como actuó contra Contreras de Guevara cuando lo acusó de no haber socorrido a los puertos de El Caribe con motivo de un ataque pirático, y consiguió la expedición de una cédula por parte del Consejo de Indias para obligar al gobernador a acudir a Guatemala a responder por sus acusaciones.108 Contreras de Guevara salió librado con honores del proceso109, pero no corrió igual suerte el exgobernador Diego de Herrera. Enfrentado en un proceso contra el fiscal de la Audiencia, Don Diego se equivocó de estrategia defensiva, y eligió levantar una información en contra del fiscal. La Audiencia defendió a su compañero y consiguió que el Consejo de Indias castigase a Herrera por tal atrevimiento110.

67Al retornar a Honduras, Contreras de Guevara continuó su enfrentamiento con el presidente Valverde y su sobrino Juan Cisneros de Reinoso. Tanto la Audiencia como el gobernador escribieron al Consejo de Indias buscando apoyar sus posiciones. Contreras acusó a Valverde de nepotismo, por poner un sobrino suyo en un cargo de gobierno, con el agravante de haberle adjudicado dos sueldos, pues cobraba uno como Alcalde Mayor de San Salvador y otro como Alcalde Mayor de Tegucigalpa111; y Cisneros replicó acusando a Guevara de tener desatendida a la provincia por estar ocupado en construir su ingenio de minas112.

68El Consejo de Indias apoyó en todo momento al presidente Valverde, y una vez que Guevara hizo entrega de su puesto no volvió a ejercer ningún cargo importante de gobierno. Eventualmente la Corona concedió a Guevara la asignación de una encomienda por sus méritos y servicios y los de sus antepasados113, aunque el gobernador y minero tuvo un final trágico, pues murió asesinado por un sobrino en Guatemala114 el 4 de febrero de 1606. El presidente Valverde logró alcanzar su objetivo. La Alcaldía Mayor de Minas de Honduras se consolidó a pesar de las protestas del gobernador y los oficiales reales, y de un cabildo de Comayagua que tardó en reaccionar en contra del cercenamiento de su jurisdicción115. Pero la bonanza de las minas no duró mucho, las limitaciones técnicas propias de su tiempo, los problemas financieros y la aguda crisis demográfica impidieron laborar adecuadamente algunas de las vetas más ricas. Tegucigalpa continuó creciendo lentamente, amparada en su nuevo papel administrativo y en la suavidad de sus metales. Unas cuantas poblaciones mineras se estancaron. Algunos descubrimientos aportaron efímeras bonanzas. Pero otros yacimientos se fueron apagando paulatinamente, hasta ser completamente abandonados. Al final la Audiencia comprendió que la crisis financiera centroamericana jamás sería superada con la plata de Honduras.

Conclusiones

69La fundación de la Alcaldía Mayor de Minas de Honduras, conocida posteriormente como Alcaldía Mayor de Tegucigalpa, constituye un complejo proceso histórico de organización territorial, donde confluyeron y/o chocaron diversos grupos de poder. La situación económica del istmo impulsó a algunos vecinos económicamente fuertes de Guatemala a intervenir en el destino de los yacimientos de plata. Su participación favoreció la llegada de oficiales expertos en la explotación de las minas y en la construcción de ingenios. Las más grandes haciendas de beneficio estuvieron en manos de los guatemaltecos, así como también algunas de las minas más rentables, por lo que probablemente también absorbieron gran
parte de las ganancias generadas durante el período de mayor productividad.

70Es interesante insistir sobre los antecedentes nobles de los principales capitalistas, Villacreces de la Cueva – Alvarado, y sobre su pertenencia a la oligarquía de Santiago de Guatemala, demostrando que aunque la sociedad colonial no era un calco de la sociedad ibérica, por lo menos la Corona si favorecía el ascenso de los grupos pertenecientes al estamento noble dotándolos de rentas acordes a su linaje. La capacidad económica adquirida por estos grupos les proporcionaba una cuota de poder gozada por pocos colonos españoles en el Nuevo Mundo. En contrapartida la pobreza generalizada de los vecinos de Honduras determinó su configuración como un grupo económicamente débil, y por lo tanto vulnerable a las injerencias de las elites foráneas. La catástrofe demográfica de la población nativa hondureña limitó las posibilidades de acumulación de capital de los colonizadores, españoles de Honduras, y en consecuencia disminuyó su cuota de poder en el contexto de la Audiencia de Guatemala. Dentro de los principales mineros de la provincia ; destacan los funcionarios reales, sobresaliendo el grupo formado por los tres últimos gobernadores de la provincia:

71Diego de Herrera, Alonso Ortíz Delgueta y Alonso Contreras de Guevara. Al grupo anterior debe agregarse el tesorero Juan de Bustillo, dueño de otra importante hacienda de beneficio. Los oficiales reales están en un punto intermedio pues además de la autoridad y poder real, dispusieron de un salario superior a la renta proporcionada por las despobladas encomiendas de Honduras. La cúspide del poder estaba integrada por los oficiales de la Audiencia de Guatemala, un grupo colegiado dotado de la máxima autoridad, y usualmente apoyado por el Consejo de Indias, como se verificó en los casos de enfrentamiento con Alonso Contreras de Guevara y Diego de Herrera. Mientras las minas permanecieron poco productivas, los oficiales de la Audiencia concedieron un amplio margen de independencia a los oficiales de Honduras, pero cuando la producción se incrementó y los funcionarios hondureños interfirieron en la explotación minera, la Audiencia se apresuró a crear una nueva circunscripción administrativa. El grado relativo de autonomía de la Audiencia quedó demostrado cuando el presidente erigió la Alcaldía Mayor de Minas, nombrando Alcalde Mayor y autorizando la repartición de indígenas de las encomiendas entre los mineros, solicitando al Consejo de Indias sólo la ratificación.

72El caso de los dos primeros alcaldes mayores de las minas de Honduras, Don Juan de la Cueva y Juan Cisneros de Reinoso, el primero posiblemente emparentado con los más grandes inversores guatemaltecos en la industria minera hondureña, y el segundo sobrino político del Presidente de la Audiencia, ilustra como los dos grupos más poderosos de Centroamérica ubicaron a familiares suyos en el puesto clave de una industria que se perfilaba como la solución de la economía regional.

73Los razonamientos expuestos permiten proponer que en la Centroamérica de finales del siglo XVI la jerarquía del poder todavía estaba estructurada verticalmente en función de los intereses de la Corona Hispánica, en primer lugar, y en segundo lugar, en la capacidad negociadora de los capitalistas guatemaltecos. Todavía falta demostrar cómo la debilidad económica de algunos sectores facilitó el predominio de los grupos citados. Pero evidentemente el mayor capital de los vecinos de Santiago de Guatemala, y su cercanía a los círculos de poder de una Audiencia afincada en su ciudad, facilitó su predominio frente al resto de provincias centroamericanas. Con el paso del tiempo la elite de Santiago de los Caballeros de Guatemala acumuló más capital y más poder político, abriendo una brecha entre ella y las oligarquías de las restantes gobernaciones que a lo largo de la colonia se fue profundizando cada vez más y más.

74Notas de pie de página

751 AGI, Patronato, 78B, Nº2, R.9: Probanza de Alonso Verdugo Montalvo y de Diego de Manzanares, Honduras-Guatemala, 1587.

762 Service elaboró su tesis en muy buena medidad influenciado por su deseo de rebatir las ideas marxistas imperantes en su época. E. Service, Los orígenes del estado y de la civilización: El proceso de la evolución cultural, 1984, págs. 29-33.

773 M. Harris, Introducción a la Antropología General, 1990, págs. 347-348.

784 M. Harris, Op. Cit., 1990, pág. 340.

795 M. Harris, Op. Cit., pág. 335-340.

806 En el desarrollo del presente trabajo se conservará la acepción de capital manejada por Tilly, incluyendo en él, en su acepción más amplia, “todo recurso mueble tangible, y los derechos exigibles sobre dichos recursos.” Ch. Tilly, Coerción, capital y los estados europeos 990-1990, 1992, pág. 41.

817 Ch. Tilly, Op. Cit., pág. 40-69.

828 Ch. Tilly, Op. Cit., pág.105.

839 Los datos utilizados en el presente epígrafe relativos a la sociedad española del siglo XVI fueron tomados de H. Kamen, Una sociedad conflictiva: España, 1469 – 1714, 1983, págs. 173 – 186.

8410 La sociedad española de la época evolucionaba lentamente de la antecedente sociedad feudal, de la que todavía conservaba numerosos rasgos, entre ellos la percepción de rentas como uno de sus objetivos primordiales. Para ampliar la información sobre las características del feudalismo, así como las causas de su disolución ver E. Hobsbawm, Formaciones Económicas Precapitalistas, 1979, págs. 49-55.

8511 El proceso de exclusión de los colonizadores de los principales puestos de gobierno de las colonias ha llevado a hablar a algunos historiadores de “segunda conquista”, o bien, como lo definió el norteamericano John Leddy Phelan, como “conquista Burocrática”. Para profundizar más en el proceso señalado ver S. Webre, “Poder e ideología: La consolidación del Sistema Colonial”, en J. Pinto Soria (editor), Historia General de Centroamérica, 1994, Tomo II, Capítulo 3.

8612 Salvador Rodríguez señala que en la provincia de Guatemala las actividades manuales eran hechas por los indígenas, fueran libres o esclavos, y que los españoles en su mayoría eran hidalgos o vivían como tales. S. Rodríguez Becerra, Encomienda y Conquista, los Inicios de la Colonización en Guatemala, Sevilla, 1977. La exoneración del pago de un tributo o pecho y la percepción de una renta de las encomiendas contribuían a alimentar esa ficción de nobleza del encomendero, sin embargo la sucesión de la encomienda estaba sujeta a la aprobación de la Corona, y el encomendero solía estar obligado a residir en el pueblo donde tenía su encomienda. Estas y otras circunstancias delinean a la figura del encomendero como una especie de caricatura nobiliaria, concedida por la Corona para arraigar a los conquistadores y sus descendientes a la tierra.

8713 Linda Newson, El costo de la Conquista, 1992, pág. 163.

8814 J. Reina Valenzuela, Tegucigalpa Síntesis Histórica, Tomo I, pág. 16.

8915 AGI, Guatemala, 39, R.9, Nº 42, Carta del Gobernador de Honduras a S. M., Santiago de Guatemala, 30 de marzo de 1580.

9016 El proceso de creación de la Alcaldía Mayor de Minas de Honduras ya ha sido abordado en diversos estudios, entre ellos los de José Reina Valenzuela, Mario Felipe Martínez Castillo, Linda Newson y otros investigadores.

9117 A. W. Wonderley, Excavations at Naco, Honduras, 1982, pág. 23.

9218 AGI, Patronato, 182, R.43. Relación de las rentas que su majestad tiene en las provincias de Guatemala, Honduras y Nicaragua, sin autor ni data. Cuentas de 1574.

9319 AGI, Patronato, 182, R. 46, Parecer del Licenciado Arteaga Mendiola, fiscal de su Majestad en la Real Audiencia de Guatemala, que dio por mandado del muy ilustre señor Licenciado Juan de Obando, visitador del Consejo Real de Indias, Santiago de Guatemala, 1574.

9420 AGI, Guatemala, 402, L.2, Real Cédula al Presidente y Oidores de la Audiencia Y Chancillería Real de los Confines, dada en Valladolid a 5 de diciembre de 1544. Desde esa fecha el salario de los oficiales de la provincia se aumentó a 200,000 maravedíes, en compensación de la prohibición de que dispusiesen de encomiendas.

9521 AGI, Contaduría, legajo 989, años 1578-1593.

9622 AGI, Contaduría, legajo 989, años 1578-1593.

9723 La Audiencia de los Confines, de la que dependía la provincia de Honduras, fue creado en 1542 junto con la Leyes Nuevas. Para ampliar información sobre su origen y jurisdicción de la Audiencia ver S. Webre, Op. Cit., pp.154-157.

9824 Todos los datos relativos a Don Diego de Manzanares proceden de, a menos que se indique lo contrario, AGI, Patronato, 78B, N.2, R.9, Probanza de Alonso Verdugo Montalvo y la de su suegro Don Diego de Manzanares, Comayagua y Santiago de Guatemala, 1569-1587.

9925 AGI, Patronato, 182, R. 57, Información de las minas de la provincia de Honduras y de su calidad y posible de los mineros y del socorro que habrán menester hecha por el Alcalde Mayor de ellas, Comayagua Tegucigalpa, 17 de febrero de 1581.

10026 Las ordenanzas reales establecían que para conservar la propiedad de un yacimiento su dueño debía de poblar las minas y ponerlas en tres estados de profundidad en el término de tres meses. AGI, Guatemala, 10, R.7, N.75, Carta del Presidente de la Audiencia a Su Majestad, Santiago de Guatemala, 30 de marzo de 1580.

10127 Los tres pueblos encomendados a Manzanares redujeron su número de tributarios de cerca de 260 que se tasaron en 1549 a unos 98 tributarios en 1582. Ver AGI, Guatemala, 128, Tasación de los tributos de Santa María del Valle de Comayagua, Presidente y Oidores de la Audiencia y Chancillería Real de los Confines, San Salvador, 1549; A. Contreras y Guevara, Relación hecha a su Majestad por el gobernador de Honduras, de todos los pueblos de dicha gobernación, Comayagua, 1582, en H. Leyva, Documentos Coloniales de Honduras, 1991, pág. 60.

10228 AGI, Guatemala, 44B, Nº 51, Carta del cabildo de San Pedro a su Majestad, San Pedro de Puerto Caballos, 1539. Los vecinos solicitaron que se anulase tal prohibición, sugiriendo que de no hacerse desampararían la provincia.

10329 AGI, Guatemala, 402, L. 2, Carta de su Majestad al Lic. Herrera, Madrid, 5 de julio de 1546.

10430 AGI, Guatemala, 402, L. 3, Real Provisión prohibiendo que ninguna persona que tuviere indios los eche a las minas, Valladolid, 22 de febrero de 1549.

10531 SHERMAN, W. L., Forced Native Labor in Sixteenth Century Central America, 1979, págs. 232-233.

10632 AGI, Guatemala, 402, L.3, Real Cédula al Gobernador de la Provincia de Honduras, Valladolid, 27 de noviembre de 1553.

10733 AGI, Guatemala, 44b, Nº 52, Carta del Cabildo de San Pedro a su Majestad, San Pedro, 1º de abril de 1576.

10834 AGI, Guatemala, 43, Nº 83, Carta del Cabildo de Comayagua a Su Majestad, Comayagua, 15 de marzo de 1574.

10935 Ver E. Aguiluz Milla, Iglesia y Sociedad Colonial en Honduras, 1994, pág. 123-149.

11036 AGI, Guatemala, 393, L.3, Carta de su Majestad al gobernador Cerrato, Valladolid, 30 de abril de 1549; AGI, Guatemala, 402, L.3, Carta de su Majestad a los oficiales de Honduras, Valladolid, 29 de mayo de 1559.

11137 AGI, Guatemala, 10, R. 1, Nº5, Carta del Gobernador de Honduras a su Majestad, Comayagua, marzo de 1574.

11238 RAHM, 9/4663 Nº15, Relación y parecer de Don Francisco de Valverde sobre la mudanza de la navegación de Nombre de Dios a Puerto de Caballos, Trujillo, 24 de agosto de 1590.

11339 J. Sánchez Gómez, Minería y metalurgia en la Edad Moderna, 1997, pág. 18.

11440AGI, Guatemala, 10, R.1, Nº 5, Carta del gobernador de Honduras a su Majestad, Comayagua, marzo de 1574.

11541 J. Sánchez Gómez, Op. Cit., págs. 48-50.

11642 AGI, Guatemala, 10, R. 1, Nº 5, Carta del Gobernador de Honduras a su Majestad, Comayagua, marzo de 1574.

11743 RAHM, 9/4663, Nº 15, Relación y parecer de Don Francisco de Valverde sobre la mudanza de la navegación de Nombre de Dios a Puerto Caballos, Trujillo, 24 de agosto de 1590.

11844 P. Bakewell, Minería y Sociedad en el México Colonial Zacatecas 1546-1700, 1976, pág. 237.

11945AGI, Guatemala, 10, R.1, Nº10, Carta del Presidente de la Audiencia a Su Majestad, Santiago de Guatemala, 15 de octubre de 1574.

12046 P. Bakewell, Technological Change in Potosi: the silver boom of the 1570’s, 1977, pág. 70.

12147 AGI, Guatemala, 10, R. 1, Nº 5, Carta del Gobernador de Honduras a su Majestad, Comayagua, marzo de 1574; AGI, Guatemala, 44b, Nº 52, Carta del Cabildo de San Pedro a su Majestad, San Pedro, 1º de
abril de 1576.

12248 AGI, Patronato, 182, R.43, Relación de la renta que su Majestad tiene en las provincias de Guatemala y Honduras y Nicaragua, sin data ni fecha, correspondiente al año de 1574.

12349 AGI, Guatemala, 402, L.3, Real Cédula al Presidente y Oidores de la Audiencia de los Confines, Madrid, 31 de mayo de 1552.

12450 AGI, Guatemala, 9b, R.12, Nº 74, Carta del presidente de la Audiencia de Guatemala a su Majestad, Santiago de Guatemala, 10 de octubre de 1573.

12551 AGI, Patronato, 20, Nº 4, R.6, Acta de fundación de San Pedro Puerto Caballos, 27 de junio de 1536. Documento reproducido ya en diversas ocasiones.

12652 El entusiasmo del gobernador por Guazucarán queda patente en una carta que remitió al Consejo de Indias, en la que aseguraba que la riqueza de las minas era tan grande “...que si entran muchos millones de esclavos a labrar en ellas muchos millones de años hay metal para todo…” AGI, Guatemala, 10, R.1, Nº 5, Carta del Gobernador de Honduras a su Majestad, Comayagua, marzo de 1574.

12753 AGI, Guatemala, 44b, Nº 52, Carta del Cabildo de San Pedro a su Majestad, San Pedro Puerto Caballos, 13 de abril de 1582.

12854 W. Kramer, W. G. Lowell y Ch. H. Lutz, “La Conquista Española de Centroamérica”, en J. C. Pinto Soria (Editor), Historia General de Centroamérica, 1994, Tomo II, págs. 74-75.

12955 M. Macleod, Op. Cit., 1980, págs. 78 – 82.

13056 AGI, Guatemala, 45, Nº 55, Carta de los oficiales reales de Guatemala a su Majestad, Santiago de Guatemala, 30 de septiembre de 1575.

13157 AGI, Guatemala, 10, R.4, Nº 35, Resumen de una carta del Presidente de la Audiencia de Guatemala del 14 de marzo de 1577.

13258 AGI, Guatemala, 44b, Nº 52, Carta del Cabildo de San Pedro a su Majestad, San Pedro Puerto Caballos, 13 de abril de 1582.

13359 La primera referencia de la época a la construcción de ingenios data de ese año, especificando que se construyeron dos molinos de mulas. AGI, Guatemala, 10, R.1, Nº 10, Carta del Presidente de la Audiencia a su Majestad, Santiago de Guatemala, 15 de octubre de 1574; AGI, Guatemala, 44b, Nº 52, Carta del Cabildo de San Pedro a su Majestad, San Pedro de Puerto Caballos, 1 de abril de 1576; AGI, Patronato, 78b, Nº 2, R.9, Probanza de méritos y servicios de Alonso Verdugo Montalvo y la de su suegro Don Diego de Manzanares, Comayagua, Santiago de Guatemala, 1569-1587.

13460 B. Díaz del Castillo, Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, Tomo II, págs. 412 – 414.

13561 A. Recinos, Op. Cit, pág. 17.

13662 AGI, Indiferente, 417, L. 1: Capitulaciones con Pedro de Alvarado sobre la Provincia de Poniente en la Mar del Sur, Valladolid, 1538.

13763 AGI, Guatemala, 1, Nº 4, La forma en que parece se podría dividir el repartimiento que vacó en Guatemala por Doña Leonor de Alvarado entre tres hijos que quedaron, Madrid, 2 de octubre de 1586.

13864 H. Keniston, Francisco de los Cobos secretario de Carlos V, 1980, págs. 102 –103.

13965 J. De Atienza, Diccionario Nobiliario, 1954, pág. 327.

14066 A. Recinos, Doña Leonor de Alvarado, 1958, pág. 39.

14167 AGI, Guatemala, 1, Nº 4, La forma en que parece se podría dividir el repartimiento que vacó en Guatemala por Doña Leonor de Alvarado entre tres hijos que quedaron, Madrid, 2 de octubre de 1586.

14268 AGI, Guatemala, 1, Nº 4, _La forma en que parece se podría dividir el repartimiento que vacó en Guatemala por Doña Leonor de Alvarado entre tres hijos que quedaron8, Madrid, 2 de octubre de 1586.

14369 A menos que se indique lo contrario, los datos relativos a Alonso Verdugo y a Francisco de Coto provienen de AGI, Patronato, 78b, Nº 2, R.9, Probanza de méritos y servicios de Alonso Verdugo Montalvo y la de su suegro Don Diego de Manzanares, Comayagua y Santiago de Guatemala, 1569-1587.

14470 AGI, Indiferente, 2060, Nº34, Expediente de Diego Juárez, Sevilla, sin fecha.

14571 AGI, Guatemala, 44b, Nº 52, Carta del Cabildo de San Pedro a su Majestad, San pedro de Puerto Caballos, 1 de abril de 1576.

14672 J. Reina Valenzuela, Op. Cit., 1981, Tomo I, pág. 16.

14773 AGI, Guatemala, 43, Nº 86, Información hecha ante la justicia ordinaria de Valladolid a pedimiento de Melchor de Fúnez…en razón de las minas…etc., Valladolid del Valle de Comayagua, 1576.

14874 A comienzos de 1579 ya se habla de este mineral. AGI, Guatemala, 43, Nº 89, Información secreta sobre las minas de Comayagua hecha a petición de los mineros de Comayagua, Santiago de Guatemala, 6 de marzo de 1579.

14975 AGI, Guatemala, 39, R.9, Nº 42, Relación y descripción que Alonso Contreras de Guevara gobernador de la provincia de Honduras envía a su Majestad y a su Real Consejo de Indias del nuevo descubrimiento de minas que de un año a esta parte se han descubierto junto y dos leguas del pueblo de Tegucigalpa doce leguas de Comayagua de la Provincia de Honduras, Santiago de Guatemala, 30 de marzo de
1580.

15076 J. Reina Valenzuela, Tegucigalpa síntesis histórica, 1980, Tomo I, pág. 16.

15177 AGI, Guatemala, 43, Nº 86, Información hecha ante la justicia ordinaria de Valladolid a pedimento de melchor de Fúnez…en razón de las minas…etc., Comayagua, 27 de marzo de 1576; AGI, Guatemala, 43, Nº 87, Carta del cabildo de Comayagua a su Majestad, Comayagua, 29 de marzo de 1577.

15278 A. Contreras de Guevara, Relación hecha a su Majestad por el gobernador de Honduras de todos los pueblos de dicha gobernación, Comayagua, 20 de abril de 1582, en H. Leyva, Documentos Coloniales de Honduras, 1991, pág. 59.

15379 AGI, Guatemala, 43, Nº 86, Información hecha ante la justicia ordinaria de Valladolid a pedimento de melchor de Fúnez…en razón de las minas…etc., Comayagua, 27 de marzo de 1576.

15480 A. Contreras de Guevara, Relación hecha a su Majestad por el gobernador de Honduras de todos los pueblos de dicha gobernación, Comayagua, 20 de abril de 1582, en H. Leyva, Documentos Coloniales de Honduras, 1991, pág. 60.

15581 AGI, Guatemala, 43, Nº 86, Información hecha ante la justicia ordinaria de Valladolid a pedimento de melchor de Fúnez…en razón de las minas…etc., Comayagua, 27 de marzo de 1576.

15682 AGI, Contaduría, 989, Cuentas de Juan de Bustillo y Francisco Romero, Comayagua, 1582.

15783 J. Reina Valenzuela, Op. Cit., 1981, Tomo I, pág. 16.

15884 Udo. Grub Ludwig, Diccionario Genealógico, obra inédita, Tomo I, pág. 189; AGI, Patronato, Nº 63, R.22, Probanza de Alonso de Cáceres, Comayagua, 1623.

15985 AGI, Guatemala, 128, Tasación de los tributos de Santa María del Valle de Comayagua, Presidente y Oidores de la Audiencia y Chancillería Real de los Confines, San Salvador, 1549.

16086 A. Contreras de Guevara, Relación hecha a su Majestad por el gobernador de Honduras de todos los pueblos de dicha gobernación, Comayagua, 20 de abril de 1582, en H. Leyva, _Documentos Coloniales de
Honduras_, 1991, pág. 60.

16187 AGI, Guatemala, 43, Nº 89, Información secreta sobre las minas de Comayagua hecha a petición de los mineros de Comayagua, Santiago de Guatemala, 6 de marzo de 1579.

16288 AGI, Guadalajara, 46, Nº 16, Información de Alonso Contreras de Guevara, Guadalajara, 4 de diciembre de 1571; U. Grub Ludwig, Op. Cit., págs. 196.

163fn.89. AGI, Contratación, 5788, L.1, fls.89r-90v., Real Provisión nombrando a Alonso Contreras de Guevara gobernador de la provincia de Honduras, 26 de noviembre de 1576.

16490 AGI, Contratación, 5223, Licencia para pasar a Honduras como gobernador a Alonso Contreras y Guevara, 14 de mayo de 1576.

16591 AGI, Escribanía, 332b, El fiscal con Alonso Contreras de Guevara por exceso de salario, 1579.

16692 AGI, Guatemala, 45, Nº 62, Carta de los oficiales de la Audiencia a su Majestad, Santiago de Guatemala, 16 de marzo de 1577; AGI, Guatemala, 43, Nº 87, Carta del Cabildo de Comayagua a su Majestad, Comayagua, 29 de marzo de 1577.

16793 AGI, Contaduría, 989, Cuentas de Pedro Romero y Juan de Bustillo, Comayagua, 1579.

16894 Pelegrí Pedrosa, L. V.: Los Capitales Indianos y el Crédito Moderno: Extremadura en los Siglos XVI y XVII, 1997, pág. 76.

16995 AGI, Guatemala, 45, Nº 69, Carta de los oficiales Reales de Guatemala a su Majestad, Santiago de Guatemala, 30 de marzo de 1581.

17096 AGI, Guatemala, 10, R.7, Nº 75, Carta del Presidente de la Audiencia de Guatemala a su Majestad, Santiago de Guatemala, 30 de marzo de 1580.

17197 J. Reina Valenzuela, Op. Cit., Tomo I, pág. 22.

17298 Reina Valenzuela, J.: Tegucigalpa Síntesis Histórica, Tomo I, 1981, págs. 29-31. En los términos del pueblo de Apazopo se encontraba otra famosa mina de plata.

17399 Citados en el documento de Valverde como Caperique, Paquina y Apacopo. RAHM, 9/4663, Nº 15, Relación y parecer de Don Francisco de Valverde sobre la Mudanza de la Navegación de Nombre de Dios a Puerto
Caballos, Trujillo, 24 de agosto de 1590.

174100 AGI, Contaduría, 989, Cuentas de Pedro Romero y Juan de Bustillo, Comayagua, 1579.

175101 AGI, Guatemala, 56, Testimonio de la contradicción que el gobernador de Honduras hizo al nuevo oficio de Alcalde Mayor de minas que el Presidente de Guatemala instituyó en aquella provincia, Guatemala, 24 de septiembre de 1579. Publicado por M. F. Martínez Castillo en Documentos Historia de Honduras, 1983.

176102AGI, Guatemala, 39, R.9, Nº 42, Relación y descripción que Alonso Contreras de Guevara gobernador de la provincia de Honduras envía a su Majestad y a su Real Consejo de Indias del nuevo descubrimiento de minas que de un año a esta parte se han descubierto junto y dos leguas del pueblo de Tegucigalpa doce leguas de Comayagua de la Provincia de Honduras, Santiago de Guatemala, 30 de marzo de 1580.

177103 J. Reina Valenzuela, Op. Cit., pág. 28.

178104 AGI, Guatemala, 114, Nº7, Información de Juan de la Cueva, Santiago de Guatemala, 1577.

179105 J. Reina Valenzuela, Op. Cit., pág. 28.

180106AGI, Guatemala, 78, Nº37, Provisión Real para tomar residencia a Juan de la Cueva y a sus tenientes y oficiales, y título de Alcalde Mayor a Juan Cisneros de Reinoso, Comayagua Tegucigalpa, traslado del 8 de abril de 1581. Documento ya utilizado por varios autores, entre ellos, J. Reina Valenzuela en su obra ya citada.

181107 AGI, Guatemala, 10, R.8, Nº85, Carta de la Audiencia de Guatemala a su Majestad, Santiago de Guatemala a 25 de marzo de 1581; AGI, Guatemala,10, R.8, Nº84, _Carta del fiscal de la Audiencia a su
Majestad_, Santiago de Guatemala, 25 de marzo de 1581.

182108 AGI, Guatemala, 39, R.9, Nº 42, Relación y descripción que Alonso Contreras de Guevara gobernador de la provincia de Honduras envía a su Majestad y a su Real Consejo de Indias del nuevo descubrimiento de minas que de un año a esta parte se han descubierto junto y dos leguas del pueblo de Tegucigalpa doce leguas de Comayagua de la Provincia de Honduras, Santiago de Guatemala, 30 de marzo de 1580.

183109 AGI, Guatemala, 10, R.8, Nº 85, Carta de la Audiencia de Guatemala a su Majestad, Guatemala, 25 de marzo de 1581.

184110 AGI, Guatemala, 10, R.8, Nº 84, Carta del fiscal de la Audiencia de Guatemala a su Majestad, Santiago de Guatemala, 25 de marzo de 1581.

185111 AGI, Guatemala, 56, Información hecha por el gobernador de la provincia de Honduras por cédula real de su Majestad sobre quien provee las alcaldías mayores y corregimientos y otros oficios de esta provincia, con que salario y jurisdicción y de donde se paga, Comayagua, 9 de abril de 1582.

186112 AGI, Guatemala, 56, Memorial para la Cesárea Real Majestad del Rey Don Felipe nuestro señor y su Real Consejo de Indias de su visitador Juan Cisneros Reinoso, Sin data ni fecha. 1583.

187113 AGI, Guatemala, 1, Carta del Consejo de Indias a su Majestad, Valladolid, 7 de febrero de 1602.

188114 Udo Grub Ludwig, Op. Cit., pág. 196.

189115 J. Reina Valenzuela, Op. Cit., págs. 31-32.

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196GRUB LUDWIG, U., Diccionario Genealógico, Tomo I, Obra Inédita.

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202NEWSON, Linda., El Costo de la Conquista, Editorial Guaymuras, Tegucigalpa, 1992.

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205REINA VALENZUELA, J., Tegucigalpa Síntesis Histórica, Tomo I, Consejo Metropolitano del Distrito Central, Tegucigalpa, 1981.

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210TILLY, Ch., Coerción, Capital y los Estados Europeos 990 –1990, Alianza Editorial, Madrid, 1992.

211WEBRE, S.: “Poder e Ideología: La Consolidación del Sistema Colonial”, en PINTO SORIA, J. (Editor): Historia General de Centroamérica, Tomo II, FLACSO, Costa Rica, 1994.

212WONDERLEY, A., Excavations at Naco, Honduras, Cornell University, New York, 1982

Documentos

213Abreviaturas de archivos utilizadas en este trabajo:

214AGI: Archivo General de Indias de Sevilla.

215RAHM: Real Academia de la Historia de Madrid.

216ARCHIVO GENERAL DE INDIAS

Sección Contaduría

217989, Caja Real de Comayagua, cuentas de 1577 a 1593
989, Cuentas de Pedro Romero y de Juan de Bustillo, Comayagua, 1582

Sección Contratación

2185223: Licencia para pasar a Honduras como gobernador a Alonso Contreras de Guevara, Gobernador de la provincia de Honduras, 14 de mayo de 1576.
5788, L.1: Nombramiento de Alonso Contreras de Guevara gobernador de Honduras, 26 de noviembre de 1588.

219H5. Sección Escribanía de Cámara

220332b, El fiscal con Alonso Contreras de Guevara por exceso de salario, 1579.

221H5. Sección Guadalajara

22246, N.16: Información de Alonso Contreras de Guevara, Guadalajara, 4 de diciembre de 1571.

Sección Guatemala

2231, Nº4: La forma en que parece se podría dividir el repartimiento que vacó en Guatemala por Doña Leonor de Alvarado entre tres hijos que quedaron, Madrid, 2 de octubre de 1586.
1, sin número: Consulta del Consejo de Indias a S.M., Valladolid, 7 de febrero de 1602.
9b, R.12, Nº74: Carta del presidente de la Audiencia de Guatemala a S.M., Guatemala, 10 de octubre de 1573.
9b, R.12, Nº75: Carta de los oidores de la Audiencia a S.M., Guatemala, 22 de octubre de 1573.
10, R.1, Nº5: Carta del Gobernador de Honduras a S.M., Comayagua, marzo de 1574.
10, R.1, Nº10: Carta del presidente de la Audiencia a S.M., Guatemala, 15 de octubre de 1574.
10, R.4, Nº35: Resumen de una carta del presidente de la Audiencia de Guatemala, del 14 de marzo de 1577.
10, R.7, Nº75: Carta del Presidente de la Audiencia a S.M., Guatemala, 30 de marzo de 1580.
10, R.8, Nº84: Carta del fiscal de la Audiencia de Guatemala a S.M., Guatemala, 25 de marzo de 1581.
10, R.8, Nº85: Carta de la Audiencia de Guatemala a S. M., Guatemala, 25 de marzo de 1581.
39, R.9, Nº42: Carta del gobernador de Honduras a S. M., Guatemala, 30 de marzo de 1580.
43, Nº83: Carta del Cabildo de Comayagua a S.M., Comayagua, 15 de marzo de 1574.
43, Nº86: Información hecha ante la justicia ordinaria de Valladolid a pedimento de Melchor de Fúnez…en razón de las minas…etc., Valladolid del Valle de Comayagua, 1576.
43, Nº87: Carta del Cabildo de Comayagua a S.M., Comayagua, 29 de marzo de 1577.
43, Nº89: Información secreta sobre las minas de Comayagua hecha a petición de los mineros de Comayagua, Guatemala, 6 de marzo de 1579.
44b, Nº51: Carta del Cabildo de San Pedro a S.M., San Pedro de Puerto Caballos, 1539.
44b, N.52.: Carta del Cabildo de San Pedro a S. M., San Pedro Puerto Caballos, 13 de abril de 1582.
45, N.55: Carta de los oficiales reales de Guatemala a S. M., Guatemala, 30 de septiembre de 1575.
45, Nº62: Carta de los oficiales de la Audiencia a S.M., Guatemala, 16 de marzo de 1577.
45, Nº69: Carta de los oficiales reales de Guatemala a S.M., Guatemala 30 de marzo de 1581.
56, Información hecha por el gobernador de la provincia de Honduras por real cédula de S.M. sobre quién provee las Alcaldía Mayoress mayores y corregimientos y otros oficios de esta provincia, con que salario y jurisdicción y de donde se paga, Comayagua, 9 de abril de 1582.
56, Memorial para la Cesárea Real Majestad del rey Don Felipe nuestro señor y su Real Consejo de Indias de su visitador Juan Cisneros Reinoso, sin data ni fecha. Visto en el Consejo de Indias en 1583.
78, Nº37: Real provisión en la que se ordena tomar residencia a Juan de la Cueva y a sus tenientes y oficiales, y título de Alcalde Mayor a Juan Cisneros de Reinoso, Guatemala y Comayagua Tegucigalpa, traslado del 8 de abril de de 1581.
114, Nº7: Información de Juan de la Cueva, Guatemala, 1577.
128: Tasación de los tributarios de Santa María del Valle de Comayagua, San Salvador, 1549.
393, L.3: Carta de S.M. al Presidente de la Audiencia de Guatemala, Valladolid, 30 de abril de 1549.
402, L.2: Real Cédula al Presidente y Oidores de la Audiencia y Chancillería Real de los Confines,
Valladolid, a 5 de diciembre de 1544.
402, L.2: Carta de S.M. al Lic. Herrera, Madrid, 5 de julio 1546.
402, L.3: Real prohibiendo que ninguna persona que tuviere indios los eche a las minas, Valladolid, a 22 de febrero de 1549.
402, L.3: Real Cédula al Presidente y Oidores de la Audiencia de los Confines, Madrid, 31 de mayo de 1552
402, L.3: Real Cédula al Gobernador de la Provincia de Honduras, Valladolid, 27 de noviembre de 1553.
402, L.3: Carta de S.M. a los Oficiales de Honduras, Valladolid, 29 de mayo de 1559.

Sección Indiferente

224417, L.1: Capitulaciones con Pedro de Alvarado sobre la provincia de poniente en la mar del Sur, Valladolid, 1538.

Sección Patronato

22520, Nº4, R.6: Acta de Fundación de San Pedro Puerto Caballos, San Pedro Puerto Caballos, 27 de junio de 1536.
63, R.22: Probanza de Alonso de Cáceres, Comayagua, 1623.
78b, Nº2, R.9, Probanza de Alonso Verdugo Montalvo y de Diego de Manzanares, Honduras – Guatemala, 1587.
182, R.43: Relación de las rentas que S.M. tiene en las provincias de Guatemala, Honduras y Nicaragua, sin data ni fecha.
182, R.46: Parecer del Licenciado Arteaga de Mendiola, fiscal de S.M. en la Real Audiencia de Guatemala, que dio por mandado del muy ilustre Sr. Licenciado Juan de Obando, Visitador del Consejo Real de Indias, Guatemala, 1574.
182, R.54: Información de las minas de la provincia de Honduras y de su calidad y posible de los mineros y del socorro que habrán menester hecha por el Alcalde Mayor de ellas, Comayagua Tegucigalpa, 17 de febrero de 1581.

Real Academia de la Historia de Madrid

2269/4663 no.15; F. de Valverde y Mercado: Sobre la Mudanza de la Navegación de Nombre de Dios a Puerto Caballos, Trujillo a 24 de agosto de 1590.

Leer el artículo:

Para citar este artículo :

Pastor Gómez, « Minas de plata y conflictos de poder: el origen de la Alcaldía Mayor de Minas de Honduras (1569-1582) », Boletín AFEHC N°15, publicado el 04 diciembre 2005, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=356

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