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AFEHC : articulos : "Whiteness studies" y relatos de viajeros: los costarricenses en las miradas anglosajonas (1844-1868) : "Whiteness studies" y relatos de viajeros: los costarricenses en las miradas anglosajonas (1844-1868)

Ficha n° 3592

Creada: 24 septiembre 2013
Editada: 24 septiembre 2013
Modificada: 21 octubre 2013

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Autor de la ficha:

Ronald SOTO-QUIROS

Editor de la ficha:

Juan Carlos SOLÓRZANO

Publicado en:

ISSN 1954-3891

"Whiteness studies" y relatos de viajeros: los costarricenses en las miradas anglosajonas (1844-1868)

La “blancura” como una característica de la población costarricense en el marco del contexto centroamericano e hispanoamericano ha sido parte de una retórica de larga duración tanto en discursos nacionales como extranjeros. Aún hoy en día este argumento es utilizado con fines xenófobos con respecto a poblaciones inmigrantes o minorías étnicas. En el marco de los recientes whiteness studies o “estudios de la blancura” que buscan desmontar la categoría de “blanco” – y sus consecuentes privilegios- en países como Estados Unidos, Inglaterra, Australia y otros del norte de Europa, tratando de evaluarla como una construcción social histórica, consideramos que también podemos intentar trabajar en ese sentido para el caso costarricense. Para poder contribuir a mejor conocer el ejemplo costarricense, este acercamiento tiene como objetivo específico intentar evaluar cómo se construyó dicha “blancura” en los relatos de viajeros anglosajones entre los años 1844 y 1868, o sea, en un período anterior al boom internacional de las teorías raciales. En otras palabras, intentamos visualizar la construcción de una “blancura” “desde afuera”.
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Palabras claves :
Relatos de viajeros, Whiteness studies, Anglosajón
Autor(es):
Ronald Soto-Quirós
Fecha:
Septiembre de 2013
Texto íntegral:

Introducción

1En términos étnicos, la provincia de Costa Rica presentaba a partir de los años 1750 un panorama donde más del 60% de la población era mestiza, ladina o mulata1. Los indígenas, por su lado, eran un grupo minoritario ya en el siglo XVIII en Costa Rica a pesar de que su número había aumentado en ese siglo. Costa Rica vive un importante proceso de mestizaje como muchos países latinoamericanos. Los estudios han mostrado bien las constantes mezclas étnicas en su capital colonial – Cartago – durante el siglo XVIII2. Se calcula que entre los bautizados mezclados en toda la provincia de Costa Rica entre 1690 y 1821, un total apuntado de 49069, unos 40555 eran mestizos3. Los afrodescendientes también formaban parte del panorama étnico de la Costa Rica colonial4. De hecho, es interesante observar como el héroe nacional, Juan Santamaría, y la virgen patrona nacional de la religión católica del país, “la Negrita”, tienen raíces entre la población de origen africano5.

2A pesar de esta historia étnica de mestizaje, la singularización de los costarricenses en cuanto a su carácter socio-político y sus orígenes étnicos en el marco de la población centroamericana ha sido parte de una retórica constante. La “blancura” de dicha población se ha constituido en uno de los puntos claves de esta supuesta distinción, diferenciación o de ese “excepcionalismo” costarricense.

3En 1986, el historiador norteamericano Lowell Gudmundson explicaba que a pesar de que durante la primera mitad del siglo XIX entre el 10 y el 20 por ciento de la población del altiplano costarricense era de origen africano – descendientes de mulatos, pardos y negros esclavos – hubo un importante y acelerado proceso de “asimilación racial” o “blanqueamiento” de la población de origen afrodescendiente de la época colonial propiciado por el movimiento demográfico, el proceso de ruralización en el país asociado al cultivo del café, el incremento de la mezcla de razas y el crecimiento de la población de origen mestizo6.

4¿Pudo este proceso contribuir a un fenotipo más “claro” en Costa Rica y en una región específica del país –la Meseta Central- que diferenciara una parte de su población al resto de poblaciones en Centroamérica y que permitiera generar ese discurso de “blancura” sobre los costarricenses? La respuesta todavía queda por responder. Probablemente habrá que explorar en los discursos sobre la importancia de “sangre española”, del fenotipo y del color en los finales del período colonial y principios de la época independiente. El mismo Gudmundson señalaba que existía una tendencia de la sociedad iberoamericana a clasificar como “blancos” a los de “color claro” y que hubo en la terminología empleada referencias al color “blanco” o “trigueño” o al pelo “rubio quemado” cuando se hacía referencia a individuos de origen africano7.

5En todo caso, un avance de explicación sobre el discurso o la retórica de la “blancura” costarricense” por lo menos para finales del siglo XIX y principios del siglo XIX se da en el marco de los nuevos estudios constructivistas sobre el nacionalismo y la nación en los años 1990. El historiador canadiense Steven Palmer intenta explicar la “creación” de la idea de una “raza nacional” y la “ficción” de una “raza pura” de costarricenses por los políticos e intelectuales liberales de fines del siglo XIX; en otras palabras, “la representación de una nación históricamente de raza homogénea y, efectivamente, blanca8”.

6El estudios de Palmer – y otros relacionados con sus trabajos – explican la idea de “raza” blanca en Costa Rica a partir del análisis de las narrativas producidas por las élites, sin embargo, la recepción, la elaboración y la intepretación de la vivencia “racial” entre los grupos subalternos no ha sido todavía explorada en el caso costarricense. A pesar de la falta de un análisis concreto de esa transmisión del sentimiento de “blancura” entre los diversos grupos sociales en Costa Rica, es evidente que el mito de “blancura” fue calando y aún persiste.

7De alguna manera, el caso costarricense puede ser una variante del modelo que da Alfred J. López: “el ejemplo de los “no blancos” sin “parecer blancos” pero, sin embargo, “creen que son blancos”, reivindicando superioridad en virtud de su relativa blancura y estableciendo una hegemonía económica y cultural sobre los otros grupos menos privilegiados en terrenos raciales9.” Para Lopéz, este patrón representa el punto de convergencia más relevante entre los whiteness studies (“estudios de la blancura”) y los postcolonial studies (“estudios poscoloniales”).

8Precisamente en este sentido podemos situar el caso costarricense entre los “estudios de la blancura” y, eventualmente, en el marco de los “estudios poscoloniales”. En épocas recientes los“estudios postcoloniales” han permitido conocer la articulación de los modos en que el conocimiento de los países colonizadores han coayudado a elaborar una determinada subjetividad en los colonizadores como la perpetuación de las imágenes de los colonizados como seres inferiores o retrasados10. Un poco más recientemente han surgido los “estudios sobre la blancura” (_whiteness studies_11). Este sector de la investigación, aparecido en los primeros años de la década de 1990 y muy dinámico en los países donde las cuestiones sobre la “raza” son objeto de constante reflexión como en Estados Unidos aunque también en Gran Bretaña, en Australia y África del Sur, intentan deconstruir o desnaturalizar la categoría de “blanco”, evidenciándola como una construcción social histórica y denunciando los privilegios de los cuales se han beneficiado los “blancos12”.

9El caso costarricense y la construcción de una idea de “blancos” puede bien situarse en el estudio de una construcción de “blancura”, sin duda no monolítica, que fue invadiendo la esfera internacional especialmente a partir del siglo XIX. A. J. López indica también que otras de las convergencias de los “estudios postcoloniales” y los “estudios de la blancura” son: “el concepto de blancura como una dominante cultural” y “la historia de la expansión de la blancura hegemónica a través del colonialismo13”. Así, en el caso costarricense, aunque no podemos negar la estrategia dominante de las élites nacionales desde fines del siglo XIX por situar a la población del país en las conductas y colores de lo considerado como “civilizado” en aquella época, consideramos que tuvo un trascendental peso el discurso que se fue tejiendo en la literatura extranjera.

10En efecto y, como lo demuestra nuestro estudio reciente que incluye una gran cantidad de documentos extranjeros (relatos de viajeros, geografías universales, revistas de popularización y científicas de diferentes países, folletos de exposiciones internacionales, etc.) y fuentes estrictamente nacionales (revistas, periódicos, libros de texto, almanaques, folletos turítiscos) para el período de 1821 a 1914, las representaciones o lo que hemos llamado en nuestro ánalisis el “etnotipo costarricense” (endógeno y exógeno) —en otras palabras, el conjunto de representaciones sobre el “carácter” y la “raza” de la población de Costa Rica y considerado como singular por su color y por su temperamento socio-político en el marco centroamericano— apareció desde muy temprano en el período independiente, fue transmitido especialmente por los textos extranjeros y fue consolidado por las élites nacionales. Podemos decir que hubo, de alguna manera, una importante retroalimentación14.

Estudios sobre los costarricenses, los viajeros y la “blancura” en Costa Rica

11Si bien los “estudios postcoloniales” han contribuido a visualizar a los narradores de relatos de viajeros como racistas o imbuidos de una arrogante superioridad sobre los nativos, como lo indica Juan Carlos Solórzano15, el caso costarricense puede permitir una reflexión sobre la “blancura” o whiteness construida en el marco de los viajeros de los países considerados como metrópolis y dueños de imperios, o sea en ese proceso de expansión de la idea de “blancura”. En otras palabras, los relatos de viajeros pueden en nuestro caso particular permitir observar la forja “desde afuera” de la idea de un pueblo periférico como “blanco” y con algunas de las cualidades propias atribuidas a los pueblos considerados como “superiores”.

12Los relatos de viajeros ya habían sido una fuente de referencia para los intelectuales costarricenses desde finales del siglo XIX con el objetivo de contribuir al autoelogio de esa “excepcionalidad” nacional16. En las décadas de 1950 y de 1970, en la tentativa de explicación y caracterización del “ser nacional” costarricense, del “ser tico”, de la “idiosincrasia” costarricense, algunos autores se vuelcan también a los relatos de viajeros como fuentes históricas. Podemos mencionar el trabajo de nacionales como de extranjeros: Luis Barahona con su obra El gran incógnito17 (1953); el artículo “Une République Agraire. Le Costa-Rica” del francés Paul Gache publicado en la Revue de Psychologie des peuples (195918); y los trabajos sobre la democracia en Costa Rica del norteamericano James L. Busey19. En 1977, en una antología sobre la democracia en Costa Rica, Chester Zelaya nos habla de un sello “característico de “lo costarricense”, “lo tico”” y retoma citas de extranjeros que escribieron sobre el país como Stephens, Dunlop, Squier, Wilhelm Marr, Moritz Wagner y Carl Scherzer, Francisco Solano Astaburuaga, Félix Belly y Anthony Trollope20. El autor indica: “son muchas y variadas las razones que se han aducido para explicar el fenómeno de la democracia en Costa Rica. Una de ellas es la que enfatiza en la “pureza” racial del costarricense, en el predominio de “sangre española”, entre la mayoría de la población21.”

13La mención de los viajeros y su relación con la particularidad de Costa Rica en el contexto centroamericano y la idea de “blancura” de la población costarricense se puede apreciar también en trabajos de las últimas décadas realizados por importantes historiadores en lo que concierne la idea de nación y la identidad nacional. En la perspectiva constructivista del nacionalismo y de la nación ya en 1995 el historiador canadiense Steven Palmer, uno de los pioneros de dichos estudios en Costa Rica, señalaba: “Aparte de una pequeña capa de españoles, el resto de la población era mestiza. Por razones que no han sido bien estudiadas, semejantes distinciones oficiales desaparecen con el transcurso de la primera mitad del siglo XIX. Tal vez esto se dio en parte gracias a los ojos de viajeros impresionados, después de viajes por el istmo, por la relativa escasez de población indígena, y la ausencia de agudas divisiones étnicas entre las demás gentes hispanohablantes del Valle Central22.”

14En el objetivo de poder explicar la construcción de una “comunidad imaginada costarricense” también Iván Molina Jiménez en su obra Costarricense por dicha (2002) nos dice: “La oficialización de los costarricenses como una raza “blanca”, a fines del siglo XIX, fue facilitada por la temprana difusión de este tipo de planteamientos, en particular por los viajeros que visitaron el país luego de 1821. El escocés Robert Glasgow Dunlop, ya en 1844, concluía: “los habitantes del Estado de Costa Rica son casi todos blancos, no habiéndose mezclado con los indios como en otras parte de la América española, y los pocos de color han venido sin duda de los Estados vecinos.” ” Molina Jiménez aporta la traducción al castellano de Ricardo Fernández Guardia de la obra del escocés23.

15Por su parte, en un artículo del también historiador costarricense Víctor Hugo Acuña Ortega (2002), el autor nos explica en su búsqueda de los rasgos singularizadores de la población costarricense desde finales del período colonial y comienzos de la época colonial: “Después de 1850, la imagen internacional de Costa Rica como lugar idílico va a ser difundida por la literatura de viajeros […] Los viajeros de la década de 1850 van a insistir en la cuestión de la pureza racial del país. […] De todos modos pareciera que desde mediados de siglo XIX empezó a generalizarse la percepción, por lo menos por parte de los extranjeros, del carácter blanco y europeo de la población costarricense, secreto de sus virtudes. Hacia fines de la década de 1850, la imagen idílica de Costa Rica ya ha alcanzado amplia difusión en el extranjero24.” Acuña Ortega, por su parte, menciona algunos autores extranjeros como Wagner y Scherzer, Squier, Félix Belly, Thomas Meagher, Francisco Solano Astaburuaga y E. Pougin25. David Díaz Arias, siguiendo la perspectiva de Ortega Acuña, indica: “Gracias a la propaganda que en ese sentido también hicieron varios viajeros europeos que pasaron por Costa Rica en esas décadas, a la par de la imagen de pacíficos por naturaleza y de una sociedad sin divisiones y llamada al progreso, creció la de la “homogeneidad de raza” que, en las décadas de 1850 y 1860, se trastocó en la representación de los costarricenses como blancos26.”

16En el marco de esta ola de ideas sobre la nación como una construcción imaginaria, en el campo de la geografía y citando solamente a tres viajeros – Félix Belly , H. Polakowsky y C. Bovallius -, la geógrafa Silvia Meléndez Dobles intenta también demostrar la persistencia de estereotipos sobre los costarricenses y su homogeneidad racial. Meléndez Dobles nos dice:

17“Durante todo el siglo XIX se repitió tanto en los libros de texto como en las Geografías de Costa Rica y en los relatos de viajeros este tipo de comentarios, y con este tipo de estereotipos se educaron muchas generaciones de costarricenses. […] Con respecto al tema de la homogeneidad racial, éste ha sido uno de los pilares básicos del imaginario costarricense. Hay incontables referencias, tanto de viajeros como de descripciones de la población costarricense que destacan el color de la piel de su población. En términos generales se hace referencia a que los habitantes de Costa Rica son predominantemente blancos, por su origen europeo con un fuerte proceso endogámico, poca población indígena nativa, procesos de mestizaje y aislamiento con territorios vecinos27.”

18La historiadora Eugenia Zavaleta Ochoa resume bien la perspectiva téorica sobre la “raza blanca” en Costa Rica en las últimas décadas:

19“[…] desde la primera mitad del siglo XIX, desapareció oficialmente la distinción racial entre la pequeña capa de españoles y el resto de la población mestiza. Ambos grupos fueron designados como “blancos”. Probablemente, los viajeros – después de recorrer el istmo – contribuyeron a crear una imagen, al observar la relativa escasez de pobladores indígenas, y la ausencia de agudas divisiones étnicas entre los hispanoparlantes del Valle Central. A partir de 1880, los liberales costarricenses negaron rotundamente la existencia de una diferenciación racial entre los pobladores del país, e invocaron una raza homogénea.
[…] La supresión del mestizaje y del negro, y la instauración de una raza blanca, se constituyeron en principios legitimadores de la existencia política de la nación costarricense (construcción cultural que los liberales moldearon en el último tercio del siglo XIX). Esta “estrategia” definió una identidad racial del sujeto nacional, es decir, una raza nacional, con la cual se convenció a las clases inferiores que pertenecían a la misma “familia nacional” de los grupos dominantes28.”

20De igual manera, en su estudio sobre la “invención de Costa Rica”, el filósofo costarricense Alexander Jiménez intenta explicar la elaboración del discurso:

21“Desde mediados del siglo XIX, ha existido una tendencia a considerar el sistema político democrático, como un producto de la homogeneidad racial de la población. De esta manera, además de convencer a públicos extranjeros de la pertinencia de la inserción del país en el mercado capitalista mundial – pues la blancura era “imaginada” como garantía laboral, moral y racional – se elabora un anclaje interno convincente para imaginar la comunidad política costarricense29.”

22Es evidente que la literatura de viaje tiene la baza de darnos una visión más global o una visión de conjunto de una sociedad y aporta una serie de datos que a veces son difíciles de hallar en los registros nacionales o que se encuentran muy desperdigados en archivos y bibliotecas. De tal manera, los relatos de viaje, en particular las traducciones hechas por Ricardo Fernández Guardia – difícilmente encontramos trabajos que empleen las fuentes originales – han sido utilizados en diversos estudios históricos para ilustrar múltiples aspectos de la sociedad costarricense (la política, las producciones, el sistema de propiedad, el inmobiliario, el consumo, el medio ambiente, etc30.).

23Sin embargo, cabe destacar que los trabajos sobre viajeros en Costa Rica ha sido en general traducciones o compilaciones que aportan en ocasiones información biográfica sobre los autores. El trabajo pionero de Ricardo Fernández Guardia es editado varias veces desde 1929. La selección de Elías Zeledón Cartín en tres volúmenes retoma traducciones ya realizadas en el pasado31. La obra de recuperación de las traducciones de los viajeros que pasaron por el río Sarapiquí entre 1853 y 1859 realizada bajo la dirección de Raúl Aguilar Piedra32. La importante antología de viajes de Miguel Ángel Pacheco (2001) que incluye algunas traducciones ya realizadas, la traducción de documentos inéditos e informaciones biográficas de autores entre 1850 y 195033.

24También encontramos el interesante trabajo de la compilación de documentos del siglo XIX sobre América Central y publicados en revistas estadounidenses ( Harper’s New Montly, The Atlantic Monthly , Scribner’s Monthly y The Century Illustrated Monthly Magazine ) entre 1854 y 1895 del especialista en literatura británica y norteamericana Juan Carlos Vargas. Un aspecto innovador de esta reproducción de material es la extensa introducción del editor que intenta hacer un balance general de la imagen de América Central en Estados Unidos en ciertos libros y artículos de revistas. Vargas explora los textos como las ilustraciones y trata de mostrar un discurso que considera de orden colonial por la caricaturización, racialización y utilización de estereotipos de individuos y de paisajes34.

25Finalmente, otro interesante trabajo ha sido la traducción completa del relato de viaje del alemán Wilhelm Marr de 1863 bajo la dirección del historiador costarricense Juan Carlos Solórzano Fonseca. La traducción técnica corresponde a Irene Reihold y la introducción es de Solórzano Fonseca. Solórzano Fonseca hace un balance biográfico de Marr y una explicación general de los ejes principales de la obra. Un aspecto importante de esta introducción es la idea de la importancia del contexto histórico de la construcción de los relatos de viaje, la influencia de dicha literatura en las élites políticas y literarias de los países visitados, el valor como elemento para comparación de mentalidades de una época y de diferentes países y como instrumentos de aporte histórico. Solórzano Fonseca nos dice que “es interesante destacar el hecho de que los imagotipos elaborados por el eurocentrismo de los viajeros y escritores del viejo Continente penetraron, a su vez, en América e influyeron en el imaginario nacional -literario de las elites políticas y literarias latinoamericanas, las cuales acentuaron notablemente su visión racista durante el siglo XIX35”.

26Nuestro artículo pretende evaluar el material que aportan algunos viajeros del eje cultural anglosajón – procedentes de diferentes islas británicas en la época de estudio (1844-1868) – sobre las características o peculiaridades de los costarricenses. El trabajo tienen también la intención de no dejar de lado las fuentes originales. Las fuentes originales nos permitirán corroborar posibles diferencias en las traducciones. También nos interesa aquí tratar de conocer un poco más sobre la vida de los autores, de sus producciones y poder establecer una comparación entre los diferentes autores. En particular, nos concentraremos en las apreciaciones de dos figuras importantes de la época: el irlando-norteamericano Thomas Francis Meagher y el inglés Anthony Trollope. Sin embargo, esbozaremos también las percepciones de otros dos viajeros que estuvieron en el país antes y después de estos personajes: el escocés Robert Glasgow Dunlop y el inglés Frederick Boyle36. Se trata además de conocer el pensamiento “racial” y, en particular, la construcción de la “blancura” sobre los costarricenses antes de la época de auge de las teoría raciales en Europa y Estados Unidos.

El caso de los viajeros anglosajones

Una primera visión: Robert Glasgow Dunlop

27En 1847, se publica un volumen sobre América Central del comerciante escocés Robert Glasgow Dunlop (1815-1847). Dunlop había realizado sus estudios en la universidad de Londres. Comienza a trabajar en una casa de la misma ciudad. Dunlop realiza varios viajes a Asia y a Africa y a su regreso a Europa decide partir de nuevo a la América hispánica. Pasa algún tiempo en Perú y en Ecuador y luego se embarca en marzo de 1844 en Guayaquil con dirección a América Central. Llega al puerto de La Unión (Guatemala), luego se dirige a Nicaragua donde visita las ciudades de León y Chinandega y escala el volcán Cosigüina. Del puerto del Realejo (Nicaragua), Dunlop se pone en marcha camino a Puntarenas (Costa Rica). Se queda en Costa Rica tres meses y luego visita Nicaragua y El Salvador. Se establece en Guatemala donde escribe su libro Travels in Central America37. Muere en Guatemala el primero de enero de 1847 justo en el momento de la impresión de su obra y a la edad de 32 años38. Su trabajo no es precisamente un relato de viaje. Según algunas críticas de la época, el documento no es muy literario porque el objetivo de Dunlop es ante todo transmitir la informaciones sobre la región39. Dunlop parece no tener para la construcción del libro ningún otro referente bibliográfico relevante sobre la región. El mismo autor indica en el prefacio:

28“Se compone principalmente de extractos tomados del diario personal del autor y contiene un pequeño esbozo de la historia de la República de Centro América, desde su origen hasta el tiempo presente, así como una descripción de los fenómenos más notables, de los productos, del estado actual de su sociedad, agricultura y comercio. Para escribirlo, el autor no ha tenido a la mano ninguna de las obras que tratan de Centro América; pero esto es lo que menos se debe lamentar, porque las únicas que ha visto publicadas sobre el asunto son simples relatos de viajes rápidos por el país, las cuales, si bien abundan en inexactitudes palpaples no contienen datos estadísticos ni informes útiles de ninguna clase40.”

29El libro pudo haber sido publicado en el primer semestre de 184741.

30 Dunlop llega a Puntarenas el 21 de mayo de 1844 y se queda en el país hasta finales de agosto de 184442. En su obra, el autor indica que la población de Costa Rica puede ser estimada en 85.000 habitantes de los cuales al menos 70.000 son blancos (o sea, un 82,35 %), pocos negros cerca del puerto de Matina (en el Caribe costarricense) y mestizos y sus descendientes llegados de otros estados centroamericanos43. Este aspecto es singular pues Dunlop señala que en América Central hay seis razas diferentes sin olvidar que el mestizaje había producido resultados que a menudo no permitían definir sus rasgos: los descendientes blancos de colonos españoles, los mestizos, los mulatos, los zambos, los nativos o indígenas y los negros africanos44. Dunlop explica que en todos los estados – a excepción de Costa Rica -, la segunda y la quinta clase son las más numerosas45. Dunlop indica también que no notó en Costa Rica un solo indígena46. Finalmente, su caracterización de la población del territorio costarricense es la siguiente:

31“Los habitantes del Estado de Costa Rica son casi todos blancos, no habiéndose mezclado con los indios como en otras partes de la América española, y los pocos de color han venido sin duda de los Estados vecinos. Su carácter difiere mucho del de los habitantes de todas las demás partes de Centro América. Son industriosos, aunque no les gusta el trabajo rudo; cada familia posee una pequeña plantación de café o de caña de azúcar; las clases más bajas se ven muy sencillas en sus costumbres; todos se casan muy jóvenes y no se conoce entre ellos la promiscuidad de los sexos que existe en los demás Estados. La vida y la propiedad están muy seguras, y desde hace cuatro años no ha ocurrido un hecho de sangre. Estado de cosas muy distinto del que existe en los otros Estados, donde los hay casi todos los días y son tan comunes que por lo general no llaman la atención47.”

32 Un etnotipo costarricense es claramente especificado. La excepción étnica de Costa Rica es perceptible igualmente en un pasaje del texto que nos habla de un joven que lo acompaña en su viaje de Puntarenas a San José. Dunlop nos dice: “Me acompañaba un joven, natural del Estado, que venía de Guatemala trayendo artículos de lana manufacturados por valor de algunos miles de pesos. En el país lo llaman “comerciante” pero en Inglaterra le darían el nombre de buhonero. [...] Era un mestizo de tez oscura, cosa rara en ese Estrado48 [sic].” Sin embargo, después de haber expuesto esta primera percepción sobre los costarricenses nos interesa observar la continuidad en el discurso anglosajón al menos en los primeros años anteriores al boom de la teorías raciales modernas en Europa y Estados Unidos.

Los costarricenses según Meagher
Un empresario y militante irlandés

33Thomas Francis Meagher49, nacido en Waterford (provincia de Munster en el sureste de Irlanda) el 3 de agosto de 1823, es el hijo de un político y próspero comerciante irlandés. Es educado en escuelas católicas. En primer lugar, sigue estudios en el Clongowes Wood College en el condado de Kildare, manejado por jesuitas. Deja Irlanda para hacer estudios en Inglaterra en el Stonyhurst College, otra institución de tradición católica jesuita en Lancashire. En 1843, regresa a Irlanda y en 1844, decide establecerse en Dublín con la intención de continuar estudios de derecho.

34Meagher se implica en la Repeal Association con la perspectiva de la abrogación del Acta de Unión de 1800 entre Irlanda e Inglaterra y la restauración de un gobierno propiamente irlandés. Es conocido por su elocuencia y sus dones de orador. Comienza a colocarse lejos de la pespectiva de Daniel O’Connel y su Repeal Association. En enero de 1847, Meagher con John Mitchel, William Smith O’Brien y Devin Thomas Reilly forman una estructura política nueva: la Confederación irlandesa ( Irish Confederation ). Este grupo puede considerarse como la organización política de la Joven Irlanda ( The Young Ireland ) y cuyos miembros son excluidos por O’Connel de su asociación en 1845 por sus posiciones más intransigentes. En 27 de marzo de 1846, Meagher junto con Micthel y O’Brien habían sido arrestados por un mitín de la confederación y acusados de sedición pero Meagher y O’Brien fueron absueltos50.

35El deseo de revuelta o rebelión de este grupo fue causado por la desesperanza de la Gran Hambruna en Irlanda y alentado por el éxito aparente de los movimientos revolucionarios europeos de 1848. Meagher y O’Brien van a Francia para estudiar los acontecimientos revolucionarios. El grupo prepara un levantamiento. Desgraciadamente, el movimiento solamente logra reunir unas cincuenta personas y la revuelta fracasa. El levantamiento en Ballingarry el 30 de julio de 1848 no tiene seguimiento por las masas. La mayoría de los revolucionarios son arrestados y deportados a Australia.

36Meagher es acusado de sedición. Después de varias aventuras es capturado cerca de Rathgannon en agosto de 1848 y condenado a muerte en octubre pero ve su pena conmutada en deportación a vida en la prisión colonia de Van Diemen’s Land, la futura Tasmania. Es enviado a Van Diemen en julio de 1849. En febrero de 1851, Meagher casa con Katherine Bennett. Ayudado por amigos, se fuga en 1852 y logra embarcarse en un barco que sale para los Estados Unidos donde es acogido como un héroe en Nueva York en mayo de 1852. Después de su ida, su mujer – que se había quedado en Australia embarazada da a luz – y el niño muere poco tiempo después. Ella sale de Australia con la intención de regresar a Irlanda y aprovecha para pasar un tiempo en Estados Unidos. Regresa enferma y de nuevo embarazada a Irlanda donde nace un niño pero ella muere en mayo de 1854 y su hijo se queda con allegados de Meagher.

Meagher realiza conferencias a través de los Estados Unidos. Viaja a California en 1854. En 1855, regresa a Nueva York y hace estudios de derecho. En setiembre es admitido como abogado y ejerce esta profesión hasta 1861. Se vuelve a casar en noviembre de 1855 con Elizabeth Townsend, protestante e hija de un eminente miembro de la sociedad neoyorquina. Meagher se vuelve editor del periódico Iris New en Nueva York cuyo primer número sale en abril de 1856 y es mantenido en circulación hasta julio de 1860. En mayo de 1857, Meagher se vuelve ciudadano estadounidense.

37 Al alba de la guerra de secesión (1861-1869), Meagher se enrola en las tropas de la Unión en el 69th New York State Militia, un regimiento de milicia que pertenece a la primera división (tercera brigada) del Ejército de Virginia del Norte. Meagher vive su primera batalla en Manassas. Poco después de la disolución de esta unidad, Meagher tiene la idea de crear una brigada completamente irlandesa con el fin de preparar mejor la independencia de Irlanda. En vísperas de la Navidad de 1861, la brigada ya está bien formada y compuesta por tres regimientos de Nueva York: el 63rd, 69th y 88th Volunteers. El 5 de febrero de 1862, Meagher es nombrado cabo-general de la nueva Iris Brigade que es integrada a la división del general E. Sumner del Ejército de Potomac. La Iris Brigade se distingue en importantes campañas en las cuales participa51.

38Al final de la guerra, Meagher utiliza sus amigos políticos y su reputación personal para lograr un nombramiento como secretario del nuevo territorio de Montana y, más tarde, es gobernador de dicho territorio. En el verano de 1867, Meagher realiza un viaje a Fort Benton en Montana con el fin de ocuparse de una entrega de armas y de municiones para la milicia. En el camino Meagher cae enfermo y decide detenerse seis días para recuperarse. Cuando llega a Fort Benton está todavía enfermo. El primero de julio y a la edad de 43 años, Meagher cae del vapor G. A. Thompson en el río Missouri pero su cuerpo nunca fue hallado.

Meagher y sus viajes a Costa Rica

39En 1856, Meagher abre su despacho de abogado con Malcolm Campbell. En 1857, Meagher es el defensor del director general de la emigración para Nicaragua de William Walker, Joseph W. Fabens y de otros filibusteros. Fabens es arrestado en Nueva York el 20 de enero junto con A. C. Lawrence y otros asociados y son acusados de violar el Acto de Neutralidad de 1818 de los Estados Unidos52. Su apoyo a las causas de los proyectos colonizadores de Walkers se manifiesta meses antes. El 23 de mayo de 1856 tiene lugar un mitin en el parque de Nueva York para celebrar la retirada del ejército costarricense de la ciudad de Rivas. La invitación al mitín es titulada “Liberty and Nicaragua”. En el llamado se anuncia la participación de oradores como el gobernador de Nueva Jersey, Rodman M. Price, distinguidos miembros del Congreso y personalidades como Thomas F. Meagher. Meagher no puede asistir al evento pero en una carta a los organizadores del evento nos dice: “At the last moment I find myself unable to attend the meeting in the Park. This I sincerely regret, since my sympathies with the cause in the name of which you are assembled, are deep and earnest. […] Any influence I possees, any effort I can make, any service I can render, shall be heartily devoted to the support of General Walker, and the independence of Nicaragua53.” En dicha carta, Meagher indica también: “The shouts in the Park to-day announce that the flag of Costa Rica is torn down54.” El caso de Fabens se cierra rápidamente pero este proceso revela a Meagher las posibilidades económicas y políticas de los países del istmo centroamericano. Meagher pide al presidente Buchanan un puesto de cónsul en América del Sur o en América Central. Buchanan nunca acepto55.

40El empobrecimiento de la comunidad irlandesa en Nueva York y la idea de un mejoramiento de la condición de sus compatriotas hacía pensar a Megher en Centroamérica como un posible sitio de inmigración irlandesa56. Con la idea de buscar posibilidades de inmigración, en mayo de 1858 – estando su mujer en Irlanda – Meagher encarga a James Roche como editor del Iris News y sale para América Central. Meagher viaja a Costa Rica con fondos suministrados por el respetado juez de Nueva York, Charles P. Daly, un estadounidense también de origen irlandés y, en particular, con la ayuda de parte de su mujer, Maria Lydig Daly, una rica neoyorkina descendiente de las familias fundadoras de la región57. Charles P. Daly fue un miembro de la asamblea del Estado de Nueva York; presidente del Tribunal de primera instancia de Nueva York; miembro ordinario desde 1855, miembro del consejo directivo desde 1858 y presidente de 1864 hasta su muerte en 1899 de la American Geographical Society.

41Meagher nos relata sobre su llegada a Costa Rica: “La entrada principal de Costa Rica por el Pacífico es actualmente Punta Arenas, en el golfo de Nicoya. El “Columbus”, un barco viejo de proa a popa, al que han puesto una hélice, nos llevó a principios de marzo de 1858 de Panamá a Punta Arenas en menos de tres días58.” Justo después de llegar a Costa Rica, el gobierno costarricense pasa una nueva ley de colonización para estimular la inmigración. Sin embargo, Meagher escribe en una carta del 24 de abril 1858 a los esposos Daly manifestando que la situación inestable no es oportuna para una posible inmigración59. Meagher apunta:

42“El clima de toda esta altiplanicie es afable hasta un delicioso exceso, es un junio perpetuo el que reina allí. De aquí que sea un clima que invita, más que cualquiera de los que he respirado, a la inmigración europea. La productividad del terreno, tan amigo de los frutos y verduras de las zonas más suavemente templada, como de los que son nativos del trópico, suministraría (y eso con poco trabajo y gastos insignificantes) a dicha inmigración todas las cosas necesarias, así como los lujos de la vida. Para nuestros compatriotas, sería en verdad un paraíso en la tierra. Pero, al presente, yo no la fomentaría, no recomendaría ninguna inmigración. El Gobierno es irresponsable y está armado de una constitución fatal a la libertad, a la paz social y a la seguridad (para no agregar al desarrollo) de la propiedad. La constitución establece al Presidente como magistrado absoluto de su “ conciencia” […] Cierto que una inmigración, donde los costos son tan altos y el acceso tan dificultoso, es improbable en este instante. Hay inmigración realizada por individuos en grupos pequeños, separados por largos intervalos, la cual, al presente, y en un futuro cercano, es probable y factible. Y tal inmigración podría sufrir gravemente mientras la “ convicción moral” del Presidente de turno tenga tanta primacía constitucional y penal60.”

43Meagher se queda en el país durante los meses de marzo y abril de 1858 y sale de Costa Rica por la tradicional ruta del Sarapiquí. A Meagher parece gustarle Costa Rica. Ya de nuevo establecido en Estados Unidos, Meagher realiza el miércoles 2 de diciembre de 1858 una conferencia sobre Costa Rica en un teatro de Washington. La amena y frecuentada narración de Meagher es acompañada de “monstrous paintings” que mostraban escenas del país y representaban “some of the oldets and most interesting towns, and also the wild luxuriance of a South American forest.” Pero también, la lectura “included a glance at the present political condition of Costa Rica; the climate and productions of the country; the character and peculiarities of its people; and concluded with an allusion to their future61.”

44Meagher regresa a Costa Rica por una segunda vez en calidad de portapliegos especial del gobierno norteamericano pero se queda en el país solamente catorce días62. Gary R. Forney señala que durante su estadía Meagher sirve de correo del gobierno norteamericano. En una carta a John Flogle, mientras estaba a bordo del navío Northern Light, Meagher se disculpa por su abrupta salida explicando que debía “…seize the opportunity offered me by the White House. I had already intented to go to Costa Rica a month or two later however –and these Dispatches precipitated my leaving.” Parece que más tarde Meagher intenta se compensado financieramente por este servicio pero es ignorado63. Un diario estadounidense indica el 6 de octubre de 1859 la salida de Meagher hacia Costa Rica como mensajero64. Incluso se menciona en los periódicos norteamericanos de la posible colaboración de Meagher y sus coterráneos irlandeses en Nueva York para ayudar al expresidente Juan Rafael Mora –quien fue derrocado el 14 de agosto de 1859 y se exilió en Estados Unidos- a volver al poder en Costa Rica65.

45En efecto, el Ministro estadounidense residente en Nicaragua y Costa Rica, Alexander Dimitry, en una carta al Secretario de Estado, Lewis Cass, anuncia la llegada de Meagher a San José y la recepción de dichos despachos66. En enero de 1860, Meagher y su mujer Elizabeth regresan a Costa Rica y residen un año entero. Meagher se queda una parte de este tiempo como invitado del presidente José María Montealegre. Meagher actúa en esta ocasión como representante del empresario Ambrose W. Thompson, el propietario de una línea de navíos67. A finales de 1859, Thompson encarga a Meagher de su plan de la Chiriqui Improvement Company. En representación de esta compañía, Thompson busca tierras y concesiones para establecer un ferrocarril. Meagher llega a establecer un negociación con el gobierno de Costa Rica que le otorga una concesión en julio de 1860. En la perspectiva de apoyo público, Meagher publica en enero un artículo titulado “The New Route Through Chiriqui”. A pesar del apoyo del presidente Buchanan, el senado de los Estados Unidos rechaza el acuerdo. El 25 de enero de 1861, la pareja Meagher regresa a Nueva York a bordo del Ariel. Thomas D. Schoonover explica que hacia 1860 los grupos privados y públicos en los Estados Unidos se interesan por el desarrollo de proyectos de ferrocarriles y estaciones navales en la región del Caribe. La concesión hecha a Thompson tiene lugar en ese contexto, pero la guerra civil en los Estados Unidos vuelve difícil la unificación de las competencias técnicas, de la mano de obra y de los capitales de tal forma que el proyecto Thompson-Meagher se derrumba68.

Los artículos de Meagher sobre Costa Rica

46En su primer viaje, Meagher establece un compromiso con los editores de Harper’s Magazine, según el cual durante su viaje a algunos estados de América Central iba a entregar a la revista una serie de artículos sobre sus observaciones69. Meagher escribe tres artículos en el Harper’s Monthly Magazine exaltando el paisaje y las perspectivas económicas de Costa Rica70. Algunos fragmentos de “Holidays in Costa Rica” serán publicados más tarde en 1870 como anexos en la biografía sobre Meagher de W. F. Lyons71. En la carta a los esposos Daly, Meagher nos da algunas informaciones sobre la construcción de sus artículos:

47“Todavía hoy puedo difícilmente aventurarme a describir más allá de algunas generalidades, pues nuestro tiempo es tan limitado, hay tanto que ver y aprender, y son tan grandes las dificultades para viajar y coleccionar información confiable, que me siento forzado a ser, con mis amigos, menos generoso de lo que deseara y de lo que, por lo demás acostumbro ser.

48Las dificultades para viajar son grandes, al igual que las de recolección de datos al país – esto ya lo he dicho, y esto es la verdad-. […] los documentos públicos son escasos, guardados de manera negligente, compilados superficialmente, y (cuando se llega al grano) son tacañamente efectivos para con los que quieren hacer uso de ellos.
No obstante, a pesar de los caminos, la ignorancia antipatriótica de la gente, la lentitud o la precipitación de deliberados instructores, y el estado de los documentos públicos, hemos visto y aprendido mucho, con lo cual, en todo caso, me siento satisfecho. Mis notas han crecido desde una simple hoja de papel de apuntes hasta media resma. Mi amigo, el señor Páez, ha llenado su portafolio con los grabados más brillantes, y ha logrado juntar algunas curiosidades (como aves, minerales y escarabajos), ilustrando la vida de la selva y la riqueza natural del país. Y hasta el momento estamos agradecidos (y cada vez más veces extasiados) con el país72). »

49Igualmente en otra carta a James Roche del comité editorial del Iris News, Meagher explica:

50Bq. “ “I visit Central America, – Costa Rica especially – for the purpose of ascertaining the true condition of affairs there, and becoming familiar with a noble region, for which there inevitably approaches an eventful future. I go there to collect material for lectures and writing upon the country, and have the good fortune to be accompanied by an old schoolfellow of mine, Ramon Paez, the eldest son of General Paez of Venezuela, whose name alone will be to me a passport of the highest value. Paez is an accomplished linguist, a botanist, a geologist, and a splendid draughtsman. He take the scientific and artistic portion of the work. I shall endeavor to do the rest, whatever that may be74.””

51Meagher menciona a algunas fuentes como John Lloyd Stephens, Felipe Molina, Squier y Solano Astaburuaga, todos personajes que habían escrito sobre el país75 Como habíamos podido observar Meagher antes de primer viaje había logrado procurarse cartas de introducción de la parte del representante de Costa Rica en Washington, el guatemalteco Felipe Molina, y probablemente el viajero pudo obtener alguna información general sobre el país directamente de Molina o incluso algunas de las obras ya publicadas por Molina sobre Costa Rica -algunas de las únicas de promoción del país en aquella época.

52Las 46 ilustraciones de esta serie de artículos son una de las singularidades de la publicación de Meagher. Antes de éstas no se encuentran otras imágenes en los documentos extranjeros y nacionales sobre Costa Rica. En efecto, mientras que Meagher va recopilando notas e informándose sobre diferentes aspectos el país, su compañero de viaje, Ramón Páez, se ocupa de las ilustraciones y de la recolección de materiales76.

53Ramón Paéz es el hijo mayor del presidente de Venezuela, el general José Antonio Páez. Páez y Meagher habían sido compañeros de clase en Stonyhurst77. Paez fue inscrito en Stonyhurst entre el 27 de diciembre de 1840 y el 17 de diciembre de 1841, o sea, cuando Meagher tenía 17 años y Páez rondaba los veinte78. Ramón Paéz (1820-1897) parece que toma su primeras inspiraciones artísticas de su primo, Carmelo Fernández (1810-1887), un paisajista y miembro de la Comisión Corográfica, la primera expedición en Colombia para precisar información sobre los grupos indígenas, la topografía y los recursos naturales del país. También recibe influencias del pintor de retratos Lewis Adams (1809-1853) quien pinta a los miembros de la familia Páez; de Charles Thomas, un pintor de miniaturas inglés y del paisajista alemán Ferdinand Bellerman (1814-1889). En 1850, el general Páez va al exilio acompañado de su hijo Ramón y desde ese año, Nueva York se vuelve la casa de Ramón Páez. Páez practica numerosas profesiones: autor de libros de viaje, artista, diplomático, empresario y estudiante en historia natural. Parece que su interés por la historia natural fue estimulado en Stonyhurst por su amigo, el naturalista inglés, Charles Waterton y su lecturas de Alexander von Humboldt. Páez se mueve en un círculo de intelectuales, comerciantes, autores y artístas interesados en América Latina como potencia económica y como una tierra de diversidad de especies y paisajes. Entre sus amigos se pueden citar: Fritz Melbye (1826-1896) que pasó un tiempo en el Caribe y en Venezuela; Frederic Edwin Church que realiza expediciones al Ecuador; Cyrus Field y Martin Johnson Heade. Páez realiza pequeños dibujos a lápiz y al acuarela de la vida en los Llanos de Venezuela incluyendo fauna y flora y estos trabajos son utilizados como grabados en su Wild Scenes in South America, publicado por primera vez en Nueva York en 1862. También realiza paisajes y bosquejos de inspiración tropical en aguazo y óleo como también miniaturas en porcelana con temas orientales. En 1859, Páez trabaja con el artista Joseph Kyle (1815-1863) en una exhibición de grandes panorámicas en movimiento titulada Illustrations of Central America concentrada en Costa Rica y que tiene lugar en Nueva York79.

Costa Rica y los costarricenses en la percepción de Meagher

54El historiador costarricense Ricardo Fernández Guardia en su publicación de la traducción al castellano de los artículos de Meagher en 1929 hace un balance del trabajo de Meagher:

55“Los artículos de Meagher sobre Costa Rica revelan un notable talento de escritor y una fecunda imaginación, a la vez que una índole generosa, entusiasta y buena. Respiran el romanticismo de la época de nobles ideas de los republicanos europeos de 1848. El estilo brillante y muy animado, con reminiscencias clásicas y destellos de fino humour anglosajón. La pintura que hace del país es muy amena y los juicios que acerca de él emite están impregnados de mucha benevolencia, lo que revela una ecuanimidad grande: porque Meagher no puede haber dejado de notar la prevención que en aquella época reinaba en Costa Rica contra los Estados Unidos, sentimiento muy explicable a raíz de la sangrienta guerra filibustera y mantenido por las amenazas de nuevas invasiones de Walker, apoyadas por intereses de nuevas invasiones de Walker, apoyadas por intereses poderosos norteamericanos. Las vistas que ilustran los artículos de Meagher son para nosotros documentos de gran valor. Algunas de ellas se reproducen aqui80.”

56Como lo dice Fernández Guardia, Costa Rica es calificada por Meagher de manera bastante positiva. En su carta de 1858 a Daly, Meagher comienza a hablar de Costa Rica de la siguiente manera:

57“Es una tierra hermosa, de lo más interesante y noble. Tal como he dicho en otras cartas y como se lo he dicho al Presidente de la República a través de mi amigo Ramón Páez, es la Suiza del Nuevo Mundo, compacta, simple pero gráfica en su perfil, lo cual resuelve modestamente su parte adjudicada en la historia del mundo, exhibiendo mucho de lo que las sociedades favorecidas llaman “pobreza” y, al mismo tiempo, revelando, a lo largo y a lo ancho todas las excelsitudes de la naturaleza, y una defensa accidentada detrás de la cual crece el patriotismo, fuerte y grande en estatura. No he sido extravagante en compararlo con el país de la Confederación Cantonal y del magnífico Lago de Uri81.”

58 Quizás sea una de las primeras ocasiones en que Costa Rica sea comparada con Suiza82. En todo caso, Meagher ve Costa Rica de muy buen ojo. En la serie de artículos, la idea continua y se precisa. Sobre el “valle de San José”, Meagher nos dice: “Quiera Dios proteger a la noble y valiente ciudad de los Andes centrales; la ciudad silenciosa, pero trabajadora; la ciudad modesta, pero próspera, la inofensiva pero animosa metrópoli de la Suiza de los Trópicos83.” La percepción de Meagher de un paisaje casi utópico se aclara cuando considera que el “valle de San José” es como un “Valle arcadio84” y el “valle de Cartago” es llamado “la Arcadia de los Poetas85.” El paisaje, la gente y sus comportamiento producen en Meagher una sensación de comodidad: “Estas filas de casas sólo están cortadas por patios, “huertas” y plantíos, todos con señales de la más cuidadosa insdustria [sic], confirmando así la impresión favorable que de Costa Rica producen los más notorios incidentes y escenas del camino: la gran procesión de carretas cargadas de café, la inquietud y decencia de las pequeña poblaciones, el confortable aspecto de las “haciendas”, el de las mismas gentes y su comportamiento86.” En la carta enviada a los Daly, Meagher nos habla de su empatía con los costarricenses:

59“La gente me cae muy bien, es de admirar mucho –si yo fuera costarricense, diría que se dan a querer mucho-. Son gentiles, de los más corteses, económicos e industriosos. Nunca se quejan y aguantan muchísimo. Son estrictamente sobrios, perfectamente pacíficos entre sí, y leales a sus devociones y a sus familias. La guerra de Nicaragua ha demostrado que son valerosos, incasables, devotos a la causa de la raza y de la nacionalidad bajo las adversidades más deprimentes y ante la presencia de una potencia amenazante87”.

60En su relato de febrero de 1860, Meagher explica que “Costa Rica es el país más morigerado y pacífico de los países y San José la más morigerada y pacífica de las ciudades. Casi provoca a decir que es estúpidamente bien portada e insípidamente juiciosa88.” Meagher insiste en la idea de un carácter particular en el país: “La industria, la actividad, la inteligencia viva, el deseo de ponerse en condiciones de independencia y las artes honradas mediante las cuales se llega a la realización de este deseo tales fueron las grandes características del país que en todas partes nos llamaron la atención89.” El autor explica que: “La economía y cautela de los costarricenses son proverbiales90.” Por otra parte, Meagher considera que un porcentaje significativo de la población se compone de propietarios:

61“Para mí lo más satisfactorio de las estadísticas agrícolas del país es el hecho capital de que en sus dos terceras partes la población se compone de terratenientes. Casi todo hombre tiene su finca, sus mulas, sus bueyes, sus gallinas, sus cerdos y su plantación de azúcar o de café. Los mismos sujetos que habíamos visto con los pies desnudos y las ropas desastradas bajando el Aguacate, serpenteando por la selva más allá de la Barranca, acarreando el café al puerto, eran los propietarios a la vez que carreteros91.”

62 Esta situación relativa a la propiedad –ya mencionada por Dunlop- es para Meagher el secreto de la industria, de la virilidad, de la tranquilidad, del progreso y de la unidad política del país92. El acceso a la propiedad vale más en la constitución de la realidad sociológica del país que la “la pureza de su sangre española, que el noventa por ciento de los casos no ha sido menoscabada con mezcla de negro o de indio93”. Meagher relata la existencia de una población mayoritariamente de sangre española pura. Sin embargo, nos presenta detalles en los artículos que nos evocan la mezcla étnica. Meagher y Páez son invitados a un baile que el presidente Juan Rafael Mora ofrece en abril de 1858 en honor al francés Félix Belly94. Describiendo el acontecimiento, Meagher caracteriza la figura del presidente Mora: “El presidente Mora, un caballero regordete, moreno y de semblante suave, que tenía un chaleco bordado color de canario, y los cabellos peinados hacia atrás, estuvo toda la noche sentado en la silla dorada, bajo el dosel de damasco de seda carmesi95”. De la misma manera, Meagher retrata al ministro Joaquín Calvo: “...el señor Calvo, el ministro de la Gobernación. El señor Calvo es un caballero anciano con las piernas muy cortas. Una cara de un moreno amarilloso, una boca muy aplastada y una nariz muy chata le dan un aspecto de un sacerdote japonés. Es un indio impasible del pueblo de Quircot y como ministro de Gobernación resulta singularmente útil96”. Podemos detectar los rasgos de mestizo en Calvo.

63Es evidente que a pesar de la aseveración de Meagher de una población con una gran “pureza” de sangre, había una población mestiza en Costa Rica como en todas las latitudes latinoamericanas. Cuando Meagher describe el mercado de la ciudad de Cartago, el autor nos habla de “ “ mestizas” o mujeres de los campos97”. Pero la visualización de una población de rasgos y colores europeos como regla general se observa en la pintura que Meagher hace de las jóvenes de Costa Rica:

64“... las mujeres jóvenes de Costa Rica son decididamente bellas. Tienen cuerpos llenos y torneados, facciones trazadas con regularidad, cejas ricamente dibujadas, y la cabeza bien desarrollada descansa sobre un cuello que luce muy ventajosamente el bonito collar de cuenta de que pocas carecen. Hablando de modo general, su cutis hace pensar en una mezcla de leche y rosas. El aire puro y vigorizante de las montañas que se respira en los valles y las laderas en que tienen sus hogares las dos terceras partes de las gentes de Costa Rica, suaviza el tono de la rica carnación de la sangre española, la depura y cubre con un matiz de perlas. Cierto es que se ven algunas caras morenas, bronceadas y pintojas, y algunos casos de bocio, pero no en número suficiente como para contradecir lo que he dicho y hacer que ello se la regla y no la excepción98”.

65 Ante tal panorama general, Meagher considera siempre la posibilidad de Costa Rica como uno de los destinos más apropiados para la inmigración:

66“Los alicientes que la los emigrantes ofrece el Gobierno de Costa Rica son bastante liberales. […] En una conversación que tuvimos con el presidente Mora, éste se mostró cordialmente favorable a la mayor inmigración posible. Como prueba de los buenos deseos sinceros del Gobierno a este respecto, nos dijo que hace tres años se había negociado un empréstito de $3 000 000 con una casa de comercio de Hamburgo pero la crisis monetaria de 1857, en la que tantas casas poderosas de los Estados Unidos y Europa se derrumbaron, hizo daño a Costa Rica. La casa que había negociado el empréstito quebró en el momento en que acababa de cerrarse felizmente el negocio. Si hubiese venido el empréstito, se habrían dedicado $300 000 a la introducción de hábiles operarios mecánicos y agrícolas. […] Además de los alicientes que ofrece el Gobierno, tanto el clima como el suelo de Costa Rica son los más favorables y atrayentes para el emigrante. De todos los países tropicales. Costa Rica es el mejor que se adapta al emigrante norteamericano y europeo. Es tal vez, en los trópicos, el único país en que la mano de obra libre y blanca puede cultivar los productos tropicales con perfecta inmunidad y provecho. En las costa del Pacífico, lo mismo que en las del Atlántico, el clima es por supuesto atrozmente dañino, y en algunos lugares, por ejemplo de Matina, lugar situado entre Bocas del Toro y, San Juan del Norte, enteramente mortífero; pero arriba, en el gran valle de San José, a cuatro mil pies sobre el nivel del mar, ningún clima podrá ser más sano, confortable y delicioso99.”

67 La representación que propone Meagher sobre Costa Rica y los costarricenses no parece ser necesariamente la misma que nos deja otro importante viajero que visita también el país a fines de los años 1850: el famoso escritor inglés Anthony Trollope.

Los costarricenses bajo la lupa de Trollope
Un escritor victoriano

68Anthony Trollope100 es uno de los novelistas británicos más respetados y más prolíficos de la época victoriana. Nacido en Londres el 24 de abril de 1815, la familia se muda a una finca en Harrow (hoy el London Borough of Harrow está localizado en el noroeste de Londres). Inicia sus estudios en 1823 en una escuela pública de esa localidad (hoy una de las más antiguas y reconocidas escuelas públicas en Inglaterra) y luego es enviado a una pequeña escuela privada en Sunbury en 1825. Más tarde siguiendo a su padre y a dos de sus hermanos se establece en Winchester donde asiste desde 1827 al Winchester College. En 1831, Trollope regresa a la escuela de Harrow.

69Trollope es hijo de un abogado londinense –Thomas Trollope- que no logra éxito en su carrera jurídica ni en una empresa agrícola. Su madre es la famosa escritora Frances Milton Trollope (1780-1863) quien realiza un viaje en 1827 a los Estados Unidos donde reside hasta 1831 con tres de sus hermanos y a su regreso se hace rápidamente un nombre como autora.

70En 1834, su padre huye a Bélgica con el fin de evitar la prisión por deudas. La familia lo sigue y se muda cerca de Brujas y viven de las ganancias de los libros de la madre. En 1835, Thomas Trollope muere.

71Entonces, viviendo en Bélgica, Anthony Trollope trabaja como profesor asistente de inglés en una escuela donde sigue cursos de francés y de alemán con el fin de obtener un puesto en un regimiento de caballería austriaco, puesto que ocupa durante apenas seis semanas. Después en noviembre de 1834, Trollope es reclutado como funcionario de Correos de su Majestad gracias a las relaciones de su madre. Regresa a residir entonces a Londres donde vive solo.

72En 1841, la administración de Correos lo nombra en Irlanda. En 1844, casa con una inglesa, Rose Heseltine, con la cual se establece en Irlanda hasta 1859. Sin embargo, a pesar de su éxito literario y su popularidad, Trollope continua en la administración de Correos. Se le atribuye la introducción del pillar box (buzón rojo que se encuentra por todo sitio en el Reino Unido). En 1854, es nombrado como supervisor en el Northern District de Irlanda. En enero de 1860, Trollope asume un puesto de supervisor en el Eastern District de Inglaterra y se establece en Waltham Cross en Hertfordshire. A mediados de los años 1860, Trollope es ascendido a una categoría más importante en la jerarquía de los Correos y en 1867 deja el servicio. Después de una tentativa infructuosa en la vida política en 1868, Trollope consagra su vida a su carrera literaria. En 1880, Trollope y su mujer se trasladan de Londres a Harting en Sussex. En 1882, Trollope sufre un derrame cerebral el 3 de noviembre y muere el 6 de diciembre en Londres.

73Los viajes de Trollope son múltiples. De manera privada, Trollope visita su familia en Italia en diez ocasiones entre 1853 y 1881. En 1858, es enviado a Egipto y aprovecha para visitar la Tierra Santa, Malta, Gibraltar y España. En el otoño de 1858, es enviado en misión a las Antillas y América Central y regresa pasando por los Estados Unidos. En 1868, es enviado en misión postal a los Estados Unidos.

Entre 1856 y 1874, él viaja también a Francia, Suiza, y Alemania. Visita igualmente cinco veces los Estados Unidos (1859, 1861-1862, 1868, 1872 y 1875). En 1871-1872, Trollope visita Australia y Nueva Zelanda y regresa en segunda visita a Austrialia en 1875, pasando al mismo tiempo Ceilán. En 1877, visita Africa del Sur.

74O sea, entre 1834 y 1882, Trollope visita o vive en diferentes sitios: Bélgica, Holanda, Irlanda, Escocia, Gales, Italia, Francia, Suiza, Alemania, Canadá, Estados Unidos, Hawai, las Antillas, América Central, Africa del Sur, Australia, Nueva Zelanda, Ceilán, España, Gibraltar, Egipto, Tierra Santa, Malta, Islandia y Austria.

75Trollope comienza su primera novela en 1843 y es publicada en 1847 bajo el título de The Macdemorts of Ballycloran. Como autor Trollope ha dejado una obra considerable: 47 novelas y otros 16 libros y relatos de viajes. Es famoso por sus novelas sobre la vida victoriana y, especialmente, por la serie de novelas populares conocidas como las Chroniques of Barsetshire (1855-1867) que comienzan con su primer gran éxito The Warden (1855), una serie que gira alrededor del condado imaginario de Barsetshire. Las seis novelas bajo el nombre de Palliser Novels representan también otra serie mayor de la producción de Trollope y que tienen como protagonista principal al rico aristócrata y político Plantagenet Palliser y como escenario: Westminster. Entre su literatura de viajes podemos mencionar: The West Indies and Spanish Main (1859), North America (1862), Travelling Sketches (1866), Australia (1873), y South Africa (1878). En 1883, su autobiografía es publicada. Su reputación literaria declina un poco en sus últimos años de vida pero vuelve a ganar estima entre los críticos hacia mediados del siglo XX.

Trollope y The West Indies and the Spanish Main

76 En lo que concierne su viaje a las Antillas y América central, podemos indicar que el trayecto comienza a finales de 1858 cuando deja Londres el 16 de noviembre y el 17 de noviembre se embarca en el Atrato, embarcación de la Royal Mail Steam Packet Company. El 2 de diciembre llega a la isla de Santo Tomás (colonia danesa en la época, hoy territorio de las islas Virgenes americanas). Sin detenerse, Trollope sale inmediatamente hacia Kingston (Jamaica). Su misión lo lleva también a Cuba. Enseguida, Trollope se dirige hacia la Guyana inglesa (cerca la desembocadura del Orinoco), pasando por las Antillas menores (Santo Tomás, San Cristóbal y Nieves, Antigua, Guadalupe, Dominica, Martinica, Santa Lucía, Barbados y corriendo al lado del pequeño archipiélago de las Granadinas —al sur de las Antillas— entre San Vicente y Granada). De la Guyana inglesa, Trollope se traslada a Barbados y Trinidad. Después de haber pasado una vez más por Santo Tomás, sale para la Nueva Granada y el istmo de Panamá. En Nueva Granada visita Santa Marta y Cartagena. De Cartagena se dirige por mar al istmo y desembarca en Aspinwall, desde donde sale el ferrocarril que va a Panamá. En Panamá, Trollope se embarca en una nave de guerra inglesa, el Vixen, que lo conduce a Puntarenas en la costa pacífica de Costa Rica. Hace un pequeño viaje por Costa Rica. Del istmo, Trollope toma rumbo hacia Bermudas y luego hacia New York. Después de una estancia en los Estados Unidos, Trollope se embarca hacia Liverpool en el R.M.S. Africa el 22 de junio y llega el 3 de julio de 1859.

77The West Indies and the Spanish Main, el primer libro de viaje de Trollope, fue escrito entre enero y junio de 1859. Trollope empieza a escribir a bordo de una embarcación entre Kingston (Jamaica) y Cienfuegos (Cuba) el 25 de enero de 1859100. Estando de viaje Trollope envía desde Kingston (Jamaica) una carta con fecha de 11 de enero de 1859 a Edward Chapman proponiendo un libro de viajes sin la certeza de lo que incluiría. En febrero de 1859, Edward Chapman contesta estar de acuerdo y propone ciertos términos. El 9 abril de 1859, su hermano Thomas como su representante se muestra de acuerdo con la propuesta de la casa Chapman & Hall. Un acuerdo es firmado por Frederic Chapman el 14 de julio de 1859 y la obra sale a la luz en octubre de 1859101. Algunos equivocadamente refieren que el libro fue publicado por primera vez en 1860102. Fred D’Aguiar que introduce una edición de la obra de 1999 hecha por First Carroll & Craf en Nueva York indica que la obra fue primero publicada en Londres en 1860103. En febrero de 1860 ya está publicada la cuarta edición de la casa Chapman & Hall de Londres104. Igualmente ya en 1860 había una edición norteamericana hecha por la casa Harper & Brothers que parece que había sido ya negociada por Trollope durante su viaje a Nueva York105. En 1860, también es publicada la obra en Leipzig106. Hacia 1869 el libro llevaba seis ediciones en Inglaterra107. Una explicación del viaje de Trollope a Costa Rica citando algunos fragmentos del relato es presentada en 1871 en un volumen sobre América Central bajo el título of Travel in far-off Lands y propuesto como un instrumento de compañía para el estudio de la geografía108.

78La relación de viaje de Trollope es objeto de reseñas o resúmenes en diferentes documentos de la época. En diciembre de 1859, The Saturday Review de Londres ya publica una reseña sobre el relato109. En 1860 aparece un resumen en la famosa revista alemana Das Ausland110. En el segundo semestre de 1860 ya aparece en le reputada revista Le Tour du Monde otra reseña que cita fragmentos de la obra de Trollope y que es realizada por Auguste Laugel111. En 1860, Vivien de Saint-Martin, en una reseña de la obra publicada en la publicación francesa Revue contemporaine, nos dice:

79“Est-ce un tour de fantaisie et de plaisir ? est-ce un voyage d\\\\\\\‘affaires ou d\\\\\\\‘étude ? C\\\\\\\‘est ce qu\\\\\\\‘il est assez difficile de dire, et, au fond, il importe peu. L\\\\\\\‘auteur, qui est déjà connu par de romans estimés, n\\\\\\\‘aurait-il cherché que des scènes et des physionomies nouvelles en vue de quelque future composition ? En somme, c\\\\\\\‘est peut-être encore la supposition la plus vraisemblable. Dans tous le cas, M. Anthony Trollope a écrit un livre tout à la fois amusant et instructif, un livre qui tient tour à tour de Sterne et de Bentham, et qui cache souvent un fond très sérieux sous l\\\\\\\‘originalité humoristique de la forme. C\\\\\\\‘est un document important à consulter pour l\\\\\\\‘histoire de cette rude période de transition que traversent les colonies à sucre depuis l\\\‘affranchissement des esclaves112.”

80Trollope considera en su autobiografía que este libro es su mejor obra113. Es muy probable como indica Fernández Guardia que muchas de las informaciones sobre Costa Rica vengan de opiniones de sus interlocutores anglófonos en la región114. Trollope confiensa dominar poco o nada el español115. Pudo haber sido informado sobre diferentes aspectos del país por el ministro británico en misión William Ouseley. Ouseley había sido enviado a Centroamérica para resolver problemas con respecto a los territorios británicos en la región. También pudo haber sido un interlocutor para Trollope el primer secretario de la legación británica en Costa Rica116. Igualmente recordemos que aunque no eran muchos, en la sociedad costarricense había personas que hablaban inglés. Por ejemplo, un político y médico costarricense que pasará al poder tras un golpe de Estado en agosto de 1859 y, más tarde, será elegido presidente en abril de 1860, José María Montealegre, había hecho estudios en Inglaterra durante varios años. Otros informantes pudieron ser otros miembros de la comunidad británica en el país. Recordemos a la segunda esposa de Montealegre desde enero de 1858, Sophia Matilda Joy. Esta mujer era inglesa y su hermano, Edward Alexander Joy, era uno de los empresarios cafetaleros e importadores más importantes de Costa Rica, la casa Joy & von Schröter. Los Joy parece que estaban emparentados con el baronet Sir W. G. Ouseley. El mismo Thomas Meagher estuvo de visita en la casa de los Joy117.

81Hay que remarcar también que Trollope explica que la escritura de su relato de viaje se hace sin preparación y sin notas118. Por otra parte, la visita de Trollope a Costa Rica es muy corta. El novelista británico se queda en el país solamente algunas semanas entre abril y mayo de 1859119. De Puntarenas, el viajero sale en compañía del capitán del Vixen por tierra hasta San José, la capital. Uno de los puntos importantes de la estancia en Costa Rica es la subida al volcán Irazú (cerca de la ciudad de Cartago). De San José, Trollope se dirige a San Juan, comúnmente llamado en la época Greytown, siguiendo la ruta del Sarapiquí.

Trollope, Costa Rica y su población
Ricardo Fernández Guardia escribe en 1925 en su introducción a la traducción de los capítulos de la obra de Meagher concernientes a Costa Rica:

82“En el relato de sus andanzas por estos países, Trollope se propone únicamente divertir al lector. De aquí sus frecuentes exageraciones y no pocas inexactitudes. Juzga de las gentes y de las cosas con notoria superficialidad y a menudo ni es más que el intérprete de opiniones ajenas escuchadas de paso y que adopta sin analizarlas, especialmente cuando son malévolas, impulsado por su índole atabiliaria. No es posible disculpar, aun cuando nos haga reír, la burla despiadada con que respondió en su libro la gentileza del buen señor que fue acompañándole al volcán Irazú, tan sólo por evitarle el tedio de no tener con quien hablar durante la excursión.

83Pero no obstante los defectos apuntados, la pintura de Trollope de Costa Rica en 1859 es muy interesante, y muy completa su descripción del cráter del Irazu120.”

84Trollope comenta sobre el buen clima de la meseta costarricense y de San José. Sin embargo, el autor señala que aunque el paisaje alrededor de San José es impresionante, no lo es tanto como para alabarlo con gran entusiasmo. Trollope retrata también los alrededores de la ciudad de San José y sus cafetales considerándolos la prueba de la fertilidad y del progreso del país121. No obstante, en su relato apunta que no puede decirse que la nación sea próspera122. Según Trollope, Costa Rica estaba aún lejos de la civilización europea. La explicación de esta situación se encuentra en el origen español del país123.

85Otro aspecto importante que Trollope quiere criticar en su relato es el sistema político del país. Para el viajero, Costa Rica es una república y que incluso es considerada la república modelo de América Central y la mejor administrada. También señala que con certeza la vida y la propiedad están seguras. Sin embargo, Trollope considera que el gobierno de Costa Rica es un gobierno despótico y el congreso una farza124.

86Otro aspecto importante que Trollope destaca sobre los costarricenses: “Las gentes no son perezosas como los negros y les gusta ganar y ahorrar dinero; pero su número es muy corto; tienen tierras propias y son acomodadas125”. El agradable clima es un aspecto particular para explicar el comportamiento poco perezoso del costarricense en las altas mesetas del país. Trollope indica que el calor intenso engendra en otras regiones la indolencia y la pereza126. Trollope evoca: “las gentes no son allí perezosas. Por lo menos éste no es específicamente su carácter127”. Trollope también explica: “Son una raza lerda, resignada, tranquila, ordenada y amiga del dinero, pero en ningún caso de arriesgarlo. Viven bien en cuanto a tener alimentos y ropa suficiente, pero todavía con mucha estrechez. Se muestran ansiosas de hacer pequeñas economías y políticamente satisfechas si se les garantizan esa economías128.”

87Sin embargo, Trollope agrega: “No tienen entusiasmo, ni ardientes deseos, ni aspiraciones129”. Por otra parte, Trollope apunta que los costarrienses son en un sentido “un pueblo honrado. No roban nada; al menos no cometen grandes robos. A nadie se ataca en los campos, ninguna vida corre riesgo por causa de violencia, no se fracturan las casas para penetrar en ellas. […] De modo que en conjunto no puedo asumir la responsabilidad de decir que son en general un pueblo honrado; pero tienen esa clase de honradez que es la más esencial para el que viaja en un país desierto”. No obstante, Trollope considera que los costarricenses harán todo los posible por engañar130.

88El aspecto étnico toma un lugar importante en el relato de Trollope131. Según algunos autores, la percepción étnica de Trollope forma parte de las justificaciones victorianas de la expansión colonial132. En lo que concierne la visión “racial” de Costa Rica podemos comenzar por decir que en 1867 Trollope publica un cuento en el cual habla de Costa Rica. En dicho cuento, Trollope menciona a cuatro guías. El autor considera que son de raza mezclada pero tres ellos pueden ser llamados bajo el nombre de españoles, pero españoles de Costa Rica y el restante considerado como un indígena133.

89Esta perspectiva está bien desarrollada en el relato de viaje de 1859. Trollope señala que “los costarricenses son españoles por el origen y el idioma134.” El autor especifica: “Hablando en general, los habitantes de Costa Rica son, por supuesto de origen español”. Sin embargo, el autor agrega que “allí, como en todos aquellos países la sangre está muy mezclada. La pura sangre española es ahora, así lo entiendo, una excepción135”. Para Trollope dicha mezcla se “ve más en la fisionomía que en el color y se puede notar sobre todo en el cabello. Hay una mezcla de tres razas; la española, la india aborigen y la negra.” Trollope puede observar las huellas de “labios gruesos y de pelo lanudo en las las calles y plazas del mercado” pero considera que “no constituyen de ninguna manera un elemento principal en la raza existente”. Para el viajero las “huellas de la última [el compenente africano] son en comparación leves y pocas. Los negros enteramente negros, naturales de África o de origen africano, son muy raros”. Trollope precisa: “La mezcla está formada por sangre española y sangre india y en ella no cabe duda de que la española es muy preponderante136”. Con respecto al “color” de los costarricenses, Trollope explica :

90“El color general es el de un hombre blanco, pero de uno muy atezado. Esto se marca tanto, a veces que el observador declara en el acto que el hombre o la mujer pertenecen a la raza de color; pero esta coloración es la del indio y no la del negro; el matiz es rico hasta cierto punto brillante, y las facciones no son achatadas ni ordinarias. El cabello es también humano y de ningún modo pasudo137”.

91En todo caso, el relato de Trollope precisa bien elementos del fenotipo costarricense, (“color”, los rasgos, los orígenes) y sobre el carácter. A pesar de criticar la inexistencia de una raza de origen pura española, Trollope – siendo menos categórico que Dunlop y Meagher -, también ve en la población costarricense un color “claro”, un color “blanco” y una fisionomía más “europea” que en otras latitudes que ha visitado. Sin embargo, su relato se contrapone al de Meagher en lo que concierne la belleza de los costarricenses:
bq. “No creo que los habitantes de Costa Rica pueden presumir mucho en materia de belleza personal. La verdad es que el descendiente español parece perder, fuera de su país, la varonil dignidad así como la gracia femenina que hacen todavía tan notable a la vieja España. Vi algunas muchachas bonitas, pero que sólo podía ostentar esa belleza corriente y común a todas las chicas jóvenes, belleza que nuestros amigos franceses pintan como un don especial al diablo. No vi ojos bellos, apasionados y chispeantes; no vi lindos cuerpos como los que se descubren en Sevilla en torno a las verjas de los altares de las iglesias; no vi perfiles que me dejasen mudo de asombro138.”

92En todo caso, a pesar de las diferencias sobre el porcentaje de “sangre española” y el grado de “mestizaje” existente entre los costarricenses parece perpetuarse una idea sobre el carácter singular y la “blancura” de los costarricenses. Esto se puede apreciar en el relato del viajero británico Frederick Boyle quien pudo haber leído los anteriores escritos en inglés sobre Costa Rica y los costarrricenses.

Colofón: Boyle y los costarricenses
Boyle (13/06/1841-15/05/1883) nace en el condado de Staffordshire (Inglaterra), es un autor de novelas, periodista, abogado y criador de orquídeas y viaja por muchas regiones de Asia, Africa y América. En 1866 visita Costa Rica en compañía de varios amigos ingleses. Boyle presenta en su trabajo sobre Nicaragua y Costa Rica referencias de autores como Galindo, Georges Byam, Dunlop, Scherzer, Squier y Froebel139. El autor nos indica que el pueblo de Costa Rica es “admirable140”:

93“Mientras que los otros cuatro estados de la antigua Unión han robado, asesinado y retrocedido, este, el más pequeño de ellos, ha avanzado continuamente en riqueza y civilización. En Costa Rica se lleva a cabo una revolución de manera ordenada, y todos están demasiados ansiosos por volver a sus cafetales como para malgastar el tiempo. […] De la prosperidad grandiosa y creciente del país no puede caber la menor duda. […] Pero creo que hay una causa para la tranquilidad de este país, más que mera prosperidad, a saber, la pureza de la población. ¡No en modales o en moral! –que mi reputación se guarde de tal afirmación- pero en sangre141”.

F. Boyle consideraba que los indígenas, los negros y los mestizos eran raros en el país:

94“Negros los hay escasos en el Estado, y tal como debe ser mantienen en aquella posición que calza mejor con el grupo negro, mansa inferioridad. Hay sirvientes, labradores y porteros, nunca oficiales ni políticos. Indios hay escasamente algunos, al menos amansados, los guatusos y talamancas se mantienen dentro de sus límites entre la selva y la montaña. […] Los peones o clase trabajadora de Costa Rica son un grupo independiente, muy poco corrompidos por la sangre india o negra; y es con alguna dificultad que ellos se mantienen tod avía en los montes fríos, donde solo se siembra café. [...] Son raros los indios y los mestizos cerca de San José; de hecho, no vimos un solo aborigen en Costa Rica […] quedan pocos aborígenes en esta república142 […].”

95Agrega F. Boyle también que debido “a la puerza [sic] de sangre, la gente en esta república supera en creces tanto en belleza como en carácter a sus vecinos más poderosos”. Según este viajero: “No son raros en ninguna clase social el cabello rubio, los ojos verdes y las mejillas rosadas, y se ven muchas caras bonitas un día de mercado, algo más morenas o de aspecto más español que la de una muchacha de un país occidental143”. Boyle indica siempre al respecto del color de los costarricenses: “En cuanto pone los pies en tierra, el viajero queda impresionado por la relativa blancura de la gente y las señales de prosperidad. […] Peones magníficos de apariencia vigorosa, tan blancos en color y rasgos como toscanos, estaban junto a sus bueyes dándoles de comer amablemente caña de azúcar. […] El contraste con Nicaragua era impactante. Boyeros altos de aspecto blanco iban delante de sus bueyes144 […].” La opinión general de F. Boyle sobre los costarricenses se resume en las siguientes palabras:

96“Como dije anteriormente, las clases más pobres de Costa Rica son casi blancas, y muestran muchas virtudes bien desconocidas al otro lado del San Juan [río fronterizo entre Nicaragua y Costa Rica]. Son valientes, frugales y pacientes, pero la tendencia al beber es más patente cada año en todas las clases, o al menos así me lo dijeron. La propiedad es muy segura, y casi no se tienen noticias de robos con violencia, muy al contrario de lo que ocurre en Nicaragua. En suma, supongo que de las colonias de España ahora libres. Costa Rica es la única que puede mostrar una historia de prosperidad desde el mismo día de Independencia. Por supuesto, ha habido revoluciones, pero nunca una guerra civil. La inteligencia de los peones es muy grande como para que se dejen desviar fácilmente, y con costos hay alguien que tenga algo que perder por la anarquía. En ningún país del mundo probablemente la riqueza esté tan bien distribuida como en esta república. […] lo que nosotros llamamos “las clases peligrosas” – aquellas cuya posición cambia constantemente, que no tienen ni pasado ni futuro – no see conocen en Costa Rica. Por eso es que las revoluciones son tan súbitas y tan efectivas; todos están por el orden y la prontitud. En Nicaragua, Guatemala y Honduras la regla es justamente lo contrario145”.

97Las observaciones de Boyle nos hablan de un retrato bastante construido sobre los costarricenses y su “blancura” a finales de la década de 1860.

Conclusión

98Recientemente, un estudio del historiador y politólogo alemán Sebastian Huhn trata de la permanencia de la retórica de Costa Rica como un país pacífico en una coyuntura actual de aumento de la violencia, del crimen y de la inseguridad ciudadana en este país y presenta como fuentes, entre otras, los discursos de los políticos, de los periódicos del país y los relatos de viajeros. Huhn nos explica:

99“While Costa Rican politics, society, and the social contract have fundamentally changed again and again in the last 150 years, the imagination of the peaceful nation has persisted and has often been reinvented.

100To sum up, it can be noted that there is a strong connection between discourses about crime and violence and those about national identity in all discourse arena analyzed. Politicians use the stereotype of the peaceful Costa Rican nature, as do journalists and the Costa Rican population. Those making such arguments can resort to historical sources, such as travelogues. So, on the one hand, the perception of a national identity is widespread and often propagated; on the other hand, violence, crime, and insecurity in Costa Rica do not fit with his self-imagination. The long history of this perception and its continual repetition in the present present a heritage that surely puts pressure on a society where this self-perception conflicts with current experiences and public discourses -that is, those about rising crime rates and increasing public insecurity146.”

101Huhn emplea algunas referencias de foráneos que escribieron sobre el país en el siglo XIX. Huhn ejecuta un breve balance de las percepciones sobre la población costarricense presentadas en algunos estudios o relatos de extranjeros: Robert Glasgow Dunlop, Ephraim George Squier, Anthony Trollope, Moritz Wagner y Carl Scherzer y, finalmente, Wilhelm Marr. Huhn emplea los originales en alemán de las obras de Wagner y Scherzer (1856) y Wilhelm Marr (1863) y para el resto de los autores maneja esencialmente las traducciones de los relatos de viaje de una edición de la antología de 1929 de Ricardo Fernández Guardia (1985147).

102Huhn considera que los relatos de viajeros prueban que la percepción de la nación costarricense como pacífica, honorable y diferente a los otros países de América Central tiene una larga historia. Huhn nos dice al respecto:

103“These sources prove that the Costa Rican non violent collective identity has referent points in history, and that foreigners also certified (or constructed) this imagine identity. [...] Firstly, the authors use nearly the same stereotypes that are still part of Costa Rican national consciousness. Needless to say, they also generalize about the Costa Ricans. Secondly, some of them express their view of the Costa Rican nation in relation to other Central American countries. In particular, Nicaragua serves as the negative counter-example, as it still does today [...]. Thirdly, the authors infer that the Costa Rican national character based on certain events or the country\\\\\\\‘s history in general. As the belief in the concept of human races was very common in the nineteenth century, this conclusion does not surprise. Nevertheless, the authors ascribe Costa Rican history to the national identity and not to the exceptional forms of political, economical, and social organization in nineteenth century Costa Rica, where a more equitable land distribution system was one of many differences to the other Central American countries (see for example Lindo Fuentes 1993, Gudmundsun [sic] 1993 and Samper 1993[...] Foreign travelers with concepts of natural national identities and human races in the back of their minds could perhaps not help but see and egalitarian, ethnically homogeneous, and integrative society of small coffee farmers. Even then that picture was not true. Needless to say, the travellers as well as many Costa Ricans confused social order with national identity. They also picked out some criteria and ignored other in order to form their opinions, and they did so in the light of their own experience and knowledge148 (Todorov 1982).”

Es de destacar que pese a las pocas fuentes que emplea Huhn con respecto a los viajeros y la falta de intención de establecer un diálogo entre los discursos de los costarricenses sobre sí mismos en aquella época y los relatos o trabajos de extranjeros, el estudio de Huhn es uno de los únicos en poner en evidencia el interés de la retórica de los viajeros del siglo XIX con respecto a los costarricenses y su relación con la identidad nacional en la actualidad tratando de observar continuidades y discontinuidades en dicha narrativa.

104Sin duda, el trabajo de Huhn es de orden especialmente sociológico y no existe el interés de ser un análisis profundo de los relatos de viajeros. Como podemos observar, el autor otorga a dicha fuente histórica un papel meramente demostrativo para poder establecer una continuidad histórica en el discurso sobre el pacifismo de los costarricenses. Sin embargo, el trabajo presenta algunos problemas en lo que concierne el acercamiento a los trabajos de extranjeros.

105En primer lugar, la ejecución de una traducción al inglés de un texto ya traducido del original en inglés al castellano. Por ejemplo, Huhn traduce del español un texto de Robert Glasgow Dunlop (1847). Su versión es la siguiente: “The people of Costa Rica are almost all Caucasian [...]. Their character differs very much from the people of all other Central American countries [...]. The life and properties are very safe there, and for the last four years there had been no bloody deed. (Glasgow Dunlop 1844149)” El texto traducido en 1929 por Ricardo Fernández Guardia nos dice más bien: “Los habitantes del Estado de Costa Rica son casi todos blancos [...]. Su carácter difiere mucho del de los habitantes de todas las demás partes de Centro América. [...] La vida y la propiedad están también muy seguras, y desde hace cuatro años no ha ocurrido un hecho de sangre150.” Dunlop en el documento original nos apunta: “The inhabitants of this state are nearly all whites [...]. Their character is very different from all other parts of Central America [...] Life and property are also very secure, and it is four years since a murder took place151”. Como podemos observar en el original, Dunlop nos habla de una población de “casi todos blancos”, es la misma idea que Fernández Guardia trata de mantener en castellano, pero Huhn nos habla de “casi todos caucásicos”.

Como hemos demostrado en un amplio trabajo anterior sobre la representación etnotípica de los costarricenses y como podemos verlo en este trabajo sobre los relatos de viajeros, las dos propuestas en inglés – según el contexto y momento histórico- no tienen forzosamente el mismo significado.

106Por otra parte, el autor en su prioridad por recalcar el carácter pacífico de los costarricenses reseñado en los relatos de viaje obvia algunas precisiones de los autores que lo inducen a algunas generalizaciones. Huhn traduce también del español un texto de 1857 del norteamericano E. G. Squier que no visitó Costa Rica. La versión propuesta por Huhn es: “The Costa Rican people have a major part of pure Spanish blood, less mixed up with Negroes or Indians [...]. Nevertheless, their revolutions have generally been less bloody than those in Guatemala or Nicaragua, which probably can be ascribed to the circumstance of the social life and homogeneity of its habitants, which leads to a superior morality or a more tolerant spirit. (Squier 1857152)” Sin embargo, Huhn no retoma la observación sobre la “raza” que hace Squier: “El Dr. Wagner observa que “la mezcla de blanco con indio es perceptible en muchas caras”, y que es permitido suponer que entre las gentes de los campos, de cada cinco personas hay una que tiene señales más o menos aparentes de sangre india o negra153.”

107El problema de la generalización o el poco interés por presentar los matices del discurso de las miradas de los viajeros – especialmente en el aspecto de la “raza”- sobre los costarricenses en el artículo se puede observar de nuevo cuando Huhn indica:

108“In 1859, the famous English writer Trollope published a book title The West Indies and the Spanish Main. He wrote many pages about the extraordinary character of the Costa Ricans. Like the others authors, he also wrote about the Costa Rican “race” first. Unlike the previous authors cited [Dunlop, Squier, Solano Astaburuaga], he believed that the Costa Ricans had “mixed blood,” and he described them as very ugly (especially the women). Nevertheless, he seemed to be less “disgusted” by their characters:
Maybe you want me to write my opinion, on whether the Costa Rica are a honorable nation or not. In a certain sense, they are. They don’t steal anything; a least, they do not commit great robberies. They do not attack anybody in the streets, no life is in danger for violence154 […]”

109Como hemos observado en las mismas citas que emplea Huhn – la de Dunlop, la de Squier pero también otra del chileno Solano Astaburuaga-, Trollope no es el primero en hablar de una “sangre mezclada” en lo que se refiere a los orígenes étnicos de los costarricenses. La presencia de mestizaje y mestizos en Costa Rica es apuntada por los autores mencionados por Huhn. Además como lo hemos visto antes el discurso étnico de Trollope con respecto a los costarricenses es mucho más complejo que lo sintentizado por Huhn.

Sin estar en la época de apogeo de las teorías científicas sobre las razas, es claro que como otros autores y como indica Erick S. Schmeller en un estudio sobre doce viajeros ingleses y norteamericanos entre 1833 y 1914, nuestros viajeros usan la “raza” para racionalizar las diferencias nacionales, las similaridades nacionales y las jerarquías sociales al interior de cada nación. La “raza” juega un papel central en sus discusiones sobre la identidad nacional155. Es evidente que el papel de definición de los pueblos que visitan va muy influido por las relaciones coloniales e imperiales y sus conclusiones sobre los diferentes grupos étnicos. En el caso de las representaciones de los costarricenses por los viajeros británicos, definir las “características raciales” toma también un papel importante en el relato y contribuye en algunos casos a poder explicar un “carácter” específico. El “carácter” también es explicado por el sistema de distribución de la tierra. Sin embargo, es evidente que también que el tipo de imágenes que transmiten sobre el país se ven influidas por los interés económicos y comerciales en el país. Las opiniones que los viajeros muestran sobre la “blancura” costarricense también está en relación con sus propios criterios de “blancura” según sus orígenes, sus referencias culturales predominantes y sus experiencias personales.

110Por otra parte, sabemos que Dunlop pudo haber sido una referencia para Meagher. Los datos sobre los grupos étnicos en Costa Rica referenciados en la obra de Dunlop aparecen publicados en los diarios norteamericanos de principios de los años 1850. Por ejemplo, en una publicación de Nueva York156. También lo pudo haber sido para Trollope visto que la obra de Dunlop se publicó en Londres. No obstante, dudamos que Meagher y Trollope pudieran haberse leído entre ellos: sus publicaciones ven la luz casi al mismo tiempo. Trollope publica en octubre de 1859 pero la edición americana sale en 1860 y los artículos de Meagher se publican entre diciembre de 1859 y febrero de 1860. Tampoco parece que hayan podido encontrarse en Costa Rica. Meagher está en el país de marzo y abril de 1858 y luego en octubre de 1859. Trollope visita Costa Rica entre abril y mayo de 1859.

111Quizás los viajeros pudieron tener noticias de otros viajeros o autores no necesariamente anglosajones que escribieron sobre Costa Rica como los alemanes Wagner y Scherzer. Meagher hace la lectura de J. L. Stephens, de Felipe Molina, de Squier y de Solano Astaburuaga, pero no sabemos cuál pudo haber sido la biblioteca de referencia de Trollope con respecto a Costa Rica. Los interlocutores en el país locales o extranjeros también pudieron haber transmitido alguna información.

112No obstante, resultado de un poco de ficción o de imaginación, exageradas o no, fruto o no de un bola de nieve que se fue creando entre los diferentes autores, las percepciones o representaciones de los anglosajones que hemos estudiado nos permiten entender – como también podemos percatarlo en otros autores franceses, alemanes y norteamericanos – que los costarricenses de esa época presentaban ciertas características “singulares” – en todo caso con respecto al resto de los habitantes de los países centroamericanos -.

113Podemos hablar de un mito de “blancura” y “pacifismo” especialmente reconstruido por las élites liberales costarricenses de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Un discurso que se irá anclando entre los diversos sectores sociales en el transcurso de las primeras décasa del siglo XX. Sin embargo, algo seguramente había de cierto sobre un “color” – que vamos a tildar de más “claro” – y un carácter más “templado” entre un grupo importante de costarricenses que los viajeros observaron en el siglo XIX. Difundiendo entre sus páginas las “singularidades” costarricenses, los documentos extranjeros y los relatos de viajeros contribuyeron enormemente en la construcción social histórica de la “blancura” costarricense. Estamos frente a la construcción de una “blancura” “desde afuera” y que contribuirá a una versión oficial de una “blancura” intelectual promulgada por las élites “desde dentro” y que en algunas circunstancias será manifestada “hacia fuera”.

114Ronald Soto-Quirós
Université Montesquieu, Bordeaux IV, Bordeaux, France

Notas de pie de página

1151 Ma. Eugenia Bozzoli de Wille, “La población indígena, la cultura nacional y la cuestión étnica en Costa Rica”, Andrés Medina (coordinador), La etnografía de Mesoamérica Meridional y el Area circuncaribe. II Coloquio Paul Kirchnoff, (México, D.F.: UNAM, Instituto de Investigaciones Antropológicas, 1996), pág. 398.

1162 María de los Angeles Acuña y Doriam Chavarría, El mestizaje: la sociedad multirracial en la ciudad de Cartago (1738-1821). [Tesis de licenciatura en Historia, Universidad de Costa Rica] (San José, C.R.: Universidad de Costa Rica, 1991).

1173 María de los Ángeles Acuña León, “Provincia de Costa Rica: la construcción de los mestizajes, 1690-1821”, [Ponencia/ X Congreso Centroamericano de Historia, UNAN-Managua, Nicaragua, del 12 al 15 de Julio del 2010, Mesa de Historia colonial en Centroamérica y el Caribe], pág. 11. http://hcentroamerica.fcs.ucr.ac.cr/Contenidos/hca/cong/mesas/x_congreso/colonial/mestizajes-costarica.pdf , [Consultado el 12 de junio de 2013].

1184 Ver los siguientes trabajos: Kent Russell Loshe, Africans and Their Descendants in Colonial Costa Rica, 1600-1750, [Dissertation, Doctor of Philosophy], (Texas: The University of Texas at Austin, 2005) y Carlos Fallas Santamaría, Población afrodescendiente en Cartago y Villanueva: según los padrones borbónicos: familia y relaciones sociales, [Tesis de Magister Scientiae], (San José, C.R.: Universidad de Costa Rica, 2008).

1195 Ver el trabajo reciente: Russell Loshe, “La Negrita,” Queen of the Ticos: The Black Roots of Costa Rica’s Patron Saint”, The Americas, Vol. 69, No. 3, January 2013, págs. 323-355.

1206 Lowell Gudmundson, “De “negro” a “blanco” en la Hispanoamérica del siglo XIX: la asimilación afroamericana en Argentina y Costa Rica”, Mesoamérica, No. 12, Diciembre de 1986, págs. 309-329.

1217 Lowell Gudmundson, “De “negro” a “blanco” …”, pág. 315.

1228 Steven Palmer, “Hacia la “auto-inmigración”: el nacionalismo oficial en Costa Rica, 1870-1930”, Arturo Taracena y Jean Piel, (eds.) Identidades nacionales y Estado moderno en Centroamérica, (San José, C.R.: EUCR, Colección Istmo, 1995), pág. 77. Steven Palmer, “Racismo intelectual en Costa Rica y Guatemala, 1870-1920”, Mesoamérica, Año 17, No. 13, Junio de 1996, págs. 102, 118. Tres aspectos son señalados por Palmer para explicar la “ficción de una raza pura”: “Primero, los grupos que no podían aspirar a formar parte de la raza homogénea –los grupos indígenas, una buena parte de los guanacastecos y los negros anglicizados de Limón- vivían en las márgenes de la República, en términos geográficos, demográficos, políticos y económicos. Segundo, desde antes del siglo XIX, a pesar de la pérdida de tierras que sufrieron las comunidades indígenas como consecuencia de la expansión cafetalera, las actividades económicas más vitalese en Costa Rica no se habían desarrollado mediante una explotación directamente basada en diferencias culturales o raciales. Tercero, durante la primera mitad del siglo XIX, la población de la Meseta había compartido un repertorio cultural bastante parecido, y la diferenciación cultural que empezó a experimentar Costa Rica con el auge cafetalero se basó en divisiones espaciales (ciudad/campo) y clasistas y no estamentales.” Steven Palmer, “Racismo intelectual…”, pág. 117.

123fn9. Nuestra traducción. Alfred J. López, “Introducción: Whiteness After Empire”, Alfred J. López (ed.), Postcolonial whiteness. A critical Reader on Race and Empire, (Albany: State University of New York Press, 2005), pág. 17.

12410 Ver por ejemplo sobre este campo de estudios: Henry Schwarz & Sangeeta Ray (ed. By), A Companion to Postcolonial Studies, (Oxford: Blackwell Publishing, 2005).

12511 Véase Mike Hill (ed.) , Whiteness: a critical reader, (New York: New York Univ. Press, 1997); Aileen Moreton-Robinson (ed.), Whitening Race:Essays in social and cultural criticism, (Canberra, Austr.: Aboriginal Studies Press, 2005); Kristín Loftsdóttir, Lars Jensen, (ed.), Whiteness and Postcolonialsim in the Nordic Region. Exceptionalism, Migrant Others and National Identities, (Burlington, VT: Ashgate Publishing Limited, 2012). En el libro de Aschroft, Griffiths y Tiffin sobre los conceptos claves de los “estudios postcoloniales” en su primera edición el concepto de “whiteness” no aparece como un término específico pero en la segunda edición (2007) y en la tercera edición (2013), ya lo encontramos como una llamada independiente: “Whiteness”, Bill Aschrof, Gareth Griffiths and Helen Tiffin, Postcolonial Studies. The Key Concepts, Third Edition, (London, New York: Routledge, 2013), págs. 271-274.

12612 Una interesante crítica a estos estudios desde la perspectiva francesa puede verse en : Bastien Bosa, “Plus blanc que blanc. Une étude critique des travaux sur la _whiteness_”, Didier Fassin, Les nouvelles frontières de la société française. Enquête sur l’altérité nationale, (Paris: La Découverte, 2010), págs. 129-145.

12713 Nuestra traducción. A. J. López, “Introduction: Whiteness after Empire”, págs. 16-17.

12814 Sobre los matices históricos de la visualización de los costarricenses en cuanto a su “raza” ( sus orígenes étnicos) y su “carácter” (las descripciones sobre una personalidad socio-política) en la literatura extranjera como nacional ver nuestro trabajo doctoral: Ronald Soto-Quirós, Représentations du peuple costaricien: la “race” entre le regard extérieur et la construction nationale, 1821-1917, [Thèse de doctorat en études ibériques et ibéro-américains, spécialité histoire, sous la direction de Y. Aguila], (Pessac: Université Michel de Montaigne, Bordeaux III, 2010).

12915 Juan Carlos Solórzano F., Una crítica a los enfoques “poscolonial” sobre los viajeros europeos y estadounidenses en la Centroamérica del Siglo XIX , Boletín de la AFEHC, No. 56, Enero-Marzo, 2013, (Dossier: Los viajeros como actores y testigos de realidades (centroamericana y/o occidental): ¿una fuente explotable de datos?) bajo la coordinación de Juan Carlos Solórzano), [consultado el 05 de agosto de 2013].

13016 Ronald Soto-Quirós, Viajeros, traducciones y autoelogios: el interés por los relatos de extranjeros, Costa Rica, 1871-1944 , Boletín de la AFEHC, No. 56, Enero-Marzo, 2013, (Dossier: Los viajeros como actores y testigos de realidades (centroamericana y/o occidental): ¿una fuente explotable de datos?) bajo la coordinación de Juan Carlos Solórzano), [consultado el 05 de agosto de 2013].

13117 Luis Jiménez Barahona, El gran incógnito. Visión interna del campesino costarricense, (San José, C.R.: Editorial Universitaria, 1953), págs. 10, 17-20, 32, 64-65, 71, 126, 136-134, 139-140,

13218 Paul Gache, “Une République Agraire. Le Costa-Rica”, Revue de Psychologie des peuples, 14ème Année, No. 2, 2ème Semestre 1959, (Le Havre: Ancienne Imprimerie Marcel Etaix, Institut Havrais de Sociologie Économique et de Psychologie des peuples), pág. 149, 152, 167-168. El artículo es traducido al castellano como: Paul Gache, “Una república agraria. Costa Rica”, [Traducción de Sira Jaén], Revista de Filosofía de la Universidad de Costa Rica, Vol. III, No. 9, Enero-junio 1961, págs. 9-27.

13319 James L. Busey, “Foundations of Political Contrast: Costa Rica and Nicaragua”, The Western Political Quarterly, [University of Utah], (Vol. 11, No. 3, Sept. 1958), págs. 635-636; James L. Busey, Notes on Costa Rican Democracy, [University of Colorado Studies, Series in Political Sciences, No. 2] (Boulder, Colorado: University of Colorado Press, 1962), págs. 1 y 3. La traducción al castellano: James L. Busey, Notas sobre la democracia costarricense. [Traducción al español de Emilio E. Piza] (San José, C.R.: Editorial Costa Rica, 1968), págs. 17 y 19.

13420 Chester Zelaya, “Apuntes historiográficos sobre la democracia en Costa Rica”, Chester Zelaya, Oscar Aguilar Bulgarelli, et. al, ¿Democracia en Costa Rica? Cinco opiniones polémicas, (San José, C.R.: EUNED, 1978), págs. 11-15.

13521 Chester Zelaya, “Apuntes historiográficos…”, pág. 14.

13622 Steven Palmer, “Hacia la “auto-inmigración”: el nacionalismo oficial en Costa Rica, 1870-1930”, Arturo Taracena y Jean Piel, (eds.) Identidades nacionales y Estado moderno en Centroamérica, (San José, C.R.: EUCR, Colección Istmo, 1995), pág. 77.

13723 Iván Molina Jiménez, Costarricense por dicha. Identidad nacional y cambio cultural en Costa Rica durante los siglos XIX y XX, (San José, C.R.: EUCR, 2002), pág. 20. La referencia es retomada por Molina en las reseñas sobre la obra Limón Blues de Ana Cristina Rossi: Iván Molina Jiménez, “Limón blues: Una novela de Anacristina Rossi”, Istmo. Revista de estudios literarios y culturales centroamericanos, [Reseña], No. 5, enero-junio, 2003: [http//istmo.denison.edu/no5/resenas/limón.html], [consultado el 23 de julio de 2013]. También: Iván Molina Jiménez, (Rossi, Ana Cristina. Limón blues. Cali: Alfaguara, 2002.) “_Limón blues_ : una novela de Ana Cristina Rossi” Revista de Filosofía de la Universidad de Costa Rica, Vol. 42, No. 105, pág. 185. Ya en 1991, Molina Jiménez nos decía en un estudio sobre la Costa Rica de 1800 a 1850: “La Meseta, donde la tez blanca no era extraña, impresionó siempre a los extranjeros. El escocés Robert Glasgow Dunlop exageraba, a todas luces, al aseverar en el año 1844: “los habitantes del Stado de Costa Rica son casit todos blancos, no habiéndose mezclado con los indicos como ene otras partes de la América española, y los pocos de color han venido sin duda de los Estados vecinos”. Véanse: Iván Molina Jiménez, Costa Rica (1800-1850). El legado colonial y la génesis del capitalismo. (San José, C.R.: EUCR, 1991) pág. 60 y Iván Molina Jiménez, Costa Rica (1800-1850). El legado colonial y la génesis del capitalismo. (San José, C.R.: EUCR, 2003), pág. 60.

13824 Víctor Hugo Acuña Ortega, “La invención de la diferencia costarricense, 1810-1870”, Revista de Historia de Costa Rica, [UCR/UNA/CIHAC], No. 45, Enero-junio 2002, págs. 212-214.

13925 V. H. Acuña Ortega, “La invención…”, págs. 212-214, 226.

14026 David Díaz Arias, Construcción de un Estado Moderno: Política, Estado e identidad nacional en Costa Rica, 1821-1914, [Serie Cuadernos de Historia de las Instituciones de Costa Rica, 18], (San José, C.R.: EUCR, 2002), pág. 62.

14127 Silvia Meléndez Dobles, “Aportes geográficos al imaginario costarricense en el siglo XIX”, Revista Reflexiones, [Universidad de Costa Rica], 83 (1), 2004, págs. 75, 82.

14228 Eugenia Zavaleta Ochoa, Las exposiciones de artes plásticas en Costa Rica (1928-1937), (San José, C.R.: EUCR, 2004), págs. 177-178.

14329 Alexander Jiménez Matarrita, El imposible país de los filósofos: el discurso filosófico y la invención de Costa Rica, (San José, C.R.: Ediciones Perro Azul, 2002), p. 178. Este es un trabajo fruto de la tesis de Jiménez Matarrita defendida en la Universidad de Salamanca en 2001: Alexander Jiménez Matarrita, Filosofía y nacionalidad en Costa Rica, [Tesis de Doctorado en Filosofía, Dir. María Teresa López de la Vieja], (Salamanca: Universidad de Salamanca, 2001). Ver también un artículo en la misma perspectiva: Alexander Jiménez Matarrita, “Costa Rica, o de cómo se inventan las excepciones”, Francisco Colom González, (ed.), Relatos de nación. La construcción de las identidades nacionales en el mundo hispánico, Tomo II, (Madrid: Iberoamericana; Vervuert, 2005), págs. 955-973.

14430 Ver el interesante trabajo de William Anthony Goebel McDermott, Naturaleza imaginada: Una aproximación a las representaciones sociales de la naturaleza en la Costa Rica decimonónica: un estudio de caso: los exploradores extranjeros, 1850-1905. [Tesis, Magister Scientiae en Historia], (San José, C.R.: Universidad de Costa Rica, 2007).

14531 Elías Zeledón Cartín (selección), Viajes por la República de Costa Rica. I. [Prólogo de Fernando González Vázquez], (San José, C.R.: Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, Editorial de la Dirección de Publicaciones: Museo Nacional de Costa Rica, 1997; Elías Zeledón Cartín (selección), Viajes por la República de Costa Rica.II. [Prólogo de Fernando González Vázquez], (San José, C.R.: Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, Editorial de la Dirección de Publicaciones: Museo Nacional de Costa Rica, 1998; Elías Zeledón Cartín (selección), Viajes por la República de Costa Rica. III. [Prólogo de Fernando González Vázquez], (San José, C.R.: Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, Editorial de la Dirección de Publicaciones: Museo Nacional de Costa Rica, 1997.

14632 Raúl Aguilar Piedra, (edición, al cuidado de), Viajeros por el Sarapiquí, 1853-1859, (Alajuela, C.R.: Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, 1999).

147fn33. Miguel Ángel Quesada Pacheco, Entre silladas y rejoyas. Viajeros por Costa Rica de 1850 a 1950, (Cartago, C.R.: Editorial Tecnológica de Costa Rica, 2001).

14834 Juan Carlos Vargas (ed. and with an introduction by), Tropical Travel. The Representation of Central America in the Nineteenth Century. Facsimiles of Illustrated Texts (1854-1895), (San José, C.R.: EUCR, 2008). Ver un análisis de esta obra: Juan Carlos Solórzano Fonseca, “ Tropical Travel. The Representation of Central America in the 19th Century. ¿Denuncia histórica o visión inquisidora sobre los viajeros?, Anuario de Estudios Centroamericanos, [Universidad de Costa Rica], Nos. 33-34, 2007-2008, págs. 29-48.

14935 Wilhelm Marr, Viaje a Centroamérica, [Introducción de Juan Carlos Solórzano F. ; traducción técnica y notas de Irene Reihold], (San José, C.R.: EUCR/ Asociación Pro-Historia Centroamericana, 2004), págs. XIII-XIV.

15036 Ya habíamos mencionado algunos aspectos del discurso de estos viajeros en un trabajo precedente: Ronald Soto Quirós, “Imaginando una nación de raza blanca en Costa Rica: 1821-1914”, Les Cahiers ALHIM, Amérique Latine, Histoire et Mémoire, [Université de Paris 8] [Dossier: Etat et Nation I (19ème siècle), numéro coordonné par Enrique Fernández Domingo], No. 15, 2008, págs. 238-239, 246-248.

15137 Robert Glasgow Dunlop, Travels in Central America, being a journal of nearly three year\\\\\\\‘s residence in the country. Together with a Sketch of the History of the Republic, and a Account of its Climate, productions, commerce, etc , (London: Printed for Longman, Brown, Green, and Longmans, 1847). Sobre la vida de Dunlop una descripción es hecha en el prefacio del libro: R. G. Dunlop, Travels in Central America, págs. V-VII. Igualmente véase: “Dunlop\\\\\\\‘s Travels in Central America”, Littell\\\\\\\‘s Living Age, [Conducted by E. Littell], No. 175, 18/09/1847, Vol. 14, July, August, September, 1847, (Boston: Published by E. Littell & Co., Philadelphia, M. Canning & Co, New York, Berford & Co., 1847), pág. 534 [págs. 534-537]. También otra revista habla de Dunlop: “Art. IV.-_Travels in Central America, being a Journal of nearly Three Year\\\\\\\‘s Residence in the Country ; together with a sketch of the History of the Republic, and an account of its Climate, Productions, Commerce, &c_ , By Robert Glasgow Dunlop, Esq. London: Longman, 1847.”, _The Dublin Review, Sept. 1847, Vol. XXIII, Published in September and December, 1847, (London: Thomas Richardson and Son; Edinburgh: J. Marshall; Glasgow: Hugh Margey; New York: Edward Dunigan; Paris: Stassin and Xavier, 1847), pág. 78 [págs. 78-89].

15238 R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [2002], págs. 81-82; Theodore S. Creedman, Historical Dictionary of Costa Rica, (Metuchen, N. J.; London: The Scarecrow Press, Inc., 1977), [Latin American Historical Dictionaries, No. 16], pág. 58. Observar la traducción hecha sobre la parte de Costa Rica por Fernández Guardia en 1929: R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [2002], págs. 83-94.

15339 El mismo libro lo indica: “The object of this work is to furnish the English reader with some trustworthly information respecting Central America, a portion of the world almost unknown in England.” “Preface” (Guatemala, December; 1846), R. G. Dunlop, Travels in Central America, pág. V. Una reseña de setiembre de 1847 nos indica : “This is little book of small pretension, but nevetheless full of useful facts and statistics relative to places and people of whom Europeans possess at present but scanty information” “Art. IV.-_Travels in Central America, being a Journal of nearly Three Year\\\\\\\‘s Residence in the Country ; together with a sketch of the History of the Republic, and an account of its Climate, Productions, Commerce_, &c.,by Robert Glasgow Dunlop, Esq. London: Longman, 1847.”, The Dublin Review, Sept. 1847, Vol. XXIII, Published in September and December, 1847, (London: Thomas Richardson and Son; Edinburgh, J. Marshall; Glasgow, Hugh Margey; New York, Edward Dunigan; Paris, Stassin and Xavier, 1847), pág. 78. Otra reseña también habla sobre el trabajo de Dunlop. “Dunlop\\\\\\\‘s Travels in Central America”, Littell\\\\\\\‘s Living Age, Vol. 14, No. 175, 18/09/1847, pág. 534 [págs. 534-537]. Ver en otro documento de la época: “Our Library. Travels in Central America…”, _The People\\\\\\\‘s Journa_l, (edited by John Saunder), Vol. IV, No. 87, August 28, 1847, (London, People\\\\\\\‘s Journal Office, 1848), pág. 119 [págs. 119-121]. La publicación fue recibida el 28 de agosto de 1847 en una revista: “New Publication Receibed To Aug. 26, 1847 […] Travels in Central America. By. R. G. Dunlop.-Longman & Co.”, The People’s Journal-Annals of Progress, [The Week ending Saturday, September 4th, 1847], pág. 20.

15440 R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [2002], págs. 82-81. En el original: “Its consists chiefly of extracts from the Author’s private journal, and contains a brief sketch of the history of the Republic of Central America, from its origin to the present time; together with an account of the most remarkable phenomena and productions, and the present state of its society, agriculture, and commerce. During its completion the Author had no at hand any of the works which treat of Central America; but this is the less to be regretted, as the only publications he has seen relating to it were merely notices of hurried travels throught the country, which, while abounding with palpable inaccuracies, contained no statistical or useful information of any description.” “Preface […] Guatemala, December, 1846”, R. G. Dunlop, Travels in Central America, pág. V.

15541 El prefacio está fechado así “London, 18th June, 1847”, R. G. Dunlop, Travels in Central America, pág. VII. En una publicación francesa de julio de 1847 ya se hace una reseña del libro: “Amérique” [Bibliographie], Nouvelles Annales des Voyages et des Sciences Géographiques. Juillet 1847. Nouvelle Série. Année 1847. Tome Troisième. (Paris: Arthus Bertrand, éditeurs), pág. 127.

15642 R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [2002], págs. 83-94. Ver las secciones sobre Costa Rica en el original: R. G. Dunlop, Travels in Central America, págs. 39-55.

15743 R. G. Dunlop, Travels in Central America, pág. 334.

15845 R. G. Dunlop, Travels in Central America, pág. 333.

15946 R. G. Dunlop, Travels in Central America, pág. 333.

16047 R. G. Dunlop, Travels in Central America, pág. 334.

161fn48. R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [ 2002], pág. 87. Ver en el original: R. G. Dunlop, Travels in Central America, pág. 46. Hablando de una breve estancia en mayo de 1845 en El Salvador, Dunlop describe al presidente interino como un individuo originario de Costa Rica sin sangre mezclada y más bien atrativo: “I remained one day at San Salvador, and was introduced to the new acting president, Guzman, a native of Costa Rica, and like most of his countrymen, more remarkable for cunning that honour or courage. His manners are gentlemanly; he has no mixture of coulored blood, and its rather good-looking, though he appears to possess but little talent or education.” R. G. Dunlop, Travels in Central America, pág. 116.

16249 R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX ,[2002], pág. 85. Ver en el texto original: “I was accompanied by a young man, a native of the state, who had arrived from Guatemala, with woollen manufactures, to the value of some thousand dollars. Here he is called a comerciante (merchant), but would in England be called a pedlar. [...] he is a dark-coloured Mestizo, which is rare in this state.” R. G. Dunlop, Travels in Central America, pág. 42.

16350 Para la breve biografía que presentamos hemos recurrido a diferentes obras. Algunas pequeñas biografías del siglo XIX: “Meagher,Thomas Francis”, George Ripley; Charles A. Dana, (eds.), The American Cyclopædia: A Popular Dictionary of General Knowledge, Vol. XVI, V-Zwirner with a Supplement, (New York / London: D. Appleton and Company, 1868), pág. 793; The American Annual Cyclopædia and Register of Important Events of the Year 1867, Vol. VII, (New York: D. Appleton and Company, 1868), págs. 485-486; E. F. F., “Thomas Francis Meagher” [Biographies], De la Salle Monthly, Vol. III, August, 1870, No. 14. De la Salle Monthly. A Catholic Magazine, Volumes III and IV, July 1870, to July 1871, (New York: De la Salle Catholic Association, 1871), págs. 49-53.
Obras completamente dedicadas a T. F. Meagher de finales del siglo XIX: W. F. Lyons, Brigadier-General Thomas Francis Meagher: His political and military career; with selection from his speeches and writings, (New York: D. & J. Sadlier & Co.; Boston: P. H. Brady; Montreal: Cor. Notre Dame and St. Francis Xavier Sts., 1870). Igualmente: Michael Cavanagh, Memoirs of Gen.Thomas Francis Meagher, comprising The Leading Events of His Career, [Chronologically arranged, with selection from his speeches, lectures and miscellaneous writings, including Personal Reminiscences], (Worcester, Mass.,: The Messenger Press, 1892). Igualmente podemos anotar: “Meagher, Thomas Francis”, Dumas Malone (ed.), Dictionary of American Biography, Under the Auspices of The American Council of Learned Societes, McCrady-Millington, Vol. XII, (London: Humphrey Milford, Oxford University Press; New York: Charles Scribner’s Sons, 1933), págs. 484-482.
Ver también publicaciones más recientes: Gary R. Forney, Thomas Francis Meagher. Irish Rebel, American Yankee, Montana Pioneer, (S. l., Xlibris, 2003); John M. Hearne; Rory T. Cornish; Thomas Francis Meagher: the Making of an Irish American, (Dublin; Portland (Or.): Irish Academic Press, 2006); Paul R. Wylie, The Irish General: Thomas Francis Meagher, (Oklahoma: The University of Oklahoma Press, 2007).
En castellano podemos citar: “Thomas Francis Meagher”, R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX., [1929], págs. 283-285. También ver: R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [2002], págs. 273-275; M. A. Quesada Pacheco, Entre silladas, pág. 67.

16451 Sobre este arresto y otras vivencias de Meagher ver: Sean McConville, Irish Political Prisoners, 1848-1942, Theatres of War, (London/New York: Routledge, 2003), págs. 32, 42, 47, 49, 58, 66-67, 71-73, 104.

16552 Sobre la participación de Meagher en la Guerra de secesión: Daniel M. Callaghan, Thomas Francis Meagher and the Irish Brigade in the Civil War, (North Carolina: McFarland & Co., Inc. Publishers, 2006); Daniel Obländer, “The Irish and the American Civil War” [Seminar Paper], (Munich: GRIN Verlag, 2007); Phillip Thomas Tucker, “God Help the Irish”: The History of the Irish Brigade, (Abilene, Tex.: McWhiney Foundation Press, 2007).

16653 P. R Wylie, The Irish General, págs. 105-106; W. F. Lyons, Brigadier-General Thomas, págs. 22-23. Ver también: Florence G. Gibson, The Attitudes of the New York Irish Toward State and National Affairs, 1848-1892, (New York: Columbia University Press, 1951), págs. 63-64. James Dunkerley indica que en febrero de 1857, Meagher se porta voluntario para defender al “ ‘Colonel’ Farbins [sic], Walker’s Director of Colonisation.” James Dunkerley, Americana. The Americas in the World, around 1850, (London/New York: Verso, 2000), pág. 608. Algunos consideraban como un descaro el apoyo de Meagher a la causa de William Walker en Nicaraguar: \\\\\\\“Sublime Impudence!\\\\\\\” [Washington News an Gossip], Evening Star, (Washington, D.C.), Vol IX, No. 1283, 26/02/1856, pág. 2. En todo caso, Meagher aduce antes de salir a Centroamérica que su viaje no tiene propósitos políticos. Un diario de Tennesse reproduce en marzo de 1858 las palabras de Meagher: “T. F. MEAGHER. –Thomas F. Meagher sails on Saturday for Central America. In his card, published in the Irish News, he says: “I need not tell you that I have no political object –none whatever- in visiting Central America. The saucy statement or insinuations to the country, which appeared in two or three newspapers here and elsewhere, were wantonly fasle. The cordial letters of introduction which I carry with me from Senor Molina, the Costa Rican Minister, are the best evidence of the perfect legitimacy of my purpose and intentions.” \\\\\\\” En: \\\\\\\“T. F. MEAGHER,\\\\\\\” The Athens Post, (Athens, Tenn.), Vol. X, No. 496, 26/03/1858, pág. 2.

16754 Sobre la invitación, los discursos de dicho mitin y la carta de Meagher [“Letter of T. F. Meagher, Iris New Office, May 23, 1856”], ver: William V. Wells, Walker’s Expedition to Nicaragua; a history of the Central America War; and the Sonora and Kinney Expeditions, [etc.], (New York: Stringer and Townsend, 1856), págs. 226-234. El apoyo de Meagher al proyecto de Walker ya había sido mencionado por Ricardo Fernández Guardia en 1929: R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [2002], págs. 273-274.

16855 William V. Wells, Walker’s Expeditions to Nicaragua, pág. 234. La traducción que hace Fernández Guardia es: “ “Las aclamaciones lanzadas hoy en el Parque, anuncian que la bandera de Costa Rica está hecha pedazos.” ” R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [2002], pág. 274.

16956 G. R. Forney, Thomas Francis Meagher, págs. 80-81.

17057 P. R.Wylie, The Irish General, pág. 105.

17158 Maria Lydig Daly se convierte – luego de la participación de Meagher en la guerra civil y, en particular en una batalla llamada Battle of Bull Run – en una de sus mayores detractores. Daly considera al personaje como tiránico, despótico, ambicioso, arrogante e hipócrita. Parece que Daly no aprecia ni a Meagher ni a su esposa Elizabeth. Algunos consideran que existía un temor de Maria de la prominencia de Meagher como uno de los personajes más importantes en el contexto de los irlandeses en New York y una competencia para la figura de su esposo. P. R. Wylie, The Irish General, pág. 136; Susannah Ural Bruce, The Harp and the Eagle. Irish-American Volunteers and the Union Army, 1861-1865, (New York/London: New York University Press, 2006), págs. 89-90. Ver el diario de este personaje y sus opiniones sobre Meagher entre octubre y noviembre de 1861: Maria Lydig Daly, Diary of a Union Lady, 1861-1865, [Harold Early Hammond, ed.; introduction Jean V. Berlin], (Lincoln: Bison Books/University of Nebraska, 2000), págs. XXXII, 64, 69 y 75.

17259 R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [2002], pág. 277. T. Meagher, “Holidays in Costa Rica. I”, [1859, December], pág. 18.

17360 P. R. Wylie, The Irish General, pág. 105.

17461 T. F. Meagher, “Carta a Charles P. Daly” [Cartago, 24 de abril de 1858], M. A. Quesada Pacheco, Entre silladas, pág. 70. [págs. 68-72]. Miguel A. Quesada Pacheco nos dice : “El presente escrito suyo es una carta que se conserva inédita en la Biblioteca Pública de Nueva York, que escribió a su amigo Charles Daly, informándole, de manera muy somera, sobre Costa Rica y sus habitantes, sus costumbres y sus cualidades.” M. A. Quesada Pacheco, Entre silladas, pág. 67. Cabe destacar que dicha carta fue ya retomada por Carlos Meléndez Chaverri en un libro de 1968. Sin embargo, parece que la carta iba más bien dirigida a Maria L. Daly que a su esposo. Meléndez Chaverri apunta: “Carta de Thomas Francis Meagher, fechada en Cartago el 27 de abril de 1858 y dirigida a su amiga Mrs. Charles P. Daly, de nombre Mary (Lyding). Esta carta, inédita, hasta ahora, se encuentra en The New York Public Library, Mss. Room (319) en donde tuvimos ocasión de consultarla el 18 de octubre de 1952”. En: Carlos Meléndez Chaverri, Dr. José María Montealegre: contribución al estsudio de un hombre y una época poco conocida de nuestra historia, (San José, C.R., Academia de Geografía e Historia de Costa Rica, 1968), pág. 58.

17562 “Local Intelligence. […] Washigton Theater”, Evening Star, (Washington, D.C.), Vol. XII, No. 1831, 02/12/1858, pág. 3. La conferencia del miércoles se repite también en el mismo teatro el sábado de la misma semana. Un diario de Washington del viernes 3 de diciembre de 1858 anuncia en su sección de \\\\\\\“Amusements\\\\\\\”: “WASHINGTON THEATRE. Second and last night in CENTRAL AMERICA, BY THOMAS FRANCIS MEAGHER.– SATURDAY EVENING, December 4th, 1858. ENTIRELY NEW DISCOURS ENTIRELY NEW PAINTINGS ! Prices as usual de 3-2t. Doors open at 71/2, the Narrative beginning at 8’oclock.” En: “Amusements. Washington Theatre.” Evening Star, (Washington, D.C.), Vol. XII, No. 1832, 03/12/1858, pág. 2.

17663 R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [2002], pág. 274.

17764 G. R. Forney, Thomas Francis Meagher, pág. 84. Forney cita: “54. T.F. Meagher letter to John Fogle, October 13, 1859. Leggat Collection.” G. R. Forney, Thomas Francis Meagher, pág. 257.

178fn65. “By the Northern Light, Mr. Thos. Francis Meagher sailed for San José, Costa Rica, as bearer of dispatches to Mr. Dimitry, United States Minister.” “For California”, New York daily tribune, (New-York), Vol. XIV, No. 5758, 06/10/1859, pág. 8.

17966 “There is a well-authenticated rumor that Thomas F. Meagher has gone to Costa Rica as an agent of President Mora, and will make an effort to assist him with his Iris countrymen in regaigning supreme power. His scheme may not be utterly abortive, as government availed itself of his offer to take dispatches to Mr. Dimitry, which will afford him the protection of a diplomatic character”, The Penny press, (Cincinnati), Vol. 2, No. 49, 17/10/1859, pág. 1.

18067 “1524. Alexander Dimitry, United States Minister Resident to Nicaragua and Costa Rica, to Lewis Class, Secretary of State of United States1 [Extratcs] San José, Costa Rica, October [31]2 1859./ No. 3 / SIR: Through Thos. Francis Meagher, Esqre., bearer of the State Department, your Despatches N° 3 and N° 4, dated respectively Septr 22d, and October 3d, 1859,3 together with their accompaniments, have been duly received. […] 1Despatches, Nicaragua & Costa Rica, vol. 5. Received November 23. /2 In the original document, the day of the month is omitted; but in the first paragraph of his No. 4, dated October 31, 1859, below, this part, doc. 1525, he mentions his “No. 3 of this date.” / 3 For instruction No. 3 of September 22, 1859, see above, pt. I, doc. 1121; but No. 4 of October 3 is not included in this publication.” William R. Manning, [Selected and Arranged by], Correspondence of The United States Inter-americain Affairs, 1831-1860 […] Volume IV-Central America, 1851-1860, Documents 996-1578, (Washington: Carnegie Endownent for International Peace, 1934), pág. 800.

18168 En marzo de 1860, un diario americano nos dice: “Personal […] Thos. Francis Meagher, now in Costa Rica got himself into a scrape it seems, with the present authorities there, in consequence of his Harper’s Magazine article praising President Mora. Thomas Francis has sent a penitent disclaimer to the San Jose Album.” Evening Star, (Washington, D.C.), Vol. XV, No. 2217, 27/03/1860, pág. 2. Otro periódico norteamericano indica en enero de 1861: “In Costa Rica, Francis Meagher, as agent for some capitalists in New York has obtained a grant, the particulars of which have not yet been made public. It covers a large tract of land in Costa Rica, but not the whole country, and if it did, the great value of the business would still lie in Nicaragua.” Evening Star, (Washington, D.C.), Vol. XVII, No. 2473, 22/01/1861, pág. 1.

18269 Voir : Paul R. Wylie, Op. cit., págs. 105-106 ; W. F. Lyon, Op. cit., pág. 23 ; M. Cavanagh, Op. cit., p. 347 ; G. R. Forney, Op. cit., págs. 81, 83-84 ; R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [2002], pág. 274. Ver el acuerdo firmado por Meagher y Vicente Aguilar el 24 de julio de 1860: “Chiriqui Commission. House of Representants. 36th Congress, 2d Session. Ex. Doc. No. 41, Executive documents printed by order of The House of Representatives during the Second Session of the Thirty-Six Congress,1860-’61, (Washington: Government Printing Office, 1861), págs. 65-70. El artículo publicado es: T. F. Meagher, “The New Route Through Chiriqui”, Harper’s New Monthly Magazine, Vol. XXII, No. CXXVIII, January, 1861, Harper’s New Monthly Magazine, Volume XXII. December, 1860, to May, 1861 (New York: Harper & Brothers, Publishers, 1861), págs. 198-209.

18370 T. D Schoonover, The United Sates in Central America, 1860-1911: Episodes of Social Imperialism and Imperial Rivalry in the World System, (Durham: Duke University Press, 1991), pág. 32. Alberto Saénz Maroto nos explica: “1860.- Como hecho importante se autoriza al Gobierno, para que en vista de la propuesta celebrada con el señor Thomas F. Meager (Representante del señor Ambrose W. Thompson) de los Estados Unidos, se celebre un contrato para establecer y construir un ferrocarril entre Bocas del Toro y Golfo Dulce, según las bases ya aprobadas./1861.- De igual manera se anula la contrata celebrada con el señor Meagher, para la construcción del ferrocarril Bocas del Toro-Golfo Dulce, atendiendo a que “no conviene a la República hacer efectivas las concesiones y privilegios acordados en dicha contrata”. ” A. Sáenz Maroto, Historia agrícola de Costa Rica, (San José, C.R., Ciudad Universitaria “Rodrigo Facio”: Publicaciones de la Universidad de Costa Rica, Serie Agronomía, No. 12, 1970), pág. 491.

18471 M. Cavanagh, Memoirs of Gen. Thomas, pág. 347.

18572 Thomas Francis Meagher, “Holidays in Costa Rica, I.-Punta Arenas to San José”, Harper’s New Monthly Magazine, Vol. XX, No. CXV, December, 1859, págs. 18-38; “Holidays in Costa Rica. II. San José”, Harper’s New Monthly Magazine, Vol. XX, No. CXVI, January, 1860, págs. 145-164; “Holidays in Costa Rica. III. San José to Cartago”, Harper’s New Monthly Magazine, Vol. XX, February, 1860, págs. 304-325. En: Harper’s New Monthly Magazine, Volume XX. December, 1859, to May, 1860, New York, Harper & Brothers Publishers, 1860. La primera traducción en castellano fue hecha por Ricardo Fernández Guardia y publicada en 1923: Ricardo Fernández Guardia, _Vacaciones en Costa Rica (por_…), (San José, C.R.: Tipo. Trejos Hnos., 1923) [Liceo de Costa Rica, Serie A, No. 10]. También esta traducción fue publicada en 1929: Thomas Francis Meagher, “Vacaciones en Costa Rica”, [I. De Punta Arenas a San José; II. San José; III. De San José a Cartago], Ricardo Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [1929], págs. 281-391.

18673 W. F. Lyons, The Irish General, págs. 285-350.

18774 M. A. Quesada Pacheco, Entre silladas, pág. 69.

18875 M. Cavanagh, _Memoirs of Gen. Thomas_…, pág. 347.

18976 T. F. Meagher, “Holidays in Costa Rica. I”, [1859, December], págs. 24, 29, 34; T. F. Meagher, “Holidays in Costa Rica. III” [1860, February], págs. 316, 321.

19077 Paéz va a publicar en 1862 un libro sobre América del Sur: (Don) Ramon Páez, Wild Scenes in South America; or, Life in the Llanos of Venezuela, (New York: Charles Scribner, 1862). En 1868, Páez publica: (Don) Ramon Paéz, Travels and Adventures in South and Central America, First Series: Life in the Llanos of Venezuela, (New York: Charles Scribner & Co, 1868). Una traducción de esta última obra se puede encontrar en francés: Don Ramón Páez, Voyages et aventures dans l’Amérique centrale et méridionale, [Traduit de l’anglais par Émile de la Bédollière, illustrés de vignettes anglaise et d’une carte], (Paris: Collection Georges Barba, 1870).

19178 P. R. Wylie, The Irish General, págs. 25, 104. G. R. Forney, Thomas Francis Meagher., pág. 81.

19279 P. R. Wylie, The Irish General, pág. 336.

19380 Se piensa que las “Moving-Pictures Panoramas”, grandes telones que ponían en movimiento con ilustraciones para presentar historias o viajes –y de las cuales se conservan pocos hoy en día- fueron ideadas por Edward Harrison May y Joseph Kyle en 1848. Sobre la exposición de Kyle y Páez véase: Anthony Páez Mellan, “Páez, Ramón”, Joan M. Marter, (ed.), The Grove Encyclopedia of America, Vol. 4. Pach-Sze, (Oxford/New York: Oxford University Press, 2011), págs. 4-5. Parece que Kyle después de la muerte de su socio Jacob Dallas en 1857 trabaja en la panorámica de Páez antes de abandonar esta área y concentrarse en la pintura de retratos. “Kyle Joseph” En: Peter E. Palmquist & Thomas R. Kailbourn, [Foreword by Martha A. Sandweiss], Pioneer Photographers of the Far West. A Biographical Dictionary, 1840-1865, (Stanford, Ca.: Stanford University Press, 2000), pág. 357. También: “Kyle Joseph”, Peter E. Palmquist & Thomas R. Kailbourn, (ed.), Pioneer Photographers from the Mississippi to the Continental Divide. A Biographical Dictionary, 1839-1865, (Stanford, Ca.: Stanford University Press, 2005), pág. 379.

19481 R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [2002], pág. 275.

19582 M. A. Quesada Pacheco, Entre silladas, págs. 69-70.

19683 Algunas referencias poniendo a Suiza como posible comparación para Costa Rica se pueden ver en: Félix Belly, Percement de l’isthme de Panama par le canal de Nicaragua : exposé de la question (Paris: Bureaux de la Direction du Canal et à la Librairie Nouvelle, 1858), págs. 20-21. Voir aussi : Félix Belly, Percement de l’isthme américain. Canal de Nicaragua. Exposé de la question. Deuxième édition (Paris: Aux Bureaux de la Direction du Canal et à la Librairie Nouvelle, 1859), págs. 20-21. En la edición en español: Félix Belly, Apertura del Istmo Americano. Canal de Nicaragua, (Paris: En las oficinas de la dirección del Canal, 1859), pág. 23. Belly nos dice en 1860 : ”Il n’y a guère que la Suisse qui ressemble de loin, et par ses beaux côtés, à Costa-Rica. Ici, comme en Suisse, tout est simple, la politique, le mœurs, la conduite publique et privée”. Félix Belly, “La Question de l’Isthme Américain. Épisode de l’histoire de notre temps. III”, Revue de Deux Mondes, XXXe. Année, Seconde Période, Tome Vingt-huitième, Livraison du 15 Août, 1860, pág. 870.

19784 R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [1929], pág. 319. En la version de 2002 hay un pequeño error: “…pero animosa metropili [sic] Suiza de los Trópicos” . R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [2002], pág. 306. En el texto original: “May Heaven be with it –the bright, Young, brave city of the Central Andes- the silent but industrious, the modest but prosperous, the inoffensive but undismayed metropolis of the Switzerland of the Tropics.” T. F. Meagher, “Holidays in Costa Rica, I.” [1859, December], pág. 37.

19885 R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [2002], pág. 333. En el documento original: “the Arcadian valley of San José”, T. F. Meagher, [1860, January], pág. 161.

19986 R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [2002], pág. 342. En el texto original: “The Arcadia of the Poets”. T. F. Meagher, “Holidays in Costa Rica. III”, [1860, February], pág. 306.

20087 R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [2002], pág. 305. En inglés: T. F. Meagher, “Holidays in Costa Rica. I”, [1859, December], pág. 36.

20188 M. A. Quesada Pacheco, Entre silladas, pág. 71.

20289 R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [2002], pág. 311.

20390 R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [2002], págs. 291-292. Ver en inglés: T. F. Meagher, “Holidays in Costa Rica. I”, [1859, December], pág. 28.

20491 R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [2002], pág. 312. En el originalT. F. Meagher, “Holidays in Costa Rica. II”, [1860, Janvier], pág. 148.

20592 R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [2002], págs. 302-303. En el texto original: T. F. Meagher, “Holidays in Costa Rica. I”, [1859, December], pág. 35.

20693 T. F. Meagher, “Holidays in Costa Rica. I”, [1859, December], pág. 35. La traducción en castellano nos dice: “es parte del secreto de su carácter industrioso, de su virilidad, de su diligencia, de su valor, de su triunfo en la guerra; el secreto de la tranquilidad perfecta, de la falta de crímenes, del progreso positivo, de la unidad política del espíritu nacional y, en suma, de la intrépida independencia del país. Todo el hombre está en su casa y se siente en ella. Y todo hombre tiene un hogar que defender y saben bien que la inviolabilidad país. En una República no hay mejor cosa que cada habitante sea un ciudadano, cada ciudadano un magistrado, cada magistrado un soldado. Allí donde el habitante tiene un arraigo vital e indestructible en el país; es decir, donde es propietario absoluto de una finca grande o pequeña, allí será un ciudadano, aunque no se le dé el sufragio ; un magistrado aunque ni se le confiera el nombramiento; un soldado, aunque ni se le pague sueldo. Sin esa propiedad, los derechos políticos apenas son algo más que halagüeñas ilusiones, o, si llegan a serlo, tal vez se conviertan en instrumento de desorden, en sujeción para la multitud y, en tiranía de no pocos. Acompañados de la propiedad libre de invasión y disputa, lo [sic] derechos políticos del individuo serán con seguridad inflexibles instrumentos de buen orden, guardianes incorruptibles contra la corrupción y defensores gratuitos de la patria.” R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [2002], pág. 303. Cabe destacar que la traducción indica “es parte del secreto”, mientras que el original de Meagher nos dice : “This is the secret”.

20794 La traducción en castellano nos dice: “Más que la pureza de su…”, R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [2002], pág. 303. En inglés el texto nos dice: “This —more than the purity of their Spanish blood, an advantage which, speaking of ninety cases out of every hundred, has not been impaired by any intermixture with the Negro or the Indian— this is the secret of their industry. This is the secret of their manhood.” T. F. Meagher., “Holidays in Costa Rica. I” [1859, December], pág. 35.

20895 La invitación al baile indica: “Señores Don Ramón Paéz y Sr. Mars. […] Los infrascritos, por encargo expreso del Excelentísimo [sic] Señor Presidente de la República, tienen gusto de invitar a usted para el baile que se dará en honor del señor Félix Belly, el miércoles [7 de abril de 1858] a las ocho de la noche, en el Palacio Nacional. Vicente Herrera/Juan Bonilla.” R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [2002], pág. 325.

20996 R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [2002], pág. 325. En inglés: T. F. Meagher, “Holidays in Costa Rica, II”, [1860, January], pág. 156.

21097 R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [2002], pág. 326. El originalT. F. Meagher, “Holidays in Costa Rica. II”, [1860, January], pág. 157.

21198 R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [2002], pág. 348. En inglés: “The mestizas -the women of the country”. T. F. Meagher, “Holidays in Costa Rica, III.” [1860, February], pág. 310.

21299 R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [2002], pág. 348-349. El texto inglés: T. F. Meagher, “Holidays in Costa Rica. III”, [1860, February], págs. 310, 312. Para Meagher esta belleza de las mujeres desaparece con la edad: T. F. Meagher, “Holidays in Costa Rica. III”, págs. 310, 312.

213100 R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [1929], págs. 312-313. En el texto de 2002 se apunta: “en el gran Calle de San José”: R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [2002], págs. 301-302. Ver en el texto en ingles: T. F. Meagher,”Holidays in Costa Rica. I”, [1859, December], pág. 34.

214101 La siguiente biografía está construida a partir de la siguientes fuentes: N. John Hall; Nina Burgis, (eds.), The letters of Anthony Trollope, Vol. I, 1835-1870, (Stanford, California: Stanford University Press, 1983), págs. XXXI, 95. Ver también la autobiografía: “Chapter VII. ‘Doctor Thorne’-‘The Bertrams’-‘The West Indies and the Spanish Main.’” Anthony Trollope, An Autobiography, In two volumes, Vol. I, (Edinburgh and London: William Blackwood and sons, 1883), págs. 172-173. Igualmente ver: “The West Indies and the Spanish Main”, Richard Mullen; James Munson, The Penguin Companion to Trollope, (London, Penguin Books, 1996), pág. 535.

215102 Anthony Trollope, The West Indies and the Spanish Main, (London: Chapman & Hall, 1859), pág. 1. Ver también: “The West Indies and the Spanish Main”, Richard Mullen; James Munson, The Penguin Companion to Trollope, (London: Penguin Books, 1996), pág. 535.

216103 Hall y Burgis, The letters, págs. XXXI, 80-81. Trollope explica los orígenes de su libro : “As soon as I had learned from the secretary at the General Post-office that this journey would be required, I proposed the book to Messrs. Chapman & Hall, demanding £250 for a single volume. The contract was made without any difficulty, and when I returned home the work was complete in my desk.” Trollope, An Autobiography, pág. 172. Ver también: “The West Indies and the Spanish Main”, Richard Mullen; James Munson, The Penguin Companion to Trollope, pág. 535.

217104 En la nota de 1925 de J. Fidel Tristán se dice “publicado en 1860”, J. F. Tristán, “Nota”, (Dirección del Liceo de C.R.-10 de Enero de 1925.), Anthony Trollope, Las Indias Occidentales y el continente español (Costa Rica), por Anthony Trollope. Traducción de Ricardo Fernández Guardia, (San José, C.R.: Tip. Trejos Hnos. 1925) [Serie A, No. 12, Liceo de Costa Rica Publicaciones]. En el libro de Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, donde se reproduce el folleto del Liceo de Costa Rica con la traducción de Trollope, la traducción es colocada después de los artículos de T. F. Meagher (diciembre de 1859 y febrero de 1860), por lo que suponemos que también es considerada como una publicación de 1860. R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [1929], págs 393-453. En 1902, Paul Biolley cita: “TROLLOPE, A.-“The West Indies and the Spanish Main.” (Las Indias Occidentales y el continente español.) –London.-Chapman.-1860.” Paul Biolley, “Bibliografía”, pág. 372.

218105 Fred D’Aguiar, “Introduction” (University of Miami, February 1999), Anthony Trollope, The West Indies and the Spanish Main, (New York: Carroll & Graf Publishers, Inc., 1999), pág. V.

219106 Ver un catálogo que sigue a la cuarta edición de principios de 1860: “A Catalogue of Books Published by Chapman and Hall (193, Piccadilly), February 1860).”: “List of New Books Published by Chapman and Hall. Third Edition, demy 8vo, with a Map, price 15£., The West Indies and the Spanish Main. By Anthony Trollope”. Hay una reseña del libro del Times del 6 de enero de 1860. A. Trollope, The West Indies and the Spanish Main, Fourth Edition, (London, Chapman & Hall, 1860).

220107 Ver: A. Trollope, The West Indies and the Spanish Main, New York, Harper & Brothers, Publishers, 1860. Sobre la edición en Estados Unidos: “The West Indies and the Spanish Main”, Richard Mullen; James Munson, The Penguin Companion to Trollope, (London: Penguin Books, 1996), págs. 536-537.

221108 A. Trollope, The West Indies and the Spanish Main, (Leipzing: Bernard Tauchnitz, 1860) [Collection of British Authors, Vo. 254, The West Indies and the Spanish Main by Anthony Trollope. In One Volume].

222109 “The West Indies and the Spanish Main”, Richard Mullen; James Munson, The Penguin Companion to Trollope, pág. 537.

223110 “Chapter IX. Costa Rica. Description of Costa Rica-San José-Climate-An Englishman in difficulties-A singular story-An energetic woman-Coffee-Bivouac of the bullock-drivers-Dulce and aguardiente-Don Juan and his retinue-A lady lost in Serapiqui-An uncomfortable journey-Ascent of the volcano Cartago-View of the two oceans.”, Pictures of Travel in Far-off Lands : A Compagnion to the Study of Geography. Central America, (London/Edinburgh/New York: T. Nelson and Sons, 1871), págs. 170-190.

224111 “Mr. Trollope on Central America”, [Reviews], The Saturday Review of Politics, Literature, Science and Art. No. 214, Vol. 8, December 3, 1859, Vol. VIII, (London: Published at the Office, 1859), págs. 675-676.

225112 Paul Biolley señala en 1902: “La relación de viaje á América del famoso novelista inglés Antony Trollope ha sido vertida al alemán y publicada en Das Ausland (1860, n°. 7, pp. 156-162, n°. 8, pp. 179-184 con el título de Zustände im britischen Westindien und in Central America. Trollope visitó el país en tiempo de don J. R. Mora, entrado por Puntarenas y saliendo por el camino de Sarapiquí. Parece buscar en su libro el modo de no aburrir al lector y logra fácilmente este resultado, aunque á menudo á expensas de la justicia y de la verdad ; sus apreciaciones son enteramente novelescas.” En: Pablo Biolley, “Bibliografía. Obras publicadas en el extranjero acerca de la República de Costa Rica durante el siglo XIX. Notas compiladas y ordenadas por Pablo Biolley”, Revista de Costa Rica en el siglo XIX, Tomo Primero, (San José, C.R.: Tipografía Nacional, 1902),pág. 372. Ver el original basado en la segunda edición de la obra: “Zustände im britischen Westindien und in Central-Amerika”, Das Ausland, 33 J., 1860, [ N° 7, 12/02/1860 et N° 8, 19/02/1860], (Stuttgart und Augsburg: Verlag der J. G. Gotta’schen Buchhandlung, 1860), págs. 156-162; 179-184.

226113 Auguste Laugel, “Voyages aux Indes Occidentales, par Anthony Trollope. 1858-189. Dessins inédits par M. A. de Bérard”. Le Tour du Monde. Nouveau Journal des Voyages, 1860, Deuxième Semestre, 30e livraison, (Paris: Librairie de L. Hachette et Cie., 1860), pág. 49-63. La misma reseña de Laugel aparece en la versión italiana de Le Tour du Monde: Auguste Laugel, “Viaggi alle Indie Occidentali del signor Anthony Trollope. 1858-1859”, Il Giro Del Mondo. Giornale di Viaggi, geografia e costumi diretto dai signori Edoardo Charton ed Emilio Treves, Vol. VI, 2e semestre 1866, Dis. 19ª., 8 novembre 1866, (Milano: Presso gli Editori, 1866), págs. 303-318.

227fn114. Vivien de Saint-Martin, “_The West Indies and the Spanish Main, by Anthony Trollope, author of Barchester Towers, Doctor Thorne, the Bertrams, etc_. London, Chapman and Hall, 1860, in-8°, avec une carte” [Revue Critique], Revue contemporaine, Neuvième Année, 2e Série, Tome Seizième, LIme de la collection, Juillet et Août 1860, (Paris: Bureaux de la Revue Contemporaine, 1860), pág. 730 [págs. 730-735].

228115 La explicación es la siguiente: “I regard as the best book that has come from my pen. It is short, and, I think I may venture to say, amusing, useful, and true.” A. Trollope, An Autobiography, pág. 172.

229116 R. Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [2002], pág. 374.

230117 Trollope nos dice sobre su presentación al presidente de Costa Rica : “With the President himself [Juan Rafael Mora] I had no the honour of making acquaintance, for he speaks only Spanish, and my tether in that language is unfortunately very short.” . También, el autor hablando de un guía para su viaje de San José a Cartago nos dice: “…as I do not speak a word of Spanish, I should have no possible means of communication with the guide”. A. Trollope, The West Indies, [1859], págs. 264, 292.

231118 A. Trollope, The West Indies, [1859], pág. 274-275.

232119 Jorge Francisco Sáenz Carbonell, “La bella inglesa”, [Columnas, Personaje histórico], Tiquicia.com, Quincena 1, Octubre del 2000, http://www.tiquicia.com/columnas/historia/003q11000.asp [Consultado el 26 de julio del 2013].

233120 “The West Indies and the Spanish Main”, Richard Mullen; James Munson, The Penguin Companion to Trollope, pág. 535. Ver la explicación: A. Trollope, An Autobiography, [1883], págs. 173-174.

234121 A., Trollope, The West Indies [1859], pág. 276.

235122 “Prefacio”, Anthony Trollope, Las Indias Occidentales y el continente español (Costa Rica) por Anthony Trollope. [Traducción de Ricardo Fernández Guardia]. (San José, C.R.: Tip. Trejos Hnos., 1925), [Liceo de Costa Rica, Publicaciones, Serie A. N° 12], pág. IV.

236123 En el original de 1859: A. Trollope, The West Indies, [1859], págs. 276-277.

237124 A. Trollope, The West Indies, [1859], pág. 270.

238125 A. Trollope, The West Indies,[1859], pág. 277.

239126 A. Trollope, The West Indies, [1859], pág. 272.

240127 A. Trollope, The West Indies, [1859], págs. 261, 285-286.

241128 A. Trollope, “La Indias Occidentales…”, [2002], pág. 391. En el document original: “A. Trollope, The West Indies , [1859], págs. 278-279.

242129 A. Trollope, The West Indies, [1859], pág. 277.

243130 A. Trollope, “Las Indias Occidentales…”, [2002], pág. 392.

244131 A. Trollope, “Las Indias Occidentales…”, [2002], pág. 392.

245132 A. Trollope, “Las Indias Occidentales…”, [2002], pág. 392. La descripción en inglés: “ …they have no enthusiasm, no ardent desires, no aspirations.” A. Trollope, The West Indies, [1859], pág. 279.

246133 A. Trollope, “Las Indias Occidentales…”, [2002], págs. 392-393. En ingles: A. Trollope, The West Indies, [1859], págs. 279-280.

247134 Recordemos como Iva G. Jones nos dice en un análisis de la obra The West Indiens que en ocho de los veintirés capítulos del libro los rasgos físicos, las actitudes y las capacidades del hombre negro son señalados. Jone considera que Trollope contribuye al vicioso proceso de estereotipación de los individuos negros. En esta perspectiva, Jones apunta que Trollope ve en el individuo negro dos bazas: su potencia física extraordinaria que le permite trabajar dieciséis horas en una sola jornada y su piel negra que lo protege del sol. Pero Jones explica que Trollope considera al hombre negro como una creatura con limitaciones: un individuo víctima de la ingenuidad religiosa, que se odia asimismo, inferior al hombre blanco en el aspecto intelectual y de una pereza innata. Iva G. Jones, “Trollope, Carlyle, and Mill on the Negro: An episode in the history of Ideas”, The Journal of Negro History, Vol. 52, No. 4 (Jul. 1967), págs. 185-199.

248135 Fred D’Aguiar, “Introduction”, Anthony Trollope, The West Indies and the Spanish Main, Introduction by Fred d\\\\\\\‘Aguiar, (New York, Carroll & Graf Publishers, Inc., 1999), pág. VI-VII, [págs. V-VIII]. Trollope nos explica sobre su percepción racial: “The view I took of the relative position in the West Indies of black men and white men was the view of the Times newspaper at the period; and there appeared three articles in that journal, one closely after another, which made the fortune of the book.” A. Trollope, Autobiography, [1883], pág. 118.

249136 Trollope nos dice: “That they were all men of mixed races was probable; but three of them would have been called Spaniards, Spaniards, that is, of Costa Rica, and the other would be called an Indian.” “Returning Home”, Anthony Trollope, Tales of All Countries, New Edition, (London: Chapman and Hall, 1867), pág. 306 [págs. 300-319]. Se piensa que el cuento fue escrito entre el 20 y el 26 de enero de 1861 mientras que Trollope estaba trabajando en su obra Orley Farm. La historia fue vendida al Public Opinion y aparece publicada el 30 de noviembre y fue reimpresa el 7 de diciembre de 1861. El cuento es incluido en segunda colección de Tales of All Countries publicada en 1863. Es la historia de la pareja Arkwright y su niño que han vivido en la ciudad de San José por cuatro años y tienen que regresar a Inglaterra. Se trata del desafortunado recorrido de la pareja en su ruta por salir del país. “Returning Home”, Richard Mullen; James Munson, The Penguin Companion to Trollope, págs. 435-436. Parece que el cuento se basa en los hechos reales y la muerte de Mistress Walsingham, la esposa de Edward Alexander Joy, un rico empresario inglés residente en San José que se dirigía a Europa con su esposa. Ver: Jorge Francisco Sáenz Carbonell, “La bella inglesa”, [Columnas, Personaje histórico], Tiquicia.com, Quincena 1, Octubre del 2000, http://www.tiquicia.com/columnas/historia/003q11000.asp , [Consultado el 26 de julio del 2013].

250137 A. Trollope, “Las Indias Occidentales…”, [1929], pág. 409.

251138 A. Trollope, “Las Indias Occidentales…”, [2002], págs. 393.

252139 A. Trollope, “Las Indias Occidentales…”, [1929], págs. 414-415. En el texto originalA. Trollope, The West Indies, [1859], pág. 208.

253140 A. Trollope “Las Indias Occidentales..”, [2002], pág. 393. En el relato de 1859: A. Trollope, The West Indies, [1859], págs. 280-281.

254141 A. Trollope, “Las Indias Occidentales…”, [2002], pág. 393. En la versión inglesa original: A. Trollope, The West Indies, [1859], pág. 281.

255142 Frederick Boyle, A Ride Across A Continent: A Personal Narrative of Wanderings Through Nicaragua and Costa Rica, In Two Volumes, Volume II, (London: Richard Bentley, Publisher in Ordinary to Her Majesty, 1868), págs. 7, 22-32-33, 49, 53, 55-56, 63-64, 85, 87-88, 98, 116, 122, 150, 161, 183, 190, 197-198 y 231.

256143 M. A. Quesada Pacheco, Entre silladas, pág. 133. En el original: “ These worthy people….” F. Boyle, A Ride Across A Continent, pág. 201.

257144 M. A. Quesada Pacheco, Entre silladas, pág. 133 y 141. En el original: F. Boyle, A Ride Across A Continent, págs. 200-201, 218.

258145 M. A. Quesada Pacheco, Entre silladas, págs. 141-143 y 147. En inglésF. Boyle, A Ride Across A Continent, págs. 219, 221, 224.

259146 M. A. Quesada Pacheco, Entre silladas, págs. 143. En la obra original: F. Boyle, A Ride Across A Continent, págs. 224-225.

260147 M. A. Quesada Pacheco, Entre silladas, págs. 133-135. En el original: F. Boyle, A Ride Across A Continent, págs. 202-203, 205.

261148 M. A. Quesada Pacheco, Entre silladas, pág. 165. En el original: F. Boyle, A Ride Across A Continent, págs. 269-270.

262fn149. Cursiva nuestra. Sebastian Huhn, A History of Nonviolence: Insecurity and the Normative Power of the Imagined in Costa Rica”, GIGA Working Papers, [German Institute of Global and Area Studies, Leibniz-Institut für Globale und Regionale Studien], No. 84, August 2008, pág. 15. Ver una versión revisada de dicho artículo: Sebastian Huhn, “A history of nonviolence ? The social construction of Costa Rican peaceful identity”, Social Identities, Vol. 15, No. 6, Nov. 2009, págs. 787-810.

263150 S. Huhn, “A History of Nonviolence…”, págs. 13-15. Ver los “Primary Sources”, S. Huhn., “A History of Nonviolence…”, págs. 22-23.

264151 S. Huhn, “A History of Nonviolence…”, págs. 13, 15-16.

265152 Cursiva nuestra. S. Huhn, “A History of Nonviolence…”, pág. 13.

266153 Cursiva nuestra. Robert Glasgow Dunlop, “Viajes por Centroamérica”, Ricardo Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [Traducción, datos biográficos y notas por Ricardo Fernández Guardia], (San José, C.R., Editorial Gutenberg, 1929[págs. 87-101]. El trabajo de Fernández Guardia tiene varias ediciones. En este estudio utilizaremos esencialmente la de 1929 y la del 2002: Ricardo Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX, [Traducción, datos biográficos y notas por ….] [Presentación/Clásicos de la historia costarricense de Eugenio Rodríguez Vega] [Biblioteca Clásicos de la Historia Costarricenses] (San José, C.R.: EUNED, 2002). Cuando en el de 2002 encontremos errores con respecto al original nos referiremos a la edición de 1929.

267154 Cursiva nuestra. Robert Glasgow Dunlop, Travels in Central America, being a journal of nearly three year\\\\\\\‘s residence in the country, together with A Sketch of the history of the Republic and an Account of its climate, productions, commerce, etc., (London: Printed for Longman, Brown, Green, and Longmans, 1847), págs. 45-46.

268155 En: Huhn, S., “A History of Nonviolence…”, pág. 13. En español: “El pueblo de Costa Rica tiene mayor proporción de pura sangre española, con menos mezcla de negro e indio [...] Sin embargo, sus revoluciones han sido por lo general menos sangrientas que las de Guatemala y Nicaragua, lo que probablemente se debió más a la circunstancia de la concentración y homogeneidad de sus habitantes, que a una moralidad más elevada o a un espíritu más tolerante.” (E. G. Squier, “Los Estados de Centro América”, Fernández Guardia, R., Costa Rica en el siglo XIX, [1929] pág. 239 [págs. 221-249]) El original nos indica: “The people of Costa Rica have a larger proportion of pure Spanish blood, less intermixed with that of the negro and Indian [...]. Her revolutions, however, were generally less bloody than those of Guatemala and Nicaragua, owing, probably, rather to the circumstance of the concentration and homogeneousness of its population than to a higher morality or a more tolerant spirit.” En: E. G. Squier, The States of Central America, (New York, Harper & Brothers, Publishers, 1858), págs. 465-466. Como podemos ver hay diferencias en la traducción.

269156 E. G. Squier, “Los Estados de Centro América”, Fernández Guardia, R., Costa Rica en el siglo XIX, [1929], pág 238.

270159 Cursiva nuestra. S. Huhn, “A History of Nonviolence…”, pág. 14.

271160 Erik S. Schmeller, Percepctions of Race and Nation in English and American Travel Writers, 1833-1914, (New Yort, et. al.,: Peter Lang, 2004), pág. 92.

272161 Véase por ejemplo: “In Costa rica, the population of which is rate at 85,000, at least 70,000are whites, the remainder consisting of a few negroes near the port of Matina, on the northeast coast, and mestizoes and their descendants who have come from the other States. I have not noticed a single pure Indian.” En: “Central America. Its Population and State of Education” New York Daily Tribune, (New-York), Vol. X, No. 3048, 23/01/1851, página 3. Se menciona a “Dunlap” y no “Dunlop”.

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Para citar este artículo :

Ronald Soto-Quirós, « "Whiteness studies" y relatos de viajeros: los costarricenses en las miradas anglosajonas (1844-1868) », Boletín AFEHC N°57, publicado el 04 junio 2013, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=3592

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