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AFEHC : articulos : Piratas: Herejes en las Costas de América Central, Yucatán y Caribe. Siglos XVI-XVII : Piratas: Herejes en las Costas de América Central, Yucatán y Caribe. Siglos XVI-XVII

Ficha n° 3623

Creada: 27 octubre 2013
Editada: 27 octubre 2013
Modificada: 19 enero 2014

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Autor de la ficha:

Gianandrea NELLI FEROCI

Editor de la ficha:

Elizabeth MONTANEZ SANABRIA

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Piratas: Herejes en las Costas de América Central, Yucatán y Caribe. Siglos XVI-XVII

En este artículo se analiza la relación entre el enfrentamiento de la piratería contra España en las Américas -en particular en Méjico, América Central y el Caribe-, y las guerras de religión que devastaron Europa en los siglos XVI y XVII. El estudio contribuye a demostrar que la lucha por el control de las riquezas de las colonias americanas se transformó en otro frente donde reforma y contrarreforma cruzaron las armas en nombre de la fe. El fanatismo religioso fue un incentivo muy fuerte para los piratas. Muchos protestantes vieron en la piratería una manera de combatir los papistas, quitando al Rey de España una parte de los recursos económicos con los cuales financiaba las tropas que luchaban contra los reformados en Europa. El análisis de fuentes primarias y de estudios sobre la Inquisición en las Américas hace deducir que muchos de los imputados por herejía protestante en las Indias Occidentales eran piratas, corsarios o filibusteros, juzgados en su mayoría por el Tribunal de la Inquisición de Méjico, que tenía jurisdicción sobre Méjico y América Central, con exclusión de Panamá.
Palabras claves :
Piratas, Herejes, Inquisición, reforma, Autos de fe
Autor(es):
Gianandrea Nelli Feroci
Fecha:
Septiembre de 2013
Texto íntegral:

Introducción

1 Entre las últimas décadas del siglo XVI y el comienzo del siglo XVII las incursiones de piratas, provenientes de países protestantes, en las costas de Yucatán, Honduras y Nicaragua, van aumentando1. En los mismos años, unos sesenta “marinos” extranjeros – no españoles – son juzgados y condenados por cosas de la secta de Lutero por el Santo Oficio de Méjico2. Más allá de las riquezas materiales, como argumenta Manuel Lucena Salmoral, el fanatismo religioso era un incentivo muy fuerte para los piratas. Muchos anglicanos, hugonotes y calvinistas vieron en la piratería una manera de combatir los papistas, quitando al Rey de España una parte de los recursos económicos con los cuales financiaba las tropas que luchaban contra los protestantes en Alemania, Flandes y Francia3.

2 Entre las primeras pruebas de la gravedad que la relación entre piratería y protestantismo representaba para España, encontramos la Real Cédula del 10 de julio de 1561, en la cual Felipe II formalizaba la existencia del sistema de las flotas y al mismo tiempo autorizaba y exhortaba a su comandante, Pedro Menéndez de Avilés, a ahorcar sistemáticamente a todos los piratas sospechosos de ser luteranos4. El 25 de enero de 1569, Felipe II ordenó el establecimiento de los Tribunales de la Inquisición de Lima y Méjico5, y en septiembre de 1571, el Inquisidor General Pedro Moya de Contreras llega a Méjico6. El primer auto de fe mexicano tiene lugar en 1574, y prácticamente todos los condenados en él son corsarios ingleses y piratas franceses capturados en las costas de Yucatán y Centroamérica7.

3 En 1945 la Universidad Autónoma de México, en colaboración con el Archivo General de la Nación, hizo un importante trabajo de transcripción de las actas de tres procesos llevados a cabo por el Santo Oficio de Méjico entre 1571 y 1574 contra tres piratas acusados de luteranismo, todos condenados en el auto de fe de 15748. Este trabajo, junto con las Relaciones de las causas de fe de los Tribunales de la Inquisición de Méjico, representa la fuente central sobre la cual se basa el presente estudio. Nuestro objetivo no es sólo demostrar la estrecha relación entre reforma y piratería en la costa Caribe, sino también analizar la forma que adquirieron las guerras de religión a través de la piratería en las posesiones españolas en América.

4 Los procesos llevados a cabo contra reformados entre los siglos XVI y XVII por los Tribunales de la Inquisición en América, representan sólo el 6,1% (298 juicios), de las causas debatidas por el Santo Oficio en las colonias8. De estas, como resulta de la consulta de las Relaciones de las causas de fe de los Tribunales de Méjico, Lima, Cartagena de las Indias y Sevilla, 111 (poco más de un tercio) fueron sin lugar a duda contra piratas9. Aunque un centenar de causas contra piratas no son pocas, este número no refleja fielmente el nivel cuantitativo de ataques piratas caracterizados por aspectos religiosos en las Américas10. La mayoría de los piratas lograba regresar a su madre patria, muchos otros morían en batalla o por enfermedades; y la mayoría de los que eran capturados, normalmente eran justiciados sin muchas ceremonias por “tribunales” civiles. El número de causas de la Inquisición contra piratas protestantes puede resultar engañoso a la hora de analizar el peso efectivo de la cuestión religiosa en la confrontación entre piratas y España en las Américas. Hay que tener en cuenta también que el problema del control territorial que afectaba España desde un punto de vista militar, como comprueba el alto número de ataques cometidos impunemente por los piratas, afectaba de igual manera la labor de los Tribunales de la Inquisición.

5 Aunque el luteranismo era cuantitativamente poco relevante para la Inquisición Americana, estaba severamente punido, sobre todo en los primeros treinta años de actividad de los Tribunales. El 5% de los imputados fue relajado en persona, por lo cual fueron condenados a la hoguera, porcentaje superado sólo por los acusados de ser judaizantes. La mayoría fue reconciliada, o sea condenada a un número de latigazos seguido por el ergástulo o las galeras; y sólo una minoría fue absuelta ad cautelam, es decir destinada a la reeducación a la fe católica al interior de estructuras religiosas por un breve período de tiempo11. La mayoría de los juzgados eran franceses e ingleses, seguidos por holandeses y unos cuantos alemanes y flamencos. Muchos eran piratas, corsarios o filibusteros capturados en Méjico, América Central y Antillas.

Piratas: Herejes protestantes en la Indias Occidentales.

6 En octubre 1567 la tercera expedición del corsario inglés John Hawkins levantó las anclas del puerto de Plymouth, en Inglaterra, e hizo rumbo hacia las Américas. Se trataba de un cuerpo de expedición de más o menos mil hombres, bien organizados y armados, que viajaban en dos galeones de la Royal Navy, el Jesus of Lubeck y el Minion, y cuatro naves privadas, la William and John, la Swallow, la Judith y la Angel12. Según la declaración de William Collins – marino que participó en dicha expedición – al Tribunal de la Inquisición de MéJico, todos los miembros de la flota, reunidos en el puerto de Plymouth, ya dos meses antes de zarpar, escucharon continuamente sermones de un ministro luterano que defendía y enseñaba la doctrina protestante. Añadía Collins que, en observancia de dicha doctrina, se llevaron a bordo libros luteranos en lengua vulgar inglesa y que, una vez embarcados, el contramaestre utilizó dichos libros para predicar y enseñar el credo protestante, e invitar a los tripulantes a cantar los salmos y a hacer otras ceremonias luteranas, sin invocar la Virgen ni los santos13. Morgan Tiller, otro miembro de la expedición juzgado por el Santo Oficio Méjicano, confirmó que en la flota iban John Hawkins y Francis Drake, y que ellos eran notoriamente conocidos como grandes luteranos, que decían públicamente cosas malas y feas sobre la iglesia romana14. Se trataba no sólo de corsarios y aventureros, sino también de fervientes protestantes, que practicaban regularmente los ritos reformados (muy probablemente anglicanos en este caso), y atacaban verbalmente a la iglesia católica antes y durante el viaje hacia las Américas.

7 Después de contrabandear esclavos en los puertos de Margarita, Borburata y Santa Marta, saquear Río de la Hacha y capturar una nao mercante española en las costas de Yucatán, la flota cosaria de Hawkins entró sin problemas en San Juan de Ulúa, puerto de Veracruz, el 15 de septiembre de 156815. Se trató de un grave error táctico pues sólo dos días más tarde trece galeones españoles cerraron la salida del puerto, y la mañana del 22 de septiembre se dio una cruenta batalla de la cual los ingleses salieron perdedores16. El Jesus of Lubeck fue capturado; y el Swallow, el Angel y el William and John, hundidos. Sólo el Minion, comandado por Hawkins, y el Judith, comandado por el joven Francis Drake lograron escapar. Mientras Drake hizo inmediatamente rumbo hacia Inglaterra, Hawkins, cuyo buque estaba gravemente dañado, tuvo que dejar parte de la tripulación en las costas de Panuco, Méjico, antes de dirigirse hacia Europa17. Hawkins era consciente del peligro que corrían sus hombres en territorio español por sus creencias religiosas, por lo que, antes de dejarlos, les recomendó que no llevaran ningún documento o libro consigo, para que los españoles no pensaran que eran luteranos y por eso los quemaran vivos18.

8 La recomendación de Hawkins es muy interesante pues no sólo confirma que la tensión religiosa había llegado a las Américas, sino también que sus corsarios estaban acostumbrados a llevar consigo textos luteranos, y que, por lo tanto, se trataba de hombres devotos y fieles al verbo reformado. Sin embargo los consejos del capitán no sirvieron de mucho, pues los corsarios que sobrevivieron a los indios Chichimecas y a la malaria, fueron encarcelados por la Inquisición Mexicana. Entre 1574 y 1577, en tres distintos autos de fe, 28 miembros de la expedición de Hawkins fueron condenados por luteranismo por el Santo Oficio de Méjico19. Dos de ellos, George Rebleen20 y William Corniels21, fueron quemados vivos, mientras la mayoría fue condenada a pasar el resto de su vida en las galeras de Su Majestad.

9 En mayo de 1570, un navío francés comandado por el Capitán Pierre Chuteot, que ejercía el corso por su cuenta (un verdadero pirata entonces), hizo rumbo desde Francia hacia las Américas con unos 50 hombres de tripulación22. En mayo de 1571, diez de ellos fueron capturados por los españoles mientras se abastecían de agua y comida en el pueblo de Hunucmá, en Yucatán. De esos diez, cuatro fueron ahorcados en la ciudad de Mérida, y los restantes seis fueron hechos esclavos hasta cuando, en noviembre de 1571, los reclamó el Tribunal de la Inquisición de Méjico23. El Magistrado del Santo Oficio, Lic. Don Antonio Fernández de Bonilla, escribió a las autoridades de la ciudad que la Inquisición tenía información sobre un navío francés que en mayo 1571 había navegado por las costas de Yucatán, robando y quemando naos españolas, profanando los templos, violando las imágenes sacras, defendiendo públicamente la secta de Martin Lutero, comiendo carne los Viernes y convenciendo los indios a comerla, y diciendo injurias de Su Santidad y del Rey de España24. Cuatro de estos piratas fueron condenados, junto con los corsarios ingleses de Hawkins, en el auto de fe de Méjico de 1574. Marin Cornu fue condenado a la hoguera, Guillame de Siles, Pierre Sanfroy y Guillaume Cocrel fueron condenados a las galeras después de recibir doscientos latigazos cada uno25.

10 Las acusaciones imputadas por el Tribunal a uno de los piratas, Pierre Sanfroy, son extremadamente interesantes para analizar la connotación religiosa que caracterizaba la piratería en las Américas a finales del siglo XVI. Según la sentencia del Santo Oficio, Sanfroy era culpable, entre otras cosas, de haber zarpado desde Francia a bordo de un navío financiado por dos notos luteranos, y de haber navegado en compañía de otras personas de la misma secta, para ir a las Américas con el fin de robar y asaltar todas las naos católicas que encontraran. El francés también era acusado de apostasía, iconoclastia, profanación de los templos, desprecio del sacramento de la comunión, negación de la virginidad de la Virgen, de comer carne en días prohibidos, hacer comunión de los bienes, negación de la existencia de los santos, poseer libros sacros escritos en lengua vulgar y hacer proselitismos a favor del luteranismo26. Acusaciones parecidas se hicieron a David Alexander, corsario de la expedición de Hawkins, que fue imputado y condenado ad cautelam en el mismo auto de fe, por haber quemado imágenes sacras y cruces que consideraba ídolos papistas, no creer en la confesión, comer carne en los días prohibidos, iconoclastia, profanación de los templos, negación de la intercesión de los santos entre los hombres y Dios, etc28.

11 Las acusaciones del Tribunal contra los piratas eran muy graves y recuerdan exactamente las mismas razones doctrinarias por las cuales en Europa se combatían las guerras de religión. Las sentencias son una prueba más de la seriedad que había alcanzado el problema religioso en la costa Caribe, y de cómo el Santo Oficio de Méjico, poco después de su instauración, empezó a ocuparse activamente de la cuestión de los piratas protestantes. Sin embargo, el problema religioso relacionado a las incursiones piratas en la región caribeña no era nuevo. El primer episodio reportado remonta al 1543, cuando un grupo de piratas franceses comandado por Jean-François de la Roque atacó Santa Marta, saqueando la iglesia y robando sus bienes29. A partir de ese momento los ataques con características religiosas van aumentando, especialmente aquellos llevados a cabo por piratas franceses hugonotes30. El primer proceso inquisitorial contra piratas tuvo lugar en febrero de 1560 en Mérida y fue celebrado por el Comisario General de los Franciscanos, Fray Francisco Navarro31, quien gracias a las Bulas Papales Arias Felices y Exponi Nobis32, podía ejercer funciones inquisitoriales antes de la activación de los Tribunales en América. En dicha ocasión, 12 piratas franceses, naufragados en las costas de América Central, fueron acusados de haber participado en el saqueo de Cartagena de Indias liderados por el francés hugonote Martin Cotes33. En dicho ataque, los piratas robaron bienes del clero, mutilaron una estatua de la Virgen y ordenó el establecimiento a un monje. Se los acusó de luteranismo y acciones blasfemas, y durante el proceso se descubrió que poseían biblias en francés34.

12 El problema de la presencia de piratas en la región caribeña (costas atlánticas de América Central, Méjico y Antillas) implicaba también el riesgo de una penetración protestante en el territorio americano, lo cual preocupaba a las autoridades eclesiásticas y civiles coloniales. El 11 de enero de 1586 una expedición de corsarios ingleses capitaneada por Sir Francis Drake atacó y saqueó Santo Domingo por varios días. Durante la invasión, los ingleses quemaron las iglesias, destrozaron las imágenes de la Virgen y de santos, y llegaron hasta el punto de parodiar un auto de fe en la Plaza Mayor de la ciudad, después de la cual ahorcaron dos frailes dominicos35. Sin embargo, en Santo Domingo el problema iba más allá de las incursiones piratas y de los ataques a la iglesia católica que los acompañaban. A finales del siglo XVI filibusteros protestantes ya residían establemente en la Isla de la Tortuga, a pocas millas de las costas septentrionales de Santo Domingo36. Esa vecindad y la falta de capacidad de control territorial por parte de las autoridades españolas, permitieron un flujo de contrabando casi continuo entre las dos islas y, con ello, un mayor contacto entre protestantes y católicos.

13 En una carta del 4 de marzo de 1594, enviada al Rey de España, el Arzobispo de Santo Domingo, Nicolás Ramos, temiendo una infiltración protestante en la isla, denunciaba que en los puertos de la costa norte de Santo Domingo llegaban regularmente herejes ingleses y franceses con los cuales los españoles hacían negocios, comían carne en los días prohibidos, y compartían borracheras durante las cuales se hacía burla del Papa y los sacramentos de la iglesia católica37. Cuatro años más tarde, en noviembre de 1598, Baltazar López Castro, Oficial Mayor de Santo Domingo escribía en sus memorias que hacía ya setenta años o más que los habitantes de la isla contrabandeaban en la zona norte con franceses, flamencos e ingleses, casi todos herejes38. En 1601, el nuevo Arzobispo de la isla, Agustín Dávila y Padilla, encargó al decano de la catedral de Santo Domingo realizar un viaje a los puertos septentrionales, para poder hacer una relación sobre el estado de los pueblos donde se practicaba el contrabando. El decano encontró y secuestró más de 300 biblias, escritas en lenguas vulgares y conformes a los preceptos protestantes39. Los peligros relacionados a la presencia de piratas reformados en las Indias Occidentales ya no se limitaban a los ataques perpetrados contra los símbolos del catolicismo. La infiltración protestante amenazaba de quebrar la supremacía de la iglesia católica en las posesiones españolas.

14 El problema del control territorial era evidente pues el Tribunal de la Inquisición de Méjico no alcanzaba para cubrir también las Antillas. Por ello, en 1610, se instituyó el Tribunal de la Inquisición de Cartagena de las Indias, cuya jurisdicción incluía Santo Domingo, Santa Fe de Bogotá, Panamá, Santa Marta, Puerto Rico, Popayán, Venezuela, Santiago de Cuba, Cumaná, La Habana, Antioquia, Cáceres, Lagrita, Trinidad, Margarita, Jamaica, Tunja y Mariquita40. Sin embargo, las primeras noticias del Tribunal de Cartagena sobre piratas protestantes remontan sólo al período 1643 – 1645, durante el cual se llevaron a cabo tres autos de fe, en los cuales fueron juzgados por luteranismo siete marinos ingleses, un soldado escocés y un irlandés, todos condenados a ser reeducados al catolicismo en monasterios41. Otra noticia relacionada a piratas reformados sucedió el 25 de enero de 1650, cuando el capitán de una nao corsaria holandesa, Joan Frederik, junto con ocho holandeses más acusados de herejía calvinista, logró escapar de las cárceles de la Inquisición42.

15El siglo XVII está caracterizado por grandes cambios históricos-políticos, como la conclusión formal de las guerras de religión decretada por la Paz de Westfalia en 1648. Asimismo durante este periodo hubo cambios radicales al interior de la piratería en las Américas, pues la primera mitad del siglo estuvo dominada por corsarios ingleses y holandeses, mientras que en la segunda mitad, por los filibusteros, con lazos menos fuertes con las madres patrias europeas. Sin embargo, durante casi todo el siglo XVII los ataques de piratas protestantes contra la iglesia católica y sus símbolos, siguieron de manera regular en las costas atlánticas de las colonias43. Así pues en 1683, 35 años después de Westfalia, el Obispo de Puebla de Los Ángeles escribía al Rey de España suplicando que liberara las costas de los muchos piratas que las recorrían líberamente, profanando los templos y destrozando las imágenes de santos, ya que ponían en riesgo el destino de la fe y religión católica en esas provincias44. En los siguientes párrafos analizaremos hasta que momento la violencia contra el catolicismo en el siglo XVII fue debida al fanatismo religioso o, más bien, resultado del vandalismo relacionado a los ataques piratas. Sin embargo es importante notar que el alto número de ataques piratas protestantes contra los símbolos de la religión católica en el siglo XVII, no corresponde un igual número de causas de fe contra piratas acusados de herejía que va disminuyendo radicalmente en este período.

16El auto de fe del Tribunal de Méjico, que tuvo lugar el del 15 de marzo de 1601, es el último en el cual se juzga un número considerable de piratas. En esa fecha se condenaron a las galeras por cosas de la secta de Lutero a seis piratas ingleses45, junto a Adrian Cornelius, marino y artillero holandés, Jules Thames, marino y artillero alemán, Duarte Holandés, marino holandés, Albert de Maer, marino holandés, y Josep de la Haya, y Giles y Martin Dian, marinos flamencos, todos sentenciados a cumplir distintas condenas por cosas de la secta de Calvino46. Ya en el auto de fe de Méjico del 20 de abril de 1603 queda registro de un solo pirata condenado a las galeras por calvinismo, Peter Peter, corsario de Flandes47. Y lo mismo sucede en el auto de fe de 1604 donde el único pirata condenado por herejía calvinista es Istbal de Naste, artillero irlandés, que había participado a los ataques contra Cádiz, La Habana y Puerto Rico48.

17La disminución de las causas de fe contra piratas reformados se debe a distintos elementos. A la ya mencionada falta de control militar y religioso que afectaba las colonias españolas de las Américas, hay que añadir que ya a partir del final del siglo XVI, los procesos inquisitoriales contra protestantes van disminuyendo de número en todos los territorios españoles. La actividad de la inquisición estaba fuertemente relacionada a las necesidades político-económicas de la corona, que empieza a permitir, muy pragmáticamente, cierta tolerancia hacia los protestantes extranjeros, en particular mercantes y marinos. Además, a partir del siglo XVII la mayoría de casos de piratería son juzgados por autoridades civiles y ya no por la Inquisición. En 1576 España e Inglaterra estipulan los Acuerdos Cobham – Alba, que garantizaban libertad de culto a los marinos ingleses, al menos que no hicieran proselitismos49. Estas cláusulas, tras una virtual suspensión causada por la interrupción de la paz entre España y Inglaterra en 1585, y no en menor medida por la incursiones de Francis Drake en los mares españoles, fueron renovadas en el tratado comercial anglo español de 160450. En 1597 los comerciantes hanseáticos son autorizados a entrar en los puertos españoles, con la garantía que la inquisición no los persiga51. Las mismas libertades fueron garantizadas a los marinos y mercantes holandeses después de la tregua de los doce años, estipulada en 1609, para ser suspendidas cuando recomenzaron las hostilidades en 1621, y restablecidas nuevamente al regreso de la paz52 en 1648, con el tratado de Münster. Dependiendo de cómo se desarrollaba la situación en los varios frentes de las guerras de religión, el siglo XVII se caracterizó entonces por amplios periodos de relativa tolerancia hacia los marinos protestantes, interrumpidos y restaurados más de una vez, hasta la conclusión oficial del conflicto religioso decretada por la paz de Westfalia (1648) y el Tratado de los Pirineos (1659).

18Aunque el estatus de corsario y pirata no era equiparable al de los marinos de buques mercantes, es lícito pensar por lo menos que las autoridades se concentraran más en condenar los actos materiales de la piratería, que la herejía de sus autores. En general se nota un cambio respecto al siglo XVI. Mientras antes los piratas eran condenados no solo por sus acciones en contra del catolicismo, sino también por sus creencias heréticas; los pocos condenados en el siglo XVII son juzgados solamente por ataques abiertamente anti católicos. En el ya citado auto de fe de Méjico de 1574, muchos piratas fueron condenados por sus ideas; mientras que en los procesos del siglo XVII los piratas fueron juzgados sobre todo por sus acciones. Este cambio también es fuertemente relacionado al hecho que a partir del siglo XVII los piratas son juzgados principalmente por tribunales civiles y ya no por la Inquisición. Además, también los tipos de condenas hacia los protestantes van cambiando con el transcurrir del tiempo. Mientras en el siglo XVI la mayoría de los piratas protestantes eran condenados a las galeras o a la hoguera, en el siglo XVII la mayoría de los acusados eran condenados a breves periodos de reeducación al catolicismo. Finalmente, la disminución del número de causas inquisitoriales contra piratas reformados se debe también relacionar a la general disminución de todas las causas debatidas por los Tribunales de la Inquisición españoles y americanos durante el siglo XVII. Como demuestra el estudio de Henningsen y Contreras, basado sobre el análisis cuantitativo de las relaciones de las causas de fe de los Tribunales españoles, americanos, sicilianos y de Cerdeña, el número de las causas disminuye proporcionalmente al acercarse el siglo XVIII53. La actividad inquisitorial va bajando en general con el pasar del tiempo, lo cual se repercute obviamente también en el caso de los piratas.

La relación de los piratas con la religión

19 Las fuentes y los estudios analizados confirmarían que la piratería en el área caribeña representó otro frente de las guerras de religión en los siglos XVI y la primera mitad del XVII. Queda averiguar si el carácter religioso de este conflicto fuera real, o más bien utilizado instrumentalmente por uno u otro bando. Para este fin resultan extremadamente interesantes las ya citadas actas de los procesos del Tribunal de la Inquisición de Méjico y las memorias de John Esquemeling54, alias Alexandre-Olivier Oexmelin55, cirujano francés que sirvió en las naves filibusteras entre 1668 y 1670. Evidentemente no se puede hacer un discurso único que incluya piratas de distintas nacionalidades y confesiones protestantes en dos siglos de historia. Sin embargo, se puede afirmar que, de una u otra forma, la religión protestante estaba presente en las vidas de los piratas, y no sólo desde un punto de vista de costumbres y prácticas cotidianas, sino también como elemento de distinción y contraposición respecto al catolicismo y España.

20 Gracias a los documentos de la Inquisición, tenemos mucha más información sobre las costumbres religiosas de los piratas en la segunda mitad del siglo XVI y comienzos del siglo XVII, cuando corsarios ingleses y franceses incursionaban regularmente en el área caribeña. El análisis de estas fuentes nos transmite una imagen distinta de la que normalmente se asocia al pirata como aventurero sin ley terrenal o divina. La mayoría de los piratas que estudiamos son píos creyentes, practicantes fieles de distintas sectas protestantes, con fuertes convicciones religiosas, dispuestos a defender y difundir sus credos con todos los medios posibles, preparados a combatir no sólo por el botín, sino también en nombre de la fe reformada. Como veremos, los corsarios ingleses, financiados por la monarquía inglesa protestante, eran muy organizados desde un punto de vista religioso, y la vida a bordo era reglamentada por una disciplina militar. Los discursos contra España y la propaganda anti católica se repetían a menudo a bordo de las naves, y los corsarios eran adoctrinados por ministros del culto.

21 Si bien hubo también grandes expediciones corsarias francesas hugonotas, organizadas y disciplinadas militarmente y religiosamente de manera similar a las inglesas, como en el caso de la flota comandada por François Le Clerc y sus lugartenientes Jaques Sores y Robert Blondel, que llegó en las Indias Occidentales en 155356. O como en el caso de la expedición promovida por el Almirante Gaspard de Coligny, Comandante militar de los hugonotes en Francia, y liderada por el Capitán Jean Ribault, que intentó colonizar Florida entre 1562 y 156557. Los piratas franceses analizados para este estudio representan un caso distinto. Viajaban en una sola nave y eran verdaderos piratas, no corsarios. Aunque la religión jugaba un papel fundamental en su vida, descubrimos con sorpresa que en un primer momento protestantismo y catolicismo convivían a bordo, lo cual reflejaba la falta de homogeneidad religiosa en la madre patria. Sólo en un segundo momento el protestantismo prevalía sobre el catolicismo, los piratas católicos se convertían a la reforma y participaban activamente en los ataques contra la iglesia católica. Las memorias de las guerras de religión que devastaban Francia contribuían a fomentar los discursos anti católicos que llevaban a las conversiones entre los piratas, y luego legitimaban los ataques contra el catolicismo en las Américas.

22 Si bien la mayoría de los filibusteros eran originarios de países protestantes, la distancia desde las madres patrias, así como el fin de las guerras de religión, formalizado por la Paz de Westfalia (1648) y el Tratado de los Pirineos (1659), contribuyeron sin duda a distanciar los piratas del conflicto religioso. En el caso de la piratería de la segunda mitad del siglo XVII, tenemos menos fuentes directas que nos puedan hacer comprender la relación existente entre piratas y religión; y las pocas fuentes existentes son menos detalladas que los documentos de la Inquisición. Sin embargo se podría argumentar que la falta de información, ya de por sí, sea testimonio de la disminución de importancia de la cuestión religiosa para los piratas, o por lo menos de que esa ya no tuviera el papel que tenía casi un siglo antes. De las memorias del Oexmelin, se deduce que las divergencias religiosas ya no representaban uno de los temas centrales en la vida de los piratas, así como ya no eran el problema central en Europa. No obstante el anti catolicismo siguiese caracterizando muchas de sus acciones. Al parecer, los filibusteros lo hacían más para legitimar sus ataques contra los españoles y sus posesiones, incluyendo los bienes materiales de la iglesia, que por verdadero fervor protestante anticatólico.

23 En relación a la religiosidad de los piratas en el siglo XVI, uno de los aspectos más importantes es la disparidad de las penas infligidas por el Tribunal de la Inquisición. Uno de los casos más emblemáticos sucedió en el auto de fe de Méjico de 1574, evento que se puede conocer gracias a las Relaciones58 y las memorias de uno de los imputados, Miles Philips, quien mencionó que en dicho proceso se juzgaron hasta 53 individuos, incluyendo corsarios de la expedición de Hawkins59. Los condenados en el auto de fe no son juzgados por ser piratas. Los magistrados evalúan atentamente los crímenes de cada uno, analizando el involucramiento personal en las prácticas del protestantismo. Todos fueron condenados por herejía pero, dependiendo de la gravedad de sus pecados, las penas variaron desde la muerte hasta pocos años de reeducación religiosa en monasterios católicos, como en el caso de Philips60.

24 Las actas de los procesos que terminaron en el auto de fe del 1574, reportan datos relativos al juicio contra dos piratas ingleses miembros de la expedición de Hawkins de 1567-68, son fundamentales para comprender la relación de los corsarios ingleses con la religión. Y aunque se pueda argumentar que se trate de una muestra reducida, hay que tener en cuenta que formaban parte de una expedición grande – de aproximadamente 1.000 hombres -, en la cual la misma Reina Isabel había invertido mucho capital, y que en las actas se reportan los testimonios de otros compañeros de navegación capturados, y sobre todo, que los imputados a menudo describen lo que toda la tripulación hacía en las naves. No eran dos aventureros solitarios, sino miembros de una de las más grandes expediciones corsarias que atacó a las Américas en ese período, y sus testimonios son extremadamente importantes para revelar las prácticas religiosas que caracterizaban el corso inglés a finales del siglo XVI.

25 Una rígida disciplina religiosa, atenta a los preceptos del anglicanismo, predominaba en las flotas corsarias inglesas. La vida en las naves, regulada por las guardias y las rutinas marineras, también estaba reglamentada por las oraciones y lecturas colectivas de los salmos. Incluso, antes de cada ataque, los corsarios eran invitados a rezar. Es importante señalar que casi todos los imputados habían sido bautizados según el rito católico, y sólo en una segunda fase de sus vidas se habían convertido al protestantismo. De hecho, casi todos los piratas ingleses condenados en el auto de fe de 1574 habían vivido durante el incierto período de los reinados de Enrique VIII, Eduardo, María Estuardo e Isabel, caracterizado por continuos cambios políticos así como religiosos. Muchos ingleses, no sólo los piratas, en esos años cambiaron de religión por oportunismo, según el rey que les tocara, manchándose así más de una vez de apostasía, crimen gravísimo para la Inquisición. Por eso también la edad de cada pirata era un aspecto al cual la Inquisición mejicana dedicaba particular atención durante los procesos. Distinto era el caso de William Collins, de aproximadamente cuarenta años, quién confesó haber cambiado de religión más de una vez61; del caso de David Alexander, de dieciocho años, quién declaró de ni conocer la existencia del catolicismo antes de embarcarse en la expedición de Hawkins62. Aunque ambos fueron sentenciados por herejía, Collins fue condenado a doscientos latigazos y a servir por diez años en las galeras63, mientras Alexander fue condenado solamente a tres años de reeducación en un monasterio católico64.

26 Pero más allá del detalle sobre la apostasía, las informaciones más interesantes son aquellas relativas a las prácticas religiosas a bordo de la flota corsaria. En la nave de Hawkins, la Minion, los oficiales llevaban consigo libros sacros, y por lo menos dos veces por día, toda la tripulación se reunía en el puente de cubierta para escuchar predicas luteranas en inglés, impartidas por el Vice Contramaestre; quién se ausentaba sin justificación arriesgaba penas corporales65. Morgan Tillert, embarcado en la misma nave, confesó que antes que empezara la guardia nocturna toda la tripulación se arrodillaba y se quitaba el sombrero frente el mástil principal, y el Vice Contramaestre hacia predicas en inglés, como lo ordenaba la religión luterana66. Williams declaró que los mismos rituales se hacían en todas las naves de la flota, y que los Oficiales, Capitanes, Contramaestres y Vice Contramaestres, se turnaban para leer las oraciones67. La versión del Williams es confirmada por la declaración de otro pirata, Roger Armar, quien dijo a los inquisidores que las prédicas se daban en todas las naves, duraban entre media y una hora, y se hacían todos los días entre las siete y las ocho de la mañana, al atardecer, y todos los domingos a las ocho de la mañana68. Las funciones religiosas escandían la vida de los corsarios ingleses en las naves, estaban ordenadas por horarios preestablecidos y reguladas por una severa disciplina. Los oficiales de bordo actuaban como si fueran ministros del culto, celebrando las funciones en inglés y no en latín, como se hacía en el credo católico. Antes de las batallas los corsarios se reunían para rezar y se confesaban directamente a Dios, sin la intercesión de un confesor69.

27 Sin embargo, los ingleses no se limitaban a practicar piamente la religión anglicana. Los sermones de los oficiales eran caracterizados también por fuertes invectivas contra el catolicismo, típicas de la propaganda protestante de ese período, y exhortaciones al proselitismo. Morgan Tillert declaró que las tripulaciones atendían predicas durante las cuales se promovía la iconoclastia, se atacaban al Papa y a los santos, los papistas eran declarados herejes, y se invitaba a predicar la ley evangélica universalmente70. La propaganda anticatólica se difundía entre los hombres de la expedición. De otras confesiones tomadas durante los procesos, se deduce que entre los corsarios de la flota se discutía acerca de los errores y las falsas doctrinas de los enemigos católicos. John Evans, otro corsario juzgado en 1574, declaró frente a los inquisidores que habiendo preguntado a sus compañeros porqué las naves españolas llevaban cruces e imágenes sacras a bordo y las inglesas no, se le contestó que los ingleses no las necesitaban, y que los españoles creían en esas cosas y no en Dios71. Asimismo, según lo confesado por William Collins, los corsarios discutían de religión entre ellos. De acuerdo con su testimonio, estaban convencidos que los católicos estaban en el error y alejados de la salvación, reafirmaban la validez de la doctrina protestante, reivindicaban la relación directa entre hombre y Dios – sin intercesión de los santos – y denigraban a la Virgen72.

28 Se trata de un dato muy interesante, consecuencia directa de la “vulgarización” del saber eclesiástico relacionada con la reforma protestante. Las cuestiones religiosas en el mundo reformado ya no eran monopolio exclusivo del clero pues cualquiera podía tener acceso a las sacras escrituras, o por lo menos escucharlas en su propio idioma, y eso daba impulso a debates y discusiones sobre temas religiosos en los grupos sociales que, hasta entonces, habían vivido la religión de manera pasiva. Así como los campesinos liderados por Müntzer y derrotados en Frankenausen, Alemania, en 1525, o los humildes anabaptistas que intentaron dar vida al reino de Dios en tierra, en la ciudad alemana de Münster, y fueron masacrados por las tropas de los príncipes protestantes en 1535, los piratas eran también miembros de las clases más bajas de la sociedad. Guiados por predicadores carismáticos, terminaron participando a su modo activamente y conscientemente al conflicto religioso de esa época. Como argumenta Carlo Ginzburg al analizar el caso por herejía contra un campesino italiano en la década de 1530, en su famoso ensayo Il formaggio e i vermi, las enormes rupturas determinadas por el fin del monopolio de los doctos sobre la cultura escrita y el monopolio de los clérigos sobre las cuestiones religiosas habían creado una situación nueva y potencialmente explosiva73.

29 Fe reformada y anti catolicismo caracterizaban a la mayoría de los corsarios ingleses que, adoctrinados atentamente, una vez llegados en las Indias Occidentales atacaban símbolos y representantes de la iglesia romana. Obviamente no se trataba de teólogos expertos, pero los conocimientos religiosos de los piratas seguramente no eran inferiores a los del grueso de la población de los países reformados, mayoritariamente analfabeta como en toda Europa, cuya cultura religiosa se basaba sobre pocos preceptos inculcados por los predicadores y ministros del culto. Estas enseñanzas se desarrollaban en un contexto de participación popular, por lo cual la vida religiosa de un corsario inglés del siglo XVI no era tan diferente a la de un soldado protestante, alistado en los ejércitos reformados que combatían las guerras de religión en el mismo período.

30 Sin embargo, con los piratas franceses se refleja una situación diferente. Un ejemplo que ilustra las diferencias entre ingleses y franceses es el proceso contra el pirata francés Pierre Sanfroy, condenado junto con los corsarios de Hawkins en el auto de fe de 1574. Sanfroy había llegado a las Américas a bordo de una sola nave, financiada y armada para la piratería por dos emprendedores privados protestantes74. Si bien, como confiesa Sanfroy, se hacían oraciones y se cantaban salmos en francés, según las costumbres protestantes; se rezaba directamente a Dios – no a través de los santos -, y dos marinos, que habían regresado a Francia, Maggrie y Gohorel, se encargaban de guiar las oraciones; no había ningún tipo de disciplina litúrgica, ni horarios preestablecidos, ni oficiales que actuaban como ministros como sucedía con los ingleses75. Lo más sorprendente es que en el buque iban juntos hugonotes y católicos. La heterodoxia de la tripulación reflejaba la situación política francesa de ese entonces, de división interna entre protestantismo y catolicismo. Lo interesante de este caso es que en dicha nao pirata existiera algo parecido a una libertad religiosa tanto desde un punto de vista litúrgico, al no estar reglamentadas las prácticas religiosas, así como desde un punto de vista de creencias de cada individuo.
Sanfroy, quién declaraba haber sido católico antes de embarcarse, decía que todos sabían que en el buque iban luteranos que profesaban la nueva religión76. Según Guillame Cocrel, compañero de expedición de Sanfroy, católicos y protestantes discutían de religión a bordo, y a las preguntas de los católicos sobre porqué llamaban a su credo la nueva religión, los protestantes contestaban que así la definían porque los autorizaba a hablar líberamente77. Tan líberamente que los hugonotes hacían proselitismo durante el viaje y lograron convencer sus compañeros católicos a cambiar de bando, como en el caso de Sanfroy, quien confesó haber sido católico y haber luego cambiado de religión convencido por los proselitismos de los protestantes78. Según Sanfroy, a bordo se hablaba a menudo de las guerras de religión que devastaban la madre patria, y los hugonotes defendían su causa como justa, y mencionaban argumentaciones típicas de la propaganda anti católica de entonces, como el anti papismo y la condena de la compra de las indulgencias79. Durante los diez meses de navegación a bordo del mismo barco, los piratas hablaban cotidianamente de la guerra entre católicos y hugonotes en Francia, y los tripulantes hugonotes repetían asiduamente que el Papa era un vicioso y perezoso y que no tenía ningún poder para salvar las almas80. Pierre Sanfroy finalmente se convirtió pero, consciente de la gravedad del crimen de apostasía, pidió misericordia a los inquisidores81. Como en el caso inglés, aunque de manera más aleatoria y en formas distintas, rituales protestantes y anti catolicismo convivían y se inculcaban en las consciencias de los piratas. Y eso, inevitablemente, daba a los ataques piratas franceses un carácter de conflicto religioso.

31 Antes de ser entregados a la Inquisición, los piratas franceses habían sido capturados por Don Diego de Santillán, gobernador de Yucatán, y encarcelados en Mérida, donde seis de ellos fueron ahorcados. Santillán había juntado una serie de testimonios que iban a ser muy útiles para el Tribunal de la Inquisición. En una carta que el Gobernador envió al Santo Oficio de Méjico se reportan testimonios de varias personas que entraron en contacto con las piratas de una u otra manera. Pablo Gutiérrez, grumete de una nao española que había sido atacada por los franceses, dijo que los piratas se jactaban de ser de la religión reformada, y que decían muchas cosas en contra de la iglesia católica, afirmando que María no podía ser virgen y haber parido82. Pedro de la Mazuca, armador de la misma nao, dijo que los piratas hablaban mal del Papa, comían carne el viernes, y el sábado y ordenaron a la tripulación española de convertirse a la nueva religión83. Francisco y Juan Camil, indios del pueblo de Hunucmá, Yucatán, donde los piratas fueron capturados por los hombres del gobernador, declararon que los franceses eran contrarios al santísimo sacramento84. Pablo y Francisco Pat, también habitantes de Hunucmá, acusaron a los piratas de quemar libros de la iglesia, de comer carne en los días prohibidos e invitar los indios a hacer lo mismo85.

32 Si bien se podría argumentar que las actas del proceso contra un solo pirata no representan una muestra suficiente para poder afirmar que la cuestión religiosa estuviese entremezclada con la piratería, los reportes y detalles sobre ataques de los piratas franceses ya confirman que peleaban también en nombre de la religión. El proceso contra Pierre Sanfroy representa una fuente de información fundamental para entender desde adentro cuál era la relación entre piratas franceses y reforma y qué papel tenían en el enfrentamiento contra los españoles católicos. Como en el caso de sus colegas ingleses, no obstante diferencias de formas, los piratas franceses seguían los preceptos protestantes (en este caso, hugonotes) acompañados por un discurso fuertemente anti católico, fomentado aún más por los recuerdos del violento conflicto religioso que se estaba combatiendo en Francia. Una vez llegados a las costas americanas, se pasaba de la teoría a la práctica con ataques contra la iglesia católica y sus símbolos y haciendo proselitismo entre los pobladores católicos, así como sucedía en los estados del viejo continente donde se combatían las guerras de religión.

33 El caso de los filibusteros, quienes fueron los principales protagonistas de la piratería en las Américas en la segunda mitad del siglo XVII, es completamente distinto del de los corsarios y piratas del siglo XVI, que viajaban desde Europa y hacia allá se dirigían después de cada expedición. Los filibusteros vivían establemente en las Antillas, y aunque la mayoría de ellos fuera de países protestantes, la relación con la madre patria y sus costumbres eran débiles. Esa situación obviamente tenía sus repercusiones sobre su relación con la religión, pues era mucho más relajada y utilitaria, que idealizada. No obstante, la iglesia católica seguía siendo víctima de sus ataques. Como argumenta Philip Gosse, la mayoría de los filibusteros tenían una mentalidad y cultura muy interesante, mezcla de creencias religiosas y supersticiones. Habían abandonado Europa cuando las herejías se difundían y las luchas religiosas habían alcanzado su clímax. Los contrastes eran muchos: durante los asaltos profanaban las iglesias y decían blasfemias, pero durante las tormentas o combates que les iban mal, invocaban todos los santos86.

34 Alexandre-Olivier Oexmelin escribe en sus memorias que la devoción de los piratas se exteriorizaba raramente, casi únicamente antes de los ataques contra los españoles, momento en el cual confiaban sus almas a la divina providencia87. En los barcos de los filibusteros, si bien iba una gran mayoría de protestantes también hubo algunos católicos y, según Oexmelin, todos vivían en la tolerancia de los cultos, por lo menos antes y después de los ataques contra las posesiones de la corona española88. En general, en la piratería americana de la segunda mitad del siglo XVII se puede percibir un cambio en la relación hacia las cuestiones religiosas. En vez de discutir de diferencias dogmáticas, como hacían los piratas franceses en el siglo XVI, las diferencias religiosas era más bien fuente de ironía entre compañeros, y, a veces, aparecían casos de ateísmo. Oexmelin describe como dos filibusteros franceses, uno católico, Philippe de Longvilliers de Poincy, Gobernador de San Cristóbal (la actual Saint Kitts), y otro protestante, un tal Lavasseur, estuvieran discutiendo sobre quién tendría que quedarse con una estatua de plata de la Virgen, robada durante un saqueo. Lavasseur arguyó que él se iba a quedar con la plata pues los católicos eran demasiado espirituales para darle importancia a lo material89. Por otro lado, François de Grammont, uno de los principales capitanes filibusteros, se mostraba libertino, ateo y blasfemo y provocaba a su tripulación pidiendo que le mostraran ángeles y demonios, y que si los hubiese visto se hubiera alistado inmediatamente en la marina real90.

35 No obstante la diferente actitud de los filibusteros hacia las cuestiones religiosas, los ataques contra el catolicismo seguían de manera incesante. En 1663, durante el ataque a Campeche por parte de Edward Mansvelt91 y sus filibusteros, además de saquear la ciudad, los piratas devastaron los templos, acuchillaron y quemaron las imágenes sacras y violaron las tumbas92. En 1668, los piratas liderados por Jean-David Nau, alias el Olonés93, atacaron Maracaibo donde demolieron las iglesias y destrozaron las imágenes y esculturas sacras94. Durante el saqueo de Maracaibo del 1678, los hombres de Grammont saquearon la iglesia y capturaron y torturaron a un cierto padre Ángel por haberse quedado en la iglesia durante el ataque para consumir el santísimo sacramento95. En 1683, tras el ataque y saqueo de Veracruz por parte de Grammont, varios filibusteros fueron capturados y procesados inmediatamente. Entre otras cosas, se los acusaba de haber violado los templos, ultrajado las imágenes y abierto las tumbas, subrayando que se trataba de acciones heréticas96. Historia similar narra el Obispo de Puebla de los Ángeles al Rey de España, en agosto de 1683, al denunciar que durante un ataque pirata en Campeche, se habían destrozado las imágenes sacras y los altares de la iglesia mayor de la ciudad y profanado las tumbas97.

36 Aunque aparentemente los filibusteros eran menos observantes de sus predecesores, rasgos de anti catolicismo seguían caracterizando sus acciones y la iglesia romana seguía siendo víctima de la piratería. Sin embargo, al no haber procesos inquisitoriales por herejía contra filibusteros, carecemos de acceso a una fuente de información tan detallada como las actas de los procesos como es el caso de los corsarios ingleses y piratas ingleses a finales del siglo XVI. Por lo que se deduce de las pocas fuentes disponibles, se puede argumentar que los filibusteros no tenían el mismo fanatismo religioso de sus predecesores, pues no hay evidencias del mismo adoctrinamiento y atención a las prácticas religiosas en general. También es importante tener en cuenta que el contexto europeo había cambiado considerablemente después de la paz de Westfalia, en 1648, en la cual se reiteró la validez del concepto cuius regio, eius religio (de quien rija, la religión), y se reconoció la soberanía de cada estado sobre su territorio y religión que en él se practicaba. Heterodoxia, internacionalidad y uso impropio del discurso religioso eran más bien las características de los filibusteros en la segunda mitad del siglo XVII. Alejados de sus madres patrias, sin contacto con ministros del culto, pareciera que los filibusteros utilizaron la cuestión religiosa más para legitimar las hostilidades contra las colonias españolas que por verdadero fervor protestante.

Conclusión

37 Las fuentes analizadas para este ensayo demuestran que la cuestión religiosa,con matices distintos a lo largo de casi 200 años, jugó un papel importante en el conflicto entre españoles y piratas en las Indias Occidentales durante los siglos XVI y XVII. Los testimonios analizados reportan descripciones sobre cómo el conflicto religioso emergía durante los ataques piratas en las posesiones españolas. Al mismo tiempo, otros testimonios confirman que la iglesia católica y sus símbolos no eran una víctima casual de la violencia descontrolada de los combates, sino que eran el objetivo predestinado de piratas reformados que llegaban a las Américas con las heridas abiertas del conflicto religioso europeo. Las autoridades españolas reaccionaron al desafío y, aun con sus grandes limitaciones logísticas, organizaron la defensa de las colonias, endureciendo las medidas civiles, militares y religiosas contra los piratas, reos de protestantismo. La mayoría de los corsarios y piratas que operaban en el Atlántico caribeño y en las costas de América Central y Méjico, tenían una formación religiosa y conciencia del conflicto entre reforma y contrarreforma, parecidos a los que tenían sus contemporáneos en las madres patrias. Dependiendo de qué países fueran, pertenecían a una u otra secta protestante, eran practicantes y militantes y claramente anti católicos. El problema fue tan serio, que varias personalidades eclesiásticas americanas temieron por el primado de la religión católica en las colonias. Los intentos de quebrar el monopolio ibérico sobre el Nuevo Mundo y la defensa española para proteger sus privilegios, asumieron así también carácter de guerra de religión. Es importante también subrayar las diferencias existentes entre los corsarios del siglo XVI y comienzos del XVII, y los filibusteros de la segunda mitad del siglo XVII. Mientras los primeros tenían una conciencia religiosa más desarrollada, con ideas sobre la reforma y su contraposición con el catolicismo muy claras; los filibusteros, aun siendo en su mayoría originarios de países protestantes, se caracterizaban más bien por un anti catolicismo que se confundía con la aversión hacia España, donde los bienes de la iglesia eran atacados en cuanto bienes materiales españoles, más que por su simbolismo religioso. No obstante esa clara diferencia en la conciencia religiosa de unos y otros, la iglesia católica en América Central y Caribe se sintió amenazada hasta las últimas décadas del siglo XVII por una piratería protestante que siempre tuvo rasgos anti católicos. Aunque en una primera fase este anti catolicismo se basaba sobre fuertes ideales reformados, y en una segunda fase más bien sobre razones materiales, la iglesia católica siguió siendo víctima de ataques piratas hasta finales del 1600.

38Gianandrea Nelli Feroci es graduado en Historia Moderna y Contemporánea por la Università degli Studi di Roma “La Sapienza” (2002), magíster en políticas comparativas por la London School of Economics and Political Science (2005). Ha trabajado como periodista y analista político para las Naciones Unidas y la Unión Europea en América Latina (Guatemala, Bolivia y Argentina).

Fuentes manuscritas

Archivo Histórico Nacional de España.

39Relaciones de las causas de fe del Tribunal de la Inquisición de Méjico, 1572-1702. Legajos 1064-1067 e 2140.
Relaciones de las causas de fe del Tribunal de la Inquisición de Lima, 1570-1696. Legajos 1027-1028 e 1030-1032.
Relaciones de las causas de fe del Tribunal de la Inquisición de Cartagena de las Indias, 1614- 1700. Legajos 1021-1023.
Relaciones de las causas y autos de fe, Tribunal de la Inquisición de Sevilla, 1559- 1715, legajo 2075.

Fuentes impresas.

40Museo Naval de Madrid, España.
Archivo General de la Nación – Universidad Autónoma de México, Corsarios Franceses e Ingleses en la Inquisición de Nueva España: siglo XVI, Imprenta Universitaria, México, 1945.
Esquemeling, J., Bucaniers of America, printed for William Crooke at the Green Dragon with-out temple bar, London, 1684.

41Oexmelin, Alexandre-Oliver, Histoire de aventures filibustiers qui se sont signaleés dans les Indes, (Nouvelle edition A. Trevoux, La Compagnié, 1775).

Bibliografía.

42Abella, Rafael, Los piratas del nuevo mundo, (Barcelona: Planeta, 1989).

43Apestegui, Cruz, Piratas en el Caribe: Corsarios, Filibusteros y Bucaneros 1493- 1700, (Barcelona: Lunwerg D. L., 2000).

44Arciniegas, German , Il mare d’oro, (Milano: Mondadori, 1966).

45Bainton, Roland H. , La riforma protestante, (Torino: Einaudi, 1994).

46Bennassar, Bartolome , Storia dell’Inquisizione spagnola, (Torino:Rizzoli, 2000).

47Besson, Maurice, Les frères de la côte : Flibustiers et Corsaires, (Paris-Brujas : ed. Ducharte & Van Buggenhoudt, 1928).

48Blazquez Miguel, Juan, La Inquisición en América, (Santo Domingo: Editora Corripio, 1994).

49Boleslao, Lewin, La Inquisición en Hispanoamérica, (Buenos Aires: Paidós, 1967).

50Butel, Paul, Les Caraïbes au temps des flibustiers, XVI-XVII, (Paris : Aubier Montaigne D. L., 1982).

51Cordingly, David, Under the Black Flag, (New York: Random House, 1995).

52De Alsedo y Herrera, Dionisio, Piraterías y agresiones de los ingleses y de otros pueblos de Europa en la América española, desde el siglo XVI al XVIII, (Madrid: por Justo Zaragoza Imprenta de Manuel G. Hernández, 1883).

53De la Croix, Robert, Historia de la Piratería, (Barcelona: Amaika, 1976).

54Devez, M., Antilles, Guyanes, la mer de caraïbes de 1492 à 1789, (Paris : Société d’édition d’enseigement superieur, 1977).

55Ginzburg, Carlo, Il formaggio e i vermi, (Torino: Einaudi , 1976).

56Gosse, Philip, Historia de la Piratería, (Madrid: Espasa, 1935).

57Haring, Clarence Henry, Los Bucaneros de las Indias Occidentales en el siglo XVII, (Paris-Brujas: Descleé de Brouwer, 1939).

58Jarmy Chapa, Martha de, Un eslabón perdido en la historia: Piratería en el Caribe, siglos XVI- XVII, (México: Universidad Nacional Autónoma, 1983).

59Juárez Moreno, Juan, Corsarios y Piratas en Veracruz y Campeche, (Sevilla: C.S.I.C. Escuela de estudios Hispano-Americano, 1972).

60Le Bris, Michel, Serna, Viriginie, Pirates et Flibustiers des Caraïbes, (Paris : Hoëbeke, 2000).

61Lucena Salmoral, Manuel, Piratas, Bucaneros, Filibusteros y Corsarios en América: perros, mendigos y otros malditos del mar, (Madrid: Mapfre D. L., 1992).

62Magre, M., Pirates, Flibustiers et Négriers, (Paris :Editions Bernard Grasset, 1934).

63Masía de Ros, Angeles, Historia general de la piratería, (Barcelona: ed. Mateu D. L., 1959).

64Massisimo, Maria Angeles, Piratas y Filibusteros, (Barcelona: ediciones Tel Star, 1967).

65Mota, Francisco, Piratas en el Caribe, (La Habana: Casa de las Americas, 1984).

66Peña Batle, Manuel Arturo, La isla de la Tortuga: plaza de armas y refugio y seminario de los enemigos de España en las Indias, (Madrid: Cultura Hispánica, 1977).

67Pouquet, Jean, Les Antilles Françaises, (Paris : Presse Universitaire de France, 1964).

68Prosperi, Adriano, I tribunali della coscienza : inquisitori, confessori, missionari, (Torino: Einaudi, Torino, 1996).

69Saiz Cidoncha, Carlos, Historia de la piratería en la América española, (Madrid: San Martin D. L., 1985).

70Simon, Pedro, Noticias históricas de las conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales, (Bogotá: Banco Popular, 1981).

71Spini, Giorgio , Storia dell’ et à moderna, (Torino: Einaudi, 1982).

72Villari, Rosario , Storia moderna, (Roma: Laterza, 1983).

73Notas de pie de páginas

741 En este artículo se utilizarán a menudo los términos piratería y piratas para referirse a Piratas, Corsarios y Filibusteros. Si bien notoriamente los tres grupos tenían características distintas, la atención de este ensayo se enfoca principalmente en la relación entre el conflicto religioso reforma/contrarreforma y la presencia en general de marinos no españoles en los mares de las Américas bajo el monopolio de la corona española. El término pirata describe el verdadero bandido de los mares, independiente, sin patria ni patrocinadores. Aunque esta palabra se utiliza como sinónimo de todo tipo de bandidismo marino, la figura del verdadero pirata es muy rara en la historia americana. Los corsarios navegaban con patentes de corso otorgadas por las monarquías, que autorizaban oficialmente a atacar y robar naves y puertos de otros estados. El corso era una actividad tan lucrativa que muchas monarquías no solo concedían la autorización (las patentes) para practicarlo, sino que también invertían sus financias en las expediciones. Generalmente los corsarios eran ciudadanos de los estados que les otorgaban las patentes, y tenían lazos fuertes con sus madre patrias. Los filibusteros eran aventureros, desertores, amotinados, colonos y ex esclavos de distintas nacionalidades que se juntaron y radicaron en zonas del Caribe que España no lograba controlar. En las últimas décadas del siglo XVII, los filibusteros crearon la Hermandad de la Costa, una comunidad residente en las Antillas. Una verdadera internacional de la piratería aparentemente independiente de las monarquías europeas, reglamentada por un código de leyes y nomas propias.

752 Archivo Histórico Nacional (AHN), Madrid, Relaciones de las causas y autos de fe del Tribunal de la Inquisición de Méjico, 1572-1702, Leg. 1064-1067.

763 Manuel Lucena Salmoral, Piratas, Bucaneros, Filibusteros y Corsarios en América: perros, mendigos y otros malditos del mar, (Madrid: Mapfre D.L., 1992), págs. 27-28.

774 Manuel Lucena Salmoral, Piratas …., pág. 68.

785 Juan Blazquez Miguel, La Inquisición en América, (Santo Domingo: Editorial Corripio, 1994), pág. 60.

796 Juan Blazquez Miguel, La Inquisición ... , pág. 62.

807 AHN, Relaciones de las causas de fé del Tribunal de la Inquisisción de Mejico, Leg. 1064, Fol. 55-56 y 59.

818 Archivo General de la Nación – Universidad Autónoma de México (AGNUAM) (a cura de), Corsarios Franceses e ingleses en la Inquisición de Nueva España: siglo XVI, (México: Imprenta Universitaria, 1945).

829 Juan Blazquez Miguel, La Inquisición … , pág. 138.

8310 AHN, Madrid, Relaciones de las causas y autos de fe, Tribunal de la Inquisición de Sevilla, 1559- 1715, legajo 2075. Relaciones de las causas de fe del Tribunal de la Inquisición de Méjico, 1572-1702, legajos 1064-1067 y 2140. Relaciones de las causas de fe del Tribunal de la Inquisición de Cartagena de las Indias, 1614- XVIII sec., Leg. 1020- 1023. Relaciones de las causas de fe del Tribunal de la Inquisición de Lima, 1570- 1696, Leg. 1027- 1032.

8411 Gianandrea Nelli Feroci, Pirati nel Caribe (XVIXVII secolo). Una guerra di Religione?, Tesi di Laurea in Lettere e Filosofia, Università degli Studi di Roma “La Sapienza”, Roma, Anno Accademico 2001 -2002.

8512 Juan Blazquez Miguel, La Inquisición … , pág. 138.

8613 Carlos Saiz Cidoncha, Historia de la Piratería en América Española, (Madrid: Editorial San Martin, 1985), pág. 57.

8714 AGNUAM, Op. cit., Declaración de William Collins al Tribunal de la Inquisición, México, 26 de enero 1573, págs. 444-446.

8815 AGNUAM, Op. cit., Testigo de Morgan Tiller, tomada en el proceso contra David Alexander, Méjico, 9 de diciembre 1572, págs. 237 – 238.

8916 Carlos Saiz Cidoncha, Historia de la Piratería ... , págs. 59-60.

9017 Carlos Saiz Cidoncha, Historia de la Piratería … , págs. 61.

9118 AGNUAM, Op. cit., Acusación del Magistrado Avalos, contra David Alexander, Méjico, 2 de enero 1574, págs. 273 – 279.

9219 AGNUAM, Op. cit., Declaración de William Collins al Tribunal de la Inquisición, México, 26 de enero 1573, pág. 420.

9320 AHN, Relaciones de las causas de fe del Tribunal de la Inquisición de Méjico, Leg. 1064, Fols. 53-60, 68 y 79.

9421 AHN, Relaciones de las causas de fe del Tribunal de la Inquisición de Méjico, Leg. 1064, Fol. 59.

9522 AHN, Relaciones de las causas de fe del Tribunal de la Inquisición de Méjico, Leg. 1064, Fol. 68.

9623 AGNUAM, Op. cit., Respuestas del Imputado, Pierre Sanfroy, a las acusaciones, Méjico, 14 de junio de 1572, pág. 181.

9724 AGNUAM, Op. cit., Denuncia del Magistrado Bonilla, del Tribunal de la Inquisición de Méjico, Méjico, 20 noviembre 1571, pág. 15.

9825 AGNUAM, Op. cit., Denuncia del Magistrado Bonilla, del Tribunal de la Inquisición de Méjico, Méjico, 20 noviembre 1571, pág. 15.

9926 AHN, Relaciones de las causas de fe del Tribunal de la Inquisición de Méjico, Leg. 1064, Fols. 55-56 y 59.

10027 AGNUAM, Op. cit., Acusación del Magistrado Bonilla, contra Pierre Sanfroy, presentada a la Audiencia, Méjico, 14 de junio 1572, pág. 173.

10128 AGNUAM, Op. cit., Acusación del Magistrado Avalos, contra David Alexander, Méjico, 2 de enero 1574, págs. 273 – 279.

10229 Francisco Mota, Piratas en el Caribe, (La Habana: Casas de las Américas, 1984), pág. 30.

10330 Gianandrea Nelli Feroci, Pirati ... , págs. 40-42.

10431 Franck Lestringant, Une guerre de religion, en Michel Le Bris y Virginie Serna, Pirates et Flibustiers des Caraïbes, (Paris : Hoëbeke, 2000), pág. 36.

10532 1520-1521. Autorizaban los prelados en las Américas a realizar casi todas las funciones episcopales, incluidas las inquisitoriales.

10633 Fray Pedro Simón, Noticias históricas de las conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales, Volumen VI, (Bogotá: Banco Popular, 1981), pág. 245.

10734 Franck Lestringant, Une guerre ... , pág. 36.

10835 Manuel Lucena Salmoral, Piratas …, pág. 96.

10936 Manuel Arturo Peña Batle, La isla de la Tortuga: plaza de armas y refugio y seminario de los enemigos de España en las Indias, (Madrid: Cultura Hispánica, 1977).

11037 Carta de Arzobispo de Santo Domingo, Nicolás Ramos, al Rey de España, 4 de marzo de 1594, Santo Domingo, en Manuel Arturo Peña Batle, La Isla de la Tortuga: plaza de armas y refugio y seminario de los enemigos de España en las Indias, (Madrid: Cultura Hispanica, 1977), págs. 56 – 57.

11138 Memorial de Baltazar López Castro, 20 Noviembre 1598, Santo Domingo, en Manuel Arturo Peña Batle, La Isla de la Tortuga … , pág. 64.

11239 Manuel Arturo Peña Batle, La Isla de la Tortuga … , pág. 78.

11340 Juan Blazquez Miguel, La Inquisición … , pág. 65.

11441 AHN, Relaciones de las causas de fe del Tribunal de la Inquisición de Cartagena de las Indias, Leg. 1020, Fols. 81 – 82, 89 – 90, y 95.

11542 AHN, Relaciones de las causas de fe del Tribunal de la Inquisición de Cartagena de las Indias, Leg. 1020, Fols. 253 – 254 y aparte de las causas ya mencionadas, en el Tribunal de Cartagena queda registro solamente de cuatro individuos que, al parecer, se tratarían de piratas reformados. Thomas Cox y Nicolas Brunel, marinos ingleses de Jamaica, acusados de luteranismo, cuyas causas quedaban todavía pendientes en 1652; y Nicolas Burundel, marino francés, y Joan Estrada, servidor del capitán de un buque corsario capturado en Santo Domingo, ambos acusados de luteranismo, cuyas causas quedaban todavía pendientes en 1660.

11643 Aparte de las causas ya mencionadas, en el Tribunal de Cartagena queda registro solamente de cuatro individuos que, al parecer, se tratarían de piratas reformados. Thomas Cox y Nicolas Brunel, marinos ingleses de Jamaica, acusados de luteranismo, cuyas causas quedaban todavía pendientes en 1652; y Nicolas Burundel, marino francés, y Joan Estrada, servidor del capitán de un buque corsario capturado en Santo Domingo, ambos acusados de luteranismo, cuyas causas quedaban todavía pendientes en 1660.

11744 Gianandrea Nelli Feroci, Pirati ... , págs. 82 – 98.

11845 Carta del Obispo de Puebla de Los Ángeles al Rey, 18 de Agosto de 1683, Puebla de Los Ángeles, en Juan Juárez Moreno, Corsarios y Piratas en Veracruz y Campeche, (Sevilla: C.S.I.C., Escuela de Estudios Hispano-Americanos, 1972), págs. 434 – 435.

11946 AHN, Relaciones de las causas de fe del Tribunal de la Inquisición de Méjico, Leg. 1064, Fol. 267.

12047 AHN, Relaciones de las causas de fe del Tribunal de la Inquisición de Méjico, Leg. 1064, Fols. 243 y 265 – 266.

12148 AHN, Relaciones de las causas de fe del Tribunal de la Inquisición de Méjico, Leg. 1064, Fol. 327.

12249 AHN, Relaciones de las causas de fe del Tribunal de la Inquisición de Méjico, Leg. 1064, Fol. 398.

12350 Carlos Gómez-Centurión Jiménez, Pragmatismo Económico y Tolerancia Religiosa: Los acuerdos Cobham-Alba de 1576, (Madrid: Universidad Complutense, Departamento de Historia Moderna, 1987), págs. 66 – 67.

12451 Carlos Gómez-Centurión Jiménez, Pragmatismo ... , pág. 80.

12552 Bartolome Bennassar , Storia dell’Inquisizione spagnola, (Rizzoli: Torino, 2000), pág. 256.

12653 Bartolome Bennassar , Storia ... , pág. 334

12754 Jaime Contreras, Gustav Henningsen, Forty-four thousand cases of the Spanish Inquisition (1540–1700): Analysis of a historical data bank, (eds) (Gustav Henningsen and John Tedeschi, 1986).

12855 John Esquemeling, Bucaniers of America, (London: printed for William Crooke at the Green Dragon with-out temple bar, 1684).

12956 Alexandre-Olivier Oexmelin, Histoires de aventures flibustiers qui se sont signaleés dans les Indes, (Nouvelle edition A. Trevoux, La Compagnie, 1775).

13057 Maurice Besson, Les Frères de la côte : Flibustiers et Corsaires,( Ed. Ducharte & Van Buggenhoudt, 1928), pág. 63.

13158 Cruz Apestegui, Piratas en el Caribe: Corsarios, Filibusteros y Bucaneros 1493-1700, (Ed. Lunwerg D. L., 2000), págs. 72-73.

13259 AHN, Relaciones de las causas de fe del Tribunal de la Inquisición de Méjico, Leg. 1064, Fol. 53 – 60.

13360 AGNUAM, Op. cit., Relación de Miles Philips sobre el Auto de fe mejicano de 1574, traducida por D.J. García Icazbalceta, ya en Obras de D.J. García Icazbalceta, Biblioteca de Autores Mexicanos, tomo VII, opúsculos varios.

13461 AGNUAM, Op. cit., Relación de Miles Philips sobre el Auto de fe mejicano de 1574, traducida por D.J. García Icazbalceta, ya en Obras de D.J. García Icazbalceta, Biblioteca de Autores Mexicanos, tomo VII, opúsculos varios.

13562 AGNUAM, Op. cit., Declaración de William Collins, Méjico, 11 de diciembre de 1572, págs. 420 – 422.

13663 AGNUAM, Op. cit., Respuesta de David Alexander a las acusaciones, Méjico, 2 de enero de 1574, págs. 279 – 283.

13764 AGNUAM, Op. cit., Sentencia definitiva pronunciada contra William Collins, en auto de fe público, Méjico, 28 de febrero de 1574, págs. 501 – 502.

13865 AGNUAM, Op. cit., Sentencia definitiva pronunciada contra David Alexander y William Low, en auto de fe público, Méjico, 28 de febrero de 1574, págs. 294 – 296.

13966 AGNUAM, Op. cit., Declaración de William Collins, Méjico, 17 de noviembre de 1572, págs. 388 – 390.

14067 AGNUAM, Op. cit., Testimonio de Morgan Tillert, tomado de su proceso, usado en el proceso contra David Alexander, Méjico, 12 de diciembre de 1572, pág. 239.

14168 AGNUAM, Op. cit., Declaración de William Collins, Méjico, 17 de noviembre de 1572, págs. 388 – 390.

14269 AGNUAM, Op. cit., Testimonio de Roger Armar, tomado de su proceso, usado en el proceso contra David Alexander, Méjico, 2 de marzo de 1572, pág. 260.

14370 AGN. – UAM, Op. cit., Declaración de William Collins, Méjico, 17 de noviembre de 1572, págs. 388 – 390.

14471 AGNUAM, Op. cit., Testimonio de Morgan Tillert, tomado de su proceso, usado en el proceso contra David Alexander, Méjico, 7 de febrero 1573, págs. 246 – 248.

14572 AGNUAM, Op. cit., Testimonio de John Evans, tomado de su proceso, usado en el proceso contra David Alexander, Méjico, 15 de enero de 1573, págs. 249 – 251.

14673 AGNUAM, Op. cit., Declaración de William Collins, Méjico, 18 de noviembre de 1572, págs. 391 – 392.

14774 Carlo Ginzburg, Il formaggio e i vermi, (Torino: Einaudi, 1976), Prefazione, P. XXIV.

14875 AGNUAM, Op. cit., Respuesta del imputado, Pierre Sanfroy, a las acusaciones, Méjico, 14 de junio de 1572, pág. 181.

14976 AGNUAM, Op. cit., Declaración de Pierre Sanfroy, Méjico, 11 de diciembre de 1573, pág. 212.

15077 AGNUAM, Op. cit., Declaración de Pierre Sanfroy, Méjico, 11 de diciembre de 1573, pág. 201.

15178 AGNUAM, Op. cit., Declaración de Guillaume Cocrel, usada en el proceso contra Sanfroy, Méjico, 23 de Abril de 1572.

15279 AGNUAM, Op. cit., Declaración de Pierre Sanfroy, Méjico, 11 de diciembre de 1573, pág. 205.

15380 AGNUAM, Op. cit., Declaración de Pierre Sanfroy, Méjico, 11 de diciembre de 1573, pág. 209.

15481 AGNUAM, Op. cit., Declaración de Pierre Sanfroy, Méjico, 11 de diciembre de 1573, pág. 211.

15582 AGNUAM, Op. cit., Declaración de Pierre Sanfroy, Méjico, 11 de diciembre de 1573, pág. 213.

15683 AGNUAM, Op. cit., Testimonio de Pablo Gutiérrez, reportado en la carta del Gobernador del Yucatán, Don Diego de Santillán, Méjico, sin fecha, pág. 144.

15784 AGNUAM, Op. cit., Testimonio de Pedro de la Mazuca, reportado en la carta del Gobernador del Yucatán, Don Diego de Santillán, Méjico, sin fecha, pág. 146.

15885 AGNUAM, Op. cit., Testimonio de Franciso y Juan Camil, reportado en la carta del Gobernador del Yucatán, Don Diego de Santillán, Méjico, sin fecha, pág. 145.

15986 AGNUAM, Op. cit., Testimonio de Pablo y Franciso Pat, reportado en la carta del Gobernador del Yucatán, Don Diego de Santillán, Méjico, sin fecha, pág. 145.

16087 Philip Gosse, Historia de la Piratería, (Madrid: Espasa, 1935), pág. 64.

16188 Alexandre-Olivier Oexmelin, Histoires ... , vol. I, pág. 133.

16289 Alexandre-Olivier Oexmelin, Histoires ... , vol. I, págs. 131 – 132.

16390 Alexandre-Olivier Oexmelin, Histoires … , vol. I, pág. 29.

16491 Juan Juárez Moreno, _Corsarios _ … ,pág. 49

16592 Edward Mansvelt, capitán filibustero de origen holandés. Véase Juan Carlos Solórzano F., La incursión del pirata Edward Mansvelt en Costa Rica y sus consecuencias en las poblaciones indígenas del Caribe y Llanuras del Norte (año de 1666), Boletín AFEHC N° 58, publicado el 04 septiembre 2013.

16693 Juan Juárez Moreno, Corsarios … , pág. 23.

16794 Capitán filibustero, originario de Les Sables d’Olonnes, en la región francesa del Poitou.

16895 Alexandre-Olivier Oexmelin, Histoires … , vol. I, pág. 194.

16996 Archivo General de las Indias (A.G.I.), Méjico, Testimonio de Diego Garcia de la Gala, 8 de agosto de 1678, doc. 362, folio 25, en Juan Juárez Moreno, Corsarios … , pág. 67.

17097 AGI, sentencia contra Pedro Naranjo, 22 de noviembre de 1683, Veracruz, en Juan Juárez Moreno, Corsarios … , pág. 149.

17198 Juan Juárez Moreno, Corsarios ... , págs. 434 – 435.

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Para citar este artículo :

Gianandrea Nelli Feroci , « Piratas: Herejes en las Costas de América Central, Yucatán y Caribe. Siglos XVI-XVII », Boletín AFEHC N°58, publicado el 04 septiembre 2013, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=3623

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