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AFEHC : articulos : De paje del rey a corsario: Don Pedro Velaz de Medrano, I marqués de Tabuérniga (1603-1659) : De paje del rey a corsario: Don Pedro Velaz de Medrano, I marqués de Tabuérniga (1603-1659)

Ficha n° 3624

Creada: 28 octubre 2013
Editada: 28 octubre 2013
Modificada: 19 enero 2014

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Autor de la ficha:

Diego TÉLLEZ ALARCIA

Editor de la ficha:

Elizabeth MONTANEZ SANABRIA

Publicado en:

ISSN 1954-3891

De paje del rey a corsario: Don Pedro Velaz de Medrano, I marqués de Tabuérniga (1603-1659)

D. Pedro Velaz de Medrano es un personaje que, hasta la fecha, ha pasado desapercibido para los historiadores. Descendiente de un linaje de origen alavés, los Velaz de Medrano, don Pedro estaba emparentado políticamente con la poderosa familia riojana de los Manso de Zúñiga, originaria de Canillas. Este parentesco había hecho que don Pedro naciese en Santo Domingo de la Calzada en 1603. Los contactos cortesanos de los Manso de Zúñiga le procuraron una plaza como paje del rey Felipe III en 1615. Este empleo fue un magnífico trampolín para comenzar una meteórica carrera militar al servicio de los Austrias. Destacó don Pedro por sus capacidades en la marina, sirviendo en oportunidades tan destacadas como la reconquista de Salvador de Bahía a los holandeses, la batalla de Fuenterrabía, el combate naval de las Dunas o el mando de la Armada de Barlovento.Esta impecable hoja de servicios se vio abruptamente interrumpida por su deserción al bando de los rebeldes portugueses en 1647. Un año después, se pasó al enemigo francés, bajo cuyo pabellón lideró una escuadra corsaria que se internó en el Caribe con la intención de capturar la flota del tesoro. Durante tres años se sintió su temible presencia en aguas americanas. Llegó a bombardear Caracas en 1651, pero se le escapó la preciada presa del botín de la flota. El fracaso de esta aventura le granjeó pocas amistades en Francia por lo que abandonó su servicio y pasó a vincularse, hacia 1656, a un aventurero de origen inglés muy conocido de aquella época: el príncipe Roberto. Falleció algunos años después (1659), retirado del mundo en un convento de Coimbra.
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Palabras claves :
Don Pedro Velaz de Medrano, Tabuérniga, Desertores, Corsarios, Armada de Barlovento
Autor(es):
Diego Téllez Alarcia
Fecha:
Octubre de 2013
Texto íntegral:

1Esta investigación ha sido desarrollada gracias a una ayuda del Instituto de Estudios Riojanos en su convocatoria de 2012 para estudios de temática riojana. Quiero expresar mi agradecimiento a Gonzalo Ruiz Pascual y a Marian Martínez de Toda, archiveros del Archivo de la Catedral y del Archivo Municipal de Santo Domingo de la Calzada respectivamente, por su colaboración en la localización de algunos documentos referidos a la investigación.

Introducción

2Don Pedro Velaz de Medrano es un personaje que, hasta la fecha, ha pasado desapercibido para los historiadores. Descendiente de un linaje de origen navarro, los Velaz de Medrano, don Pedro estaba emparentado políticamente con la poderosa familia castellana de los Manso de Zúñiga. Los contactos cortesanos de estos últimos le procuraron una plaza como paje del rey Felipe III en 1615. Este empleo fue un magnífico trampolín para comenzar una meteórica carrera militar al servicio de los Austrias. Destacó don Pedro por sus capacidades en la marina, sirviendo en tan destacadas oportunidades como la reconquista de Salvador de Bahía (Brasil) de los holandeses (1625), la batalla de Fuenterrabía (1638) o el combate naval de las Dunas (1639). Encarcelado por los franceses tras escapar con vida de este último desastre marítimo, que aniquiló el poder naval español, Velaz de Medrano continuó sus servicios en la flota de Barlovento, de la que llegó a ser su capitán general en 1643. Esta impecable hoja de servicios se vio abruptamente interrumpida por su deserción al bando de los rebeldes portugueses hacia 1648. Un año después, se pasó al enemigo francés, bajo cuyo pabellón lideró una escuadra corsaria que se internó en el Caribe con la intención de capturar la flota del tesoro. Durante tres años se sintió su temible presencia en aguas americanas. Llegó a bombardear La Guaira en 1651, pero se le escapó la preciada presa del botín de la flota. El fracaso de esta aventura le granjeó pocas amistades en Francia por lo que abandonó su servicio y pasó a vincularse, hacia 1656, a un aventurero de origen inglés muy conocido de aquella época: el príncipe Roberto. Finalmente falleció algunos años después, en 1659, retirado del mundo en un convento de Coimbra.
Estamos en presencia de un personaje histórico de máxima categoría en el panorama de la historia política española y de la historia del Caribe de mediados del siglo XVII. Protagonista y víctima de una época, a través de su trayectoria vital es posible acceder a distintas problemáticas que se dieron en la Monarquía Hispánica de aquellos años: la utilización del parentesco y de las redes familiares como mecanismo de ascenso social; el cursus honorum tipo de un marino de la época, la crisis de las fuerzas marítimas de la Corona y sus consecuencias en sus mandos, la crisis de los años 40 con las rebeliones de Cataluña y Portugal y toda suerte de conspiraciones (Híjar, Medina Sidonia). Pero, más interesante todavía, permite un acercamiento a la debilidad de la Corona Hispana en el ámbito colonial caribeño y, más concretamente, a uno de los episodios más desconocidos de corsarismo de los años 50 en la zona.

Nacimiento en Santo Domingo de la Calzada

3Hasta ahora no se tenía certeza completa del lugar y fecha de nacimiento de don Pedro Velaz de Medrano, dato de no menor importancia para entender la base sobre la que se construyó su vida. Se estimaba vagamente que hubiera venido al mundo hacia 1600 y, por lo que respecta a la localidad, existían pocas pistas concluyentes. Afortunadamente la conservación de su expediente de acceso a la orden de Santiago, cursado en 1621 ha podido arrojar luz a este respecto confirmando que don Pedro era natural de la ciudad riojana de Santo Domingo de La Calzada y que había venido al mundo en torno al 28 de julio de 1603, fecha de su bautismo1.

4La nómina de prohombres calceatenses que dan fe de estos hechos merece ser reproducida al menos en parte: Francisco Leyva Urdaneta, familiar del Santo Oficio; los hidalgos Martín Pérez de la Puente y Francisco de Echave; el capitán Francisco de Ocio, Alferez Mayor de la ciudad y célebre cabecilla del clan Ocio; los parientes de éste último, Francisco de Ocio Vallejo y Francisco de Ocio Tauste, regidores, Martín de Fernández Calaturre Estrada, también regidor; Juan de Bergasa, tesorero de las alcabalas del partido de La Rioja; y el mismísimo don Pedro de Velasco y Rojas, señor de Santa Cruz del Valle y Riocavado2. Como se ve se trata de la flor y nata de la sociedad calceatense del momento, incluyendo desde hidalgos hasta familiares del Santo Oficio pasando por militares y regidores3.

5Además de la fuente citada, se ha podido localizar su partida de bautismo original, la cual indica que:

6“En 28 días del mes de julio del año de 1603 años yo el Licenciado Trincado Zapata, cura de la Santa Iglesia Catedral de la Calzada, bauticé a Pedro, hijo de don Antonio de Medrano y Mendoza y de doña María Manso, su mujer, vecinos de esta ciudad de Santo Domingo. Fue su padrino el señor don Martín Manso, arcediano de Bilbao en esta Santa Iglesia y madrina Su Señoría doña Leonor de Mendoza, mujer del capitán Francisco de Ocio, testigos don Francisco Manso y Juan González, clérigo4”.

7Estas líneas reafirman hasta qué punto se trataba de una familia bien relacionada en el marco local gracias al parentesco con los Manso de Zúñiga, de los que se hablará más adelante, y su alianza con los poderosos Ocio5.

Sus ancestros: los Velaz de Medrano

8Don Pedro Velaz de Medrano descendía de un linaje de origen navarro con una larga trayectoria de servicio a la monarquía de los Austrias. Su padre, don Antonio, natural de Peñacerrada, en Álava, había servido en Nápoles y Sicilia “cuatro años de soldado aventajado6”, había obtenido el hábito de Santiago en 16067 y había sido nombrado sucesivamente corregidor de las ciudades de Málaga (1609), Cuenca y Huete (1611). Al frente del corregimiento de Málaga había participado en el combate naval de Vélez (1611) de un modo heroico según las relaciones que se imprimieron posteriormente: “corrió el rebato por tierra más de tres leguas, con la gente de a pie y a caballo de su cargo de la dicha ciudad8”. Más reconocida fue su labor al frente “de la expulsión de los moriscos de estos reinos y embarcación de ellos”, así como de las “prevenciones para la entrega de Larache y socorros y provisiones de Orán y otras plazas de Berbería” y de “muchas obras públicas en la dicha ciudad de Málaga” entre las que destacaba “la fábrica del muelle de la dicha ciudad9”.

9Por lo que respecta a su abuelo paterno, don Rodrigo Velaz de Medrano, también natural de Peñacerrada, era “caballero tan principal [que] esta villa ha hecho gran estimación de él y en la Iglesia de ella tiene los honores y preeminencias antes que la justicia en asiento y recibir la paz, y así mismo de no pagar alcabala ni ningún repartimiento de los que hace la hermandad de Álava y su provincia, los cuales pagan todos los hidalgos de esta villa y los ha por haber más de treinta años que es escribano de esta villa y su tierra10”. Que era un hombre poderoso en el entorno local lo demuestra que llegase a ser “regidor y procurador general de Vitoria, siendo vecino de ella”. De hecho fue uno de los 22 caballeros que participó en el torneo celebrado en esta ciudad en 156911. Esta posición social se vio respaldada, en buena lógica, por amplios servicios a la monarquía, a su costa, en Flandes. Como recompensa, en 1570, Felipe II le había hecho merced del cargo de capitán de infantería española, sirviendo en la guerra de Granada “habiéndose hallado en todas las ocasiones que allí se ofrecieron y gastado mucha hacienda suya así en sustentar la dicha compañía como en vestir y armarlas12”.

10El padre de éste último y bisabuelo de don Pedro, don Fernando Velaz de Medrano, natural de la villa de Portilla, había desposado con doña Osana Díaz de Ocio, natural del lugar de Payueta, en tierra de Peñacerrada13, y “sirvió muchos años en tiempo del señor emperador Carlos V, particularmente en Flandes, con su persona y criados, como también lo hizo en la defensa de Logroño cuando entraron los franceses” en el año de 1521 “con mucho gasto de su hacienda14”.

Una carrera militar brillante

11Si sus ancestros tuvieron un desempeño brillante en el mundo de las armas, don Pedro podría haber reclamado el calificativo de paladín dado sus prolongados y diversos servicios a los soberanos. Entró a servir como paje de Felipe III en 161515. Aunque no era inusual utilizar las relaciones familiares y cortesanas para acceder a cargos, semejante plataforma de despegue (el cargo de paje del rey), sí lo era y hablaba bien de la estima en que estaba su familia, especialmente por el lado materno16. Caballero de Santiago a la temprana edad de 18 años, era descrito por aquel entonces como un “mozo brioso y ágil para cualquier acto de caballería y ejercicio militar17”. En 1623 ingresó en la “Armada del Estrecho de Gibraltar” en la que se destacó inmediatamente: “el año de 1624 hallose con el general Rivera en el cabo de san Vicente, cuando tomó dos navíos de turcos de guerra y una presa que llevaban”. Este talento inaudito para la mar fue captado por sus superiores que lo pusieron bajo las órdenes del gran marino español de la época: don Fadrique de Toledo. Con él y su célebre expedición viajó al Brasil, con el objetivo de liberar la ciudad de San Salvador de Bahía de la ocupación holandesa18. La empresa fue todo un éxito y don Pedro volvió a distinguirse con acciones épicas: “en la salida que el enemigo hizo al cuartel de S. Bento, fue de los primeros que se hallaron en la vanguardia haciéndole resistencia, donde peleó con mucho valor y quedó herido de un mosquetazo en el pescuezo19”. “No se retiró – añade otra fuente- hasta que le dieron orden para ello; en esta ocasión fue señalado por derribar unas casas que estaban cerca de la murada por donde el enemigo hacía salidas; consta lo ejecutó con mucho valor sin que le estorbasen las cargas de artillería y mosquetería20”.

12Se le hizo merced de una compañía de infantería pero, en tanto se reclutaba, se le concedieron 25 escudos de entretenimiento, a ser pagados por la caja de la Armada del mar Océano (1628). En 1629 tendría una nueva oportunidad de demostrar su valía a bordo de los buques de Su Majestad: “fue a la jornada que hizo la dicha armada a las Indias por sargento mayor de la infantería21”. En ella “se halló en la toma de las islas de san Cristóbal y las Nieves22”, acción en la que además se capturaron 7 navíos23, y recibió “patente de d. Fadrique de Toledo como capitán de mar y guerra del galeón Jesús María, uno de los de la plata, por su valor, práctica y experiencia en las cosas de la guerra y de la mar24”.

13A su regreso a la Península en 1631 parece haber tenido un primer desencuentro con las autoridades cuando, “estando con licencia en su casa, salió orden para que fuese a embarcarse con el señor d. Antonio de Oquendo”. Don Pedro debió de evadir esta responsabilidad, según él “por haber estado enfermo”, lo que hizo que, aunque “el marqués de Castrofuerte procedió contra él, le dio por libre25”.

14Que el incidente fue algo aislado lo demuestra el meteórico ascenso que protagonizó inmediatamente después: “Sargento mayor y gobernador del tercio de Álava, gobernador de cinco galeones de la Armada de Nápoles, almirante de la escuadra, General de la Armada de Barlovento y cabo del socorro que se envió a las islas Terceras”. Estos son los cargos que desempeñó a partir de entonces según los enumera su hijo don Antonio26. Efectivamente con el tercio de Álava acudió al socorro de la villa de Fuenterrabía en 1638, en que también sobresalio27, y al mando de la Armada de Nápoles, formó parte de la flota comandada por don Antonio de Oquendo que fue atacada y destruida por los holandeses en la batalla de las Dunas (1639). En esta acción “peleó con conocido esfuerzo con la armada de Holanda” hasta el punto de acabar su navío, el Orfeo, desarbolado y a la deriva, “habiéndole roto los árboles de 5 cañonazos, sin poder hacer fuerza de vela”. Su suerte estaba a punto de dar un giro aún peor: “le condujo el temporal a la costa de Montreuil de Francia donde, habiéndose encalado su navío, echó al mar lo más de la artillería y quedó prisionero, estándolo cerca de año y medio, en que padeció grandes trabajos28”. El 8 de marzo de 1640, el soberano mandaba que se intentase rescatar a don Pedro, “prisionero en París, que se perdió en uno de los bajeles de la Armada del cargo de don Antonio de Oquendo29”.

15No obstante el desastre, que liquidó lo poco que quedaba del antiguo poderío naval español, abriendo el periodo de hegemonía holandés, las habilidades náuticas de don Pedro siguieron siendo codiciadas. No en vano fue nombrado capitán general de la recién creada Armada de Barlovento30 recibiendo los despachos en diciembre de 164331. Esta unidad había sido constituida poco antes para proteger el comercio antillano de las agresiones corsarias. Sin embargo, la escasez de recursos la afectaba seriamente, de modo que en 1644 solo 7 navíos fueron puestos a disposición de d. Pedro, algunos en estado lamentable32. Su misión principal era la protección de la Flota de Nueva España que conducía el Capitán General d. Martín Carlos de Mencos33. La flota entró con éxito en Veracruz el 17 de julio de 164434. Llevaba a bordo a doña María Altamirano, esposa de don Pedro, y a su primogénito, don Antonio. Había vendido todas sus propiedades por lo que era obvio que apostaba a una nueva vida al otro lado del Océano35.

16Cuando don Pedro levó anclas para regresar a España, el 15 de abril de 164536, ya debía de tener en mente retornar a las Indias. Su familia había quedado en Atlixco, en la jurisdicción de Puebla, y según algunas fuentes pretendía la plaza de castellano de Acapulco37. A sus 42 años debía confiar en la piedad del rey para obtener una prebenda tranquila y provechosa. También debía tener en mente solicitar y obtener – otra cosa no podía esperar dado su historial – un ansiado título de Castilla: el marquesado de Tabuérniga. Sus esperanzas estaban a punto de verse defraudadas y, con esa desilusión, su vida daría un vuelco. El adalid estaba a punto de convertirse en traidor.

El origen del marquesado de Tabuérniga: los Velaz de Medrano y los Manso de Zúñiga

17Don Pedro esperaba ser recompensado con el reconocimiento del título de I marqués de Tabuérniga38. Lo cierto es que la merced acabó siéndole concedida aunque no llegó nunca a gozarla y tuvo que ser reclamada por su hijo, don Antonio, quien sí la disfrutó a partir de 167739. El origen remoto de este marquesado estaba en un mayorazgo fundado por don Pedro Manso de Zúñiga40, obispo de Calahorra y la Calzada “a favor y cabeza de doña María Manso de Zúñiga, su sobrina, al tiempo que contrajo matrimonio con d. Antonio de Medrano41”. Este don Antonio y doña María no eran otros que los padres de don Pedro Velaz de Medrano.

18La vinculación del almirante con este linaje originario de la villa riojana de Canillas, muy próxima a Santo Domingo, es una de las claves explicativas de su éxito profesional. La entrada en la casa de Felipe III en calidad de paje solo puede ser entendida en el contexto de la creciente influencia de las redes clientelares en las que los Manso de Zúñiga militaban. La amplitud del poder familiar queda reflejada perfectamente en los interrogatorios conducidos en 1621 con motivo de aceptar a don Pedro en la orden de Santiago. Los testigos, al tiempo que certificaban la limpieza de sangre de los Manso de Zúñiga, ofrecían pistas de la posición destacada de los miembros del clan: el citado obispo de Calahorra, tío, y sobre todo, los distintos hermanos de doña María. Así, a nivel local, sobresalía su hermano Juan, “que vivió y tenía sus casas en la dicha ciudad [de Santo Domingo]”, había sido en ella “alcalde de la hermandad del estado de los hijosdalgo y al presente es cofrade de la cofradía de Nuestra Señora de las Antorchas, en la cual no se admiten sino los que son caballeros hijosdalgo42”. Por encima de esta esfera local se situaban sus otros dos hermanos vivos43, don Martín y don Francisco. Del primero indicaban que era obispo de Oviedo, antiguo colegial del arzobispo de Salamanca y comisario del Santo Oficio de la ciudad de Logroño44. Del segundo destacaban que era “oidor del consejo de Indias, colegial de Santa Cruz de Valladolid45”. Algún testigo todavía era capaz de mencionar a otro de los hermanos, ya fallecido, también llamado don Pedro, que había sido “presidente de Castilla, patriarca de las Indias y consultor del Santo Oficio46”.

19Una muestra diáfana del poderío de esta familia fue la construcción, a impulso del obispo don Pedro, del convento de Nuestra Señora de los Ángeles, de monjas bernardas, en la ciudad de Santo Domingo, iniciada en 161147. En él tenían su panteón y allí, de hecho, fueron inhumados los cuerpos del susodicho y de sus sobrinos don Pedro y don Martín. Éste último, a su vez, ordenó levantar un magnificente palacio cuyas obras se iniciaron en 162948. Los Manso de Zúñiga acabaron por consolidarse en 1651, con la concesión al citado don Francisco, tío de don Pedro Velaz, del título de conde de Hervías.

Genealogía de don Pedro Velaz de Medrano. Elaboración propia.
Genealogía de don Pedro Velaz de Medrano
Genealogía de don Pedro Velaz de Medrano

“Prófugo del rey de España”: don Pedro Velaz de Medrano, corsario

20Para cuando se había producido esa consolidación de los Manso de Zúñiga, don Pedro Velaz de Medrano se había convertido en un “prófugo del rey de España49”. La década de los 40 había sido crítica en la península con las rebeliones simultáneas de Cataluña y Portugal (1640) y la sistemática proliferación de conspiraciones para levantar otros reinos en contra del soberano, entre las que destacaron las de los duques de Medina Sidonia en Andalucía (1641) y de Híjar en Aragón (1648). Contemporáneamente a ésta última, por medio de “un portugués llamado Francisco Antonio de Cabrera, que se ocupaba en pasar a Portugal a los desertores y traidores que allí querían refugiarse” don Pedro se había pasado al reino luso, “desde allí amenazando el norte de España, con vistas a la separación50”.

21Las causas exactas de tan drástica decisión han sido, hasta fecha reciente, otro misterio historiográfico. Se intuía por parte de algunos especialistas cierto descontento “por no haberle hecho S. M. las mercedes que le pedía51”. Un bisnieto hablaría posteriormente de un “recio reencuentro que tuvo con el conde-duque de Olivares, primer ministro de España52”, aunque lo cierto es que para 1647-48 hacía casi un lustro que Olivares había abandonado el valimiento. Es muy posible que esta cita aluda a cierto postergamiento de don Pedro en el intrincado juego de las clientelas cortesanas del momento, el mismo que le había beneficiado durante tantos años. Así puede deducirse de los sucesos acaecidos a su regreso de América.

22Para empezar, don Pedro había sido condenado por diversos motivos, junto a otros oficiales de la Armada de Barlovento, después de su retorno en 164653. Las estrecheces que sufría la Armada afectaban también a la oficialidad, que se veía inmersa en una “precaria situación económica, con frecuentísimos atrasos en sus sueldos”. Esto les inducía a beneficiarse de su posición de poder de un modo ilegal. Las acusaciones contra don Pedro y sus hombres incluían los siguientes cargos: “mantener un comercio ilícito como fue el de transportar un gran número de botijas de vino y otras mercaderías, cargar cedros en La Habana para venderlos en Cádiz, llevar o traer pasajeros sustentándolos con los bastimentos de la Armada o reducir las raciones de los tripulantes para que quedasen más en sus beneficios o con el mismo fin no dar a los enfermos las dietas que estaban ordenadas54”.

23Como consecuencia de la condena, don Pedro fue destituido de su cargo como general de la Armada de Barlovento. Es cierto que las propias autoridades habían planteado la necesidad de evitar que dicho generalato fuera ostentado por más de dos años por la misma persona. También es cierto que se contemplaba la opción de prorrogarlo si así convenía al servicio. No es de extrañar que, en virtud de estas circunstancias, don Pedro solicitase la reposición del cargo “con las preeminencias que V. M. le concedió por su Real Cédula, pues tan sin causa está padeciendo tanto en los ojos del mundo y su mujer e hijos en otro reino sin hacienda y sin deudos de quien valerse y él despojado de su cargo55”.

24No contento el destino con esto, don Pedro sufría un nuevo revés por esas mismas fechas. Estando vacante el Generalato de la Flota de Tierra Firme, se elevó por parte de la Junta de Guerra de Indias una terna con tres nombres, posibles candidatos a ocupar la plaza. Don Pedro encabezaba dicha terna por lo que, en condiciones normales, podía esperar ser el elegido por el soberano. Sin embargo, éste le ninguneó por completo al elegir no sólo a otro de pretendiente, sino al hacerlo en la figura de don Juan de Irárraga, que ni siquiera aparecía en la citada lista56. Es perfectamente comprensible que Serrano Mangas, historiador que descubrió estas claves interpretativas, concluya diciendo que don Pedro traicionó al rey “despechado y ofendido por el proceder de los gobernantes de Felipe IV57”.

25Parece que el comportamiento de don Pedro levantó las suspicacias de algunos poco antes de materializar su paso al enemigo. El fiscal don Gerónimo de Camargo sospechaba “al observar cómo de la noche a la mañana pasaba de la indigencia a nadar en la abundancia58”. Según Camargo, don Pedro “andaba con gente de quien no se tiene buena presunción, y que un particular que estuvo con él prisionero en Francia se apartó de su comunicación porque le halló poco fiel a V. M. y que le hablaba en confianza y testigos de algunas amenazas que hacía a las Armadas y Flotas de V. M59.”

26Las reacciones a la noticia de su deserción fueron airadas: “causó sensación en Cádiz y un sentimiento de indignación y desprecio entre los altos mandos del sistema naval hispano60”. El duque de Medinaceli, a la sazón Capitán General de la Mar Océano y Costas de Andalucía, le quitaba hierro al asunto: “muy poco cuidado puede dar su corta disposición, siempre le vi celoso del servicio de V. M. y de su Real Hacienda”, achacando la infidelidad del general a su menguada inteligencia, “acompañada de algunas quejas de ministros61”. Pero lo cierto es que Velaz de Medrano sabía lo que se hacía. Se había evadido en un momento muy delicado, con la Armada del Océano operando en aguas levantinas y la Flota regresando de Indias. Por ello hubo de contratarse una flotilla compuesta por bajeles holandeses y genoveses para salir al encuentro del convoy, ponerlo sobre aviso y custodiarlo. Frente a los paños calientes de Medinaceli, don Juan de Echeverri calificaba la coyuntura de gravísima62.

27Lo cierto es que, una vez en territorio luso, aprovechando su conocimiento del Caribe “ofreció a su rey, si se le proporcionaban los medios adecuados, la captura de la flota de Nueva España o de la ciudad de Cartagena de Indias63”. Sus maquinaciones preocupaban en Madrid hasta el punto que hubo quien llegó a ofrecerse para asesinarle: “si d. Pedro da cuidado con menos dinero del que envían y una licencia le mandaremos quitar del mundo si conviene al real servicio64”. Se temía que pudiera levantar en armas al reino de Navarra, e incluso llegaron a recibirse informes –falsos- de que ayudaría en un hipotético proyecto luso para tomar el Perú y Santo Domingo “aquí ayudados los portugueses por los ingleses de Barbada y Tortuga, al mando todos de Vélez de Medrano65”.

28En Madrid, entre tanto, se siguió causa contra su traición. El 2 de febrero de 1649 se ordenaba se entregasen “al comisario de órdenes los papeles que hubiere contra él, para la causa que, como caballero de la orden de Santiago, le está hecha por haberse pasado a servir al rebelde de Portugal66”. Sin embargo, permanecería poco tiempo más en suelo luso. El monarca de la casa de Braganza “no le quiso admitir, y de allí se fue a la Francia, donde le admitieron67”.

29Efectivamente don Pedro tuvo mejor suerte al otro lado de los Pirineos. Su plan para apoderarse de la flota del tesoro fue contemplado por las autoridades francesas como una oportunidad única para darle el golpe de gracia a su sempiterna rival. Así las cosas se armaron varias embarcaciones y se pusieron al mando de don Pedro quien no perdió un segundo en regresar a las Antillas, sabedor además de que el tiempo podía estar agotándose para su esposa e hijo.

30Las primeras noticias de la presencia de don Pedro con sus naves corsarias en el Caribe datan del 14 de mayo de 1649: “así había llegado don Pedro Velaz de Medrano, que se pasó a ellos [los franceses] con tres navíos bien apercibidos”. Teniendo en cuenta las circunstancias, puede decirse que había logrado reunir fuerzas de consideración para afrontar el reto de la captura de la flota del tesoro en un tiempo record. Con ellas hizo la primera presa: “arrimándose a la costa de La Habana, donde estaba esperando la flota que está de partida para los reinos de Castilla, (…) había hecho presa en una barca que salió del puerto de Veracruz para el de la Habana, cargada de reales, que llevaba más de 100.000 pesos de algunos particulares de esta ciudad”. Por los tripulantes de la misma debió de conocer que, en esa flota, se despachaba de regreso a España a su esposa y a su vástago68.

31No disponiendo de suficientes navíos para hacer frente a la armada que la guardaba don Pedro no tuvo más remedio que dejar escapar su doble presa y aprontar nuevos refuerzos en Europa. En 1651 tenemos nuevas noticias de su presencia en el Caribe, coaligado con otro corsario galo, el barón de Ponthezière. En julio ambos se presentaron con una escuadra de 10 navíos frente al puerto de la Guaira, pero fueron rechazados en primera instancia. Tras ser informados de una epidemia de peste que asolaba la ciudad de Caracas, decidieron abandonar la zona69. Lo cierto es que su presencia causó terror en las autoridades españolas, las cuales optaron por evitar el azar de un encuentro con sus fuerzas y ordenaron la invernada: “vino aviso de esa corte de que invernen los galeones en la Habana o Cartagena por la armada que, de Francia, ha traído don Pedro Velaz de Medrano”. Uno de los motivos era el calibre de los cañones que montaban los barcos de Medrano: “es gruesa la artillería que trae dicho don Pedro Velaz pues peleó en este puerto [de la Guaira] y cogimos balas de a 32 libras70”.

32El riojano había puesto en jaque a toda la monarquía como bien indica Serrano Mangas: “el episodio de Vélez de Medrano, injustamente silenciado por la historiografía española, alcanzó tanta trascendencia en la época que, prácticamente, puso en alarma no sólo a las armadas y Flotas de la plata, sino también a todas las plazas americanas”. No era para menos dados “los seguros y exactos conocimientos que del dispositivo defensivo y del sistema naval hispano poseía quien había navegado por las aguas de aquellas latitudes y en sus barcos durante años71”.

33La amenaza de don Pedro en el Caribe se prolongó hasta finales del año siguiente. Sus objetivos eran los galeones de la plata y la isla de la Española72. Sin embargo, una vez reforzada la flota española con nuevas unidades, ésta partió sin mayores contratiempos, porque “aunque [se] encuentren con los 9 de que se compone la armada de Medrano, respecto de ser éstos de menos porte, nos podemos prometer muy buen suceso73”.

34La aventura caribeña de don Pedro finalizaba con un rotundo fracaso. Si bien es cierto que había logrado desviar algunos recursos y preocupar hondamente a las autoridades hispanas, no había conseguido la meta principal de capturar la flota del tesoro, y también había fracasado en el ataque a la Guaira. En realidad no se había culminado ninguna acción de entidad que compensase los enormes gastos que suponía trasladar y poner en estado de operatividad una escuadra en las Indias. Este fiasco debió de enajenarle la confianza gala ya que, en 1656, aparece vinculado a un personaje nuevo: el príncipe Roberto: “el príncipe Roberto trae consigo por su almirante a don Pedro Velaz de Medrano, bandido de España, y a los puertos que llega nuestros no desembarca jamás, estándose siempre a lo largo74”. Este noble aventurero era hijo del príncipe elector del Palatinado-Renania y sobrino del rey Carlos I de Inglaterra, había combatido en Flandes y Alemania contra las tropas católicas y había sido uno de los generales destacados de los realistas durante la guerra civil contra Cromwell. Entre 1651 y 1653 lideró una campaña contra los intereses británicos en el Caribe al mando de una flotilla realista, coincidiendo en el tiempo y en el espacio con don Pedro, origen tal vez de su vinculación75.

35Poco más sabemos de don Pedro. Tan sólo una referencia a su fallecimiento en Portugal, retirado del mundanal ruido, haciendo “vida eremítica y con nombre de Pedro de Jesús”. El dato lo aporta Francisco Manuel de Melo, situando el óbito en torno a 165976.

36Diego Téllez Alarcia es Doctor en Historia Moderna por la Universidad de La Rioja (España) con una tesis doctoral sobre el ministro español de origen irlandés D. Ricardo Wall e investigador agregado del Instituto de Estudios Riojanos. Ha recibido varios premios de investigación como el Premio Pablo de Olavide, el Premio Jóvenes Investigadores de la FEHM y el Premio Cortes de Cádiz. Actualmente imparte clases en la Universidad de La Rioja y dirige la revista electrónica Tiempos Modernos.
Email: diego.tellez@unirioja.es

37Notas de pie de páginas

381 “(...) es natural de esta ciudad de Santo Domingo” indican la mayoría de los testimonios, añadiendo muchos la coletilla de haberse hallado “a su bautismo donde le cristianaron”, Archivo Histórico Nacional (en adelante AHN), Órdenes militares, Santiago, 8.713.

392 Caballero de la orden de Alcántara en 1638, A.H.N., Órdenes militares, Expedientillos, 13.571. Velasco fue, como d. Pedro Velaz, paje del rey.

403 Muchos de estos personajes estaban emparentados entre sí, conformando el tejido socio-político de la ciudad y dominándolo a través de los mecanismos de control de las instituciones municipales (regidurías perpetuas, por ejemplo) o suprarregionales (cargos vinculados al Santo Oficio, hábitos de órdenes militares, etc.) El matrimonio entre linajes fortalecía las alianzas y permitían consolidar dicho control. Así, Pedro Velasco había desposado a doña Josefa de la Mota Sarmiento y Manso de Zúñiga, pariente, en consecuencia, de la madre de don Pedro Velaz. Por su parte la única hija de ese matrimonio, doña María Antonia de Echauz de Velasco, desposó a don Alonso de Ocio y Salazar, regidor perpetuo de Santo Domingo, caballero de Santiago y miembro del clan Ocio. Lógicamente la presentación de testimonios favorables en la información de la limpieza de sangre de don Pedro Velaz de Medrano era otro modo de reforzar vínculos que venían cultivándose desde hacía tiempo, A.H.N., Órdenes militares, Santiago, 8.713.

414 Copia de la partida de bautismo hallada en el f. 176 del libro de bautismos de la catedral de Santo Domingo, AHN, Órdenes militares, Santiago, 8.713. Nacía, en consecuencia, poco después de que la gran peste de 1599 asolara la ciudad: Archivo Municipal de Santo Domingo de La Calzada, Actas municipales, 1598-1603, Legajo 5, Atado 1 y Archivo Catedralicio de Santo Domingo de La Calzada, Legajo 9. Más información al respecto en Diego Téllez Alarcia, “La peste Atlántica en Santo Domingo de la Calzada (1599)”, en Berceo, 162, (2012), págs. 85-119.

425 Sobre los Ocio véase Diego Téllez Alarcia, “Santo Domingo de la Calzada durante la Edad Moderna”, en Francisco Javier Díez Morrás, Roberto G. Fandiño, Pablo Sáez Miguel (coords.), Historia de la ciudad de Santo Domingo de la Calzada, (Logroño: Instituto de Estudios Riojanos, 2010), págs. 281-397, págs. 285-289.

436 “Consta por las licencias de don Juan, conde de Ventimilla, presidente y capitán general del reino de Sicilia y de la del conde de Olivares, virrey de Nápoles y de otros papeles que sirvió en los dichos reinos cuatro años de soldado aventajado de seis escudos y que acudió a todo lo que se ofreció del servicio de S. M. con mucho cuidado”, Archivo General de Simancas (en adelante AGS), Guerra Antigua, Servicios Militares, 72-60.

447 AHN, Órdenes militares, Santiago, 8.712 y Expedientillos, 136. Por estos documentos sabemos que su madre era una Hurtado de Mendoza, doña Juana, hija de don Íñigo Hurtado de Mendoza y de doña Isabel de Ospina.

458 Relación de la sangrienta y naval batalla que a la vista de la ciudad de Málaga tuvieron once galeras de España con dos galeones de turcos, ingleses y moriscos, Málaga, 1611. Según la hoja de servicios de su hijo “acudió al regalo y cura de los soldados heridos en la refriega que tuvo el marqués de Villafranca el año de 1611 sobre el paraje de Vélez”, AGS, Guerra Antigua, Servicios Militares, 72-60. Lo cierto es que la llegada del enemigo lo había cogido a bordo de las galeras de d. Pedro de Toledo y “tanta prisa se quiso dar (…) o las circunstancias del caso le pusieron tan nervioso que al intentar desembarcar cayó al mar, en unión del esclavo que lo acompañaba”, Francisco Mir Berlanga, “El combate naval de Nuestra Señora de Agosto”, en Jábega, 15, (1976), págs. 19-22, pág. 20.

469 AGS, Guerra Antigua, Servicios Militares, 72-60.

4710 El panteón familiar estaba, de hecho, ubicado en la iglesia de la villa y allí fue enterrado. Era descendiente del linaje de Yguzquica y estaba casado con doña Juana Hurtado de Mendoza, natural de Salinas de Añana y Leciñana del Camino. Ver AHN, Órdenes militares, Santiago, 8.713.

4811 Francisco Javier de Urbina, Compendio de los principales privilegios y memorias de la ilustre ciudad de Vitoria, (Vitoria, 1775).

4912 AGS, Guerra Antigua, Servicios Militares, 72-60.

5013 AHN, Órdenes militares, Expedientillos, 136.

5114 AGS, Guerra Antigua, Servicios Militares, 72-60.

5215 Sobre el rol de los pajes en la Casa Real durante el reinado de Felipe II véase Rubén Mayoral López, La Casa Real de Felipe III (1598-1621). Ordenanzas y etiquetas, Tesis doctoral inédita, Universidad Autónoma de Madrid, 2007.

5316 “Llama la atención el elevado número de pajes del rey que se incrustaron en la Carrera de Indias a través de los entretenimientos (…) Pajes del rey fueron (…) y d. Pedro Vélez de Medrano, General de la Armada de Barlovento”, Fernando Serrano Mangas, Armadas y flotas de la Plata (1620-1648), (Madrid: Banco de España, 1989), pág. 254. También don Pedro Manso de Zúñiga, sobrino de d. Pedro Manso, patriarca y presidente de Indias, y de don Francisco Manso, del Consejo de Indias, obtuvo uno de esos entretenimientos, ibídem, basándose en Archivo General de Indias (en adelante AGI), Indiferente, 1.869.

5417 AHN, Órdenes militares, Santiago, 8.713.

5518 Así lo corrobora Tomás Tamayo de Vargas en su Restauración de la ciudad del Salvador Baia de Todos los Santos, en la provincia de Brasil, por las armas de Don Felipe IV el Grande, rey Católico de las Españas e Indias, (Madrid, 1628).

5619 Relación de los servicios del capitán don Pedro Velaz de Medrano, caballero de la orden de Santiago, 6 de junio de 1634, AGS, Guerra Antigua, Servicios Militares, 72-60.

5720 Relación de los servicios de don Pedro Velaz de Medrano y Mendoza, caballero de la orden de Santiago, señor de la villa de Tabuérniga, 22 de septiembre de 1631, AGS, Guerra Antigua, Servicios Militares, 72-60.

5821 Nombramiento de 10 de marzo de 1629, Fernando Serrano Mangas, Armadas y flotas …, pág. 251.

5922 Fernando Serrano Mangas, Armadas y flotas …, pág. 251.

6023 Consulta sobre lo que ha pasado en la merced que se dice se hizo a don Pedro Velaz de Medrano de título de Marqués de Tabuérniga, y que no justifica don Antonio Velaz de Medrano por no haber venido decreto a la Cámara de esta merced, por lo que se debe excusar, AHN, Consejos, 4.450, Exp. 26.

6124 Relación de los servicios del capitán don Pedro Velaz de Medrano, caballero de la orden de Santiago, 6 de junio de 1634, AGS, Guerra Antigua, Servicios Militares, 72-60.

6225 Relación de los servicios del capitán don Pedro Velaz de Medrano, caballero de la orden de Santiago, 6 de junio de 1634, AGS, Guerra Antigua, Servicios Militares, 72-60.

6326 AHN, Consejos, 4.450, Exp. 26.

6427 Martin Fernández de Navarrete, (et. al.), Colección de documentos inéditos para la historia de España, (Madrid: La viuda de Calero, 1881), tomo 77, pág. 473 y ss. Al parecer intentó recuperar Pasajes, aunque sin conseguirlo: “Vélez de Medrano se lanzó en seguida a la pelea con tanto arrojo y denuedo que arrolló a la guarnición, echándola de todo el arrabal que está a la derecha, entrando por la parte del mar y obligándola a encerrarse dentro del torreón que domina las gargantas del arenal, la mató allí mismo numerosos combatientes. Pero los franceses, desesperando de salvarse si perdían su pequeña fortaleza, porque les atajaba el camino, recobraron el ánimo y resolvieron vender cara su vida (…) los nuestros (…) aflojaron, batiéndose en retirada, sin ser molestados”, Antonio Bernal D’O’Reilly, Bizarría guipuzcoana y sitio de Fuenterrabía 1474, 1521, 1635, 1638, (San Sebastián, 1872), cap. IX. “En esta ocasión se señalaron mucho d. Pedro Vélez de Medrano, d. Francisco de Ledesma, que salió herido de tres mosquetazos y d. Lorenzo Chacón, que le llevó un brazo otra bala”, Obras del ilustrísimo, excelentísimo y venerable siervo de Dios d. Juan de Palafox y Mendoza, Tomo X, (Madrid, 1762), pág. 156. Ver también Juan Baños de Velasco y Acevedo, Sexta parte de la Historia pontifical, general y catholica, (Madrid, 1678), t. II, c. X, pág. 161.

6528 AHN, Consejos, 4.450, Exp. 26.

6629 José Alcalá-Zamora y Queipo de Llano, España, Flandes y el Mar del Norte (1618-1639): la última ofensiva europea de los Austrias madrileños, (Barcelona: Planeta, 1975), pág. 451, n. 519.

6730 Ver Bibiano Torres Ramírez, La Armada de Barlovento, (Sevilla: Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla, 1981), pág. 52 y ss.

6831 Real Provisión dando título de capitán general de la armada, 6 de diciembre de 1643, A.G.I., Indiferente General, 2.539.

6932 El San Nicolás, capitana (550 toneladas/40 cañones), el Santísimo Sacramento, almiranta (393/26), Ntra. Sra. de la Concepción (406/20), el Rosario (330/20), la Candelaria (350 /20), el Delfín Dorado (500/22) y el Santiago (200/20), AGI, Contratación, 5.119.

7033 AGI, Indiferente, 2.539.

7134 Conocemos los pormenores de la travesía: ver Pío Medrano Herrero, “De Madrid a Puerto Rico: viaje de Damián López de Haro a su sede episcopal en 1644”, en Trinitarium, revista de historia y espiritualidad trinitaria, 12, (2003), págs. 85-108.

7235 Fernando Serrano Mangas, Armadas y flotas …, págs. 279.

7336 Rafael Antúnez y Acevedo, Memorias históricas sobre legislación y gobierno del comercio de los españoles con sus colonias en las Indias Occidentales, (Madrid, 1797), Apéndice, pág. XXIII.

7437 Gregorio Martín de Guijo, “Diario de sucesos notables (1648-1664)”, en Documentos para la historia de Méjico, (México, 1853), Tomo I, pág. 26.

7538 Tabuérniga es un despoblado situado al noroeste de Labastida, en plena Rioja Alavesa. Fundada en torno al s. VIII como una “civitate” altomedieval llamada Carbonarica o Carbonaria, que controlaba y defendía una profunda garganta, paso natural hacia la zona de Salinillas de Buradón y Miranda (Ernesto García Fernández, “Tabuérniga: reflexiones e hipótesis sobre una civitate altomedieval alavesa”, en Espacio, Tiempo y Forma, serie III, Historia Medieval, 5, 1992, págs. 13-38), había perdido mucha importancia a fines de la Edad Media, apareciendo como aldea de Briones en 1580. El catastro de Ensenada la define en 1753 como “villa y despoblado” e indica que su vecindario se compone de 2 seglares y el hijo de uno de ellos, encargados de llevar un par de granjas (AGS, Catastro de Ensenada, Respuestas Generales, Libro 065). Hoy en día tan solo quedan restos de una casa torre o casa fuerte que se conoce con el popular nombre de “casa de la marquesa” o del “moro”.

7639 Consulta sobre lo que ha pasado en la merced que se dice se hizo a don Pedro Velaz de Medrano de título de Marqués de Tabuérniga, y que no justifica don Antonio Velaz de Medrano por no haber venido decreto a la Cámara de esta merced, AHN, Consejos, 4.450, Exp. 26.

7740 Natural de la cercana villa de Canillas, fue colegial del Colegio Mayor del Arzobispo de la Universidad de Salamanca, canónigo lectoral de la Iglesia de Burgos, confesor de Santa Teresa de Jesús y Vicario General del Real Ejército de Cataluña. Nombrado en 1594 obispo de la diócesis, tomó posesión el 16 de mayo en la Iglesia de la Calzada “en que asistió sin salir de nuestra ciudad todo el tiempo que obtuvo esta dignidad”. Fundó el convento de las Bernardas, donde fue enterrado en 1612, Joseph González de Tejada, Historia de Santo Domingo de la Calzada, Abraham de La Rioja, (Logroño: Consejería de Cultura, 1985) (1702), pág. 407. Lo cierto es que sí abandonó la ciudad al menos una vez, con motivo de la peste de 1599: Archivo Municipal de Santo Domingo de la Calzada, Actas municipales, 1598-1603, Leg. 5, Atado 1.

7841 Mandamiento de posesión original con las diligencias de haberla tomado despachado por el teniente de corregidor José Cenzano y refrendado por José de Guardamino en 21 de junio de 1720 en el que se les manda dar la posesión del mayorazgo que fundó el señor Pedro Manso de Zúñiga, obispo de Calahorra y la Calzada a favor y cabeza de doña María Manso de Zúñiga, su sobrina, al tiempo que contrajo matrimonio con d. Antonio de Medrano, AHN, Consejos, 4.478, Exp. 46.

7942 AHN, Órdenes militares, Santiago, 8.713. Otro testigo añade que era familiar de la Inquisición.

8043 Habían fallecido para aquel entonces otros dos hermanos, Sebastián y Pedro. El primero había servido en el ejército. Estuvo en la armada de Inglaterra, en la de El Ferrol, en Santander y en las jornadas del ejército que entró en Aragón. Datos extraídos de Alfonso Figueroa y Melgar, “Historia genealógica de la casa de Basabe y sus enlazados”, en Estudios genealógicos y heráldicos, (Madrid, 1985), págs. 231-298, pág. 289 y ss..

8144 AHN, Órdenes militares, Santiago, 8.713. Martín Manso de Zúñiga y Sola, bautizado en Canillas en 1569, fue colegial mayor de Salamanca, juez metropolitano, arzobispo de Santiago, arcediano de Bilbao, provisor y gobernador del obispado de Calahorra, prior de Roncesvalles, obispo de Oviedo y obispo de Osma. Falleció el 21 de junio de 1630, Alfonso Figueroa y Melgar, “Historia genealógica…”, pág. 290.

8245 AHN, Órdenes militares, Santiago, 8.713. D. Francisco Manso de Zúñiga y Sola, colegial del Colegio Mayor de Santa Cruz, en Valladolid, oidor de la Chancillería de Granada y del Consejo de Contaduría Mayor de Hacienda de Indias y Junta de Guerra de ellas; del Consejo de la Cruzada y Junta de Competencias. Fue hecho arzobispo de México y llegó a presidir el consejo de Indias como decano, Alfonso Figueroa y Melgar, “Historia genealógica…”, pág. 290.

8346 AHN, Órdenes militares, Santiago, 8.713. D. Pedro había nacido en Canillas en 1566 y fue criado por su tío el obispo. Desarrolló una importante carrera en la judicatura. Oidor de Pamplona durante dos años, estuvo otros dos destinado en la Chancillería de Valladolid. Alcanzó puestos de responsabilidad como la presidencia del consejo de Castilla, el arzobispado de Cesarea y el patriarcado de Indias. Había muerto el 29 de noviembre de 1610, Alfonso Figueroa y Melgar, “Historia genealógica…”, pág. 290.

8447 Noemi Armas Lerena, “Poder señorial y ardid económico: el traslado del convento de Abia de las Torres a Santo Domingo de la Calzada” en Actas del III Congreso de Historia de Palencia, Tomo III, (Palencia: Diputación Provincial, 1995), págs. 221-238.

8548 Sobre ambos edificios véase José Manuel Ramírez Martínez, La ciudad de Santo Domingo de La Calzada y sus monumentos, (Logroño: Oberdrola, 2002).

8649 Ramón Ezquerra Abadía, La conspiración del duque de Híjar (1648) , (Madrid: Imprenta y encuadernación M. Borondo, 1934), pág. 222.

8750 Ramón Ezquerra Abadía, La conspiración …, pág. 11 basándose en las declaraciones del proceso al duque de Híjar, AGS, Diversos de Castilla, 32.

8851 Gregorio Martín de Guijo, “Diario de sucesos…”, Tomo I, pág. 192. Aún es más explícito en la p. 26: “habiendo pretendido la plaza de castellano de Acapulco, no se la dieron, y se pasó al portugués”.

8952 Memorial para la reina nuestra señora, Biblioteca Real, Mss, II, 1.027.

9053 Fallo del Consejo de Indias a los cargos que resultaron a los oficiales de la Armada, A.G.I., Escribanía de Cámara, 969.

9154 Bibiano Torres Ramírez, La Armada …, pág. 54.

9255 Consulta de la Junta de Guerra de Indias, 31 de diciembre de 1646, AGI, Indiferente, 1.874.

9356 Consulta de la Junta de Guerra de Indias, 26 de abril de 1646, AGI, Indiferente, 1.874.

9457 Fernando Serrano Mangas, “Judíos y portugueses. La Inquisición”, en Demetrio Ramos Pérez, La formación de las sociedades iberoamericanas (1568-1700), Tomo 27, Historia de España de Menéndez Pidal, (Madrid: Espasa-Calpe, 1999), pág. 254.

9558 Fernando Serrano Mangas, Armadas y flotas …, pág. 279.

9659 Consulta de la Junta de Guerra de Indias de 23 de julio de 1648, AGI, Indiferente, 1.875.

9760 Fernando Serrano Mangas, Armadas y flotas …, pág. 279.

9861 Duque de Medinaceli a S. M., 26 de julio de 1648, AGI, Indiferente, 1.875.

9962 Echeverri a su madre, 8 de agosto de 1648, Museo Naval Madrid, Manuscritos, 43, doc. 130.

10063 Fernando Serrano Mangas, “Judíos y portugueses…”, pág. 254.

10164 Cabral a d. Luis de Haro, 4 de agosto de 1648, Información sumaria en la causa criminal contra el duque de Híjar, AGS, Diversos de Castilla, 32, f. 170. Cit. en Ramón Ezquerra Abadía, La conspiración …, pág. 232.

10265 Ibídem, Fol. 171-173.

10366 AHN, Códices, Leg. 752.

10467 Gregorio Martín de Guijo, “Diario de sucesos…”, Tomo I, pág. 192.

10568 Gregorio Martín de Guijo, “Diario de sucesos…”, Tomo I, pág. 62.

10669 David F. Marley, “Un sinistre événement : expédition de Vélez de Medrano, en 1651”, en Généalogie et Histoire de la Caraïbe, 211, febrero de 2008, págs. 5460-5462; Jean-Christophe Germain, “De retour en Bretagne avec le baron de Ponthezière après une attaque navale devant La Guaira (Venezuela, 1651)”, en Généalogie et Histoire de la Caraïbe, 216, julio-agosto de 1008, págs. 6380-6398. Ver AHN, Diversos, Documentos de Indias, Exp. 371.

10770 Carta del capitán Marcos Pereira, Caracas, 3 de octubre de 1651, AHN, Diversos, Colecciones, 27, N. 21. Según las autoridades españolas la flotilla se componía de 7 navíos reforzados por 6 bajeles piratas de menor entidad, Consulta de la Junta de Guerra de Indias, 1 de noviembre de 1651, AGI, Indiferente, 1.875.

10871 Fernando Serrano Mangas, Armadas y flotas …, págs. 278-283.

10972 Relación del viaje efectuado por la Armada de la Carrera de Indias, 1652, Museo Naval de Madrid, Manuscritos, 72, doc. 145.

11073 Carta del virrey conde de Alba de Liste a S. M. de 8 de noviembre de 1652, AGI, México, 37, N. 3. Según Torres sus fuerzas se componían por estas fechas de diez navíos y unos 1.500 hombres, Bibiano Torres Ramírez, La Armada …, pág. 70, basándose en carta del Gobernador de Puerto Rico a S. M., 20 de noviembre de 1652, AGI, Santo Domingo, 258. Similares números en Gaspar Térez Turrado, Las armadas españolas de Indias, (Madrid: Mapfre, 1992), pág. 88.

11174 Jeronimo de Barrionuevo, Avisos, 1654-1656, Tomo II, (Madrid: Manuel Tello, 1892), pág. 314.

11275 En 1655 viajó al Palatinado, a la corte de su hermano Charles-Louis, donde permaneció un par de años. En 1660 regresó a Inglaterra con motivo de la Restauración, obteniendo honores (duque de Cumberland, conde de Holderness) y nombramientos (miembro del Concilio Privado, del Comité de Asuntos Exteriores, del Comité del Almirantazgo, alcalde del Castillo Windsor). Fue uno de los almirantes destacados en la Segunda y Tercera Guerra Anglo-Holandesa. Rupert ha pasado a la historia también por contribuir a la invención y mejora de la técnica del mezzotinto. Ver Franck Kitson, Prince Rupert: admiral and general-at-sea, (Londres: Constable, 1999) ; Charles Spencer, Prince Rupert: the last cavalier, (Londres: Phoenix 2007) ; Eliot R. Warburton, Memoirs of Prince Rupert and the Cavaliers, (Londres: E. B. G. Warburton, 1849).

11376 Francisco Manuel de Melo, Epanaphoras, Biblioteca Nacional de España Manuscritos, 1.034, Fol. 181.

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Para citar este artículo :

Diego Téllez Alarcia, « De paje del rey a corsario: Don Pedro Velaz de Medrano, I marqués de Tabuérniga (1603-1659) », Boletín AFEHC N°58, publicado el 04 septiembre 2013, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=3624

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