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AFEHC : articulos : De la Hermandad de la Costa a la Compañía Real de Saint Domingue: compañías comerciales, filibusteros y administración colonial en Santo Domingo, 1684-1720. : De la Hermandad de la Costa a la Compañía Real de Saint Domingue: compañías comerciales, filibusteros y administración colonial en Santo Domingo, 1684-1720.

Ficha n° 3653

Creada: 15 enero 2014
Editada: 15 enero 2014
Modificada: 02 febrero 2014

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Autor de la ficha:

Giovanni VENEGONI

Editor de la ficha:

Elizabeth MONTANEZ SANABRIA

Publicado en:

ISSN 1954-3891

De la Hermandad de la Costa a la Compañía Real de Saint Domingue: compañías comerciales, filibusteros y administración colonial en Santo Domingo, 1684-1720.

A inicios de 1698, el gobierno francés promovió la creación de una compañía comercial, la Compagnie de Saint-Domingue, con el fin de mejorar la situación económica y demográfica de dicha colonia caribeña. Sin embargo Saint-Domingue, y en especial la costa sur (llamada entonces “banda del sur”), no solo albergaba a la Hermandad de la Costa, sino que también era un punto de paso y de encuentro de piratas y contrabandistas holandeses, ingleses y franceses. Desde allí, tripulaciones transnacionales atacaban las costas y navíos españoles, construían puestos de avanzada en el Darién y hacían contacto con la población local indígena (los llamados Sambres o Kunas). La creación del gobierno colonial francés en Saint-Domingue, que data de 1664, no significó una amenaza a la existencia de estos grupos –los cuales participaron activamente en la toma de Cartagena en 1697- hasta el establecimiento oficial de la compañía en 1699. La Compagnie de Saint-Domingue, creada por el gobierno francés y apoyada por mercaderes y financistas con el fin de poner bajo control una región donde la autoridad gubernamental tenía poco respaldo, copió las inusuales estrategias de sus belicosos habitantes para su expansión comercial. En el primer estatuto, la colonización de la banda del sur era secundaria respecto a la ocupación del Darién y la penetración en el mercado clandestino español. La superposición de los objetivos de la Compagnie con los de los bucaneros era uno de los principales problemas que el gobierno colonial tuvo que confrontar. Este artículo tiene como objetivo investigar las relaciones entre la Compagnie y los filibusteros en la costa sur de Saint-Domingue a fin de explorar las conexiones entre ambos, entendidas como dos formas opuestas de “servir al imperio”. Asimismo, nos interesa analizar el rol que el gobierno colonial desempeñó en apoyo de las acciones piratas sobre los de la Compagnie y el gobierno de la metrópoli.
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Palabras claves :
Saint-Domingue, Hermandad de la Costa, Esquema de Darién, Compagnie Royale de Saint-Domingue, Sambres (Kunas).
Autor(es):
Giovanni Venegoni
Fecha:
Septiembre de 2013
Texto íntegral:

1La guerra de la Liga de Augsburgo comenzó en 1688 y terminó en 1697 con la firma del Tratado de Ryswick1. A la Francia de Luis XIV le fueron asignados ciertos territorios en Europa y América, asimismo se le reconoció oficialmente la posesión de la costa oeste de la isla Española. Este acto ratifica lo que ya en 1684 el tratado de Ratisbona tenía señalado2. En el contexto de la “dominación francesa”, los acuerdos de 1697 sancionaban la existencia de una entidad institucional que operaba ya en el sistema administrativo francés. En efecto, desde 1664, con la designación del primer gobernador Bertrand d’Ogeron por la corona y por la Compagnie des Indes Occidentales, nació la Colonia de la Isla de la Tortuga y Costa de Santo Domingo3. Desde el punto de vista administrativo, a la cabeza de los establecimientos franceses en La Española había un gobernador, residente principalmente en Le Cap o Petit-Goâve (al menos hasta 1770, cuando Puerto Príncipe se convierte en la capital oficial). Otro efecto del reconocimiento de la autoridad francesa fue el proyecto de incrementar las zonas colonizadas, que en 1697 correspondía a las zonas adyacentes a Le Cap y la costa del Golfo de Gonâve, entre Petit-Goâve, Léoganne y le Cul-de-Sac.

2Específicamente, el proyecto debió de concentrarse en la parte más marginal de la colonia, es decir, la costa meridional de la península de Petit- Goâve, la banda del sur, que comprendía la Isla de la Vaca y otras bahías cuyas mayorías eran de Cromwell y de los flamards.

3La banda del sur, históricamente, era una zona en donde la autoridad de los imperios europeos había sido mal reconocida. Ya desde el siglo XVI, la ausencia de un poder capaz de imponer control sobre la región había facilitado los contactos entre los colonos ibéricos y los mercaderes provenientes de Inglaterra, de las Provincias Unidas y de Francia4. Al comienzo del siglo XVII, la administración española reaccionó tomando la decisión de evacuar la zona y la población fue deportada al interior de la isla o alrededor de la capital Santo Domingo5. En los territorios liberados, se instaló una población formada por colonos hispánicos huidos de las deportaciones, además de esclavos y ex-esclavos, y aventureros europeos que formaban la base de la Hermandad de la Costa6.

4Entre los años 1650s y 1660s, los establecimientos de la parte norte de la Isla de la Tortuga constituían un tipo de “República de Aventureros” mientras que la región al sur de la Isla de la Vaca se convirtió en una zona de abasto para el agua, bastimentos y de espacios para calafatear y reparar los cascos de los barcos7. La llegada del primer gobernador francés Bertrand d’Ogeron, entre 1664 y 1665, cambió muy poco la situación, dado que durante toda la segunda mitad del siglo, los encuentros y los enfrentamientos entre moradores franceses, marinos extranjeros y la administración colonial eran frecuentes. La tentativa del gobierno colonial de detener el contrabando y el intercambio de productos con los mercaderes de la colonia de Curazao fue una de las principales causas de la reacción violenta de los colonos en 1670-1671 y en 1680-16818.

5A fines del siglo XVII, los colonos establecidos en la parte sur de Saint-Domingue habían aumentado. La mayoría seguía siendo de origen francés, mientras que el comercio tradicional basado en la caza y venta de carne salada y de cuero semi acabado ( cuero verde ) comenzaron a ser reemplazados por una economía fundada en la agricultura y el comercio de productos agrícolas tropicales, en particular el índigo y el tabaco9. El padre dominico Jean-Baptiste Labat (que había visitado la región en 1701) describía la zona aún habitada mayoritariamente por cazadores y frecuentada por contrabandistas y piratas, pero ya utilizada como punto de partida para el comercio con la Tierra Firme española por mercaderes10 de San Maló. El aumento de la población y el surgimiento de un pequeño pero dinámico mercado local fue el punto sobre el cual la región se transformó en uno de los centros comerciales privilegiados del Caribe, donde se entrecruzaban las rutas comerciales y los actores provenientes de toda Europa y América.

6La Isla de la Vaca, en efecto, se convirtió en un punto de encuentro para tripulaciones y capitanes deseosos de armar una expedición para atacar los establecimientos españoles desde finales de 1660. La administración francesa no dudó en utilizar estas tropas irregulares contra ingleses, neerlandeses y españoles a través de la concesión de patentes de corso, que atraían a corsarios y filibusteros de toda la región del Caribe. Henry Morgan, quien estuvo en 1668 en Portobelo y Panamá, no era el único capitán inglés que llegó en busca de bucaneros sobre las costas de Santo Domingo: “Morgan […] ambicionaba lanzar nuevas empresas para enriquecerse, plan que le llevaría a dar cita a todos los aventureros que tenían embarcaciones en la costa de Saint-Domingue, en un lugar llamado la Isla de la Vaca11”. William Dampier permaneció en la Isla de la Vaca en 1681 y 1683, sacando ventajas de las buenas relaciones que tenían Francia e Inglaterra después de la guerra de Holanda12. Aprovechando la facilidad particular con que aquella administración francesa colonial otorgaba las patentes de corso a ciertos comandantes como Michel de Grammont y Laurent de Graffes, capitanes de la flibuste que habían entrado en la administración colonial, la Isla de la Vaca conservó su rol estratégico en la construcción de planes militares de la época13. La conducción de la corte, durante la “Guerra de las Reuniones” (1683-1684), no tuvo efecto significativo en la situación geopolítica de la colonia y del Caribe. Por el contrario, el Tratado de Ratisbona, que marcó el fin de las hostilidades en el frente franco-español, tuvo un peso significativo: más allá de la tentativa española de obligar a Francia a comprometerse a reducir las patentes de corso a piratas, la monarquía Borbona obtenía la validación de facto de la ocupación francesa de la costa occidental de la Española (reconocida solamente por España14).

7La firma de la paz marcó un paso fundamental en la historia de Saint-Domingue, pero no detuvo los ataques hacia los puertos españoles: en 1685, Grammont y de Graffes asaltaron Campeche. Pero la particular situación “más allá de las líneas de la amistad” (“Como aquella [la guerra] es más allá de la Línea, no se habla casi de restitución”, escribía a fines de 1624 Raveneau de Lussan15) había abierto un nuevo frente16: el istmo de Panamá o, mejor, del Darién.

8En mayo de 1685, el gobernador de Saint-Domingue, Pierre Paul Tarin de Cussy, escribió al ministro anunciando que ciertos marinos le habían informado que filibusteros ingleses y franceses se dirigían hacia la “Isla de Oro”, en el “golfo de Arien17”. El istmo del Darién se convirtió desde los años 1660 en la principal vía de acceso hacia el Océano Pacífico. Región de jungla y de ciénaga habitada por poblaciones autóctonas consideradas generalmente amigables, así como de “cortadores de palo de Campeche”, bucaneros y aventureros, esta banda terrestre era considerada una ruta difícil de atravesar, aunque relativamente segura por la poca exposición a los ataque de los españoles. Henry Morgan lo atravesó en 1669-70, Willian Dampier, Basil Ringrose y Lionel Wafer participaron en una expedición, que dejó las costas atlánticas entre abril y mayo de 1681 y que los condujo al Mar del Sur, de donde regresaron doblando el Cabo de Hornos18. Otro comentador de las vicisitudes de los piratas a fines del siglo XVII, el parisino Raveneau de Lussan, participó en la expedición narrada por Cussy en 1685. En su relación, de Lussan lleva a cabo un relato de la reunión que tuvo lugar en la “Isla de Oro” en el cual indica: “El 25 [de febrero de 1685], a las once horas de la mañana, llegamos a la Isla de Oro, y dando fondo dimos un golpe de cañón a fin de advertir a los indios de nuestra llegada. […] El 27 a mediodía vimos entrar en este puerto a los capitanes Michel [de Grammont] y Rose19“. Ya sobre el terreno del istmo, de Lussan enrola algunos marineros con los que partirá en una expedición para travesar el Darién y el Mar del Sur que tomó alrededor de tres años: a lo largo del viaje, el autor encontrará capitanes y tripulaciones francesas. El interés por el Océano Pacífico era debido a la debilidad del sistema defensivo español en la costa, provocado por el largo periodo de inactividad y la falta de enemigos potenciales: “Hace más o menos diez años que los Españoles, que viven en todo este continente, no han conocido lo que era la guerra”. De la misma manera que Dampier, Ringrose y muchos otros « aventureros », el filibustero francés había atravesado el istmo para dedicarse a la piratería ( y al contrabando20). La presencia francesa preocupaba a de Cussy, tanto que hasta Grammont, entonces teniente de Cul-de-Sac, había decidido pasar por los Mares del Sur (al fin y al cabo, descubrió que acababa de saquear Campeche21 !). Durante los años siguientes, la importancia estratégica de la región del Darién, en el contexto de los proyectos militares y comerciales de los gobernadores de Saint-Domingue, se incrementó, sobre todo como acceso a los Mares del Sur. Sin embargo, durante la guerra de la Liga de Augsburgo, la necesidad de proteger las costas, de impedir el desembarco de los ingleses de la Jamaica y de repelar los ataques españoles de Santo Domingo (durante los cuales, en 1691, el gobernador Cussy iba a fallecer) limitaba la acción de la administración de Saint-Domingue. Pero, al final de la guerra, los contactos entre Saint-Domingue y el golfo del Darién se volvieron más frecuentes. Durante el curso del otoño de 1698, cerca de veinte marinos regresaron del istmo (algunos eran veteranos del saqueo de Cartagena, en 1697). Habían sido enviados desde Jamaica por el capitán del Maurepas, Thomas Duvivier. El encuentro entre Duvivier y los supervivientes franceses abría simbólicamente una nueva fase de la historia de las relaciones entre el Darién, la administración francesa de Saint-Domingue y la filibustera de la Isla de la Vaca. En realidad, el acontecimiento marcaba el punto de contacto entre el pasado, durante el cual el istmo representaba la vía de acceso al Océano Pacifico para toda una serie de actores informales (piratas, contrabandistas, aventureros), y el presente-futuro, por el cual el Darién se había vuelto una parte integrante de las estrategias comerciales, militares y políticas de la Francia de Luis XIV y de los Pontchartrain buscando no solamente penetrar los espacios españoles sino también colonizarlos, proyecto del cual Thomas Duvivier era el primer representante22.

9Mientras que Thomas Duvivier bordeaba la Tierra Firme, Beauregard, antiguo corsario desembarcado en la administración de los territorios controlados por Francia en la parte occidental de la Isla de Española, fue enviado por primera vez a la península meridional, la bande du Sud, en 1677, por orden de Pierre Paul Tarin de Cussy, entonces teniente adjunto del gobernador Jacques Neveu de Pouançay23. Hacia el final del verano de 1686, regresaba allí por orden del gobernador Cussy, con la misma finalidad que hacía diez años : impedir la creación de un establecimiento de los ingleses de la Jamaica en la Isla de la Vaca24. Como comandante de Petit- Goâve, volvía allí tras el final de la Guerra de la Liga de Augsburgo, al final del otoño de 1697, cuando recibía la Lieutenance de Roy, con el objetivo de crear nuevos establecimientos en la bande du Sud25. Entre finales 1697 y principios de 1698, Beauregard realizaba un informe en la parte sur de la isla: tras haber doblado Cap Tiburon, pasaba por las baies de Cromwell y de las Flamards. De regreso a Petit- Goâve, escribió a Francia para proponer algunos consejos para el desarrollo de los territorios que le habían sido confiados. En sus notas preliminares, Beauregard hacía ver las dificultades que encontraba para oponerse a las actividades de los filibusteros franceses e ingleses, muy activos alrededor de la Isla de la Vaca. El contacto con los habitantes no le dejaba una buena impresión: lugar de encuentro de los Frères de la Côte, la bande du Sud aparecía al oficial francés como poblado exclusivamente por bucaneros, piratas y vagabundos. Confrontado con las quejas de ciertos mercaderes de la Jamaica, llegados para protestar contra los botines realizados por los filibusteros de la Isla de la Vaca, Beauregard pedía al ministro el envío de un navío con 24 cañones, para evitar que la piratería, «este mal, […] que está en horror para todas las naciones, […] se volvería incurable en este país26 ». También cita mal traducida, habría que ver la fuente… Para alcanzar los dos principales objetivos que le habían sido asignados, o sea el establecimiento de la autoridad del gobierno francés en la bande du Sud y la puesta en valor de la región, Beauregard sugería, por una parte, infligir castigos ejemplares para apaciguar el espíritu de las tripulaciones, mientras que, por otra, proponía crear una sociedad comercial la cual, al contrapesar el contrabando anglo-neerlandés y la piratería, podría aprovechar la posición geográfica para comerciar con la Tierra Firme, en la costa entre Cartagena y Portobelo. Las herramientas suministradas para alcanzar estos dos objetivos eran una fragata y una corbeta las cuales, además de disuadir las actividades de la Fraternité, deberían mantener el contrabando en la región de Cartagena, escondiendo sus actividades detrás de las excusas de una expedición contra la piratería, “ lo que atraía mucho la estima y la amistad de los españoles, que tienen el nombre de Filibustero más por horror que el del Anticristo27 “.

10El proyecto de Beauregard encerraba además algunos elementos de interés. Sus ideas son una anticipación de la evolución de la política comercial y militar de Francia en los Caribes entre los siglos XVII y XVIII28. Ante todo, Beauregard identificaba en la debilidad de la economía de la bande du Sud una de las razones de la propagación de la «piratería» y de las actividades de la «corsarios» en la región, demostrando una buena comprensión del contexto social en el cual debía desenvolverse. De la misma manera, no había tardado en medir el potencial de la posición geopolítica y estratégica de la región, ubicada al lado de Jamaica y abierto a relaciones directas con Curaçao y la Tierra Firme.Por fin, Beauregard entendió el contexto en el cual su proyecto hubiera debido aplicarse: la idea de esconder detrás de una operación legal (la lucha contra la piratería) una acción de otra manera ilegal (el contrabando), – posicionaba el plan “más allá de las líneas de la amistad29 ”.

11Estas observaciones fueron reutilizadas por Beauregard en una carta enviada a Francia en mayo de 169830. Algunas semanas después, durante el verano, sus ideas fueron incorporadas en el estatuto de la recién nacida Compagnie Royale de Saint-Domingue. La Compagnie (al principio conocida como Compagnie Royale de la Nouvelle Bourgogne o como Compagnie de l‘île à Vache31), heredera de la Compagnie des Indes Occidentales (1664-1674) de Jean-Baptiste Colbert, debía gestionar el monopolio de la trata de la cuenca de los Caribes, de acuerdo con las Compagnies du Sénégal (1673) y de Guinée (168532). Dirigida por doce «directores» (más tarde reducidos a siete), la sociedad recibió de la corona el monopolio del comercio en el Golfo de México durante cincuenta años. (« Ninguno de vosotros podrá adquirir habitaciones directamente o indirectamente, sitios o lugares en toda la extensión de la concesión, ni hacer alguno tipo de comercio de cualquier naturaleza y bajo cualquier pretexto que sea, ni tampoco en los países del golfo de México […], i en los de Ambres o del Darien, […] sino por cuenta de la Compañía33 »). Además, la Compagnie vio reconocer la propiedad de todas las tierras desocupadas de la bande du Sud (« todas las tierras incultas de la parte de la dicha Isla de Saint-Domingue que es desde y incluyendo el cabo Tiburón hasta el rio Naybe inclusivamente34 »). Aunque en septiembre de 1698 los asociados obtuvieron algunos cambios, particularmente lo que toca a la organización y a la gestión de los territorios dados a la compañía, el estatuto quedó en vigor hasta 171635.

12Siempre en 1698, a finales de octubre, Jean-Baptiste Du Casse, de jure primer gobernador de Saint-Domingue, escribía a Louis II Phélypeaux de Pontchartrain, secretario de la Marina, para informarle que la falta de mano de obra en la colonia lo había forzado a aceptar la oferta de cuarenta esclavos cedidos por un mercader danés de Saint-Thomas36. En la misma carta, Du Casse decía que él había sido informado por el comerciante del paso de una pequeña flota escocesa, compuesta de 1200 personas, dividida en cuatro naves y una corbeta, rumbo hacia la costa del suroeste del Mar de Caribes, seguramente con el objetivo de “fundar una colonia en Tierra Firme entre Portobelo y Cartagena”. Du Casse se daba cuenta de que el único lugar conveniente para el establecimiento de una colonia permanente era « Les Sambre », dado que la conformación de la costa permitía proteger la colonia de la vista de los Españoles37. Olvidando quizás el episodio de los marineros recientemente regresado a Le Cap, y posiblemente refiriéndose a la expedición de Lussan, Du Casse subrayaba que: « Es el lugar por donde los filibusteros pasaron hace 15 años al del Sur por tierra. […]. Esta colonia siendo está ubicada entre Cartagena y Portobelo y es evidente que los Escoceses pasaron también al Mar del Sur, separado por solamente 18 leguas». Por fin, el gobernador se libraba a un examen estratégico: « Me parece del interés del Rey de lograr este fín por las vías indirectas y alejarse tanto como sea posible de las otras naciones del Golfo ».

13La carta de Du Casse llegaba durante una fase crucial para el desarrollo de la estructura económica y comercial de las colonias francesas en los Caribes, y en particular de Saint-Domingue. El 30 de agosto de 1698 había sido redactado el estatuto de la Compagnie Royale de Saint-Domingue (de la cual Du Casse era accionista38), y así, durante el verano de 1699 Du Casse envió a Saint-Domingue su primer representante oficial, Bricourt, recibido por Beauregard en el nuevo establecimiento de Saint-Louis du Sud, fundado un poco más de un mes antes en la baie de Cromwell39. La constitución de la Compagnie Royale representaba una etapa crucial para el desarrollo de las comunidades de la bande du Sud. La nueva entidad se proponía, desde la llegada de los primeros representantes locales, como un elemento del gobierno territorial, fuertemente implicado en su desarrollo. El gobierno metropolitano, en un intento de “marcar” un territorio – el mercado de los Caribes y de America central – fuertemente impactado por la acción de grupos marginales e informales (o no-estatales40) que garantizaban la existencia de un sistema poli céntrico y transimperial, decidió gobernar este espacio por medio de la implantación de una institución – la Compagnie Royale de Saint-Domingue – la cual debía asegurar la regulación de las actividades humanas en los lugares que le eran confiados y la absorción progresiva del sistema comercial local en el espacio imperial de los Caribes franceses. En el proceso de constitución de la Compagnie, en particular en los pedidos de privilegias enviados al rey por los primeros asociados en septiembre de 1698, está claro que ellos consideraban la participación de la población de la Colonia de Saint-Domingue como crucial para el proyecto y su éxito: participación forzada que era percibida sin embargo por los colonos como un compromiso para con el éxito de la empresa, y no tanto de la comunidad local41. No cabe duda de que el Act de Fondation, y en particular en las modificaciones hechas a finales de septiembre y a la limitación de la libertad de acción de los individuos – o sea los residentes en la bande du Sud, léase los mercaderes metropolitanos – con la finalidad de mantener la posición de monopolio obtenida por la monarquía. Frase sin verbo que haga inteligible la acción. Sin embargo los espacios en los cuales la compañía comercial hubiera debido establecer estaban ya ocupados por otros actores. La referencia a la prohibición de adquirir « directamente o indirectamente » tierras y bienes en el Golfo de México era una indicación de la manera como los fundadores de la Compagnie percibían el espacio de los Caribes y la situación geopolítica y humana en la región. Aún si en 1698 no estaba claro, ni para los redactores del primer estatuto de agosto, ni para los que verificaron los artículos de septiembre, si el éxito de este proyecto estaba estrechamente vinculado a la capacidad de la sociedad de interactuar con las comunidades de la bande du Sud y con sus múltiples actores, cosa que sucedía en todos los niveles, – económico, militar, político y social -, sobre los cuales estos grupos actuaban. Con la creación de la Compagnie, el Darién se volvió una zona donde se cruzaban las historias de los actores institucionales y los fenómenos marginales del espacio imperial francés.

14Mientras que las obras de instalación de la Compagnie proseguían en la bande du Sud, los acontecimientos de la Company of Scotland llenaban la correspondencia de Du Casse. En enero de 1699, Du Casse enviaba a Francia una larga carta en la cual decía que la colonia escocesa tenía un considerable tamaño, defendida por « 110 piezas de cañones », y que los ingleses habían aceptado protegerlos enviando “22 naves [...] para fortificar esta colonia42”. En febrero, el gobernador admitía que no tenía más noticias ni de la colonia escocesa del Darién, ni de Thomas Duvivier y de Maurepas, pero el primero de marzo, el decía haber sido informado por una carta de Duvivier que el barco se había hundido en la costa de la« Ile d’Or ». Du Casse subrayaba que, durante su estadía en la región, Duvivier había podido observar los Escoceses levantar estructuras defensivas considerables y que había sido informado de que el proyecto de la Company of Scotland era fundar un establecimiento gemelo en la costa del Pacifico43. En una segunda carta, enviada entonces el primero de marzo de 1699, el gobernador ponía más énfasis en los problemas suscitados por el desarrollo del comercio francés en el mar de Caribes por la existencia de la colonia escocesa. En el documento, Du Casse describía tres aspectos, considerados como cruciales para el éxito de la Compagnie Royale. Al presentar “los pésimos resultados » obtenidos por el comercio británico explotando su nueva base, Du Casse subrayaba que el establecimiento, ubicado cerca del Golfo del Darién y en las proximidades de la región de los Sambre, hubiera permitido a los ocupantes desarrollar la navegación costera y, siguiendo el ejemplo de los Holandeses, hubiera aumentado significativamente su capacidad de penetración en el marcado informal y underground de la Tierra Firme44. Además, el sitio se había revelado estratégicamente bien ubicado para establecer relaciones duraderas con los indígenas de la región, los Sambre, quienes a pesar de la alianza a largo plazo con los Franceses, hubieran podido encontrar en los anglos-escoceses unos valiosos asociados. Por otra parte, beneficiándose de la proximidad del océano Pacifico, de la alianza de los Sambres y de la experiencia adquirida por los filibusteros, ellos podrían fácilmente acceder a los puertos « de la costa norte del Perú, del reino de [Santa] Fée y de la Mar del Sur ». Por fin, el gobernador concluía diciendo: « yo miro esta vecindad como muy molesta para esta Colonia y para el comercio planeado por la Compagnie45 “.

15Para Jean-Baptiste Du Casse, el desarrollo de la bande du Sud dependía del éxito económico y comercial de la Compagnie Royale46. Al mismo tiempo, estaba convencido de que la permanencia de la misma dependía de la capacidad de Francia para imponerse en el mercado informal del mar de Caribes. En este sentido, la presencia escocesa representaba un considerable peligro para el éxito del proyecto en la perspectiva de los gobernadores de Saint-Domingue (Du Casse y, después, Joseph d’Honon de Galiffet), los cuales consideraban el establecimiento de Fort Saint-André como un “pedazo” de anglo-escoceses en el tablero de ajedrez del proyecto imperial de Londres47 . Los escoceses del Darién – cuya presencia era marginal a juzgar por el tamaño del establecimiento y las capacidades de explotación de la Society of Scotland – se revelaban ser, en la percepción de la administración al colonial de Saint-Domingue, una considerable amenaza, reforzada por el – pretendido – apoyo de los ingleses de Jamaica y a partir del tamaño desconocido comercial y militar de la Company of Scotland. Los gobernadores se encontraron solos para enfrentar la situación, mientras que la política extranjera decidida en Paris se mostraba más atenta a la enfermedad de Carlos II de España y a la preparación de su sucesión – y de la guerra – que se anunciaba48. Lo poco de información y las órdenes vagas que venían de Europa no permitían que los gobernadores pusieran completamente los acontecimientos del Darién en el contexto geopolítico general del Caribe, cosa que limitó considerablemente su capacidad a organizar una acción militar o política49. El Darién era el lugar donde el intento gubernamental de controlar la acción de la flibusta y de promover las actividades de la Compagnie Royale se superponían y se enfrentaban : por una parte, la flibusta era un sistema informal, que había transformado la región en una zona de paso, de asentamiento y de comercio ; por otra, la Compagnie era una institución que deseaba, metafórica y físicamente, ocupar la zona para aprovechar las oportunidades existentes para el mercado clandestino de la costa norte de América del Sur. Con toda evidencia, la colonia escocesa era un problema, y su prosperidad era un riesgo para ambos actores. Finalmente, el gobernador Du Casse decidió promover acciones que podían ayudar al desarrollo de estrategias favorables para todos.

16Entre 1698 y 1699, naufragaron en las costas del Darién dos expediciones, que perseguían objetivos diferentes, aunque ambas buscaban establecer relaciones pacíficas y duraderas con Sambre. El año anterior el náufrago del Maurepas de Thomas Duvivier (que hubiera visto su nave destruida durante un crucero comercial), había sido destruido en la misma zona por Tristan, un filibustero de Saint-Domingue50. Tristan había sido enviado para entregar a los dirigentes locales una carta escrita por Du Casse (y desafortunadamente pérdida), con la cual el gobernador de Saint-Domingue esperaba lograr la consolidación de relaciones fructíferas entre Francia y sus vecinos. Al enviar a Tristan, que conocía bien el Darién y las rutas terrestres por los Mares del Sur51, Du Casse esperaba dar un nuevo impulso a las excelentes relaciones que existían entre los filibusteros de Saint-Domingue y los Sambres : casi quince años habían transcurrido desde el paso de Oexmelin y de Lussan : la situación necesitaba una toma de posición52.

17En 1698, un nuevo elemento vino a añadirse al tablero de ajedrez económico y geopolítico del Mar de los Caribes. En 1698, mientras que los preparativos para el embarque del primer director de la Compagnie Royale de Saint-Domingue estaban a punto de terminarse, Danycan de Lépine y Natale Stefanini, dos armadores malouins, comenzaron su actividad como prestamistas y accionistas de la Compagnie des Mers du Sud (llamada también Compagnie de la Mer Pacifique53 ). Entre 1698 y 1720, la Compagnie des mers du Sud enviaba cerca de 150 naves en el Océano Pacífico vía la ruta del Cabo de Hornos, logrando un considerable éxito económico, aunque con sus limitaciones debido a la exigüidad de la flota empleada54. Durante los primeros años, La Compagnie pudo aprovecharse de la experiencia adquirida por Lépine y Stefanini como armadores de las expediciones corsarias y por el uso de las informaciones obtenidas de los filibusteros que regresaba de la costa suramericana55. La fundación de la Compagnie des Mers du Sud tuvo consecuencias importantes en la historia de Saint-Domingue, sobre la Compagnie Royale y sobre los filibusteros de la Isla de la Vaca. En realidad, la formación de ambas sociedades de negocio lleva a una normalización de los espacios del Atlántico Central y del Pacifico meridional. Históricamente, estas zonas se habían caracterizado por una donación diplomática y política particular, definida por una relativa falta de respeto de los tratados de paz y de las declaraciones de guerra sobre el tablero de ajedrez europeo: se trataba de una región ubicada « beyond the lines of Amity », donde la ausencia de una definición clara de los conflictos había siempre favorecido la acción de los contrabandistas, piratas y corsarios. La introducción del monopolio del mercado caribe, que estaba condicionado a la creación de las sociedades comerciales francesas, pedía a las autoridades locales el fin de esta situación. De hecho, el gobierno francés y sus ramificaciones coloniales debían imponer el respeto de estas reglas, en nombre del éxito económico de la metrópoli. Bajo esa condición, los actores informales que habían hasta entonces actuado en acuerdo con los gobernadores de la Isla de la Tortuga y del Cap, o que habían sido tolerados porque eran juzgados útiles para el desarrollo de la colonia, se volvieron potenciales enemigos, porque sus actos iban en contra de los reglamentos introducidos, violando de facto con ello la política colonial francesa.

18Cussy, Du Casse y sus sucesores fueron involucrados en esa fase, la cual implicaba que debían servir de mediadores con la indisciplinada comunidad filibustera de la bande du Sud. Durante el decenio 1680-1690 de Cussy intentó, controlar – o por lo menos aminorar – las hazañas de los filibusteros, utilizando para ello la autoridad de Michel de Grammont y de Laurens de Graffe entre las tripulaciones de la Isla de la Vaca, enviándoles muy a menudo para reprimir los espíritus y para impedir las acciones más violentas (aunque el mismo de Grammont y Graffe tomaron parte en más de un ataque contra las colonias españolas de la Tierra Firme y de la Nueva España). Du Casse, por el contrario, se comprometió directamente a representar este papel, al guiar un ataque contra Jamaica (1693), y al participar en la toma de Cartagena (1697), al mismo tiempo que intentaba fomentar la instalación de los filibusteros en la región de Cul-de-sac, para poder desplegarlos contra las insurrecciones terrestres de los españoles y hacer que sus movimientos fuesen menos fáciles56. Con la finalidad de hacer frente a las actividades de los contrabandistas ingleses y neerlandéses a lo largo de la bande du Sud, el gobernador envió en varias ocasiones a Laurens de Graffe para atacar a las naves extranjeras que cruzaban mar adentro de Cap Tiburon e Isla de la Vaca57. Los primeros cambios fueron percibidos por los componentes de las comunidades de la costa de Saint Domingue, que empezaron a abandonarla: durante el otoño de 1695, Du Casse señalaba la salida de decenas de marineros hacia el golfo pérsico y la Ile Sainte-Marie, mar adentro de las costas de Madagascar58.

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Saint-Domingue
Saint-Domingue

20El fin de la guerra de la Liga de Augsburgo marcaba la creación de las compañías Compagnies Royale de Saint-Domingue y des mers du Sud. El proyecto de los administradores coloniales, que apostaba en la rápida integración de los filibusteros en las estructuras militares, políticas y productivas de la colonia, se oponía a un proceso de community building fundado en la cooperación y la interacción, como lo escribió con sabiduría John Bromley, quien observaba: « two societies, two conceptions of justice, collaborated and collided when forces stormed Cartagena of the Indies in May 1697 ». La necesidad de reglamentar el espacio caribe llevó a un creciente control de la actividad de los filibusteros. Esa etapa pasaba por el intento de controlar las zonas marginales que habían sido remansos de paz frente a la piratería: la Isla de la Vaca y el Darién. La primera fue recuperada en el marco de la dominación francesa con la creación de la Compagnie Royale de Saint-Domingue y la estructuración de los establecimientos existentes pasando por la fundación de Saint-Louis por Beauregard. El Darién tuvo un proceso más largo, en parte también por la presencia de los escoceses. El nuevo gobernador, Galliffet, consideraba como esencial mantener una fuerte presencia francesa en la región, no solamente para obstaculizar el establecimiento – sino al mismo tiempo también para impedir el regreso – de los escoceses, y poner bajo control las actividades de los piratas, en particular francéses e ingleses, que hubieran podido atravesar el istmo. En 1699, el gobernador enviaba una primera misión al señor Rocher en el Darién, en medio de la región de los Sambres, para formar una liga anti-escosesa60, mientras que, en 1701, proponía el envió de un oficial, que hubiera debido quedar en su sitio, para consolidar las relaciones con los indígenas y gestionar las actividades de los filibusteros franceses en la región61. El mismo año, el desencadenamiento de las hostilidades impidió que la relación entre los administradores de Saint-Domingue y el Darién pudiera permitir el establecimiento de nuevas conexiones: el istmo estaba destinado a quedar desierto y a ser una zona marginal en el contexto de la Europa imperial.

21El principio de la Guerra de Sucesión de España, durante el verano de 1701, hizo que la atención de los gobernadores fuese acaparada por la necesidad de organizar la defensa de la colonia. Los filibusteros de Saint-Domingue recuperaron su papel de herramienta fundamental del sistema militar de la colonia, que debía apoyarse en ellos para oponerse a la acción de la flota inglesa basada en Jamaica. Al contrario, desde el desencadenamiento de las hostilidades, la Compagnie Royale de Saint-Domingue entró en un largo periodo de crisis, debido a las dificultades de abastecimiento de esclavos en las costas africanas (controladas por la Royal Navy) y también a la apertura del mercado hispano-americano y caribe a otra compañía, la del Asiento (170162). El apoyo del gobierno, ya fuese central, o periférico, se volvió insignificante: las prioridades se tornaron hacia la gestión de la guerra y la sobrevivencia de la colonia: la Compagnie Royale ocupaba una posición, geográfica y estratégica marginal, encerrada entre el contrabando anglo-neerlandés y las actividades de la competencia interna guiada por la Compañía del Asiento. En esta fase, la política de institucionalizaron de los espacios mostraba su debilidad en el contexto de los Caribes: la Compagnie Royale de Saint-Domingue, incapaz de abastecer la bande du Sud con esclavos y materiales necesarios para el mantenimiento y el desarrollo de la agricultura, proyecto sin éxito en el mercado subterráneo de los Caribes, no fue capaz de encontrar las bases económicas que pudiesen asegurarle su sobrevivencia63. Finalmente, la Compagnie quedó activa hasta 1720, cuando le fueron retirados sus privilegios reales, y finalmente, fue parcialmente incorporada a la Compagnie des Indes de John Law (1720-172264).

22Beauregard, quien había visto en el desarrollo económico de la bande du Sud una herramienta para restringir y controlar el espíritu de los filibusteros de la Isla de la Vaca, falleció durante el invierno de 169965. Fue reemplazado en 1701, por el teniente Brach, oficial cuya conducta contribuyó a debilitar los intentos de order enforcement de la administración colonial en la región66. La propuesta inicial de Beauregard y los objetivos planteados por los directores de la Compagnie no se alcanzaron, sin embargo los primeros pasos fueron alentadores. Por una parte, la incapacidad de la Compagnie de Saint-Domingue para promover y mantener el desarrollo de la colonia debilitaba las posibilidades de enraizamiento local de esta, mientras que los problemas de abastecimiento constantes dieron al contrabando anglo-neerlandés un notable impulso y de ninguna manera provocaron su debilitamiento. La administración colonial, por otra parte, implicada en el proyecto a diferentes niveles (solamente hay que recordar los diferentes intereses de Du Casse en las compañías), se encontró en la difícil posición de tener que que garantizar la estabilidad de la zona militar, social y política – la bande du Sud – en la cual sus poderes eran reducidos, y sobre un espacio marino – el mar de Caribes _ donde su capacidad de actuación estaba vinculada, ante todo, a la fuerza (y a la disponibilidad) de las comunidades bucaneras y filibusteras de la Isla de la Vaca – los frères de la côte –que representaban, sin embargo, la principal amenaza frente al proceso de institucionalización de la sociedad colonial. El destino de los filibusteros de Saint-Domingue fue un indicador de lo que se tramaba : este grupo informal y subterráneo, que prosperó en los espacios marginales dejados por la superposición de la Compagnie Royale y de la administración colonial se benefició de la capacidad de esta para vincularse con el territorio, aunque esta capacidad acabaría por debilitarse cuando las comunidades locales fueron transformadas por el crecimiento del poder económico y político de los grands blancs, que se consolidaban como nuevo grupo dominante de la bande du Sud67.

23¿Que pasaba entonces con los proyectos de ocupación y colonización de la Ile d’Or y del golfo del Darién? El proyecto, en realidad, nunca se abandonó completamente, por lo menos hasta la desastrosa derrota acaecida durante la Guerra de los Siete Años (1756-1763). Curiosamente, fue durante el invierno de 1755-1756 que el gobierno colonial de Saint-Domingue planificó la creación de una nueva alianza con los indígenas Sambres que habían enviado, algunos años antes, una carta a Port-au-Prince. A propósito de eso, en enero de 1756, Joseph-Hyacinthe Rigaud, marqués de Vaudreuil escribía, haciendo comentarios sobre la actitud de los Indígenas: « [Ellos] se han puesto cada vez siempre bajo la protección de Francia, y el hecho de que no hayan conservado o pretendido conservar su libertad pueden asociarse con que quieren para oponerse a lo que llaman la Tiranía de los Españoles y esta idea ha hecho que, desde su destrucción, todos sus filibusteros, [se hayan convertido] en miserables navegadores, desertores y ladrones y otra gente de este tipo68 ». Seguramente, el gobernador había olvido lo que eran los frères de la côte.

24Giovanni Venegoni ha estudiado Historia de las Civilizaciones y Relaciones Internacionales en la Università of Milan. Es candidato a doctor en historia por la Università de Bologna en cotutoría con la Université de París-Sorbonne (París IV). Su tesis doctoral, a defender en junio de 2014, se titula «Flibustiers, contrebandiers et gouverneurs: relations économiques et sociales dans les Caraïbes. Saint-Domingue, 1697-1763».

25El artículo ha sido traducido del francés por Christophe Belaubre y el español ha sido revisado por Eduardo Madrigal Muñoz.

26Notas de pie de página

271 Original inédito Des frères de la cote à la Compagnie Royale de Saint-Domingue: compagnies commerciales, flibustiers et administration coloniale à Saint-Domingue, 1684-1720.

282 Charles Frostin, Les Pontchartrain, ministres de Louis XIV: alliances et réseaux d’influence sous l’Ancien Régime, (Rennes: Presses Universitaires de Rennes, 2006), pág. 257.

293 Philip P. Boucher, France and the American Tropics to 1700, (Baltimore: Johns Hopkins University Press, 2008), págs. 180-181.

304 Pierre Pluchon, « Préface », in Michel Christian Camus, L’Île de la Tortue au cœur de la Flibuste caraïbe, (Paris: L’Harmattan, 1997), págs. 8-10 ; John D. Garrigus, Before Haiti: Race and Citizenship in French Saint-Domingue, First Edition., (London :Palgrave Macmillan, 2010), págs. 22-26.

315 Esta acción fue llamada “las devastaciones de Osorio” del nombre del presidente de la Audiencia de Santo Domingo, Antonio Osorio, quien ordenó el desplazamiento de 8 mil personas. Véase Concepción Hernández Tapia, « Despoblaciones de la isla de Santo Domingo en el siglo XVII », Anuario des Estudios Americanos, (1970), vol. 27, págs. 285-320 ; Roberto Cassá, Historia social y económica de la República Dominicana: introducción a su estudio: manual para estudiantes de educación secundaria y universitaria preliminar, 2. ed., (Santo Domingo: Editora Alfa y Omega, 2000), vol. 2/1, págs. 95-108.

326 Jean-Pierre Moreau, « De la flibuste nord-européenne à la flibuste antillaise. L’exemple français 1504-1625 », in Jean-Pierre Sanchez (dir.), Dans le sillage de Colomb. L’Europe du Ponant et la découverte du Nouveau Monde (1450-1650), Actes du Colloque International, Université Rennes 2, 5, 6 et 7 mai 1992, (Rennes: Presses Universitaires de Rennes, 1995), págs. 119-124 ; Michel Christian Camus, L’Île de la Tortue au cœur de la Flibuste caraïbe, (Paris: L’Harmattan, 1997), pág. 28-30.

337 Michel Christian Camus, L’Île de la Tortue au cœur de la Flibuste caraïbe, op. cit. ; Charles Frostin, Les révoltes blanches à Saint-Domingue aux XVIIe et XVIIIe siècles, (Rennes: Presses Universitaires de Rennes, 2008), pág. 39-49.

348 Charles Frostin, Les révoltes blanches à Saint-Domingue aux XVIIe et XVIIIe siècles, op. cit., pág. 39-96.

359 John D. Garrigus, Before Haiti, op. cit., págs. 24-31.

3610 Jean Baptiste Labat, Nouveau voyage aux isles de l’Amérique, La Haye, Chez P. Husson, P. Johnson, P. Gosse, J. Van Duren, E. alberts, & C. Le Vier, 1724, vol. 2/2, págs. 252-255.

3711 Alexandre Olivier Oexmelin, Histoire des Avanturiers qui se sont signalez dans les Indes, contenant ce qu’ils ont fait de plus remarquable depuis vingt années, à Paris, Chez Jacques Le Febvre, au dernier pillier Grand Salle, vis-à-vis les Requestes du Palais, 1686, vol. 2/2, págs. 52-53 ; David Cordingly, Under the black flag : the romance and the reality of life among the pirates, (New York: Random House, 1996), pág. 48.

3812 William Dampier, A new voyage round the world : Describing particularly, the isthmus of America, several coasts and islands in the West Indies, the Isles of Cape Verd, the passage by Terra del Fuego, the South Sea coasts of Chili, Peru, and Mexico; the isle of Guam one of the Ladrones, Mindanao, and other Philippine and East-India islands near Cambodia, China, Formosa, Luconia, Celebes, &c. New Holland, Sumatra, Nicobar Isles; the Cape of Good Hope, and Santa Hellena. Their soil, rivers, harbours, plants, fruits, animals, and inhabitants. Their customs, religion, government, trade, &c, London, printed for J. Knapton, 1697, págs. 35-36.

3913 Carta de Mr. de Pouancey à Blénac, 9 janvier 1679, La Tortüe (ANOM, f.c., série C9A, cart. 1, ff. 145-147) ; Carta de Mr. De Pouancey au ministre, 25 septembre 1682, Léogane (ANOM, f.c., série C9A, cart. 1, ff. 214-215).

4014 Philip P. Boucher, France and the American Tropics to 1700, op. cit., pág. 207.

4115 Raveneau de Lussan, Journal du voyage fait à la mer de Sud, avec les flibustiers de l’Amérique en 1684. & années suivantes, Paris, Chez Jean Baptiste Coignard, 1690, pág. 6.

4216 Carl Bridenbaugh y Roberta Bridenbaugh, No Peace Beyond the Line : The English in the Caribbean, 1624-1690, (New York: Oxford University Press, 1972), pág. 4-5.

4317 Mémoire de Cussy au ministre, 2 mai 1685, Le Cap (ANOM, f.c., série C9A, cart. 1, ff. 233-234).

4418 William Dampier, A new voyage round the world: Describing particularly, the isthmus of America, several coasts and islands in the West Indies, the Isles of Cape Verd, the passage by Terra del Fuego, the South Sea coasts of Chili, Peru, and Mexico; the isle of Guam one of the Ladrones, Mindanao, and other Philippine and East-India islands near Cambodia, China, Formosa, Luconia, Celebes, &c. New Holland, Sumatra, Nicobar Isles; the Cape of Good Hope, and Santa Hellena. Their soil, rivers, harbours, plants, fruits, animals, and inhabitants. Their customs, religion, government, trade, &c, London, printed for J. Knapton, 1697, pág. 11-23 ; Basil Ringrose, The History of the Buccaneers of America; containing detailed accounts of those bold and daring freebooters, op. cit., págs. 190-196 ; Lionel Wafer, A new voyage and description of the isthmus of America, (Cleveland: The Burrows Brothers Company, 1903), págs. 38-39.

4519 Raveneau de Lussan, Journal du voyage fait à la mer de Sud, avec les flibustiers de l’Amérique en 1684. & années suivantes, op. cit., pág. 20-22.

4620 Paul Butel, Les Caraïbes au temps des flibustiers, (Paris: Aubier Montaigne, 1982), pág. 139-146 ; Oskar Hermann Khristian Spate, Storia del Pacifico, (Torino: Einaudi, 1988), vol. 3/2 – Mercanti e bucanieri ; Jean-Pierre Moreau, Pirates : Flibustes et piraterie dans la Caraïbe et les mers du sud, 1522-1725, (Paris: Editions Tallandier, 2006).

4721 Mémoire de Cussy au ministre, 2 mai 1685, Le Cap (ANOM, f.c., série C9A, cart. 1, ff. 453-454). Questa lettera rappresentò, probabilmente, la prima segnalazione ufficiale del passaggio degli scozzesi della Company of Scotland nelle carte francesi.

4822 Lettre de Thomas Duvivier à Du Casse, 10 septembre 1698, à bord du Maurepas (ANOM, f.c., série C9A, cart. 4, f. 430) ; Lettre de Du Casse au ministre, 22 septembre 1698, Le Cap (ANOM, f.c., série C9A, cart. 4, ff. 431-440) ; Lettre de Du Casse au ministre, 5 février 1699, Léogane (ANOM, f.c., série C9A, cart. 4, ff. 36-41).

4923 Lettre de Beauregard au ministre, 1699 (ANOM, f.c., série C9 A, cart. 4, ff. 209-212).

5024 Según sus declaraciones, Beauregard había llegado a Saint-Domingue en 1674 (_Lettre de Mr. De Beauregard au ministre_, 1699, ANOM, f.c., série E, cart. 23, ff. 246-249).

5125 Mémoire de Cussy au ministre, 13 aout 1686, Saint-Domingue (ANOM, f.c., série C9A, cart. 1, ff. 329-338) ; Lettre de Beauregard au ministre, 04 juillet 1699, Port Saint-Louis (ANOM, f.c., série C9A, cart. 4, ff. 209-212) ; Philippe Hrodej, « La flibuste dominguoise à la fin du XVIIe siècle: une composante économique indispensable », in Michel Le Bris (dir.), L’aventure de la flibuste. Actes du colloque de Brest (3-4 mai 2001), (Paris: Éditions Hoëbeke-Abbaye Dauolas, 2002), págs. 289-312, pág. 296-297.

5226 Lettre de Beauregard au ministre, 14 fevrier 1698, Léoganne (ANOM, f.c., série C9A, cart. 4, ff. 454-458).

5327 Lettre de Beauregard au ministre, 14 fevrier 1698, Léoganne (ANOM, f.c., série C9A, cart. 4, ff. 454-458).

5428 Charles Woolsey Cole, French Mercantilism, 1683-1700, (New York: Columbia University Press, 1943), págs. 60-111.

5529 Carl Bridenbaugh y Roberta Bridenbaugh, No Peace Beyond the Line: The English in the Caribbean, 1624-1690, op. cit., pág. 4-5.

5630 Carta de Beauregard al ministro, 20 de mayo de 1698, Petit Goave (ANOM, f.c., série C9A, cart. 4, ff. 465-467).

5731 Carta de Daguesseau al ministre, 8 de septiembre de1698, Paris (ANOM, f.c., série C9A, cart. 4, ff. 401-402) ; Lettre de Maurepas à Daguesseau, 18 septembre 1698, Compiègne (ANOM, f.c., série C9A, cart. 4, f. 417) ; Lettre de Du Casse au ministre, 5 février 1699, Léogane (ANOM, f.c., série C9A, cart. 4, ff. 36-41).

5832 James Pritchard, In search of Empire : the French in the Americas, 1670-1730, (Cambridge: Cambridge University Press, 2004), pág. 368-370 ; Charles Frostin, Les révoltes blanches à Saint-Domingue aux XVIIe et XVIIIe siècles, op. cit., págs. 80-81.

5933 Article 4, acte de fondation de la Compagnie Royalle de Saint-Domingue, 30 aout 1698 (ANOM, f.c., série C9A, cart. 4, ff. 409-416).

6034 Article 1er, acte de fondation de la Compagnie Royalle de Saint-Domingue, 30 aout 1698 (ANOM, f.c., série C9A, cart. 4, ff. 409-416).

fn35. Lettres patentes du Roy pour la Compagnie de Saint-Domingue, 1er mai 1716 (ANOM, f.c., série C9C, microfilm 215.4) ; Statut de la police et du commerce dans l’etendüe de sa colonie, 25 juin 1716 (ANOM, f.c., série C9C, microfilm 215.4).

6136 Carta de Du Casse al ministro, 30 de octubre de 1698, Le Cap (ANOM, f.c., série C9A, cart. 4, ff. 233-234).

6237 « Sy leur conjecture à esté juste ils ne peuvent aller qu’à un lieu appellé Les Sambres […]. Il y a des isles qui forment un canal où leur vaisseaux pourront mouiller » ( Lettre de Du Casse au ministre, 30 octobre 1698, Le Cap , ANOM, f.c., série C9A, cart. 4, ff. 233-234).

6338 James Pritchard, In search of Empire : the French in the Americas, 1670-1730, op. cit., pág. 369.

6439 Lettre de Beauregard au ministre, 29 mai 1699, Ile Saint-Louis (ANOM, f.c., série C9A, cart. 4, ff. 205-208) ; Lettre de Beauregard au ministre, 4 juillet 1699, Saint-Louis du Sud (ANOM, f.c., série C9A, cart. 4, ff. 209-212).

6540 Janice E. Thomson, Mercenaries, pirates, and sovereigns: state-building and extraterritorial violence in early modern Europe, (Princeton: N.J, Princeton University Press, 1994), pág. 45-54.

6641 L’affaire de Saint-Domingue, septembre 1698, Paris (ANOM, f.c., série C9A, cart. 4, ff. 421-422).

6742 Lettre de Du Casse au ministre, 13 janvier 1699, Léogane (ANOM, f.c. , série C9A, cart. 4, ff. 12-27). A finales de la primavera de 1699, Francia y España estaban convencidos que Inglaterra había creado un establecimiento en alguna parte de la costa de Nueva España. Las investigaciones llevaron al descubrimiento, de parte de los españoles, de la base francesa de Biloxi. Véase William Edward Dunn, « Spanish and French rivalry in the Gulf region of the United States, 1678-1702: the beginnings of Texas and Pensacola », University of Texas Bulletin, (1917), N° 1705, págs. 1-248, págs. 197-202.

6843 Lettre de Du Casse au ministre, 1er mars 1699, Léogane (ANOM, f.c., série C9A, cart. 4, ff. 42-46).

6944 Lettre de Du Casse au ministre, 1er mars 1699, Léogane (ANOM, f.c., série C9A, cart. 4, ff. 58-65); Robert Douglas Cope, « The Marvelous and the Abominable: The Intersection of Formal and Informal Economies in Eighteenth-Century Mexico City », Diacronie. Studi di Storia Contemporanea, (2013), vol. 13, N° 1, pág. 2.

7045 Lettre de Du Casse au ministre, 1er mars 1699, Léogane (ANOM, f.c., série C9A, cart. 4, ff. 58-65).

7146 Jean-Baptiste Ducasse, qui était aussi actionnaire de la Compagnie Royale, étant sorti d’une longue expérience comme agent et directeur de la Compagnie du Sénégal, était retenu comme digne de confiance par les ministres Pontchartrain (Charles Frostin, Les Pontchartrain, ministres de Louis XIV: alliances et réseaux d’influence sous l’Ancien Régime, op. cit., pág. 257 258).

7247 Lettre de Du Casse au ministre, 14 juillet 1700, Port-de-Paix (ANOM, f.c., série C9A, cart. 5, ff. 54-55).

7348 A.J. Veenendaal, « The War of the Spanish Succession in Europe », in Bromley, John Selwyn (dir.), New Cambridge Modern History, (Cambridge: Cambridge University Press, 1970), vol. 6 – The Rise of Great Britain and Russia, 1688-1715-1725/ págs. 410 445 ; Lucien Bély, Les relations internationales en Europe, XVIIe-XVIIIe siècles, (Paris: Presses Universitaires de France, 1992).

7449 Lettre de Du Casse au ministre, 1er mars 1699, Léogane (ANOM, f.c., série C9A, cart. 4, ff. 58-65).

7550 Lettre de Du Casse au ministre, 5 février 1699, Léogane (ANOM, f.c., série C9A, cart. 4, ff. 36-41).

7651 Raveneau de Lussan, Journal du voyage fait à la mer de Sud, avec les flibustiers de l’Amérique en 1684. & années suivantes, op. cit., pág. 38.

7752 Testimonios del paso sobre la costa del Darién de los filibusteros de la isla de la Vaca se puede encontrar en la mayoría de las relaciones de viaje de piratas franceses e ingleses. Véase Alexandre Olivier Oexmelin, Histoire des Avanturiers ..., op. cit., pág. 171-172 ; Basil Ringrose, The History of the Buccaneers ,... op. cit., pág. 166-171 ; Lionel Wafer, A new voyage and description ..., op. cit., pág. 131-172.

7853 Lettre de Vanolles au ministre, 10 septembre 1698, Paris (ANOM, f.c., série C9A, cart. 4, ff. 419-420) ; Lettre de Maurepas à Daguesseau, 18 septembre 1698, Compiègne (ANOM, f.c., série C9A, cart. 4, f. 417) ; Lettre de Daguesseau à Maurepas, 20 septembre 1698, Paris (ANOM, f.c., série C9A, cart. 4, f. 418).

7954 John Selwyn Bromley, Corsairs and navies: 1660-1760, (London: Hambledon Press, 1987), págs. 288-292 ; Marie Foucard, Les cap-horniers du Roi-Soleil : Ou le commerce interlope français en mer du Sud, 1698-1724, (Biarritz: Atlantica, 2007).

8055 John Selwyn Bromley, Corsairs and navies: 1660-1760, op. cit., págs. 290-291; Lettre de Vanolles au ministre, 10 septembre 1698, Paris (ANOM, f.c., série C9A, cart. 4, ff. 419-420).

8156 Lettre de Cussy au ministre, 18 mai 1688, Port de Paix (ANOM, f.c., série C9A, cart. 1, ff. 448-451).

8257 Lettre de Du Casse au ministre, 28 novembre 1692, à bord de L’Emporté (ANOM, f.c., série C9A, cart. 2, ff. 306-321).

8358 Lettre de Du Casse au ministre, 25 novembre 1695, Port de Paix (ANOM, f.c., série C9A, cart. 3, ff. 71-76).

8459 Bromley, John Selwyn, Corsairs and navies: 1660-1760, op. cit , pág. 1.

8560 Lettre de Galliffet au ministre, 22 juillet 1699, Le Cap (ANOM, f.c., série C9A, cart. 4, ff. 158-176) ; Pierre-François-Xavier de Charlevoix, Histoire de l’Isle Espagnole ou de S. Domingue: ecrite particulierement sur des Memoires Manuscrits du P. Jean-Baptiste le Pers … et sur les Pieces Originales, qui se conservent au Dépôt de la Marine, Chez François Barois, 1730, p. 373.

8661 Lettre de Galliffet au ministre, 5 avril 1701, Saint-Domingue (ANOM, f.c., série C9A, cart. 5, ff. 280-289).

8762 Charles Frostin, « Les Pontchartrain et la pénétration commerciale française en Amérique espagnole (1690-1715) », Revue Historique, (1971), vol. 245, N° 2, págs. 307-336 ; Kenneth J. Banks, « Financiers, Factors, and French Proprietary Companies in West Africa, 1673-1713 », in Louis H. Roper et Bertrand Van Ruymbeke (dir.), Constructing Early Modern empires: proprietary ventures in the Atlantic world, 1500-1750, (Leiden: Brill, 2007), págs. 79-116, págs. 99-100.

8863 Charles Frostin, “Les Pontchartrain et la pénétration commerciale française en Amérique espagnole (1690-1715)”, op. cit.. Peter Klein propone una corta aunque significativa reflexión sobre los problemas económicos y políticos vinculados a la creación de compañías comerciales según el modelo colbertista-mercantilista. Peter W. Klein, « The Origins of Trading Compagnies », in Leonard Blusse et Femme Gaastra (dir.), Companies and trade : essays on overseas trading companies during the Ancient regime, (Leiden: Leiden University Press, 1981), págs. 17-28.

8964 James Pritchard, In search of Empire : the French in the Americas, 1670-1730, op. cit., págs. 67, 258-259.

9065 Lettre de de Brach au ministre, 20 février 1700, Léogane (ANOM, f.c., série C9A, cart. 5, ff. 197-200).

9166 Los contrastes entre de Brach y la población de la bande du Sud y de la región de Petit-Goave empezaron en 1700, y llevaron, en 1706, al encarcelamiento del teniente ( Ordre du roi pour faire arrêter le sieur de Brach, lieutenant de roi à Saint-Domingue, et le faire interner pendant un mois au Château Trompette, 26 mai 1706 ), ANOM, f.c., série B, cart. 28, f. 190).

9267 Charles Frostin, Les révoltes blanches, op. cit, págs. 67-96.

9368 Lettre de Vaudreuil au ministre, 13 janvier 1756, Port-au-Prince (ANOM, f.c., série C9A, cart. 99, ff. non numerotés).

Para citar este artículo :

Giovanni Venegoni, « De la Hermandad de la Costa a la Compañía Real de Saint Domingue: compañías comerciales, filibusteros y administración colonial en Santo Domingo, 1684-1720. », Boletín AFEHC N°58, publicado el 04 septiembre 2013, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=3653

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