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AFEHC : bibliografia : Crónica de la Eternidad: ¿Quién escribió la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España? : Crónica de la Eternidad: ¿Quién escribió la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España?

Ficha n° 3660

Creada: 02 febrero 2014
Editada: 02 febrero 2014
Modificada: 02 febrero 2014

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Autor de la ficha:

Matthew RESTALL

Editor de la ficha:

Laura MATTHEW

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Crónica de la Eternidad: ¿Quién escribió la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España?

Reseña del libro de Christian Duverger quien cuestiona en su último libro que la obra sobre la Conquista de Nueva España, Historia verdadera, haya sido escrita por Bernal Díaz del Castillo.
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Palabras claves :
Conquista, Cortés, Díaz del Castillo, Historia verdadera
Categoria:
Libro
Autor:

Christian Duverger

Editorial:
Taurus. Índices, Cronología, Ilustraciones.
Fecha:
2013
Reseña:

1Una de las piezas literarias latinoamericanas más ampliamente leídas, citadas y estimadas es la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo. Publicada originalmente en España en 1632 –en inglés en 1803–, y con una creciente proliferación de ediciones y versiones impresas desde entonces, la Historia verdadera ha sido por siglos uno de los pilares de la historiografía española sobre la Conquista. La obra es un clásico de obligada lectura en las aulas de todo el mundo. La imagen que tenemos de los Aztecas, de los conquistadores, de los antiguos México y Guatemala, y de los inicios de la época de los imperios europeos no sería la misma sin Bernal Díaz del Castillo. Incluso la moderna literatura occidental sería diferente. Después de todo, Carlos Fuentes aclama la Historia verdadera como la auténtica primera novela latinoamericana1. Guillermo Serés, editor de una exhaustiva edición española de la obra de reciente publicación, la aclama como “la mejor prosa castellana del siglo XVI2.”

2 Así que, ¿qué sucedería si Bernal Díaz del Castillo no fuera realmente el autor de la Historia verdadera? ¿Qué pasaría si el auténtico Bernal no hubiera sido un genio literario, un iniciador, sino un farsante analfabeto? ¿Qué ocurriría si la obra hubiera sido en realidad creada por una figura más controvertida, una figura incluso más famosa, como –¡prepárense!– Hernán Cortés? Esta es precisamente la apuesta de Crónica de la Eternidad, publicada en francés como Cortés et son double: enquête sur une mystification3. Mientras este libro recibió una imparcial respuesta en Francia, donde Duverger es profesor en la École des Hautes Études en Sciences Sociales, la reacción en el mundo hispanohablante fue unánimemente negativa4. Serés respondió a esta publicación que “ningún indicio documental existe sobre las inverosímiles peripecias que imagina Duverger”, una posible referencia a la insistencia de Duverger en que, aparte de un “epílogo imaginario […] todo el resto de la obra es producto de una rigurosa investigación en la que lo hipotético y lo imaginario no tuvieron cabida alguna5.” El pasado octubre tuvo lugar un coloquio en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, en la Ciudad de México, en la que alrededor de quince académicos denunciaron, no sólo la Crónica de la Eternidad, sino también la anterior producción académica de Duverger6.

3 Cualquiera podría, con certeza, admirar una obra que no tiene miedo de ser audazmente revisionista, de desfigurar símbolos, de herir susceptibilidades en ambas orillas del Atlántico. Duverger consigue todo esto con este nuevo libro, y –lo que es aún más significativo– lo hace de una manera clara y sistemática, presentando sus evidencias y construyendo sus argumentos de acuerdo con la metodología académica reconocida. Esto no significa necesariamente, desde luego, que sus conclusiones sean convincentes.

4 El libro está dividido en dos partes: la primera de ellas, titulada “Los contornos del enigma”, busca deconstruir la identidad de Bernal Díaz del Castillo tal y como lo conocemos. Su biografía oficial y su autoría de la Historia verdadera son representados como un “mito”, uno que “se desvaneció ante nuestros ojos” e “implosionó bajo la presión conjugada de inverosimilitudes e imposibilidades7.”

5 Los aspectos tratados en esta primera parte de la obra incluyen los siguientes argumentos: que lo que conocemos de la vida de Bernal Díaz del Castillo “es bastante poco8” (lo que es bien cierto, pero es común entre los conquistadores, quienes dejaron pocas biografías detalladas); que la información que Bernal dio sobre su edad, su juventud y su participación en diversas expediciones, es sospechosamente imprecisa, llegando a mentir abiertamente (lo que también es cierto, aunque dichas ambigüedades y exageraciones eran inherentes a las relaciones de méritos, un género con el que la Historia verdadera se puede considerar emparentado); que “nada escapa al ojo de Bernal9”, lo que hace de él un personaje extrañamente omnipresente y abarcador en su cobertura de los eventos históricos (lo que también es cierto, aunque pudo servirse de otros textos y presentarlos como observaciones de primera mano, como los estudiosos de su obra han propuesto en varias ocasiones); que Cortés nunca menciona a Bernal (lo que, aun siendo raro, es cierto, y ocurre con muchos otros conquistadores, ausentes de sus Cartas de Relación); que Bernal nunca aparece en el juicio de residencia de Cortés (lo que también es raro, aunque cierto); y que las firmas inconsistentes de Díaz del Castillo, y sus pésimamente mal redactadas peticiones muestran que era “probablemente iletrado10” (lo que constituye una afirmación provocadora, ya que la aseveración de Duverger de que el 88% de los conquistadores eran iletrados no toma en cuenta el semi-analfabetismo de la mayoría de ellos, y el hecho de que la mayor parte de los escritos eran elaborados al dictado por escribanos). A resultas de estas y muchas otras dudas razonables y evidencias reveladas –o imaginadas, según el ojo con que se mire–, Bernal Díaz del Castillo es “descalificado11” como autor de la Historia verdadera.

6 La segunda parte del libro, intitulada “La resolución del misterio”, trata, en realidad, mucho más acerca de Cortés que de la Historia verdadera, como se puede deducir del título de la edición francesa. Funciona eficazmente como secuela del retrato que Duverger elaborara con anterioridad de Cortés como un adelantado a su tiempo, un excepcional hombre del Renacimiento12. La elección de Cortés como solución al acertijo elaborado en la primera parte de la obra está fundamentada en tres aspectos. En primer lugar, mediante un proceso de eliminación, basado en qué españoles estuvieron en qué lugares y en qué momentos, delimita que Cortés fue “el único” que estaba “en situación de escribir” la Historia verdadera13. Segundo, tuvo el tiempo y el espacio para hacerlo – Valladolid, entre 1543 y 1546–, explicando de paso el misterio de la efectiva desaparición del viejo conquistador en aquella ciudad cuando se acercaba al final de sus días. Tercero, y una vez que el lector ha imaginado a Cortés como el autor de la Historia verdadera, y lo ha leído como si lo fuera, puede ver por todas partes su “firma14”, sus percepciones, la revelación de su personalidad que sólo él, Cortés, podría conocer. El resultado es un emocionante vuelo de la imaginación. El lector nunca estará suficientemente persuadido, pero el entusiasmo de Duverger, su júbilo al encontrar una aparente pista literaria tras otra, hace que uno quiera creer. Y, al final, la segunda parte de la obra es precisamente eso: una invitación a convertirse, a someterse a un acto de fe.

7 Pero, ¿consigue Duverger por ello reclutar creyentes, o fracasa en su argumentación? Ciertamente, es difícil concebir que la Historia verdadera no sea producto de Bernal Díaz del Castillo. Hojeando una rara copia de la edición impresa de 1632 (en este mismo instante tengo ante mis ojos la preciosa copia de la biblioteca John Carter Brown encuadernada en vitela), y leyendo las líneas que me son tan familiares, dejando a Bernal llevarme de nuevo a lo largo de su hilo narrativo, puedo sentir el peso casi bíblico de sus siglos de obra preceptiva. O sea, renunciar a nuestro Bernal para aceptar el de Duverger no es fácil. Para la mayoría de lectores, será prácticamente inimaginable, imposible.

8 Para el que suscribe, Duverger parece con frecuencia plantear un argumento paralelo –uno más impreciso, menos provocador, menos ameno, pero al final más convincente– sin realmente enunciarlo concretamente. Después de todo, eso podría minar su reverberante tesis Cortés-céntrica. En un punto de su texto, nos remite a la franca confesión de Juan de Torquemada de que su Monarquía Indiana de 1615 es “una obra de gabinete y de compilación15.” De hecho, como es bien sabido por historiadores y filólogos, las primeras crónicas coloniales y las obras relacionadas con ellas eran a menudo –si no casi siempre– compilaciones de testimonios de otros testigos, extractos de otros manuscritos y pasajes adaptados o tomados directamente de otras obras: las actuales reglas sobre el plagio no existían. Me pregunto, pues, si la Historia verdadera no será esa clase de obra, una recopilación o antología articulada por Bernal y, más tarde, por otros. Para Duverger, la Historia verdadera, con “sus vueltas atrás, sus disquisiciones, sus repeticiones, sus elipsis, sus páginas de tono encendido”, es la creación de “una personalidad de gran originalidad16”. Pero, ¿qué pasaría si estos rasgos fueran el resultado de la múltiple autoría, del copiado en serie y de la edición parcial, todas ellas prácticas comunes en la época, como Duverger mismo arguye? El producto final podría así contener testimonios y recuerdos escritos o dictados por Bernal, pero el manuscrito superviviente no sería, de esta manera, un libro escrito simple y llanamente por Bernal. Si eso fuera cierto, Duverger podría estar equivocado, pero no del todo.

9 Incluso aunque la reivindicación de Cortés como autor sea demasiado disparatada, una idea que, aunque difícil de aceptar, fuera irrefutable, Duverger triunfa al plantear cuestionamientos válidos en lo concerniente a la autoría y orígenes de la Historia verdadera. Al final, su tesis probablemente no se tendrá en pie, pero su agradable y cautivador libro hará una última contribución al debate y estudio de Bernal Díaz del Castillo, Hernán Cortés, la Historia verdadera, la Conquista española y la literatura de la época. ¡Léanlo y maravíllense o mófense! En cualquier caso, ¡léanlo y juzguen por ustedes mismos!

10Autor: Matthew Restall, Pennsylvania State University
(Traducción: David Domínguez Herbón, FFyL-UNAM)

Notas de pie de páginas

111 Carlos Fuentes ha escrito prolijamente sobre Díaz del Castillo, en obras como Valiente mundo nuevo: Épica, utopía y mito en la novela hispanoamericana (México: Fondo de Cultura Económica, 1990, pp. 72-77) y La gran novela latinoamericana (México: Alfaguara, 2011, págs. 25-44).

122 Guillermo Serés, “El verdadero autor de ‘La historia verdadera’”, en El País (Sección “Cultura”, 21/02/2013). La obra de Bernal Díaz del Castillo, en esta edición concreta (Barcelona: Real Academia Española, 2012), tiene 1,620 páginas.

133 Christian Duverger, Cortés et son double: enquête sur une mystification (Paris: Seuil, 2013).

144 Véase, por ejemplo, la cobertura periodística en el diario Libération (Philippe Lançon, “L’hypothèse Cortés”, Sección “Livres”, 23/01/2013), o la entrevista presentada en el canal de televisión France 5 (21/02/2013), disponible en la dirección electrónica http://youtube.com/watch?v=vTChwu1Xbxo .

155 Christian Duverger, Cortés et son double…, op. cit., pág. 294.

166 En enero de 2014, el programa de dicho evento estaba disponible en línea en la dirección electrónica http://guyrozatrepensarlaconquista.blogspot.nl/2013/10/programa-coloquio-miradas .

177 Christian Duverger, Cortés et son double …, op. cit., pág. 117.

188 Christian Duverger, Cortés et son double …, op. cit., pág. 47.

199 Christian Duverger, Cortés et son double …, op. cit., pág. 57.

2010 Christian Duverger, Cortés et son double …, op. cit., pág. 112.

2111 Christian Duverger, Cortés et son double …, op. cit., pág. 117.

2212 De esta obra existen varias ediciones, incluyendo Cortés (Paris: Fayard 2001); Cortés (Madrid: Aguilar, 2005); Cortés: la biografía más reveladora (Madrid: Taurus, 2010); y Hernán Cortés: más allá de la leyenda (Madrid: Taurus, 2013).

2313 Christian Duverger, Cortés et son double …, op. cit., pág. 127.

2414 Christian Duverger, Cortés et son double …, op. cit., pág. 177.

2515 En palabras de Duverger, en Christian Duverger, Cortés et son double …, op. cit., pág. 33.

2616 Christian Duverger, Cortés et son double …, op. cit., págs. 17-18.

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Comentario enviado el Sunday 09 de March de 2014 por Ariel BATRES V.

En su excelente libro el doctor Christian Duverger refiere en la primera parte que Bernal Díaz del Castillo no pudo haber escrito la “Historia verdadera….”, sino otro, pues como soldado raso no tenía la suficiente cultura para citar tantos autores que desconocía y de cuyos libros ni siquiera habían ejemplares en Guatemala.
La segunda parte es apasionante; discurre respecto a que fue Cortés quien escribió la obra, cuyo manuscrito “supuestamente original” y con los agregados y tachones que efectuó su hijo Francisco se conserva en la Hemeroteca Nacional de Guatemala.
No importa que destruya el mito de Bernal, pues las fuentes de información que consultó sí que son de primera mano; si alguno quisiera ripostarle debiera cotejarlas antes de emitir juicio crítico. En 1632 aparece la edición princeps; Duverger nota varias inconsistencias entre esta y el “manuscrito Guatemala”, así como advierte que la imagen que todos conocemos de Bernal, incluido su busto colocado en la Plaza España de la zona 9 (capital de Guatemala), no es más que del rey Enrique IV de Francia, la cual es presentada como correspondiente a Bernal en la edición mexicana de 1904.
Debiera fomentarse la realización de un foro donde historiadores discutan sobre la paternidad de la “Historia verdadera….” de Bernal o de Cortés.

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