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AFEHC : articulos : Inventando tradiciones y heroes nacionales: El Salvador (1858-1930) : Inventando tradiciones y heroes nacionales: El Salvador (1858-1930)

Ficha n° 373

Creada: 02 abril 2006
Editada: 02 abril 2006
Modificada: 25 agosto 2007

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Autor de la ficha:

Carlos Gregorio LÓPEZ BERNAL

Editor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Inventando tradiciones y heroes nacionales: El Salvador (1858-1930)

A partir del concepto de "Tradiciones inventadas" se estudia cómo la elite liberal de El Salvador usó las efemérides, el culto a los símbolos patrios y la estatuaria como recursos para inculcar entre la población urbana una "religión cívica" que coadyuvara al desarrollo y fortalecimiento del patriotismo y de un sentido de identidad nacional. Inicialmente estas iniciativas surgieron de las esferas oficiales, pera ya para inicios del siglo XX, eran impulsadas por otros grupos, entre los cuales destacaron los artesanos y obreros. Parte importante en estos esfuerzos fue la creación de un héroe nacional. En un principio se optó por el caudillo hondureño Francisco Morazán, pero con el tiempo este fue desplazado por el salvadoreño Gerardo Barrios, quien en realidad llegó a ocupar este puesto no tanto por sus méritos, sino porque en las filas liberales no existían candidatos más idóneos.
Autor(es):
Carlos Gregorio López Bernal
Fecha:
Abril de 2006
Texto íntegral:

1

2 En El Salvador la idea de nación como una “comunidad política imaginada1” fue concebida primeramente entre las elites liberales del último tercio del siglo XIX. Aunque esta propuesta no logró una articulación coherente hasta bien entrado el siglo XX, desde un principio se trató de inculcar en los sectores populares un sentido de pertenencia y lealtad hacia esa comunidad2. En el fondo esta era una forma de consolidar y darle legitimidad a un orden político ya existente. En este proceso fue muy importante el trabajo de los intelectuales liberales, en tanto que fueron ellos los encargados de elaborar el discurso nacional que buscaba interpelar a las masas populares.

3 El historiador inglés Eric J. Hobsbawm, al estudiar la forma cómo las elites hacen llegar su discurso nacionalista a las masas, usa el concepto de “tradiciones inventadas”, las cuales define como: “Un conjunto de prácticas regidas por reglas manifiestas o aceptadas tácitamente y de naturaleza ritual o simbólica, que buscan inculcar ciertos valores y normas de comportamiento por medio de la repetición. Es esencialmente un proceso de formalización y de ritualización que se caracteriza por su referencia al pasado, aunque sólo sea por una repetición impuesta3.”

4Hobsbawm considera que el Estado territorial moderno por su misma lógica de funcionamiento; por ejemplo, centralización del poder, reclutamiento militar y recaudación de impuestos, necesita establecer vínculos directos entre los ciudadanos sometidos a su tutela, por lo que debe crear mecanismos que permitan inculcar en la población sentimientos de obligación y lealtad hacia él. Es decir, los vínculos tradicionales, como aquellos relacionados con la religión, la etnia o la familia, son desplazados y de ser posible supeditados a una lealtad suprema hacia el Estado-nación.

5 En este proceso de traslación de fidelidades es muy importante el papel de la “religión cívica”, inculcada entre la población por medio de diversos instrumentos, tales como, la educación, el ceremonial cívico, la estatuaria heroica y el culto a los símbolos patrios, fenómenos estrechamente vinculados con la invención de tradiciones y que fueron instrumentos muy usados por los liberales salvadoreños en las dos últimas décadas del siglo XIX y en las primeras del XX. Hobsbawm señala que los tres elementos más efectivos en la invención de tradiciones son: la educación primaria, el ceremonial público y la producción masiva de monumentos.[4] De los tres, el menos favorecido en El Salvador fue la educación, dándosele mayor énfasis a los otros dos, lo cual no significa que se ignoraran absolutamente las potencialidades de la escuela.

El culto a Francisco Morazan y la nostalgia unionista (1858-1882)

6 Al revisar las reseñas de las festividades cívicas que aparecían en los periódicos oficiales de la segunda mitad del siglo XIX el lector puede darse cuenta de que para esos años ya se hacían esfuerzos por usar el ceremonial cívico para crear en la población un sentimiento de adhesión patriótica. Las ceremonias llevadas a cabo en los gobiernos de Gerardo Barrios son una muestra muy interesante, especialmente los homenajes hechos en honor del caudillo liberal Francisco Morazán.

7 No obstante, hasta finales del siglo XIX los ideólogos liberales salvadoreños no habían logrado crear la imagen de un héroe nacional. Es más, en los discursos conmemorativos de la independencia pocas veces se individualizaba a los próceres, y se tendía a hablar de ellos en conjunto. Es decir, no se había creado un mito que personificara los ideales liberales y nacionales. No fue hasta 1882 que se contó con un monumento nacional, suficientemente apropiado para el ritual cívico que perpetuara la memoria de un héroe; sin embargo, este fue dedicado al caudillo hondureño Francisco Morazán, cuyos restos llegaron a El Salvador en 1849, procedentes de Costa Rica. El gobierno salvadoreño ordenó que se depositaran en la iglesia principal de Sonsonate, “mientras que, por decreto especial, se arregla la manera y forma en que deban ser conducidos a esta capital para colocarlos en el mausoleo correspondiente5.”

8 Los incidentes que se dieron alrededor de tales reliquias evidencian las encontradas pasiones que el caudillo generaba. Aún después de muerto Morazán estuvo expuesto a las vicisitudes de la política. Mientras los liberales veían en él un símbolo de sus ideales y luchas, los sectores más reaccionarios de los conservadores no escondían su animosidad contra el recuerdo de su antiguo oponente. Por unos años Morazán estuvo sepultado en Santa Ana en donde se le tributaron sentidos homenajes. En 1851 sus restos fueron trasladados a Mexicanos “por la amenaza de Carrera de tomar la ciudad heroica6“. En 1857 la Asamblea dispuso mandar a hacer un retrato suyo para colocarlo en el Salón de sesiones7.

9 Cuando Gerardo Barrios llegó al poder dispuso realizar la prometida inhumación de Morazán con la debida solemnidad. Así, entre el 14 y el 17 de septiembre de 1858 se realizaron las ceremonias cívico-religiosas en honor a Morazán. Para entonces sus restos estaban en Cojutepeque, y desde allí fueron trasladados a la capital el día 14. El batallón que los transportaba fue recibido en La Garita con una salva de artillería; el presidente Barrios salió a encontrarlos hasta la iglesia de Concepción, saludándolos con una salva de 21 cañonazos8. Las reliquias de Morazán eran transportadas en un carruaje negro tirado por dos caballos blancos enjaezados de negro, conducido por el Coronel Chica y escoltado por cuatro jefes militares que sirvieron bajo las órdenes del difunto General. En la Basílica se construyó una pira, en cuyo centro se depositaron las urnas. “Trofeos militares rodeaban el catafalco, en el que lucía el uniforme del Gral. Morazán, su espada de soldado y su bastón de autoridad suprema. El pabellón nacional ocupaba allí un lugar preferente, enrollado y con la corbata de luto conforme a ordenanza9“. Seguramente Barrios guardaba en su memoria las imágenes de ceremonias parecidas que debió haber visto en sus viajes por Europa y, aficionado a la fastuosidad como era, aprovechó esta ocasión para recrearlas.

10 El día 16 la bandera nacional estuvo a media asta y se disparó un cañonazo cada hora. La misa, oficiada por el obispo, tuvo lugar a las nueve de la mañana. El 17, al celebrarse la inhumación en el Cementerio General, el batallón de honor hizo tres descargas y se dejaron oír 21 cañonazos. El redactor de la Gaceta expresaba así su admiración: “No sé de que expresión pueda valerme para significar el silencio, la consternación y todo lo que parecía animar aquella lúgubre ceremonia, último testimonio de un pueblo entusiasta, acordado a los restos de su predilecto caudillo”.

11 Para entonces no se tenía bandera “nacional”, la que se usaba era la federal. Una bandera nacional fue creada en 1865 bajo la administración de Francisco Dueñas. El Congreso salvadoreño consideró que era “del todo irregular” que no se contara con una bandera y escudo de armas propios, dado que esto podría conllevar a una falta de identidad. El 28 de abril de 1865, Dueñas firmó el decreto que sancionaba los nuevos símbolos patrios, el cual fue publicado en “El Faro Salvadoreño”, del 8 de mayo del mismo año. El artículo 1 del referido decreto, decía: “El pabellón nacional se compondrá de cinco fajas azules y cuatro blancas… En el ángulo superior inmediato al asta, llevará un cuadro encarnado de una vara por lado, en el cual se colocarán nueve estrellas blancas de cinco ángulos salientes cada una, representando los nueve departamentos de la República”. El parecido de esta bandera con la de los Estados Unidos fue una de las más fuertes críticas que posteriormente se le hicieron. No obstante estuvo vigente hasta 1912.

12 El primer himno nacional fue escrito por don Tomás Muñoz en 1866 y dedicado a Francisco Dueñas. La música fue compuesta por Rafael Orozco, Director de la Banda Militar. Su aceptación oficial apareció en “El Constitucional” del 11 de octubre de 1866 y fue estrenado el 24 de enero del siguiente año10. Sin embargo, cuando los liberales llegaron al poder este himno cayó en desuso. Resulta interesante constatar que los primeros intentos por crear símbolos nacionales fueron realizados por los conservadores. Lo mismo sucedió con otros cambios que tradicionalmente se han atribuido a los liberales.

13 En 1879, Rafael Zaldívar comisionó al general Juan José Cañas y al napolitano Juan Aberle para que escribieran la letra y música de un nuevo himno nacional. Este fue rápidamente enseñado a los escolares capitalinos y estrenado el 15 de septiembre de 1879 con acompañamiento de la banda militar. Sin embargo, en 1891, bajo el gobierno de Carlos Ezeta, y para celebrar la victoria contra las fuerzas del guatemalteco Lizandro Barillas, el italiano Césare Giorgi-Vélez escribió una composición que tituló “El Salvador libre” que, instrumentada para banda, se cantó el 2 de mayo de 1891. En un decreto publicado en el Diario Oficial del 3 de junio del mismo año, el Ejecutivo la declaró himno nacional11. No obstante, cuando Ezeta fue derrocado se retomó el himno de 1879 que permanece hasta la actualidad12.

14 Hasta 1882 San Salvador careció de una plaza pública que contara con un monumento ante el cual pudiera congregarse el pueblo para celebrar las efemérides patrias. La Gaceta, al dar cuenta de la celebración del aniversario de la independencia en 1858, decía: “Terminada la función de Iglesia, la concurrencia… salió de la Catedral conduciendo la acta de independencia, en un carro adornado, y sostenido por dos genios, que fue colocada en el portal occidental de la plaza de armas donde quedó con una guardia de jefes y oficiales13.” En 1880, Zaldívar contrató a Francisco A. Durini para que elaborara el monumento a Francisco Morazán, el cual fue inaugurado en marzo de 1882. Curiosamente, Gerardo Barrios también fue parte de dicha celebración, pues en esa oportunidad se inauguró en el Cementerio General un mausoleo dedicado a su memoria, trasladándose allí sus restos que antes estuvieron en la iglesia del Calvario. Esto sería el inicio oficial de su mitificación.

15 La comisión nombrada en 1880 para levantar el monumento a Morazán comprendió la importancia de contar con un lugar más adecuado para el ceremonial cívico. En una carta enviada al Ministro de relaciones exteriores, decía: “Sería mejor colocar un monumento de esta naturaleza en una plaza pública central… lo cual contribuiría además a embellecer la capital de la República y será el primer monumento en su género que dará una prueba de nuestro adelanto social y de los patrióticos esfuerzos del país por honrar la memoria de sus grandes hombres14.”

16 A pesar de que en 1882 también se rindió tributo oficial a Gerardo Barrios, el grueso de la celebración estuvo dedicado a Francisco Morazán, y fue calificada por el Diario Oficial como “un acto de desagravio y de merecida justicia”, pues, el mausoleo que mandó a erigir Gerardo Barrios fue “en mala hora profanado por las huestes clericales de Carrera”, en 186315. La crónica del Diario Oficial, describía así la ceremonia: “Oyóse resonar el himno nacional salvadoreño, cantado por los niños de las escuelas… En medio de esas notas que aumentaban el entusiasmo y patriotismo del gran concurso se descubrió el monumento del gran caudillo, que fue saludado con estrepitosos aplausos, dianas militares y salvas de artillería16.”

17 Conocidos intelectuales, tales como Juan José Cañas, Román Mayorga Rivas y Manuel Barriere participaron en los actos. El historiador Rafael Reyes hizo una detallada descripción del monumento. El primer cuerpo sirve de base para cinco estatuas que representan las repúblicas de Centroamérica. La de El Salvador, junto con la de Guatemala, ocupaba la parte frontal, refiriéndose a la primera, Reyes dice:

18“Está de gala, satisfecha al consagrar un recuerdo al héroe, orgullosa, si se quiere, por haber merecido del mismo Morazán el honor de conservar sus restos, é interpretando el último pensamiento de aquel gran hombre, señala con mucha gracia al visitante la espada rota del General y el pabellón federal, como invitándole para que empuñe la espada, levante el pabellón y realice la deseada unión centro-americana por cuya santa causa hizo el General el sacrificio de su vida.”[17] Por su parte, la Cámara de Senadores decretó: “El día quince de Marzo se declara de hoy en adelante, gran fiesta cívica nacional18.” Además, el Ejecutivo considerando: “Que no hay en el Ejército de la República una marcha nacional”, decretó: “Se declara marcha nacional y toques de honor la “Marcha Morazán”, compuesta por el Coronel señor don Juan Aberle19 “.

19 Como se ve, la “invención de tradiciones” ya era evidente en el ceremonial cívico salvadoreño, los símbolos patrios y en la estatuaria heroica. Sin embargo, estas carecían de la coherencia necesaria para generar y fortalecer una verdadera conciencia nacional. Puede afirmarse que hacia 1882, aunque el poder estatal ya estaba bastante consolidado y el proyecto nacional oficial había tomado fuerza, aún persistía una añoranza de la unión centroamericana, situación incompatible con un auténtico sentimiento nacionalista, una de cuyas características es el ser marcadamente excluyente de cualquier forma de identidad que pueda minar la lealtad de los individuos hacia su nación. Aquí se evidencia el acierto de los planteamientos de Gellner y Hobsbawm, en el sentido de que el Estado antecede a la nación y que la consolidación de un Estado no garantiza de por sí la existencia de la nación20.

20 El optar por rendir tributo al caudillo hondureño puede interpretarse como un reflejo de esa nostalgia unionista y de la persistencia de las dudas sobre la viabilidad de El Salvador como nación, dudas que ya antes habían sido expresadas por el mismo Gerardo Barrios. Así lo evidencia el discurso del Presidente Rafael Zaldívar en el acto de inauguración del monumento a Morazán:

21 bq. “Conciudadanos: honremos la memoria de aquel esclarecido patriota, inspirándonos en las altísimas ideas y nobles sentimientos de su genio inmortal, y afiliémonos á la santa causa que él sostuvo, que es la del progreso y de la unión nacional, para que cuanto antes veamos realizado el más ferviente deseo de los salvadoreños, la reorganización de nuestra querida patria, Centro-América, y podamos agruparnos todos bajo el pabellón bicolor, que es la más gloriosa enseña de nuestra nacionalidad21.”

22 Los sentimientos nacionales de los gobernantes salvadoreños muestran una persistente ambigüedad. Se le dio más realce a Morazán que a Barrios y la idea de Centroamérica, como manifestación de la verdadera nacionalidad fue reafirmada. El discurso oficial que pronunció el Dr. Antonio Guevara Valdés, en el acto de inhumación de las cenizas de Morazán, concuerda exactamente con el pronunciado por Zaldívar.

23 bq. “Si el plomo homicida de la traición no hubiera cortado el hilo de su existencia, hoy nos veríamos formando una importante entidad política, fuerte en sus instituciones y considerada con respeto por las naciones extranjeras; mas hoy no somos más que parodias de naciones; formando tan solo cinco agrupaciones políticas que, separadas, nada significan en el concepto de las demás que pueblan el mundo22.”

24 Debe señalarse que estos llamados a la unión deben ser tratados con cautela. Para los líderes salvadoreños cualquier proyecto unionista siempre tendría como precondición no quedar sometidos al dominio de Guatemala. Es de suponer que una posición parecida tuvieron los guatemaltecos; de allí, las dificultades que inevitablemente surgían cuando se trataba este tema. Este es un tema que merece un estudio aparte. Lo cierto es que durante buena parte del siglo XIX los únicos Estados centroamericanos que tenían la capacidad para conducir la reunificación eran Guatemala y El Salvador, pero ninguno accedió a que fuera el otro quien tomara la iniciativa.

25Ahora bien, un detalle que debe tomarse en cuenta al estudiar las celebraciones cívicas de la década de 1880, es que en ellas ya era evidente el esfuerzo por usarlas como un medio para cohesionar la sociedad y aligerar las contradicciones internas. En este sentido, el editorial del Diario Oficial del 15 de septiembre de 1888, resulta muy sugerente:

26“Cualesquiera que sean las diferencias que separen á los ciudadanos, siempre existen recuerdos tan grandes, tan generalmente queridos, que tienen la propiedad de confundir en un solo sentimiento todos los corazones, en una sola idea todos los espíritus. Tales son los recuerdos de las glorias nacionales, de esas glorias en las cuales todos vemos algo que nos pertenece, que nos atañe; algo que enalteciendo á la generalidad, nos enaltece á nosotros mismos23.”

27 Recordar a Ernest Renan y su célebre conferencia de 1882 es inevitable al leer el anterior párrafo. La difícil relación memoria/olvido, tan importante para construir una nación, se hace aquí patente. Con pleno conocimiento del problema, Renan decía: “Ahora bien, la esencia de una nación es que todos los individuos tengan muchas cosas en común y que todos hayan olvidado muchas cosas24.” Ciertamente, que los salvadoreños tenían muchas cosas que olvidar, principalmente aquellos que habían sido afectados en sus intereses por las reformas liberales. Por supuesto, la tarea de reducir las diferencias y a la vez fomentar el legado de recuerdos por medio del culto cívico era asumida por el Estado, principal promotor de la invención de tradiciones25.

28El estudio de los homenajes tributados a Francisco Morazán permite adelantar algunas conclusiones. Hacia la década de 1880 los gobernantes y los intelectuales salvadoreños eran conscientes de la importancia del ritual cívico como un elemento cohesionador de la sociedad, que puede servir a la vez para promover entre la ciudadanía sentimientos de patriotismo y apego al orden republicano. La importancia que se le daba a tales ceremonias se evidencia en el esmero con que eran preparadas.

29Sin embargo, la promoción de las festividades cívicas recaía principalmente en las esferas oficiales. Participantes obligados en estas ceremonias eran las milicias y los escolares. No obstante, parte de la población urbana, encontraba en ellas posibilidades de esparcimiento, y quizá en alguna medida se lograba que los participantes se identificaran con los valores cívicos que los liberales pretendían transmitirles. Pero, en lo concerniente al aprovechamiento de estas “tradiciones inventadas” para el afianzamiento de una identidad nacional entre la población, en ningún momento se evidencia que exista una definición inequívoca de la nación salvadoreña, ni aun entre la elite dirigente. Más difícil es establecer el impacto que el discurso nacional pudo tener entre la población, pero fue preciso esperar unas décadas para que miembros de los sectores sociales subalternos como los artesanos y obreros se convirtieran en promotores de la religión cívica, acciones que vendrían a probar que el discurso nacional ya había calado hondamente en ellos.

30Cuando en 1880, los liberales se dieron a la tarea de construir un monumento cívico no optaron por dedicarlo a un “héroe puramente nacional”, sino que recurrieron al caudillo hondureño Francisco Morazán, el paladín de la unidad centroamericana. El denominador común en los discursos de los gobernantes e intelectuales de esos años es la persistente añoranza por la antigua unidad política, el énfasis en hacer ver la insignificancia y pocas posibilidades de las parcelas convertidas en Estados y la insistencia en que solo reunificando Centroamérica sería posible un pleno desarrollo y se podrían superar las limitaciones que agobiaban a la región en general y a cada uno de los Estados en particular. En todo caso resulta claro que aunque los dirigentes políticos estaban tratando de construir un discurso nacional, no tenían claramente definido un sentido de identidad nacional. A pesar de que ya se había logrado un significativo fortalecimiento estatal, todavía existían dudas sobre la viabilidad de El Salvador como nación independiente. Además, hasta 1921, cuando fracasó el último intento serio de reunificación, aún se creía que la utopía de la Patria Grande era posible.

Gerardo Barrios: La invencion de un heroe nacional

31En 1882, cuando se inauguró el monumento a Francisco Morazán, también se rindió tributo a la memoria de Gerardo Barrios; sin embargo, el grueso de las celebraciones estuvo dedicado al caudillo hondureño. Hacia finales del siglo XIX empezó a tomar fuerza el culto a Barrios, pero fue hasta 1910 cuando se le elevó plenamente a la categoría de héroe nacional.

32A juzgar por el tono de los discursos pronunciados en 1882 en la inauguración del mausoleo dedicado a su memoria, se estaría tentado de pensar que la apoteosis de Barrios sería inmediata. En esa ocasión, el licenciado Manuel Herrera, destacó en su discurso la feroz pugna entre liberales y conservadores, cuyo clímax vino a ser el fusilamiento de Francisco Morazán. Hizo notar cómo Gerardo Barrios fue el llamado a continuar la gesta unionista del caudillo hondureño.

33“El General Barrios juró por aquella sangre generosa, seguir la senda que aquel mártir le dejaba; juró levantar el pabellón liberal; juró cumplir con el encargo que el General Morazán dio á la juventud salvadoreña; juró seguir el ejemplo de su jefe26.”

34Ser el continuador del ideal unionista de Morazán, y por ende el llamado a enfrentar el poder conservador en Centroamérica, fue el principal mérito que, en un primer momento, los liberales atribuyeron a Gerardo Barrios. Sin embargo, hasta finales del siglo pasado los homenajes tributados a su memoria no tuvieron mayor trascendencia ni continuidad. En 1887, el Diario Oficial daba cuenta de la celebración del aniversario de la muerte del General Barrios: “Verificáronse hoy a las 8 a. m. en la Iglesia del Calvario de esta capital, las honras fúnebres que la distinguida viuda de aquel personaje y sus numerosos amigos políticos acostumbran tributar todos los años á su esclarecida memoria27.”

35Un dato importante sobre el carácter de dichas celebraciones es considerar quiénes asistían a tales eventos. “Concurrieron á tan solemne ceremonia, además de un considerable número de las más notables señoras y señoritas de nuestra sociedad, algunos altos empleados del Gobierno28.” Que solamente algunos funcionarios gubernamentales asistieran al acto deja ver que aún no existía mayor interés en promover el culto a Barrios, sobre todo si se compara con la forma en que este aniversario llegó a ser celebrado posteriormente.

36Factor importante en los primeros intentos de mitificar a Barrios fue su propia esposa, quien regresó a El Salvador en 1871. Una hoja suelta, aparecida en esa ocasión decía, refiriéndose a su llegada: “Salvadoreños. El General Barrios, como hombre de honor y verdadero patriotismo murió en la miseria y antes de ir al cadalzo (sic) os encomendó su viuda. Esta virtuosa matrona ha llegado á las playas del Salvador (sic), y por ese encargo sagrado que debe ser para nosotros una orden, está bajo protección del pueblo, bajo la protección de todos los buenos salvadoreños.” Otro Párrafo de la misma hoja suelta, decía: “Calvareños: No olvidéis que aquel desgraciado Jefe pereció en el cadalso por su amor al pueblo. No olvidéis que fue vuestro amigo y os distinguió en todas ocasiones29.”

37Para que el mito barrista tomara fuerza debieron concurrir varios factores. El más decisivo sería que un sector importante de la población se identificara con su figura y se comprometiera con su culto. En este punto Barrios tenía la ventaja de que a principios del siglo XX todavía quedaban muchos veteranos de sus campañas militares y sobrevivientes del sitio de San Salvador en 1863. Además de que en algunos barrios populares contó con decididos adeptos. En 1900 se hizo la propuesta de inaugurar un parque y darle el nombre de Barrios. El Diario del Salvador opinó: “Nos parece justo el homenaje que se rinde a la memoria del General Gerardo Barrios al bautizar con su nombre un paseo público en el Barrio del Calvario de esta Capital, cuyos habitantes, todos fueron decididos partidarios de aquel jefe militar30.”

38Ya para esa época, los obreros y artesanos eran parte importante en los homenajes tributados al caudillo. El 29 de agosto 1902 el gremio de obreros y la Sociedad Juan Montalvo organizaron una “ovación patriótica”. Sobre la tumba de Barrios colocaron una corona con esta dedicatoria: “A la memoria del Capitán y benemérito de la Patria General Gerardo Barrios. El gremio de obreros y la Sociedad Juan Montalvo como homenaje31.”

39Pero no fue hasta 1910, bajo la administración del General Fernando Figueroa, cuando Barrios fue mitificado definitivamente. En esa ocasión se inauguró una estatua ecuestre del caudillo en el entonces llamado Parque Bolívar, que fue considerada el más impresionante monumento cívico de San Salvador. Esta celebración fue cuidadosamente preparada por el “Comité Central Gerardo Barrios”, organizado para tal fin. Precisamente fue un artesano quien tuvo la idea de levantar la estatua de Barrios. “Joaquín Mancía Varela… distinguido artesano, trabajador incansable, luchador por las buenas causas y propagandista en su esfera de las ideas avanzadas del liberalismo32.” Pero los artesanos no estuvieron solos en este esfuerzo, el expresidente de Honduras General Manuel Bonilla, el presidente de El Salvador General Fernando Figueroa, las municipalidades de San Salvador, San Miguel y Sesori, comités departamentales y sociedades de obreros, entre otros, también colaboraron para llevar a cabo dicha obra33.

40 El 29 de Agosto de 1910, a la hora de diana, cuatro bandas militares recorrieron la calles de la capital tocando el marcial paso doble “Gerardo Barrios.” El Diario del Salvador dio amplia cobertura a los festejos. En una de sus crónicas, decía: “La ciudad amaneció engalanada, especialmente el Barrio del Calvario, en donde sus antiguos vecinos rindieron pleito homenaje a su querido Capitán General. Llamaba especialmente la atención la primera calle poniente. Habían más de dos cuadras en las que flameaban banderas de azul y blanco en las puertas, en los balcones y en los árboles, alternando con listones de tinto y negro, la antigua divisa de los barristas34.”

41A las nueve de la mañana se reunieron en el parque Bolívar las sociedades de obreros para recibir a las autoridades gubernamentales y cuerpo diplomático. Parte importante en estas festividades fueron los veteranos de la campaña de 1863, quienes formaron la Guardia de Honor al pie del monumento, “tocándole en suerte ser de los primeros en montarla al General Lisandro Arévalo, vistiendo el uniforme de soldado con divisas de cabo, que era el grado que tuvo bajo las órdenes del General Barrios… Todos los veteranos llevaban sombreros de palma con divisa roja en donde con letras negras se leía “Libertad o muerte” y que fue la que se usó durante el sitio de San Salvador35.”

42De entre las numerosas anécdotas de los veteranos de la campaña del 63 y del sitio de San Salvador que circularon en esa ocasión, el Diario del Salvador publicó una, atribuida al historiador nicaragüense José Dolores Gaméz. En ella se habla de un joven estudiante que en 1863, contra la voluntad de su familia, se presentó como voluntario para servir en las fuerzas de Barrios que luchaban contra Carrera. En una de las acciones este joven “se ofrece para salvar a un oficial que va a quedar cortado por el enemigo; la comisión es peligrosísima, los fuegos mortíferos, las balas llueven allí. El joven estudiante atravieza (sic) los fuegos, retira al oficial, regresa por el mismo punto y llega cerca de su jefe, atravezado (sic) el vientre por un balazo. El jefe le hace retirar y él insiste en continuar la lucha; se salva al fin de aquella peligrosa herida. Y ese joven estudiante, es hoy el General Fernando Figueroa36.” Quizá el hecho de que el presidente Figueroa sirvió bajo las órdenes de Barrios, haya sido una de las razones por las que se mostró tan interesado en llevar a cabo este homenaje a su antiguo jefe37.

43La figura principal del monumento representa “el acto memorable en que el caudillo hizo su entrada triunfal a caballo a la plaza de San Salvador, después de haber batido gloriosamente las huestes del General Carrera38.” Al descubrirse la estatua hubo salvas de artillería y los niños de las escuelas cantaron un himno en honor de Barrios. El Dr. Rubén Rivera a nombre del “Comité Central Gerardo Barrios” y el Dr. Juan de Dios Sandoval por parte de la “Sociedad de Obreros Gerardo Barrios” pronunciaron sendos discursos. Posteriormente se obsequió a los invitados con una copa de champaña en los salones del Palacio Nacional y “frescos para el pueblo y dulces para los niños”.

44El protagonismo de los obreros en estas celebraciones se puede apreciar en la letra de los himnos que los escolares entonaron en aquella ocasión.

45“Los obreros, los hijos del pueblo
simbolicen en ti nobles fueros
que tiranos audaces y fieros
intentaron malignos quitar39.”

46En una de las notas aparecidas en el Diario del Salvador se hacía notar la importancia histórica de aquel evento. “La estatua, el himno y el laurel han sido consagrados a Barrios por la voluntad del pueblo, y las autoridades de la nación, con el jefe de ella a la cabeza… Esta estatua vale también como un símbolo. Allí está el guerrero descubierto respetuosamente ante el santuario de la República como en acatamiento a la majestad de sus instituciones y sus leyes40.” Para la noche se programó una procesión de antorchas que salió del Barrio del Calvario, desfilando por las calles principales hasta llegar al Parque Bolívar en donde varias bandas militares dieron un concierto y se quemaron fuegos artificiales41.

47Todavía en las celebraciones del 15 de septiembre de ese año se hizo sentir el entusiasmo que los homenajes tributados a Barrios generaron entre la población. El Diario del Salvador informó que la noche del 14 de Septiembre, los veteranos se reunieron en el Parque Bolívar y acompañados por miembros del Comité Gerardo Barrios, sociedades de artesanos y gran número de ciudadanos portando antorchas y faroles pidieron que se bautizara con el nombre de Gerardo Barrios el parque en el cual se había erigido la estatua del caudillo. Don Juan Antonio Solórzano, fue comisionado por los veteranos para pronunciar el discurso. Después de esta ceremonia se dirigieron a Casa Presidencial42. A partir de 1910 la celebración del aniversario de la muerte de Barrios siempre contó con el apoyo y el beneplácito de los gobernantes. En 1911, el Presidente Manuel Enrique Araujo asistió al acto cívico preparado por la “Sociedad Cooperativa 29 de Agosto”, ocupando el puesto de honor “debajo del retrato del General Barrios, sentándose a su derecha el presidente de la sociedad, General Salvador Avila y a su izquierda el vicepresidente don Manuel I. Velázquez.” Por la tarde los “miembros de la Sociedad, los veteranos del 63, con banda y bandera a la cabeza se dirigieron al panteón y depositaron coronas ante la tumba que guarda los restos de los esposos Barrios-Guzmán43.”

48 La Sociedad Cooperativa “Gerardo Barrios 29 de Agosto” se fundó en 1910 a raíz de la inauguración del monumento a Barrios. En 1922 reformó sus estatutos, el artículo 2 afirmaba: “La Sociedad tiene por objeto: a) Celebrar el 29 de agosto de cada año, aniversario de la inauguración de la estatua ecuestre erigida a la memoria del Capitán General Barrios; b) Fortalecer y estrechar los vínculos de fraternidad y unión entre los trabajadores, entre los que se ganan el sustento con el sudor de su frente y con los esfuerzos de su inteligencia44.”

49Hacia 1929 la celebración del aniversario de Barrios era parte obligada del calendario cívico salvadoreño. Por ejemplo, la Sociedad cooperativa “Gerardo Barrios 29 de Agosto” afirmaba que se había “impuesto como norma de su existencia, rendir anualmente, en esta fecha dolorosa en la Historia Nacional, un homenaje fervoroso a los manes del patricio mártir, homenaje que adquiere cada vez más la magnitud de una apoteosis, en cuya exaltación devota toman parte los elementos de mayor valor moral del pueblo salvadoreño45.” En la sección “Pluma obrera” de la revista Gerardo Barrios, el señor Tadeo Portilllo afirmaba: “Y estas remembranzas son hoy, serán mañana y serán siempre, porque este gran acontecimiento ya está profundamente incrustado en todo el elemento en donde puede perdurar el recuerdo.” Más adelante explicaba de qué manera esto había sido posible.

50“El artista las cinceló en el bronce y en el mármol y he allí exhibidas al pié de su estatua en el Parque Bolívar y en el cementerio en su mausoleo que guarda sus despojos. El compositor las perfiló en el pentagrama y he allí el paso doble Gerardo Barrios como una marsellesa reanimando a los pueblos con sus dulcísimas notas en los amaneceres de cada 29 de agosto. El obrero las adoptó para darle esos nombres a las sociedades obreras, para hacer perdurar su memoria en el corazón del obrerismo46.”

51El párrafo anterior prueba claramente como una “tradición inventada” puede consolidarse en el imaginario nacional por medio de una adecuada combinación de circunstancias favorables. De ser una celebración que al principio se debió más a las iniciativas de la viuda de Barrios y de un estrecho círculo de amigos, esta llegó a contar con una organización que orgullosamente se autodefinía como “una agrupación de adoradores perpetuos, que mantiene vivo el fuego del amor y la gratitud hacia aquel insigne servidor de la Patria: El Comité 29 de agosto, que en 1910 logró levantar este hermoso monumento y que periódicamente viene a cubrirlo de flores47.”

52Thomas Benjamin, dice que los monumentos funcionan como cohesionadores de los grupos sociales, “hacen que la gente no sólo recuerde, sino que recuerde junto a otras personas, por lo que se afirma la solidaridad del grupo y la unidad48.” Este elemento afectivo del ritual cívico ayuda a explicar por qué la celebración del aniversario de la muerte de Barrios llegó a tener tanta importancia. Don Alfonso Rodríguez, en un discurso pronunciado en el Cementerio General, decía: “Cuando rememoramos la figura del Capitán General Gerardo Barrios, aquel guerrero altivo, precursor de gobiernos, se expanden nuestros pechos como si dentro sintiéramos latir aquella misma grandeza de ambición patriótica, y nos erguimos cual si sintiéramos correr por nuestras venas aquella misma sangre autóctona que animó la más firme voluntad y avivó el carácter indómito de aquel liberal incansable49.”

53El escritor Arturo Ambrogi, duro crítico de Barrios, captó en uno de sus cuentos el peso que dicha efeméride había adquirido. ”El 29 de agosto, indefectiblemente, el señor Margarito se vestía su uniforme de veterano, se prendía a la manga con unos ganchos sus jinetas de cabo, se ensartaba la famosa divisa roja en el quepis y venía a formar en la columna cívica, que con la Banda marcial a la cabeza, se encaminaba hacia el cementerio. Al son de la “Reina Victoria”, que don Gerardo oyó cuando su último viaje a Europa… marcha a la que han dado en la manía de bautizar con su nombre, al veterano soldado de Coatepeque y del Sitio, se le imaginaba que actuaba todavía en los buenos tiempos del barrismo… Frente al mausoleo, de pie sobre un cajón vacío, los oradores desfilaban. Los concurrentes, descubierta la cabeza, en actitud reverente, se bebían las palabras50.”

54Ambrogi señala como, una vez terminada la ceremonia, los veteranos regresaban a sus hogares, “todos ellos caminaban silenciosos, pensativos, torva la mirada, agobiada el alma por la melancolía de los recuerdos evocados por los oradores, y en sus oídos resonaban aún los bélicos acordes de la ‘Reina Victoria’, los mismos que, al escucharlos en sus tiempos de fortuna don Gerardo, lo inflaban como un pavo real51.” La mencionada pieza musical se popularizó rápidamente llegando a ser parte obligada en las ceremonias en honor de Barrios. Incluso, hacia 1927, una fiesta realizada por la Sociedad Fraternidad de Obreros, celebrando el 15° aniversario de su fundación, fue cerrada con la marcha Gerardo Barrios. La popularidad de esta composición y, por ende del caudillo, se evidencia más si se considera que, pese a la tradición cívica del gremio obrero, en esta celebración en ningún momento se ejecutó el himno nacional52.

55¿Cuáles fueron las razones que permitieron que Barrios se convirtiera en el héroe nacional de El Salvador? Como se ha visto, entre los sectores populares ya existía cierto apego al caudillo, pero este no fue un fenómeno espontáneo. Buena parte de él se debió a la exaltación que la historiografía iba haciendo de su imagen. En este proceso los historiadores liberales jugaron un papel decisivo, porque es seguro que debieron existir otros candidatos; por ejemplo, los próceres de la independencia o los caudillos de la segunda generación liberal. Sin embargo, la cuestión no era tan sencilla. En primer lugar la independencia fue más bien consecuencia de los eventos ocurridos en México y de la misma debilidad de España y aunque los historiadores intentaron dar a la lucha independentista un carácter heroico, lo cierto es que si se le compara con las gestas de México y Sur América debe aceptarse que la nuestra estuvo lejos de dar muchos espacios para la heroicidad.

56No obstante, uno de los puntos que más se ha resaltado en la historiografía salvadoreña ha sido el papel central que sus próceres jugaron en las luchas por la independencia y su tenaz oposición a la incorporación al imperio de Agustín de Iturbide, que los llevó a defender con sangre la recién lograda libertad. Tales actitudes fueron indefectiblemente interpretadas como prueba de un espíritu independiente y republicano que siempre habría de distinguir a este pueblo. En el marco de las llamadas “Conferencias Históricas de Propaganda Patriótica”, promovidas por la Universidad de El Salvador un año antes de que se cumpliera el Centenario de la independencia, Manuel Castro Ramírez no dudó en afirmar que su intervención buscaba:

57“Hacer constar el hecho elocuente, comprobado por nuestra historia y mantenido por la tradición, de que El Salvador fue el paladín glorioso de la independencia centroamericana y que en el decurso de su existencia jamás ha dejado caer de sus manos el estandarte de la libertad53.”

58Por ser un caso sumamente ilustrativo de la forma como los liberales procedieron a discriminar entre sus candidatos a ocupar la cúspide del panteón de héroes nacionales, vale la pena hacer una digresión sobre el caso de Manuel José Arce. El papel protagónico jugado por Arce, tanto en los movimientos independentistas como en la resistencia a la anexión a México, lo llamaba a ser uno de los principales patricios salvadoreños, especialmente entre el sector militar. Arce participó activamente en el pronunciamiento de 1811 y a causa de su participación en el levantamiento de 1814, estuvo preso hasta 1819. Después de la independencia tuvo a su cargo la resistencia militar a la anexión a México. Tropas guatemaltecas fueron enviadas para someter a los rebeldes, pero fueron derrotadas por fuerzas salvadoreñas – mejor dicho “sansalvadoreñas”- al mando de Arce. Ante el fracaso de los guatemaltecos se recurrió a tropas mexicanas comandadas por Filísola, las cuales después de fuertes combates lograron tomar San Salvador.

59La trayectoria política y militar de Arce le otorgaba atributos suficientes para ser una figura cimera en el panteón de héroes nacionales. Sin embargo, eso no fue posible debido a que cayó tempranamente en desgracia ante la historiografía liberal. Cuando el prócer se convirtió en Presidente de la Federación perdió, a los ojos de los liberales salvadoreños, todos los méritos que había acumulado en sus luchas por la emancipación y el lugar de honor que debió compartir con José Matías Delgado le fue negado.

60“Porque en este punto la vida de José Matías Delgado es la vida de San Salvador, el hombre y la ciudad llegan a ser una sola cosa. La gloria del uno es la gloria de la otra. Ved, pues aquí, como no bastaba ser independiente después de 1821; había que saber cómo íbamos a ser independientes; porque México quería un imperio54.”

61Quizá el enfrentamiento entre liberales y conservadores, agravado por la controversia de la diócesis de San Salvador sea una de las razones para que Arce no tuviera un lugar de mayor preponderancia hasta bien entrado el siglo XX. Sobre el segundo punto, vale señalar que este era un problema cuyas raíces eran bastante anteriores. Desde el siglo XVIII, cuando San Salvador expandió su economía, gracias al cultivo del añil, fue una aspiración local tener su propia diócesis independiente de Guatemala. En realidad, la necesidad de contar con una diócesis en San Salvador ya había sido percibida incluso por las autoridades eclesiásticas. El arzobispo de Guatemala, Pedro Cortés y Larraz, cuando visitó las parroquias de San Salvador en 1769 concluyó que el relajamiento moral que allí encontró, se debía en gran parte, a la poca supervisión que se ejercía. Larraz consideró que debía separarse la parroquia de San Salvador y crearse un obispado independiente. No obstante, su recomendación no prosperó.

62En 1812, el representante de San Salvador llevó a las Cortes una petición expresa. Dicho enviado señalaba los obstáculos que las distancias ponían para que el obispo guatemalteco visitara la provincia, la cantidad de fieles existentes y la capacidad económica que existía para sostener la nueva diócesis, y concluía pidiendo su erección55. Detrás de estas peticiones subyacían sentimientos de antagonismo y discriminación que habían venido desarrollándose a lo largo del tiempo. En San Salvador existía el convencimiento de que Guatemala se había valido de su condición de centro administrativo y comercial para sacar el mejor provecho del comercio del añil. Los conflictos entre productores y comerciantes fueron cosa corriente en las últimas décadas de dominio español. Los dirigentes de San Salvador consideraron que el estar sometidos al dominio directo de la arquidiócesis de Guatemala era una muestra más de discriminación hacia ellos, pues para esa época ya existían diócesis en áreas más pobres y menos importantes, como Honduras y Nicaragua.

63No debe extrañar que una vez lograda la independencia, San Salvador haciendo gala de su recién obtenida soberanía, erigiera por cuenta propia – y contra la voluntad del Arzobispo Casaus – dicho obispado. El 30 de marzo de 1822, la Asamblea provincial, presidida por Delgado creó la diócesis de San Salvador y nombró al mismo Delgado su primer obispo. Las autoridades salvadoreñas comunicaron su decisión directamente al papa para pedir su reconocimiento.

64El conflicto originado por la creación de la diócesis de San Salvador trascendió lo puramente religioso; tras él, la disputa ideológica llegó a ser muy importante. El Arzobispo Casaus, reconocido por su filiación conservadora, no estaba dispuesto a permitir que un clérigo de tendencias liberales se convirtiera en obispo de la nueva diócesis, y menos si este había pasado por sobre las normas de procedimiento de la iglesia. Por su parte Delgado, quien toda su vida se había preparado para tal cargo, tampoco estaba dispuesto a ceder ese puesto.

65La invasión mexicana motivada por la oposición de San Salvador y San Vicente a aceptar la anexión a México vino a complicar la situación. Solo después de ser obligados por la fuerza los líderes salvadoreños aceptaron la incorporación de la provincia al Imperio, mas aun en tan difícil situación incluyeron entre sus condiciones de capitulación que no quedarían sometidos bajo ningún concepto a Guatemala, y que se mantendría el obispado y a Delgado como su encargado56. Cuando las fuerzas mexicanas fueron retiradas del territorio centroamericano por la caída de Iturbide se procedió a formar, el 29 de junio de 1823 la Asamblea Nacional Constituyente. José Matías Delgado fue electo Presidente de la misma. Aunque no logró que la Asamblea se pronunciara a su favor en la cuestión del obispado esto no lo hizo desistir; el 5 de marzo de 1824 los salvadoreños instalaron su propia Asamblea Constituyente que ratificó la creación del obispado. La ceremonia de investidura tuvo lugar el 5 de mayo de 1824, pero Delgado no asumió el obispado hasta el 24 de abril de 1825, y una de sus primeras medidas fue ordenar la expulsión de 43 clérigos que se habían opuesto a su proyecto.

66Desde el momento en que Arce fue propuesto para la presidencia de la Federación el problema del obispado se hizo presente. El mismo manifiesta en sus memorias que tuvo una entrevista con un opositor a los proyectos salvadoreños, quien le dio a entender que el partido conservador estaba dispuesto a apoyarlo en la elección; solo temían que, una vez en el poder, Arce validara las actuaciones de Delgado. Arce contestó que tal decisión correspondía al Congreso y no al ejecutivo57. Las acciones posteriores de Arce, que no favorecieron las ambiciones de Delgado, dieron pie a la sospecha de que había transado con los conservadores, dando lugar a que Delgado y sus seguidores pusieran cada vez más obstáculos a su gestión como presidente de la federación.

67“Ante los ojos de Delgado, Arce cometió el peor de los pecados al volver la espalda al párroco en sus esfuerzos por conseguir el obispado. Lo que es peor aún, Arce alienó el elemento localista de su estado al consentir la discusión en el Congreso Federal de un asunto que ellos consideraban estrictamente salvadoreño58.”

68En realidad el Congreso Federal no se opuso a las aspiraciones salvadoreñas y las reconoció como válidas, pero no aprobó la forma como se procedió y declaró nulos los decretos de Asamblea salvadoreña. Tal resolución solo sirvió para avivar más los ánimos ya exaltados de los salvadoreños. El conflicto llegó a un nivel en el cual el localismo salvadoreño y el rechazo a las autoridades federales era evidente, y a lo mejor el problema de la diócesis se volvió un pretexto para hacer valer su antagonismo hacia Guatemala. Al final fue el Papa, quien en 1826, resolvió el problema, aclarando que estaba dispuesto a considerar las necesidades espirituales de los salvadoreños, siempre y cuando, fueran presentadas y solicitadas en la debida forma. Ante las pretensiones de Delgado, la postura del Papa fue enérgica. De persistir en su proyecto Delgado sería excomulgado y tenido por cismático. Sin embargo, no fue necesario llegar a tales extremos, pues este al recibir tal comunicación renunció inmediatamente al obispado y retomó sus labores como párroco de San Salvador59.

Hasta qué punto los intereses personales de Delgado fueron la causa del conflicto es cuestión aún no determinada. No obstante, resulta evidente que el resentimiento y la desconfianza de los salvadoreños hacia Guatemala y las encontradas posturas ideológicas de Casaus y Delgado contribuyeron a complicar más la situación. En todo este problema el gran perdedor fue Manuel José Arce. A partir de entonces su posición política en San Salvador se debilitó progresivamente, hasta llegar al punto de ser considerado un traidor a la causa liberal y colaborador de los conservadores. Acusaciones que fueron agravadas por sus acciones posteriores, marcadas por sus enfrentamientos con Morazán y la invasión que hizo al territorio salvadoreño.

69Con tales antecedentes hubiera sido ilógico que los liberales pensaran en Arce a la hora de construir la imagen de un héroe nacional. En la historiografía liberal salvadoreña, Arce aparece como uno de los principales protagonistas en las luchas independentistas y la resistencia a México, pero tales méritos son opacados por su gestión como Presidente de la Federación y su conducta posterior que lo llevó a un mayor acercamiento con los conservadores. Las acciones de Arce son censuradas, o en el mejor de los casos pasan desapercibidas. Rafael Reyes, al referirse a la muerte del prócer, acaecida en 1847, se limita a decir:

70“La memoria de Arce es digna de la gratitud pública por haber sido uno de los que más trabajaron y sufrieron por la independencia… Sirvió a su patria con desinterés; murió en la miseria, asistido apenas por dos o tres amigos; y la soledad, el olvido de sus contemporáneos y el silencio, fueron los funerales de quien había desempeñado las primeras funciones en la entonces naciente república centroamericana60.”

71En el ciclo de Conferencias Históricas de Propaganda Patriótica, Francisco Gutiérrez reconocía que los historiadores habían sido muy duros con Arce. “Debemos el pecado de haber dejado correr, como moneda de buena ley, las obscuras pinceladas con que han querido macular su brillante carrera la envidia y la calumnia61.” Carlos Urrutia dice que hacia 1924 existía en San Salvador un “jardincito ostentando un nombre demasiado grande para la importancia que ese sitio tiene… El prócer Manuel José Arce, por sus altas y singulares ejecutorias, por su largo calvario y por haber sido el primer Presidente Constitucional de los Estadios Unidos de Centro-América, a raíz de su constitución política, merecía algo más que un patio, o atrio de iglesia para irradiar su celebridad62.”

72Muy diferente fue la situación de Delgado y Morazán, a los que Arce enfrentó en varias ocasiones; estos fueron objeto de inmediato reconocimiento. Refiriéndose a la muerte de Delgado, Víctor Jerez, dice: “Jamás ha tenido El Salvador duelo más hondo y sincero… En blanco ataúd, simbólico recuerdo de su pureza de costumbres, entre lágrimas y sollozos y bajo una lluvia de flores, arrojadas al paso por manos de niños, fueron llevados aquellos despojos queridos a recibir cristiana sepultura63.” En el discurso pronunciado en sus honras fúnebres, el orador decía: “Su muerte á cubierto de luto á todos los libres y á numerosas familias. No debemos nosotros llorar tanto esta como nuestras desgracias, perdimos el baluarte de la libertad y el patriota que supo hacer sacrificios y arrostrar los riesgos por la independencia absoluta64.” Por su parte, la Asamblea, “autorizada intérprete del dolor nacional, acordó celebrarle honras fúnebres por espacio de diez años, colocar su retrato a perpetuidad en el Salón de sesiones y condecorarlo con el merecido título de Benemérito Padre de la Patria65”.
No obstante, si bien es cierto que Delgado gozó desde un primer momento del reconocimiento de los liberales, hay que considerar que él fue un religioso; promover su culto en las décadas de 1870 y 1880, caracterizadas por un fuerte enfrentamiento entre los liberales y la iglesia, pudo ser visto como algo arriesgado. Por otra parte, debe considerarse que, a los ojos de las masas, los héroes más atractivos son aquellos que tienen ejecutorias militares. Incitar el espíritu guerrero de los pueblos siempre es más fácil presentando ante ellos el ejemplo épico de sus antepasados. En este punto Delgado no era el mejor prospecto, sobre todo considerando la conflictiva trayectoria que El Salvador tuvo a lo largo del siglo XIX, que lo hizo involucrarse en frecuentes campañas militares, especialmente contra Guatemala y, por ende, realizar continuos reclutamientos entre su población.

73Lo que los líderes salvadoreños necesitaban era el ejemplo de un militar, y en este punto, ante la imposibilidad de recurrir a Arce, la mejor opción era Morazán. De esta forma, hasta finales del siglo XIX el paladín de los liberales salvadoreños siguió siendo Francisco Morazán. Además, en El Salvador se continuaba soñando con la reunificación centroamericana para lo cual reavivar la memoria de Morazán y sus ideales era muy útil. Sin embargo, cuando se quiso tener un héroe “más nacional” el caudillo unionista fue desplazado por su discípulo Gerardo Barrios. Promover el culto a Barrios, de ningún modo implicaba renegar de la tradición unionista salvadoreña pues el ideal de la unión centroamericana es uno de los rasgos que más se han destacado de su pensamiento. Es decir, Barrios podía funcionar perfectamente como un héroe genuinamente nacional y como el heredero del ideal morazánico.

74No obstante, Barrios distaba mucho de ser el candidato ideal. En primer lugar, a finales del siglo XIX en El Salvador aún quedaban enemigos políticos del caudillo. Pero, quizá más importante era el hecho de que, en realidad, la gestión gubernamental de Barrios no se distinguió excesivamente por sus logros. Cuando mucho sus méritos podían magnificarse con relación a lo que pensó hacer o imaginó haber hecho. Pero las filas liberales no contaban con mejores prospectos. Las cadenas de traiciones y arreglos turbios que se dieron entre ellos no daban muchas posibilidades para construir una imagen heroica.

75Héctor Lindo en un interesante estudio señala que ninguno de los caudillos liberales de la segunda generación tenía los atributos para ser reconocido como héroe nacional y competir con Barrios. “Santiago González traicionó a Barrios y Zaldívar fue ministro del conservador Dueñas. Quizá, solo Francisco Menéndez se le acerca en la imaginación popular66.” Pero, Menéndez formó parte de las fuerzas de Justo Rufino Barrios que invadieron El Salvador en 1885, hecho que para algunos debió ser imperdonable. Carlos Ezeta tenía cierto carisma popular, pero traicionó a Menéndez y su gobierno ha sido caracterizado como tiránico, aunque lo cierto es que sus métodos para someter a los opositores no diferían mucho de los usados por otros presidentes salvadoreños, incluso en años recientes67. Además, en la medida en que los candidatos a “héroes” eran más contemporáneos, sus acciones —poco edificantes de por sí— estaban más presentes en la mente de sus adversarios y del pueblo en general, reduciendo las posibilidades de construir una imagen heroica que fuera fácilmente aceptable.

76Otro detalle que puede ayudar a explicar las dificultades que los liberales salvadoreños tuvieron para construir la imagen de un héroe nacional, es el hecho de que, a diferencia del caso de Costa Rica, en El Salvador los candidatos a héroes no fueron extraídos de los sectores populares, sino de las clases dominantes. Steven Palmer que hizo un estudio brillante y muy esclarecedor sobre la forma como se construyó el mito de Juan Santamaría, dice que este personaje “tiene una identidad que se limita a su vinculación con las clases populares. No tiene una vos que se pueda recuperar; es un miembro inarticulado de los oscuros rangos no diferenciados de las clases pasivas. No puede nunca hablar por sí mismo ni para su clase; sólo los intelectuales del Estado oligárquico pueden definirlo68.” Muy diferente era el caso de Barrios; debido a su papel protagónico en la política se había ganado encarnizados enemigos. Además de que su identidad era plenamente conocida y no podía atribuírsele un carácter popular, aunque es de reconocer que tuvo un carisma de caudillo que le valió para que su imagen impactara en el imaginario popular.

77Barrios no era hombre de ejecutorias inmaculadas, pero sus campañas militares, especialmente frente al “indio” Carrera, con todo y sus altibajos, se prestaban a exaltar el sentimiento patriótico del pueblo. La dura experiencia del sitio de San Salvador en cuya defensa participaron civiles, artesanos, universitarios y mujeres, todavía era muy recordada entre los habitantes de San Salvador a principios del siglo XX. Además, Barrios tuvo una muerte trágica, que con una cuidadosa reelaboración, pudo con el tiempo, convertirse en atractivo mito. En esta tarea colaboró mucho el historiador liberal Lorenzo Montúfar, buen amigo de Barrios, quien escribió un tétrico relato del fusilamiento del caudillo.

78“A las cuatro y media lo sacaron, no con una pequeña escolta como ellos dicen, porque tenían sobre las armas 1500 hombres… Se horroriza uno de lo que debe haber sufrido este hombre, yendo al panteón en la oscuridad de la noche, rodeado de enemigos, pasando por su barrio más querido, donde todos dormían e ignoraban lo que en aquellas horas sucedía… Llegando al lugar de la ejecución, abrazó al Obispo, a González y a su cuñado Ansaldi. Mandó a hacer alto a la tropa que ya le apuntaba y con voz llena de autoridad preguntó a González: “¿Está usted satisfecho?” En seguida le dio la mano. “!Juro ante Dios y los hombres que muero inocente!” Después sacó su pañuelo, enjugó con él su frente y entregándoselo a Ansaldi ”último recuerdo —exclamó— para mi pobre Adela”. Mandó a la escolta a dar dos pasos a retaguardia y ordenó que le apuntasen al pecho. Bien por la oscuridad o por la poca destreza la primera descarga no hizo más que quebrarle las piernas. El General afianzó su espalda contra la pared y aguardó de este modo dos descargas más que la tropa aterrorizada hizo sin mejor resultado. Un tiro de gracia acabó con la existencia de este grande hombre de El Salvador69.”

79Este trágico relato de Montúfar reúne valiosos elementos para reconstruir y mitificar la imagen de Barrios. En primer lugar deja en claro que su juicio y ejecución estuvieron rodeados por las sombras (de la ilegalidad y de la noche). Además, deja ver el sufrimiento del héroe ante la fatalidad de su destino “yendo al panteón, rodeado de enemigos, pasando por su barrio más querido” en donde sus partidarios, ignorantes del drama, no pudieron hacer nada por salvarlo. En sus últimos momentos, Barrios reprocha a González su traición, pero enseguida le da la mano en caballeresco gesto de perdón, gesto que concuerda con su posterior reafirmación de inocencia. En esta triste escena, Montúfar, tuvo el cuidado de incluir una imagen romántica. Barrios deja su pañuelo como recuerdo a su amada, mas pasado este momento que revela sus sentimientos más íntimos, reasume la realidad de su desgracia y, recuperando su garbo militar, manda a la escolta maniobrar y da la orden de fuego. Por último, viene la agonía, prolongada por tres descargas que no pudieron acabar con su vida, siendo necesario un tiro de gracia para cortar su existencia.

80Después Montúfar narra los hechos que se dieron tras el fusilamiento. “El pueblo que comenzaba a percibir algo, tras de la oscuridad con que Dueñas rodeó su venganza, empezaba a acudir al lugar de la escena. González había hecho llevar al cadáver a la Capilla del Calvario: la iglesia estaba rodeada de tropa, el pueblo se agrupaba prorrumpiendo en los insultos más atroces contra Dueñas y González… Al sacar el cadáver de la Capilla, algunos hombres se lanzaron sobre el cajón y arrancaron las cintas amarillas con que estaba adornado70.” Aquí Montúfar trata de demostrar que Barrios tenía mucho apoyo popular y que si se hubiera tratado de fusilarlo a plena luz del día sus partidarios lo hubieran impedido.

81Tomando como base esta narración otros historiadores liberales fueron agregando detalles cada vez más elaborados. Así, en 1913, José Dolores Gámez, escribiendo sobre el mismo tema del fusilamiento, afirmaba: “todo el barrio del Calvario se lanzó en masa al lugar de la ejecución, arrebató el cadáver y lo condujo en hombros al interior (de la capilla), clamando venganza y llorando a gritos”. A pesar de la violenta represión de los soldados, la muchedumbre “continuaba alrededor de aquellos despojos queridos, de los cuales recogía la sangre en algodones y pañuelos, para guardarlos cual reliquia venerada, al mismo tiempo que exigía que aquellos restos mortales fueran sepultados al pie del altar mayor de la iglesia de su barrio71.”

82Gámez introduce una variante muy interesante. El pueblo no solo protestó contra la ejecución, sino que guardó la sangre del héroe como reliquia. Por este rumbo, y con una significativa cuota aportada por la historiografía, siguió construyéndose el mito. No es de extrañar que en 1910, con motivo de la inauguración de la estatua ecuestre de Barrios, Salvador Turcios no dudara en “santificar” al caudillo.

83“Nuestra profunda admiración se trueca en un elevado culto por el glorioso paladín de las ideas salvadoras en el momento cuando es llevado a la presencia de sus Jueces, como un nuevo Cristo que predica la Unión y la Concordia de los hombres, para conseguir la ansiada resurrección de la Patria Grande, y con su palabra profética y viril los conmueve y los anonada, cuando exclama: «Mi sombra os perseguirá y el pueblo salvadoreño me vengará algún día».
El Sacrificio es el pedestal de los mártires. Barrios en el patíbulo, se transfiguró en un Santo del Calendario Nacional72.”

84Resulta curioso como en el transcurso de apenas seis décadas Barrios pasó de ser un enemigo de la religión, como fue considerado por el Obispo de San Salvador en 1860, a ser comparado con Cristo. Otro admirador de Barrios escribía los siguientes versos:

85“Por salvar a tu pueblo fuiste sacrificado,
Tú lo sabes, patricio, tú lo sabes mejor.
Me parece que veo tu cuerpo ensangrentado
Y pienso en la tragedia
De nuestro Redentor73.”

86Como muy bien lo plantea Héctor Lindo, una investigación que busque responder por qué Barrios llegó a ser una figura tan importante en la historia salvadoreña “diría más acerca del siglo XX que del XIX, más acerca de los admiradores que del admirado74.” Esta hipótesis se confirma al leer un escrito del Dr. J. Adalberto Bolaños, quien hablando a nombre de la Asociación Cafetalera de El Salvador, el 29 de agosto de 1955, decía refiriéndose a la obra de Barrios: “él empezó los cultivos de café y trajo de Costa Rica algunos agricultores experimentados que vinieran a extender ese cultivo en el país, de manera que con amplia visión se puede decir que fue el iniciador de un cambio en la situación económica del este país al darle impulso grande a la caficultura nacional75.”

87Atribuir a Barrios la introducción del café en el país y el desarrollo de su cultivo comercial ha llegado a ser uno de los mayores méritos atribuidos a su persona. Lindo ha demostrado que el desarrollo de la caficultura en el país fue un proceso paulatino y condicionado por diversas variantes, tales como, la evolución del mercado mundial, las rutas comerciales y la política local76. Debe agregarse que la mayoría de estas condicionantes estaban muy lejos de ser manejadas por la gestión de cualquier presidente salvadoreño. Sin embargo, el Dr. Bolaños no dudó en decir:

88“De manera, que nosotros, y al decir nosotros me refiero a la Junta de Gobierno de la Asociación Cafetalera de El Salvador y a la Compañía Salvadoreña de Café S. A., que representan en este momento el sentir de los cafetaleros hacia la memoria del gran Gerardo Barrios, rendimos en esta forma simbólica, por decirlo así, un homenaje a su memoria, puesto que Barrios merece ser un ejemplo para las generaciones presentes y futuras77.” Para los prósperos y satisfechos cafetaleros salvadoreños Barrios fácilmente podía ser el ejemplo de hombre de Estado, como luego lo sería en 1965 para los militares, al bautizar con su nombre la Escuela Militar. El mito ya se había consolidado, por ende, cualquier atributo adicional no sería cuestionado.

89 Antes de final de siglo Barrios no era todavía una figura cimera del panteón de héroes nacionales. La iniciativa de los obreros y artesanos en 1910 para levantar la estatua de Gerardo Barrios revela que estos se habían convertido en un sector de la sociedad impregnado de los ideales liberales y profundamente interesado en la promoción del ritual cívico. Es evidente que el General Figueroa apoyó esta iniciativa y quizá la aprovechó para aumentar su popularidad y distraer la atención del pueblo de las serias dificultades económicas y políticas que su gobierno enfrentaba. Una vez que se inauguró la estatua de Barrios su culto contó con el constante apoyo de los gobernantes. Además de que se constituyó una sociedad cuyo fin principal era la celebración del aniversario del caudillo.

90 Por otra parte, en la construcción del mito tuvo mucha importancia el hecho de que en las filas liberales no existían candidatos más idóneos (por lo menos desde el punto de vista de quienes podían decidir). Además en este proceso de selección tuvieron mucho que ver los historiadores liberales, como lo demuestra el caso del prócer de la independencia Manuel José Arce. De allí que en realidad el desempeño de Barrios como gobernante no haya sido fundamental para erigirlo en héroe nacional. Buena parte de lo que se ha señalado como sus grandes logros ha sido más bien producto de la imaginación de sus apologistas. Por último, en lo referente a la construcción de una identidad nacional salvadoreña, Barrios vino a ser un ejemplo de feliz combinación, en tanto que, llegado el caso, bien podría ser aprovechado para objetivos de tinte nacionalista, resaltando sus campañas militares contra el guatemalteco Carrera; o lo más seguro, presentarlo como el legítimo heredero del ideal morazánico, de lo cual, a juzgar por sus hechos, sí dio mayores pruebas.

Notas de pie de página

911 Esta es la feliz definición de nación propuesta por Benedict Anderson. Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y difusión del nacionalismo. (México, Fondo de Cultura Económica, 1993), pág. 23.

922 Una postura parecida, aplicada a nivel centroamericano, es adoptada por Víctor Hugo Acuña, apoyándose en Miroslav Hroch, Ernest Gellner y Eric J. Hobsbawm. Acuña, dice al respecto: “Bajo el programa liberal de construcción de la identidad nacional, crecientes grupos de personas llegaron a sentirse guatemaltecos, salvadoreños, hondureños, nicaragüenses y costarricenses. Dentro de las clases populares, los primeros en adoptar este tipo de definiciones de identidad fueron los obreros y los artesanos.” Víctor Hugo Acuña. Nación y clase obrera en Centroamérica durante la época liberal (1870-1930). En Iván Molina y Steven Palmer, (editores). El paso del cometa. (San José, Editorial Porvenir, 1ª edición, 1992), pág. 149. Véase, además: Miroslav Hroch. From national movement to the fully-fledged nation: The nation-building process in Europe. (New Left Review, N° 198, march-april, 1993), págs. 3-20; Idem. Social preconditions of national revival in Europe. (Cambridge University Press, 1985); Eric Hobsbawm. Naciones y nacionalismo desde 1780. (Barcelona, Editorial Crítica, 1991), pág. 20 y Ernest Gellner. Naciones y nacionalismo. (Madrid, Alianza Editorial, 1988). En Centroamérica el estudio pionero sobre la construcción de naciones y que abrió el tema a debate es el de Steven Palmer. A Liberal Discipline: Inventing nations in Guatemala and Costa Rica, 1870-1900. (Tesis doctoral inédita, Columbia University, 1990).

933 E. J. Hobsbawm. Inventando tradiciones. En: Historias, México, N° 19, octubre-marzo de 1988, págs. 3-15.

944 Eric J. Hobsbawm. Mass-producing traditions: Europe, 1870-1914. En: E. J. Hosbawm y Terence Ranger. (editores) The invention of tradition. (Cambrige University Press, 1989), pág. 271.

955 Juan Galdámez Armas. Hombres y cosas de Santa Ana. (Santa Ana, Tipografía Comercial, 2ª edición, 1955), pág. 27.

966 Manuel Vidal. Nociones de historia de Centroamérica. (San Salvador, Dirección General de Publicaciones, MINED, 7ª edición, 1966), pág. 261.

977 Rafael Reyes. Nociones de historia de El Salvador. (San Salvador, 3ª edición, 1920), pág. 170.

988 Gaceta del Salvador. 11 de septiembre de 1858. Tomado de: Miguel Angel García. Diccionario histórico-enciclopédico de la República de El Salvador. (San Salvador, Imprenta Nacional, 1954), Tomo 3, págs. 16-17.

99fn9.Gaceta de El Salvador, 18 de septiembre de 1858. Idem. pág. 21.

100fn10.Jorge Lardé y Larín. Himnología nacional de El Salvador. (San Salvador, Ministerio del Interior, 1954), págs. 11-17.

10111 Idem. pág. 32.

10212 Curiosamente el himno compuesto por Cañas y Aberle no tuvo un reconocimiento oficial hasta 1953, mediante un decreto de la Asamblea Legislativa, que a la vez, derogó los decretos de 1866 y 1891, que sancionaban los otros dos himnos nacionales.

10313 Función cívica de la independencia. Gaceta del Salvador, 18 de septiembre de 1858. Miguel Angel García. Op. Cit. Tomo 3, 1954, pág. 19.

10414 Diario Oficial, 2 de septiembre de 1880. Tomado de Miguel Angel García. Op. Cit. Tomo 3, 1958, pág. 10.

10515 La fiesta de Morazán. Diario Oficial, 14 de marzo de 1882, pág. 258. Barrios, en una carta dirigida al coronel M. P. Lasala, también habla de la profanación del sepulcro de Morazán por las fuerzas de Carrera. “El mismo día que ocuparon los chapines la plaza de San Salvador, profanaron el sepulcro de Morazán.” Emiliano Cortés. Biografía del Capitán General Gerardo Barrios. (San Salvador, Editorial Lea, 1965), pág. 197. Rafael Carrera negó la profanación y “aclaró” que fue un soldado quien arrancó las letras del mausoleo creyendo que eran de oro, por lo cual fue fusilado. El Constitucional, 23 de febrero de 1864, pág. 7.

10616 La fiesta cívica del 14 y 15 de los corrientes. Diario Oficial, 18 de marzo de 1882, pág. 271.

10717 Rafael Reyes. El monumento del General Morazán. En: Repertorio del Diario del Salvador, vol. XVII, N° 105, 15 de junio de 1910, pág. 4950. La estatua que representa a El Salvador es la única que lleva vestido militar, una armadura protege su pecho. La de Costa Rica fue colocada al lado opuesto de la salvadoreña. Reyes la describe “inclinada, pensativa y en ademán de duelo”. Obviamente, esa actitud era debida al hecho de que Morazán fue fusilado en Costa Rica.

10818 Diario Oficial, 18 de marzo de 1882, pág. 272. El énfasis es del original.

10919 Diario Oficial, 21 de marzo de 1882, pág. 285. Aberle, de origen italiano, fue también el autor de la música del actual himno nacional.

11020 Véase: Ernest Gellner. Op. Cit, pág. 19.; y E. J. Hobsbawm. Naciones y nacionalismo… Op. Cit., pág. 18.

11121 Diario Oficial, 18 de marzo de 1882, pág. 271. Los liberales, generalmente, se referían a Centro América como la “nacionalidad” o la “nación”, usando “Estado” para referirse a las entidades políticas que formaron la Federación. Véase: Víctor Hugo Acuña. Historia del vocabulario político en Costa Rica: estado, república, nación y democracia (1821-1949). En: Arturo Taracena y Jean Piel (compiladores). Identidades nacionales y Estado moderno en Centroamérica. (San José, FLACSO, Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1ª edición, 1995), págs. 64-65.

11222 Discurso pronunciado en el Cementerio General de San Salvador por el doctor Antonio Guevara Valdés, en virtud de comisión del ciudadano Presidente de la República, en el acto de la solemne inhumación de las cenizas benemérito General Francisco Morazán. Diario Oficial, 21 de marzo de 1882, pág. 286. Juicios similares expresaba Gerardo Barrios en una carta dirigida al presidente de Honduras, general Santos Guardiola y fechada el 22 de septiembre de 1860. “Yo sé que como están ahora las Repúblicas de Centro América, están mal, porque no tienen medios de subsistencia segura y digna; dígolo de una vez, son parodias de nación y sus gobiernos son parodias. Tengo derecho para decirlo, porque soy al presente Jefe de un Estado y he andado medio mundo tanto por Europa como por América, y sé muy bien lo que es Nación y Gobierno; por tanto, creo que somos el ridículo personificado ante aquellos seres políticos que ocupan el globo.” En José Dolores Gámez. Gerardo Barrios ante la posteridad. (San Salvador, Ministerio de Educación, Dirección General de Publicaciones, 3ª edición, 1966), pág. 26. El énfasis es mío.

11323 Sección editorial. 15 de septiembre de 1821. Diario Oficial, 15 de septiembre de 1888, pág. 1151.

11424 Ernest Renan. Qué es una nación? Cartas a Strauss. [1882] (Alianza Editorial, Madrid, 1987), pág. 66.

11525 Véase: E. J. Hosbawm. Mass-producing traditions… Op. Cit, págs. 263-307.

11626 Discurso pronunciado en el Cementerio por el Licenciado don Manuel Herrera, el día 14 de los corrientes, en el acto de la inhumación de los restos mortales del General don Gerardo Barrios. Diario Oficial, 22 de marzo de 1882, pág. 293.

11727 Honras fúnebres. Diario Oficial, 29 de agosto de 1887, pág. 1058.

11828 Idem. pág. 1059. El énfasis es mío. Urrutia señala que en 1893, el General Ezeta dio un decreto que mandaba construir un monumento a Barrios en la Plaza de Armas o en el Campo de Marte. Sin embargo, esa iniciativa no prosperó. Carlos Urrutia. La ciudad de San Salvador. (San Salvador, Imprenta Nacional, 1ª edición,1924), pág. 102.

11929 Noticia importante. Después de ocho años de ausencia ha vuelto á la patria la ilustre viuda del mártir del 29 de Agosto. Archivo General de la Nación, Colección Impresos, Tomo 11, documento 28. La hoja era firmada por “Un Calvareño”.

12030 El parque Gerardo Barrios. Diario del Salvador, 22 de agosto de 1900, pág. 3.

12131 Mañana ante la tumba de Gerardo Barrios. Diario del Salvador, 28 de agosto de 1902, pág. 2.

12232 Gremio de Artesanos. Diario del Salvador, 3 de septiembre de 1910, pág. 4. Mancía Varela también fue miembro del “Comité Central General Francisco Menéndez” fundado en mayo de 1911 en el seno de Sociedad de Artesanos La Concordia con el fin de construir un monumento a la memoria del General Menéndez. Al final y ante la imposibilidad de realizar tal obra, el comité fue disuelto en 1919. Ver: Reglamento del Comité Central “Gral. Francisco Menéndez”, Diario Oficial, 28 de febrero de 1912, pág. 389; y Disolución de un comité. Excitativa a la sociedad La Concordia. Diario del Salvador, 16 de diciembre de 1919, pág. 2. El Libro Azul ofrece la siguiente semblanza de Varela: “Todas las buenas causas han encontrado siempre eco simpático en el espíritu de este popularísimo y modesto obrero… Su educación en el efecto de una evolución gradual, lenta e inspirada en el deseo de mejoramiento.” L. A. Ward (editor) Libro Azul, (San Salvador, Bureau de Publicidad de la América Latina, 1917), pág. 278.

12333 Documento para la historia. Acta del Comité Central Gerardo Barrios. Diario del Salvador, 30 de agosto de 1910, pág. 1. El monumento costó 30,000 pesos plata, de los cuales el gobierno salvadoreño aportó más de la mitad. Carlos Urrutia. Op. Cit, pág. 102.

12434 Fiestas de inauguración del monumento en el Parque Bolívar. Diario del Salvador, 30 de agosto de 1910, pág. 1.

12535 Diario del Salvador, 30 de agosto de 1910, pág. 1.

12636 Recuerdos de los heroicos tiempos de Gerardo Barrios. El General Figueroa en el sitio de San Salvador. Diario del Salvador, 30 de agosto de 1910, pág. 1. Cortés afirma que ese relato fue escrito por David J. Guzmán y publicado en “La República” en 1885. Emiliano Cortés. Op. Cit. págs. 185-189.

12737 Chasteen deja ver otras posibilidades al respecto. Estas celebraciones pudieron ser una cortina de humo para distraer la atención de la ciudadanía de los graves problemas que enfrentaba la administración pública bajo el gobierno de Figueroa, caracterizado por sus altos niveles de corrupción. Véase: John C. Chasteen. “Manuel Enrique Araujo and the failure of reform in El Salador, 1911-1913”. En: Southeastern Latin Americanist. Vol. XXVII, N° 2, septiembre de 1984, págs. 2-3.

12838 Carlos Urrutia. Op. Cit, pág. 101.

12939 Fiestas de inauguración del monumento en el parque Bolívar. Diario del Salvador, 30 de agosto de 1910, pág. 1.

13040 La apoteosis de Gerardo Barrios. Diario del Salvador, 30 de agosto de 1910, pág. 1.

13141 La inauguración de la estatua de Barrios. Programa de festejos. Diario del Salvador, 20 de agosto de 1910, pág. 1.

13242 Fiesta de la independencia. Ovación del 14. Diario del Salvador, 16 de septiembre de 1910, pág. 1.

13343 El aniversario de ayer. Cómo lo celebró la Sociedad Cooperativa 29 de Agosto. Diario del Salvador, 30 de agosto de 1911, pág. 1.

13444 Nuevos estatutos de la Sociedad Cooperativa “Gerardo Barrios 29 de Agosto”. Diario Oficial, 4 de diciembre de 1922, pág. 2033. Asimismo se establecía que la Directiva de la Sociedad tomaría posesión de su cargo el 29 de Agosto y que los Presidentes de las cinco Repúblicas de Centroamérica eran considerados socios honorarios.

13545 Nota editorial. Gerardo Barrios. Organo de la Sociedad Cooperativa “Gerardo Barrios 29 de agosto”, año XIX, 29 de agosto de 1929, pág. 1.

13646 Pluma obrera. El Capitán General Gerardo Barrios y el 29 de agosto del 65. En: Gerardo Barrios, año XIX, 29 de agosto de 1929, pág. 25. La validez de estas afirmaciones se comprueba en el hecho de que aún en la actualidad la Sociedad de Artesanos “La Concordia”, sigue participando activamente en los homenajes a Barrios; y aunque fue fundada en 1872, bajo la administración de Santiago González, sus miembros prefieren afirmar que la sociedad fue fundada por Barrios en 1860.

13747 Discurso pronunciado por el doctor Rubén Rivera, ante la estatua ecuestre del Capitán General Gerardo Barrios, en el 58° aniversario de su muerte. Gerardo Barrios, año XX, 29 de agosto de 1930, pág. 48.

13848 Thomas Benjamin. La revolución hecha monumento. En: Historia y Grafía, UIA, México, Nº 6, 1996, pág. 114.

13949 Discurso pronunciado por don Alfonso Rodríguez Chacón, en el Cementerio General, el 29 de agosto del año en curso. Gerardo Barrios, año XIX, 29 de agosto de 1929, pág. 27.

14050 Arturo Ambrogi. La muerte del rey moro. En: El jetón y otros cuentos. (San Salvador, UCA editores, 4ª edición, 1976), pág. 89. La primera edición de esta obra se hizo en 1936.

14151 Idem. pág. 89. El mote de pavo real era uno de los calificativos que los opositores de Barrios usaban en su contra. Los periódicos opositores solían publicar versos en los cuales se ridiculizaba a Barrios comparándolo con dicha ave por sus poses vanidosas. Véase Italo López Vallecillos. Gerardo Barrios y su tiempo. Tomo II. (San Salvador, Ministerio de Educación, 1ª edición, 1967), pág. 219.

14252 Fiesta en la Sociedad Fraternidad de Obreros. Diario del Salvador,28 de junio de 1927, pág. 3.

14353 Manuel Castro Ramírez. Conferencias histórico-patrióticas. En: Estudios Históricos. (San Salvador, Biblioteca Universitaria, 1941) pág. 126.

144fn54.Francisco Gavidia. Historia moderna de El Salvador. (San Salvador, Ministerio de Cultura, 2ª edición, 1958), pág. 117.

14555 El texto completo de esa petición se encuentra en: Francisco Gavidia. Idem, págs. 235-237.

14656 Mauricio Domínguez. El obispado de San Salvador: Foco de desavenencia político-religiosa. En Anuario de estudios centroamericanos. N° 1, 1974, pág. 97. En un estudio más reciente, el historiador mexicano Mario Vázquez señala que las condiciones para aceptar la incorporación citadas por Domínguez fueron planteadas antes de la derrota militar, pero que cuando se hizo la rendición en Gualcince lo único que se negoció fue la entrega de las armas y ciertas consideraciones para los rebeldes. Mario Rafael Vázquez. La división auxiliar del Reyno de Goatemala. Intereses mexicanos en Centroamérica; 1823-1824. Tesis de Maestría en Historia, Universidad Autónoma de México, 1997, págs. 116-122.

Manuel José Arce. Memorias. (San Salvador, Editorial Ahora, 1947), pág. 20. Mauricio Domínguez, Op. Cit, pág. 105. El texto completo de los escritos enviados por el Papa al Jefe de Estado Juan Villacorta y a José Matías Delgado aparece en: Italo López Vallecillos. El periodismo en El Salvador. (San Salvador, UCA Editores, 2ª edición, 1987), págs. 70-71. Rafael Reyes. Nociones de Historia de El Salvador. (San Salvador, Imprenta Rafael Reyes, 3ª edición, 1920), pág. 145. Francisco Gutiérrez. Elogio histórico del Manuel José Arce. En Estudios Históricos. Op. Cit. pág. 169. Carlos Urrutia. Op. Cit, pág. 88. Víctor Jerez. José Matías Delgado. En: Estudios Históricos, Op. Cit. pág. 209. Discurso pronunciado en las honras fúnebres del Benemérito Patriota Doctor José Matías Delgado el 22 de noviembre de 1832. Biblioteca “Florentino Idoate”, Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”, Colecciones especiales. Documento manuscrito MS-114. Victor Jerez. Op. Cit, pág. 209. Reyes también destaca los homenajes prodigados a Delgado. Véase: Rafael Reyes. Op. Cit, pág. 74. Héctor Lindo. Los límites del poder en la era de Barrios. En: Arturo Taracena y Jean Piel (compiladores). Identidades nacionales y Estado moderno en Centroamérica. Op. Cit, pág. 93. En esta lista se debe agregar al General Tomás Regalado, un carismático y popular militar, quizá el último caudillo salvadoreño, cuya temprana muerte lo privó de un mayor protagonismo político “Este personaje ha sido uno de los que más ha imantado la imaginación del pueblo salvadoreño.” Luis Gallegos Valdés. Op. Cit, pág. 199. Una interesante biografía de Regalado fue escrita por Manuel Andino. Tomás Regalado. Notas y documentos para un ensayo sobre el caudillo. Tomo I. (San Salvador, Tipografía Comercial, 1940). Steven Palmer. Sociedad anónima, cultura oficial: Inventando la nación en Costa Rica, 1848-1900. En: Iván Molina y Steven Palmer (editores). Héroes al gusto y libros de moda (1750-1900). (San José, Editorial Porvenir, 1ª edición, 1992), pág. 191. Reproducido en: Emiliano Cortés. Op. Cit. págs. 223-224. Idem. Pág. 24. Este relato fue reproducido en “Gerardo Barrios”. Organo de la Sociedad cooperativa “Gerardo Barrios 29 de agosto”. N° XX, 29 de agosto de 1930, pág. 62. En esta publicación anual se pueden encontrar variadas colaboraciones de admiradores de Barrios, tales como discursos y poemas en su honor, anécdotas y reproducciones de obras históricas, algunas de ellas con evidentes agregados posteriores que invariablemente ensalzan al caudillo. Salvador Turcios. Alrededor del héroe nacional Capitán General Gerardo Barrios. En: Homenaje tributado a la memoria del héroe Capitán General Gerardo Barrios, en el 63 aniversario de muerte. Sociedad Cooperativa “Gerardo Barrios 29 de Agosto”. pág. 33. Rafael García. Gerardo Barrios. Idem. págs. 22-23. Héctor Lindo. Los límites del poder… Op. Cit, pág. 93. La luminosa y múltiple personalidad del General Barrios. En: Emiliano Cortés. Op. Cit., págs. 120-121. Véase: Héctor Lindo. Weak foundations. The economy of El Salvador in the nineteenth century. (University of California Press, 1ª edición, 1990); y La introducción del café en El Salvador. En Héctor Pérez Brignoli y Mario Samper. (editores) Tierra, café y sociedad. (San José, FLACSO, 1ª edición, 1994). Emiliano Cortés. Op. Cit, pág. 121.

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184Ward, L. A. (editor) Libro Azul. San Salvador, Bureau de Publicidad de la América Latina, 1917.

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Para citar este artículo :

Carlos Gregorio López Bernal, « Inventando tradiciones y heroes nacionales: El Salvador (1858-1930) », Boletín AFEHC N°19, publicado el 04 abril 2006, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=373

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