Erreur. problème dans l'exécution de la requête : INSERT INTO _logbots (IP, useragent, action) VALUES ('54.162.91.86', 'CCBot/2.0 (http://commoncrawl.org/faq/)', 'lectureFiche')
Erreur. MySQL proteste : Duplicata du champ 'CCBot/2.0 (http://commoncrawl.org/faq/)-lectureFiche' pour la clef 'agentAction'
AFEHC : articulos : La importancia histórica de la literatura de viaje en Centroamérica: del período colonial al período republicano : La importancia histórica de la literatura de viaje en Centroamérica: del período colonial al período republicano

Ficha n° 3774

Creada: 03 octubre 2014
Editada: 03 octubre 2014
Modificada: 07 octubre 2014

Estadísticas de visitas

Total de visitas hoy : 0
Total de visitas : 1799

Autor de la ficha:

Juan Carlos SOLÓRZANO

Editor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

Publicado en:

ISSN 1954-3891

La importancia histórica de la literatura de viaje en Centroamérica: del período colonial al período republicano

Este artículo analiza algunos de los narradores viajeros en Centroamérica durante el período colonial e inicios de la era republicana. Partimos del punto de vista epistemológico de que es posible obtener información fidedigna de los relatos de viaje. No negamos la influencia cultural e ideológica que permeó la visión de estas narraciones, especialmente lo enfatizamos con el análisis de escritores del siglo XVI, empezando con el propio Cristóbal Colón con su Carta del Almirante a los Reyes Católicos y concluyendo con el estudio del milanés Girolamo Benzoni, Historia del Mondo Nuovo. Posteriormente se estudian los viajeros ingleses Thomas Gage del siglo XVII y John Cockburn del siglo XVIII. El artículo concluye con los análisis de la visión de viajeros del siglo XIX y la manera en que éstos han sido visualizados recientemente por las corrientes de interpretación pos-colonial, postura a la que criticamos resaltando más bien el aspecto rescatable para la historiografía de las narraciones de viaje.
1121
Palabras claves :
Literatura de viaje, Epistemología, Semiótica
Autor(es):
Juan Carlos Solórzano F.
Texto íntegral:

1

Introducción

2En tiempos recientes el relato de viaje ha atraído la atención de los teóricos del constructivismo social, un enfoque derivado del relativismo cultural postmoderno y de la crítica literaria resultante de la semiótica. El constructivismo social ha buscado cuestionar y erigirse en alternativa de interpretación a los enfoques históricos más clásicos y que son denominados peyorativamente la vieja escuela.

3Para el estudioso tradicional, las narraciones de viaje han sido valiosas fuentes en el conocimiento del pasado. A manera de las fotografías o las pinturas de época, han sido consideradas como fuentes de información de un testigo presencial que da cuenta de acontecimientos, usos, objetos y otras muchas particularidades de una sociedad en un determinado instante: el momento en que son descritas por el narrador visitante. Debido a esta particularidad, han constituido un enriquecedor complemento de la información documental, la materia prima del historiador.

4Por el contrario, la óptica del constructivismo social al abordar textos de carácter histórico lo hace desde su postulado más ortodoxo, este es que el conocimiento es, de manera inexorable, algo socialmente construido. Por tanto, ha llevado a situar el énfasis no en la narración en sí, sino en el viajero narrador y en cómo este es irremediablemente prisionero de su sesgada visión de las cosas que observa.

5El conocimiento construido socialmente sería pues toda información de carácter científico o no, aportada por un individuo o grupo, conocimiento que, según esta visión, es por definición “sospechoso” puesto que ha sido en realidad “fabricado por una sociedad, por un grupo de personas organizadas de una manera concreta y dotadas de un conjunto de valores, intereses y necesidades determinados1” . Esto equivale a equiparar epistemológicamente el hecho a la creencia, un procedimiento de dudosa solidez que ha arrojado muchísima confusión, a veces malintencionada, en el quehacer histórico y en el uso de las fuentes, y específicamente en el caso de los textos de viajeros, que es el que nos ocupa en esta presentación.

6Una de las consecuencias más reprochables de este embate de los teóricos constructivistas es que la Semiótica, una práctica ajena a la Historia, es la que ha venido a dictar los postulados del trabajo del historiador, socavando los métodos rigurosos seguidos tradicionalmente en el estudio del pasado.

7El enfoque constructivista ha llevado a la desautorización de los textos de viaje per se, y sus autores y su época son sometidos a un severo escrutinio semiótico, sociocultural y personal a fin desentrañar los verdaderos “designios ocultos” en su relato. Y como ningún viajero estará libre de culpa porque es humano a fin de cuentas, relato y autor deberán ser acusados y procesados antes de ser leídos. Importa pues abordar de entrada la narración con el objetivo de “desenmascarar” lo que se denomina “la representación distorsionada por la perspectiva etnocéntrica” de quien escribe y sentar estos textos en el banquillo de los acusados.

8Así pues, dentro de la óptica del constructivismo social, el relato de viaje, constituye “la representación distorsionada” de un individuo etnocéntrico cuya mente está construida socialmente y quien es por definición carente de una visión objetiva o personal. Es poco lo que nos aportarían sus testimonios sobre la realidad de una región, sus habitantes, su entorno natural o los hechos históricos a que pueda hacer referencia.

9Llegados a este punto, es importante recordar aquí que la visión clásica del quehacer histórico nunca ha negado la posibilidad de que un individuo o un grupo en busca de conocimiento sean portadores de determinados valores políticos y sociales y que estos puedan influir de alguna manera en la forma en que investigan, describen o interpretan su objeto de estudio o narrar algo que observan. Esto nos llevaría a su vez a preguntarnos sobre cómo los teóricos del constructivismo social resuelven el punto de que sus investigadores sí están capacitados para transmitir un conocimiento veraz y no sesgado al analizar los textos de viajeros, sus autores y sus intenciones. Se deduce que estos teóricos, herederos de ciertas corrientes filosóficas francesas y del relativismo, dan por sentado que, no es sino gracias al advenimiento del constructivismo social como teoría que se logra liberar al historiador de los gruesos y pesados anteojos que lo había cegado fatalmente hasta ahora. Es decir, hay un antes y un después, y “del pasado hagamos tabla rasa”, pero epistemológicamente esta reivindicación no pasa de ser una creencia, similar a la de creer a pie juntillas que los viajeros solo reportaron estrictamente la verdad objetiva sin ningún juicio de valor en sus relatos.

10Para no adentrarnos en una discusión epistemológica sobre cómo el ser humano percibe la realidad y de cómo a partir de dicho gesto se avanza hacia el conocimiento científico, baste citar aquí la aseveración que hace Paul Boghossian sobre cómo, al interesarnos sobre un hecho, suceso u objeto de estudio o de observación,

11“disponemos de un amplio abanico de técnicas y métodos –la observación, la lógica, las inferencias, para alcanzar la mejor explicación posible, etc., en contraste con la lectura de las hojas de té o la observación de una bola de cristal– a los que consideramos formas legítimas de formarnos creencias racionales sobre un tema en cuestión2”.

12La ciencia histórica a pesar de utilizar la riqueza del relato de viajeros como fuente de información reconoce por su método mismo que las narraciones de viaje se encuentran, en mayor o en menor medida, permeadas por apreciaciones subjetivas del narrador, o incluso su estado anímico o por la duración de su estadía en la región que describe. La gran diferencia con los constructivistas sociales es que estos alardean que tal distorsión es omnipresente hasta en los más mínimos detalles de un relato, invalidándolo. Dentro de su óptica, este “descubrimiento” da lugar a una conmoción epistemológica en el conocimiento del pasado. La perversa distorsión del viajero narrador pasaría a ser la premisa básica sobre la que descansa el constructivismo social en el análisis de los textos de viaje, un filtro mágico que revelará por fin la verdad histórica oculta. La gran paradoja sería que detrás de esta moda interpretativa subyace también un paradigma cultural y político que la sustenta. Así pues, si queremos beber un poco de estos postulados, estas interpretaciones, a medio camino entre la semiótica y la filosofía, así como sus autores, deberían ser igualmente puestos bajo escrutinio, muy parecido al que someten sin piedad a los viajeros narradores.

Patrones culturales comunes en las narraciones de viaje durante el período colonial y el siglo XIX

13Sin duda, la literatura de viaje evoluciona con los cambios y actitudes culturales de las diferentes épocas.

14Beatriz Colombi se interroga en Viaje intelectual. Migraciones y desplazamientos en América Latina (1880-1915): ¿De qué hablamos cuando se habla de literatura de viajes3? Y afirma: “no se trata tan sólo de un antiquísimo género literario o discursivo, de un copioso imaginario privilegiado y alimentado por la ficción o de una práctica ligada a la ciencia y a la expansión territorial de Occidente. Su alcance encubre un universo al que sólo podemos aludir como cultura: la cultura del viaje, cuyo estudio admite un haz de perspectivas heterogéneas4”.

15A comienzos de la Edad Moderna, el relato de viajes oscila entre lo verosímil y lo imaginario, entre la impostura y la verdad. Por ello, durante los siglos XVI y XVII, los relatos de viajeros fueron muchas veces concebidos como fantasiosos, pues muchas narraciones de viajes por el Nuevo Mundo estaban poblados de monstruos, rarezas y maravillas, como lo afirma el investigador chileno Pablo Castro Hernández5. Sin duda tales narraciones dan cuenta de realidades culturales y comportamientos observados en los pueblos de las nuevas tierras visitadas. No obstante, dichas imágenes y descripciones reflejaban muchas veces conscientemente el deseo de maravillar y atraer al lector, ávido de imágenes de nativos bárbaros y salvajes en un mundo asombroso y exótico.

16El lector del siglo XVI y comienzos del XVII estaba acostumbrado a las novelas de caballería, de gran popularidad en los inicios del desarrollo de la imprenta. Por ello, muchas narraciones de esos años, en su mayor parte descripciones de viajes principalmente en las costas, conscientemente introducían la hipérbole o exageración. Sin embargo, ya entonces no todas las narraciones tenían esa característica pues el propio Renacimiento dio lugar a la necesidad de un relato más racional, conforme la sociedad apuesta por el conocimiento científico. Precisamente, en 1605, la publicación de Don Quijote de la Mancha, que procura desmitificar la tradición caballeresca y cortés medieval, abre el camino al surgimiento de la novela moderna e influye a su vez los relatos de viaje que buscan ahora, no tanto maravillar y entretener, sino informar.

17Es así como, ya desde el siglo XVII, el racionalismo y el empirismo permean la literatura de viaje modificando los objetivos de la narración misma. Si bien las aventuras contadas por los viajeros siguen proveyendo al lector de novedades al describir lugares inhóspitos, faunas desconocidas, habitantes extraños y hábitos y modos de vida diferentes, lo novedoso prevalece, y lo maravilloso-fantasioso pierde su importancia. Es la difusión de conocimientos sobre tierras lejanas y poco conocidas, más la combinación de la aventura y sorpresa de un viaje lo que predomina como la norma común de este género literario: los episodios de conquista y colonización europea, los viajes científicos por tierras incógnitas, las formas diferentes de vida de las poblaciones locales y toda clase de curiosidad para el europeo de la época. Así, nace la literatura de viaje moderna combinando la entretención de la narración de viaje con el conocimiento del mundo conocido.

18Es, sin embargo, en el transcurso de la primera mitad del siglo XIX, que la literatura de viaje experimenta un auge significativo en Europa y en los Estados Unidos, especialmente por medio de cartas publicadas en periódicos y revistas. Respondían a la demanda del público por conocer la “nueva” Hispanoamérica. Este territorio acababa de obtener su independencia de España y quedaba abierta a los viajeros extranjeros, quienes antes no podían ingresar en los dominios coloniales de la España Imperial.

19 Precediendo a todos los viajeros del siglo XIX el alemán Alexander von Humboldt, acompañado por el francés Aimé Bonpland, recorrió por cinco años, entre 1799 y 1804, el territorio americano, principalmente las colonias españolas que tanto interés despertaban en el público europeo. Los libros de Humboldt, quien se consagró después de su viaje a escribirlos, superaron los treinta volúmenes de tratados científicos y políticos, clasificaciones, inventarios y especulación filosófica y cultural entreverada con relatos de sus aventuras. Esos escritos inauguraron de algún modo el pensamiento moderno sobre América Latina y son un testimonio sin par de la situación de los territorios por él visitados a comienzos del siglo XIX.

20 La obra de von Humboldt, según Walther L Bernecker, constituye tanto un relato de viaje como una obra científica, por lo que considera que su voluminoso trabajo pertenece a una categoría sui-géneris y que presagia las tendencias que predominarán durante todo el siglo XIX. Su originalidad literaria radica en reunir dos variantes narrativas: el relato descriptivo de viaje y recopilación de datos científicos6.

21En los primeros cincuenta años posteriores a la Independencia, abundan las observaciones e impresiones de autores que habían realizado viajes relativamente cortos, comparados con el lustro que permanecieron Humboldt y Bonpland en el continente americano. En cambio, para el último tercio del siglo XIX predomina el estudio científico y la recopilación de datos sobre análisis estadísticos, geografía comercial y transporte, geología y ciencias agrícolas.

22No todos los escritos son valiosos como fuente histórica, ya que algunos sólo reflejan mayoritariamente las impresiones subjetivas del autor. Pero muchos otros pueden ser considerados como una imagen detallada de la situación socio-política en Centroamérica independiente de la primera mitad del siglo XIX.

23La fase más significativa en los relatos de viajeros europeos y estadounidenses es la primera mitad del siglo XIX, es decir la época comprendida entre la apertura del continente para visitantes extranjeros hasta el uso de buques de vapor y ferrocarriles. A partir de entonces, los viajes al mundo poco conocido de América Latina se tornaron más frecuentes y las informaciones más numerosas y fiables.

24Mucho de lo que hoy sabemos de la variedad y diferencia de la flora y fauna, de los habitantes de la región y sus costumbres, de la economía y estructura social y política, procede de los viajeros. Con el desarrollo de nuevas disciplinas científicas a mediados del siglo XIX, como por ejemplo la etnología o la antropología, las observaciones y publicaciones de los viajeros adquirieron una función e importancia diferentes. También geógrafos, geólogos y científicos de la naturaleza publicaron sus estudios e impresiones, frecuentemente en series, en revistas de la época7. Estas textos son aportes para la formación de una visión cada vez más completa del mundo, aunque es indudable que muchos de estos relatos contenían, en mayor o menor medida informaciones erróneas y observaciones impregnadas de prejuicios euro y etnocentristas, hecho que no invalida todo aquello que es posible cotejar con otras fuentes. Además no podemos desconocer que existe una realidad objetiva y que “muchos hechos sobre el mundo son independientes de nosotros y, por lo tanto, independientes de nuestros valores e intereses sociales8”.

25Por lo general, estas inexactitudes hacen referencia a la distancia civilizatoria entre el país de origen del narrador y el país visitado. A tal efecto comparaban la vestimenta europea, los utensilios, muebles, comportamientos, innovaciones técnicas. Pero un juicio de valor en una narración es siempre detectable por el lector que la aborda para recabar información. De especial interés resulta por ejemplo la descripción del cambio de costumbres o de formas de vestir cuando se comparan los relatos de distintos viajeros que visitaron los países en distintas décadas del siglo XIX9.

La narración de viaje en Occidente durante el siglo XVI: Colón, Oviedo, Las Casas y Girolamo Benzoni.

26Portugueses y españoles iniciaron la expansión marítima de los europeos en el Océano Atlántico durante el siglo XV. Los primeros llevaron a cabo las exploraciones marítimas de mayor importancia a lo largo de las costas occidentales de África. Con Vasco de Gama se alcanzan las costas de la India en 1498 y el Brasil en 1500. Las exploraciones marítimas españolas dan inicio con Cristóbal Colón, avezado navegante que había participado en múltiples viajes con genoveses y portugueses10.

27Los viajes marítimos de “la época de los descubrimientos”, como es usualmente conocida, produjeron un cambio notable en los terrenos culturales y tecnológicos, logrando desmitificar y corregir muchos de los errores características de la Edad Media. En tal sentido Cristóbal Colón era un individuo que presagiaba al hombre moderno: cuestiona e investiga los conocimientos que posee y se vale de ellos con un sentido práctico, con la finalidad de llevar a cabo su proyecto y simultáneamente realizar negocios.

28Con sus Diario de a bordo11, nace la narración de viaje moderna. Sin embargo, como lo señala el profesor Oscar de la Cruz Palma, aunque sus conocimientos son utilizados con una concepción moderna, es decir con sentido práctico, es decir, puestos al servicio de su expedición, no por ello escapa de una interpretación de la realidad de acuerdo a ideas propias del pasado medieval12. Así, el conocimiento de las cosas nuevas que trasmite Colón, gracias al objetivo práctico de su viaje, está impregnado de elementos míticos o erróneos que no son sino el resultado de una mezcla de la observación acuciosa y útil renacentista con la tradición fantasiosa medieval, un reflejo de la mente del no tan instruido navegante. Como afirma de la Cruz Palma, si la época de los descubrimientos significó un gran avance intelectual, los viejos prejuicios y visiones míticas no habían desaparecido.

29En el caso concreto de Colón, estamos en presencia de un hombre que en el aspecto cultural y religioso tiene una mentalidad medieval en la que prevalece la imaginación fantasiosa, la credulidad y la ignorancia, a lo que se une, en palabras de Luis Arranz, “el mecanismo profético que lo embarga”, lo que le lleva a sentirse autorizado a disputar con sabios, filósofos, contradecir a los astrónomos y geógrafos, a completar las enseñanzas de sacros teólogos. Es así como precisamente lo considera Pérez de Tudela, quien afirma que todas sus acciones, ideas y proyectos están imbuidas de la trascendencia de sentirse siervo elegido por la Providencia para cumplir su misión13.

30La impronta medieval en el pensamiento de Cristóbal Colón se encuentra también presente en el relato de su cuarto viaje, que se encuentra en la llamada Carta del Almirante a los Reyes Católicos14. Constituye ésta la primera narración de viaje realizada por un europeo por las costas del Caribe de Centroamérica y data del año de 1503. Menciona las terribles condiciones de navegación que enfrenta en lo que hoy día es la costa de Honduras y Nicaragua, probablemente consecuencia de un huracán, así como de su arribo a Cariari, en la isla que denomina La Huerta, hoy isla Quiribrí o Uvita, frente al actual Puerto Limón en Costa Rica.

31Pero, si esta información se puede considerar fidedigna y sus observaciones apegadas a la realidad al confrontarla con el relato de su hijo Hernando15, otras partes de la narración son claramente fantasiosas, en los que Colón demuestra estar imbuido de viejos mitos como cuando se refiere a los comehombres y a los hombres-perro. En cuanto a los primeros afirma que esto lo deduce por “la desformidad de su gesto lo dice…”. Y, porque afirma haberlo leído en el relato de Marco Polo, a quien cita: “cuando los habitantes de aquella región capturan a algún extranjero, si no pueden pagar rescate lo matan y se lo comen16”.

32Un género un tanto similar al del relato de viaje en los primeros años de la presencia española en América fue la crónica o narración de acontecimientos, escritos no como descripción de experiencias de viaje, sino como recuento de hechos históricos o de información considerada valiosa, aunque muchas veces observada por el propio autor. Este es el caso de Gonzalo Fernández de Oviedo (1478-1557), quien combinó el modelo historiográfico renacentista con la experiencia vivida, por lo que se le considera el iniciador de esta peculiar literatura conocida como la crónica del Nuevo Mundo, la que se caracteriza por su agregación de detalles y su falta de unidad17.

33Oviedo, pasó en América gran parte de su vida, donde permaneció 22 años desde que realizó su primer viaje en 1514 – seis veces cruzó el Atlántico en ambos sentidos –. Al igual que Colón, se le considera que se encontraba a medio camino entre el mundo medieval y el moderno. No obstante, se alinea con el pragmatismo y la realidad que crea la nueva era de los descubrimientos, lo que es evidente en sus descripciones y datos que suministra sobre los mares en que navega, empleando los conocimientos científicos en pleno desarrollo renacentista.

34Por otro lado es un defensor a ultranza de la tradición medieval, pues al igual que Colón trata de encontrar antecedentes de las nuevas tierras descubiertas en los autores clásicos o en el Antiguo y Nuevo Testamento. También se considera a Fernández de Oviedo némesis de fray Bartolomé de las Casas, el defensor del indígena americano. Oviedo, aunque historió sobre la conquista española en la isla La Española y en Tierra Firme (Panamá y Nicaragua), consideró a los indígenas como sujetos de observación desde una perspectiva propia del naturalista, en tanto que los hechos de los conquistadores los interpretaba casi de manera providencialista. De allí el juicio condenatorio de Las Casas a Oviedo, a quien calificó de “gran tirano, ladrón y destructor de las Indias”.

35Durante su permanencia en Nicaragua, Panamá y Santo Domingo, tomó nota de la flora y fauna y de las costumbres de los pueblos autóctonos. También narró su viaje desde Nicaragua a Nicoya por tierra y de allí por barco hasta Panamá. Bartolomé de las Casas lo criticó por considerar a los indígenas como caníbales, indignos de ser convertidos al cristianismo. Sin embargo, le reconoció las valiosas informaciones vertidas en sus obras.

36Hacia 1525, Fernández de Oviedo escribió el Sumario de la Natural Historia de las Indias, publicado originalmente en Toledo en 152618. Este trabajo fue en realidad un adelanto de su más ambicioso trabajo enciclopédico, Historia General y Natural de las Indias, islas y tierra firme del mar océano, cuyos primeros 19 libros aparecieron en 1535. Una vez nombrado Cronista de las Indias por el monarca continuó trabajando en esta obra, la cual dejó inconclusa al fallecer en 1557, considerada por muchos como la primera historia de la América española y la primera catalogación de la fauna y flora americana19.

37Oviedo vivió en León Viejo entre 1527 y 1529, siendo testigo presencial y activo participante de diversos acontecimientos durante las gobernaciones de Diego López de Salcedo y Pedrarias Dávila e igualmente exploró la región volcánica y lacustre de Nicaragua, visitando varios poblados, donde entrevistó a caciques e indígenas principales de esos pueblos.

38Es considerado Oviedo el cronista que mejor describe el paisaje natural y las costumbres de los indígenas de Nicaragua en esos años. Refiere sus costumbres sociales, tradiciones y creencias religiosas; la riqueza natural y abundancia del territorio; la densa población indígena y la variedad de lenguas, así como su sistema de organización estratificada bajo el mandato de un consejo de ancianos o de caciques, donde religión, milicia y comercio destacan como actividades sobresalientes de estos pueblos.

39Los ritos, ceremonias y festividades de los indígenas de Nicaragua y Nicoya se describen en detalle, particularmente los realizados en festividades del calendario religioso y agrícola, con bailes, cantares, juegos y convites donde se bebían copiosas cantidades de chicha. Son notables también las descripciones que realiza de la extracción del oro en los placeres auríferos y señala los malos tratamientos recibidos por los indios.

40En general la narración de Oviedo es particularmente humana, absteniéndose de mencionar la mano de Dios en la descripción de los acontecimientos, si bien recurre al designio providencial para explicar el descubrimiento de América. Sin embargo, afirmó que Hespero, el “_rey número 12 de España_” había conquistado las Indias 161 años antes que la fundación de Troya, por lo que creía que el Evangelio había sido predicado allí antes de la llegada de Colón. Por tanto, escribió que la cultura indígena se había degenerado desde los tiempos antiguos debido a sus pecados. De allí que los amerindios legítimamente podían ser castigados y sujetos al dominio español20.

41Contemporáneo de Oviedo y su detractor fue el fraile dominico Bartolomé de las Casas. Personaje histórico reconocido y ampliamente estudiado, quien en 1552 escribió en defensa de los indígenas americanos en su libro Brevísima relación de la destrucción de las Indias, en la que denunció el efecto destructivo que tuvo para los indígenas americanos la colonización de España del Nuevo Mundo. Destaca también su monumental obra Historia de las Indias, que empezó a escribir en 1527 pero que sólo terminó en 1561, y que no fue publicada sino hasta en 1875. En ella narra acontecimientos de los cuales fue testigo presencial en diversas ocasiones.

42Aunque hoy día Las Casas constituye una figura histórica popular, pocos historiadores lo emplean como fuente primaria para el estudio de la conquista española, o al menos no sin contrastarlo con otras fuentes. Más bien se consideran sus escritos como expresiones de un punto de vista en la polémica entre administradores coloniales y misioneros en torno al tema del colonialismo español.

43Las Casas vivió en Guatemala donde intentó su proyecto de colonización pacífica en la tierra de guerra de Tuzulutlán, en donde habían fracasado tres sendas expediciones de conquista. Así, a partir de 1537 logró el envío de misioneros dominicos a esta región nor-central de Guatemala, logrando que los indígenas se sometieran a la soberanía española pacíficamente. El experimento fue llamado Verapaz, en contraposición al término de guerra con que previamente había sido asociada la región. Aunque este territorio no escaparía posteriormente a las condiciones de sometimiento y explotación de sus habitantes, principalmente por parte de la orden religiosa de los Dominicos.

44Su obra ha sido catalogada como una “antropología utópica”, con pueblos indígenas habitados de hombres “en estado natural”, quienes vivían en una tierra pródiga. Según su visión, los indígenas vivían en paz, tranquilidad y concordia, semejante a la vida de los habitantes del Viejo Mundo antes de su expulsión del Paraíso, en un grado de virtud muy superior al de los europeos, considerados éstos como civilizados pero degradados.

45 Las Casas considera como positivo lo que otros llaman “atraso”. Por eso su visión de los indígenas se construye en oposición a la de Oviedo. En tanto éste último cataloga como positiva la astucia y la ambición de los españoles, Las Casas sustenta la idea de la corrupción de los hombres que proceden del Viejo Mundo. Así ambos cronistas escriben desde posiciones completamente opuestas. Oviedo representa el punto de vista de la modernidad: la del desarrollo civilizador de la humanidad, en tanto Las Casas, prefigura el concepto del “buen salvaje”: el mundo civilizado de donde proceden los españoles ha sufrido la corrupción de los tiempos. Las Casas se sustenta en el mito de las Edades del Hombre, de origen griego pero retomado por San Jerónimo en el siglo IV de nuestra era.

46 Las Casas atribuyó a los indígenas unas virtudes primigenias que ya habían desaparecido en España y Europa, con la intención de ganar su causa de proteger a los indígenas y su integridad. La idealización del indígena se caracteriza en atribuir a los indígenas características de sencillez, austeridad y mansedumbre, en tanto que de barbarie a los conquistadores. La idolatría de su religión es concebida como una característica de la humanidad de los habitantes de América, pues es pensado como constitutivo de lo esencial humano universal. Y éste es el aspecto principal de la obra de Las Casas.

47 Oviedo, por el contrario quiso registrar lo diverso de lo existente en América respecto de Europa. Entonces su obra desde un punto de vista historiográfico, discursivo y antropológico sigue siendo de gran utilidad, pues de algunas expediciones españolas, lo que se sabe actualmente proviene exclusivamente de este cronista.

48 Ambos autores, conciben sin embargo a los americanos como salvajes bárbaros: para Oviedo son seres que por su condición de inferioridad deben someterse y servir a los superiores y civilizados españoles; para Las Casas seres primitivos que viven en una “era dorada” aún no alcanzada por “la Edad corrupta” del tiempo actual de los europeos, sino hasta la llegada destructora y “bárbara” de los conquistadores. Es por ello que, guiado por esta lógica, Las Casas abogará porque los indígenas sean dejados a su libre albedrío, una vez que constata el fracaso de sus proyectos de colonización por medio de la paz21.

49 Otro autor del siglo XVI, quien desde 1541 y hasta 1556, acompañó a los españoles en sus expediciones de saqueo y captura de esclavos en el Caribe, fue el italiano Girolamo Benzoni. Poco se sabe de este personaje; apenas lo narrado en su propio libro Historia del Nuevo Mundo, texto editado por vez primera en 1565. Es milanés y cuando inicia su viaje a América, en 1541, tenía veintidós años, de donde se deduce que había nacido en 1519. Se ignora la fecha de su muerte, que algunos sitúan en 1572, año en que se publicó en Italia la segunda edición de este libro.

50 Historia del Nuevo Mundo, considerado por muchos como un libelo contra los españoles, constituye tanto una narración de viaje como una crónica histórica que constituye el contenido esencial de la obra22.

51La conquista de América es narrada por este autor como una campaña de saqueo y exterminio. Los conquistadores aparecen como seres crueles, sanguinarios, codiciosos e interesados exclusivamente en su enriquecimiento. Es por ello que se ha colocado su obra al lado de los escritos de Las Casas, por su carácter de denuncia de la Conquista. Sin embargo, como enfatiza la investigadora Angela Enders, pocos le reconocen el que fuese un acucioso observador del Nuevo Mundo23.

52El libro está dividido en tres partes: en la primera se narran los viajes de Colón, observaciones sobre los indígenas, el comercio de esclavos y las luchas entre conquistadores e indígenas. La segunda trata del trato dado por los españoles a los indígenas y diversas incursiones de los españoles en los territorios del Caribe de América Central, en las cuales el autor participó y por lo tanto fue testigo presencial de los hechos narrados. Es en esta segunda parte donde son descritas costumbres locales y características de la fauna de las regiones por él visitadas. La tercera se ocupa de la conquista del Perú y de las reacciones contra la implantación de las Leyes Nuevas.

53Es en la segunda parte de la obra donde Benzoni describe la incursión de Diego Gutiérrez en la región del Caribe de Costa Rica y su muerte a manos de los indígenas24. También narra la expedición que lo llevó de Acla a Nombre de Dios, en el Caribe panameño, donde igualmente los españoles fueron atacados por los indígenas. En el relato de los ataques se indica la forma en que los indígenas pintaban sus cuerpos y la forma en que gritaban para darse coraje en los asaltos a la tropa española. En estos contextos describe a los españoles como crueles asesinos guiados únicamente por su codicia, pero, a diferencia de Las Casas, su visión de los indígenas es ambigua, pues los llega a llamar “_brutti animale_”, especialmente cuando trata de justificar su conquista y cristianización25. Sin embargo, en la mayor parte de su narración, los indígenas son considerados como seres humanos, visión más acorde con la de la Iglesia, especialmente en esta segunda mitad del siglo XVI. E incluso, partiendo de esta segunda concepción, ataca a los españoles a quienes considera siguen ideológicamente identificados con la posición de Juan Ginés de Sepúlveda, quien calificó a los indígenas como animales susceptibles de ser tratados como tales. Al adoptar una posición opuesta a Sepúlveda, quien compartía el punto de vista de Oviedo, Benzoni se identifica con Las Casas pues revierte los términos de la relación conquistadores-conquistados: los españoles al tratar salvajemente a los indígenas se convierten entonces en “animales”, expresión que también utilizó en algunos pasajes para referirse a los indígenas, como se indicó.

54Benzoni, adopta pues una visión similar a la de Las Casas: los indígenas son caracterizados como frugales, alegres y generosos, en tanto los españoles sólo se guían por intereses materiales, se caracterizan por su hipocresía, su naturaleza traicionera e interesados en la conversión al cristianismo de los indígenas sólo por razones políticas. En contraste, los indígenas son caracterizados como ingenuos, confiables y deseosos de convertirse al Cristianismo.

55En opinión de Angela Enders, la crítica a los españoles no es original y se basa en viejos estereotipos que adquieren nuevos significado al comparárseles con los indígenas. Señala que en el siglo XV existían ya una serie de estereotipos en Italia con relación al español, tales como “el mercader catalán”, el “hombre de guerra aragonés” y el “mal cristiano”. Todas estas caracterizaciones en las que el español aparece siempre como mercenario y como “mal cristiano” fueron empleadas por Benzoni. Esta negativa imagen del español en Italia se reforzó a raíz de la firma del Tratado de Cateau-Cambrésis (1559), el cual reafirmó el dominio español sobre la península italiana. Y, es en este contexto que la caracterización del español como “mal individuo” por parte de Benzoni debe ser analizada. Cuenta además el hecho que de que Benzoni, al ser un extranjero al lado de los españoles, fuese siempre mirado por éstos como sospechoso, razón por la que con toda probabilidad fue expulsado del Perú.

56 No obstante, aunque Benzoni utiliza una retórica propia del polemista, en la que recurre a argumentos afectivos y emocionales, también introduce pasajes en el texto que se caracterizan por un alto valor de veracidad fáctica. Especialmente el empleo de información numérica tiene la clara intención de apoyar su argumento político anti-español. Esto aparece, según Enders, en los pasajes donde Benzoni recurre a datos precisos como argumento contra la política española de exterminio de indígenas y de esclavos africanos26.

57 Es así como, Historia del Mundo Nuevo, puede considerarse como una fuente fidedigna cuando se refiere a los indígenas y la historia natural. En este sentido, Benzoni se manifiesta como un hombre del Renacimiento, imbuido del espíritu de curiosidad que caracterizaba a los italianos de mediados del siglo XVI27.

58 Pero además de la curiosidad, otro motivo pesaba en el interés de viajar de Benzoni, su deseo de ganancia, lo que en la perspectiva de Enders, impide catalogar a Benzoni de un viajero imbuido de la visión modernista, en tanto la curiosidad del viajero moderno se distingue por el desinterés pecuniario en el afán de la pesquisa. El objetivo del viajero es el descubrimiento de lo desconocido como único fin. Aunque Benzoni logró satisfacer su curiosidad, no le fue posible conseguir su segundo objetivo, el de la obtención de riquezas, a diferencia, por ejemplo de Colón.

59El interés de Benzoni hacia lo nuevo queda de manifiesto en su ascensión a la montaña del Chimborazo en el actual Ecuador. Compara Angela Enders dicho ascenso con la descripción del viaje de Petrarca quien asciende al Mont Ventoux dos siglos atrás del viaje de Benzoni. En tanto Petrarca se manifiesta impresionado por su hazaña y vuelca sus pensamientos sobre sí mismo al reflexionar en torno a los escritos de San Agustín28, Benzoni por el contrario proyecta sus pensamientos hacia el exterior y escribe:

60“Al encontrarme en la cima estuve un rato mirando y contemplando aquellos extraños y maravillosos paisajes, y me parecía ver algo a la vez cierto e incierto, como si fuera una visión29”.

61 A diferencia de Petrarca, Benzoni dirige su mirada y pensamiento no hacia Dios, sino hacia el mundo, al cual observa de una manera secular, aunque incapaz de expresar lo que ve de una manera teórica o empírica. Según Enders, su descripción del incidente del ascenso a la montaña lo hace en la tradicional forma contemplativa. Es decir, Benzoni medita sobre el paisaje así como Petrarca meditó sobre las palabras de San Agustín, lo cual es para esta investigadora, evidencia de la dificultad de expresar la curiosidad en términos de modernas formas de percepción, que se basan más en lo empírico que en los modelos teológicos característicos del medioevo. Así, Benzoni se concentra en observar “las cosas más notables”, es decir aquellas que de manera obvia difieren de las de Europa. Pero a diferencia de los viajeros de la Edad Media, aún anclados en la búsqueda de “monstruos, demonios y maravillas”, rara vez utiliza la palabra “monstruo”, e incluso cuando se refiere al “grandioso tamaño” de una serpiente, pareciera que lo hace como concesión a un público ansioso de “maravillas”, como lo eran los lectores de mediados del siglo XVI.

62 Benzoni, aunque se concentra en la descripción de fenómenos que divergen de lo que es conocido en Europa, éstos no son presentados como “exóticos”, sino como “diferentes” aunque no por ello excluidos del orden natural. Entonces, las costumbres de los indígenas en su forma de comer y de dormir, o sus danzas o métodos de construcción, son descritos de manera detallada y extensa en su texto y son, junto a las ilustraciones que incluye, de gran valor etnográfico30. Otros temas tratados por Benzoni son: el fumado (al cual considera maligno y “cosa del diablo”), los alimentos y su preparación, la cura de los enfermos, los festivales y danzas, las armas y guerras, entierros y el intercambio de productos entre los indígenas.

Uno de los temas a los que dedica especial atención, como muchos otros viajeros contemporáneos, es el de la religión, por sus diferencias con el Cristianismo, tanto en sus creencias como en sus ritos. Para Enders, esta particular atención dada a la religión deriva de lo candente que era este tema en el siglo XVI con sus conflictos confesionales y su lucha contra el Islam. En cuanto a las costumbres, Benzoni no censura y se refiere con precisión fáctica a la desnudez, la licencia sexual y la poligamia de los indígenas sin ninguna condena.

63 Caracteriza a Benzoni su percepción de las diferencias culturales de los grupos indígenas que encuentra durante su permanencia y recorrido de diversos territorios, lo que le permite establecer comparaciones mayores y llegar a encontrar también diferencias y similitudes de determinados rasgos, lo que lo previene de la simpleza de catalogar a todas las culturas indígenas bajo la facilista tradición mitológica de presentarlas sólo como “exóticas”. Comparado con Colón, Benzoni visualiza la realidad sobriamente y narra los hechos. No busca como el primero un “paraíso terrestre” ni tampoco caracteriza al indígena, como lo hace Las Casas “un noble salvaje”. Y, aunque destaca en su narración la belleza y fertilidad de ciertas regiones o parajes, no por ello omite los aspectos poco placenteros de la naturaleza en América31. Su interés parece centrarse sobre todo en suministrar información útil acerca de las posibilidades existentes para el desarrollo de la agricultura y la ganadería. En tal sentido, según Enders, Benzoni deja poco fuera de su relato: se refiere a la naturaleza del suelo, las condiciones climáticas y las características de las estaciones en los diferentes países.

64 Cuando Benzoni trata de describir las plantas y animales de América se ve forzado a hacer comparaciones con la flora y fauna europea. No obstante, afirma Enders, en algunas ocasiones describe fenómenos del mundo natural comparando con otras plantas y animales del Nuevo Mundo, sin recurrir en esos casos a comparaciones con sus conocimientos sobre el Viejo Mundo. Destaca su particular atención a las diferencias que distinguen a las distintas tribus, como su forma peculiar de vestir o forma de hablar. Sin embargo, al diferenciar pueblos y culturas en América y sus distinciones respecto de pueblos y cultura europea, sin por ello dejar de ser consciente de que percibe fenómenos que se refieren a una misma unidad, a un mundo diferente, por lo que los compara dentro de esta unidad.

65 Otro aspecto al que se ve confrontado Benzoni es uno que afecta a toda la literatura de viaje del período moderno: el de recurrir a estrategias de descripción de las cosas de una manera creíble, para lo cual enfatiza constantemente haber sido testigo de lo que narra. También señala la gran diferencia existente entre narrar lo que otro ha vivido y contado, de lo que es relatar experiencias personales. Este deseo de afirmar la veracidad de su narración se acompaña de su explicación de que lo relatado se ha hecho “per ordine”, queriendo decir con ello, que ha narrado en orden cronológico, para lo cual introduce constantemente las fechas.

66 Benzoni también suele referirse a las circunstancias que rodean su viaje y las intenciones que lo guían al escribir, que indica son las de entretener, pero también proveer información sobre las atrocidades cometidas por los españoles. Adicionalmente, subraya su propia subjetividad cuando emite su opinión acerca de lo que ha visto o escuchado, anteponiendo frases como “a mi juicio” o “creo bien”. También constantemente se refiere a los eventos externos y a las circunstancias que rodean su viaje, lo que en opinión de Enders, se trata de frases incidentales introducidas en el relato con el fin de dejar claro que no pretende ser un observador objetivo que omite todos los pequeños eventos de su reporte. Esto se refleja en las frecuentes referencias a sus propios padecimientos personales, a los peligros y dificultades que debe afrontar, lo que confiere un enfoque personal al relato, a la vez que confirman la credibilidad del autor32.

67 Al exponer su subjetividad en tanto que viajero, según Enders, pone de manifiesto Benzoni una actitud que es posible observar en otras áreas en los inicios del período Moderno. El énfasis en la subjetividad es la forma en que el hombre moderno se autoafirma, expresando su confianza en sus propias capacidades, que en estos años empezaba a suplantar la confianza en la divina Providencia. Y, aunque al final de su viaje, Benzoni da gracias a Dios por haber regresado sano y salvo, al mismo tiempo se asombra de cuanta adversidad es un hombre capaz de enfrentar. De esta manera, expresa una actitud propia del hombre moderno quien debe afirmarse en la vida por medio de su propio esfuerzo.

68 En suma, el énfasis en la subjetividad es lo que permite situar el libro de Benzoni ya no en la Edad Media, sino en el mundo de la modernidad, pero en opinión de Enders, Benzoni va aún más allá, pues no sólo apoya su narración con sus propias experiencias, sino también a través de la experiencia y el conocimiento de otros, lo que constituye un rasgo de la investigación moderna. Y, en este sentido, a diferencia de autores contemporáneos suyos como André Thevet, que citan a otros autores para subir su estatus, al citar Benzoni a otras personas, lo hace basado en la idea de que el conocimiento es a menudo incierto, por lo que debe ser cuidadosamente evaluado y confrontado.

69 En conclusión, Angela Enders considera que la Historia del Nuevo Mundo de Benzoni se encuentra entre los textos capaces de transmitir a sus contemporáneos de la segunda mitad del siglo XVI auténtica e importante información acerca del Nuevo Mundo. Sin embargo, diversos investigadores tienen diferente opinión acerca del valor de su obra. Así Manuel Carrera Díaz, en su Introducción a la traducción por él realizada y publicada por Alianza Editorial en 1989, afirma que esta obra “se trata lisa y llanamente, de un relato pobre en información y reflexión, que por su acriticismo se convierte en un libelo hecho de plagios y manipulaciones, maniqueo en su concepción y más bien romo en su realización conceptual33”. También transcribe las opiniones de otros autores tanto antiguos como actuales, entre los que cita al peruano Raúl Torres Barrenechea, para quien el relato: “en lo relativo a su odisea personal es original, aunque desgreñado e incoherente” y en la parte histórica: “salvo algunos detalles accesorios agregados por él, son copia fiel, glosa o plagio más o menos cercano y descarado de la Historia de las Indias de López de Gomara34”. Esta misma idea es la que sostiene el francés Claude Bataillon, para quien tres cuartas partes de la obra de Benzoni constituyen un resumen e interpretación de la obra de Gomara. Pero como afirma Angela Enders, aunque este reproche ha sido repetido por otros autores no por ello disminuyen el valor de la Historia del Nuevo Mundo en su valor histórico y etnográfico. Y, aunque Benzoni haya empleado en partes de su libro otros autores como Gomara, Cieza de León o Gonzalo Fernández de Oviedo, esto era algo común en los inicios de los tiempos modernos y no exclusivo de Benzoni35. Al contrario, Enders destaca más bien que la Historia de Benzoni, transmite importante información factual acerca de América, pues fue escrita por un autor preocupado por cumplir con el reto que al que se veían confrontados los autores a comienzos de la Edad Moderna, “el de elaborar nuevas formas de pensamiento semejantes al propio descubrimiento del Nuevo Mundo36”.

La experiencia de un inglés en América y su viaje por Centroamérica en el siglo XVII

70 Thomas Gage (1603?-1656), fue un fraile inglés que ingresó al convento de los dominicos de Valladolid, España a muy temprana edad, enviado por su familia para evitar la persecución religiosa a los católicos en su país. Deseoso de viajar logró que lo enviasen a las Filipinas con el fin de catequizar en esos lejanos dominios de los españoles. Fue así como llegó primeramente a México en 1625, de donde habría de salir posteriormente hacia las Filipinas, lo que realmente no llevó a cabo pues desertó y junto con otros tres frailes escapó de México hacia Guatemala37.

71 Primeramente permaneció en Chiapas algunos meses, antes de trasladarse a la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala (actual Antigua Guatemala), donde fue bien recibido por los dominicos de esa ciudad, dada la escasez de frailes en el priorato de estos religiosos, donde vivió cerca de tres años. Debido a su interés por regresar a su natal Inglaterra, según sus propias palabras debido a las dudas de fe que comenzó a sentir, solicitó permiso para retornar a Europa. Pero las autoridades dominicas rehusaron sustentándose en la obligación que contraían los misioneros de permanecer en el extranjero durante un mínimo de diez años.

72Ante la negativa, Gage decidió trasladarse en compañía de otro fraile de nombre Francisco Morán, hacia otros territorios de Guatemala, según su propia versión con la intención de aprender la lengua local, así como familiarizarse con las costumbres de los indígenas. Permaneció en Guatemala un total de diez años, lugar al que llamó “su segunda patria38”. En realidad, el objetivo buscado parece haber sido el poder acumular fondos suficientes que le permitirían costear su regreso a Inglaterra.

Mientras estuvo en Guatemala participó, a comienzos de 1630, en un intento abortado de conquista de la región del Petén, pues los expedicionarios encontraron sólo aldeas desiertas, teniendo que enfrentar un ataque nocturno por parte de indígenas mayas Chol, armados de arcos y flechas. En el viaje de regreso por la costa del Caribe alcanzó territorio de la actual Honduras y de allí regresó nuevamente a Guatemala, donde fue asignado a servir en varios pueblos indígenas cercanos a Antigua Guatemala. A partir de 1635 estuvo en Amatitlán en donde obtuvo riqueza, según sus propias palabras, pero también fue claramente un religioso activo opuesto a los criollos que imponían cargas excesivas a los indígenas; destruyó vasijas de barro con licor fabricado clandestinamente y quemó ídolos que escondían los indígenas para sus prácticas religiosas. También supervisó en Mixco la construcción de una iglesia, así como la edificación de un claustro en Amatitlán39.

73 A principios del año 1637, luego de invertir su dinero acumulado en piedras preciosas y perlas, desobedeciendo a su orden religiosa, emprendió un viaje por vía terrestre, a lomo de mula desde Guatemala hasta Cartago en Costa Rica. De allí se dirigió al puerto de Suerre, para embarcarse en un navío que lo llevaría hasta Portobelo, lugar de arribo de las flotas de galeones que realizaban con regularidad el enlace entre Panamá y España. Sin embargo, poco después de embarcarse, la nave fue capturada por piratas holandeses y la mayor parte de su fortuna robada. Entonces, de regreso en Cartago decidió trasladarse hacia Nicoya, para desde allí embarcarse nuevamente para así alcanzar finalmente Panamá. Allí cruzó el istmo y finalmente consiguió su objetivo, logrando obtener pasaje hacia España como capellán de un capitán de barco. Finalmente llegó a su patria a finales de 1637.

74 Luego de varias peripecias en un viaje a Italia en el que fue capturado a su regreso por piratas franceses, en 1642 públicamente abjuró de su fe católica, convirtiéndose en un predicador de la nueva religión anglicana, asentándose como encargado de la parroquia de St. Leonard en la localidad de Deal. Por esos años se casó y tuvo tres hijas. Fue aquí donde, en 1648 escribió su libro The English-American his Travail by Sea and Land, or, A New Survey of the West Indias40. Esta obra fue la primera escrita por un inglés, de hecho, el primer libro de un autor no sujeto a la dinastía de los Habsburgo, que describió la vida cotidiana en Hispanoamérica. Gage se basó en otros autores para narrar la conquista de México, pero su narrativa personal se inspira en la picaresca española y se caracteriza por sus agudas observaciones.

75 Describe los volcanes que rodean la ciudad de Antigua (Agua, Fuego y Acatenango), así como el intenso ajetreo y bullicio en Portobelo cuando llegaban los galeones procedentes de España y los lingotes de plata del Perú, aportadas por las mulas y sus arrieros desde Panamá. Con entusiasmo recuerda la cocina del Nuevo Mundo, con sus tortillas, frijoles y tamales, así como las nuevas y extrañas frutas de los mercados indígenas. Al chocolate, al que parece haberse tornado adicto, le dedica todo un capítulo. Con relación a los indígenas refiere que su catolicismo es sólo superficial pues afirma que siguen manteniendo sus creencias ancestrales, pero destaca su laboriosidad, mansedumbre y sufrimiento bajo el peso excesivo de los trabajos y abusos a los que los someten los españoles.

76 El libro de Gage tuvo también una finalidad política: el mostrar los excesos a que eran sometidos los indígenas y los esclavos africanos por parte de sus amos españoles, la indolencia de éstos y su flojedad, lo cual fue presentado como una oportunidad para los ingleses de apoderarse de sus posesiones en América. Fue así como presentó a Oliverio Cromwell un plan para atacar a los españoles en el Caribe. Entonces, cuando a fines de 1654, el general inglés Robert Venables y el almirante William Penn condujeron una expedición hacia la isla La Española con el objetivo de apoderarse de esta isla, Thomas Gage se embarcó en la flota, la que finalmente fue rechazada. En la lucha, los indígenas y esclavos cimarrones, contrariamente a lo que pensaba Gage, se unieron con los colonos españoles para combatir a los expedicionarios ingleses. La flota inglesa rechazada puso entonces rumbo a Jamaica, donde sí logró someter a los escasos pobladores españoles de esa isla. Según las fuentes documentales españolas, Gage tomó parte junto con los oficiales ingleses en la conferencia de rendición de los españoles de Jamaica. A principios de 1656, Gage murió en Jamaica junto con otros muchos de los ingleses que llegaron en la expedición, a causa de la epidemia de disentería y de malaria que mató a la mitad de la guarnición inglesa41.

77 Desde una perspectiva historiográfica se considera que la información que suministra Gage sobre las faltas cometidas por los miembros de las órdenes religiosas, a las que acusa de ligereza de costumbres y de corrupción, son fidedignas. De manera detallada revela las grandes sumas de dinero que los conventos y sus integrantes a cargo de las doctrinas en los pueblos obtenían a costa de las exacciones cometidas contra los indígenas. Su condenatoria de estas prácticas lo lleva a afirmar que el Cristianismo en América era simplemente adoración idólatra bajo el nombre de la nueva religión impuesta y que frailes y sacerdotes obtenían enormes beneficios bajo el pretexto de su ministerio religioso. Esta condenatoria no le impidió valerse de su condición de religioso precisamente para hacer fortuna con la cual pretendía regresar a su patria. Numerosos detalles sobre la vida de los indígenas en los pueblos son relatadas en su libro, los cuales pueden considerarse verídicos al contrastarlos con la documentación de archivo.

78 Gage también da cuenta de los indígenas que se aferraban a sus antiguas creencias como una forma de mantener su bravía e independencia frente a los nuevos conquistadores, afirmando que gran número de ellos eran cristianos sólo de manera formal y externa, pero que de manera secreta practicaban la idolatría y la brujería. Al respecto resultan interesantes sus observaciones sobre el mantenimiento del culto nahualista, según el cual los seres humanos se transformaban en animales. Frente a estas creencias, Gage no asume una actitud de incredulidad ante la idea de que seres humanos pudiesen transformarse en pumas y jaguares, pues carecía de explicaciones racionales para refutarlo, recurriendo simplemente a señalar que tales cosas no derivaban de otra cosa que de “pactos con Satán”.

79 Importantes son las observaciones de Gage sobre las luchas entre los españoles y los criollos, así como el constante enfrentamiento entre los amos y sus indios. Las descripciones físicas de personas y de lugares en Hispanoamérica se pueden considerar auténticas pues son confirmadas por los documentos oficiales de las autoridades civiles y religiosas de los españoles. En ese sentido, su conocimiento íntimo de Hispanoamérica constituye un caso excepcional para un inglés, lo que le permite narrar circunstancias que dan cuenta de la actitud de desprecio en la ciudad de México hacia los indígenas, a quienes, según una conversación que mantiene con un español en esta urbe, se les considera “internamente falsos y con corazón hueco”.

80 Resultan muy interesantes sus observaciones sobre las castas tanto rurales como urbanas. Al respecto, su información sobre la ciudad de México es detallada y hace referencia a los artesanos indígenas y chinos que viven en esa ciudad, quienes son mantenidos aparte, en guetos con poca educación a pesar de ser los mejores artesanos de la urbe. También describe los conflictos existentes al interior de los conventos entre peninsulares y criollos, mencionando al respecto casos particulares que observa en Oaxaca, Chiapas y en Antigua Guatemala. Relata las crueldades cometidas por los españoles con sus esclavos y cómo los encomenderos explotan a los indígenas que debían trabajar en sus haciendas, haciéndolos trabajar más tiempo del que establecía la ley.

81 En conclusión, la obra de Thomas Gage puede ser considerada un relato no sólo de viaje, sino el de una persona extranjera que durante largo tiempo permaneció en tierras mexicanas y centroamericanas, quien llegó a conocer íntimamente la vida en los conventos de diversas ciudades y los pueblos indígenas de esos territorios y es por tanto una fuente de información invaluable para el historiador.

Relatos de viaje durante el siglo XVIII

82En el siglo XVIII, una embarcación inglesa, que en marzo de 1731 navegaba de Inglaterra rumbo a Jamaica, fue capturada por un barco guardacostas español frente a la costa de Honduras en el Caribe siendo sus marineros abandonados en la playa a cierta distancia de Puerto Caballos (hoy Puerto Cortés42). Desde allí, seis marineros ingleses emprendieron una travesía a través de Honduras, cruzando hasta Sonsonate en el Pacífico. Posteriormente continuaron a pie hasta Nicoya y luego, en canoa, uno de ellos, John Cockburn se trasladó en una canoa hacia el sur, llegando luego de mil peripecias a Panamá, para embarcarse en Portobelo, rumbo a Jamaica primero y de allí a su patria.

83Tres años después de su regreso a Inglaterra, Cockburn publicó en 1735 una narración del viaje, texto que se volvió muy popular, siendo editado varias veces, después de la edición del año de 1735 que apareció con el título de A Journey over Land from the Gulf of Honduras to the Great South-Sea. Performed by John Cockburn, and Five other Englishmen …, el cual constituye uno de los escasos relatos de viajeros extranjeros en Centroamérica durante la primera mitad del siglo XVIII43.

84El historiador costarricense Carlos Meléndez, de grata memoria, publicó en 1976 el relato de viaje de este marinero inglés en su trayecto por Costa Rica, titulado Los viajes de Cockburn por Costa Rica44. Meléndez presenta en una breve introducción una corta semblanza sobre Cockburn y su narración de viaje. Lo presenta como un marinero escocés “del que poco se sabe”, cuyo relato de sus aventuras de viaje “es sencillo y sincero, expresión espontánea de un simple marinero que narra sus peripecias”. Destaca Meléndez “la cordialidad y relación nada tensa” que establece Cockburn con los autoridades y gente común, que le permite a pesar de su escaso conocimiento del castellano, “establecer una estrecha vinculación” con todas las personas con las que topa en su recorrido, que incluye indígenas de pueblos de indios, quienes tampoco dominan bien la lengua del conquistador español. Concluye Meléndez señalando que “algunas observaciones y detalles son de interés y nos convencen que su autor poseía gran talento natural y agudo sentido de observación45”.

85La narración de viaje de Cockburn por territorios de Honduras, El Salvador, el Pacífico de Nicaragua y Nicoya por tierra, permite apreciar las similitudes entre los habitantes de estos tres países, así como las diferencias en cuanto a la geografía y naturaleza de los territorios recorridos. En numerosas ocasiones, Cockburn y sus compañeros fueron recibidos amablemente por los indígenas en sus casas. También describe celebraciones o fiestas en poblaciones de Honduras y El Salvador, e igualmente proporciona información sobre la vida cotidiana en Nicoya, lugar en el que permanecieron los marineros durante seis semanas46.

86La información recogida en el relato de Cockburn fue también empleada por el investigador Claudio Barrantes Cartín en su libro Crónicas del Golfo Dulce, quien se refiere al recorrido a pie realizado por el marino escocés por el territorio del Golfo Dulce, hasta el poblado de Alanje en Panamá. Menciona Barrantes lo poco poblado que se encontraba esta región en el año de 1731, cuando Cockburn realiza su viaje. En su opinión esto obedecía “probablemente por haber desaparecido su población original”. Por lo que allí sólo vivían “pequeños grupos indígenas” que empleaban el territorio como “zona de refugio47”.

87Cockburn arribó sólo a la península de Osa en Costa Rica, luego de que la canoa en la que viajaba quedó destrozada y los indígenas que lo acompañaban lo abandonaron. hasta llegar a la desembocadura del río Esquinas, donde encontró a un grupo de indígenas, supuestamente procedentes del pueblo de Boruca, quienes atendieron a Cockburn quien se encontraba en muy malas condiciones y lo llevaron hasta el río Chiriquí, en la provincia de Veraguas en Panama48. Estos indígenas indicaron a Cockburn que se encontraban en guerra con indígenas de Chiriquí. Por otro lado, Cockburn se refiere también a otro grupo de indígenas que denomina “Queype” quienes se encontraban río arriba, a unos “veinte días de donde estábamos”, según el relato de Cockburn49.

A pesar de las amenazas del inhóspito entorno geográfico de los territorios recorridos, como las tormentas y ríos que debían cruzar, los ingleses no resintieron ningún temor de los pobladores, pues afirmaron que reinaba la seguridad en los caminos por esos años, lo que, como veremos, contrasta notablemente con la situación prevaleciente en Nicaragua, Honduras o El Salvador durante el siglo XIX, inmersos cien años después en sangrientas guerras civiles.

88Es así como el relato de Cockburn resulta de gran interés para tener una idea de diversos poblados indígenas, así como algunos pueblos de mayor tamaño como San Miguel en El Salvador durante la primera mitad del siglo XVIII. Debido a que el viaje de este marinero lo realiza con medios precarios y con el constante objetivo en mente de alcanzar lo más pronto Portobelo, el relato destaca especialmente por las descripciones de la gente de los pueblos, de su gente y algunas costumbres, así como son narradas fiestas patronales en El Salvador y la vida cotidiana en Nicoya, lugar en el que el marinero inglés permaneció durante más tiempo, a la espera de una embarcación que lo trasladara hacia Panamá. Finalmente, el viaje en canoa con indígenas que los acompañan en este viaje, resulta sumamente interesante pues describe la manera cómo se navegaba en esas pequeñas embarcaciones en esos años, cerca de la costa, deteniéndose con frecuencia para cazar con el fin de alimentarse y para recoger agua.

89En opinión del investigador Franz Termer, Cockburn en su relato de viaje incluyó interesantes observaciones etnológicas acerca de los indios de Honduras, El Salvador, Costa Rica y Panamá, así como de las costumbres y actividades económicas de la población mestiza50. Y, aunque afirma que dicha información no ofrece más que fragmentos de la vida cultural a principios del siglo XVIII, constituyen conocimientos complementarios de los pocos conocimientos que tenemos de esos años sobre las costumbres de diversos grupos sociales en Centroamérica. Quizás merezca la pena mencionar los indígenas que encuentra cerca de la ciudad de San Miguel (en El Salvador), quienes iban rumbo a unas fiestas en dicha ciudad. Los describe vestidos con pieles de distintos animales, con partes de sus cuerpos pintados; algunos llevaban bastones de madera con pinchos de puerco espín en la punta. Cantaban y bailaban alegremente rumbo a las fiestas de esa ciudad51. También describe a unos indígenas del pueblo de Boruca en Costa Rica, quienes se desplazaban en canoa a lo largo de la costa. Menciona que dicha canoa medía unos nueve metros y que los indígenas portaban arcos muy largos, de más de 2 metros de longitud dotados de cuerdas de ágave y cuyas flechas medirían cerca de 1,80 m. longitud52.

90La investigadora María Eugenia Bozzoli Vargas afirma que el relato de John Cockburn constituye un relato único por varias razones, entre las que señala que, en la documentación centroamericana la visión regional es casi ausente, lo que confiere un valor excepcional al relato, el cual también presenta la singularidad de que el autor estuvo en contacto principalmente con gentes subordinadas en la estructura social de la época: indígenas, mestizos y afrodescendientes, por lo que las observaciones de comportamientos de la población menos privilegiada constituyen datos valiosos para el registro de costumbres con escasa presencia en otro tipo de informes53.

91En el transcurso del siglo XVIII, la Corona española también se interesó por conocer sus posesiones coloniales ultramarinas, por lo que en el último cuarto de siglo de esa centuria, caracterizada por el desarrollo intelectual de la Ilustración, diversas expediciones científicas fueron organizadas en España y enviadas hacia América, con el fin de investigar la flora, fauna, costumbres y antigüedades de América. Entre éstas sobresalen: la dirigida por el botánico Mutis en Colombia; el zoólogo Azara en Argentina; Martínez de Compañón, en el norte de Perú y luego en Bogotá; el botánico y ornitólogo Mociñón. Todas estas expediciones fueron organizadas por la monarquía española, pues el Rey cuidaba celosamente sus territorios de ultramar, con el fin de impedir el ingreso de extranjeros de otras potencias. Sin embargo, cabe mencionar dos excepciones: los viajes de exploración científica a cargo del francés Charles Marie de la Condamine (1701-1774), que recibió el permiso del monarca Fernando VI y el del sabio alemán Alexander von Humboldt (1769-1859).

92La Condamine fue enviado a Ecuador en 1735 y su diario de viaje, que incluyó un total de 10 años de permanencia en América del Sur, fue publicado en 1751, con el título: Journal du Voyage fait par l’ordre du Roi á l’equateur. Sus escritos sobre la región del Amazonas llamaron poderosamente la atención debido a sus muchos detalles acerca de los animales, plantas, así como las costumbres de los indígenas que encontró en su recorrido, el cual se vio facilitado por la presencia de los pueblos de misión establecidos por los jesuitas a lo largo del río Amazonas, en donde recibió alimento, hospedaje, mapas, canoas y sus conductores, así como consejos y todo tipo de información durante su travesía54.

93Con relación a Centroamérica, un diario de viaje poco conocido es el que escribió José Inzaurrandiaga, subteniente de la compañía suelta de milicias de blancos disciplinados de la ciudad de Portobelo en 1779, el cual ha sido publicado con el título “Viaje de Portobelo a Nicaragua realizado por don José Inzaurrandiaga en 1779 y su descripción del obispado de León de Nicaragua55”. Contiene interesante información sobre el viaje desde Portobelo hasta la desembocadura del río San Juan y de allí río arriba navegando por este río. Se mencionan los indígenas mosquitos encontrados en la región de la desembocadura de este río, así como otras vicisitudes; también la navegación por el Lago de Nicaragua hasta llegar a la ciudad de Granada. Se hace referencia a indígenas caribes no evangelizados, pero que se acercaban al Castillo de San Juan a comerciar, así como se enumeran las haciendas de ganado de nicaragüenses y la cantidad grande de venados que poblaban la zona aledaña a dicho río. También refiere la existencia de sembradíos de plátano, ubicados en la isla de Solentiname y pertenecientes a indígenas que denomina caribes, habitantes de la zona cercana al Volcán Orosí. La isla de Ometepe es mencionada como ocupada por españoles e indígenas con haciendas de ganado y cultivos de cacaguatales. Menciona la existencia de otras catorce islas poco pobladas y hace un pormenorizado recuento de los muy diversos tipos de árboles que se encuentran a orillas del lago.

94De Granada, Inzaurrandiaga continuó su viaje rumbo a la Villa de Nicaragua, hoy Managua, refiriendo la existencia de un obraje de añil, llamado del Duarte, y de allí hasta la población mencionada señala la existencia de bellas casas a lo largo del camino y de numerosas plantaciones de cacao.

95 Posteriormente, el diario de Inzaurrandiaga menciona su partida desde la Villa de Nicaragua hasta la Villa de Guanacaste (hoy Liberia) en cuyo trayecto deben cruzarse varios ríos, en uno de los cuales cae su mula que lleva su cama y baúl. Así, debe permanecer varios días en la casa del hato de doña Filiberta Recio, para luego continuar hasta Bagaces, una vez cruzado el río Salto que dividía las jurisdicciones de la Alcaldía de Nicoya de la Gobernación de Costa Rica. Indica que todo es camino llano, cultivado de platanares, pero “la tierra muy mísera y pobre, a causa de él ningún comercio”. Bagaces dice contiene unos veinte ranchos de paja y tres casas de teja muy pequeñas y viejas. De allí se traslada a Cañas, que describe está en mejor ubicación que Bagaces y con unos treinta ranchos de paja e iglesia de teja. Menciona que todos los habitantes son mestizos “y de color”. También se refiere a la dificultad de comunicación entre ambos poblados debido a que se interponen tres ríos grandes difíciles de atravesar, situación semejante a la comunicación entre Cañas y Esparza, razones por las cuales en invierno es muy difícil desplazarse en la región.

96 El relato continúa narrando las peripecias de viaje desde Esparza hasta Cartago, pasando por las poblaciones de Villa Vieja (Heredia) y Villa Nueva (San José). En Cartago debe permanecer cinco meses y medio a esperar que pasen los enormes y cotidianos aguaceros de los meses de invierno, antes de continuar su viaje hacia el Pacífico Sur y Panamá.

97 Inzaurrandiaga visitó el pueblo de misión de Orosi, a cargo de los frailes franciscanos de Propaganda Fide, del cual indica que contaba con 560 personas, así como que recientemente los frailes habían abierto un camino “de picadura” que llegaba hasta San Francisco de Térraba en el Pacífico Sur. Posteriormente realizó el viaje por tierra hasta Panamá y de allí a Portobelo, señalando principalmente las características del camino, las distancias estimadas y el tiempo de su recorrido.

Humboldt y el relato de viaje (1799-1804)

98 Alexander von Humboldt fue uno de los primeros extranjeros no español en viajar extensamente tanto por México como a través de América del Sur, justo durante la transición del siglo XVIII al siglo XIX. Pudo hacerlo porque era un hombre famoso, cuya reputación como científico se había extendido por toda Europa, lo que permitió que el rey Carlos IV le concediera un permiso especial para que realizara sus viajes y observaciones sin restricciones en los territorios ultramarinos.

99Su narración combina la explicación propia del naturalista del siglo XVIII con sobrias descripciones de las peripecias del viaje. Este autor también recurrió a relatos de los frailes estacionados en remotas poblaciones de misión. Sus escritos tuvieron gran difusión, por lo que tan pronto Hispanoamérica se independizó de España, gran número de europeos y estadounidenses vinieron a recorrer las tierras hispanoamericanas, con ánimos de re-descubrir el Nuevo Mundo y escribir sus propias experiencias de viaje.

100En el siglo XIX floreció entonces el género de literatura que los estudiosos de lengua anglosajona denominan como travelogues, o literatura de viaje: numerosos individuos (mayoritariamente hombres, si bien hubo algunas mujeres) vinieron a nuestras tierras para conocerlas o con el propósito explícito de estudiar su geografía, su naturaleza y sus gentes. Por lo general llevaban un diario en el que anotaban observaciones, aventuras y vicisitudes de sus recorridos y enviaban cartas a sus amigos en Europa o Estados Unidos en las que también dejaban constancia de las impresiones.

101Alexander von Humboldt, inició su viaje el 5 de junio de 1799, en compañía del botanista Aimé Bonpland. Provistos de cartas de recomendación del rey de España, luego de detenerse en Tenerife para escalar el volcán Teide, desembarcaron en Cumaná, Venezuela el 16 de julio de ese año. En ese país realizaron extensas exploraciones en la costa, las montañas (ascensión del Monte Ávila), así como el curso del río Orinoco, lo cual les tomó cinco meses en los que recorrieron más de 2.500 kilómetros. De allí se trasladaron a Cuba donde realizaron trabajos botánicos. Después de una permanencia de varios meses regresaron a Cartagena, desde donde remontaron por el río Magdalena, para luego cruzar los picos de la Cordillera Real, alcanzando la ciudad de Quito el 6 de enero de 1802. Después de ascender al volcán Pichincha e intentar el ascenso del Chimborazo, se dirigieron hacia el puerto del Callao, donde se embarcaron con rumbo a México. Allí residieron un año, viajando a diferentes ciudades. Posteriormente Humboldt se dirigió hacia los Estados Unidos, siendo recibido por el presidente de ese país, Thomas Jefferson. Luego de seis semanas de permanencia, retornaron a Europa donde desembarcaron el 3 de agosto de 1804, en el puerto de Burdeos.

102A partir de la primavera de 1808 con la inmensa masa de información científica, sociopolítica y arqueológica recolectada, Humboldt, instalado en París, se dio a la tarea de compilar, ordenar y publicar los resultados obtenidos de sus exploraciones en América. Y aunque dedicó veintidós años a cumplir ese objetivo, la obra que originalmente se había propuesto, quedó incompleta. No obstante, posteriormente, gran número de publicaciones derivaron de su trabajo.

103Quizás la obra que mayormente habría de motivar a centenares de viajeros que tomaron rumbo hacia distintas partes de Hispanoamérica en el siglo XIX, fue la que Humboldt redactara en francés y que fuera traducida a múltiples idiomas, como el inglés, el alemán, el italiano, etc: Le Voyage aux régions equinoxiales du Nouveau Continent, fait en 1799-1804, (Paris, 1807, etc.). Siendo un viajero en misión científica dio a conocer a sus contemporáneos una América provista de una rica y exuberante naturaleza, con una población multirracial. Es él quien despierta un renovado interés por este continente entre sus coterráneos europeos como entre los estadounidenses.

104El estilo narrativo de Humboldt fue imitado por los viajeros a quienes inspiró, pues resultaba un relato sumamente atractivo el combinar la explicación propia del naturalista con descripciones de paisajes, gentes, costumbres, etc. Este viajero y científico es sin duda el precursor del tipo de literatura de viaje que habría de predominar durante todo el siglo XIX56.

La literatura de viaje sobre Centroamérica durante el siglo XIX

105Al sobrevenir la Independencia de Hispanoamérica y desaparecer el obstáculo que imponía la monarquía española al ingreso de extranjeros, gran número de europeos y norteamericanos comenzaron también a viajar hacia Centroamérica y a escribir sus impresiones de viaje. Nació así el travelogue dedicado a uno o varios países centroamericanos, acompañado muchas veces de ilustraciones, facilitadas por los avances en la reproducción gráfica durante este siglo.

106Los individuos que vinieron a Centroamérica en el siglo XIX eran predominantemente hombres, aunque hubo también mujeres, que lo hicieron atraídos por muy diversas motivaciones. Unos iban con la intención de explorar la posibilidad de traer inmigrantes europeos para fundar colonias, otros buscaban información para atraer inversiones dedicadas a la exportación de determinados productos. Entre los más importantes se encontraban los diplomáticos como los estadounidenses John Lloyd Stephens y Ephraim George Squier57. Hubo también viajeros desprovistos de un propósito concreto como el alemán Wilhelm Marr58; científicos que seguían la senda de Humboldt, como los alemanes Moritz Wagner y Carl Scherzer59, seguidos más tarde por otra serie de etnólogos, geógrafos, arqueólogos que escribirían detallados informes de los países visitados. Como afirma Ronald Soto Quirós: “unos soñaban en lo provechoso que podía resultar la construcción de una vía interoceánica, otros pensaban en colonias pobladas por europeos (…) otros empezaban a descubrir las riquezas arqueológicas y naturales de la región60”.

107Surgen así una gran cantidad de textos: unos simples relatos de viajero; otros de carácter más científico, o bien, una combinación de ambos al mejor estilo característico de Humboldt. La lista es sumamente extensa para cada uno de los países centroamericanos o para el conjunto de todos ellos, ya que muchos de estos autores no escribieron exclusivamente sobre un solo país, sino sobre varios61.

108En los comienzos del siglo XX se inició la labor de recopilar en antologías los relatos de estos viajeros. En el caso de Costa Rica destaca la labor pionera del historiador Ricardo Fernández Guardia, quien ya en 1929 publicó su Costa Rica en el siglo XIX. Antología de viajeros62. Previo a este trabajo de compilación, el suizo Pablo Biolley, quien llegó a Costa Rica en la década de 1880, contratado por el gobierno para trabajar como profesor en la Escuela Normal, elaboró una exhaustiva lista de extranjeros que escribieron sobre Costa Rica durante el siglo XIX63.

109Característico en los recopiladores de las narraciones de viaje ha sido presentar una breve biografía del autor. Por lo general, la visión sobre estos viajeros era condescendiente, como es por ejemplo la forma en que Ricardo Fernández Guardia los presenta en su antología. Según Ronald Soto Quirós, gran número de los trabajos de recopilación de viajeros en Centroamérica se limita a introducir los textos con una breve biografía de los autores. En tal sentido, afirma Soto Quirós, su riqueza estriba en que sirven de fuentes históricas y se inspiran en el estilo sobrio de presentación de los autores, inaugurado por Ricardo Fernández G., en su obra mencionada de los años veinte64.

110Uno de los trabajos pioneros, en los que se intenta hacer una clasificación sobre los viajeros y sus temas, aparece en la obra de compilación del estadounidense Franklin D. Parker65, en la que se buscan ejes temáticos, tal como lo ha analizado Soto Quirós, quien señala los siguientes: la gente con sus características (habla y costumbres); los sitios geográficos y sus descripciones; la política; la economía; la enseñanza; el arte y la religión66.

111Miguel Ángel Quesada Pacheco, en su libro Entre silladas y rejoyas. Viajeros por Costa Rica de 1850 a 1950, recoge los relatos de 18 autores, quienes viajaron a este país entre los años mencionados. Además incluye los diarios de viajes de una serie de religiosos alemanes en Talamanca, durante los años de 1895 y 1908.

112Este autor se planteó la necesidad de enmarcar los textos de viajero dentro del género discursivo correspondiente, encontrando que existía “disparidad de opiniones a la hora de clasificar genéricamente un relato de viajeros67”. Señala que, algunos al destacar los rasgos de valor literarios en ellos, los ubican dentro de un género literario específico, denominándolos crónicas. En cambio, afirma, los historiadores “tienden a catalogar el relato de viajes como parte de los géneros historiográficos”. En tal sentido cita al historiador español Guillermo Céspedes del Castillo quien afirma que la literatura de viajes “se inicia con relatos autobiográficos de descubridores y exploradores, continúa con testimonios de pasajeros y comerciantes, se enriquece con viajeros extranjeros que conocían las Indias o residieron en ellas68”. En opinión de Miguel Ángel Quesada, es ésta la posición que ha prevalecido, de manera explícita o implícita, en los editores de antologías de viajeros.

113En la perspectiva de Quesada, el relato de viajes es concebido como un texto autónomo de características híbridas: “un discurso que representa un género divergente de los literarios (novela cuento, drama), del ensayo y de los géneros historiográficos (biografías, crónicas, etc.) pero que a la vez tiene rasgos de todos los géneros mencionados”. También, plantea que en los autores de tales relatos existe “un deseo explícito (…) por ser fiel a lo que vio, pero (…) lleno de creatividad (que) infunde al relato un alto valor estético69…”.
Quesada plantea que debe examinarse dicho relato en sus tres componentes: el autor; el “otro” (es decir, las personas sobre las que recae la mirada del primero), y el texto propiamente. Sin embargo, Quesada da un énfasis particular al autor, pues señala que deben tomarse en cuenta todos los rasgos que formaron “su identidad como ser pensante”. Es decir todo aquello que “formó su forma de pensar, su visión del mundo”. Establece que es posible detectar dos niveles del “yo” del autor. Uno de carácter autobiográfico y otro subyacente, más difícil de detectar, lo cual sólo se puede realizar mediante el “análisis profundo del texto”. En este sentido cita a T. Todorov, quien ha realizado “extensos análisis sobre la personalidad de los viajeros y su visión del mundo únicamente a través de sus relatos de viajes70”. E igualmente, Quesada establece la diferencia de este punto de vista con el de los historiadores, quienes conciben el relato de viajes como un género historiográfico, por lo que “han sentido la necesidad de ahondar en la vida privada del autor y se han esmerado por acompañar sus relatos con datos biográficos71…”.

114Quesada enfatiza en que los historiadores, al clasificar el relato de viajes como un género historiográfico, han dado gran importancia a la búsqueda de datos biográficos de los autores, con la intención de identificar su personalidad, “el trasfondo como persona en tiempo y espacio; su proveniencia, su historia, sus concepciones religiosas y filosóficas (aquello que) en algún modo ha marcado su forma de pensar, su visión de mundo72”. Plantea igualmente que “el autor de un relato de viajes difiere del autor de una obra literaria (pues) está motivado por el recuerdo y el deseo de apegarse a la realidad que le tocó vivir”. En tanto que el autor de obras literarias “está motivado por la pura inspiración, y la historicidad puede ser solo un elemento de su imaginación creadora73”.

115Aspecto importante señalado por Quesada es el de que los autores de relatos, al considerar al “otro”, es decir al nativo en quien posan su mirada, también observa las “diferencias que están condicionadas geográfica e ideológicamente”. Por ello, señala que los viajeros insisten en las diferencias que notan entre nicaragüenses y costarricenses, o entre mexicanos y costarricenses, e incluso entre los propios costarricenses.

116Quesada destaca también que el autor debe ser analizado como “actor, como testigo y como creador”. Y que cada uno de esos niveles puede que “predomine sobre el otro, o bien, los tres niveles pueden aparecer combinados, de manera complementaria74”. Así, insiste Quesada, “cuando (…) el autor es testigo (…) el relato termina siendo un recuento de los hábitos y costumbres del pueblo o de la comunidad de anfitriones, de su forma de pensar, de la naturaleza que los rodea, etc75. Sin duda, para Quesada, los relatos pueden ser empleados “para el conocimiento de la etnografía, de la historia, de la lengua o habla del otro”. Y añade que algunos son de vital importancia para los historiadores, por su interés etnográfico o bien para los estudiosos de la Campaña Nacional de 1856, por la perspectiva que se puede tener del invasor filibustero en los relatos de estos viajeros. Sin embargo, advierte que el “investigador siempre tendrá que tratar los relatos de viajeros con cautela (pues éste) es sólo una ayuda, cumple una función ancilar para el investigador, el cual deberá corroborar sus investigaciones con otros documentos de la época76”.

117Otro punto señalado por Quesada tiene que ver con el aspecto estético del relato de viaje. En su opinión, el autor que logra publicar sus impresiones de viaje, se preocupa de la forma, pues tiene como objetivo que los lectores encuentren placer en su lectura. Y esta es la razón por la que el texto del relato de viajes es partícipe de los rasgos literarios, sin que sea una obra literaria en si77.

118Finalmente Quesada señala que, dada “la complejidad representada en los relatos, sus múltiples facetas y características, además de la variedad con que sus autores los presentan, no (…) permiten visualizar la diferenciación analizada por Todorov, de ver el Yo como un todo, representante ideológico del llamado mundo occidental78”. Afirma Quesada, que ha encontrado grandes diferencias entre los autores de relatos por él compilados, disimilitud entre los autores respecto del nuevo ambiente al que ellos se enfrentan. Por ello, afirma que “el relato de viajes, tal como se concibe actualmente, nace en Europa (pero), cada uno de los autores de origen europeo imprime un toque personal que hace que el relato difiera de su connacional y de su contemporáneo79”.

119Cabe destacar entonces que Miguel Ángel Quesada, un filólogo, se acerca más en su punto de vista sobre los relatos de viajes a los historiadores. Su enfoque sobre este género difiere de la postura que frente a éstos propone el filósofo Tzvetan Todorov. Este último autor, quien ha incursionado en los estudios de la historia de las ideas aplicando la teoría literaria, ha ejercido una enorme influencia académica en los análisis que actualmente se realizan sobre los travelogues o relatos de viajeros, en una perspectiva perniciosa para la disciplina histórica80.

120El punto de vista de Quesada Pacheco contrasta notablemente con el análisis de los relatos de viajeros elaborado por Juan Carlos Vargas, profesor de literatura norteamericana y británica en la Universidad de Costa Rica, quien recopiló un conjunto de 21 artículos sobre América Central, que fueron originalmente publicados en cuatro de las más prestigiosas revistas del siglo XIX en Estados Unidos entre 1854-189581. Estos artículos constituyen relatos de viaje en seis de los siete países que actualmente conforman América Central: Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá.

121A diferencia de Quesada, Vargas se propone descubrir y resaltar las ideas de superioridad e inferioridad racial explícitas o subyacentes en los autores de los artículos compilados. En tal sentido, Vargas se entrega a la tarea de denunciar cómo los ojos imperiales miraron a los centroamericanos durante el siglo XIX, e igualmente cómo la visión racista servía como “preparación ideológica e intelectual para el real movimiento hacia el oeste o el sur. (Estaban) profundamente conectadas con el Destino Manifiesto; … servían al desarrollo de ideologías (para) las actividades imperialistas82”.

122Vargas asume en su análisis el postulado de Tzvetan Todorov, de tratar de descubrir la personalidad por medio de la búsqueda de determinados temas generalizados en los relatos de viajeros, particularmente el racismo y la concepción en estos autores, de que la única manera en que los pueblos centroamericanos podrían progresar era mediante la inversión de capital y la presencia de europeos y estadounidenses en la dirección de las tareas necesarias a realizar para sacar a estos pueblos del supuesto letargo y atraso en que vivían.

123 Según esta línea de interpretación, centrada en la denuncia, el objetivo de los viajeros es parte de un plan con visos conspirativos, para promover el cambio de mentalidad necesario a los intereses nacientes del mercado mundial. Esta transformación era el requisito para el avance de la Revolución Industrial en Europa y del capitalismo como sistema de dominación económica mundial. Así, según Vargas, el objetivo de los textos escritos por los viajeros no sería otro que el control de los individuos sujetos a la nueva máquina imperialista en las nuevas repúblicas latinoamericanas, una estrategia más entre las diversas técnicas para lograr la subyugación de los cuerpos y el control de las poblaciones, por medio de la divulgación de la “mentalidad colonial”. En tal sentido, los viajeros al narrar las vivencias de sus itinerarios, en vez de suministrar información objetiva, lo que realizaban era intelectualismo político, discursear su autoafirmación, su racismo sirviendo así como instrumento de la dominación imperialista83.

124 En su amplia antología, Vargas analiza tanto los textos de los viajeros así como las ilustraciones en ellos incluidas. Estudia igualmente los escritos de Ephraim George Squier, encargado de negocios del gobierno de los Estados Unidos de América ante los gobiernos de los Estados centroamericanos en 1849 y 1853. Tomando a este personaje como sujeto de estudio, Vargas se propone probar su teoría de que los viajeros, más que procurar transmitir en sus relatos lo que ellos veían, eran cautivos de sus prejuicios. Por otra parte, dentro de su razonamiento, Vargas afirma que los viajeros, al hacer explícito su racismo y desprecio de las poblaciones indo y afro-americanas, tenían como objetivo la preparación ideológica e intelectual para la expansión territorial de los Estados Unidos, así como preparar el terreno para la puesta en práctica de “actividades imperialistas”. En síntesis, los viajeros con sus relatos, son concebidos como la punta de lanza del Capitalismo, los encargados de preparar ideológicamente a las tierras centroamericanas para un asalto desde la perspectiva masculino-colonialista del hombre blanco.

125En los últimos años, este tipo de enfoque ha sido objeto de importantes cuestionamientos debido a la naturaleza ecléctica e ideológica de sus supuestos teóricos. No obstante, a pesar de que diversos historiadores han elaborado una crítica demoledora de este tipo de análisis en boga entre filósofos, lingüistas y antropólogos, han tenido una gran influencia académica en las universidades europeas y en las de América Latina durante la pasada y actual década84.

Los viajeros y sus relatos en la perspectiva del historiador

126 El historiador se plantea la existencia de una realidad objetiva y no construida por el observador, la cual, a pesar del sesgo introducido por la subjetividad del narrador, no puede descartársela como una mera representación o proyección de imágenes prejuiciadas que a su vez sirven a un oscuro propósito.

127Si suponemos que no existe la posibilidad de ir más allá que de la construcción del objeto por el observador y de que somos incapaces de superar los límites que nos imponen los conceptos, entonces queda eliminada la posibilidad de un conocimiento certero (hechos) de las sociedades, al pensar que solamente existen juicios de valor.

128Dentro de la visión clásica del conocimiento, que parte del realismo como enfoque filosófico, es importante recordar algunos postulados básicos que comparto como historiador:

129-El objetivismo de la realidad: esto es que “el mundo que tratamos de comprender conocer es en buena parte lo que independiente de nosotros y de nuestras creencias acerca de él85”.

130-El objetivismo de la explicación racional: señala que “en circunstancias apropiadas, nuestra exposición a la evidencia es capaz por sí sola de explicar por qué creemos lo que creemos86”.

131La concepción del constructivismo es más bien heredera del idealismo. Esto es que la percepción es la que crea la realidad. O como señaló el filósofo irlandés George Berkeley, formulador de la teoría del conocimiento idealista, si no hay una mente pensante nada existe por sí.

132Así proceden los enfoques basados en la semiótica, cuando se hace énfasis en la búsqueda de imagotipos comunes en los viajeros, pareciera considerarse que todos los viajeros compartían un esquema de pensamiento, una ideología cultural de la que no podían escapar. De manera que su “mirada del otro” estaría siempre imbuida de su sentido de superioridad, a la vez que sus narraciones no expresaban otra cosa que la preparación ideológica para la dominación de los pueblos hispanoamericanos por el capitalismo industrial estadounidense y europeo. Esta interpretación es incompatible con la disciplina histórica, al adoptar la idea de la supuesta imposibilidad de la comprensión y análisis del pasado.

133Para el historiador, existe una realidad objetiva, la cual es posible conocer mediante la aplicación del método histórico. En tal sentido, los viajeros interesan por la información que nos transmiten y para verificar su autenticidad es posible recurrir al contraste de testimonios. Diversos relatos de viajeros en la Centroamérica del siglo XIX han sido utilizados por historiadores pero siempre complementados y contrastados con otros documentos. Éste ha sido el caso de viajeros como John L. Stephens, con su libro Incidentes de viaje a Centroamérica, Chiapas y Yucatán, quien retrató vivas semblanzas del istmo centroamericano durante las guerras civiles que enfrentaron a liberales y conservadores en Guatemala, El Salvador y Honduras en los años de 1839 y 184087.

134En suma, el historiador debe plantearse la existencia de una realidad objetiva y no construida por el observador, la cual, a pesar del sesgo introducido por la subjetividad del narrador, no puede ser descartada como una mera representación o proyección de imágenes prejuiciadas al servicio de un oscuro propósito. Los viajeros interesan por la información que nos transmiten y para verificar su autenticidad es posible recurrir a la comparación y contraste de testimonios y fuentes. Es entonces posible e idóneo el uso de estos relatos como fuente de información de primera mano, un conocimiento que nos permite hoy ahondar en las raíces, idiosincrasia y particularidades de los pueblos centroamericanos.

135 En este sentido, la opinión de Quesada Pacheco es acertada: los relatos son muy diversos, así como compleja y distinta es la personalidad de cada uno de los autores de los relatos de viaje. E igual de válido es el rechazo de Quesada Pacheco a la posición de Todorov, quien considera a todos los autores de relatos como meros representantes ideológicos del mundo occidental.

136Quesada Pacheco, refiriéndose a dos de los relatos de viajeros por él traducidos, plantea que son esenciales, por ejemplo, para “el historiador que quiera hacer una descripción profunda de los sábados por la mañana, día de mercado en la Plaza Principal (hoy Parque Central) de San José, para citar un aspecto de interés etnohistórico”, el cual en su opinión se puede comparar con la visión de un costarricense, el “relato de Manuel González Zeledón, intitulado Un día de mercado en la Plaza Principal88”.

137En el caso de Centroamérica es posible también emplear los relatos de viajeros para comparar el estado de dos países en un momento determinado, pero la información obtenible es enorme considerando la gran cantidad de viajeros procedentes de muy distintas latitudes, así como los intereses y la formación profesional de cada uno de ellos. Como afirma el investigador Ronald Soto Quirós, se trata de individuos de trayectorias muy diversas que llegan a la región ya sea como diplomáticos, como partícipes de intereses comerciales, como exploradores científicos o como simples viajeros89.

138Los viajeros del siglo XIX y del principio del siglo XX han sido descritos como aventureros, sabios, fundadores de nuevos métodos científicos. Algunos realizaron expediciones extensas; otros concentraron sus documentaciones en zonas geográficas limitadas. Sus motivaciones eran múltiples: desde la simple curiosidad, la búsqueda de recursos naturales explotables, la determinación de la navegabilidad de las vías acuáticas, el deseo de fomentar la inmigración de colonos, el interés científico o la búsqueda de objetos arqueológicos, etc.

139El historiador puede y debe utilizar estos relatos como fuentes históricas, es decir, lo primero consiste en determinar la veracidad de la narración a la que se enfrenta. Es decir considerar en primer lugar que se trata de un travelogue auténtico y no ficcional. En segundo lugar, contrastar la narración del viajero con otras fuentes históricas contemporáneas. Así, diversos viajeros en la Centroamérica del siglo XIX han sido utilizados por historiadores pero siempre complementada la información por ellos transmitida con otros documentos.

140El investigador Ronald Soto Quirós ha planteado que el interés surgido en Costa Rica a principios del siglo XX por traducir los múltiples relatos de viajeros que visitaron la pequeña nación en el siglo XIX, tenía como interés dar a conocer las ideas de alabanza sobre el país, y que, entre los años de 1950 y 1970 los estudios sociológicos buscaron resaltar las supuestas características de un “ser nacional” o una “idiosincrasia costarricense”, tomando como punto de partida los relatos de viaje. Aunque, como afirma a la vez Soto Quirós, si bien la traducción de esos textos buscaba destacar los aspectos positivos del país, no por ello se suprimían aquellos pasajes que se pueden considerar como “negativos” para la imagen de Costa Rica. Es así que, el aspecto fundamental de la publicación de estas narraciones de viaje fue servir de punto de partida para la realización de investigaciones tanto científicas como históricas. En el primer caso, cuando sirvieron de estímulo para el desarrollo de investigaciones arqueológicas, botánicas, geológicas y geográficas. En cuanto al estudio histórico, su importancia radica en la información etnográfica, política, militar y de otra índole que ofrecen estos textos.

141Puede afirmarse que los relatos de viaje ofrecen la visión de un país o región en un determinado momento de su pasado. Esta información, enmarcada en un estudio que integre el uso de otras fuentes documentales, permite esclarecer las razones que confieren la particularidad a dos países, en este caso Nicaragua y Costa Rica en un mismo momento histórico. Si bien en muchas ocasiones los viajeros atribuyeron las diferencias en las costumbres y calidad de vida a las características raciales de uno u otro, relacionándolas en un “mayor o menor grado de civilización”, el trabajo del historiador, al situar en su contexto histórico las razones de estas diferencias, podrá utilizar el relato de viaje como una fuente que se complementa con otras informaciones. El historiador que conoce su oficio sabrá diferenciar entre hechos reportados en los escritos y lo que es mera opinión. No cabe aquí lo que hacen algunos investigadores, quienes obsesionados por el sesgado enfoque de los llamados estudios poscoloniales, se centran en desenmascarar los “objetivos perversos” de los viajeros extranjeros, presentados como racistas al servicio del “imperialismo colonial” o del “avance del capitalismo”.

142Los relatos de viajeros, además del interés literario que despiertan, adquieren relevancia para el quehacer histórico si se tiene en cuenta que incursionan en temas que no figuran en otras fuentes documentales. Y, aunque no siempre puede un viajero al narrar sus vivencias, desprenderse totalmente de su concepción personal y cultural del mundo, es un individuo capaz de representar la realidad que percibe. Y no pocas veces sus ideas personales serán transformadas especialmente cuando su estancia es prolongada. Si es cierto que el viajero observará ese nuevo mundo a través de sus “propios lentes”, el prolongado contacto con las realidades del país que visita y su encuentro y vivencias con individuos pertenecientes a distintas capas sociales, terminará por modificar su visión personal. Por tanto, es valiosa su utilización como fuente histórica, si se tiene el cuidado de situar sus apreciaciones dentro en el contexto histórico de los países visitados.

143Así, por ejemplo, los relatos de viaje relativos a Nicaragua a mediados del siglo XIX enfatizan cómo quienes se desplazaban en los caminos de ese país portaban sus armas, hacían ostentación de ellas y se mostraban desconfiados. Era esa una época en la que había mucha gente armada y en consecuencia asaltos y tropelías, resultado del desorden provocado por las guerras civiles. Un significativo cambio reportan los viajeros que llegaban desde Nicaragua a Costa Rica, un país en el que no había una situación de guerra, contraste que estos viajeros no dudaban en reportar en sus narraciones. Y, esta era la razón por la que “se olvidaban” de portar sus armas o hacer ostentación de éstas al ingresar a Costa Rica. Entonces, el contexto histórico explica el porqué de esta diferencia señalada por los viajeros en sus narraciones. No cómo algunos viajeros erradamente señalaron: que la paz social de Costa Rica obedecía a que su población era “racialmente más blanca” que la de Nicaragua. Aunque es un hecho que una mayor homogeneidad racial y cultural aminora los conflictos y la violencia.

Conclusión

144Los relatos de viajeros constituyen sin lugar a dudas una fuente esencial y amena para investigar las sociedades centroamericanas del período colonial y del siglo XIX. Por ello, al abordar estas narraciones de viaje, el historiador que conoce su oficio debe diferir de la del crítico literario. El objeto de estudio de la historia son los hechos acaecidos, no las palabras de un texto. El crítico literario de tiempos recientes se halla muchas veces imbuido por las corrientes derivadas de la semiótica, un método de factura estructuralista de análisis de textos, en gran auge durante los años setentas y ochentas en los departamentos de letras y que permeó rápidamente, con desastrosas consecuencias la mayor parte de las veces, el trabajo histórico, así como los departamentos de ciencias sociales a través de los llamados “estudios poscoloniales”.

145Es parte del método histórico que se confronten estos textos con otros materiales de archivo sin olvidar que estos relatos han sido esenciales para el conocimiento del pasado y de sus personajes. Por ejemplo, poco sabríamos de los rasgos físicos del jefe del Estado costarricense Braulio Carrillo si no fuera por la descripción que nos dejó el viajero John L. Stephens cuando estuvo en Costa Rica en 1839. Igualmente para los investigadores centroamericanos este autor ha sido fundamental para tener una imagen de los enfrentamientos entre las tropas de Carrera con las de Morazán en Guatemala, El Salvador y Honduras en esos años e incluso de ambos personajes.

146La historia como disciplina busca, de manera sistemática, situar en su contexto histórico los documentos y comparar las distintas fuentes disponibles para elaborar un discurso explicativo. Por el contrario, los teóricos literarios aplican una teoría previamente escogida a determinados textos, con el fin de resaltar o enfatizar ciertos aspectos, privilegiados de antemano por una agenda política y un cuerpo teórico elaborado por la semiótica, de manera que estos encajen dentro del enfoque teórico utilizado.

147 Pienso que este repaso de algunos autores viajeros, que visitaron o se instalaron temporalmente en Centroamérica o en otra parte del continente americano, ofrecen una variada y rica información difícilmente disponible en otras fuentes históricas: las características de determinados grupos étnicos, la mentalidad de las gentes, las circunstancias políticas del momento, las características de varios personajes políticos o militares, las actividades económicas y socio-culturales. Sin duda la opinión sobre las vivencias narradas denota la subjetividad de sus autores. El verdadero historiador dispone de muchos mecanismos para poder discernir entre una opinión y la veracidad de un hecho. Y así al igual que la ideología no debe llevarnos a compartir “a pie juntillas” las impresiones de estos viajeros, tampoco por motivos ideológicos opuestos debemos descalificar sus escritos o tacharlos de “embustes” al servicio de una cruzada imperialista y de dominación masculina. Por tanto, el historiador puede utilizar de manera provechosa estas fuentes ricas en descripciones de primera mano que nos hicieron llegar estos extranjeros, una vez visitantes del Nuevo Mundo durante la larga época colonial y luego durante el siglo XIX.

148 Para concluir, tal como lo ha señalado el eminente historiador Peter Heather, aunque los instrumentos de análisis literario tienen su valor, la analogía jurídica es más apropiada para el quehacer general de la historia: las fuentes son testigos, que abogan a favor de un determinado ángulo de comprensión. No son “un constructo de la imaginación de los autores en el sentido que lo son los textos literarios”. Y añade: “la historia, al igual que el sistema legal, tiene que enfrentarse al descubrimiento de cadáveres reales, pese a que la comprensión deba construirse a partir de fuentes sustentadas sobre cimientos ideológicos90”.

149Por último, pero no lo menos importante: no debemos perder esa gran oportunidad de disfrutar este magnífico tipo de literatura que aborda lo histórico a partir de una mirada intimista y que nos trasporta a mundos ya desaparecidos.

150Notas de pie de página

1511 Paul Boghossian, El miedo al conocimiento: contra el relativismo y el constructivismo, (Madrid: Alianza Editorial, 2012), pág. 35.

1522 Paul Boghossian, El miedo al conocimiento…, pág. 19.

1533 Beatriz Colombi, Viaje intelectual: migraciones y desplazamientos en América Latina (1880-1915), (Rosario, Argentina: Beatriz Viterbo editora, 2004).

1544 Beatriz Colombi, Viaje intelectual …, pág. 13.

1555 Pablo Castro Hernández, “Monstruos, rarezas y maravillas en el Nuevo Mundo: Una lectura a la visión de los indios de Patagonia y Tierra del Fuego mediante la cartografía de los siglos XVI y XVII”, Revista Sans Soleil-Estudios de la Imagen, No. 4 (2012) Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, págs. 30-52.

1566 Walther L. Bernecker “Literatura de viajes como fuente histórica para el México decimonónico: Humboldt, inversiones e intervenciones”, en: Tzintzun, Revista de Estudios Históricos, No. 38, julio-diciembre, Universidad Michoacana de San Nicolás Hidalgo, México, (2003), págs. 35-64.

1577 Ejemplo de ello son las publicaciones de las revistas alemanas Akademie der Wissenschaften, Philosphisch-historische Klasse; Verhanlungen der Berliner Anthropologischen Gesellschaft; Petermanns Geofraphische Mitteilungen, de Gotha, Turingia. En Costa Rica Henri Pittier iniciaría publicaciones similares en: Anales del Instituto Físico-Geográfico y del Museo Nacional de Costa Rica.

1588 Paul Boghossian, El miedo al conocimiento…, pág. 40.

1599 Para la redacción de los párrafos anteriores nos hemos basado en el estudio de Walther L. Bernecker, citado atrás.

16010 Véase Juan Carlos Solórzano F. y Claudia Quirós V., Costa Rica en el Siglo XVI: Descubrimiento, exploración y conquista, (San José: Editorial de la U.C.R, 2014) reimpresión, págs. 3-34.

16111 Consuelo Varela (ed.), Cristóbal Colón. Los cuatro viajes. Testamento, (Madrid, 1986). Luis Arranz Márquez (ed.), Cristóbal Colón. Diario de a bordo, (Madrid, 1991).

16212 Oscar de la Cruz Palma, Las Ideas Medievales de Cristóbal Colón en su Viaje a la India. Universitat Autònoma de Barcelona. Véase http://www.hottopos.com/mirand8/colon.htm

16313 Luis Arranz Márquez, Cristóbal Colón, Misterio y Grandeza, (Madrid: Marcial Pons. Ediciones de Historia, S. A., 2006).

16414 “Carta del Almirante a los Reyes Católicos”, en Cristóbal Colón, Los cuatro viajes del Almirante y su testamento. Edición y prólogo de Ignacio B. Anzoátegui. (Madrid: Colección Austral de Espasa Calpe, S. A., 1977).

16515 Jaime Incer Barquero, Descubrimiento, Conquista y Exploración de Nicaragua: Crónicas de fuentes originales, seleccionadas y comentadas. (Managua: Colección Cultural de Centro América, Serie cronistas No. 6, 2002), págs. 6-8.

16616 Oscar de la Cruz Palma, Las Ideas… , http://www.hottopos.com/mirand8/colon.htm

16717 José Rabasa, Inventing America: Spanish Historiography and the Formation of Eurocentrism, (Norman: University of Oklahoma Press, 1993), pág. 140.

16818 Gonzalo Fernández de Oviedo, Sumario de la natural historia de las Indias, (México: Fondo de Cultura Económica, 1950).

16919 Gonzalo Fernández de Oviedo, Historia General y Natural de las Indias, islas y tierra firme del mar océano, (Madrid: Imprenta de la Real Academia de la Historia, 1851).

17020 José Rabasa, Inventing America…, págs. 149-151.

17121 Para la elaboración de las ideas aquí planteadas nos basamos principalmente en Vanina María Teglia, El nativo americano en Bartolomé de las Casas: la proto-etnología “colegida”de la polémica, en: Mirador Latinoamericano, Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras: http://www.cialc.unam.mx/web_latino_final/archivo_pdf/Lat54-217.pdf

17222 Manuel Carrera Díaz, “Introducción” a Historia del Nuevo Mundo, (Madrid: Alianza Editorial, 1989), págs. 7-52.

17323 Angela Enders, “An Italian in the New World: Girolamo Benzon’s Historia del Mondo Nuovo”, Dispositio, Vol. XVII, Nos. 42-43, Department of Romance Languages, University of Michigan, (1992).

17424 Girolamo Benzoni, Historia del Nuevo Mundo, pág. 201.

17525 Angela Enders, “An Italian in the New World:…”, pág. 22.

17626 Angela Enders, “An Italian in the New World:…”, pág. 24.

17727 Angela Enders, “An Italian in the New World:…”, pág. 25.

17828 Angela Enders, “An Italian in the New World:…”, pág. 26.

17929 Girolamo Benzoni, Historia del Mundo Nuevo, pág. 318.

18030 Angela Enders, “An Italian in the New World:…”, pág. 27.

18131 Angela Enders, “An Italian in the New World:…”, pág. 29.

18232 Angela Enders, “An Italian in the New World:…”, pág. 30.

18333 Manuel Carrera Díaz, “Introducción”, pág. 33.

18434 Manuel Carrera Díaz, “Introducción”, pág. 47.

18535 Angela Enders, “An Italian in the New World:…”, pág. 32.

18636 Angela Enders, “An Italian in the New World:…”, pág. 34. (traducción personal).

18737 Nina Gerassi-Navarro, Pirate Novels: Fictions of Nation building in Spanish America, (Durham: Duke University Press, 1999), pág. 143.

18838 Allen D. Boyer, Gage, Thomas Dominican friar and writer. (New York: Oxford University Press 2004), http://www.oxforddnb.com/view/printable/10274

18939 Allen D. Boyer, Gage, Thomas

19040 La primera versión en castellano traducida directamente del inglés se publicó con el título Viajes por la Nueva España y Guatemala, edición y estudio introductorio a cargo de Dionisia Tejera, (Madrid: Historia 16, 1987).

19141 Viajes por la Nueva España y Guatemala

19242 Véase al respecto Franz Termer, “El valor histórico, geográfico y etnológico de los apuntes de John Cockburn sobre Centroamérica en el Siglo XVIII”, en: Los viajes de Cockburn y Lièvre por Costa Rica (Selección de Elías Zeledón Cartín). (Costa Rica: EUNED, 2014), pág. 59.

19343 John Cockburn, The Unfortunate Englishmen or, a Faithful Narrative of the Distresses and Adventures of John Cockburn and five other english mariners. (London: Printed and Sold by Booksellers in Town and Country. (4th. edition), 1779).

19444 Carlos Meléndez, Los viajes de Cockburn por Costa Rica, (San José: Editorial Costa Ricca, 1976).

19545 Carlos Meléndez, Viajeros por Guanacaste, (San José: Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, 1974), pág. 73.

19646 Carlos Meléndez, Viajeros ..., pág. 81.

19747 Claudio Barrantes Cartín, Crónicas del Golfo Dulce, (San José: EUNED, 2014), pág. 65.

19848 Franz Termer, “El valor histórico”…, pág. 89.

19949 Claudio Barrantes Cartín, Crónicas..., pág. 67.

20050 Franz Termer, “El valor histórico”,… pág. 92.

20151 Franz Termer, “El valor histórico”,… pág. 93.

20252 Franz Termer, “El valor histórico”,… pág. 95.

20353 María Eugenia Bozzoli Vargas, “Prólogo” a : Los viajes de Cockburn y Lièvre por Costa Rica (Selección de Elías Zeledón Cartín), (Costa Rica: EUNED, 2014), pág. X-XI.

20454 The Great Web of Percy Harrison Fawcett, en: [http: //www.phfawcettsweb.org/condam.htm]

20555 “Viaje de Portobelo a Nicaragua”, transcrito por Julian Andrei Velasco Pedraza in Boletín N° 52, (2012), http://www.afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action*fi_aff&id*3052

20656 Mary Louise Pratt, Imperial Eyes: Travel Writing and Transculturation, (New York: Routledge, 2008, 2nd. edition).

20757 John L. Stephens, Incidentes de viaje en Centroamérica, Chiapas y Yucatán. (San José: EDUCA, 1982, 3ª edición, 2 volúmenes), George E. Squier, Nicaragua, sus gentes y paisajes, (San José: EDUCA, 2ª edición, 1972).

20858 Wilhelm Marr, Viaje a Centroamérica, (San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2004).

20959 Wagner Moritz y Carl Scherzer, La República de Costa Rica en Centroamérica, (San José: Biblioteca Yorusti, Imprenta Lehmann, 1944).

21060 Ronald Soto Quirós, “Representaciones de Centroamérica en la Francia de la Belle Époque: el discurso sobre las razas en Guatemala y Costa Rica”, Istmo (Revista virtual de estudios literarios y culturales centroamericanos) enero-junio 2007.
http://istmo.denison.edu/n14/articulos/representacion.html

21161 Ronald Soto Quirós, “Viajeros, traducciones y autoelogios: el interés por los relatos de extranjeros, Costa Rica y Guatemala 1871-1944”, Boletín AFEHC, N° 56 (marzo 2013) http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action*fi_aff&id*3503

21262 Ricardo Fernández Guardia, Costa Rica en el siglo XIX. Antología de viajeros. Biblioteca de Clásicos de la Historia Costarricense, (San José: EUNED, 2002).

21363 Pablo Biolley “Bibliografía. Obras publicadas en el extranjero acerca de la República de Costa Rica durante el siglo XIX. Notas compiladas y ordenadas por Pablo Biolley”, Revista de Costa Rica en el siglo XIX, Tomo Primero, San José, C.R., Tipografía Nacional, 1902, págs. 363-404.

21464 Ronald Soto Quirós, “Viajeros, traducciones”…

21565 Franklin D. Parker, Travels in Central America, 1821–1840, (Miami: University of Florida Press, 1970).

21666 Ronald Soto Quirós, “Viajeros, traducciones”…

21767 Miguel Ángel Quesada Pacheco, Entre silladas y rejoyas: Viajeros por Costa Rica de 1850 a 1950, (Cartago, C. R.: Editorial Tecnológica de Costa Rica, 2001), pág. 16.

21868 Guillermo Céspedez del Castillo, Textos y documentos de la América Hispánica (1492-1898). Tomo XIII. (Barcelona: Labor, 1986).

21969 Miguel Ángel Quesada Pacheco, Entre silladas y rejoyas..., pág. 17.

22070 Miguel Ángel Quesada Pacheco, Entre silladas y rejoyas... pág. 18.

22171 Miguel Ángel Quesada Pacheco, Entre silladas y rejoyas

22272 Miguel Ángel Quesada Pacheco, Entre silladas y rejoyas,… pág. 21.

22373 Miguel Ángel Quesada Pacheco, Entre silladas y rejoyas.... pág. 21, 22.

22474 Miguel Ángel Quesada Pacheco, Entre silladas y rejoyas.... pág. 22.

22575 Miguel Ángel Quesada Pacheco, Entre silladas y rejoyas....

22676 Miguel Ángel Quesada Pacheco, Entre silladas y rejoyas... pág. 23.

22777 Miguel Ángel Quesada Pacheco, Entre silladas y rejoyas,…

22878 Miguel Ángel Quesada Pacheco, Entre silladas y rejoyas,… pág. 24.

22979 Miguel Ángel Quesada Pacheco, Entre silladas y rejoyas,…

23080 Por ejemplo: Tzvetan Todorov, La Conquista de América‬: El problema del otro‬. (México: Siglo XXI, 1987). Punto de vista criticado por autores como Keith Windschuttle, en su libro: The killing of history: how literary critics and social theorists are murdering our past. (Sydney, Australia: Macleay Press, 1996).

23181 Harper’s New Monthly Magazine, Scribner’s Magazine, the Century Illustrated Magazine, and the Atlantic Monthly.

23282 Juan Carlos Vargas, Tropical Travel: The Representation of Central America in the Nineteenth Cenury: facsímiles of ilustrated texts (1854-1895). (San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2008).

23383 Edward Said, Orientalism, (New York: Vintage Books, 1979).

23484 Véase Keith Windschuttle, The killing of history,…

23585 Paul Boghossian, El miedo al conocimiento … , pág. 41-42.

23686 Paul Boghossian, El miedo al conocimiento …, pág. 40.

23787 John L. Stephens, Incidentes,…

23888 Miguel Ángel Quesada Pacheco, Entre silladas y rejoyas,… págs. 22, 29.

23989 Ronald Soto Quirós, “Viajeros, traducciones”…

24090 Peter Heather, La caída del Imperio Romano. (Barcelona: Editorial Crítica, 2011), pág. 13.

241

Para citar este artículo :

Juan Carlos Solórzano F., « La importancia histórica de la literatura de viaje en Centroamérica: del período colonial al período republicano », Boletín AFEHC N°60, publicado el 04 marzo 2014, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=3774

Comentarios

Normas de uso

Esta es la opinión de los lectores de la AFEHC, no de la AFEHC No está permitido verter comentarios injuriantes. Reservado el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema. Una vez aceptado el comentario, se enviará un correo electrónico confirmando su publicación.

¿No tienes una cuenta todavía?
Puedes crear una

Como usuario registrado usted podrá publicar de forma inmediata comentarios con su nombre.