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AFEHC : bibliografia : La escuela sin Dios. Apuntes para una historia de la educación laica. : La escuela sin Dios. Apuntes para una historia de la educación laica.

Ficha n° 3792

Creada: 02 noviembre 2014
Editada: 02 noviembre 2014
Modificada: 02 noviembre 2014

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Autor de la ficha:

Amalia NIVÓN BOLÁN

Editor de la ficha:

Adriana ALVAREZ SÁNCHEZ

Publicado en:

ISSN 1954-3891

La escuela sin Dios. Apuntes para una historia de la educación laica.

Este libro es un análisis de los argumentos y acciones que tuvieron que construirse por actores políticos y educativos para dar paso a una escuela laica en El Salvador.
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Palabras claves :
Educación, Actores políticos, Escuela pública, Laicización
Categoria:
Libro
Autor:

González Torres, Julián

Editorial:
UCA editores
Fecha:
2014
Reseña:
El título del libro que nos ofrece Julián González Torres invita al análisis de los argumentos y acciones que tuvieron que construirse por actores políticos y educativos para dar paso a una escuela laica en El Salvador, proceso histórico que incursiona en el sendero que siguió la escuela primaria fundada, para pasar de la enseñanza religiosa trazada por la iglesia católica hacia una educación oficial con principios republicanos, nacionales y ciudadanos.

1En tres capítulos, el autor aborda el proceso de laicización de la escuela primaria en forma paralela a la conformación del estado laico de El Salvador durante el siglo XIX, época en que tiene lugar la independencia de las cinco naciones de Centro América de España y la creación de la República Federal Centroamericana (1821-1839). Momento en que suceden las primeras confrontaciones entre gobiernos seglares liberales y la fuerza política de la iglesia católica, anclada en la tradición colonial de administrar bienes y servicios primordiales para la población, como el uso de los cementerios y la enseñanza obligada de su doctrina en las escuelas elementales.

2La desobediencia a los mandamientos de la Ley de Dios implicaba someter el cuerpo humano al abandono del alma, expresado en la imagen del infierno, el sufrimiento y la culpa; en cambio, el seguimiento de los preceptos católicos garantizaba el buen comportamiento en todos los aspectos humanos: respeto al derecho ajeno, cumplimiento a las leyes y obediencia a la autoridad, y defensa de la nación hasta con la fuerza de las armas. Desde esta perspectiva, la enseñanza religiosa en la escuela ordenaba que los escolares y sus familias se comportaran según los preceptos mencionados, sometiéndose a su voluntad. El autor reflexiona acerca del poder político de la iglesia frente a derecho ciudadano otorgado por la soberanía de la república, lo que le lleva a destacar a partir de eventos historiográficos una larga lucha sobre cómo durante la primera etapa de vida independiente (1810-1830) fue entendiéndose el lugar social y político de la iglesia como factor de unidad nacional, y cómo transitar a la formación de nuevas generaciones de ciudadanos salvadoreños, con sentimientos, actitudes, responsabilidades, derechos y deberes en lo individual y colectivo.

3Los primeros gobiernos desafiaron al poder eclesiástico, los cuales se enfrentó a la libertad de culto, argumentando que ésta llevaría a propagar la incertidumbre y el caos entre los fieles. La iglesia se asumía como pilar de la moral, y el libre albedrío alimentaba el progreso social. No era sencillo deslindar sus intereses de los liberales criollos ilustrados, decididos a cambiar el pensamiento establecido y refundar en el estado nación el poder político de una república defensora de la libertad de culto; lo cual puede verse como una apertura política a la pluralidad religiosa, poco visible aún en esa época, pues el autor anota el arribo de comunidades protestantes alrededor de 1894; o bien, como una oposición francmasónica al poder político e ideológico que la iglesia católica concentraba.

4Este reposicionamiento del estado abrió el camino para impulsar la reforma educativa, y aunque la iglesia católica perdió poder, esta política alertó a los sectores más conservadores del peligro que podía representar el pensamiento laico en la educación primaria.
El autor argumenta cómo los líderes de los gobiernos liberales, más que elementos de confrontación o alianza con el poder religioso, son quienes defienden y hacer valer el derecho constitucional de la libertad de culto, delegando en los ciudadanos la decisión de elegir. Se desplaza así la educación religiosa al ámbito privado de las familias, lo que permite resolver la defensa de un derecho ciudadano a optar el culto religioso deseado, y la reforma educativa propiciar nuevas formas de conocer y aprehender el mundo, lo cual da lugar a nuevos retos que la escuela pública deberá enfrentar para conciliar los derechos individuales con los colectivos.

5González Torres introduce al lector en la relevancia que tienen los derechos y libertades de los ciudadanos en la integración de la nación, y la problemática que genera la desigualdad económica en los países industrializados como Estados Unidos, que se resistía en abandonar el esclavismo.

6El apego a la libertad individual, propiciada por la modernidad industrial, abrió nuevas contradicciones y desgarramientos en los individuos, afirma el autor, y señala que la literatura fue un espacio creativo que supo dar cabida a su expresión, aunque la escuela poco pudo lograr para conciliar entre los derechos individuales y colectivos de una nación, cuya población se encontraba dividida por diferencias económicas.

7Mayor sentido tuvo en las aulas la razón como forma de comprensión del comportamiento moral y a la importancia de dedicarle atención a la formación cívica y moral durante la infancia. Se verá entonces cómo a través de distintos textos escolares y narraciones sencillas de la vida cotidiana en familia, puede lograrse un análisis razonado del comportamiento moral de los personajes tratados en fábulas, cuentos, relatos para niños y niñas que asisten a la escuela.

8González señala que, en el tránsito a la modernidad, en el siglo XIX hubo un cambio en la forma de mirar el tiempo, es decir, la manera de analizar y explicar al niño el presente, pasado y futuro de la patria salvadoreña, lo que contribuyó a desmitificar algunos valores religiosos, de modo que las explicaciones sobre la vida política y cultural, religiosa y social fueron ocupando espacios distintos. Lo divino se trataba en colectividades más íntimas, privadas, con prácticas en lugares específicos, donde podía generarse una convivencia amable; y en otros espacios más abiertos, es decir, públicos, tratar asuntos de intereses económicos, políticos, literarios, artísticos o científicos.

9La escuela resultó ser un espacio público de lucha ideológica para definir el sentido de la formación ciudadana en las nuevas generaciones, qué elementos de formación moral y cívica debían ser los que dieran materia a los contenidos de enseñanza y cuál debía ser la forma de transmitirlos a los niños y niñas en los diferentes grados escolares, en el entendido de que en esta reforma educativa también hubo la preocupación por organizar la enseñanza de manera graduada y no ya simultánea, como fue ampliamente extendida por la Compañía Lancasteriana, en virtud de su economía de tiempo y recursos humanos.

10Entre los principales retos que la escuela primaria pública tenía que enfrentar, se encontraba el brindar al estudiante la información cívica sobre los derechos que por ley tenía: el ejercicio de la libertad ciudadana a favor del bien común. El interés de la escuela debía estar, nos dice el autor, “en enseñar al individuo lo indispensable para que aprendiera a conducirse en forma autónoma“. La escuela pública pasó a ser un espacio de formación de futuros adultos, que debían aprender a desempeñarse adecuadamente en el cumplimiento de funciones públicas. En esta tarea, al verse el estado impedido de cubrir sólo la demanda, sugiere que fuera decretada la libertad de enseñanza para las escuelas particulares y se diera cumplimiento a la enseñanza primaria de manera uniforme y gratuita.

11El libro distingue el interés de los gobiernos liberales de la época por la educación de las mujeres, la cual correspondía al pensamiento ilustrado, lo que significaba que las muchachas de estratos sociales pudientes aprendieran contenidos escolares distintos a los de mujeres de sectores pobres. La educación femenina, a pesar de responder a funciones de reproducción de la familia, destacaba las labores femeninas de la burguesía rural, el campesinado y sectores urbanos pobres y ricos. En este terreno de la educación de la mujer la formación ciudadana no existía. La escuela pública, por tanto, contribuyó a la construcción de un actuar ciudadano en espacios públicos de varones, que sesgaba, por condiciones de clase, la presencia pública de las mujeres. Este es un aspecto que el autor deja abierto, reiterando que el campo de la literatura contribuyó a dar a conocer los retos que enfrentaban mujeres de diferente estrato social al verse mover sus necesidades individuales.

12El fenómeno salvadoreño de laicización analizado por Julián González permite establecer relaciones entre lo local y lo regional, lo centroamericano y latinoamericano, pues al colocar a la religión católica en un lugar estratégico de poder pueden establecerse algunas semejanzas acerca de cómo se entiende el buen comportamiento individual y colectivo, las condiciones de trabajo y la obediencia a una autoridad institucional. Desde esta perspectiva, la historiografía de la escuela primaria en otras partes de la región latinoamericana permite establecer aproximaciones significativas para construir una historia de la educación laica, tal cual lo plantea el autor en el título de esta obra.

13En el trabajo que se presenta, se da a conocer una postura progresista y crítica del lugar que tiene el estado liberal salvadoreño en el siglo XIX, quizá más claramente definida que otras naciones latinoamericanas en esta misma época, pues al tiempo que reconoce el poder religioso, reafirma el estado los principios de laicidad, uniformidad, obligatoriedad y gratuidad de la enseñanza primaria, contribuyendo con ello a la reinvención de la tradición religiosa y a introducir en la enseñanza primaria otras formas de conocimiento y de estudio de la realidad en las escuelas públicas, lo que dio lugar a que profesores y funcionarios del sistema educativo, al menos en algunos círculos, pudieran generar textos escolares, organizar conferencias pedagógicas, y difundir, en periódicos y revistas, los reportes de profesores, los criterios pedagógicos de una enseñanza más objetiva y menos memorista, razonada y menos dogmática, más basada en las necesidades físicas, emocionales e intelectuales de los individuos y menos en el castigo, con la perspectiva de impulsar la reforma educativa que daría a los futuros ciudadanos mayor conocimiento sobre el territorio que habitan y la patria a la que se les enseña a defender y cuidar como futuros ciudadanos.

14Autora de la reseña: Amalia Nivón Bolán, Universidad Pedagógica Nacional, México.

Fuentes :

http://www.uca.edu.sv/noticias/texto-3198

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