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AFEHC : articulos : El estudio de la hacienda como factor de comprensión de las realidades políticas centroamericanas: posibilidades y perspectivas de discusión y estudio : El estudio de la hacienda como factor de comprensión de las realidades políticas centroamericanas: posibilidades y perspectivas de discusión y estudio

Ficha n° 3797

Creada: 05 noviembre 2014
Editada: 05 noviembre 2014
Modificada: 06 noviembre 2014

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Autor de la ficha:

Pablo Augusto RODRIGUEZ SOLANO

Editor de la ficha:

José Antonio FERNANDEZ MOLINA

Publicado en:

ISSN 1954-3891

El estudio de la hacienda como factor de comprensión de las realidades políticas centroamericanas: posibilidades y perspectivas de discusión y estudio

La formación de los estados centroamericanos fue un complejo proceso de negociación, conflicto y acuerdo que penetró todos los ámbitos públicos y privados en medio de la constitución de un nuevo espacio público de acción del derecho y la ley. Este artículo trata de revelar algunos mecanismos en los que la hacienda nos muestra las realidades políticas de Centroamérica y las posibilidades de estudios, archivos y análisis para ello. Más allá de los números hay realidades vividas por personas, intrigas y conflictos que son la materia prima de los estados. La comparación entre estas realidades en la región nos puede permitir una mirada privilegiada y más dinámica de las realidades que pretendemos explicar, aspecto que ha sido rehuido por los investigadores en general. A partir de lo anterior el estudio de la hacienda es un punto de entrada clave para el análisis de las realidades políticas.
Palabras claves :
Hacienda, Estado, Métodos, Fiscalidad
Autor(es):
Pablo Augusto Rodríguez Solano
Fecha:
Junio de 2014
Texto íntegral:

1

Introducción

2 Como lo ha señaló Joseph Schumpeter en 1954: “nada muestra tan claramente el carácter de una sociedad y de una civilización como la política fiscal adoptada por sus gobernantes, podemos esperar que en este campo se revelen con particular claridad la corriente principal y la contracorriente del período que estudiamos1“. Asimismo, ya otros grandes académicos como Marcel Marion, en Francia, señalaron este campo como el corazón del estado, no solo como motor económico sino como tronco que aglutina y nutre a las ramas de la sociedad y su gobierno2. Por su parte en 1840 Pío Pita Pizarro, en España, señalaba al respecto:

3“La ciencia de administrar la hacienda pública no consiste solo en el conocimiento de los tributos establecidos y modo de recaudarlos e invertirlos; ni tampoco en la invención continua de arbitrios ingeniosos para sacar la sustancia de los pueblos ocultándoles sus sacrificios; es mucho más noble e importan pues se dirige a hacer rico y poderoso al gobierno, fomentando el poder de la nación con la riqueza de sus individuos y su prosperidad progresiva3.”

4 Sin embargo, poco o nada de esto ha permeado el estudio de la historia en nuestras latitudes, que por lo general lo relega a los “especialistas”. Lo que ha dado como resultado el acopio ingente de cifras y análisis legales carentes de todo cuerpo y lógica en relación a la realidad que representan. La falta de un diálogo entre cifras y contexto socio-político, e incluso cultural, es uno de los mayores problemas a vencer por los historiadores centroamericanos en los años venideros. Financiar al estado es mucho más que solo crear impuestos e instituciones, conlleva la formación, fortalecimiento y muerte de dinámicas sociales, económicas y políticas con base territorial, que determinan el éxito o fracaso de los proyectos políticos.

5 Este artículo pretende analizar las posibilidades que se expresan en la comprensión de la hacienda pública como campo de estudio. Se muestra como un área multidisciplinar que permite, además, una amplitud de líneas de investigación que ayudan a explicar tanto las sociedades pretéritas como las actuales. A partir de lo anterior se plantean algunas ideas para una discusión más amplia, incentivando la incursión en algunos temas poco estudiados, revisando, al menos de forma parcial, algunas cifras y conclusiones de investigación.

Financiando al gobierno. El corazón de la estructura estatal

6 En 1848, el vicepresidente de la República, Juan Rafael Mora, señalaba con claridad meridional la compleja dinámica de la hacienda pública y las transformaciones ocurridas en la recaudación de los recursos del estado: “la riqueza pública que el país colectó en doce años de prosperidad, ha creado muchísimas necesidades extraordinarias que demandan recursos también extraordinarios para satisfacerse4.” Todo era muy reciente, la Ordenanza de Intendentes de Nueva España se abandonó como marco legal de la Hacienda Pública tan solo en 1838. Las fronteras del territorio era todavía muy difusas, la competencia con Nicaragua y Colombia empujaban a los gobiernos a la defensa y colonización de nuevos espacios en el norte y el Caribe. No obstante, los primeros veintisiete años tras la independencia no habían pasado en vano, Costa Rica iniciaba la década de 1850 con una multitud de nuevas instituciones y con visos de un ordenamiento jurídico-hacendario cada vez más alejado del sistema colonial.

7 La composición del ingreso público en esa Costa Rica (ver Cuadro 1) fue el resultado de la recomposición de los rubros coloniales, ajustados al contexto y la contingencia en la cual se desarrollaba la conformación estatal tras el fin del pacto colonial. Podemos hablar de una transición fiscal que comenzó a principios del siglo XIX, no en 1821, y se extendió sin detenerse, no por eso sin retrocesos y saltos, hasta las primeras décadas del siglo XX incluso. Aspecto que visto en la larga duración se acompañó de transformaciones políticas de distintos signos a lo largo del camino. Es posible pensar en la formación institucional de los gobiernos en la época como un resultado del complejo proceso de prueba y error a que se vieron obligados, el cual debía solventar problemas provocados por las pesadas estructuras socio-económicas y culturales del sistema colonial de hacienda.

8Cuadro 1. Peso relativo y total de los rubros de recaudación hacendaria, 1825-1859

9
Rubro Porcentaje Monto
Tabaco 27,91 2.886.903
Licores 18,09 1.871.099
Aduanas 13,59 1.406.020
Tierras 2,79 288.726
Alcabalas de tierras 3,42 353.365
Empréstitos 3,99 412.398
Casa de la Moneda 13,23 1.368.972
Diezmos 1,65 170.240
Otros derechos 15,34 1.586.592
Total 100 10.344.315

10Fuente. ANCR, Hacienda, signaturas: 6.656, 7.139, 7.303, 7.365, 7.458, 7.522, 7.583, 7.606, 7.661, 7.763, 7.871 f. 7, 7.883, 7.977, 9.363, 8.000, 8.001, 8.009, 8.265, 8.290, 8.339, 8.343, 8.355, 8.360, 8.400, 8.549, 8.598, 8.632, 9.577, 9.737, 10.271, 10.294, 10.524, 10.543 ff. 1-4, 10.587, 10.691, 10.712, 10.725, 10.733, 10.879, 10.980, 11.057, 11.167, 11.185, 11.678, 11.840, 11.950, 12.112 f. 64, 12.182, 12.701 ff. 134 y 143, 12.988, 13.193, 13.234, 13.251, 13.399, 13.675, 13.745, 13.949, 13.951, 14.145, 14.200, 14.522, 14.651, 14.657, 14.738, 14.909, 14.979, 15.301 ff 1-5, 15.406, 15.532, 15.611, 15.679, 15.833, 15.941, 16.062, 16.132 f. 62, 16.152, 16.480, 16.559, 16.787 ff. 1-3, 16796, 17.627, 17.807, 18.125, 18.455, 18.568, 18.783, 18.820 f. 19, 18.965 f. 3, 19.224, 19.226, 19.521, 19.554 f. 2, 19.724 ff. 1-2, 19.725, 19.753, 20.042, 20.245, 20.352, 20.501, 20.577 ff. 3-4, 20.627 f. 1, 21.300, 22.221, 22.648 f. 1, 23.020, 23.035, 23.572, 24.024 ff 1-2, 24.241, 24.964, 29.992; Gobernación, signatura: 23.704; Congreso, signaturas: 89, 1.258, 5.097, 5.158, 5.465, 5.934, 7.018, 7.321, 7.483, 20.838; Rico (2008), págs. 454, 455.

11
Volviendo al cuadro 1, una mirada rápida nos induce a pensar que los rubros más importantes del financiamiento estatal eran solamente el tabaco, el aguardiente, la Casa de la Moneda y las aduanas. La distribución e intensidad de cada rubro varió de manera importante a lo largo del tiempo. Así, mientras el tabaco fue el primer rubro de la hacienda, la Casa de la Moneda fue más importante en la década de 1830 para decaer en la de 1840, el aguardiente siempre se mantuvo en un segundo lugar. Las aduanas, que fueron integradas en la década de 1840, tras la disolución de la República Federal de Centroamérica, crecieron rápidamente de la mano del café para colocarse en primer lugar en la década de 1860, cuando además se acaba el monopolio del tabaco (en 1866). No obstante, una revisión detallada nos muestra que uno de los principales rubros de la dinámica hacendaria pasa casi completamente desapercibido, nos referimos a la venta de tierras y la alcabala a la compra-venta de las mismas.

12 Desde 1825 la alcabala de tierra representaba un 4% de su venta5, lo que equivale a un total de 8.843.125 pesos en transacciones inmobiliarias entre 1824 y 1858. Si distribuimos las cifras por quinquenios, partiendo de 1824 en adelante (ver Cuadro 2), observaremos que, como es de esperar, el café disparó las transacciones de tierras mientras que momentos como la Guerra de la Liga deprimieron el mercado. El período entre 1855 y 1859 representó un volumen de compra-ventas de 3.340.975 pesos (38% del total), lo que no es de extrañar en medio del auge del mercado de exportación6. No obstante, tras esta dinámica meramente comercial se esconde uno de los principales mecanismos de formación del Estado de Costa Rica: la deuda y su relación con el mercado de tierras y las oficinas del estado.

13El Estado de Costa Rica fue altamente deficitario a lo largo de sus primeros cuarenta años de existencia7. La inestabilidad de las rentas, la competencia interna con los municipios y la inexistencia de instituciones y oficinas generalizadas en el territorio tuvo un doble efecto. Primero, determinó una dependencia crónica de los estancos como medios de financiamiento inmediato, caja chica y general del estado, en la medida que muchas de las otras cajas, como diezmos e impuestos, estaban en manos de otras instituciones8. Segundo, se generó una necesidad imperiosa por conseguir efectivo para el pago de los funcionarios, soldados incluidos, que mantenían el funcionamiento de todas las oficinas y defendían las fronteras o la unidad territorial. Una de las consecuencias importantes de ello fue el crecimiento de la hacienda, de justicia y mandos políticos como instituciones que se hicieran cargo del cobro para aumentar los fondos públicos, lo que generó una mayor necesidad de dinero. Ante esta última perspectiva, el gobierno tuvo que generar dinámicas que incentivaran el flujo de metálico y facilitaran un sistema estable de pago desde el ámbito privado. La respuesta ante la falta de aduanas se encontró en la relación entre comercio y tierra.

14Cuadro 2. Ingreso de alcabalas de tierra a la Tesorería General por quinquenio, 1825 y 1859

15
Quinquenio Monto %
1825-1829 2.444 0,69
1830-1834 23.750 6,72
1835-1839 15.876 4,49
1840-1844 30.417 8,61
1845-1849 43.333 12,26
1850-1854 103.906 29,40
1855-1859 133.639 37,82
Total 353.365 100

16Nota. Las cifras se basan en los libros de la Tesorería General, por lo que se trata de compra-ventas entre particulares que fueron legalmente autentificadas, quedan por fuera todos los negocios no llevados a cabo con agrimensores, jueces de paz o alcaldes, por lo tanto no registrados.

17Fuente. Ver Cuadro 1.

18 Durante los 37 años que van de 1821 a 1858 el estado mantuvo un déficit de caja general de al menos un 30% anual9, lo que hace evidente una pregunta ¿cómo se sostuvo un gobierno con una deuda constante y en aumento sostenido, sin capacidad de préstamos externos? Un análisis de las comunicaciones y cartas entre la oficina de la Tesorería General y los particulares nos dan una buena perspectiva sobre ese tema, aunque sigue sin ser plenamente explorado. Para solucionar el faltante de efectivo el gobierno recurrió desde un inicio al recurso de la tierra. Entre 1825 y 1826 se generaron los primeros vales de comercio y pagarés del gobierno, los cuales eran redimibles por tierras, ya que las aduanas y el tabaco eran rentas federales. La existencia de fronteras agrícolas abiertas y la estructuración de un sistema de crédito y comercio creciente en el Valle Central de Costa Rica en el mismo período facilitaron esta transacción10. De esta manera, los vales y pagarés fueron entregados a los funcionarios del estado, quienes podían cambiarlos por efectivo con los comerciantes, que a su vez tenían la posibilidad de cambiarlos por tierra con el gobierno.

19 La lejanía geográfica con respecto al conflicto regional en el norte de Centroamérica permitió una moderada estabilidad política que facilitó que estos papeles fiscales se transformaran en una herramienta útil para los negocios comerciales. Como complemento, en Costa Rica existió una identificación entre los intereses de los comerciantes y el gobierno, mediados por la existencia de una deuda pública que era manejada a través de la emisión de dichos papeles en el mercado de tierras. En otras palabras, la existencia de este mercado de intercambio facilitó que los comerciantes se acercaran al gobierno, debido a que solo mediante una organización institucional estable era posible reclamar las obligaciones a su favor. En resumen, la existencia del mecanismo de vales intercambiables por tierra facilitó la identificación entre los intereses privados y la estabilidad del gobierno como juez, caja y administrador de los recursos comunes11.

20 Esta identificación facilitó la amalgama política que permitió una transición fiscal estable, ya que los miembros del grupo de poder nunca cuestionaron la existencia del gobierno como cabeza del proyecto estatal. El sistema centralizado era necesario para mantener la estabilidad que posibilitaba el adecuado rumbo de los negocios. En ese sentido, el sistema de vales se transformó en un sustituto efectivo de los préstamos exteriores, lo que explica en gran medida la ausencia de los mismos hasta la década de 1850. Lo que es más, funcionó como un incentivo estable para el comercio al establecer un sistema que brindaba grandes beneficios a quienes participaban, alimentando el crédito público y privado.

21 No sugerimos que haya sido una política consciente, orientada hacia ese fin, sino que fue un resultado feliz de las respuestas dadas al contexto y la contingencia del momento, cuyo resultado acumulativo fue decisivo en la conformación política de Costa Rica. Un ejemplo de su funcionamiento se encuentra en el análisis de la caja general de 1850. En ese año se pagaron 78.572 pesos en sueldos de funcionarios, de los cuales se expidieron 48.072 pesos en papeles (es decir 61,18%). Estos debían redimirse con cambistas particulares que podían cambiarlo a su vez con el gobierno, por lo que ingresaba de vuelta una importante cantidad de los mismos. Los comerciantes podían obtener tierras, y a partir de 1840 pudieron pagar derechos de alcabala o usarlos como moneda de cambio para sus negocios, característica solo posible con la existencia de un gobierno estable que respondía a las obligaciones contraídas.

22Los comerciantes comenzaron a usar a la hacienda pública como caja particular de negocios, por ejemplo, en 1830 Nereo Fonseca pidió a la Tesorería General:

23“(…) sin necesidad de aviso sírvase poner a disposición del ciudadano Braulio Carrillo la cantidad de doscientas y cincuenta pesos a cuenta de mayor cantidad que por razón de dietas me debe el herario12 (…)”.

24 El estudio de la hacienda pública nos dice mucho de las relaciones entre los sectores público y privado, pero también nos permite desarrollar explicaciones plausibles a fenómenos políticos y sociales más complejos. En este caso nos da pistas importantes sobre un elemento significativo de la transición política y consolidación del estado en Costa Rica. Resulta un campo de análisis mucho más amplio que debería retomarse de manera adecuada, no olvidando el análisis cuantitativo, sino nutriéndolo con una perspectiva más humana de las realidades que se estudian. Esto sin duda significa construir contextos socio-económicos e incluso culturales mucho más detallados y nutrirlos de números, para hacer cruces de información más eficientes. El número por el número no lleva a nada, mientras que la letra sin número peca de simpleza.

25 Si comparamos con el caso guatemalteco nos encontramos con elementos comunes y grandes diferencias, las cuales son el punto focal de una explicación más compleja de la relación entre hacienda pública y sociedad. A diferencia del caso costarricense, donde la formación del gobierno y su transición fiscal se llevaron a cabo en un contexto de relativo aislamiento del conflicto regional, en Guatemala la fuerza centrífuga de las redes regionales y los conflictos socio-económicos estuvieron siempre presentes. Un par ejemplos conocidos, entre los muchos posibles, son el conocido conflicto de la creación del Estado de los Altos13 y la presión inglesa por Belice.

26 Uno de los elementos más importantes en la transición de las sociedades americanas tras la independencia fue el resolver el tema de la “legalización fiscal” de los rubros de hacienda. Este es el principio que establece que los rubros de ingreso y egreso de la hacienda deben ser creados, modificados y aprobados por autoridades “legítimas” de un cuerpo político. Esta legalización se haya íntimamente ligada a la “unidad de caja” y la creación de presupuestos como herramienta. Aunque esto puede leerse como legal y legítimamente elegidas para representar a la nación, como se esbozó en las Cortes de Cádiz, lo cierto es que la legitimidad es una variable histórica que depende del contexto socio-económico y cultural en cada territorio. La legitimidad esta determinada por la base de “ciudadanos” o miembros con derechos legales, determinado ya sea por tradición o derecho positivo dentro del cuerpo político en un momento histórico determinado.

27 Sin embargo la legalización fiscal tiene que ver con la forma y efectividad con que un determinado proyecto político logra vencer a las competencias, que ponen en entredicho su poder en el territorio que reclaman. No olvidemos que “la realidad política no fue signada por la instauración lineal de un orden estatal determinado sino por el afrontamiento (...) de una multiplicidad de proyectos divergentes, algunos de los cuales prosperaron mientras que la mayoría sucumbió[14]” . En ese sentido la hacienda es fundamental, no solo mediante la imposición de impuestos, sino en gran medida por la formación de herramientas institucionalizadas para la centralización del poder o el manejo de conflictos. La hacienda es el resultado inevitable de las condiciones materiales y culturales en un espacio delimitado, por lo que podemos esperar ver en ella la relación entre hombre, sociedad y territorio.

28 Hay una gran cuota de legalidad que puede en algunos casos proceder de la tradición, que hace que la legitimidad sea una construcción en la larga duración. Esto tiene que ver precisamente con la focalización de intereses, voluntades y poderes desde el plano local hacia el estado como un todo orgánico, del cual el gobierno se transforma, como lo señalara O’Donnell, en su vocero o representante15. En ese sentido hay una marcada diferencia en la composición hacendaria de Costa Rica y Guatemala. Mientras en el primer caso la estabilidad política llevó a la centralización mediante la focalización de recursos en la unidad del gobierno, en el segundo la competencia regional se incrementó produciendo alianzas altamente mutables, donde la configuración de los conflictos étnicos, políticos y económicos se transformó en un factor clave para mantener unido el territorio. En otras palabras, en Guatemala la multiplicidad de focos de autoridad y poder no desaparecieron, sino que aprendieron a convivir en una endeble y cambiante alianza que aumentó de manera desmedida la necesidad del recurso a la coerción y la violencia.

29 En el análisis de los casos de Costa Rica y Guatemala la comprensión del problema no se encuentra en los números, sino en poblaciones que, aunque parten de puntos culturales similares, se encuentran ante situaciones coyunturales diferentes que los hacen encontrar respuestas muy diversas. En ambos casos no se trata de la imposición de un determinado conjunto de impuestos o de estancos, sino en una respuesta más profunda que tiene que ver con la composición étnica de su población, con la colonización de tierras, la libertad de movimiento de sus habitantes, la unidad del grupo gobernante, las dinámicas comerciales regionales y cómo todo lo anterior afectó la estructura del estado así como la legitimidad del gobierno. Todos estos rasgos socio-culturales dejaron fuertes rastros en la hacienda pública como institución, pero también en su legislación como cuerpo de derecho.

30 En este punto es posible restablecer una discusión sobre la relación entre guerra, deuda e instituciones hacendarias, señalada por Charles Tilly y otros tantos autores. Tal como lo apuntó Tulio Halperín, la relación de los notables con el estado se lleva a cabo a través de los empréstitos, lo que es también un complejo mecanismo para hacer negocios y mantener un papel destacado en su formación16. En ambos casos, al igual que en el resto de América Hispana, la prioridad en el gasto estuvo relacionada a dos rubros: ejército y hacienda. Pero mientras en Guatemala el gasto militar representó un 29% de los egresos entre 1821 y 1840, solo superado por el servicio de la deuda17 que significó un 31%; en Costa Rica, aunque igual de importante, el gasto militar fue superado, en casi todos los años de ese período, por los sueldos civiles de las oficinas del estado, incluidos los mandos políticos que se encargaban de apoyar a la hacienda18.

31 Esto nos indica que, aunque partiendo de la misma base, hay una diferencia marcada por la posibilidad del estado de Costa Rica de concentrarse en la organización interna y territorial, imponiendo su fuerza por medio de la organización de una institucionalidad respaldada por la ley. Esto no significó la ausencia de conflicto o la renuencia a la hora de hacer uso de la fuerza coercitiva cuando se creyó necesario. Como lo ha mostrado el historiador Esteban Corella19, la organización miliciana estaba extendida por el territorio y era un pilar central de la solidez del pacto político, ya que no solo mantenía un control poblacional y disciplinamiento, sino que permitía una reserva permanente de fuerza a los mandos políticos para imprimir autoridad a la ejecución de la ley. Como hemos mencionado, esto fue posible en la medida que los líderes locales, todos ellos comerciantes, mantenían una lucrativa relación con el gobierno mediante el financiamiento de la deuda en la forma de vales y pagarés a los empleados civiles y militares.

32 Podemos caracterizarlo como unas espiral de crecimiento, donde la deuda estatal se convierte en el eje articulador de un sistema que producía un movimiento que mantenía la reproducción de las instituciones y su transformación. Así, entre más deuda más necesidad de funcionarios para recaudar y asegurar el pago de las obligaciones o la regulación hacendaria, esto generaba más papeles y más deuda. La transición fiscal desde la colonial hasta el estado moderno estuvo signada por la relación funcionarios-deuda-comercio-tierra, que acercó los intereses privados y locales concentrando en el gobierno la atribución de “hablar en nombre del estado” y “administrar los recursos comunes”.

Legislación y hacienda pública.

33 La legislación es tanto una oportunidad como un obstáculo en el estudio de las realidades hacendarias. Mucho se ha tratado sobre el cuidado que debe tenerse en el tratamiento de textos oficiales, principalmente de leyes y decretos, así como de la lejanía entre la letra de la ley y su ejecución. No obstante, hay otras oportunidades de análisis que se presentan ante los investigadores (as) en cuanto a la revisión de estos documentos. Como señalamos en el apartado anterior, hay un rasgo propio de la ley en este período, que es común a la región, su característica ex post facto. El cuerpo de la legislación del estado de Costa Rica tras la independencia responde a una necesidad de codificar y modificar legislación anterior, subsanando o alterando el estatus legal de hechos o relaciones existentes con anterioridad.

34 La independencia no marcó un punto de quiebre con la colonia, a partir de 1821 la legislación existente se mantuvo. Los códigos, ordenanzas, reales cédulas y órdenes acumuladas a los largo de tres siglos de coloniaje siguieron estando vigentes. Por lo tanto se asumió, ante lo sorpresivo de la independencia, que debía mantenerse la continuidad del sistema preexistente. Alterarlo resultaba imposible ya que implicaba eliminar el sustento legal que mantenía estables y en funcionamiento a las instituciones existentes, lo contrario implicaría entrar de inmediato en un “sistema de excepción”. Este era probablemente el mayor temor de los hombres de la época, ya que eliminar el gobierno podía provocar un “gravísimo infarto de desconciertos”, por lo que mantenerlo permitiría conservar el “orden y bienestar de los pueblos”, trayendo “felices resultados” como son “la paz, la quietud y el concierto de la unidad que debían tener20“.

35 Tal conclusión colisionaba directamente con el expreso sentido de la revolución liberal de Cádiz, que pretendía una transformación profunda de los sistemas políticos, económicos y hacendarios. No obstante, muchas novedades fueron introducidas en los nuevos estados de la región, como por ejemplo, sistemas representativos y gobiernos divididos en poderes, que eran un resultado del concepto de legalización fiscal aplicada, entre otros. Aparecieron en América Hispana estados híbridos, que buscaban la eficiencia en la recaudación de impuestos pero mantenían los estancos y la Ordenanza de Intendentes de 1786 como norma fundacional.

36 A partir de este momento los legisladores se dedicaron a modificar y transformar las normas heredadas, reaccionando solo ante las condiciones cambiantes del entorno en la medida que la legislación existente era inadecuada o no contemplaba estas nuevas condiciones. Como consecuencia, la legislación fue transformada en un continuo de correcciones y modificaciones seguidas, cada ciertos años, de una codificación que reunía y corregía las leyes existentes sobre un determinado aspecto. De esta manera, los momentos de compilación y purga no fueron el resultado de ningún “hombre iluminado”, sino de las circunstancias normales de transformación y cambio del estado en medio de su transición política y fiscal.

37Esto nos brinda una oportunidad interesante de estudio. Las leyes comprendidas de esta manera se transforman en una ventana a los cambios y evolución del estado en coyunturas y fechas específicas, las cuales puestas en conjunto nos dicen mucho de la evolución de una determinada tendencia en el largo plazo. Las leyes no nos dicen nada de cómo fueron aplicadas, pero son la esencia del pensamiento político de la época y nos dicen mucho de las cosas que eran comunes en el quehacer estatal de la época, sus problemas y condiciones.

38 Para su estudio se propone la construcción de bases de datos por categorías, las cuales estarán determinadas por el interés del historiador, cada ley sería ordenada por fecha y categoría. Bajo este sistema se comenzaron a revisar los fondos documentales y se ordenaron las leyes, decretos y resoluciones oficiales, tanto por fecha como por categoría de manera continua. Al final, esto produjo un documento extenso que posee toda la legislación referente a cada tema que interese al investigador, pero además se tomó otra decisión. Cada ley lleva una identificación que la relaciona a las demás que traten sobre un tema en específico, por ejemplo la fundación de un ministerio o de un impuesto. Esto demostró ser útil, simplificando el proceso de análisis sensiblemente y mejorando la capacidad de desarrollar argumentos más sólidos.

39 El ejemplo anterior permite comprender cómo pueden aplicarse las lecciones aprendidas de los métodos cuantitativos, que por lo general son pasados por alto. En los estudios de números se utilizan herramientas y procedimientos que, por desgracia, tienden a estar ausentes en los análisis de discurso y documentales, mientras que por su parte aquellos carecen de la riqueza de posibilidades y contexto que brindan estos. Por consiguiente, es importante romper dos cadenas que nos atan en nuestro quehacer. Por un lado la especialización extrema que nos lleva a obviar las herramientas y métodos de otros campos, y por otro la endogamia académica en la medida que se refiere al celo desmedido que evita el trabajo interdisciplinario en equipo.

Conclusión

40 Debemos comprender que en el objeto de estudio de cualquier investigador social son las personas y las comunidades del universo definido. Por lo que no hay un único método válido, sino que tanto análisis cuantitativo como cualitativo resultan complementarios y no excluyentes. Los historiadores debemos comprender que las cifras y datos numéricos no son otra cosa que la expresión tangible y medible de tendencias sociales y culturales expresadas sistemáticamente. Esto refuerza y apoya la idea expresada desde un inicio, la hacienda es mucho más que solo un conjunto articulado de datos cuantitativos.

41 Tanto hacienda como política fiscal responden a una constante negociación que determina el surgimiento de instituciones culturales, económicas, sociales, políticas, etc. en cuyo seno se encuentran relaciones de personas de un cuerpo político, con los demás cuerpos políticos vecinos y con su territorio. Por lo tanto, la crítica hacia el estudio de la hacienda como campo alejado de la realidad social solo es correcta en la medida que no se contemple un cambio en la forma en que se hace el acercamiento al mismo. No se trata del campo de especialistas, sino de la posibilidad de abrirse a la interdisciplinaridad y la interconectividad, reconociendo que lo que se desea explicar son las tendencias sociales y culturales impresas en la hacienda y la política fiscal de un estado en un momento determinado y en su territorio.

42 No se oculta al lector que este artículo es una apología de los estudios hacendarios como eje articulador de una nueva etapa en la explicación de la formación de los estados. El estudio sobre la construcción de los estados centroamericanos sigue presentando espacios vacíos, principalmente por nuestra propia incapacidad de mantener diálogos más profundos entre realidades historiográficas. A esto se suma la precaria aplicación de métodos cuantitativos, muchos de los cuales hacen sentir incómodos a los historiadores. No obstante, esto puede cambiar en la medida que nos aprovechemos de las nuevas tecnologías y repensemos algunas concepciones erradas sobre el estudio hacendario.

43 Invitamos a los lectores y lectoras a compartir, a crear una red de investigación más extensa y ampliar nuestro conocimiento sobre instituciones, hacienda, política fiscal y otros campos. Pero no pretendiendo limitarlo a la creación de un listado interminable de estudios institucionales y en conjuntos infinitos de números si esto fuera un fin en sí mismo. Sino como punto de partida para comprender las tendencias de cambio y continuidad más importantes en nuestras sociedades. En ese sentido facilitar también que los estudios hacendarios se transformen en un marcador de similitudes y diferencias que nos ayuden a explicar nuestras sociedades pretéritas y presentes. Por ende, la invitación se hace extensiva a politólogos, sociólogos, economistas, antropólogos, abogados y otros académicos que pueden aportar tanto en esa perspectiva.

44 Como pudo apreciarse en las páginas del artículo hay una serie de líneas y tendencias abiertas que hemos sugerido, pero hay también una gran cantidad de otros campos que quedan relegados o no hemos podido mencionar: historia monetaria, tierra, municipios, comercio, estancos, burocracias, consumo, etc. El estado se construye como un entramado de relaciones sociales y políticas, donde la fuerza cumple un papel determinante. Por lo tanto, no es ninguna máquina compuesta de “aparatos”. La terminología es poderosa y puede despersonalizar al estado, atribuyéndole una independencia con respecto al cuerpo social que lo conforma. Como lo señaló en su momento Max Weber, en referencia a la burocracia, es un cuerpo separado del conjunto social pero parte integrante del mismo21. Una revisión más profunda de los significados detrás de esa frase, que ha eludido a tanto académicos en sus reflexiones, es un excelente punto de partida para nuestra discusión a este respecto.

Bibliografía.

45Baires Martínez, Yolanda, “Las transacciones inmobiliarias en el Valle Central y la expansión cafetalera de Costa Rica: 1800-1850”. Tesis de licenciatura en Sociología, Universidad de Costa Rica, 1975.
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Weber, Max, Economía y Sociedad. (México: Fondo de Cultura Económica, 1974).

46Notas de pie de páginas

471 Joseph A. Schumpeter, Historia del análisis económico (Barcelona: Editorial Ariel, 1994), pág. 844.

482 Un excelente estudio al respecto puede verse en Histoire financière de la France depuis 1715 (París: Rousseau et Cº editeurs, 1919).

493 Pío Pita Pizarro, Examen económico, histórico-crítico de la hacienda y deuda del Estado. Proyecto de su reforma general y la del banco, equilibrando las rentas y los gastos, restableciendo el crédito y fomentando la prosperidad nacional (Madrid: Imprenta de D. Narciso Sanchiz, 1840), pág. 10.

504 El Costarricense, semanario oficial (17 de junio de 1848), pág. 401.

515 Este derecho fue confirmado y reglamentado en 1831. “Decreto XLV”, Colección de leyes y decretos 1831, págs. 122-124.

526 Pablo Augusto Rodríguez Solano, “Continuidad y cambio: la hacienda pública como factor de construcción estatal, 1812-1858” (Tesis de doctorado, Universidad Pompeu Fabra, Barcelona, 2013), págs. 353-354. Puede revisarse también: Yolanda Baires Martínez, “Las transacciones inmobiliarias en el Valle Central y la expansión cafetalera de Costa Rica: 1800-1850” (Tesis de licenciatura en Sociología, Universidad de Costa Rica, 1975).

537 Rodríguez, “Continuidad y cambio”, págs. 326-336.

548 Hasta avanzada la década 1850 la costumbre, heredada del sistema fiscal colonial, fue mantener una multitud de cajas separadas e independientes entre sí, las cuales respondían a una o varias autoridades dependiendo de su finalidad. Esta es una de las características más importantes en la transición que se inicia desde principios del siglo XIX, cuando se habla de “unidad de caja” como principio de formación de nuevos regímenes fiscales. Un interesante trabajo sobre los inicios de esta discusión se puede ver en Javier Lasarte, Las Cortes de Cádiz. Soberanía, separación de poderes, hacienda, 1810-1811 (Madrid: Marcial Pons, 2009).

559 Rodríguez, “Continuidad y cambio”, págs. 326-336.

5610 Iván Molina Jiménez, Costa Rica 1800-1850. El legado colonial y la génesis del capitalismo (San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1998); Jorge León Sáenz, Evolución del comercio exterior y del transporte marítimo de Costa Rica, 1821-1900 (San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2002).

5711 Esta condición, además, hizo del control de fronteras y tierras un tema prioritario, abriendo la posibilidad y dando fuerza a una política constante de control y colonización en las décadas siguientes que se orientó con mayor fuerza al norte y al Caribe, lo que además fue reforzado por la competencia y presión del escenario internacional (canal interoceánico y las demandas de Colombia). Resulta una hipótesis interesante que debe ser explorada con un mayor interés en el futuro.

5812 ANCR, Hacienda, sig. 7.553, ff. 16.

5913 Arturo Taracena Arriola, Invención criolla, sueño ladino, pesadilla indígena. Los Altos de Guatemala de región a estado, 1740-1871 (Guatemala: FyG Editores, 2011).

6014 Alejandro Rabinovich, “La máquina de guerra y el Estado: el Ejército de los Andes tras la caída del Estado central del Río de la Plata en 1820” en Juan Carlos Garavaglia ; Juan Pro Ruíz ; Eduardo Zimermmann (eds.), Las fuerzas de guerra en la construcción del Estado: América Latina, siglo XIX (Rosario, Argentina: Prohistoria Ediciones, 2012), pág. 4.

6115 Véase Guillermo O’Donnell, “Acerca del Estado en América Latina contemporánea. Diez tesis para la discusión”. Texto preparado para el proyecto “Democracia en América Latina”.

6216 Julio Halperín Donghi, Guerra y finanzas en los orígenes del Estado argentino (1791-1850) (Editorial Belgrano: Buenos Aires, 1982), págs. 16 y ss.

6317 Juan Carlos Sarazúa Pérez, “Recolectar, administrar y defender: la construcción del Estado y las resistencias regionales en Guatemala, 1800-1871” (Tesis de Doctorado, Universidad Pompeu Fabra, Barcelona, 2013), pág. 103.

6418 Pablo Augusto Rodríguez Solano, “Estado, fiscalidad y organización burocrática en Costa Rica 1821-1848” (Tesis de Maestría en Historia, Universidad Pompeu Fabra, Barcelona, 2010), págs. 60-142.

6519 Esteban Corella, “El ejército en Costa Rica: organización de las Fuerzas Armadas, sistemas de reclutamiento y la construcción del Estado, 1812-1870” (Tesis de Maestría, Universidad de Costa Rica, 2013).

6620 “Carta del presbítero Nicolás Carrillo…”, Actas del Ayuntamiento de Cartago 1820-1823 (San José: Comisión del Sesquicentenario de la Independencia de Centroamérica, 1972), pág. 246.

6721 Max Weber, Conceptos sociológicos fundamentales (Madrid: Alianza Editorial, 2006); Weber, Max, Economía y Sociedad (México: Fondo de Cultura Económica, 1974).

Para citar este artículo :

Pablo Augusto Rodríguez Solano, « El estudio de la hacienda como factor de comprensión de las realidades políticas centroamericanas: posibilidades y perspectivas de discusión y estudio », Boletín AFEHC N°61, publicado el 04 junio 2014, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=3797

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