Erreur. problème dans l'exécution de la requête : INSERT INTO _logbots (IP, useragent, action) VALUES ('54.166.250.213', 'CCBot/2.0 (http://commoncrawl.org/faq/)', 'lectureFiche')
Erreur. MySQL proteste : Duplicata du champ 'CCBot/2.0 (http://commoncrawl.org/faq/)-lectureFiche' pour la clef 'agentAction'
AFEHC : articulos : Reclutamiento y servicio militar en Costa Rica: el servicio en las milicias del estado, 1821-1870. : Reclutamiento y servicio militar en Costa Rica: el servicio en las milicias del estado, 1821-1870.

Ficha n° 3799

Creada: 05 noviembre 2014
Editada: 05 noviembre 2014
Modificada: 06 noviembre 2014

Estadísticas de visitas

Total de visitas hoy : 0
Total de visitas : 880

Autor de la ficha:

Esteban CORELLA OVARES

Editor de la ficha:

José Antonio FERNANDEZ MOLINA

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Reclutamiento y servicio militar en Costa Rica: el servicio en las milicias del estado, 1821-1870.

El presente trabajo analiza las formas utilizadas por las autoridades del estado costarricense el reclutamiento para las milicias que, el núcleo de las fuerzas armadas. Luego de la independencia las prácticas coloniales de reclutamiento y de servicio militar tuvieron que ser adaptadas a la nueva realidad política, poniendo a prueba la capacidad del estado en construcción de lidiar con las comunidades del país. La capacidad de negociar con poderes locales permitió que el ejército costarricense creciera aceleradamente en la década de 1830, ayudando a definir las relaciones entre poderes locales y el poder central; ello en última instancia consolidó el proceso de construcción estatal costarricense para mediados del siglo XIX. Al igual que el enganche de hombres, el servicio en las milicias conservó muchas de las características del período colonial; de manera que para la mayor parte de los soldados el servicio fuera esporádico, lo que permitió que gran parte de los hombres mantuvieran sus ocupaciones habituales. Esta característica posibilitó a las autoridades contar con un significativo número de hombres con algún conocimiento en los fundamentos de la guerra, sin tener que soportar las cargas económicas de una fuerza permanente de grandes dimensiones.
Palabras claves :
Milicias, Ejército, Reclutamiento militar, Guerra, Golpes de estado
Autor(es):
Esteban Corella Ovares
Fecha:
Junio de 2014
Texto íntegral:

1

Las reglas para el reclutamiento en Costa Rica, 1821-1870

2El servicio militar en Costa Rica se basó en dos principios: la tradición colonial y la idea del ciudadano en armas. Esto dio como resultado un sistema de reclutamiento que exigía que todos los hombres mayores de 15 años sirvieran dentro de las Fuerzas Armadas, lo que mantuvo vigente el sistema miliciano, en el que los hombres integraban compañías formadas en sus comunidades1.

3En 1824 las autoridades costarricenses procedieron a la conformación de las milicias cívicas en las principales poblaciones del país2. Este alistamiento se efectuó siguiendo la Constitución Federal, que permitía a cada uno de los Estados la organización de fuerzas para la defensa del territorio. En este primer reclutamiento se conservaron las ordenanzas de finales del siglo XVIII. Preservar la legislación colonial, fue una práctica común y esta legislación estuvo vigente en muchos otros aspectos de la organización de la vida dentro del Ejército3.

4Según estos reglamentos la filiación de nuevos reclutas correspondía a los sargentos primeros de cada compañía4. Estos oficiales debían llenar una hoja de filiación para cada uno de los nuevos reclutas, en la que constaban el nombre, el domicilio, el oficio y las señas particulares del sujeto. Posteriormente se debía leer a los hombres sus deberes y las leyes militares a las que quedaban sujetos, dando así principio a la instrucción del nuevo soldado.

5Este procedimiento administrativo se sostuvo sin cambios desde la época colonial. Sin embargo, el reclutamiento respondía a las necesidades propias del Estado, y como tal, esta nueva entidad tenía la capacidad de modificar algunos de los requisitos para ser enlistado, entre ellas la edad de los hombres sujetos al servicio, las características físicas y los grupos sobre los que recaería éste.

6En lo que respecta a la edad, el reglamento costarricense de 1834 contiene los primeros criterios de reclutamiento, pues establecía que todos “los alistamientos deben hacerse entre los hombres desde edad de dies y seis [sic] hasta cuarenta años5”. Para 1850 se decretó que todos los “ciudadanos entre 18 y hasta los 50 años pertenecen al ejército de operaciones6”; los hombres mayores de esa edad y las personas exentas del servicio en el Ejército de Operaciones, formaban parte de una reserva llamada Guardia Nacional. Estos criterios se mantuvieron en la Ley de organización de 1871, en la cual la edad para ser admitido aumentó, y se estableció en sus dos primeros artículos que:

7“Art. 1º Todo costarricense está obligado a prestar el servicio militar.
Art. 2º El servicio militar en el Ejército es forzoso, desde la edad de dieziocho [sic] hasta la edad de cincuentaicinco [sic] años cumplidos7.”

8Una aplicación estricta de estos reglamentos hubiera significado un problema serio para las actividades productivas del país; sin embargo, las autoridades del gobierno tenían en cuenta las necesidades económicas y diseñaron el sistema de reclutamiento de manera que el servicio militar no implicara la desviación de gran cantidad de hombres de las actividades productivas al mantener el carácter miliciano de las fuerzas armadas.

9Los requerimientos físicos establecidos en las ordenanzas coloniales continuaron vigentes, entre ellas se encontraba la estatura mínima de cinco pies para formar parte de las milicias8; además, se eximía del servicio a aquellos individuos que por motivos de enfermedad o impedimento físico, no pudieran soportar las fatigas propias del servicio militar9.

10Otro aspecto significativo en los reglamentos de organización de las milicias costarricenses es la omisión de prohibiciones al enganche dentro de grupos indígenas o entre las castas. De hecho, las ordenanzas españolas; que funcionan como base de la organización militar en el país, habían establecido prohibiciones explícitas al reclutamiento de personas que forman parte de las castas, y no fue hasta finales del período colonial que se permitió la incorporación de pardos y mulatos en las milicias centroamericanas. Al parecer las autoridades costarricenses decidieron obviar este tipo de consideraciones, pues no las incorporaron en sus reglamentos, ampliando así el número de posibles reclutas10.

11La decisión de incluir a los diferentes grupos étnicos dentro de las tropas puede resultar sorprendente en el contexto centroamericano de la época, en el cual el reclutamiento de indígenas y otros grupos étnicos ocurría sólo en casos muy particulares11, dado que en el siglo XIX las divisiones raciales propias de la colonia todavía determinaban la posición que ocupa un individuo en la sociedad.

12La incorporación de una gran cantidad de hombres dentro de las milicias sirvió como un medio de controlar a la población, al desplegar la presencia estatal hasta cada pueblo del país, en donde se formó una compañía de milicias. Esa unidad debía responder administrativa, económica, política y militarmente a otra más grande que estaba reglamentada, financiada y legitimada por el poder estatal.

13La formación de una unidad miliciana implicaba el nombramiento de oficiales para la misma, quienes junto con sus funciones militares debían cumplir con otras administrativas e incluso judiciales, materializando de esta forma el poder del Estado en la vida cotidiana. Ese poder determinaba no solo quienes estaban sujetos a prestar servicio, sino quienes estarían libres del mismo pues las autoridades establecieron una serie de exenciones al servicio militar basadas en dos condiciones especiales: el oficio y la condición física de los hombres.

14Las exenciones para los hombres que ejercían una serie de profesiones y oficios cambiaron conforme la función de las Fuerzas Armadas evolucionó a lo largo del siglo XIX. De esta forma en 1834, se incluía a profesiones como: “Los Abogados, Escribanos, Médicos, Boticarios, los Notarios, los Administradores de bienes públicos, los maestros de ciencias y letras, los estudiantes mientras los sean, los artesanos que profesaran diariamente su oficio, los sacristanes de las Iglesias con salario y los mayordomos de haciendas de campo12”.

15Estas exenciones limitaban el reclutamiento a los trabajadores agrícolas, lo que aumentó el número de reclutados entre comunidades mayoritariamente campesinas13. Esto parece reforzarse en 1850 cuando se organizó el Ejército Nacional y se redujo el número de oficios dispensados del servicio militar; en particular al desaparecer los artesanos de los exentos14.
El aumento en el número de hombres sujetos a reclutamiento debe entenderse como una consolidación del uso del servicio militar como forma de incorporar a la población dentro del proyecto de construcción estatal. Ser reclutado implicaba pasar a formar parte de una institución del nuevo Estado y someterse a las reglas de esa institución, con lo cual efectivamente el Estado se apropió de las atribuciones de una institución de origen colonial y la utilizó para ejercer su poder en la sociedad.

16Esto se consolidó en la ley de organización del ejército de 1871, en la que se estableció como principio que era deber de todos los ciudadanos prestar el servicio militar15. En esta ley se eliminaron las exenciones que se mantenían desde 1830 y por primera vez se mencionó dentro de la ley de organización la realización de un examen físico a los reclutas para determinar su estado de salud16.

17El demostrar que no se contaba con las capacidades físicas o mentales para cumplir con las obligaciones del servicio era la forma para librarse del mismo. Desde las ordenanzas españolas se establecía que las personas exentas por motivos de salud debían presentar una certificación de su estado físico elaborada por los cirujanos del ejército. El problema fue que hasta finales de la década de 1840 no hubo cirujanos en el Ejército costarricense17. Por tanto, durante las primeras dos décadas de vida independiente, no se encuentran dictámenes médicos y su número solo aumentó durante las décadas de 1840 y 1850, cuando los primeros médicos se incorporaron al Ejército. A partir de algunos libros de peticiones, se puede deducir que en muchos casos los soldados utilizaron impedimentos físicos como argumento para solicitar el retiro de las armas y no tanto como una forma de evitar ser reclutados18.

La aplicación de las reglas: el reclutamiento en la práctica.

18En primera instancia es necesario tener presente que el reclutamiento de hombres difirió según las circunstancias en las cuales se llevó a cabo; no era lo mismo llenar las plazas de una compañía en tiempos de paz que alistar a hombres en momentos de conflicto. A pesar de la existencia de estas diferencias, el reclutamiento requería, como se demostrará a partir de varios ejemplos, de la coordinación tanto de autoridades civiles como militares.
En tiempos de paz el reclutamiento de hombres dependía de la capacidad de las autoridades para ejercer el control efectivo del territorio y de la población. La capacidad de aplicar la ley es clave en la construcción del Estado, pero para aplicar la legislación en campos tan poco populares como el reclutamiento las autoridades debían contar con el apoyo de las municipalidades, tanto por su incapacidad administrativa como por la legitimidad que los ayuntamientos conservaban desde la época colonial19. En lo que respecta al reclutamiento de hombres para el servicio militar las municipalidades elaboraban las listas de los individuos con las características establecidas por la legislación para formar parte del ejército20.

19Sin esta información el reclutamiento era casi imposible, pues si se enviaban oficiales a realizar el reclutamiento sin conocimiento local era muy probable que no pudieran enfrentarse a la variedad de tácticas con las que se podía evadir el servicio, desde la fuga hasta la oposición armada. Intentar reclutar por la fuerza podría llevar a problemas mayores al pasar por encima de las relaciones de poder locales, a las que no se podía renunciar fácilmente21.
Que las municipalidades elaboraran listas de individuos sujetos al reclutamiento permitía al Estado ejecutar de forma indirecta una medida poco popular. Al mismo tiempo, para los grupos que controlan las municipalidades, la capacidad de levantar la lista de los hombres sujetos al servicio militar servía para reafirmar su poder dentro de las comunidades. El servicio militar era una forma de control social importante, que podía ser utilizada como una manera de castigar a individuos de acuerdo con su posición en la comunidad22.

20A partir de esas listas los oficiales encargados del reclutamiento se encargaban de realizar el proceso de enganche de hombres. Estos miembros del ejército se desplazaban a las comunidades, reunían a la población y efectuaban la filiación de los hombres que desde ese momento pasaban a formar parte de las milicias. Si el reclutamiento ocurría en tiempos de paz, por lo general la única obligación del nuevo soldado era presentarse a ejercicios de entrenamiento con la unidad de milicia local a la que había sido incorporado.

21Si el alistamiento se efectuaba en vísperas de un conflicto el proceso cambiaba ligeramente. Así ocurrió en 1823, cuando, en medio de las celebraciones de Semana Santa, los pobladores de Cartago se rebelaron, atacaron el cuartel de la ciudad, juraron fidelidad al Imperio Mexicano, invitaron a las demás poblaciones a manifestarse a favor del Imperio y prepararon las armas para enfrentarse a San José. En la toma del cuartel hubo participación de hombres que poseían graduación de oficiales en la milicia de la ciudad, y por tanto, eran parte de las familias principales. Se acusó a los instigadores de utilizar la fuerza para convocar a los habitantes y forzarlos a participar en la rebelión. La descripción del capitán Joaquín Oreamuno revela como se llevó a cabo el llamado a armas: “(…) que no sabe hallan (sic) sido citados con pena de la vida al que no concurriese, pues esto lo pueden decir los sargentos y cabos, y pedáneos de los barrios23 (…)” En su declaración el capitán confirmó el uso de los pedáneos24 para convocar a las tropas, lo que demuestra que para ese momento parte del reclutamiento estaba en manos de funcionarios municipales.

22La intervención municipal en el reclutamiento era común en el país, así ocurrió con el alistamiento de la tropa que marchó a Guatemala para servir en el Ejército Federal en 1826; unidades que se componía en parte por “vagos y malentretenidos”, provenientes de diferentes poblados del país25. De los hombres que reporta el comandante de la tropa Rafael Escalante, cerca de 100 fueron condenados al servicio de las armas federales como castigo por ser considerados un peligro para la sociedad26.

23Este no fue el único caso en el cual las municipalidades sirvieron como medios para controlar a la población, ya sea elaborando listas de paisanos aptos para el servicio de las armas o cualquier otro destino, lo que permitió el control de individuos considerados peligrosos, y a los cuales se les aplica por general el calificativo de “vagos”. Como ejemplo, una circular a los jefes políticos contenida en la correspondencia reservada de la Secretaría de Gobernación del año 1835, en la cual se pedía a los jefes políticos que recabaran información: “(…) sobre aquellos que públicamente son notados por vagos y mal entretenidos y capturándolos, sin excepción alguna ni pérdida de tiempo, le de (sic) cuenta dentro de cuatro días, para destinarlos a un punto donde con provecho del Estado sean útiles a sí mismos27.” Una comunicación posterior apunta que uno de esos destinos útiles eran las milicias. Así el 30 de noviembre de 1935, apenas unos meses luego de la Guerra de la Liga, se ordenó al Jefe político de Cartago que todos los “vagos”:“…queden con la seguridad debida en las cárceles del cabildo, bajo la responsabilidad del comandante de la plaza28.” Esa habría sido una herramienta utilizada para mantener bajo control a una parte de la población cartaginesa todavía propensa a la rebelión.

24El uso de la coerción como medio para reunir a ciertos individuos y destinarlos al servicio de las armas fue una de las formas de obtener hombres para el servicio militar, aunque la evidencia apunta que este no fue el principal medio de conseguir hombres para la milicia. Las condiciones económicas y sociales no permitían al Estado utilizar medios abiertamente coercitivos para imponerse. En especial si se considera que no las guarniciones eran pequeñas, además de que se dependía de milicias que debían ser convocadas y convencidas para pelear.

25La fuga de soldados fue un problema recurrente para las autoridades militares, quienes debían lidiar con milicianos poco dispuestos a exponer su vida en el campo de batalla. Así lo comprendió Morazán en su breve período de gobierno en el país. En su afán por reunir un ejército para reunificar a Centroamérica tuvo que recurrir al uso de la fuerza para reclutar y evitar la deserción de las tropas. El 5 de setiembre de 1842 apenas seis días antes del levantamiento que lo derrocaría, emitió un comunicado a los jefes políticos para disminuir la deserción entre las milicias, cuyos puntos más importantes incluían: multar a las personas que ayudaran o no persiguieran a los fugitivos, servicio militar para los encubridores, utilizar a los hacendados para realizar el reclutamiento y la amenaza de confiscación de bienes para los que rehusasen servir29. Las medidas contenidas en esta comunicación no fueron comunes en la Costa Rica del siglo XIX. Parecen ser un intento desesperado por obtener las fuerzas que requería para llevar a cabo su proyecto de unidad centroamericana en un contexto que se había vuelto hostil, debido a factores como los conflictos entre la población de distintas ciudades en especial de San José y las tropas de Morazán, la amenaza de guerra con los países centroamericanos y, finalmente, los gastos incurridos por el gobernante.

26La fuerza no fue el medio idóneo para que las autoridades costarricenses para reunieran a la tropa y enviarla al combate. En su lugar se empleaban otros medios para convencer a los milicianos de presentarse y exponer su vida en el campo de batalla, de los cuales la proclama fue el principal medio usado tanto por las autoridades “legítimas” como por los grupos “rebeldes” para ponerlos de su lado. La capacidad de convencer a los milicianos para participar en los conflictos era parte vital del proceso de alistamiento y reclutamiento de tropas durante los conflictos; prueba de ello es el gran número de proclamas que antecede a casi todos los movimientos armados ocurridos en el país durante el siglo XIX.

27Esta práctica se evidencia en el recuento de la partida de las tropas hacia Nicaragua en 1856, publicado en el Boletín Oficial, en el cual describe como:

28“(…) Reunido el grueso del ejército expedicionario el lunes 3 en la plaza principal, presentó un espectáculo hermoso. Alegres, llenos de entusiasmo, oficiales y soldados se preparaban a la marcha y despedían de sus parientes y amigos. A las cinco S.E. el Presidente, acompañado de Su Ilustrísima el Sr. Obispo, el Comandante General y multitud de personas, se presentó en el centro de la plaza. El Ilustrísimo Señor Obispo dirijió a los soldados la bien sentida y elocuente alocución que reproducimos30 (…)”.

29Sería prolijo y fuera de lugar analizar las proclamas publicadas durante los movimientos armados que ocurrieron en el país31, pero un ejemplo demuestra lo importante que era para las autoridades costarricenses convencer a los milicianos de presentarse al llamado a armas. Una de esta ocasiones se presentó en junio de 1850, cuando el hasta entonces comandante general Manuel Quirós intentó derrocar al gobierno de Juan Rafael Mora. La evidencia sugiere que el golpe fracasó porque los oficiales no contaron con la capacidad de reunir el apoyo suficiente entre sus tropas para marchar contra las fieles al gobierno. De la declaración de testigos se desprende que para conseguir que los milicianos se movilizaran los conspiradores hicieron correr el rumor de que el gobierno tenía planes de enviar soldados a pelear a Ecuador32.

30La existencia de un marco legal e institucional que poseía la capacidad para reclutar a los elementos necesarios para el ejército refleja el desarrollo de mecanismos que no eran enteramente coercitivos para reclutar milicianos por parte del Estado costarricense. El uso constante de proclamas para justificar los movimientos armados, junto con algunos testimonios de la época, apuntan a que las milicias del Estado costarricense requirieron justificaciones para su movilización.

31Lo reducido de la población del país, junto a las condiciones económicas particulares, permitieron a los campesinos el acceso a la tierra y, por tanto, no sufrir las formas de control por parte de grupos terratenientes que sí vivieron sus contrapartes centroamericanas. Ello explica que el reclutamiento en Costa Rica no alcanzara los niveles de coerción que parece caracterizaron a los otros países del istmo33.

Servir en las milicias: el servicio de guarnición y la disciplina de la tropa.

32Para la mayoría de los hombres el servicio militar se limitaba a presentarse a los ejercicios doctrinales e integrarse a las fuerzas cuando fueran convocados por los oficiales de sus compañías. Esta característica miliciana, aunada a la falta de conflictos de larga duración, hizo que la movilización de las tropas fuera algo esporádico, lo que provocó que el peso de la institución castrense dentro de la sociedad fuera diferente al que podría tener la movilización permanente de grandes contingentes de reclutas.

33Sin embargo eso no significa que el servicio militar no haya tenido importancia, pues a pesar del reducido número de hombres que efectivamente se encontraba sobre las armas en tiempos de paz – cerca de 500 -, el servicio de guarnición fue un medio importante para implantar disciplina dentro de las milicias y al mismo tiempo le permitió al Estado costarricense asegurar su control sobre el territorio y la población del país.
El servicio en tiempos de paz se confiaba a un reducido número de hombres, conformado por la Plana Mayor del ejército y los miembros de las guarniciones de cada uno de los cuarteles existentes en el país. La Plana Mayor estaba formada por los oficiales de más alto rango, encargaba de la administración y el control militar del territorio; por lo general estaba compuesta por un número fijo de oficiales cercano a diez hombres34. A lo largo del período estudiado está élite castrense varío muy poco; por lo general quienes alcanzaban estas posiciones se mantenían en ellas por varios años e incluso décadas35.

34Las plazas en las guarniciones se cubrían con soldados milicianos, hombres que como revelan las revistas de comisario sólo servían por períodos de unos pocos meses, lo que funcionó como un mecanismo entrenar a los miembros de las milicias36.

35Las ordenanzas describían 61 obligaciones que debían cumplir los soldados en servicio activo – ya fueran veteranos o milicianos37-, que eran el núcleo de la disciplina militar a la cual se sometían los hombres en el servicio de las armas. Estas obligaciones sujetaban al recluta a un complejo sistema jerárquico, en el que el soldado era controlado por los cabos, quienes a su vez estaban vigilados por los sargentos, estos por los subtenientes y tenientes, finalmente, todos bajo el capitán de la compañía a la que pertenecían38.

36Dentro del servicio de guarnición todas las acciones que debían efectuarse estaban descritas con detalle, haciendo que la vida dentro de los cuarteles estuviera marcada por una rutina diaria que cambió muy poco a lo largo de los años. Esta rutina iniciaba según las ordenanzas: “(…) Al amanecer de modo que ya se distingan los objetos se tocará la diana en la guardia principal y sucesivamente en todos los demás puestos39 (…)”.

37Esta llamada iniciaba la vida diaria de las guarniciones, a la cual seguía una revisión de las inmediaciones del punto donde se encontraba la tropa, la cual debía buscar posibles enemigos o cualquier signo de problemas en los alrededores. A continuación el oficial encargado de la guardia nocturna debía comunicar cualquier novedad al oficial en jefe y, en caso de no haber nada que reportar, se abrían las puertas del cuartel para iniciar las labores diarias40.

38Una vez ejecutada la apertura de las puertas y entregado el reporte de los centinelas que vigilaron durante la noche, el servicio comenzaba con una reunión de los soldados y oficiales que componían la guarnición. En ella se pasaba lista para comprobar que todos estuvieran presentes y preparados para el servicio, tras lo cual los oficiales determinaban cuál de ellos estaría encargado de la guarnición y cuáles serían las órdenes del día41.

39El oficial encargado recibía las órdenes escritas por parte de sus superiores y las despachaba a los oficiales subalternos para su cumplimiento; en ellas se determinaba las funciones debía cumplir cada soldado. Para aquellos que cumplían el servicio de guarnición estas órdenes podían determinar la permanencia en el propio cuartel o la vigilancia de algún punto específico.
Ejemplo de esto son las órdenes del 30 de mayo de 1842, que incluían instrucciones de reunir 25 soldados para que sirvieran de guardia durante la sesión inaugural del Congreso42. La presencia de las tropas milicianas en los eventos importantes era una costumbre y parte del servicio, al punto que la ausencia de una escolta militar generaba críticas. Así sucedió en 1834 cuando el autor de un artículo publicado en la prensa se quejaba en los siguientes términos:

40“No se debe disimular un defecto cometido el día de la instalación de la Asamblea, y es: que siendo costumbre ir una Guardia a dar el honor debido a cada uno de los Supremos Poderes; y que esta debe acompañar a cada Cuerpo, de su Sala al Edificio de la Asamblea, y de este a su Sala, y estar allí hasta que cada Cuerpo halla (sic) levantado sus Sesiones, que deben ser moderadas, y según los Reglamentos respectivos, nada de eso hubo este año y los Cuerpos Conservador y Judicial tuvieron que volverse solos a su Sala43.”

41También mediante estas órdenes se hacia el llamado a las armas para compañías que debían presentarse a revista de comisario u otra actividad en la que se requiriera la presencia de las tropas. Por ejemplo, el 3 de setiembre de 1842 en una de las órdenes indica que al día siguiente las tropas debían: “(…) asistir mañana el supremo a la ofrenda fúnebre que se prepara en memoria del benemérito general Enrique44”.

42También se requería su presencia en actos que reconocían las celebraciones de la Iglesia Católica – después de todo era un estado confesional- y la relevancia de las autoridades de turno y sus familias; por ejemplo 6 de enero de 1842 se ordenó a los sargentos “reunir a las compañías para formar, marchar en acción de gracias en las fiestas de San José y que se preparara una escolta de 25 soldados, un tambor y un oficial para la esposa del entonces Jefe de Estado45”.

43A estas presencias ceremoniales se unían otras previamente planificadas. El 30 de marzo de 1843, se dieron instrucciones para reunir a los milicianos que debían participar en las celebraciones de la Semana Santa de ese año, que debían incluir “las evoluciones normales46”. A finales de ese año se giraron órdenes para la realización de la revista anual de tropas, así como los preparativos de la Bendición de Bandera47, la misa de tropa y la preparación de las evoluciones que se realizarían en la Sabana, aunque en estas últimas las autoridades limitaron la participación de los milicianos alegando falta de capacidad.

44Al formar parte de una institución jerarquizada y fuertemente reglamentada, cada una de estas formalidades tenía más importancia de la que le concedieron observadores contemporáneos, pues fomentaban la obediencia de las tropas. Por eso, debía ejecutarse siguiendo un procedimiento preciso, que de no ser cumplido acarreaba serias penas, incluyendo castigos corporales contra los infractores.

45Por ejemplo, en 1842 se ordenó aplicar penas corporales a los hombres que se presentarán al servicio sin el uniforme correspondiente y ese 17 de julio se estableció que la falta sería castigada con 100 palos48. Para los hombres que se encontraban en servicio activo de las armas romper con la disciplina implicaba la posibilidad de enfrentar un juicio militar49 por una serie de ofensas50.

46A ese mecanismo de castigo se enfrentó en 1847 el soldado de caballería Acosta, quien fue acusado de maltrato físico a un sargento; fue detenido por burlarse de dos sargentos en Alajuelita; cuando uno de estos sargentos lo trasladaba a San José para enfrentar su castigo, el soldado intentó escapar y golpeó al sargento que lo custodiaba51.

47Imponer la disciplina militar no se limitaba a evitar que los soldados agredieran a sus superiores, sino también era asegurarse que los soldados no aprovecharan su posición para cometer otros crímenes, como el robo. Un ejemplo de esto se encuentra en 1847, cuando el soldado Mora aprovechó su posición como ayudante del habilitador del ejército, Mayor Blanco, para tomar varios cientos de pesos de los fondos del ejército52. Algo similar ocurrió en abril de 1846 con el cabo 2º Castro, quien fue acusado de aprovechar su posición como guarda de tabacos para permitir el robo de dos libras de tabaco. Según la sumaria, el cabo se asoció con dos cosecheros para sustraer de la galera ubicada en Vista de Mar, el tabaco que estaba encargado de vigilar53. El incumplimiento de las obligaciones era una falta seria, pues la capacidad del ejército de cumplir sus funciones dependía, en última instancia, de que los oficiales y soldados cumplieran con sus funciones de acuerdo con las órdenes recibidas y a lo prescrito por las ordenanzas54.

48Estos ejemplos parecen apuntar a un sistema de disciplina desarrollado, que daba la capacidad a las autoridades militares de mantener un estricto control sobre sus miembros. Ese control permitía a los gobernantes evitar levantamientos militares, pues en muchos casos una palabra de más podía provocar el inicio de un proceso por sedición contra los soldados y la desarticulación de un posible plan de golpe de estado. Tres ejemplos de la década de 1840 demuestran este control, soldados y oficiales de baja graduación que fueron detenidos e investigados por sospechas de formar parte de movimientos sediciosos. Los casos comparten además la característica de que las autoridades detuvieron y procesaron muy rápidamente a los hombres que realizaban actividades sospechosas. A partir de esas pesquisas, las autoridades descubrieron la posibilidad de que personajes importantes de la política del país estuvieran involucrados en planes de sedición.

49El primero de estos casos fue un soldado detenido en Escazú en 1842 por “dar vivas a Carrillo”, contar a los vecinos que era parte de un plan para destituir a Morazán y que él era un oficial a la ordenes de Rafael Carrera. Detenido esa misma noche, el soldado enfrentó un consejo de guerra que lo declaró culpable y lo condenó a dos años de presidio en Matina55. Algo similar le ocurrió al subteniente Delgado, quien el 2 de junio de 1846 fue detenido en Cartago acusado de sedición contra el orden público. Según la sumaria levantada, el subteniente llegó de San José la mañana del 2 de junio y se reunió con una serie de personajes ilustres – entre ellos Francisco María Oreamuno-, a quienes expuso un plan para derrocar el gobierno y poner a Oreamuno como Jefe de Estado. Según los testigos el subteniente aseguraba que contaba con el apoyo de las tropas heredianas y que los Alfaro de Alajuela estaban preparando un golpe de Estado56. Hay que resaltar el control que tienen las autoridades militares sobre la población, pues el mismo día que supuestamente acontecen los hechos los sospechosos son detenidos y se inicia el proceso judicial para determinar los castigos. Esto permite argumentar que las autoridades tenían un importante aliado en las guarniciones para controlar a la población.

50Ello queda patente en el caso del soldado Castro, conocido como “Pelo colorado”, quien en 1847 fue detenido como principal sospechoso en un curioso plan para destituir al gobierno, que involucraba a oficiales de alto rango como los sargentos primeros del cuartel de San José, el asesinato del general en jefe y la sustitución de Castro Madriz. El juicio militar reveló una compleja trama de relaciones económicas y sociales entre los sargentos y una serie de pequeños comerciantes de San José, en la que unos y otros se acusaron mutuamente de ser los instigadores del intento de golpe de Estado57.

51Otro aspecto importante dentro del servicio eran las revistas de comisario y los ejercicios doctrinales que se efectuaban con cierta periodicidad. Gracias a la existencia de descripciones de las revistas realizadas por los jefes de estado, se puede reconstruir con cierto detalle la forma en la cual estas se llevaban a cabo. Algunas de las descripciones de esas revistas militares recalcan el ambiente casi festivo en el que se desarrollaban. Por ejemplo, en 1858 La Crónica relata

52“En la tarde y noche del 19, llena como estaba de nuestras hermosas [mujeres], cruzadas en todas direcciones por alegres cabalgatas y carruajes, iluminada por la mil luces de un caserío improvisado y el suave fulgor de la Luna58.”

53Pero fuera de esa función como espectáculo, las revistas militares eran una forma de controlar y de determinar el estado real de las tropas del Estado; por lo cual eran muy importantes para el funcionamiento de las fuerzas. Como parte de la revista se efectuaban algunas maniobras militares, y gracias a eso se puede reconstruir en parte como debieron ser los ejercicios prácticos en los cuales los soldados costarricenses se adiestraban para la guerra. Así en un recuento de la revista de las tropas de Cartago de 1850, se puede apreciar cómo las autoridades aprovechaban la reunión de las milicias de la ciudad para que las mismas practicaran algunas formaciones, la descripción de la revista de tropa indicaba que:

54“Las autoridades civiles, militares i eclesiásticas, en unión de los vecinos notables, salieron a encontrarle (al presidente), i un cuerpo de caballera destacado al camino, después de hacer algunos disparos de carabina le sirvió de escolta. En el centro de la ciudad se hallaban formadas las tropas i saludaron a S.E. con tres descargas de fusil59.”

55La descripción indicaba que las tropas cartaginesas, realizaron algunos ejercicios frente al presidente, practicando algunas habilidades básicas como la marcha o la formación. Pero además, durante las revistas militares se efectuaban algunos ejercicios más complejos, como lo deja ver el recuento de la revista militar de San José de ese mismo año: “Después de la revista, las tropas hicieron ejercicio de fuego i ejecutaron varias evoluciones a las cuales se presta admirablemente el vasto llano conocido con el nombre de sabana60.”

56Estas descripciones indican que las autoridades militares aprovechaban las revistas para probar la instrucción de las tropas y practicar evoluciones, lo que era de vital importancia si tenemos en cuenta que las fuerzas estaban compuestas por milicianos. Durante este período buena parte de las órdenes en el campo de batalla se trasmitían por medio de tambores, pitos y otros instrumentos. Por eso los ejercicios eran muy importantes para que los soldados se familiarizaran con los diferentes toques de tambor, mediante los que se les dan órdenes.

Conclusiones.

57Todas las entidades estatales modernas deben organizar fuerzas militares; eso implica conseguir los recursos económicos para sufragar los gastos, concebir los medios para enganchar a los soldados que formaran el ejército y configurar un sistema que permita controlar a los hombres en armas. Cada estado resuelve estos problemas de manera diferente, dependiendo de las características de la población, condiciones económicas, las relaciones de poder y las necesidades militares. En el caso de Costa Rica estos factores se configuraron para privilegiar un sistema miliciano, lo que permitió la construcción de unas fuerzas armadas de gran tamaño, capaces de imponerse como la única entidad con el monopolio del uso legitimo de la fuerza.

58La incapacidad administrativa del Estado central llevó a que las reglas para el reclutamiento impuestas por este se aplicaran a partir de a la negociación entre el gobierno central y los poderes locales. Estas negociaciones ayudaron a la consolidación de la nueva entidad política, lo que significa que la construcción de las formas de reclutamiento ayudó a la formación del estado moderno en Costa Rica.

59El servicio militar en el país se caracterizó – en momentos de ausencia de conflicto- por ser esporádico para la mayor parte de los hombres reclutados, los años en el ejército los pasaron en periódicos servicios de guarnición, presentación a entrenamientos y la participación en festividades determinadas. Esto permitía que los hombres reclutados suplieran la falta de un programa de entrenamiento formal con algo de experiencia, lo que permitió que en los momentos de conflicto el Estado pudiera contar con hombres con algún conocimiento en los fundamentos de la guerra.

60Estas características hicieron que las Fuerzas Armadas costarricenses, constituidas a partir de las milicias coloniales y manteniendo básicamente la estructura de éstas, se convirtiera en una de las instituciones más grandes del nuevo país, de vital importancia en el proceso de consolidación de esta nueva entidad política; pero además lograron esto sin que los requerimiento de hombres y recursos se convirtieran en un problema inmanejable para las autoridades del estado central.

61El autor es Máster en historia Universidad de Costa Rica, docente de la Escuela de Estudios Generales Universidad de Costa Rica e investigador del Museo Nacional de Costa Rica.

Bibliografía

62Archivo Nacional de Costa Rica. “Comunicaciones reservadas del ministro general don José Anselmo Sancho, dirigidas a las autoridades del Estado con motivo de la guerra civil de 1835, llamada de la Liga”, en Revista del Archivo Nacional de Costa Rica 3-4, (enero-febrero, 1937), págs. 175-185.
Archivo Nacional de Costa Rica. “Comunicaciones seleccionadas en el libro copiador de correspondencia del ministro general Saravia, despacho de Gobernación-año de 1842”, en Revista del Archivo Nacional de Costa Rica 1-2 (enero-febrero, 1940): págs. 34-60.
Archivo Nacional de Costa Rica. “La guerra civil de 1823 (documentos)”, en Revista del Archivo Nacional de Costa Rica 5-6, (mayo-junio, 1940): págs. 320-336.
Arguedas, Aarón. “The Kingdom of Guatemala: Under the Military Reform 1755-1808” (Tesis de doctorado en historia, Texas Christian University, 2006).
Cabezas Solera, Edgar. Medicina en Costa Rica (San José: EDNASSS-C.C.S.S., 1990).
Centro Español de Metrología. Pesas y medidas españolas antiguas. Patrones del siglo XIX anteriores al sistema Métrico (Madrid, SPI, 1999).
Cienfuegos Salgado, David y Macías Vázquez, María Carmen (coordinadores). Estudios en homenaje a Marcia Muñoz De Alba Medrano. Estudios de derecho público y política (México: Instituto de Investigaciones Jurídicas-UNAM, 2006). Disponible en http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/5/2264/11.pdf (fecha de acceso 2/7/2012)
Fallas Santana, Carmen María. “La voluntad de la Nación y la regeneración política: Los pronunciamientos militares de 1859, 1868 y 1870 en Costa Rica” Diálogos Revista Electrónica de Historia 9-2 (Agosto 2008 – Febrero 2009), págs. 54-76.
Fernández, José Antonio, “Los ejércitos expedicionarios costarricenses en la Campaña Nacional: campesinos-milicianos ante la disyuntiva entre la obediencia y el grano de oro”, en Mesoamérica 53 (enero-diciembre 2011), págs. 74-105.
Garavaglia, Juan Carlos, Construir el Estado, inventar la Nación: El Río de la Plata, Siglos XVIII-XIX (Buenos Aires: Prometeo Libros, 2007).
Holden, Robert. Armies without Nations. Public Violence and State Formation in Central America, 1821-1960 (New York: Oxford UniversityPress, 2006.).
Pineda de Montt, Manuel. Recopilación de las leyes de Guatemala (Guatemala: Imprenta de la Paz, T. II, 1872)
República de Costa Rica, Código Militar para el Ejército de la República de Costa Rica (San José: Imprenta Nacional, 1871).
Rodríguez Solano, Pablo Augusto, “Estado, fiscalidad y organización burocrática en Costa Rica, 1821-1848” (Tesis de Maestría En Historia, Universitat Pompeu Fabra, Barcelona, 2010).
Salas, de, Fernando. Ordenanzas militares en España e Hispanoamérica (Madrid: MAPFRE, 1992).
Taracena, Arturo y Piel, Jean (editores), Construcción de las identidades y del estado moderno en Centro América (San José: EUCR/CEMCA/FLACSO, 1995).
Vallecillo, Antonio, Ordenanzas de S. M. para el régimen, disciplina, subordinación y servicio de sus Exercitos (Madrid, SPI, tomo I, 1768).
Viales, Ronny (editor), Pobreza e historia en Costa Rica. Determinantes estructurales y representaciones sociales del siglo XVIII a 1950 (San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2005).

63Notas de pie de páginas

641 Sobre el funcionamiento de las milicias coloniales: Aarón Arguedas, “The Kingdom of Guatemala: Under The Military Reform 1755-1808” (Tesis de doctorado en historia, Texas Christian University, 2006). José Antonio Fernández, “Los ejércitos expedicionarios costarricenses en la Campaña Nacional: campesinos-milicianos ante la disyuntiva entre la obediencia y el grano de oro”, en Mesoamérica 53 (enero-diciembre 2011), pags. 74-105.

652 Estado General que manifiesta la fuerza cívica creada en los pueblos del Estado de Costa Rica 1824, ANCR, Fondo Guerra y Marina, 10631.

663 Las ordenanzas coloniales españolas fueron la base sobre la cual se construyeron los ejércitos de buena parte de los estados latinoamericanos, al respecto: Fernando de Salas López, Ordenanzas militares en España e Hispanoamérica (Madrid: MAPFRE, 1992). En el caso de Costa Rica las ordenanzas españolas se mantuvieron vigentes hasta 1884.

674 Ordenanzas de S. M. para el régimen, disciplina, subordinación y servicio de sus Exercitos, tomo I Tratado II, Titulo IV (Madrid, SPI, 1768): pag. 125.

685 Reglamento de milicias, 1834. ANCR. Congreso 3373, f 4.

696 Decreto de organización de la Fuerza Armada para la defensa de la República y la conservación del orden interior. ANCR. Congreso 29003, folio 20.

707 República de Costa Rica, Código Militar para el Ejército de la República de Costa Rica (San José: Imprenta Nacional, 1871), pag. 2.

718 Si esta medida se refiera a pies castellanos, 5 pies equivaldría a 139 cm dado que 1 pie castellano es igual a 27, 86cm. Véase: Centro español de metrología, Pesas y medidas españolas antiguas. Patrones del siglo XIX anteriores al sistema Métrico (Madrid, SPI, 1999).

72fn9.Ordenanzas españolas, Tratado I, Titulo IV, págs. 15-27.

7310 En las fuentes no aparecen referencias claras a la presencia de indígenas dentro de las fuerzas, pero es muy significativo que en Estados de fuerza se cuente con tropas de comunidades que durante la colonia fueron claramente indígenas, como ejemplo: Estado General que manifiesta la Fuerza cívica, 1830, ANCR, Fondo: Guerra y Marina, signatura: 1851. Estamos conscientes de que muchas de estas comunidades, en especial las ubicadas en el Valle Central (Cot, Quircot, Curridabat), perdieron su categoría de pueblos indígenas casi con la independencia; sin embargo no podemos estar tan seguros de que sus habitantes no fueran considerados todavía como tales por una parte de la población.

7411 En algunos casos algunas comunidades indígenas fueron incorporadas dentro de fuerzas militares en Centroamérica, pero esta incorporación dependía de la relación entre esa comunidad y alguno de los líderes militares centroamericanos, como ejemplo: Aldo Lauria Santiago, “Los Indígenas de Cojutepeque, la política faccional y el estado nacional en El Salvador, 1830-1890” en Arturo Taracena y Jean Piel (eds), Construcción de las identidades y del estado moderno en Centro América (San José: EUCR/CEMCA/FLACSO, 1995), págs. 237-252.

7512 Reglamento de milicias, 1834. ANCR. Congreso 3373, folio 4 v.

7613 Aunque pudiera parecer lógico concentrar el reclutamiento en grupos campesinos en una sociedad rural, esto no siempre sucedía. En algunos lugares, como en Guatemala se prohibía el reclutamiento de jornaleros, véase: “Decreto 2 de 23 de agosto de 1823” en Manuel Pineda de Montt, Recopilación de las leyes de Guatemala, (Guatemala: Imprenta de la Paz, T. II, 1872): pag. 648. Las leyes mexicanas también excluían a los jornaleros del reclutamiento: Manuel González Oropeza, “El fuero militar en México: la injusticia en las Fuerzas Armadas”, en Estudios en homenaje a Marcia Muñoz De Alba Medrano. Estudios de derecho público y política. Disponible en http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/5/2264/11.pdf (fecha de acceso 2/7/2012).

7714 Decreto de organización de la Fuerza Armada para la defensa de la República y la conservación del orden interior. ANCR. Congreso 29003, f 21.

7815 República de Costa Rica, Código Militar para el Ejército de la República de Costa Rica (San José: Imprenta Nacional, 1871), pág. i.

7916 República de Costa Rica. Código Militar para el Ejército de la República de Costa Rica (San José: Imprenta Nacional, 1871), pág. 3.

8017 Como evidencia de esto en los estados de fuerza del ejercito por lo general la plaza del cirujano se hallaba vacante, por ejemplo en 1831: Estado de fuerza del Batallón 1, 1831. ANCR, Fondo: Guerra y Marina, signatura 9789. Para 1833 todavía no había cirujanos: Estado de la Fuerza 1833, ANCR, Fondo: Guerra y Marina, signatura: 10333. De hecho fue hasta 1850 que las plazas de cirujanos del ejército estuvieron cubiertas; véase: Estado de fuerza del ejercito 1851, ANCR, Fondo: Congreso, Signatura: 5233. Esto es lógico si se tiene en cuenta que durante el período colonial y las primeras décadas de vida independiente hubo muy pocos médicos en el país; véase al respecto Edgar Cabezas Solera, Medicina en Costa Rica (San José: EDNASSS. C.C.S.S., 1990).

8118 Memoriales presentados por soldados, 1846. ANCR, Fondo: Guerra y Marina. Signatura: 6254, f 4-6. Otros ejemplos de peticiones de retiro por motivos de salud se pueden encontrar en: Memoriales de soldados 1842. ANCR, Fondo: Guerra y Marina, Signatura: 9352, f 3 y 4.

8219 Este fue parte del proceso mediante el cual el Estado costarricense fue extendiendo su poder sobre el territorio, en un proceso con similitudes al que Garavaglia ha descrito para el caso del Rio de la Plata. Véase al respecto Juan Carlos Garavaglia, Construir el Estado, Inventar la Nación: El Río de la Plata, Siglos XVIII-XIX (Buenos Aires: Prometeo Libros, 2007), págs. 343-386.

8320 Reglamento de milicias de 1834, articulo 33. ANCR, Fondo: Congreso, signatura: 3373.

8421 Se debe recordar que durante las primeras décadas de vida independiente el Estado costarricense contó con muy pocos “funcionarios”; por ejemplo para 1841 la Secretaria de Justicia y Gobernación contaba con solo cinco Jefes políticos y cinco escribientes para hacer cumplir los mandatos del estado central; véase Pablo Augusto Rodríguez Solano, “Estado, fiscalidad y organización burocrática en Costa Rica, 1821-1848” (Tesis de Maestría En Historia, Universitat Pompeu Fabra, Barcelona, 2010), pág. 185.

8522 Como ejemplo: Lista de individuos del paisanaje que por razón de sus buenas disposiciones ser apropiados para el servicio militar, Cartago, 1847. ANCR, Fondo: Guerra, signatura: 10262.

8623 Archivo Nacional de Costa Rica, “La guerra civil de 1823 (documentos)”, en Revista del Archivo Nacional de Costa Rica 5-6, (mayo-junio, 1940), pág. 447.

8724 El término “pedáneo” se refiere a un agente del ayuntamiento con responsabilidades menores.

8825 Como una parte de los reclutados fue forzado se encargó a una tropa de “recoger el cupo” de los pueblos, la composición de la tropa que realizó esa función se encuentra en: Revista de comisario, 1826. ANCR. Fondo: Guerra y Marina. Signatura: 102.

8926 Paulina Malavassi, “Perfil socioeconómico y judicial de los ociosos, vagabundos y malentretenidos en el Valle Central de Costa Rica, 1750-1850”, en Ronny Viales (ed), Pobreza e historia en Costa Rica. Determinantes estructurales y representaciones sociales del siglo XVIII a 1950 (San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2005), págs. 31-42.

9027 Archivo Nacional de Costa Rica, “Comunicaciones reservadas del ministro general don José Anselmo Sancho, dirigidas a las autoridades del Estado con motivo de la guerra civil de 1835, llamada de la Liga”. RANCR 3-4, (enero-febrero, 1937), pág. 183.

9128 Archivo Nacional de Costa Rica, “Comunicaciones reservadas del ministro general don José Anselmo Sancho”, pág. 183.

9229 Archivo Nacional de Costa Rica, “Comunicaciones seleccionadas en el libro copiador de correspondencia del ministro general Saravia, despacho de Gobernación-año de 1842”, en RANCR 1-2 (enero-febrero, 1940), pág. 57-58.

9330 Boletín Oficial, 117, 8 de marzo de 1856. Disponible en http://www.sinabi.go.cr/biblioteca%20digital/revistas/boletin%20oficial/boletin%20oficial%201856/01c-MARZO%20%20%201856%20%20No.%20176%20al%20180.pdf (fecha de acceso 23/7/2013).

9431 Un ejemplo interesante de este tipo de análisis se encuentra en: Carmen María Fallas Santana, “La voluntad de la Nación y la regeneración política: Los pronunciamientos militares de 1859, 1868 y 1870 en Costa Rica” Diálogos Revista Electrónica de Historia 9-2 (Agosto 2008 – Febrero 2009).

9532 La presencia en el país del general Flores, expresidente de Ecuador, motivó este rumor. Sumaria levantada contra el General Quirós por intento de golpe de Estado 1850. ANCR, Fondo: Guerra y Marina, Signatura: 5272.

9633 Estas dificultades para construir una institución que permita el reclutamiento sin tener que recurrir únicamente a la coerción es uno de los elementos que señalan algunos autores para argumentar que la guerra dificultó la consolidación de los estados centroamericanos, en lugar de permitir la consolidación estatal, como se ha propuesto para los estados europeos. Al respecto véase Robert Holden, Armies without Nations. Public Violence and State Formation in Central America, 1821-1960 (New York: Oxford University Press, 2006.)

9734 Ordenanzas españolas, Tratado I. Libro I, 3.

9835 Un ejemplo de esto es el Teniente Coronel Antonio Pinto, quien aparece como comandante a finales de la década de 1820 y se mantiene en su puesto (con algunos intervalos) hasta la década de 1840, véase: Revista de Comisario San José 1844, ANCR, Fondo: Guerra y Marina. Signatura: 8091.

9936 Esto que aparece como una constante en las revista de cuarteles a lo largo del todo el período de estudio, parece confirmarse en la década de 1850 cuando las revistas hacen una diferencia entre soldados veteranos y soldados milicianos, los primeros permanecen todo el año en servicio, mientras los segundos cambian cada dos o tres meses. Revista de comisario San José 1855. ANCR. fondo: Guerra y Marina. Signatura: 53. Revista de Comisario San José 1856. Fondo: Guerra y Marina. Signatura: 819.

10037 Ordenanzas españolas; Tratado 2, Titulo 1, 69-90.

10138 Estas obligaciones se reflejan en las ordenanzas, que llegaban incluso a castigar con la muerte actos de irrespeto o indisciplina: Ordenanzas españolas, Tratado 8, titulo X, 308-314.

10239 Ordenanzas españolas, Tratado VIII, Título VIII, articulo 1, 69.

10340 Ordenanzas españolas, Tratado VIII, Título VIII, 69-72.

10441 Solo las formalidades para pasar una orden desde el oficial en jefe a sus subalternos y la forma en la cual se debe pasar el Santo y seña ocupan 16 páginas en las ordenanzas: Ordenanzas, Tratado VIII, Titulo VII, 52-68.

10542 Libro de órdenes generales de 1843. ANCR, fondo: Guerra y Marina, signatura: 10313, folio 17v-18.

10643 Noticioso Universal, 62, 7 de marzo de 1834. Disponible en http://www.sinabi.go.cr/Biblioteca%20Digital/Periodicos/Noticioso%20Universal/Noticioso%20Universal%201834/cg-7%20marzo%201834_No.%2062.pdf (fecha de acceso: 7/5/2013)

10744 Libro de órdenes generales perteneciente al batallón n°2, ANCR, Fondo: Guerra y Marina, Signatura: 9327, f 5v-6. Hay que recalcar que esta orden se refiere a los funerales de uno de los oficiales de Morazán asesinado durante un ataque al cuartel de Liberia; este suceso precedió por pocas semanas al levantamiento que acabó con Morazán.

10845 Libro de ordenes generales 1843. ANCR, Fondo: Guerra y Marina. Signatura: 10313. Folio: 2.

10946 Libro de ordenes generales 1843. ANCR, Fondo: Guerra y Marina. Signatura: 10313. Folios: 39 y 40.

11047 La Bendición de Bandera era una ceremonia de origen colonial en la que se bendecían las banderas del batallón o regimiento, la ceremonia religiosa está descrita en detalle en las ordenanzas; véase: Ordenanzas españolas, Tratado III, Titulo X, 427-436.

11148 Libro de órdenes generales de 1843. ANCR, fondo: guerra y marina, signatura: 10313, folios: 23v-24.

11249 El juicio militar requería de una serie de formalidades que incluían la formación de un tribunal formado por oficiales y particularidades según el grado militar del infractor, al respecto véase Ordenanzas españolas, Tratado VIII, Títulos V y VI, 242-289.

11350 La lista completa de ofensas se puede encontrar en: Ordenanzas españolas, Tratado VIII, Titulo X, 304-360.

11451 Sumaria por agresión a sargento, 1847. ANCR, Fondo: Guerra y Marina, signatura: 6165.

11552 Con esos fondos el soldado adquirió una casa y se convirtió en prestamista, pero fue atrapado robando y fue condenado a 5 años de presidio y al embargo de sus bienes; lo que resultó leve considerando que uno de los jueces lo condenó a muerte. Instrucción contra soldado por robo de la caja militar, ANCR. Fondo: Guerra y Marina. Signatura: 6234.

11653 Causas contra soldados por permitir sacar tabaco de galera de un cosechero. Causas contra soldados, 1846. ANCR, Fondo: Guerra y Marina. Signatura: 6164.

11754 Hay varios ejemplos de este tipo de causas, entre ellos: Causa contra sargento mayor Ocaña por abuso de autoridad, 1845. ANCR, Fondo: Guerra y Marina. Signatura: 10270. Causa contra sargento veterano por faltas a su obligación en el resguardo de presos Causas contra soldados, 1846. ANCR, Fondo: Guerra y Marina. Signatura: 6164. Suspensión de teniente por embriaguez, 1870. ANCR, Fondo: Guerra y Marina. Signatura: 8951.

11855 Causa contra soldado por sedición, Fondo: Guerra y Marina. Signatura: 9349.

11956 Causas contra soldados, 1846. ANCR, Fondo: Guerra y Marina. Signatura: 6164.

12057 Causa por conspiración contra el gobierno, 1847. Fondo: Guerra y Marina. Signatura: 9390.

12158 Crónica de Costa Rica, II, 25 de diciembre de 1858, pág. 173. Disponible en: http://www.sinabi.go.cr/biblioteca%20digital/periodicos/cronicas%20de%20costa%20rica/cronicas%20de%20costa%20rica1858/jg-Cronica%20de%20Costa%20Rica_Ano2_25%20dic%201858.pdf , (fecha de acceso 6/7/2012).

12259 La Gaceta, 26 de Enero de 1850. Disponible en: http://www.sinabi.go.cr/biblioteca%20digital/periodicos/la%20gaceta/la%20gaceta%20del%20gobierno%201850/ad-La%20Gaceta_26%20ene_1850.pdf (fecha de acceso 6/7/2012)

12360 La Gaceta, 26 de Enero de 1850. Disponible en: http://www.sinabi.go.cr/biblioteca%20digital/periodicos/la%20gaceta/la%20gaceta%20del%20gobierno%201850/ab-La%20Gaceta_12%20ene_1850.pdf(fecha de acceso 6/7/2012).

124

Para citar este artículo :

Esteban Corella Ovares, « Reclutamiento y servicio militar en Costa Rica: el servicio en las milicias del estado, 1821-1870. », Boletín AFEHC N°61, publicado el 04 junio 2014, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=3799

Comentarios

Normas de uso

Esta es la opinión de los lectores de la AFEHC, no de la AFEHC No está permitido verter comentarios injuriantes. Reservado el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema. Una vez aceptado el comentario, se enviará un correo electrónico confirmando su publicación.

¿No tienes una cuenta todavía?
Puedes crear una

Como usuario registrado usted podrá publicar de forma inmediata comentarios con su nombre.