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AFEHC : articulos : Agricultura y minería: el origen de las terrazas del Cerro de Ula (Honduras) durante el siglo XVI : Agricultura y minería: el origen de las terrazas del Cerro de Ula (Honduras) durante el siglo XVI

Ficha n° 3816

Creada: 14 diciembre 2014
Editada: 14 diciembre 2014
Modificada: 17 diciembre 2014

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Autor de la ficha:

Pastor Rodolfo GÓMEZ ZÚÑIGA

Editor de la ficha:

Laura MACHUCA

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Agricultura y minería: el origen de las terrazas del Cerro de Ula (Honduras) durante el siglo XVI

Las terrazas del Cerro de Ula se integran en uno de los paisajes agrícolas históricos más prominentes del estado hondureño: las parcelas agropecuarias del Municipio de Santa Ana, en el Departamento de Francisco Morazán. Su origen es objeto de discusión, pues mientras algunos investigadores las consideran prehispánicas, otros académicos defienden su origen colonial. En el presente artículo discuto su cronología en base a evidencias arqueológicas, históricas y etnográficas, que en su conjunto sugieren una datación posterior a la Época Precolombina. En específico, destacan las informaciones coloniales sobre el entorno de Tegucigalpa, que asocian a labradores españoles con explotaciones agropecuarias en el Cerro de Ula y la Montaña de Izopo. La irrupción de los agricultores españoles en la zona parece responder a una iniciativa del Cabildo Municipal de la Ciudad de Comayagua, que en el último cuarto del siglo XVI promovió el desarrollo de un espacio económico cercano a los reales de minas, cuando la producción de plata se perfiló como la actividad económica más rentable de la gobernación de Honduras.
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Palabras claves :
Minería, Agricultura, Milpas, Terrazas, Ganadería
Autor(es):
Pastor Rodolfo Gómez Zúñiga
Fecha:
Septiembre 2014
Texto íntegral:

1

Introducción

2 En agosto de 2014, el periodista Arturo Sosa publicó un artículo sobre un paisaje agrario prominente de la región central de Honduras: las terrazas del Cerro de Ula, en el municipio de Santa Ana, departamento de Francisco Morazán1. A diferencia de investigaciones anteriores, desarrolladas por Mario Ardón Mejía en la década de 1990, y que defendían la datación colonial de estos campos de cultivo, Sosa sostiene su origen prehispánico, una idea, a su decir, acuñada por el arqueólogo Vito Velis y el licenciado Salvador Echigoyen. Según el artículo, Velis y Echigoyen atribuyen la construcción de las terrazas a los indígenas lencas, y sostienen, a la vez, que se trata del campo aterrazado prehispánico más grande de Mesoamérica, una tecnología que, según creen, pudo llegar a Honduras desde los Andes Centrales.

3 Aunque Sosa expone la interpretación anterior como novedosa, la supuesta datación prehispánica de las terrazas del Cerro de Ula ya había circulado por canales no académicos antes de las investigaciones de Velis y Echigoyen, cuyo trabajo data del año 2013. Una consulta rápida en internet demuestra, por ejemplo, que algunos activistas comunitarios de Santa Ana suponían la autoría lenca de las terrazas al menos desde el año 20112. En tal sentido, el activismo político de carácter nativista pareciera anteceder, y tal vez inspirar, el nuevo marco interpretativo histórico del paisaje agrario del Cerro de Ula, marginando a las investigaciones pioneras de la década de 1990, como la tesis de maestría de María Luisa Martínez Garrido, que sostenía los antecedentes coloniales del sistema de explotación agrario donde se insertan las terrazas3.

4 Sin la intención de polemizar, a continuación presentaré evidencias que sugieren los antecedentes coloniales del paisaje agrario del Cerro de Ula y de sus áreas colindantes, un paisaje modelado con la participación activa de labradores españoles, inmigrados a Tegucigalpa desde la década de 1570, cuando la explotación argentífera se perfiló como la principal fuente de riqueza de la gobernación de Honduras.

5 Con el presente artículo pretendo aclarar el origen de las terrazas agrícolas del Cerro de Ula y su entorno, y, a la vez, elucidar el porqué los labradores hispanos eligieron esta área geográfica para asentarse. En segundo lugar, deseo enmarcar la historia de este paisaje agrario dentro de una perspectiva regional, donde destaca la minería de la plata como el motor que condicionó los principales cambios económicos, demográficos y administrativos. Por último, deseo aportar documentación histórica que sirva para solicitar la protección de estos campos agrícolas históricos, actualmente amenazados por las compañías eólicas y la especulación urbanística, que sustrae los predios de sus propietarios tradicionales, limitando el uso agrario y ganadero de unas tierras inmejorables, en sus orígenes ligadas a la minería, y que hoy tienen a la población de la capital de Honduras como cliente potencial.

Metodología

6 La naturaleza del objeto de estudio impuso la adopción de un enfoque interdisciplinar, en donde los materiales históricos y arqueológicos se complementaran con los etnográficos. Varios limitantes me impulsaron a elegir la perspectiva citada. Entre ellos, destaca la escasez de documentación colonial sobre el tema, y el alcance restringido de las investigaciones arqueológicos en el Cerro de Ula y su entorno. Como esas fuentes tampoco aluden a las terrazas, para elucidar si su origen fue precolombino o colonial, consideré pertinente adoptar una estrategia comparativa, que permitiera confrontar el sistema agrícola lenca del siglo XVI, y las prácticas agropecuarias de los labradores españoles de esa época, con el sistema de cultivo practicado en las terrazas del Cerro de Ula por los campesinos modernos. Considero que entre mayor sea la convergencia entre una de las tradiciones referidas – lenca o hispánica- con las prácticas agrícolas contemporáneas, más alta es la posibilidad de que se encuentre en el origen de las terrazas agrícolas del Cerro de Ula.

7 La puesta en práctica de la estrategia expuesta condicionó la estructura del texto. Comienzo delineando el marco geográfico, y los antecedentes de investigaciones, en esencia orientados a las investigaciones históricas y arqueológicas. Posteriormente, caracterizo las prácticas agrícolas de los lencas en el siglo XVI, vinculando su evolución con la irrupción de la economía minera en la Honduras central. Aquí otorgo especial atención a los labradores españoles asentados en la región delimitada. El siguiente epígrafe es de carácter etnográfico, y se centra en los sistemas agropecuarios vernáculos del municipio de Santa Ana, cuyo trabajo de campo realizaron Mario Ardón Mejía y María Luisa Martínez Garrido en la década de 1990. Este ordenamiento posibilita elaborar unas conclusiones sustentadas sobre mayores elementos de juicio.

8 Al ser un objeto de estudio del siglo XVI recurrí, principalmente, a fuentes escritas de la Edad Moderna. La escasa documentación del siglo XVI en los archivos hondureños orientó mi pesquisa hacia los fondos del Archivo General de Indias de Sevilla. También revisé las obras de los principales cronistas de la época, como Herrera y Oviedo. Los datos históricos recopilados los volqué en fichas individuales, que archivé de acuerdo a la materia tratada.

9 La investigación de las fuentes históricas primarias la complementé con la consulta de obras de diferentes especialistas. Revisé monografías históricas y arqueológicas, desde el trabajo pionero de Doris Stone, hasta informes realizados por personal del Instituto Hondureño de Antropología e Historia (a partir de ahora IHAH). Esenciales son las investigaciones etnográficas hechas en la década de 1990 por Mario Ardón Mejía y María Luisa Martínez Garrido, quienes describen el sistema agrícola vernáculo asociado al municipio de Santa Ana. Por último, también fueron útiles las monografías de algunos consultores, en su mayoría contratados por las compañías eléctricas implicadas en el proyecto eólico implementado en la zona de estudio.

Marco Geográfico

10 Las terrazas se ubican en las faldas del Cerro de Ula, en el municipio de Santa Ana, 24 kilómetros al sur de Tegucigalpa, en las coordenadas geográficas UTM 472594 E 154119. Según Mario Ardón Mejía, en comunicación personal, terrazas similares, asociadas a sistemas de manejo agropecuario parecidos, se distribuyen sobre áreas colindantes de los municipios de Ojojona y San Buena Ventura, en particular sobre la montaña de Santa Elena de Izopo.

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Ubicación geográfica de las terrazas en las faldas del Cerro de Ula
Ubicación geográfica de las terrazas en las faldas del Cerro de Ula

12 El Cerro de Ula forma parte de la Sierra de Lepaterique, y se alza hasta 1722 msnm, aunque desde una perspectiva local, sobresale como un suave promontorio sobre la meseta que aloja parte del municipio de Santa Ana, cuya altura media ronda los 1430 msnm. La Montaña de Izopo es todavía más alta, y su cumbre se eleva hasta los 1990 msnm. Las características citadas determinan la ubicación de las terrazas en una área de climatología fresca, con mínimas de 9ºC en diciembre y enero, y máximas de 28ºC en abril y mayo, y con una temperatura media anual de 18ºC. Su régimen de lluvias, de 500 a 2000 mm., clasifica a la región en una categoría que va de sub-húmeda a seco4.

13 Desde el punto de vista hídrico, todas las corrientes regionales drenan en la vertiente del Océano Pacífico hondureño, avenando las que discurren al norte en la cuenca del Río Choluteca, y las que se dirigen al sur en la del Río Nacaome. Entre los tributarios del Choluteca, destacan por su relación directa con el entorno de las terrazas el río Grande o San José, cuyas fuentes manan en el propio Cerro de Ula, y el Jacaleapa o Sabacuante, que se origina en la montaña de Azacualpa. Ambos cursos unen sus aguas con las del río Guacerique en la llanura de Tegucigalpa, originando al río Choluteca.

14 El factor local más destacado es la naturaleza de su litología. Buena parte de la Honduras central la cubren cenizas volcánicas félsicas y lavas riolíticas del terciario, que aportan escasos nutrientes a los suelos. Sin embargo, los alrededores de Tegucigalpa padecieron un vulcanismo cuaternario, responsable de la formación de hasta treinta pequeños conos volcánicos basálticos, entre los que se incluyen el Cerro de Ula y la cercana Montaña de Izopo. Para mesurar la aportación cuaternaria al patrimonio geológico hondureño, basta comparar a las coladas del Cerro El Pedregal, el más conspicuo cono cuaternario de la Honduras Central, con el volumen de las cenizas terciarias circundantes: mientras en el primer caso la acumulación de basaltos no superó el kilómetro cúbico5,en el segundo el volumen de cenizas ronda los 5.000 km³.

15 Pese a su modestia, el vulcanismo cuaternario cumplió un papel destacado en la historia de la agricultura local, y ello fue gracias a las características del basalto, roca máfica rica en minerales esenciales, como el calcio, el hierro y el magnesio. La litología local aportó, por tanto, materiales adecuados para formar suelos agrícolas óptimos, constituyendo auténticos oasis de fertilidad, conservada y gestionada por la ingeniosa terracería, en un contexto regional dominado por la esterilidad de las cenizas félsicas.

16 La geología local aportó otros recursos económicos valiosos. Entre los materiales terciarios destacan intrusiones plutónicas asociadas a la Formación Matagalpa, que originaron numerosos filones metálicos en la región central6. De ellos proceden los yacimientos hidrotermales de metales nobles de Guazucarán, Santa Lucía y otros que tanta fama dieron a la gobernación de Honduras durante la Edad Moderna.

Antecedentes de investigación

17 Las terrazas agrícolas, llamadas bancales en la Península Ibérica, andenes en la región Andina, o cadenas en las Islas Canarias, son una técnica de conservación de suelo, agua, y biodiversidad agrícola y forestal, incorporada de forma temporal y permanente, aplicada a terrenos con pendientes de hasta el 30%, que favorece el control de la erosión. Consisten en una plataforma, o relleno progresivo de suelo agrícola, retenido por un muro, usualmente construido con la técnica de piedra seca7. En Honduras, destaca el campo de terrazas estudiado en este artículo.

18 Los campos aterrazados hondureños han recibido poca atención de la comunidad académica. La primera pesquisa arqueológica relacionada con ellos la realizó Doris Stone, cuando inquirió el origen de bancales abandonados en la Montaña de Izopo, en un sitio denominado “El Matasano”. Sus informantes desconocían de cuando databan, y se limitaron a decir que existían desde siempre8.

19 En la década de 1970, el profesor Francisco Flores Andino, empleado del IHAH, reportó las ruinas de un molino hidráulico en la boca del cañón de los petroglifos de Ayasta, en terrenos de Santa Ana colindantes al municipio de San Buena Ventura. Aunque los vestigios se conocen desde hace más de tres décadas, ningún estudio ha intentado establecer su datación.

20 Las primeras investigaciones arqueológicas profesionales en la zona las dirigieron arqueólogos del IHAH en los años 2009 y 2010, y se relacionan con la mitigación de impacto ambiental del “Proyecto Eólico Cerro de Hula”. En esta ocasión, el personal del IHAH efectuó un recorrido de superficie, y un par de excavaciones de rescate, que determinaron que los materiales localizados eran posteriores al año 16809.

21 Con respecto a las investigaciones históricas, no existe ninguna obra dedicada en exclusiva a estudiar a las terrazas, si bien algunos trabajos sobre la minería hondureña en el siglo XVI proveen información contextual aprovechable.

22 Desde de la etnografía, destacan los escritos de Mario Ardón Mejía y María Luisa Martínez Garrido sobre los sistemas agropecuarios vernáculos del municipio de Santa Ana. Por su extensión y calidad, pueden considerarse las obras académicas más importantes sobre la agricultura asociada a las terrazas del Cerro de Ula, y sobre la valoración de su sostenibilidad secular.

La agricultura lenca del siglo XVI

23 La presente caracterización de la agricultura lenca la sustento en el capítulo tercero de mi tesis doctoral, dedicado a la economía de las sociedades nativas asentadas en el territorio de Honduras durante el siglo XVI10. El material base de este trabajo comprende las tasaciones de los pueblos de indios de las jurisdicciones de Gracias y Comayagua, levantadas por funcionarios de la Audiencia de los Confines en la década de 1540. Las encomiendas listadas comprendían en su mayoría a poblaciones de filiación lenca, con las excepciones de un probable pueblo pipil (Ocotepeque), y dos de etnia choluteca (Naco y tal vez Ilamatepeque).

24 Los documentos señalados listan productos producidos en cada población, entre los que sobresale el maíz. De tal manera, en 1544, los 56 pueblos lencas tasados en los términos de Gracias a Dios tributaban maíz11. Idéntica situación evidencian los 43 pueblos lencas de Comayagua tasados en 154912. El cronista Antonio de Herrera señala que al menos los indígenas del occidente de Honduras consumían maíz nixtamalizado13.

25 La ingestión de maíz nixtamalizado la complementaban los frijoles, cuya presencia entre los lencas testifican algunos macrofósiles de Salitrón Viejo, en El Cajón14. Tanto las tasaciones de Gracias a Dios de 1544 como las de Comayagua de 1549 así lo evidencian, pues en el primer caso 33 de los 56 pueblos lencas tributaban frijoles; mientras que en el segundo lo hacían 41 de 44. Aunque los restantes pueblos lencas de Comayagua y Gracias no tributaban dicha legumbre, es probable que todos los agricultores lencas hondureños la intercalasen en sus milpas entre las matas de maíz, como reflejan algunos cédulas de 1544, como la de Talva, donde se impuso a los nativos que sembrasen “...los frisoles que suelen entre el maíz15...”.

26 Un producto no sujeto a tributación fue el ayote. Las calabazas se sembraban junto al maíz y los frijoles en una sola parcela, denominada con la palabra náhuatl de milpa por los españoles, constituyendo una modalidad de policultivo ventajosa por la complementaridad sinérgica de los cultígenos citados. Las matas de maíz protegen y actúan como rodrigones para las plantas de frijoles. Los frijoles nitrogenan la tierra a través de sus raíces, favoreciendo el crecimiento del maíz. Las enredaderas de calabaza protegen el suelo y evitan el desarrollo de hierbas que compitan con los otros cultivos de la milpa, y su fruto es a la vez un importante complemento nutritivo, pues su pulpa y sus semillas son comestibles16.

27 La siembra de la milpa estaba adaptada a las condiciones climáticas, tanto en su dimensión macro como microambiental, característica aún más acusada al predominar el método de tala y quema, cuya irrigación depende en exclusiva de las lluvias. En el norte de Centroamérica existen dos estaciones o períodos climáticos diferenciados: la estación seca y la estación de lluvias. La primera de ellas es conocida localmente como verano, y se extiende desde noviembre o diciembre hasta abril; mientras la húmeda, llamada también invierno, cubre los restantes meses del año. La diferencia en el régimen pluvial entre una y otra estación es más acusada en el interior del país, en donde la llegada del verano suele implicar la ausencia de lluvias17.

28 La climatología descrita, junto al método de tala y quema, configuraron al ciclo agrícola nativo, permitiendo en unos casos tres cosechas anuales, y en otros imposibilitando la siembra de una segunda milpa. En casi todo el centro del país todavía se cultivan dos milpas anuales: una en verano o primera, y otra en invierno o postrera. La obtención de la postrera depende de la fluctuación de las precipitaciones, sobre todo hacia el final de la estación lluviosa, pues las variaciones debidas a la localización geográfica, y a la disposición del terreno con respecto a la topografía, ocasionan diferencias locales en el régimen pluvial, hecho que repercute de forma negativa sobre el potencial agrícola de los puntos más secos18.

29 La siembra de la milpa por el método de tala y quema implica una serie de labores, a saber el desmonte, la quema de los rastrojos, la siembra, el desyerbe, el doblado de las matas de maíz y la cosecha. En la época precolombina, tratándose de la milpa de verano, el desbroce del campo se realizaba al final de la temporada seca, utilizando instrumentos de piedra. Los rastrojos, como en la actualidad, debieron quemarse in situ, práctica efectuada pocos días antes de las primeras lluvias, pues las cenizas obtenidas aportan fosfatos beneficiosos para los cultivos19. La siembra, como en México y Guatemala, implicaba un gran esfuerzo físico, pues los indígenas roturaban la tierra con palos cavadores y palas de madera20.

30 Como la quema de rastrojos era el único medio usado para incrementar la productividad, tras cosechar varias milpas en el mismo campo dejaban descansar la tierra. En El Cajón, la extensión de ese período de descanso, o barbecho, dependía de las características locales, en donde la calidad de los suelos, y la inclinación del terreno, limitaban el número de años consecutivos de cultivo. Especialmente sorprendente resultó aquí la feracidad de las vegas, cuyos suelos aluviales, con una inclinación inferior al 10%, producían ininterrumpidamente diez años, requiriendo cinco de descanso. Los campos roturados en el piedemonte, con suelos más arcillosos y pendientes entre el 10% y el 27%, y los de pendientes escarpadas, de tierras más pobres, producían cosechas aceptables durante cuatro y dos años de forma respectiva, tras los cuales permanecían cinco de barbecho21.

31 Fuera del método de tala y quema, no consta que los nativos hondureños implementasen metodología alguna para incrementar la productividad de sus milpas. Al parecer, y al igual que en los cultivos de varceas del Brasil precolonial, los nativos aprovechaban el desborde de los ríos durante la estación lluviosa: “...en esta provincia cada río tiene su ordinario curso y extiende sus aguas, y riega todas las arboledas y huertas, y las reverdece, con que dan su fruto; y esto acontece por San Miguel y San Francisco, y no tiene otras fuentes y acequias de qué aprovecharse22...”

32 El oidor Tomás López Medel aseveraba que las variedades de maíz sembradas en el siglo XVI comúnmente daban tasas de retorno de 1:50 a 1:80, y en sitios con buenas tierras y disponibilidad de agua eran usuales tasas de retorno superiores, de 1:100 hasta 1:200, aunque estas últimas eran inusuales23.

33 Pese a la alta productividad atribuida a la milpa cultivada por el método de tala y quema, los cronistas españoles acusaron a los nativos del centro de Honduras de desaprovechar su potencial: “...sembraban poco, porque son muy haraganes y viciosos, y así tenían hambre los más de los años24“. Aunque los campesinos contemporáneos de El Cajón cubren el 80% de su dieta con maíz, Locker cree probable que en la época prehispánica sus granos se consumieron en una proporción más moderada, quizá situada en torno al 60% de la dieta25.

34 El conjunto de datos analizados permite concluir que la agricultura lenca del siglo XVI estaba centrada en el sistema de milpa, predominando el policultivo de maíz, frijol y calabaza, por su asociación sinérgica. A parte del policultivo, los únicos sistemas de intensificación identificados en las fuentes son la roza y quema, alternada con períodos de descanso de la tierra o barbecho; y en ciertas tierras, si acaso, el aprovechamiento de los desbordes naturales de los ríos, como sistema natural de irrigación y de abonado con los limos en las áreas sujetas a inundación estacional.

Evolución de la agricultura en Honduras entre 1524 y 1569

35 La conquista de Honduras fue relativamente larga, y de efectos nefastos para su población nativa. Iniciada en 1524, se prolongó hasta comienzos de la década de 1540, cuando los españoles doblegaron el valle de Olancho. Durante ese tiempo convulso, donde abundaron los enfrentamientos entre españoles, las rebeliones indígenas, la sobre explotación de la mano de obra local y las pandemias fulminantes, desapareció gran parte de la población nativa26. Podemos hacernos una idea sobre la contracción demográfica analizando el caso de Zozumba, en el valle de Sula. Sus censos demuestran que durante el siglo XVI la pérdida de población fue constante, pues sin considerar las muertes atribuibles a la conquista, su contracción demográfica, entre 1536 y 1600, ronda el 90%[27].

36 La debacle demográfica condicionó la evolución socio económica de la gobernación de Honduras. Los conquistadores no habían cruzado el Atlántico para arar la tierra, y esperaban relegar este trabajo, así como cualquier otra actividad manual, a los tributarios nativos o a los esclavos28. Pero la constante pérdida de población tornó inviable el sistema basado en el vecino encomendero, y obligó a buscar alternativas.

37 Entre las actividades adoptadas destacó la ganadería extensiva, tan afianzada en la región central de Honduras que el cabildo de Comayagua, a finales del siglo XVI, estimó que en su jurisdicción había 30.000 cabezas de ganado mayor29. Como apreciaremos más adelante, la expansión ganadera creó conflictos con las comunidades nativas.

38 Las tasaciones de Gracias y Comayagua de la década de 1540 informan además sobre innovaciones agropecuarias introducidas entre los indígenas. Las cédulas recogen imposiciones laborales para cuidar a las cabezas de ganado de los encomenderos, ya se tratara de bovinos o cerdos. Destaca la tributación en huevos o gallinas, cuya crianza se extendió prácticamente a todas las poblaciones lencas. Y no menos llamativas son las alusiones a la siembra de trigales en las áreas favorables a su cultivo.

39 Pese a la dimensión de la cabaña ganadera de la Honduras colonial, o a las innovaciones agropecuarias referidas, el sector que marcó la pauta de la vida económica de la provincia fue el de la minería. Desde temprano, los conquistadores señalaron el potencial de los yacimientos de metales preciosos locales, y desde la década de 1540 explotaron, de forma intensiva, varios placeres auríferos. El beneficio del oro aluvial requirió mano de obra de diferente índole, desde tributarios indígenas de toda Honduras, y de las gobernaciones vecinas, hasta esclavos indios y negros. Durante su máximo apogeo, se estima que llegaron a sumarse hasta 20.000 operarios en los lavaderos hondureños30 , una cantidad de trabajadores que exigió crear redes de aprovisionamiento de productos, desde herramientas europeas hasta alimentos nativos. Las tasaciones de la Gracias de 1544 demuestran que la alimentación de esa masa laboral se sustentó, al menos en parte, con los tributos obtenidos de los pueblos de indios.

40 Pero el lavado de oro aportó una bonanza efímera. El ciclo de productividad máxima de los lavaderos hondureños duró entre cinco y diez años, y tras agotarse las principales explotaciones, en torno a la década de 1550, numerosos vecinos, junto con la inmensa mayoría de sus operarios, emigraron a regiones más prometedoras31. Este abandono conllevó la decadencia de cualquier explotación agraria creada para sustentar a los mineros. Hoy día es difícil conocer el alcance de este proceso, dado que los documentos contemporáneos sobre la minería aluvial hondureña son escasos. De cualquier forma, una vez que la producción de oro se derrumbó, los vecinos de Honduras debieron buscar opciones para reflotar su economía.

Agricultura en la región de Tegucigalpa previa a la Alcaldía Mayor de Minas

41 El historiador Murdo McLeod, en su obra sobre la historia socio económica centroamericana, señaló que la Honduras central, sin la minería, probablemente hubiera sido dejada al ganado cimarrón32. Los escasos documentos del entorno de Tegucigalpa anteriores al descubrimiento de la plata parecen darle la razón: los datos conocidos describen una economía sustentada sobre las encomiendas y unas pocas estancias ganaderas. Aunque durante el apogeo del lavado de oro, la región sirvió de nodo de paso entre la entonces villa de Comayagua y las explotaciones mineras olanchanas, como acreditan las tasaciones de 1549 de Támara y Ojojona, que imponían a sus tributarios sembrar maíz “...en la venta que tienen los dichos sus encomenderos camino de Guayape33...”.

42 Las cédulas de 1549 de los pueblos de Tegucigalpa, Comayagüela, Lepaterique, Támara, Ojojona y Ulúa, hoy conocido como Santa Ana, dibujan una tributación centrada en cultígenos tradicionales, como el maíz y los frijoles, sembrados en milpas de primera y de postrera. También exigen artículos recolectados en la zona, como pescados y miel, y artesanías vernáculas, como las telas de algodón y la cerámica. Las fuentes citadas documentan además requerimiento de productos introducidos desde Europa, como las gallinas y sus huevos, o exigen tributarios para cuidar el ganado que su encomendero tuviere en los ejidos de sus pueblos. Pero lo que demuestran estas cédulas es que los españoles, desde entonces, habían identificado a Santa Ana y Ojojona como áreas potenciales para producir trigo. Así, en el censo de Santa Ana ordenaban “... a los nacturales… que le syembren (a su encomendero) en cada un año en el dicho pueblo, y arando el dicho su encomendero la tierra con bueyes… quatro hanegas de trigo y se lo beneffiçien, cojan y ençierren en el dicho pueblo, y no le arando la tierra no le siembren34...”.

43 El trigo europeo requería temperaturas frescas, disponibles en la América tropical en tierras altas, a más de 1400 metros sobre el nivel del mar35. Como muchas tierras de Santa Ana y Ojojona se ubican por encima de esa cota, eran apropiadas en potencia para cultivar este cereal; si bien, a día de hoy, ninguna prueba certifica que los encomenderos referidos roturaran los ejidos de Santa Ana para sembrar trigo.

44 El cultivo del trigo, en la España del siglo XVI, era un monocultivo trabajoso, en donde existía una marcada asociación entre la agricultura y la ganadería, insertada en un complejo sistema de rotaciones. Exigía también otras actividades, como el arado de los campos con yuntas de bueyes, la siega con hoz, o el uso de trillos para separar el grano de la paja. En los terrenos más inclinados, fue frecuente la construcción de terrazas y obras de regadío36. Todos estos pasos implicaban una cantidad de trabajo superior por volumen de grano cosechado al que se invertía en el cultivo del maíz, pues mientras las tasas de retorno de uno a siete eran consideradas buenas para el trigo, en el maíz eran normales las tasas de retorno de uno a ochenta, e incluso mucho más altas.

45 Probablemente las razones anteriores incidieron, entre 1549 y 1569, en que ningún colono español explotara las posibilidades agrícolas del entorno del Cerro de Ula para cosechar trigo. Tampoco los nativos se sintieron inclinados por sembrar cereales europeos, dado que sus cultivos tradicionales brindaban cosechas mayores, y con una menor inversión de esfuerzo. El descubrimiento de los minerales de Guazucarán, en los ejidos del pueblo de indios de Ojojona, cambiaría pronto el panorama.

Influencia de la minería sobre la agricultura regional

46 El registro de la “Mina Descubridora de San Miguel”, en el Cerro de San Lorenzo de Guazucarán, el tres de octubre de 1569, marcó un antes y un después en el ordenamiento territorial de la gobernación de Honduras. Aunque la producción de plata hondureña estuvo lejos del volumen del Perú o la Nueva España, dentro de su pobreza proveyó una base más estable que la aportada en el pasado por el lavado del oro aluvial. De tal manera, mientras los yacimientos argentíferos más rentables, como Guazucarán, fueron explotados de forma intermitente a lo largo de toda la época colonial, los lavaderos de oro decayeron en pocos años, y nunca conocieron períodos de revitalización. Además, entre 1569 y 1579 se añadieron al descubrimiento de Guazucarán otra serie de minerales, como Apazopo, San Marcos, Agalteca y Santa Lucía, que justificarían la creación de una nueva entidad administrativa: la Alcaldía Mayor de Minas de Honduras, que con el tiempo pasaría a conocerse como Alcaldía Mayor de Minas de Tegucigalpa37.

47 Tal como aconteció en otras regiones americanas, en Honduras la minería de la plata implicó un reordenamiento territorial, para adecuarlo a la nueva realidad económica y social38. La explotación de plata arraigó en la zona a algunos señores de minas, a sus administradores, y a sus esclavos. Su permanencia se tradujo en asentamientos duraderos, los denominados reales de minas, que propiciaron la transformación paulatina de los territorios aledaños, con el objeto de atender sus necesidades. Durante los siguientes años, los reales de minas fueron polos de inmigración gracias a las posibilidades económicas creadas por la extracción de plata. Pero su crecimiento chocó, una vez más, con la caída de la población nativa ¿Dónde conseguirían mano de obra para laborar las minas? ¿Quiénes proveerían los alimentos e insumos para que estas funcionasen?

48 El aviamiento de las minas se solucionó, al menos en parte, gracias a la iniciativa de los nuevos habitantes. Diego de Manzanares, descubridor de la veta de Guazucarán, se asentó desde el comienzo junto a su mina, para conservar su propiedad. Manzanares era un conquistador veterano, y vecino de la villa de Comayagua, en cuya jurisdicción tenía tres pueblos encomendados. Es de suponer que el sostenimiento de su casa, y de su incipiente explotación minera, lo financió con los tributos de sus pueblos de indios, que se ubicaban relativamente cerca de las minas. Manzanares puntualizó que cuando se trasladó a Guazucarán llevó consigo a su hato ganadero39, iniciando así la presión sobre las tierras de los pueblos de indios.

49 Otros casos similares acaecieron en Tegucigalpa, una población nacida, en apariencia, mas con fines administrativos que como real de minas, y que a la larga terminaría siendo cabecera de la futura Alcaldía Mayor de Minas de Honduras. La elección de este asentamiento probablemente estuvo vinculada a su posición equidistante con respecto al real de minas de Guazucarán, al real de minas de Santa Lucía, y a la ciudad de Comayagua. También es posible que en su elección interviniese el hecho de encontrarse en la planicie más amplia de la zona, con abundante disposición de agua, junto a dos poblaciones indígenas importantes, como lo eran los pueblos de indios de Tegucigalpa y Comayagüela. El propio mineral de Santa Lucía nació en la jurisdicción del pueblo de indios de Tegucigalpa, y la colonia española de Tegucigalpa se asentó junto a la población indígena del mismo nombre, cuyas tierras pasarían paulatinamente a manos de los colonos40. Desde 1590 se titularon tierras para estancias ganaderas a nombre de colonos afincados en la nueva población, como prueba el Título de Supelecapa, extendido a favor de Carlos Ferrufino41. Que el acaparamiento de tierras provocó el rechazo de los nativos lo refleja un pleito del siglo XVII, donde los indígenas de Tegucigalpa se querellaron por terrenos colindantes a Supelecapa, también titulados a nombre de los descendientes de Carlos Ferrufino42.

50 Pero la producción de productos agrícolas en las estancias no cubría todas las necesidades de los reales de minas, y también faltaba solucionar la falta de operarios mineros. El cabildo de la ya entonces ciudad de Comayagua, en cuya jurisdicción estaban los yacimientos, buscó resolver estos problemas. Como las leyes prohibían introducir indígenas en las minas, la municipalidad solicitó relajar la legislación, para disponer de los nativos43. También intentó obtener esclavos negros fiados para introducirlos en las galerías44. Y por último, pidió la inmigración de labradores y operarios desde España, para que contribuyesen a avituallar las minas. Mientras los dos primeros casos los han discutido varios investigadores de la minería hondureña45, la literatura académica ha pasado por alto esta tercera iniciativa, que como se demostrará adelante, está vinculada con el desarrollo del paisaje agrario del Cerro de Ula.

Los Hombres de Cristóbal Montero

51 Pese a la pobreza de los colonos hondureños, la explotación de plata comenzó en 1574, con la instalación de una hacienda de minas en Guazucarán, financiada por Francisco de la Cueva y Doña Leonor de Alvarado, yerno e hija de Pedro de Alvarado, los encomenderos más ricos de Centroamérica. Los guatemaltecos introdujeron ingenieros y técnicos expertos en el método de amalgamación, así como una cuadrilla de 60 esclavos negros, posibilitando con su intervención la creación de otras haciendas de minas en la zona46. Aunque en los siguientes años se descubrieron otros yacimientos, como los de Agalteca, San Marcos y Apazopo, la explotación de estos reales de minas fue efímera, por lo que la atención de los colonos se concentró en Guazucarán, que año con año incrementó su producción.

52 El cabildo de Comayagua nombró, en 1576, a Cristóbal Montero del Castillo, veterano de las guerras de la Florida, y pionero en la colonización fallida de la Taguzgalpa47, como su representante ante la Corona de Castilla48. Desconocemos si Montero recibió instrucciones escritas, aunque su intervención en el Consejo de Indias se conserva en los resúmenes de las audiencias concedidas entre el 28 de febrero y el ocho de marzo de 1577. Su primera audiencia la sustentó sobre una información levantada por Melchor de Fúnes en nombre del cabildo de Comayagua:

53“La ciudad de Valladolid del Valle de Comayagua dizen que por ynforma-
ciones ha constado en este consejo de la falta que tiene aquella tierra
de naturales y que la gente española que en ella reside es
poca y pobre y de que se dexan de beneficiar las minas que se
han descubierto por la falta de maestros y porque atento
a esto ymportara al servicio de vuestra alteza se enviara a aquella
tierra cien labradores casados y solteros que labren
y pueblen la dicha tierra y 18 hombres offiçiales
de carpintería y herrería y maestros mineros y
entrestos quatro de ellos strangeros que tienen mucha
speriençia y industria para las dichas lavores de minas
suplica se de licencia a Cristóbal Montero del
Castillo que ha venido a estos reinos a suplicar a vuestra alteza
esto en nombre de aquella tierra para poder llevar
la dicha gente48.

54 La petición fue estudiada y aceptada, pero con modificaciones, pues al final solo autorizaron el paso de 24 labradores y de seis herreros y carpinteros, con la condición que residiesen ocho años en la provincia, como lo certifica la Real Cédula emitida a tres de abril de 157749. Cristóbal Montero reclutó 30 hombres solteros y casados, quedando autorizados estos últimos a llevar a sus mujeres e hijos. Como era preceptivo, los elegidos levantaron informaciones ante el Consejo de Indias, resguardas en el fondo de Contratación del Archivo General de Indias50. Los registros de pasajeros51, demuestran su procedencia del entorno de Sevilla, predominando los originarios de la población de Constantina (Ver Mapa Nº2 y Gráfico Nº1). La mayoría eran solteros, aunque también pasaron cinco matrimonios, uno de ellos con dos hijos, y otro con cuatro. Su fecha de embarque a Honduras se realizó el primero de junio de 1577.

55

Registro de pasajero a las Indias
Registro de pasajero a las Indias

56

Hombres de Cristóbal Montero: ubicación de las zonas de procedencia
Hombres de Cristóbal Montero: ubicación de las zonas de procedencia

57 Ahora bien, una vez arribados a Honduras ¿Cuántos labradores permanecieron allí más de los ocho años a los que se obligaron? ¿Tuvieron algo que ver con la creación del paisaje agrario de los municipios de Santa Ana y San Buena Ventura?

La agricultura en la Alcaldía Mayor de Minas de Honduras

58

Minas y pueblos
Minas y pueblos

59 Tras llegar a Honduras, es posible que algunos labradores fuesen a las minas, a cumplir la misión encomendada. Considerando la fecha de su desembarco, realizado en el segundo semestre de 1577, los labradores pudieron emigrar cerca del real de minas de Agalteca, donde los descendientes de Alonso de Cáceres habían fundado una hacienda de minas o, más posiblemente, en el entorno del mineral de Guazucarán, por esos años el mayor centro minero ubicado entre el sur de México y la región andina. Carecemos de datos al respecto, puesto que ni las cartas de los gobernadores de Honduras, ni las de los Oficiales Reales, ni las del Cabildo de Comayagua, aportan información alguna.

60 Un nuevo descubrimiento trastocó el panorama descrito. El tres de octubre de 1579, se descubrieron las minas de Santa Lucía, cerca al pueblo indígena de Tegucigalpa52. Santa Lucía tenía vetas de suficiente envergadura como para garantizar su explotación durante décadas. Sus brozas, a diferencia de las de Guazucarán, eran fáciles de trabajar, facilitando la fundación de más haciendas de minas. Para 1590, de 14 haciendas de minas contabilizadas en la Alcaldía Mayor de Minas de Honduras, once estaban asentadas en Santa Lucía y tres en Guazucarán53. El laboreo de ambos reales de minas concentró la minería, y las actividades relacionadas con ella, en el contorno de 30 kilómetros alrededor de Tegucigalpa (Ver Mapa 2). Probablemente, ese hecho contribuyó a que los Alcaldes Mayores eligiesen a Tegucigalpa como su lugar de residencia54.

61 La cercanía del Cerro de Ula y de la Montaña de Izopo a Santa Lucía y Guazucarán, y a la nueva colonia hispana de Tegucigalpa, revalorizó sus posibilidades agrícolas. Pocos datos existen sobre la agricultura en esa zona entre 1577 y finales del siglo XVI; pero la documentación superviviente certifica la presencia de campesinos españoles. El documento mas esclarecedor es una original probanza de 1590, levantada para demostrar que las minas no se trabajaban “...por falta de bastimentos sy no de gente55.” Sus siete folios resguardan las entrevistas de seis personas, dos identificadas como labradores, y otra como dueño de un trigal.

62 Gracias al Bachiller Jorge Fernández de Velasco, beneficiado de la parroquia de Tegucigalpa desde 1579, disponemos de una breve idea sobre la evolución de la agricultura local tras el descubrimiento minero:

63“...lo que save çerca del caso es como persona que se halló en el descubrimiento de estas minas e hizo algunos descubrimientos por su persona que en aquel tiempo los yndios morían de hambre por que no avía justicia que los administrase e instruyes en hazer sementeras y que oy día se siembra gran suma de mayz e trigo ansy por los españoles que residen en esta comarca como por los naturales…”

64 En poco más de once años, el paisaje agrario local había incorporado explotaciones de origen europeo. Para 1590, había cuatro o cinco hatos de ganado, y sementeras de trigo y maíz, en el contorno de dos a cinco leguas de Tegucigalpa. La distancia señalada ponía la producción agropecuaria a menos de un día de los reales de minas, y de su nuevo centro administrativo, garantizando su abastecimiento a precios razonables. De hecho, los productores locales se quejaban de sus pocas ganancias, pues la productividad de sus explotaciones agrícolas era superior a la escasa población local, por lo que sus productos se cotizaban a la baja: “...si las minas no se benefiçian, no es caussa el caresçer de bastimentos, por que estos sobran, sy no es la falta de gente, porque a los mineros les rruegan con los novillos a çinco tostones en pie, que es muy baxo presçio…”

65 Todos los testigos del documento alaban la feracidad de las tierras hondureñas, que a su decir aseguraban tasas de retorno de 15 a 20 fanegas, en el caso del trigo, y de 80 a 130 fanegas, tratándose de maíz. También decían obtener buenos rendimientos de frijoles y garbanzos, y así, en general, de todas las legumbres y hortalizas de Castilla. Aunque los entrevistados no indican qué técnicas o sistemas de cultivo implementaban en sus campos, lo que al menos uno especifica es que desde entonces conocían la feracidad de las tierras estudiadas:

66“lo que save del casso es que este testigo, de diez años a esta parte que a que reside en esta jurisdicción e comarca de estas minas de ordinario, a oído decir a los labradores que en ella rresiden que son tierras muy fértiles e avundosas, especialmente a oído que el çerro que llaman de Ula es muy fértil, y que si oviera gente que lo labraran fuera de mucha fama”

67 Cuatro años después, durante el proceso del Gobernador de Honduras Rodrigo Ponce de León, en el capítulo dedicado a la Alcaldía Mayor de Minas de Honduras, los testimonios ubican, una vez más, a labradores españoles tanto en Santa Ana como en la Montaña de Izopo56. Aunque ninguno de los entrevistados en los documentos referidos asevera que estuvieran aterrazando el Cerro de Ula, lo que prueban ambas fuentes es que, desde el siglo XVI, varios labradores españoles laboraban en la zona donde ahora existen las terrazas.

Agricultura contemporánea en el municipio de Santa Ana

68 En la actualidad, las terrazas del Cerro de Ula cubren casi 20 kilómetros cuadrados. Mediante esta técnica de conservación de agua y tierra, los campesinos desarrollaron, a lo largo de los siglos, perfiles de suelo agrícola de hasta un metro de profundidad. De acuerdo a Mario Ardón y María Luisa Martínez, el sistema comprende espacios habitacionales, predios ganaderos – cercados con piedra- asociados a cultivos de frutales, y algunas parcelas antiguas sembradas con café arábigo diversificado. También disponen de una planificación para el manejo del agua, con sitios claves para recolectarla, y tahujías para drenarla, y distribuirla, a diferentes áreas del complejo de terrazas, y fuera del mismo.

69 La terracería se integra en un sistema comunitario de manejo de cultivos y ganado perfectamente calendarizado. De acuerdo a los ciclos climáticos locales, los agricultores cultivan primero milpas, que incluyen maíz, cucurbitáceas, y al menos tres tipos de frijoles criollos. Entre la siembra y la cosecha desarrollan un ciclo largo, de no menos de siete meses de duración, que finaliza con el ingreso del ganado, al final del año agrícola, para aprovechar los rastrojos y estercolar los campos.

70 Es de resaltar que estos sistemas de gestión de recursos funcionan en otras regiones del centro de Honduras: en la Montaña de Izopo (Municipio de San Buena Ventura); en siete sitios en el Municipio de Ojojona, donde la topografía se presta para implementarlos; y en Liquidámbar y Mandasta (Departamento de el Paraíso), donde la abundancia de agua manejada, hacia y dentro de los predios, posibilitaron complejos de regadío muy particulares.

Conclusiones

71 La revisión de las fuentes sugiere un origen colonial para la terracería del Cerro de Ula y la Montaña de Izopo. Por lo menos en esa dirección apuntan los escasos trabajos arqueológicos hasta ahora desarrollados, la documentación histórica consultada, y las descripciones etnográficas contemporáneas.

72 Desde el punto de vista de la arqueología, las ruinas del molino hidráulico del cañón de Ayasta, y las dataciones tardías hasta ahora obtenidas, apuntan al Período Colonial (Siglos XVI-XVIII). En cualquier caso, falta una investigación arqueológica sistemática, que refrende los resultados obtenidos, que por ahora solamente pueden clasificarse como preliminares.

73 En cuanto a la documentación histórica, es de resaltar que los cronistas coloniales que describieron la agricultura precolonial de Honduras coincidieron en señalar la ausencia de obras de regadío, o terracería, entre los indígenas de la gobernación.

74 También destaca el conjunto de datos del siglo XVI que ubica a agricultores españoles donde hoy se levantan las terrazas. Tal como señalé desde la introducción, su presencia en la zona respondió a la eclosión de la minería en Guazucarán y Santa Lucía, a cuyos reales de minas proveyeron de productos agrícolas.

75 Sin embargo, es reseñable que la probanza sobre la agricultura en el entorno de las minas declarase que, todavía en 1590, el Cerro de Ula apenas había sido trabajado. Aunque el sistema de terracería de la zona pudo comenzarse a modelar por esas fechas, es probable que sea el resultado de decenas de años de trabajo durante el período colonial, o incluso durante el período republicano.

76 Los datos etnográficos, aportados por Mario Ardón y María Luisa Martínez, describen un sistema agrícola contemporáneo que funde el policultivo tradicional indígena (milpa de maíz, frijoles y calabazas) con técnicas de origen hispánico (regadío, terracerías, y alternancia de cultivos y ganadería). Esa fusión de tradiciones agrarias – nativas y europeas- sugiere que las terrazas del Cerro de Ula, y su sistema de manejo asociado, son producto de un proceso de sincretización, en el que intervinieron campesinos españoles e indígenas, implicados en la creación de un nuevo espacio económico en torno a los reales de minas. Las terrazas constituyen, muy probablemente, un testimonio vivo de la historia agraria de la Alcaldía Mayor de Minas de Honduras, digno de recibir una protección adecuada a su importancia sociocultural.

77

Las terrazas del Cerro de Ula
Las terrazas del Cerro de Ula

78 Agradezco a Mario Ardón Mejía, y a María Luisa Martínez Garrido, por la ayuda prestada para la redacción del presente artículo.

79
h4. Bibliografía

80Ardón Mejía, Mario, “Aproximación a la Fitoprotección en Mesoamérica durante el siglo XVI”, en Manejo Integrado de Plagas en Mesoamérica: Aportes Conceptuales, Costa Rica, Editorial Técnica de Costa Rica, 2008, págs. 89-115.

81Carías, Marcos, Crónicas y Cronistas de la Conquista de Honduras, Tegucigalpa, Editorial Universitaria, 1998.

82Gómez Zúñiga, Pastor Rodolfo, “Minas de Plata y Conflictos de Poder: el Origen de la Alcaldía Mayor de Minas de Honduras (1569-1582)”, en YAXKIN, 1999, Vol. XVIII, págs. 43-79.

83Gómez Zúñiga, Pastor Rodolfo, “Çoçumba, los mayas, los españoles y la comercialización del cacao (1502-1600)”, en YAXKIN, 2003, Vol. XXII, págs. 5-41.

84Gómez Zúñiga, Pastor Rodolfo, “Los indígenas de la Gobernación de Higueras-Honduras: una visión interdisciplinar sobre la frontera entre el Área Cultural Mesoamericana y el Área Intermedia”. Tesis Doctoral, UNED, España, 2011.

85Gómez Zúñiga, Pastor Rodolfo, “Minería Aurífera, Esclavos Negros y Relaciones Interétnicas en la Honduras del Siglo XVI (1524-1570)”, Tegucigalpa, IHAH, 2012.

86Kendall, Ann y Gerard den Ouden, “Terrazas, una Infraestructura Agrícola como Contribución a las Estrategias de manejo de Riesgo Climático”, en: Colección Aalten. IQUIQUE – CHILE; IECTA, 2008, Nº 969; págs. 1-32.

87Lentz, David, “Los restos botánicos de la región de El Cajón: una perspectiva de los patrones dietéticos precolombinos”, en Kenneth Hirth et alt, editores, Investigaciones Arqueológicas en la Región de El Cajón, Pittsburg, University of Pittsburg e IHAH, 1989.

88Locker, William, “Clima y agricultura en la Región de El Cajón”, en Kenneth Hirth et alt, editores, Investigaciones Arqueológicas en la Región de El Cajón, Pittsburg, University of Pittsburg e IHAH, 1989.

89Locker, William, “Uso Moderno de la Tierra y Asentamiento Precolombino: Una Perspectiva Etnoarqueológica”, en Kenneth Hirth et alt, editores, Investigaciones Arqueológicas en la Región de El Cajón, Pittsburg, University of Pittsburg e IHAH, 1989.

90López Medel, Tomás, De los Tres Elementos: Tratado Sobre la Naturaleza y el Hombre del Nuevo Mundo, Madrid, Alianza Editorial, 1990.

91Martínez Garrido, María Luisa, “Análisis Agroecológico de un Sistema de Gestión Colectiva del Territorio en el Municipio de Santa Ana de Ula, Honduras”, Tesis de maestría, Universidad Internacional de Andalucía Sede Iberoamericana, La Rábida, 1999.

92McLeod, Murdo, Spanish Central America: a SocioEconomic History 1520-1720, Austin, The University of Texas Press, 2008.

93Newson, Linda, El Costo de la Conquista, Tegucigalpa, Editorial Guaymuras, 1992.

94Paul, Alana, “Resumen Ejecutivo: resultados de los estudios de impacto ambiental realizados para el Proyecto Eólico Cerro de Hula”, en Estudios Ambientales Proyecto Eólico Cerro de Hula (Proyecto Eoloeléctrico Honduras 2000), sine loco, sine nomine, 2010.

95Pérez García, José Manuel, “La España Agraria Septentrional durante el Antiguo Regimen (1500-1850)”, en Studia Histórica. Historia Moderna, Nº29, 2007, págs. 83-129.

96Río Moreno, Justo L. del y Lorenzo E. López y Sebastián, “El trigo en la ciudad de México. Industria y comercio de un cultivo importado”, en Revista Complutense de Historia de América, 22 (Madrid, Servicio de publicaciones UCM, 1996.

97Rodríguez Becerra, Salvador, Encomienda y Conquista: Los Inicios de la Colonización en Guatemala, Sevilla, Universidad de Sevilla, 1977.

Romera Iruela, Luis y María del Carmen Galvis Diez, Catálogo de los Pasajeros a Indias durante los siglos XVI, XVII y XVIII, Volumen 5 (1567-1577), Tomo II (1575-1577), Madrid, Ministerio de Cultura, 1980.

98Stone, Doris, The Archaeology of Central and Southern Honduras, Cambridge (Massachusett), Peabody Museum, 1957.

99Sherman, William L., Forced Native Labor in Sixteenth Century Central America, Lincoln and London, University of Nebraska Press, 1979.

100Williams, Howell y Alexander McBirney, Volcanic History of Honduras, Berkeley, University of California Press, 1969.

101Zayas Enríquez, Rafael, Los Estados Unidos Mexicanos sus condiciones naturales y sus elementos de prosperidad, México, Secretaria de Fomento, 1893.

102Notas de pie de páginas

1031 Arturo Sosa, “Qué sabe Usted del Cerro de Hula?”, en la página web http://504honduras.blogspot.com/2014/08/que-sabe-usted-del-cerro-de-hula.html creado el 31 de agosto de 2014, visitado a cuatro de noviembre de 2014.

1042 En efecto, en una nota difundida por internet diversas asociaciones civiles de Ojojona y Santa Ana denunciaban el impacto negativo del Proyecto Eólico del Cerro de Hula “...que instaló... una serie de molinos de vientos, para lo que perfora la tierra, rompe las calles, daña las terrazas lencas y las reservas de agua en el Cerro de Hula…” Texto reproducido en la página web http://www.defensoresenlinea.com/cms/index.php?option*com_content&view*article&id*1389%3Adefensores-de-ojojona-y-san-buenaventura-denuncian-violaciones-a-derechos-culturales-&Itemid*159&page=1 , creado el 19 del mayo de 2011, visitado a cuatro de noviembre de 2014.

1053 María Luisa Martínez Garrido, “Análisis Agroecológico de un Sistema de Gestión Colectiva del Territorio en el Municipio de Santa Ana de Ula, Honduras” (Tesis de maestría, Universidad Internacional de Andalucía Sede Iberoamericana, La Rábida, 1999).

1064 Paul Alana, “Resumen Ejecutivo: resultados de los estudios de impacto ambiental realizados para el Proyecto Eólico Cerro de Hula”, en Estudios Ambientales Proyecto Eólico Cerro de Hula (Proyecto Eoloeléctrico Honduras 2000), (sine loco, sine nomine, 2010), págs. 8 y 9.

1075 Howell Williams y Alexander McBirney, Volcanic History of Honduras, (Berkeley: University of California Press, 1969), págs. 65-70.

1086 Williams y McBirney, Volcanic History of Honduras, pág. 11.

1097 Ann Kendall y Gerard den Ouden, “Terrazas, una Infraestructura Agrícola como Contribución a las Estrategias de manejo de Riesgo Climático”, en: Colección Aalten, IQUIQUE – CHILE; IECTA, 2008, Nº 969, págs. 1-32.

1108 Doris Stone, The Archaeology of Central and Southern Honduras, (Cambridge, Massachusett: Peabody Museum, 1957), pág. 92.

1119 Paul Alana, “Resumen Ejecutivo…”, pág. 6.

11210 Pastor Rodolfo Gómez Zúñiga, “Los indígenas de la Gobernación de Higueras-Honduras: una visión interdisciplinar sobre la frontera entre el Área Cultural Mesoamericana y el Área Intermedia”. (Tesis Doctoral, UNED, Madrid, 2011).

11311 “Tasaciones de la Ciudad de Gracias a Dios”, en “Residencia tomada a los licenciados Alonso Maldonado, Pedro Ramírez de Quiñones, Diego de Herrera y Juan Rogel, Presidente y Oidores de la Audiencia de Guatemala, y a sus Oficiales: Diego de Quijada, Fiscal, Martín de Villalobos, Alguacil Mayor y Fiscal, Diego de Robledo, Secretario, Juan de Astroqui, Escribano, Pedro Méndez, Procurador de la Ciudad de Gracias a Dios, Vicente Vargas, Chanciller de la Audiencia, a los Oficiales de la Real Hacienda y al Factor Juan de Lerma, por el Licenciado Juan López de Cerrato, Juez nombrado para este efecto.”, AGI, Justicia, 299A, 1545.

11412 “Tasaciones de los pueblos de la Villa de Comayagua hechas por los Señores Presidente e Oidores de la Audiencia e Chancillería Real de los Confines”, AGI Guatemala, 128, 1549.

11513 Antonio de Herrera y Tordesillas, recopilado en Marcos Carías, Crónicas y Cronistas de la Conquista de Honduras, (Tegucigalpa, Editorial Universitaria, 1998), pág. 281.

11614 David Lentz, “Los restos botánicos de la región de El Cajón: una perspectiva de los patrones dietéticos precolombinos”, en Kenneth Hirth et alt, editores, Investigaciones Arqueológicas en la Región de El Cajón, (Pittsburg: University of Pittsburg e IHAH, 1989), pág. 192.

11715 “Tasaciones de los términos de Gracias a Dios…”, AGI, Justicia, 299A, 1544.

11816 Mario Ardón Mejía, “Aproximación a la Fitoprotección en Mesoamérica durante el siglo XVI”, en Manejo Integrado de Plagas en Mesoamérica: Aportes Conceptuales. (Costa Rica, Editorial Técnica de Costa Rica, 2008).

11917 William Locker, “Clima y agricultura en la Región de El Cajón”, en Kenneth Hirth et alt, editores, Investigaciones Arqueológicas en la Región de El Cajón, (Pittsburg: University of Pittsburg e IHAH, 1989), pág. 42.

12018 Locker, “Clima y Agricultura”, págs. 52, 54 y 56.

12119 Locker, “Clima y agricultura”, págs. 52-54; y William Locker, “Uso Moderno de la Tierra y Asentamiento Precolombino: Una Perspectiva Etnoarqueológica”, en Kenneth Hirth et alt, editores, Investigaciones Arqueológicas en la Región de El Cajón, (Pittsburg: University of Pittsburg e IHAH, 1989), págs. 149-154.

12220 “Siembra maíz y frijoles tres veces al año; rozaban grandes montañas con unas azuelas de pedernal que no todos alcanzaban hasta que les llegó el uso del hierro… Volvían la tierra con unos palos largos, con dos ganchos, uno arriba y otro abajo, para hacer fuerza con el pie y con el brazo; y también unas palas agudas a modo de las bangas que usan en Navarra, y a fuerza de brazos y pies…”, Herrera, recopilado en Carías, Crónicas y Cronistas, págs. 280-281.

12321 Locker, “Uso Moderno de la Tierra”.

12422 Herrera, recopilado en Carías, Crónicas y Cronistas, pág. 280.

12523 Tomás López Medel, De los Tres Elementos: Tratado Sobre la Naturaleza y el Hombre del Nuevo Mundo, (Madrid, Editorial Alianza Editorial, 1990), págs. 151-152.

12624 Herrera, en Carías, Crónicas y Cronistas, pág. 281.

12725 Locker, Uso moderno de la tierra”, pág. 176.

12826 Ver Linda Newson, El Costo de la Conquista, (Tegucigalpa, Editorial Guaymuras, 1992).

12927 Pastor Rodolfo Gómez Zúñiga, “Çoçumba, los mayas, los españoles y la comercialización del cacao (1502-1600)”, en YAXKIN, 2003, Vol. XXII, págs. 5-41, Honduras.

13028 Salvador Rodríguez Becerra, Encomienda y Conquista: Los Inicios de la Colonización en Guatemala, (Sevilla, Universidad de Sevilla, 1977), pág. 82.

13129 “Relación y parecer de Don Francisco de Valverde sobre la mudanza de la navegación de Nombre de Dios a Puerto Caballos”, RAHM, Relaciones Geográficas, 9/4663 Nº16, XL, 24 de agosto de 1590.

13230 “Relación y parecer de Don Francisco de Valverde”, RAHM, Relaciones Geográficas, 9/4663 Nº16, XL, 24 de agosto de 1590.

13331 Pastor Rodolfo Gómez Zúñiga, Minería Aurífera, Esclavos Negros y Relaciones Interétnicas en la Honduras del Siglo XVI (1524-1570), (Tegucigalpa, IHAH, 2012), págs. 41-56 y 119-120.

13432 Murdo McLeod, Spanish Central America: a SocioEconomic History 1520-1720, (Austin, The University of Texas Press, 2008), pág. 263.

13533 “Tasaciones de los pueblos de la Villa de Comayagua”, AGI Guatemala, 128, 1549.

13634 “Tasaciones de los pueblos de la Villa de Comayagua”, AGI Guatemala, 128, 1549.

13735 Justo L. del Río Moreno y Lorenzo E. López y Sebastián, “El trigo en la ciudad de México. Industria y comercio de un cultivo importado”, en Revista Complutense de Historia de América, 22 (Madrid, Servicio de publicaciones UCM, 1996), pág. 36; en una geografía mexicana del siglo XIX, indicaban que el trigo europeo se daba a partir de los 1.400 metros sobre el nivel del mar. Ver Rafael Zayas Enríquez, Los Estados Unidos Mexicanos sus condiciones naturales y sus elementos de prosperidad, (México, Secretaria de Fomento, 1893), págs. 174 y 479.

13836 José Manuel Pérez García, “La España Agraria Septentrional durante el Antiguo Regimen (1500-1850)”, en Studia Histórica. Historia Moderna, Nº 29, 2007, págs. 83-129.

13937 Pastor Rodolfo Gómez Zúñiga, “Minas de Plata y Conflictos de Poder: el Origen de la Alcaldía Mayor de Minas de Honduras (1569-1582)”, en Yaxkin, 1999, Vol. XVIII, págs. 43-79.

14038 Ver, por ejemplo, Peter Bakewell, Mineros de la Montaña Roja. El Trabajo de los Indios en Potosí (1545-1650), (Madrid, Alianza Editoria, 1989); Peter Bakewell, Minería y Sociedad en el México Colonial: Zacatecas (1546-1700), (México, Fondo de Cultura Económica, 1971).

14139 “Probanza de méritos y servicios de AlonsoVerdugo Montalvo y la de su suegro Don Diego de Manzanares”, Comayagua, Santiago de Guatemala, AGI, Patronato, 78b, No2, R.9, 1569-1587.

14240 Ver “Vicita del Pueblo Yndio San Miguel Tegucigalpa”, Tegusigalpa Año 1820, en Revista del Archivo y Biblioteca Nacional de Honduras, Volumen 4 (Tegucigalpa, Tipografía Nacional, 1907), págs. 610 y siguientes. “Los vesinos Miguel Garay, Antonio Ramíres y Pedro Arrasola manifestando todos a una vos que en lo antiguo siempre habían reconocido los yndios toda la tierra de la villa por suia” El título emitido en Guatemala a 26 de mayo de 1743 limitaba para entonces los ejidos del pueblo a una área que iba desde la cercanía de la iglesia Los Dolores hasta el Calvario, comprendiendo casas de ladinos en el Barrio Abajo.

14341 “Título de tres caballerías en el sitio nombrado Supelecapa, 1743. Con antecedentes. Incluye el título original de 1590 a nombre de Carlos Ferrufino”, Archivo Nacional de Honduras, Sección Tierras, Francisco Morazán, Nº417.

14442 “Los Indios de Tegucigalpa contra Don José Benito Midense por unas tierras”, Archivo Nacional de Honduras, Fondo Colonial, Caja 8, Nº189, Tegucigalpa, año 1667 o 1668. Acusado de usurpar tierras de los indios de Tegucigalpa, Don Joseph Benito Midence alegó que las tenían tituladas desde hacía 78 años, y que estaban en el área que correspondía a los españoles de Tegucigalpa, pues los ejidos de los indios quedaban mas abajo.

14543 William L. Sherman, Forced Native Labor in Sixteenth Century Central America, (Lincoln and London, University of Nebraska Press, 1979), págs. 232-233.

14644 “Información fecha ante la justicia hordinaria de Valladolid a pedimiento de Melchor de Fúnes procurador y mayordomo de ella, sobre la riqueza de las minas descubiertas en el término de dicha ciudad y de la pobreza de medios para su explotación, solicitando el envío de azogues y esclavos negros”, AGI, Guatemala, 43, Nº86, 1576, Ver también Pastor Rodolfo Gómez Zúñiga, “Minas de Plata y Conflictos de Poder”.

14745 Véase por ejemplo, Linda Newson, El Costo de la Conquista; Murdo McLeod, _Spanish Central America: a SocioEconomic History 1520-1720, (Austin, The University of Texas Press, 2008); Pastor Rodolfo Gómez Zúñiga, “Minas de Plata y Conflictos de Poder: el Origen de la Alcaldía Mayor de Minas de Honduras (1569-1582)”, en Yaxkin, 1999, Vol. XVIII.

14846 Pastor Rodolfo Gómez, “Minas de plata y conflictos de poder”.

14947 Sobre la trayectoria de Cristóbal Montero, ver su relato autobiográfico en “Carta de Cristóbal Montero Castillo a su Majestad”, AGI, Guatemala, 44B, Nº65, tres de agosto de 1590.

15048 ““Información fecha ante la justicia hordinaria de Valladolid a pedimiento de Melchor de Fúnes…”, AGI, Guatemala, 43, Nº86, 1576.

15149 Audiencias del 28 de febrero de 1577, AGI, Indiferente, 1085, L.5, B1, folios 60-61.

15250 “Real Cédula a los Oficiales de la Casa de Contratación de Indias de Sevilla”, AGI, Indiferente, 1968, L.21, San Lorenzo el Real, tres de abril de 1577.

15351 Ver, por ejemplo, “Expediente de información y licencia de pasajero a indias de Alonso de Espinosa, vecino de Constantina, labrador, hijo de Francisco Montero y Beatriz de Figueroa, a Comayagua (Honduras). Es uno de los hombres de Cristóbal Montero”, CONTRATACION,5226,N.1,R.46, 1577-5-1, Posible error en la fecha del pase, podría ser 1 de junio de 1577.

15452 Luis Romera Iruela y María del Carmen Galvis Diez,Catálogo de los Pasajeros a Indias durante los siglos XVI, XVII y XVIII, Volumen 5 (1567-1577), Tomo II (1575-1577), (Madrid, Ministerio de Cultura, 1980), Págs. 678-682 y 684-685.

15553 “Relación y descripción que Alonso Contreras de Guevara, Gobernador de la Provincia de Honduras, envía a su Majestad y a su Real Consejo de Indias, del nuevo descubrimiento de minas que de un año a esta parte se han descubierto junto y dos leguas del pueblo de Tegucigalpa, doce leguas de Comayagua de la Provincia de Honduras”, AGI, Guatemala, 39, R.9, N.42, 30 de marzo de 1580.

15654 “Diligencias hechas por el Capitán Pero Ochoa de Leguiçamo en las minas de Santa Luçia Tiguçigalpa las quales vido ocularmente para ynformar a su Magestad de la calidad de las dichas minas”, AGI, México, 257, 29 de agosto de 1590.

15755 La Alcaldía Mayor de Minas de Honduras se fundó el 22 de junio de 1579, tres meses antes del descubrimiento de Santa Lucía. La nueva circunscripción administrativa se creó para controlar la producción de las minas. A día de hoy desconocemos si el primer Alcalde Mayor de Minas llegó a establecerse en las tierras centrales de Honduras antes del descubrimiento de Santa Lucía, en cuyo caso es probable que la primera cabecera de la Alcaldía Mayor de Minas de Honduras se asentase en Guazucarán o su entorno, y no en Tegucigalpa.

15856 “Ynformaçión fecha ante Don Rodrigo de Fuentes Alcalde Mayor de las Minas de Guaçucarán y Teguçigalpa en la provinçia de Honduras en razón de que los mineros de las dichas minas no dejan de labrar las minas por falta de bastimentos sy no de gente”, AGI, México, 257, agosto de 1590.

15957 “Residencia de Rodrigo Ponce de León, gobernador del valle de Comayagua, por su sucesor Jerónimo Sánchez de Carranza”, AGI, Escribanía, 344A, 1594.

Para citar este artículo :

Pastor Rodolfo Gómez Zúñiga, « Agricultura y minería: el origen de las terrazas del Cerro de Ula (Honduras) durante el siglo XVI », Boletín AFEHC N°62, publicado el 04 septiembre 2014, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=3816

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