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AFEHC : articulos : La región de Peto a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX: paisajes rurales de los hombres de las fronteras : La región de Peto a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX: paisajes rurales de los hombres de las fronteras

Ficha n° 3820

Creada: 25 diciembre 2014
Editada: 25 diciembre 2014
Modificada: 20 enero 2015

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Autor de la ficha:

Gilberto AVILEZ TAX

Editor de la ficha:

Laura MACHUCA

Publicado en:

ISSN 1954-3891

La región de Peto a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX: paisajes rurales de los hombres de las fronteras

En este artículo, haré un esbozo de la historia agraria de la región de Peto, en el actual estado de Yucatán, a fines del siglo XIX y principios del XX. Durante este periodo se generó una presión sobre la tierra comunal en esta región debido a la reactivación de la industria azucarera y al progresivo control que, a partir de 1895, el Estado mexicano efectuaría en el oriente de la Península para tratar de “pacificar” a los mayas rebeldes de Yucatán, o cruzoob. Esta presión sobre la tierra comunal de los campesinos petuleños, fue respondida con dos sublevaciones en el Porfiriato yucateco, y podemos ver en estos dos actos de rebeldía, los antecedentes de las rebeliones y la defensa autonómica durante los primeros años del siglo XX. A la vez que trabajaremos la reactivación del sur de Yucatán a finales del siglo XIX, en un segundo apartado dibujaremos este persistir autonómico de los pueblerinos de la región de Peto, desde la última década del siglo XIX, hasta las primeras décadas del siglo XX.
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Palabras claves :
Historia agraria, Yucatán, Tierra comunal, Industria azucarera, Campesinos
Autor(es):
Gilberto Avilez Tax
Fecha:
Septiembre de 2014
Texto íntegral:

1En este artículo, haré un esbozo de la historia agraria de la región de Peto1, en el actual estado de Yucatán, a fines del siglo XIX y principios del XX. Durante este periodo se generó una presión sobre la tierra comunal en esta región debido a la reactivación de la industria azucarera y al progresivo control que, a partir de 1895, el Estado mexicano efectuaría en el oriente de la Península para tratar de “pacificar” a los mayas rebeldes de Yucatán, o cruzoob. Esta presión sobre la tierra comunal de los campesinos petuleños, fue respondida con dos sublevaciones en el Porfiriato yucateco, y podemos ver en estos dos actos de rebeldía, los antecedentes de las rebeliones y la defensa autonómica durante los primeros años del siglo XX. A la vez que trabajaremos la reactivación del sur de Yucatán a finales del siglo XIX, en un segundo apartado dibujaremos este persistir autonómico de los pueblerinos de la región de Peto, durante la década última del siglo XIX, hasta las décadas primeras del siglo XX.

2Salvo dos historiadores de la “matria2”, la historiografía yucateca muy poco ha tocado esta parte del sur de Yucatán. Más bien, la región de Peto ha sido englobada a los estudios generales sobre la Guerra de Castas, a análisis sobre la industria cañera3. Se da el caso de que el periodo del chicle por el que cruzaron durante la primera mitad del siglo XX y un poco más, pueblos como Oxkutzcab, Tzucacab, Peto y la región oriental alrededor de Valladolid, sea un periodo “vacío” en la historiografía yucateca, hasta el punto de que en la monumental Enciclopedia Yucatanense, la palabra chicle sólo aparezca en dos ocasiones4.

3Este artículo, por lo tanto, tiene como objetivo dar algunas ideas de una región “fronteriza” que ha sido poco indagada en los estudios históricos de fines del siglo XIX y comienzos del XX en Yucatán, respecto a las sociedades agrarias yucatecas y las políticas agrarias y, desde luego, a su sociedad mestiza e indígena viviendo en una zona fronteriza después de 1847. Tocado ya el tema de las regiones de frontera, o “fronteras interiores5”, una crítica que se le podría hacer a la historiografía yucateca actual, es que ha omitido trabajar aquellas zonas que a partir de la segunda mitad del siglo XIX, se convirtieron en “fronteras de la civilización yucateca”, o “diques” o “parapetos” de las incursiones de los cruzoob, como la prensa meridana se refería a pueblos como Peto o Tekax, a merced de que sus ranchos y pueblos sean presa de dichos ataques6.

4Generalmente, la historiografía yucateca, para este periodo, se ha abocado a estudiar dos temas recurrentes: el periodo henequenero y el periodo de la “revolución desde afuera” con Salvador Alvarado, y el “experimento socialista” de Felipe Carrillo Puerto7. Los trabajos que tocan estos temas, restringen su área de estudio a un espacio bien delimitado: lo que se conocería, a partir del siglo XX como zona henequenera, indagando poco en el espacio social del sur de Yucatán que no entra en los contornos del noroeste henequenero8. Las preferencias académicas, para ese periodo, le dan al parecer la razón al aforismo de 1881 del historiador regional Serapio Baqueiro, que indicaba que todo el estado era para el henequén, y fuera del henequén no había nada. Con este “fuera”, Baqueiro se refería a la zona fronteriza, “donde seguían haciéndose los mismos cultivos que antes en tierras impropias para el henequén9.” Si el noroeste henequenero – que abarcaba municipios como Temax, Motul, Acanceh, Izamal, Maxcanú y la misma Mérida- fue hegemónico en su discurrir económico, tal parece que dicha centralidad que tuviera, se ha transportado a los estudios históricos de ese periodo10. Esto es comprensible cuando se observa que la lógica general de producción era impuesta y regulada por la región henequera; y otras zonas, como la parte sur (Peto, Tekax, Ticul y parte de Sotuta) y el este de Yucatán situadas en la “frontera de la civilización” con la zona cruzoob, al oriente de la península, cuanto más eran zonas dependientes o subordinadas a la henequenera. Se les ha categorizado incluso como “sub-zonas11.” En este sentido, con la excepción de textos como el de Margarita Rosales y los trabajos pioneros de Bojórquez Urzaiz, el aforismo de Baqueiro pareciera no haber errado12. Sin embargo, como el propio Joseph establece, la “nada” contenía una sociedad de frontera viviendo entre dos mundos diametralmente distintos: el mundo de la racionalidad y la explotación de una economía de plantación – el noroeste henequenero -, y el mundo de la resistencia, de la autonomía a ultranza y del pensamiento religioso de los hijos de la Cruz Parlante:

5La observación de Baqueiro no pretendía ser retórica, ya que ‘fuera’ significaba especialmente la frontera del sureste, donde, a pesar de la amenaza constante de los ataques indios, todavía cultivaba algunos alimentos – el 27% de la superficie del estado estaba sembrado de maíz, frijol y un poco de azúcar – el 18% restante de la población que todavía vivía alli13.

6Mediante el estudio del Sur de Yucatán, se pretende “descentrar” la mirada, para señalar que, fuera del henequén había un mundo fronterizo que cultivaba su tierra, que le hacía frente a las incursiones de los rebeldes, y que a partir de finales del siglo XIX comenzaría una resistencia agraria por defender sus “montes” de los deslindes de ejidos y de los denuncios que se quisieron intentar. Señalemos que para esta región, posterior a la Guerra de Castas, el gobierno yucateco había adoptado algunas medidas geopolíticas tendientes a calmar los ánimos de los campesinos del sur y del oriente como medidas precautorias para que no se desencadenaran nuevos conflictos como el de 184714: se dio una especie de “heterodoxia liberal” en la aplicación de las políticas agrarias en Yucatán15 (y más en zonas fronterizas), posibilitando la resistencia agraria de los pueblos de frontera. Sin embargo, esta forma de convivencia sería posteriormente socavada con los intentos de reactivación azucarera en el sur de Yucatán, generando las inmediatas respuestas campesinas.

Reactivar el Sur. La caña otra vez

7Después de la “quema de los cañaverales” producido a inicios de la Guerra de Castas (entre los años 1847-1849) por los ejércitos de los mayas rebeldes, los viejos cañeros y sus descendientes habían vuelto a las tierras del Sur y del Oriente16 para sembrar nuevamente esa gramínea, haciéndola progresar a pesar de las incursiones esporádicas –aunque efectivas- que los de Chan Santa Cruz hicieron durante buena parte de la segunda mitad del siglo XIX, principalmente a la zona de la Sierrita Puuc (partidos de Peto y Tekax). De haberse convertido en una industria casi liquidada en los primeros años del levantamiento indígena, poco a poco se dio su recuperación17. En 1857, un informe oficial reportaba 39,959 mecates de caña sembrados (15,019 mecates rozados, ya preparados para la siembra; y 35,105 mecates cosechados). En 1879 sumaban ya 59,090 mecates sembrados. Para 1883, los 62,601 mecates de caña daban cuenta de su sostenido crecimiento en el Sur y el Oriente. En todo el Oriente (partidos de Espita, Valladolid y Tizimín) se habían sembrado 16,497 mecates, que representaban el 26.3% del total de la producción para el Estado. El Sur fue donde la caña más había espigado. De los 42, 244 mecates sembrados (67.4% del total), el partido de Ticul había sembrado 10,800; el partido de Peto, 10,844; y Tekax casi el doble de cada uno, con 20,600 hectáreas. En el Noroeste (Maxcanú, Progreso) y el Centro de Yucatán (Izamal, Sotuta) desaparecería este cultivo a partir de los años 1880, para escorarse preponderantemente al cultivo del henequén. Podemos decir que el Sur daría las mieles necesarias a estos partidos henequeneros, faltos de azúcar.

8Con la reactivación de la industria cañera a partir de 1890, en una región como Peto donde el statu quo agrario posterior a la Guerra de Castas se había dado para contener los ánimos de los campesinos de la región posterior a 184718, vale la pena traer a cuento lo que significaba esta reactivación para las poblaciones fronterizas donde la presión sobre la tierra no había sido tan fuerte, como la que comenzó a hacer desde inicios del periodo henequero en Yucatán (década de 1870), en los partidos del Noroeste y los partidos del Centro. Además, vale la pena estudiar un lugar como Peto y sus pueblos comarcanos, donde no hubo presión por los cultivos comerciales como el henequén, al contrario adquirió cierto statu quo después de la Guerra de Castas cuando hubo un primer reparto de los ejidos en Yucatán. Sin embargo, debido a su lejanía del centro de Mérida y su calidad de frontera con la “Montaña” o la territorialidad de los cruzoob, era visto con miedo por posibles inversionistas.

9En la década de 1890 – bautizada en este trabajo como el Declive de la Montaña Rebelde19-, en el partido de Peto se encontraba la hacienda Catmís, de Manuel Cirerol20, y 23 ranchos cañeros21, que serían el motor principal de la caña de azúcar en el partido y en buena parte del Estado, y que con el correr del tiempo, mediante motivos que tocaban tanto a la cuestión de ejidos de los pueblos, así como formas laborales cuasi esclavistas y la práctica del jus prima noctis, el “derecho de pernada”, de uno de los hijos de Manuel Cirerol, Arturo Cirerol22, en connivencia con un odiado jefe político local, daría pie a una de las más violentas rebeliones campesinas en 191123. Señalo que los antecedentes directos de la rebelión de 1911, tienen sus raíces en las dos sublevaciones de la década de 1890 que he trabajado en otro artículo24, y a su vez, su comprensión cabal se da si observamos la segunda mitad del siglo XIX que el partido de Peto recorrió: me refiero a su situación militarista, al “carácter militarista” y al hombre libre que subsistió en esta frontera alejada del dominio meridano25.

10 Señalemos que de un aproximado de 25 haciendas y 63 ranchos cañeros contabilizados para 1890, en el siglo XX, ante el declive de la industria azucarera, sólo lograrían subsistir las haciendas Catmís y Kakalná, ambas en la comprensión de Tzucacab. Catmís incluso se recuperaría del fuerte golpe que recibiría, en marzo de 1911, de manos de los “revolucionarios petuleños”. Finalmente, también Catmís y Kakalná desaparecerían como centros productores de azúcar después de la segunda mitad del siglo XX26. En una radiografía del municipio de Tzucacab del año 1981, todavía se podía comprobar los efectos económicos que suscitó en la región el silenciamiento de los trapiches:

11El municipio de Tzucacab, ubicado en el sector sur de Yucatán, fue sin duda uno de los más prósperos de la entidad, cuando sus fértiles tierras, en las faldas de la “Sierrita”, albergaban a los tres ingenios azucareros más importantes de la Península: Catmís, Kakalná y Thul. Los tres centros de trabajo dieron al municipio, las mejores épocas de que ha disfrutado. Años de vacas gordas que, más adelante, debido a los malos manejos de funcionarios corruptos, se transformaron en etapas difíciles cuando el municipio empezó a declinar a raíz de los ingenios. En las tierras de Tzucacab ya no verdean como antaño, los gigantescos cañaverales27.

12Esta radiografía es inexacta, porque si bien Catmís y Kakalná fueron pivotes de la economía en la región para los campesinos que alternaban sus recursos de la milpa trabajando en la zafra, omite señalar el periodo del chicle de la primera mitad del siglo XX, en el cual participaría la región sureña (municipios de Peto, Tzucacab, e incluso Oxkutzcab28). Y aunque el chicle modificó de alguna forma las estructuras económicas de los campesinos de Peto, en pueblos alrededor de esta villa la milpa subsistió al embate de la resina, y muy pocos participarían en el chicle29.

131890 fue el año que daría comienzo a la década del Declive de la Montaña rebelde, y esta década marcaría el inicio de un despegue progresivo de la caña de azúcar en el partido, y uno de los impulsadores de la reactivación de la caña sería el gobernador Carlos Peón Machado (1894-1897). Las noticias que llegaban de Chan Santa Cruz señalaban el aparente decaimiento en los ánimos de los rebeldes, su actitud pacífica de hombres que solamente querían hacer sus negocios con Honduras Británica30. Para las élites meridanas, la nueva década de 1890, con don Porfirio cuidando desde 1884 a la nación con su “orden y progreso31”, sería más que prometedora debido a esa difuminación de la amenaza de los rebeldes. El 30 de julio de 1890, una nota del periódico oficial daba cuenta de esto, al conmemorarse un año más del inicio de la Guerra de Castas:

14Hoy que aquel vastísimo incendio se ha extinguido casi por completo y sólo quedan los restos de él allá en nuestras fronteras; al presente que nuevos horizontes se abren día á día para el Estado que funda su progreso en la base firme de la producción, del trabajo y de la paz; hoy que todos los pobladores de la parte culta de este vastísimo territorio comulgan con el pan bendito que une y fraterniza á los hombres y á las razas, el pan de la civilización, del perfeccionamiento, del progreso; hoy que Administraciones previsoras y noblemente inspiradas, honradas y estudiosas, buscan el mejoramiento y el bienestar de los pueblos, no es, sin duda, fuera de camino tributar con las efusiones del agradecimiento nacional un recuerdo á los campeones que á la hora de la lucha supieron arrancar, de manos de la más despiadada barbarie, la civilización que de ellos recibimos como legado precioso, nuestros hogares y nuestra patria en fin32.

15Es un hecho que con estos rituales fúnebres y ditirambos a los “defensores de la civilización yucateca”, que señalaban el réquiem anticipado de la Guerra de Castas33, así como los discursos de confianza que acentuaban los nuevos horizontes que se abrían para Yucatán, las miras meridanas otra vez voltearían hacia el Sur. El 1 de julio de 1895, el Boletín de Estadística de Yucatán, mediante una editorial, mandó una propuesta a los henequeneros para que inviertan en la caña de azúcar, desmarcándose un poco de los vaivenes que producía el mercado de la fibra del henequén. Esta editorial apuntaba que los terrenos del interior del Estado, “principalmente los que están al Sur del Partido de Tekax y S.E del de Peto, son los más adecuados para el cultivo de la caña dulce” debido a la calidad de las dilatadas llanuras y la exuberancia de las tierras de esa comarca sureña del Estado. Los editorialistas no creían aventurado decir:

16[…] que si á ejemplo de algunos Ciudadanos, que se ocupan con laudable actividad en cultivarlos en pequeña escala, los ricos propietarios de fincas de henequén se resolviesen á hacer lo mismo, sin abandonar sus antiguas labores, pronto resarcirían el quebranto de que hoy se resienten sus fortunas, por el bajo precio de la expresada fibra, y á la vez, prestarían un servicio á su país, llevando á esos lugares, convertidos actualmente en osarios de sus defensores, la animación y la vida34.

17A la par del Declive de la Montaña Rebelde para 1890, la caña había vuelto nuevamente a mover los mecanismos jurídicos de notables del pueblo y peces gordos de Mérida, como Manuel Cirerol35. En 1894, un tiempo previo a la rebelión de ese año de los campesinos de Peto contra la medición y reparto de su ejido, en La Revista de Méridase describía la riqueza de esta región, señalando algunos productos que se extraían de sus terrenos antes de la guerra de 1847, como maderas, resinas, “sisbic” o vainilla36, así como copal, quina del país, y la infaltable caña dulce. Se decía que por el comercio de antes de 1847, el partido de Peto era uno de los más ricos y florecientes del Estado con transacciones mercantiles con Belice, Bacalar y Tihosuco. De los 34 pueblos que había llegado a tener antes de la guerra, la Villa de Peto apenas contaba con los “inertes pueblos” de Nohcacab, Tixhualatún, Tahdziu, Chacsinkín, Tzucacab y Ekbalam37. Sin embargo, la inercia no era lo que parecía. Para esos años, las fincas del partido de Peto cultivaban los siguientes productos:

18Cuadro I: Producciones agrícolas del partido de Peto para 1894

19
Producciones agrícolas Cantidades
Arroz 40 arrobas
Azúcar 58,500 arrobas
Caña dulce 12,000 cargas
Chile seco 55 cargas
Frijol 160 cargas
Frijol 160 cargas
Maíz 21,000 cargas

20Fuente: Boletín de Estadística del Estado de Yucatán, 16 de junio de 1894.

21La caña había comenzado a reverdecer, no con la misma intensidad que se dio durante el “episodio azucarero” de la primera mitad del siglo XIX, pero a un ritmo sostenido. Para 1894, de las 283,400 arrobas de azúcar producidas en el Estado, los dos partidos más importantes en cuanto a producción, eran Tekax y Peto, con 148,600 arrobas el primero, y 50,800 arrobas el segundo. Estos dos partidos también copaban la producción de panela y mieles38. Para 1895, la producción de azúcar en el partido había subido a 60,000 arrobas, la panocha39 había llegado a 40,000 arrobas, otras mieles tenían 30,000 arrobas de producción y la miel de abejas se contabilizaba en 240 arrobas. El chicozapote, un producto agrícola que marcaría toda una época, conocida como “la época del chicle” en la región petuleña, produjo 560 arrobas para 189540. El tabaco también salía de las tierras del Sur, produciendo 515 arrobas. La prueba de la recapitalización del partido de Peto, y la confianza que daban las tropas federales acantonadas desde 1895 en la Villa para la “pacificación” de los de Chan Santa Cruz41, se observa en los nuevos elementos de élites rurales que se insertaban a las que habían copado el Ayuntamiento y el comercio durante la segunda mitad del siglo XIX. Así que, mientras que ahora vemos a un vástago de Manuel Cirerol, Arturo Cirerol trabajando su finca Catmís para 1899 y produciendo litros de aguardiente; otros elementos, como Pedro Narváez y Elías Teyer (este último, de origen sirio libanés), tal vez fueron los que aceptaron la propuesta de Carlos Peón para invertir su capital en la caña.

22Cuadro II: Fabricantes de aguardientes del partido de Peto para el año 1899

23
Nombre de los fabricantes Lugar de ubicación Materiales que emplean Cantidad en litros que elaboraron en 1899 Valor en peso
Reinaldo Flota Peto Caña de azúcar 48,000 6,666.68
Arturo Cirerol Catmís Caña de azúcar 170,640 23,701
Juan A. Pérez Gálvez Peto Caña de azúcar 18,360 2,550
Nicolás Borges Peto Caña de azúcar 48,000 6,666.68
Pedro B. Narváez P. Peto Caña de azúcar 24,000 3,333.34
Elías Teyer Peto Caña de azúcar 37,800 5,250
Francisco M. García Hobonil Caña de azúcar 12,900 1,790

24Fuente: Boletín de Estadística, 1 de noviembre de 1900.

25Y en lo que respecta al cultivo del maíz, el partido de Peto pasaría por un crecimiento en los años anteriores a 1910. Esta zona sería, a la par de cañera, maicera, y al mismo tiempo que sería chiclera para la primera mitad del siglo XX, el maíz no sería olvidado. El hombre del Sur nunca pasaría – por razones hasta ecológicas42- a transformarse “de milpero a henequenero”, como sucedió en el noroeste henequenero43, y la caña sería un elemento extraño que no permearía en la memoria colectiva de los pueblos, caso contrario del “chicle”, cuyos hombres serían los antiguos milperos del partido: la población maya en su mayoría. Podemos decir, que la recapitalización de esta zona tomó un impulso en el gobierno de Carlos Peón, pero que a pesar del sostenido crecimiento del azúcar y la relativa confianza dado en la región por el Declive de la Montaña Rebelde, la persistencia de la sociedad maya y mestiza de la región dedicada al cultivo del maíz y la defensa de sus tierras comunales, cuestionaría en más una ocasión las políticas agrarias porfirianas. Los pueblerinos de Peto, así como los pueblerinos de Maxcanú, no solamente recurrirían a cartas y ocursos al “Supremo Gobierno” para exponer sus pareceres, sino que tomarían las armas y alumbrarían por breves, pero memoriosos momentos, su historia local de defensa de la tierra, o del monte.

26Cuadro III :Cultivo de maíz en el partido de Peto, 1896-1907

27
1896(M44) 1897 (M) 1898 (ha45) 1899 (ha) 1900 (ha) _.1907 (ha)
61,700 37,929 1,978 1,877 1,556 2,513.17

28Fuentes: Boletín de estadísticas, 1896, 1897, 1898, 1899, 1900, 1907.

29Como hemos dicho, uno de los pioneros de estas nuevas inversiones en el Sur sería el último de los gobernadores liberales de Yucatán, Carlos Peón Machado, dueño de la finca Tabí, cercana a Oxkutzcab46, y el ya señalado para Peto, Manuel Cirerol. En su gobierno (1894-1897), Carlos Peón emprendió la construcción de caminos en la región azucarera del Centro y Sur de Yucatán, precisamente donde tenía sus propiedades. Su política de desarrollo o reactivación azucarera se encontraba justificada por los bajos precios del henequén para esos años, y más porque uno de los surtidores de azúcar, Cuba, se encontraba en guerra civil47. El objetivo de Peón, como se había apuntado en la editorial del Boletín de Estadística, era llevar la “civilización” a esas regiones fronterizas a la territorialidad rebelde, donde las élites rurales trabajaban la tierra a merced de las incursiones rebeldes48. Mediante leyes locales y federales de denuncios de tierras49, se intentaría llevar dicha “civilización” a esta parte sureña del Estado. Otra vez, como en los años de la etapa individualizadora de tierras previa a 184750, el gobierno del liberal Carlos Peón intentaría fragmentar las tierras – o los montes51- de los pueblos, para la formación de pequeñas propiedades individuales, a tono con las políticas agrarias porfirianas52. Antes de esta invitación peoncista, otro gobernador liberal, Manuel Cirerol, ya había dado el ejemplo reactivando dos ranchos, el cual uno, Catmís, sería el escenario del descontento campesino para 1911 en la región sureña53.

30Un hombre que sería una pieza fundamental para el desmembramiento de la parte oriental de Yucatán, Manuel Sierra Méndez54, hermano de Justo Sierra Méndez, señalaba sin empacho cuál sería la senda de los pueblos como Peto, si el proceso individualizador instigado por la reactivación de la industria azucarera se presentara (sin la resistencia campesina, desde luego). Comentando el “motín” de los labriegos de Maxcanu55 al propio general Díaz, Sierra Méndez apuntaba que:

31Un pueblo cualquiera practica la medición de sus egidos, según proviene la ley, levantando los planos del terreno y fraccionando éste en tantos lotes cuantos jefes de familias hay en él…Este plano y la relación de los jefes de familia, así como el expediente de las diligencias practicadas, es enviado al Ministerio de Fomento para su aprobación, obteniendo la cual, se expide á cada jefe de familia su título de propiedad. A poco tiempo, inmediatamente después, y muchas veces ántes de que se expidan los títulos, ya la mayor parte de los terrenos de los Egidos del pueblo han pasado á ser propiedad ó de los hacendados vecinos ó de los poderosos de cada pueblo, unos despojando bajo cualquier pretesto (sic) y otros comprando á vil precio aquel pedazo de tierra, único patrimonio del que lo recibió de la Nación, y que al enagenar (sic) aquello que podría proporcionarle su subsistencia, queda nuevamente convertido en sirviente de cualquier hacendado ó personaje de la población56.

32Para remediar esta situación, Sierra Méndez, en un proyecto de ley para el reparto de ejidos de los pueblos que había presentado al propio Porfirio Díaz, proponía en su artículo 1º un tiempo de 10 años para que los adjudicados con un lote no puedan enajenarlo. Sin embargo, la Ley sobre ocupación y enajenación de terrenos baldíos del 26 de marzo de 1894 – sustituta de la Ley sobre ocupación y enajenación de terrenos baldíos del 22 de julio de 186357-, que vendría a acentuar el proceso individualizador en la década de 1890, ordenaba la distribución de los ejidos y las excedencias del fundo legal que conservaban los pueblos de forma colectiva, otorgándole en compensación a los ayuntamientos, asambleas y corporaciones municipales, personalidad jurídica para defender los ejidos, montes y terrenos ante las pretensiones privatizadoras y emprender composiciones para retener las demasías y excedencias de los ejidos58. Podemos entender las reacciones negativas de los pueblos como Maxcanú en el año de 1891, o de Peto en el año de 1894, ante estas pretensiones de los legisladores liberales porfirianos, si comprobamos que, a pesar de los recursos dados a los ayuntamientos y demás corporaciones municipales, estas estructuras de poder –y más en el Yucatán de la segunda mitad del siglo XIX, salido de la Guerra de Castas- se conformaban en su mayoría de elementos no indígenas de los pueblos59, es decir, de “clubes de vecinos criollos”, o en momentos más inclusivos, de mestizos opulentos60. La defensa del monte sería una constante en el pueblo de Peto, y lo demostrarían en más de una ocasión, como en motines contra los denuncios de tierras en 1892, o contra la individuación de su ejido en 1894. En los años de 1870 a 1911, la medición y distribución de los ejidos de los pueblos fue un proceso complejo y diverso: mientras que segmentos de la población no indígena vieron con buenos ojos el fraccionamiento de ejidos, la población dedicada al sistema milpero itinerante se opuso61. Trabajando documentación del Archivo de Terrenos Nacionales62, Ortiz Yam concluyó que: “[…] la orden de medición y distribución de los montes impactó a la población rural de un modo distinto, toda vez que los habitantes de un mismo pueblo la percibieron y respondieron de acuerdo a sus necesidades agrícolas, y sus deseos para llevarla a efecto y su alcance fuera distinto de un pueblo a otro63.”

33Lo que se buscaba, con esta medición y distribución de los ejidos de los pueblos, era “evitar que las formas tradicionales de usufructuar los montes obstaculizara el proceso privatizador de la segunda mitad del siglo XIX64.” En subregiones en apariencia iguales, las respuestas a las políticas agrarias de la segunda mitad del siglo XIX fueron disímiles. Mientras que en Tzucacab, pueblo del partido de Peto, se había medido y distribuido el ejido entre las cabezas de familias con lotes de 23 hectáreas (véase el mapa I65), en la municipalidad de Peto su medición y repartición no se había llevado a cabo para 1904, ni se llevaría posteriormente.

 Mapa I. Plano topográfico de los ejidos de Tzucacab
Mapa I. Plano topográfico de los ejidos de Tzucacab

34Fuente: AGEY, Poder Ejecutivo, sección Gobierno del Estado, serie Planos y tierras, c. 6, vol. 6, exp. 13, f. 2 (1906)

35En este último año, Nazario Novelo, Isauro Pérez, M. Ramírez y Manuel Vázquez –notables de la Villa de Peto- señalaban que todavía no se tenían medidos los ejidos debido “a la ignorancia de la indiada que es en su mayor parte la que habita en los pueblos de este partido66”. En la rebelión de marzo de 1911 de los petuleños contra el jefe político Casimiro Montalvo Solís y el “conocido esclavista” de Catmís, Arturo Cirerol, al indagarse algunas de las causas para el levantamiento de los petuleños, el Diario Yucateco recogió estas razones: “Hace un año estuvimos aquí en gira reporteril y un indio puro nos dijo que Peto permanecería tranquilo, pero que tal vez la paz se turbaría cuando se pretendiera llevar á cabo la mensura, deslinde y fraccionamiento de los terrenos de ejidos. Hasta hoy tales terrenos todavía son de la comunidad y no se ha intentado hacer tal fraccionamiento67.”

36El proceso de defensa del monte de los pueblerinos del partido de Peto, como hemos indicado, iniciaría propiamente en la década de 1890, y esto si señalamos que esta región fue una de las más despobladas, pero con una fuerte resistencia de los pueblerinos al proceso de medición, y la consecuente enajenación, de sus tierras comunales. El índice de densidad demográfica del partido, según el censo de 1910, era de los que contaba con menos porcentaje. De los 2,614 kilómetros cuadrados de área total del partido, su índice de densidad (habitantes por kilómetro cuadrado) era de 2.8. Tekax (5.8 de densidad), Temax (6.5), y Espita (6.5), todos partidos fronterizos en la segunda mitad del XIX, contaban con más población. Tizimín tenía el índice más bajo (0.9). Ahora, comparados con la gran concentración de personas en los partidos henequeneros (15.3 personas por kilómetro cuadrado en Acanceh; 11.6 en Hunucmá; 15.1 en Motul; 23.0 en Progreso y 85.9 en Mérida), demográficamente se comprueba la presión sobre la tierra en esas zonas henequeneras, proceso individualizador de sobra sabido68.

37A pesar de que se puede señalar el crecimiento del peonaje en la zona, como en casi todo el Yucatán para el periodo henequenero, podemos establecer la persistencia de los pueblos en este punto del Estado69. Para 1892, el número de sirvientes en todo el partido de Peto era de 379, según una relación de fincas del partido de ese año. Para 1900 el número de “peonaje” en el partido se había cuadruplicado: contaba con 1,578 personas en las fincas de sus tres municipalidades (Peto, Tzucacab y Chacsinkín) de un total de 7,335 habitantes70. Sin embargo, podríamos dudar de esta cifra71, ya que “fincas rústicas” que consigna el Censo de 1900 de forma tan drástica, en realidad eran tierras trabajadas por campesinos mayas de la región72. Y podemos dudar todavía más, al preguntar si el número que da el Censo de 1900 y de 1910 para los peones de campo, se trataban todos de peones. ¿Era así? Lo dudo73. En las fincas cañeras de la región había “habitantes” que no necesariamente tenían la categoría de peones. Así, en una relación de fincas para el partido de Peto, Catmís contaba con 24 “sirvientes”, y a su vez, lo habitaban 158 personas74. Para 1900, el número de población para Catmís era de 417, y a este número se da por hecho que todos eran peones, sin tener la certeza de que así fuera75. En una tesis doctoral en proceso de redacción sobre el Partido de Peto, señalo algunas fincas cuyos propietarios pertenecían al pueblo maya del partido, y tal vez en estas fincas su sistema de trabajo era distinto a la hacienda o fincas cuyos dueños eran población no indígena76. Podríamos argüir la idea de que, en vez de peones, y siguiendo a autores que han trabajado el aspecto de la organización territorial maya77, habían familias extendidas, o como se ha señalado, y se señala todavía, estas propiedades mayas no eran de un sólo individuo, sino de varios individuos con el mismo apellido: eran “tierras de los Chablé”, o “tierras de los Chiquil”. Actualmente, en Peto, un paraje que aparece en la relación de fincas de la región de 1890, Chakanyuc, sigue siendo propiedad de “los Chiquil”.

La persistencia autonómica de los pueblerinos de la región de Peto

38De todas formas, una cosa que sí podemos consignar, es la persistencia de los pueblos en el partido de Peto, contrastado con la senda que caminaron los pueblos del noroeste henequenero. Mientras que para esta área el número de personas viviendo en los pueblos y villas en 1862 se encontraba en 38.4 % y 6.07 % del total de población, para 1900 bajó a 23.32 % viviendo en pueblos y 10.4 % en villas, y en 1910 llegaba apenas al 17% viviendo en pueblos y 11% en villas. De los momentos primeros del periodo henequero en 1862, las haciendas henequeneras habían pasado a tener del 38.4 % de la población para ese año, cambiando el dígito por centésimas para 1900 (38.15%), y bajando a 35% del total de la población para 191078. Respecto al partido de Peto, uno de los más depauperados y despoblados posterior a la segunda mitad del siglo XIX, el proceso recapitalizador de la industria de la caña había mermado poco en la cohesión de los pueblos de la región. El índice de personas viviendo en la Villa de Peto pasó de 36.2% para 1862, a 43.69 para 1900, y en 1910 tenía el 42.01 % del total del partido. Los demás pueblos que no habían sucumbido a las incursiones de los de Chan Santa Cruz, oscilaron de entre un 33 % a un 26.50 %. Peto era una de las zonas periféricas al monocultivo henequenero donde el “hombre libre” había subsistido al proceso capitalista instaurado desde Mérida a partir de 187079, desde luego, pero un “hombre libre” fogueado por las repetidas incursiones rebeldes en la segunda mitad del siglo XIX. Estas incursiones de los de Chan Santa Cruz al partido, le dio al “hombre libre” de las fronteras la experiencia de las armas que posibilitaron una defensa de los ejidos de sus pueblos80, a pesar de que este hombre libre tuvo que sortear con estructuras de poder mestizas en el partido, y con todo un aparato económico, político y jurídico instaurado desde el pensamiento liberal al regreso de la República restaurada, pero que sólo se sentiría en la región a partir de 189081, y cuyas respuestas, al percatarse los campesinos de la afectación de sus montes, serían el descontento que desembocaría en pequeñas revueltas en el campo sureño. En 1892, los petuleños se opondrían a los denuncios de tierra efectuado por un rico comerciante de la Villa, Nicolás Borges, para agrandar su finca82 Suná; y en 1894 se opondrían con las armas a la individualización de sus ejidos enfrentándose a soldados federales y batallones de Guardia Nacional en una refriega que duró más de una semana83.

39Cuadro IV : Distribución de la población en el partido de Peto, 1862-1910

40
Localidades 1862 1900 1910
Villa 2,775 (36.2%) 3,205 (43.69 %) 3,130 (42.01 %)
Pueblos 2,526 (33.01%) 2,55284 (34.79%) 1,974 ( 26.50%)
Otros_ 2349 (30.70%) 1578 (21.51%) 2,346 ( 31.48%)
Sumas 7,650 (100%) 7,335 (100%) 7,450 ( 100 %)

41_ Comprende haciendas y ranchos del partido de Peto. Fuentes: Rejón, Memoria de 1862; Censo de población de 1900 y Rodríguez Losa (1991).

42Al llegar el cambio de ciclo de 1910, en el noroeste yucateco había desaparecido el “hombre del maíz85”, para convertirse en el hombre del henequenal maniatado por la servidumbre agraria paternalista86. Las rebeliones, los motines, el descontento de distinta escala anterior a Salvador Alvarado, es imposible que encontremos en partidos que comprendieron el noroeste henequenero, con un repunte significativo del peonaje, y con todo un control social que iba desde la hacienda hasta las periferias de los pueblos. Cierto que se dieron “resistencias soterradas”, pequeños actos de resistencias cotidianas87 y “violencias rebeldes” en el paisaje del henequén, así como recursos a la experiencia jurídica de los pueblerinos del noroeste, que hicieron poca mella al proceso individualizador que se gestaba desde fines del siglo XIX88; pero lo que sin duda sí tuvimos, fue el entronizamiento de la hacienda henequenera en el noroeste de Yucatán, y la difuminación progresiva de la sociedad milpera en esa subregión89. La violencia de los campesinos convertidos en peones en las haciendas henequeneras, como ha señalado Joseph y Wells, al final se contuvo por muchas estructuras coercitivas que apelaban a los órganos estatales, a un paternalismo acotado, a la carga religiosa como constreñimiento ideológico y, desde luego, su aislamiento porque más allá de los pueblos alejados de la frontera se encontraba el territorio inhóspito del oriente de la península, donde la selva y los mayas rebeldes seguirían en pie de lucha hasta bien entrado el siglo XX90. Para finales del Porfiriato, los antiguos pueblos de la zona henequenera habían llegado muy mermados al nuevo ciclo que se iniciaría a partir de 1910.

43Las respuestas violentas a las políticas agrarias porfirianas no se dieron sino en las periferias de esta zona91, y de estas periferias que cruzan toda la región conocida como la Sierrita Puuc, y se entroncan con los pueblos de frontera de la segunda mitad del siglo XIX como Peto, Yaxcabá y Temax, el “hombre libre”, el milpero maya, el pequeño artesano y el pequeño propietario mestizo, fogueados por las incursiones de los rebeldes de Chan Santa Cruz, y posibilitadas sus existencias por el abocamiento del capital hacia la fiebre del henequén, habían no sólo subsistido y llegarían a la reforma agraria con sus “montes” (véase Cuadro V). Estos hombres de las fronteras que no habían sufrido el cerco del coloniaje y que dieron el mayor número de rebeldes para la Guerra de Castas y sus episodios previos92, y que en los años tranquilos del Porfiriato mostrarían su descontento; son los mismos hombres que para finales del Porfiriato y antes de la llegada de Alvarado con sus 5,000 soldados en 1915 para hacer la “revolución desde afuera93”, le tomarían la palabra a los señoritos de Mérida y harían levantamientos que, al contrario de Savarino, considero que no fueron ni espontáneos ni desorganizados, ni duraron un día94. En su afán revisionista y confrontativo con las tesis tanto de Joseph y Wells y Joseph95; y basándose en la tesis de Medina96, Savarino sostienen que los levantamientos del “verano del descontento” de 1909 hasta 1915 en Yucatán, no fueron sino “sublevaciones espontáneas, carentes de coordinación, que duraban generalmente solo un día, tiempo que tardaban las fuerzas militares para llegar y apaciguarlos97.”

44Rebeldes como Elías Rivero en Peto y Pedro Crespo en Temax, tenían la intención directa de cambiar el estado de cosas de su lugar de origen, y de hecho lo hicieron apelando a la violencia posibilitada por la crisis entre las élites regionales de Mérida. Asimismo, estos hombres de las fronteras, convertidos en socialistas en la época de Felipe Carrillo Puerto (1918-1924), son los pocos que se levantarían en armas, después del asesinato de este último, el 3 de enero de 1924, y Rivero y sus trescientos combatientes no durarían “solo un día” resistiendo a los soldados que los delahuertistas le mandaron para “apaciguarlo98”.

45Cuadro V : Distribución de la dotación de tierra del pueblo de Peto (1929)

46
Fincas Hectáreas afectadas
Aranjuez 248 Hs.
La Ermita 2009 Hs.
San José Yaxcacab 506 Hs.
Sacakal 361 Hs
Abal y anexas 720 Hs
Terrenos nacionales 8006 Hs

47Fuente: RAN, Mérida, carpeta toca, poblado Peto, municipio Peto, Exp. 23/25/152

48La autonomía de los pueblos del Sur se puede comprobar, incluso, haciendo referencia a un patrón que se dio en casi todas las zonas del país donde se dio la existencia de los peones de campo. Al contrario de lo que harían los peones acasillados y los vecinos de los pueblos cercanos a las haciendas henequeneras que se opusieron al reparto agrario porque la hacienda les proveía de recursos y era fuente de empleo para ellos99, los antiguos peones de campo de Peto, estaban más dispuestos para hacerse de los montes que abundaban en la región. En el contexto de uno de los pleitos por la tierra en el Sur de Yucatán durante la primera mitad del siglo XX, y que llevaría muchos años para solucionarse por la resistencia tenaz de un viejo “notable” de pueblo y ex jefe político, Máximo Sabido, contra los pobladores o repobladores de Xcanteil; éstos últimos apelarían no sólo al discurso público y al arte de la petición ante las instancias agrarias para defender su ejido, sino que llevarían a la práctica estrategias subalternas de defensa colectiva. El 27 de junio de 1939, la Asociación Ganadera del pueblo de Peto, cuyo secretario era Máximo Sabido, mandaba una carta al gobernador de Yucatán donde se puede observar este “arte de la resistencia” de los pueblerinos de Yaxcopil, Xcanteil, Xpechil y Progresito Nohcacab:

49Los que suscribimos, todos perteneciente a la Asociación Ganadera de esta localidad, ante Ud., con todo respeto exponemos: Que se nos hace imposible soportar las impertinencias de los llamados Ejidatarios de las Rancherías de esta región, quienes no quieren cerrar sus sementeras, alegando que son dueños del terreno en que trabajan por habérselo asegurado así el señor Humberto Centeno cuando era Jefe del Banco de Crédito Ejidal. Los vecinos de Yaxcopil, Xcanteil, Xpechil y Progresito, persiguen a nuestras reses y las amarran hasta dos días y cuando las sueltan les amarran latas viejas en las colas y hasta en los testículos. A pesar de que el C. Presidente municipal de esta localidad les notifica que por disposición de ese Superior Gobierno a su digno cargo, procedan a cerrar sus milpas, ninguno obedece y nuestro ganado por tanto no tiene ningún inconveniente para entrar en ellas, motivando éste las continuas quejas de estos individuos contra nosotros100 […]

Conclusiones

50En síntesis, podemos decir quea partir de la pacificación de los rebeldes de Chan Santa Cruz en 1901, y todavía antes, para 1890, el aparato económico y político del Porfiriato comenzó a hacer presencia en la región sureña con la reactivación de la caña. La llegada del ferrocarril a Peto en el año de 1900 supondría, además de fortalecimiento de la economía regional integrando al Sur apartado de Yucatán101, la herramienta idónea para las comunicaciones entre los ejércitos en campaña contra el “bárbaro” de Chan Santa Cruz desde mediados de la década de 1890. Es sintomático como La Revista de Mérida interpretó la llegada del tren de Mérida a Peto, ocurrido en septiembre de 1900. Las fiestas se habían iniciado no sólo en Mérida sino en Peto por la llegada del “tren de la pacificación”. El periódico meridano decía sobre este significativo hecho, que:

51Estas fiestas son, sin duda, de altísima significación para el engrandecimiento y prosperidad de nuestro Estado. El ferrocarril que ha llegado ya a su estación terminal, influirá para el adelanto de Peto y demás pueblos del Sur, casi abandonados desde que la tea del rebelde maya convirtió en pavesas aquellas poblaciones en que de hoy más resonará constante el himno del trabajo que entonen los que laboren en pro del progreso de la patria, sin que los inquiete el grito del salvaje que antes de la era de paz porque atravesamos, resonaba con tanta frecuencia en aquellas apartadas regiones102.

52

Fotografía  I: Llegada del “tren de la pacificación” en el pueblo de Xoy
Fotografía I: Llegada del “tren de la pacificación” en el pueblo de Xoy

53Fuente: Memoria que contiene datos históricos y estadísticos y una colección de fotografías de las estaciones y planos del ferrocarril de Mérida a Peto con ramal a Sotuta, formada para la exposición de París que se verificará el año de 1900, Mérida, Imprenta Loret de Mola, 1899. Esta Memoria del ferrocarril de Mérida a Peto, por haberse realizado en 1899, no contenían las fotos de la llegada del ferrocarril a la villa, que sería hasta septiembre de 1900.

54Las pinzas económicas del Estado fuerte porfiriano y la oligarquía yucateca comenzaron a hacer añicos la soledad y el “miedo” de esta apartada región sureña a partir de 1890, y la antigua ideología de la guerra de castas de los pueblerinos que se consideraban los defensores y guardianes de los diques de la “civilización yucateca” ante las arremetidas de los rebeldes de Santa Cruz, pasarían a la historia en la práctica por el Declive de la Montaña Rebelde cada vez más acendrado, pero el discurso subsistiría, así como la fuerte condición autónoma de los fronterizos ejemplificadas en el “verano del descontento” y en nuevos motines, como el de 1915103 y la rebelión de más de dos meses de Elías Rivero contra los delahuertistas en 1924. Si la “soledad histórica” de estos hombres de las fronteras había declinado a partir de 1890 a la par del Declive de la Montaña Rebelde, estos pueblerinos recurrirían a las armas y a otros actos de resistencia colectiva para defender sus montes y su milpa, hasta que las nuevas condiciones construidas por el chicle a partir de 1920, hicieran pasar al pueblo a una nueva etapa que en este artículo no se analiza: la época del chicle.

55Gilberto Avilez Tax, Estudiante de Doctorado en Historia, CIESAS Peninsular. Correo electrónico: vilaxgilberto@hotmail.com

Fuentes y bibliografía

56Archivo General de la Nación (AGN)
Archivo General del Estado de Yucatán (AGEY)
Registro Agrario Nacional (RAN), delegación Mérida.

Hemerografía

57La Razón del Pueblo
Diario de Yucatán
La Revista de Mérida
El Eco del Comercio
La Voz de la Revolución
Diario Yucateco
La Voz del Sur
Boletín de Estadística de Yucatán

Fuentes primarias impresas

58Censo de 1900, 1905. División territorial de la República Mexicana formada con los datos del censo verificado el 28 de octubre de 1900. Estado de Yucatán, México, Secretaría de Fomento, Colonización e Industria-Dirección General de Estadística a cargo del Dr. Antonio Peñafiel.

59García Rejón, Antonio, Memoria del estado que guarda la administración pública de Yucatán, Mérida, Imprenta de José Dolores Espinosa, 1862.

60Memoria que contiene datos históricos y estadísticos y una colección de fotografías de las estaciones y planos del ferrocarril de Mérida a Peto con ramal a Sotuta, formada para la exposición de París que se verificará el año de 1900, Mérida, Imprenta Loret de Mola, 1899.

61Ponce y Font, Bernardo, Indice General, Por Orden de Materias, de Las Colecciones de Leyes del Estado de Yucatán, Formadas por D. Eligio Ancona y D. Antonio Cisneros Cámara, Escrito y ordenado, con autorización del Gobierno del Estado, por el Lic. Bernardo Ponce y Font. Del 1º de noviembre de 1850 al 31 de diciembre de 1896, Mérida, Tipografía de Gil Canto, 1902.

Artículos

62Bojórquez Urzaiz, Carlos, “Regionalización de la política agraria de Yucatán en la segunda mitad del siglo XIX”, en Revista de la Universidad de Yucatán, (mayo-agosto de 1979), número 123-124, año XXI, Vol. XXI, págs. 32-45.

63Bojórquez Urzaiz, Carlos, “Estructura Agraria y Maíz a Partir de la Guerra de Castas”, en Revista de la Universidad de Yucatán, (noviembre-diciembre de 1978), número 20, págs. 15-35.

64Bracamonte y Sosa, Pedro, “La jurisdicción cuestionada y el despojo agrario en el Yucatán del siglo XIX”, Revista Mexicana del Caribe, Vol. V, Núm. 010, México, (2000).

65Cline, Howard F., “El episodio azucarero en Yucatán (1825-1850)”, Yucatán: historia y economía. Revista de análisis socioeconómico regional, núm. 5, Mérida, Yucatán., Universidad de Yucatán, (enero-febrero 1978), págs. 3-23.

66García Quintanilla, Alejandra, “El dilema de Ah kimsahk’az, ‘el que mata al monte’: significados del monte entre los mayas milperos de Yucatán”, en Mesoamérica, XXI, núm. 39, (junio 2000), págs. 255-285.

67Güémez Pineda, Arturo, “La rebelión de Nohcacab, prefacio inédito de la Guerra de Castas”, en Saastun. Revista de Cultura maya, año 0 Número 2, (agosto 1997), págs. 51-79.

68Guha, Ranajit, “La prosa de contrainsurgencia”, en Saurabh Dube (comp.), Pasados Poscoloniales, México, El Colegio de México, (1999), págs. 159-208.

69Joseph, Gilbert M., “Para repensar la movilización revolucionaria en México: Las temporadas de turbulencia en Yucatán, 1909-1915”, en Gilbert M. Joseph y Daniel Nugent (compiladores), Aspectos cotidianos de la formación del Estado, México, ERA, (2002), págs. 143-174.

70Mandrini, Raúl J., “Indios y fronteras en el área pampeana (Siglos XVI-XIX). Balances y perspectivas”, Anuario del IEHS, vol. VII, Tandil, (1992).

71Ortiz Yam, Inés, “El descontento de los pueblos yucatecos a finales del siglo XIX. Una aproximación a la percepción de los milperos durante el proceso privatizador”, en Romana Falcón (coord.) Culturas de pobreza y resistencia: estudios de marginados, proscritos y descontentos. México 1804-1910, (México: El Colegio de México, Centro de Estudios Históricos, Universidad Autónoma de Querétaro, 2005), págs. 285-305.

72Patch, Robert, “Descolonización, el problema agrario y los orígenes de la guerra de castas, 1812-1847, en Othón Baños Ramírez (eds.), Sociedad, estructura agraria y Estado en Yucatán, (Mérida: Ediciones de la Universidad Autónoma de Yucatán, 1990), págs. 45-95.

73Quintal, Ella Fanny et al , “Solares, rumbos y pueblos: organización social de los mayas peninsulares”, en Saúl Millán y Julieta Valle coordinadores, La comunidad sin límites. Estructura social y organización comunitaria en las regiones indígenas de México, volumen I, (México: INAH., 2003), págs. 291-382.

74Ratto, Silvia, “Notas y debates. El debate sobre la frontera a partir de Turner. La New Western History, los Borderlands y el estudio de las fronteras en Latinoamérica”, en Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani, tercera serie, número 24, págs. 105-141.

75Rugeley, Terry, “Experiencias de un oficial Imperialista en el campo yucateco. El abogado defensor de indios”, Por Esto!, “Unicornio”, (7 de mayo 1995), pp. 3-8.

76Rugeley, Terry, “Valladolid: Una ciudad, una región, una guerra”, en Jorge Canto Alcocer y Terry Rugeley (coord.), Ventana de Zací: otras miradas de la Guerra de Castas, (Valladolid, Yucatán, México: Universidad del Oriente, 2013), págs. 49-65.

77Soler Dos Santos, Leticia, “El levantamiento indígena de Maxcanú, Yucatán, 1891-1892”, en Katz, Friedrich (dirección e introducción), Porfirio Díaz frente al descontento popular regional 1891-1893, -(México: Universidad Iberoamericana, 1986).

Libros

78Baqueiro Anduze, Oswaldo, La ciudad heroica: historia de Valladolid, Yucatán, (Mérida Yucatán: Maldonado Editores del Mayab, 1999).

79Cámara Gutiérrez, Guadalupe del Carmen, Destilación y comercio de aguardiente en Yucatán, 1821-1870, tesis de maestría, UADY, 1995.

80Casares G. Cantón et al (dir.), Yucatán en el tiempo: enciclopedia alfabética, t. II, F-L, (México, D.F: Offset Rebosan, 1998).

81Dumond, Don E. , El machete y la cruz. La sublevación de campesinos en Yucatán, (México: UNAM-Plumsock Mesoamerican Studies – Maya Educational Foundation, 1995).

82Fabila, Manuel, Cinco siglos de legislación agraria en México, 1493-1940, (México: Banco Nacional de Crédito Agrícola, S.A, 1941).

83García Quintanilla, Alejandra, Los tiempos en Yucatán. Los hombres, las mujeres y la naturaleza (siglo XIX), (México: Departamento de Estudios Económicos y Sociales del Centro de Investigaciones Regionales “Dr. HideyoNoguchi”, Universidad Autónoma de Yucatán, Claves Latinoamericanas, 1986).

84Gómez de Silva, Guido, Diccionario breve de mexicanismos, (México: Academia Mexicana-Fondo de Cultura Económica, 2005).

85González Navarro, Moisés, Raza y tierra. La guerra de castas y el henequén, (México: El Colegio de México, 1979).

86Hatsutani, Joji, Registro de anotaciones de las denuncias de terrenos baldíos, consecuente al art. Primero del Acuerdo de la Excelentísima Asamblea Departamental del 5 de 1844. (Informe de investigación: transcripción del documento histórico), (Mérida: Universidad Autónoma de Yucatán, Centro de investigaciones “Dr. HideyoNoguchi”, Unidad de ciencias sociales, 1998).

87Joseph, Gilbert M., Revolución desde afuera. Yucatán, México y los Estados Unidos, 1880-1924, (México: Fondo de Cultura Económica, 2010).

88Katz, Friedrich, La servidumbre agraria en México en la época porfiriana. (1 ed. 1980) (México: ERA., 2010).

89Katz, Friedrich, De Díaz a Madero, (México: Editorial ERA, 2004).

90Lapointe, Marie, Historia de Yucatán. Siglos XIX-XX, (México: Ediciones de la Universidad Autónoma de Yucatán, 2008).

91Macías Richard, Carlos, Nueva frontera mexicana. Milicia, burocracia y ocupación territorial en Quintana Roo (1902-1927), (México: UQROO-Conacyt, 1997).

92Macías Zapata, Gabriel Aarón, Cortar la orilla de la tierra. La desamortización y los pueblos de mayas pacificados de Campeche y pacíficos de Yucatán durante la Guerra de Castas, tesis que para optar por el grado de doctor en estudios mesoamericanos, México, UNAM, 2013.

93Machuca Gallegos, Laura, Un desorden de consideración y trascendencia: Los mayas y los acontecimientos de Nohcacab, Uxmal y Chetulix en 1843, Laura Machuca Gallegos estudio introductorio, transcripción y notas; Carmen Méndez Serralta, transcripción; (México: CIESAS, Fondo Mixto Conacyt- Gobierno del estado de Yucatán, 2011).

94Medina Un, Martha Lucila, El movimiento popular en Yucatán 1897-1918, tesis de licenciatura, Mérida, Facultad de Ciencias Antropológicas-Universidad Autónoma de Yucatán, 1991.

95Menéndez Rodríguez, Hernán R., Iglesia y poder. Proyectos sociales, alianzas políticas y económicas en Yucatán (1857-1917), (México: CONACULTA, Colección Regiones, 1995).

96Ortiz Yam, Isaura Inés, De milperos a henequeneros. Los procesos agrarios en el Noroeste de Yucatán, 1870-1937, tesis doctoral, México, El Colegio de México, 2011.

97Padilla Ramos, Raquel, Los irredentos parias. Los yaquis, Madero y Pino Suárez en las elecciones de Yucatán, 1911, (México: INAH, 2011).

98Peniche Rivero, Piedad, La historia secreta de la hacienda henequenera de Yucatán. Deudas, migración y resistencia maya (1879-1915), (México: AGN-Instituto Cultural de Yucatán, 2010).

99Pérez de Sarmiento, Marisa, Las razones de la “alternancia”: el relevo de los gobernadores en Yucatán, 1876-1901, (México: Instituto Mora, 2008).

100Pintado Cervera, Oscar M, Estructura productiva y pérdida de la indianidad en Yucatán en el proceso henequenero: dos ensayos, (México: CIESAS, Cuadernos de la Casa Chata, 1982).

101Reed, Nelson, La Guerra de Castas de Yucatán, (México: Editorial ERA, 1971).

102Rodríguez Losa, Salvador, Geografía Política de Yucatán. Tomo III. División territorial, categorías políticas y población, 1900-1990, (Mérida: Universidad Autónoma de Yucatán, 1991).

103Rodríguez Sabido, Luis Arturo, Semblanza histórica de Peto, (Mérida: Instituto de Cultura de Yucatán – Consejo Nacional para la Cultura y las Artes – Programa de Apoyo a a las Culturas Municipales y Comunitarias, 2004).

104Rosales González, Margarita, Oxkutzcab, Yucatán, 1900-1960. Campesinos, cambio agrícola y mercado, (México: Centro Regional de Yucatán, INAH, 1988).

105Rugeley, Terry, Rebellion now and forever: Mayas, Hispanics, and caste war violence in Yucatán, 1800-1880, (Stanford: Stanford University Press, 2009).

106Sabido Ávila, Máximo, Mis memorias de Peto, (Mérida: Edición del autor, 1996).

107Sánchez Novelo, Faulo, La rebelión delahuertista en Yucatán, (Mérida: Talleres Gráficos del Sudeste: Diario del Sureste, 1991).

108Savarino Roggero, Franco, Pueblos y nacionalismo, del régimen oligárquico a la sociedad de masas en Yucatán, 1894-1925, (México: Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, 1997).

109Suárez, Addy y Carrillo, Gladys, La economía de la caña de azúcar en Yucatán a principios del siglo XIX. Tesis de licenciatura en Economía. UDY, Mérida Yucatán, México, 1980.

110Suárez Molina, Víctor M. , La evolución económica de Yucatán. A través del Siglo XIX (t I), (Mérida: Ediciones de la Universidad de Yucatán, 1977).

111Sullivan, Paul, ¿Para qué lucharon los mayas rebeldes?/Vida y muerte de Bernardino Cen, (Chetumal, Quintana Roo: Universidad de Quintana Roo, 1998).

112Valdés Acosta, José María, A través de las centurias. Historia genealógica de las familias yucatecas. Tomo III, (Mérida Yucatán: E. G Triay e Hijos, 1931).

113Vidal Rivero, Miguel, Los ferrocarriles de Yucatán a la luz de la historia, (Mérida: Zamná. Herminia, 1951).

114Villalobos González, Martha, El bosque sitiado. Asaltos armados, concesiones forestales y estrategias de resistencia durante la Guerra de Castas, (México: CIESAS-CONACULTA-INAH y Miguel Ángel Porrúa editores, 2006).

115Wells, Allen y Gilbert M. Joseph, Verano del descontento, épocas de trastorno: élites políticas e insurgencia rural en Yucatán, 1876-1915, (México: Mérida, UADY, 2011).

116Wilhelm, Burkhard (coordinación e introducción), ¿Indios rebeldes? El fin de la Guerra de Castas en Yucatán vista por El Estandarte de San Luis Potosi, (México: San Luis Potosí, Editorial Lascasiana, 1997).

117notas de pie de páginas

1181 Abarcando los actuales municipios de Peto, Tzucacab, Chaczinkin y Tahdziu, del sur de Yucatán.

1192 Véase Luis Arturo Rodríguez Sabido, Semblanza histórica de Peto, (Mérida: Instituto de Cultura de Yucatán – Consejo Nacional para la Cultura y las Artes – Programa de Apoyo a a las Culturas Municipales y Comunitarias, 2004) y Máximo Sabido Ávila, Mis memorias de Peto, (Mérida: Edición del autor, 1996). Estos autores basan sus trabajos “artesanales” en literatura secundaria, “memorias” y ningún trabajo de archivo, viendo a Peto desde los confines de esa Villa, y no concibiéndola como una región interconectada por los que fueran sus pueblos (Tzucacab, Chacsinkín, Tahdziu, entre otros), anterior al proceso municipal instaurado desde la Constitución de 1917.

1203 La bibliografía de la Guerra de Castas es amplísima, baste citar el trabajo pionero de Nelson Reed, La Guerra de Castas de Yucatán, (México: Editorial ERA, 1971), y los trabajos de Don E. Dumond, El machete y la cruz. La sublevación de campesinos en Yucatán, (México: UNAM-Plumsock Mesoamerican Studies – Maya Educational Foundation, 1995) y Terry Rugeley, Rebellion now and forever: Mayas, Hispanics, and caste war violence in Yucatán, 1800-1880, (Stanford: Stanford University Press, 2009). Respecto a la caña de azúcar en Yucatán, véase Guadalupe del Carmen Cámara Gutiérrez, Destilación y comercio de aguardiente en Yucatán, 1821-1870, tesis de maestría, UADY, 1995 y Addy Suárez, y Gladys Carrillo, La economía de la caña de azúcar en Yucatán a principios del siglo XIX. Tesis de licenciatura en Economía. UDY, Mérida Yucatán, México, 1980 y Howard F.Cline, “El episodio azucarero en Yucatán (1825-1850)”, Yucatán: historia y economía. Revista de análisis socioeconómico regional, núm. 5, Mérida, Yucatán., Universidad de Yucatán, (enero-febrero 1978), págs. 3-23.

1214 Al parecer, para la historiografía oficial yucateca, el periodo del chicle no fue tan importante, que hasta la palabra misma “chicle” no aparece registrada en el “Índice General Alfabético de Nombres y Materias” del tomo IX de la Enciclopedia Yucatanense (1977) para una rápida búsqueda de temas y personajes para la historia yucateca, y la palabra “zapote” sólo aparece en dos ocasiones.

1225 Sobre el concepto de fronteras interiores, véase Raúl J. Mandrini, “Indios y fronteras en el área pampeana (Siglos XVI-XIX). Balances y perspectivas”, Anuario del IEHS, vol. VII, Tandil, (1992) y Silvia Ratto, “Notas y debates. El debate sobre la frontera a partir de Turner. La New Western History, los Borderlands y el estudio de las fronteras en Latinoamérica”, en Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani, tercera serie, número 24, págs. 105-141.

1236 La región fronteriza de la segunda mitad del siglo XIX, abarcaba desde Los Chenes, pasando por el partido de Tekax, partido de Peto, partido de Sotuta, Valladolid y Tizimín. Sobre los ataques de los rebeldes a estos partidos fronterizos, véase Paul Sullivan, ¿Para qué lucharon los mayas rebeldes?/Vida y muerte de Bernardino Cen, (Chetumal, Quintana Roo: Universidad de Quintana Roo, 1998).

1247 Véanse Gilbert M. Joseph, Revolución desde afuera. Yucatán, México y los Estados Unidos, 1880-1924, (México: Fondo de Cultura Económica, 2010) y Allen Wells y Gilbert M. Joseph, Verano del descontento, épocas de trastorno: élites políticas e insurgencia rural en Yucatán, 1876-1915, (México: Mérida, UADY, 2011).

1258 Sobre la conformación espacial de Yucatán, véase Erik Villanueva Mukul, El Henequén en Yucatán. Industria, mercado y campesinos, (Mérida, 1990).

1269 Nelson Reed, La Guerra de Castas de Yucatán, (México: Editorial ERA, 1971), pág. 228.Y esto, al parecer, como producto de la centralidad económica del henequén para la historia social, económica y “cultural” de Yucatán véase Alejandra García Quintanilla, Los tiempos en Yucatán. Los hombres, las mujeres y la naturaleza (siglo XIX) , (México: Departamento de Estudios Económicos y Sociales del Centro de Investigaciones Regionales “Dr. HideyoNoguchi”, Universidad Autónoma de Yucatán, Claves Latinoamericanas, 1986).

12710 Los trabajos agrarios respecto al noroeste henequenero son legión. Baste citar los estudios de Alejandra García Quintanilla, Los tiempos en Yucatán e Isaura Inés Ortiz Yam, De milperos a henequeneros. Los procesos agrarios en el Noroeste de Yucatán, 1870-1937, tesis doctoral, México, El Colegio de México, 2011.

12811 Erik Villanueva Mukul, El Henequén en Yucatán.

12912 Véase Margarita Rosales González, Oxkutzcab, Yucatán, 1900-1960. Campesinos, cambio agrícola y mercado, (México: Centro Regional de Yucatán, INAH, 1988) y Carlos Bojórquez Urzaiz, “Estructura Agraria y Maíz a Partir de la Guerra de Castas”, en Revista de la Universidad de Yucatán, (noviembre-diciembre de 1978), número 20, págs. 15-35.

130
fn13. Gilbert M. Joseph, Revolución desde afuera, págs. 56-57.

13114 Carlos Bojórquez Urzaiz, con base a una serie de documentos para la zona sur-oriental, establece la tesis de que a partir de la Guerra de Castas, dichas regiones periféricas vivieron una forma de status quo en cuanto a la privatización de las tierras comunales indígenas por parte de la sociedad blanca dominante, posibilitando con esto una forma de convivencia en una sociedad fronteriza. Véase Carlos Bojórquez Urzaiz, “Regionalización de la política agraria de Yucatán en la segunda mitad del siglo XIX”, en Revista de la Universidad de Yucatán, (mayo-agosto de 1979), número 123-124, año XXI, Vol. XXI, págs. 32-45.

13215 Véase Gabriel Aarón Macías Zapata, Cortar la orilla de la tierra. La desamortización y los pueblos de mayas pacificados de Campeche y pacíficos de Yucatán durante la Guerra de Castas, tesis que para optar por el grado de doctor en estudios mesoamericanos, México, UNAM, 2013.
.

13316 Al hablar del Sur de Yucatán, restringiré el análisis a lo que, antes del proceso de municipalización ocurrido a inicios del siglo XX, era el partido político de Peto, que abarcaba una extensa zona jurisdiccional que en el transcurso de la segunda mitad del siglo XIX, se fue reduciendo debido a la creación de la territorialidad rebelde de Chan Santa Cruz. Pueblos como Sacalaca, Sabán, Ichmul, Chunhuhub y Tihosuco, que conformaban este inmenso partido político que desembocaba hasta la Bahía de la Ascensión, se fueron perdiendo para quedar dentro de la territorialidad rebelde, reduciendo la geografía del partido de Peto y convirtiéndolo en un partido fronterizo (como los partidos de Tekax, Sotuta, Valladolid y Tizimín) que llegaría a finales del siglo XIX, a contar con pocos pueblos – la villa de Peto, Tzucacab, Tahdziu, Chacsinkín, Ekbalam, entre otros pueblos más pequeños y algunas haciendas y ranchos- cercanos a la territorialidad defendida por los de Chan Santa Cruz. El Oriente vendría a ser los partidos políticos de Valladolid, Espita y Tizimín.

13417 Rugeley comparó a la quema de los cañaverales de los primeros años de la Guerra de Castas, como “la destrucción de proporciones casi bíblicas en la zona azucarera”. Véase Terry Rugeley, “Experiencias de un oficial Imperialista en el campo yucateco. El abogado defensor de indios”, Por Esto!, “Unicornio”, (7 de mayo 1995), pp. 3-8.

13518 Posterior a la segunda mitad del siglo XIX, y como una decisión geopolítica de contener el descontento campesino, las élites regionales evitaban a toda costa cualquier violencia que pudiese desencadenar nuevas hostilidades en puntos altamente explosivos como el Sur de Yucatán. El freno a la expansión agrícola conllevó a una solidificación de los comuneros en pueblos como Santa Elena (Véase Allen Wells, y Gilbert M. Joseph, Verano del descontento, épocas de trastorno: élites políticas e insurgencia rural en Yucatán, 1876-1915, (México: Mérida, UADY, 2011, pág. 301), y desde luego, pueblos como la región de Peto. Sin embargo, esta idea es parcial, ya que olvida que las regiones fronterizas eran zonas inseguras para el capital meridano hasta antes del declive de la Montaña rebelde, que había comenzado en 1890.

13619 Por “Declive de la Montaña Rebelde”, me refiero a los últimos años que conllevaron a la “pacificación” de los rebeldes de Chan Santa Cruz en 1901 y sus repercusiones en el partido de Peto, generando una mayor confianza para las inversiones en la región. Para 1894, el número de las diezmadas fuerzas de Chan Santa Cruz se calculaba entre 3,000 y 3,500 hombres, habiendo rupturas de mando entre Chan Santa Cruz y Tulum, con migración creciente hacia Honduras Británica de una generación de cruzob distinta a la de sus padres. En ese año, dos jefes de Icaiché (del Estado de Campeche) se referían de esta manera a los de Santa Cruz: “Porque quiere el Gobierno de Mérida, estos de Santa Cruz siguen rebeldes. Ya no valen nada. Los principales han muerto; que se pongan de acuerdo el Gobierno de Mérida con el de Campeche y que nos manden a nosotros a concluir con ellos”. (Burkhard Wilhelm, (coordinación e introducción), ¿Indios rebeldes? El fin de la Guerra de Castas en Yucatán vista por El Estandarte de San Luis Potosi, (México: San Luis Potosí, Editorial Lascasiana, 1997, pág. 40). Sin embargo, la defensa “numantina” que hicieron las pocas tropas de Chan Santa Cruz a las huestes mexicanas de Ignacio Bravo, desmentiría en gran medida este relajamiento militarista de los hijos de la Cruz Parlante.

13720 Manuel Cirerol y Canto (1840-1924), fue gobernador de Yucatán (1870-1872). Político y empresario nacido en Mérida y fallecido en Tacubaya, Ciudad de México. Era abogado, de tendencia liberal, y para el caso que nos incumbe, “dio relieve a la industria azucarera en Yucatán, trayendo de Cuba técnicos y prácticas modernas para el cultivo de la caña y producción de azúcar. Estableció el ingenio Catmís…” Yucatán en el tiempo. Enciclopedia alfabética, T. II, pág. 238.

13821 Víctor M. Suárez Molina, La evolución económica de Yucatán. A través del Siglo XIX (t I), (Mérida: Ediciones de la Universidad de Yucatán, 1977), págs. 170-173.

13922 Existe pocas referencias sobre la vida de Arturo Cirerol Villamil, salvo que fue el séptimo hijo de Manuel Cirerol y Canto con María Amada Villamil y Rodríguez. Nació, al parecer, posterior a 1871. Trabajó en la finca Catmís de su padre como hemos visto, se casó con Dolores Meneses y Ramos. Véase José María Valdés Acosta, A través de las centurias. Historia genealógica de las familias yucatecas. Tomo III, (Mérida Yucatán: E. G Triay e Hijos, 1931), pág. 287. En 1913, el jefe político de Peto, Máximo Sabido, lo acusaría de graves delitos como el practicar el “derecho de pernada” en la región, validándose del compadrazgo que sostenía con el jefe político de Peto que ostentaba el cargo en marzo de 1911, el coronel Casimiro Montalvo Solís. Apresado y llevado a Mérida en tren, a los pocos días salió libre.

14023 Me refiero a la rebelión petuleña de 1911, trabajado tanto por Allen Wells, y Gilbert M. Joseph, Verano del descontento, Raquel Padilla Ramos, Los irredentos parias. Los yaquis, Madero y Pino Suárez en las elecciones de Yucatán, 1911, (México: INAH, 2011), Martha Medina Un, Lucila, El movimiento popular en Yucatán 1897-1918, tesis de licenciatura, Mérida, Facultad de Ciencias Antropológicas-Universidad Autónoma de Yucatán, 1991, Oswaldo Baqueiro Anduze, La ciudad heroica: historia de Valladolid, Yucatán, (Mérida Yucatán: Maldonado Editores del Mayab, 1999), entre los más relevantes.

14124 Por sus características enmarcadas a lo local, los dos conflictos agrarios de 1892 y 1894 en la Villa de Peto, los clasifico como sublevaciones campesinas por el espacio reducido de sus acciones aisladas. Respecto al conflicto de 1911, la considero una rebelión con todos sus tintes (que sale del marco local, se conectan con otros conflictos y se regionaliza) porque tuvo relación con Mérida y porque en el discurso de los campesinos petuleños hacían uso del discurso de los “revolucionarios” invocando el nombre de Francisco I. Madero y declarándose “revolucionarios”.

14225 En otra subregión del Yucatán de la segunda mitad del siglo XIX, Rugeley (Véase Terry Rugeley, “Valladolid: Una ciudad, una región, una guerra”, en Jorge Canto Alcocer y Terry Rugeley (coord.), Ventana de Zací: otras miradas de la Guerra de Castas, (Valladolid, Yucatán, México: Universidad del Oriente, 2013), págs. 59-62) bautizó al partido de Valladolid como el “Partido de Guerra”, y de Valladolid saldrían esclavistas como Agustín Acereto; así como generales imperialistas como Felipe Navarrete, Francisco Cantón y Daniel Traconis, los cuales combatirían desde los primeros momentos a los rebeldes de Chan Santa Cruz. El partido de Peto, aunque daría coroneles como Diego Vázquez, de algún modo sería otro Partido de Guerra, aunque en menor escala, y esto lo digo porque la mayor parte de sus finqueros durante la segunda mitad del siglo XIX, eran antiguos veteranos de la guerra de castas que decidieron labrar la tierra sureña, sin descuidar la defensa del partido. Y si no un partido de guerra propiamente, sí sería un partido militarista por la experiencia sostenida de las armas de sus hombres.

14326 Víctor M. Suárez Molina, La evolución económica de Yucatán, pág. 173.

14427 “Radiografías de Yucatán. Tzucacab lucha por reponerse de la pérdida de sus tres ingenios”, Diario de Yucatán, 28 de septiembre de 1981.

14528 Sobre Oxkutzcab, véase Margarita Rosales González, Oxkutzcab, Yucatán, 1900-1960. Campesinos, cambio agrícola y mercado, (México: Centro Regional de Yucatán, INAH, 1988).

14629 No me refiero, por supuesto, a Tzucacab, central chiclera como Peto, sino a pueblos sujetos jurisdiccionalmente a este último. En un informe sobre las elecciones de comisario del año de 1934 en los pueblos de Peto, Xcanteil, Progresito, Dzonotchel, Tahdziu, Tixualahtún, Yaxcopil y Xpechil, se pudo comprobar el contraste entre el ejido de Peto y los ejidos de los demás pueblos de su jurisdicción: mientras en el resto se verificaron las elecciones sin nada que señalar, en Peto sí se verificaron pero de los 790 ejidatarios, sólo asistieron 96 para ese principio de agosto de 1934, en lo mejor de las lluvias en la Montaña chiclera. El ingeniero del Departamento Agrario hizo notar “la forma tan desintegrada en que se encuentra el elemento ejidatario” en el pueblo de Peto. RAN, Mérida, carpeta Dotación, Dzonotchel, expediente 23/99, foja 46.

14730 De hecho, la recopilación de Wilhelm sobre el fin de la Guerra de Castas inicia para estos años. Véase Burkhard Wilhelm, (coordinación e introducción), ¿Indios rebeldes? El fin de la Guerra de Castas en Yucatán vista por El Estandarte de San Luis Potosi, (México: San Luis Potosí, Editorial Lascasiana, 1997).

14831 Para Katz: “De 1884 a 1910, se produjo un crecimiento económico extremadamente rápido y el concomitante desarrollo de un Estado mexicano fuerte y centralizado. Como consecuencia, se generaron tensiones de tipos completamente nuevos en la periferia, mientras los conflictos sociales del centro del país adquirían una nueva dimensión”. Podemos decir, que los dos motines de la década de 1890 que trabajaré en este artículo, fueron respuestas campesinas a los intentos de los nuevos tiempos regionales y nacionales de llevar a la práctica el sistema capitalista en la región, que fue cortada en 1847 –año de la rebelión indígena- en la región de Peto, pero que para esas fechas comenzó a reactivarse con la industria de la caña. Las respuestas, el descontento de la región, no se hicieron esperar. Véase Friedrich Katz, , La servidumbre agraria en México en la época porfiriana. (1 ed. 1980) (México: ERA., 2010), pág. 460.

14932 “30 de Julio”, La Razón del Pueblo, 30 de julio de 1890.

15033 El 31 de marzo de 1887, el gobierno yucateco decretó que el 30 de julio sería en adelante día de duelo para el Estado, “en conmemoración de la guerra de bárbaros”. El 24 de julio de 1892, otra orden estatal declaraba que han merecido bien del Estado, “los que murieron” en la guerra de castas, y condecoraba “a los que tomaron parte en ella y viven aún”. Véase Ponce y Font, Bernardo, Indice General, Por Orden de Materias, de Las Colecciones de Leyes del Estado de Yucatán, Formadas por D. Eligio Ancona y D. Antonio Cisneros Cámara, Escrito y ordenado, con autorización del Gobierno del Estado, por el Lic. Bernardo Ponce y Font. Del 1º de noviembre de 1850 al 31 de diciembre de 1896, Mérida, Tipografía de Gil Canto, 1902, págs. 109 y 412.

15134 “La caña de azúcar”. Boletín de Estadística. Órgano de la Dirección General de este ramo en el Estado de Yucatán, Mérida, 1 de junio de 1894.

15235 Para 1895, Manuel Cirerol estaba denunciando antiguas tierras del pueblo de Xpechil en calidad de baldías y, los de Xpechil alegaban, “que si bien las habían despoblado por la presencia de indios rebeldes en esa zona, ya estaban de nuevo en ellas, a pesar de las incursiones de los sublevados, por lo que solicitaban su legalización”. Véase Pedro Bracamonte y Sosa, “La jurisdicción cuestionada y el despojo agrario en el Yucatán del siglo XIX”, Revista Mexicana del Caribe, Vol. V, Núm. 010, México, (2000), pág. 165-166.

15336 De hecho, en las relaciones de fincas del partido, existe la finca Sisbic, al sur de la Villa de Peto.

15437 “Un viaje de Ticul a Peto”, por Benjamín Cuevas. 16 de junio de 1894”. La Revista de Mérida, 1 de julio de 1894.

15538 Boletín de Estadística, 1 de octubre de 1894.

15639 La panocha es la panela, “pero en forma de segmentos de esfera”. Véase Guido Gómez de Silva, Diccionario breve de mexicanismos, (México: Academia Mexicana-Fondo de Cultura Económica, 2005, pág. 164.

15740 Boletín de Estadística, 16 de abril de 1895.

15841 El 4 de diciembre de 1895, El Estandarte de San Luis Potosi refería de la campaña que el gobierno porfirista había iniciado contra el bastión rebelde de Chan Santa Cruz, que “Por Peto, todos los puntos y cantones avanzados están bajo la vigilancia inmediata del General D. Lorenzo García, Jefe de la 12ª Zona Militar”. En Tihosuco, el veterano de la guerra de castas, el general Daniel Traconis, hacía lo mismo. En esos dos puntos se encontraban fuerzas del 6º y 22º Batallones y de Guardia Nacional”. Véase Burkhard Wilhelm, (coordinación e introducción), ¿Indios rebeldes? El fin de la Guerra de Castas, pág. 72. * El total de la producción en el Estado para 1899, fue de 4, 4993,627 litros. De los 359,700 litros elaborados en todo el partido, Peto aportaba el 8.0 de la producción anual de aguardiente.

15942 El henequén se da en las regiones pedregosas del noroeste de Yucatán, aunque algunas fincas de Peto, como Aranjuez, producían pocos mecates de henequén a principios del siglo XX.

16043 Véase Isaura Inés Ortiz Yam, De milperos a henequeneros. Los procesos agrarios en el Noroeste de Yucatán, 1870-1937, tesis doctoral, México, El Colegio de México, 2011.

16144 M* Mecates.

16245 ha* Hectáreas.

16346 Véase Víctor M. Suárez Molina, La evolución económica de Yucatán, pág. 171. Sobre Peón, véase Marisa Pérez de Sarmiento, Las razones de la “alternancia”: el relevo de los gobernadores en Yucatán, 1876-1901, (México: Instituto Mora, 2008), pág. 180-194, y sobre todo, Hernán R.Menéndez Rodríguez, Iglesia y poder. Proyectos sociales, alianzas políticas y económicas en Yucatán (1857-1917), (México: CONACULTA, Colección Regiones, 1995).

16447 Véase Marie Lapointe, Historia de Yucatán. Siglos XIX-XX, (México: Ediciones de la Universidad Autónoma de Yucatán, 2008), pág. 44.

16548 En una descripción de la Villa de Peto del año de 1894, se señalaba lo siguiente: “Chan Santa Cruz, cuartel principal de los rebeldes, solo dista de aquella población treinta y tres leguas hacia el oriente, tocando los pueblos yermos de Sabán y Kampocolché; el puerto de la Ascensión dista de este punto treinta legas y Bacalar veinte. Hecha esta descripción fácilmente se comprende, que aquella localidad se encuentra en inminente peligro de invasión de los bárbaros”. “Un viaje de Ticul a Peto”, por Benjamín Cuevas. 16 de junio de 1894. La Revista de Mérida, 1 de julio de 1894.

16649 Con la Orden del 29 de septiembre de 1891 para la desamortización de terrenos ejidales, las respuestas no se harían esperar: ese año los de Maxcanú, pueblo de las estribaciones de la Sierra Alta, se opondrían, y para agosto de 1892, los petuleños harían lo propio, pero con denuncios de “baldíos”. La ley Federal del 26 de marzo de 1894, pese a que reservó algunas tierras baldías y nacionales para bosques y para los indios “nómadas” de Yucatán, al final de cuentas declaraba ilimitada la extensión de tierras baldías adjudicables y suprimía la obligación de colonizarlas, contribuyendo así al fortalecimiento del latifundio.

16750 Sobre la etapa individualizadora de tierras anterior a 1847, cfr. Patch (1990), así como se puede verificar, para el partido de Peto, el Libro Copiador de los Registros de las denuncias de terrenos baldíos consecuente al artículo 1º del acuerdo de la excelentísima asamblea departamental del 7 de diciembre de 1844 Véase Joji Hatsutani, Registro de anotaciones de las denuncias de terrenos baldíos, consecuente al art. Primero del Acuerdo de la Excelentísima Asamblea Departamental del 5 de 1844. (Informe de investigación: transcripción del documento histórico), (Mérida: Universidad Autónoma de Yucatán, Centro de investigaciones “Dr. HideyoNoguchi”, Unidad de ciencias sociales, 1998).
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16851 Siguiendo los trabajos de García Quintanilla (2000), Ortiz Yam hace una distinción necesaria entre el concepto tierra y el concepto monte. Dice que las defensas que hacen los campesinos de finales del siglo XIX –toca de pasada la rebelión de Maxcanú de 1891- no es la tierra como en otras partes, sino el monte, mucho más abarcador en la ecología del sistema milpero en Yucatán. Aunque concuerdo en esta apreciación, sin duda discrepo de sus apreciaciones en el sentido de que las revueltas campesinas de finales del siglo XIX, no significaban el ir en contra de la propiedad individual sino en la restricción que esta le daría para acceder al “monte”. La distinción francamente me parece superflua si estamos de acuerdo en la idea de que la defensa de los ejidos de los pueblos era la defensa de la propiedad comunal frente a los procesos de división de los ejidos que los estudios de las rebeliones nos indican. Véase Isaura Inés Ortiz Yam, De milperos a henequeneros, pág. 292.

16952 Véase Marie Lapointe, Historia de Yucatán, pág. 44.

17053 Del número total de arrobas de azúcar (52,289 arrobas) que produjo en 1892 el partido de Peto, los ranchos Caxaytuk y Catmís, ambos de Manuel Cirerol encontrados en la municipalidad de Tzucacab, producían ambos 20,000 arrobas cada uno. Ni Nicolás Borges, con 6,000 arrobas de azúcar que salían de su hacienda Suná, ni Juan Antonio Pérez Gálvez, que igual producía 6,000 hectáreas, se comparaban con la producción de Manuel Cirerol. Sin embargo, para esos años el índice de peonaje para sus fincas (Caxaytuk tenía 25 sirvientes; Catmís 24) era bajo como en todo el partido (379). No obstante, en Cayaxtuk vivían 79 hombres y 70 mujeres; y en Catmís 47 hombres y 40 mujeres. AGEY, Poder Ejecutivo, sección Ayuntamiento, c. 274 (1892).

17154 Antes incluso de la “pacificación” de los de Chan Santa Cruz, Sierra Méndez tenía extensas concesiones en Cozumel e Isla Mujeres y en otros puntos como la región del río Hondo. Véase Macías Richard, Carlos, Nueva frontera mexicana. Milicia, burocracia y ocupación territorial en Quintana Roo (1902-1927), (México: UQROO-Conacyt, 1997).

17255 Sobre Maxcanú, véase Soler Leticia Dos Santos, “El levantamiento indígena de Maxcanú, Yucatán, 1891-1892”, en Katz, Friedrich (dirección e introducción), Porfirio Díaz frente al descontento popular regional 1891-1893, (México: Universidad Iberoamericana, 1986).
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17356 “Los ejidos de Yucatán”. El Eco del Comercio, 13 de octubre de 1891.

17457 Sobre esta ley, véase Manuel Fabila, Cinco siglos de legislación agraria en México, 1493-1940, (México: Banco Nacional de Crédito Agrícola, S.A, 1941), págs 131-135.

17558 Véase Manuel Fabila, Cinco siglos de legislación, págs. 202-203.

17659 Desde la primera mitad del siglo XIX, y más todavía con la Guerra de Castas, así como con la desaparición el 12 de septiembre de 1868 de las repúblicas indígenas, el poder de ayuntamientos, juntas municipales y jefaturas políticas eran dominados en Yucatán por población no indígena. En la segunda mitad del siglo XIX, los milperos, como ha apuntado Ortiz Yam “resintieron la ausencia de las experimentadas repúblicas indígenas” que los habían representado y defendido desde la época colonial. Véase Isaura Inés Ortiz Yam, De milperos a henequeneros, pág. 93.

17760 Véase Terry Rugeley, “Valladolid: Una ciudad, una región, una guerra”, en Jorge Canto Alcocer y Terry Rugeley (coord.), Ventana de Zací: otras miradas de la Guerra de Castas, (Valladolid, Yucatán, México: Universidad del Oriente, 2013), pág. 49.

17861 Coincido con las apreciaciones apuntada por González Navarro, acerca de que las varias disposiciones para medir y distribuir los ejidos de los pueblos en la segunda mitad del siglo XIX entre las cabezas de familia, no fue de fácil cumplimiento, y que pese a la insistencia jurídica del proceso individualizador en Yucatán, todavía al finalizar el siglo XIX subsistían algunos terrenos comunales que eran motivos de discordias. Véase Moisés González Navarro, Raza y tierra. La guerra de castas y el henequén, (México: El Colegio de México, 1979), pág. 191.

17962 En la investigación de archivos en el segundo semestre de 2011 para la tesis doctoral sobre el partido de Peto, me fue imposible consultar este repositorio.

18063 Véase Inés Ortiz Yam, De milperos a henequeneros, pág. 91. Para un ejemplo de esta distinta respuesta al reparto de ejidos, el 9 de abril de 1915, los labriegos del pueblo de Umán alegaban que, después de haber “estudiado con la mayor atención” la ley agraria del 6 de enero de 1915, llegaron a la conclusión que estaban conformes con la repartición de ejidos que en 1908 se efectuó en el pueblo de Umán, y exponían al gobernador que renunciaban al beneficio de un nuevo reparto “que nos traería consecuencias funestas y perjuicios de alta consideración, perdiendo el dominio de los lotes tan justamente adquiridos y tan favorablemente cultivados”. Por los indicios de la mayoría de los apellidos de los que signaban la carta, esta petición la exponía no el segmento indígena de Umán. “Los vecinos de Umán renuncian a la repartición de tierras”. La Voz de la Revolución, 2 de junio de 1915.

18164 Inés Ortiz Yam, De milperos a henequeneros, pág. 92.

18265 Inés Ortiz Yam, De milperos a henequeneros, pág. 86.

18366 “Vecinos de la villa de Peto solicitan reparto de ejidos” (1904), en Inés Ortiz Yam, De milperos a henequeneros.

18467 Diario Yucateco, 4 de marzo de 1911.

18568 Véase Inés Ortiz Yam, De milperos a henequeneros.

18669 Esta es una de las ideas que plantea no sólo Wells y Joseph (2011), sino hasta Savarino (1997).

18770 AGEY, Poder Ejecutivo, sección Ayuntamiento, c. 274 (1892); Censo y división territorial del Estado de Yucatán, 1900.

18871 Y de hecho, con base al conocimiento de la región y de los antecedentes del siglo XIX, algunas “fincas rústicas” que aparecen en el Censo de 1900, en realidad eran parajes o sitios trabajados por familias mayas.

18972 El Censo de 1900 establece un número de 64 fincas rústicas para el partido de Peto.

19073 En una tesis doctoral sobre el partido de Peto que actualmente estoy realizando, señalo que un factor importante para que el índice de peonaje se haya agrandado en menos de una década, se debió a que el partido se volvió una frontera de guerra desde 1895, agudizada la presencia militar desde finales de1898: frente a la posibilidad de ser alistados a la Guardia Nacional para combatir a los rebeldes de Santa Cruz, ¿no podemos ver el índice de peonaje que creció de 1892 a 1900 en el partido, como una estrategia de sobrevivencia de los campesinos? Lapointe apuntó que la seguridad de la hacienda prestaba a los trabajadores permanentes acceso al agua de los pozos, a la comida, a la madera para cocer los alimentos y, sobre todo, “la posibilidad de ser exonerados del servicio militar contra los mayas rebeldes”. Véase Marie Lapointe, Historia de Yucatán, pág. 50.

19174 En trabajos como el de Savarino (1997) y el de Inés Ortiz Yam, De milperos a henequeneros se señalan esta existencia de pueblerinos trabajando en fincas rústicas por temporadas. Estos obviamente que no eran “peones” sino trabajadores temporales. El análisis de datos proporcionados por historias orales en la villa de Peto, me han señalado que, en fincas como Catmís, no todos eran “peones”, pero que muchos pueblerinos de Peto trabajaban en temporadas de zafra.

19275 AGEY, Poder Ejecutivo, sección Ayuntamiento, c. 274 (1892); Censo y división territorial del Estado de Yucatán, 1900.

19376 En 1890, en el partido de Peto habían 8 fincas rústicas cuyos propietarios tenían apellidos indígenas. Cinco de estas fincas producían sólo maíz; dos más producían caña y maíz; y una más se dedicaba a la siembra de maíz y cría de ganado. Véase “Cuadro relativo a las fincas rurales del partido de Peto, según datos enviados por la jefatura del mismo”. La Razón del Pueblo, 13 de octubre de 1890.

19477 Al respecto, véase Quintal, Ella Fanny et al , “Solares, rumbos y pueblos: organización social de los mayas peninsulares”, en Saúl Millán y Julieta Valle coordinadores, La comunidad sin límites. Estructura social y organización comunitaria en las regiones indígenas de México, volumen I, (México: INAH., 2003), págs. 291-382.

19578 Véase Inés Ortiz Yam, De milperos a henequeneros, pág.136. La autora trabajó los partidos que fueron henequeneros: Mérida, Izamal, Motul, Maxcanú, Temax, Tixkokob, Acanceh y Progreso.

19679 Gilbert M. Joseph, “Para repensar la movilización revolucionaria en México: Las temporadas de turbulencia en Yucatán, 1909-1915”, en Gilbert M. Joseph y Daniel Nugent (compiladores), Aspectos cotidianos de la formación del Estado, México, ERA, (2002), págs. 153.

19780 En la tesis doctoral que escribo sobre el partido de Peto, he ahondado en esta señalización militarista de los pueblerinos de la segunda mitad del siglo XIX, quienes trabajaban la tierra con “el azadón en una mano, y con el fusil en la otra”. En su estancia en Peto en junio de 1894, Benjamín Cuevas habló de ese “carácter marcial” de la población por vivir en el peligro, y logró observar que el pueblo contaba con “aquellas memorables trincheras que más de una vez rechazaron al enemigo”. “Un viaje de Ticul a Peto”, por Benjamín Cuevas. 16 de junio de 1894”. La Revista de Mérida, 1 de julio de 1894.

19881 Como bien ha apuntado Terry Rugeley, en 1855 la Reforma Liberal federal había llegado al Mayab, y teóricamente esta Reforma de los liberales había abolido la propiedad corporativa (el de la iglesia o de las comunidades indígenas, estatuyendo un orden socio-económico basado en la propiedad privada). Sin embargo, en la práctica esta Reforma Liberal tuvo poco efecto en Yucatán, “el gobernador Santiago Méndez horrorizado por el espectro de otra Guerra de Castas, específicamente prohibió su aplicación en el caso de los terrenos ejidales”. El proyecto de división de los ejidos comunales en parcelas tuvo que esperar al Porfiriato Véase Terry Rugeley, “Valladolid: Una ciudad, una región, una guerra”, en Jorge Canto Alcocer y Terry Rugeley (coord.), Ventana de Zací: otras miradas de la Guerra de Castas, (Valladolid, Yucatán, México: Universidad del Oriente, 2013), pág. 57.

19982 Véanse diversas fechas de La Razón del Pueblo iniciadas a partir del 29 de agosto de 1892; así como artículos aparecidos en El Eco del Comercio en las mismas fechas. También se puede consultar: AGEY, Poder Judicial del Estado de Yucatán, sección 02 Departamento Judicial de Tekax, serie 2º Juzgado de primera instancia de Tekax, c. 38 (1892).

20083 Véase “Conflagración en Peto”. La Revista de Mérida, 11 de octubre de 1894, y fechas sucesivas. También consúltese “Sucesos de ayer”, por Adriano L. Sosa, La Voz del Sur. Órgano popular al servicio de las comunidades sureñas, Tekax, Yucatán, 30 de septiembre de 1943.

20184 Comprende los pueblos Dzi, Dzonotchel, Chacsinkín, Ekbalam, Xpechil, Progreso Nohcacab, Tahdziu, Tixhualahtún, Tzucacab y Xoy.

20285 El estudio de García Quintanilla (1986) señala la aparición del hombre, no del maíz, sino el hombre del henequén cuando los procesos económicos instaurados por el auge henequenero cimbraron las estructuras sociales y económicas de Yucatán. El hombre del maíz subsistió no sólo en el área que señala García Quintanilla (la zona rebelde cruzoob), sino también en la zona Sur del Estado de Yucatán, la región de Peto, así mismo, en la región de Valladolid y de Yaxcabá.

20386 Véase las descripciones de las haciendas henequeneras dadas por Karl Kaerger, Arnold y Frost, así como Baerlein, que fueron compiladas por Katz (2010).

20487 Véase Allen Wells y Gilbert M. Joseph, Verano del descontento, principalmente el capítulo VI. Así mismo, Piedad Peniche Rivero, La historia secreta de la hacienda henequenera de Yucatán. Deudas, migración y resistencia maya (1879-1915), (México: AGN-Instituto Cultural de Yucatán, 2010)64-70).

20588 Con la aparición del “absolutismo jurídico” a base de códigos que no reconocían más reglas que las fijadas por el Estado, Ortiz Yam asegura que “las apelaciones y súplicas de los milperos de la segunda mitad del siglo XIX eran escuchadas, pero no fueron resueltas por las autoridades locales y federales a las que estaban dirigidas”. Véase Inés Ortiz Yam, De milperos a henequeneros, pág. 100.

20689 En un trabajo pionero sobre esta idea de la difuminación de la sociedad maya del noroeste henequenero, Pintado Cervera (1982) ya había hablado de la “pérdida de la indianidad” durante el proceso henequenero, así como de la pulverización de la comunidad indígena en esa zona.

20790 Allen Wells, y Gilbert M. Joseph, Verano del descontento.

20891 En una visión geográfica amplia, Maxcanú sería una periferia en 1891, aunque después sería comido por el henequenal.

20992 De hecho, Nohcacab (el actual pueblo de Santa Elena, cercano a Ticul) es uno de estos pueblos de frontera que como nos lo ha señalado Güémez y Machuca (2011) fue donde se desencadenó el “prefacio inédito de la Guerra de Castas”, pocos años antes de 1847. Arturo Güémez Pineda, “La rebelión de Nohcacab, prefacio inédito de la Guerra de Castas”, en Saastun. Revista de Cultura maya, año 0 Número 2, (agosto 1997), págs. 51-79 y Laura Machuca Gallegos, Un desorden de consideración y trascendencia: Los mayas y los acontecimientos de Nohcacab, Uxmal y Chetulix en 1843, Laura Machuca Gallegos estudio introductorio, transcripción y notas; Carmen Méndez Serralta, transcripción; (México: CIESAS, Fondo Mixto Conacyt- Gobierno del estado de Yucatán, 2011).

21093 Me refiero a los años del “verano del descontento”, es decir, a levantamientos rurales a finales del porfiriato y antes de la llegada de Salvador Alvarado en 1915 a Yucatán, analizados por Allen Wells, y Gilbert M. Joseph, Verano del descontento.

21194 Sobre estas motivaciones conscientes de las masas campesinas, Guha ha señalado, que para comprender en su justa dimensión las rebeliones campesinas, debemos tener consciente que toda insurgencia campesina se entiende mejor si apuntamos que los campesinos tienen “demasiado en juego y no iban a lanzarse a la rebelión excepto como una manera deliberada aunque fuera desesperante, de salir de una existencia intolerable”, y que toda insurgencia campesina es “una empresa motivada y consciente llevada a cabo por las masas rurales”. Véase Ranajit Guha, “La prosa de contrainsurgencia”, en Saurabh Dube (comp.), Pasados Poscoloniales, México, El Colegio de México, (1999), págs. 160-161.

21295 Gilbert M., Joseph, Revolución desde afuera y Allen Wells, y Gilbert M. Joseph, Verano del descontento.

21396 Véase Martha Lucila Medina Un, El movimiento popular en Yucatán 1897-1918, tesis de licenciatura, Mérida, Facultad de Ciencias Antropológicas-Universidad Autónoma de Yucatán, 1991.
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21497 Véase Franco Savarino Roggero, Pueblos y nacionalismo, del régimen oligárquico a la sociedad de masas en Yucatán, 1894-1925, (México: Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, 1997), pág. 303.

21598 Para enero de 1924, los aguerridos hombres de Kanxoc, pueblo autónomo de la frontera oriental, se habían levantado en armas dirigidos por su comisario municipal socialista, de origen sureño, y al grito de que “no se dejara con vida a ningún blanco”, causaron el temor entre los blancos de Valladolid, y se batieron en armas con un piquete de soldados mandados por los delahuertistas para contenerlos. “Una columna de caballería fue a batir a los rebeldes de Kanxoc”. La Revista de Yucatán, 5 de enero de 1924. La reacción socialista ante la caída y posterior asesinato de Felipe Carrillo Puerto, provendría también de otros pueblos de frontera como el Opichén de Braulio Euán, las acciones de Santiago Biana comandando a socialistas inconformes por el rumbo de Tinum y Uayma para febrero de 1924, las perturbaciones del “orden” en Sotuta para el mismo febrero, así como el levantamiento de Elías Rivero en la villa de Peto, que duraría más de dos meses, contra las tropas delahuertistas, así contra los “liberales” del pueblo que llegaron al poder después del golpe de estado contra Carrillo Puerto. cfr. diversas fechas de enero y febrero de 1924 de La Revista de Yucatán. Sobre la rebelión delahuertista, véase la crónica de Faulo Sánchez Novelo, La rebelión delahuertista en Yucatán, (Mérida: Talleres Gráficos del Sudeste: Diario del Sureste, 1991).
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21699 Para fines de 1935, los vecinos del pueblo de Kiní, del departamento de Motul, de la zona henequenera, le externaron al presidente Lázaro Cárdenas sus pareceres sobre la dotación definitiva de ejidos para Kiní, dictada el 23 de abril de 1925. De las 3012 hectáreas de tierra para el ejido de Kiní, se tomarían de las fincas comarcanas, entre ellas, de la hacienda Sacapuc, afectada con 422 hectáreas, 32 áreas, setenta y siete centiáreas. Los de Kiní alegaban que esta afectación a Sacapuc para conformar el ejido de ese pueblo no les convenía a ellos debido a que Sacapuc tenía poca extensión para los henequenales. Los de Kiní decían: “Y esto, que perjudica a dicha finca, nos perjudicará también a nosotros, pues de llevarse a cabo, no podrá suministrarnos trabajo, como lo ha venido haciendo. Nosotros no queremos que se nos dé Henequenales, que no podemos cultivar, sino que se nos de tierras para nuestras milpas, sin perjudicar a la finca ‘Sacapuc’, para que ésta pueda continuar proporcionándonos trabajo, que hoy es difícil de obtener”. Los de Kiní decían al presidente que repartió los henequenales, que los del pueblo de Dzemul igual habían ocurrido a la misma petición para que no tocaran a la finca Sacapuc. Días después, los del comisariado ejidal de Kiní manifestarían a Cárdenas que no estaban de acuerdo con la petición que hacía este “grupo de ejidatarios” de Kiní al servicio de la Hacienda Sacapuc. AGN, Fondo Lázaro Cárdenas, c. 0254, exp. 404/3418, y AGN, Fondo Lázaro Cárdenas, c. 0254, exp. 404/3418.

217100 RAN, Mérida, poblado Xcanteil, Municipio Peto, carpeta Dotación, exp. 176, f. 84. El subrayado es mío.

218101 Inés Ortiz Yam, De milperos a henequeneros, pág. 130.

219102 Miguel Vidal Rivero, Los ferrocarriles de Yucatán a la luz de la historia, (Mérida: Zamná. Villalobos González, Martha Herminia, 1951), pág. 39.

220103 cfr. AGEY, Poder Judicial del Estado de Yucatán, sección Departamento judicial de Tekax, proceso instruido a Cancionilo Muñoz y socios por los delitos de robo, asonada y destrucción de la propiedad ajena por incendio, perpetrados en la Villa de Peto, serie juzgado de primera instancia de Tekax, c. 83 (1915).

Para citar este artículo :

Gilberto Avilez Tax, « La región de Peto a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX: paisajes rurales de los hombres de las fronteras », Boletín AFEHC N°62, publicado el 04 septiembre 2014, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=3820

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