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AFEHC : articulos : Francois Chevalier y los grandes latifundios: algunas aportaciones de una obra maestra en el contexto de dos tradiciones analíticas : Francois Chevalier y los grandes latifundios: algunas aportaciones de una obra maestra en el contexto de dos tradiciones analíticas

Ficha n° 3821

Creada: 26 diciembre 2014
Editada: 26 diciembre 2014
Modificada: 11 enero 2015

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Autor de la ficha:

Alejando TORTOLERO VILLASEÑOR

Editor de la ficha:

Laura MACHUCA

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Francois Chevalier y los grandes latifundios: algunas aportaciones de una obra maestra en el contexto de dos tradiciones analíticas

La principal obra de Francois Chevalier, La formación de los grandes latifundios, fue un parteaguas en la historia de México sobre todo por su capacidad de sintetizar temas de historia y de abrir nuevas perspectivas. El objetivo es mostrar que si bien la representación que emerge de la obra de Chevalier sobre el campo mexicano es novedosa, también se inserta en una corriente de análisis que veía al campo mexicano sumido en el atraso por la ineficiencia de las grandes propiedades. Las referencias de Chevalier a este asunto son variadas y sorprenden porque si bien el autor menciona en numerosas ocasiones su deuda intelectual con su maestro Marc Bloch, en cambio se disocia de su maestro en su análisis de las grandes propiedades como portadoras del cambio.
Palabras claves :
François Chevalier, Historiador, Haciendas
Autor(es):
Alejandro Tortolero Villaseñor
Texto íntegral:

1 La principal obra de Francois Chevalier, La formación de los grandes latifundios, fue un parteaguas en la historia de México por diversas razones pero a mi juicio una de las principales fue su capacidad de sintetizar temas de historia y de abrir nuevas perspectivas basándose en un método donde la etnohistoria, la historia comparativa y la incorporación de fuentes hacen del trabajo un referente obligado. Mi objetivo en este trabajo es mostrar que si bien la representación que emerge de la obra de Chevalier sobre el campo mexicano es novedosa, también se inserta en una corriente de análisis que veía al campo mexicano sumido en el atraso por la ineficiencia de las grandes propiedades.

2 Las referencias de Chevalier a este asunto son variadas y sorprenden porque si bien el autor menciona en numerosas ocasiones su deuda intelectual con su maestro Marc Bloch, en quien se inspira para el estudio de las grandes propiedades y en su utilización del método regresivo y comparativo, en cambio se disocia de su maestro en su análisis de las grandes propiedades como portadoras del cambio1. En efecto, Marc Bloch desde Los Caracteres Originales de la Historia Rural Francesa (1931), vinculaba deliberadamente innovación económica, liberalismo e individualismo agrario, dentro del marco de las grandes explotaciones cerealeras del Norte y del Este de Francia.

3En Francia se consideró durante mucho tiempo, como bien lo muestra Jean Marc Moriceau que el marco de la gran explotación era el modelo privilegiado para el progreso en la agricultura: los fisiócratas desde el siglo XVIII, luego los economistas liberales y los marxistas lo han repetido. Únicamente la tenencia de un importante capital agrícola (tren de siembra, stocks, liquidez, créditos, etc.) permitía enfrentar los imprevistos, tomar iniciativas, diversificar la producción y responder en el momento adecuado a la demanda de los mercados de consumo, en particular de las grandes ciudades. En esta supuesta capacidad de adaptación y de la importancia de los márgenes dejados al trabajador agrícola consistiría la superioridad de la gran explotación.

4 ¿Por qué, entonces, Chevalier se aleja de este análisis cuando señala que los grandes hacendados mexicanos se preocupaban poco por las viles ganancias y que la hacienda era un barril sin fondo? ¿Por qué desestima la tradición francesa de análisis de la gran propiedad que va desde los fisiócratas hasta Marc Bloch y que había construido una imagen diferente a la de Chevalier sobre la gran propiedad?

5Me parece que la respuesta está en la tradición de análisis que, a diferencia de la francesa, existía como dominante en México en la época en que Chevalier escribe su historia agraria. El mismo Chevalier señala que cuando su maestro Bloch acepta su tesis doctoral lo hace leer a un geógrafo norteamericano, Mac Bride, quien lo introduce en esta tradición2.

6 Por ello en la primera parte de este trabajo explico la tradición analística francesa en la que se inserta la obra de Chevalier y en la segunda el contexto mexicano que sirve de laboratorio de análisis a los trabajos de este historiador francés y que se resumen en señalar la ineficiencia de la gran propiedad. En la tercera hago un breve recuento del eco de estas tesis en México y en Latinoamérica.

El maestro: Marc Bloch , su escuela y su influencia en América Latina

7Las referencias a la forma en que Marc Bloch inspira el trabajo de Chevalier son constantes y van desde la comparación hasta la historia regresiva, que ayuda a comprender el presente por el pasado y viceversa. Bloch, enseñó a Chevalier a observar el terreno a partir de planos, catastros y fotografías aéreas; a mirar las formas y el tamaño de los campos y las parcelas; a entender la disposición de las casas campesinas, los tipos diversos de paisajes rurales y “naturalmente por detrás los hombres que hicieron todo3”. Para Chevalier, Bloch fue, “el maestro en la historia de la tierra y de los que la trabajan” y por ello nunca deja de señalar su agradecimiento a este historiador. Aún más el propio Bloch, invitaba a la comparación cuando al hablar del señorío, introducía a la hacienda mexicana que, como la propiedad señorial europea, tenía un propietario con su población sujeta4.

8Sin embargo, Marc Bloch desde Los Caracteres Originales de la Historia Rural Francesa (1931), vinculaba deliberadamente innovación económica, liberalismo e individualismo agrario, dentro del marco de las grandes explotaciones cerealeras del Norte y del Este de Francia5. Con sus aportaciones Bloch contribuyó a la creación de una escuela, los Annales, que en sus orígenes tenía una marcada influencia rural visible en por lo menos tres pilares. De un lado Ernest Labrousse y sus estudios sobre los precios agrícolas y las coyunturas económicas; del otro Georges Lefebvre y su estudio sobre el campesinado en la revolución francesa y finalmente Pierre Goubert y sus aportaciones al espacio regional.

9La influencia de esta escuela en principio fue esencialmente franco-francesa, pero el estudio de los diezmos y la historia de los precios pronto la convierten en una escuela con perspectiva mundial. En efecto, el proyecto de la VI Sección de la Escuela Práctica de Estudios Superiores (EPHE) no era sólo francés: propone a la historia económica como llave para abrir todas las puertas del mundo. A través del estudio de la producción, circulación y del comercio de las mercancías mas variadas se pretendía alcanzar una historia mas profunda que el de la historia política, diplomática o militar, mas silenciosa también pero más determinante para la vida de las sociedades y de los hombres e indiferente a las fronteras políticas y lingüísticas; su apertura geográfica se relaciona de manera estrecha con una apertura metodológica, teórica y conceptual6.

10En esta escuela la visión que emerge del campesinado es la de un terrateniente innovador; un pequeño propietario retardatario y refractario al cambio; un arrendatario laborioso y productivo, “la fermocratie”, que por ejemplo en la región parisina tiene liquidez, acceso a préstamos, carretas, graneros y cereales comerciables; los medieros, tradicionalmente estudiados como antimodelo que retarda el progreso, no lo son tanto ya que viven en regiones donde conservan una parte importante de la iniciativa y buscan mejorar la producción mediante nuevos contratos agrícolas con los propietarios y que practican la ganadería en condiciones variadas7.

11Si Marc Bloch había contribuido colocando los cimientos de una arquitectura donde lo rural se apoyaba en estos sólidos pilares, la comparación con México y América Latina no parece atraer ms que a un puñado de investigadores. En efecto, en la tradición anglosajona, los dos principales representantes apenas mencionan las aportaciones de Bloch a la historia rural mexicana. Eric Van Young, uno de los investigadores mas importantes de la historia agraria mexicana y conocedor profundo de la historiografía rural francesa, introduce en sus trabajos la comparación entre la hacienda tradicional mexicana y el feudo europeo, donde se asemejan los poderes jurídicos y políticos de sus propietarios, la escasa orientación a los mercados – en ocasiones asociadas con economías no monetarias o naturales-, la naturaleza fija y servil de su fuerza de trabajo y el matiz patriarcal de sus relaciones de trabajo8. Para él la hacienda mexicana tradicional y el feudo europeo guardan poca semejanza, salvo en sus estructuras sociales y allí cita los trabajos de Marc Bloch.

12Por su parte, John Tutino en su libro, de la insurrección a la revolución en México, propone un modelo explicativo para entender las bases de los conflictos rurales en México entre 1750-1940. En su análisis la conquista, la coerción, la crueldad y la desigualdad no bastan para explicar la rebeldía, si no en la colonia hubieran habido muchas rebeliones y sólo fueron localizadas. El Estado colonial mediador subsanaba los conflictos entre élites y campesinos, manteniendo el poder de las élites para lucrar y la capacidad de los campesinos para subsistir. El éxito del estado se revela, tal vez mejor que ningún otro hecho, en su capacidad para conservar la paz social en medio de obvias desigualdades, sin mantener grandes fuerzas armadas durante mas de dos siglos9”. Sin embargo en el siglo XIX, con la independencia, las tensiones aumentan debido al incremento de la población, la comercialización y la dependencia de los campesinos hacia la hacienda.

13A mediados del siglo diecinueve existía dificultad para reclutar trabajadores, los pueblos son un obstáculo a la rentabilidad de las haciendas, las haciendas innovan, los trabajadores dependen más de un salario restringido y existe una alianza entre la policía rural y los propietarios. En suma el cuadro que nos presenta es el de una sociedad rural comprimida por la expansión de haciendas innovadoras, mientras que los pueblos se refugian en salarios restringidos y vigilancia policíaca para evitar revueltas.

14 Allí los conflictos por los bienes comunales se analizan más en base al pensamiento de James Scott y E.P. Thompson con sus aportaciones a la economía moral que a la gramática de Marc Bloch sobre el avance del individualismo agrario. La única mención a los trabajos de Bloch se hace para notar que los campesinos europeos estimaban sobre todo su capacidad de controlar las tierras y aperos esenciales para la autonomía de la subsistencia, a la vez que asimilaban valores culturales que hacían mas deseable aún la dependencia10.

15 Si de ahí pasamos a la vasta producción historiográfica mexicana sobre historia agraria, la situación no mejora mucho11. Enrique Semo, en su historia de la cuestión agraria propone una tipología para distinguir la hacienda del rancho y el avance de la hacienda sobre las comunidades y los ranchos. Allí menciona que el uso americano de la palabra hacienda la vinculaba a casas de campo pertenecientes a hombres ricos, con tierras para ganado, caballos, ovejas y cultivos agrícolas. Las hostilidades entre las haciendas y las comunidades se iniciaban cuando había alzas de precios o cuando la comunidad se veía presionada por la multiplicación de sus pobladores e irritada por los agravios del señor local. Sin embargo, lo que distingue a México no es la voracidad del latifundio sino – lo que llamó la atención de Marc Bloch- la sobrevivencia de la comunidad como entidad autónoma. En México, la economía mercantil conspiró con la inmensidad de los espacios y lo agreste de las montañas para ayudar al campesino a mantener algo de su orgullosa independencia. El principio de nulle terre sans seigneur nunca tuvo aquí vigencia12.

16 Aquí Semo hace una propuesta a contracorriente en su tiempo, cuando se asociaba la desaparición de la comunidad ante la ofensiva de la ley Lerdo de 1856 que estimulaba la desaparición de los bienes de comunidades civiles y eclesiásticas y su conversión en propiedad privada. Aunque nunca menciona hasta cuando podemos identificar a la comunidad como entidad autónoma, lo interesante es que no asocia la desaparición de la comunidad a la voracidad del latifundio como si lo hace una amplia historiografía marxista en su tiempo13. Por su parte, Horacio Crespo, uno de los historiadores agraristas más cercano a la corriente francesa de Annales, quien construye una curva de precios del azúcar de inspiración labroussiana, señala en su Historia del Azúcar en México los aportes de la cuantificación y de Marc Bloch necesarios para aprehender “la única realidad importante: la escala de magnitudes y el sentido de los cambios14”. Gisela von Wobeser, por su parte, también menciona las enseñanzas de Marc Bloch cuando menciona que hay en toda investigación momentos en que una ojeada de conjunto, forzosamente incompleta, puede ser más útil que una monografía acabada, pero que el día en que estudios mas profundos hayan superado su trabajo, entonces sentirá recompensados sus esfuerzos15.

17 ¿Qué mas podemos decir de las enseñanzas de Marc Bloch en la historiografía rural mexicanista? Muy poco16. En mis trabajos he intentado aprovechar algunas de sus ideas. He estudiado como en Chalco, un distrito agrícola cuya importancia es central en el Estado de México por su cercanía con la ciudad de México y su función de abastecedor de este mercado urbano durante varios siglos, existen dos economías. De un lado, la de los pueblos que viven bajo una economía de autoconsumo, donde los recursos colectivos que no pasan por el mercado como los productos del bosque y de los lagos son muy importantes; del otro la de las haciendas que introducen una serie de innovaciones que transforman el paisaje agrario de la zona, como la violenta desecación del lago hacia 1890 que genera una serie de conflictos que he analizados con detalle en varios trabajos17. También he estudiado conflictos análogos a los de Chalco en la zona azucarera de Morelos, donde examiné como la falta de una red hidráulica se convierte en un obstáculo formidable para la expansión de la economía de la gran propiedad, que al buscar extender dicha red enfrenta a pueblos y hacendados creando un escenario de luchas sociales que desemboca en la revolución zapatista. Este escenario de violencia lo he estudiado con detalle en una obra reciente, donde sostengo que la conflictividad social en el campo mexiquense tiene como elemento central la disputa por los recursos naturales. Si las nuevas interpretaciones asocian la conflictividad campesina a elementos culturales y subrayan que si los campesinos cogían las armas no era solamente (ni siquiera básicamente) para defender las tierras del pueblo, sino también (y esto resulta aún mas importante) para defender la identidad comunal y cierto grado de autonomía política contra las fuerzas corrosivas del orden de finales de la Colonia18 . Si en este contexto la identidad y la autonomía eran elementos más importantes que el agua y la tierra19. Mi impresión, entonces, es que en el caso de Chalco y de Morelos el modelo económico sigue vigente y que la lucha por la apropiación de recursos naturales como los bosques, pastos y aguas son claves para entender la conflictividad de la región20. Esta impresión emana con una notable fuerza de la documentación que manejamos, pero también debe mucho a los clásicos como a Marc Bloch quien, en sus análisis sobre el individualismo agrario y la lucha contra los comunales en Francia, señalaba con su notable magisterio, que el asalto sobre los comunales había originado una “revolución sorda”, una cantidad notable de conflictos sociales en las comunidades rurales21.

18 Por ello cuando he analizado la desaparición del lago de Chalco, hacia la última década del siglo diecinueve, motivado por la expansión de la economía de la gran explotación – que ante la imprecisión en los derechos de propiedad sobre los recursos comunales y tomando en cuenta que sólo 45 pescadores aparecían censados en 1895- decide lanzar una ofensiva contra el pródigo lago y convertirlo en una productiva Negociación Agrícola. Esta empresa agrícola deseca la laguna argumentando las bondades que un terreno cenagoso ofrecería con su desaparición a la higiene de la zona, pero también proponiendo empleos a los trabajadores de la región y una producción con cifras impresionantes para abastecer al mercado urbano de la Ciudad de México. Entonces coincidimos con Marc Bloch cuando menciona que la lucha contra los comunales y la resistencia tenaz de los pueblos a no perderlos nos muestran esa revolución sorda, reveladora de movimientos sociales profundos que vivieron las sociedades rurales de antiguo régimen. Allí observo como también en México lo mismo que en la óptica liberal francesa, la propiedad tenía un carácter sagrado y a ella se oponían los derechos señoriales y los colectivos, por tanto había que desaparecerlos impulsando un “individualismo agrario” que está en la base de las conflictos que analizamos22.

19 Sin embargo más que analizar estos esfuerzos de cambio, lo que nos interesa señalar aquí es la inserción de François Chevalier en una nueva historiografía, donde la gran propiedad es sinónimo de retraso y donde se ha asumido que el modelo de la hacienda de Chevalier arroja las tesis concluyentes para que el modelo de la vuelta a la historiografía latinoamericana. En efecto el mismo Eric Van Young menciona que en dicho modelo aparece una hacienda extraordinariamente vasta en territorio, descapitalizada, autosuficiente que sostiene las aspiraciones sociales de una élite gracias al trabajo servil de los indígenas23. Allí está el modelo de Chevalier que se inserta en una tradición de análisis que comentamos en el siguiente apartado.

La gran propiedad en el debate: la ineficiencia de la hacienda

20La historia agraria de México ha sido un objeto de estudio privilegiado debido, fundamentalmente, a que violentas revoluciones de origen agrario colorean la historia del país desde principios del diecinueve hasta por lo menos la segunda década del veinte, es decir de la revolución de independencia a la revolución mexicana. Para explicar el origen agrario de estos levantamientos se ha hecho una explicación de las insurrecciones campesinas tratando de mostrar las condiciones en que vivían los campesinos. La mayor parte de los trabajos que han emergido de esta corriente de pensamiento han tomado prestado de las ciencias físicas la explicación sobre el origen de estas revoluciones cuando subrayan que al agudizarse el sometimiento al campesino éste se subleva, en otras palabras, a toda acción corresponde una reacción igual, pero de signo contrario24. Si el hacendado oprime entonces hay protesta rural, si hay intensificación en las relaciones mercantiles, entonces las crisis aparecen creando escenarios de protesta social. Por lo tanto, el programa de investigación ha incorporado el estudio de los niveles de vida del campesino (Van Young.1992), del comportamiento de los precios (Florescano.1969), de la intensificación de la economía capitalista (Wolf.1969) (Tutino.1986) (Womack.1968), de los conflictos por el despojo de tierras y aguas (Crespo. 1992) (Tortolero.1997) y así sucesivamente.

21 En la mayoría de los casos se tiende a subrayar a la hacienda como responsable del atraso en el campo mexicano y como el elemento negativo que incide en el empobrecimiento de un amplio campesinado debido a su ambición colonialista de apoderarse de tierras, mercados y capitales (Tannebaum.1929). Así en 1910, los pueblos se levantan enarbolando la bandera de la restitución de tierras arrebatadas por la hacienda y las leyes desamortizadoras de 1856. La variable, entonces, que propició el movimiento revolucionario fue el modo de operar de la hacienda tradicional que genera reducidas ganancias para una minoría a costa del trabajo de grandes grupos de campesinos sin tierra y con bajos salarios, que casi en su totalidad debían a la tienda de raya25.

22 Esta visión del origen agrario de nuestras revoluciones motivo, entonces, el estudio del campo mexicano y desde el siglo diecinueve la hacienda se convierte en terreno de disputa entre los intelectuales conservadores y los liberales26. Para los liberales la hacienda no es negocio, es una propiedad de grandes dimensiones pero ociosa, con propietarios absentistas, ajena a la modernidad y a las innovaciones (Molina Enríquez.1909; Orozco.1911; L.Cabrera.1913). La comunidad en cambio, es antes que nada un espacio de relaciones sociales armoniosas, de solidaridad étnica y cohesión, pero también de incapacidad para entender la noción de propiedad privada, de allí su expoliación por los criollos ávidos de tierra al momento de la desamortización de las comunidades27. Los ranchos, por su parte, eran el elemento móvil. Entre la hacienda ociosa y la comunidad comprometida, el rancho representa el desarrollo de la propiedad mediana o pequeña que tanto éxito había originado en la agricultura “farmer” de los Estados Unidos. El sueño liberal de transformar a un país de haciendas en uno de medianos y pequeños propietarios como los vecinos del norte, se cristalizaba en el ranchero.

23 Los conservadores en cambio hacen una defensa del régimen de hacienda y condenan en cambio a las comunidades, ávidas de apropiarse de las tierras productivas de la hacienda. (Bulnes,1920) (Rabasa ,1920). E. Rabasa (1986), por ejemplo se niega a aceptar tres supuestos imperantes en la década de los veinte: el de la miseria agraria, el de la pésima distribución de la propiedad territorial y el del despojo a los menesterosos. Sostiene que el sistema de propiedad comunal se alteró poco y por tanto la hacienda no es responsable de la absorción de los terrenos comunales. En cambio los pueblos sin necesidad de tierras intentan arrebatárselas a la hacienda28. En la matriz del pensamiento conservador está su posición social de hacendado. No es extraño, entonces, observar que hay una continuidad entre los argumentos que ellos utilizan y los que distintos hacendados habían utilizado en momentos de conflictos anteriores contra las comunidades.

24 En efecto, en distintos momentos observamos esta forma de argumentar de los hacendados, por ejemplo en 1847, ante el problema que se genera porque el Lic. Mariano Arizcorreta, gobernador del Estado de México, hace una comunicación dirigida a los propietarios para que no paguen los jornales con vales sino en dinero, los hacendados reaccionan como cuerpo y logran hacer dimitir al gobernador. Allí aparece el argumento de la defensa de la propiedad y de la crítica a los indígenas ávidos de apoderarse de las tierras de la hacienda29.

25Estamos, entonces, frente a un territorio en disputa que muy pronto, con la revolución, se convertirá en el triunfo de la representación liberal y la destrucción del régimen de hacienda por los gobiernos posrevolucionarios. En la legitimación de la representación liberal como dominante será decisivo el papel del Lic. Andrés Molina Enríquez, no sólo como principal redactor del artículo 27 de la constitución, sino también como el ideólogo de la ineficiencia de la gran propiedad. La trilogía del intelectual mexiquense de la hacienda ineficiente, con propietarios absentistas y poco interesados en el cambio se convierte en dominante y el autor en una lectura obligada para todos hasta los años cincuenta del siglo veinte30.

26 En efecto, la representación que emerge de la obra de Molina es la de la hacienda ocioso e improductiva. Su tesis presupone que la hacienda es rutinaria, que prefiere el sistema extensivo a la innovación y que el hacendado es mas un señor feudal preocupado por el dominio y el estatus que un agricultor. Ya hemos realizado diversas críticas de estas tesis, pero lo que conviene subrayar para los fines de este ensayo es que se convierte en una tesis global. Primero es adoptado por sus contemporáneos, los principales teóricos del campo mexicano como Orozco(1911), Cabrera (1913), R. Escobar (1915). Luego los intelectuales extranjeros hacen eco de esta tesis como Brinsmade (1916), Retinger (1926), Tannembaum (1929), Mac Bride (1952), hasta llegar a Chevalier (1956) quien señala que las villas libres fueron absorbidas por los latifundios, que desde el siglo XVII la autoridad y el poder estaban en manos de los grandes propietarios y que los hacendados se preocupaban muy poco por las viles ganancias31. Con la autoridad de Chevalier la tesis de la hacienda improductiva adquiere una sonoridad extraordinaria y se convierte en un elemento central de la discusión en la historia agraria latinoamericana como veremos en la última parte de este ensayo32.

François Chevalier en México y en Latinoamérica

27 Hemos observado que entre dos tradiciones de análisis F. Chevalier produce una obra que continúa con la tradición de la ineficiencia de la gran hacienda mexicana, marcando una ruptura con la escuela francesa, pero , al mismo tiempo, también se aleja de la tradición mexicana al hacer un estudio completamente nuevo que integra, ahora sí, lo mejor de la escuela agrarista francesa: la historia regresiva, el análisis geohistórico, el estudio de las estructuras, todo esto confrontado con fuentes primarias donde sobresalen los archivos de importantes hacendados y así sucesivamente. En efecto, como lo afirma Van Young, Chevalier hace treinta años nos dijo todo lo que siempre habíamos querido saber sobre los “hombres ricos y poderosos” y la hacienda mexicana clásica; también concretó la imagen del latifundio mexicano creada por las obras de eruditos y polemistas de la talla de Andrés Molina Enríquez, Frank Tannebaum, Helen Philips, George McCutchen McBride, Nathan Laselle Whetten, Eyler Simpson y Jesús Silva Herzog entre otros33”. Si esta parte es cierta, lo que es menos cierto es que muchos de los investigadores que se ocuparon de hacer un análisis de Los Grandes Latifundios no señalaron los aportes que su trabajo introdujo en la renovación historiográfica del estudio de la hacienda mexicana y que lo convirtieron en una obra clásica que despertó un interés no sólo en México, sino en el ámbito latinoamericano y esto por al menos los siguientes motivos. En efecto, lo que Chevalier intenta es mirar las huellas del pasado en la geografía novohispana que él conoce a través de la cartografía, de los viajes, de las huellas que su maestro Bloch le ayuda a detectar en el vasto campo de la geografía histórica. No se trata de estudiar el traslado de hábitos culturales europeos ligados con la “mentalidad señorial” al Nuevo Mundo con sus formas de dominio y propiedad territorial, antes bien, se trata de ver hasta que punto el proceso de formación de la hacienda mexicana podía iluminar la génesis del latifundismo bético-romano34. En suma se trata de un estudio de larga duración entre espacio e historia que se convierte en ejemplar, no sólo para México sino también para el continente y que pronto se inserta en una serie de debates. El primero de ellos es sobre el feudalismo americano. El modelo de Chevalier de una hacienda autosuficiente y que funciona en base a relaciones semiserviles se convirtió en un motivo de debate en la historiografía latinoamericanista. Allí aparecen los trabajos de Góngora (1970), Kay (1974), Larson (1998), Macera (1971), Hobsbawn (1979), Carmagnani (1975) y Florescano (1975) entre otros. La impresión que se obtiene de esta abundante literatura es que el campo latinoamericano no contaba con la vasta bibliografía que si tienen Dobb y Sweezy para hacer sus estudios sobre el capitalismo en Inglaterra; de hecho Enrique Florescano señala que para el estudio de la hacienda mexicana, quizá el mejor estudiado del continente, hasta 1960 apenas contábamos con el trabajo de Chevalier35. No obstante, los trabajos de Piel sobre el capitalismo agrario en el Perú, los de Sábato sobre la Argentina y los de Cushner continúan esta amplia discusión sobre la oposición feudalismo/capitalismo en América Latina36.

28 El segundo es el debate sobre la ineficiencia de la gran propiedad que sustenta el pretendido “feudalismo” del sistema de hacienda. Allí el caso de México, inspirado por Chevalier, fue muy álgido37. Los trabajos de Brading sintetizan la posición de este debate cuando afirma:

29“Chevalier acentuó las cualidades de derroche y señorío de una generación de pobladores cuyo apetito por la tierra superó en mucho a su capacidad para explotar sus recursos…las haciendas en la Nueva España, reducidas su condición de aislamiento y de autosuficiencia individual, se tornaron parecidas a los latifundios de la Galia después de la caída del Imperio romano; el peón mexicano encontró su contraparte en el siervo medieval38”.

Otra vez, el pretendido modelo de Chevalier de unos latifundios orientados por la autosuficiencia y el prestigio de los propietarios de marcado corte feudal aparecen con enorme fuerza, para, más tarde, en las dos últimas décadas del siglo veinte, transformarse con nuevos trabajos que muestran que la hacienda también nació para satisfacer un mercado, que estaban orientadas a las ganancias y que obedecían a una lógica económica determinada por factores internos de producción y por su vinculación con la economía comercial39.

30 Luego del debate sobre modos de producción e ineficiencia de la hacienda, lo que hemos retenido es el aporte que a través de su “historia regresiva” Chevalier hace de la relación entre espacios desocupados y formación de grandes unidades productivas, el acaparamiento de la tierra por los poderosos señores del ganado y su aprovechamiento de un medio ambiente hóstil40. Allí los trabajos de Romano y Chevalier se convirtieron en modelos. Si el primero esboza en unas cuantas páginas los problemas de la oferta ilimitada de tierras en el espacio americano, a diferencia del europeo donde los hombres ocupan el espacio desde épocas tempranas; el segundo nos muestra con profusión de detalles la forma en que el señor de los ganados ocupa los espacios inhóspitos del gran norte mexicano. En efecto frente a inmensas extensiones del territorio desocupadas y susceptibles de ser roturadas nos encontramos con una dinámica social de concentración de la tierra en pocas manos. A un español, afirma Romano, no le basta con ser rico en monedas de oro, en vajillas de plata o en telas de oro y seda. El aspecto decisivo de noble riqueza es la propiedad de la tierra y esto se realiza en la propensión a acaparar más tierras que las que razonablemente se pueden cultivar. Si a esta añadimos el control sobre la mano de obra que se queda sin tierra y la ganadería que ocupaba grandes espacios, entonces las tesis de Chevalier son válidas no sólo para el espacio novohispano sino para el latinoamericano en su conjunto41. Si la ocupación de fronteras y la colonización han sido temas explorados por otros historiografías, notablemente por Carl Sauer y F. Turner, también es cierto que la propuesta de Chevalier se convierte en una guía para que historiadores como Álvaro Jara en Chile, Elizabeth Fonseca en Costa Rica o Juan Carlos Garavaglia y Ricardo Salvatore en Argentina exploren las fronteras y miren la ganadería con otra perspectiva42.

31 Otra propuesta que hemos integrado a los debates académicos es la del estudio de las redes. Si Chevalier ya había realizado esfuerzos importantes por establecer una tipología de liberales y conservadores en México, de analizar la influencia de los vínculos en las sociedades de antiguo régimen, nuevas investigaciones han mostrado lo fecundo y los aportes de estas investigaciones43. En primera línea aparece Fredérique Langue (1992) quien trabajó sobre las relaciones entre riqueza minera, la gran propiedad, el ennoblecimiento y el establecimiento de los grandes linajes y las redes. También Laura Machuca (2011) hace un elegante estudio de los linajes y las redes de los hacendados yucatecos donde las menciones a la obra pionera de Chevalier son abundantes.

32 Podríamos seguir señalando más aspectos que demuestran lo fecundo que resultó el trabajo de Chevalier en la historia agraria latinoamericana, pero sólo queremos terminar señalando un último aspecto. Si bien el trabajo de Chevalier ha sido un modelo para el estudio del campo mexicano en la segunda mitad del siglo veinte. El mismo autor señalaba como una de sus aportaciones el haber motivado una de las principales obras sobre la conflictividad rural en el campo mexicano. Me refiero a Zapata y la revolución mexicana de John Womack44.

33 Este trabajo también se ha convertido en un libro clásico en la historia agraria mexicana, sin embargo en mi análisis hay nuevos elementos que deberíamos integrar en la explicación de esta conflictividad y que Chevalier ya había señalado cuando menciona la lucha por el agua en el México colonial como un elemento importante en el estudio de la conflictividad. En efecto, Chevalier señala que las comunidades perdieron muchas veces el agua de riego, particularmente importantes en un país donde no llueve durante 6 o 7 meses al año y que en las inmensas llanuras semiáridas del Norte fue donde la lucha por el agua tomó un carácter más agudo. La importancia del agua en los ingenios azucareros también es señalado por Chevalier45, sin embargo seguimos repitiendo la tesis de que la tierra fue el elemento explicativo central que origina el levantamiento zapatista.
Con la emergencia de la historia ecológica hemos tendido a matizar esta imagen46.

34 Estas son pues algunas de las muchas posibilidades de lectura que nos abre un libro clásico y que se inserta en la renovación de la historia rural latinoamericana, entre dos tradiciones, entre dos rupturas, el libro continúa en la línea clásica de las grandes tesis de estado que se convierten en libros inspiradores de la cultura latinoamericana.

Conclusión

35François Chevalier, como hemos visto, logró una obra que cambió la historia agraria de México por su manejo novedoso de métodos, problemas y fuentes que antes de él nadie había logrado. Su trabajo se situó en el centro de las discusiones e inspiró buena parte de la historia agraria de la segunda mitad del siglo veinte47. Chevalier escribe su tesis doctoral en un momento en que México veía a la hacienda como una institución ineficiente que había que desaparecer con una reforma agraria. Aún más, si Alan Knight nos ha mostrado que uno de los pilares ideológicos de la política postrevolucionaria lo fue el agrarismo, entonces, los trabajos que se insertan en la crítica a la gran propiedad tenían un eco extraordinario. Mas aún si lo hacían como Mc Bride y Chevalier, basados en un conocimiento profundo del medio geográfico, de la historia y de las instituciones del país48. En este contexto el trabajo de Chevalier se convirtió en un clásico ya que antes de él nada había hecho un análisis de precios, nadie había hecho una visión de dos siglos y del conjunto del país, nadie había aplicado un método regresivo y comparativo, nadie había introducido la geografía histórica como él, nadie había analizado fuentes primarias de archivos europeos, mexicanos y particulares de haciendas, en fin, nadie había logrado tener una aproximación más sólida que Chevalier. El autor no generaliza en función de cuatro haciendas como Molina Enríquez sino que lo hace a partir del conocimiento de las técnicas y métodos de la historiografía francesa aplicados al estudio de las grandes propiedades mexicanas que él conoce directamente a través de sus viajes en motocicleta, de su preocupación de etnohistoriador, de su avidez por encontrar las fuentes. Con esto el círculo se cierra.

36Los comentarios de algunos historiadores apuntalan esta idea. Bernard Lavallé, por ejemplo, siguiendo a Eric Van Young, menciona las aportaciones de Chevalier en su historia agraria, al señalar que « Grâce à l’utilisation magistrale que le chartiste a su faire d’une masse considérable d’archives jusque-là inexploitées, François Chevalier a fait passer l’hacienda du niveau de l’abstraction quelque peu mythique et très souvent faussée par le débat idéologique, à celui de la réalité historique à la fois précise, concrète et surtout vivante49”. P. Bakewell, por su parte, menciona que la obra de Chevalier, “has served as a point of departure, or of reaction, for much of the voluminous new work on colonial land, and rural society that has appeared in México, the United States, Canada and Western Europe50”. Van Young, finalmente, hace el análisis mas detallado sobre la importancia de Chevalier en la historia agraria mexicana y afirma que nos contó todo lo que quisimos saber sobre los hombres ricos y poderosos” del campo mexicano51. He ahí el legado.

37 Si, parafraseando a François Chevalier, Marc Bloch marca una nueva etapa en el desarrollo de la historia, es un precursor que en muchos aspectos no ha sido realmente superado y es también una guía para los investigadores; Chevalier, lleva el modelo del maestro a América en forma magistral dialogando con la geografía, la antropología, la sociología, la lingüística y la semántica histórica52. Su trabajo sobre las haciendas, desde luego, se convirtió en la piedra de toque que nos habla de las lecciones que la historia agraria mexicana y mas ampliamente latinoamericana le debía a los dos maestros, Marc Bloch y François Chevalier.

38.
Alejandro Tortolero Villaseñor
UAM-Iztapalapa

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40Notas de pie de páginas

411 Chevalier señala así su cercanía con Bloch: “(…) hubo varios maestros, historiadores que influyeron en mi formación, pero quizás el que más importancia tuvo fue el profesor Marc Bloch, medievalista muy conocido, quien consideraba a la historia medieval como una fuente para comprender mejor no sólo el pasado sino también el presente, aclarando mejor el medio geográfico y humano e, incluso, para ayudar a comprender el medio campesino, que es muy conservador, en ciertos aspectos. Bloch tenía una cátedra de historia económica medieval y era director de un instituto de sociología económica e histórica, del cual fui uno de los miembros; conservo todavía mi tarjeta del Instituto, con el número tres .Pues bien, Bloch ponderaba la importancia de la economía pero nunca la separaba de los aspectos socio-políticos, del estudio del poder, de las formas del poder, de cómo se ejerce el poder. Al hablar del señorío, por ejemplo, decía que no sólo constituía una empresa económica sino además un grupo de mando que ejerce el poder. Y enfatizaba los aspectos culturales también. En Boletín de fuentes para la historia económica de México, Número 2 (septiembre-diciembre, 1990), Centro de Estudios Históricos, El Colegio de México, págs. 37-42. Más recientemente afirma esta cercanía cuando dice que estuvo influido “(…) sobre todo por un historiador medievalista ilustrado de la Sorbona, Marc Bloch, quien naturalmente basaba sus investigaciones en archivos antiguos, pero también lo hacía con el trabajo de campo, con la observación del territorio puesto que no cortaba el pasado del presente. El practicaba también la “historia regresiva”, el término fue acuñado por él. Yo tenía una gran admiración por sus libros, Los caracteres originales de la Historia Rural Francesa (Oslo, 1931), La Sociedad Feudal y muchos otros sobre la “larga duración” sobre la cual iba a insistir Braudel” en François Chevalier, “Orígenes y elaboración de La formación de los grandes latifundios en México. Tierra y sociedad en los siglos XVI y XVII” en Signos Históricos, México. N° 17, UAM, (enero-junio 2007), pág. 34.

422 Chevalier dice al respecto: “Por lo tanto no era extraño que Marc Bloch haya aprobado plenamente mi tema de investigación sobre las haciendas mexicanas en el siglo XVI y XVII, el 25 de septiembre de 1942 cuando lo visité en Bourg d’Hem con el archivista de Creuse. Citaba también la obra que conocía sobre el México Rural y sus haciendas de un geógrafo americano Mac Bride” en François Chevalier, “Orígenes y elaboración”…, pág. 35.

433 Véase François Chevalier, “Marc Bloch: trascendencia y modernidad”, Dirección general de Investigación y posgrado, (Caracas: Fondo Editorial de la universidad José María Vargas, 1990), pág. 11.

444 Bloch afirmaba: « Les redevances et les corvées qui les grevaient n’avaient été primitivement que la marque de la dépendance où les habitants s’étaient trouvés envers un chef de village, de tribu ou de clan ou un patron de clientèle, peu à peu mués en seigneurs véritables. En fin –de même qu’au Mexique on voyait récemment voisiner avec les “haciendas” des groupes de paysans propriétaires- il subsistait encore une quantité notable d’authentiques alleux ruraux, exempts de toute suprématie seigneuriale”. Véase Marc Bloch, La société féodale, (Paris : Albin Michel, 1949), pág. 371.

455 Son variadas las referencias de Marc Bloch a este tema. Véase, por ejemplo, el capítulo sobre la revolución agrícola donde afirma: “la transformation fut conduite par les grands propriétaires, seuls capables de tirer profit d’une économie nouvelle”. Véase Marc Bloch, Les caractères originaux de l’histoire rurale française, (Paris : Armand Colin, Les Belles Lettres, 1931), t.1, pág. 235.

466 Maurice Aymard, Construir la historia. Homenaje a Ruggiero Romano, (México: UAMI, Colegio de México, Colmich, Instituto Mora, UAEM, 2002), pág. 42.

477 Gérard Béaur, Histoire agraire de la France au XVIIIe siècle. Inerties et changements dans les campagnes françaises entre 1715 et 1815, (Paris : SEDES, 2000), págs. 68-108.

488 Eric Van Young, La crisis del orden colonial. Estructura agrarian y rebeleiones populares en la Nueva España 1750-1821, (México: Alianza, 1992), pág. 147.

499 John Tutino, De la insurrección a la revolución en México: las bases sociales de la violencia agraria, 1750-1940, (México: ERA, 1990), pág. 100.

5010 John Tutino, De la insurrección, pág. 36.

5111 Un balance de esta historiografía puede verse en Alejandro Tortolero, Notarios y agricultores. Crecimiento y atraso en el campo mexicano, 1780-1920, (México: SIGLO XXI, 2008), Cap.1.

5212 Enrique Semo, (Coord.), Historia de la cuestión agraria mexicana, México, Siglo XXI. CEHAM, 1988, pág. 92.

5313 Para muestra el trabajo de Sergio de la Peña que es uno de los mejores representantes de esta tradición quien afirma: “por su parte las comunidades fueron reducidas por la Reforma, proceso que prosiguió por los ataques liberales posteriores que se producirían sobre todo el período porfirista hasta prácticamente eliminarlas” Véase Sergio De la Peña, La formación del capitalismo en México, (México: Siglo XXI-UNAM, 1976), pág. 137.

5414 Horacio Crespo, et. al, Historia del Azúcar en México, (México: Unpasa, FCE, 1990), pág. 13.

5515 Gisela Von Wobeser, La hacienda colonial el uso de la tierra y el agua, (México: UNAM, 1988), pág. 23.

5616 A pesar de la gran influencia que tuvo Ciro Cardoso en México es mucho más lo que encontramos sobre Bloch y sus propuestas para hacer una historia rural de América Latina que para el caso mexicano. Cardoso propone los métodos elaborados por Bloch, el regresivo y el comparativo, como modelo para hacer la historia agraria latinoamericana. Al respecto véase Ciro Cardoso y Héctor Pérez Brignoli, Historia Económica de América Latina. Sistemas Agrarios e historia colonial, (Barcelona: Crítica, 1979), pág. 68-79.

5717 Alejandro Tortolero, “Les hommes et les ressources naturelles dans le bassin de Mexico: l’innovation technologique et son impact dans un milieu rurale, Chalco 1890-1925”, Annales. Sciences Sociales. Paris, N 52 (1997), págs. 1085-1114.

5818 Eric Van Young, La otra rebelión. La lucha por la independencia de México, 1810-1821, (México: FCE, 2006), pág. 60.

5919 “De las 142 rebeliones que Taylor identificó en la época colonial para el centro de México, sólo treinta estaban vinculadas a la cuestión de la tierra. De las cincuenta y cinco rebeliones que se han identificado claramente para el siglo XIX antes de 1885, la tierra fue la cuestión principal en 34”. Véase Fredrich Katz, (Comp.) Revuelta, rebelión y revolución. (México: ERA, 1990), T.2, pág. 187.

6020 Aquí coincido con Georgescu-Roegen cuando afirma: “La teoría económica que apreciamos no permite que ningún cambio deje su marca en el proceso económico(…) La epistemología mecanicista es responsable de un pecado aún mayor de la economía moderna, el de la total ignorancia del papel que juegan los recursos naturales en el proceso económico. Hablamos de “tierra”, efectivamente, pero sólo en sentido ricardiano, es decir como el arquetipo de un factor de producción considerado como un bien fondo (…) A pesar de ello toda la historia, pasada y presente, prueba sin la menor duda que el control sobre los recursos naturales ha sido la fuerza conductora de los grandes movimientos de personas y de todos los conflictos entre naciones” Véase Eric Tello, La historia cuenta. Del crecimiento económico al desarrollo humano sostenible, (España: El viejo topo, 2005), pág. 27.

6121 He aquí la nota de Bloch: “Para apreciar el imperio de las colectividades, no basta con fijarse en la parte del suelo del que podían considerarse dueñas, teniendo en cuenta, en general, los derechos eminentes de los señores. Los bosques donde regía el derecho de aleñar, las landas o brezales a los que acudía el campesino a recoger, además de la hojarasca y las ramas del suelo, el césped y la broza que usaba como abono, las ciénegas y los tremedales, las reservas de tierra labrantía que algunos años se entregaban a la explotación individual y luego volvían al común, y sobre todo, los pastizales, los “comunales”, a pesar de las grandes roturaciones de la Edad media…hacia 1700 aún ocupaban grandes extensiones. Podemos apreciar su importancia en la vida agrícola por los pleitos de los pueblos que habían permitido una mengua excesiva de sus bienes…lo que me propongo describir es el asalto apasionado a estas servidumbres en tiempos bastante próximos a los nuestros, su resistencia tenaz, toda esa revolución sorda, en una palabra, reveladora de movimientos sociales profundos”. Véase Marc Bloch, La tierra y el campesino, pág. 242.

6222 Marc Bloch, La tierra y el campesino, pág. 246 y Alejandro Tortolero, Notarios y agricultores. En México, el tema de las desamortizaciones en las comunidades y del territorio que estaba en poder de los pueblos es, todavía, un asunto a estudiar, aun cuando no debe descartarse que existen estimaciones que establecen que en 1910 los pueblos sólo conservaban el 6% del territorio nacional como tierras comunales. Véase María González Navarro, “Falacias, calumnias y el descubrimiento del Mediterráneo”, Historia Mexicana, 36, (1986), pág. 367. Si a principios del siglo XIX estos pueblos disponían probablemente del 40% de las tierras cultivables del país, según estimaciones de F.Katz, en vísperas de la revolución no habían logrado guardar mas del 5%. Véase Enrique Florescano, El nuevo pasado mexicano, (México: Cal y Arena, 1991), pág. 57. Para Francia Gérard Béaur nos muestra que los comunales se extendían entre el 12 y el 15% del territorio francés en 1750, reduciéndose a 10% hacia 1815 y en 1846 cubrían 9.7 millones de hectáreas según el catastro, es decir, 9% de la superficie total del territorio. Véase Gérard Béaur, Histoire agraire de la France au XVIIIe siècle. Inerties et changements dans les campagnes françaises entre 1715 et 1815, (Paris : SEDES, 2000).

6323 Véase Eric Van Young, La ciudad y el campo, (México; FCE, 1989), págs. 15,16.

6424 En este sentido el trabajo de John Tutino es un ejemplo claro. Véase John Tutino, From Insurrection to Revolution in Mexico. Social bases of agrarian violence. 1750-1940, (Princeton: Princeton University Press, 1986).

6525 En vísperas de la revolución de independencia se señala que la economía presenta los siguientes problema: la rentabilidad de la producción minera comienza a descender por aumento de costos de producción y caída del valor de la plata en mercados internacionales; una crisis comercial debido a la interrupción del tráfico económico provocado por las guerras europeas; una presión fiscal creciente motivada por el financiamiento de gastos militares de la Corona; una crisis agrícola motivada por la sequía de 1809 y sus secuelas y un agudo aumento de los precios que, según un informe de la época, explicaba gran parte del descontento popular. Véase Mónica Blanco y María Eugenia Romero, Tres siglos de economía novohispana, 1521-1821, (México: UNAM, 2000), pág. 82. El modelo de compresión y revolución se entiende en estos términos. Una presentación general actualizada sobre la historiográfica de la época, aunque con un enfoque distinto, puede verse en Eric Van Young, The Other Rebellion: Popular Violence, Ideology and the Mexican Struggle for Independence, 1810-1821, (Stanford: Stanford University Press, 2001), págs. 1-36).

6626 Por ejemplo, Enrique Florescano afirma que la revolución de independencia se singularizo de los demás movimientos insurgentes latinoamericanos por la participación masiva de los campesinos y los sectores populares. Véase Enrique Florescano, El nuevo pasado mexicano, pág. 15.

6727 Para Molina, la comunidad indígena ofrecía a este sector social la posibilidad de vivir en todos los estados de su evolución y por tanto era un medio eficaz de ayuda al sector indígena. Al aplicarse la desamortización el indígena pierde esta independencia y se vuelve un agitador. Véase Molina Enríquez, Andrés, Los grandes problemas nacionales, (México: ERA, 1979), pág. 127. Un análisis sugerente del pensamiento de Molina Enríquez frente a la comunidad es el de Kouri . Véase Emilio H. Kouri, “Interpretating the expropriation of indian pueblo lands in Porfirian Mexico. The unexamined legacies of Andres Molina Enriquez”, Hispanic American Historical Review, N° 82, Num. 1, (2002), págs. 69-117.

6828 Emilio Rabasa, La evolución histórica de México, (México: Lib. Vda. ch. Bouret, 1986), pág. 306.

6929 Los hacendados dicen: ”nosotros vemos que en vez de apoyar la propiedad, que es la mejor defensa del gobierno y del orden, con el cual esta identificado su existencia, y en vez de proteger la parte ilustrada de la sociedad, (el gobernador) fomenta la pasión más fuerte de los indígenas, que es y ha sido siempre la de ocupar y apoderarse, de cualquier modo que sea de las tierras circunvecinas; pasión tan fuerte en ellos que de mansos y pacatos los convierte en fieras inmanejables”. Véase Respuesta, Respuesta de algunos propietarios de fincas rusticas a la manifestación que ha hecho al público el Sr. Lic. Mariano Arizcorreta, México, Ignacio Cumplido, 1849, pág. 15.

7030 Para Carlos Fuentes, “ (…) aun en los años cincuenta, Los grandes problemas nacionales era lectura obligatoria para todos- estudiantes y maestros- en la Facultad de Derecho de la UNAM” (Reforma, el 15 de abril de 2002.)

7131 François Chevalier, La formación de los latifundios, págs. 242-270. Para la crítica de la tesis de Molina véase Alejandro Tortolero, Notarios y agricultores.

7232 François Chevalier en 1975 modifica ligeramente su tesis principal cuando admite que más allá del modelo señorial existían en particular los modernos ingenios azucareros de Morelos que poseían los tecnócratas porfiristas y en la reedición actualizada de su obra acepta que “Il est certain aussi que le modèle seigneurial du XVIIe siècle doit étre discuté, nuancé et completé, et qu’il y a des exceptions ou des cas régionaux depuis cette époque”. Véase François Chevalier, La formation des grandes domaines au Mexique. Terre et société, XVIe, XVIIe, XVIIIe siècles, (Paris : Karthala, 2006), pág. 36. Aquí, el autor, marca una distancia con el análisis de la ineficiencia de la gran propiedad y en particular con Molina Enríquez.

7333 Eric Van Young, “La historia rural de México desde Chevalier: historiografía de la hacienda colonial” en Enrique Cárdenas (Comp.), Historia Económica de México, (México: FCE, 1989), pág. 380.

7434 Salvador Alvarez, “EL latifundio y la historia económica novohispana. Por una relectura de la obra de François Chevalier” en Letras Históricas, Num.7, UdeG (2013), pág. 37.

7535 Enrique Florescano, El nuevo pasado mexicano, pág. 37. Sobre los estudios de la agricultura inglesa y la francesa véase Gérard Béaur, La terre et les hommes. France et Grande-Bretagne, XVIIe-XVIIe siècle, Paris, Pluriel, 1998.

7636 Jean Piel, Capitalisme agraire au Pérou, (Paris : Anthropos, 1975) ; Hilda Sábato, Agrarian capitalism and the world market: Buenos Aires on the pastoral age, 1840-1890, (Albuquerque: University of New mexico Press, 1990) ; Nicholas Cushner, Jesuit Ranches and the agrarian development of colonial Argentina, 1650-1767, (Albany: State University of New York Press, 1983).

7737 Véanse los trabajos de Eric Van Young, Economía, política y cultura en la historia de México. Ensayos historiográficos, metodológicos y teóricos de tres décadas, (México: Colef, Colsan y Colmich, 2010), David Brading, Haciendas y ranchos del Bajío. León 1700-1860, (México: Grijalbo, Enlace/Historia, 1988), Arij Ouweneel, Ciclos interrumpidos. Ensayos sobre la historia rural mexicana. Siglos XVIII-XIX, (Zinacantepec: El Colegio Mexiquense, 1998), Simon Miller, Landlords and Haciendas in modernizing Mexico: essays in radical reappraisal, (Amsterdam: CEDLA, 1995), Jean Bazant, “Feudalismo y capitalismo en la historia económica de México”, El Trimestre Económico,Vol. 17, Num.1, (1950), págs. 81-98 y por fín Raymond Buve, “Un paisaje lunar habitado por bribones y sus víctimas. Mirada retrospectiva al debate sobre las haciendas y los pueblos durante el porfiriato (1876-1911) en Raymond Buve y Romana Falcón (Comp.) Don Porfirio presidente…nunca omnipotente. Hallazgos, reflexiones y debates, 1876-1911., México, UIA, 1998, págs. 121-151.
.

7838 David Brading, Haciendas y ranchos del Bajío, pág. 34.

7939 La bibliografía es muy amplia pero a manera de indicador general véase Florescano,1975, Kenneth Duncan and Ian Rutdledge (eds.), Land and labor in Latin America: essays on the developpement of agrarian capitalism in the nineteenth and twentieth centuries, (Cambridge: Cambridge University Press, 1977) y Eric Van Young, Economía, política y cultura en la historia de México. Ensayos historiográficos, metodológicos y teóricos de tres décadas, (México: Colef, Colsan y Colmich, 2010), pág. 141-172.

8040 Vale la pena recordar que la historia regresiva es propuesta por Marc Bloch y Chevalier es quizá el único investigador que adopta esta propuesta para el caso mexicano con resultados extraordinarios. Décadas más tarde N. Wachtel también elaborará una historia regresiva de la comunidad Uru de Bolivia. Véase Nathan Wachtel, El regreso de los antepasados. Los indios urus de Bolivia, del siglo XX al XVI. Ensayo de historia regresiva /Nathan Wachtel ; trad. de Laura Ciezar, (México: FCE, COLMEX, FHA, 2001).

8141 Romano Ruggiero, Mecanismos y elementos del sistema económico colonial americano siglos XVI-XVIII, (México: FCE, 2004, págs. 104-106).

8242 Alvaro Jara, Guerra y sociedad en Chile: la trasnformación de la guerra de Arauco y la esclavitud de los indios, (Santiago de Chile: Editorial Universitaria, 1981), Elizabeth Fonseca, Costa Rica colonial: la tierra y el hombre, (San José: Educa, 1983), Ricardo Salvatore, Wandering paysanos: state order and subaltern experience in Buenos Aires during the Rosas era,(Durham: Duke University Press, 2003), Juan Carlos Garavaglia, Pastores y labradores de Buenos Aires: una historia agraria de la campaña bonaerense, (Argentina: Ediciones de la Flor, 1999), Carl Sauer, “The morphology of landscape”, University of California Publications in Geography 2 (2) (1925), págs. 19-53 ; Frederick Turner, ,The frontier in American history, (New York: Henry Holt and Company, 1921).
.

8343 Véanse particularmente Frédérique Langue, Mines, terres et société à Zacatecas (Mexique) de la fin du XVIIe siècle à l’Independence, (France : Publications de la Sorbonne, 1992) y Laura Machuca, Los hacendados de Yucatán, 1785-1847, (México : Ciesas, 2011).
.

8444 John Womack, Zapata y la revolución mexicana, (México: Siglo XXI, 1972).

8545 Chevalier, François, La formación de los latifundios, págs. 172-173 y 215.

8646 Véase Alejandro Tortolero, “Water and revolution in Morelos, 1850-1915” en Boyer Ch. (Ed.) A Land between waters. Environmental Histories of Modern Mexico, (USA: The University of Arizona Press, 2012), págs. 124-149.
.

8747 El mismo autor tiene el cuidado de señalar, un cuarto de siglo después de la defensa de su tesis, que los problemas de la hacienda no deben ser analizados fuera de una época y una región determinada como empresas capitalistas o instituciones feudales. Esto es lo que ha hecho la historia regional mexicana para mostrar los límites y las aportaciones de un modelo y que de paso dan cuenta de que la ambición del autor se ha cumplido. En sus palabras: “Mon ambition est que ce thème intéresse les jeunes historiens, géographes et ethnologues, suscitant parmi eux de nouvelles recherches”. Véase François Chevalier, “Vingt-cinq ans de nouvelles recherches sur les grands domaines au Mexique: un bref bilan”, en Mélanges de la Casa de Velásquez, Tome XI, 1975, pág. 128.

8848 Para la relación entre Chevalier y la geografía francesa véase Musset, en Véronique Hébrard (dir.), Sur les traces d’un mexicaniste français. Constitution et analyse du fonds François Chevalier, (Paris, Editions Karthala, 2005), págs. 129-136 y en el mismo libro la influencia de Raoul Blanchard (1929), págs. 169-194.

8949 Bernard Lavallé, , “Introduction”, pág. 8.

9050 Peter Bakewell, “An interview with François Chevalier”, en Hispanic American Historical Review, Vol. 64, Num. 3 (1984), pág. 421.

9151 Eric Van Young, “Mexican rural history since Chevalier: the historiography of the colonial hacienda”, en Latin American Research Review, Vol. XVIII, Num. 3, 1983, pág. 8.

9252 Hay que recordar que en 1929, recién creada la revista des Annales por Lucien Febvre y Marc Bloch, el primero escribe un texto programático sobre América del sur donde señala las lecciones metodológicas que este subcontinente puede ofrecer al investigador europeo, como un campo privilegiado para hacer comparaciones y sacar experiencias. Sin duda Chevalier es quien saca mejor provecho de esta invitación. Para ello véase Mona Huerta, “France-Amérique latine, les aléas de la coopération scientifique universitaire”, en Véronique Hébrard (dir.), Sur les traces d’un mexicaniste français. Constitution et analyse du fonds François Chevalier, Paris, Editions Karthala, 2005, págs. 38-39.

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Para citar este artículo :

Alejandro Tortolero Villaseñor, « Francois Chevalier y los grandes latifundios: algunas aportaciones de una obra maestra en el contexto de dos tradiciones analíticas », Boletín AFEHC N°62, publicado el 04 septiembre 2014, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=3821

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